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Vidas mutiladas: volver a nacer al este del Congo

Goma es una de las ciudades más castigadas por el último capítulo de la enquistada guerra del Congo, donde han muerto más de seis millones de personas en los últimos treinta años. En enero del año pasado, la ciudad fue invadida por el grupo rebelde … Movimiento 23 de Marzo (M23) –promovido por el Gobierno de Ruanda para hacerse con las minas de oro, cobalto y coltán–. Las autoridades congoleñas calculan que murieron 7.000 personas, entre ellas muchas mujeres y niños indefensos.
Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte, es, tras la entrada del M23, una ciudad sin ley, fantasma y caótica. Contaba con alrededor de 160.000 habitantes antes del conflicto. Está situada en la zona este de la República Democrática del Congo (RDC), al oeste del Gran Valle del Rift, en la frontera con Ruanda. Actualmente los bancos no han reabierto sus puertas y solo funcionan algunos comercios.

Las zonas rurales han quedado aisladas y desabastecidas. Cerca de la ciudad se encuentra el parque nacional de Virunga. Se cuentan ya por miles las personas desplazadas hacia campos de refugiados como en Burundi, donde han huido más de 100.000 personas en un mes.
Esta ciudad fue uno de los lugares donde huyeron los hutus de Ruanda durante el genocidio de 1994. La masiva afluencia provocó una importante crisis humanitaria por la falta de agua y comida. Los refugiados también sufrieron cólera y otras enfermedades.
Los continuos enfrentamientos entre el M23, el Ejército congoleño (FARDC) y más de 200 grupos guerrilleros que operan en la zona han dejado un sangriento reguero de muertos y heridos, muchos de ellos con graves mutilaciones provocadas por las bombas, minas antipersona y drones suicidas. Además, cientos de niñas y mujeres han sufrido salvajes violaciones por soldados y guerrilleros de ambos bandos. El reciente acuerdo de paz firmado por Ruanda y la RDC en Estados Unidos parece haber quedado en papel mojado.
En este escenario desgarrador sobrevive Wivine Kavira Mukata (Beni, 1997), quien sufrió la amputación de la pierna izquierda el domingo 2 de marzo de 2014. Aquel día que nunca olvidará, le cortaron la pierna tras un bombardeo de un grupo rebelde ugandés en su casa en Kivu del Norte mientras estaba en la cocina preparando sopa de pescado para su familia. Tenía 17 años. El atentado fue perpetrado por los rebeldes del ADF/NALU (Fuerzas Democráticas Aliadas / Armada Nacional para la Liberación de Uganda).

Wivine Kavira Mukata trabaja sus prótesis en su taller en Goma (RDC)
REUTERS y ABC

Mukata, de 28 años, habla con ABC para contar su prometedor futuro profesional, que cambió tras formarse en ortopedia y prótesis con el fin de ayudar a otras víctimas de la guerra en el este de la RDC. Algunas de ellas han seguido su camino.
Mukata tiene cinco hermanas pequeñas, tres se graduaron el año pasado, pero no pudieron continuar con sus estudios por falta de medios, y las dos más jóvenes, que son gemelas, todavía están en la escuela primaria.

Amputación

«Mis padres se quedaron paralizados cuando se enteraron de que me iban a amputar la pierna. Mi madre estaba triste porque yo era la hermana mayor. Ese día resultamos heridos mi padre, mi madre y yo», recuerda. «Mi madre resultó herida en el tobillo, mi padre en el tronco y yo sufrí heridas tan graves que perdí la pierna izquierda. La pierna derecha también resultó afectada, pero no me la amputaron. También me encontraron fragmentos de metralla en el abdomen, por lo que tengo una gran cicatriz en esa zona».
Después de sufrir el ataque junto a su familia, Mukata recibió su primera prótesis en el centro ortopédico Shikira la Umoja, en Goma.
«No me resultó fácil aceptar la pérdida de mi pierna, recibí ayuda psicológica en el mismo centro sanitario donde me atendieron en el hospital CBCA Ndosho de Goma, donde me atendió el Centro Internacional de la Cruz Roja (CICR). También me refugié en la fe; porque después de aceptar mi discapacidad, comprendí que nada sucede por casualidad», comenta.
Mukata tenía la intención de casarse algún día y cursar una carrera. «He cumplido parte de mis sueños, como el de estudiar en la universidad, aunque no fue la misma carrera que había elegido antes de la amputación. Empecé a formarme en ortopedia y prótesis, después de mi amputación. Antes quería estudiar informática y especializarme en redes y telecomunicaciones, pero lo abandoné justo después de perder la pierna».

Su vocación

«La idea de convertirme en especialista ortoprotésica se me ocurrió cuando fui a Bukavu para recibir mi primera prótesis. Allí vi a un paciente con doble amputación que estaba triste antes de probarse sus dos prótesis, pero, cuando se las probó, se alegró de poder ponerse de pie y fue su alegría y su sonrisa lo que me dio la idea de formarme en ortopedia y prótesis», afirma.
Pero Mukata no lo tuvo fácil, ya que en la RDC no hay escuelas de formación en ortopedia y prótesis. Si alguien quiere estudiar esta especialidad en África, tiene que irse a Togo o Tanzania, «pero, por desgracia, es muy caro, así que ni siquiera tuve la oportunidad de ir porque mi familia no es lo suficientemente rica como para pagarme dicha formación».
Después del bachillerato, continuó con sus estudios superiores y, tras graduarse a finales de 2020, fue a Goma para renovar su prótesis y aprovechó para preguntar cómo podía formarse allí.

Heridos por la guerra
«Son, sobre todo, soldados que han perdido miembros o partes del cuerpo por minas antipersona»

«Por desgracia, me dijeron que no era posible. Volví a casa triste porque no había conseguido mi objetivo. Al llegar a casa, me enteré que la Cruz Roja había puesto en marcha un curso de formación en ortopedia y prótesis para estudiar en Lomé (Togo) durante tres años. Así que presenté mi solicitud desde Beni, mientras que otras personas hicieron la prueba aquí en Goma y yo la hice en línea. Por suerte para mí, gané el concurso y me fui a Lomé para estudiar durante tres años».
El día que el M23 invadió Goma, Mukata estaba de vacaciones en Beni porque acababa de terminar sus estudios en Lomé y se había ido de vacaciones para celebrar la Navidad y el año nuevo 2025 con su familia, ya que hacía mucho tiempo que no la veía.

Regreso a la zona de guerra

Estaba preparando su regreso a Goma para el 27 de enero del año pasado, «pero, por desgracia, ese fue el día en que el M23 tomó la ciudad y mi vuelo fue cancelado. Temía por la población que se encontraba allí. A pesar de su presencia en la ciudad de Goma y, dada la demanda (el número de víctimas había aumentado) en el centro Shirika la Umoja, me vi obligada a ir a Goma a pesar del miedo, pasando por Uganda y Ruanda, para comenzar el trabajo el 3 de marzo de 2025».
La toma de Goma por el M23 ha multiplicado el número de jóvenes heridos y amputados, «sobre todo soldados que han perdido miembros o partes del cuerpo por minas antipersona». «La mayoría han quedado realmente traumatizados y les cuesta aceptar su situación actual de discapacidad», señala Mukata.
«Lo primero que aconsejo a los nuevos amputados es que acepten la situación, aunque no sea fácil, porque lo importante es la mentalidad y, sobre todo, rodearse de personas positivas, personas que nos acepten a pesar de la discapacidad, e ignorar a quienes nos menosprecian o nos recuerdan que no somos capaces», argumenta.
Según los datos del centro Shirika la Umoja, unas 700 personas recibieron alguna prótesis durante 2024. Hasta septiembre de 2025, más de 500 personas recibieron algún tipo de rehabilitación física y cerca de 300 recibieron algún tipo de prótesis y órtesis.

Ayuda a sus pacientes

Desde que se reavivó el conflicto, han sido muchas las personas –sobre todo jóvenes– que han pasado por la consulta de Mukata. Arline P. es una joven de 18 años que también resultó herida por una bomba y perdió una pierna. «Salía de la iglesia con sus amigos y, por desgracia, fueron víctimas de una mina antipersona. Todos sus amigos murieron y ella fue la única superviviente, quedando gravemente herida. Permaneció más de un mes en coma en cuidados intensivos», recuerda.
Melissa H., de 30 años, es otra de sus pacientes. Esta mujer sobrevivió a un bombardeo que le dejó las piernas paralizadas y múltiples cicatrices. Mukata le confeccionó unas prótesis con las que ya puede ir y volver sola al centro médico.

«Lo primero que aconsejo a los nuevos amputados es que acepten la situación, porque lo importante es la mentalidad»

El padre de Mbusa Mbula, otro joven de 32 años amputado víctima de la guerra, fue asesinado por los rebeldes del ADF/ NALU en un campo de Mbau, cerca de Beni. «Cuando vio que estaba muerto y que la hambruna se había instalado en su casa, su madre quiso ir al campo para salvar la situación. Tenía miedo de perder también a su madre, por lo que tomó la decisión de ir al campo», explica Mukata.
«Desgraciadamente para él, los rebeldes estaban allí. Al llegar, quería cortar plátanos para llevarlos a casa, pero los rebeldes le dispararon en ambas piernas. Tuvo la oportunidad de escapar arrastrándose por el suelo y sangrando. Afortunadamente para él, alguien lo vio y lo salvó para llevarlo al hospital. Dada la gravedad de las heridas, se decidió amputarle una pierna y ponerle la otra en tracción», recuerda.
Mukata concluye: «Yo ya solo necesito paz en mi país, porque la guerra solo trae cosas malas. Además de perder una pierna, he perdido a mis seres queridos en esta guerra y por eso la detesto. Ya basta, es atroz todo lo que está pasando aquí, en nuestro país, ¡queremos la paz! Estamos cansados, es todo lo que puedo decirle al mundo».

Rusia envía submarino para escoltar el petrolero que EE.UU. trata de confiscar en Venezuela

Rusia ha enviado un submarino para escoltar un petrolero que EE.UU. intentó confiscar frente a las costas de Venezuela. Según informa el diario The Wall Street Journal (WSJ), que cita como fuente a un funcionario estadounidense, Moscú ha enviado un submarino y otros … medios navales para escoltar al petrolero, anteriormente conocido como «Bella 1», que lleva más de dos semanas intentando evadir el bloqueo de Washington a buques sancionados cerca de Venezuela.
El barco no logró atracar en Venezuela ni cargar petróleo. Aunque el barco está vacío, la Guardia Costera estadounidense lo ha perseguido hasta el Atlántico en un intento de tomar medidas contra una flota de petroleros que transportan crudo ilícito por todo el mundo –la conocida como flota fantasma–, incluyendo el que procede del mercado negro vendido por Rusia.

La tripulación del buque repelió un intento de EE.UU. de abordarlo en diciembre y se adentró en el Atlántico. Mientras la Guardia Costera lo seguía, la tripulación pintó una bandera rusa en un costado, le cambió el nombre a «Marinera» y cambió su matrícula a rusa.
Rusia ha mostrado su preocupación por las incautaciones por parte de Estados Unidos de petroleros que transportan su petróleo ilícito por todo el mundo e impulsan su economía, y ha tomado la inusual decisión de permitir que los barcos se registren en Rusia sin inspección ni otras formalidades, según expertos consultados por WSJ.

«Es nuestro barrio»: Trump va a por América con su 'doctrina Donroe'

Cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca hace algo menos de un año no tardó en dejar claro eso de que «ha llegado un nuevo sheriff a la ciudad». De inmediato, mostró una intención rupturista, agresiva, vengativa, cuestionadora del equilibrio de poderes. Una … versión expansiva del poder presidencial que sus críticos denuncian como un declive autoritario.
La captura de Nicolás Maduro muestra que esa expansividad tiene reflejo en la política exterior. En concreto, en el mapa del continente americano, donde Trump está decidido a imponer con puño de hierro sus intereses.
La intervención militar en Venezuela es el episodio que confirma que el continente es para Trump el patio de su recreo. «Ahora lo llaman la ‘doctrina Donroe’», dijo el presidente de EE.UU. el pasado fin de semana, en plena conmoción mundial por la ejecución del formidable secuestro militar del dictador en su propio dormitorio en Caracas.

Pero no es nada nuevo. Ni la ambición expansionista ni la expresión ‘Donroe’. La inventó hace casi exactamente un año el ‘New York Post’, el diario sensacionalista neoyorquino que borda las portadas. Era cuando Trump, todavía sin jurar el cargo como presidente, hablaba de anexionar Canadá y Groenlandia, de cambiar el nombre al Golfo de México se convertiría, de forma oficial, en el Golfo de América- y de retomar el control del Canal de Panamá.
Era un juego de palabras con la ‘doctrina Monroe’, establecida en 1823 por el entonces presidente James Monroe. La idea entonces era atajar el colonialismo europeo en América y dejar campo libre para la influencia de EE.UU. en el continente (la pérdida de Cuba y Puerto Rico por parte de España se encuadra en esa idea).

Diversas variantes

La ‘doctrina Monroe’ ha adoptado desde entonces diversas variantes. La de Trump tiene un planteamiento sencillo: conseguir un continente bajo su control, imponer los intereses económicos y de seguridad de EE.UU.
«Este es nuestro hemisferio y el presidente Trump no permitirá que se amenace nuestra seguridad», expuso con rotundidad el Departamento de Estado este lunes en sus redes sociales, en un momento en el que Trump ampliaba las amenazas -cumplidas con Venezuela- hacia Cuba o Colombia.
«El hemisferio occidental es el barrio de EE.UU. y lo protegeremos», dijo la semana pasada con un lenguaje más altanero el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
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«Después de años de abandono, EE.UU. reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para recuperar la preeminencia de EE.UU. en el hemisferio occidental y para proteger nuestra patria y nuestro acceso a zonas geográficas clave a lo largo de la región», impone el documento sobre estrategia de seguridad nacional publicado en noviembre por la Administración Trump. Estos son los frentes que ya ha abierto Trump en el continente con su ‘doctrina Donroe’:

Venezuela

La captura y entrega de Nicolás Maduro a la justicia de EE.UU. fue sorprendente. Una aventura militar de Trump en algo que hasta ahora ha tenido mala prensa en sus bases electorales: los cambios de régimen en otros países. Pero todavía fue más sorprendente que el multimillonario neoyorquino dijera después que Venezuela quedaba bajo control de EE.UU. y que admitiera sin tapujos que el control del petróleo tiene mucho que ver en ello.
La toma del mando de Venezuela -todavía con muchas incertidumbres- marca un nuevo periodo de influencia de EE.UU. en el continente.

Canadá

Poco después de ganar la elección presidencial, Trump empezó a decir que Canadá debería convertirse «en el estado 51º de EE.UU.». La ocurrencia dejó de tener gracia cuando el presidente de EE.UU. no dejó de insistir en la anexión y nunca dio marcha atrás a su pretensión. Junto a la guerra comercial desatada contra el Gobierno de Ottawa, el asunto ha desatado una ola de antiamericanismo desconocido en el vecino del norte, un aliado hasta ahora irrompible de EE.UU.

La isla bajo soberanía de Dinamarca es una obsesión para Trump: ve un territorio en el ámbito geográfico de EE.UU., que esconde una gran riqueza mineral y clave en la pugna geoestratégica con China y Rusia. ¿Por qué debe seguir bajo el control de un pequeño país socialdemócrata europeo? La intervención militar en Venezuela y la subida del tono de las declaraciones sobre Groenlandia en la Administración Trump han desatado las alarmas en Europa.

Panamá

En su transición hacia el poder, Trump defendió que EE.UU. necesita retomar el control del Canal de Panamá, que lleva décadas bajo soberanía del país centroamericano. China tenía demasiado poder en el tráfico marítimo. Panamá esquivó el tiro, pero solo con grandes concesiones a EE.UU.

Argentina

Trump ha utilizado sus poderes para propulsar líderes favorables en toda la región. Un ejemplo es Argentina, donde impulsó a su presidente, Javier Milei, en las decisivas elecciones legislativas del pasado otoño. Fue a golpe de talonario, con una inyección de 20.000 millones de dólares para estabilizar la economía del país sudaremicano.

Honduras

Otro ejemplo de intervención en un proceso electoral, pero de otra formato. Trump tuvo un papel en las recientes presidenciales de Honduras, donde apoyaba al candidato derechista. A pocos días de la cita con las urnas, indultó a un expresidente del país, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de cárcel por un tribunal de EE.UU. por cargos relacionados con narcotráfico.

México

Trump ha tratado al vecino del sur y a su líder, la presidenta Claudia Sheinbaum, con el palo y la zanahoria. Ha apretado y aflojado en una guerra comercial en la que los votantes estadounidenses podrían salir mal parados. Pero, tras la intervención en Venezuela, justificada por la relación de Maduro con el narcotráfico, ha advertido a México que pueden ser los siguientes.

Colombia

Desde su regreso al poder, Trump ha mostrado su desprecio hacia Gustavo Petro, el exguerrillero izquierdista que preside Colombia. Le humilló con una bofetada de aranceles cuando Petro dijo que no recibiría vuelos de deportados (cambió de opinión de inmediato). En los últimos meses, la Administración Trump ha sancionado a Petro y a su entorno y le ha acusado de ser un líder del narcotráfico. «No me parecería mal», respondió hace unos días cuando le preguntaron si amenazaba a Colombia con una intervención militar.

Cuba

El régimen comunista está en el punto de mira, una vez que La Habana haya podido perder un aliado clave en la región con la caída de Maduro. «Cuba parece lista para caer», dijo Trump el domingo. «Si yo viviera en La Habana y formara parte del Gobierno, estaría algo preocupado», añadió su secretario de Estado, Marco Rubio.

Brasil

Otro de los países en los que Trump ha buscado imponer su visión política a golpe de aranceles. Castigó a Brasil con tasas del 50% por el procesamiento de un aliado ideológico, el expresidente Jair Bolsonaro. Pero Trump mostró después que sus alianzas son flexibles: mostró sintonía con el presidente, el izquierdista Lula da Silva, y paró la guerra comercial.

Los damnificados por el apagón provocado en Berlín: «He encendido velas y puesto colchones sobre las paredes para calentar una habitación»

La gran nevada sobre Berlín se presentaba como la blanca culminación a las vacaciones de Navidad. Helga salió el sábado con sus tres hijos pequeños a cumplir con la tradición y disfrutar deslizándose en trineo en las colinas de Wannssee. Volvieron ya atardeciendo, cansados, … con los dedos rojos y las naricillas a punto de amoratarse, nada que no se arregle con una ducha caliente y un buen chocolate. Pero la falta de electricidad en el edificio impedía utilizar la puerta del garaje y el ascensor, así como la rutina necesaria para volver a entrar en calor.
«Encendimos velas, nos secamos con toallas y les puse a los niños tanta ropa seca como había en los armarios. Varias camisetas, varios pantalones, sudaderas y abrigos… apenas podían moverse», relata a ABC la madre de familia. Una vecina se hizo cargo de los niños mientras ella bajó a la plaza en la que el Ejército alemán repartía bebidas calientes y permitía cargar los teléfonos móviles gracias a generadores. 35 de ellos no han dejado de funcionar desde el sábado.
Con la batería cargada, supo por los medios locales que un grupo violento de extrema izquierda había destruido con un artefacto incendiario un nudo de conexiones de electricidad que concentraba diez líneas de alta tensión. También que las obras durarían hasta el jueves: «Pensé en ese momento que se hacían realidad las pesadillas de todo este tiempo, en que se nos ha pedido prepararnos para grandes crisis. Comencé a pensar en modo supervivencia, en llegar a casa con la sopa, dormir esa noche allí y buscar la forma de irnos con mi madre la mañana siguiente».

Pero, antes de amanecer, todo su edificio fue evacuado por peligro de inundación. La falta de calefacción a nueve grados bajo cero había hecho estallar las tuberías en el sótano y dos técnicos avisaron puerta por puerta de la necesidad de irse lo antes posible.
El apagón, que ha dejado a más de 90.000 personas sin electricidad en los barrios de Steglitz, Zehlendorf, Lichterfelde, Nikolassee y Wannsee, ha puesto a prueba no solo la infraestructura de la capital alemana, sino también la resistencia emocional de sus habitantes. Aún hoy, siguen sin suministro eléctrico 5.500 hogares, 1.200 empresas, varios hospitales y decenas de residencias de ancianos, mientras las temperaturas superan los diez grados bajo cero.

El apagón intencionado ha sumido a una parte de Berlín en el frío y la oscuridad en lo más crudo del invierno
EFE y REUTERS

«Estamos tan acostumbrados a la previsibilidad y de pronto nos encontramos con esto, que es como ‘El día de mañana’ (película de catástrofes), pero sin efectos especiales», dice entre risas tensas Miriam, vecina de Lichterfelde, envuelta en tres mantas y hablando por teléfono desde su salón helado. «He encendido muchas velas y he colocado todos los colchones que había sobre las paredes, así al menos caliento un poco esta habitación», describía su táctica de supervivencia. «Espero que los causantes de todo esto lleguen a entender el daño que han hecho y que lo paguen», protestaba indignada, nos sin dejar de advertir que «debe haber gente muriendo ahí fuera».

El Grupo Vulkan

«Hemos sufrido un ataque terrorista de izquierdas», denunciaba este lunes el alcalde de Berlín, Kai Wegner. «Quiero repetir esto: no fue un pequeño ataque incendiario, tampoco fue sabotaje. Esto fue un acto terrorista y la Oficina Federal de Policía Criminal, la Fiscalía Federal, deben asumirlo», insistía en la gravedad de la situación.
Se refería al Grupo Vulkan, una formación clasificada por la Inteligencia alemana como «peligrosa de extrema izquierda» y que, desde 2011, ha llevado a cabo once ataques de diversa consideración. El más sonado fue el que perpetró contra la fábrica de Tesla en Brandemburgo, propiedad de Elon Musk. Las llamadas de testigos han aportado pistas en el «rango medio de dos dígitos», según el vicepresidente de la Policía, Marco Langner, y ocho de ellas son prometedoras.
Los investigadores analizan actualmente varios cientos de horas de material de cámaras de videlovigilancia. «Apretaremos todo lo que haga falta porque tenemos el objetivo común de atrapar a estos criminales militantes, a estos terroristas de izquierdas, que recibirán un castigo adecuado porque han amenazado y puesto en peligro deliberadamente la vida de personas», ha prometido el alcalde.

«Ya no podemos aceptar más clientes porque estamos al borde de nuestra capacidad»

Securitas
Empresa de seguridad

El Ejército alemán está jugando un papel crucial en el mantenimiento del orden y el suministro de primeros auxilios. Los hospitales contaban con sus propios equipos autónomos, pero los militares hubieron de instalar generadores en las residencias de ancianos y siguen alimentándolos día y noche, con un camión cisterna con capacidad de 9.000 litros que suministra a otros más pequeños. También ofrecen durante la noche bebidas calientes y energía en las plazas más céntricas de los barrios afectados.
«Es como un ensayo general de lo que puede venir, aprendamos para estar preparados», dice Luzius en uno de los llamados «centros de calentamiento». Sus generadores mantienen también relativamente calientes gimnasios de colegios en los que se han instalado camas de campaña. Se trata del equipo adquirido por la ciudad durante la crisis de los refugiados, en 2015, y que vuelve ahora a ser utilizado. «Ahora somos nosotros los refugiados», hace el paralelismo Helena, una estudiante de ingeniería que estos días ejerce como voluntaria en un albergue.

Solidaridad vecinal

La situación extrema despierta la solidaridad de los vecinos, que comparten coche hasta agotar el carburante. «Cuando no sabes cómo vas a sobrevivir los próximos días, te das cuenta de lo mucho que dependemos de la electricidad. Mi coche es eléctrico, el transporte público no funciona en kilómetros a la redonda y con este frío no puedo moverme a pie», lamenta Hans-Peter, jubilado de 72 años.
«Me desperté a las tres de la mañana con un ruido seco, como un disparo. Era la tubería. El agua empezó a salir a chorros. No sabía si llorar o reír. ¿Cómo se supone que llamas a un fontanero cuando ni siquiera puedes cargar el móvil?», cuenta su aventura nocturna. Sus nietos se encuentran entre los pocos berlineses que sobrellevan con alegría el apagón: las vacaciones navideñas debían haber concluido el lunes pero, a causa de la falta de suministro eléctrico y calefacción, 19 colegios de los barrios afectados han decretado una semana más sin clases.
En un pequeño café junto al Schlachtensee, su propietario ha perdido unos 10.000 euros por el apagón, pero ha abierto el local gratuitamente para ofrecer un espacio caliente a los vecinos. «No podía dejar a la gente tirada. El negocio puede recuperarse. Las personas, no siempre». Varios negocios vecinos, en cambio, han cerrado y contratado los servicios de empresas privadas de seguridad, por temor a saqueos, al precio de entre 30 y 45 euros por hora.
«Ya no podemos aceptar más clientes porque estamos al borde de nuestra capacidad», informa un portavoz de Securitas, la mayor empresa de seguridad de Alemania, que ha estado desplegando escuadrones de guardia adicionales y puestos permanentes en las zonas afectadas desde el sábado. «No es que tengamos miedo de saqueos masivos pero, cuando todo está oscuro y silencioso, la imaginación vuela», admite Thomas R., dueño de una tienda de bicicletas.

Sospecha de Rusia
El ataque incendiario ha sido reivindicado en dos comunicados por el grupo de extrema izquierda Vulkan, el primero atribuyéndose la autoría y el segundo quejándose de que los medios alemanes no se hacían eco del primero. La Inteligencia alemana, sin embargo, pone en cuarentena los documentos por sus incoherencias. La escritura sugiere que los redactores podrían no ser alemanes. Entre su diatriba ideológica, además, escriben incorrectamente el nombre de la senadora de Economía de Berlín, Franziska Giffey (Giffay), y del vicepresidente estadounidense J. D. Vance (Vans o Wans). En el caso de Giffey, el error encaja con la ortografía rusa. La escritura también se desvía del alemán habitual en cuanto a gramática, por lo que el texto podría proceder de una traducción automática del ruso al alemán. En cualquier caso, una traducción inversa daría un ruso fluido.

«Yo vivo en Tiergarten, pero he venido hasta aquí para acompañar a mi abuela, que no puede moverse de su casa. Y lo estamos pasando muy mal, espero que termine pronto», expresaba su impotencia Rafael, quien aprovechaba para calentarse en uno de los autobuses estáticos habilitados por la empresa de transporte público BVG. Sus vehículos mantienen los motores encendidos, estacionados en lugares céntricos, para ofrecer calor y carga para dispositivos electrónicos. «Hemos podido habilitar tres estaciones de metro, el resto siguen sin suministro», informaba el lunes la senadora de Transporte Ute Bonde, que todavía no puede hacer un balance de daños.
Pero, más allá de las pérdidas materiales, el apagón está teniendo un efecto psicológico profundo. La falta de información, agravada por la caída de antenas de telefonía móvil y la imposibilidad de cargar dispositivos, ha generado ansiedad y sensación de aislamiento. «Lo peor no es la oscuridad, es no saber cuándo acabará», dice la profesora Julia F., profesora, quien espera que «todos aprendamos lo frágil que es en realidad todo esto que damos por sentado».