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El pacto nuclear de EE.UU. con Arabia Saudí hace temer una carrera atómica en Oriente Próximo

Fuentes oficiales de la Casa Blanca han filtrado a los principales medios de prensa anglosajones que el presidente Trump ha cerrado un acuerdo para compartir tecnología nuclear con Arabia Saudí. El plan, que será sometido al Congreso de Estados Unidos para su aprobación, supone un … cambio de política radical al no incluir garantías de que Riad no aproveche esa tecnología para desarrollar su propia arma nuclear. Tampoco exige a Arabia Saudí que reconozca al Estado de Israel, una condición añadida por la anterior Administración Biden.
Según la agencia Reuters, el plan ya ha sido cerrado por el presidente Trump y el ‘hombre fuerte’ del régimen saudí, el Príncipe heredero Mohamed bin Salmán. Se conoce como el Acuerdo 123, en referencia a un decreto estadounidense de 1954 que daba luz verde a la posibilidad de que compañías de este país trabajasen junto a otras del reino saudí en un negocio que mueve miles de millones de dólares.

El acuerdo –que permitiría la construcción de instalaciones en Arabia Saudí para el enriquecimiento de uranio– no incluye lo que se conoce en el argot como Estándar Oro: la cancelación automática de los permisos si la superpotencia petrolera utilizara esa vía para fabricar el arma nuclear. Ningún país árabe la tiene, Irán la busca desde hace muchos años, e Israel la posee aunque no lo reconoce oficialmente.

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David Alandete

El pacto alcanzado entre Washington y Riad tampoco incluye el llamado Protocolo Adicional, que concede al organismo de control nuclear de la ONU (la Agencia Internacional de la Energía Atómica) el poder de verificación de actividades en Arabia Saudí. Eso comporta la posibilidad de enviar equipos de inspección a las instalaciones sin previo aviso.
Hasta la fecha, Arabia Saudí había aceptado parte de las condiciones impuestas por Estados Unidos para poder desarrollar la energía nuclear «solo para fines civiles», en particular el Estándar Oro. Al mismo tiempo, Riad se resistió siempre a dar el paso que le pedían Biden y Trump y reconocer el Estado de Israel –en el marco de los llamados Acuerdos de Abraham, que sí atrajeron a otros países musulmanes de la región–. Cuando parecía más inclinado a darlo, las guerras de Gaza, el Líbano e Irán le disuadieron de hacerlo.

Alerta en Israel

De ahí que las primeras voces de alarma ante el acuerdo hayan surgido en Israel. Los medios más nacionalistas del entorno del Gobierno de Netanyahu alertan de que el pacto «disparará la carrera nuclear» en la región, y dará más argumentos a Irán para seguir con su proyecto atómico. Arabia Saudí mantiene, hoy por hoy, una buena relación no oficial con Israel, «pero la marea podría cambiar el día de mañana». El pacto nuclear «es una señal inequívoca de la mala relación entre Trump y Netanyahu», ha declarado a ‘The Times of Israel’ el ex primer ministro y exresponsable de Defensa Ehud Barak.

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Que la posibilidad de desarrollar el arma atómica atraiga a Bin Salmán es algo fuera de discusión. El dirigente saudí ha dicho en varias ocasiones que si Irán prosigue con su enriquecimiento de uranio, Arabia Saudí se reserva el derecho a hacerlo para plantar cara a su principal enemigo en la región.
La cuestión es qué necesidad tiene Donald Trump de hacer favores a un régimen absolutista árabe, sostenido por una ideología radical islamista como la del clero wahabí.
Cuando el presidente estadounidense recibió a Bin Salmán en la Casa Blanca a finales del año pasado, tuvo que hacer muchas concesiones a la diplomacia, más de las que acostumbra. Ante las preguntas de la prensa sobre el asesinato en 2018 del columnista del ‘Washington Post’ y disidente saudí Kashogi –ordenado sin mucho género de dudas por Bin Salmán–, Trump se limitó a decir que son cosas que pasan y que, además, «el Príncipe no sabía nada».
Una de las razones que explicarían el extraño romance político entre el presidente norteamericano y el dirigente saudí se llama Irán. Trump sabe que no puede lanzar una guerra convencional contra el régimen de los ayatolás. Al mismo tiempo, cree que su prestigio –y su puesto en la historia– depende de cómo resuelva el actual conflicto. El único aliado que tiene con capacidad económica y militar en la región, dejando a un lado a Israel, que ya tiene demasiados frentes, es Arabia Saudí. Un país que además le salió respondón cuando en fechas recientes se resistió a la escalada militar contra Irán. El apoyo de Riad y el mantenimiento de las bases estadounidenses en el Golfo, hostigadas ahora por las acciones de represalia de Teherán, tienen un precio.

Publicado: julio 22, 2026, 2:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/eeuu-arabia-saudi-firman-acuerdo-nuclear-despierta-20260722210722-nt.html

Fuentes oficiales de la Casa Blanca han filtrado a los principales medios de prensa anglosajones que el presidente Trump ha cerrado un acuerdo para compartir tecnología nuclear con Arabia Saudí. El plan, que será sometido al Congreso de Estados Unidos para su aprobación, supone un cambio de política radical al no incluir garantías de que Riad no aproveche esa tecnología para desarrollar su propia arma nuclear. Tampoco exige a Arabia Saudí que reconozca al Estado de Israel, una condición añadida por la anterior Administración Biden.

Según la agencia Reuters, el plan ya ha sido cerrado por el presidente Trump y el ‘hombre fuerte’ del régimen saudí, el Príncipe heredero Mohamed bin Salmán. Se conoce como el Acuerdo 123, en referencia a un decreto estadounidense de 1954 que daba luz verde a la posibilidad de que compañías de este país trabajasen junto a otras del reino saudí en un negocio que mueve miles de millones de dólares.

El acuerdo –que permitiría la construcción de instalaciones en Arabia Saudí para el enriquecimiento de uranio– no incluye lo que se conoce en el argot como Estándar Oro: la cancelación automática de los permisos si la superpotencia petrolera utilizara esa vía para fabricar el arma nuclear. Ningún país árabe la tiene, Irán la busca desde hace muchos años, e Israel la posee aunque no lo reconoce oficialmente.

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  • David Alandete

El pacto alcanzado entre Washington y Riad tampoco incluye el llamado Protocolo Adicional, que concede al organismo de control nuclear de la ONU (la Agencia Internacional de la Energía Atómica) el poder de verificación de actividades en Arabia Saudí. Eso comporta la posibilidad de enviar equipos de inspección a las instalaciones sin previo aviso.

Hasta la fecha, Arabia Saudí había aceptado parte de las condiciones impuestas por Estados Unidos para poder desarrollar la energía nuclear «solo para fines civiles», en particular el Estándar Oro. Al mismo tiempo, Riad se resistió siempre a dar el paso que le pedían Biden y Trump y reconocer el Estado de Israel –en el marco de los llamados Acuerdos de Abraham, que sí atrajeron a otros países musulmanes de la región–. Cuando parecía más inclinado a darlo, las guerras de Gaza, el Líbano e Irán le disuadieron de hacerlo.

Alerta en Israel

De ahí que las primeras voces de alarma ante el acuerdo hayan surgido en Israel. Los medios más nacionalistas del entorno del Gobierno de Netanyahu alertan de que el pacto «disparará la carrera nuclear» en la región, y dará más argumentos a Irán para seguir con su proyecto atómico. Arabia Saudí mantiene, hoy por hoy, una buena relación no oficial con Israel, «pero la marea podría cambiar el día de mañana». El pacto nuclear «es una señal inequívoca de la mala relación entre Trump y Netanyahu», ha declarado a ‘The Times of Israel’ el ex primer ministro y exresponsable de Defensa Ehud Barak.

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Que la posibilidad de desarrollar el arma atómica atraiga a Bin Salmán es algo fuera de discusión. El dirigente saudí ha dicho en varias ocasiones que si Irán prosigue con su enriquecimiento de uranio, Arabia Saudí se reserva el derecho a hacerlo para plantar cara a su principal enemigo en la región.

La cuestión es qué necesidad tiene Donald Trump de hacer favores a un régimen absolutista árabe, sostenido por una ideología radical islamista como la del clero wahabí.

Cuando el presidente estadounidense recibió a Bin Salmán en la Casa Blanca a finales del año pasado, tuvo que hacer muchas concesiones a la diplomacia, más de las que acostumbra. Ante las preguntas de la prensa sobre el asesinato en 2018 del columnista del ‘Washington Post’ y disidente saudí Kashogi –ordenado sin mucho género de dudas por Bin Salmán–, Trump se limitó a decir que son cosas que pasan y que, además, «el Príncipe no sabía nada».

Una de las razones que explicarían el extraño romance político entre el presidente norteamericano y el dirigente saudí se llama Irán. Trump sabe que no puede lanzar una guerra convencional contra el régimen de los ayatolás. Al mismo tiempo, cree que su prestigio –y su puesto en la historia– depende de cómo resuelva el actual conflicto. El único aliado que tiene con capacidad económica y militar en la región, dejando a un lado a Israel, que ya tiene demasiados frentes, es Arabia Saudí. Un país que además le salió respondón cuando en fechas recientes se resistió a la escalada militar contra Irán. El apoyo de Riad y el mantenimiento de las bases estadounidenses en el Golfo, hostigadas ahora por las acciones de represalia de Teherán, tienen un precio.

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