Publicado: julio 1, 2026, 8:45 pm
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La captura de Nicolás Maduro y el regreso de la bandera estadounidense a Caracas han sido el punto culminante de una larga demostración de fuerza de Donald Trump en el Caribe. Durante meses, Washington ha mantenido en la región una fuerza capaz de desembarcar un … millar de marines en un solo día, interceptar petroleros sancionados, combatir bajo fuego en Haití y operar de forma permanente a escasa distancia de Venezuela. Todo ello formaba parte de una misma estrategia: recordar que Estados Unidos seguía siendo la potencia militar decisiva en su propio continente.
En el centro de todas esas operaciones ha estado la 22ª Unidad Expedicionaria de Marines, al mando del coronel Thomas «Banshee» Trimble, que acaba de finalizar su misión. Recientemente, el comandante recibió a un reducido grupo de periodistas en el Pentágono, en Washington, para explicar un despliegue que considera sin precedentes en el continente americano: casi diez meses de duración, una brusca reorientación estratégica hacia el Caribe y una sucesión de misiones que abarcaron desde la protección diplomática y la interdicción marítima, hasta la cooperación regional y la asistencia humanitaria.
La unidad había zarpado para otro despliegue, previsto en Europa y Oriente Próximo. Sin embargo, nada más abandonar la base de Norfolk recibió una orden inesperada. «Cuando nos dijeron que debíamos girar hacia el sur, tiramos por la borda ocho meses y medio de planificación», resumió Trimble. En cuestión de días, la Unidad Expedicionaria tuvo que reorganizar por completo su despliegue y construir desde cero una arquitectura logística y operativa no para Europa, sino para el Caribe, con un mensaje claro para los adversarios de Washington.
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David Alandete
«Esto era en defensa de la patria. Estábamos operando en el patio trasero de EE.UU.», afirmó el coronel. Su reflexión resume la singularidad de la operación: una fuerza anfibia concebida para responder a crisis en cualquier parte del mundo acabó convirtiéndose en la principal herramienta de proyección de poder de Washington en su propio continente, incluida una operación tan arriesgada y fulminantemente exitosa como la extracción de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores sin una sola baja estadounidense.
La operación también refleja los planes de Donald Trump para América Latina y el Caribe. Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente ha defendido que EE.UU. debe ser más asertivo y actuar con mayor firmeza para proteger sus intereses en el continente frente a regímenes enemigos o injerencias de China o Rusia. El despliegue de la Unidad Expedicionaria responde a esa idea, la de mantener una presencia militar constante en el Caribe y disponer de una fuerza preparada para actuar de inmediato ante cualquier crisis regional.
La Unidad Expedicionaria es una fuerza de reacción rápida del Marine Corps, que depende de la Armada. Está formada por unos 2.200 marines, con infantería, aeronaves y fuerzas especiales de apoyo, y está diseñada para desplegarse en cualquier punto del mundo y responder de forma casi inmediata a crisis, evacuaciones, operaciones de combate o misiones humanitarias, como sucedió en noviembre en su despliegue por el paso de un huracán en Jamaica. Eso ha servido también para preparar la ayuda tras el devastador terremoto en Venezuela del 24 de junio.
Durante este despliegue americano, la unidad operó embarcada en el USS Iwo Jima, un buque de asalto anfibio de la Armada estadounidense de más de 250 metros de eslora que es una auténtica base militar flotante. El desvío del Iwo Jima y su grupo anfibio constituyó una de las mayores demostraciones de fuerza estadounidense en la región en décadas, y en Washington se interpretó como una advertencia muy clara a Maduro de que debía abandonar el poder.
Fuego cruzado en Haití
La primera misión llegó casi de inmediato. Recién zarpada de Norfolk, la Unidad recibió la orden de dirigirse a Haití para reforzar la embajada estadounidense en Puerto Príncipe, una ciudad prácticamente controlada por bandas armadas y donde el Gobierno apenas ejerce autoridad fuera de algunos enclaves. Los marines desplegaron puestos de observación, reforzaron el perímetro con blindaje y sacos terreros y permanecieron allí durante meses. La situación era tan peligrosa que, según reveló Trimble, se produjeron «múltiples incidentes violentos» en los que los marines «recibieron fuego y respondieron al fuego». Pese a los enfrentamientos, no hubo bajas estadounidenses, afirma.
La experiencia dejó una impresión profunda en el comandante, según cuenta. «Reforzamos nuestras posiciones y estábamos bien entrenados para entender exactamente cuáles eran las reglas de ese enfrentamiento», explicó. La misión en Haití demostró para el coronel hasta qué punto la Unidad estaba operando en escenarios de alto riesgo y no simplemente realizando una misión de presencia o disuasión. Era una fuerza desplegada en un entorno hostil, bajo amenaza constante y preparada para combatir si era necesario. Aquella primera misión marcaría el tono de los diez meses siguientes en el Caribe, con la mirada puesta en Caracas.
En agosto de 2025, el general de brigada Thomas Armas, subcomandante de Marine Forces Command, visita a la 22ª Unidad Expedicionaria de Marines a bordo del USS Iwo Jima, en la base naval de Norfolk. El coronel Thomas «Banshee» Trimble le presentó las capacidades de la unidad.
(Cpl. Sharon Errisuriz)
La principal exhibición de fuerza, y también un mensaje político muy claro de Washington, fue un ejercicio de desembarco anfibio en Puerto Rico. El coronel explicó que recibieron la orden de realizarlo para «demostrar la proyección de poder en tierra» y probar que podían desembarcar «600, 800 o incluso 1.000 marines en un solo día». La idea era dejar claro que EE.UU. podía concentrar rápidamente una fuerza de combate considerable en cualquier punto del Caribe.
La operación tenía una evidente lectura para Venezuela. Desde Puerto Rico, a unos 1.500 kilómetros de Caracas, la 22ª Unidad Expedicionaria disponía de buques anfibios, helicópteros y aeronaves capaces de desplazar tropas y sostener misiones de combate y apoyo logístico en toda la región. Sin mencionar expresamente a Maduro, el ejercicio mostraba que EE.UU. contaba con una fuerza ya desplegada en el teatro de operaciones, capaz de reaccionar en cuestión de horas y de proyectar poder militar muy cerca de las costas venezolanas.
La operación en Puerto Rico se llevó a cabo para «demostrar la proyección de poder en tierra» y probar que podían desembarcar «600, 800 o incluso 1.000 marines en un solo día»
Thomas «Banshee» Trimble
Coronel al mando de la 22º Unidad Expedicionaria de Marines
Además, la Unidad utilizó Puerto Rico como base avanzada de entrenamiento. Los marines realizaron operaciones sostenidas en tierra y dispararon «prácticamente todas las armas del arsenal» de su batallón de desembarco. También integraron drones, sistemas contra drones y nuevas tecnologías de combate, ensayando cómo establecer bases avanzadas y centros logísticos en territorios insulares.
La fuerza se mantuvo desde entonces dispersa por el Caribe, redistribuyendo helicópteros y aviones entre sus tres buques para poder ejecutar varias misiones simultáneamente. También llevó a cabo ejercicios anfibios y de fuego con Ecuador y entrenamientos con Trinidad y Tobago. Desde la costa suroeste de Trinidad hasta el noreste de Venezuela, hay unos 11 kilómetros en su punto más estrecho, a través del Golfo de Paria.
La fuerza en el patio trasero
«La soberanía de Estados Unidos existe en esos barcos, en aguas internacionales, desde donde podemos maniobrar», afirma Trimble. En la práctica, Washington demostraba que podía mover cientos de marines, aviones y helicópteros por el Caribe, desembarcar tropas en cuestión de horas y sostener operaciones complejas sin depender de bases permanentes ni del permiso de terceros países, y todo a las puertas mismas del chavismo.
Entre diciembre y enero, la Unidad Expedicionaria participó en otra misión prioritaria para Washington: la interdicción de petroleros sancionadosque transportaban crudo venezolano. Fueron cinco operaciones marítimas distintas, dirigidas por la Guardia Costera y apoyadas por los Marines, en las que la Unidad Expedicionaria aportó buques anfibios, helicópteros, convertiplanos V-22 y equipos de abordaje. Según explicó Trimble, la unidad redistribuyó personal y medios entre sus tres barcos para poder «proyectar fuerza desde cualquier plataforma» y utilizó sistemas de vigilancia y mando y control para conocer la situación a bordo antes de poner «botas sobre la cubierta». «No tuvimos heridos ni bajas y ejecutamos las misiones sin fallos», resumió el comandante.
Esos abordajes de petroleros formaban parte de la estrategia de la Administración Trump para aumentar la presión económica sobre Caracas, dificultar la exportación de crudo mediante buques sancionados y golpear las redes que permitían al régimen seguir obteniendo ingresos en divisas. El objetivo era también incrementar la presión sobre Cuba, uno de los principales apoyos políticos y de inteligencia del chavismo y dependiente en parte del petróleo venezolano.
La operación de la captura de Maduro
En ese contexto de creciente presión militar y económica llegó la operación más sensible de todo el despliegue, la captura de Nicolás Maduro. La Unidad Expedicionaria contribuyó a abrir el teatro de operaciones y a preparar la entrada de las fuerzas especiales estadounidenses, proporcionando capacidad de reacción inmediata y apoyo aéreo adicional. Trimble se limitó a señalar a los periodistas que las unidades expedicionarias de Marines están diseñadas para apoyar a las fuerzas de operaciones especiales y servir como plataformas desde el mar para proyectar poder en misiones especialmente sensibles como esta.
La caída de Maduro no puso fin a la misión. Con el regreso de la representación diplomática estadounidense a Caracas y la reapertura de la embajada en marzo, los marines pasaron a desempeñar un papel de protección y contingencia. El propio coronel reveló que efectivos de la misión fueron los encargados de asegurar la legación y establecer las condiciones para que el personal diplomático pudiera izar la bandera estadounidense y reabrir oficialmente la sede diplomática.
La misión continuó en los meses siguientes. El 23 de mayo, dos convertiplanos MV-22B Osprey del Escuadrón 263 de la Infantería de Marina, integrado en la Unidad Expedicionaria, sobrevolaron Caracas y aterrizaron junto a la embajada como parte de un ejercicio de respuesta rápida y rescate. La maniobra simuló una evacuación aérea de emergencia y constituyó la mayor demostración militar estadounidense en la capital venezolana desde la operación del 3 de enero.
