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El poder de un discurso

Con su discurso al Congreso, el Rey Carlos III ha hecho más por apuntalar la relación entre británicos y estadounidenses en una hora que todos los primeros ministros en los últimos diez años. El Monarca hablaba a los legisladores de una superpotencia occidental que se … niega a ejercer como tal. Ya no provee de bienes públicos globales al mundo y, con demasiada frecuencia, entiende las interdependencias con los aliados -en comercio, tecnología, energía o seguridad- como vulnerabilidades por explotar. La guerra de Irán es solo un episodio más de este unilateralismo agresivo.
El Rey hilvanó un discurso de gran calado histórico, hablando de valores y raíces comunes, en vez de deslizarse por la resbaladiza geopolítica. Aprovechó la celebración de la independencia de las trece colonias para ensalzar a George Washington y poner en valor el legado inglés de la protección de los derechos y el imperio de la ley. Carlos III utilizó unas formas suaves, mezclando dosis de humor e ironía –«somos dos países con todo en común, menos por supuesto el idioma», una gran cita de Oscar Wilde. Advirtió sobre las consecuencias de no apoyar a Ucrania, defendió los límites al poder ejecutivo, la conservación del planeta y puso en valor la Alianza Atlántica.

Hasta Trump felicitó al Rey por conseguir lo que él nunca ha obtenido, una ovación unánime y en pie de los miembros del poder legislativo

El entusiasmo compartido de republicanos y demócratas hacia el Monarca fue un momento de alivio en una etapa de intensa polarización. El episodio pone en valor el papel internacional de la monarquía constitucional, que sabe mirar más lejos y elevarse por encima de las contiendas políticas. También demuestra que los legisladores en Washington tienen vida propia. Nadie escribe y pronuncia mejores discursos que los británicos -se entrenan para ello en el colegio. «Nuestras palabras son nuestros mundos», advertía Philip Allott, en sus clases de Derecho Internacional en el Trinity College. Hasta Trump felicitó al Rey por conseguir lo que él nunca ha obtenido, una ovación unánime y en pie de los miembros del poder legislativo.

Publicado: mayo 2, 2026, 8:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/poder-discurso-20260502142100-nt.html

Con su discurso al Congreso, el Rey Carlos III ha hecho más por apuntalar la relación entre británicos y estadounidenses en una hora que todos los primeros ministros en los últimos diez años. El Monarca hablaba a los legisladores de una superpotencia occidental que se niega a ejercer como tal. Ya no provee de bienes públicos globales al mundo y, con demasiada frecuencia, entiende las interdependencias con los aliados -en comercio, tecnología, energía o seguridad- como vulnerabilidades por explotar. La guerra de Irán es solo un episodio más de este unilateralismo agresivo.

El Rey hilvanó un discurso de gran calado histórico, hablando de valores y raíces comunes, en vez de deslizarse por la resbaladiza geopolítica. Aprovechó la celebración de la independencia de las trece colonias para ensalzar a George Washington y poner en valor el legado inglés de la protección de los derechos y el imperio de la ley. Carlos III utilizó unas formas suaves, mezclando dosis de humor e ironía –«somos dos países con todo en común, menos por supuesto el idioma», una gran cita de Oscar Wilde. Advirtió sobre las consecuencias de no apoyar a Ucrania, defendió los límites al poder ejecutivo, la conservación del planeta y puso en valor la Alianza Atlántica.

Hasta Trump felicitó al Rey por conseguir lo que él nunca ha obtenido, una ovación unánime y en pie de los miembros del poder legislativo

El entusiasmo compartido de republicanos y demócratas hacia el Monarca fue un momento de alivio en una etapa de intensa polarización. El episodio pone en valor el papel internacional de la monarquía constitucional, que sabe mirar más lejos y elevarse por encima de las contiendas políticas. También demuestra que los legisladores en Washington tienen vida propia. Nadie escribe y pronuncia mejores discursos que los británicos -se entrenan para ello en el colegio. «Nuestras palabras son nuestros mundos», advertía Philip Allott, en sus clases de Derecho Internacional en el Trinity College. Hasta Trump felicitó al Rey por conseguir lo que él nunca ha obtenido, una ovación unánime y en pie de los miembros del poder legislativo.

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