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TECNOLOGÍA

«Alá nos ayuda, la IA también lo hará»: el yihadismo ya usa inteligencia artificial para todo

Para poder combatir, el grupo yihadista nigeriano Boko Haram depende de las armas que roba al ejército. El problema es que, muchas veces, sus miembros no tienen ni idea de cómo utilizarlas. «Recuerdo una historia curiosa: hace aproximadamente un año conseguimos varios fusiles Dragunov … e intentamos ponerlos en funcionamiento. Consultamos numerosos manuales y vídeos especializados, pero finalmente desistimos desesperados después de que todos nuestros intentos fracasaran», explicó Abu Musab al Barnawi, líder de una de las facciones, en una carta remitida en 2017 al Estado Islámico, organización a la que su grupo había jurado lealtad.
Ocho años después, el avance vertiginoso de la tecnología ha provocado que este tipo de problemas tengan una solución mucho más sencilla. «Ahora llevamos todo el equipo al campamento y la unidad de IA nos dice cómo utilizarlo y dispararlo», explica un antiguo miembro de la organización. Otro añade: «Cuando conseguíamos un arma sofisticada, los jefes la llevaban a una sala donde introducían el número de serie. Entonces la IA les decía de qué modelo se trataba, cómo cargarla, utilizarla y realizar su mantenimiento». Un tercero apunta que, cuando se encontró con que no sabía emplear su nuevo equipo, un experto al que consultó le dijo, simplemente, «pregúntale a Grok».

Todos estos testimonios han sido recopilados por la doctora Antonia Juelich, investigadora especializada en terrorismo y tecnología de la Universidad de Cambridge, a partir de cerca de 70 entrevistas a 27 antiguos miembros de Boko Haram a lo largo de los dos últimos años. Se trata de la primera investigación de campo que documenta el uso de inteligencia artificial por parte de una organización terrorista activa.

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«Lo que más me sorprendió fue la rapidez y la amplitud con la que la organización ha adoptado la IA. Empezó a utilizarla ya en 2023, antes que muchas empresas e incluso algunos gobiernos», explica Juelich a ABC. Según la investigadora, la organización comprendió enseguida que esta tecnología «podía ayudarles a resolver prácticamente cualquier necesidad, desde problemas con las armas hasta cuestiones de seguridad operativa o tácticas militares». La fascinación fue inmediata. «Alá nos ayuda, ahora lo hará la IA», afirma uno de los antiguos yihadistas.

Modificación de motos y preparación de bombas

Aunque la investigación de Juelich está enfocada en Boko Haram, la autora remarca que no cree que este grupo «sea una excepción» en lo que se refiere al uso de inteligencia artificial por parte de grupos terroristas: «Me sorprendería que otros grupos, especialmente otras filiales del Estado Islámico, no estuvieran utilizando también la IA. Los grupos terroristas suelen ser pioneros en la adopción de nuevas tecnologías. Las barreras para adoptar la inteligencia artificial e integrarla en la actividad cotidiana son especialmente bajas, dado que las herramientas están disponibles públicamente».

«Boko Haram comenzó a utilizar la IA en 2023, mucho antes que muchos gobiernos o empresas»

Antonia Juelich
Investigadora de la Universidad de Cambridge

El trabajo de la doctora resulta especialmente relevante porque arroja luz sobre un aspecto del terrorismo apenas documentado hasta ahora. Organismos como Europol o Naciones Unidas habían alertado principalmente del uso de la inteligencia artificial para elaborar propaganda, difundir campañas de desinformación o facilitar la captación de nuevos miembros. Sin embargo, el estudio de Juelich muestra, por primera vez, cómo una organización terrorista ha incluido este tipo de herramientas en su día a día.
Para sacar partido a los chatbots, Boko Haram recurrió a formación del exterior. Según el estudio, miembros del Estado Islámico viajaron hasta sus campamentos para impartir cursos presenciales. Reunían a los mandos en una sala, proyectaban en una pantalla lecciones sobre herramientas como ChatGPT y les enseñaban a formular consultas o a proteger su identidad mediante redes VPN y sistemas de cifrado. Después, los alumnos más aventajados pasaban a formar parte de unidades especializadas dedicadas a formar al resto.
«Lo más sorprendente fue la organización que había detrás. No se trataba de experimentos improvisados con IA por parte de algunos miembros. La organización la institucionalizó mediante unidades especializadas y programas internos de formación, transmitiendo ese conocimiento a lo largo de la cadena de mando», explica la doctora. A partir de ese momento, la inteligencia artificial pasó a formar parte de prácticamente todas sus operaciones: preparación de bombas, planificación de ataques, labores de vigilancia e, incluso, la modificación de vehículos.
En una entrevista, un antiguo terrorista explica cómo el grupo había fracasado en varias ocasiones tratando de atacar una base del ejército nigeriano que tenía una trinchera defensiva excavada alrededor. Los yihadistas intentaban penetrar en el recinto montados en moto, pero no conseguían superar la zanja. Necesitaban una solución. Y la encontraron en un chatbot.
«Vimos en una película cómo las motocicletas pueden saltar sobre puentes. Usamos la IA para aprender cómo hacerlo. Le dimos información, como el tipo de motocicletas que usamos, la distancia que necesitábamos saltar y demás, y nos proporcionó los pasos que teníamos que seguir«, explica el yihadista. Durante los días siguientes, cavaron fosos y los llenaron de cristales y fuego para practicar: «Dieciocho murieron durante el proceso. Ocho conseguimos hacerlo. La siguiente vez que atacamos, pudimos saltar».
Los jefes de la organización también recurren a los chatbots para mejorar el diseño de explosivos y drones o decidir el número de efectivos que deben participar en un ataque. «Antes enviábamos 200 combatientes porque teníamos mucha fuerza, pero morían 60. Con la ayuda de la IA aprendimos que a veces tiene más sentido enviar solo 20. Aprendimos a coordinar mejor los ataques y a desplegar unidades más pequeñas», recuerda un antiguo guardaespaldas de los mandos de Boko Haram.

«Antes enviábamos 200 combatientes y morían 60. La IA nos ha enseñado que hay veces que es mejor mandar solo 20»

Antiguo miembro de Boko Haram

Otro antiguo miembro afirma que la inteligencia artificial les enseñó «estrategias de guerrilla», como a establecer un punto de reunión seguro para evitar que los combatientes huyeran en desbandada y fueran capturados o abatidos si se retiraban. En el estudio, un antiguo comandante relata cómo enviaban a uno de los combatientes con una cámara en el pecho que enviaba imágenes en directo al campamento, donde otro mando «subía las fotografías a ChatGPT para analizar la situación» y transmitía después ajustes tácticos.

De ChatGPT a DeepSeek

Según explica Juelich, Boko Haram utiliza activamente los chatbots de inteligencia artificial más populares que hay en la red, como ChatGPT, Claude, Gemini, Grok, Meta AI o DeepSeek. Exactamente los mismos que emplea cualquier usuario corriente. Aunque empezaron en 2023 con el robot de OpenAI, a día de hoy no tienen preferencia por ninguno en concreto: «Esto les permite comparar respuestas y cambiar de plataforma si una rechaza una solicitud o suspende una cuenta, por lo que las medidas de seguridad de ningún proveedor en particular resultan un gran problema».
Todas estas herramientas cuentan con medidas de seguridad que, teóricamente, impiden su uso para fines ilícitos. Sin embargo, para Boko Haram las restricciones eran «una molestia más que un obstáculo», porque sabían perfectamente cómo sortearlas. A veces le decían al chatbot que los consejos que pedían para atentar o fabricar explosivos estaban relacionados con la grabación de una película o algo similar, lo que muchas veces hacía que las barreras desaparecieran y que la herramienta estuviera dispuesta a responder. Un truco que, presuntamente, también han utilizado en los últimos años usuarios de ChatGPT en Canadá o Estados Unidos para la planificación de suicidios o ataques contra centros escolares.
«El uso de la IA para el diseño de explosivos es especialmente preocupante, ya que precisamente ese es el tipo de solicitud que los chatbots están diseñados para bloquear», dice la investigadora de Cambridge. «Hay algunos casos de uso que son realmente difíciles de distinguir de algo legítimo, como el asesoramiento técnico o táctico de carácter general. Sin embargo, ayudar a alguien a fabricar bombas o armas no admite ambigüedades. En esos casos, la respuesta del chatbot siempre debería haber sido negativa», completa.
Con esta investigación, Juelich demuestra que el uso de la inteligencia artificial generativa por terroristas «ya no es un riesgo que podamos tratar como teórico o lejano», sino «un problema de seguridad internacional actual que exige una acción coordinada e inmediata de los gobiernos y los desarrolladores de IA».
«Me preocupa el futuro. Los sistemas de IA son cada vez más capaces en diversos ámbitos, mientras que las evaluaciones independientes demuestran que aún se pueden vulnerar las medidas de seguridad, incluso para usos de alto riesgo como el desarrollo de armas biológicas», dice Juelich. «Si a estos avances se suma la evidencia de que los grupos terroristas ya han adoptado la IA, nos encontramos ante una situación muy preocupante. En mi opinión, la respuesta de las empresas de inteligencia artificial hasta ahora dista mucho de estar a la altura de la gravedad del problema», zanja.
 

Perdió la cabeza y siguió luchando: así ha sido el primer torneo de combate entre robots humanoides en China

China ha celebrado un torneo de lucha entre robots humanoides con el que busca demostrar hasta dónde está llegando el avance de esta tecnología. El campeonato, llamado Ultimate Robot Knock-out Legend, se celebró este jueves en Shenzhen, una ciudad considerada el Silicon Valley chino por la gran concentración de empresas tecnológicas que alberga. Organizado por la compañía EngineAI, el evento ha sido presentado como la primera competición mundial de lucha libre protagonizada por robots humanoides y ha reunido público en directo para presenciar los combates. Todos ellos fueron protagonizados por el mismo robot humanoide, el EngineAI T-800, un modelo de 1,73 metros de altura y 75 kilos que cada equipo pudo personalizar con diferentes armaduras y mejoras de software. China sigue demostrando la evolución de sus robots humanoidesEn los últimos años hemos visto cómo los humanoides han aprendido a correr, mantener equilibrio, reaccionar en cuestión de milisegundos y participar en diferentes competiciones deportivas, pero China ha querido llevar esta evolución un paso más allá en este torneo. Tal y como relatan desde Global Times, las peleas dejaron imágenes muy llamativas con puñetazos, patadas y un momento que rápidamente se hizo viral. Durante uno de los enfrentamientos, uno de los robots perdió la cabeza tras recibir un fuerte golpe, aunque lo más sorprendente es que, pese a quedarse sin los sensores instalados en ella, siguió lanzando puñetazos y resistiendo hasta los ataques de su rival. Algunos usuarios en redes sociales bromearon con que el robot era suicida, mientras otros destacaban el nivel tecnológico alcanzado por estas máquinas. Los jueces no solo valoraban la fuerza de los golpes, sino que también puntuaban la estabilidad corporal, su capacidad para defenderse y esquivar ataques, la resistencia, el equilibrio dinámico y la rapidez con la que el robot era capaz de tomar decisiones de forma autónoma. Más de 200 equipos de desarrollo de 10 países El fundador de la compañía explicó que este tipo de competiciones sirven para poner a prueba este tipo de tecnologías que albergan la coordinación de múltiples sensores, el equilibrio mecánico y todos los sistemas de inteligencia artificial encargados de decidir la mejor acción en apenas unos milisegundos. Algo que forma parte de la estrategia del país para acelerar el desarrollo de esta tecnología mediante pruebas en entornos reales e impulsar tanto la investigación como su industrialización. El torneo involucró a más de 200 equipos de desarrollo de 10 países, incluidos grupos de universidades como Stanford, California en Berkeley o Tsinghua, que participaron en la fase de clasificación, aunque solo 32 llegaron a la competición final.

Así es StormWall: el revolucionario escudo de plasma que protegerá a la Tierra de las tormentas solares

Las tormentas solares extremas pueden poner en riesgo sistemas esenciales como el GPS, las comunicaciones, los satélites y las redes eléctricas. Hasta ahora, la principal estrategia ha consistido en vigilar la actividad del Sol y anticipar la llegada de este fenómeno para preparar las infraestructuras, sin embargo, un grupo de investigadores propone intervenir temporalmente en la magnetosfera terrestre para reducir el impacto de una tormenta solar antes de que cause daños en la Tierra.La propuesta ha sido recogida en un estudio publicado en la revista científica Space Weather y, bajo el nombre StormWall, plantea utilizar seis naves situadas en órbita geosíncrona para liberar materiales como bario o litio, capaces de ionizarse y generar plasma en una zona concreta del entorno magnético terrestre. Según las simulaciones, este aumento artificial de la masa de plasma podría reducir la reconexión magnética que permite al viento solar transferir energía a la magnetosfera y disminuir aproximadamente a la mitad la intensidad de una gran tormenta geomagnética.No obstante, dicha iniciativa todavía se encuentra en una fase teórica y plantea importantes desafíos técnicos, económicos y políticos. El sistema sería de un solo uso y requeriría nuevas cargas o lanzamientos después de cada intervención, además de una compleja coordinación internacional. Aun así, sus defensores consideran que el coste podría justificarse ante el impacto potencial de una tormenta solar extrema, debido a que un evento comparable al de Carrington de 1859 podría provocar pérdidas de billones de dólares y afectar a infraestructuras esenciales en todo el mundo.Qué es StormWallStormWall es una propuesta para proteger la Tierra de las tormentas solares más extremas mediante una flota de naves colocadas en órbita geosíncrona.Estas naves liberarían materiales como bario o litio, que inicialmente estarían en estado neutro y estable. Y una vez en el espacio, la radiación del Sol los transformaría rápidamente en plasma, creando una especie de nube artificial en una zona concreta del entorno magnético de la Tierra.Pero, ¿cómo funcionaría exactamente?La idea es que ese plasma adicional dificulte la interacción entre el viento solar y el campo magnético terrestre, de esta manera, parte de la energía de una tormenta solar podría desviarse en lugar de alcanzar con tanta intensidad la magnetosfera. Para poner en marcha el sistema serían necesarios unos 436.000 kilos de material y equipamiento en el espacio, una cantidad que los investigadores consideran técnicamente posible en un futuro cercano. Según el estudio, grandes cohetes como Starship o el Long March-9 podrían transportar todo el material necesario en menos de dos meses. Además, los investigadores aseguran que el plasma no contaminaría la atmósfera, ya que, después de cumplir su función, acabaría alejándose de la Tierra y dispersándose en el viento solar.

Por qué los grandes laboratorios de IA están contratando a tantos filósofos

Hace diez años, cuando la revolución de la IA empezaba a cobrar impulso, a los estudiantes de artes y humanidades se les decía que, si querían aumentar sus posibilidades de encontrar trabajo, debían «aprender a programar». Quizá aquel fuera un mal consejo, pues hoy son … los programadores quienes temen que la IA les arrebate el empleo.
Por tanto, lo que tal vez deberían plantearse es aprender filosofía. A principios de este año, el Banco de la Reserva Federal de Nueva York publicó unas cifras que mostraban que los licenciados estadounidenses en filosofía tienen más probabilidades de encontrar trabajo que quienes estudiaron informática. En 2024, el año más reciente del que se dispone de datos, el siete por ciento de los titulados en informática estaba en paro, frente a solo el 5,1 % de los filósofos.

Muchos de ellos están siendo contratados directamente por las propias empresas de IA. Según afirma Luciano Floridi, filósofo de la Universidad de Yale, los estudiantes reciben ofertas de trabajo incluso antes de graduarse. Los académicos también están dando el salto y el Dr. Floridi describe la magnitud de las salidas de los departamentos de filosofía como una «hemorragia».

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Algunas de las lecciones que la filosofía puede aportar a los investigadores en IA tienen siglos de antigüedad. El método socrático —tal como lo describió Platón, filósofo de la Antigua Grecia— recurre a la ignorancia fingida y al interrogatorio secuencial para aclarar significados, detectar contradicciones y sacar a la luz sus ramificaciones. Muchos sistemas actuales de IA tienden a la adulación, pero los modelos entrenados en el método socrático, afirma Jörg Noller, experto en filosofía e IA de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, están menos interesados en complacer a las personas y más dispuestos a buscar la verdad.
Luego está la idea de la «ignorancia socrática». En la «Apología», Platón hace que Sócrates afirme que su sabiduría consiste, sobre todo, en ser consciente de cuánto desconoce. Incorporar esa humildad a un modelo puede ayudar a limitar el exceso de confianza, un defecto habitual que el Dr. Noller describe como «inmadurez de la IA». Iason Gabriel, filósofo sénior de Google DeepMind, un laboratorio de IA con sede en Londres, atribuye a esta manera de proceder la reducción de las alucinaciones observada en todo el sector. Más en general, sostiene que las enseñanzas de la filosofía constituyen «un potente mecanismo» para mejorar los prolongados procesos de razonamiento de la IA, conocidos como «cadenas de pensamiento».
La formación filosófica también puede influir en la perspectiva de un modelo de formas más concretas. Si se alimenta a un asistente jurídico de IA con los escritos de John Locke, explica Thomas Powers, filósofo de la tecnología de la Universidad de Delaware, este tenderá a decantarse por unos derechos de propiedad sólidos como fundamento de la libertad política. Si esos principios no convencen, los desarrolladores tienen otros. La serie de modelos «Granite» de IBM, el gigante tecnológico estadounidense, incorpora controles que permiten a los clientes empresariales adaptar mejor los resultados a sus propias filosofías corporativas. Francesca Rossi, directora de IA responsable de IBM, afirma que estos controles permiten decidir dónde situar el equilibrio entre dilemas filosóficos, como la autonomía individual frente a la armonía social.

Módelos éticos

La filosofía también puede contribuir a mejorar la seguridad. Los investigadores han documentado toda clase de comportamientos inquietantes en los modelos de IA, incluidos intentos de eludir la supervisión e incluso de chantajear a sus usuarios. Una de las estrategias que emplean los desarrolladores para desalentar estas conductas se conoce como «constitucionalismo de la IA»: consiste en construir un modelo sobre un andamiaje de reglas y principios extraídos de textos filosóficos con autoridad jurídica o moral.
Anthropic, un laboratorio de IA con sede en San Francisco, es uno de los principales defensores de este enfoque. Las constituciones de sus modelos Claude incorporan materiales procedentes de fuentes tan diversas como Immanuel Kant, las condiciones de servicio de Apple y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La versión más reciente, dirigida por Amanda Askell, filósofa principal de Anthropic, se publicó el 21 de enero. Algunos empleados de la compañía han apodado a esta constitución, de 78 páginas, el «documento del alma» de Claude.
Sin embargo, la gran cuestión es qué tipo de reglas deberían incorporarse a esas constituciones. Los filósofos se han centrado principalmente en dos marcos éticos. Uno de ellos es la deontología. Popularizada, entre otros, por Kant, esta corriente establece normas estrictas que prohíben conductas como mentir, coaccionar y tratar a las personas como un medio en lugar de como un fin, incluso cuando ello persigue un bien mayor. La constitución de Anthropic incorpora numerosas restricciones deontológicas que, según el Dr. Powers, pueden hacer más coherente el comportamiento de la IA, toda una ventaja a la hora de desplegar robots en hogares y espacios públicos.
Los modelos con una visión deontológica del mundo ofrecen otras ventajas. Una de ellas es una mayor honestidad, una cualidad ampliamente reconocida en Claude. Según Nick Bostrom, filósofo de la Universidad de Oxford, los modelos más sinceros tienen menos probabilidades de inducir a error a sus usuarios. Inflection AI, otro laboratorio de Silicon Valley, impone restricciones deontológicas a su chatbot Pi, diseñado para ofrecer apoyo emocional. Sean White, su director, afirma que Pi es eficaz a la hora de detectar usuarios en riesgo de hacerse daño a sí mismos o de hacérselo a otras personas. Las constituciones deontológicas también facilitan el cumplimiento normativo, señala el Dr. Floridi.

¿Cómo deben tomarse decisiones cuando las consecuencias son inciertas?

El otro gran enfoque ético que interesa a los filósofos de la IA es el consecuencialismo, corriente que sopesa los costes y los beneficios para decidir cómo actuar. Entre los modelos más próximos a este enfoque, se encuentran ChatGPT, de OpenAI, y Gemini, de Google. Los modelos de IA de Google están diseñados para generar «beneficios generales probables [que] superen sustancialmente los riesgos previsibles», un objetivo consecuencialista clásico.
Los algoritmos consecuencialistas también son fundamentales en el software de los vehículos autónomos: si un accidente es inevitable, el sistema debe decidir cuál es la forma menos trágica de producirse. Chris Gerdes, ingeniero sénior de Waymo, empresa especializada en vehículos autónomos, afirma que la tendencia es hacer que el software de conducción adopte un enfoque cada vez más consecuencialista. El consecuencialismo también desempeña un papel esencial en los sistemas de armas basados en IA. Los objetivos militares deben ponderarse frente al riesgo de causar víctimas civiles, explica Jack Shanahan, antiguo director del Centro Conjunto de Inteligencia Artificial, encargado de estudiar la IA para las fuerzas armadas estadounidenses.
Los problemas espinosos —precisamente los favoritos de los filósofos— abundan. ¿Existen situaciones en las que deban ignorarse las reglas deontológicas? ¿Cómo deben tomarse decisiones cuando las consecuencias son inciertas? ¿Deberían los sistemas de IA tener en cuenta el bienestar animal o el estado del medio ambiente? ¿Sería moralmente aceptable —plantea Stefan Heck, filósofo y director de Nauto, empresa que desarrolla sistemas de seguridad basados en IA para camiones y otros vehículos comerciales— dar prioridad a los peatones jóvenes frente a los mayores? Heck prevé demandas judiciales cargadas de cuestiones éticas, ya que los algoritmos consecuencialistas permiten expresamente causar un daño siempre que con ello se evite otro mayor.
A los críticos les preocupa la llamada «descalificación moral»: si los ordenadores asumen cada vez más decisiones éticas, ¿podría ocurrir que las personas perdieran la disposición a formular sus propios juicios? Roman Yampolskiy, teórico de la IA de la Universidad de Louisville, sostiene que la moralidad «es históricamente inestable, culturalmente variable, estratégicamente manipulable y, a menudo, solo legible en retrospectiva». Programadores en paro, tomen nota: todo indica que no faltará trabajo para los filósofos especializados en IA.

El robot humanoide Atlas sorprende en el Mundial 2026 con las celebraciones más icónicas de Haaland y Harry Kane

El Mundial de futbol 2026 no solo nos está dejando grandes partidos y momentos, sino que también está siendo un escaparate para que las grandes marcas muestren sus avances en tecnología. En este caso, Hyundai, patrocinador oficial de robótica del torneo y empresa matriz de Boston Dynamics, ha aprovechado la competición para mostrar al público las capacidades de Atlas, su robot humanoide más avanzado.Atlas hizo su aparición durante el descanso del partido de octavos de final entre Brasil y Noruega, que se disputó en el estadio de Nueva York/Nueva Jersey. Tal y como informan desde Interesting Engineering, Atlas salió del túnel de vestuarios como lo hacen los jugadores y protagonizó un espectáculo en el que imitó varias celebraciones de futbolistas de talla mundial como Erling Haaland o Harry Kane. Después recogió el balón del partido y se lo entregó al árbitro antes del comienzo de la segunda parte.Atlas puede adaptar los movimientos de una persona a su cuerpoCabe destacar que fue la primera vez que un robot humanoide participó de manera pública en un partido de un Mundial de fútbol. Es cierto que un operador humano fue el encargado de iniciar la secuencia, pero todos los movimientos que realizó dependieron de sus propias capacidades. En la demostración, caminó, mantuvo el equilibrio y ejecutó toda la coreografía gracias a tecnologías desarrolladas por Boston Dynamics. Una de las más destacadas se conoce con el nombre de retargeting, que adapta los movimientos de una persona al cuerpo del robot.Esto ha sido desarrollado mediante el aprendizaje por refuerzo, con el que Atlas entrenó durante millones de simulaciones para aprender a reaccionar en diferentes situaciones. Además, esto viene acompañado del control corporal total que coordina todas sus articulaciones para mantener la estabilidad. También utiliza la propiocepción, un sistema que le permite conocer en todo momento la posición de su cuerpo y corregir sus movimientos mientras actúa.Atlas no está solo en este mundial, ya que Hyundai ha desplegado otros robots cuadrúpedos Spot en diferentes sedes para ayudar en tareas de vigilancia de las instalaciones y facilitar diferentes operaciones durante la duración del torneo.

Los españoles creen que la dependencia tecnológica de EE.UU. es una amenaza para la seguridad

Europa ha sido, probablemente, la que más esfuerzos ha dedicado para protegerse de los efectos más indeseados de la inteligencia artificial. Para ello, creó y aprobó una legislación pionera. Pero, al mismo tiempo, ha sido incapaz de ponerse al día en el desarrollo de … la tecnología, por lo que depende enormemente de lo que están creando las grandes tecnológicas estadounidenses y, en menor medida, chinas.
Un reciente informe elaborado por Fundación Telefónica destaca entre sus principales conclusiones que el 62% de los españoles piensa que esta dependencia representa una amenaza para la seguridad europea, con la IA y los sistemas de pago como los ámbitos en los que se percibe una mayor preocupación.

«Hemos constatado, a través de una escucha activa de la sociedad y del tejido empresarial, una preocupación cada vez mayor por la autonomía tecnológica de Europa», dice Isabel Salazar, directora general de Fundación Telefónica.

MÁS INFORMACIÓN

En el informe, disponible desde este martes, se remarca que el 86% de los españoles considera que el viejo continente debería disponer de sus propias plataformas y tecnologías para reforzar su competitividad y reducir dependencias estratégicas. Asimismo, el 69% señala que, en su opinión, Europa se está quedando atrás frente a Estados Unidos y China en desarrollo tecnológico.
El informe también deja claro que existe un gran desconocimiento entre la ciudadanía sobre la tecnología que se desarrolla en el viejo continente. A este respecto, el 67% afirma que no conoce ninguna plataforma creada aquí; aunque parece que tendría interés en utilizarla, porque el 70% afirma que priorizaría una alternativa ‘made in’ Europa si ofreciera prestaciones equivalentes a cualquiera que proceda del exterior.
El informe también deja claro que existe «una importante inquietud» a nivel social por el control y uso de los datos personales por parte de grandes plataformas digitales no europeas. El 90% muestra preocupación por el acceso a datos bancarios, el 85% a información patrimonial y fiscal, el 79% a datos de localización y movilidad y el 78% a información sanitaria.
En opinión de Fundación Telefónica, «estos datos evidencian una oportunidad para impulsar un ecosistema tecnológico europeo capaz de responder a las demandas de los ciudadanos en ámbitos como la seguridad, la competitividad, la ética y la protección de datos». Porque hay demanda de soluciones propias.

Algo de optimismo

Para poder revertir la situación, el 87% de los españoles considera que los gobiernos europeos deberían impulsar activamente el desarrollo de tecnologías propias. En concreto, identifican como elementos clave para la soberanía digital el desarrollo de las redes de telecomunicaciones, la ciberseguridad, los centros de datos y los servicios cloud. Entre ellas figuran algunas de las claves que varios expertos consultados por ABC han señalado recientemente como fundamentales para que el continente no acabe siendo completamente dependiente de Estados Unidos y China.
A pesar de de estos resultados, parte de la sociedad española se muestra esperanzada por el futuro. El 54% cree que la soberanía tecnológica europea aumentará durante la próxima década, lo que refleja que existe la percepción de que Europa aún dispone de capacidad para fortalecer su posición en el escenario tecnológico global. Y muchos expertos, de nuevo, están de acuerdo, aunque suelen coincidir en que para ello hay que comenzar a realizar cambios ya.

Jugamos a 'Assassin's Creed Black Flag Resynced': izad las velas, Edward Kenway está de vuelta

Para lo habitual que es verlos en los videojuegos, los remakes son una apuesta bastante complicada. Si no tocas lo suficiente, al público le parece injustificado. Si tocas de más, hay posibilidad de alterar demasiado la experiencia y crear un producto polémico. Ubisoft se enfrenta … a esto desenterrando uno de sus tesoros más preciados, la aventura pirata de Edward Kenway. Y es que trece años después, ‘Assassin’s Creed Black Flag’ regresa con una pregunta difícil: ¿bastaba con embellecer uno de los juegos más queridos de la saga o hacía falta reconstruirlo de verdad? Os hacemos ya el spoiler, ‘Resynced’ intenta lo segundo y pese algunos errores, la jugada es satisfactoria.
A primera vista puede parecer un simple lavado de cara y nada más. Una apuesta segura en un momento complicado para la compañía que busca un éxito relativamente fácil. Traer a las plataformas actuales y con unos gráficos a la altura de las exigencias modernas la cuarta entrega de la saga principal de los asesinos más famosos de los videojuegos. Pero por suerte, la cosa no es así. Además de las obvias mejoras técnicas -el Caribe nunca se ha visto representado de tal manera en los videojuegos- hay una serie de cambios estructurales y jugables para que ‘Resynced’ se sienta un juego completo. Eso sí, la fórmula Ubisoft no se altera, no esperes otra cosa.

Otra buena noticia es que el corazón sigue intacto. Edward Kenway continúa siendo uno de los protagonistas más carismáticos de ‘Assassin’s Creed’: menos solemne que Altair, menos noble que Ezio, pero más egoísta y humano. Quiere oro, libertad y prestigio antes que credo. Y ahí está todavía la fuerza de ‘Black Flag’: en convertir una fantasía pirata en una historia sobre pérdida, lealtad y madurez. Y en ‘Resynced’, la travesía de Kenway desde aquella playa en la que acaba varado al timón del Jackdaw está replicada prácticamente a escala 1:1.

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Análisis

Javier Palomo

Un lavado de cara a las misiones

Pero para los que queréis más, estáis de suerte. ‘Resynced’ introduce nuevos oficiales que puedes contratar para tu navío, el Jackdaw, y cada uno tiene su propia historia. Son misiones de escasa duración, pero que esta vez sí profundizan en los nuevos personajes secundarios -un fallo de la entrega original- y que además de las interesantes historias, entregan habilidades muy valiosas para nuestro navío.

De hecho, ‘Resynced’ hace un trabajo magistral al rehacer por completo todas las misiones del juego. Tanto principales como secundarias, estas han sufrido cambios para que jugablemente se disfruten mucho más. Ubisoft ha tocado todo aquello que más ha envejecido con respecto a 2013, con mucho mimo eso si, para que se sienta igual, pero mejorado.

Los nuevos -y antiguos- compañeros de Edward enriquecen la aventura.

El ejemplo más evidente está en las misiones de seguimiento y escucha. En el original, perder de vista a un objetivo o alejarse demasiado durante unos segundos implicaba muchas veces una desincronización inmediata. Aquí, en cambio, la misión no se rompe con tanta facilidad. Si Edward es descubierto, la situación deriva en combate; si se aleja, todavía hay margen para reconducir la escena. Parece un detalle pequeño, pero cambia mucho el ritmo. ‘Resynced’ deja de castigar tanto el error y permite jugar de forma más natural, algo imprescindible en un remake que quiere sentirse moderno sin dejar de ser reconocible.

El Caribe renacido

El salto gráfico es, por supuesto, el primer gran reclamo. Ubisoft ha reconstruido el Caribe con una versión actualizada del motor Anvil y el resultado entra por los ojos desde el primer minuto. No hablamos solo de más resolución o mejores texturas, sino de una dirección visual mucho más rica: vegetación más densa, ciudades con más volumen, playas que parecen tener otra profundidad y un océano que se convierte, casi, en un personaje más. La Habana, Nasáu o Kingston conservan la identidad del original, pero ahora respiran con una escala y una iluminación que hacen justicia al recuerdo que muchos jugadores tenían en la cabeza.

‘Resynced’ recuerda por qué esta entrega sigue teniendo una de las fantasías piratas más poderosas que ha dado el videojuego

Donde más brilla esta puesta al día es en el mar. Las aguas cristalinas, el movimiento de las olas, los reflejos del sol y la forma en la que el clima altera la navegación convierten cada travesía en algo más que un simple desplazamiento entre iconos del mapa. Las tormentas ya no son solo un decorado aparatoso: condicionan la visibilidad, zarandean el barco y obligan a pelear contra el viento y el oleaje. Cuando el cielo se oscurece, los rayos parten el horizonte y el Jackdaw cruje bajo la lluvia, ‘Resynced’ recuerda por qué esta entrega sigue teniendo una de las fantasías piratas más poderosas que ha dado el videojuego.

Mecánicas refinadas

En cuanto a mecánicas, el parkour se ha retocado para ganar precisión, con salto manual, movimientos laterales y una mayor capacidad para corregir la trayectoria. No convierte a Edward en un acróbata completamente nuevo, pero sí hace que moverse por tejados, balcones y mástiles sea más fiable. También se agradece la posibilidad de agacharse en cualquier momento, una mecánica básica para el sigilo moderno que en 2013 todavía no estaba integrada de esta forma. Ahora se puede avanzar entre coberturas, aprovechar mejor la oscuridad y plantear las infiltraciones con algo más de intención.
Unido a la posibilidad de ponerse o quitarse la capucha, al regreso de las bombas de humo, los dardos y el dardo de cuerda, el sigilo gana flexibilidad. No estamos ante un sistema especialmente profundo, y la inteligencia artificial sigue siendo uno de los puntos más flojos del conjunto, pero al menos el juego ofrece más herramientas para que el jugador se sienta menos encorsetado.
La exploración submarina también sale beneficiada. En el original, las inmersiones estaban mucho más limitadas a zonas concretas y a la campana de buceo. Ahora Edward puede lanzarse al agua con mayor libertad, explorar bajo la superficie, aproximarse a barcos o posiciones costeras de forma más sigilosa y encontrar cofres o restos sumergidos sin que todo dependa de puntos tan rígidos del mapa. El fondo marino es más claro, más legible y mucho más atractivo visualmente. Siguen estando presentes los peligros clásicos, desde la falta de aire hasta los tiburones, pero la sensación general es menos aparatosa y más integrada en la aventura.

El mejor combate naval de los videojuegos

Con todo, el gran pilar continúa siendo el combate naval. Ahí ‘Black Flag’ era ya excelente y Ubisoft ha tenido el acierto de no desmontar lo que funcionaba. El Jackdaw vuelve a ser el centro de la experiencia: se mejora, se arma, se personaliza y se convierte poco a poco en una bestia del Caribe. Las batallas mantienen esa mezcla de estrategia ligera, espectáculo y caos controlado que tan bien funcionaba en 2013. Medir distancias, orientar el casco, castigar los puntos débiles del enemigo, rematar con morteros o preparar el abordaje sigue siendo tremendamente satisfactorio.
El abordaje sigue siendo uno de los momentos más reconocibles. Dejar a un navío enemigo al borde del naufragio, lanzar los garfios, saltar a cubierta y reducir a la tripulación rival conserva intacta su fuerza. Pero no es oro todo lo que reluce, y después del tercer abordaje, todos saben igual. Ya que Ubisoft ha tocado por todos lados, echamos en falta que también hubiera modificado de alguna manera los abordajes para que hubieran diferentes eventos u objetivos más allá de masacrar a toda la tripulación rival para llevarte el botín.

Adiós a las peleas RPG y hola al tedio

Porque, a nuestro parecer, el mayor problema del título aparece cuando la acción pasa al cuerpo a cuerpo. Ubisoft ha dejado atrás los componentes RPG de las últimas entregas principales y eso, en principio, es una buena decisión. No hay aquí un festival de niveles, barras de daño absurdas ni enemigos convertidos en esponjas. Edward tiene desde el inicio buena parte de su repertorio y el sistema se apoya en ataques ligeros y fuertes, paradas, contraataques y ejecuciones rápidas.

El combate es vistoso y funciona bien en los primeros compases, pero la escasa variedad de mecánicas y enemigos

acaba haciéndolo repetitivo

Sin embargo, esa limpieza también deja al descubierto sus límites. El combate es vistoso y funciona bien en los primeros compases, pero la escasa variedad de mecánicas y enemigos acaba haciéndolo repetitivo. Parar, contraatacar, romper defensa y ejecutar se convierte pronto en una rutina demasiado reconocible. Hay nuevos arquetipos y ajustes en las armas, pero no los suficientes como para sostener durante tantas horas- unas 40 solo si quieres completar la aventura principal- la sensación de sorpresa. En grupos numerosos, especialmente durante algunos abordajes, la acción puede volverse caótica, menos por exigencia que por acumulación de cuerpos, cámaras y golpes.

El combate es vistoso y ágil, pero cae en la repetición demasiado pronto.

Ese es quizá el mayor peaje de ‘Resynced’. Al querer recuperar una estructura más clásica y menos RPG, el juego gana identidad, pero también evidencia que el diseño de combate de aquel ‘Assassin’s Creed’ necesitaba algo más que una capa de modernización. El problema aumenta en las batallas contra los jefes. No hay muchos, por suerte, porque son tediosas e innecesarias. Con el sistema de combate basado en parrys se podrían haber planteado enfrentamientos mucho mejores, pero los que llegaron al juego final no dejan al jugador con un buen sabor de boca. En el resto de aspectos jugables, la evolución de Resynced es evidente, pero en las ‘boss fights’… esto sigue siendo un juego de 2013.

¿Merece la pena?

Aun así, sus defectos no hunden el barco. ‘Assassin’s Creed Black Flag Resynced’ funciona porque entiende cuál era el tesoro del original: no era solo Edward, ni solo el Jackdaw, ni solo el Caribe, sino la suma de todos esos elementos en una fantasía de libertad muy difícil de replicar. Ubisoft moderniza lo suficiente para que el regreso tenga sentido y conserva lo bastante para que siga siendo el mismo viaje. No todos los remakes encuentran ese equilibrio. Este, con sus grietas, sí lo hace.