Publicado: julio 8, 2026, 2:45 pm
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Donald Trump regresa a Washington desde la cumbre de la OTAN en Ankara con el frente iranà de nuevo abierto, el alto el fuego prácticamente enterrado y el proceso negociador que él mismo habÃa anunciado hace apenas unas semanas al borde del colapso total. El … presidente estadounidense aseguró este miércoles que el memorando de entendimiento firmado con Teherán está «acabado» y anticipó que EE.UU. podrÃa volver a golpear más objetivos iranÃes de forma inminente. La guerra que la Casa Blanca habÃa intentado presentar como una contenida ya cerrada vuelve asà a ocupar el centro de la agenda presidencial.
La última escalada comenzó tras unos ataques de Irán contra buques comerciales en el estrecho de Ormuz, el paso marÃtimo por el que transita una parte esencial del petróleo mundial. El Pentágono respondió con una nueva oleada de bombardeos sobre objetivos militares iranÃes. Según el Mando Central de EE.UU., los ataques se dirigieron contra defensas aéreas, radares y embarcaciones pequeñas de la Guardia Revolucionaria utilizadas para amenazar la navegación. Trump, desde Ankara, elevó el tono bastante: «Les golpeamos muy fuerte anoche. Probablemente les golpearemos otra vez esta noche».
El presidente trató después de aclarar que no buscaba una guerra larga, que es lo que viene diciendo desde febrero, cuando comenzaron los ataques. Dijo que no cree que el conflicto vaya a «empezar de nuevo» en sentido pleno, pero añadió que cualquier respuesta estadounidense será rápida y desproporcionada. «Cuando ellos golpean, nosotros golpeamos diez veces más fuerte», afirmó. Washington no declara formalmente una nueva guerra, pero actúa ya como si el periodo de contención hubiera terminado.
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Mikel Ayestaran
El golpe es especialmente duro para la vÃa diplomática que encabeza el vicepresidente J. D. Vance. El memorando firmado el mes pasado habÃa abierto una ventana de 60 dÃas para negociar un acuerdo más amplio. La tregua debÃa facilitar la reapertura completa del Estrecho, reducir los ataques contra la navegación comercial y permitir conversaciones sobre el programa nuclear iranÃ. Esa opción queda ahora en riesgo. Trump dijo que sus enviados pueden seguir hablando con Teherán, pero añadió que probablemente «pierden el tiempo». En la práctica, la Casa Blanca mantiene el canal diplomático abierto solo de forma testimonial.
La Administración Trump ha acompañado los bombardeos con una decisión económica de gran calado: la retirada de las exenciones petroleras concedidas a Irán como parte del entendimiento provisional. Esas licencias permitÃan a Teherán vender crudo de forma más abierta durante la negociación. Su revocación devuelve presión sobre la principal fuente de ingresos del régimen y confirma que Washington ha pasado de la fase de incentivo a la de castigo. En el lenguaje de la Casa Blanca, Irán solo iba a recibir beneficios si mostraba «buen comportamiento». Los ataques a buques en Ormuz han destruido esa lógica.
Irán ha respondido con desafÃo. El viceministro de Exteriores Kazem Gharibabadi acusó a Trump de entender solo «el lenguaje de la fuerza», según la agencia Anadolu, y sostuvo que las amenazas estadounidenses son prueba del fracaso de una polÃtica basada en sanciones y presión militar. Otros responsables iranÃes han advertido también a los paÃses de la región de que cualquier apoyo a EE.UU. puede convertirlos en objetivos legÃtimos. Esa amenaza pesa especialmente sobre Baréin, sede de la Quinta Flota estadounidense, y Kuwait, donde también hay presencia militar de EE.UU.
El alto el fuego, hecho añicos
La escalada ya ha desbordado por completo el marco bilateral. Tras los ataques estadounidenses, Irán lanzó misiles y drones contra instalaciones vinculadas a EE.UU. en el Golfo. Kuwait aseguró haber interceptado proyectiles y aparatos no tripulados. Baréin activó alertas. Qatar, Emiratos y otros gobiernos árabes condenaron los ataques iranÃes, mientras aumentaba el temor a una regionalización del conflicto. El problema para Washington es evidente, pues cada golpe contra Irán obliga a reforzar la protección de bases, rutas marÃtimas y aliados en una zona donde el margen de error es mÃnimo.
En Ankara, Trump también habló de planes más ambiciosos. Mencionó la posibilidad de volver a imponer un bloqueo naval y dejó caer incluso la opción de hacerse con la isla de Jarg, el gran centro de exportación petrolera iranÃ. No es una amenaza menor, pues por esa isla pasa la mayor parte del petróleo iranÃ. El presidente afirmó que EE.UU. ya la golpeó, pero que dio instrucciones de no destruir la infraestructura petrolera porque tal vez podrÃa necesitarse después. Esa frase revela hasta qué punto los planes militares van más allá de una simple represalia puntual.
Los aliados de la OTAN asisten a esta reanudación de las hostilidades con patente incomodidad. Trump ha reprochado a varios socios europeos no haber ayudado lo suficiente durante la guerra con Irán , aunque luego suavizó el tono y dijo que habÃan tenido «un mal momento». También afirmó que algunos paÃses europeos enviarán dragaminas al estrecho de Ormuz, ante el temor de que Irán vuelva a minar la ruta. La Alianza sale de Ankara con una imagen de unidad formal, pero con una guerra abierta en la que no todos quieren participar.
La consecuencia inmediata es que el conflicto se alarga, a pesar de las afirmaciones de Trump. La Casa Blanca habÃa apostado por una combinación de fuerza, sanciones selectivas y negociación rápida. Ahora vuelve a depender de los bombarderos, los buques, las defensas aéreas del Golfo y la presión sobre el petróleo iranÃ. El regreso de Trump a Washington no será el de un presidente que ha cerrado una crisis, sino el de uno que vuelve con otra guerra reactivada, y muy impopular, sobre la mesa.
