Publicado: julio 3, 2026, 6:45 pm
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En las zonas de rescate presenciamos algo sin precedentes. Los equipos del Comando Sur de Estados Unidos operan con una autoridad territorial que no admite réplica. No coordinan, mandan. No colaboran, dirigen.
Nada ilustra mejor el vuelco del país que las imágenes viralizadas en la … red social Instagram en las últimas horas. Un rescatista estadounidense, civil sin rango, minimizando públicamente a Diosdado Cabello, ministro del Interior. Hace seis meses, un gesto así habría significado la cárcel inmediata. Hoy, un operador extranjero le habla con desdén al hombre que fue el segundo poder real del chavismo, y no pasa nada. Esa imagen condensa lo ocurrido en Venezuela.
En La Guaira está fondeado el USS Fort Lauderdale, un buque anfibio de transporte y desembarco que sirve como centro de mando del Comando Sur. Junto a él, el USS Billings ofrece su helipuerto para rotar aeronaves. En Maiquetía, la torre ya no está en manos venezolanas. La Fuerza Aérea estadounidense gestiona el tráfico aéreo. El general Francis Donovan lo confirmó: 2.000 efectivos desplegados en la región, 900 sobre el terreno. Drones sobrevuelan el cielo caribeño.
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Terremoto en Venezuela
Javier Torres Santodomingo
Los Boeing C-17 Globemaster III son la columna vertebral del puente aéreo. Cada uno mide 53 metros, su bodega supera una cancha de baloncesto, y transporta 77 toneladas por vuelo: un tanque Abrams, tres Black Hawk, o un hospital de campaña entero. El 29 de junio, seis aterrizaron en Maiquetía en una sola jornada, cargados con Marines. Al 2 de julio, la ayuda supera los 300 millones de dólares (262 millones de euros).
El USS Fort Lauderdale, un buque anfibio de desembarco, está fondeado en La Guaira como centro de mando.
(J. Benezra)
Tony Rodríguez es uno de los miles de afectados en Caraballeda. Perdió su casa, pero no la capacidad de leer el tablero. «Mira la cantidad de desastre y muerte alrededor, mira la incapacidad del Gobierno las primeras horas del desastre», dice, señalando una montaña de hormigón que antes era un edificio residencial. «¿Tú te imaginas que no se hubiesen llevado a Maduro? Desaparece Venezuela».
«¿Tú te imaginas que no se hubiesen llevado a Maduro? Desaparece Venezuela»
Tony Rodríguez
Damnificado de Caraballeda
La frase de Tony no es exageración. Es el reconocimiento crudo de una orfandad estatal que el terremoto dejó al desnudo. La ausencia de las Fuerzas Armadas venezolanas en primera línea creó un vacío que el Comando Sur de EE.UU. llenó en horas. Los helicópteros CH-47 Chinook y MV-22B Osprey de los Marines cruzan el cielo transportando heridos, mientras los cuarteles locales permanecen en silencio. Son los mismos Chinook que, la madrugada del 3 de enero, aterrizaron en Fuerte Tiuna para extraer a Nicolás Maduro. El ruido de sus rotores, que hace seis meses significó el fin de una etapa del régimen, hoy es el único sonido de supervivencia para miles de atrapados.
180 días de Delcy Rodríguez
La diplomacia también mutó. Delcy Rodríguez, quien el viernes cumplió 180 días como presidenta interina y antes encabezaba la retórica antiimperialista, declaró: «Quiero darle las gracias al Presidente Donald Trump y a su Gobierno, que ha estado en contacto permanente con el Gobierno venezolano». Desde Washington, la respuesta de Trump fue pragmática: «¡EE.UU. está preparado, con voluntad y capaz de ayudar!». En otro discurso, el mandatario fue más allá, asegurando que estarían allí para sus «nuevos y grandes amigos».
El encargado de negocios estadounidense, John Barrett, entra y sale de Miraflores como quien visita una oficina propia. La reunión del 27 de junio se realizó en el palacio presidencial. Barrett declaró a la prensa tener «una gran confianza» en las autoridades locales. El vicecanciller Oliver Blanco efectúa sobrevuelos sobre las zonas devastadas exclusivamente con el representante estadounidense. Solo Barrett. Hace un año, un diplomático estadounidense no podía pisar Caracas. Hoy sobrevuela el país junto al vicecanciller.
Hace un año, un diplomático estadounidense no podía pisar Caracas. Hoy, el encargado de negocios de la Embajada sobrevuela el país junto al vicecanciller
El silencio de los antiguos socios es ensordecedor. Vladímir Putin, empantanado en Ucrania, no emitió declaraciones ni envió equipos. Irán se limitó a un mensaje de solidaridad. Cuba movilizó a los médicos que ya residían en el país, pero no envió refuerzos. China ofreció 17 millones de dólares (15 millones de euros), cifra que palidece frente al músculo operativo estadounidense. Los aliados históricos de Caracas brillan por su ausencia mientras Washington llena cada vacío.
En las calles, la población procesa el cambio de guardia con alivio y estupor. Zoila Cárdenas, miembro del consejo comunal de Maiquetía, observa el trasiego de uniformes extranjeros desde su casa agrietada. «Increíble, después de tanta consigna contra los gringos, tener que darles las gracias y ver cómo entran y salen como si esta fuera su casa», reflexiona. «Estamos tomados. La revolución se perdió».
«Increíble, después de tanta consigna contra los gringos, tener que darles las gracias y ver cómo entran y salen como si fuera su casa. La revolución se perdió»
Zoila Cárdenas
Consejo comunal de Maiquetía
Ricardo Sucre Heredia, politólogo de la Universidad Central de Venezuela y exoficial militar, ofrece una lectura menos visceral. Para él, lo que ocurre en Maiquetía no es una ocupación sino una prueba de concepto. «Estados Unidos controla los centros de decisión, el aeropuerto y el puerto, para que los recursos fluyan», explica. «Hay una división del trabajo con el Gobierno de Venezuela. Los dos deciden dónde va un hospital de campaña». Sucre descarta la idea de una base permanente al estilo clásico. «El concepto de base militar es obsoleto», sentencia. «Ya Estados Unidos influye de otras formas. Esto es una situación de hecho. La constitución prohíbe bases extranjeras, pero a lo mejor queda una presencia legitimada. Un avión en Maiquetía, algo en el puerto». Lo que antes requería un golpe de Estado, hoy se logra con un terremoto y un puente aéreo.
Presencia estadounidense
El general Donovan aseguró que las fuerzas se retirarán «cuando el trabajo esté terminado». Pero en la isla de Curazao, un Estado constituyente de los Países Bajos a pocos kilómetros, una«ubicación de seguridad cooperativa» que comenzó como temporal lleva dos décadas operando. Según fuentes militares bajo anonimato, en los pasillos de los cuarteles venezolanos la lectura es unánime: los estadounidenses no vinieron a rescatar sobrevivientes, vinieron a quedarse.
El Caraballeda Golf & Yacht Club, antiguo símbolo de la opulencia venezolana, alberga hoy un hospital de campaña del Ejército de Estados Unidos. Los helicópteros aterrizan junto a la laguna. Bajo el pretexto irrefutable de salvar vidas, Washington ha logrado lo que años de sanciones no consiguieron: asentar una presencia militar robusta en el corazón del Caribe venezolano.
