Publicado: julio 6, 2026, 3:00 pm
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El telescopio espacial Swift de la NASA atraviesa por una situación complicada desde que se aceleró la degradación de su órbita en 2025 por un aumento inesperado de la actividad solar. Ante este escenario, la agencia espacial estadounidense redujo la actividad científica de dicho observatorio, irrumpió las observaciones y, hace escasos días, decidió lanzar una nave robótica para intentar alcanzarlo y salvarlo porque se encuentra en riesgo de reingreso incontrolado a la Tierra.
Concretamente, la nave robótica LINK de la compañía Katalyst Space despegó el pasado viernes 3 de julio desde el atolón de Kwajalein en el Océano Pacífico Sur para elevar la altitud del telescopio espacial Swift. Además, según dio a conocer la NASA en un comunicado oficial, LINK fue lanzada a órbita mediante un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, que fue liberado por el avión Stargazer de la compañía, a una altitud de unos 12.200 metros.
Con este lanzamiento, la NASA espera que LINK se acerque al telescopio, lo capture de forma autónoma y eleve su órbita para que no reingrese a la Tierra de forma incontrolada. No obstante, por ahora, la agencia espacial informa que «los equipos han logrado establecer comunicación con la nave robótica LINK para elevar la órbita», siendo la «primera operación en órbita de la nave espacial».
De cara a las próximas semanas, Katalyst llevará a cabo los procedimientos de verificación de LINK, incluidas las evaluaciones de sus sistemas de propulsión, sensores y navegación. Posteriormente, LINK se acercará a Swift y realizará un estudio del observatorio antes de capturarlo y elevarlo a lo largo de varios meses.
El objetivo de la NASA: prolongar la vida útil del telescopio Swift
El telescopio espacial Swift es un satélite que estudia las explosiones de rayos gamma, se lanzó en 2004, está valorado en 500 millones de dólares y alberga tres telescopios multiespectrales que recopilan datos en luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma.
Desde que su órbita comenzó a degradarse, Swift ha ido perdiendo altitud progresivamente debido al arrastre atmosférico, pasando de unos 600 kilómetros a cerca de 400. Además, sin un sistema de propulsión propio, el observatorio no puede corregir ese descenso, por lo que, sin intervención externa, su órbita seguiría decayendo hasta entrar en la atmósfera terrestre y dejar de ser operativo.
Actualmente, el objetivo de la NASA consiste en que el telescopio espacial vuelva a su altitud original de unos 600 kilómetros para prolongar la vida útil durante varios años, siempre que sus sistemas sigan funcionando según lo previsto.
