Ni el programa nuclear, ni los misiles, ni el cambio de régimen, el objetivo número uno de Donald Trump después de tres semanas de guerra contra Irán es la reapertura del estrecho de Ormuz. Después de dar el domingo un ultimátum de 48 horas … a los iraníes para reabrir el paso a los petroleros, el presidente estadounidense extendió el margen al viernes y sorprendió al anunciar que han mantenido «conversaciones muy fuertes» con una «persona de alto nivel» del régimen islámico con la que lograron «puntos importantes de acuerdo». Trump adelantó que «si siguen adelante, pondrá fin a ese problema, a ese conflicto, y creo que lo terminaremos de forma muy, muy sustancial». Se abrió un nuevo plazo de cinco días, tiempo suficiente para la llegada de los miles de marines y barcos de refuerzo que están camino del Golfo.
El presidente dejó entrever que se trata de un acuerdo para hacerse con la reserva de uranio enriquecido de los iraníes. Teherán negó cualquier contacto directo con Washington e Israel guardó silencio, aunque Trump dijo que su aliado estará «muy satisfecho» con lo conseguido en las supuestas conversaciones. El anuncio calmó algo a los mercados, pero no al campo de batalla, donde se registraron duros bombardeos, sobre todo en Teherán. Israel anunció que sus aviones atacaron el «principal cuartel general de seguridad» de la Guardia Revolucionaria en la capital.
A las pocas horas del sorpresivo cambio de discurso de Trump, fuentes israelíes filtraron el nombre de Mohammad Bagher Ghalibaf como el dirigente del régimen con quien habría contactado Estados Unidos, pero el actual presidente del parlamento iraní negó las conversaciones. «No se han celebrado negociaciones con Estados Unidos, y las noticias falsas se utilizan para manipular los mercados financieros y del petróleo y para escapar del atolladero en el que están atrapados Estados Unidos e Israel», escribió Ghalibaf en X. El dirigente ultraconservador señaló además que su país exige el «castigo completo y arrepentimiento de los agresores».
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Mikel Ayestaran
Desde Irán, las agencias oficiales de noticias desmintieron también los contactos con Estados Unidos. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmaeil Baghaei, admitió que «países amigos» han enviado mensajes sobre una solicitud estadounidense de conversaciones para poner fin a la guerra y dijo que Teherán respondió a estos mensajes «de forma adecuada y conforme a las posiciones de principios del país». Baghaei recordó que «la posición de la república islámica sobre el estrecho de Ormuz y las condiciones para poner fin a la guerra no han cambiado». Estas condiciones pasan por un alto el fuego definitivo, no temporal; reducción de la presencia militar de Estados Unidos en el Golfo y el pago de indemnizaciones por los daños sufridos.
La Guardia Revolucionaria sacó pecho por el paso atrás del «Gran Satán» y dijo que se debió a «la firme respuesta» de las fuerzas iraníes en las tres semanas de guerra. Irán apela a la reciprocidad y el ojo por ojo y, aunque su precisión y potencia de fuego es incomparable a la de Estados Unidos e Israel, mantiene el pulso con ataques diarios al Estado judío y a los países del Golfo que albergan bases estadounidenses. El control del tráfico en Ormuz se ha convertido en su arma más importante.
Mensaje a los mercados
Sea verdadero o falso, el simple anuncio de Trump sobre las conversaciones con Irán redujo inmediatamente el precio del barril de Brent hasta unos 100 dólares, después de haber subido a 114 durante el día. Pero no está claro cuánto durará ese optimismo sin avances reales hacia el fin de la guerra. El dirigente republicano dijo que Steve Witkoff y Jared Kushner fueron los encargados de los contactos, las dos mismas personas que traicionaron a los iraníes en los procesos negociadores de junio y febrero. Otros medios estadounidenses apuntaron al vicepresidente James Vance como posible interlocutor debido a la desconfianza total de Teherán en Witkoff y el yerno del presidente.
El diario israelí Yediot Ahronoth, citando fuentes de seguridad israelíes, indicó que las conversaciones entre Irán y Estados Unidos tendrán lugar a finales de esta semana en Pakistán, y añadió que Washington no informó a Israel sobre los contactos con Ghalibaf. Esta misma fuente marcó el 9 de abril como la fecha en la que la Casa Blanca quiere dar por terminada la guerra, aunque Teherán ha dejado claro que serán ellos quienes digan cuándo termina y no su enemigo. Financial Times, también con fuentes israelíes, señaló a Islamabad como la ciudad que acogerá la negociación para intentar poner fin a la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
«Anexión» del Líbano
Benjamin Netanyahu sólo permite que los ministros de Defensa y Exteriores hagan declaraciones en tiempos de guerra, pero el responsable de Economía, el ultranacionalista Bezalel Smotrich, se saltó esta norma para pedir la anexión del sur del Líbano y levantar la nueva frontera en el río Litani. El ministro declaró en un programa de radio que la campaña militar en el Líbano «debe terminar con una realidad completamente diferente, sin Hizbolá y con el cambio de las fronteras de Israel. Lo digo aquí de forma definitiva… en cada sala y en cada discusión, también: la nueva frontera israelí debe ser el Litani».
El ejército trabaja en esta línea y aplica la estrategia de Gaza, con la orden de destruir todos los pueblos cercanos a la frontera para que no puedan regresar los civiles. Israel ya ha bombardeado 7 puentes sobre el río Litani, el sur del país está cada vez más aislado y la invasión terrestre se acerca. Hizbolá resiste y un día más lanzó decenas de cohetes a Israel.
Tras varios días de relativa calma, los ataques regresaron a Beirut, donde un ataque de precisión asesinó a una persona en el barrio de Hazmieh. Fue el segundo ataque contra esta zona residencial cristiana alejada de los barrios del sur de la ciudad, el bastión del Partido de Dios. El ejército israelí dijo que había «atacado a un terrorista» del brazo de operaciones exteriores de la Guardia Revolucionaria iraní.