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TECNOLOGÍA

Crean unas lentillas inteligentes para tratar la depresión con estímulos eléctricos a través del ojo

Un grupo de científicos de Corea del Sur ha diseñado unas lentillas inteligentes que pueden enviar señales eléctricas a través de la retina hasta las regiones cerebrales para mejorar el estado de ánimo.Dicha innovación, difundida por un artículo publicado en el diario The Conversation, se basa en la idea de una lente de contacto que puede ayudar a tratar la depresión al estimular el cerebro a través del ojo. Además, a diferencia de otras lentillas que monitorizan algunas afecciones oculares o controlan los niveles de glucosa, este dispositivo pretende utilizar el ojo como vía de acceso al cerebro. Pero, ¿cómo es posible?Acorde a la información compartida, estas lentillas tienen diminutos electrodos que mandan señales eléctricas suaves a través de la retina, de esta manera, al emplear la técnica conocida como interferencia temporal, emiten dos frecuencias eléctricas ligeramente diferentes simultáneamente. Además, al estar diseñadas las señales para que no solo se activen por completo en los puntos donde se pueden superponer, los investigadores son capaces de dirigirse a regiones cerebrales específicas relacionadas con la regulación del estado de ánimo.Según The Conversation, «en teoría, este método podría estimular circuitos cerebrales relacionados con la depresión». No obstante, por ahora, la iniciativa aún se encuentra en una fase temprana porque todavía no se ha probado en personas, sino en ratones de laboratorio.Ya se han hecho las primeras pruebas con ratonesLas primeras pruebas se hicieron con ratones, a los que se les inyectó una hormona del estrés para inducir un comportamiento similar a la depresión.Por ahora, los investigadores reconocen que esto no refleja la depresión humana y que dicha tecnología presenta «desafíos prácticos», ya que las lentillas inteligentes requieren un ajuste preciso para no dañar la córnea y reducir cualquier riesgo de infección. Además, si bien es cierto que la fabricación de lentes es costosa, los investigadores reconocen que dicho proyecto aún no es comercialmente viable a gran escala.También, cabe mencionar que la depresión en sí misma es complicada de tratar en animales de laboratorio, por lo tanto, los resultados de este pequeño experimento todavía están lejos de traducirse en un tratamiento viable para seres humanos. Aun así, la idea de tratar la depresión con lentillas inteligentes es muy interesante, y este primer estudio aporta una nueva vía creativa en la búsqueda de tratamientos innovadores para la depresión.

Trazzi, el joven que lidera la rebelión contra la IA: «Queremos tener el control de nuestras vidas»

El pasado 5 de septiembre, el exinvestigador de seguridad Michael Trazzi se plantó en el barrio londinense de King’s Cross armado con una silla y una pizarra. El joven de 30 años caminó por la acera hasta llegar al número 6 de Pancras Square, … donde se encuentra la sede de Google DeepMind, uno de los laboratorios de IA más avanzados del mundo. Cuando estuvo delante de la fachada acristalada del edificio, colocó el asiento, sacó una tiza y escribió en el encerado el siguiente mensaje: «Huelga de hambre. Día 1. DeepMind, para la carrera de la IA».
Trazzi aguantó siete días antes de retirarse por razones de salud, pero no lo hizo de vacío. Cree que una carta suya influyó en que, en enero, el CEO de DeepMind, Demis Hassabis, afirmase que apoyaría una pausa coordinada en el desarrollo de la IA si el resto de compañías se comprometían a hacer lo mismo. Algo que no parece probable, y el francés lo sabe. Por eso creó Stop the AI Race, plataforma que organiza manifestaciones para frenar la carrera de la inteligencia artificial. El pasado marzo lograron congregar a doscientas personas frente a las sedes de Anthropic, OpenAI y xAI en San Francisco. Tienen prevista otra para el 11 de julio en la que Trazzi espera conseguir que más gente se una al movimiento. Percibe que el enfado de la sociedad va en aumento.

«Los que acaban la universidad y están a punto de empezar sus carreras profesionales están cada vez más preocupados por no encontrar trabajo. Temen que la IA se vuelva más inteligente hasta llegar a ser capaz de hacer todo lo que ellos pueden hacer. Creo que cada vez miran al futuro con más incertidumbre y no tienen claro cómo van a poder ganarse la vida», explica a ABC el activista. Sostiene que «hay muchas preocupaciones alrededor de la IA» que van más allá de los riesgos existenciales, sobre los que no hay consenso: «Los multimillonarios de Silicon Valley están acumulando cada vez más poder. Queremos mantener el control de nuestras vidas y nuestra libertad».

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La preocupación por la IA no es solo cosa de activistas. Se espera que su desarrollo afecte a toda la sociedad como ningún otro cambio tecnológico del pasado. Por eso tiene sentido que la primera encíclica del Papa León XIV, que será presentada este mismo lunes, gire en torno a la dignidad humana en este nuevo mundo de los algoritmos. Durante los últimos meses, el Pontífice ha avisado del fuerte impacto que la tecnología puede tener para el pensamiento crítico, la justicia social y el empleo. Sobre todo entre esos jóvenes que cada vez miran al futuro con más desasosiego.
Según un estudio publicado por Gallup el mes pasado, solo el 22% de los chicos de entre 14 y 29 años se siente esperanzado por la IA, catorce puntos menos que en 2025. Mientras tanto, el 31% afirma que le hace sentir enfado -nueve puntos más que hace un año- y el 44% que le provoca ansiedad. «Es algo que ya se empieza a observar entre los estudiantes», dice Javier García Manglano, sociólogo e investigador en la Universidad de Navarra: «Muchos celebraron, quizá de forma inconsciente, la llegada de la IA, porque sentían que les hacía más eficientes. Ahora hay inquietud. ¿Si la IA ya hace muchas cosas mejor que yo, por qué me van a contratar a mí?». Y lo cierto es que las empresas ya están recortando ofertas por esta razón.
Un informe elaborado por InfoJobs y Esade recoge que en España las vacantes vinculadas a las nuevas tecnologías que no requieren experiencia sufrieron una caída del 41% en 2025. Otro, en este caso del World Economic Forum, apunta que, en términos generales, el 40% de los empresarios espera reducir el número de trabajadores en todos aquellos departamentos donde la IA lo permita.

Enriquecimiento, pero de unos pocos

En los últimos días se han viralizado varios vídeos en los que se ve a universitarios abucheando a ponentes que hacen referencia a la inteligencia artificial. El caso más sonado tuvo lugar en la Universidad de Arizona. El protagonista: el exdirector ejecutivo de Google Eric Schmidt.
«El pasado diciembre, ‘Time’ seleccionó a su persona del año para 2025. Y esta vez, fueron los arquitectos de la inteligencia artificial», señaló el empresario al inicio del discurso. Tras frenar un momento por las protestas del público, reconoció que entendía su miedo y quizá para rebajar un poco la tensión, cerró afirmando que «el futuro no está escrito»: «Las personas que lo construirán serán ustedes». Pero otros expertos no lo tienen tan claro.

El 40% de los empresarios espera reducir el número de trabajadores en donde la IA lo permita

«Si cada vez menos jóvenes encuentran opciones para acceder al mercado laboral, encontrar expertos en determinados campos puede volverse muy complicado. Se va a dar una pérdida de talento generacional, porque muchos dejarán de formarse, y los que lo hagan probablemente ganarán menos dinero», dice Miguel Lucas, director global de innovación en Llorente y Cuenca.
El directivo añade que «mientras vemos cómo se pierde acceso al empleo, y cómo la sociedad tiene que hacer frente a la bajada de la calidad en el contenido digital o a los elevados costes de electricidad y agua que requiere la IA, la riqueza se está concentrando en manos de unos pocos». Y los informes le dan la razón. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Stanford, la inversión en inteligencia artificial se disparó todavía más durante 2025. Sin embargo, los beneficios «no se están distribuyendo de forma equitativa». Además, el desarrollo de los sistemas más avanzados «está muy concentrado en un pequeño grupo de empresas» cuya reputación está cada vez más dañada.
El mejor ejemplo: el reciente enfrentamiento judicial entre Sam Altman y Elon Musk por el control de OpenAI. Durante su desarrollo, las luchas de poder dentro del seno de la empresa de ChatGPT quedaron al descubierto y su CEO fue catalogado por algunos de sus antiguos colaboradores como alguien poco transparente con tendencia a mentir. El proceso también evidenció que el afán de lucro está desplazando las preocupaciones relacionadas con la seguridad. Todo ello mientras, día tras día, decenas de personas protestaban contra los ejecutivos a las puertas del tribunal.

Qué es Gemini for Science: así es la nueva IA de Google que quiere acelerar la investigación científica

Google quiere que Gemini sea más que un simple chatbot para generar imágenes y responder preguntas, ya que, durante el evento Google I/O de este año, anunció la idea de acompañar al usuario en cada momento del día. Pero más allá de estar presente a la hora de adaptarse a las necesidades de las personas, la compañía de Mountain View también miró hacia la ciencia para impulsar herramientas que aceleren la investigación.Google cree que «la era de descubrimientos que está por venir no partirá de modelos limitados y especializados, sino de agentes generales que ayuden a los investigadores de todos los campos de la ciencia», por ello, gracias a Gemini for Science pueden aumentar la exploración científica y mejorar su precisión.Qué es Gemini for ScienceSegún informa la compañía de Mountain View en su página oficial, dicha novedad es un conjunto de herramientas basadas en la ciencia de la IA con agentes, cuyo objetivo consiste en simplificar el trabajo manual que hay detrás del descubrimiento y la formulación de hipótesis. Además, con Gemini for Science, la IA pretende potenciar el trabajo científico ocupándose de tareas complejas, de esta manera, los investigadores pueden centrarse en identificar y abordar los problemas de mayor impacto, y avanzar en las direcciones que supongan un mayor progreso.»Al explorar juntos el futuro de la investigación con agentes, estamos trabajando por un futuro en el que la IA acelere los avances científicos y ayude a resolver los problemas más acuciantes de nuestra sociedad», indica Google.Los pilares que sostienen a Gemini for ScienceGemini for Science se sostiene sobre tres grandes pilares experimentales creados por Google Labs. Estos son los prototipos iniciales diseñados para abordar las tareas científicas:Hypothesis Generation: Desarrollado con el agente Co-Scientist de Google DeepMind, Hypothesis Generation colabora con los investigadores para definir un reto de investigación y crear un «torneo de ideas» multiagente para generar, debatir y evaluar hipótesis. Además, toda la información la verifica en profundidad y la acompaña de citas enlazadas para garantizar rigor.Computational Discovery: Impulsado con los sistemas AlphaEvolve y Empirical Research Assistance, Computational Discovery es un motor de investigación que permite a los científicos probar enfoques de modelación innovadores.Literature Insights: Creado con la herramienta Google NotebookLM, Literature Insights examina las publicaciones previas y estructura los resultados en tablas con atributos personalizados que permiten realizar búsquedas, comparaciones y análisis. Asimismo, ayuda a sintetizar los resultados de publicaciones, identificar líneas de investigación inexploradas y descubrir áreas de oportunidad.Google informa que han empezado a habilitar el acceso a estos experimentos de manera gradual a través de Google Labs. Además, como parte de Gemini for Science, ha lanzado ‘Science Skills’ para integrar información de más de 30 grandes bases de datos y herramientas de ciencias biológicas.

Fitbit Air es la pulsera de Google para quienes quieren datos, pero no otra pantalla más en su vida

Durante años, los wearables han seguido una dirección bastante previsible: más pantalla, más brillo, más aplicaciones, más notificaciones y más funciones heredadas del móvil. Cada nuevo reloj inteligente parecía obligado a hacer un poco más que el anterior. Medir mejor, sí, pero también permitir contestar mensajes, mirar llamadas, consultar mapas, pagar, abrir apps, recibir alertas y convertir la muñeca en otra pequeña bandeja de entrada.La nueva Google Fitbit Air va justo en sentido contrario. No tiene pantalla, no pretende sustituir al móvil y tampoco busca competir con un smartwatch lleno de funciones. Su propuesta es bastante más simple, pero también más interesante de lo que parece: registrar datos de salud, descanso y actividad física sin reclamar atención constantemente.Sobre el papel, es una pulsera mínima, ligera y pensada para llevarse todo el día. Google la vende en España por 99,99 euros, con tres meses de prueba de Google Health Premium, y promete seguimiento cómodo las 24 horas, sensores avanzados y hasta una semana de batería. También la conecta con el nuevo Google Health entrenador, diseñado con Gemini y disponible a partir del 26 de mayo.La duda en cuestión, por tanto, no es solo qué mide. La pregunta interesante es otra: ¿tiene sentido lanzar en 2026 una pulsera sin pantalla? Y la respuesta quizá sea que sí. Precisamente ahora.Los wearables ya son masivosFitbit Air no llega a un mercado vacío. Los dispositivos ‘ponibles’ forman parte de la rutina diaria de millones de personas. IDC calcula que en 2025 se enviaron 611,5 millones de wearables en todo el mundo, un 9,1 % más que el año anterior. Es decir, no hablamos de una categoría de nicho, sino de un mercado enorme y todavía en crecimiento.En España, el dato también es significativo. Según el INE, el 37,4% de la población de 16 a 74 años utiliza “reloj inteligente, pulsera de fitness, etc.” por diferentes motivos. El mismo bloque estadístico sitúa en el 11,6 % el uso de dispositivos conectados para la salud, como controlar presión arterial, nivel de azúcar en sangre o peso.Esto deja una lectura clara: hay una base de usuarios acostumbrada a llevar tecnología en la muñeca, pero no necesariamente todos buscan lo mismo. Algunos quieren un reloj casi completo. Otros solo quieren métricas. Y otros, quizá cada vez más, quieren datos sin tener que mirar otra pantalla. Ahí es donde Fitbit Air puede encontrar su hueco.No inventa el wearable invisible, pero lo lleva a una zona más popularConviene no comprar el relato de la novedad absoluta. La idea de un dispositivo discreto, sin pantalla y centrado en salud, sueño y recuperación no nace con Fitbit Air. Los anillos inteligentes llevan tiempo trabajando justo esa filosofía: desaparecer del día a día, medir en segundo plano y dejar la interpretación para después.De hecho, el mercado de los smart rings está creciendo con fuerza, aunque todavía parte de cifras mucho más pequeñas. Omdia estima que los envíos globales de anillos inteligentes superaron las 850.000 unidades en 2023, subieron a 1,8 millones en 2024 y podrían situarse ligeramente por encima de los 4 millones en 2025.La diferencia es que Google no propone un anillo. Propone volver a la muñeca, pero quitando casi todo lo que ha convertido a muchos wearables en una extensión del teléfono. Fitbit Air no es un reloj recortado, o al menos no debería entenderse así. Es más bien una pulsera que adopta parte del atractivo de los smart rings —discreción, seguimiento continuo, ausencia de pantalla— y lo lleva a un formato más reconocible, más barato y probablemente menos exigente para el usuario medio.Entrenar sin que te persigan las notificacionesAquí está, para mí, una de las ideas más potentes del producto. Fitbit Air no solo mide: también te deja en paz. Si estás harto de que tu jefe, tu pareja, tu madre o el grupo de WhatsApp del colegio te saquen de la concentración mientras entrenas, una pulsera sin pantalla empieza a tener bastante sentido. No sirve para contestar mensajes, no muestra llamadas, no invita a revisar alertas y no convierte cada vibración en una interrupción pendiente de interpretar. Y eso, que podría parecer una carencia, puede ser su mayor virtud.Hay gente que no quiere estar pendiente de una pantalla mientras hace ejercicio. No quiere mirar el ritmo cada veinte segundos. No quiere saber si ha llegado un correo. No quiere leer una notificación mientras está corriendo, haciendo fuerza, caminando o intentando desconectar un rato mientras baila. Yo soy esa gente. Y me seduce la idea de que el dispositivo registre lo que tenga que registrar y que, después, en casa o al final del día, pueda ver cómo estoy evolucionando.En ese sentido, Fitbit Air recupera algo del espíritu de las clásicas bandas de pecho de los corredores: medir durante el esfuerzo, desaparecer mientras entrenas y dejar los datos para cuando toca analizarlos. Técnicamente no es lo mismo, y habrá que ver hasta qué punto sus sensores están a la altura en entrenamientos intensos, pero la lógica de uso se parece más a eso que a la de un smartwatch lleno de estímulos.La idea encaja especialmente bien si miramos cómo se practica deporte en España. Según la Encuesta de Hábitos Deportivos 2024/25 del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y el CSD, el 62,7 % de la población española practicó deporte durante el último año, ya fuera de forma periódica u ocasional. Entre quienes lo hacen, el 25,5 % practica a diario y el 53,9 %, al menos una vez por semana.Pero no todo es running competitivo de alto rendimiento ni entrenamiento obsesivo por zonas. Muchas personas van al gimnasio, hacen fuerza, caminan, practican pilates, salen en bici o simplemente intentan moverse más, y para ellas la pantalla no siempre aporta. A veces incluso estorba. Lo importante no es recibir información constante en mitad de la actividad, sino tener una lectura útil después: si se ha dormido mejor, si se está recuperando peor, si conviene bajar el ritmo o si la tendencia general va en la dirección adecuada.Controlar el sueño sin molestarte al dormirEl otro gran argumento de Fitbit Air no está en el gimnasio, sino en la cama. Una pulsera sin pantalla, pequeña y ligera tiene mucho sentido si la idea es llevarla también mientras dormimos. Google habla de seguimiento del descanso, fases del sueño, frecuencia cardiaca, oxígeno en sangre y recomendaciones a través de Google Health.Y aquí los datos vuelven a acompañar. La Sociedad Española de Neurología señaló en marzo de 2026 que el 56 % de la población adulta española no duerme el número de horas recomendadas y que más del 50 % no tiene un sueño reparador.Esto explica por qué tantos wearables han desplazado parte de su discurso desde el deporte hacia el descanso. Ya no se trata solo de contar pasos o registrar entrenamientos, cada vez interesa más saber si dormimos suficiente, si recuperamos bien, si el estrés se acumula o si el cuerpo está pidiendo bajar el ritmo.De la misma manera que creo que aquí encaja bien un anillo por su tamaño (dormir con un smartwatch grande no siempre es cómodo o no lo es para todo el mundo), pienso que puede ser una razón para valorar su compra. Otra cosa será que los datos sean precisos y que las recomendaciones sean útiles, pero la premisa encaja.El verdadero producto no es solo la pulsera: es Google HealthFitbit Air cuesta 99,99 euros, pero su promesa más ambiciosa vive dentro de Google Health Premium, que en España aparece desde 8,99 euros. Google lo presenta como una suscripción con asesoramiento sobre actividad física, sueño y salud, con un entrenador personal diseñado con Gemini.Ese detalle es clave. Fitbit Air puede parecer poca cosa si se mira solo como hardware: una pulsera sin pantalla, con sensores y batería de una semana. Lo que puede convertirla en algo más interesante es el software. Es decir, que Google Health no solo enseñe gráficos, sino que detecte tendencias, haga recomendaciones sensatas, adapte planes de entrenamiento y ayude a entender el descanso de una forma que no suene a plantilla genérica.Si el Coach de Google Health funciona bien, Fitbit Air puede convertirse en una puerta de entrada barata al seguimiento personal basado en IA. Si se queda en consejos obvios, el producto corre el riesgo de parecer una pulsera básica con una narrativa muy bien empaquetada.

¿Por qué las empresas siguen sin confiar en la IA?

Hay una gran contradicción con la inteligencia artificial, a pesar del entusiasmo de las grandes empresas, todavía hay muchas que siguen sin aplicarla en decisiones críticas. La usan, como lo hacemos todos, para resumir reuniones, redactar correos y depurar código, es decir, como herramienta … de productividad: no para estrategia de negocio, como podría ser conceder créditos, decidir tratamientos médicos o aprobar contratos. Ese es el fallo que Matt Calkins, fundador y CEO de Appian, lleva años identificando en la IA, y en la decimoquinta edición de Appian World, celebrada recientemente, volvió a llamar la atención al respecto.
Calkins abrió la sesión inaugural proyectando una diapositiva que ponía de manifiesto los problemas que están sufriendo las empresas incorporando la inteligencia artificial. Para ello, aprovechó los datos de tres de las consultoras más respetadas del mundo. Empezó por PwC, que concluye que un 56% de las inversiones en IA no han producido ningún retorno financiero. McKinsey eleva la cifra al 61% cuando se mide el impacto económico real. BCG la deja en el 60% para el valor material. Y un dato todavía más demoledor: un estudio de Harvard Business Review añade que sólo el 18% de las grandes organizaciones ha conseguido integrar la IA en sus procesos, aunque el 71% lo está intentando.

El ejecutivo apunta que la base de clientes de Appian que ya está utilizando IA en producción ha crecido un 139% en el último año, y el uso de IA dentro de la plataforma se ha multiplicado por catorce. Es decir, dos terceras partes de las mayores farmacéuticas del mundo, las quince agencias del gobierno federal estadounidense, los mayores bancos del planeta, excluyendo los chinos, se mueven en dirección contraria.

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El problema para el ejecutivo no es que la IA no funcione. Es que no se le confían las tareas que generan valor. La pregunta entonces es por qué, y la respuesta de Calkins es clara, falta de fiabilidad. «La IA es probabilística», explicó. «Si le preguntas dos veces seguidas cuánto es uno más uno, puede darte respuestas distintas. Eso no es un defecto, es la naturaleza de la tecnología. Pero significa que no puedes ponerla a tomar decisiones de negocio sin un control».

IA de la Costa Este

Calkins ha empezado a llamar a su enfoque -medio en broma, medio en serio- IA de la Costa Este de Estados Unidos. Mientras que la cultura de Silicon Valley desde hace dos décadas es producir rápido y arreglar por el camino, Appian tiene como sus mayores clientes gobiernos, farmacéuticas, aseguradoras y bancos. En esos sectores, los errores no son una posibilidad. «Esto no va de elegir el mejor modelo de inteligencia artificial», dijo el ejecutivo. «Va de darle al modelo la estructura, los datos, las restricciones y los compañeros de equipo que necesita para hacer su trabajo de forma fiable».
Lo que Appian propone es meter a la IA en una «caja» con reglas estrictas, y un humano siempre «al volante». Como prueba de concepto, Appian presentó DocCenter, su herramienta de procesamiento inteligente de documentos. La media de la industria en este tipo de soluciones ronda el 60% de precisión. Appian asegura estar consiguiendo un 99%, incluso sobre tipos de documento con los que el modelo no ha sido entrenado.
Pero donde realmente se necesita fiabilidad la empresa es en el desarrollo de software. Las aplicaciones de una organización se ordenan según el grado de fiabilidad que requieren, medido en nueves. Una aplicación con 90% de fiabilidad tiene un nueve, porque podría fallar una de cada diez veces. Con 99%, dos. Con 99,99%, cuatro. Por ejemplo, la NASA, cuando manda astronautas al espacio, opera con cinco o seis nueves de fiabilidad. Las compañías de seguros que deciden si conceden o no una póliza, con cuatro. Los sistemas regulatorios, igual. Los procesos que aprueban un crédito hipotecario, también.
«El llamado ‘vibe coding’ crea aplicaciones de un nueve, donde un fallo no tiene consecuencias fatales. Pero es algo que la NASA no se puede permitir, por ejemplo, en la misión Artemis», dijo Calkins.
La nueva versión de Composer, presentada es la apuesta de Appian para llevar el desarrollo en lenguaje natural con una fiabilidad de varios nueves. Cuando le das a Composer una especificación, no escribe código directamente para que tú lo revises, lo edites y lo valides antes de que nada se ejecute. El resultado son objetos sobre la propia plataforma de Appian, que heredan todo lo que la plataforma trae de serie como la orquestación, el data fabric o la escalabilidad.
Para desarrollar con Composer, el usuario debe ser experto en el dominio del problema, no necesariamente desarrollador, pero sí alguien capaz de leer una especificación detallada y reconocer si es correcta. «Si no eres lo bastante experto para validar lo que Composer te propone», dijo Calkins, «entonces lo que has hecho es vibe coding, y tu aplicación no puede tener más nueves de los que tú tienes».
Teniendo en cuenta que tres cuartas partes de las aplicaciones empresariales del mundo tienen más de veinte años y están escritas sobre tecnologías obsoletas y, sobre todo, suponen un agujero de seguridad que las nuevas IA saben explotar, Composer puede ayudar a modernizarlas. «La seguridad de cualquier organización», advirtió Calkins, «es tan fuerte como su aplicación más débil. Y hoy esa aplicación más débil tiene veinte años, está mal mantenida y nadie en la plantilla recuerda exactamente cómo funciona».
La otra gran novedad del congreso fue el anuncio de alianza con Snowflake, que integra el data fabric de Appian con Snowflake Cortex AI a través del Model Context Protocol. Es la respuesta de Appian a una conversación que, como nos explicó Mike Beckley, CTO y cofundador de la compañía, en una entrevista, ha cambiado radicalmente en los últimos doce meses.
«Hace un año todo el mundo hablaba de ‘prompt engineering’. Hace seis meses, de ‘context engineering’. Ahora la conversación es sobre ‘harness engineering’ y ‘environment engineering’. Es decir, ya no se trata sólo de cómo hablamos a la IA o qué datos le damos, se trata de cómo limitamos lo que la IA puede hacer, qué reglas le imponemos, cómo nos aseguramos de que cuando hace algo no borre el negocio entero», dice Beckley.
La apuesta de Appian con Snowflake apunta precisamente a esa dirección. El ‘data fabric’, su capa de unificación de datos empresariales, se conecta directamente con los servicios de IA de Snowflake. Así, los agentes pueden razonar sobre los datos sin sacarlos del entorno gobernado del cliente.

¿Quién sustituye a quién?

La parte más interesante de Appian World no fue sólo la sesión inaugural, sino el caso expuesto por Ann Fury, vicepresidenta de Pfizer, responsable del proceso global de gestión de reuniones, contratos y compromisos con profesionales sanitarios.
Pfizer migró a Appian en 2017, en 143 países, con más de 75.000 empleados, los contratos que tardaban entre seis y ocho semanas en firmarse, ya se realizan en menos de 24 horas. Pero ahora, con IA y automatización integradas, han recortado el número de clics necesarios para procesar una transacción de 160 a 50. Han eliminado un 25% de los campos obligatorios. La carga masiva de asistentes ahorra un 35% del tiempo. Replicar una transacción anterior con un solo clic ahorra entre tres y seis horas. Y la extracción automática de datos por IA -desde correos, agendas y presentaciones de PowerPoint- ahorra entre una y tres horas adicionales por transacción. En el resultado neto han pasado de cinco días y medio a medio día para iniciar una transacción, y de dieciséis días a menos de dos para aprobarla.
El dato más demoledor en cuanto a productividad llegó al final: «En el tiempo que un usuario experto necesitaba para crear una transacción», dijo Fury, «un usuario novato puede crear ahora cuatro».
Cuando preguntamos a Calkins por el futuro de Appian, después de que hace unos meses muchos titulares declararon muerto al sector SaaS por culpa de la IA, el ejecutivo respondió con una sonrisa: «¿Preocuparme? Yo soy quien va a hacer el reemplazo. Si la IA va a sustituir aplicaciones va a necesitar nuestra ayuda para hacerlo de forma fiable. No me veo como un proveedor de software al que la IA pueda reemplazar. Me veo como la pieza que la IA necesita para reemplazar a otros».

Samsung demuestra que su Galaxy Watch predice desmayos cinco minutos antes de que ocurran

Los smartwatch o relojes inteligentes ya no solo se utilizan para contar pasos o medir el ejercicio, y eso en Samsung lo tienen muy presente. La firma coreana lleva tiempo ampliando las funciones de salud en sus Galaxy Watch y trabajando en nuevas herramientas que permiten ayudar a detectar con antelación enfermedades cognitivas como, por ejemplo, la pérdida de la memoria o la demencia.Samsung pretende que este dispositivo sea un asistente de salud cada vez más completo y ahora ha presentado un avance muy importante para ello: una función capaz de avisar antes de que una persona sufra un desmayo.Así es como el Galaxy Watch predice un desmayoTal y como explican en un estudio realizado junto al Hospital Gwangmyeong de la Universidad Chung-Ang, en Corea del Sur, un Galaxy Watch 6 puede detectar señales previas a un síncope vasovagal, el tipo de desmayo más común, utilizando los sensores incluidos en el reloj.Este suceso ocurre cuando la frecuencia cardiaca y la presión arterial bajan de golpe y puede aparecer en situaciones de estrés, cansancio o fatiga, provocando una pérdida repentina del conocimiento. El desmayo en si no suele ser grave, pero el problema está en que la caída puede causar lesiones importantes como golpes en la cabeza, traumatismos, entre otras.El sistema creado por Samsung analiza la variación del ritmo cardiaco mediante el sensor PPG del reloj, una tecnología que mide el flujo sanguíneo a través de la piel. Cuando recopila esos datos, el sistema de IA puede detectar patrones relacionados con el desmayo antes de que ocurra. Durante las pruebas, los investigadores estudiaron a 132 personas con síntomas relacionados con síncopes y lograron predecir los episodios.En concreto, cinco minutos antes, con una precisión del 84,6 % y una sensibilidad del 90 %. De hecho, el profesor de Hospital Gwangmyeong, Junhwan Cho, explicó que “hasta un 40 % de las personas experimenta síncope vasovagal a lo largo de su vida, y un tercio sufre episodios recurrentes”, por lo que con esta solución todo podría reducirse y evitar situaciones mucho más graves.

Tus próximos AirPods incluirán cámaras con IA para que Siri vea todo tu alrededor

Los AirPods con cámaras infrarrojas se han consolidado como uno de los productos más rumoreados de los últimos dos años. Junto al esperado iPhone plegable, este wearable podría convertirse en uno de los grandes lanzamientos que John Ternus presente en los próximos años, especialmente si se tiene en cuenta que las primeras filtraciones salieron a la luz por primera vez en 2024.Los rumores sugieren que este dispositivo tendrá controles por gestos más precisos, perfeccionará el audio espacial, no capturará ni fotografías ni vídeos porque funcionará de forma similar a los sensores de profundidad y seguimiento de las gafas Apple Vision Pro, integrará funciones de inteligencia artificial más avanzadas, e incluso será capaz de ver el alrededor de los usuarios para comprender mejor el entorno.Sin duda, la característica más destacada (y novedosa) de los AirPods con cámaras infrarrojas es la capacidad de analizar el entorno para ajustar el audio según la ubicación, mejorar la detección de gestos y optimizar el seguimiento de la cabeza, de esta manera, podrán reaccionar automáticamente a lo que sucede alrededor.Hasta el momento, se desconocía cuándo se iban a lanzar al público, a pesar que está en la hoja de ruta de los dispositivos que presentará Ternus en los próximos años como CEO de Apple. No obstante, a raíz de una reciente filtración compartida por el diario Bloomberg, se ha dado a conocer que los AirPods equipados con cámaras han entrado en la fase de pruebas avanzadas porque el diseño y las funciones están prácticamente finalizados, a la espera de su producción en masa.Los nuevos AirPods serán los ‘ojos’ de SiriComo hemos mencionado, las cámaras con IA permitirán captar información visual del entorno para enviarla directamente al asistente digital Siri, ya que su uso será exclusivo para servir como «los ojos del asistente digital Siri».Gracias a esta capacidad, el usuario podrá preguntar a Siri sobre objetos que esté viendo en ese momento, simulando la capacidad de análisis de imagen de los actuales chatbots. Además, un pequeño indicador LED se iluminará siempre que el dispositivo esté enviando información visual al asistente, parecido a lo que sucede cuando se activa la cámara de las gafas con IA Ray-Ban Meta.El lanzamiento coincidirá con la llegada de iOS 27Los planes iniciales apuntaban que los AirPods con cámaras infrarrojas se iban a presentar en la primera mitad de 2026, pero, según Bloomberg, el lanzamiento se ha visto desplazado para coincidir con la llegada de la versión mejorada de Siri en iOS 27, prevista para septiembre.Recordemos que, con iOS 27, Siri vendrá en forma de ‘agente de IA’ para controlar otras aplicaciones y funciones, estará integrada en todo el ecosistema, será más capaz de controlar otras aplicaciones y funciones de iOS, podrá completar tareas solicitadas por el usuario, proporcionará respuestas más detalladas —incluyendo resúmenes, viñetas e imágenes— y mejorará su capacidad para sintetizar las noticias diarias de Apple News.