Publicado: septiembre 18, 2026, 10:45 am
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El Reino Unido sigue sufriendo las consecuencias del Brexit diez años después. Y el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, busca aproximarse de nuevo a la Unión Europea, sin que la posibilidad de una adhesión se encuentre todavía sobre la mesa. Burnham se enfrenta … al reto de encontrar el equilibrio entre tomar medidas que satisfagan a los ciudadanos y buscar una fórmula de integración en la UE.
Para ello, el ‘premier’ ha recibido este viernes en Mánchester a su homólogo irlandés, Micheál Martin, quien ostenta la presidencia rotatoria de la UE. Burnham ha señalado su voluntad de «colaborar estrechamente» con su país vecino «en un momento en que el Reino Unido busca una relación más cercana con Europa», según ha indicado un portavoz del Gobierno.
En paralelo, el ministro de Finanzas británico, John Healey, se ha reunido en Dublín con sus homólogos europeos en busca de una mayor cooperación en los sectores tecnológico, de defensa y manufacturero. El objetivo es hallar una solución para el Reino Unido sobre la política industrial ‘Made in Europe’ (‘Hecho en Europa’). Este plan promovido por Bruselas persigue reducir la dependencia de los componentes chinos al priorizar los productos fabricados en Europa sobre los de fuera del bloque.
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Ivannia Salazar
Sin embargo, esta iniciativa contra la dependencia de China tiene consecuencias colaterales para el Reino Unido al estar fuera del mercado único. Por ejemplo, los proveedores británicos de la industria automovilística están preocupados porque abastecen a las cadenas de suministro de la UE. Según recoge Reuters, las exportaciones automovilísticas británicas a la UE alcanzan los 15.000 millones de libras esterlinas (unos 17.500 millones de euros).
Tras el fracaso de su incorporación al acuerdo de defensa europeo SAFE, porque Londres se negó a pagar la contribución financiera para unirse, el Ejecutivo británico quiere «aprender de la experiencia», ha afirmado Healey. El titular de Finanzas pretende promover que se establezcan excepciones para el Reino Unido, lo que se traduce en una mayor aproximación hacia la UE.
En esa línea, el Reino Unido podría seguir los pasos de Canadá, que fue invitada formalmente el miércoles por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a convertirse en el «primer Estado asociado» a la UE. Con una figura jurídica sin precedentes en el bloque, Londres podría acogerse a esta fórmula para acercarse a Bruselas sin revertir completamente el Brexit, que fue amparado en referéndum.
Más retos para Burnham
El Gobierno británico ya tenía prevista para el pasado julio una cumbre con altos cargos de la UE para explorar soluciones a esta iniciativa. Sin embargo, la precipitada dimisión del entonces primer ministro Keir Starmer, quien gozaba de una amplia mayoría en el Parlamento pero una alta impopularidad, provocó el aplazamiento de la reunión.
Con dos años de mandato por delante, ahora es Andy Burnham quien debe seguir la estela de Starmer en materia de cooperación europea, pese a que las sucesivas elecciones regionales han demostrado que el electorado está virando hacia el partido ultraderechista Reform UK. Sin embargo, la última encuesta de Ipsos de intención de voto en agosto otorga la victoria al Partido Laborista con un 28%, seguido de cerca por el movimiento de Nigel Farage (25%).
A este ascenso de la extrema derecha y a la propia crisis institucional que vive Downing Street, que ha visto siete primeros ministros en diez años, se suma un nuevo frente: la reactivación de los movimientos secesionistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Los líderes de estos tres países se reunieron a principios de semana con la independencia como objetivo y trazaron una hoja de ruta para alcanzar su salida del Reino Unido. En el memorando de entendimiento establecieron la cooperación en cuestiones económicas, energéticas, europeas y constitucionales.
El objetivo es que la política ‘Hecho en Europa’, que tiene como objetivo recortar la dependencia de China, no afecte a las empresas británicas por no pertenecer a la UE
Además, a nivel exterior, la escena tampoco es mejor. Las relaciones entre dos históricos aliados como son Estados Unidos y el Reino Unido se encuentran en uno de los peores momentos. El presidente estadounidense, Donald Trump, reprochó al Gobierno británico que no prestara ayuda en la guerra de Irán y su consecuente bloqueo del estrecho de Ormuz.
De hecho, este mal momento del vínculo anglosajón ha sido aprovechado por el Ejecutivo argentino para reivindicar su soberanía sobre las Malvinas, un punto de roce entre ambas administraciones. El presidente Javier Milei pretende agasajar a Trump con una base naval en la provincia austral de Tierras del Fuego a cambio de apoyo en sus reivindicaciones.
Con todos estos frentes abiertos, Burnham busca refugio en la UE con una mayor integración que no implique su adhesión.
