Publicado: octubre 24, 2026, 6:15 am
Fuente de la noticia : https://www.abc.es/salud/eneko-fernandez-exfutbolista-ganador-masterchef-hago-ayuno-20261003020218-nt.html
De dominar el balón en el césped a ser el amo de los fogones. La vida da muchas vueltas. Y si no, que se lo digan a Eneko Fernández (Zaragoza, 1984). Era, como él mismo dice, un extremo zurdo «puro, de los de antes» … que en 2007 cumplió su sueño de debutar con el primer equipo de su Real Zaragoza. Las lesiones le obligaron a pasar cinco veces por el quirófano y a los 31 años tuvo que colgar las botas. De un día para otro, pasó de estar en el vestuario profesional y en estadios llenos a rebosar, a una incertidumbre difícil de gestionar.
Por eso, lo que vino después no estaba en el guion, porque nadie esperaba que apenas unos años después acabase ganando ‘MasterChef’, reinventándose como cocinero y descubriendo una nueva vida como comentarista en DAZN. En paralelo, ha construido también otra identidad incluso más importante: la de padre y marido que intenta equilibrar una agenda caótica con una vida familiar que, admite, es su verdadera prioridad. Con varias lecciones aprendidas a sus espaldas, ahora entiende el cuidado de una forma muy distinta a cuando vivía pendiente del próximo partido. Hoy escucha cuándo su cuerpo le pide parar, ha aprendido a cuidar también la cabeza y busca el equilibrio entre el ejercicio, la alimentación, el descanso y una profesión que, paradójicamente, le obliga a pasar buena parte del día rodeado de comida.
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YO ME CUIDO
Javier Palomo
—Fue futbolista profesional durante años y su cuerpo era literalmente su herramienta de trabajo. Una vez retirado, ¿cómo ha cambiado su manera de cuidarse físicamente?
—¡Ha cambiado por completo! Cuando jugaba, el cuidado físico estaba hiperenfocado al rendimiento inmediato, a la exigencia de la competición y a empujar el cuerpo al límite. Después, al colgar las botas, me di cuenta de que esa manera de vivir chocaba de manera frontal con mi salud. Tras la retirada entendí que cuidar el cuerpo ya no va de competir ni de aguantar el dolor, sino de salud a largo plazo, de movilidad y de calidad de vida. Ahora me cuido para sentirme bien, con energía para mi día a día, respetando mucho más los tiempos y los límites de mi cuerpo.
—¿Qué lugar ocupa ahora el deporte en su vida?
—Hago trabajo de fuerza, que me hace sentir lleno de energía y con el que he conseguido no tener apenas dolor en piernas o espalda. Además, este año he recuperado con mucho cariño el tenis, que jugaba de niño y que me permite mantenerme en forma y saciar ese gusanillo competitivo que siempre llevamos dentro los deportistas. Lo que no puedo es jugar al fútbol, en cualquier pachanga o con cualquier gesto podría hacerme daño, hay una de las rodillas especialmente que ha quedado muy inestable así que intento no exponerme a esa situación, me da miedo.
«De joven pensaba que cuidarse era entrenar muy fuerte y como solo pasta y pollo a la plancha»
—Ha contado que durante su etapa como futbolista sufrió ansiedad y estrés y que entonces no supo gestionarlo. ¿Qué hace hoy cuando nota que vuelve a estar desbordado?
—En mi etapa como futbolista faltaban muchas herramientas y pedagogía sobre la salud mental. Se tendía a guardar todo dentro y tirar hacia adelante. Hoy en día, cuando identifico las primeras señales de saturación o estrés por los ritmos de grabación, viajes o directos, lo primero que hago es parar un momento y ver qué es lo que me está haciendo daño. Busco refugio en mi familia y en mis aficiones fuera del foco. He aprendido a relativizar, a decir «hasta aquí hoy».
—Si tuviera que comparar al Eneko futbolista con el Eneko de ahora, ¿qué hace hoy para cuidarse que aquel joven deportista no entendía o no sabía hacer?
—Aquel Eneko joven pensaba que cuidarse era únicamente entrenar más fuerte, correr más y comer pasta y pollo a la plancha. No entendía la salud en su conjunto, sino como algo que debía estar lo suficientemente bien como para rendir el domingo. El Eneko de hoy sabe escuchar a su cuerpo cuando pide parar, entiende la alimentación desde el placer consciente y nutritivo, y sabe que la salud emocional es tan importante como la física.
—Con el auge de la creatina, los batidos de proteínas y otros suplementos deportivos, ¿lo ve como una ayuda útil o cree que se están utilizando demasiado?
—Creo que son herramientas muy útiles siempre que haya una base sólida detrás, como una alimentación equilibrada, buen descanso y entrenamiento estructurado, y que estén pautados o entendidos correctamente. El problema viene cuando se buscan «atajos» o cuando se abusa de ellos sustituyendo la comida real. En mi caso, no tomo suplementos. He encontrado el equilibrio ordenando mi alimentación, el ejercicio físico y el descanso. Me siento realmente bien, pero estoy abierto a tomarlos si en algún momento tengo algún déficit o quiero introducir algún cambio.
«Con una dieta variada, rica en producto fresco, se pueden cubrir las necesidades nutricionales»
—Y más allá del deporte. ¿Qué opinión tiene sobre los suplementos alimenticios?, ¿Una persona de a pie debería tomarlos o cree que se puede obtener todo lo necesario a través de la comida?
—Creo firmemente en que cada persona debe encontrar su fórmula. Para la mayoría de la población, con una dieta variada, rica en producto fresco y buenas materias primas, se pueden cubrir las necesidades nutricionales. Ahora, que hay momentos en los que tu cuerpo está falto de algo y puedes dárselo con suplementación, hazlo. O que en otros momentos quieres construir una nueva rutina física y necesitas ayuda con suplementación para mejorar, hazlo también. Mi fórmula ha llegado quizás más desde el ayuno intermitente. He conseguido desinflamarme, tener menos picos de hambre (que en mi caso siempre llegaba acompañado de mal humor) y estar más regulado emocionalmente. Suelo practicar el ayuno 18-6 (18 horas de ayuno y 6 horas donde sí puedo comer) e intento cada semana hacer 24 horas de ayuno. Pero esto es lo que a mí me ha funcionado, soy muy precavido a la hora de recomendar ciertos hábitos porque lo que me funciona a mí puede no funcionarte a ti y viceversa. Volviendo al inicio, cada persona debe encontrar su fórmula.
—Ahora que vive rodeado de comida, ¿es de los que prueba todo mientras cocina o consigue sentarse a comer con hambre?
—Si quieres cocinar algo que esté rico de verdad has de probar constantemente. Para mí es casi imposible no probar, ajustar de sal, probar un fondo o testear una textura mientras estoy en la cocina. Pero cuidado, digo probar, no comer. Amo la sensación de sentarme a la mesa con hambre a disfrutar de la comida con la familia o los amigos, el acto de sentarse a comer juntos es sagrado para mí.
—¿Cuál es el plato que más repite en casa, su plato estrella, cuando no tiene ganas de cocinar ‘como un chef’?
—Lo primero que se me ha venido a la cabeza es la famosa tortilla con patatas chips de bolsa. Ferran Adrià ha sido creativo hasta para esto, que alguien que no cocine demasiado pueda hacer una tortilla de patatas resultona en tres minutos me parece una genialidad. Y a mis hijas les encanta, así que todos contentos.
«Con mis hijas el plato estrella es la tortilla con patatas chips de bolsa. Es resultona y se hace en tres minutos»
—¿Qué alimento o capricho sabe que no es especialmente saludable pero no está dispuesto a dejar?
—Sin duda el vino. Se habla mucho de los beneficios que tiene a nivel salud y obviamente están ahí, pero no podemos olvidar que también contiene alcohol. Lo disfruto de una manera única, me parece un mundo tan complejo e interminable que para mí es la experiencia completa. El disfrutar de esa copa de vino y aprender de todo lo que la rodea es único, me fascina.
—¿Hay algo que, desde que se dedica profesionalmente a la cocina, haya dejado de comer?
—No, siempre digo que tengo un problema: me gusta todo. Y no solamente eso, me gusta todo y me gusta todo mucho. Así que eso sigue siendo así, incluso ha hecho que crezca mi interés por algunos productos o ingredientes que no consumía tan a menudo, como los fermentos por ejemplo.
—Con tres hijas en casa, ¿cómo intenta transmitirles una buena relación con la comida?
—En casa no nos gusta la palabra «prohibido», porque lo prohibido genera obsesión. Intentamos que la cocina sea un espacio divertido: cocinan con nosotros, tocan los ingredientes, descubren sabores y entienden de dónde viene lo que comen. La norma es probar de todo antes de decir que no gusta. Cuentan con una base diaria de comida sana, variada y natural, y cuando toca un cumpleaños o una celebración, se disfruta del dulce o el capricho sin culpa alguna. También hay una parte social que para mi mujer y para mí siempre ha sido muy importante en la educación de nuestras hijas y en la relación que tienen con la comida, que nunca te condicione lo que se va a comer para poder relacionarte o sentarte en una mesa, para poder viajar. Siempre hemos intentado estimular esa curiosidad alrededor de la gastronomía, porque al final para nosotros la gastronomía es cultura, y debe estar dentro de su educación.
«En casa no nos gusta la palabra prohibido, porque lo prohibido con la comida genera obsesión»
—Entre restaurantes, televisión, viajes y familia, ¿qué es lo primero que sacrifica?
—Durante estos años sentía que lo que no había era tiempo para mí, así que he conseguido disfrutar de ese tiempo por ejemplo en los momentos que viajo. En los trenes, los aviones o las habitaciones de hotel encontrar ese tiempo para desarrollar mis hobbies o simplemente para estar conmigo mismo. En los momentos de máximo estrés o demasiado trabajo siempre acabo sacrificando el descanso o las horas de sueño, mal hecho, tengo que cuidarlo más.
—¿Hay algún hábito saludable que predica o recomienda y luego es incapaz de cumplir?
—La desconexión digital. Vivir en las redes sociales es una especie de condena, en mi caso están muy desdibujados los límites de lo que es trabajo y es mi vida. El hecho de no estar presente al 100% en algunos momentos es algo a lo que le quiero prestar atención y cambiar, cuando reflexiono sobre ello siento que tampoco es justo para mi familia. La teoría la tengo clara, ahora depende de mí conseguir cambiarlo. Para que ocurran cosas diferentes debo hacer cosas diferentes, es mi responsabilidad y la asumo.
