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Petro se despide de la presidencia de Colombia con un peregrinaje a una Cuba en ruinas

A escasos días de abandonar la Casa de Nariño y de entregar la presidencia el próximo 7 de agosto, el mandatario colombiano Gustavo Petro ha decidido cerrar su mandato con una muestra más de su inclinación ideológica. Su último viaje de Estado lo ha realizado … a La Habana para reunirse con la cúpula dictatorial, en lo que constituye un claro respaldo al régimen cubano en medio de su peor crisis económica interna, un mayoritario rechazo popular al sistema, de aislamiento diplomático y de severas presiones internacionales.
«Vine para convocar a la humanidad a la solidaridad con Cuba, para que aquí no exista una invasión, ni un lanzamiento de misiles y proponer como alternativa, incluso al actual gobierno de los Estados Unidos, al señor Rubio y a Trump, que se establezca un diálogo entre civilizaciones que deben ser iguales siendo diferentes», declaró Petro este viernes desde el Palacio de la Revolución, tras ser formalmente recibido por el mandatario y primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz-Canel.

De esta manera, el líder de la izquierda colombiana hizo un llamamiento al entendimiento entre La Habana y Washington «en medio del peligro que se cierne sobre Cuba». Según manifestó, «este no es solo un mensaje al pueblo cubano o al colombiano, no es un mensaje a la humanidad solamente, sino al mismo Gobierno de Estados Unidos».

Noticia relacionada

Camila Acosta

Las declaraciones ocurren en un contexto de crecientes tensiones entre Estados Unidos y Cuba: la Administración Trump ha endurecido las sanciones contra Gaesa –el conglomerado empresarial que representa el corazón de la estructura dictatorial–, buscando forzar una transición democrática. Mientras tanto, el régimen cubano intenta sobrevivir a golpe de represión a la escasez de combustibles, los apagones masivos y el descontento popular.

Salvavidas propagandístico

Esta constituye la tercera visita de Petro a Cuba como jefe de Estado. Las dos anteriores fueron en junio y en septiembre de 2023 con motivo de los diálogos de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Cumbre del G77 + China.

«Vine para convocar a la humanidad a la solidaridad con Cuba, para que aquí no exista una invasión, ni un lanzamiento de misiles y proponer a EE.UU. un diálogo entre civilizaciones»

Gustavo Petro
Presidente saliente de Colombia

La elección de La Habana como estación final no es casual: ocurre cuando el mapa político latinoamericano experimenta un notable viraje ideológico y la dictadura cubana está cada vez más acorralada en el tablero global. Por ese motivo, la presencia de Petro funciona como un balón de oxígeno para el PCC, que busca desesperadamente legitimar su permanencia en el poder ante la comunidad internacional.

Newsletter

Durante su estancia, Petro ha vuelto a recurrir al guion clásico de la izquierda procastrista: responsabilizar al «bloqueo» estadounidense de todos los males de la isla, posicionando al régimen como víctima y no como una dictadura autoritaria en decadencia.

El ambiguo legado de la Paz Total

Los vínculos de Petro con el régimen cubano no solo son ideológicos, sino que se extienden a la malograda Paz Total. Durante años, La Habana fue sede de las negociaciones de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla del ELN, desempeñando un papel de garante que generó intensos debates en Colombia sobre la verdadera neutralidad de la isla.
La política de pacificación de Petro ha concluido sumida en la paralización de las conversaciones, el fortalecimiento de las estructuras criminales y una percepción generalizada de impunidad. Para la diplomacia colombiana, el legado cubano de la paz se reduce a un saldo amargo donde el capital político invertido por Bogotá no se tradujo en una desmovilización real de los insurgentes.

Refugio ideológico

Petro cierra su periplo en el mismo refugio doctrinario que inspiró su trayectoria. No solo sostiene la alianza con el castrismo y la valida, sino que desconoce una realidad nacional convulsa en la que millones de cubanos manifiestan abiertamente su oposición al poder.
Mientras el presidente colombiano llegaba a La Habana, miles de ciudadanos permanecían a oscuras, sin suministro eléctrico, protestando en las calles contra la gestión del régimen y no contra las sanciones estadounidenses. Poco antes de su llegada, varias madres habaneras fueron citadas, amenazadas y multadas por la policía política tras manifestarse por semanas de interrupciones eléctricas que les impedían cocinar o descansar. En las últimas semanas, al menos siete menores de edad han sido detenidos por su vinculación con las protestas, elevando la cifra de presos políticos en la isla por encima de los 1.200.
Petro sella su mandato con un estrechamiento de manos con Díaz-Canel en la capital cubana. De esta forma, confirma la impronta de su paso por la Casa de Nariño: la de un gobernante que sacrificó el pragmatismo de Estado para dar la espalda al sufrimiento del pueblo cubano y blindar, hasta el último minuto, la narrativa de la dictadura.

Publicado: agosto 1, 2026, 2:46 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/petro-viaja-cuba-dejar-presidencia-colombia-20260731203416-nt.html

A escasos días de abandonar la Casa de Nariño y de entregar la presidencia el próximo 7 de agosto, el mandatario colombiano Gustavo Petro ha decidido cerrar su mandato con una muestra más de su inclinación ideológica. Su último viaje de Estado lo ha realizado a La Habana para reunirse con la cúpula dictatorial, en lo que constituye un claro respaldo al régimen cubano en medio de su peor crisis económica interna, un mayoritario rechazo popular al sistema, de aislamiento diplomático y de severas presiones internacionales.

«Vine para convocar a la humanidad a la solidaridad con Cuba, para que aquí no exista una invasión, ni un lanzamiento de misiles y proponer como alternativa, incluso al actual gobierno de los Estados Unidos, al señor Rubio y a Trump, que se establezca un diálogo entre civilizaciones que deben ser iguales siendo diferentes», declaró Petro este viernes desde el Palacio de la Revolución, tras ser formalmente recibido por el mandatario y primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz-Canel.

De esta manera, el líder de la izquierda colombiana hizo un llamamiento al entendimiento entre La Habana y Washington «en medio del peligro que se cierne sobre Cuba». Según manifestó, «este no es solo un mensaje al pueblo cubano o al colombiano, no es un mensaje a la humanidad solamente, sino al mismo Gobierno de Estados Unidos».

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  • Camila Acosta

Las declaraciones ocurren en un contexto de crecientes tensiones entre Estados Unidos y Cuba: la Administración Trump ha endurecido las sanciones contra Gaesa –el conglomerado empresarial que representa el corazón de la estructura dictatorial–, buscando forzar una transición democrática. Mientras tanto, el régimen cubano intenta sobrevivir a golpe de represión a la escasez de combustibles, los apagones masivos y el descontento popular.

Salvavidas propagandístico

Esta constituye la tercera visita de Petro a Cuba como jefe de Estado. Las dos anteriores fueron en junio y en septiembre de 2023 con motivo de los diálogos de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Cumbre del G77 + China.

«Vine para convocar a la humanidad a la solidaridad con Cuba, para que aquí no exista una invasión, ni un lanzamiento de misiles y proponer a EE.UU. un diálogo entre civilizaciones»

Gustavo Petro

Presidente saliente de Colombia

La elección de La Habana como estación final no es casual: ocurre cuando el mapa político latinoamericano experimenta un notable viraje ideológico y la dictadura cubana está cada vez más acorralada en el tablero global. Por ese motivo, la presencia de Petro funciona como un balón de oxígeno para el PCC, que busca desesperadamente legitimar su permanencia en el poder ante la comunidad internacional.

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Durante su estancia, Petro ha vuelto a recurrir al guion clásico de la izquierda procastrista: responsabilizar al «bloqueo» estadounidense de todos los males de la isla, posicionando al régimen como víctima y no como una dictadura autoritaria en decadencia.

El ambiguo legado de la Paz Total

Los vínculos de Petro con el régimen cubano no solo son ideológicos, sino que se extienden a la malograda Paz Total. Durante años, La Habana fue sede de las negociaciones de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla del ELN, desempeñando un papel de garante que generó intensos debates en Colombia sobre la verdadera neutralidad de la isla.

La política de pacificación de Petro ha concluido sumida en la paralización de las conversaciones, el fortalecimiento de las estructuras criminales y una percepción generalizada de impunidad. Para la diplomacia colombiana, el legado cubano de la paz se reduce a un saldo amargo donde el capital político invertido por Bogotá no se tradujo en una desmovilización real de los insurgentes.

Refugio ideológico

Petro cierra su periplo en el mismo refugio doctrinario que inspiró su trayectoria. No solo sostiene la alianza con el castrismo y la valida, sino que desconoce una realidad nacional convulsa en la que millones de cubanos manifiestan abiertamente su oposición al poder.

Mientras el presidente colombiano llegaba a La Habana, miles de ciudadanos permanecían a oscuras, sin suministro eléctrico, protestando en las calles contra la gestión del régimen y no contra las sanciones estadounidenses. Poco antes de su llegada, varias madres habaneras fueron citadas, amenazadas y multadas por la policía política tras manifestarse por semanas de interrupciones eléctricas que les impedían cocinar o descansar. En las últimas semanas, al menos siete menores de edad han sido detenidos por su vinculación con las protestas, elevando la cifra de presos políticos en la isla por encima de los 1.200.

Petro sella su mandato con un estrechamiento de manos con Díaz-Canel en la capital cubana. De esta forma, confirma la impronta de su paso por la Casa de Nariño: la de un gobernante que sacrificó el pragmatismo de Estado para dar la espalda al sufrimiento del pueblo cubano y blindar, hasta el último minuto, la narrativa de la dictadura.

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