Tailandia opta por el pragmatismo y concede la victoria al conservador Bhumjaithai
El pragmatismo pudo más que el idealismo. La formación conservadora Bhumjaithai ha ganado con claridad las elecciones celebradas este domingo en Tailandia, desplazando al favorito, el reformista Partido Popular que aspiraba a capitalizar las crecientes demandas de liberalización política. Con el 92% de los votos … escrutados a las siete de la mañana (hora local) de este lunes, el Bhumjaithai posee 194 escaños, poco menos que triplicando los 71 que consiguió en las elecciones generales de 2023.
El Partido Popular, en cambio, queda reducido a 116, 35 menos de los obtenidos en aquellos comicios, los primeros tras nueve años de Junta Militar, en los que venció bajo el nombre de Hacia Adelante. Las instituciones controladas por los militares, no obstante, impidieron primero la formación de Gobierno e impusieron después su disolución.
En tercer lugar quedan los populistas de Pheu Thai con 76 –una caída de 65–, la organización política del clan Shinawatra que había dominado todas las elecciones desde 2001 hasta la anterior. Destaca asimismo la aparición de Kla Tham, recién creado a partir de escisiones de otras plataformas conservadoras y convertido en cuarta fuerza con 57 escaños en su debut.
Los resultados imponen, como cabía esperar, la necesidad de tejer acuerdos entre bloques. En ese sentido, la rotundidad de la victoria electoral de Bhumjaithai resulta sorprendente, no así su favoritismo para gobernar dada su alta capacidad de pacto frente al aislacionismo del Partido Popular.
El candidato de la formación reformista, Natthaphong Ruengpanyawut, ha reiterado en su intervención inicial su promesa de campaña de no asociarse con Bhumjaithai, asumiendo ya de manera explícita su condición de líder opositor. «La victoria del Bhumjaithai es para todos los tailandeses, hayáis votado por nosotros o no», celebraba su líder y primer ministro en funciones, Anutin Charnwirakul.
Jugada maestra
A falta de oficialización, por tanto, todo apunta que Anutin revalidará el cargo, consumando una astuta maniobra que le ha llevado a la jefatura del Gobierno al frente de un partido otrora provincial y minoritario.
Este supo ganar notoriedad con su –caótica– legalización de la marihuana hasta hacerse un hueco en la coalición liderada por el Pheu Thai de Paetongtarn Shinawatra, para luego abandonarla en el momento preciso. Anutin provocó su caída y se abalanzó sobre la vacante con apoyo del Partido Popular, a cambio de comprometerse a disolver las cámaras en un plazo de cuatro meses, un órdago que ha ganado.
Anutin ha sabido erigirse en defensor del statu quo –monarquía y Ejército, los dos pilares del sistema político tailandés– ante la emergencia reformista del Partido Popular, captar el impulso del nacionalismo dado el conflicto fronterizo con Camboya y, al mismo tiempo, presentar una alternativa nueva de carácter tecnócrata con figuras de alta credibilidad como el exministro de Exteriores Sihasak Phuangketkeow.
Una destreza que Anutin deberá emplear ahora para sortear un último reto, surgido de estas mismas urnas. El acuerdo con el Partido Popular contemplaba también una tímida apertura del proceso de reforma constitucional a la Carta Magna impuesta por la Junta Militar en 2017, la vigésima desde el final de la monarquía absoluta en 1932.
Por ello, los tailandeses contestaban también este domingo una segunda pregunta: «¿Cree usted que debería haber una nueva Constitución?». Los resultados preliminares reflejan un apoyo popular del 65%. Anutin, que durante la campaña se mostró contrario a esta reforma, prepara ya su próxima jugada.

