La planta de Almusafes entra de lleno en la guerra comercial entre EE.UU. y China - Colombia
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La planta de Almusafes entra de lleno en la guerra comercial entre EE.UU. y China

El acuerdo de la automotriz estadounidense Ford con el fabricante chino Geely para montar coches eléctricos en Valencia ha desatado una ofensiva política en Washington y amenaza con convertir la planta de Almussafes en todo un frente de la rivalidad entre Estados Unidos y China … . Lo que en España se presentó como una operación destinada a asegurar el futuro de una fábrica histórica, y salvar puestos de trabajo, ha sido recibido por algunos legisladores estadounidenses como una concesión estratégica a Pekín.
El ataque más contundente llegó de John Moolenaar, presidente republicano de la Comisión de la Cámara de Representantes del Capitolio sobre China. El diputado por Michigan acusó a Ford de contribuir a los planes del Partido Comunista Chino para dominar las cadenas mundiales de suministro del automóvil y aumentar la dependencia occidental de la industria china. También calificó de incomprensible que Ford pida protección frente a la competencia china en EE.UU. mientras facilita la entrada de Geely en la producción europea.

«La decisión de Ford es incomprensible: busca protección frente a los fabricantes chinos que llegan a Estados Unidos mientras se asocia con Geely. Ford debería trabajar con nuestros aliados, no con nuestros adversarios», dijo.

Noticia relacionada

En Valencia

Pedro Martín Casado

Este ataque coloca el acuerdo en el radar de la Casa Blanca y del Congreso, donde existe un consenso creciente entre republicanos y demócratas para mantener a los fabricantes chinos fuera de todo el mercado estadounidense. La comisión que preside Moolenaar puede convocar audiencias, solicitar documentación a Ford y promover restricciones nuevas si considera que la alianza implica transferencia de tecnología, dependencia de componentes chinos o riesgos para la seguridad económica.
Ford y Geely anunciaron la creación de una empresa conjunta centrada exclusivamente en Europa. Ford controlará el 66% y Geely el 34%. La sociedad comenzará a operar, si recibe las autorizaciones necesarias, durante el primer semestre de 2027, y los nuevos vehículos saldrán de la línea de producción en 2028. La planta continuará fabricando mientras tanto el Ford Kuga. La nueva sociedad prevé producir un nuevo modelo de la familia Bronco, un crossover desarrollado conjuntamente y dos todocaminos eléctricos de Geely.
Para Ford, el pacto ofrece una solución a uno de sus principales problemas en Europa: el de una red industrial con exceso de capacidad y una cuota de mercado en retroceso. La planta valenciana puede fabricar alrededor de medio millón de vehículos al año, pero funcionó en 2025 aproximadamente al 26% de su capacidad, según datos citados por Reuters. Ford, que hace una década vendía más de un millón de automóviles anuales en Europa, redujo sus ventas a poco más de 426.000 unidades y cayó hasta el octavo puesto del mercado. Geely aporta plataformas, tecnología eléctrica, velocidad de desarrollo y costes más bajos.

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EE.UU. teme que los fabricantes chinos utilicen asociaciones de este tipo con grupos occidentales para consolidar su presencia fuera de China, sortear barreras comerciales y terminar desplazando a marcas tradicionales. Geely podrá fabricar por primera vez vehículos de su propia marca en Europa sin tener que exportarlos desde China. La producción local también reducirá su exposición a los aranceles europeos aplicados a los automóviles eléctricos importados y le facilitará el cumplimiento de futuras exigencias de contenido europeo.

En el radar de Donald Trump

Un día antes del anuncio, la Comisión de Comercio del Senado aprobó una propuesta bipartidista para reforzar la prohibición de vehículos y tecnologías vinculados a China. El texto impediría vender automóviles conectados en EE.UU. a empresas participadas en más de un 15% por entidades chinas y endurecería las restricciones sobre componentes, sistemas de comunicación y programas de gestión de baterías. Todavía debe superar el pleno del Senado y la Cámara de Representantes, pero refleja la dirección de la política estadounidense.
La nueva sociedad española no coloca automáticamente a Ford dentro de esa prohibición, porque Geely no adquiere una participación en la matriz estadounidense. Además, los vehículos anunciados se producirán para Europa. Pero cualquier intento futuro de utilizar en EE.UU. tecnología, plataformas, programas informáticos o componentes desarrollados junto a Geely podría atraer controles adicionales. La sociedad también complica la posición política de Ford cuando la compañía presiona para impedir la llegada directa de fabricantes chinos al mercado norteamericano.
El diputado Moolenaar recordó también la colaboración de Ford con CATL, el mayor fabricante chino de baterías. La comisión describe a CATL como una empresa designada por el Pentágono por sus vínculos con el sector militar chino y la relaciona con denuncias sobre trabajo forzoso. Esa asociación previa ha alimentado durante años las críticas republicanas contra Ford y permite presentar el acuerdo valenciano no como una decisión aislada, sino como parte de una estrategia continuada de cooperación con grupos chinos.
El caso depende por ahora de España y a la Unión Europea. La legislación española permite someter a autorización previa inversiones de fuera de la UE que superen el 10% y afecten a infraestructuras, tecnologías o información consideradas sensibles. Bruselas también puede revisar la operación por motivos de competencia y comprobar, bajo el Reglamento de Subvenciones Extranjeras, si Geely ha recibido ayudas públicas chinas capaces de distorsionar el mercado europeo. Estas normas permiten aprobar el acuerdo, imponer condiciones o, en un escenario extremo, impedirlo.
La disputa se inserta finalmente en el deterioro más amplio de las relaciones entre La Casa Blanca y Moncloa. Pedro Sánchez realizó en abril su cuarta visita a China en solo cuatro años y ha defendido una relación económica más estrecha con Pekín, una orientación que inquieta a empresas españolas y a la Administración Trump. El embajador estadounidense en Madrid, Benjamin Leon, advirtió en mayo de que España debía actuar con especial cautela para mantener a China alejada de sectores críticos como los datos, la defensa y las telecomunicaciones. Citó como precedente las contrataciones relacionadas por el estado con Huawei y sostuvo que las prácticas comerciales y la coerción económica chinas amenazan las cadenas de suministro y la propiedad intelectual.
Para España, el acuerdo representa inversión, producción y empleo en una planta sometida durante años a expedientes temporales y dudas sobre su continuidad. Pero para Washington constituye otra prueba de que las empresas occidentales pueden terminar fortaleciendo al rival que sus propios gobiernos intentan contener. El proyecto probablemente seguirá adelante si supera los controles europeos, aunque Ford deberá asumir que cada avance de Geely en Valencia será observado desde el Capitolio como parte de una batalla mucho mayor por el futuro de la industria mundial del automóvil.
En julio de 2025, el senador republicano Tom Cotton y el congresista Rick Crawford, presidentes de los comités de Inteligencia del Senado y la Cámara, pidieron a la directora nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, que revisara todos los acuerdos para compartir información con los servicios españoles de inteligencia, defensa y seguridad. La petición respondió al contrato de 12,3 millones de euros adjudicado por Interior a Huawei para almacenar escuchas judiciales. Cotton reclamó que, mientras España no apartara a la compañía china, Washington eliminara de la información remitida a Madrid cualquier dato susceptible de llegar al Partido Comunista Chino.

Publicado: julio 23, 2026, 4:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/planta-almusafes-entra-lleno-guerra-comercial-eeuu-20260722224548-nt.html

El acuerdo de la automotriz estadounidense Ford con el fabricante chino Geely para montar coches eléctricos en Valencia ha desatado una ofensiva política en Washington y amenaza con convertir la planta de Almussafes en todo un frente de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Lo que en España se presentó como una operación destinada a asegurar el futuro de una fábrica histórica, y salvar puestos de trabajo, ha sido recibido por algunos legisladores estadounidenses como una concesión estratégica a Pekín.

El ataque más contundente llegó de John Moolenaar, presidente republicano de la Comisión de la Cámara de Representantes del Capitolio sobre China. El diputado por Michigan acusó a Ford de contribuir a los planes del Partido Comunista Chino para dominar las cadenas mundiales de suministro del automóvil y aumentar la dependencia occidental de la industria china. También calificó de incomprensible que Ford pida protección frente a la competencia china en EE.UU. mientras facilita la entrada de Geely en la producción europea.

«La decisión de Ford es incomprensible: busca protección frente a los fabricantes chinos que llegan a Estados Unidos mientras se asocia con Geely. Ford debería trabajar con nuestros aliados, no con nuestros adversarios», dijo.

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    Pedro Martín Casado

Este ataque coloca el acuerdo en el radar de la Casa Blanca y del Congreso, donde existe un consenso creciente entre republicanos y demócratas para mantener a los fabricantes chinos fuera de todo el mercado estadounidense. La comisión que preside Moolenaar puede convocar audiencias, solicitar documentación a Ford y promover restricciones nuevas si considera que la alianza implica transferencia de tecnología, dependencia de componentes chinos o riesgos para la seguridad económica.

Ford y Geely anunciaron la creación de una empresa conjunta centrada exclusivamente en Europa. Ford controlará el 66% y Geely el 34%. La sociedad comenzará a operar, si recibe las autorizaciones necesarias, durante el primer semestre de 2027, y los nuevos vehículos saldrán de la línea de producción en 2028. La planta continuará fabricando mientras tanto el Ford Kuga. La nueva sociedad prevé producir un nuevo modelo de la familia Bronco, un crossover desarrollado conjuntamente y dos todocaminos eléctricos de Geely.

Para Ford, el pacto ofrece una solución a uno de sus principales problemas en Europa: el de una red industrial con exceso de capacidad y una cuota de mercado en retroceso. La planta valenciana puede fabricar alrededor de medio millón de vehículos al año, pero funcionó en 2025 aproximadamente al 26% de su capacidad, según datos citados por Reuters. Ford, que hace una década vendía más de un millón de automóviles anuales en Europa, redujo sus ventas a poco más de 426.000 unidades y cayó hasta el octavo puesto del mercado. Geely aporta plataformas, tecnología eléctrica, velocidad de desarrollo y costes más bajos.

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EE.UU. teme que los fabricantes chinos utilicen asociaciones de este tipo con grupos occidentales para consolidar su presencia fuera de China, sortear barreras comerciales y terminar desplazando a marcas tradicionales. Geely podrá fabricar por primera vez vehículos de su propia marca en Europa sin tener que exportarlos desde China. La producción local también reducirá su exposición a los aranceles europeos aplicados a los automóviles eléctricos importados y le facilitará el cumplimiento de futuras exigencias de contenido europeo.

En el radar de Donald Trump

Un día antes del anuncio, la Comisión de Comercio del Senado aprobó una propuesta bipartidista para reforzar la prohibición de vehículos y tecnologías vinculados a China. El texto impediría vender automóviles conectados en EE.UU. a empresas participadas en más de un 15% por entidades chinas y endurecería las restricciones sobre componentes, sistemas de comunicación y programas de gestión de baterías. Todavía debe superar el pleno del Senado y la Cámara de Representantes, pero refleja la dirección de la política estadounidense.

La nueva sociedad española no coloca automáticamente a Ford dentro de esa prohibición, porque Geely no adquiere una participación en la matriz estadounidense. Además, los vehículos anunciados se producirán para Europa. Pero cualquier intento futuro de utilizar en EE.UU. tecnología, plataformas, programas informáticos o componentes desarrollados junto a Geely podría atraer controles adicionales. La sociedad también complica la posición política de Ford cuando la compañía presiona para impedir la llegada directa de fabricantes chinos al mercado norteamericano.

El diputado Moolenaar recordó también la colaboración de Ford con CATL, el mayor fabricante chino de baterías. La comisión describe a CATL como una empresa designada por el Pentágono por sus vínculos con el sector militar chino y la relaciona con denuncias sobre trabajo forzoso. Esa asociación previa ha alimentado durante años las críticas republicanas contra Ford y permite presentar el acuerdo valenciano no como una decisión aislada, sino como parte de una estrategia continuada de cooperación con grupos chinos.

El caso depende por ahora de España y a la Unión Europea. La legislación española permite someter a autorización previa inversiones de fuera de la UE que superen el 10% y afecten a infraestructuras, tecnologías o información consideradas sensibles. Bruselas también puede revisar la operación por motivos de competencia y comprobar, bajo el Reglamento de Subvenciones Extranjeras, si Geely ha recibido ayudas públicas chinas capaces de distorsionar el mercado europeo. Estas normas permiten aprobar el acuerdo, imponer condiciones o, en un escenario extremo, impedirlo.

La disputa se inserta finalmente en el deterioro más amplio de las relaciones entre La Casa Blanca y Moncloa. Pedro Sánchez realizó en abril su cuarta visita a China en solo cuatro años y ha defendido una relación económica más estrecha con Pekín, una orientación que inquieta a empresas españolas y a la Administración Trump. El embajador estadounidense en Madrid, Benjamin Leon, advirtió en mayo de que España debía actuar con especial cautela para mantener a China alejada de sectores críticos como los datos, la defensa y las telecomunicaciones. Citó como precedente las contrataciones relacionadas por el estado con Huawei y sostuvo que las prácticas comerciales y la coerción económica chinas amenazan las cadenas de suministro y la propiedad intelectual.

Para España, el acuerdo representa inversión, producción y empleo en una planta sometida durante años a expedientes temporales y dudas sobre su continuidad. Pero para Washington constituye otra prueba de que las empresas occidentales pueden terminar fortaleciendo al rival que sus propios gobiernos intentan contener. El proyecto probablemente seguirá adelante si supera los controles europeos, aunque Ford deberá asumir que cada avance de Geely en Valencia será observado desde el Capitolio como parte de una batalla mucho mayor por el futuro de la industria mundial del automóvil.

En julio de 2025, el senador republicano Tom Cotton y el congresista Rick Crawford, presidentes de los comités de Inteligencia del Senado y la Cámara, pidieron a la directora nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, que revisara todos los acuerdos para compartir información con los servicios españoles de inteligencia, defensa y seguridad. La petición respondió al contrato de 12,3 millones de euros adjudicado por Interior a Huawei para almacenar escuchas judiciales. Cotton reclamó que, mientras España no apartara a la compañía china, Washington eliminara de la información remitida a Madrid cualquier dato susceptible de llegar al Partido Comunista Chino.

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