Publicado: mayo 20, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/magyar-quiere-visegrado-contrapeso-europeo-eje-francoaleman-20260520014256-nt.html
En su primer viaje al exterior, el primer ministro de Hungría, Péter Magyar, ha declarado como objetivo prioritario «reforzar el Grupo de Visegrado y ampliarlo, por ejemplo a Austria». Magyar, que está siendo recibido en las capitales centroeuropeas como nueva estrella política … en la región, pretende estructurar su política exterior y su presencia en la UE a través de este Grupo de Visegrado, V4 por el momento, una alianza europea cuya influencia ha ido cambiando de caudal, como las aguas del Danubio que bañan la ciudad húngara de Visegrád, donde nació su nombre.
La historia de Visegrado, que combina simbolismo medieval, ambiciones postcomunistas y tensiones contemporáneas, arranca en un antecedente remoto que se remonta a 1335, cuando los reyes de Hungría, Polonia y Bohemia se reunieron en Visegrád para sellar una alianza política y comercial frente al poder de los Habsburgo, en un intento de «demostrar que Europa Central podía actuar unida». El Visegrado moderno nació el 15 de febrero de 1991, cuando Václav Havel, Lech Walęsa y József Antall se reunieron en la misma ciudad para coordinar la transición democrática desde el comunismo y acelerar la integración de sus países en la Unión Europea y la OTAN. «Europa no es solo un concepto geográfico, sino un espacio de valores compartidos», dijo entonces Havel. En 1993, tras la división de Checoslovaquia, el grupo pasó a tener sus cuatro miembros: Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia.
Durante los años noventa y principios de los 2000, funcionó como una plataforma de cooperación para reformas económicas, modernización institucional y coordinación diplomática. En 2004, los cuatro países ingresaron en la UE, cumpliendo el objetivo que había justificado la creación de V4. A partir de entonces, se transformó en un foro político para influir en Bruselas, especialmente en temas migratorios, energéticos y de soberanía nacional, hasta que la crisis de refugiados de 2015 marcó un punto de inflexión y se convirtió en un bloque de presión contra las cuotas de reparto de migrantes, liderado desde Hungría por Viktor Orbán.
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Rosalía Sánchez
El ministro de Exteriores húngaro llegó a decir que se veían a sí mismos como «los chicos malos de Europa», y se ocupó de «mantener la independencia de nuestras patrias frente a Bruselas», empujando al V4 hacia una posición de resistencia que empezó a resquebrajar su cohesión, convertida en ruptura con el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Polonia y República Checa adoptaron posiciones firmemente a favor de Kiev, mientras que Hungría se decantó por Moscú. Eslovaquia, tras el regreso de Robert Fico al poder, se aproximó a la postura húngara.
En los últimos años, Polonia ha buscado formatos regionales alternativos, ante la imposibilidad de coordinar posiciones con Budapest y Bratislava. La propuesta de Péter Magyar, que contempla incorporar a Austria y Eslovenia en un «Visegrado ampliado», permitiría recuperar la cooperación centroeuropea sin el sesgo iliberal. La idea no es nueva: en Viena, sectores del Partido Liberal de ultraderecha FPÖ ya defendieron en 2017 que Austria debía unirse al V4, y el excanciller Sebastian Kurz coqueteó con esa posibilidad.
Austria aportaría una dimensión occidental
Con esa ampliación, el Grupo Visegrado podría convertirse en un contrapeso moderado al eje franco-alemán, articulando intereses centroeuropeos en energía, infraestructuras y seguridad. Austria, con su tradición diplomática y su peso económico, aportaría una dimensión occidental que el grupo nunca ha tenido. El mayor número de miembros podría reforzar, además, la cooperación en defensa, en un momento en que la guerra de Ucrania ha devuelto la seguridad al centro del proyecto europeo. Polonia, que aspira a liderar el flanco oriental, vería con buenos ojos un formato que incluya a un país neutral pero estratégicamente relevante como Austria.
La llegada de nuevos miembros ayudaría a equilibrar el grupo y a centrarlo, para reconstruir puentes con Bruselas, donde contaría con un nuevo peso. «Un Visegrado cohesionado puede bloquear decisiones europeas, pero también puede impulsarlas si sus miembros comparten objetivos», dice Janusz Bugajski, asesor sobre el terreno del departamento de Defensa de Estados Unidos, que añade a su análisis el componente cultural.
«Un Visegrado cohesionado puede bloquear decisiones europeas, pero también puede impulsarlas si sus miembros comparten objetivos»
Janusz Bugajski
Asesor del departamento de Defensa de EE.UU.
Milan Kundera describió Europa Central como «la parte secuestrada de Occidente» en un ensayo publicado en los años ochenta, en el que señalaba que «es en la frontera oriental de Occidente donde, más que en ninguna parte, se percibe a Rusia como un antioccidente» y que su carácter de gran foco cultural era lo que sostenía, al fin y al cabo, la unidad cultural de Europa.
