Hace apenas una década, Europa observaba con impotencia cómo un millón de refugiados cruzaban sus fronteras, transformando para siempre el debate político del continente. Hoy, el péndulo de la historia ha oscilado.Al cierre de 2025, los datos son inapelables y dibujan una nueva realidad … para 2026: Europa endurece sus controles y reordena sus flujos. La tendencia general de la migración irregular ha disminuido drásticamente respecto a los picos recientes, y todo apunta a que el próximo año consolidará este descenso bajo la línea de lo que en Bruselas ya se empieza a asumir como el «modelo Meloni».
El balance final de 2025 en los muelles italianos arroja una cifra casi calcada a la del año anterior: 66.296 llegadas frente a las 66.617 de 2024. Pero la verdadera noticia no está en esa estabilidad técnica, sino en el descenso vertiginoso si miramos por el retrovisor hacia 2023, el año de la crisis, cuando se rozaron los 160.000 desembarcos. La caída respecto a aquel pico supone casi el 60%.
Este cambio de ciclo se ha notado especialmente en agosto, el mes que tradicionalmente quitaba el sueño al Ministerio del Interior: de las más de 25.000 personas que desembarcaron hace dos veranos, en este último apenas se contaron 6.000. La ruta central, aunque activa, se aleja de la emergencia permanente.
El ‘modelo Meloni’
Lo que al principio fue criticado como una anomalía italiana –la externalización de la gestión migratoria a terceros países– se ha convertido en el nuevo estándar de hecho en la Unión Europea. El modelo de Giorgia Meloni, basado en acuerdos pragmáticos con países de tránsito, como Libia, Túnez o Egipto y la creación de centros de gestión y repatriación en Albania, ha dejado de ser un experimento aislado para convertirse en la hoja de ruta de los 27.
La entrada en vigor del nuevo Pacto sobre Migración y Asilo en junio de 2026 institucionalizará esta estrategia. La norma permitirá procedimientos fronterizos acelerados y facilitará las deportaciones a «países seguros». Bruselas atribuye parte del éxito en la contención a su política de acuerdos internacionales: el pacto UE-Mauritania, dotado con 210 millones de euros, ha sido clave, según fuentes comunitarias, para reducir un 60% las salidas desde ese punto hacia Canarias. Europa ahora exporta sus fronteras legales más allá del Mediterráneo.
Siria se vacía, el Sahel hierve
No todo es mérito de la burocracia europea; la historia también juega sus cartas. El fin del régimen de Assad ha invertido los flujos: cerca de 711.000 sirios han regresado a su país durante 2025, vaciando las listas de asilo en la UE. Una fuente de Frontex es tajante al respecto: «Dos tercios del descenso de llegadas en Europa se deben a que los sirios ya no vienen».
Sin embargo, el mapa migratorio se está reconfigurando. La calma en el Mediterráneo oriental puede ser el preludio engañoso de una nueva tormenta que ya se está formando en el flanco occidental. Las miradas de los servicios de inteligencia se dirigen ahora al Sahel, una auténtica bomba de relojería demográfica y yihadista. En Mali, con una población duplicada en tres décadas y el terrorismo ganando terreno, el éxodo empuja con fuerza hacia el norte.
Pese a estos cambios geopolíticos, los datos consolidados de Frontex confirman que la ruta del Mediterráneo Central sigue siendo la más transitada, concentrando casi el 40% de los inmigrantes irregulares detectados, con Libia como gran plataforma de salida (más del 90% de los movimientos en ese corredor).
En cambio, en el Mediterráneo Occidental, Frontex registra un repunte del 15%, con Argelia como motor principal. Por tanto, la llave del grifo migratorio para 2026 la tendrá Argelia, convertida en el nuevo tapón o vía de escape, dependiendo de cómo juegue sus cartas diplomáticas.
El mercado laboral pide mucho más personal del que la política fronteriza está dispuesta a dejar pasar
En el frente atlántico, el endurecimiento de controles también ha tenido efecto, aunque acompañado de una discusión incómoda: menos llegadas, rutas más largas y mayor letalidad. Un informe de la ONG Caminando Fronteras cifra en 3.090 los inmigrantes fallecidos en 2025 intentando llegar a España –una cifra inferior a 2024, pero igualmente dramática– y apunta a desplazamientos hacia trayectos más peligrosos conforme se cierran otras vías.
La paradoja demográfica
Mientras Europa refuerza sus muros hacia fuera, por dentro se enfrenta a una contradicción vital que compromete su economía. Italia vive de lleno esa paradoja: cuanto más se celebra la bajada de desembarcos, más se evidencia la necesidad de mano de obra. La urgencia demográfica es cuantificable.
Según el Instituto Nacional de Estadística (ISTAT), el número medio de hijos por mujer en 2024 fue de 1,18, el mínimo histórico, y la estimación provisional para 2025 baja aún más. La consecuencia es que los números no cuadran: el último informe del Organismo Nazionale di Coordinamento (ONC) advierte de que las cuotas de 165.000 trabajadores extranjeros fijadas para 2025 se quedan cortas.
El mercado laboral, especialmente en la agricultura, la construcción y el cuidado de ancianos, pide mucho más personal del que la política fronteriza está dispuesta a dejar pasar.
Solidaridad a la carta: pagar por no reubicar
El nuevo Pacto de Migración y Asilo, que entrará en vigor plenamente en junio de 2026, introduce un mecanismo de solidaridad flexible que ha generado intenso debate. Sobre el papel, prevé 30.000 reubicaciones anuales de solicitantes de asilo entre Estados miembros. En la práctica, es una solidaridad a la carta: los países pueden elegir entre acoger refugiados o pagar 20.000 euros por cada persona que declinen reubicar. Resultado previsible: la mayoría pagará. Polonia quedará exenta por haber acogido ucranianos; Alemania y Países Bajos podrán reducir su cuota si Italia rechaza readmitir a inmigrantes que, tras llegar a sus costas, viajaron sin permiso a Alemania, Francia u otros países. En 2024, Italia aceptó solo 60 de 43.150 peticiones de este tipo. Al final, la gestión recaerá, como siempre, sobre los países de primera línea: Italia, España y Grecia. Solidaridad europea, pero con factura.
Para 2026, Europa se prepara para un año de fronteras vigiladas y gestión remota. El ‘modelo Meloni’ ha ganado la batalla política en Bruselas. Incluso medios influyentes como ‘The Economist’ ya reconocen que su modelo, lejos de ser una excentricidad, demuestra que el control de fronteras y la búsqueda de soluciones legales no son incompatibles, sino necesarios para evitar que el populismo dicte la agenda.
Europa endurece sus fronteras, pero dentro de sus muros crece otra evidencia: necesita, de forma ordenada, a parte de quienes intenta mantener fuera. Y 2026 será un año más en el que Europa celebre cada barco que no llega, mientras envejece sin remedio.