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Míchigan y El Sayed ya miran a 2028: empujar a los demócratas al populismo de izquierdas

«Si Abdul gana aquí, los izquierdistas pueden ganar en cualquier sitio. Y necesitamos un Gobierno de izquierdas, que trabaje para la gente». Nick Kirkpatrick, un vecino de Detroit, habla del candidato al que este martes votará en la decisiva elección a senador por Míchigan, … el demócrata Abdul El Sayed.
Estamos en Majestic Theater, un teatro histórico de la principal ciudad del estado, en el cierre de campaña de El Sayed, quien busca convertirse en el primer senador musulmán de la historia de EE.UU. Pero eso, entre sus seguidores, está en un segundo plano. El entusiasmo por el candidato tiene que ver con su posición en las encuestas y, también, con el efecto que puede tener más allá de Míchigan.

Hace unos días, Christopher Gibbs, presidente del Partido Demócrata en un condado rural de Ohio, cerca de aquí, aseguraba aA que desde el miércoles por la mañana «todo el mundo estará mirando a 2028», en referencia a las próximas elecciones presidenciales.

Noticia relacionada

Javier Ansorena

Muchos en Detroit ya lo hacen. El Sayed tiene una diferencia de once puntos respecto a su rival republicano, Mike Rogers, según la última encuesta de ‘The New York Times’ y Siena College. Le ven ganador y quieren que Míchigan y El Sayed sea un mensaje para los demócratas de todo el país.
«Todos las miradas están puestas en Míchigan», proclama desde el podio la alcaldesa de la ciudad, la demócrata Mary Sheffield, aliada de El Sayed. Y no le falta razón: los demócratas de este estado se complicaron la vida el pasado verano eligiendo en primarias a un candidato joven, izquierdista, musulmán, muy crítico con Israel y lastrado por conexiones con personajes extremistas.
Pero su victoria ante la diputada Haley Stevens –centrista, apoyada por los grandes financiadores del partido, muy cercana al electorado judío, que ha roto con El Sayed en el final de la campaña– tuvo mucho significado. Lo mismo que si se confirman las encuestas y se impone en estas ‘midterms’ en la madrugada del martes, hora española. No es lo mismo que cuando Zohran Mamdani, con un perfil similar, se impuso en las elecciones a la alcaldía de Nueva York. La Gran Manzana es un bastión progresista. Míchigan, sin embargo, es un estado de los llamados bisagra, con las fuerzas igualadas entre republicanos y demócratas.

Newsletter

Cuando El Sayed se sube al estrado, repite los mantras de su campaña. Más que ningún otro, el que ha contagiado a sus seguidores: «Hay que sacar al dinero de la política y meterlo en tu bolsillo».
El Sayed tiene carisma, presencia en el escenario. Utiliza el humor contra los ataques de Trump y los republicanos por su religión y por su nombre. Si gana aquí, será la nueva estrella demócrata. Y, sobre todo, el candidato musulmán trae un mensaje de populismo económico de izquierdas: expulsar a las corporaciones y su dinero de la política, establecer un sistema público de sanidad, reforzar los sindicatos, acabar con el gasto multimillonario en guerras o en armar a socios, también a Israel. Es un mensaje que encaja bien en el momento que vive EE.UU., con la irritación generalizada por el precio del combustible o de la cesta de la compra, por la desigualdad creciente, por el ‘boom’ de la inteligencia artificial y de los centros de datos, que solo beneficia a unos pocos; por la dificultad para acceder a vivienda y, en general, por una sensación generalizada en muchos votantes: viven peor que antes.
El anuncio de Trump de última hora de eliminar la ayuda militar anual a Israel –4.000 millones de dólares (3.570 millones de euros)– tiene que ver con esa frustración económica en todo el electorado, también entre los suyos.
«Mi nombre y mi religión no son la razón por la que la gasolina está cara, mi nombre y mi religión no son la razón de tu factura eléctrica, mi nombre y mi religión no son la razón de lo que suben las pólizas de tu seguro médico», dice El Sayed en una letanía, con su público extasiado.
«Este se ha convertido en un país pensado para los ricos», dice Joe Ross, un votante veterano. «Espero que venga una nueva generación de líderes demócratas que cambie eso. Y Abdul va a ser una de las figuras que protagonicen el cambio».
Una victoria de El Sayed intensificará un debate en el Partido Demócrata que dura una década: ¿qué camino hay que tomar? ¿el del populismo económico de Bernie Sanders, el tótem socialista, que puso contra las cuerdas al partido en las primarias de 2016, las que acabó ganando Hillary Clinton? ¿o el del centrismo, para ganar más allá de los bastiones progresistas, donde esas ideas se miran con desconfianza?
Los izquierdistas defienden que sus ideas son las que movilizan al electorado y las que implican a los jóvenes, más reacios a votar. Los centristas consideran que no se puede ganar sin los independientes y moderados, a los que asusta cualquier idea cercana al socialismo.

Publicado: noviembre 3, 2026, 1:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/michigan-sayed-miran-2028-empujar-democratas-populismo-20261103201341-nt.html

«Si Abdul gana aquí, los izquierdistas pueden ganar en cualquier sitio. Y necesitamos un Gobierno de izquierdas, que trabaje para la gente». Nick Kirkpatrick, un vecino de Detroit, habla del candidato al que este martes votará en la decisiva elección a senador por Míchigan, … el demócrata Abdul El Sayed.

Estamos en Majestic Theater, un teatro histórico de la principal ciudad del estado, en el cierre de campaña de El Sayed, quien busca convertirse en el primer senador musulmán de la historia de EE.UU. Pero eso, entre sus seguidores, está en un segundo plano. El entusiasmo por el candidato tiene que ver con su posición en las encuestas y, también, con el efecto que puede tener más allá de Míchigan.

Hace unos días, Christopher Gibbs, presidente del Partido Demócrata en un condado rural de Ohio, cerca de aquí, aseguraba aA que desde el miércoles por la mañana «todo el mundo estará mirando a 2028», en referencia a las próximas elecciones presidenciales.

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  • Javier Ansorena

Muchos en Detroit ya lo hacen. El Sayed tiene una diferencia de once puntos respecto a su rival republicano, Mike Rogers, según la última encuesta de ‘The New York Times’ y Siena College. Le ven ganador y quieren que Míchigan y El Sayed sea un mensaje para los demócratas de todo el país.

«Todos las miradas están puestas en Míchigan», proclama desde el podio la alcaldesa de la ciudad, la demócrata Mary Sheffield, aliada de El Sayed. Y no le falta razón: los demócratas de este estado se complicaron la vida el pasado verano eligiendo en primarias a un candidato joven, izquierdista, musulmán, muy crítico con Israel y lastrado por conexiones con personajes extremistas.

Pero su victoria ante la diputada Haley Stevens –centrista, apoyada por los grandes financiadores del partido, muy cercana al electorado judío, que ha roto con El Sayed en el final de la campaña– tuvo mucho significado. Lo mismo que si se confirman las encuestas y se impone en estas ‘midterms’ en la madrugada del martes, hora española. No es lo mismo que cuando Zohran Mamdani, con un perfil similar, se impuso en las elecciones a la alcaldía de Nueva York. La Gran Manzana es un bastión progresista. Míchigan, sin embargo, es un estado de los llamados bisagra, con las fuerzas igualadas entre republicanos y demócratas.

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El Sayed tiene carisma, presencia en el escenario. Utiliza el humor contra los ataques de Trump y los republicanos por su religión y por su nombre. Si gana aquí, será la nueva estrella demócrata. Y, sobre todo, el candidato musulmán trae un mensaje de populismo económico de izquierdas: expulsar a las corporaciones y su dinero de la política, establecer un sistema público de sanidad, reforzar los sindicatos, acabar con el gasto multimillonario en guerras o en armar a socios, también a Israel. Es un mensaje que encaja bien en el momento que vive EE.UU., con la irritación generalizada por el precio del combustible o de la cesta de la compra, por la desigualdad creciente, por el ‘boom’ de la inteligencia artificial y de los centros de datos, que solo beneficia a unos pocos; por la dificultad para acceder a vivienda y, en general, por una sensación generalizada en muchos votantes: viven peor que antes.

El anuncio de Trump de última hora de eliminar la ayuda militar anual a Israel –4.000 millones de dólares (3.570 millones de euros)– tiene que ver con esa frustración económica en todo el electorado, también entre los suyos.

«Mi nombre y mi religión no son la razón por la que la gasolina está cara, mi nombre y mi religión no son la razón de tu factura eléctrica, mi nombre y mi religión no son la razón de lo que suben las pólizas de tu seguro médico», dice El Sayed en una letanía, con su público extasiado.

«Este se ha convertido en un país pensado para los ricos», dice Joe Ross, un votante veterano. «Espero que venga una nueva generación de líderes demócratas que cambie eso. Y Abdul va a ser una de las figuras que protagonicen el cambio».

Una victoria de El Sayed intensificará un debate en el Partido Demócrata que dura una década: ¿qué camino hay que tomar? ¿el del populismo económico de Bernie Sanders, el tótem socialista, que puso contra las cuerdas al partido en las primarias de 2016, las que acabó ganando Hillary Clinton? ¿o el del centrismo, para ganar más allá de los bastiones progresistas, donde esas ideas se miran con desconfianza?

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