Washington presiona a la OTAN para que deje de invitar a los socios asiáticos a su cumbre anual
Estados Unidos presiona a la OTAN para que reduzca su proyección internacional y no invite a la cumbre anual a los tradicionales aliados de Asia-Pacífico. El mensaje fue trasladado a los ministros de Defensa aliados la semana pasada por el subsecretario norteamericano de … Defensa, Elbridge Colby, durante la última reunión ordinaria en Bruselas. La Administración Trump mantiene que no va a abandonar la Alianza ni a sus socios europeos, pero insiste en que debe aplicarse el concepto de OTAN 3.0, lo que a su juicio significa redimensionar la organización a la baja, incluyendo sus misiones en el exterior.
Tradicionalmente, la OTAN ha mantenido una política de apertura global, especialmente desde su implicación en escenarios tan remotos como Afganistán. Las tensiones en la zona del Pacífico han venido acercando a la Alianza a países claramente prooccidentales como Japón, Corea del Sur, Australia o Nueva Zelanda. En 2022, durante la cumbre de la OTAN en Madrid, con Joe Biden en la Casa Blanca, se empezó a invitar formalmente a los primeros ministros de estos cuatro países. El objetivo específico era dar una impresión de solidez ante la invasión rusa de Ucrania. Han participado como invitados, cuando las reuniones al más alto nivel se han celebrado en Vilna (Lituania), Washington o en La Haya, y estaba previsto que lo fueran para la que está prevista en Estambul en junio.
Sin embargo, el Pentágono considera ahora que la OTAN debe reducir su campo de acción a su espacio más natural, específicamente Europa, y abandonar cualquier idea de proyección global.
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Rosalía Sánchez
El concepto de esa ‘OTAN 3.0’ supone un giro brusco en la política de la Alianza durante las últimas décadas, para volver a un modelo más parecido al de la Guerra Fría, con Rusia como principal desafío. Pero ahora de un modo que Europa asuma la responsabilidad principal de su propia defensa y Estados Unidos reduzca la suya. Una de las señales más importantes de esta política ha sido precisamente el hecho de que tanto el secretario de estado Marco Rubio, como el de Defensa, Pete Hegseth, han dejado de asistir a las últimas reuniones formales de ministros y han enviado a sus respectivos números dos. Se trata de un gesto que no había sucedido jamás en la historia de la organización y que ha sido interpretado como una señal clara del alejamiento de Washington de la Alianza. La anulación de las invitaciones a los socios del Pacífico envía también la imagen de una OTAN cada vez más pequeña.
Se entiende que esta política se enmarca dentro del proceso que está llevando el interés estratégico de Estados Unidos hacia el Pacífico y las posibles amenazas que representa el ascenso de China como potencia global. El hecho de que Washington pida que no se invite a la cumbre de la OTAN a los dirigentes de estos países de la zona se entiende que se debe a que el Pentágono quiere mantener relaciones más directas sin interferencias de la Alianza. De hecho, desde 2021 existe la organización conocida como AUKUS, que une a Estados Unidos, el Reino Unido y Australia, con el objetivo específico de cooperar en la defensa estratégica en el Pacífico. En virtud de esta alianza, Washington se había comprometido a suministrar a Australia cuatro submarinos nucleares (en lugar de los convencionales que habían contratado con Francia) para ejercer como fuerza de disuasión ante China.
En el marco de esta «europeización» de la OTAN, Estados Unidos quiere también que el mando de los cuarteles generales de Nápoles, que cubre el Mediterráneo y el llamado Flanco Sur, y Norfolk (Virginia), que se ocupa del Atlántico Norte y el Ártico, sean ocupados sistemáticamente por europeos. Lo que no está en duda es que el Mando Supremo Aliado, situado en Mons (Bélgica), seguirá en manos de un general o un almirante estadounidense.

