Publicado: junio 3, 2026, 8:45 pm
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Bombardeos sobre San Petersburgo, algo no visto desde la Segunda Guerra Mundial. La humillación de los Estados Unidos de Trump ante los ayatolás de Irán. Tanto la agresión rusa contra Ucrania, desde hace cinco años, como el actual pulso contra el régimen de … Teherán han conseguido redefinir la práctica de la guerra en el siglo XXI, al demostrar que la abrumadora superioridad militar ha dejado de ser una garantÃa de victoria.
Con independencia de la naturaleza polÃtica de los contendientes o de la distancia entre paÃses enfrentados, la realidad es que los medios para la beligerancia han proliferado por todo el mundo. Ya no hace falta ser un gran Estado, ni tan siquiera ser un actor estatal propiamente dicho, para plantar batalla. Los sistemas de armas autónomos, con capacidad letal multiplicada por la inteligencia artificial, compensan la falta de personal o de sofisticados arsenales. Como consecuencia, la imposibilidad de ganar se parece cada vez más a la derrota, con un coste polÃtico mucho más prohibitivo para una democracia, aunque sea en declive como Estados Unidos, que para una autocracia.
Más allá de Taiwán, la llamada «estrategia de puercoespÃn» ofrece esperanza a todos los paÃses pequeños, o con recursos limitados, que aspiran a convertirse en una presa imposible de fagocitar por un depredador mucho mayor. Esta defensa asimétrica transforma en púas disuasorias los sistemas de alerta temprana, las armas móviles, las minas terrestres o marÃtimas, los misiles de diferentes alcances y las tácticas de desgaste contra muy superiores fuerzas convencionales, e incluso no convencionales.
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Pedro RodrÃguez
Algunos encuentran en estas asimetrÃas un motivo para la esperanza ante un escenario internacional cada vez más multipolar, en el que los intereses y los deseos de lÃderes grotescos se imponen siempre sobre cualquier otra consideración. Ante un mundo en el que unas cuantas potencias hegemónicas aspiran a tener barra libre, sobre todo en sus respectivas áreas de influencia, el consuelo que nos queda al resto es que las guerras son cada vez más fáciles de empezar, pero más difÃciles de terminar.
