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¿Por qué Ucrania e Irán están redefiniendo la guerra en el siglo XXI?

Bombardeos sobre San Petersburgo, algo no visto desde la Segunda Guerra Mundial. La humillación de los Estados Unidos de Trump ante los ayatolás de Irán. Tanto la agresión rusa contra Ucrania, desde hace cinco años, como el actual pulso contra el régimen de … Teherán han conseguido redefinir la práctica de la guerra en el siglo XXI, al demostrar que la abrumadora superioridad militar ha dejado de ser una garantía de victoria.
Con independencia de la naturaleza política de los contendientes o de la distancia entre países enfrentados, la realidad es que los medios para la beligerancia han proliferado por todo el mundo. Ya no hace falta ser un gran Estado, ni tan siquiera ser un actor estatal propiamente dicho, para plantar batalla. Los sistemas de armas autónomos, con capacidad letal multiplicada por la inteligencia artificial, compensan la falta de personal o de sofisticados arsenales. Como consecuencia, la imposibilidad de ganar se parece cada vez más a la derrota, con un coste político mucho más prohibitivo para una democracia, aunque sea en declive como Estados Unidos, que para una autocracia.

Más allá de Taiwán, la llamada «estrategia de puercoespín» ofrece esperanza a todos los países pequeños, o con recursos limitados, que aspiran a convertirse en una presa imposible de fagocitar por un depredador mucho mayor. Esta defensa asimétrica transforma en púas disuasorias los sistemas de alerta temprana, las armas móviles, las minas terrestres o marítimas, los misiles de diferentes alcances y las tácticas de desgaste contra muy superiores fuerzas convencionales, e incluso no convencionales.

Noticia relacionada

Pedro Rodríguez

Algunos encuentran en estas asimetrías un motivo para la esperanza ante un escenario internacional cada vez más multipolar, en el que los intereses y los deseos de líderes grotescos se imponen siempre sobre cualquier otra consideración. Ante un mundo en el que unas cuantas potencias hegemónicas aspiran a tener barra libre, sobre todo en sus respectivas áreas de influencia, el consuelo que nos queda al resto es que las guerras son cada vez más fáciles de empezar, pero más difíciles de terminar.

Publicado: junio 3, 2026, 8:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/ucrania-iran-redefiniendo-guerra-siglo-xxi-20260603012349-nt.html

Bombardeos sobre San Petersburgo, algo no visto desde la Segunda Guerra Mundial. La humillación de los Estados Unidos de Trump ante los ayatolás de Irán. Tanto la agresión rusa contra Ucrania, desde hace cinco años, como el actual pulso contra el régimen de Teherán han conseguido redefinir la práctica de la guerra en el siglo XXI, al demostrar que la abrumadora superioridad militar ha dejado de ser una garantía de victoria.

Con independencia de la naturaleza política de los contendientes o de la distancia entre países enfrentados, la realidad es que los medios para la beligerancia han proliferado por todo el mundo. Ya no hace falta ser un gran Estado, ni tan siquiera ser un actor estatal propiamente dicho, para plantar batalla. Los sistemas de armas autónomos, con capacidad letal multiplicada por la inteligencia artificial, compensan la falta de personal o de sofisticados arsenales. Como consecuencia, la imposibilidad de ganar se parece cada vez más a la derrota, con un coste político mucho más prohibitivo para una democracia, aunque sea en declive como Estados Unidos, que para una autocracia.

Más allá de Taiwán, la llamada «estrategia de puercoespín» ofrece esperanza a todos los países pequeños, o con recursos limitados, que aspiran a convertirse en una presa imposible de fagocitar por un depredador mucho mayor. Esta defensa asimétrica transforma en púas disuasorias los sistemas de alerta temprana, las armas móviles, las minas terrestres o marítimas, los misiles de diferentes alcances y las tácticas de desgaste contra muy superiores fuerzas convencionales, e incluso no convencionales.

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  • Pedro Rodríguez

Algunos encuentran en estas asimetrías un motivo para la esperanza ante un escenario internacional cada vez más multipolar, en el que los intereses y los deseos de líderes grotescos se imponen siempre sobre cualquier otra consideración. Ante un mundo en el que unas cuantas potencias hegemónicas aspiran a tener barra libre, sobre todo en sus respectivas áreas de influencia, el consuelo que nos queda al resto es que las guerras son cada vez más fáciles de empezar, pero más difíciles de terminar.

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