De nacer en la cárcel y cuidarse solo con 5 años a luchar por crear el Disney del videojuego español
A diferencia de la mayoría de jóvenes de su edad, la primera vez que Karim Casado abrió los ojos no fue en un hospital, sino en Wad-Ras, la cárcel más antigua de Barcelona. No solo llegó al mundo entre rejas: también fue concebido … allí y pasó sus primeros diez meses de vida en una celda junto a su madre. Era 1991 y tanto ella como su padre llevaban ya un tiempo cumpliendo condena. «Se dedicaban a robos, pero me refiero a robos muy grandes, de casas, coches y esas cosas», explica el joven con total naturalidad mientras charla con ABC.
El futuro no pintaba bien, pero de niño tuvo la suerte de acabar en una casa de acogida que le cambió la vida para siempre. El amor de su nueva familia, a la que él siempre ha considerado ‘la familia’, sin más, fue clave para que no se perdiese por el camino. Estudió y pasó por la gran empresa antes de decidirse a dejarlo todo y emprender en la desafiante industria del ‘gaming’ creando su propio videojuego: ‘Stepland’, un título con el que el joven aspira a mejorar los hábitos de salud de los usuarios y aumentar su esperanza de vida. Pero su camino para llegar a este punto no estuvo libre de obstáculos.
La niñez y la adolescencia de Karim estuvieron marcadas por las idas y venidas entre la casa de su familia de acogida y el domicilio de su madre biológica, que abandonó Wad-Ras cuando el emprendedor acababa de cumplir los 5 años. «En ese momento, empezó a intentar hacer chantaje con temas de dinero a la familia con la que estaba. Literalmente, me arrastró de los pelos y me llevó de Barcelona a vivir con ella al pueblo de Esparraguera», recuerda Karim.
«Mi madre tenía problemas con el alcohol. No trabajaba y vivíamos de ayudas del Estado. Para comer íbamos a la Cruz Roja»
Lo que vino después no fue sencillo, o, al menos, no lo parece a ojos de alguien que tuvo una infancia normal. «Con 6 años ya me quedaba solo en casa y tuve que aprender a cocinar para poder comer. Todavía me recuerdo calentándome el arroz y haciéndome los huevos para acompañarlo», explica. Lo tenía que hacer todo por su cuenta porque su madre biológica nunca estuvo muy presente: «Tenía problemas con el alcohol y nunca estaba mucho en casa. Tampoco trabajaba. Vivíamos de ayudas del Estado e íbamos a la Cruz Roja a por comida».
Una infancia sin red
Si Karim apenas pasó tiempo de calidad con su madre durante la infancia, con su padre biológico todavía menos. Para el momento en el que llegó a Esparraguera, la relación entre la pareja ya estaba rota; además, al padre todavía le quedaban unos años de condena por cumplir: «Lo mejor que hizo por mí fue en una visita a la cárcel. Debía tener unos 6 o 7 años y me dijo que lo que tenía que hacer era quedarme con papá Pepe y mamá Isabel, que eran los de acogida, porque ellos me iban a querer». Después de eso, se desentendió del niño para siempre. Y su madre, al final, hizo lo mismo.
«Ella se echó un novio de Barcelona que la invitó a vivir con él, pero no quería que yo y mi hermana, que me saca cinco años, fuésemos también», dice el joven. Lo apañaron dándole la emancipación a la mayor, que por entonces tenía 16 años, y devolviendo a Karim con los 11 recién cumplidos al hogar de acogida, que era donde, al fin y al cabo, él quería estar. A pesar de que no tenían obligación, sus otros padres le habían seguido pasando dinero para que no le faltase nada importante. Aunque este no siempre iba a parar a donde debía. «Mi madre biológica era muy pícara. A veces se quedaba para ella el dinero que era para el comedor del colegio o para las excursiones», apunta el emprendedor, que no guarda resentimiento.
«Yo creo que ella hizo lo que pudo con lo que tuvo. Es cierto que tenía sus ataques de ira y se le escapaba la mano, y que tuve que vivir muchas cosas que a un niño no le corresponden», explica Karim. A pesar de que ahora lo relativiza todo, en la adolescencia sí que tuvo momentos en los que su historia se le hizo difícil de digerir. Trató de ocultársela a sus amigos durante un tiempo, hasta que estos, finalmente, la descubrieron. Porque había cosas que no cuadraban; como el hecho de que no llevase los apellidos de aquellos que él decía que eran sus padres.
Finalmente, a los 18, Karim tomó la decisión de cortar lazos con toda su familia biológica. Para entonces ya no veía casi nunca a su madre y a su hermana, pero las conversaciones que mantenían nunca acababan bien y él se quedaba con la sensación de que, constantemente, le estaban intentando «chantajear» emocionalmente. Salvo en contadas excepciones, nunca ha vuelto a conversar con ellas. La madre murió en 2021: «No la echo de menos y no tengo ningún remordimiento. Como te he dicho, sé que hizo lo que pudo, pero ya está».
Salud y videojuegos
Al joven siempre le gustaron los videojuegos. Desde que probó por primera vez una consola Sega Mega Drive en casa de su familia de acogida ha estado con un mando en la mano. Pero sobre todas las cosas, se considera «un friki de la salud»: «Siempre me ha encantado contar pasos y me interesan mucho los hábitos saludables». Estudió ADE y Marketing y pasó años trabajando para grandes multinacionales; hasta que terminó decidiendo cortar por lo sano con todo y emprender. Y a la hora de hacerlo, decidió apostar por unir sus dos aficiones. Se unió al programador Sergi Perelló y creó Somni Game Studios.
El primer videojuego del equipo, ‘Stepland’, es gratuito y está disponible actualmente en versión demo para móvil en las tiendas de Android y iPhone. Su funcionamiento es muy sencillo; consiste en cuidar de una especie de monstruito que crece en función de los hábitos saludables que practique el usuario, sobre todo de sus pasos diarios. «Nuestra idea es realizar cambios y añadir contenido nuevo cada dos o tres meses», comenta Karim, que se muestra muy satisfecho con los 700 jugadores que lo están utilizando actualmente; una cifra que considera que está bien, porque la obra está sin terminar y, por el momento, no le han dado nada de bombo para publicitarla.
«Creemos que el videojuego tiene potencial para convertirse en series, películas y hasta en un parque de atracciones»
«Las métricas son muy buenas. El 40% de las personas que lo descargan vuelven a jugar al día siguiente, y eso en juego móvil es muchísimo», destaca el joven, que por el momento ha conseguido cerca de 650.000 euros entre ayudas públicas y privadas para sacar el proyecto adelante. Está convencido de que lo mejor todavía está por llegar.
«El videojuego estará terminado para marzo. En el futuro, lo que me gustaría es que se convirtiese en el Disney de los hábitos saludables, porque creemos que tiene mucho potencial tanto entre el público joven como entre los papás y las mamás. Es una idea que creemos que tiene mucho potencial y que en el futuro puede convertirse en series, películas, ‘merchandising’ y hasta en un parque de atracciones», zanja el empresario.

