Helen Hobbs, genetista: «Es imposible tratar eficazmente el colesterol alto solo con la dieta» - Colombia
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Helen Hobbs, genetista: «Es imposible tratar eficazmente el colesterol alto solo con la dieta»

A principios de este siglo, la genetista Helen Hobbs (Boston, 1952) cambió la historia de la cardiología al estudiar el genoma de miles de vecinos del condado de Dallas. Allí descubrió que las personas con una mutación natural en el gen PCSK9 mantenían niveles … insólitamente bajos de colesterol LDL —el conocido como «colesterol malo»— lo que les confería una protección casi absoluta frente a los infartos. Aquella observación se convirtió en la base de una revolución farmacológica que ha transformado el tratamiento cardiovascular en la última década a través de una nueva categoría de fármacos. La investigadora estadounidense recibe a ABC en Madrid, adonde ha viajado para recoger el Premio Internacional de Ciencias Médicas Doctor Juan Abarca.
—Ha pasado una década desde que salieron al mercado los primeros medicamentos basados en sus descubrimientos. ¿Está satisfecha con el número de pacientes que los reciben hoy o sigue habiendo trabas para acceder a ellos?

—Siguen siendo demasiado difíciles de conseguir. La realidad es que no han tenido el impacto clínico que todos habíamos previsto. Desconozco los detalles exactos de lo que ha ocurrido en Europa, pero en Estados Unidos, cuando aparecieron los primeros anticuerpos monoclonales —como sabe, desarrollados por Amgen y Regeneron— eran enormemente eficaces: bastaba con una inyección cada dos o cuatro semanas para lograr una reducción dramática del colesterol LDL, de entre el 50 % y el 60 %. Y, sin embargo, apenas se utilizaron. El motivo fue que salieron con un precio demasiado alto; resultaban muy caros y las aseguradoras no querían pagarlos. Además, los ensayos clínicos iniciales fueron relativamente cortos: demostraban una reducción de los eventos cardiovasculares, pero al ser de corta duración la cifra no resultaba tan espectacular. Esa combinación de factores complicó mucho las cosas. Las aseguradoras impusieron trabas burocráticas enormes a los médicos, obligándolos a rellenar una cantidad desmesurada de trámites para poder prescribirlos.

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Dolors Marco

—¿Ha cambiado en algo esa situación en los últimos años?
—Algo ha cambiado, sí, sobre todo porque las farmacéuticas terminaron rebajando los precios, lo que facilitó que comenzaran a tomarlos los pacientes con intolerancia a las estatinas o aquellos que no lograban alcanzar sus objetivos de LDL. Sin embargo, creo que el verdadero gran cambio va a llegar con la entrada en el mercado de los fármacos orales. La FDA ya ha aprobado la píldora desarrollada por Merck, y la compañía ha asegurado que le fijará un precio mucho más razonable para que sea accesible a la población.
—Precisamente sobre esa nueva vía quería preguntarle. ¿Cómo cree que transformarán el panorama estas pastillas? ¿Llegarán a sustituir a las estatinas o convivirán como tratamiento combinado?

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—La vía oral va a tener un impacto enorme porque los pacientes se sienten muy cómodos tomando una pastilla. Aunque es verdad que la percepción social sobre los inyectables está cambiando drásticamente debido a los fármacos GLP-1: como tanta gente los está tomando para perder peso o tratar la diabetes, la gente se está acostumbrando a autoinyectarse. Superar esa barrera psicológica del pinchazo era un gran obstáculo. De hecho, para el colesterol hay un valor claro en un inyectable periódico, por ejemplo una vez al mes, porque uno de los principales problemas del tratamiento del colesterol es la adherencia: no sirve de nada que el paciente se lo tome durante unas semanas, debe mantenerlo durante años o décadas.

«A la gente le cuesta asumir que se trata de un tratamiento crónico para toda la vida»

A la gente le cuesta asumir que se trata de un tratamiento crónico para toda la vida, no de un antibiótico que tomas unos días hasta curarte, por lo que a algunos les convence más una inyección periódica. Por ejemplo, con el inclisirán —basado en pequeño ARN de interferencia o ARNpi— solo hace falta pincharse una vez cada seis meses.
—¿Y qué cabe esperar con la llegada de las llamadas moléculas pequeñas?
—En Estados Unidos ese inyectable semestral debía administrarse en un centro médico para que el profesional pudiera facturar el acto, pensando que eso incentivaría su uso, pero tuvo el efecto contrario. Ahora, además del fármaco oral de Merck, AstraZeneca tiene en desarrollo una pequeña molécula que parece ser extraordinariamente eficaz y muy bien tolerada. Aunque todavía no está aprobada por la FDA, estoy convencida de que este tipo de moléculas orales van a cambiar por completo el escenario de la cardiología.
—Los GLP-1, como Ozempic o Wegovy, están demostrando amplios beneficios cardiovasculares asociados a la reducción de la inflamación sistémica. ¿Cómo se relacionan estos nuevos fármacos con los inhibidores de PCSK9? ¿Son enfoques complementarios?
—La inflamación forma parte indudable de la aterosclerosis, de eso no hay duda. Sin embargo, los ensayos orientados a combatir la inflamación de forma directa con antiinflamatorios no han conseguido resultados tan contundentes como los que obtenemos reduciendo el colesterol LDL. Además, han surgido efectos secundarios, algo lógico si pensamos que la inflamación, en su justa medida, es un mecanismo de defensa y curación de nuestro propio organismo. Atacar la inflamación directamente ha sido siempre muy complejo.

«La inflamación, en su justa medida, es un mecanismo de defensa y curación de nuestro propio organismo»

La gran ventaja de los GLP-1 es que la reducen de forma indirecta mientras atacan de raíz factores de riesgo cardiovascular cruciales: son capaces de revertir la diabetes, bajar la presión arterial y aplacar la respuesta inflamatoria asociada a estas patologías. Suponen una adición maravillosa a la terapia hipolipemiante, un complemento sensacional, pero en ningún caso sustituyen a la necesidad de bajar el colesterol.
—Cuando disponemos de fármacos tan potentes que facilitan drásticamente el control del colesterol, ¿existe el riesgo de que el paciente se descuide y abandone la dieta y el ejercicio? ¿O estas terapias pueden servir como incentivo para llevar una vida más activa?
—La dieta y el ejercicio son hábitos de vida fundamentales. Ahora bien, si hablamos estrictamente de bajar el colesterol mediante la alimentación, la realidad científica es contundente: para que la dieta tenga un impacto real sobre los niveles de colesterol habría que empezar desde la infancia. Habría que acostumbrar a los niños a dietas muy bajas en grasas saturadas para evitar que el colesterol vaya aumentando progresivamente con la edad, que es lo que ocurre de forma generalizada en Europa y Estados Unidos por nuestro patrón de alimentación.

«Al menos en Estados Unidos le puedo asegurar que nadie está dispuesto a quitarles la pizza a los niños»

En la etapa adulta es imposible tratar eficazmente el colesterol alto únicamente con la dieta. Incluso sometiéndose a una dieta hiperestricta durante mucho tiempo —y sin tener en cuenta la pérdida de peso, que sí ayuda—, el LDL solo se reduce entre un 15 % y, como muchísimo, un 20 %. Eso no es suficiente para llegar a los objetivos terapéuticos.
Los ensayos clínicos no dejan de repetírnoslo: cuanto más bajo esté el colesterol LDL, mejor; y como las metas recomendadas son cada vez más exigentes, prácticamente nadie logra alcanzarlas solo comiendo bien. En adultos necesitamos recurrir a los fármacos. Si quisiéramos cambiar esto solo con la alimentación tendríamos que empezar desde muy pequeños, y al menos en Estados Unidos le puedo asegurar que nadie está dispuesto a quitarles la pizza a los niños.

Publicado: octubre 28, 2026, 2:15 pm

Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/helen-hobbs-imposible-tratar-eficazmente-colesterol-alto-20261028192338-nt.html

A principios de este siglo, la genetista Helen Hobbs (Boston, 1952) cambió la historia de la cardiología al estudiar el genoma de miles de vecinos del condado de Dallas. Allí descubrió que las personas con una mutación natural en el gen PCSK9 mantenían niveles … insólitamente bajos de colesterol LDL —el conocido como «colesterol malo»— lo que les confería una protección casi absoluta frente a los infartos. Aquella observación se convirtió en la base de una revolución farmacológica que ha transformado el tratamiento cardiovascular en la última década a través de una nueva categoría de fármacos. La investigadora estadounidense recibe a ABC en Madrid, adonde ha viajado para recoger el Premio Internacional de Ciencias Médicas Doctor Juan Abarca.

—Ha pasado una década desde que salieron al mercado los primeros medicamentos basados en sus descubrimientos. ¿Está satisfecha con el número de pacientes que los reciben hoy o sigue habiendo trabas para acceder a ellos?

—Siguen siendo demasiado difíciles de conseguir. La realidad es que no han tenido el impacto clínico que todos habíamos previsto. Desconozco los detalles exactos de lo que ha ocurrido en Europa, pero en Estados Unidos, cuando aparecieron los primeros anticuerpos monoclonales —como sabe, desarrollados por Amgen y Regeneron— eran enormemente eficaces: bastaba con una inyección cada dos o cuatro semanas para lograr una reducción dramática del colesterol LDL, de entre el 50 % y el 60 %. Y, sin embargo, apenas se utilizaron. El motivo fue que salieron con un precio demasiado alto; resultaban muy caros y las aseguradoras no querían pagarlos. Además, los ensayos clínicos iniciales fueron relativamente cortos: demostraban una reducción de los eventos cardiovasculares, pero al ser de corta duración la cifra no resultaba tan espectacular. Esa combinación de factores complicó mucho las cosas. Las aseguradoras impusieron trabas burocráticas enormes a los médicos, obligándolos a rellenar una cantidad desmesurada de trámites para poder prescribirlos.

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  • Dolors Marco

—¿Ha cambiado en algo esa situación en los últimos años?

—Algo ha cambiado, sí, sobre todo porque las farmacéuticas terminaron rebajando los precios, lo que facilitó que comenzaran a tomarlos los pacientes con intolerancia a las estatinas o aquellos que no lograban alcanzar sus objetivos de LDL. Sin embargo, creo que el verdadero gran cambio va a llegar con la entrada en el mercado de los fármacos orales. La FDA ya ha aprobado la píldora desarrollada por Merck, y la compañía ha asegurado que le fijará un precio mucho más razonable para que sea accesible a la población.

—Precisamente sobre esa nueva vía quería preguntarle. ¿Cómo cree que transformarán el panorama estas pastillas? ¿Llegarán a sustituir a las estatinas o convivirán como tratamiento combinado?

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—La vía oral va a tener un impacto enorme porque los pacientes se sienten muy cómodos tomando una pastilla. Aunque es verdad que la percepción social sobre los inyectables está cambiando drásticamente debido a los fármacos GLP-1: como tanta gente los está tomando para perder peso o tratar la diabetes, la gente se está acostumbrando a autoinyectarse. Superar esa barrera psicológica del pinchazo era un gran obstáculo. De hecho, para el colesterol hay un valor claro en un inyectable periódico, por ejemplo una vez al mes, porque uno de los principales problemas del tratamiento del colesterol es la adherencia: no sirve de nada que el paciente se lo tome durante unas semanas, debe mantenerlo durante años o décadas.

«A la gente le cuesta asumir que se trata de un tratamiento crónico para toda la vida»

A la gente le cuesta asumir que se trata de un tratamiento crónico para toda la vida, no de un antibiótico que tomas unos días hasta curarte, por lo que a algunos les convence más una inyección periódica. Por ejemplo, con el inclisirán —basado en pequeño ARN de interferencia o ARNpi— solo hace falta pincharse una vez cada seis meses.

—¿Y qué cabe esperar con la llegada de las llamadas moléculas pequeñas?

—En Estados Unidos ese inyectable semestral debía administrarse en un centro médico para que el profesional pudiera facturar el acto, pensando que eso incentivaría su uso, pero tuvo el efecto contrario. Ahora, además del fármaco oral de Merck, AstraZeneca tiene en desarrollo una pequeña molécula que parece ser extraordinariamente eficaz y muy bien tolerada. Aunque todavía no está aprobada por la FDA, estoy convencida de que este tipo de moléculas orales van a cambiar por completo el escenario de la cardiología.

—Los GLP-1, como Ozempic o Wegovy, están demostrando amplios beneficios cardiovasculares asociados a la reducción de la inflamación sistémica. ¿Cómo se relacionan estos nuevos fármacos con los inhibidores de PCSK9? ¿Son enfoques complementarios?

—La inflamación forma parte indudable de la aterosclerosis, de eso no hay duda. Sin embargo, los ensayos orientados a combatir la inflamación de forma directa con antiinflamatorios no han conseguido resultados tan contundentes como los que obtenemos reduciendo el colesterol LDL. Además, han surgido efectos secundarios, algo lógico si pensamos que la inflamación, en su justa medida, es un mecanismo de defensa y curación de nuestro propio organismo. Atacar la inflamación directamente ha sido siempre muy complejo.

«La inflamación, en su justa medida, es un mecanismo de defensa y curación de nuestro propio organismo»

La gran ventaja de los GLP-1 es que la reducen de forma indirecta mientras atacan de raíz factores de riesgo cardiovascular cruciales: son capaces de revertir la diabetes, bajar la presión arterial y aplacar la respuesta inflamatoria asociada a estas patologías. Suponen una adición maravillosa a la terapia hipolipemiante, un complemento sensacional, pero en ningún caso sustituyen a la necesidad de bajar el colesterol.

—Cuando disponemos de fármacos tan potentes que facilitan drásticamente el control del colesterol, ¿existe el riesgo de que el paciente se descuide y abandone la dieta y el ejercicio? ¿O estas terapias pueden servir como incentivo para llevar una vida más activa?

—La dieta y el ejercicio son hábitos de vida fundamentales. Ahora bien, si hablamos estrictamente de bajar el colesterol mediante la alimentación, la realidad científica es contundente: para que la dieta tenga un impacto real sobre los niveles de colesterol habría que empezar desde la infancia. Habría que acostumbrar a los niños a dietas muy bajas en grasas saturadas para evitar que el colesterol vaya aumentando progresivamente con la edad, que es lo que ocurre de forma generalizada en Europa y Estados Unidos por nuestro patrón de alimentación.

«Al menos en Estados Unidos le puedo asegurar que nadie está dispuesto a quitarles la pizza a los niños»

En la etapa adulta es imposible tratar eficazmente el colesterol alto únicamente con la dieta. Incluso sometiéndose a una dieta hiperestricta durante mucho tiempo —y sin tener en cuenta la pérdida de peso, que sí ayuda—, el LDL solo se reduce entre un 15 % y, como muchísimo, un 20 %. Eso no es suficiente para llegar a los objetivos terapéuticos.

Los ensayos clínicos no dejan de repetírnoslo: cuanto más bajo esté el colesterol LDL, mejor; y como las metas recomendadas son cada vez más exigentes, prácticamente nadie logra alcanzarlas solo comiendo bien. En adultos necesitamos recurrir a los fármacos. Si quisiéramos cambiar esto solo con la alimentación tendríamos que empezar desde muy pequeños, y al menos en Estados Unidos le puedo asegurar que nadie está dispuesto a quitarles la pizza a los niños.

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