Publicado: septiembre 23, 2026, 8:45 pm
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Delcy Rodríguez aprovechó este miércoles el altavoz de la Asamblea General para prometer una transición política en Venezuela que estará liderada por una pieza clave de la dictadura que usurpó la democracia en el país sudamericano: ella misma.
«Quiero decirlo muy claro en esta … Asamblea General: en Venezuela habrá elecciones», aseguró la presidenta interina de Venezuela durante el discurso de su país en el gran cónclave anual de la comunidad internacional.
La declaración era un gesto evidente hacia quien ha posibilitado que Delcy hablara desde el podio de mármol verde de la sede de la ONU en Nueva York: Donald Trump, que, tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de año, ha establecido una relación de cooperación con Venezuela basada en el mantenimiento de la mandataria chavista en el poder y en el acceso de EE.UU. a las reservas de petróleo de Venezuela. En el horizonte de esa relación, una hipotética transición democrática, que por ahora es solo una promesa dudosa e incierta.
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Javier Ansorena
La incertidumbre viene de que Delcy dejó claro en la ONU que será ella quien la maneje. «Vengo a asumir una responsabilidad histórica», proclamó. «La de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena reconocida por su propio pueblo y por el mundo».
Y es dudosa, entre otras cosas, porque aseguró que ha iniciado «un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos». Al mismo tiempo, mientras se preparaba para este discurso, el régimen que ella encabeza ha impedido el regreso a Venezuela de la principal figura de la oposición, María Corina Machado. Y un informe publicado por la ONU hace unos días señalaba que el aparato de represión política del chavismo sigue «intacto», que se han registrado decenas de episodios de torturas desde que Delcy es la presidenta interina y que sigue habiendo entre 300 y 500 prisioneros políticos.
Rodríguez no dio ningún detalle sobre cuándo arrancará esa transición política. «El pueblo venezolano, en su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente», dijo. Es una forma ampulosa de decir que no hay fecha, una posición similar a la que defiende por el momento EE.UU. Su secretario de Estado, Marco Rubio, que supervisa la relación con Venezuela y está en contacto constante con Delcy, había asegurado unas horas antes que el proceso democrático «tardará un tiempo» porque «queremos que haya una república duradera, no que se elija a alguien que herede una catástrofe total».
Alarde de cinismo
El discurso de Rodríguez fue un alarde de cinismo para alguien que ha tenido las más altas responsabilidades en el régimen chavista, el mismo que ha perseguido a la oposición, ha impedido la participación de candidatos -como la propia Machado-, ha robado elecciones, ha impuesto un régimen autoritario y se ha llenado los bolsillos con corrupción dentro y fuera del país. «La democracia no se mide por la existencia de elecciones», proclamó. «La democracia se mide por la calidad de la competencia que precede a esas elecciones. Una elección debe ser una solución, no un generador de conflictos irreconciliables».
«Venezuela debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica», dijo quien ha sido figura central de ese camino.
Delcy pareció indicar que su objetivo es liderar un proceso que se parezca a la transición española. «La historia nos ha enseñado que algunas de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura, sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones», dijo en una referencia que podría hacer pensar en el papel de Adolfo Suárez en España. «La legalidad puede ser el camino hacia una legalidad mejor», añadió, y es difícil no pensar en el «de la ley a la ley» de Torcuato Fernández-Miranda.
Sin citar a Maduro
Delcy no se atrevió a mencionar el nombre del que fue su jefe, Nicolás Maduro, ahora recluido en una cárcel de Brooklyn mientras ella se pasea por las alfombras de la ONU. Solo hizo una referencia oblicua a su caída, que supuso su propio ascenso al poder. Dijo que Venezuela ha vivido «dos dolorosas pruebas» este 2026: una fueron los devastadores terremotos y la otra «derivada del estrangulamiento de su vida política interna y la confrontación agudizada con EE.UU.». Hablaba de Maduro.
A quien sí citó de forma clara fue a Trump, a quien agradeció «su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela».
«No prometo un camino fácil», dijo Delcy al final. «La recuperación del país tomará un tiempo», añadió entre llamamientos a la unidad entre los venezolanos.
