OpenAI pierde la carrera de la IA y los expertos temen por la supervivencia de la empresa
Es noviembre de 2022 y Sundar Pichai, CEO de Google, está preocupado. Hace apenas unos días, una startup llamada OpenAI puso en línea una máquina que, aparentemente, es capaz de resolver cualquier duda que tenga el usuario. Su nombre es ChatGPT, y el … ejecutivo indio teme que, con el tiempo, acabe dejando obsoleto a su motor de búsqueda, el sitio al que todo el mundo acude cuando navega por internet. Hay que responder; y por eso entra en un bucle de reuniones en las que trata de encontrar la mejor forma de hacerlo. Necesita nuevos productos para competir y no quedarse atrás. Y los necesita rápido si quiere que Google siga manteniendo su estatus de albacea principal de toda la información que se cuelga en la red.
Tres años después, la empresa de Mountain View no solo no ha perdido la carrera de la inteligencia artificial; sino que parece que, ahora mismo, la lidera. Y que va a ganarla. Para empezar, porque tiene lo más importante: dinero. Hace apenas unos días, anunció su intención de duplicar sus gastos anuales hasta alcanzar los 185.000 millones de dólares; y una parte importante de ese dinero irá destinado, directamente, a la mejora de su inteligencia artificial y, más en concreto, de ‘su ChatGPT’: Gemini.
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Mientras tanto, OpenAI sigue tratando de encontrar fórmulas que le permitan aumentar los ingresos generados por su tecnología, que sigue lejos -a años luz- de ser rentable. La firma, liderada por Sam Altman, espera sufrir pérdidas de 100.000 millones de dólares en los próximos cuatro años. Su supervivencia sigue dependiendo de las inyecciones de fondos procedentes de terceros, como los 110.000 millones que va a recibir de Amazon, SoftBank o Nvidia, y de los acuerdos a los que llega con empresas e instituciones para el uso de su tecnología, como el que firmó recientemente con el Pentágono, de 200 millones. Y es que, aunque pueda sorprender, el uso de ChatGPT provoca más gastos a la compañía que beneficios; y esta, a diferencia de Google, no cuenta con un imperio de aplicaciones y publicidad online que le ayude a sostener su IA.
Recientemente algunos analistas de negocio y expertos en IA, como Sebastian Mallaby en ‘The New York Times’, han apuntado que la firma, la misma que inició la carrera de los robots parlantes, corre riesgo de quebrar «en los próximos 18 meses». Y otros expertos están de acuerdo. «El riesgo existe, efectivamente», explica en conversación con ABC Miguel Lucas, director global de innovación en Llorente y Cuenca. «El éxito en la adopción de ChatGPT tiene una relación directa con las pérdidas que está teniendo la empresa. Tiene muchos usuarios, pero también muchos gastos para mantener su servicio. Para este 2026 se espera que las pérdidas hasta dupliquen las del año pasado (9.000 millones de dólares en 2025 frente a unos 17.000 en 2026, según las filtraciones)», remata el experto.
OpenAI tuvo unas pérdidas de 9.000 millones de dólares solo en 2025. Este año podrían ser del doble, según las filtraciones
Joe Haslam, director ejecutivo del programa de Scaleup de propietarios del IE Business School, no tiene tan claro que esto ocurra, aunque no le extrañaría nada que, en el futuro, OpenAI termine siendo propiedad de otra compañía. «Creo que alguien intervendría y adquiriría la tecnología o se cerraría algún tipo de acuerdo para garantizar la supervivencia», apunta el docente a este diario. A pesar de ello, remarca que la sensación que tiene actualmente es que «pase lo que pase, Google lo tiene ya todo para ganar»: «Fabrica sus propios chips, no tiene problemas de talento y tiene un gran negocio basado en la publicidad que le permite seguir invirtiendo en mejorar su IA».
Google invierte en la competencia
ChatGPT sigue siendo la máquina conversacional más empleada por los usuarios. Se estima que, cada mes, unas 810 millones de personas usan el robot para hacer consultas; pero solo el 5% de ellos tiene contratado alguno de los planes de pago. Una cifra demasiado baja como para cubrir los gastos operativos del chatbot. Y, mientras tanto, la competencia le pisa los talones. Recientemente, Sundar Pichai anunció que Gemini había alcanzado los 750 millones mensuales, 100 más de los que tenía en el trimestre anterior. ¿La razón? Gemini 3, una nueva versión de la máquina del buscador que, temporalmente, llegó a estar bastante por encima de lo que eran capaz de ofrecer la mayoría de robots de la competencia.
La IA de Google cuenta con 750 millones de usuarios mensuales. Ha ganado 100 millones en un trimestre y ya está cerca de ChatGPT
«Los que usamos Gemini y ChatGPT nos damos cuenta de que la herramienta de Google no tiene nada que envidiar a las demás. Incluso es bastante mejor en algunos apartados, como en la generación de imágenes», dice Lucas. El experto destaca, además, que Google tiene menos dificultades que OpenAI para conseguir usuarios porque su tecnología está presente en muchos más servicios que ChatGPT, como en su propio buscador o en herramientas como Gmail. Y la influencia de Google llega mucho más allá, incluso a tecnológicas que, en teoría, le están haciendo la competencia dentro del terreno de la IA.
Actualmente, la empresa liderada por Sundar Pichai es la propietaria del 14% de Anthropic, startup creada por extrabajadores de OpenAI y que está detrás de una de las herramientas de IA más populares del momento: Claude Code, que se ha convertido en una de las herramientas favoritas de los desarrolladores y ha provocado parcialmente que, la empresa haya alcanzado una valoración de 380.000 millones de dólares. Además, Google ha comenzado a tener participación en xAI, la empresa de IA de Elon Musk, después de que esta se fusionase con SpaceX hace unas semanas. El buscador mantiene desde 2015 el 7% de la propiedad de la compañía aeroespacial. «Es todo un foso de seguridad en torno a la IA. Pase lo que pase con sus propias herramientas, se garantiza sacar algo de los demás», dice el director global de innovación de Llorente y Cuenca.
Google también ha reducido al mínimo la dependencia de la tecnología de otras empresas. Ni siquiera necesita los chips de Nvidia, claves para poder entrenar a las máquinas y que estas sean capaces de responder las solicitudes que reciben. Google se fabrica los suyos. «Todavía están un paso por detrás de los de Nvidia, pero son mucho más eficientes. Al consumir menos energía pueden ahorrar dinero en el entrenamiento de su IA », explica Lucas.
ChatGPT añade anuncios para buscar nuevos ingresos
Desde hace escasos días, los usuarios de ChatGPT en Estados Unidos han comenzado a ver anuncios relacionados con sus consultas. En concreto en la versión gratuita y en Go, que actualmente tiene un precio de unos 10 euros mensuales. En un comunicado, la empresa de IA señala que el funcionamiento de su máquina «requiere una infraestructura importante y una inversión continua», y que «la publicidad ayuda a financiar ese trabajo».
«Al menos tienen que intentar encontrar cómo hacer más caja», señala Haslam sobre el anuncio. Sea como sea, la llegada de publicidad a la plataforma no ha debido ser una decisión sencilla para OpenAI. En 2024, Sam Altman se refirió a su incorporación como «un último recurso» y algo que resultaría «especialmente inquietante». Temía que los usuarios perdieran confianza en los resultados del chatbot, que creyesen que, cuando este les hablaba sobre un producto concreto, lo hiciese realmente porque una tercera empresa había pagado para promocionarlo.
«Hay que al menos intentar hacer caja. Hacen lo que tienen que hacer», apunta Haslam al respecto. Sarah Friar, directora financiera de OpenAI, también ha dejado caer en varias ocasiones durante las últimas semanas que la compañía está estudiando la posibilidad de comenzar a solicitar recompensas a las empresas que realicen descubrimientos apoyándose en su tecnología, por ejemplo, a las farmacéuticas.

