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¿Por qué el futuro de la Alianza Atlántica no pasa por los Estados Unidos de Trump?

Como si se tratase de la Agencia Tributaria y Zapatero, tanta deferencia y complicidad entre Donald Trump y Gianni Infantino no podía acabar bien. La goleada de corrupción que comparten la FIFA, el organismo rector del fútbol internacional, y el Gobierno de Estados Unidos refleja … a la perfección el declive de nuestras democracias: un terrible abuso de lo público y una gravísima crisis de rendición de cuentas. Y, como resultado, las reglas empiezan a no tener sentido, ya sean las que se aplican a un Mundial de fútbol o a una alianza militar como la OTAN.
En el caso de Infantino, el peloteo más rastrero y los ‘regalitos’ han resultado irresistibles. Desde el pseudopremio de la paz –doradísimo, por supuesto– hasta el alquiler de la FIFA durante el último año de una oficina en la planta 17 de la Torre Trump de Nueva York, pagando un precio astronómico a la empresa familiar del presidente pese a permanecer prácticamente vacía. Ahora, Trump incluso disfruta de su propio VAR.

Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, no ha tenido ni una fracción del éxito de Infantino. Y no será porque el peloteo del holandés no haya sido de lo más rastrero. Ni por el ‘regalazo’ de que Estados Unidos sea el gran beneficiario de las inversiones europeas en materia de defensa. Al final, el ‘sugar daddy’ ha llevado una alianza basada en valores democráticos compartidos hasta el terreno de juego que mejor domina: el de los ‘negocietes’.

Noticia relacionada

Javier Martínez-Brocal

En realidad, Trump siempre ha pensado que la OTAN era como ‘Los Soprano’: que los europeos pagaban a cambio de protección y tenían que hacer todo lo que él quisiera, desde aceptar exigencias inverosímiles de gasto militar hasta seguirle en un gran fiasco estratégico como Irán. Después de Groenlandia, la guerra comercial, la connivencia con Putin y el mínimo respaldo a Ucrania, la cumbre de Ankara confirma que, sin un mínimo de confianza, el futuro de la OTAN convertida en una especie de SEPI no pasa por los Estados Unidos de Trump.

Publicado: julio 6, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/pedro-rodriguez-futuro-alianza-atlantica-pasa-estados-unidos-trump-20260706010341-nt.html

Como si se tratase de la Agencia Tributaria y Zapatero, tanta deferencia y complicidad entre Donald Trump y Gianni Infantino no podía acabar bien. La goleada de corrupción que comparten la FIFA, el organismo rector del fútbol internacional, y el Gobierno de Estados Unidos refleja a la perfección el declive de nuestras democracias: un terrible abuso de lo público y una gravísima crisis de rendición de cuentas. Y, como resultado, las reglas empiezan a no tener sentido, ya sean las que se aplican a un Mundial de fútbol o a una alianza militar como la OTAN.

En el caso de Infantino, el peloteo más rastrero y los ‘regalitos’ han resultado irresistibles. Desde el pseudopremio de la paz –doradísimo, por supuesto– hasta el alquiler de la FIFA durante el último año de una oficina en la planta 17 de la Torre Trump de Nueva York, pagando un precio astronómico a la empresa familiar del presidente pese a permanecer prácticamente vacía. Ahora, Trump incluso disfruta de su propio VAR.

Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, no ha tenido ni una fracción del éxito de Infantino. Y no será porque el peloteo del holandés no haya sido de lo más rastrero. Ni por el ‘regalazo’ de que Estados Unidos sea el gran beneficiario de las inversiones europeas en materia de defensa. Al final, el ‘sugar daddy’ ha llevado una alianza basada en valores democráticos compartidos hasta el terreno de juego que mejor domina: el de los ‘negocietes’.

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  • Javier Martínez-Brocal

En realidad, Trump siempre ha pensado que la OTAN era como ‘Los Soprano’: que los europeos pagaban a cambio de protección y tenían que hacer todo lo que él quisiera, desde aceptar exigencias inverosímiles de gasto militar hasta seguirle en un gran fiasco estratégico como Irán. Después de Groenlandia, la guerra comercial, la connivencia con Putin y el mínimo respaldo a Ucrania, la cumbre de Ankara confirma que, sin un mínimo de confianza, el futuro de la OTAN convertida en una especie de SEPI no pasa por los Estados Unidos de Trump.

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