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El G-7 urge a Irán a que deje de armar a los hutíes de Yemen

Irán mantiene la mano apretada sobre el cuello del estrecho de Ormuz, por donde a duras penas sigue circulando parte del tráfico mundial de petróleo y gas, y ahora amenaza la otra vía comercial de la región: la que, por el estrecho de Bab … al Mandab, comunica en el sur el mar Rojo con el océano Indico. Los avances logrados en los últimos días por los rebeldes chiíes de Yemen –los hutíes– así lo confirman. Los hutíes conquistaron la semana pasada el puerto yemení de Moka, crucial para el control del estrecho de Bab al Mandeb. Y han bombardeado las cercanías de Riad y otros puntos estratégicos del reino saudí con drones y misiles que acaban de suministrarles sus aliados iraníes.
Un comunicado de los ministros de Exteriores del llamado G-7 –el grupo formado por siete de las democracias más industrializadas del mundo– exige a Irán que «cese de dar armas y apoyo a los hutíes de Yemen». La petición, a las puertas de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, ha sido rechazada por Teherán, que alega que «sólo da apoyo político a los hutíes». Lo cual muestra que Irán juega ya con otra baza importante para vencer el pulso militar que le ha planteado la Administración Trump.

Los hutíes de Yemen –una rama de la minoría chií en el mundo del islam, también minoritaria en Yemen– se levantaron contra el Gobierno de la mayoría suní en 2014, y un año después lograron conquistar la capital, Saná, expulsando a Adén a las autoridades del régimen reconocido por la ONU. La guerra civil que desde entonces sufre Yemen –con decenas de miles de muertos y millones de desplazados y refugiados– se considera una ‘guerra de poderes’ entre Arabia Saudí e Irán por el control de Oriente Próximo.

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Mikel Ayestaran

El alto el fuego negociado hace más de un año ha saltado por los aires y los hutíes han reiniciado su ofensiva para ampliar su dominio de Yemen llevados en volandas por sus padrinos iraníes. Teherán busca así sacudirse la amenaza de Trump y sus aliados en la región haciendo una ‘pinza’ –por el norte y por el sur– sobre Arabia Saudí y las economías del Golfo.
Por Ormuz, en el golfo Pérsico, circula la quinta parte del tráfico mundial del petróleo y del gas líquido. Por Bab al Mandeb, al sur, en la salida al golfo de Adén del Mar Rojo, circula buena parte del comercio mundial de mercancías; y además ahora se ha convertido en una vía de escape para parte del petróleo saudí que no puede hacerlo por Ormuz. La jugada de Teherán –con el aplauso de los hutíes de Yemen– es maestra.

Arabia Saudí pide ayuda a EE.UU.

Según informó esta semana ‘The New York Times’, el príncipe saudí Bin Salman ha pedido a Trump ayuda para lanzar una ofensiva en Yemen, recuperar Saná y reinstalar el ‘gobierno legítimo’ de la mayoría suní. La propuesta, con diversas opciones, está sobre la mesa de la Casa Blanca. Donald Trump ha declarado a la cadena Fox News que está «valorando la toma de decisiones». En cierta manera, el presidente pasa factura a Riad por su rechazo a la propuesta de comienzos de verano de conformar una alianza para atacar Irán «a gran escala».

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Ahora, tanto Trump como Bin Salman sienten la misma urgencia de la acción, que esta vez tendría que ir más allá de los simples bombardeos sobre Irán o sobre Yemen. Una guerra a gran escala es un riesgo, más aún en vísperas de unas elecciones clave en Estados Unidos por el control del Congreso. Pero tal como lo están planteando Irán y sus peones de Yemen, se ha convertido en un desafío real.

Publicado: septiembre 22, 2026, 6:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/urge-iran-deje-armar-huties-yemen-20260922132536-nt.html

Irán mantiene la mano apretada sobre el cuello del estrecho de Ormuz, por donde a duras penas sigue circulando parte del tráfico mundial de petróleo y gas, y ahora amenaza la otra vía comercial de la región: la que, por el estrecho de Bab al Mandab, comunica en el sur el mar Rojo con el océano Indico. Los avances logrados en los últimos días por los rebeldes chiíes de Yemen –los hutíes– así lo confirman. Los hutíes conquistaron la semana pasada el puerto yemení de Moka, crucial para el control del estrecho de Bab al Mandeb. Y han bombardeado las cercanías de Riad y otros puntos estratégicos del reino saudí con drones y misiles que acaban de suministrarles sus aliados iraníes.

Un comunicado de los ministros de Exteriores del llamado G-7 –el grupo formado por siete de las democracias más industrializadas del mundo– exige a Irán que «cese de dar armas y apoyo a los hutíes de Yemen». La petición, a las puertas de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, ha sido rechazada por Teherán, que alega que «sólo da apoyo político a los hutíes». Lo cual muestra que Irán juega ya con otra baza importante para vencer el pulso militar que le ha planteado la Administración Trump.

Los hutíes de Yemen –una rama de la minoría chií en el mundo del islam, también minoritaria en Yemen– se levantaron contra el Gobierno de la mayoría suní en 2014, y un año después lograron conquistar la capital, Saná, expulsando a Adén a las autoridades del régimen reconocido por la ONU. La guerra civil que desde entonces sufre Yemen –con decenas de miles de muertos y millones de desplazados y refugiados– se considera una ‘guerra de poderes’ entre Arabia Saudí e Irán por el control de Oriente Próximo.

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Por Ormuz, en el golfo Pérsico, circula la quinta parte del tráfico mundial del petróleo y del gas líquido. Por Bab al Mandeb, al sur, en la salida al golfo de Adén del Mar Rojo, circula buena parte del comercio mundial de mercancías; y además ahora se ha convertido en una vía de escape para parte del petróleo saudí que no puede hacerlo por Ormuz. La jugada de Teherán –con el aplauso de los hutíes de Yemen– es maestra.

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