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La noche soñada para los demócratas lanza al partido hacia 2028

La noche del martes 3 de noviembre quedará para siempre señalada en la historia grande del Partido Demócrata. Las ‘midterms’, las elecciones legislativas de este martes, sacaron al partido de la depresión que supusieron las presidenciales de 2024, las del regreso al poder de … Donald Trump. Aquello fue un golpe formidable a los mensajes sobre el ‘fascismo’ que representaba el multimillonario neoyorquino, a sus excesos en la ideología ‘woke’, a sus decisiones desastrosas, como mantener al anciano Joe Biden para su reelección y la elección de Kamala Harris como sustituta.
Pero estas ‘midterms’ han sido una revancha a la altura de aquella derrota, o incluso van más allá. Los demócratas se impusieron en territorios donde ni los más viejos del lugar recordaban que podían ganar. En Kansas, un pastor metodista, Adam Hamilton, se llevó el escaño de senador, algo que los demócratas no lograban desde 1932. En Texas, el sueño húmedo y siempre frustrado de los demócratas, James Talarico se llevó otro escaño en la Cámara Alta, algo que allí no conseguía su partido desde 1988.Los demócratas más optimistas pronosticaban un doblete, con la recuperación de la mayoría en la Cámara de Representantes y quizá, por la mínima, el Senado. Pero todos los pronósticos se quedaron cortos.. Además de una victoria holgada en la Cámara de Representantes, los demócratas cerraban la noche con varios escaños de ventaja en el Senado.

Lo lograron porque consiguieron ganar en territorios conservadores de la América rural -como Iowa o el propio Kansas-, en otros que en su día fueron igualados y donde el trumpismo se ha hundido -Ohio-, en estados donde tienen poder los independientes -Maine-, en zonas donde aprovecharon la desbandada de los hispanos frente a Donald Trump -Texas- y en otras, como Carolina del Sur, donde su victoria solo se explica por el enfado de los propios republicanos con Trump.

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David Alandete

Incluso, en un recuento de locura, estaban cerca de llevarse el escaño al Senado de Misisipi, un bastión de los republicanos, que Donald Trump ganó por 22 puntos hace solo dos años.
El efecto inmediato, que se materializará cuando se forme el nuevo Congreso en enero, es la recuperación de poder. En los dos años que le quedan al presidente republicano en la Casa Blanca, tendrá enfrente a los demócratas del Congreso, que convertirán el final de su presidencia en un campo de minas. Y, al mismo tiempo, su influencia sobre los republicanos, tras este descalabro, quedará muy tocada.

Una monumental victoria que puede servir como lanzadera

Esta victoria monumental debería ser una lanzadera para los demócratas de cara a 2028. Habrá que ver, sin embargo, si no cumplen con su inclinación habitual a la división entre sus facciones. Cada una de ellas tratará de arrimar el ascua a su sardina: los izquierdistas defenderán que es la movilización del partido lo que les ha llevado a la gloria, y ese es el camino que hay que seguir en las próximas presidenciales. Los moderados dirán que victorias históricas en ‘territorio comanche’ -Texas, Kansas, Carolina del Sur- solo son posibles con candidatos centristas, que lleguen a los votantes moderados e independientes, no izquierdistas que entusiasman a los bastiones demócratas, pero que sufren en estados disputados.

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¿El partido debe mirar a la victoria de Abdul el Sayed, un candidato izquierdisa y musulmán en Míchigan, donde otros demócratas han ganado con más margen? ¿O a la de Talarico en Texas o la suficiencia de Jon Ossoff en Georgia, ambos moderados?
De lo que no hay duda es de que los demócratas han aprendido en este ciclo electoral alguna lección. La «locura woke», como ahora la definen quienes fueron sus propios protagonistas, ha quedado marginada, con las trincheras identitarias -la agenda LGBTQ, el racismo sistémico- en un segundo plano. Y con dos elementos de unidad: el mensaje económico y la oposición a Donald Trump.
Los demócratas han sido disciplinados en esos mensajes, que se retroalimentan: el coste de la vida, el precio del combustible, la creciente desigualdad, el impacto de los aranceles, la incomodidad con la inteligencia artificial o la corrupción política tienen relación directa con Trump.
Quizá eso es algo que deben entender los demócratas, ahora que muchas figuras empezarán a situarse en la carrera hacia 2028. Más que una victoria suya, ha sido una derrota de Trump. EE.UU. ha votado contra el presidente. Si de aquí a 2028 no desarrollan políticas que atiendan los intereses generales de los ciudadanos y no presentan candidatos que respondan a ellos, sufrirán mucho: ya no habrá un Trump contra el que votar.

Publicado: noviembre 4, 2026, 7:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/noche-sonada-democratas-lanza-partido-2028-20261104131146-nt.html

La noche del martes 3 de noviembre quedará para siempre señalada en la historia grande del Partido Demócrata. Las ‘midterms’, las elecciones legislativas de este martes, sacaron al partido de la depresión que supusieron las presidenciales de 2024, las del regreso al poder de … Donald Trump. Aquello fue un golpe formidable a los mensajes sobre el ‘fascismo’ que representaba el multimillonario neoyorquino, a sus excesos en la ideología ‘woke’, a sus decisiones desastrosas, como mantener al anciano Joe Biden para su reelección y la elección de Kamala Harris como sustituta.

Pero estas ‘midterms’ han sido una revancha a la altura de aquella derrota, o incluso van más allá. Los demócratas se impusieron en territorios donde ni los más viejos del lugar recordaban que podían ganar. En Kansas, un pastor metodista, Adam Hamilton, se llevó el escaño de senador, algo que los demócratas no lograban desde 1932. En Texas, el sueño húmedo y siempre frustrado de los demócratas, James Talarico se llevó otro escaño en la Cámara Alta, algo que allí no conseguía su partido desde 1988.Los demócratas más optimistas pronosticaban un doblete, con la recuperación de la mayoría en la Cámara de Representantes y quizá, por la mínima, el Senado. Pero todos los pronósticos se quedaron cortos.. Además de una victoria holgada en la Cámara de Representantes, los demócratas cerraban la noche con varios escaños de ventaja en el Senado.

Lo lograron porque consiguieron ganar en territorios conservadores de la América rural -como Iowa o el propio Kansas-, en otros que en su día fueron igualados y donde el trumpismo se ha hundido -Ohio-, en estados donde tienen poder los independientes -Maine-, en zonas donde aprovecharon la desbandada de los hispanos frente a Donald Trump -Texas- y en otras, como Carolina del Sur, donde su victoria solo se explica por el enfado de los propios republicanos con Trump.

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  • David Alandete

Incluso, en un recuento de locura, estaban cerca de llevarse el escaño al Senado de Misisipi, un bastión de los republicanos, que Donald Trump ganó por 22 puntos hace solo dos años.

El efecto inmediato, que se materializará cuando se forme el nuevo Congreso en enero, es la recuperación de poder. En los dos años que le quedan al presidente republicano en la Casa Blanca, tendrá enfrente a los demócratas del Congreso, que convertirán el final de su presidencia en un campo de minas. Y, al mismo tiempo, su influencia sobre los republicanos, tras este descalabro, quedará muy tocada.

Una monumental victoria que puede servir como lanzadera

Esta victoria monumental debería ser una lanzadera para los demócratas de cara a 2028. Habrá que ver, sin embargo, si no cumplen con su inclinación habitual a la división entre sus facciones. Cada una de ellas tratará de arrimar el ascua a su sardina: los izquierdistas defenderán que es la movilización del partido lo que les ha llevado a la gloria, y ese es el camino que hay que seguir en las próximas presidenciales. Los moderados dirán que victorias históricas en ‘territorio comanche’ -Texas, Kansas, Carolina del Sur- solo son posibles con candidatos centristas, que lleguen a los votantes moderados e independientes, no izquierdistas que entusiasman a los bastiones demócratas, pero que sufren en estados disputados.

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De lo que no hay duda es de que los demócratas han aprendido en este ciclo electoral alguna lección. La «locura woke», como ahora la definen quienes fueron sus propios protagonistas, ha quedado marginada, con las trincheras identitarias -la agenda LGBTQ, el racismo sistémico- en un segundo plano. Y con dos elementos de unidad: el mensaje económico y la oposición a Donald Trump.

Los demócratas han sido disciplinados en esos mensajes, que se retroalimentan: el coste de la vida, el precio del combustible, la creciente desigualdad, el impacto de los aranceles, la incomodidad con la inteligencia artificial o la corrupción política tienen relación directa con Trump.

Quizá eso es algo que deben entender los demócratas, ahora que muchas figuras empezarán a situarse en la carrera hacia 2028. Más que una victoria suya, ha sido una derrota de Trump. EE.UU. ha votado contra el presidente. Si de aquí a 2028 no desarrollan políticas que atiendan los intereses generales de los ciudadanos y no presentan candidatos que respondan a ellos, sufrirán mucho: ya no habrá un Trump contra el que votar.

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