Publicado: mayo 18, 2026, 9:00 am
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Una colaboración entre una de las firmas más reconocidas de la alta relojería suiza y una de las marcas de relojes más populares del mundo parecía tener todos los ingredientes para convertirse en objeto de deseo. Pero el lanzamiento de Audemars Piguet x Swatch Royal Pop ha ido bastante más allá de una simple fiebre coleccionista: ha provocado colas desde días antes, cierres de tiendas, intervención policial en algunas ciudades y un aviso público de la propia Swatch para tratar de rebajar la tensión.
La nueva colección, lanzada el 16 de mayo, no es un reloj de pulsera convencional, sino una serie de ocho relojes de bolsillo que combinan dos universos muy reconocibles: el diseño del Royal Oak de Audemars Piguet, uno de los iconos de la relojería de lujo, y el espíritu modular y colorido de los Swatch POP de los años 80.
Según explica Swatch, la colección Bioceramic Royal Pop está pensada para llevarse de distintas formas, con cordones de varias longitudes y accesorios que permiten colgar el reloj al cuello, llevarlo en la muñeca, en el bolsillo o incluso sujeto a un bolso.
El problema llegó con la puesta a la venta, únicamente en tiendas seleccionadas y limitada a un reloj por persona, día y tienda, una estrategia que ha contribuido a alimentar la sensación de escasez y la carrera por conseguir uno de los modelos.
La situación se descontroló en varios puntos. En España, Reino Unido, Francia, Países Bajos, Italia o Estados Unidos se registraron aglomeraciones, cierres de tiendas, presencia policial y altercados, según recoge The Guardian. En París, la policía llegó a usar gases lacrimógenos para controlar a una multitud de unas 300 personas frente a una tienda Swatch, en Cardiff se produjo una detención, en Milán una pelea y en Nueva York hubo “empujones y forcejeos” en la apertura de la tienda de Times Square.
La reacción de Swatch fue poco habitual para un lanzamiento de producto. La marca publicó un aviso en el que pedía a los compradores que no acudieran en grandes grupos a sus tiendas para garantizar la seguridad de clientes y empleados. También advertía de que, en algunos países o regiones, no se aceptarán colas de más de 50 personas y las ventas podrían pausarse.
Barcelona, uno de los puntos calientes del lanzamiento
En España, la escena más llamativa se vivió en Barcelona. La tienda de Swatch en el paseo de Gràcia no pudo abrir con normalidad por motivos de seguridad tras congregarse cientos de personas, algunas de ellas haciendo cola desde días antes. La situación obligó a intervenir a los Mossos d’Esquadra y a la Guardia Urbana para evitar incidentes.
Según La Vanguardia, la cifra de personas concentradas en paseo de Gràcia era de hasta alrededor de medio millar y el diario señalaba que también se produjeron aglomeraciones en la tienda de L’Illa Diagonal. El mismo medio recoge que, al mediodía del día de lanzamiento, algunos relojes ya se estaban ofreciendo en webs de segunda mano por más de 3.000 euros.
Este medio ha comprobado que existen anuncios en diversas plataformas.
Una colaboración inesperada entre lujo y cultura pop
La fórmula no es nueva para Swatch, que ya convirtió la colaboración con Omega en un fenómeno mundial con los MoonSwatch. En este caso, el reclamo es Audemars Piguet, una firma fundada en 1875 y asociada a la alta relojería, que firma junto a Swatch una colección con estética pop, colores llamativos y precios muy alejados de los habituales en la casa suiza de lujo.
La Royal Pop tiene ocho modelos: Otto Rosso, Huit Blanc, Green Eight, Blaue Acht, Lan Ba, OTG Roz, Ocho Negro y Orenji Hachi. Todos recurren a la caja de Bioceramic, el material de Swatch compuesto por cerámica y material de origen biológico derivado del aceite de ricino, y montan una nueva versión de cuerda manual del movimiento SISTEM51.
En España, el precio es de 385 euros, excepto los modelos rosa y azul claro (OTG Roz y Lan Ba) que alcanzan los 400 euros. Aunque no es una cifra baja para un Swatch, el contraste con los precios habituales de Audemars Piguet ha disparado el interés entre coleccionistas y revendedores.
