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Putin llega a Nueva Delhi para reunirse con Modi en el arranque de la cumbre de los BRICS

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha llegado esta madrugada a Nueva Delhi al frente de una delegación en la que figuran el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y el viceprimer ministro, Denis Mánturov, para participar en la cumbre de los BRICS y reunirse este viernes con el primer ministro indio, Narendra Modi.El portavoz de la cancillería india, Randhir Jaiswal, ha confirmado la llegada del mandatario ruso a través de un mensaje en X acompañado de una fotografía en la que se observa a Putin siendo recibido a pie de pista por el ministro de Estado de Asuntos Exteriores indio, K.V. Singh.Los medios locales del país apuntan a que la cita diplomática entre Putin y Modi, confirmada ayer por el asesor de la Presidencia rusa para Asuntos Internacionales, Yuri Ushakov, tendrá lugar a las 15:30 hora local y estará centrada en materia económica y comercial.El encuentro se produce apenas una semana después de su cara a cara en la cumbre de la OCS en Biskek, donde Modi instó a pasar de una «guerra interminable al fin de la guerra» en Ucrania.Según ha apuntado el Kremlin, la reunión abordará la cooperación en defensa y tecnología, incluyendo la modernización de los misiles BrahMos, las entregas pendientes de los sistemas S-400, la posible venta de cazas Su-57 y proyectos en energía nuclear civil.Tras la reunión, Putin intervendrá en el Foro Empresarial del BRICS para exponer propuestas en materia de comercio e inversiones, y visitará junto a Modi la feria industrial Innoprom.Un arranque de reuniones bilateralesLa agenda de Modi para esta jornada incluye además una reunión bilateral más tarde con el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, en la que constituye la primera visita a la India de un mandatario iraní en ocho años y que pondrá sobre la mesa el conflicto en Oriente Medio.Está previsto que mañana Modi se reúna con el líder chino, Xi Jinping, que confirmó ayer su participación en la cumbre y se espera que llegue a media mañana a la capital india en su primer viaje al país en siete años tras años de congelamiento diplomático por tensiones fronterizas en la frontera del Himalaya entre ambos países.Este viernes ya se encuentran en Nueva Delhi los cancilleres de Brasil, Mauro Vieira, Etiopía, Gedion Timothewos, y Burundi, Edouard Bizimana. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, no asistirá al encuentro debido al calendario electoral en su país.

Radiografía del ataque a las Torres Gemelas: así fue el minuto a minuto desde el despegue de los aviones… hasta su impacto en el WTC

Este 11 de septiembre se cumplen 25 años del 11-S, el atentado terrorista más grave registrado en Estados Unidos, en el que murieron casi 3.000 personas. Un grupo de 19 terroristas secuestró, redirigió y estrelló cuatro aviones comerciales: los vuelos 11 y 77 de American Airlines, y los 175 y 93 de United Airlines.Fueron cuatro los pilotos terroristas que secuestraron los aviones. Mohammed Atta, Marwan al Shehhi, Ziad Jarrah y Hani Hanjour. Todos ellos fueron entrenados en Afganistán y recibieron formación en aviación.En total, la serie de cuatro ataques terroristas suicidas duró 102 minutos, desde que se estrelló el primer avión hasta que cayó la última torre. Esta es la cronología de aquel día:7:59 horasUn Boeing 767, el vuelo 11 de American Airlines con destino Los Angeles, sale del aeropuerto internacional Logan de Boston. A bordo van 92 personas.8:15 horasEl vuelo 175 de United Airlines despega del mismo aeropuerto de Boston y con el mismo destino, Los Angeles. Viajan en su interior 65 personas.8:19 horasBetty Ann Ong, sobrecargo en el vuelo 11 de American, alerta a la compañía del secuestro del avión: no es posible contactar con el puente de mando. Antes de esa llamada, uno de los secuestradores apuñala a Daniel M. Lewin, un pasajero que había servido en el ejército israelí.8:20 horasEl vuelo 77 de American Airlines, un Boeing 757, sale del Aeropuerto Internacional Dulles, en Washington D.C., con destino Los Ángeles. A bordo viajan 64 personas.8:24 horasUno de los secuestradores del vuelo 11 de American alerta a los controladores aéreos sin darse cuenta: intentaba comunicarse con el interior del avión. Victor J. Saracini, piloto del vuelo 175 de United, escucha al menos uno de esos mensajes e informa a la Administración Federal de Aviación, minutos antes de que su propio avión sea secuestrado.8:37 horasEl control aéreo de Boston avisa a a la Defensa Aérea de la zona, que moviliza los caza de la Guardia Nacional Aérea.8:42 horasEl vuelo 93 de United despega del Aeropuerto Internacional de Newark, en New Jersey, hacia San Francisco. Sale con un ligero retraso y con 44 personas a bordo.8:46 horasCinco secuestradores estrellan un Boeing 767 de American Airlines contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, sede del emblemático centro financiero World Trade Center, donde trabajaban unas 50.000 personas. El impacto contra la torre norte, de 110 plantas, provoca un enorme agujero y un enorme incendio.8:50 horasEsa mañana, el presidente George W. Bush se encuentra de visita en una escuela de primaria en Florida. Es allí donde recibe la noticia de que un avión «pequeño» se ha estrellado en una de las torres del WTC. Se presupone que ha sido un accidente.8:59 horasLa Policía inicia la evacuación de las Torres Gemelas, medida que se extiende a todo el complejo del World Trade Center.9:03 horasOtros cinco secuestradores estrellan el segundo avión, un Boeing 757 de United Airlines, contra la torre sur de las Gemelas, entre las plantas 77 y 85. Apenas han pasado 15 minutos del impacto del primer avión. Dos de las tres escaleras de emergencia quedan inutilizadas y la mayoría de los cables de los ascensores cortados. Muchas personas quedan atrapadas.9:05 horasCuando Bush está a punto de leer a los niños un cuento infantil, su jefe de gabinete le informa de que un segundo avión ha impactado contra la otra torre. El presidente decide por el momento continuar con la clase para no alarmar a los alumnos. Diez minutos después, abandona el aula y contacta con el vicepresidente Dick Cheney, la consejera Condoleezza Rice y el director del FBI.9:06 horasOsama bin Laden es mencionado por primera vez como posible autor de los atentados (lo dice Fox News). Otras cadenas citan a empleados de United Airlines que afirman que una aeronave fue secuestrada antes de estrellarse.9:08 horasLa Administración Federal de Aviación (FAA) prohíbe todos los despegues que se dirijan a Nueva York o pasen sobre su espacio aéreo. Minutos más tarde, prohíbe el despegue de todos los aviones civiles.9:21 horasSe cierran todos los puentes y túneles de Manhattan.9:28 horasEl vuelo 93 de United Airlines es secuestrado a la altura del norte de Ohio, y en ese momento vira al sureste.9:30 horasBush pronuncia un discurso de un minuto en el que informa de lo que parece ser un atentado terrorista. El presidente habla de una «tragedia nacional».9:34 horasLa FAA notifica al Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (NORAD) la sospecha de secuestro en el vuelo 77 de American Airlines, que va con 53 pasajeros y 6 tripulantes a bordo.9:37 horasLos agentes del Servicio Secreto llevan al vicepresidente Cheney al Centro de Operaciones de Emergencia, situado en os bajos de la Casa Blanca.9:39 horasCinco secuestradores estrellan el vuelo 77 de American Airlines contra el lado occidental del Pentágono, una zona principalmente de oficinas y sin ocupar. Se origina un virulento incendio.9:45 horasLa Casa Blanca y el Congreso son evacuados. Se decide el cierre de las bolsas estadounidenses. La FAA ordena aterrizar a todos los aviones en el aeropuerto más próximo y prohibe cualquier despegue.9:54 horasEl Air Force One despega sin destino claro. El presidente quiere regresar a Washington D.C, pero su personal recomienda una localización más segura, la base Barksdale, en Luisiana.9:59 horasLa torre sur del complejo World Trade Center se derrumba en diez segundos después de haber estado 56 minutos ardiendo.10:03 horasUn vuelo de United Airlines de Newark a San Francisco se estrella en Shanksville, Pensilvania, a unos 20 minutos de Washington D.C., con 38 pasajeros y 7 tripulantes. Mueren todos. Las investigaciones determinaron que el objetivo de los terroristas era el Capitolio o la Casa Blanca.10:28 horasLa torre norte se derrumba tras arder durante 102 minutos. Fue la primera en ser atacada. El pánico se extiende por la isla de Manhattan.10:53 horasEl secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ordena al ejército ponerse en estado de alerta de DEFCON3. Es la primera vez desde la guerra del Yom Kippur, en 1973.11:02 horasEl alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, ordena la evacuación del sur de la isla de Manhattan.11:04 horasEs evacuado el edificio de Naciones Unidas en Nueva York.11:45 horasEl presidente Bush aterriza en la base aérea de Barksdale, en Luisiana. Desde allí se dirigirá a la nación más tarde.12:16 horasAterriza el último avión que seguía en el aire en el espacio aéreo continental de Estados Unidos. En dos horas y media, el cielo del país queda desierto. Más de 4.500 vuelos comerciales o particulares se han interrumpido.12:41 horasEl senador republicano Orrin Hatch afirma a la CNN que el FBI y los servicios de inteligencia del país creen que los atentados «llevan la firma de Bin Laden».13:20 horasDesde Barksdale, Bush afirma que la libertad ha sido atacada «por un cobarde sin cara» y anuncia que se han adoptado las medidas necesarias para garantizar la seguridad. Declara alerta máxima en todas las instalaciones estadounidenses alrededor del mundo.15:10 horasEl presidente de Estados Unidos llega al Cuartel General del Mando Aéreo Estratégico, situado en la base aérea de Offutt (Nebraska).17:25 horasLos 47 pisos del edificio número 7 del complejo World Trade Center se derrumban.18:45 horasBush llega a la Casa Blanca.20:30 horasEl presidente se dirige a la nación desde la Casa Blanca y asegura que Estados Unidos «no distinguirá entre los terroristas que cometieron estos actos y quienes les amparan».

¿Es factible y legal que Trump pague 5.000 dólares a cada estadounidense si gana las elecciones de medio mandato?

Donald Trump ha ligado una promesa de pago para los ciudadanos al resultado de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. El presidente anunció este miércoles, durante la convención republicana de medio mandato en Dallas, que entregaría 5.000 dólares (4.300 euros) a … cada ciudadano estadounidense adulto si su partido conserva la Cámara de Representantes y el Senado. El anuncio no vino acompañado de un proyecto de ley, un calendario de pagos ni una explicación de cómo se financiaría.
La condición electoral fue explícita. «Si los republicanos ganan la Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos, ambos», dijo, «emitiré un dividendo para cada ciudadano adulto de Estados Unidos de 5.000 dólares», explicó. Lo bautizó como «dividendo Trump» y lo presentó entre aplausos, dentro de un discurso de campaña en el que pidió a sus seguidores que votaran como si él figurase en la papeleta.

La promesa plantea ahora tres cuestiones distintas: quién cobraría, de dónde saldría el dinero y qué autorización permitiría repartirlo. Ganar las dos cámaras facilitaría al presidente impulsar una ley al respecto, pero el resultado electoral no activaría por sí solo los pagos.

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Javier Ansorena

El primer gran obstáculo de tamaña promesa es presupuestario. La Constitución reserva al legislativo la autorización para disponer de fondos del Tesoro. Para poner en marcha un programa de esta magnitud, la Administración necesitaría una base legal y financiación aprobada; el anuncio presidencial no las sustituye. Tampoco basta con que el Tesoro recaude más, pues disponer de ingresos y estar autorizado a gastarlos son cuestiones diferentes.
No sería imposible aprobar una transferencia pública de estas características. Lo que todavía falta es convertir la promesa en un programa con beneficiarios definidos, reglas de acceso, un procedimiento de pago y una dotación económica. En el anuncio tampoco se precisó si el dinero tributaría o cuándo llegaría a los ciudadanos.
El coste sería superior al billón de dólares (más de un billón de euros), según las primeras estimaciones de censo. Se puede calcular en unos 1,3 billones (1,1 billones de euros) utilizando como referencia cerca de 270 millones de adultos. Esa operación exige cautela: Trump habló de ciudadanos adultos, una categoría que no coincide con todos los residentes mayores de edad. Sin unas reglas definitivas de elegibilidad, no puede fijarse una factura exacta.

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Además, el vicepresidente, J. D. Vance introdujo un matiz al sugerir que las personas con más recursos no recibirían el pago. Esa limitación reduciría el número de beneficiarios, pero modificaría el alcance universal de las palabras del presidente.
Vance vinculó la propuesta a los ingresos por aranceles. En declaraciones a Fox News, describió este aporte económico como «un dividendo para los trabajadores estadounidenses». No presentó, sin embargo, un cálculo que demostrara cómo esos ingresos cubrirían el desembolso.
Los aranceles tampoco equivalen a una transferencia directa de los gobiernos extranjeros al Tesoro estadounidense. La obligación de abonar los derechos de aduana recae sobre el importador. Por eso, atribuir la financiación a los aranceles no resuelve por sí solo quién soporta su coste ni acredita que exista dinero suficiente para este nuevo gasto.

Una medida con letra pequeña

Trump añadió otra condición cuyo funcionamiento quedó sin explicar: el dinero tendría que gastarse dentro del país. «No queremos que vayáis a Canadá a gastar el dinero», afirmó, antes de mencionar también China y Alemania. No especificó cómo se vigilaría el destino de una transferencia a una cuenta bancaria, qué compras serían admisibles o qué ocurriría si alguien incumpliera esa obligación.
El vínculo con las elecciones ha abierto también un debate jurídico. La legislación federal prohíbe directamente pagar u ofrecer dinero por registrarse para votar o por votar. Esa prohibición, sin embargo, no permite concluir automáticamente que cualquier promesa electoral de una ayuda pública constituya compra de votos.

La legislación federal prohíbe directamente pagar u ofrecer dinero por registrarse para votar o por votar

Por ahora, los 5.000 dólares son una promesa de campaña. Para convertirse en un ingreso efectivo necesitarían decisiones que el discurso de Dallas dejó pendientes: quiénes cobrarían, cuánto costaría, cómo se financiaría y qué ley autorizaría el reparto.
Hay en esto precedentes: en enero de 2021, Biden prometió cheques de 2.000 dólares (1.700 euros) si los demócratas ganaban los dos escaños al Senado por Georgia. Tras la victoria, se aprobaron pagos de hasta 1.400 dólares (1.200 euros), que completaban los 600 dólares (520 euros) autorizados previamente. Entonces los demócratas dijeron que prometer una ayuda pública ligada a una victoria electoral no equivale jurídicamente a pagar a alguien por su voto.

Irán y los hutíes de Yemen estrechan el cerco sobre las grandes rutas marítimas

La respuesta de Irán a la guerra lanzada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu tiene muchas formas y se extiende al mar Rojo. Los iraníes han convertido Ormuz en su arma más importante de presión y los hutíes, sus aliados yemeníes, se suman de … lleno al conflicto con la captura del puerto de Moka, la entrada al estrecho de Bab El Mandeb (que se traduce del árabe como ‘la puerta de las lágrimas’). Ormuz es la puerta energética del Golfo; Bab el Mandeb, la del mar Rojo y el Canal de Suez, una ruta clave del comercio entre Asia y Europa y punto de paso de alrededor del 7 por ciento del petróleo mundial. Y esto solo parece un primer paso, porque los hutíes avanzan para hacerse con el control total de la costa.
La ofensiva de los rebeldes sorprendió a las fuerzas del Gobierno, que cuentan con el respaldo de Arabia Saudí, pero apenas ofrecieron resistencia lo que muestra su mala organización. En menos de una semana, los hutíes han tomado amplias partes del país y los bombardeos saudíes no han podido frenar a sus unidades terrestres, que avanzan en vehículos todoterreno y motocicletas. Esta nueva escalada deja ya más de 500 muertos y 20.000 desplazados internos, según la ONU. Los rebeldes han atacado también infraestructuras petroleras saudíes en represalia a los bombardeos.

Ante la sorpresa causada por el colapso de las fuerzas pro gubernamentales y el control rebelde de la costa, el portavoz hutí, Mohammed Abdul Salam, declaró que «Yemen no tiene ambiciones territoriales sobre ningún país vecino» y la operación busca «afirmar la soberanía yemení y hacer frente a los desafíos y las ambiciones que amenazan la paz civil». Las autoridades de Saná afirmaron que el mar Rojo «es seguro para todas las compañías navieras del mundo», aunque mantienen en vigor la prohibición sobre los barcos saudíes, según informó la agencia yemení Saba.

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Mikel Ayestaran

Moka se encuentra a unos 70 kilómetros del Estrecho, permanecía en manos del Gobierno desde comienzos de 2017 y servía como un centro clave para las Fuerzas de Resistencia Nacional de Tareq Saleh, sobrino del antiguo presidente Ali Abdullah Saleh y uno de los principales comandantes del bando anti hutí. En las imágenes difundidas por periodistas yemeníes se puede ver a los milicianos entrando en la ciudad portuaria al grito de «muerte a Estados Unidos, muerte a Israel» y entrando a las bases abandonadas por el enemigo. Los rebeldes mostraron también imágenes de prisiones en las que entraron para liberar a los detenidos. La televisión hutí Al Masirah informó además de la entrada en vigor de un decreto de amnistía para las tropas del Gobierno respaldadas por Arabia Saudí.
El investigador independiente especializado en Irán Babak Vahdad apuntó en X que «lo que está ocurriendo en Yemen no puede aislarse del enfrentamiento más amplio entre Irán y Estados Unidos. La escalada en torno a Moka y Bab el Mandeb cambia los cálculos regionales y, sobre todo, hace cada vez más difícil la coordinación regional necesaria para mantener abierta una vía diplomática entre Teherán y Washington».

«La escalada en torno a Moka y Bab el Mandeb hace cada vez más difícil la coordinación regional necesaria para mantener abierta una vía diplomática entre Teherán y Washington»

Babak Vahdad
Investigador

Eje de la resistencia

Durante siglos, Moka fue uno de los centros de comercio de café más conocidos del mundo y su nombre acabó convirtiéndose en sinónimo de café, ahora se ha confirmado en la mayor victoria de los rebeldes desde la firma del alto el fuego en 2022. Los hutíes forman parte del llamado ‘Eje de la Resistencia’, la red de grupos aliados de la república islámica en la región en la que también están Hizbolá, en Líbano; las milicias chiíes, en Irak; y Hamás, en Palestina. El caso de los rebeldes yemeníes es especial porque Teherán tiene una fuerte influencia en ellos, pero no el control total de un grupo que tiene su propia agenda doméstica y aspira a dominar todo el país.

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Hussain Al Bukhaiti, analista pro hutí residente en Saná, declaró a la cadena Al Yasira que «no se trata de avanzar hacia el estrecho de Bab el Mandeb porque quieran controlarlo. Ya controlan el mar Rojo sin necesidad de estar exactamente en el Estrecho. Cuando los saudíes rompieron el alto el fuego hace dos meses atacando el aeropuerto de Saná, decidieron volver a tomar las armas, bloquear Arabia Saudí y después avanzar para liberar todo Yemen».
Cuando los hutíes tomaron Saná en 2014, el gobierno reconocido internacionalmente huyó al sur. Desde entonces, Yemen ha estado partido en dos y Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han dividido a la parte anti hutí con su apoyo a grupos diferentes. Los saudíes lanzaron una guerra total en 2015 que causó más de 150.000 muertos, pero no pudieron derrotar a los hutíes. Siete años más tardes la ONU logró un alto el fuego, pero los enfrentamientos se reanudaron en julio tras un ataque de las fuerzas gubernamentales contra el aeropuerto de Saná, donde los hutíes permitieron aterrizar a un avión iraní. Ahora la guerra se desplaza a la costa y amenaza al tráfico marítimo mundial.

Los farsantes que quisieron ser víctimas del 11S

Tania Head iba a casarse en octubre de 2001. El 11 de septiembre, Nueva York empezaba otro día más de trabajo y ella todavía tenía por delante una boda y toda una vida con su prometido, Dave. Aquella mañana, cada uno estaba en una … de las Torres Gemelas. Él, en la del norte; ella, en la del sur, en las oficinas de Merrill Lynch. Entre los dos, apenas unos metros de cielo y muchas ilusiones.
Cuando el segundo avión se estrelló contra la torre sur, Tania estaba en la planta 78. A su alrededor había un caos de fuego, humo y cuerpos. Personas que unos segundos antes esperaban un ascensor agonizaban ya a su lado. Tenía el brazo destrozado, lo que le dejaría marcas. Ella se arrastró entre los escombros sin saber si conseguiría salir. Un hombre moribundo le entregó su anillo de boda y le pidió que se lo hiciera llegar a su mujer.

Entonces apareció ante ella un joven con un pañuelo rojo. Dijo que se llamaba Welles Crowther, apagó las llamas de su ropa y la ayudó a encontrar una salida. Ella sobrevivió, pero él murió después de ayudar a otros.

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David Alandete

Tania despertó en un hospital varios días más tarde. Dave había muerto en la otra torre. La boda de octubre ya no iba a celebrarse.
Así lo contaba ella, al menos. Pasarían años antes de que alguien comprobara si aquella mujer había estado allí y si semejante historia era real o una patraña.
Su relato circulaba al menos desde 2004 en el mayor grupo de apoyo por internet para supervivientes del 11S, en correos privados y en reuniones en persona con quienes habían escapado de las torres. Aquel año, Gerry Bogacz, que era uno de los fundadores de la red de supervivientes del atentado de las Torres Gemelas, supo que Tania había creado un grupo en internet. Intercambiaron mensajes durante dos meses antes de conocerse en persona. Él le contó lo que había vivido. Ella le confió aquella historia.

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Bogacz había escapado de la torre norte. Conocía el miedo, la pérdida y la dificultad de explicárselos a alguien que no hubiera estado allí. El relato de Tania caló hondo porque reunía una resistencia extraordinaria y la muerte del hombre con quien pensaba casarse. Sus compañeros la escucharon, la acogieron, acabaron confiándole la presidencia de la organización, que aceptó emocionada.
A principios de 2004, Tania también había contactado con el psicólogo Al Siebert a través de su web de apoyo a supervivientes, muy famosa en aquellos años. Cuando se conocieron en agosto, Siebert vio las cicatrices de su brazo derecho. Aquellas marcas parecían confirmar lo que ella contaba, ¿por qué iba a mentir alguien sobre algo semejante?

Voz pública de los supervivientes

El nombre de Tania fue ampliándose desde aquellos círculos de apoyo, ganando notoriedad. Hablaba ante universitarios y daba entrevistas. Acompañaba a la Zona Cero a autoridades de gran renombre. En 2005 guio al alcalde Michael Bloomberg, a su predecesor Rudolph Giuliani y al gobernador George Pataki. La mujer que decía haber sobrevivido al impacto de un avión se había convertido en una de las voces públicas de los supervivientes, su líder, su referente.
Su dedicación ayudó a sostener esa confianza. Trabajaba para la organización, aportaba dinero, recibía a sus compañeros en su apartamento, era incansable. Algunos supervivientes dirían después que los había ayudado a sobrellevar lo ocurrido y a conseguir reconocimiento. Habían encontrado gran consuelo en ella.
A los padres de Welles Crowther, aquel chaval con pañuelo rojo que le salvó la vida, les ofreció algo todavía más íntimo: un último retazo de la vida de su hijo.
Durante una cena les confesó que conservaba la ropa quemada que llevaba aquel día y que quería regalarles un fragmento montado en una placa, porque había sido una de las últimas cosas que él había tocado. Según recordó después su padre, Tania reprodujo incluso el diálogo que aseguraba haber mantenido con el joven. «No me dejes», le había suplicado ella. «No lo haré. No te preocupes. Te bajaré», había respondido él.
Para aquellos padres, escucharla era recibir unas palabras de su hijo que creían perdidas para siempre.

Para aquellos padres, escuchar a Tania era recibir unas palabras de su hijo que creían perdidas para siempre

En 2007, cuando el diario ‘The New York Times’ buscaba una historia para el sexto aniversario de los atentados, los propios supervivientes recomendaron a Tania. La confianza que había despertado la llevó hasta los periodistas que acabarían deshaciendo su relato.

Investigación

Tania canceló tres entrevistas. Los reporteros David W. Dunlap y Serge F. Kovaleski contrastaron su biografía. Se pusieron tras ello. Merrill Lynch no tenía constancia de haberla empleado. Harvard y Stanford no encontraban los estudios que ella se había atribuido antes. La familia del tal Dave no la conocía. Él sí había existido. Había muerto en la torre norte. Pero no era su prometido. Su madre no había encontrado en los correos de su hijo ninguna referencia a aquella relación. La mujer que se había pasado años contando toda una vida en común era una desconocida para ellos.
Tania empezó a cambiar versiones ante sus compañeros. La relación con Dave había sido breve y secreta, matizó; después de haber contado que vivían juntos y que conocía bien a su familia.
Otras piezas tampoco encajaban. No aparecía registrada una fundación que decía haber creado en memoria de Dave. No aportaba los datos necesarios para verificar su hospitalización ni identificaba a la familia a la que aseguraba haber devuelto el anillo de prometida. Durante años había contado los detalles más terribles de aquella mañana. Ahora no conseguía acreditarlos.
Tania Head se llama en realidad Alicia Esteve Head. Nacida en Barcelona, en 1973, procede de una familia bien catalana. El 11 de septiembre de 2001 no estaba en la planta 78 de la torre sur. Ni siquiera estaba en Estados Unidos. Hay constancia de que ocho días después de los atentados, Alicia estaba sentada en un aula de Esade, en Barcelona, comenzando un máster en gestión empresarial. Sus compañeros la recordaban. También recordaban las lesiones de su brazo, anteriores a la tragedia a la que ella acabaría atribuyéndolas, tal y como reveló el diario ‘La Vanguardia’ en una exhaustiva investigación de 2007.
Terminó sus estudios en 2002. Había dicho a sus compañeros que quería trabajar en Nueva York. Su pista se vuelve imprecisa, nebulosa, durante un tiempo, hasta que reaparece entre los supervivientes con otro nombre y una historia que le permitiría formar parte de sus vidas. Los muertos de su historia eran reales, en eso sí se aplicó. Su relación con ellos era una invención.

Tania Head se llama en realidad Alicia Esteve Head, nació en Barcelona y el día del atentado estaba en clase en Esade

¿Por qué lo hizo? No dejó una explicación comprobable. No cobraba por dirigir la red y de hecho había aportado dinero a la organización. El cineasta Angelo Guglielmo, que se había hecho amigo de ella mientras preparaba un documental sobre los supervivientes, fue a su apartamento el día en que apareció la investigación en Nueva York. Quería darle otra oportunidad para explicarse. Ella le dijo que algún día le contaría su historia. No lo hizo nunca.
Para los padres de Welles Crowther, la cena con ella había ofrecido un instante más junto a su hijo: una voz, una respuesta, la promesa de que ayudaría a aquella mujer a bajar, heroísmo en sus últimos minutos. Ahora tenían que perder también esas palabras, en una crueldad máxima y amarga.

Otros fabuladores

Tania/Alicia no fue la única que se inventó una vida en aquel trabajo. El actor y humorista Steve Rannazzisi contó durante años que trabajaba también para Merrill Lynch en la planta 54 de la torre norte cuando se estrelló el primer avión. Había conseguido salir de forma milagrosa, decía, y aquella experiencia le había empujado a cambiar de vida y dedicarse a la comedia, hacer reír a los demás, todo bondades.
En 2009 relató su supuesta huida en un pódcast muy comentado. Después repitió la historia en otras entrevistas. En 2015, puesto contra las cuerdas de nuevo por ‘The New York Times’, que vio contradicciones y lagunas en su epopeya, admitió que era mentira, otra patraña. El día de los atentados trabajaba a unas cuarenta manzanas de las Torres. Hizo acto de contrición, y de su carrera como comediante no se supo nada más.

El comediante Steve Rannazzisi.

(RR.SS.)

Otro fabulista, Jordan Liflander, se apropió de otro papel, el del rescatador. Vestido con el uniforme de los bomberos de Nueva York, habló en 2011 en una ceremonia del décimo aniversario sobre su supuesta participación en las operaciones de la Zona Cero como capitán de la Unidad 133. Un año después quedó expuesto: nunca había pertenecido al cuerpo. Admitió que había empezado por ego, por querer encajar, que la mentira había crecido hasta convertirse en algo con lo que tenía que vivir.

Jordan Liflander se apropió de otro papel, el del rescatador. Vestido con el uniforme de los bomberos de Nueva York, habló en 2011 en una ceremonia del décimo aniversario

Hubo también quienes pusieron precio a muertos inventados. En 2002, apenas un año después, las autoridades de Nueva York contabilizaban 37 detenciones por falsos testimonios para obtener compensaciones públicas. Entre los expedientes había familiares que nunca habían existido, personas que habían muerto años antes y otras que hasta seguían vivas. El caos y la desaparición de tantas víctimas sin dejar restos, más de 2.700, habían abierto un agujero negro en el que resultaba difícil separar una pérdida verdadera de una reclamación falsa.

Mentir para cobrar

Una mujer, Namor Young, dio a su marido imaginario una precisión digna de una novela realista. Se llamaba Michael, tenía 37 años, era zurdo, llevaba perilla, tenía tatuado el nombre de ella sobre el ombligo, fumaba y guardaba un encendedor azul de recuerdo de Atlantic City. El día de los atentados, aseguró, vestía camisa azul clara, americana azul marino, pantalones negros. Según los detectives, había combinado rasgos de dos antiguos novios para construir a un hombre falso. Cobró más de 53.000 dólares (45.000 euros) de organismos de ayuda antes de admitir el fraude y acabar entre rejas.
Otra, Rosalba Wild, aseguró que su padre había acudido a una reunión en la firma Cantor Fitzgerald aquella mañana. Recibió 75.000 dólares (64.000 euros). Los investigadores encontraron después un certificado de defunción expedido en Colombia: su padre llevaba una década muerto en otro país. Ricardo Frutos cobró 47.000 dólares (40.000 euros) por tres familiares inexistentes. Ambos fueron condenados.
Uno de los casos que más indignaba a los investigadores era el de Cassandrea Mongomery, acusada en diciembre de 2002 de inventarse un hermano y recibir más de 63.000 dólares (54.000 euros) en ayudas. Lo había llamado Jeffrey. Aseguraba que llevaba una medalla de san Cristóbal y fumaba Marlboro Light. Su nombre llegó a leerse entre los fallecidos durante la conmemoración del primer aniversario, inmediatamente después del de un bombero real. La invención había entrado en la ceremonia con la que la ciudad recordaba a sus muertos. Nueva York guardó silencio también por él. El duelo de una ciudad había servido para cobrar una mentira entre muchas otras.

La huella del 11s

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11/09/2026 a las 01:27h.

Cierras los ojos y solo se oye el rumor del agua. No llegan las conversaciones de los turistas que se asoman al monumento conmemorativo del 11S en Nueva York. Los sonidos de la ciudad -la sirena de la Policía, las obras que todavía siguen en la reconstrucción del World Trade Center- son un murmullo lejano.
Abres los ojos y ves el vacío. El memorial del 11S son dos hendiduras gigantescas sobre la planta de las Torres Gemelas, el escenario principal de un atentado terrorista que cambió el mundo, que nos golpeó a todos.
Fue un ataque a Occidente, simbolizado por las dos torres refulgentes que dominaban el ‘skyline’ de Nueva York, la capital cultural y económica del mundo. El emblema del capitalismo, de la libertad.
En la mañana del 11 de septiembre de 2001, hace ahora 25 años, un comando de terroristas islamistas secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos los estrellaron contra las Torres Gemelas y un tercero contra el Pentágono. El cuarto cayó en una zona rural de Pensilvania, después de que los pasajeros se enfrentaran a los terroristas. Es probable que su destino fuera el Capitolio o la Casa Blanca.

Las huellas de las dos torres son ahora dos fuentes hundidas en las que se precipita el agua. Esa caída es en sí misma el 11S. El derrumbe de los edificios. Los oficinistas que se lanzaron al vacío, desesperados, atrapados por el fuego.
Todo el mundo lo vio en directo. En España era la hora del telediario. El primer avión impactó en la Torre Norte a las 8.46 de la mañana en Nueva York, 14.46 en España, poco antes de que arrancara el informativo de las tres de la tarde. En el inicio de la emisión, todavía se creía que era un accidente. «Se ha estrellado una avioneta», creían algunos en Nueva York. A las 9.03, 15.03 en España, el segundo avión impactó contra la Torre Sur. No, no era un accidente. Nadie durmió la siesta. Poco después, ante la conmoción mundial, las torres cayeron. Primero la Sur, después la Norte. El World Trade Center era de inmediato una gigantesca fosa común.
Aquella mañana amaneció en Nueva York con un cielo sin nubes. «El cielo está azul como en el 11S», dicen todavía los neoyorquinos en los días que está más limpio. Pero los ataques oscurecieron la vida de miles de familias. Murieron 2.977 inocentes, que solo iban al trabajo o estaban de viaje. Entre ellos, cientos de bomberos, policías y personal de emergencia que fallecieron en los rescates. Y todavía más en el otro 11S, el de los efectos secundarios del derrumbe de las Torres Gemelas: la exposición a tóxicos y contaminantes se sigue cobrando vidas cada año. El hueco inmenso de las fuentes-mausoleo, al que ahora miramos, es el vacío que han dejado todos ellos.
Han pasado 25 años, pero la tragedia sigue viva. Está en los cánceres que se siguen detectando entre quienes trabajaron en la Zona Cero, en la falta de rendición de cuentas (todavía no se ha celebrado el juicio contra el autor intelectual), en los controles en los aeropuertos y hasta en los bolardos que se han convertido en parte de nuestro paisaje urbano, un recuerdo de la amenaza terrorista. Y en la memoria de todos los que lo vivieron. Esta es la historia del 11S, contada por la gente común que fueron sus protagonistas.

«Hicimos un buen trabajo con los muertos, pero un mal trabajo con los vivos»
Phil McArdle
bombero en la Zona Cero

Es difícil pasar por una estación de bomberos de Nueva York y que en los muros no haya un homenaje a sus caídos en el 11S. La tragedia se cebó con el personal de emergencias que acudió al rescate. Primero, a apagar los incendios en las Torres Gemelas y rescatar a los atrapados. Después, a encontrar supervivientes y restos entre la escombrera, una tarea que duró meses. En el 11S murieron 343 bomberos y se siguió cobrando todavía más vidas por enfermedades relacionadas con las tareas de rescate y reconstrucción.
«Conocía personalmente a unos 80 de los que murieron en los ataques», cuenta Phil McArdle, un bombero que sobrevivió de milagro aquel día. Llegó al World Trade Center con un compañero, justo cuando se desplomó la primera torre, la Sur. Su coche quedó sepultado en los escombros. Pero consiguieron salir entre una nube de polvo -«no podía ver más allá de mi mano»- y poner a resguardo a un fotógrafo del ‘Daily News’, herido en el derrumbe. «Eso probablemente nos salvó la vida», recuerda ahora a este periódico desde una estación de bomberos en Edgewater Park, en el Bronx, donde él se crio. «Porque íbamos a ir a la Torre Norte».

Equipos de rescate transportan al padre Mychal Judge, capellán del Departamento de Bomberos de Nueva York.

(Reuters)

McArdle y su compañero, Jeff Borkowski, sobrevivieron la caída de la segunda torre agarrados a una columna de un edificio cercano. «Sentimos un gran ruido, una ola de calor, dificultades para respirar por la presión», cuenta este bombero retirado. «Después, un silencio mortal».
Los 19 bomberos de su estación en Maspeth fallecieron aquel día. Incluido el joven compañero que le sustituyó en su turno. Desde entonces, los que se salvaron viven con el luto y con la culpa. Y con estrés postraumático y con los efectos en la salud de su trabajo en la Zona Cero. «Yo he tenido cinco cánceres», dice. «Pero dicen que los irlandeses somos duros, que estamos acostumbrados al sufrimiento».
Más de 400 compañeros de McArdle han muerto «en el otro 11S», por su impacto en la salud, en medio de trabas de las autoridades a compensar esas pérdidas. «En el 11S hicimos un buen trabajo con los muertos, pero un mal trabajo con los vivos».
McArdle nunca va a la Zona Cero en los aniversarios. «Voy a mi estación de bomberos y a mi iglesia», dice. «Que cada uno haga lo que quiera. Pero yo no quiero estar ahí con los políticos diciéndome lo maravillosos que somos y luego nos joden cada vez que pueden».

«La relación entre EE.UU. y Arabia Saudí está basada en mentiras»
Terry Strada
viuda de víctima del 11S

«Sonó el teléfono y contesté. Tom estaba al otro lado de la línea. Me dijo que un avión se había estrellado contra su torre. Que había mucho humo. Yo escuchaba mucho ruido, conmoción, gritos. Él estaba muy agitado. Su voz era áspera. Me dijo que iba a salir por la escalera de incendios. Y colgó». Terry Strada cuenta cómo fue la última conversación con su marido, empleado de Cantor Fitzgerald. Hubo cientos de llamadas telefónicas similares aquella mañana.
Tom Strada trabajaba en el piso 104 de la Torre Norte, la primera en recibir el impacto. Su mujer, como el resto del mundo, vio el edificio desplomarse.
La pareja tenía tres hijos. El más pequeño solo contaba cuatro días de vida. La de los Strada fue una de las miles de familias destrozadas por la tragedia.

Terry y Tom Strada.

(Archivo personal)

Terry preside 9/11 Families United, una de las principales asociaciones de familiares de víctimas. En los últimos 25 años, se ha fajado para exigir a las autoridades transparencia y rendición de cuentas sobre quién estuvo detrás y quién apoyó la matanza en la que falleció su marido.
«Me uní a una demanda en 2002, con la creencia de que el reino de Arabia Saudí estuvo implicado en los ataques del 11 de septiembre», explica. Durante años de trabajo «hemos comprobado su apoyo a la red de terroristas, en lo financiero y en lo logístico». Ese caso tendrá un nuevo capítulo en tribunales el mes que viene, donde se trata una apelación para determinar si los demandantes pueden ir adelante con la exigencia de deposiciones y requerimientos documentales.
Eso ocurre, sin embargo, en un momento de refuerzo de las relaciones entre el actual Gobierno de EE.UU., bajo la Administración de Donald Trump, y Arabia Saudí. «Esa relación está basada en mentiras», acusa Strada.
Su compromiso con destapar la verdad tiene que ver con su necesidad de pasar de página con la muerte de su marido. «Si ganamos el caso, eso cerraría una herida muy dolorosa», afirma sobre su cruzada contra los saudíes. También le ayudaría que por fin se lograra identificar algún resto de su marido. Cerca de mil de los fallecidos no han sido identificados, con sus cuerpos desintegrados en los colapsos de las torres.
«Pero esto nunca acabará», reconoce. «El agujero en el corazón siempre va a estar ahí. Todavía le echo mucho de menos. Me ha sorprendido que se hace más y más difícil al hacerme mayor. Por todo lo que se ha perdido él. Cada graduación, la boda de mi hija, los dos nietos que no ha conocido. Se me saltan las lágrimas».

Marines de EE.UU. desplegados en Afganistán en la guerra contra el terrorismo.

(Reuters)