Publicado: abril 21, 2026, 10:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/entrevista-preso-cubano-alexander-diaz-20260421035928-nt.html
Camina con dificultad, casi tambaleándose, su voz, aunque grave, es débil, tiene apenas 45 años de edad y aparenta tener más de 65. El preso político cubano Alexander Díaz Rodríguez salió hace poco más de una semana de las cárceles castristas y parece un … enfermo terminal. La foto, en la que se le ven las costillas y los huesos debajo de un pellejo mustio, solo habría que ponerla en blanco y negro para asemejarse a un judío acabado de salir de un campo de concentración nazi.
«Yo era una persona gruesa, saludable, bajé más de 100 libras (45 kilos). Cuando camino un par de calles tengo que sentarme para recuperar el aliento; me siento muy mal, acabaron conmigo», declara en una entrevista en exclusiva con ABC.
Díaz Rodríguez estuvo cinco años en prisión en Cuba por participar en las protestas antigubernamentales del 11 de julio de 2021 (11-J) en la provincia de Artemisa, ubicada a unos 70 kilómetros al suroeste de La Habana. Fue acusado de los supuestos delitos de «desórdenes públicos», «desacato» y «ultraje a los símbolos patrios». Cumplió íntegramente su condena.
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Camila Acosta
«Pasé mucha hambre», asegura al tiempo que describe una de las comidas habituales en las prisiones por las que transitó: la mayoría de las veces era una cucharada de arroz y una de picadillo de pescado, y un poco de sopa (agua saborizada). «Un niño de 8 años come eso y se queda con hambre», señala.
Alexander Díaz tras salir de prisión.
Estando en prisión le diagnosticaron un cáncer de tiroides maligno; la doctora le recomendó una dieta reforzada que incluyera carnes, lácteos, frutas y verduras. Al llegar al centro penitenciario los guardias se burlaron. «Ni nosotros comemos eso, esa doctora está loca», cuenta que le dijeron entre risas.
Estando en prisión le diagnosticaron un cáncer de tiroides maligno; la doctora le recomendó una dieta. Al llegar al centro penitenciario los guardias se burlaron
Tampoco recibió tratamiento para su enfermedad ni seguimiento médico. Por el momento, espera recibir de unos amigos, fuera de la isla, unas vitaminas para recuperar las fuerzas, porque ni eso ha podido encontrar en las farmacias cubanas. Debido al grave desabastecimiento de combustibles en el país, los servicios médicos en Cuba funcionan al mínimo, fundamentalmente para urgencias.
«Me partieron costillas y dientes»
Alexander relató cómo los abusos a los que fue sometido lo llevaron a desarrollar varias huelgas de hambre, una de ellas de más de 30 días. «Estuve en muchas celdas de castigo, me dieron golpes en unas tres ocasiones, en una de ellas me partieron dos costillas y varios dientes y muelas», dice mostrando el hueco en el maxilar superior.
Las palizas de sus carceleros ocurrieron por manifestarse pacíficamente en la prisión, exigiendo sus derechos. Tras cada paliza, según asevera, lo encerraban durante días en una celda de castigo, sin acceso a atención médica. «Cuando me partieron las costillas sí me llevaron al médico», aclara.
«Una vez me dejaron toda la noche esposado con las manos hacia arriba», recuerda Alexander
El pasado mes de diciembre, por denunciar las pésimas condiciones de los centros penitenciarios, lo mantuvieron unos 10 días en una celda de castigo en la prisión de Kilo 8, provincia de Pinar del Río; allí estuvo durmiendo en el suelo la mayor parte del día y expuesto a las bajas temperaturas del invierno, sin colcha para taparse y vestido con ropa ligera.
«Pensé que moriría de frío, o de hambre. Se me hicieron ampollas en el cuerpo, fue abusivo», afirma. «Una vez me dejaron toda la noche esposado con las manos hacia arriba», recuerda. También cuenta como tortura psicológica los constantes maltratos y humillaciones de sus carceleros. Solo fue consciente de su pésimo estado físico cuando, al salir de prisión, se vio al espejo.
De casa en casa
Alexander no tiene vivienda propia porque poco antes del 11-J, como miles de cubanos, vendió la suya para intentar salir del país y establecerse en Estados Unidos. Por lo que, tras su liberación, ha tenido que vagar por casas de amigos y alquileres de los que lo han echado porque la Seguridad del Estado amenaza a los dueños.
Por el momento, vive en un cuarto al fondo de una vivienda en la misma provincia de Artemisa. En esa pequeña habitación de 6×3 metros, sus únicas pertenencias son una cama con su colchón, un ventilador y una mesa con dos sillas; en el baño ni siquiera tiene agua corriente, sino que debe pedirla a sus vecinos; tampoco tiene condiciones para cocinar, depende de la buena voluntad de amigos o compra comida en la calle. Su ropa y zapatos han sido donados también por amigos.
Antes del 11-J, trabajaba en el sector de los servicios como el gastronómico. De momento, no puede reintegrarse pues su prioridad es recuperar las fuerzas para salir adelante.
Alexander Díaz durante la entrevista con ABC este lunes en Artemisa (Cuba).
(C. Acosta)
A pesar de haber salido de prisión continúa temiendo por su vida, no solo por su condición de salud, sino por el acoso de la Seguridad del Estado. Antes de darle la libertad, la policía lo amenazó con devolverlo a prisión si se vinculaba a alguna otra protesta pacífica o a movimientos de la oposición.
«A veces los veo que me siguen, también han provocado que me echen de los alquileres, amenazan a los dueños, les dicen que yo soy un contrarrevolucionario, un gusano. Pero también temo que me hagan algo en la calle, por ejemplo, que manden a darme una paliza o que me maten, porque eso se lo han hecho a otras personas, manda a civiles a hacerlo, o ellos mismos», afirma. «Temo por mi salud y por mi vida, las dos están en peligro», añade.
Más de 1.200 presos políticos
La desnutrición severa y el deteriorado estado de salud de Alexander no es excepcional, sino que expone las pésimas condiciones de los centros penitenciarios cubanos, en donde los reclusos, desde hace décadas, son sometidos a hacinamiento, hambre, trabajos forzados, golpizas, humillaciones y otras formas de tortura como métodos de castigo o, lo que el régimen denomina, «reeducación».
En el caso de los presos políticos, el ensañamiento suele ser peor. Son numerosas las denuncias de este tipo que ha documentado el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas. No pocos han muerto tanto por las torturas como por la falta de atención médica.
En la isla existen actualmente más de 1.200 presos políticos, según la ONG Prisoners Defenders, entre una población penal de alrededor de 90.000, una de las más altas del mundo.
Este fin de semana España, México y Brasil, durante la cumbre de líderes progresistas, abogaron por la no intervención militar en Cuba, sino por el envío de ayudas humanitarias para enfrentar las carencias extremas. Sin embargo, miles de millones de dólares llegan a la isla cada año producto de esas ayudas de aliados de la dictadura, ninguna llega a las cárceles, ni siquiera a la población, sino que terminan en escaparates de tiendas en dólares o en los almacenes de los militares.
