Donald Trump afirmó el domingo que las autoridades iraníes quieren «negociar», luego de que el presidente estadounidense amenazara con acciones militares en respuesta a la mortal represión de las protestas en la República Islámica.Las manifestaciones comenzaron hace dos semanas. Al principio … eran en contra del aumento del costo de vida, pero con el paso de los días se han convertido en un movimiento contra el régimen teocrático que ha gobernado Irán desde la revolución de 1979.
Según la ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, al menos 192 manifestantes han muerto en las protestas antigubernamentales más multitudinarias en Irán desde hace tres años.
La oenegé no descarta que sean muchos más porque el corte de internet les impide verificarlo. El saldo anterior era de 51 decesos.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, asegura que mantiene un contacto directo y fluido con su homóloga venezolana, Delcy Rodríguez, que además desde la captura de Nicolás Maduro es presidenta encargada de Venezuela. Wright dijo a ABC que la … cooperación entre ambos gobiernos en materia energética es «total» y que la relación bilateral atraviesa un punto de inflexión sin precedentes, apenas una semana después de que Estados Unidos activara una intervención decisiva sobre el sector petrolero venezolano. El secretario insistió en que Washington busca estabilizar y reactivar el mercado petrolero venezolano, y que el diálogo con las autoridades de Caracas forma parte «de ese esfuerzo conjunto».
Wright, en el cargo desde febrero de 2025, atendió a un reducido grupo de medios a las puertas del Ala Oeste de la Casa Blanca, poco después de participar en una reunión encabezada por Donald Trump con 23 representantes de las principales compañías petroleras con intereses en Venezuela, incluida la española Repsol. El encuentro se produjo en un contexto de vértigo diplomático y económico: la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses, el anuncio de que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, la liberación parcial de presos políticos y el inicio de contactos para reabrir la Embajada estadounidense en Caracas. Rodríguez era ministra de Petróleo desde agosto de 2024, además de vicepresidenta de Maduro.
Según el secretario, el cambio de ritmo ha sido tan brusco como profundo. «Nunca he visto un país en el que las condiciones y las relaciones cambien tan rápido», afirmó a ABC. En su relato, las autoridades interinas venezolanas han asumido que «el juego ha cambiado» y que el modelo anterior, marcado por corrupción estructural, criminalidad y la influencia de potencias adversarias a Estados Unidos, ya no es viable. Washington, sostuvo, se encuentra ahora en una posición de fuerza al controlar la comercialización del petróleo venezolano, pero insiste en que ese control se está ejerciendo «masivamente en beneficio de Venezuela». «Estados Unidos está ahora en una posición muy fuerte, porque controlamos ya la venta de su petróleo», añade.
Wright explicó que el crudo se vende ya a precios cercanos al mercado, que los ingresos se canalizan a cuentas controladas por Estados Unidos y que parte de esos fondos se transfieren a las autoridades interinas venezolanas. A cambio, Caracas se compromete a cooperar para mejorar la seguridad interna, reducir la criminalidad y normalizar progresivamente las relaciones bilaterales. «Eso va a llevar tiempo», reconoció, «pero en una sola semana ya hemos visto avances que cambian por completo la trayectoria del país».
Uno de los ejes centrales de la conversación fue Chevron, la compañía estadounidense con mayor presencia histórica en Venezuela y actualmente el mayor productor de crudo del país. Wright subrayó que las decisiones adoptadas por la Administración Trump en los últimos días, junto con «algunas cosas adicionales que podemos hacer», abren a la empresa un camino claro para aumentar su producción en torno a un 50% en un plazo de entre 18 y 24 meses. Insistió en que no se trata de garantías financieras ni de transferencias de dinero público, sino simplemente de autorizaciones regulatorias. «No dinero, no garantías, nada de eso. Solo aprobaciones», recalcó.
Ese aumento de producción implicaría, no obstante, inversiones relevantes en infraestructura. «Cuando creces, tienes que construir instalaciones, invertir en equipos», señaló. En ese contexto, defendió la cifra de 100.000 millones de dólares en inversiones potenciales que Trump ha mencionado para el sector petrolero venezolano. Según Wright, no se trata de un compromiso inmediato ni de una promesa cerrada, sino de una estimación razonable si se proyecta una recuperación sostenida de la industria a lo largo de la próxima década, siempre que Venezuela evolucione hacia un entorno más estable, pacífico y regido por el Estado de derecho.
Recuperar la producción
Preguntado por la posibilidad de que Venezuela recupere los niveles de producción de los años noventa, en torno a los tres millones de barriles diarios, Wright se mostró cauto pero optimista. Admitió que se trata de un crecimiento «enorme», pero consideró que es técnicamente posible «en un horizonte de entre ocho y doce años si se mantienen las condiciones adecuadas». «Venezuela fue durante décadas una democracia próspera, pacífica y aliada de Estados Unidos. Puede volver a serlo», afirmó.
El secretario dedicó también un apartado específico a Repsol, a la que describió con «grandes perspectivas» en el nuevo escenario. Recordó que la compañía española es el mayor productor de gas natural en Venezuela, un recurso clave para sostener el sistema eléctrico del país y, de forma indirecta, para impulsar la producción petrolera. Según Wright, con simples aprobaciones de inversión y sin cambios drásticos en el marco operativo, Repsol podría aumentar de forma significativa su producción de gas, lo que a su vez permitiría elevar la extracción de crudo a nivel nacional y reforzar su propia posición en el país. «Vimos un enorme potencial», resumió, «con mucho optimismo».
Garantías
La cuestión del riesgo fue recurrente entre los ejecutivos presentes. Wright reconoció que, pese a la magnitud de la oportunidad, las compañías necesitan garantías básicas para operar en Venezuela. A su juicio, la principal herramienta de Estados Unidos para reducir ese riesgo no pasa por blindajes contractuales complejos, sino por forzar un cambio real en el comportamiento del Gobierno venezolano. «Lo más importante que podemos hacer es mejorar las condiciones de negocio y la seguridad social en Venezuela», dijo. Ese cambio, añadió, tendría efectos directos también para Estados Unidos: más inversión de empresas estadounidenses, precios energéticos más bajos y una reducción del flujo de drogas y bandas criminales hacia territorio norteamericano.
En su diagnóstico, la intervención de Trump persigue un equilibrio entre presión y colaboración. Washington conserva la capacidad de endurecer las condiciones si Caracas incumple, pero por ahora apuesta por consolidar un proceso gradual que transforme la gobernanza del país. Wright dejó claro que el objetivo final va más allá del petróleo. «No es algo que vaya a pasar la semana que viene ni el mes que viene», advirtió. «Pero la trayectoria es devolver a Venezuela a una democracia de libre mercado y aliada de Estados Unidos».
«La trayectoria es devolver a Venezuela a una democracia de libre mercado y aliada de Estados Unidos»
El secretario asumió que la reconstrucción de infraestructuras y la normalización institucional exigirán años y que cualquier acuerdo deberá sobrevivir a cambios de administración tanto en Washington como en Caracas. Aun así, defendió que las decisiones que se adopten en las próximas semanas pueden fijar un rumbo difícil de revertir. «Hay cambios que se van a hacer muy pronto que alterarán de forma duradera la trayectoria de la producción petrolera», afirmó.
En un momento en el que la oposición democrática venezolana observa con inquietud la aparente sintonía entre Estados Unidos y las autoridades interinas, Wright insistió en que la colaboración actual no implica una renuncia a los objetivos políticos de fondo. «Queremos transformar la gobernanza de Venezuela», dijo. «Y si lo hacemos bien, los beneficios serán mutuos». Con apenas una semana de movimientos, el mensaje que transmitió desde la Casa Blanca fue claro: la apuesta estadounidense en Venezuela ya está en marcha y su alcance va mucho más allá del crudo.
Irán vivió su tercera noche de manifestaciones y choques con las fuerzas de seguridad en medio del apagón general de las comunicaciones por parte del régimen. La república islámica confía en la mano dura de la Guardia Revolucionaria para contener unas protestas que estallaron … el 28 de diciembre en el bazar de Teherán a causa de la crisis económica y que se han ido extendiendo a todo el país y se han convertido en un nuevo pulso contra el sistema islámico impuesto por los ayatolás en 1979. La gran partida se juega en las calles de Teherán, que reviven en 2026 lo que ya vivieron en 2009 con la llamada ‘Revolución verde’, tras el fraude electoral a favor del ultraconservador Mahmoud Ahmadineyad, y en 2022, tras la muerte de la joven Mahsa Amini a manos de la policía de la moral.
Entre 2009 y hoy ha habido más episodios de levantamientos sociales. La gran diferencia del momento actual con todos los anteriores es la amenaza de intervención de Donald Trump, unida al desgaste de un régimen que ha quedado obsoleto ante las demandas de cambio de una parte importante de la sociedad que no cree en el sistema.
La agenda del presidente de Estados Unidos en Oriente Próximo va de la mano de un Benjamín Netanyahu cuya aspiración es derrocar al régimen islámico, al que considera una «amenaza existencial» para Israel. En junio, en mitad del diálogo nuclear entre estadounidenses e iraníes, Netanyahu lanzó una guerra por sorpresa que duró doce días y en la que contó con el apoyo de Trump. Todo acabó con un alto el fuego oficioso que, según los iraníes, Israel rompe estos días con su apoyo directo al sector violento de las movilizaciones. Ali Larijani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y hombre de peso en el régimen, calificó a los manifestantes violentos de «terroristas urbanos» y alertó del riesgo de «guerra civil» en el país.
«La principal diferencia entre las tres grandes revueltas es que el régimen está mucho más acorralado hoy que entonces. Ha perdido a sus aliados regionales, se encuentra asediado y con pocas cartas que jugar, y sus estructuras internas son más frágiles que nunca», opina Arash Azizi, historiador iraní y autor de libros como ‘What Iranians Want’ (Qué quieren los iraníes). Esa soledad de Irán se ha acelerado tras los golpes sufridos por Hizbolá, en Líbano, y Bashar al Assad, en Siria. La estrategia de formar y armar grupos aliados en la región ha sido aplastada por Israel y solo los hutíes, en Yemen, se mantienen como amenaza lejana al Estado judío, muy lejana.
La agenda de Trump en Oriente Próximo va de la mano de un Netanyahu cuya aspiración es derrocar al régimen islámico
«¿Dónde está mi voto?»
Hace 17 años las calles de Irán estallaron al conocer la victoria de Mahmoud Ahmadineyad en la segunda vuelta de las presidenciales. El líder ultraconservador se impuso, según el recuento oficial, al reformista Mir Husein Musavi y fue reelegido presidente en un momento marcado por el inicio del pulso nuclear con Occidente. Teherán fue el epicentro de un movimiento que usó el verde de la campaña electoral de Mousavi como símbolo y popularizó el eslogan «¿Dónde está mi voto?» La gente se levantó para pedir cambios internos, cambios dentro del sistema y apertura, y la respuesta fue represión con decenas de muertos y miles de detenidos.
Barack Obama condenó la represión y dijo que las protestas eran «una expresión del deseo del pueblo iraní por debatir su futuro y que esas voces debían ser escuchadas», pero dejó claro que no era una cuestión sobre Estados Unidos u Occidente, sino sobre «los propios iraníes y el futuro que ellos decidieran para su país». Ahmadineyad gobernó durante cuatro años más y los iraníes tuvieron muy claro que los cambios en su país no iban a llegar a través de las urnas.
La soledad de Irán se ha acelerado tras los golpes sufridos por Hizbolá, en Líbano, y Bashar al Assad, en Siria
«Mujer, vida, libertad»
Después de 8 años de ultraconservadurismo, Irán giró a un sistema moderado con el clérigo Hasán Rohani y en 2015 se selló el histórico pacto nuclear con Estados Unidos. La república islámica y el ‘Gran Satán’ (tal y como llama el sector radical a Estados Unidos) iniciaron una fase de deshielo y comenzaron a levantarse algunas sanciones a cambio de una limitación en el grado de enriquecimiento de uranio. Las calles de Irán veían el final de un túnel de sanciones económicas y amenazas de guerra, pero el sueño se desvaneció con el triunfo de Trump, que rompió el pacto de forma unilateral en 2018 y reimpuso los castigos pese a que los iraníes cumplían lo acordado, según todos los informes emitidos por la Agencia Internacional de Energía Atómica.
El peso de los castigos asfixió a la economía iraní y el país volvió a girar al ultraconservadurismo en 2021 con Ibrahim Raisi. En lugar de priorizar la situación económica, Raisi aplicó una política para intentar reislamizar a una sociedad cada vez más alejadas de los eslóganes de la revolución islámica, reforzó a la policía de la moral y puso el foco en la vestimenta de las mujeres. Un año después de su llegada al poder, la joven Mahsa Amini murió a manos de esa policía de la moral y las calles explotaron al grito de «Mujer, vida, libertad».
Los iraníes superaron el miedo tras la brutal represión de 2009 y fueron las mujeres y las minorías quienes lideraron la batalla para pedir libertad y el fin del uso obligatorio del pañuelo
Los iraníes superaron la barrera del miedo levantada por la brutal represión de 2009 y fueron las mujeres y las minorías, como los kurdos, quienes lideraron la batalla para pedir libertad y el fin del uso obligatorio del pañuelo para las mujeres. Las movilizaciones se mantuvieron durante un año, con diferente nivel de intensidad, y organizaciones de derechos humanos como Iran Human Rights (ONG con sede fuera de Irán), elevaron al menos a 551 el número de fallecidos a manos de las fuerzas de seguridad.
Joe Biden mostró su apoyo a las mujeres de Irán, aseguró que las protestas «despertaron algo que no creo que vaya a poder ser silenciado por mucho, mucho tiempo», e impuso nuevas sanciones al régimen como medida de presión.
Más protestas y más violentas
Tres años después, los ayatolás vuelven a enfrentarse a un levantamiento popular, que esta vez estalló por el hundimiento del rial respecto al dólar. Cada vez discurre menos tiempo entre protesta y protesta. Cada vez las protestas son más violentas y piden más claramente un cambio de régimen, no solo reformas, pero en un país de 93 millones de habitantes el sistema cuenta con su núcleo duro de seguidores.
«La situación es compleja. La economía está en declive y la credibilidad del sistema de gobierno en la gestión económica ha disminuido notablemente. Sin embargo, la realidad es diferente a la que reflejan los medios y las redes sociales. Los conservadores y seguidores del sistema y del Líder Supremo (que a menudo se solapan, pero no siempre son iguales) no son muy visibles ni escuchados, pero permanecen presentes y en número», considera Raffaele Mauriello, profesor adjunto en la Facultad de Literatura Persa y Lenguas Extranjeras de la Universidad Allameh Tabatabai de Teherán.
Mauriello estaba en Teherán durante la guerra de junio y, después de lo que se ha vivido en las últimas dos semanas, considera que «ahora hay que tomar en cuenta más que antes las posibilidades de un conflicto armado, que tras el ataque verano es una realidad». Trump, con el asesoramiento de Netanyahu, tiene la palabra.
Tomarla por la fuerza con el empleo del Ejército, comprarla al Gobierno danés o, ahora, pagar a los propios groenlandeses para convencerlos de separarse de Dinamarca y unirse a Estados Unidos. Parecen ser las opciones que contempla Washington para hacerse con la soberanía de … esta isla ártica estratégica, la mayor de todo el mundo y un enclave determinante para para el sistema de defensa antimisiles balísticos del país norteamericano.
La Administración estadounidense ha debatido la posibilidad de enviar pagos únicos a los groenlandeses como parte de una apuesta por persuadirlos, según cuatro fuentes familiarizadas con el asunto citadas por la agencia de noticias Reuters. Aunque no se conocen la cifra exacta ni los detalles logísticos del pago, funcionarios del país norteamericano, incluidos asesores de la Casa Blanca, han hablado de cantidades entre 10.000 y 100.000 dólares.
La idea de pagar directamente a los residentes de Groenlandia ofrece una explicación de cómo Estados Unidos podría intentar «comprar» la isla de 57.000 habitantes, a pesar de la insistencia de las autoridades de Copenhague y Nuuk en que Groenlandia no está en venta. La táctica es uno de los diversos planes que está debatiendo la Casa Blanca para adquirir este territorio, si bien corre el riesgo de parecer excesivamente transaccional e incluso degradante para una población que lleva mucho tiempo debatiendo su propia independencia de Dinamarca.
«Ya basta… No más fantasías sobre la anexión», escribió el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, en una publicación de Facebook el domingo, después de que el presidente de Estados Unidos volviera a decir a los periodistas que Estados Unidos necesitaba adquirir la isla.
En este tiempo, se han producido infinidad de incidentes entre activistas que tratan de interferir en las actuaciones policiales: protestas, cruce de vehículos o el seguimiento de los agentes a través de aplicaciones para avisar sobre la llegada de ICE.
La red de internet ha sido cortada en todo el territorio iraní, según ha informado este jueves una ONG, tras 12 días de protestas que desafían al poder, al que se acusa de intensificar la represión contra los manifestantes.Las manifestaciones en Irán estallaron … el 28 de diciembre, cuando comerciantes de Teherán organizaron una protesta contra el aumento de los precios y el colapso del rial, lo que desencadenó una ola de acciones similares en otras ciudades.
Desde entonces, se han extendido a 25 de las 31 provincias de Irán, según un recuento de la AFP basado en declaraciones oficiales y medios locales, y han dejado decenas de muertos, incluidos miembros de las fuerzas de seguridad.
Según videos cuya autenticidad ha sido comprobada por AFP, los manifestantes gritaban lemas como «es la batalla final, Pahlavi volverá», en alusión a la dinastía derrocada por la Revolución islámica de 1979, o «Seyyed Ali será destituido», en referencia al guía supremo Ali Jamenei, en el poder desde 1989.