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El nuevo Irak sin tropas de Estados Unidos se enfrenta a la «imposible» misión de desarmar a las milicias leales a Irán

Llegó el día acordado por Bagdad y Washington y los iraquíes celebraron la retirada de las tropas estadounidenses después de dos décadas de presencia en el país. Las autoridades decretaron cuatro días festivos en las instituciones estatales para festejar lo que bautizaron como «días … de la soberanía». Las milicias chiíes, leales a Irán, trataron de monopolizar las celebraciones en la capital, clamaron victoria y fueron las responsables de una gran movilización bajo el lema: «No os retendremos». Para estos grupos armados la retirada es una «ocasión hecha posible gracias a la sangre bendita de los mártires y a la paciencia de los combatientes de la Resistencia Islámica Iraquí». El desarme de estos grupos es uno de los grandes retos para la nueva era que se abre en Irak, pero algunas fuentes de seguridad citadas por los medios locales adelantan que es una tarea «imposible».
Joe Biden acordó la retirada definitiva de sus hombres para el día 30 de septiembre y Donald Trump cumplió con la hoja de ruta, pese a la delicada situación de seguridad debido a su pulso con Irán. Como ocurre desde la invasión de 2003, Bagdad vive en un complejo equilibrio entre estadounidenses e iraníes y el primer ministro Ali Al Zaidi afronta la complicada tarea de poner bajo control al amplio abanico de milicias que operan en el país. El dirigente chií se comprometió a finalizar esta tarea para el día de la retirada, pero luego estiró el plazo hasta «mediados de 2027». El problema es que Teherán está decidido a preservar estas milicias a las que incluye dentro del llamado ‘Eje de la resistencia’ y que han demostrado su importancia en los últimos meses tras el ataque sorpresa de Trump y Benjamín Netanyahu al régimen de los ayatolás.

Las milicias chiíes nacieron originalmente en 2003 como un arma de Irán contra la ocupación estadounidense y jugaron también un papel clave en la guerra sectaria que se desató contra los suníes. Estos grupos se hicieron muy fuertes en el país durante la guerra contra el grupo yihadista Daesh en 2014 y desde entonces tienen un peso decisivo en el día a día de Irak.

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Mikel Ayestaran

Ante la polémica causada por el no desarme de estos grupos, Qasim Al Araji, asesor de Seguridad Nacional, aclaró que «no existe un plazo específico para completar la misión», pero dejó bien claro que una vez que todas las armas estén bajo control del Estado, cualquiera que posea ilegalmente un arma de fuego será tratado como un terrorista». Entre las facciones leales a Teherán, Asaib Ahl Al Haq y Kataib Imam Ali, junto con Saraya Al Salam, del clérigo Muqtada Al Sadr, aseguran haber puesto sus armas bajo la autoridad del Estado, pero facciones más radicales como Kataib Hezbollah y Harakat Hezbollah Al Nujaba no se plantean el final de la lucha armada y su integración en las fuerzas regulares de Irak.
«El problema radica en que la relación con Irán se ha vuelto más compleja desde la guerra, especialmente tras el asesinato del líder supremo Ali Jamenei y la ambigua presencia política de su sucesor, Mojtaba, y su influencia en la toma de decisiones. Dada la creciente influencia de la Guardia Revolucionaria, se espera que Irak también sea considerado un escenario clave dentro de las estrategias iraníes del ‘Eje de la resistencia’ y la unidad de escenarios», apuntó el analista iraquí Iyad Al Anbar en una análisis de Al Jazeera.

La ley de la selva

En una reciente entrevista con ‘The New York Times’, Al Zaidi, un líder que cuenta con el respaldo de Trump y al mismo tiempo estuvo presente en julio en el funeral de Jamenei en Teherán, declaró que «todos los iraquíes quieren hoy que su país tenga una soberanía plena; quieren que el poder esté exclusivamente en manos del Estado», y prometió acabar con «la ley de la selva».

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Esta fue la segunda retirada estadounidense de un país en el que han sufrido 4.500 bajas. La primera invasión la lanzó George Bush en 2003 para derrocar a Sadam Hussein y acabó en 2011 bajo el mandato de Barack Obama. Washington dejó entonces un país destrozado con más de 115.000 iraquíes muertos y millones de refugiados y desplazados internos, un caldo de cultivo del que surgió el autodenominada Estado Islámico. Las tropas regresaron tres años después por petición de Bagdad para combatir al califato establecido por el grupo yihadista en el norte del país. Milicias chiíes y tropas internacionales combatieron codo con codo contra los yihadistas y acabaron con el califato.
Los fantasmas de aquella primera retirada permanecen muy presentes, sobre todo entre los kurdos, los grandes aliados de Washington. «La coalición ha completado con éxito su operación de retirada organizada de Erbil», anunció el contraalmirante Liam M. Hulin, durante la ceremonia celebrada por responsables estadounidenses e iraquíes en Bagdad. Erbil, capital de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, albergaba la última base de la coalición en Irak.
El Gobierno kurdo expresó su preocupación por la salida de la coalición en un momento de creciente inestabilidad regional, especialmente por la ausencia de un sistema alternativo de defensa aérea, después de que más de 1.000 drones y misiles balísticos lanzados por la república islámica y sus milicias iraquíes impactaran en la región autónoma durante el reciente conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel. La nueva era arranca en Irak bajo el temor a convertirse en campo de batalla en el choque entre Estados Unidos e Irán.

Publicado: septiembre 30, 2026, 2:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/nuevo-irak-tropas-estados-unidos-enfrenta-imposible-20260930202252-nt.html

Llegó el día acordado por Bagdad y Washington y los iraquíes celebraron la retirada de las tropas estadounidenses después de dos décadas de presencia en el país. Las autoridades decretaron cuatro días festivos en las instituciones estatales para festejar lo que bautizaron como «días … de la soberanía». Las milicias chiíes, leales a Irán, trataron de monopolizar las celebraciones en la capital, clamaron victoria y fueron las responsables de una gran movilización bajo el lema: «No os retendremos». Para estos grupos armados la retirada es una «ocasión hecha posible gracias a la sangre bendita de los mártires y a la paciencia de los combatientes de la Resistencia Islámica Iraquí». El desarme de estos grupos es uno de los grandes retos para la nueva era que se abre en Irak, pero algunas fuentes de seguridad citadas por los medios locales adelantan que es una tarea «imposible».

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Las milicias chiíes nacieron originalmente en 2003 como un arma de Irán contra la ocupación estadounidense y jugaron también un papel clave en la guerra sectaria que se desató contra los suníes. Estos grupos se hicieron muy fuertes en el país durante la guerra contra el grupo yihadista Daesh en 2014 y desde entonces tienen un peso decisivo en el día a día de Irak.

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«El problema radica en que la relación con Irán se ha vuelto más compleja desde la guerra, especialmente tras el asesinato del líder supremo Ali Jamenei y la ambigua presencia política de su sucesor, Mojtaba, y su influencia en la toma de decisiones. Dada la creciente influencia de la Guardia Revolucionaria, se espera que Irak también sea considerado un escenario clave dentro de las estrategias iraníes del ‘Eje de la resistencia’ y la unidad de escenarios», apuntó el analista iraquí Iyad Al Anbar en una análisis de Al Jazeera.

La ley de la selva

En una reciente entrevista con ‘The New York Times’, Al Zaidi, un líder que cuenta con el respaldo de Trump y al mismo tiempo estuvo presente en julio en el funeral de Jamenei en Teherán, declaró que «todos los iraquíes quieren hoy que su país tenga una soberanía plena; quieren que el poder esté exclusivamente en manos del Estado», y prometió acabar con «la ley de la selva».

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Los fantasmas de aquella primera retirada permanecen muy presentes, sobre todo entre los kurdos, los grandes aliados de Washington. «La coalición ha completado con éxito su operación de retirada organizada de Erbil», anunció el contraalmirante Liam M. Hulin, durante la ceremonia celebrada por responsables estadounidenses e iraquíes en Bagdad. Erbil, capital de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, albergaba la última base de la coalición en Irak.

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