Skiba,un cazador letal con drones que dejó 43 bajas rusas en un noche
Skiba, de 26 años, tiene el título de ‘Héroe de Ucrania’. Hay pocos que, a esa edad, hayan recibido la mayor condecoración militar del país. «Así se dio. Hacía mi trabajo y el mando consideró que lo merecía». No se para mucho en el … tema y su media sonrisa parece delatar cierta timidez. Maneja drones desde antes del 2022. Con el avance de la guerra a gran escala, fue de los primeros en lanzar explosivos desde estos aparatos. Liquidó a 43 rusos en una sola noche y con un solo Mavic 3T. Y esta no fue su única hazaña con los cuadricópteros.
Ahora dirige un batallón de drones FPV (vista en primera persona, por sus siglas en inglés) en la 20.ª Brigada Independiente de Sistemas No Tripulados K-2. Antes, se destacó por frenar aquellos asaltos masivos de las tropas del Kremlin que ahora son una rareza. En 2026, lo más común dentro de un frente filmado desde el aire son pequeñas infiltraciones entre líneas cada vez más difusas. A veces de uno o dos soldados enemigos. Ahí es cuando los pilotos ucranianos agudizan la vista para detectarlos entre píxeles.
El símil con el oficio de francotirador es recurrente. Pero el militar matiza: «Los pilotos y francotiradores son especialidades distintas; no se pueden comparar del todo. El dron puede alcanzar más objetivos», explica. «Es más, en esta guerra, el francotirador, hablando en términos generales, es casi una especialidad que ha perdido vigencia».
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Rosalía Sánchez
Los sistemas no tripulados ya están instalados en la lógica de los conflictos armados actuales. Skiba y los suyos manejan un catálogo de drones un poco ajeno, todavía, a los ejércitos de la OTAN. El empleo de cada variante depende del objetivo, la misión y la distancia. «El Mavic es un explorador, y el FPV es como un proyectil, simplemente, una munición guiada».
Ejecución en tres actos
El trabajo diario se suele ejecutar en tres actos. «En cuanto se detecta al enemigo actúan a la vez todos los medios disponibles: uno ilumina el objetivo con un explorador, nosotros atacamos con FPV y otra unidad lanza un dron bombardero».
Algunas explosiones lejanas interrumpen la charla. Skiba gira su cabeza, mira al horizonte y continúa con tranquilidad. «El FPV sigue siendo un terreno que no se ha descifrado del todo. Constantemente se inventa algo nuevo. Lo que importa es una cámara de calidad, el zoom y una buena imagen». La batalla por las innovaciones arrecia en ambos bandos.
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Ante una desproporción de personal frente a las tropas de Moscú, la defensa ucraniana se sostiene cada vez más en los cielos. Desde 2025 se puso en marcha, oficialmente, la integración de distintas brigadas en esta área. Se trata de la denominada ‘Línea de Drones«’ La Brigada K-2 fue una de las cinco que la conformaron en la primera fase. Esta estrategia es clave para retener el territorio que ansía el Kremlin.
Ronda desde hace semanas el rumor de un reclutamiento forzoso en Rusia, en un año en el que el ritmo de las ganancias territoriales se ha ralentizado. Esa posibilidad parece no afectar demasiado a Skiba. «Intentamos matar todo lo que podemos. Si hay movilización, intentaremos matar aún más. Digamos, por ejemplo, que, si al mes matamos unos 30.000 o 40.000, si hay movilización intentaremos acabar con 60.000 rusos».
«Si al mes matamos unos 30.000 o 40.000, si hay movilización intentaremos acabar con 60.000 rusos»
Skiba
Piloto ucraniano de drones
Detectores de drones
A este equipo no le falta pericia, ni experiencia, ni método. Y, aun así, las cosas no siempre salen bien. No hace mucho se les escurrió una «bujanka» [en términos coloquiales, se trata de una furgoneta militar rusa, de la marca UAZ]. Cuando los operadores detectaron la UAZ, había entre 6 y 8 rusos dentro.
Un primer aparato trata de alcanzarlos, cuenta el oficial de K-2, «pero ellos también tienen algún tipo de detectores que interceptan la imagen del dron». Son pequeños monitores con antenas desde los cuales se puede ver hacia dónde se dirige el dron en tiempo real. Skiba aprovecha para dar un par de sorbos al café negro mientras atiende llamadas urgentes.
«Entonces el coche se detuvo, los rusos salieron hacia los arbustos y empezaron a disparar al dron. Atacamos el coche, pero quedó intacto, consiguieron subirse de nuevo y siguieron adelante. Volvimos a lanzar otro, lo derribaron y lanzamos otro. Ahí les dimos. El resultado fue 1-300 y el coche siguió». En la jerga militar el 300 se asocia a los militares heridos. El 200 es la nomenclatura para el soldado muerto.
La mano de Skiba sujetando un dron.
(M. González)
La ‘kill zone’
Todas esas misiones, las exitosas y las fallidas, se pueden ver a distancia. Varios grandes monitores atrapan las miradas de los presentes en la sala. El lugar se parece más a una oficina de la bolsa de Wall Street que a un despacho donde se hace la guerra. La bandera negra con el murciélago blanco, emblema de la K-2, corona este espacio. Al lado, un poco más abajo avistamos un dron colgado en la pared, como no podía ser de otra manera.
Skiba pasa frente a las pantallas mientras habla con el equipo. En los escritorios hay varias gafas de los pilotos, algunos mandos, muchos cables y un llavero de Mickey Mouse. Lo que se puede ver allí es la denominada zona de muerte del frente.
«La ‘kill zone’ es un área donde entran los enjambres de drones, siempre hay algo en el cielo, tanto de nuestro lado como del ruso», explica. «Desde la línea de contacto y hacia nuestro lado, en un número determinado de kilómetros, el enemigo controla todo; hacia su lado, nosotros controlamos todo igual», describe el comandante Skiba.
¿Cómo puedes distinguir cuando un dron es tuyo o del enemigo? «A veces no se puede saber, pero si vuela hacia ti, entonces es un dron ruso -responde Skiba-. Si hablamos de FPV, hay detectores: vemos su imagen y ellos ven la nuestra. Respecto a sus drones de vigilancia, lo sabemos todo».
Para que las tareas de las diferentes brigadas que custodian el frente de Donetsk se acompasen existe Delta. Una suerte de cerebro digital del Ejército ucraniano que permite compartir en vivo los datos que salen del frente a los pilotos y al mando.
Kai, el número dos de Skiba, afirma que «cualquiera que sepa usar el ratón de un ordenador puede usar Delta. Es bastante sencillo. Me gusta mucho por eso. Es un sistema en constante progreso y se sigue desarrollando todo el tiempo. Además, cada vez funcionan más herramientas».
Lección pendiente
La guerra que se gesta en Ucrania ha plantado embriones fuera de sus fronteras. Estados Unidos puede dar cuenta de ello. En marzo, un helicóptero HH-60M Black Hawk resultó dañado por un FPV lanzado por una milicia iraquí vinculada a Irán. Sucedió en Victory Base, en Bagdad. Días antes, otro aparato del mismo tipo había logrado penetrar en las instalaciones y sobrevolarlas durante cerca de dos minutos antes de atacar.
Skiba y casi cada militar ucraniano saben de sobra cómo actuar cuando un FPV anda cerca. «No hay que tener miedo a disparar. Si se ponen cuatro personas, cuatro fusiles, y disparan 30 balas cada uno contra un solo dron, alguno acertará. Eso ya es un cincuenta-cincuenta de ventaja», señala.
«No hay que tener miedo a disparar. Si se ponen cuatro personas, cuatro fusiles, y disparan 30 balas cada uno contra un solo dron, alguno acertará»
Skiba
Piloto ucraniano de drones
En general, a muchos en Ucrania les choca que en pleno 2026 las fuerzas occidentales adolezcan de tal desfase en materia de defensa aérea. Esto quedó retratado durante las incursiones de drones en Polonia el año pasado y en los recientes ataques iraníes a los aliados de Oriente Próximo.
La primera tarea para superar esta carencia es «introducir unidades de sistemas no tripulados en cada brigada, en cada batallón, en cada compañía. No digo que tengan que hacerlo exactamente como nosotros, pero hay que hacerlo ya y formar pilotos».
Rusia, siguiendo la estela de Kiev en el uso de drones en el frente, ha logrado conformar unidades también muy capaces. «Todos sus pilotos son para nosotros el objetivo número uno», dice Skiba al referirse a la unidad de drones rusa «Rubicón». «No digo que seamos mejores que ellos en todo, en algunas cosas ellos son mejores. Pero si esa unidad, hipotéticamente, operara en el territorio de otros países, no estarían preparados».
La muerte en directo
Si algo define este conflicto armado son los vídeos que captan los últimos segundos de los soldados en el frente. Y esto tiene un por qué. Las imágenes de los drones son una prueba interna de que el objetivo se ha alcanzado. Kai lo explica así: «Confirmamos sólo que podemos ver. Por ejemplo, hay una parte de una pierna entre los arbustos o, no sé, quizás la cabeza. De eso hacemos una captura de pantalla».
Ucrania ha ‘gamificado’ las brigadas con el sistema de puntos ‘e-bali’. «Por cada objetivo hay distintas puntuaciones; por personal tantos puntos, por un tanque tantos, por un vehículo tantos…», apunta el joven comandante.
Skiba ya no tiene tiempo de revisar sus antiguas filmaciones con drones. «Ahora veo los vídeos de mis pilotos. Cada día hacen misiones y recolectan las imágenes para confirmar objetivos. Yo reviso cada vídeo. Los analizo, y siempre admiro lo que hacen».
«Puedo parecer joven por fuera, pero por dentro soy un jubilado», confiesa Skiba después de más de cuatro años y medio de guerra
Otro de los ruidos típicos en la región de Donetsk se cuela para recordar que los drones aquí siempre están volando. Entre risas, el militar responde con un «yo también odio los drones» al comentario general sobre el perverso sonido de los aparatos que él mejor maneja.
Skiba tiene muy claro que no estaría en el Ejército si la guerra hubiese terminado. Lo que realmente quiere es volver a casa, pero su misión sigue siendo acabar con tantos enemigos como sea posible. «Puedo parecer joven por fuera, pero por dentro soy un jubilado».

