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Sin casa o con miedo a las réplicas: los damnificados del terremoto pasan la segunda noche en la calle

Desde la tarde del miércoles, en Venezuela no saben qué es pasar una noche sin sobresaltos. Las réplicas constantes reviven el temor de sufrir un nuevo sismo. Las noches son largas, pero aún más para quienes buscan a un familiar desaparecido.La noche de … este jueves también fue eterna para quienes perdieron sus viviendas o quienes no pueden regresar por el estado en el que han quedado algunos edificios. En Los Palos Grandes, una zona al este de Caracas, una familia llevaba este viernes 24 horas pernoctando en la plaza. Con un par de bolsos y dos sillas, esperaban alguna información para poder pasar la noche en un lugar seguro.

La hija de la pareja se recostaba en una colchoneta, mientras, alrededor, los vecinos también contaban con angustia el paso de las horas. El alcalde del municipio dijo que trabajaban en coordinar junto a la empresa privada una alianza para llevar a los damnificados a hoteles.

Noche en vela en Venezuela, después del terremoto .

(Reuters)

Pero la angustia es mayor para quienes volvieron a pasar otra noche sin ubicar a sus seres queridos. Una de ellas es Izkanel Pérez, quien busca desesperadamente a su madre, Izkandé Martins. La mujer quedó atrapada en un piso del edificio Parque Azul, en Tanaguarena, en el estado de La Guaira.
Los hijos de Izkandé Martins viven en Caracas. Su madre se encontraba a 40 minutos de ellos, solo acompañada por su mascota, Luna. Creen que, cuando ocurrieron los seísmos a las seis de la tarde, ella dormía la siesta. Este viernes, la pregunta más recurrente entre sus hijos es si han hecho lo suficiente y dicen que no descansarán hasta encontrarla.

Entre colchones y sábanos

En Caracas, la gente tampoco pega ojo. Andrés Ramírez no sabe lo que es dormir desde el miércoles. La noche de este jueves veía por la ventana a sus vecinos en la acera de enfrente, pasando la noche entre colchones y sábanas, pues el edificio donde vivían sufre riesgo de derrumbe.

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Andrés se preguntaba si habían comido, si tenían frío. «Si yo, que estoy en mi casa, tengo frío, ¿cómo será para ellos?. Si siguen allí, es porque no tienen adónde ir», declara a ABC.
Entre súplicas, ha pedido a Dios alguna ayuda para sus vecinos y cree que este le ha escuchado, pues una hora más tarde se pararon dos camionetas frente a la acera. Era un grupo de voluntarias que les llevaba comida. Andrés, que puso un colchón cerca de la puerta de su casa para salir más rápido en caso de que volviera a ocurrir otro sismo, asegura que tiene mucho miedo y que no encuentra sosiego.

«Si yo, que estoy en mi casa, tengo frío, cómo será para ellos. Si siguen allí en la calle, es porque no tienen adónde ir»

Andrés Ramírez
Superviviente de Caracas

Para la gente, el impacto psicológico ha sido devastador. Algunos no quieren estar entre cuatro paredes, otros ni siquiera han vuelto a bañarse, otros recuerdan el estruendo que salió de la tierra. En Yaracuy, las réplicas que se sintieron la noche del jueves tampoco los dejaron dormir. Para muchos, es difícil conciliar la tranquilidad en medio de tanta devastación.

Improvisando camas en la calle

A familias enteras les ha tocado improvisar espacios para pasar las horas. En Los Próceres, varias personas dormían sobre el césped y algunos montaron hamacas con sábanas entre dos árboles. Muchos estaban con sus mascotas, a quienes no han abandonado.

Para la gente, el impacto psicológico de los terremotos ha sido devastador. Algunos no quieren estar entre cuatro paredes, otros ni siquiera han vuelto a bañarse

La jornada también ha sido larga para los rescatistas, mototaxistas y toda la gente que ha tenido que trabajar estos días. Una de ellos explica que ha prestado apoyo bajando y subiendo con la moto insumos a El Junquito, donde indica que varias casas están destrozadas. Algunos bomberos llevaban más de 24 horas sin parar y ni siquiera podían imaginar qué sería lo siguiente que vendría.

MÁS INFORMACIÓN

En La Paz, al oeste de Caracas, otras familias aguardaban en una plaza. Varias calles se han llenado de personas que no pueden volver a sus hogares y que esperan alguna respuesta para saber cómo transcurrirán las próximas horas.

Publicado: junio 26, 2026, 6:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/noche-venezuela-20260626170419-nt.html

Desde la tarde del miércoles, en Venezuela no saben qué es pasar una noche sin sobresaltos. Las réplicas constantes reviven el temor de sufrir un nuevo sismo. Las noches son largas, pero aún más para quienes buscan a un familiar desaparecido.

La noche de este jueves también fue eterna para quienes perdieron sus viviendas o quienes no pueden regresar por el estado en el que han quedado algunos edificios. En Los Palos Grandes, una zona al este de Caracas, una familia llevaba este viernes 24 horas pernoctando en la plaza. Con un par de bolsos y dos sillas, esperaban alguna información para poder pasar la noche en un lugar seguro.

La hija de la pareja se recostaba en una colchoneta, mientras, alrededor, los vecinos también contaban con angustia el paso de las horas. El alcalde del municipio dijo que trabajaban en coordinar junto a la empresa privada una alianza para llevar a los damnificados a hoteles.


Noche en vela en Venezuela, después del terremoto .


(Reuters)

Pero la angustia es mayor para quienes volvieron a pasar otra noche sin ubicar a sus seres queridos. Una de ellas es Izkanel Pérez, quien busca desesperadamente a su madre, Izkandé Martins. La mujer quedó atrapada en un piso del edificio Parque Azul, en Tanaguarena, en el estado de La Guaira.

Los hijos de Izkandé Martins viven en Caracas. Su madre se encontraba a 40 minutos de ellos, solo acompañada por su mascota, Luna. Creen que, cuando ocurrieron los seísmos a las seis de la tarde, ella dormía la siesta. Este viernes, la pregunta más recurrente entre sus hijos es si han hecho lo suficiente y dicen que no descansarán hasta encontrarla.

Entre colchones y sábanos

En Caracas, la gente tampoco pega ojo. Andrés Ramírez no sabe lo que es dormir desde el miércoles. La noche de este jueves veía por la ventana a sus vecinos en la acera de enfrente, pasando la noche entre colchones y sábanas, pues el edificio donde vivían sufre riesgo de derrumbe.

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Andrés se preguntaba si habían comido, si tenían frío. «Si yo, que estoy en mi casa, tengo frío, ¿cómo será para ellos?. Si siguen allí, es porque no tienen adónde ir», declara a ABC.

Entre súplicas, ha pedido a Dios alguna ayuda para sus vecinos y cree que este le ha escuchado, pues una hora más tarde se pararon dos camionetas frente a la acera. Era un grupo de voluntarias que les llevaba comida. Andrés, que puso un colchón cerca de la puerta de su casa para salir más rápido en caso de que volviera a ocurrir otro sismo, asegura que tiene mucho miedo y que no encuentra sosiego.

«Si yo, que estoy en mi casa, tengo frío, cómo será para ellos. Si siguen allí en la calle, es porque no tienen adónde ir»

Andrés Ramírez

Superviviente de Caracas

Para la gente, el impacto psicológico ha sido devastador. Algunos no quieren estar entre cuatro paredes, otros ni siquiera han vuelto a bañarse, otros recuerdan el estruendo que salió de la tierra. En Yaracuy, las réplicas que se sintieron la noche del jueves tampoco los dejaron dormir. Para muchos, es difícil conciliar la tranquilidad en medio de tanta devastación.

Improvisando camas en la calle

A familias enteras les ha tocado improvisar espacios para pasar las horas. En Los Próceres, varias personas dormían sobre el césped y algunos montaron hamacas con sábanas entre dos árboles. Muchos estaban con sus mascotas, a quienes no han abandonado.

Para la gente, el impacto psicológico de los terremotos ha sido devastador. Algunos no quieren estar entre cuatro paredes, otros ni siquiera han vuelto a bañarse

La jornada también ha sido larga para los rescatistas, mototaxistas y toda la gente que ha tenido que trabajar estos días. Una de ellos explica que ha prestado apoyo bajando y subiendo con la moto insumos a El Junquito, donde indica que varias casas están destrozadas. Algunos bomberos llevaban más de 24 horas sin parar y ni siquiera podían imaginar qué sería lo siguiente que vendría.

En La Paz, al oeste de Caracas, otras familias aguardaban en una plaza. Varias calles se han llenado de personas que no pueden volver a sus hogares y que esperan alguna respuesta para saber cómo transcurrirán las próximas horas.

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