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Muere un hombre tras ser atacado por un tiburón de cuatro metros en el oeste de Australia

Un hombre de 38 años murió tras ser atacado por un tiburón blanco mientras practicaba pesca submarina cerca de la isla Rottnest, frente a la costa de Perth, en Australia occidental, informaron este domingo las autoridades locales.El ataque ocurrió el sábado en la zona de Horseshoe Reefs, donde, según la Policía, el pez, un gran tiburón blanco de unos cuatro metros de longitud, mordió a la víctima en ambas piernas mientras se encontraba a unos 20 metros de la embarcación en la que viajaba con amigos.Sus compañeros lograron sacarlo del agua y trasladarlo de urgencia hasta un muelle cercano, donde paramédicos intentaron reanimarlo durante aproximadamente media hora, aunque finalmente no pudieron salvarle la vida.Las autoridades mantienen patrullas marítimas y han pedido a residentes y turistas evitar el área donde se produjo el ataque, aunque las playas de la isla permanecen abiertas este domingo.El servicio de Salvamento y Socorrismo Acuático de Australia occidental informó además del avistamiento de un tiburón blanco de unos cinco metros y a unos 80 metros de la costa durante la mañana del domingo.La isla Rottnest, uno de los principales destinos turísticos de Australia occidental, es conocida por sus playas de arena blanca, aguas cristalinas y por albergar una importante población de quokkas, pequeños marsupiales endémicos del país.El incidente se produce meses después de una serie de ataques registrados en enero en el estado de Nueva Gales del Sur, en la costa este australiana, donde en apenas tres días se reportaron cuatro incidentes con tiburones en playas de Sydney y Port Macquarie, de los cuales uno fue mortal, el de un menor de doce años.Las autoridades australianas atribuyeron entonces el aumento de incidentes a las fuertes lluvias y a las aguas turbias, condiciones que favorecen la presencia de tiburones toro cerca de la costa y en desembocaduras de ríos y estuarios.Durante 2025, se registraron al menos una decena de ataques de tiburón en Australia, incluido uno a un niño de nueve años que logró sobrevivir, y de los cuales cinco resultaron mortales.Según una base nacional de incidentes, desde 1791 hasta 2025 se han registrado más de 1.280 ataques de tiburón en el país oceánico, unos 260 mortales.

Trump y Xi: mucho ruido y pocas nueces

Niños agitando banderitas dando la bienvenida y alfombra roja en el aeropuerto. Guardia de honor en la plaza de Tiananmen. Una comitiva empresarial con una treintena de magnates tecnológicos, de las finanzas y de la aviación, cuyas fortunas personales y capitalizaciones de empresas, entre ellas … Tesla, Apple, Nvidia, Goldman Sachs, BlackRock y Boeing, suman 13,6 billones de euros. Y, para terminar, un paseo por Zhongnanhai, la otra Ciudad Prohibida de Pekín donde los dirigentes del régimen comunista chino, desde Mao Zedong hasta Xi Jinping, viven como emperadores rojos.
Al viaje del presidente de Estados Unidos a Pekín no le ha faltado de nada… Salvo un evento que, paradójicamente, es el más importante en las visitas de Estado: la firma de acuerdos diplomáticos y comerciales entre ambos países. Una de las normas de la diplomacia es aprovechar estas cumbres para rubricar a bombo y platillo todo tipo de tratados políticos y contratos económicos, muchos de ellos suscritos con anterioridad, que se oficializan bajo la satisfecha mirada y los aplausos de los mandatarios de ambos Estados.

Eso es lo que hizo Trump durante su anterior viaje a Pekín en 2017, cuando apadrinó junto a Xi más de una docena de acuerdos que ascendían a una cifra récord de 250.000 millones de dólares (215.000 millones de euros). Ese era, precisamente, el déficit comercial que EE.UU. esperaba tener con China aquel año, pero acabó batiendo otra marca histórica, 375.000 millones de dólares (322.000 millones de euros), y provocando la primera guerra comercial.
Tan enorme diferencia entre los planes y la realidad se debe a que muchos de aquellos acuerdos firmados con pompa oriental eran simples memorandos de entendimiento que luego se quedaron en agua de borrajas, cuando ya nadie se acordaba de ellos tras haber aparecido en grandes titulares.

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Juan Luis López Aranguren

Lo más sorprendente de esta visita de Trump, y más teniendo en cuenta la legión de magnates que le acompañaba, es que no se haya celebrado una firma de acuerdos bilaterales, incluso aunque luego no llegaran a nada. En el aspecto económico, lo más reseñable es que Trump ha anunciado en una entrevista en televisión que Pekín comprará 200 aviones Boeing y 10.000 millones de dólares (8.600 millones de euros) en productos agrícolas. Pero no hay comunicados oficiales de China al respecto y el fantasma de 2017 sobrevuela sobre este viaje.
En aquella ocasión, Xi Jinping le dio a Trump todo… menos lo que realmente quería: abrir más sectores de la economía china a los productos estadounidenses. Esta vez, le ha dispensado un tratamiento imperial incluso mayor. Trump, en horas bajas por el alto precio del petróleo debido a la guerra de Irán, necesitaba una recepción tan fastuosa para demostrar a los estadounidenses que su país es tratado con los mayores honores en China. Y a Xi también la hacía falta la foto con Trump y las mayores fortunas del mundo. En primer lugar, para recordar a su pueblo la fortaleza de su país, capaz de hablarle de tú a tú a la superpotencia hegemónica global, y luego para hacerle olvidar que la maltrecha economía ya no tira tanto como antes.
A pesar de esta falta de acuerdos concretos, lo más positivo del viaje es que Trump y Xi han consolidado su tregua comercial y diplomática y estabilizado los lazos bilaterales, sentando las bases para próximas reuniones este mismo año. A la vista de los enfrentamientos de los últimos tiempos, eso ya supone un éxito. Pero, a efectos prácticos, y retratando respectivamente a ambos personajes, este encuentro de Trump y Xi solo puede definirse como mucho ruido y pocas nueces.

Los secretos del 'Ángel de la Muerte', al descubierto: Suiza va a desclasificar los archivos sobre el doctor nazi Josef Mengele

Uno de los personajes más siniestros del nazismo es el doctor Josef Mengele, conocido como el ‘Ángel de la Muerte’. Este médico perpetró terribles experimentos mortales con prisioneros del campo de concentración de Auschwitz, donde murieron más de un millón de seres humanos, en su mayoría judíos.Tras la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, Mengele eludió la justicia huyendo a Argentina con una identidad falsa. Murió en Brasil en el año 1979.Pese a que pasó la mayor parte de su vida en Sudamérica, Mengele pasó un tiempo en Suiza, a pesar de que en aquel momento pesaba sobre él una orden de arresto internacional.El doctor Mengele huyó de Europa a Sudamérica en 1949, pero se sabe que visitó Suiza para pasar unas vacaciones de esquí. También se sabe que su esposa, Martha Maria, alquiló un piso en Zúrich y solicitó la residencia permanente.Sobre la estancia de Mengele en Suiza, varios historiadores han querido realizar indagaciones. La historiadora suiza Regula Bochsler pudo consultar los archivos policiales que demostraban que el piso estaba bajo vigilancia policial en 1961. En las notas también se indicaba que Martha Maria estaba acompañada por un hombre desconocido.Un intento de arresto contra Mengele ese año habría requerido la intervención de la policía federal suiza. Bochsler solicitó al Archivo Federal Suizo acceso a sus archivos.Pero se le denegó el acceso y los archivos fueron sellados hasta 2071 por motivos de seguridad nacional y para proteger a la familia de Mengele. No ha sido la única persona a la que se le ha negado el acceso.En 2025, el historiador Gerard Wettstein intentó acceder a los archivos, pero también se le denegó el acceso. «Parecía ridículo. Mientras permanezcan cerrados hasta 2071, se alimentan las teorías conspirativas; todo el mundo piensa que ‘deben tener algo que ocultar», dijo Wettstein, en declaraciones recogidas por el Mirror.El Servicio Federal de Inteligencia suizo cambió de postura cuando Wettstein impugnó la decisión de mantener los archivos sellados y recaudó alrededor de 20.000 euros para llevar el caso a los tribunales. Se desconoce cuánta información sobre Mengele se revelará cuando se abran los archivos.En un comunicado, el servicio de inteligencia afirmó que la total transparencia llevará tiempo y añadió: «Se concederá al recurrente acceso al expediente, sujeto a condiciones y requisitos que aún no se han definido».

Alex Saab, el testaferro de Maduro, es deportado por segunda vez a EE.UU.

Alex Saab vuelve a manos de la justicia estadounidense. El funcionario venezolano y empresario colombiano-venezolano, señalado durante años como testaferro de Nicolás Maduro, fue deportado este sábado a Estados Unidos, según informó el Saime, la agencia migratoria de Venezuela. Es la segunda entrega … de Saab a Washington tras su detención en Cabo Verde en 2020, su extradición a Miami y el indulto que Joe Biden le concedió en 2023 a cambio de la liberación de presos estadounidenses en Venezuela.
Según ha podido saber ABC, Saab está de camino a Miami para pasar a disposición de nuevo de la Fiscalía del Distrito Sur de Florida, que lo ha imputado bajo secreto de sumario en un caso de corrupción ligado a PDVSA, la petrolera estatal, distinto del proceso por el que fue indultado por Biden en 2023, relacionado con una trama de fraude en ayudas y contratos públicos en Venezuela.

El nuevo caso, que se revelará cuando aterrice y coordina el fiscal Jason A. Reding Quiñones, abre otra vía judicial contra quien fue durante años fue el operador financiero más valioso para el chavismo y uno de los hombres de mayor confianza de Maduro.

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David Alandete

Esta vez, sin embargo, no llega desde un tercer país, a diferencia de en su primera extradición. Lo envía el propio poder venezolano que durante años lo presentó como un perseguido político y como un supuesto diplomático. El hombre que Maduro convirtió en símbolo de resistencia frente a Washington vuelve ahora a manos de la Fiscalía federal por decisión de Caracas, bajo la presión directa de la Administración Trump.
Saab fue uno de los aliados más estrechos de Maduro, también preso tras haber sido extraditado a Estados Unidos. Durante años fue señalado como gestor de sus negocios, de su fortuna y de algunas de las redes financieras del chavismo. Tras ser liberado por Biden, Maduro lo recibió como un símbolo político y lo incorporó después a su Gobierno como ministro de Industria y Producción Nacional. Ahora, el mismo aparato que lo elevó a ministro lo entrega de nuevo a Washington.
La entrega fue anunciada por el Gobierno venezolano este 16 de mayo. Según pudo saber ABC, Saab había sido detenido en Caracas en febrero durante una operación conjunta de autoridades estadounidenses y venezolanas. Aquella detención encajaba con una exigencia más amplia de la Administración Trump al régimen venezolano, ya bajo el mando de Delcy Rodríguez: cooperación directa en investigaciones abiertas contra varios integrantes de la estructura chavista.
ABC reveló entonces que Washington había pedido acceso a documentación, trazabilidad financiera, interrogatorios y posibles fórmulas de entrega o traslado de nueve personas vinculadas al antiguo núcleo de poder de Maduro. La solicitud iba más allá de la captura del propio Maduro y de Cilia Flores. Buscaba reconstruir el circuito de contratos, lavado de dinero y protección política que, según Estados Unidos, sostuvo durante años al chavismo.
El obstáculo principal era jurídico. La Constitución venezolana prohíbe la extradición de nacionales. Por eso Washington y Caracas exploraban vías alternativas: expulsiones administrativas, salidas pactadas, traslados por razones de seguridad, detenciones temporales con acceso de investigadores estadounidenses o entrega de documentación. En el caso de Saab, el Gobierno venezolano evita hablar de extradición y utiliza la fórmula de deportación. El resultado práctico, sin embargo, es el mismo: Saab queda otra vez en manos de Estados Unidos.

Las entregas de Delcy

Saab figuraba como una de las piezas centrales de esa lista, junto al empresario Raúl Gorrín. La fuente consultada por ABC lo describía como el hombre que sabía dónde estaba el dinero y cómo se movía. No era solo un contratista. Fue ministro, intermediario y enlace con el núcleo político del madurismo durante años. El Departamento de Justicia revisaba además una investigación adicional sobre presuntos sobornos ligados a importaciones de alimentos a precios inflados. Su interrogatorio buscaba confirmar la ruta del dinero y medir su disposición a cooperar.
Gorrín aparecía en otro frente del mismo mapa: el del control de cambios, los sobornos, las sociedades pantalla y el blanqueo de capitales. Para Washington, ambos podían ayudar a reconstruir cómo una decisión administrativa se transformaba en comisiones, cuentas, propiedades y protección política.
La lista incluía también a Nicolás Ernesto Maduro Guerra, hijo de Maduro; Walter Jacob Gavidia Flores, hijastro del expresidente; Tareck El Aissami; Samark López Bello; y Pedro Luis Martín-Olivares, además de otros dos altos cargos no revelados. Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López quedaban fuera de esa primera fase por cálculo operativo, no por falta de interés. La prioridad de Washington era empezar por quienes podían aportar pruebas, rutas financieras y documentación sin provocar una crisis inmediata dentro del aparato venezolano.
La deportación de Saab confirma un nuevo equilibrio, una supeditación real de Caracas a Washington. Delcy Rodríguez coopera lo suficiente para sostener la normalización con Estados Unidos, pero intenta evitar la imagen de una tutela demasiado visible. Washington, en cambio, mide la relación en hechos concretos, en detenidos, documentos, cuentas, sociedades, activos y entregas. Saab, que fue convertido por Maduro en bandera política, es ahora la prueba más clara de hasta dónde llega la presión de Trump sobre Delcy y Caracas.

Los cinco aspirantes al liderazgo laborista tras el desplome electoral de Starmer

En Westminster todavía no existe oficialmente una carrera por la sucesión de Keir Starmer, pero ya suenan nombres de posibles sucesores. El desplome laborista en las elecciones locales inglesas y en los comicios de Escocia y Gales ha vuelto a poner en marcha una … de las dinámicas más características de Westminster, la de un partido que empieza a mover posibles relevos mientras su líder sigue todavía en Downing Street.
La dimisión esta semana del exministro de Sanidad Wes Streeting, que aseguró haber perdido la confianza en Starmer y que este sábado ha hecho oficial que se presentará a «cualquier disputa por el liderazgo» laborista, ha acelerado las conversaciones internas. Al mismo tiempo, el diputado Josh Simons anunció que abandonará su escaño para facilitar el regreso a Westminster del alcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, considerado como potencial rival del actual primer ministro.

En el Partido Laborista vuelve así a abrirse la pregunta de no sólo quién debe liderar el partido, y, por tanto, el país, sino qué tipo de laborismo debe surgir después de Starmer.

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Ivannia Salazar

El sistema laborista obliga a cualquier aspirante a reunir el respaldo de al menos 81 diputados, equivalentes al 20% de sus 403 parlamentarios en la Cámara de los Comunes, y cada diputado sólo puede apoyar a un único candidato, lo que limita en la práctica el número de aspirantes viables. Mientras tanto, las encuestas muestran un panorama complejo.
Un sondeo de Survation para LabourList, una de las principales plataformas de información y análisis vinculadas al entorno laborista británico, sitúa todavía a Keir Starmer claramente por delante de Streeting en un hipotético duelo directo entre ambos, con un 53% frente al 23%. Sin embargo, Starmer perdería frente a Burnham, que obtendría un 61% de apoyo, y también quedaría por detrás de Angela Rayner y Ed Miliband.
Cada uno de estos nombres representa una idea distinta de lo que debería ser el laborismo británico después de Starmer.

Wes Streeting, el heredero del ala moderada

A sus 43 años, Wes Streeting es considerado una de las figuras más ambiciosas y disciplinadas de la nueva generación laborista. Nacido en Londres y criado por su madre en una vivienda social, ha hablado públicamente de una infancia complicada y suele reivindicar que pudo llegar a la universidad gracias al sistema público. Abiertamente gay y pareja hace más de una década del asesor de comunicación Joe Dancey, Streeting construyó buena parte de su carrera política alrededor de una narrativa meritocrática.
Procedente del ala moderada del partido y más cercano al «blairismo», se dio a conocer primero en el movimiento estudiantil, antes de convertirse en diputado en 2015. Desde entonces ha cultivado una imagen de político eficaz y cómodo en los medios de comunicación. Como ministro de Sanidad defendió reformas polémicas en el NHS y una línea favorable a cierta colaboración con el sector privado para aliviar la presión sobre la sanidad pública. Su posición adquirió una dimensión personal después de que en 2021 revelara que padecía un cáncer de riñón, experiencia que reforzó su discurso sobre la necesidad de modernizar una sanidad pública sometida a una presión creciente.

«Nuestro NHS debe modernizarse o morir»

Este sábado ha anunciado que se presentará a «cualquier disputa por el liderazgo» del partido para «sustituir» al primer ministro. Streeting cuenta con apoyo en sectores empresariales, y gusta a buena parte del «establishment» laborista y a numerosos diputados moderados.
Sus detractores consideran que es demasiado ambicioso, y que representa precisamente el tipo de laborismo tecnocrático que parte del electorado tradicional ha abandonado.

Angela Rayner, la dirigente de raíz sindical

Angela Rayner, de 46 años, construyó su identidad política alrededor de una biografía personal que rompe con muchos de los códigos tradicionales de Westminster. Nacida en Stockport, en el norte de Inglaterra, dejó el colegio embarazada a los 16 años y se crió en una vivienda social antes de entrar en política a través del sindicalismo. Divorciada y madre de tres hijos, nunca ha ocultado sus orígenes obreros ni su incomodidad con las élites londinenses, y buena parte de su discurso sobre servicios públicos y protección social está marcado por su experiencia familiar, ya que durante años cuidó de su madre, que sufría trastorno bipolar.
Durante años fue vista como una figura incómoda para sectores moderados del partido, especialmente durante la transición entre la era Corbyn y el liderazgo de Starmer. Sin embargo, terminó consolidándose como una dirigente mucho más pragmática de lo que muchos esperaban y logró mantener una enorme popularidad entre la base militante y entre los sindicatos.

«Odio que la gente intente encasillarme»

Detractores y seguidores le reconocen algo especialmente valioso en la política, su autenticidad y capacidad para conectar emocionalmente con votantes de clase trabajadora alejados del lenguaje tecnocrático dominante en Westminster. Su perfil mezcla izquierda económica con una fuerte conexión sindical.
Un obstáculo para una eventual candidatura sería el temor de numerosos diputados moderados a que un giro demasiado izquierdista vuelva a alejar al partido del electorado centrista. Rayner dimitió en septiembre de 2025 como viceprimera ministra, ministra de Vivienda y número dos del Partido Laborista tras una polémica por el pago de impuestos de una vivienda que compró.

Andy Burnham, el más popular entre las bases

Pocos políticos laboristas conservan hoy un nivel de popularidad comparable al de Andy Burnham. Nacido en Liverpool hace 56 años, casado con la ejecutiva de marketing Marie-France van Heel, con quien tiene tres hijos, representa para muchos el rostro más reconocible del norte laborista inglés. Periodista y asesor político antes de entrar en Westminster, tuvo cargos relevantes durante los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, aunque su perfil político terminó alejándose progresivamente del establishment de la capital británica.
Alcalde del Gran Mánchester desde 2017, Burnham se convirtió en una de las voces más visibles del norte de Inglaterra durante la pandemia, especialmente por sus enfrentamientos con el Gobierno conservador de Boris Johnson en defensa de mayores ayudas económicas para las regiones afectadas por las restricciones sanitarias.

«Quiero regresar al Parlamento para llevar al conjunto del Reino Unido el cambio que hemos llevado al Gran Mánchester»

Lejos del estilo tradicional de Westminster, construyó una imagen de dirigente local combativo, muy conectado con las ciudades industriales del norte y con los votantes del llamado «red wall» (muro rojo), los antiguos bastiones laboristas que giraron hacia los conservadores durante los años del Brexit. Su peso político en el norte de Inglaterra ha llevado a parte de la prensa británica a describirlo incluso como «el rey del norte».
Su posible regreso al Parlamento, facilitado ahora por la decisión del diputado Josh Simons de abandonar su escaño, ha reactivado inmediatamente las especulaciones sobre una futura candidatura al liderazgo. Aunque sigue siendo enormemente popular dentro del partido, no puede competir formalmente por el liderazgo mientras permanezca fuera de la Cámara de los Comunes.

Ed Miliband, el regreso del viejo laborismo

Durante años, Ed Miliband simbolizó para muchos laboristas el fracaso electoral. Su derrota frente a David Cameron en las elecciones de 2015 marcó profundamente al partido y abrió la puerta primero al giro izquierdista de Jeremy Corbyn y después al regreso al centro impulsado por Starmer.
Hijo de intelectuales judíos marxistas refugiados del nazismo, nacido en Londres en 1969 y casado con la jueza Justine Thornton, con quien tiene dos hijos, Miliband representa probablemente el perfil más intelectual y académico de todos los posibles aspirantes. Formado en Filosofía, Política y Economía y antiguo asesor de Gordon Brown, siempre fue visto como un político más cómodo entre documentos y debates ideológicos que en la política emocional de masas.

«La era de la seguridad basada en los combustibles fósiles ha terminado, y ha llegado el momento de la seguridad basada en la energía limpia»

Sin embargo, la política británica posee una extraordinaria capacidad para rehabilitar figuras que parecían amortizadas. Miliband, hoy responsable de Energía y Seguridad climática, ha reconstruido parte de su reputación gracias a la creciente centralidad política de la transición energética y a un perfil intelectual que muchos consideran más sólido de lo que se reconoció durante su etapa como líder.
Su figura representa una socialdemocracia clásica, progresista y muy centrada en el Estado, el cambio climático y la desigualdad económica. Es uno de los miembros del Gobierno más activos ante el impacto económico de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, especialmente por el temor a una nueva crisis energética.

Alistair Carns, el veterano de guerra

El veterano de guerra Al Carns nació en Escocia en 1980, fue criado junto a sus cuatro hermanos por su madre en un barrio obrero de Aberdeen, sirvió durante 24 años en los Royal Marines, y, muy condecorado tras servir en Irak y Afganistán, entró al Parlamento en 2024. Considera que Reino Unido debe prepararse para escenarios de conflicto más amplios y volvió a alistarse como reservista porque considera que Europa atraviesa un momento peligroso.
Ha admitido haber votado en el pasado al Partido Conservador, y aunque todavía se encuentra lejos de los grandes pesos pesados del partido, su perfil ha ganado atención dentro de sectores preocupados por la seguridad nacional y por votantes obreros culturalmente conservadores que abandonaron a los laboristas durante los años del Brexit y ahora con el auge de Reform UK. Casado y padre de tres hijos, proyecta una imagen de disciplina, patriotismo y servicio público vinculado a la Defensa poco habitual en el ala progresista y su perfil público aumentó aún más después de participar el año pasado en una expedición al Everest formada por exmilitares que batió récords de ascensión y recaudó fondos para asociaciones de veteranos.

«¿Qué sentido tiene el Partido Laborista si no es capaz de sustituir la desesperanza y la frustración por esperanza, estabilidad y propósito?»

Actualmente subsecretario de Estado para las Fuerzas Armadas, forma parte de una corriente que defiende que la izquierda británica debe reconciliarse con conceptos como nación, seguridad y servicio militar. Y aunque todavía carece del peso parlamentario de otros posibles aspirantes, su creciente visibilidad refleja el intento de redefinir qué significa hoy ser progresista en un Reino Unido cada vez más fragmentado política y territorialmente.

Jineth Bedoya, subdirectora de 'El Tiempo': «Una víctima necesita conocer toda la verdad para sanar»

El día en que dice que murió, un 25 de mayo de 2000, la periodista Jineth Bedoya marchó a la cárcel La Modelo de Bogotá para entrevistarse con el líder de una organización criminal. No llegó a verle. La secuestraron en la puerta, la metieron … en un vehículo y la condujeron a una finca a las afueras donde fue drogada, torturada y sometida durante dieciséis horas a una violación masiva. Rogó a sus captores que la mataran, pero, pese a los golpes y las simulaciones de tiros en la sien, decidieron dejarla con un hilo de vida. La arrastraron hasta una furgoneta y después la arrojaron desnuda sobre la carretera. Un taxista se topó con su cuerpo en el asfalto.
Días antes había publicado en el diario ‘El Espectador’ diversas investigaciones sobre la red de tráfico de armas que los paramilitares dirigían desde la cárcel con la connivencia del Ejército y de la Policía. Al salir del hospital, Bedoya rechazó huir del país y, pese a las amenazas de muerte, decidió reconstruir su vida sobre la base del periodismo y el propósito de liderar la lucha contra los abusos sexuales. A partir de su caso nació en Colombia la campaña ‘No es hora de callar’ y cada 25 de mayo se conmemora el Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual.

El próximo viernes recibirá en San Sebastián el Premio de Periodismo Santiago Oleaga, constituido por ‘El Diario Vasco’ en homenaje al que fuera director financiero del periódico, asesinado por ETA hace 25 años.
— ¿Qué cree que buscaba ETA cuando asesinó a Santiago Oleaga?
— Trataba de silenciar al periódico en el que trabajaba. Quería silenciar sus denuncias y lanzar el mensaje de que campaban a sus anchas. Cuando los terroristas se sienten acorralados lo primero que hacen es sembrar el miedo. En 2001, un año después de mi secuestro, la International Women Media Foundation nos premió a dos periodistas hispanoamericanas. La otra era la vasca Carmen Gurruchaga, que también sufrió un atentado de ETA.
— Entonces ya conocía lo que era ETA.
— Era un grupo terrorista muy conocido en Colombia porque exportaba su forma de hacer terrorismo a otras organizaciones ilegales durante el conflicto armado. Al igual que el IRA, tenía un conocimiento específico de explosivos.
— ¿Qué siente cuando escucha discursos que relativizan el terrorismo décadas después?
— Siento que estamos desandando el camino. En el pasado había un sector de la sociedad muy afín a estas organizaciones que, además, justificaban el accionar terrorista. Cuando se quita ahora peso a las acciones terroristas, tanto de ETA como de las FARC, quedamos abocados a transitar el mismo camino que no previno la barbarie que tuvimos que afrontar como sociedades.

Buenaventura, Valle del Cauca. Cientos de mujeres se unieron a la campaña ‘No es hora de callar’.

(Cedida)

— El 25 de mayo es Día Nacional en su país. ¿Qué supone esa fecha en su vida?
— Esa fecha es un parteaguas. Quedé muerta en vida porque en mi parte personal lo perdí todo. Incluso a mi familia. Decidí, muy presionada por lo que me pasó, dejar todo de lado para encontrar un significado de vida en el periodismo. Y por eso digo que es un parteaguas, porque por un lado mueres, pero por el otro lado te reencuentras. El periodismo era lo que me gustaba hacer, pero pasó a convertirse en mi vida. Ese día muero como la mujer que era, pero renazco en la periodista que se interna en la selva, que se va a cubrir los combates, que anda de helicóptero en helicóptero y que vuelve a ser secuestrada, esta vez por las FARC. El periodismo es la forma de seguir respirando.

«El 25 de mayo muero como la mujer que era, pero renazco en la periodista que se interna en la selva. El periodismo es la forma de seguir respirando»

— Rechazó el exilio en Alemania.
— Estaba todo organizado por parte del periódico y de la embajada de Alemania en Colombia. Pero si salía iba a morir definitivamente. Mi mayor temor era no volver a la redacción. Era más grande ese miedo que el mismo miedo a la muerte. Entendí que mi propósito era el periodismo. Eso es lo que me ancló en ese momento. El periodismo es lo que me sigue salvando.
— Al quedarse en Colombia se separó definitivamente de su familia.
— Nunca entendieron por qué lo hacía. Muchos pensaron que era una suicida y que quería morirme. Estuve 20 años cubriendo la guerra y nunca lo aceptaron. La única que siempre ha estado firme y fiel conmigo ha sido mi madre. Mi padre acaba de fallecer y lamentablemente mi relación con él se rompió por el secuestro.
— ¿Qué sucedió?
— Tenía una concepción muy machista. No aceptaba que fuera periodista y que siendo mujer entrara en cárceles. Cuando llegué a la clínica, medio muriendo, lo primero que hizo fue reclamar: ‘Le dije que no estudiara periodismo, usted se lo buscó, usted tiene la culpa’. Esa fue la primera ruptura. La definitiva fue cuando decidí quedarme en Colombia. No lo aceptó. Ahora tengo una carga. No nos pudimos despedir y eso me pesa. Quedan muchos temas pendientes, ¿no? Espero que se haya podido ir tranquilo. Ha sido muy duro.

Mujeres marcadas

— Una vez dijo que las organizaciones criminales matan a los hombres para silenciarlos, pero a las mujeres las violan.
— Sí. El castigo hacia las mujeres cuando nos quieren silenciar es a través del abuso sexual. Es el peor castigo. A una mujer no le mandan un sicario. La violentan. La marcan.
— En los juicios tuvo que detallar cómo fue la violación una y otra vez.
— Me tocó narrar mi violación trece veces. Trece veces. Las primeras doce veces lo hice en el proceso judicial, supuestamente para tener más pruebas y poder llamar a juicio a los presuntos implicados. La vez número 13 la justicia colombiana me obligó a contar delante de mis violadores cómo me violaron. Fue un día terrible emocionalmente. Fue durísimo. Casi otra violación.

Bedoya hace entrega del mural ‘Fragmentos que florecen’, en la cárcel La Modelo, al ministro de Juesticia Néstor Iván Osuna Patiño, en junio de 2024.

(Mauricio Moreno)

«Seguiré haciéndoles la vida imposible»

— El año pasado su vida corrió todavía más riesgo después de colocar un mural reivindicativo en la cárcel donde la secuestraron. ¿Qué balance hace?

— Ese mural era la reparación que me tenía que dar el Estado. Hablé con el ministro de Justicia y le dije que quería una obra de arte allí porque quería que la gente supiera que en esa cárcel pasó algo muy grave y que no se puede olvidar. Empezó los trámites administrativos, pero había tantos problemas que terminé pagando yo misma el mural. O sea, me reparé a mí misma. No me frené.

— ¿Cómo fue el proceso?

— Obtuve todos los permisos y metí cámaras para documentar el trabajo. Empecé a ir todos los días y esto fue, como decimos coloquialmente, meterse al rancho. O sea, volví a territorio enemigo. Los cargué y empezaron a amenazarme. Fue durísimo. Tuve mucho miedo porque también amenazaron de muerte a los videógrafos. Yo les decía que no me iban a callar. Entonces mataron al director de la cárcel.

— Por el mural.

— No tengo palabras. Fue demoledor. Devastador. Lo mataron y aumentaron las amenazas. Entonces tuvieron que reforzar mi seguridad. Me dijeron que saliera del país, pero no me fui hace 25 años y no me iba a ir entonces. Mi respuesta, por el contrario, fue empezar a hacer documentales de denuncia. Uno de ellos fue sobre la trata de personas. Las mafias internacionales que vienen a Colombia y se llevan a todas las chicas. Es un mercado grandísimo. Recorrí todas las fronteras del país y en una ocasión tuvimos que salir corriendo literalmente porque la policía avisó: ‘Acabamos de interceptar una comunicación, van a por ustedes y se tienen que ir de acá’. Fue un momento muy difícil. El documental salió al aire el 25 de noviembre y al día siguiente fue terrible la cantidad de amenazas que recibí. Pasé de tener dos guardaespaldas a ir con siete.

— ¿Ya no siente miedo?

— Las amenazas nunca han parado, pero he lidiado con ellas durante muchos años y si este es el momento de que se materialicen, que espero que no, pues yo ya estoy lista. Yo ya lo perdí todo, así que no tengo nada que perder. Mientras pueda respirar seguiré haciéndoles la vida imposible a través del periodismo.

— La Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró culpable al Estado colombiano.
— Ganamos ese proceso judicial. La Corte avaló toda mi argumentación, declaró culpable al Estado y le ordenó que siguiera la investigación judicial para aclarar los hechos. Tiene que llevar a juicio a todos los perpetradores, pero solamente ha llevado a tres. Faltan los otros 24 implicados.
— ¿Están identificados?
— No están detenidos porque no han sido judicializados, pero están identificados. La Corte Interamericana ordenó que fueran a juicio y no lo han hecho. El año pasado decidí renunciar a la justicia. Di una rueda de prensa y dos meses después la Fiscalía vinculó al general de la Policía que ordenó mi crimen gracias a las pruebas que yo había presentado. O sea, tuve que renunciar a la justicia para que a este general, Leonardo Gallego, lo llamaran a una indagatoria. Estamos en ese proceso.
— ¿Qué expectativas tiene?
— No va a pagar un día de cárcel, pero el pasado 3 de febrero lo vi en la audiencia. Llevé una carta escrita. Le dije que no le perdonaba, pero que había decidido perdonarme a mí misma por haber permitido que él me robara mi paz durante 25 años. Para mí ese es el cierre de este capítulo.

Conocer la verdad

— ¿Puede haber reconciliación sin una verdad completa?
— Definitivamente no. Cuando eres víctima necesitas conocer la verdad para sanar. Necesitas saber por qué dieron la orden, por qué te secuestraron o por qué mataron a tu familia. Solo así puedes sanar y empezar un camino de reconciliación. De palabra somos capaces de decir que podemos perdonar, pero emocionalmente queda un dolor que se activa cada vez que piensas que no te dijeron las cosas completas. Eso te dispara la rabia, la frustración, la venganza. Eso es no haber podido pasar página. Creo que no conocer la verdad en las acciones terroristas, tanto en España como en Colombia, nos lleva a repetir parte de la historia. Nosotros en Colombia la estamos repitiendo.

Mapiripán, en el Meta, sigue ligado a las masacres paramilitares, un secuestro masivo sin precedentes y el latente abandono estatal. Una foto, tomada hace 20 años tras el secuestro.

(Milton Díaz)

— ¿De dónde saca la fuerza para seguir creyendo en el periodismo?
— Del día a día. Sigo muy activa buscando historias. Ahora soy más maestra que reportera. Me ocupo de la revisión de todo el periódico, ‘El Tiempo’. Cuando determinadas personas llaman y agradecen que hayamos publicado determinada historia surge la esperanza. Porque podemos seguir cambiando la vida a la gente. Me abrazo a eso. Siempre pienso que hoy puede ser mi último día. Si el día que se cierren mis ojos estoy abrazada a esa esperanza que me da el periodismo, mira, me voy feliz.