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Salvados del incendio de Hong Kong por la rutina: «En las casas solo había ancianos y niños»

Chak Ming Yau se despertó el miércoles sin saber que ese día lo perdería todo. Aquella era una mañana normal, de modo que como tantas otras apagó el despertador, se vistió, desayunó un bocado rápido, se despidió de su mujer y su hijo y salió … a las calles de Tai Po camino de las oficinas de la Alianza Misionera Cristiana, una iglesia protestante en la que trabaja como pastor. Acababa de abandonar un hogar al que nunca podría regresar.
El instante en el que descubrió que su vida había cambiado permanece, perenne, en la pantalla de su teléfono móvil. «Estábamos empezando los preparativos de Navidad de la parroquia, así que había salido a comprar harina para hacer galletas cuando el director del colegio donde organizamos nuestros eventos me escribió», rememora mientras muestra el intercambio. «Hay un incendio en Wang Fuk, ¿estás bien?».
El mensaje data de las 15:19. El fuego había empezado apenas 28 minutos antes. «Al principio pensé que se trataba de un pequeño incidente». Por eso, avanzó con parsimonia por la avenida Kwong Fuk hasta que, a la altura del río, alcanzó a divisar su urbanización. Este hombre de fe se encontró entonces ante algo parecido al infierno.
El señor Yau recibe a ABC en esas mismas oficinas, al cabo de tres días en los que, en perverso ripio del Nuevo Testamento, caben una vida y muchas más muertes. Todo adquiere un significado nuevo, más solemne –empezando por el cartel que recuerda la prohibición de tomar el ascensor en caso de incendio– a la luz de las llamas que arrasaron el complejo residencial. Aunque su trágica magnitud todavía no se ha cuantificado con exactitud, esta es ya una de las catástrofes más devastadoras en la historia moderna de Hong Kong.
Las cifras oficiales recogen 128 fallecidos, un cómputo que podría seguir aumentando a medida que concluyan las labores de rescate. Quedan por resolver 150 «peticiones de auxilio» –la ambigua métrica que las autoridades han empezado a emplear en lugar de «desaparecidos»–. Fuentes policiales explicaban el viernes a ABC antes de iniciar la batida de reconocimiento que dentro de los bloques podría haber hasta «un centenar» de cuerpos.

Refugios y andamios de bambú
En la primera imagen, el pastor Chak Ming Yau junto a su hijo, con las donaciones almacenadas en las oficinas de su iglesia; en la segunda, andamios de bambú en el centro de Hong Kong; en la última un espacio de las oficinas de la iglesia reconvertido en refugio para las víctimas del incendio
J. Santirso

Cuando el señor Yau llegó, solo dos de los ocho bloques ardían –acabarían siendo siete–. Su vivienda familiar en la trigésima planta de Wang Tao, el cuarto edificio, permanecía intacta. «Sabía que mi mujer y mi hijo no estaban dentro, ella estaba impartiendo sus clases de pintura y él en el instituto. Así que mi primer impulso fue el de entrar para llevarme algunos objetos personales, pero los bomberos me cortaron el paso».
El juego fantasioso para identificar las posesiones más preciadas se vuelve en su caso un amargo lamento. «De haber podido, hubiera querido rescatar los pasaportes, el dinero, una memoria externa con fotos de la infancia de mi hijo y el álbum familiar».

79 criadas desaparecidas

«Para entonces ya tenía la certeza de que era una gran tragedia», prosigue. «Sentía un enorme pesar porque sabía que había muchas personas dentro». Así, salvaron la vida quienes tenían la obligación de ganársela, con la rutina por rescate. En el interior permanecían, en su mayoría, jubilados y niños pequeños con sus cuidadoras –79 asistentas de nacionalidad indonesia continúan en paradero desconocido, según informa su consulado–.
Retratos de unos y otros recubren la pared del centro comunitario Kwong Fuk, un espacio a la vuelta de la esquina donde acuden familiares de los desaparecidos, en busca de respuestas que hagan definitiva la ausencia.
«Estaba ahí plantado sin saber qué hacer, impotente, viendo cómo las chispas empezaban a saltar al tercer bloque». El señor Yau decidió que no tenía sentido quedarse a ver cómo su piso desaparecía. Se giró, dando la espalda a un hogar pronto reducido a cenizas, y desanduvo el camino hacia las oficinas. «Ni siquiera tenía miedo, solo sentía un vacío». La familia se congregó allí, y pasaron la noche juntos en casa de un miembro de su congregación.
El señor Yau está sin afeitar, viste un chándal prestado y el agotamiento se lee en su rostro. «He estado recorriendo sin parar los centros comunitarios en busca de información para los afectados». De momento ha recibido 30.000 dólares hongkoneses (3.300 euros) y las llaves de una vivienda de protección oficial en Ma On Shan. «Todavía no sé cuánto tengo que pagar ni cuánto tiempo podremos quedarnos», confiesa.
«Mi mujer lloró cuando nos entregaron el certificado de víctima, fue el momento en que aceptó la realidad». ¿Y él? «Es como si no fuera yo mismo. A veces al recordar lo sucedido, por ejemplo ahora, siento que necesito llorar, pero no me sale», apunta titubeante, antes de recuperar la entereza y zanjar: «No es el momento de llorar, hay muchas cosas que solucionar».
En este particular estado emocional, no obstante, sí hay espacio para un sentimiento. «Estoy muy enfadado, por supuesto. Nos habíamos mudado a este piso en septiembre de 2024. La renovación de la fachada había empezado unos meses antes, pero era evidente que no había suficiente supervisión». Dichas obras, y las malas prácticas de la empresa encargada –en particular la colocación de planchas de poliestireno sobre las ventanas y la desactivación de la alarma antiincendios– son el motivo por el que el fuego adquirió dimensiones tan destructivas.
Las autoridades ya han detenido a once personas relacionadas con el proyecto, entre ellas a tres responsables de la firma, Prestige Construction and Engineering, acusados de homicidio imprudente. Ahora bien: no son los únicos.

Detenido por quejarse

Las fuerzas de seguridad han invocado la Ley de Seguridad Nacional –la ley impuesta por el Partido Comunista de China para cercenar los derechos y libertades de Hong Kong– para arrestar al impulsor de una petición que reclamaba una investigación independiente de los hechos, según reveló ayer el diario local ‘South China Morning Post’. Se trata de una despótica maniobra para impedir que el descontento social adquiera dimensión política.
El señor Yau, por su parte, se centra en aquello que está en su mano, tanto en su infortunio personal como en el de los demás. «En un primer momento las necesidades de nuestra comunidad eran materiales, por eso alojamos a veinte personas en las oficinas», cuenta. «Ahora las necesidades son espirituales, varios fieles han perdido a seres queridos».
Tras la conversación, se despide, pues tiene que terminar de preparar el servicio dominical de hoy, el primero tras el incendio. Lo único que tiene claro es su temática: «La existencia de Dios en la tragedia».

Peter Heather: «Todo imperio crea fuerzas externas que acaban destruyéndolo»

El historiador británico Peter Heather (Belfast, 1960) se ha pasado la vida explorando cómo se construyen y desmoronan las civilizaciones. Profesor en el King’s College de Londres, formado en Oxford y con una breve etapa en el Tesoro británico, combina la precisión del … historiador con la mirada estructural del economista. Es autor, junto al politólogo John Rapley, del ensayo Por qué caen los imperios (Taurus), en el que analiza las causas del auge y declive de Roma para comprender las tensiones del mundo actual. Su tesis central es incómoda: los imperios más longevos no son derribados por enemigos externos ni por decadencia interna, sino por el éxito con el que transforman el mundo que los rodea. Heather vino a España para intervenir en un congreso internacional organizado por el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra.

Usted ha sostenido que el Imperio romano no se transformó, sino que colapsó. ¿Por qué es importante esa diferencia?
Porque la idea de ‘transformación’ suaviza algo que, en realidad, fue un derrumbe acelerado. Roma tenía tensiones internas, pero no las que pueden destruir un sistema tan sofisticado. Lo decisivo fue que el imperio había modificado profundamente a sus vecinos. La globalización romana creó estructuras políticas nuevas: grupos que antes no existían. Los visigodos, por ejemplo, no son una continuación de pueblos antiguos, sino un producto político del siglo V surgido dentro del territorio romano. Es decir: el colapso no vino de la disfunción interna, sino de la transformación del entorno que Roma había provocado. El imperio creó, sin quererlo, a quienes lo harían caer.
¿Entonces los imperios caen más por presiones externas que por debilidad interna?
Depende. Hay imperios, como el carolingio, que se desintegraron por pura debilidad del centro. Pero el romano, o los grandes imperios modernos, son otra cosa: estructuras muy poderosas y duraderas que transforman profundamente su entorno. Mi coautor y yo sostenemos que los imperios que perduran siglos —como Roma o el bloque occidental moderno— terminan generando su propia caída. No porque alguien los ataque desde fuera, sino porque su propio éxito crea nuevas potencias a su alrededor. Las presiones externas no surgen de la nada: son un producto del propio sistema imperial. Los imperios siempre creen que son distintos. Pero lo que la historia muestra es que, cuanto más se transforman sus vecinos, más difícil les resulta seguir siendo lo que eran. Ese es el momento en que descubren que ya no dominan el mundo, sino que el mundo los ha transformado a ellos.
¿Está ocurriendo eso hoy con Estados Unidos y China?
Sí, y no necesariamente en forma de hostilidad. Los imperios generan centros de poder alternativos. En el caso de Estados Unidos, China es uno de ellos. Pero esa relación no tiene por qué ser bélica: puede ser de competencia, de tensión o incluso de cooperación. La creación de nuevas potencias significa, simplemente, que el imperio ya no puede dominar su entorno como antes. Lo que vemos ahora es una renegociación del equilibrio global, no el fin de la globalización.
¿Cree en la ‘trampa de Tucídides’ entre Estados Unidos y China?
No, en absoluto. Los políticos pueden hacer cosas muy estúpidas, pero no hay una fatalidad que condene a las grandes potencias a enfrentarse. La cuestión de Taiwán es delicada, pero no implica que haya intereses vitales irreconciliables. Lo que sí es cierto es que los políticos tienden a pensar a corto plazo. Necesitan ganar las elecciones del año siguiente, no los próximos veinte. Eso ha sido así desde el Imperio romano: las decisiones inmediatas pesan más que las estratégicas. Esa miopía puede llevar a un conflicto, pero no es inevitable.

Sociedad envejecida
«Los sistemas de pensiones se pensaron hace 80 años. El modelo no se adapta a la realidad de que vivimos 20 años más. Este es el tipo de problemas que acaban con un imperio»

¿Qué episodio histórico le recuerda más al pulso entre Washington y Pekín?
El enfrentamiento entre Persia y el Imperio romano de Oriente en los siglos VI y VII. Durante más de un siglo ambas potencias cooperaron, evitaron guerras por puro pragmatismo. Luego, por razones políticas, decidieron hacer justo lo contrario: pelear por todo. Resultado: medio siglo de guerra total que destruyó a ambos. De ese desastre solo sobrevivió una cuarta parte del Imperio Bizantino. Es un ejemplo escalofriante de cómo las decisiones erróneas pueden convertir tensiones manejables en catástrofes. Por eso me preocupa que Estados Unidos y China opten algún día por hacer algo realmente estúpido.
¿Qué enseña la caída del imperio soviético?
Que los sistemas imperiales también se derrumban por la comparación con el exterior. La URSS cayó porque Gorbachov perdió la fe en la viabilidad del sistema al ver cómo Occidente prosperaba. Las sociedades satélite —Alemania Oriental, Hungría, Checoslovaquia— podían ver la diferencia con sus propios ojos. Era insostenible. Putin, en cambio, ha apostado por la fuerza bruta. Pero su guerra en Ucrania demuestra que ese modelo está agotado. La presión interna dentro de Rusia es enorme, aunque la propaganda diga lo contrario. Es el viejo reflejo imperial: negar la realidad hasta que te aplasta.
Usted insiste en la contingencia: que nada es inevitable hasta que ocurre. ¿Puede aplicarse eso a Estados Unidos?
Por supuesto. La historia no avanza por fatalidad, sino por decisiones. Lo más difícil de escribir historia es entender qué opciones reales existían. Siempre hay alternativas. Que algo haya pasado no significa que no pudiera haber sido de otra manera. En política ocurre igual: hay que distinguir entre lo deseable y lo posible. La historia no es destino. Los imperios no caen porque ‘tengan que caer’, sino porque sus líderes toman decisiones concretas que los llevan al colapso.
Trabajó en el Tesoro británico. ¿Estamos ante el fin de la globalización?
No, lo que estamos viendo es una recolocación. Las placas tectónicas de la economía mundial ya se movieron. No hay vuelta atrás. Lo que sí ha ocurrido es que la globalización benefició sobre todo a una parte de la sociedad —las élites urbanas y financieras— mientras la clase trabajadora industrial se empobrecía. Ese desequilibrio explica fenómenos como Trump o el Brexit. Los imperios económicos también se resquebrajan cuando una parte de su población deja de creer en las promesas del sistema. Todo sistema imperial acaba generando desigualdad entre su núcleo y su periferia. Y cuando la periferia se siente traicionada, el sistema se tambalea.
¿Necesitamos más economistas o más políticos?
Necesitamos economistas que entiendan de historia. No basta con mirar el PIB: hay que ver cómo se distribuye. Y necesitamos políticos capaces de pensar más allá del próximo ciclo electoral. En Europa, el gran problema será el envejecimiento de la población. Los sistemas de pensiones de nuestro estado del bienestar se concibieron en los años cuarenta, cuando la esperanza de vida apenas superaba la jubilación en tres o cuatro años. Hoy los ciudadanos viven veinte años más y requieren atención sanitaria durante todo ese tiempo. El modelo fiscal no se ha adaptado a esa realidad. Es un ejemplo claro de cómo los sistemas políticos pueden volverse prisioneros de sus propias conquistas: la longevidad, que es un éxito social, se convierte en un desafío fiscal. Nos estamos endeudando para mantener un sistema que ya no encaja con la demografía actual. Ningún político quiere decirlo, pero es la verdad incómoda de nuestras democracias maduras. Este es el tipo de problema que puede desestabilizar incluso a un imperio moderno.
¿Sigue habiendo un vínculo entre economía y poder imperial?
Por supuesto. Todo imperio es, en el fondo, un sistema de distribución de recursos: decide quién se beneficia del intercambio y quién queda fuera. Roma no era solo un aparato militar, sino un mecanismo de redistribución. Cuando esa redistribución se desequilibra —cuando demasiados pierden mientras unos pocos ganan—, el consenso se rompe. Lo mismo ocurre hoy con el capitalismo global. Los desequilibrios económicos son los nuevos ‘bárbaros’ que presionan las fronteras del sistema.
En tiempos de posverdad, ¿qué papel le queda a la historia?
La historia debe mantener el rigor de los hechos sin renunciar a la pluralidad de perspectivas. No todo es relativo: hay verdades verificables —el Tylenol no causa autismo, por ejemplo—, pero también hay verdades de experiencia. El mismo acontecimiento puede vivirse de formas opuestas por distintos grupos. La tarea del historiador es integrar esas voces en una narrativa común sin diluir la precisión factual. Defender la verdad no significa imponer una sola versión, sino reconocer la complejidad de la realidad.
Muchos analistas hablan hoy de un ‘siglo multipolar’. ¿Cree que los imperios pueden sobrevivir en un mundo donde el poder está cada vez más disperso?
Creo que el término ‘multipolaridad’ describe bien el momento actual, pero no creo que sea nuevo. Roma también vivió fases multipolares, igual que las potencias europeas del siglo XIX o la Guerra Fría en el XX. La cuestión no es si hay varios polos, sino si esos polos son capaces de aceptar que ya no pueden imponer unilateralmente sus reglas. Los imperios pueden sobrevivir en un mundo multipolar, pero solo si renuncian a la fantasía de control absoluto. La hegemonía del siglo XX no volverá. Lo que sí puede existir es una capacidad de liderazgo: coordinar, influir, marcar normas. Estados Unidos podría seguir siendo una potencia dominante, pero no será la única. La multipolaridad no destruye imperios por sí misma; lo que los destruye es su incapacidad para adaptarse a ella. En ese sentido, el mayor peligro para un imperio es seguir creyéndose imprescindible cuando el mundo ya ha cambiado a su alrededor.

«Calificar a Khashoggi de controvertido no justifica asesinarlo ni descuartizarlo»

Han pasado siete años desde que Jamal Khashoggi entró en el consulado saudí de Estambul y nunca volvió a salir. Siete años en los que su viuda, Hanan Elatr Khashoggi, ha vivido, como ella misma dice, un infierno. Durante la reciente visita del heredero saudí Mohamed bin Salman a Washington … , mientras el Príncipe heredero recibía honores en la Casa Blanca y Donald Trump descartaba en público las conclusiones de la Inteligencia estadounidense sobre la autoría del asesinato, ella decidió plantarse frente al Capitolio para exigir algo tan básico como la verdad.
Nacida en Egipto, residente durante décadas en Dubái y hoy asilada en Estados Unidos, ha pasado por detenciones, vigilancia, arresto domiciliario y una campaña transnacional de persecución. Es la mujer que compartió con Khashoggi su exilio, su defensa de los derechos humanos en su Arabia Saudí natal y su enfrentamiento silencioso con los aparatos de seguridad de su país. Y es también quien, en estos días, ha pedido la publicación íntegra de una llamada que Trump mantuvo con Bin Salman justo tras el asesinato, una conversación que un diputado que la ha leído califica de «perturbadora».
Hanan Elatr relata a ABC qué le duele del discurso oficial de Trump, qué espera de Estados Unidos y por qué insiste en que revelar el contenido de esa llamada es indispensable para que, al fin, haya una mínima forma de justicia.

-¿Hay procesos abiertos o cualquier iniciativa relacionada con el asesinato de su marido, tanto en Estados Unidos como en el extranjero?
-No existe ninguna investigación activa. No hay ningún proceso en marcha que muestre al mundo que se está haciendo justicia por Jamal Khashoggi o por mí. Estoy intentando mover mi propio caso, con ayuda de mi familia, en varios países. En Estados Unidos tengo muchos registros y elementos documentales, y confío en la Justicia americana, pero por coincidencias legales no ha funcionado en mi caso. Por eso estoy centrada ahora en Europa y Canadá. Estuve 22 años como tripulante de cabina en Emirates y Etihad, y durante ese tiempo aterricé en muchos países en los que ya estaba siendo vigilada. Eso me da derecho a presentar casos en esas jurisdicciones, que es exactamente lo que estoy haciendo. Ahora mismo estoy preparando acciones legales en Francia y el Reino Unido, y buscando abogados en Turquía y Canadá, donde también quiero presentar denuncias. Turquía bloqueó mi vía legal en su momento. Intimidaron a cualquier abogado que quisiera representar a Jamal. Yo sigo intentándolo.

Elatr reclama la desclasificación de una llamada entre Trump y Bin Salman

ABC

-Si estos países confirman que usted fue espiada ilegalmente, ¿qué podrían aportar sus sistemas judiciales?
-Tenemos pruebas concluyentes. Citizen Lab confirmó que estaba bajo vigilancia desde 2017, mucho antes del asesinato de Jamal, porque yo era la persona más cercana a él. En cuanto a los países, sus leyes son distintas a las estadounidenses: algunos permiten investigar y juzgar hechos ocurridos hace más de diez años. En Turquía, al tratarse del lugar del asesinato, debería haber margen legal, pero depende de encontrar un abogado que se atreva a asumir el caso. Estoy estudiando también Canadá y Noruega.
-Para dejarlo claro: ¿ya ha iniciado procesos en Francia y el Reino Unido?
-Sí. En Francia y el Reino Unido ya estoy en marcha. En Turquía, Canadá y Noruega sigo buscando abogados dispuestos a llevar el caso.
-Citizen Lab confirmó que usted fue vigilada…
-Absolutamente. Es definitivo. Dijeron que yo estaba siendo espiada desde 2017, y que esa vigilancia se utilizó para seguir a Jamal. Yo era la vía de acceso a él.
-¿Cómo vivió personalmente la visita de Mohamed bin Salman a Donald Trump la semana pasada?
-Primero, me dolió no tener a Jamal aquí. Él no tenía nada contra el Príncipe heredero ni contra el Reino. Pero decidieron arrebatarle la vida. Me decepcionó cómo describieron a mi marido en el Despacho Oval. Lo calificaron de «controvertido» o «no querido». Eso no refleja quién era Jamal, y tampoco justifica secuestrarlo, torturarlo, matarlo y descuartizarlo. Es un acto terrorista. También sentí alivio al ver que su nombre volvía a aparecer en todo el mundo. Han intentado enterrar su caso, pero no lo han conseguido. Su legado sigue vivo, y yo estoy aquí para mantenerlo. Me emocionó ver a periodistas como usted, como Mary Bruce [de la cadena de televisión estadounidense ABC News] y otros, intentando que su nombre no desaparezca. Les estoy agradecida.
-A pesar de la confusión de ese día, ¿tiene la sensación de que el foco mundial volvió a situarse sobre Jamal?
-Sí. Completamente. Aunque lo ocurrido en la Casa Blanca fue doloroso, lo que quedó al final fue su nombre. Lo vi en todo el mundo. Intentaron silenciarle, pero salió al revés. La gente recordó quién era y se indignó por cómo lo describieron. Fue un error grave del presidente. Ningún periodista independiente ha dicho jamás que Jamal fuera «controvertido» o «no querido».
-¿Cree que los medios siguen haciendo su trabajo en este caso?
-Sí. En la última semana he visto un respaldo enorme a Jamal, y me ha hecho sentir orgullosa. Es lo que yo temía perder: que se olvidara su sacrificio. Para mí ha sido muy importante ver que periodistas de muchos países siguen hablando de él.
-¿Cree que aún quedan cosas por conocer? ¿Hay elementos que la prensa debería seguir investigando?
-Sí. Y pido apoyo para el diputado Eugene Vindman. Él conoce el contenido de la llamada entre el presidente Trump y el Príncipe heredero en 2019. Necesitamos que se haga pública. La transcripción es esencial, también para mis casos en el extranjero. Como ocurrió con los documentos del caso Epstein, la presión periodística puede obligar a una desclasificación. Esa conversación debe conocerse.
-¿Vindman ha podido compartir algún detalle con usted?
-No. Es información clasificada. No podía hacerlo. En la rueda de prensa tampoco reveló el contenido. Por eso pedimos que la Casa Blanca desclasifique y publique la transcripción. No vemos qué puede haber en ella que requiera secreto por razones de seguridad nacional.
-¿Ha notado usted una ofensiva mediática para frenar o silenciar el caso de Jamal?
-Por supuesto. Le pondré un ejemplo: en las negociaciones del Acuerdo de Abraham impulsado por Kushner, una de las primeras exigencias saudíes fue que Estados Unidos dejara de hablar de Jamal Khashoggi. Que su caso no se mencionara. Arabia Saudí ha intentado enterrarlo usando herramientas muy poderosas: dinero, medios afines, patrocinio cultural, deportes, figuras públicas. Pero no han tomado ninguna medida real para rectificar el crimen. El Príncipe heredero dijo en televisión que asumía la responsabilidad, pero no ha hecho nada. No me ha pedido perdón. No me ha compensado por la destrucción de mi vida. No ha liberado a los presos de conciencia, salvo un caso reciente porque tenía pasaporte estadounidense. Mi propio abogado en Arabia Saudí está desaparecido desde hace tres años por representarme. Nada de esto es una rectificación.
-¿Qué sería suficiente para usted?
-Una disculpa oficial. Una compensación justa. La liberación de presos de opinión. Y algo más: tolerancia. Escuchar otras voces. Y dejar de perseguir a quienes intentan ayudarme. Eso demostraría un cambio real. Nada de eso ha ocurrido.
-Muchos siguen preguntándose por qué hicieron esto a su marido. ¿Por qué cree usted que lo eligieron a él?
-No lo sé. Me lo pregunto cada día. Jamal estaba dispuesto a volver al país si le garantizaban seguridad. Lo habló muchas veces conmigo. Creo que el entorno del Príncipe heredero -no necesariamente él- le transmitió información falsa. Intereses, celos, intolerancia. Estoy convencida de que el Príncipe nunca leyó realmente los artículos de Jamal. En una entrevista hace dos años dijo que no había leído nunca una columna suya. Y le creo. Si hubiera leído lo que escribía, si hubiera entendido su visión, le habría invitado a hablar. Jamal quería un futuro mejor para su país. Fue eliminado por personas que no toleraban una opinión distinta.

Evacúan la sede de France Télévisions tras recibir una amenaza de bomba

Los trabajadores de France Télevisions han sido evacuados este sábado por la tarde de la sede de los estudios, en el distrito 15 de París, tras recibir una alerta de bomba en torno a las 17.30 horas, según ha informado el propio … medio galo a través de su página web. Los empleados han podido regresar a sus puestos pasadas las siete.
«La Policía y una unidad canina se encuentran en el lugar para investigar», ha informado la radio ‘Franceinfo’ (emisora de pública perteneciente al grupo) en su sitio web. Mientras se realizan las comprobaciones, la transmisión y el servicio a través de la página se ha interrumpido.

Una persona ha contactado con una comisaría en torno a las 17.30 para anunciar su intención de volar las instalaciones del grupo de radiodifusión pública, según ha informado una fuente policial a France Télévisions.

A continuación, los agentes han establecido un perímetro de seguridad alrededor del lugar, pero no han encontrado personas sospechosas en el lugar, según la fuente. Además, la estación de Pont du Garigliano, ubicada cerca del edificio, ha suspendido la circulación de trenes de cercanías a petición de la prefectura.

Protestas en Alemania contra la refundación de la rama juvenil del partido de derecha radical AfD

La Policía alemana ha tenido que intervenir este sábado durante el congreso inaugural en la ciudad de Giessen de la nueva sección juvenil del partido de derecha radical Alternativa para Alemania (AfD), una organización designada para reemplazar a un grupo previo que tuvo que … disolverse después de que las autoridades del país la declararan como una organización extremista.
De momento, el hospital universitario de la ciudad de Giessen ha tenido que tratar a varios heridos, mientras que una decena de agentes de Policía también ha recibido atención médica.

La nueva organización, bajo el nombre Generación Alemania, ha inaugurado su existencia este sábado en un congreso rodeado de manifestantes que consideran a la formación como una repetición del pasado, con el añadido de que operará más próxima al partido base.

Alternativa Joven, su versión previa, funcionaba con relativa independencia, dado que sus miembros no tenían por qué estar afiliados al partido principal, la máxima expresión de la derecha radical en el país. Sin embargo, Generación Alemania quiere emerger como una organización más controlada: solo quienes ya son miembros de la AfD pueden unirse. Por lo tanto, las infracciones de las normas o la mala conducta pueden ser sancionadas, incluso con la expulsión.

Bélgica se resiste a desbloquear los fondos rusos para Ucrania

Si la Comisión Europea y el resto de países de la UE pensaban que era cuestión de tiempo hasta que Bélgica aceptase liberar las reservas rusas congeladas por las sanciones al régimen de Moscú, la realidad está llevando las cosas en otra dirección. … El primer ministro belga, Bart de Wever, volvió a señalar el jueves que no podía aceptar que esos 140.000 millones de euros de fondos rusos que permanecen en una entidad (‘Euroclear’) domiciliada en Bruselas puedan ser utilizados como garantía para un crédito destinado a financiar a Ucrania por temor a las posibles consecuencias legales.
Otros países que apoyan a la Comisión para usar este dinero, como una especie de «adelanto» sobre las futuras indemnizaciones que se supone que Rusia deberá pagar cuando termine la guerra, están presionando a Bélgica y acusan al Gobierno de Bruselas de actuar por conveniencia, para no perder así ingresos de hasta 1.700 millones de euros en impuesto de sociedades que recauda por mantener esos fondos.
Hasta ahora, la UE recauda los intereses que generan esos fondos (después de que Bélgica cobre los impuestos) y entrega ese dinero a Ucrania. Después de tres años de guerra, las finanzas de Kiev se encuentran prácticamente en quiebra y la UE se ha comprometido a sostener al Gobierno de Volodímir Zelenski.

En el Consejo Europeo de octubre se esperaba que los jefes de Estado o de Gobierno hubieran aprobado el plan para utilizar los fondos congelados como financiación para mantener a flote a Ucrania, pero las objeciones del Gobierno belga lo impidieron. A cambio, el Consejo Europeo dejó claro entonces que la UE se comprometía a sostener financieramente a Kiev los próximos dos años y le pidió a la Comisión que prepare una fórmula para poder usar esos fondos, de modo que la entrega se pueda aprobar en la próxima reunión prevista para el 18 de diciembre.

De Wever advierte de que «avanzar precipitadamente con ese plan podría dar lugar a que el acuerdo de paz sea imposible»

En las últimas semanas, Ursula von der Leyen ha estado haciendo gestiones para tratar de convencer al primer ministro belga. Bart De Wever. Pero este le respondió el jueves a través de una carta en la que le decía que, además de que Bélgica corre el riesgo de tener que pagar una multa astronómica, «avanzar precipitadamente con el plan propuesto de préstamos para reparaciones tendría como consecuencia, como daño colateral, que nosotros, como UE, estaríamos impidiendo efectivamente alcanzar un posible acuerdo de paz».
De hecho, la Administración Trump también se ha mostrado interesada en esos fondos. En el borrador del plan de paz de 28 puntos se contemplaba usar una parte para financiar la reconstrucción de Ucrania tras el eventual fin de la guerra y la creación de uno o más «vehículos de inversión» liderados por Washington. Incluso se especula con que preveía que EE. UU. obtendría parte de los beneficios de esas inversiones.
La guerra sigue, como demuestra el último ataque con misiles y drones contra Kiev que causó al menos dos muertos en la madrugada del sábado. Por ahora, la Comisión mantiene formalmente que la idea de usar los fondos congelados sigue siendo la prioridad número uno, pero también ha introducido la variante de una emisión de deuda colectiva europea, lo que tiene el inconveniente de que necesitaría la unanimidad y probablemente un proceso complejo de ratificaciones nacionales, por no hablar de la alergia que mantienen muchos gobiernos a la idea de mutualizar deuda europea. La tercera posibilidad serían los préstamos nacionales directos.
Muchos países van a intentar aumentar la presión sobre Bélgica, sobre todo poniendo en duda su compromiso real con los ucranianos. Así lo han hecho diplomáticos europeos en ‘Politico’: «Ante esta exasperante lentitud, cabe preguntarse si realmente se ha comprendido que lo que está en juego es la seguridad de Europa».