Publicado: julio 8, 2026, 11:00 am
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Para lo habitual que es verlos en los videojuegos, los remakes son una apuesta bastante complicada. Si no tocas lo suficiente, al público le parece injustificado. Si tocas de más, hay posibilidad de alterar demasiado la experiencia y crear un producto polémico. Ubisoft se enfrenta … a esto desenterrando uno de sus tesoros más preciados, la aventura pirata de Edward Kenway. Y es que trece años después, ‘Assassin’s Creed Black Flag’ regresa con una pregunta difícil: ¿bastaba con embellecer uno de los juegos más queridos de la saga o hacía falta reconstruirlo de verdad? Os hacemos ya el spoiler, ‘Resynced’ intenta lo segundo y pese algunos errores, la jugada es satisfactoria.
A primera vista puede parecer un simple lavado de cara y nada más. Una apuesta segura en un momento complicado para la compañía que busca un éxito relativamente fácil. Traer a las plataformas actuales y con unos gráficos a la altura de las exigencias modernas la cuarta entrega de la saga principal de los asesinos más famosos de los videojuegos. Pero por suerte, la cosa no es así. Además de las obvias mejoras técnicas -el Caribe nunca se ha visto representado de tal manera en los videojuegos- hay una serie de cambios estructurales y jugables para que ‘Resynced’ se sienta un juego completo. Eso sí, la fórmula Ubisoft no se altera, no esperes otra cosa.
Otra buena noticia es que el corazón sigue intacto. Edward Kenway continúa siendo uno de los protagonistas más carismáticos de ‘Assassin’s Creed’: menos solemne que Altair, menos noble que Ezio, pero más egoísta y humano. Quiere oro, libertad y prestigio antes que credo. Y ahí está todavía la fuerza de ‘Black Flag’: en convertir una fantasía pirata en una historia sobre pérdida, lealtad y madurez. Y en ‘Resynced’, la travesía de Kenway desde aquella playa en la que acaba varado al timón del Jackdaw está replicada prácticamente a escala 1:1.
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Análisis
Javier Palomo
Un lavado de cara a las misiones
Pero para los que queréis más, estáis de suerte. ‘Resynced’ introduce nuevos oficiales que puedes contratar para tu navío, el Jackdaw, y cada uno tiene su propia historia. Son misiones de escasa duración, pero que esta vez sí profundizan en los nuevos personajes secundarios -un fallo de la entrega original- y que además de las interesantes historias, entregan habilidades muy valiosas para nuestro navío.
De hecho, ‘Resynced’ hace un trabajo magistral al rehacer por completo todas las misiones del juego. Tanto principales como secundarias, estas han sufrido cambios para que jugablemente se disfruten mucho más. Ubisoft ha tocado todo aquello que más ha envejecido con respecto a 2013, con mucho mimo eso si, para que se sienta igual, pero mejorado.
Los nuevos -y antiguos- compañeros de Edward enriquecen la aventura.
El ejemplo más evidente está en las misiones de seguimiento y escucha. En el original, perder de vista a un objetivo o alejarse demasiado durante unos segundos implicaba muchas veces una desincronización inmediata. Aquí, en cambio, la misión no se rompe con tanta facilidad. Si Edward es descubierto, la situación deriva en combate; si se aleja, todavía hay margen para reconducir la escena. Parece un detalle pequeño, pero cambia mucho el ritmo. ‘Resynced’ deja de castigar tanto el error y permite jugar de forma más natural, algo imprescindible en un remake que quiere sentirse moderno sin dejar de ser reconocible.
El Caribe renacido
El salto gráfico es, por supuesto, el primer gran reclamo. Ubisoft ha reconstruido el Caribe con una versión actualizada del motor Anvil y el resultado entra por los ojos desde el primer minuto. No hablamos solo de más resolución o mejores texturas, sino de una dirección visual mucho más rica: vegetación más densa, ciudades con más volumen, playas que parecen tener otra profundidad y un océano que se convierte, casi, en un personaje más. La Habana, Nasáu o Kingston conservan la identidad del original, pero ahora respiran con una escala y una iluminación que hacen justicia al recuerdo que muchos jugadores tenían en la cabeza.
‘Resynced’ recuerda por qué esta entrega sigue teniendo una de las fantasías piratas más poderosas que ha dado el videojuego
Donde más brilla esta puesta al día es en el mar. Las aguas cristalinas, el movimiento de las olas, los reflejos del sol y la forma en la que el clima altera la navegación convierten cada travesía en algo más que un simple desplazamiento entre iconos del mapa. Las tormentas ya no son solo un decorado aparatoso: condicionan la visibilidad, zarandean el barco y obligan a pelear contra el viento y el oleaje. Cuando el cielo se oscurece, los rayos parten el horizonte y el Jackdaw cruje bajo la lluvia, ‘Resynced’ recuerda por qué esta entrega sigue teniendo una de las fantasías piratas más poderosas que ha dado el videojuego.
Mecánicas refinadas
En cuanto a mecánicas, el parkour se ha retocado para ganar precisión, con salto manual, movimientos laterales y una mayor capacidad para corregir la trayectoria. No convierte a Edward en un acróbata completamente nuevo, pero sí hace que moverse por tejados, balcones y mástiles sea más fiable. También se agradece la posibilidad de agacharse en cualquier momento, una mecánica básica para el sigilo moderno que en 2013 todavía no estaba integrada de esta forma. Ahora se puede avanzar entre coberturas, aprovechar mejor la oscuridad y plantear las infiltraciones con algo más de intención.
Unido a la posibilidad de ponerse o quitarse la capucha, al regreso de las bombas de humo, los dardos y el dardo de cuerda, el sigilo gana flexibilidad. No estamos ante un sistema especialmente profundo, y la inteligencia artificial sigue siendo uno de los puntos más flojos del conjunto, pero al menos el juego ofrece más herramientas para que el jugador se sienta menos encorsetado.
La exploración submarina también sale beneficiada. En el original, las inmersiones estaban mucho más limitadas a zonas concretas y a la campana de buceo. Ahora Edward puede lanzarse al agua con mayor libertad, explorar bajo la superficie, aproximarse a barcos o posiciones costeras de forma más sigilosa y encontrar cofres o restos sumergidos sin que todo dependa de puntos tan rígidos del mapa. El fondo marino es más claro, más legible y mucho más atractivo visualmente. Siguen estando presentes los peligros clásicos, desde la falta de aire hasta los tiburones, pero la sensación general es menos aparatosa y más integrada en la aventura.
El mejor combate naval de los videojuegos
Con todo, el gran pilar continúa siendo el combate naval. Ahí ‘Black Flag’ era ya excelente y Ubisoft ha tenido el acierto de no desmontar lo que funcionaba. El Jackdaw vuelve a ser el centro de la experiencia: se mejora, se arma, se personaliza y se convierte poco a poco en una bestia del Caribe. Las batallas mantienen esa mezcla de estrategia ligera, espectáculo y caos controlado que tan bien funcionaba en 2013. Medir distancias, orientar el casco, castigar los puntos débiles del enemigo, rematar con morteros o preparar el abordaje sigue siendo tremendamente satisfactorio.
El abordaje sigue siendo uno de los momentos más reconocibles. Dejar a un navío enemigo al borde del naufragio, lanzar los garfios, saltar a cubierta y reducir a la tripulación rival conserva intacta su fuerza. Pero no es oro todo lo que reluce, y después del tercer abordaje, todos saben igual. Ya que Ubisoft ha tocado por todos lados, echamos en falta que también hubiera modificado de alguna manera los abordajes para que hubieran diferentes eventos u objetivos más allá de masacrar a toda la tripulación rival para llevarte el botín.
Adiós a las peleas RPG y hola al tedio
Porque, a nuestro parecer, el mayor problema del título aparece cuando la acción pasa al cuerpo a cuerpo. Ubisoft ha dejado atrás los componentes RPG de las últimas entregas principales y eso, en principio, es una buena decisión. No hay aquí un festival de niveles, barras de daño absurdas ni enemigos convertidos en esponjas. Edward tiene desde el inicio buena parte de su repertorio y el sistema se apoya en ataques ligeros y fuertes, paradas, contraataques y ejecuciones rápidas.
El combate es vistoso y funciona bien en los primeros compases, pero la escasa variedad de mecánicas y enemigos
acaba haciéndolo repetitivo
Sin embargo, esa limpieza también deja al descubierto sus límites. El combate es vistoso y funciona bien en los primeros compases, pero la escasa variedad de mecánicas y enemigos acaba haciéndolo repetitivo. Parar, contraatacar, romper defensa y ejecutar se convierte pronto en una rutina demasiado reconocible. Hay nuevos arquetipos y ajustes en las armas, pero no los suficientes como para sostener durante tantas horas- unas 40 solo si quieres completar la aventura principal- la sensación de sorpresa. En grupos numerosos, especialmente durante algunos abordajes, la acción puede volverse caótica, menos por exigencia que por acumulación de cuerpos, cámaras y golpes.
El combate es vistoso y ágil, pero cae en la repetición demasiado pronto.
Ese es quizá el mayor peaje de ‘Resynced’. Al querer recuperar una estructura más clásica y menos RPG, el juego gana identidad, pero también evidencia que el diseño de combate de aquel ‘Assassin’s Creed’ necesitaba algo más que una capa de modernización. El problema aumenta en las batallas contra los jefes. No hay muchos, por suerte, porque son tediosas e innecesarias. Con el sistema de combate basado en parrys se podrían haber planteado enfrentamientos mucho mejores, pero los que llegaron al juego final no dejan al jugador con un buen sabor de boca. En el resto de aspectos jugables, la evolución de Resynced es evidente, pero en las ‘boss fights’… esto sigue siendo un juego de 2013.
¿Merece la pena?
Aun así, sus defectos no hunden el barco. ‘Assassin’s Creed Black Flag Resynced’ funciona porque entiende cuál era el tesoro del original: no era solo Edward, ni solo el Jackdaw, ni solo el Caribe, sino la suma de todos esos elementos en una fantasía de libertad muy difícil de replicar. Ubisoft moderniza lo suficiente para que el regreso tenga sentido y conserva lo bastante para que siga siendo el mismo viaje. No todos los remakes encuentran ese equilibrio. Este, con sus grietas, sí lo hace.
