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TECNOLOGÍA

Probamos el TCL Nxtpaper: el móvil ideal para la lectura que reduce la fatiga visual

Antes de dejarnos llevar por el nombre del móvil, lo más importante es dejar claro que el nuevo ‘smartphone’ de TCL, que acaba de ser presentado en el Mobile World Congress de Barcelona, no utiliza pantallas de tinta electrónica en el sentido tradicional. … En su lugar Nxtpaper 70 Pro monta una pantalla LCD convencional de 6.9 pulgadas tratada con siete capas de tecnología para imitar el comportamiento de la luz natural y reducir al máximo la fatiga visual. Lo que consigue con ello es imitar perfectamente la pantalla de tinta electrónica a la perfección. Su objetivo: reducir la fatiga visual y ofrecer un móvil ideal para la lectura.
Hemos probado otros teléfonos, como los Boox Phone, con pantalla de tinta real, y la experiencia siempre es la misma: mala, pantalla lenta, interfaz complicada y una usabilidad espantosa. En el 70 Pro, gracias a su modo ‘Max Ink’, la pantalla va fluida, perfecta, se comporta como la de un teléfono normal, pero muestra la apariencia monocroma de un libro normal impreso en papel. Para quien quiera eliminar el color y la luz azul por completo al anochecer y no comprometer la producción de melatonina, este teléfono tiene una respuesta práctica como muy pocos dispositivos del mercado.

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TCL ha incorporado un botón físico dedicado al móvil que alterna entre los modos de pantalla ‘normal’, ‘Max Ink’, ‘Tinta’ y ‘Tinta de color’. Tras una pequeña animación, la pantalla cambia rápidamente, todo un acierto al ser la principal característica de este teléfono. La litografía nano-matrix que la marca aplica sobre el panel elimina los reflejos con una eficacia que se nota especialmente en exteriores con sol directo.
Obviamente la pantalla en modo normal no es tan vívida como en un panel AMOLED. La imagen tiene un resultado más mate, pero el punto fuerte de este teléfono es el que es. Durante el MWC hemos podido ver un prototipo de Nxtpaper con pantalla AMOLED, y se nota mucho la diferencia, pero todavía no tiene fecha de lanzamiento.

Días de autonomía

La batería es uno de los grandes beneficiados de este tipo de panel; TCL habla de hasta siete días de lectura en modo Max Ink. En mi experiencia con el dispositivo, con un 70% de batería el teléfono ofrece estimaciones de hasta 160 horas de uso. Si se emplea para leer y para hacer las cosas habituales para las que está pensado un móvil (llamadas, redes, correos y alguna foto y vídeo) la batería llega cómodamente a dos días.
En caso de que el usuario utilice mucho la pantalla de tinta, la autonomía puede alcanzar varios días. Recordemos, además, que aunque estemos usando ‘Max Ink’, el correo, el calendario o WhatsApp funcionan exactamente igual, no estamos restando funcionalidad, sólo cambiando el formato de la pantalla.
El móvil llega con el chip Dimensity 7300 de MediaTek. Se trata de un procesador que encaja bien con la propuesta del teléfono. No es un tope de gama ni pretende serlo, pero para las tareas del día a día es más que suficiente. No estemos ante un teléfono ‘gaming’, ni mucho menos.
Respecto a las cámaras, el móvil llega con un sensor de 50 MP con OIS, un gran angular de 8 MP y una frontal, para los autorretratos, de 32 MP. Los resultados que ofrecen están por encima de lo habitual en este segmento de precio. La estabilización óptica y el modo nocturno hacen su trabajo. No son las cámaras de un gama alta, pero tampoco decepcionan si no buscas resultados extraordinarios.

¿Merece la pena?

Queda claro que no se trata de un teléfono para todo el mundo, pero sí es claramente mejor de lo que esperábamos para su precio, de unos 310 euros. TCL ha conseguido que el modo tinta sea una opción real y cómoda para el uso diario. Se trata de un dispositivo pensado para alguien que valora la salud de sus ojos, el sueño y la autonomía por encima de tener el panel más brillante del mercado. A nosotros nos ha encantado. Por fin contamos con una propuesta de teléfono con pantalla de tinta electrónica usable.

OpenAI intenta evitar que el Pentágono use su IA para espiar a los estadounidenses

OpenAI no quiere que su inteligencia artificial sea explotada por el Gobierno de Estados Unidos para la vigilancia masiva de sus ciudadanos. La empresa detrás del robot conversacional ChatGPT ha anunciado un nuevo acuerdo con el Departamento de Defensa con el que busca … evitar que su tecnología sea utilizada «de forma intencional» con dicho fin.
«Es fundamental proteger las libertades civiles de los estadounidenses, y se prestó tanta atención a esto que queríamos dejar este punto especialmente claro», declaró el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, en una publicación en redes sociales en la que anunciaba los cambios en el acuerdo. Entre estos también figura el compromiso por parte del Departamento de Defensa de que la IA de la firma no estará disponible para los servicios de inteligencia.

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El anuncio llega apenas unos días después de que la tecnológica que puso patas arriba el mundo con sus herramientas de IA generativa anunciase que había autorizado al Pentágono a utilizar sus herramientas para cualquier fin siempre que fuera legal. El acuerdo original, por el que la empresa se embolsará 200 millones de dólares, fue duramente criticado incluso dentro de la compañía, ya que abriría la puerta a que el Gobierno utilice sus herramientas para la fabricación de armamento autónomo y para el uso de sistemas de vigilar los movimientos de los ciudadanos.
«Creo que hice algo mal: no deberíamos habernos apresurado a publicar el anuncio el viernes. Los problemas son sumamente complejos y exigen una comunicación clara», destacó Altman en su publicación.
El anuncio original del acuerdo alcanzado entre OpenAI y el Pentágono se produjo apenas unas horas después de que la empresa de IA, Anthropic, fuera declarada por el Departamento de Defensa como «una amenaza para la seguridad nacional». La razón: la negativa de esta compañía a aceptar que su tecnología pudiera ser, efectivamente, empleada para el Gobierno para espiar a la población y fabricar armas capaces de disparar sin control humano.
En el comunicado de Altman no se hace ninguna referencia a la realización de cambios en el acuerdo que prohíban al Pentágono usar su tecnología para la fabricación de armamento autónomo.

El único gigante de la IA que se ha atrevido a desafiar a Donald Trump

Imagina un mundo en el que una máquina, sin necesidad de que una persona de la orden, es capaz de tomar la decisión de disparar a matar contra objetivos humanos. Uno en el que la tecnología, además, puede ser explotada por el gobierno de turno … para vigilar de forma masiva a los ciudadanos. Durante los últimos años, un buen puñado de potencias han estado estudiando cómo pueden utilizar la inteligencia artificial con fines militares. Entre ellos, Estados Unidos. Recientemente, el Pentágono consiguió cerrar un contrato con OpenAI, la firma detrás del popular robot conversacional ChatGPT, para que su tecnología pudiera ser empleada «para cualquier propósito legal».
El anuncio se produjo apenas unas horas después de que otra empresa se negase a plegarse a una solicitud similar de Washington. Su nombre: Anthropic. La razón: el temor a que el Gobierno use su IA para la vigilancia masiva y la construcción de armamento autónomo. Ese que es capaz de disparar por su cuenta sin necesidad de intervención humana. Y a la empresa puede costarle caro. El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, anunció que las herramientas de la firma pasan a ser consideradas «un riesgo para la cadena de suministro y la seguridad nacional». Mientras tanto, el presidente Donald Trump ha ordenado a las agencias federales que dejen de emplear su tecnología. Algo que tendrán que hacer en los próximos seis meses.

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A pesar de las amenazas y del riesgo de perder los 200 millones de dólares que cobra del Gobierno, Anthropic se ha negado a dar su brazo a torcer. Y explica las razones para ello. «Hoy en día, los sistemas de IA de vanguardia no son lo suficientemente fiables como para impulsar armas totalmente autónomas. No proporcionaremos, a sabiendas, un producto que ponga en riesgo a los combatientes y civiles estadounidenses», afirmó en un comunicado el CEO de Anthropic, Dario Amodei.
El ejecutivo también destacó que su empresa «apoya el uso de IA para misiones legales de inteligencia y contrainteligencia extranjeras». Sin embargo, considera que «usar estos sistemas para la vigilancia doméstica masiva es incompatible con los valores democráticos».
La decisión de Anthropic de rechazar el acuerdo con el Gobierno estadounidense es extraña: un verso libre en Silicon Valley. Especialmente durante el último año, cuando la mayoría de las grandes tecnológicas han hecho todo lo posible por mantener una relación estrecha con la Casa Blanca. Eso incluye al resto de empresas punteras en IA, como Google o xAI, que, junto con OpenAI, ya han cerrado un acuerdo para que el Pentágono pueda utilizar su tecnología, según recoge ‘The Washington Post’. Un acuerdo que Anthropic se ha negado a suscribir.

Su IA se utiliza en Irán

Desde su nacimiento en 2021, la firma ha estado dirigida por Dario Amodei, que ocupa el cargo de CEO, y por su hermana Daniela, que hace las veces de presidenta. Ambos trabajaron para OpenAI, pero decidieron abandonar la empresa por el nuevo plan de la ejecutiva, con Sam Altman a la cabeza, de comenzar a centrarse en hacer negocio con la tecnología y abandonar el espíritu benéfico con el que fue fundada. Algo que, al final, la propia Anthropic también acabó haciendo.
Actualmente, la empresa de los Amodei tiene una valoración que ronda los 380.000 millones de dólares y controla uno de los chatbots más populares del momento. Su nombre es Claude y cuenta, además, con un asistente llamado Code, pensado para la creación de código y que se ha convertido en una de las herramientas de IA mejor valoradas por los desarrolladores.
A pesar del enfrentamiento actual, la tecnológica ha colaborado activamente con el Pentágono. Claude es utilizado por varias firmas relacionadas con la seguridad nacional estadounidense así como por el Departamento de Defensa. De acuerdo con ‘The Wall Street Journal’, su tecnología incluso ha sido utilizada en los recientes bombardeos que se han llevado a cabo en Irán.
«Fuimos la primera empresa de IA de vanguardia en implementar nuestros modelos en las redes clasificadas del gobierno estadounidense, la primera en implementarlos en los Laboratorios Nacionales y la primera en proporcionar modelos personalizados para clientes de seguridad nacional», señaló Dario Amodei sobre la colaboración que, hasta el momento, había mantenido su compañía con el Departamento de Defensa.
La empresa también ha tomado medidas para que su tecnología no sea accesible para gobiernos antagonistas, como el de China, renunciando por el camino a «cientos de millones de dólares». Sin embargo, no está dispuesta a ceder ante Washington para que pueda hacer con su tecnología lo que considere oportuno.