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Rusia presume de Satán II: el misil nuclear que amenaza con desafiar cualquier escudo

Rusia ha vuelto a enseñar músculo nuclear. Vladimir Putin ha anunciado una nueva prueba del RS-28 Sarmat, el misil balístico intercontinental que en Occidente se conoce como Satán II, y lo ha hecho con el tono solemne que el Kremlin reserva para sus grandes mensajes estratégicos: es, según el presidente ruso, “el misil más poderoso del mundo” y podrá entrar en servicio de combate antes de que acabe 2026.El anuncio suena a titular apocalíptico, pero conviene colocarlo en su sitio. El Sarmat no es un arma pensada para la guerra de Ucrania, ni responde de forma directa a la escalada en Oriente Medio. Pertenece a otra categoría mucho más amplia y más fría: la de la disuasión nuclear estratégica. Su función no es ganar terreno en un frente concreto, sino recordar a Estados Unidos, la OTAN y al resto de potencias que Rusia conserva una capacidad de represalia nuclear capaz de condicionar cualquier cálculo militar.Así, Satán II importa tanto por lo que puede hacer como por lo que representa. Es una pieza de ingeniería militar, pero también un mensaje político. Y llega en un momento especialmente sensible: el último gran acuerdo de control nuclear entre Washington y Moscú, el tratado New START, expiró en febrero de 2026, dejando por primera vez en décadas a los dos mayores arsenales atómicos del mundo sin límites legalmente vinculantes ni negociaciones activas para sustituirlos.Por qué Rusia presume ahora de este misilEl Kremlin lleva años presentando sus nuevas armas nucleares como respuesta a los sistemas antimisiles de Estados Unidos. La lógica rusa parece ser que si Washington desarrolla escudos capaces de interceptar misiles, Moscú necesita armas capaces de atravesarlos para mantener intacta su capacidad de disuasión. Putin ya situó el Sarmat dentro de esa estrategia en 2018, cuando anunció una nueva generación de armamento destinada, según su relato, a volver inútiles las futuras defensas estadounidenses.Tal y como señala AP, el programa arrancó en 2011 y, antes de esta última prueba, solo se conocía un ensayo exitoso. También recuerda que el misil sufrió un grave incidente en 2024 durante una prueba fallida.Qué es Satán IIEl RS-28 Sarmat es un misil balístico intercontinental pesado, lanzado desde silos subterráneos y propulsado por combustible líquido. Está diseñado para sustituir al R-36M Voyevoda, un misil soviético que durante décadas fue uno de los pilares de la disuasión nuclear rusa. De ese linaje procede también el apodo: el antiguo Voyevoda era conocido en la clasificación occidental como ‘Satan’ y el nuevo Sarmat ha heredado la etiqueta ampliada.Sus cifras explican por qué impone. Según el proyecto Missile Threat del CSIS, el Sarmat mide 35,3 metros de largo, tiene 3 metros de diámetro, pesa 208.100 kilos en el lanzamiento y puede transportar una carga útil de hasta 10 toneladas. No hablamos, por tanto, de un misil más dentro del catálogo ruso, sino de uno de los sistemas estratégicos más grandes y ambiciosos de su arsenal.Esa carga puede incluir varias cabezas nucleares independientes, conocidas como MIRV, o vehículos planeadores. La diferencia es importante: un misil de este tipo no tiene por qué dirigirse a un único objetivo con una sola ojiva. Puede liberar varias cargas en la fase final del vuelo, cada una orientada hacia un blanco distinto, y acompañarlas de contramedidas o señuelos diseñados para complicar la respuesta de los sistemas defensivos.La parte más llamativa del anuncio ruso tiene que ver con el alcance. Putin asegura que el Sarmat puede superar los 35.000 kilómetros y realizar vuelos suborbitales, una capacidad que le permitiría aproximarse a sus objetivos desde rutas menos previsibles. Dicho de forma sencilla: el problema para el adversario no sería solo la distancia, sino desde dónde llega el misil y cuánto margen deja para detectarlo, seguirlo e interceptarlo.Las estimaciones occidentales, por su parte, son bastante más prudentes. CSIS sitúa el alcance del Sarmat entre 10.000 y 18.000 kilómetros. No obstante, sigue siendo una cifra suficiente para alcanzar objetivos estratégicos a escala global desde territorio ruso.Además, el Kremlin insiste en que Satán II puede atravesar todos los sistemas antimisiles “existentes y futuros”. Según recoge Reuters, analistas occidentales consideran exageradas algunas de las capacidades atribuidas por Moscú a su nueva generación de armas nucleares.

Publicado: mayo 14, 2026, 9:00 am

La fuente de la noticia es https://www.20minutos.es/tecnologia/actualidad/rusia-satan-ii-misil-nuclear-desafiar-escudo-antimisiles_6970556_0.html

Rusia ha vuelto a enseñar músculo nuclear. Vladimir Putin ha anunciado una nueva prueba del RS-28 Sarmat, el misil balístico intercontinental que en Occidente se conoce como Satán II, y lo ha hecho con el tono solemne que el Kremlin reserva para sus grandes mensajes estratégicos: es, según el presidente ruso, “el misil más poderoso del mundo” y podrá entrar en servicio de combate antes de que acabe 2026.

El anuncio suena a titular apocalíptico, pero conviene colocarlo en su sitio. El Sarmat no es un arma pensada para la guerra de Ucrania, ni responde de forma directa a la escalada en Oriente Medio. Pertenece a otra categoría mucho más amplia y más fría: la de la disuasión nuclear estratégica. Su función no es ganar terreno en un frente concreto, sino recordar a Estados Unidos, la OTAN y al resto de potencias que Rusia conserva una capacidad de represalia nuclear capaz de condicionar cualquier cálculo militar.

Así, Satán II importa tanto por lo que puede hacer como por lo que representa. Es una pieza de ingeniería militar, pero también un mensaje político. Y llega en un momento especialmente sensible: el último gran acuerdo de control nuclear entre Washington y Moscú, el tratado New START, expiró en febrero de 2026, dejando por primera vez en décadas a los dos mayores arsenales atómicos del mundo sin límites legalmente vinculantes ni negociaciones activas para sustituirlos.

Por qué Rusia presume ahora de este misil

El Kremlin lleva años presentando sus nuevas armas nucleares como respuesta a los sistemas antimisiles de Estados Unidos. La lógica rusa parece ser que si Washington desarrolla escudos capaces de interceptar misiles, Moscú necesita armas capaces de atravesarlos para mantener intacta su capacidad de disuasión. Putin ya situó el Sarmat dentro de esa estrategia en 2018, cuando anunció una nueva generación de armamento destinada, según su relato, a volver inútiles las futuras defensas estadounidenses.

Tal y como señala AP, el programa arrancó en 2011 y, antes de esta última prueba, solo se conocía un ensayo exitoso. También recuerda que el misil sufrió un grave incidente en 2024 durante una prueba fallida.

Qué es Satán II

El RS-28 Sarmat es un misil balístico intercontinental pesado, lanzado desde silos subterráneos y propulsado por combustible líquido. Está diseñado para sustituir al R-36M Voyevoda, un misil soviético que durante décadas fue uno de los pilares de la disuasión nuclear rusa. De ese linaje procede también el apodo: el antiguo Voyevoda era conocido en la clasificación occidental como ‘Satan’ y el nuevo Sarmat ha heredado la etiqueta ampliada.

Sus cifras explican por qué impone. Según el proyecto Missile Threat del CSIS, el Sarmat mide 35,3 metros de largo, tiene 3 metros de diámetro, pesa 208.100 kilos en el lanzamiento y puede transportar una carga útil de hasta 10 toneladas. No hablamos, por tanto, de un misil más dentro del catálogo ruso, sino de uno de los sistemas estratégicos más grandes y ambiciosos de su arsenal.

Esa carga puede incluir varias cabezas nucleares independientes, conocidas como MIRV, o vehículos planeadores. La diferencia es importante: un misil de este tipo no tiene por qué dirigirse a un único objetivo con una sola ojiva. Puede liberar varias cargas en la fase final del vuelo, cada una orientada hacia un blanco distinto, y acompañarlas de contramedidas o señuelos diseñados para complicar la respuesta de los sistemas defensivos.

La parte más llamativa del anuncio ruso tiene que ver con el alcance. Putin asegura que el Sarmat puede superar los 35.000 kilómetros y realizar vuelos suborbitales, una capacidad que le permitiría aproximarse a sus objetivos desde rutas menos previsibles. Dicho de forma sencilla: el problema para el adversario no sería solo la distancia, sino desde dónde llega el misil y cuánto margen deja para detectarlo, seguirlo e interceptarlo.

Las estimaciones occidentales, por su parte, son bastante más prudentes. CSIS sitúa el alcance del Sarmat entre 10.000 y 18.000 kilómetros. No obstante, sigue siendo una cifra suficiente para alcanzar objetivos estratégicos a escala global desde territorio ruso.

Además, el Kremlin insiste en que Satán II puede atravesar todos los sistemas antimisiles “existentes y futuros”. Según recoge Reuters, analistas occidentales consideran exageradas algunas de las capacidades atribuidas por Moscú a su nueva generación de armas nucleares.

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