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¿Por qué el futuro de la Alianza Atlántica no pasa por los Estados Unidos de Trump?

Como si se tratase de la Agencia Tributaria y Zapatero, tanta deferencia y complicidad entre Donald Trump y Gianni Infantino no podía acabar bien. La goleada de corrupción que comparten la FIFA, el organismo rector del fútbol internacional, y el Gobierno de Estados Unidos refleja … a la perfección el declive de nuestras democracias: un terrible abuso de lo público y una gravísima crisis de rendición de cuentas. Y, como resultado, las reglas empiezan a no tener sentido, ya sean las que se aplican a un Mundial de fútbol o a una alianza militar como la OTAN.
En el caso de Infantino, el peloteo más rastrero y los ‘regalitos’ han resultado irresistibles. Desde el pseudopremio de la paz –doradísimo, por supuesto– hasta el alquiler de la FIFA durante el último año de una oficina en la planta 17 de la Torre Trump de Nueva York, pagando un precio astronómico a la empresa familiar del presidente pese a permanecer prácticamente vacía. Ahora, Trump incluso disfruta de su propio VAR.

Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, no ha tenido ni una fracción del éxito de Infantino. Y no será porque el peloteo del holandés no haya sido de lo más rastrero. Ni por el ‘regalazo’ de que Estados Unidos sea el gran beneficiario de las inversiones europeas en materia de defensa. Al final, el ‘sugar daddy’ ha llevado una alianza basada en valores democráticos compartidos hasta el terreno de juego que mejor domina: el de los ‘negocietes’.

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Javier Martínez-Brocal

En realidad, Trump siempre ha pensado que la OTAN era como ‘Los Soprano’: que los europeos pagaban a cambio de protección y tenían que hacer todo lo que él quisiera, desde aceptar exigencias inverosímiles de gasto militar hasta seguirle en un gran fiasco estratégico como Irán. Después de Groenlandia, la guerra comercial, la connivencia con Putin y el mínimo respaldo a Ucrania, la cumbre de Ankara confirma que, sin un mínimo de confianza, el futuro de la OTAN convertida en una especie de SEPI no pasa por los Estados Unidos de Trump.

Los tres retos para la posguerra en el Golfo

Enero parece quedar muy lejos. En una reunión de banqueros en Dubái, la conversación giraba en torno a si el candente mercado inmobiliario de la ciudad estaba a punto de sufrir una corrección. En una conferencia tecnológica celebrada en Doha, la capital de Catar, todo … el mundo quería hablar de inteligencia artificial. La guerra ya amenazaba Oriente Medio, pero nadie quería creer que llamaría a su propia puerta.
Para el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), un club de monarquías petroleras, los meses siguientes supusieron la mayor conmoción desde 1990, cuando Sadam Husein invadió Kuwait. Puede que la comparación parezca exagerada. La primera Guerra del Golfo se cobró la vida de cientos de civiles kuwaitíes y provocó un desastre ecológico cuando el ejército de Sadam incendió los pozos petrolíferos; las consecuencias de este conflicto son menos visibles.

Miles de ataques iraníes con misiles y drones causaron daños valorados en decenas de miles de millones de dólares, pero, afortunadamente, dejaron pocas víctimas. Aunque el estrecho de Ormuz permaneció cerrado durante casi cuatro meses, los residentes del Golfo no sufrieron ninguna escasez grave. Es una guerra un tanto extraña cuando todavía se pueden conseguir ostras importadas a pesar del bloqueo.

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Sin embargo, en cierto modo, el impacto de esta guerra del Golfo es mayor que el de la primera: en 1990, el CCG era la gasolinera del mundo; hoy es un actor de primer orden en ámbitos que abarcan desde las finanzas hasta la logística y alberga algunos de los mayores fondos soberanos y compañías aéreas del mundo, sus economías suman un valor de 2,3 billones de dólares, más del dos por ciento de la producción mundial, y es un refugio para millones de expatriados, atraídos por la promesa de un oasis seguro y próspero en una región turbulenta. Ese modelo está ahora en entredicho.

Si Donald Trump logra un acuerdo duradero que ponga fin al prolongado conflicto entre ambos países, el impacto sobre el Golfo podría disiparse rápidamente; si, por el contrario, se reanudan los combates, la próxima ronda podría ser más destructiva

Lo que suceda a partir de ahora dependerá, en parte, de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán: si Donald Trump logra un acuerdo duradero que ponga fin al prolongado conflicto entre ambos países, el impacto sobre el Golfo podría disiparse rápidamente; si, por el contrario, se reanudan los combates, la próxima ronda podría ser más destructiva. Pocos altos cargos de la región esperan que la guerra vuelva a estallar, pero tampoco confían en una paz duradera y tendrán que convivir con un elevado nivel de riesgo en el futuro previsible.
Esto plantea tres retos: restablecer la confianza, replantear los ambiciosos planes de diversificación de unas economías petroleras que nunca contemplaron un nivel de riesgo semejante y desenvolverse en un complejo escenario geopolítico en el que ya no confían plenamente ni en Estados Unidos, su protector tradicional, ni entre ellos mismos. Algunos lo afrontarán mejor que otros: los Estados del Golfo han compartido un trauma, pero sus consecuencias se dejarán sentir de forma desigual.
A primera vista, podría parecer que Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha encajado el golpe más duro desde el punto de vista de la confianza. La federación de siete emiratos, entre ellos Dubái, ha sido atacada en más de 2800 ocasiones, casi tantas como el resto del CCG en su conjunto. Sus estrechos vínculos con Israel y la postura belicista de sus dirigentes parecen situarla permanentemente entre los principales objetivos de Irán en el Golfo.

Muchos expatriados en Dubái se muestran optimistas tanto con respecto a la guerra como al futuro, pero los críticos podrían tachar ese optimismo de forzado

Sin embargo, muchos expatriados en Dubái se muestran optimistas tanto con respecto a la guerra como al futuro, pero los críticos podrían tachar ese optimismo de forzado: EAU ha detenido a ciudadanos por compartir en WhatsApp noticias sobre los ataques iraníes y el número de personas que han abandonado el país durante la guerra es un tema recurrente en las cenas de Dubái, y dado que el emirato no publica estadísticas detalladas de población, nadie tiene una respuesta concluyente.
No obstante, algunos indicios anecdóticos apuntan a que muchos profesionales se han quedado: las autopistas han seguido congestionadas y los centros comerciales, abarrotados. La ciudad es hoy mucho menos de paso que hace unas décadas. Es probable que muchos de quienes se marcharon no tuvieran alternativa, ya que hoteles y otras empresas dependientes del turismo despidieron a miles de trabajadores.

Baja confianza, reservas aún más bajas

El turismo, que representa el 12 % del PIB de EAU, será uno de los primeros indicadores de la confianza general. El verano siempre es una temporada tranquila, pero muchas empresas esperan una rápida recuperación cuando remita el calor abrasador. Aun así, esa recuperación podría ser desigual. «Los rusos y los indios nos dicen que están dispuestos a volver casi de inmediato», afirma un ejecutivo de marketing. «¿Los británicos? A finales de 2027».
Ayuda que EAU disponga de abundantes recursos financieros. Antes de la guerra, el precio del petróleo para lograr equilibrio presupuestario era de apenas 50 dólares por barril, muy inferior al de la mayoría de sus vecinos. Dubái ya ha destinado 2500 millones de dirhams (680 millones de dólares, equivalentes al 0,5 % del PIB) a incentivos por la guerra, por ejemplo, suspendiendo algunos impuestos a las estancias hoteleras y las cuentas de los restaurantes.
Restablecer la confianza será mucho más difícil en los Estados más pequeños del Golfo, especialmente en Baréin. El reino insular entró en la guerra con una ratio deuda/PIB del 146 %, una de las más elevadas del mundo, y sus reservas de divisas apenas alcanzaban para cubrir menos de dos meses de importaciones. A ello se suman unas tensiones de larga data entre la monarquía suní y la mayoría chií del país, que desde hace tiempo denuncia —con razón— sufrir discriminación.

Aunque el petróleo solo representa el 14 % del PIB, aporta aproximadamente el 50 % de los ingresos públicos, y Baréin casi no ha exportado crudo desde marzo

La guerra ha agravado ambos problemas. Aunque el petróleo solo representa el 14 % del PIB, aporta aproximadamente el 50 % de los ingresos públicos, y Baréin casi no ha exportado crudo desde marzo. En abril, Emiratos Árabes Unidos concedió al banco central bareiní una línea de swap de divisas por valor de 5000 millones de dólares. Es probable que haya nuevos rescates. El respaldo de sus vecinos ha ayudado a Baréin a evitar una rebaja adicional de la calificación de su deuda, que ya tenía la consideración de «bono basura». A principios de este mes, una emisión de bonos de 1000 millones de dólares registró una demanda superior a la oferta.
Aun así, todo ello no hace sino aumentar la carga de la deuda del reino: está pagando más del siete por ciento por sus emisiones más recientes, un punto porcentual por encima de las realizadas antes de la guerra. Mientras tanto, durante el conflicto no era raro escuchar a ciudadanos bareiníes expresar simpatía por Irán, incluso cuando el régimen bombardeaba su país y contemplaba la posibilidad de anexionárselo.
El turismo lleva años ofreciendo resultados decepcionantes, y la combinación de inestabilidad e insolvencia dificultará aún más la llegada de nuevos visitantes. Otros sectores también parecen vulnerables. Baréin ha intentado consolidarse como centro logístico para las empresas que abastecen el mercado saudí. Sin embargo, la incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz puede convertir esa apuesta en una opción arriesgada. A diferencia de Emiratos Árabes Unidos, que prevé ampliar los puertos de su costa oriental, Baréin carece de una alternativa al estrecho.

El amplio mercado interno ha contribuido a compensar la caída del turismo extranjero y el sector turístico saudí depende sobre todo de los peregrinos religiosos

De hecho, una de las principales lecciones de la guerra es que la geografía importa y el tamaño de Arabia Saudí le ha permitido capear el conflicto mejor que la mayoría de sus vecinos: sus principales ciudades apenas han sufrido ataques iraníes y su espacio aéreo nunca ha llegado a cerrarse, si bien algunas empresas trasladaron temporalmente personal desde Dubái a Riad. Además, el amplio mercado interno ha contribuido a compensar la caída del turismo extranjero y el sector turístico saudí depende sobre todo de los peregrinos religiosos, un negocio mucho más estable que el turismo de ocio.
El reino ya estaba reduciendo el alcance de algunos de sus proyectos más ambiciosos, especialmente Neom, la ciudad futurista que construye en el noroeste del país. En lugar de rascacielos revestidos de espejos y estaciones de esquí en pleno desierto, Arabia Saudí intenta ahora reposicionarse como un centro logístico, con un puerto moderno que conecte a los Estados del Golfo con el mar Rojo. Se trata de un giro sensato. También podría apostar por la inteligencia artificial: los centros de datos construidos en su costa occidental estarían situados a unos 1500 kilómetros de Irán, frente a los escasos 200 kilómetros que separan a otros países del Golfo de territorio iraní. Sin embargo, ni los puertos ni los centros de datos atraerán al tipo de expatriados acomodados que el reino esperaba seducir con Neom. Tampoco crearán muchos empleos para los saudíes, que no parecen especialmente interesados en trabajar como estibadores.
Antes de la guerra, la mayoría de los países del Golfo aspiraban a diversificar sus economías siguiendo el modelo de Dubái: atraer empresarios adinerados y desarrollar economías de servicios basadas en el turismo, las finanzas y la tecnología. En un Golfo donde el riesgo ha aumentado, quizá ya no puedan hacerlo. «La guerra no ha acabado con el modelo de Dubái, pero sí podría acabar con la idea de que todos los países del Golfo puedan convertirse en otro Dubái», sostiene un diplomático europeo.
Catar invirtió cientos de miles de millones de dólares en viviendas, hoteles e infraestructuras para el Mundial de fútbol de 2022, que dejó tras de sí un exceso de capacidad en prácticamente todos esos ámbitos. Kuwait afronta el problema contrario: décadas de parálisis política le han impedido construir casi nada. La prolongada incertidumbre regional puede dejar a ambos países en tierra de nadie. Se prevé que sus economías se contraigan en más de un diez por ciento este año y es posible que no recuperen el PIB previo a la guerra hasta 2028.

Omán siempre ha sido el país atípico del Golfo: un productor mediano de petróleo con una política exterior marcadamente heterodoxa

Omán siempre ha sido el país atípico del Golfo: un productor mediano de petróleo con una política exterior marcadamente heterodoxa. En los últimos meses, ha irritado a sus vecinos al mostrar afinidad hacia Irán y plantear incluso la posibilidad de colaborar con la República Islámica para cobrar peajes en el estrecho de Ormuz. Puede que esa postura lo haya protegido de ataques iraníes de gran envergadura, pero también entraña riesgos propios.
El CCG insiste en presentarse como un bloque de países hermanos, aunque su historia está jalonada de profundas rupturas: hace menos de una década, Baréin, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos impusieron un bloqueo a Catar para castigarlo por apoyar a grupos islamistas. En Washington, mientras tanto, algunos republicanos han llegado a plantear sanciones contra Omán y el propio Trump incluso llegó a sugerir, de forma insólita, bombardear el país.
En realidad, el CCG siempre ha funcionado mejor como espacio de libre circulación y comercio que como un auténtico bloque político. La guerra ha puesto de manifiesto esa falta de cohesión —y podría incluso agravarse—, por ejemplo en el ámbito de la defensa. Estados Unidos lleva años instando a los Estados del Golfo a integrar sus sistemas de defensa aérea, pero la desconfianza mutua lo ha impedido. Además, la necesidad de administrar cuidadosamente las limitadas reservas de interceptores ha favorecido una mentalidad de «empobrecer al vecino».

Ceños fruncidos tras las sonrisas

Tampoco existe consenso en materia diplomática. Catar desempeñó un papel fundamental en la negociación del acuerdo inicial entre Estados Unidos e Irán, firmado el 17 de junio. En los días previos, los seis países del Golfo instaron a Trump a aceptarlo, convencidos de que la alternativa era una nueva escalada bélica. Sin embargo, en privado, muchos altos cargos consideran que se trata de un mal acuerdo.
Arabia Saudí se ha alineado ahora con Turquía, Egipto y Pakistán para intentar influir en la evolución de los acontecimientos, pero los propios saudíes reconocen que se trata de una coalición improvisada y débil, pues ninguno de sus socios dispone de suficiente influencia para convencer a Irán de que ceda en alguna cuestión. Emiratos Árabes Unidos, por su parte, ha permanecido en gran medida al margen de la pugna diplomática: considera a Irán un enemigo irreconciliable y prefiere centrarse en reforzar la disuasión antes que en lo que considera una diplomacia estéril. En consecuencia, el CCG carece de una posición común con respecto a Irán.

Los Estados del Golfo han perdido la confianza en Estados Unidos por verlo demasiado impredecible como para seguir siendo un garante fiable de su seguridad, pero demasiado poderoso como para prescindir de él

Al mismo tiempo, los Estados del Golfo han perdido la confianza en Estados Unidos por verlo demasiado impredecible como para seguir siendo un garante fiable de su seguridad, pero demasiado poderoso como para prescindir de él. Todos intentarán fortalecer sus relaciones con otras potencias medias. China podría ampliar su papel diplomático en la región, aunque hasta ahora se ha mostrado reticente. Las relaciones con Israel dependerán probablemente del resultado de las elecciones previstas para este otoño. Fuentes saudíes bien informadas aseguran que el reino sigue dispuesto a normalizar relaciones, pero únicamente si un nuevo gobierno israelí ofrece una alternativa a la guerra permanente.
Durante décadas, los gobernantes del Golfo ofrecieron a sus ciudadanos un pacto implícito: manteneos al margen de la política y os garantizaremos seguridad y prosperidad. Hoy ni el petróleo ni la promesa de protección estadounidense bastan ya para sostener ese contrato. La guerra no lo ha quebrado, pero sí lo ha desgastado como nunca antes.

El cuerpo de Jamenei llega a Qom tras la multitudinaria despedida en Teherán

Los restos del ayatolá Alí Jamenei han llegado en la tarde de este lunes a la ciudad iraní de Qom tras culminar los tres días de actos en recuerdo del difunto líder supremo iraní celebrados en Teherán. Tras un día en Qom, el cuerpo de Jamenei será llevado a Irak y posteriormente regresará a Irán, concretamente a Mashhad, donde recibirá sepultura.»El cuerpo del líder mártir ha llegado a Qom», ha informado la televisión pública iraní, IRIB, que ha emitido imágenes del helicóptero que ha llevado el féretro hasta Qom. La comisión encargada del funeral ha informado de que el miércoles el cuerpo será llevado a Irak, a las ciudades de Nayaf y Kerbala, en el sur del país de mayoría chií. En Nayaf la procesión será de 6 kilómetros y en Kerbala, de 5,8 kilómetros, siempre entre férreas medidas de seguridad. Hasta Irak se desplazará el presidente iraní, Masud Pezeshkian. Los últimos actos del funeral, que comenzó el pasado viernes, serán el jueves en la ciudad de Mashhad, donde será enterrado en el santuario del Imán Reza, el octavo imán chií, cumpliendo la última voluntad del dirigente, muerto el pasado 28 de febrero en un ataque israelí durante la primera jornada de la última ofensiva estadounidense-israelí contra Irán. Las imágenes de fieles golpeándose el pecho por el luto y la multitud en la plaza que rodea a la emblemática torre Azadi han sido la nota más destacada de los actos de este lunes de cortejo fúnebre en la capital iraní. También ha habido cánticos pidiendo venganza por la sangres de Jamenei y llamamientos a la resistencia. Entre la multitud, las banderas de Irán y los retratos del difunto líder. El ataúd de Jamenei está en todo momento acompañado de los de sus familiares muertos en el mismo ataque: Sayedé Boshra Hoseini Jamenei, Mesbá al Hoda Baqeri, Zahra Hadad Adel y Zahra Mohamadi Golpayegani.

La OTAN afronta una cumbre vital con el único objetivo de complacer a Trump

Los máximos dirigentes de los principales países del mundo occidental se reúnen este martes en Ankara en la cumbre anual de la OTAN, decididos a convencer al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que en realidad sí están cumpliendo los compromisos de aumentar … el gasto militar que fueron asumidos en la reunión de La Haya. El secretario general de la organización, el holandés Mark Rutte, ha presentado la reunión como la mejor ocasión para tratar de adular al norteamericano, que había llegado a amenazar con ignorar la cumbre, a causa de sus continuas quejas contra los aliados europeos.
En su primera comparecencia en la víspera de la cumbre, Rutte hizo hincapié este lunes en que el objetivo de que las inversiones en defensa de los Estados miembros alcancen el 5% del PIB (Producto Interior Bruto) sigue vigente y ha funcionado. «Nuestros aliados europeos han igualado el gasto con Estados Unidos», señaló. Además de mantener la ayuda a Ucrania, en su opinión, eso estaría haciendo una Europa más fuerte y ni siquiera se puede decir que ese refuerzo del elemento europeo de la Alianza y la retirada de tropas estadounidenses vaya a enfriar las relaciones transatlánticas.

Con su proverbial optimismo, el holandés insistió en que «estamos invirtiendo nuestro dinero en empleos. Estamos invirtiendo nuestro dinero en misiles. Estamos reforzando nuestras capacidades de defensa. Estableceremos estructuras de defensa fiables. Debemos ser un elemento disuasorio». A su juicio, la reducción de la presencia estadounidense no es una señal política contra los demás aliados, sino que «la estructura de la OTAN se está adaptando a esta situación», que se debe a que Washington «quiere contemplar la posibilidad de un conflicto con dos escenarios: el europeo y el Pacífico», en referencia a China.

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En otras circunstancias podría pensarse que el asunto central de la cumbre debería ser la guerra de Ucrania, que está precisamente justo en la otra orilla del mar Negro, sabiendo además que Putin descargó en la noche del domingo al lunes uno de sus ataques de misiles mas mortíferos. «Rusia pierde 35.000 hombres cada mes, pero continúa atacando ciudades ucranianas. Proporcionaremos a Kiev todo lo que necesite porque la seguridad de Ucrania está estrechamente ligada a nuestra propia seguridad y le demostraremos a Putin que nuestro respaldo es claro», sentenció Rutte.
Sin embargo, no ha querido aclarar si Estados Unidos va a atender las súplicas del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para que le deje fabricar en Alemania interceptores para las baterías antiaéreas Patriot que tanto necesita. Aunque alegó que «se trata de un asunto bilateral», explicó que «estoy seguro de que Estados Unidos está haciendo todo lo que puede, porque ellos también necesitan esos proyectiles y en estos momentos hay un numero limitado».

El elefante en la habitación

Así las cosas, todo parece indicar que el «elefante en la habitación» no es ni Ucrania ni el estrecho de Ormuz, sino el propio Trump. Después de todo lo que ha dicho en las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de EE.UU., nadie sabe qué esperar cuando llegue a Turquía y se vea de nuevo frente a las cámaras.

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En las últimas horas, Trump ha mantenido una conversación telefónica con el dictador ruso Vladímir Putin sin coordinarse con nadie, ha vuelto a atacar a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y ha reiterado que, si ha decidido venir a la cumbre, es sólo por el respeto que le tiene al autócrata turco Recp Tayip Erdogan. Los asuntos más candentes los atenderá personalmente en reuniones con Zelenski y con el nuevo presidente sirio, el antiguo yihadista Ahmed al Sharaa, de modo que con los aliados solo está previsto que se hable de cuánto paga cada cual. Y, sobre la llamada con Putin, según Rutte, «el presidente estadounidense ha realizado grandes esfuerzos para resolver este estancamiento bélico. Desconocemos qué se necesita para que Putin se siente a la mesa de negociaciones. En los últimos meses Ucrania está teniendo un buen desempeño en el frente, pero no sabemos cómo Putin se sentará a negociar».

«Trump ha hecho grandes esfuerzos para resolver el estancamiento bélico. En los últimos meses Ucrania está teniendo un buen desempeño en el frente, pero no sabemos cómo Putin se sentará a negociar»

Mark Rutte
Secretario general de la OTAN

Al menos, en esta ocasión se ha reforzado el tradicional foro industrial y la OTAN ha invitado a cientos de empresas del sector de la defensa para tratar de hacer que el aumento de los gastos militares se traduzca de inmediato en suministros para reponer los inventarios y los arsenales de los aliados y de Ucrania, además de revertir a la economía en general a través de la actividad industrial, el empleo y el desarrollo tecnológico. «También fortaleceremos nuestras economías con nuestras inversiones en la industria de defensa en la región, desde Arkansas hasta Ankara. Seguiremos obteniendo resultados. Representamos un tercio de la economía mundial. Juntos somos fuertes. Todos estamos unidos en la defensa de la seguridad y la libertad», prometió Rutte.
Pero todas las discusiones vuelven una y otra vez hasta el elefante en la habitación, tratando de prever hasta qué punto Trump puede sorprender a todo el mundo con uno de sus pronunciamientos vitriólicos. La situación es tan clara en este sentido que la única vez que Rutte ha mencionado a España en la comparecencia fue para ponerla en la lista de los «buenos alumnos» que, como Italia o Bélgica, ya alcanzaron el año pasado la meta del 2%, «y eso ha sido debido a la invasión rusa de Ucrania pero también debido al factor Trump».

Espriella designa como Ministro de Defensa a un general retirado por Petro

El presidente recientemente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha designado este lunes como Ministro de Defensa a Eduardo Mora, quien fue separado del servicio activo por orden del mandatario Gustavo Petro al inicio de su gobierno hace cuatro años.El derechista De … la Espriella asumirá el poder el 7 de agosto en reemplazo del izquierdista Petro y ha prometido una política de seguridad más estricta frente a guerrillas y cárteles narcotraficantes, en medio de un deterioro de la violencia en el país en la última década.

Mora, un general del Ejército proveniente de una familia de altos oficiales militares, especialista en crimen transnacional y narcotráfico con 30 años de experiencia, tendrá el desafío de reorientar el papel de la fuerza pública, con una visión distinta a la del gobierno de Petro, que buscó negociar con organizaciones armadas sin resultados concluyentes.

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«Hoy le entrego el Ministerio de Defensa a un hombre que ha dedicado su vida a servir a Colombia con honor, disciplina y lealtad», anunció en la red social X De la Espriella, conocido como «El Tigre».

Hoy le entrego el Ministerio de Defensa a un hombre que ha dedicado su vida a servir a Colombia con honor, disciplina y lealtad.El Mayor General Jorge Eduardo Mora López @generalmora11 representa el reconocimiento de toda una Nación a nuestros soldados y policías, y el… pic.twitter.com/baH7aWWHAE— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) July 6, 2026
«Un soldado que ha dado todas las batallas con honor», dice la narración de un video generado por inteligencia artificial en el que se ve a policías y militares caminar junto a un tigre que ruge, una estrategia de comunicación del mandatario electo.

Un giro radical en la cúpula militar

En Colombia, el Ministerio de Defensa coordina tanto a las fuerzas armadas como a la policía.

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Mora fue pasado a retiro en 2022 junto con otros generales, en medio de cambios en la cúpula militar al comienzo del mandato de Petro, un exguerrillero y primer presidente de izquierda de Colombia.
El presidente electo anunció el domingo la creación de un «bloque de defensa para la seguridad urbana» contra la extorsión y otros delitos, y declaró su intención de «revocar (…) las prebendas que Petro les entregó a los narcoterroristas».

Macron se convierte en el primer líder occidental en viajar a Siria para reunirse allí con Al Sharaa

El presidente francés, Emmanuel Macron, se convirtió este lunes en el primer jefe de Estado de un país de la Unión Europea en viajar a Siria, tras la caída del régimen de Bashar al Assad. El mandatario galo aterrizó por la tarde en Damasco, … donde se reúne esta noche con el presidente interino sirio, el islamista Ahmed al Sharaa, quien se ve reforzado con esta visita. Después de su paso por la capital siria, Macron participará el martes y el miércoles en la cumbre de la OTAN en Ankara, en Turquía.
«He venido a expresar el compromiso de Francia (…) a favor de una Siria soberana, unida en su pluralidad y en paz con sus vecinos», aseguró el presidente francés en la red social X, poco después de su llegada. El gabinete presidencial galo preparó este viaje con gran secretismo, tanto por motivos de seguridad como para evitar posibles críticas. Damasco lo anunció el domingo y Macron aterrizó el lunes en la capital siria, sin que su gabinete hubiera oficializado antes el encuentro ni comunicado la agenda de actos previstos.

Tras haber sido en mayo del año pasado el primer mandatario europeo en recibir a Al Sharaa, que llevó las riendas de organizaciones terroristas e islamistas radicales antes de ponerse al frente del país devastado, ahora da otro espaldarazo al nuevo Gobierno en Damasco. Este avanza lentamente hacia la democratización del país. Más de un año y medio después de la caída del régimen de Al Assad, todavía no ha empezado a funcionar el nuevo Parlamento. La primera sesión parlamentaria estaba prevista para este lunes, pero al final se anuló en el último momento con el argumento (o pretexto) del viaje de Macron.

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Mikel Ayestaran

Esta visita es la primera de un presidente de un país de la UE a Siria desde la caída del régimen de Al Assad a finales de 2024. Ningún jefe de Estado galo había estado en Damasco desde el conservador Nicolas Sarkozy en 2009, cuando intentó normalizar las relaciones con Al Assad. Esa tentativa tuvo lugar poco antes del estallido de la revuelta popular en 2011, que fue duramente reprimida por el régimen y que desembocó en una sangrienta guerra civil, con más de 500.000 muertos.
Con esta visita, Macron busca posicionar a las empresas de su país de cara a la reconstrucción de Siria, que sigue en ruinas tras los casi 14 años de conflicto bélico. Según el Banco Mundial, la economía siria necesita inversiones superiores a 200.000 millones de euros. A pesar de que la Administración estadounidense de Donald Trump levantó la semana pasada sus sanciones, el dinero sigue sin llegar a ese país, donde permanecen la inseguridad y los conflictos interétnicos. Así lo refleja el atentado de la semana pasada en la capital, en el que murieron nueve personas y 20 resultaron heridas.
El dirigente francés ha viajado acompañado por varios empresarios «para reforzar la cooperación económica» entre París y Damasco, anunciaron las autoridades locales. Entre ellos, hay varios responsables de empresas del CAC 40. En concreto, Francia ve con especial interés los negocios en el sector de la construcción, energía, turismo y militar. Por ejemplo, la energética Total firmó en mayo un acuerdo con la principal petrolera siria para llevar a cabo exploraciones ‘offshore’ a lo largo de las costas.

País estratégico

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Pese a su frágil situación interna –los expertos advierten de que nuevos enfrentamientos podrían producirse este verano entre fuerzas progubernamentales y las unidades kurdas, que siguen controlando algunas localidades y campos de petróleo en el norte–, el Gobierno islamista se ha visto reforzado por su posición aparentemente neutral respecto a la guerra en Oriente Próximo. Al Sharaa aspira a tener un rol influyente en el Líbano, donde el sur del territorio quedó devastado a causa de los recientes combates entre el Ejército israelí y la guerrilla chií Hizbolá, aliada de Irán. Y Macron quiere convertirse en uno de sus principales aliados en Europa.
Las autoridades sirias también pretenden beneficiarse de su posición geográfica, especialmente de su salida al Mediterráneo. Eso lo convierte en un país interesante ante nuevos proyectos de gasoductos; por ejemplo, la reconstrucción de un oleoducto desde Irak hasta las costas mediterráneas. El interés por estas iniciativas se vio claramente reforzado con el cierre del estrecho de Ormuz a causa de la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán. Desde entonces, los países del golfo Pérsico buscan alternativas a la ruta marítima para exportar su gas y petróleo. Una nueva coyuntura que atrae las miradas hacia Siria.