Publicado: mayo 20, 2026, 12:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/crisis-energetica-acerca-china-rusia-20260519173537-nt.html
Guiaba Xi Jinping a Donald Trump el pasado viernes por los jardines de Zhongnanhai, la misteriosa ciudadela del Partido Comunista Chino, cuando el invitado inquirió ufano: «¿Suelen venir los líderes mundiales por aquí?». «Rara vez», contestó el chino, antes de precisar: «Putin ha estado … aquí». «Estupendo», zanjó el estadounidense con suficiencia.
No hay, en efecto, afinidad como aquella que une a China y Rusia. Vladímir Putin, el único a quien Xi trata de «viejo amigo», estuvo y este miércoles vuelve a estar, por vigesimoquinta vez. El líder ruso inicia este martes un viaje oficial de dos días, desplazamiento que constata la creciente asimetría entre dos potencias alineadas –que no aliadas– frente a Occidente: mientras Xi trataba a Trump de igual a igual, Putin trataba de repeler los drones ucranianos que este fin de semana golpearon Moscú.
El ruso aterriza en Pekín poco menos que a rebufo del estadounidense, despegado hace apenas cuatro días. La visita de Trump, la primera en nueve años, afianzó la tregua entre las dos superpotencias sin acuerdos comerciales de calado. Son tantos los frentes abiertos en un mundo de hostilidad creciente, más allá de la propia rivalidad, que la guerra en Ucrania quedó relegada a tema terciario. Aunque no ignorado. Xi habría confesado que Putin quizá acabe «arrepintiéndose» de la invasión, según informa hoy el diario británico ‘Financial Times’ citando a «varias personas familiarizadas con la evaluación de la cumbre».
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Jaime Santirso
La conversación entre Xi y Putin, programada para este miércoles, permitirá así transmitir la tónica de la cita previa a mandatarios próximos, tal y como Trump telefoneó a la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, poco después de iniciar el regreso a Washington a bordo del Air Force One. Esta dinámica, además, reafirma la posición de China como actor central en la geopolítica global, a la par con EE.UU.
Durante el encuentro, ambos líderes «intercambiarán opiniones sobre la cooperación bilateral en diversos ámbitos, así como asuntos internacionales y regionales de interés común», adelantaba el lunes el portavoz de Exteriores, Guo Jiakun, durante la rueda de prensa diaria del organismo. «Una oportunidad para seguir profundizando y elevando las relaciones entre China y Rusia, con el objetivo de aportar más estabilidad y energía positiva al mundo».
Necesidades mutuas
China y Rusia proclamaron su «amistad sin límites» en febrero de 2022, solo veinte días antes de la invasión de Ucrania, y desde entonces los intercambios se han multiplicado. «Las relaciones han alcanzado un nivel verdaderamente sin precedentes», celebraba Putin en un mensaje difundido este martes antes de su partida.
«Sin aliarnos contra nadie, buscamos la paz y la prosperidad universal […]. Con ese espíritu, Moscú y Pekín actuamos de manera coordinada para defender el derecho internacional y las provisiones de la Carta de Naciones Unidas en su integridad», proseguía, un empeño facilitado por su sintonía personal con Xi. «Estoy convencido de que nuestros vínculos, cálidos y amistosos, nos permiten trazar los planes más ambiciosos para el futuro y hacerlos realidad».
Sobre si el viaje de Putin guarda relación con el de Trump
«Estamos desarrollando nuestras propias relaciones independientes y muy polifacéticas con China»
Dmitri Peskov
Portavoz del Kremlin
Su traducción en términos prácticos llegó por boca del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Según este, el viaje no guarda relación alguna con el de Trump, pues fue planificado en febrero. «Estamos desarrollando nuestras propias relaciones independientes y muy polifacéticas con China», afirmó el representante gubernamental. Esta visita, «de muy altas expectativas», abarcará «un amplio abanico de asuntos», entre los que mencionó el gaseoducto Fuerza de Siberia 2, que será «abordado con gran detalle».
Esta ambiciosa infraestructura pretende conectar los yacimientos de la península de Yamal, en la costa norte de Rusia, con la red china hasta Shanghái para transportar hasta 50.000 millones de metros cúbicos de gas natural al año, y su oportunidad se ha visto realzada ante el conflicto de Irán y la consiguiente interrupción al flujo marítimo de combustibles. También la previsión de blindar la seguridad energética ante un hipotético conflicto en el estrecho de Taiwán.
Un proyecto ralentizado por China
Rusia lleva años tratando de impulsar el acuerdo, pero China viene ralentizando los tiempos para negociar desde una posición de fuerza. La visita de Putin en septiembre del año pasado desbloqueó un avance significativo, aunque todavía queda mucho por concretar, desde precios finales y volúmenes mínimos de compras hasta repartos de inversiones o plazos estimados.
«Hay muchos, muchos motivos para dudar de que el gaseoducto llegue a construirse algún día, a causa de la financiación, los costes, las dificultades políticas de trazarlo a través de Mongolia, el riesgo de que acabe convertido en un activo varado y otros factores», señala Joe Webster, investigador del Atlantic Council, en una publicación reciente de su boletín. «El proyecto afronta enormes obstáculos y muy probablemente ni siquiera resulte comercialmente viable, incluso aunque el gas natural licuado catarí sufra interrupciones prolongadas».
«Hay muchos motivos para dudar de que el gaseoducto llegue a construirse algún día»
Joe Webster
Investigador del Atlantic Council
Las necesidades convergentes en materia de energía apuntan por tanto hacia una expansión del oleoducto Siberia Oriental-Océano Pacífico –ESPO, por sus siglas en inglés–. Este canal posee una capacidad aproximada de 1,6 millones de barriles diarios, la mitad de los cuales llegan a China por vía terrestre. «Esa conexión podría ampliarse con relativa facilidad y rapidez», incide el analista, «lo que reforzaría de forma significativa la seguridad energética de Pekín, especialmente ante una eventual contingencia en Taiwán».
