Publicado: septiembre 8, 2026, 12:46 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/cordon-sanitario-extrema-derecha-alemania-fracasa-inmigracion-20260908191512-nt.html
En el momento fundacional de Alternativa para Alemania (AfD), como reacción de un grupo de académicos y economistas del Bundesbank contra los rescates europeos, desde la conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU), que ahora lidera Friedrich Merz, se asentía en silencio. Era el año 2013 … y en Alemania se extendía sigilosamente una sensación de fraude: en contra de lo que los socios europeos habían prometido, la UE se convertía en un mecanismo de transferencia de deuda. La CDU mantuvo siempre su europeísmo, pero ambos partidos estaban tan cerca como permiten las escisiones: los fundadores de AfD, Bernd Lucke y Alexander Gauland, habían abandonado el partido dirigido por Merkel.
Hasta 2015, hubo entre los dos partidos acuerdos técnicos en comisiones municipales, votaciones conjuntas en presupuestos locales, y apoyo cruzado en mociones parlamentarias. Esta cooperación pragmática, motivada por la aritmética local, terminó en 2018. Para entonces, AfD tenía ya sus primeros diputados en el Bundestag y una nueva directiva se había hecho con el control del partido, reorientando su línea política hacia la inmigración y centrándose en la crisis de los refugiados. La cúpula de la CDU, bajo la presidencia de Annegret Kramp-Karrenbauer, mano derecha de Merkel, votó en junio de ese año la ‘Unvereinbarkeitsbeschluss’ (resolución de incompatibilidad), popularmente denominada «cortafuegos», que prohibía explícitamente la formación de coaliciones, acuerdos de gobierno y cooperación parlamentaria con AfD.
«Se subestimó a AfD, como a otros partidos populistas en Europa», juzga Marcel Lewandowsky, politólogo de la Universidad de Greifswald. En su opinión, «el cortafuegos ha resultado contraproducente porque ha dado tiempo a sus cuadros a profesionalizarse y buscar apoyos financieros, a prepararse meticulosamente para gobernar, a reclutar personal especializado».
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Rosalía Sánchez
Lewandowsky señala como gran baza de AfD el haber dado con un tema que importaba realmente a los votantes y que era sistemáticamente ignorado por el resto de los partidos, la inmigración descontrolada. «El término partido de protesta sugiere que la gente vota sólo por decepción, pero la protesta no es apolítica. Las personas decepcionadas encuentran una doble oferta en AfD: un punto de vista único en la política migratoria y la defensa contra el estatus de forastero en su propia tierra. Los otros partidos hacen como si esa realidad no existiera, por el mero hecho de no deber existir, y AfD se convierte en la única opción para muchos votantes de hacerse oír».
El «cortafuegos vivió un hito en 2020, cuando el liberal Thomas Kemmerich fue elegido presidente regional de Turingia gracias a los votos de AfD y la CDU, en una maniobra parlamentaria para evitar un gobierno liderado por La Izquierda. La reacción de Angela Merkel fue inmediata y excepcional: intervino desde Sudáfrica, en viaje oficial, para ordenar revertir la elección y calificar públicamente la decisión de su propio partido de «imperdonable». La CDI de Turingia cedió y Kemmerich se convirtió en el presidente regional más efímero de la República Federal, un mes menos un día.
«Sabemos por varios estudios que los votantes de AfD a menudo tienen la impresión de pertenecer a una mayoría silenciosa que los políticos ignoran, especialmente en materia de inmigración, democracia y sociedad. Creen que los políticos tradicionales hacen trampas contra la democracia auténtica, a la que consideran agraviada», sigue Lewandowsky, quien señala el «cortafuegos» como parte de esta percepción.
«Los votantes de AfD tienen la impresión de pertenecer a una mayoría silenciosa que los políticos ignoran, especialmente en inmigración, democracia y sociedad»
Marcel Lewandowsky
En las siguientes regionales de Turingia, en 2024, AfD obtuvo un 32,8% de los votos, aunque de nuevo no pudo gobernar porque el resto de partidos se negó a colaborar en ellos. «El ‘cordón sanitario’ nos ha hecho grandes y ahora somos el partido más fuerte de Alemania; pronto celebraremos la llegada del primer jefe de Gobierno de la AfD a la Cancillería de Berlín», vaticina el líder regional, Björn Höcke, líder del ala más radical de AfD.
En las redes alemanas circulan desde el domingo varias campañas de recogida de firmas para prohibir el partido AfD, basadas en la declaración oficial de «partido extremista de derecha». En Alemania, esa definición equivale a partido antisistema o anticonstitucional por parte de los servicios de Inteligencia anterior, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV). Se trata de una reacción a la desesperada tras los resultados en Sajonia-Anhalt.
Alemania tiene un mecanismo para prohibir partidos, fijado en el artículo 21 de la Ley Fundamental, pero, por motivos históricos, es extremadamente restrictivo: solo se aplica si busca activamente destruir el orden democrático y existe una «potencialidad» real de éxito. AfD ha sido vigilada, clasificada y investigada, pero no prohibida. El primer debate al respecto tuvo lugar en 2017, pero el Gobierno y la mayoría de constitucionalistas y asesores determinaron que no había base jurídica suficiente y que un intento fallido podría fortalecer políticamente a AfD, como había ocurrido anteriormente con el partido neonazi NPD.
¿Constitucional o no?
El presidente regional de Renania del Norte-Westfalia y delfín de Friedrich Merz en la presidencia de la CDU, Hendrick Wüst, volvió este martes a sacar el tema. «La cuestión fundamental es cómo el Estado aborda constitucionalmente a un partido que persigue objetivos anticonstitucionales, al menos en algunos estados federados», dijo. Además, recomendó «una estructura en la que estas cuestiones sean examinadas con cuidado, profesionalidad y exhaustividad por los Gobiernos federal y regionales».
Y, mientras Merz insiste en mantener el cortafuegos, varios destacados políticos de su partido abogan por derribarlo y su potencial sucesor sugiere la prohibición, el copresidente de AfD, Tino Chrupalla, se jacta de que «todo lo que no sea normalizarnos se convertirá en una nueva afrenta a nuestros votantes». Las causas del éxito arrollador en Sajonia-Anhalt, según la valoración de la también copresidenta de AfD, Alice Weidel, son «la inmigración descontrolada, la pérdida de soberanía por falta de control en las fronteras y la deuda pública que el Gobierno está disparando, contra la esencia de la cultura económica alemana».
«El éxito de AfD se debe a la inmigración descontrolada, la pérdida de soberanía por falta de control en las fronteras y la deuda pública, que el Gobierno está disparando»
Alice Weidel
Copresidenta de AfD
«Mientras la CDU siga dejando espacio a la derecha, AfD seguirá al alza», predice Yascha Mounk, investigador de la Universidad Johns Hopkins, que no ve potencial de freno en la exclusión de las instituciones y los gobiernos.
«A los votantes les preocupa la seguridad, la inmigración y la guerra. En la medida en la que los otros partidos no se ocupen de estas cuestiones, AfD ocupará ese lugar», dice por su parte Jan Philipp Thomeczek, de la Universidad de Potsdam. En este sentido, sugiere que «hay quien vota a AfD por su extremismo. Pero la mayoría lo hace a pesar de su extremismo y, por esa razón, sintonizan con las preocupaciones del votante, sin situarse en un plano de superioridad moral para juzgar si tales preocupaciones son correctas o no».
