Publicado: mayo 12, 2026, 4:45 pm
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Donald Trump aumentó este martes de nuevo la presión sobre Cuba al asegurar que está dispuesto a hablar con la dictadura, pero solo después de definir a la isla como una «nación fallida». El presidente estadounidense dijo en la Casa Blanca que Cuba «está … pidiendo ayuda» y que su Gobierno abordará el asunto «en el momento adecuado», en una declaración que combina una posible apertura negociadora con un mensaje de máxima dureza hacia el régimen de Miguel Díaz-Canel.
«Cuba está pidiendo ayuda, ¡y vamos a hablar!», escribió antes Trump en Truth Social. Después, preguntado por ABC en la Casa Blanca sobre si el dictador cubano tiene los días contados, respondió: «Bueno, no les va bien. A Cuba no le va bien. Es una nación fallida, pero hablaremos con Cuba en el momento adecuado».
El presidente no aclaró qué tipo de ayuda habría pedido La Habana ni por qué canal se habría producido ese supuesto acercamiento. Tampoco explicó si se refería a una negociación política, a una conversación humanitaria o a un posible marco de salida para la crisis. Pero sus palabras bastaron para sacudir al exilio cubano en Florida y a los republicanos, que llevan meses reclamando a la Casa Blanca una línea todavía más dura contra el régimen.
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Daniel Caballero
El mensaje llega en plena escalada entre Washington y La Habana. Desde enero, la Administración Trump ha acumulado más de 240 sanciones contra Cuba y ha reforzado el embargo con nuevas medidas financieras, energéticas y comerciales. El 1 de mayo, el presidente firmó una orden ejecutiva que amplía las restricciones contra entidades vinculadas al Estado cubano y abre la puerta a sancionar también a bancos y empresas extranjeras que mantengan relaciones con compañías controladas por el régimen.
Pocos días después, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció nuevas sanciones contra GAESA, el conglomerado militar que controla una parte sustancial de la economía cubana, desde hoteles y puertos hasta empresas financieras y comerciales. Washington incluyó además en su lista negra a empresas vinculadas al sector minero y energético cubano.
La Casa Blanca sostiene que Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense por sus relaciones con Rusia, China y otros actores hostiles a Washington. Trump ya firmó en enero una orden ejecutiva que declaraba una «emergencia nacional» vinculada a Cuba y acusaba a la isla de albergar capacidades militares y de inteligencia extranjeras.
Desde La Habana, el Gobierno cubano presenta las medidas como un intento deliberado de provocar hambre, colapso económico y desesperación social. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla ha acusado a Estados Unidos de aplicar una política «genocida» contra la isla.
La situación en la isla atraviesa uno de sus peores momentos en décadas. Los apagones se prolongan en algunas zonas durante más de veinte horas diarias, la escasez de combustible y alimentos se ha agravado y la salida masiva de cubanos continúa presionando la frontera estadounidense. Algunos análisis económicos prevén una contracción de más del 7% este año.
En Miami, los sectores más duros del exilio interpretan ese deterioro como una oportunidad histórica para forzar un cambio político. La diputada republicana María Elvira Salazar reaccionó de inmediato al mensaje de Trump y le pidió «liberar a Cuba». «Estamos esperando que usted dé la orden», escribió, en una declaración de amplia repercusión entre el exilio cubanoamericano.
El núcleo republicano de Florida, con figuras como el propio Rubio, Salazar y Mario Díaz-Balart, defiende desde hace años una estrategia de máxima presión económica y diplomática contra La Habana. Rechaza cualquier acercamiento que no incluya reformas políticas profundas, liberación de presos políticos y garantías verificables.
El núcleo republicano de Florida, con figuras como Marco Rubio, defiende desde hace años una estrategia de máxima presión económica y diplomática contra La Habana
La dictadura de La Habana, mientras tanto, intenta proyectar una imagen de resistencia. Este mismo martes, el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, difundió un artículo del diario oficial Granma que presume de haber resistido las sanciones de Trump y acusa a Washington de violar el derecho internacional mediante medidas coercitivas.
El artículo lleva la firma de Raúl Antonio Capote, antiguo agente de la Seguridad del Estado cubana infiltrado durante años en círculos opositores y convertido después en uno de los propagandistas habituales del régimen.
Cuba depende cada vez más del respaldo político y económico de China y Rusia. Pekín ha criticado repetidamente las sanciones estadounidenses y ha incrementado su apoyo financiero y energético a la isla. Precisamente hacia China viajaba Trump cuando lanzó su mensaje sobre Cuba, en un momento en que América Latina vuelve a convertirse en uno de los escenarios principales de la competencia geopolítica entre Washington y Pekín.
