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Punto crítico para Bolivia: La recuperación prometida por Paz no llega

Bolivia atraviesa un momento especialmente crítico: el país se debate entre dar tiempo a que un gobierno estable aplique las reformas necesarias para salir de la crisis económica, admitiendo que los resultados no serán inmediatos (y dejar el veredicto popular para las siguientes elecciones), o … dejar que intereses personales y de grupo (los del expresidente Evo Morales y sus sindicatos cocaleros u otras organizaciones como las de los «ponchos rojos») hundan a la nación en un permanente desorden y agraven la difícil situación nacional.
Bolivia no saldrá adelante si no supera sus problemas estructurales, que no le impidieron avances sociales durante el inusual superciclo de las materias primas (2004-2014), pero atenazan el desarrollo boliviano en cualquier otro contexto económico. El principal lastre para avanzar en Latinoamérica ha sido siempre el caudillismo, y en lo que va de siglo este tiene un nombre propio en Bolivia: Evo Morales. Mientras Morales pueda movilizar a columnas de piquetes para bloquear carreteras, no solo en el entorno de Cochabamba, donde se atrinchera para no ser llevado ante la Justicia por las múltiples causas a las que se enfrenta, el país no podrá pasar página.

Es cierto que en las protestas que se han extendido desde comienzos de mayo y que en algunos momentos han llegado a bloquear La Paz, intervienen también actores que no están bajo la obediencia de Morales, como la fuerza sindical de El Alto o los campesinos aimaras de la provincia de Omasuyos, en el departamento de La Paz, conocidos como los «ponchos rojos». Pero Morales ha sabido utilizarlos en su presión sobre el Gobierno de Rodrigo Paz, de centroderecha.

Noticia relacionada

Ronald Catari

Fin del tiempo de gracia

El tiempo juega contra Rodrigo Paz, que ha cumplido seis meses como presidente sin que sus recortes se traduzcan en una mejora de la situación de los bolivianos. Pudo llegar a sus cien días de gobierno en medio de una cierta tregua social, a pesar de haber aplicado duras medidas como la eliminación de los subsidios a los carburantes. Los gestos con los sectores menos favorecidos permitieron un acomodo temporal, a la espera de que la financiación prometida por las organizaciones internacionales y la inversión extranjera –especialmente necesaria para revitalizar la extracción de gas natural, esencial para la recuperación del país– relanzaran la economía.
Pero esto último no ha sucedido en los niveles esperados, al tiempo que la pronunciada inflación y la indignación por el suministro de combustible adulterado (por la corrupción en la estatal YPFB previa a la llegada de Paz) ha creado desconfianza hacia las promesas del nuevo Gobierno. Las protestas de las últimas semanas son tanto consecuencia de ese languidecimiento de las expectativas como aceleración de su frustración.

102,7%

del PIB

Es la deuda pública de Bolivia, que supera por primera vez el 100% del PIB, a la par que este bajará, según las estimaciones, un 3,3%. Además, la inflación apunta a que se instalará en el 20,7%.

La coyuntura no se ha ido esclareciendo, sino complicando. El Fondo Monetario Internacional ha corregido a la baja sus previsiones macroeconómicas para Bolivia: estima para este año una caída del PIB de 3,3%; una inflación que puede aumentar un punto y situarse en el 20,7%; un déficit que a pesar de una pequeña corrección puede ser del 9,3%, y una deuda pública que por primera vez en décadas superará el 100% del PIB, alcanzando el 102,7%.

Apoyo legislativo e internacional

Rodrigo Paz ha anunciado una reducción a la mitad de su salario y del de sus ministros y ha accedido a algunas peticiones de los manifestantes. Pero la exigencia de su dimisión y la convocatoria de nuevas elecciones abocaría al país a un colapso institucional porque nuevos comicios darían paso a un gobierno probablemente más débil y a la vez menos decidido a llevar a cabo las reformas obligadas.
A pesar de no contar con amplia mayoría en la Asamblea Legislativa, Paz está reuniendo apoyo entre diputados y senadores para facilitar la aplicación del Estado de excepción. En este pulso cuenta con el respaldo internacional de la OEA y de la mayor parte de sus integrantes. Solo el presidente Petro de Colombia ha aplaudido la «insurrección popular» en Bolivia, lo que ha provocado la retirada de embajadores entre ambos países, mientras que la mexicana Sheinbaum ha mostrado sus simpatías por el expresidente Morales.

La figura de Morales

Hay quien ha señalado que las protestas, que comenzaron con la celebración sindical del 1 de mayo, respondían directamente a la visita al país los días previos de un alto mando del Comando Sur estadounidense, algo que no se daba desde hacía 20 años.
Morales, a quien le benefició la victoria electoral de Paz porque suponía la derrota de quienes dentro del anterior oficialismo querían dejarle a un lado, habría dado una tregua al nuevo gobierno, al tiempo que este hacía lo mismo al no lanzarse a su detención siguiendo los requerimientos del juez. La visita militar estadounidense habría alarmado a Morales, señalado por narcotráfico y temeroso de ser llevado ante la Justicia en EE.UU., y habría ordenado a sus seguidores el bloqueo de carreteras.
De todos modos, a pesar de la agenda de Morales y su deseo de protagonismo, su figura va perdiendo poder de convocatoria y la situación general de malestar por la situación económica es susceptible de generar nuevos liderazgos en la izquierda.

Publicado: mayo 26, 2026, 8:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/punto-critico-bolivia-recuperacion-prometida-paz-llega-20260526150728-nt.html

Bolivia atraviesa un momento especialmente crítico: el país se debate entre dar tiempo a que un gobierno estable aplique las reformas necesarias para salir de la crisis económica, admitiendo que los resultados no serán inmediatos (y dejar el veredicto popular para las siguientes elecciones), o dejar que intereses personales y de grupo (los del expresidente Evo Morales y sus sindicatos cocaleros u otras organizaciones como las de los «ponchos rojos») hundan a la nación en un permanente desorden y agraven la difícil situación nacional.

Bolivia no saldrá adelante si no supera sus problemas estructurales, que no le impidieron avances sociales durante el inusual superciclo de las materias primas (2004-2014), pero atenazan el desarrollo boliviano en cualquier otro contexto económico. El principal lastre para avanzar en Latinoamérica ha sido siempre el caudillismo, y en lo que va de siglo este tiene un nombre propio en Bolivia: Evo Morales. Mientras Morales pueda movilizar a columnas de piquetes para bloquear carreteras, no solo en el entorno de Cochabamba, donde se atrinchera para no ser llevado ante la Justicia por las múltiples causas a las que se enfrenta, el país no podrá pasar página.

Es cierto que en las protestas que se han extendido desde comienzos de mayo y que en algunos momentos han llegado a bloquear La Paz, intervienen también actores que no están bajo la obediencia de Morales, como la fuerza sindical de El Alto o los campesinos aimaras de la provincia de Omasuyos, en el departamento de La Paz, conocidos como los «ponchos rojos». Pero Morales ha sabido utilizarlos en su presión sobre el Gobierno de Rodrigo Paz, de centroderecha.

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  • Ronald Catari

Fin del tiempo de gracia

El tiempo juega contra Rodrigo Paz, que ha cumplido seis meses como presidente sin que sus recortes se traduzcan en una mejora de la situación de los bolivianos. Pudo llegar a sus cien días de gobierno en medio de una cierta tregua social, a pesar de haber aplicado duras medidas como la eliminación de los subsidios a los carburantes. Los gestos con los sectores menos favorecidos permitieron un acomodo temporal, a la espera de que la financiación prometida por las organizaciones internacionales y la inversión extranjera –especialmente necesaria para revitalizar la extracción de gas natural, esencial para la recuperación del país– relanzaran la economía.

Pero esto último no ha sucedido en los niveles esperados, al tiempo que la pronunciada inflación y la indignación por el suministro de combustible adulterado (por la corrupción en la estatal YPFB previa a la llegada de Paz) ha creado desconfianza hacia las promesas del nuevo Gobierno. Las protestas de las últimas semanas son tanto consecuencia de ese languidecimiento de las expectativas como aceleración de su frustración.

102,7%

del PIB

Es la deuda pública de Bolivia, que supera por primera vez el 100% del PIB, a la par que este bajará, según las estimaciones, un 3,3%. Además, la inflación apunta a que se instalará en el 20,7%.

La coyuntura no se ha ido esclareciendo, sino complicando. El Fondo Monetario Internacional ha corregido a la baja sus previsiones macroeconómicas para Bolivia: estima para este año una caída del PIB de 3,3%; una inflación que puede aumentar un punto y situarse en el 20,7%; un déficit que a pesar de una pequeña corrección puede ser del 9,3%, y una deuda pública que por primera vez en décadas superará el 100% del PIB, alcanzando el 102,7%.

Apoyo legislativo e internacional

Rodrigo Paz ha anunciado una reducción a la mitad de su salario y del de sus ministros y ha accedido a algunas peticiones de los manifestantes. Pero la exigencia de su dimisión y la convocatoria de nuevas elecciones abocaría al país a un colapso institucional porque nuevos comicios darían paso a un gobierno probablemente más débil y a la vez menos decidido a llevar a cabo las reformas obligadas.

A pesar de no contar con amplia mayoría en la Asamblea Legislativa, Paz está reuniendo apoyo entre diputados y senadores para facilitar la aplicación del Estado de excepción. En este pulso cuenta con el respaldo internacional de la OEA y de la mayor parte de sus integrantes. Solo el presidente Petro de Colombia ha aplaudido la «insurrección popular» en Bolivia, lo que ha provocado la retirada de embajadores entre ambos países, mientras que la mexicana Sheinbaum ha mostrado sus simpatías por el expresidente Morales.

La figura de Morales

Hay quien ha señalado que las protestas, que comenzaron con la celebración sindical del 1 de mayo, respondían directamente a la visita al país los días previos de un alto mando del Comando Sur estadounidense, algo que no se daba desde hacía 20 años.

Morales, a quien le benefició la victoria electoral de Paz porque suponía la derrota de quienes dentro del anterior oficialismo querían dejarle a un lado, habría dado una tregua al nuevo gobierno, al tiempo que este hacía lo mismo al no lanzarse a su detención siguiendo los requerimientos del juez. La visita militar estadounidense habría alarmado a Morales, señalado por narcotráfico y temeroso de ser llevado ante la Justicia en EE.UU., y habría ordenado a sus seguidores el bloqueo de carreteras.

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