Publicado: junio 28, 2026, 6:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/retorno-maria-corina-machado-expone-division-washington-20260627005803-nt.html
29/06/2026 a las 00:58h.
María Corina Machado estuvo cerca de emprender esta semana el regreso a Venezuela que lleva meses prometiendo. La líder opositora intentó viajar desde Estados Unidos a Curazao, la pequeña isla neerlandesa situada frente a la costa venezolana, con el propósito de entrar después en … su país para ayudar desde el terreno en plena emergencia por los terremotos. Hubo altos funcionarios en la Administración Trump que apoyaron ese viaje, que finalmente se canceló de forma abrupta por una decisión del entorno del presidente.
El viaje no era una mera intención. Un equipo de seguridad privada preparaba ya su llegada a Curazao y estudiaba el dispositivo para acompañarla en territorio venezolano. Pero el plan fue cancelado después de que desde la Administración Trump trasladara a Machado que viajaría por su cuenta, sin respaldo ni protección oficial de Estados Unidos, ante un riesgo de arresto por parte del régimen.
La frustrada operación revela una división de fondo dentro de Washington sobre el futuro de Venezuela y sobre el papel que debe desempeñar Machado tras la captura de Nicolás Maduro y la instalación de Delcy Rodríguez como interlocutora provisional.
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Terremoto en Venezuela
Ludmila Vinogradoff
El periodista Javier Negre, del canal Real America’s Voice, que entrevistó recientemente a Delcy Rodríguez, y la agencia Bloomberg informaron primero de que varios funcionarios estadounidenses advirtieron a Machado y a su equipo de que un regreso inmediato podía provocar un choque con las autoridades venezolanas y alterar las labores de rescate. Según ese medio, la Casa Blanca dejó claro que no la respaldaría si decidía seguir adelante.
Fuentes conocedoras de las conversaciones consultadas por ABC sostienen, sin embargo, que la posición no fue unánime. Ese veto se impuso al final de las gestiones, pero parte de los responsables implicados en la diplomacia y el complejo de la presidencia en la Casa Blanca consideró razonable, incluso necesario, que Machado pudiera estar en Venezuela después de la catástrofe.
No se trataba, según esas fuentes, de organizar una operación política ni de precipitar un enfrentamiento con Delcy Rodríguez. La lógica era que Machado, como la figura con mayor apoyo entre el electorado y una de las voces con mayor capacidad de movilización social, pudiera acompañar a los damnificados y activar redes de ayuda en un momento de absoluta desorientación.
La ayuda humanitaria en crisis
El terremoto ha modificado los cálculos de una transición que ya era frágil. La ayuda humanitaria, los rescates, los desaparecidos y el futuro de miles de familias desplazadas han pasado a ocupar el centro de una crisis que antes se discutía en términos de petróleo, seguridad, sanciones y elecciones.
Para el sector que veía con buenos ojos el regreso de Machado, varios de cuyos integrantes han hablado con ABC, una emergencia de esta magnitud no podía gestionarse solamente desde los canales oficiales del régimen Delcy Rodríguez, cuyo régimen ha queado superado por la crisis. Consideraban que impedir a Machado volver a su país, en un momento en que cientos de miles de venezolanos necesitan asistencia, podía alimentar la idea de que Washington protege un modelo político sin legitimidad popular.
La dirigente opositora conserva una capacidad de conexión con sectores de la población que el poder provisional no tiene. Su liderazgo se consolidó antes de las elecciones de 2024, cuando se convirtió en la principal referencia de una oposición que acabó respaldando la candidatura de Edmundo González Urrutia después de que el chavismo la inhabilitara.
También ha mantenido una red política y ciudadana que, tras el terremoto, ha tratado de convertirse en una estructura de ayuda. En una tribuna publicada en ABC un día después de la catástrofe, Machado explicó que la red 600-K, articulada por el Comando Con Venezuela, Vente y otras organizaciones, se activaba para atender a los afectados.
Ese entramado, que contribuyó a digitalizar las actas de las elecciones de 2024, ha impulsado centros de acopio, voluntariado y registros de desaparecidos. Al mismo tiempo, las autoridades de Delcy Rodríguez han tratado de centralizar la ayuda a través de plataformas estatales y canales oficiales.
Machado, figura clave
La llegada de Machado podía haber alterado ese equilibrio. No solo por su peso político, sino por el contraste inevitable entre una dirigente que volvía a una zona de desastre y una administración que afronta un creciente malestar social por la respuesta a la emergencia.
Una encuesta de AtlasIntel que situaba en mayo la desaprobación de Rodríguez en el 59%, casi doce puntos más que el mes anterior. Desde entonces, el terremoto ha sometido al Gobierno provisional a una presión inédita, con denuncias sobre problemas en el acceso de ayuda, lentitud en la respuesta y obstáculos a los voluntarios.
Machado afrontaba además problemas jurídicos y de seguridad. No dispone de un pasaporte venezolano válido y su regreso requeriría autorización de las autoridades de Caracas. Entrar sin ese permiso podía exponerla a un arresto o a un choque con los servicios de seguridad del régimen.
La presencia de contratistas privados para protegerla una vez dentro de Venezuela elevaba todavía más el riesgo. Para los sectores de Washington contrarios a su regreso inmediato, que se impusieron, esa combinación podía derivar en un incidente difícil de controlar, con consecuencias políticas y diplomáticas imprevisibles.
Machado conoce bien esos riesgos. Salió clandestinamente de Venezuela en diciembre, en una travesía nocturna en una pequeña embarcación hasta Curazao. La operación contó con el apoyo de Grey Bull Rescue, una organización dirigida por veteranos estadounidenses especializada en extracciones. En el trayecto sufrió una lesión de espalda.
Un viaje con riesgo de arresto
Desde Curazao viajó a Noruega para recibir el Nobel de la Paz. Desde entonces ha permanecido fuera de Venezuela, aunque ha insistido repetidamente en que regresará. Tras los terremotos, aseguró a sus seguidores que «muy, muy pronto» volverían a abrazarse en el país.
El problema para Washington es que la decisión sobre su vuelta ya no puede separarse de la discusión sobre Delcy Rodríguez. Una parte de la Administración Trump sigue viendo en ella una interlocutora útil para evitar un vacío de poder, facilitar la cooperación en materia de seguridad y mantener abierta la entrada de ayuda internacional.
Otra parte considera que esa fórmula tiene límites cada vez más claros. Fuentes consultadas por ABC creen que entre el electorado hispano en lugares críticos como Florida, Rodríguez carece de legitimidad electoral propia y que su permanencia puede resultar insuficiente para garantizar estabilidad, reconstrucción y confianza exterior. Las elecciones parciales de noviembre decidirán si los republicanos mantienen su fuerza en el Capitolio y Trump puede seguir avanzando en su agenda política sin cortapisas.
Una fuente con conocimiento de estas discusiones señala que algunos sectores de la comunidad de inteligencia estadounidense defienden preservar canales de interlocución con el entorno de Rodríguez por contactos previos y razones operativas. La fuente menciona a la CIA, pero ABC no ha podido verificar de manera independiente la existencia, el alcance o la influencia de esas gestiones.
La división interna explica por qué Machado recibió señales distintas. Según fuentes consultadas por ABC, algunos altos cargos veían su regreso como una necesidad humanitaria y política. Otros defendían que debía esperar a que se consolidara un acuerdo con Delcy Rodríguez y se redujera el riesgo de una confrontación.
El resultado fue la cancelación del viaje. Machado no llegó a Curazao. El dispositivo de seguridad quedó sin activarse y el plan de entrada fue suspendido.
Pero la cuestión sigue abierta. La emergencia no ha reducido la presión para que vuelva; la ha aumentado, con creciente insatisfacción en el Capitolio y mandos intermedios y altos de la Administración Trump. A medida que la tragedia pase de los rescates a la reconstrucción, Venezuela tendrá que decidir quién puede movilizar recursos, acompañar a los afectados y ofrecer una mínima credibilidad política.
Para Machado, el regreso sigue siendo una promesa. Para Washington, se ha convertido en una prueba de hasta qué punto puede sostener a Delcy Rodríguez sin aparecer como el principal obstáculo para que la dirigente opositora vuelva a su país, como está determinada a hacer.
