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Un octogenario que rompe cosas

No tenemos suficiente perspectiva para saber cuál será el legado político de Donald Trump ni cómo será recordado por la historia. Pero en su 80 cumpleaños y sin haber llegado al ecuador de su segundo mandato, la mejor aproximación sería la de un anciano … revolucionario con prisa.
En el mundo existen otros líderes, tanto en autocracias como en democracia, que gobiernan con trazo grueso, fomentan el culto a su personalidad y se rodean de personas que les dan la razón en todo. Es el arquetipo de líder populista, que ofrece soluciones sencillas a problemas complejos y busca enemigos internos y externos a los que culpar de lo que va mal.

Los momentos de transición histórica como los que vivimos, cargados de incertidumbre, son propicios a la aparición deeste tipo de figuras salvíficas. Las instituciones se debilitan y las personalidades fuertes ofrecen estabilidad y orden a cambio de acumular todo el poder.

Noticia relacionada

David Alandete

Esta propuesta más bien conservadora no encaja en el caso de Trump: ha convertido al Partido Republicano en una formación revolucionaria, que practica la ruptura con lo establecido. En su visión favorable al caos, aderezada de tonos apocalípticos, las élites anteriores son corruptas y no tienen sitio la reforma ni la búsqueda de consensos. Solo cabe subvertir las reglas del juego –las de la democracia liberal o del orden internacional basado en normas–, «caminar deprisa y romper cosas», en frase de un empresario tecnológico de pocas lecturas que le hace la ola.
Trump tiene un plan de demolición y venganza, y emplea todo el poder presidencial para ejecutarlo. Cada vez más se le nota el paso de la edad: se duerme tanto como Joe Biden en las reuniones y carece de fijeza alguna para abordar cuestiones peliagudas en las que la opinión de los expertos resulta fundamental. Pero, mientras dure su tiempo en la Casa Blanca, luchará por asombrar, asustar y chocar, un espíritu indómito hasta el final.

Publicado: junio 13, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/revolucionario-anos-20260613020511-nt.html

No tenemos suficiente perspectiva para saber cuál será el legado político de Donald Trump ni cómo será recordado por la historia. Pero en su 80 cumpleaños y sin haber llegado al ecuador de su segundo mandato, la mejor aproximación sería la de un anciano revolucionario con prisa.

En el mundo existen otros líderes, tanto en autocracias como en democracia, que gobiernan con trazo grueso, fomentan el culto a su personalidad y se rodean de personas que les dan la razón en todo. Es el arquetipo de líder populista, que ofrece soluciones sencillas a problemas complejos y busca enemigos internos y externos a los que culpar de lo que va mal.

Los momentos de transición histórica como los que vivimos, cargados de incertidumbre, son propicios a la aparición deeste tipo de figuras salvíficas. Las instituciones se debilitan y las personalidades fuertes ofrecen estabilidad y orden a cambio de acumular todo el poder.

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Esta propuesta más bien conservadora no encaja en el caso de Trump: ha convertido al Partido Republicano en una formación revolucionaria, que practica la ruptura con lo establecido. En su visión favorable al caos, aderezada de tonos apocalípticos, las élites anteriores son corruptas y no tienen sitio la reforma ni la búsqueda de consensos. Solo cabe subvertir las reglas del juego –las de la democracia liberal o del orden internacional basado en normas–, «caminar deprisa y romper cosas», en frase de un empresario tecnológico de pocas lecturas que le hace la ola.

Trump tiene un plan de demolición y venganza, y emplea todo el poder presidencial para ejecutarlo. Cada vez más se le nota el paso de la edad: se duerme tanto como Joe Biden en las reuniones y carece de fijeza alguna para abordar cuestiones peliagudas en las que la opinión de los expertos resulta fundamental. Pero, mientras dure su tiempo en la Casa Blanca, luchará por asombrar, asustar y chocar, un espíritu indómito hasta el final.

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