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¿Cómo afrontan las marcas el 'boom' de falsificaciones que desata el Mundial?: El caso de la camiseta blanca

La imagen se ha repetido durante la última semana en sofás, terrazas y pantallas gigantes de toda España, también en las gradas de Atlanta: una marea de camisetas blancas ha roto el tradicional dominio del rojo entre los aficionados de la selección española.  La segunda equipación que lanzó Adidas para buscar la segunda estrella se ha convertido en uno de los grandes fenómenos comerciales del torneo, con permiso de los cada vez más exclusivos cromos de Panini. El éxito ha sido tal que la versión oficial, comercializada por la multinacional alemana por 100 euros, figuraba agotada en la web de la marca al cierre de este artículo. Pero lo cierto es que no solo la firma de las tres rayas está capitalizando el furor desatado por la prenda.Entre las miles de camisetas blancas conviven las originales con un número imposible de cuantificar de réplicas que se venden, en líneas generales, por una quinta parte de su precio. Son resultado de un ‘circuito comercial’ que se mueve más allá de los canales oficiales y, en ocasiones, aflora en macrooperaciones policiales como la llevada a cabo esta semana por la Policía Nacional, en coordinación con Europol, Interpol y la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), para incautar 66.000 camisetas de fútbol falsificadas. Una mercancía que hubiera alcanzado un valor de venta de 7 millones de euros y que se ha cobrado casi un centenar de detenciones por delitos contra la propiedad industrial.En primera línea de batalla se encuentra la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). Su portavoz, Julio Laporta, constata a este diario que «se mueve mucho dinero en el mundo de las falsificaciones, dinero que sale del circuito legal que nos beneficia a todos». Esta agencia europea, con sede en Alicante, estima un impacto anual de 12.000 millones de euros en pérdidas para la industria de la moda y la confección solo en todo el mercado comunitario. Una cifra que, en España, ronda los 1.000 millones cada año. Laporta apunta al «crimen organizado» como origen de esta redes e insta a reflexionar sobre otros riesgos menos visibles, como los relacionados con la salud y la seguridad: «El producto que están comprando ha pasado cero controles de calidad». ¿Es consciente el consumidor europeo de todo lo anterior? Según un estudio de este organismo, publicado esta semana, alrededor del 13% de los europeos afirman comprar deliberadamente productos falsificados. Lo que se eleva a una cuarta parte entre los jóvenes de 15 a 24 años. La factura de las falsificacionesBuena parte de este coste recae sobre las compañías como Adidas que invierten miles de millones cada año en diseño, producción y comercialización de sus productos, y que después deben competir con copias que llegan al mercado a una fracción de su precio. Consultados por este asunto, el entorno del gigante alemán asegura a ‘La Información Económica’ que «protegen rigurosamente los derechos de su propiedad intelectual contra los falsificadores, cuyas acciones mancillan la reputación de nuestra marca, colaboradores y personal». Así, la compañía garantiza que «trabaja estrechamente con las autoridades competentes en iniciativas para combatir el comercio de las falsificaciones y proteger a los consumidores».En este contexto, Pedro Mir, profesor de ISEM Fashion Business School (Universidad de Navarra), apunta que Adidas comparte con Nike el dudoso honor de estar entre las marcas más falsificada y estima una merma de entre el 10 y el 30% en sus ventas. Días antes del inicio del Mundial, comenta Mir, las aduanas estadounidenses ya habían interceptado decenas de envíos procedentes de Hong Kong con camisetas y artículos del torneo falsificados. Un hito que pone de manifiesto como la Copa del Mundo es una tormenta perfecta para los falsificadores por la «demanda masiva concentrada en pocas semanas» junto a «unos consumidores emocionalmente activados y dispuestos a comprar rápido». «El problema no es tanto que la gente ignore que está mal, sino que en el momento de la compra el precio y la inmediatez pesan más que cualquier consideración ética o de riesgo» añade. Un dolor de cabeza para los coleccionistasLas falsificaciones no solo impactan sobre el negocio de fabricantes y distribuidores, también suponen un dolor de cabeza para los coleccionistas. «Cuando aumenta la presencia de falsificaciones, las personas pierden seguridad a la hora de invertir en estos objetos, especialmente aquellos compradores que no tienen conocimientos especializados para evaluar su autenticidad» explica a este medio Giovanni Cerra, quien fuera analista jefe en el cuerpo técnico de José Mourinho antes de dar el salto al coleccionismo como experto en objetos de fútbol en la plataforma de subastas Catawiki. El reto, reconoce Cerra, es cada vez mayor, ya que muchas réplicas no oficiales utilizan costuras e impresiones de mayor calidad que pueden parecer auténticas a simple vista para alguien que no sea especialista. No obstante, existen pistas que un ojo entrenado puede detectar. «La mayoría de clubes y fabricantes asignan códigos únicos a cada modelo y temporada, lo que permite identificar si una camiseta es auténtica. Además, la calidad del material y las diferencias en los escudos o distintivos de las marcas también pueden ayudar a detectar una falsificación» concluye.

Publicado: junio 21, 2026, 6:00 am

La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/como-afrontan-marcas-boom-falsificaciones-desata-mundial-caso-camiseta-blanca_6984706_0.html

La imagen se ha repetido durante la última semana en sofás, terrazas y pantallas gigantes de toda España, también en las gradas de Atlanta: una marea de camisetas blancas ha roto el tradicional dominio del rojo entre los aficionados de la selección española.  La segunda equipación que lanzó Adidas para buscar la segunda estrella se ha convertido en uno de los grandes fenómenos comerciales del torneo, con permiso de los cada vez más exclusivos cromos de Panini. El éxito ha sido tal que la versión oficial, comercializada por la multinacional alemana por 100 euros, figuraba agotada en la web de la marca al cierre de este artículo. Pero lo cierto es que no solo la firma de las tres rayas está capitalizando el furor desatado por la prenda.

Entre las miles de camisetas blancas conviven las originales con un número imposible de cuantificar de réplicas que se venden, en líneas generales, por una quinta parte de su precio. Son resultado de un ‘circuito comercial’ que se mueve más allá de los canales oficiales y, en ocasiones, aflora en macrooperaciones policiales como la llevada a cabo esta semana por la Policía Nacional, en coordinación con Europol, Interpol y la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), para incautar 66.000 camisetas de fútbol falsificadas. Una mercancía que hubiera alcanzado un valor de venta de 7 millones de euros y que se ha cobrado casi un centenar de detenciones por delitos contra la propiedad industrial.

En primera línea de batalla se encuentra la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). Su portavoz, Julio Laporta, constata a este diario que «se mueve mucho dinero en el mundo de las falsificaciones, dinero que sale del circuito legal que nos beneficia a todos». Esta agencia europea, con sede en Alicante, estima un impacto anual de 12.000 millones de euros en pérdidas para la industria de la moda y la confección solo en todo el mercado comunitario. Una cifra que, en España, ronda los 1.000 millones cada año. 

Laporta apunta al «crimen organizado» como origen de esta redes e insta a reflexionar sobre otros riesgos menos visibles, como los relacionados con la salud y la seguridad: «El producto que están comprando ha pasado cero controles de calidad». ¿Es consciente el consumidor europeo de todo lo anterior? Según un estudio de este organismo, publicado esta semana, alrededor del 13% de los europeos afirman comprar deliberadamente productos falsificados. Lo que se eleva a una cuarta parte entre los jóvenes de 15 a 24 años. 

La factura de las falsificaciones

Buena parte de este coste recae sobre las compañías como Adidas que invierten miles de millones cada año en diseño, producción y comercialización de sus productos, y que después deben competir con copias que llegan al mercado a una fracción de su precio. Consultados por este asunto, el entorno del gigante alemán asegura a ‘La Información Económica’ que «protegen rigurosamente los derechos de su propiedad intelectual contra los falsificadores, cuyas acciones mancillan la reputación de nuestra marca, colaboradores y personal». Así, la compañía garantiza que «trabaja estrechamente con las autoridades competentes en iniciativas para combatir el comercio de las falsificaciones y proteger a los consumidores».

En este contexto, Pedro Mir, profesor de ISEM Fashion Business School (Universidad de Navarra), apunta que Adidas comparte con Nike el dudoso honor de estar entre las marcas más falsificada y estima una merma de entre el 10 y el 30% en sus ventas. Días antes del inicio del Mundial, comenta Mir, las aduanas estadounidenses ya habían interceptado decenas de envíos procedentes de Hong Kong con camisetas y artículos del torneo falsificados. Un hito que pone de manifiesto como la Copa del Mundo es una tormenta perfecta para los falsificadores por la «demanda masiva concentrada en pocas semanas» junto a «unos consumidores emocionalmente activados y dispuestos a comprar rápido». «El problema no es tanto que la gente ignore que está mal, sino que en el momento de la compra el precio y la inmediatez pesan más que cualquier consideración ética o de riesgo» añade. 

Un dolor de cabeza para los coleccionistas

Las falsificaciones no solo impactan sobre el negocio de fabricantes y distribuidores, también suponen un dolor de cabeza para los coleccionistas. «Cuando aumenta la presencia de falsificaciones, las personas pierden seguridad a la hora de invertir en estos objetos, especialmente aquellos compradores que no tienen conocimientos especializados para evaluar su autenticidad» explica a este medio Giovanni Cerra, quien fuera analista jefe en el cuerpo técnico de José Mourinho antes de dar el salto al coleccionismo como experto en objetos de fútbol en la plataforma de subastas Catawiki. 

El reto, reconoce Cerra, es cada vez mayor, ya que muchas réplicas no oficiales utilizan costuras e impresiones de mayor calidad que pueden parecer auténticas a simple vista para alguien que no sea especialista. No obstante, existen pistas que un ojo entrenado puede detectar. «La mayoría de clubes y fabricantes asignan códigos únicos a cada modelo y temporada, lo que permite identificar si una camiseta es auténtica. Además, la calidad del material y las diferencias en los escudos o distintivos de las marcas también pueden ayudar a detectar una falsificación» concluye.

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