Trump, a Irán: «Toda una civilización morirá esta noche»
Donald Trump empujó este martes la guerra con Irán hacia un desenlace todavía más extremo cuando, a apenas doce horas de que expirara el plazo que él mismo había fijado, lanzó una amenaza ya no contra objetivos militares concretos, sino contra la existencia misma del … país. «Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás», escribió en Truth Social en un mensaje que condensó el tono de cuenta atrás terminal con el que la Casa Blanca viene empujando esta crisis.
Ya no habló Trump sólo de castigo, de infraestructuras arrasadas o de superioridad militar, sino que lo hizo de destrucción histórica, de «cambio de régimen completo y total» y del posible final de «47 años de extorsión, corrupción y muerte». Fue el lenguaje de un presidente que presenta las horas previas al vencimiento de su ultimátum no como una negociación al límite, sino como el instante decisivo de una rendición o, de no darse esta, una demolición.
El momento del mensaje no era menor. Llegó en su red social cuando quedaban justo doce horas para el plazo que Trump había convertido el día anterior en el eje de toda la crisis: este martes a las 20.00 en Washington, las 02.00 del miércoles en la España peninsular. Ese reloj había dominado ya su comparecencia del lunes en la Casa Blanca, donde advirtió de que Irán podía ser «destruido en una noche» y que esa noche podía ser precisamente la de este 7 de abril. Entonces habló de puentes volados, centrales eléctricas fuera de servicio y una ofensiva todavía más severa si Teherán no aceptaba las exigencias de Washington, entre ellas la reapertura del estrecho de Ormuz.
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David Alandete
Ahora, con ese nuevo mensaje, Trump dio un paso más adentrándose en un terreno en e que no ha estado ningún presidente estadounidense antes, el de usar el poderío militar de la primera potencia para aniquilar una civilización. Ya no se limitó a describir la devastación material. La envolvió en un mensaje de dramático desenlace histórico: el hundimiento de una sociedad y el posible nacimiento de otro Irán distinto, «más inteligente y menos radicalizado», es decir, cambio de régimen en sentido estricto.
Ese giro importa en la Casa Blanca y Estados Unidos porque retrata con más claridad la ambición política de Trump en el momento. Hasta ahora, había justificado la escalada con dos argumentos principales: impedir que Irán consolidara su capacidad militar y nuclear y forzar la reapertura de Ormuz como condición imprescindible para cualquier salida. Pero en este último mensaje apareció ya sin rodeos otro horizonte: el del «cambio de régimen».
Trump, que lo ha negado a casa paso, no lo formuló como una hipótesis lejana ni como una consecuencia indirecta de la guerra, sino como un hecho casi consumado, o al menos como una posibilidad inmediata a la espera de confirmarse «esta noche». El éxito de la guerra desde el Pentágono se mide ya por la caída o supervivencia del poder iraní, gravemente dañado por los bombardeos.
Ese tono enlaza directamente con lo que Trump había dicho el lunes, cuando presentó a Irán como un país prácticamente deshecho, sin Armada, sin Fuerza Aérea operativa, sin radar y sin defensas eficaces. Aquella comparecencia, en la sala de prensa de la Casa Blanca, rodeado de su cúpula militar, sirvió para exhibir el rescate de dos aviadores estadounidenses como prueba de fuerza, pero sobre todo para sostener que Washington cree tener la sartén por el mango.
Sin embargo, esa imagen de superioridad total choca con un hecho incómodo para la propia Casa Blanca: el F-15 estadounidense fue abatido después de que Trump hubiera dado ya por desmantelada buena parte de la capacidad militar iraní.
La guerra comenzó el 28 de febrero de 2026 con ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán. En esas primeras oleadas murió Alí Jamenei, el líder supremo, y en las semanas siguientes fueron cayendo varios altos cargos militares y políticos del régimen, en una campaña de decapitación de la cúpula iraní. Según el Pentágono han sido atacados casi 20.000 objetivos en Irán.

