Publicado: mayo 13, 2026, 6:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/amenazas-iran-superficie-mar-profundidad-20260513132849-nt.html
En el último mes hemos descubierto concretamente que en los conflictos los estrechos navegables pueden ser utilizados como armas letales para parar o condicionar el transporte de petroleo de fertilizantes o de productos de varios generes con consecuencias económicas graves y difusas.
También estamos aprendiendo … gracias a las amenazas iraníes de los últimos días que los cables submarinos de fibra óptica, «nervios sensibles» del mundo moderno , pueden ser objetivos militares estratégicos por su potencial impacto devastador.
El estrecho de Ormuz es uno de los «chokepoints» digitales más críticos del planeta.
Tendemos a pensar que internet está en el «aire» o en los satélites, la realidad es que el 99% del tráfico de datos global viaja por cables en el fondo del mar.
Un ataque a estas infraestructuras no solo busca desconectar redes sociales, sino paralizar la economía y la defensa de naciones enteras.
El impacto concreto de un ataque coordinado o accidental es multidimensional y escala rápidamente creando:
– Un colapso de los centros financieros como Londres, Nueva York, Singapur o Dubái que dependen de conexiones de milisegundos para transacciones de alta frecuencia.
– Un corte puede congelar transferencias bancarias internacionales y mercados de valores.
– Una parálisis de la Defensa y Seguridad porque no obstante los gobiernos tengan redes satelitales, el volumen masivo de datos de inteligencia y comunicaciones militares operativas fluye por cables comerciales.
– Un aislamiento de los países o regiones con pocos puntos de aterrizaje (como algunas zonas de África o el sudeste asiático) pueden quedar desconectados totalmente por semanas, afectando servicios de emergencia, salud y educación.
– Una degradación del Internet Global, en zonas con mucha redundancia (como el Atlántico Norte), el tráfico se desvía, pero causa una saturación masiva, lentitud extrema y pérdida de servicios críticos basados en la nube.
Además es muy difícil prevenir o identificar un culpable porqué en un contexto de guerra híbrida (conflictos que mezclan tácticas convencionales, cibernéticas y sabotaje), la distracción es una herramienta clave:
– Siempre habrá una ‘zona gris’, los ataques rara vez se presentan como una explosión militar evidente.
A menudo se utilizan barcos pesqueros o cargueros civiles (la llamada flota fantasma) que «accidentalmente» arrastran sus anclas sobre los cables y esto genera una negación plausible: el agresor puede decir que fue un error humano de un barco privado.
También se pueden realizar maniobras de señuelo , es decir ciberataques a gran escala contra servidores de un país para que sus equipos de seguridad miren al software, mientras físicamente se sabotean los cables «abajo», es decir el hardware .
Y por qué no, se pueden provocar pequeños cortes constantes en rutas secundarias para obligar a los buques de reparación , que son pocos y lentos , a desplazarse, dejando las rutas principales desprotegidas o vulnerables a una interrupción mayor.
La vulnerabilidad actual y la fragilidad de estos cables es un punto crítico en la agenda de la OTAN y la ONU debido por los menos a tres factores:
1. La dificultad de Reparación porqué hay unos pocos barcos cableros en el mundo capaces de bajar a profundidades extremas y porqué una reparación puede tardar de días a meses si el clima es malo o si la zona está en conflicto.
2. La dificultad de identificar las amenazas , el lecho marino es vasto y oscuro y detectar un dron submarino o un buceador saboteador es extremadamente difícil sin sistemas de sonar avanzados en toda la extensión del cable.
3. A la concentración de los puntos de aterrizaje de muchos cables que llegan a las mismas playas o estaciones (como en Marsella o Virginia Beach), lo que crea un «cuello de botella» donde un solo ataque terrestre o costero puede cortar múltiples líneas a la vez.
Volviendo al Estrecho de Ormuz este trato de mar no es solo el cuello de botella más importante para el petróleo mundial; en 2026 se ha consolidado como he dicho antes en uno de los «chokepoints» digitales más críticos del planeta.
Bajo sus aguas cruza una red de fibra óptica que conecta Europa con Asia y sostiene la economía de los países del Golfo.
A continuación, dando espacio a mi curiosidad, he procurado documentarme y he decidido de compartir cuanto he descubierto. Los principales cables que atraviesan o bordean esta zona estratégica son dos:
1. Los gigantes transcontinentales, tres arterias que llevan el tráfico de internet entre continentes:
– AAE-1 (Asia-Africa-Europe 1): Uno de los sistemas de cable más largos del mundo. Conecta el sudeste asiático con Europa a través de Egipto, con puntos de aterrizaje clave en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Omán y Qatar.
– FALCON: Propiedad de Global Cloud Xchange, este cable rodea prácticamente toda la península arábiga y tiene múltiples puntos de entrada en el Golfo Pérsico, pasando directamente por el Estrecho.
– SeaMeWe-5 (South East Asia-Middle East-Western Europe 5): Aunque su ruta principal es más hacia el sur (Mar Arábigo), sus ramales de conexión hacia los países del Golfo dependen de la estabilidad de la zona de Ormuz.
2. Las redes regionales críticas, tres redes de cables que aseguran que los países de la zona (EAU, Qatar, Bahrein, Kuwait, Iraq e Irán) estén interconectados entre sí:
– GBI (Gulf Bridge International): Una red diseñada específicamente para conectar todos los países del Golfo. Es fundamental para la baja latencia necesaria en el sector financiero y energético de la región.
– Tata TGN-Gulf: Conecta la India con los países del Golfo y es vital para el flujo de datos de servicios IT y transacciones bancarias entre estas regiones.
– FIG (Fibre in the Gulf): Un proyecto masivo (recientemente impulsado en 2025-2026 por Ooredoo y du) diseñado para manejar capacidades de hasta 720 Tbps, conectando Omán, EAU, Qatar, Bahrein, Arabia Saudita, Kuwait e Iraq. En máxima síntesis, la situación en el Estrecho de Ormuz ha pasado de ser una preocupación logística a una crisis de seguridad para las naciones debido a varios factores recientes entre los cuales:
– Amenazas de «peaje digital», recientemente, medios vinculados a Irán han propuesto que las empresas tecnolóugicas (como Meta, Google o Microsoft) paguen «tasas de protección» o licencias anuales por el tránsito de sus cables por aguas territoriales iraníes.
– Soberanía de reparación, existe una tensión creciente sobre quién tiene derecho a reparar los cables. A tal propósito Irán ha reclamado que cualquier mantenimiento en su zona económica exclusiva debe ser realizado por empresas locales, lo que complica la logística de los buques de reparación internacionales.
– Vulnerabilidad ante el sabotaje: Con el 20% del tráfico de datos global pasando por esta zona (equivalente a billones de dólares en transacciones diarias), el riesgo de cortes «accidentales» provocados por anclas de barcos o sabotajes submarinos es una herramienta de presión política constante.
No es un caso que la tendencia actual para mitigar estas vulnerabilidades es la creación de redes satelitales de órbita baja (como Starlink o el proyecto OuterNET) para que sirvan de respaldo, aunque todavía no tienen la capacidad para reemplazar totalmente el ancho de banda de la fibra óptica submarina que actualmente representa el 99% del tráfico de datos global.
Concluyendo, después de un mes de guerra Estados Unidos e Israel aunque hayan debilitado militarmente y económicamente el muy peligroso régimen iraní, no han podido doblegarle y tanto menos han conseguido evitar definitivamente el riesgo de que el régimen de los Ayatolá construyan sus bombas nucleares.
La guerra, al contrario, ha degenerado provocando una parálisis de Ormuz con importantes consecuencias económicas globales.
Imaginar que entonces que la guerra pueda seguir y recrudecerse genera por lo tanto muchísimas preocupaciones.
Una escalada del conflicto y un eventual tentativo de Estados Unidos e Israel de intervenir para extraer el uranio en los sitios iraníes, podría desencadenar la realización de las varias amenazas no convencionales del régimen entre las cuales las que hemos hablado en este artículo con el resultado de daños globales incalculables.
Quiero cerrar con un cierto positivismo, la ocasión del encuentro entre el presidente americano y el presidente chino podría ser decisivo para resolver una situación que se ha complicado mucho y que no conviene a nadie se agrave.
