Publicado: mayo 25, 2026, 8:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/trump-negocia-vez-treguas-iran-20260525144828-nt.html
Finaliza otro plazo para que Irán se avenga a las condiciones de Estados Unidos o afronte una guerra total –que devolverÃa, en palabras de Donald Trump, a «la Edad de Piedra» al paÃs de los persas–, y la Casa Blanca anuncia a bombo y platillo una nueva tregua … de 60 dÃas para seguir negociando. El primer retraso pudo tener sentido. Los enésimos han levantado más que sospechas de que Estados Unidos no tiene ninguna intención de seguir amenazando con la guerra, y solo busca una salida airosa al atolladero en el que se metió el propio presidente Trump.
Irán es consciente de la debilidad de la Casa Blanca, y cada vez que esta anuncia un inminente acuerdo de paz –con los compromisos que habrÃa conseguido arrancar a los iranÃes–, Teherán se apresura a decir que esa lectura es falsa, y que se negocia en otros términos. Parece evidente que a Irán le interesa pasar página, y para ello desea tender un ‘puente de plata’ al enemigo que huye; pero no antes de conseguir un objetivo bien preciado: salir de esta crisis con el control del estrecho de Ormuz.
Por ese paso circula el 20% del petróleo que se comercializa en el mundo. El control, que ya gestiona desde hace semanas el vecino del norte del Estrecho, Irán, significa para el régimen islámico integrista una fuente inmensa de ingresos, que llegan en los momentos más duros en lo económico de los casi 50 años de dictadura clerical.
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Francisco de Andrés
¿Qué ha ocurrido desde que el pasado 28 de febrero Estados Unidos lanzara la guerra contra Irán con una ola de bombardeos? Simplemente que la Casa Blanca se ha quedado sola. No negoció previamente una alianza militar con sus amigos occidentales y árabes –como hizo siempre en sus aventuras militares anteriores en la región–, y a posteriori nadie ha querido darle apoyo, salvo Israel.
La circunstancia que agravó la soledad del presidente Trump fue el añadido de Arabia SaudÃ. El ‘hombre fuerte’ de Riad, el prÃncipe heredero Mohamed bin Salman, presunto amigo del lenguaraz presidente norteamericano, no solo se negó a aportar tropas para una invasión de Irán, sino que además negó a EE.UU. la posibilidad de cruzar con sus bombarderos el espacio aéreo saudÃ. En otras palabras, Bin Salman le hizo a Trump un ‘Pedro Sánchez’, pero a sabiendas de que sin ese permiso es técnicamente imposible para los generales del Pentágono llevar a cabo ninguna operación en la región.
Resultados imprevisibles
¿Por qué se arrugó Riad? Irán constituye el principal rival para Arabia SaudÃ, por razones geoestratégicas –ambos quieren asumir el protagonismo polÃtico en Oriente Próximo– y por razones religiosas. Arabia Saudà es el corazón del islam sunÃ, mayoritario en el mundo. Irán es el único gran paÃs controlado por el islam chiÃ, minoritario. Como siempre ocurre en el orbe musulmán, la polÃtica y la religión van de la mano.
Pero lo último que desea Riad, y en particular Mohamed bin Salman, quien quiere sacar adelante su propia agenda tanto polÃtica como económica, es zambullirse en una guerra de resultados imprevisibles en Irán, que afecte a su principal fuente de riqueza, que sigue siendo el petróleo.
Asà que al régimen de los ayatolás solo le queda esperar a que Washington se rinda a la evidencia, y negocie una paz que le interesa, aunque en términos tan eufemÃsticos que parezca una victoria para los incondicionales de Trump. Esa paz, en este o en el próximo periodo de tregua, pasa inevitablemente por algún tipo de control iranà en el estrecho de Ormuz que le permita cobrar peaje al paso de los petroleros.
