Publicado: julio 5, 2026, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/ciudades-alemanas-arruinando-20260706012825-nt.html
A un visitante de Ingolstadt, una ciudad mediana de Baviera, no le cuesta darse cuenta de que esta es la ciudad de Audi. Basta con fijarse en el puesto de la mutua sanitaria de Audi junto al ayuntamiento, en el espléndido museo del fabricante de … automóviles o en los anuncios de su temporada de conciertos de verano, que comienza este fin de semana. Si habla con cualquier vecino, lo más probable es que trabaje en la planta de Audi o que tenga algún familiar que se encuentre entre las 40 000 personas de la ciudad empleadas por la empresa. El éxito de Audi impulsó el crecimiento de Ingolstadt, que pasó de ser una tranquila localidad de 30 000 habitantes tras la Segunda Guerra Mundial a los 145 000 actuales.
Y son precisamente las dificultades de Audi —cuyos beneficios y plantilla están disminuyendo— las que ayudan a explicar por qué la ciudad se ha visto sumida en una profunda crisis. Los ingresos procedentes del impuesto sobre sociedades se han reducido a la mitad en apenas unos años, en gran medida debido a los problemas de Audi y de su empresa matriz, Volkswagen. La situación es tan apremiante que, a principios de este año, el gobierno de Alta Baviera rechazó el presupuesto de Ingolstadt y prohibió a la ciudad acometer nuevas inversiones: proyectos emblemáticos, como la renovación del célebre teatro brutalista de la ciudad, han quedado en suspenso y los alumnos de una escuela en ruinas han tenido que ser trasladados porque el ayuntamiento no podía permitirse repararla. «Audi es una bendición para nuestra ciudad, pero también un riesgo», afirma el alcalde, Michael Kern.
La volatilidad de la financiación municipal ha vinculado el destino de muchas ciudades alemanas al de las empresas locales. En épocas de bonanza, algunas nadaban en la abundancia: una localidad con una planta de Daimler cerca de Stuttgart llegó a pavimentar sus pasos de peatones con mármol de Carrara. Sin embargo, cuando la industria estornuda, las ciudades enferman, y el virus se está extendiendo ahora más allá de las tradicionales zonas postindustriales, como el Ruhr o el Sarre. Ciudades de la próspera Baden-Wurtemberg se han visto duramente golpeadas por la crisis del sector del automóvil y los problemas de Ludwigshafen, una de las ciudades más endeudadas de Alemania, reflejan los de BASF, el gigante químico asentado allí.
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Incluso las ciudades con una base económica más diversificada se encuentran al borde del abismo y pocas han escapado de la trampa fiscal que supone que los ingresos no crezcan al mismo ritmo que un gasto desbocado. Un nuevo informe de la Fundación Bertelsmann revela que el año pasado los déficits presupuestarios de los cerca de 10 000 municipios alemanes alcanzaron la cifra récord de 32 000 millones de euros (36 000 millones de dólares), casi un 30 % más que un año antes —casi todo el mundo prevé que la situación empeore—.
Se trata de la peor crisis de la historia de la República Federal, afirma René Geißler, profesor de administración pública en la Universidad Técnica de Ciencias Aplicadas de Wildau. Señala tres factores principales: el aumento de la inflación, especialmente en el sector de la construcción, el incremento de los costes de personal y las onerosas leyes aprobadas por el Bundestag, sobre todo en materia de prestaciones para jóvenes y personas con discapacidad, cuyo cumplimiento corresponde a los municipios. Estos gastos obligatorios representan ya el 80 % del presupuesto de Ingolstadt, lo que obliga a efectuar profundos recortes en las partidas discrecionales. En las localidades más pobres, la presión es aún mayor. Geißler espera que muchos municipios con dificultades recurran a «recortes encubiertos» para cuadrar las cuentas.
Las consecuencias son visibles por todas partes: Bayreuth ha cancelado los actos previstos para conmemorar el 150.º aniversario del primer Festival de Richard Wagner y los distritos berlineses sin apenas recursos luchan por hacer frente a una invasión de orugas peludas y venenosas. Al igual que los trabajadores desesperados que empeñan joyas antes de cobrar su nómina, algunas ciudades han recurrido a los Kassenkredite —préstamos a corto plazo— para pagar sus facturas. Y, en toda Alemania, escuelas, carreteras y pabellones deportivos se deterioran a medida que se reducen las inversiones; el déficit acumulado en inversión municipal asciende ya a la cifra récord de 231 000 millones de euros. Afirmando que faltaban «tres minutos para la medianoche», el 22 de junio alcaldes de toda Alemania organizaron actos públicos para advertir de que habían llegado al límite. «Este año podremos salir adelante, pero, a partir de ahí, muchas ciudades se verán acorraladas», afirma Martin Wilhelm, tesorero de Offenbach, una ciudad satélite de Fráncfort.
Partido de extrema derecha
Muchos temen que el deterioro de los servicios públicos pueda beneficiar a Alternativa para Alemania
¿Qué se puede hacer? Los ayuntamientos reclaman que el gobierno federal aplique el principio de «quien ordena paga», es decir, que financie cualquier nueva ley cuyos costes deban asumir los municipios. Aquellos que carecen de reservas también solicitan 30.000 millones de euros en ayudas a corto plazo. El gobierno federal, que también atraviesa una situación fiscal delicada, ha ofrecido muy poco hasta ahora. Sin embargo, la situación es tan grave, afirma Henrik Scheller, experto en finanzas públicas del Instituto Alemán de Asuntos Urbanos, que probablemente la ayuda llegue antes de que termine el año. De lo contrario, «podríamos asistir a una especie de revolución».
Eso no parece inminente en Ingolstadt. Sin embargo, Michelle y Christian, una pareja de la ciudad, aseguran que ya perciben pequeños signos de deterioro, desde bibliotecas que solicitan donaciones hasta un festival municipal cuya financiación se ha reducido. En otros lugares, muchos temen que el deterioro de los servicios públicos pueda beneficiar a Alternativa para Alemania, el partido de extrema derecha. «Cada tejado de colegio con goteras que permanece tres años sin repararse da alas a los populistas de derecha», afirma Marc Grandmontagne, responsable de educación y cultura de Ingolstadt. Quizá eso consiga que en Berlín se tomen por fin la situación en serio.
