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Hacia un nuevo tablero, entre treguas frágiles y frentes abiertos

Hoy, el mundo no solo observa dos guerras de alta intensidad en Ucrania y el Golfo Pérsico, sino también la consolidación de un bloque … euroasiático liderado por China que desafía formalmente la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados.

En Ucrania, tras más de cuatro años de conflicto, la guerra parece haber entrado en una nueva fase donde se abre espacio el deseo de forzar una paz .
La reciente tregua de Pascua y las conversaciones entre Washington y Moscú para un alto el fuego permanente de cara al 9 de mayo, sugieren un agotamiento mutuo.
La propuesta de solución baraja la creación de zonas desmilitarizadas y un estatus de neutralidad para Kiev, a cambio de garantías de seguridad occidentales.
Mientras tanto no es fácil compatibilizar los distintos intereses de los distintos actores. Si de una parte Rusia consolida el control de Lugansk; de la otra, Ucrania enfrenta la presión de una Administración estadounidense que prioriza el cierre de frentes europeos para centrarse en Oriente Medio y el Pacífico.

El polvorín de Oriente Medio

En relación al polvorín de Oriente Medio —es decir: la confrontación de EE.UU. e Israel con Irán en el Golfo— la situación es radicalmente más volátil.
Tras los ataques de febrero de 2026, la confrontación directa entre el eje Israel-EE.UU. e Irán ha dejado de ser una amenaza retórica.
El eje de la tensión viene de la determinación de Israel de desmantelar definitivamente el programa nuclear iraní y las redes de proxies, en particular Hizbolá, mientras Estados Unidos intenta equilibrar su apoyo militar con la necesidad de mantener el flujo energético por el Estrecho de Ormuz.
La respuesta de Teherán ha sido firme y ha demostrado que Irán tiene capacidad de resiliencia.
Ha llevado a cabo una estrategia de respuesta militar descentralizada e independiente, utilizando el bloqueo parcial de rutas marítimas en el estrecho de Ormuz y ha usado su reserva flotante de petróleo para mitigar sanciones, elevando los costos de los seguros marítimos hasta un 500%.
De aquí la decisión de Estados Unidos de hacer el bloqueo del bloqueo del estrecho.

China, el ancla de Rusia e Irán

Detrás de la capacidad de resistencia de Moscú y Teherán se encuentra Pekín. China ha dejado de ser un observador pasivo para convertirse en el ancla económica y diplomática de un bloque que incluye también a Corea del Norte.
China ofrece soporte estratégico. No solo compra el crudo que Occidente sanciona, sino que coordina posturas conjuntas en la ONU, presentando la narrativa de un «mundo multipolar» frente a lo que denomina «intervencionismo unilateral» de Washington.
El Objetivo real de Xi Jinping es servirse de la inestabilidad en Ucrania y Oriente Medio como un laboratorio de desgaste para las fuerzas estadounidenses, mientras Pekín consolida su influencia en el Sur Global y asegura sus rutas de suministro energético.
Concluyendo: ¿nos encaminamos hacia una guerra fría 2.0?
El escenario actual no es una suma de conflictos aislados, sino una confrontación sistémica. La solución para Ucrania podría ser el precio que Washington acepte pagar para intentar contener la escalada en Oriente Medio, pero la verdadera partida se juega en la dependencia tecnológica y energética que China está tejiendo a escala global.
En 2026, la paz ya no se firma en tratados de papel, sino en el control de recursos naturales, de los estrechos y de los semiconductores.

Publicado: abril 30, 2026, 10:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/nuevo-tablero-treguas-fragiles-frentes-abiertos-20260430155547-nt.html

Hoy, el mundo no solo observa dos guerras de alta intensidad en Ucrania y el Golfo Pérsico, sino también la consolidación de un bloque euroasiático liderado por China que desafía formalmente la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados.

En Ucrania, tras más de cuatro años de conflicto, la guerra parece haber entrado en una nueva fase donde se abre espacio el deseo de forzar una paz .

La reciente tregua de Pascua y las conversaciones entre Washington y Moscú para un alto el fuego permanente de cara al 9 de mayo, sugieren un agotamiento mutuo.

La propuesta de solución baraja la creación de zonas desmilitarizadas y un estatus de neutralidad para Kiev, a cambio de garantías de seguridad occidentales.

Mientras tanto no es fácil compatibilizar los distintos intereses de los distintos actores. Si de una parte Rusia consolida el control de Lugansk; de la otra, Ucrania enfrenta la presión de una Administración estadounidense que prioriza el cierre de frentes europeos para centrarse en Oriente Medio y el Pacífico.

El polvorín de Oriente Medio

En relación al polvorín de Oriente Medio —es decir: la confrontación de EE.UU. e Israel con Irán en el Golfo— la situación es radicalmente más volátil.

Tras los ataques de febrero de 2026, la confrontación directa entre el eje Israel-EE.UU. e Irán ha dejado de ser una amenaza retórica.

El eje de la tensión viene de la determinación de Israel de desmantelar definitivamente el programa nuclear iraní y las redes de proxies, en particular Hizbolá, mientras Estados Unidos intenta equilibrar su apoyo militar con la necesidad de mantener el flujo energético por el Estrecho de Ormuz.

La respuesta de Teherán ha sido firme y ha demostrado que Irán tiene capacidad de resiliencia.

Ha llevado a cabo una estrategia de respuesta militar descentralizada e independiente, utilizando el bloqueo parcial de rutas marítimas en el estrecho de Ormuz y ha usado su reserva flotante de petróleo para mitigar sanciones, elevando los costos de los seguros marítimos hasta un 500%.

De aquí la decisión de Estados Unidos de hacer el bloqueo del bloqueo del estrecho.

China, el ancla de Rusia e Irán

Detrás de la capacidad de resistencia de Moscú y Teherán se encuentra Pekín. China ha dejado de ser un observador pasivo para convertirse en el ancla económica y diplomática de un bloque que incluye también a Corea del Norte.

China ofrece soporte estratégico. No solo compra el crudo que Occidente sanciona, sino que coordina posturas conjuntas en la ONU, presentando la narrativa de un «mundo multipolar» frente a lo que denomina «intervencionismo unilateral» de Washington.

El Objetivo real de Xi Jinping es servirse de la inestabilidad en Ucrania y Oriente Medio como un laboratorio de desgaste para las fuerzas estadounidenses, mientras Pekín consolida su influencia en el Sur Global y asegura sus rutas de suministro energético.

Concluyendo: ¿nos encaminamos hacia una guerra fría 2.0?

El escenario actual no es una suma de conflictos aislados, sino una confrontación sistémica. La solución para Ucrania podría ser el precio que Washington acepte pagar para intentar contener la escalada en Oriente Medio, pero la verdadera partida se juega en la dependencia tecnológica y energética que China está tejiendo a escala global.

En 2026, la paz ya no se firma en tratados de papel, sino en el control de recursos naturales, de los estrechos y de los semiconductores.

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