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Cuánto tiempo es posible sobrevivir bajo los escombros tras los terremotos en Venezuela: esto es lo que dicen los expertos

Un doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudió potentemente el norte de Venezuela el pasado miércoles con resultados devastadores. El último balance oficial de las autoridades venezolanas cifra en 1.450 los fallecidos y en los 3.150 heridos, unos datos que podrían continuar subiendo según pasen los días.A ello se suman los 774 edificios que se han visto afectados o que directamente han colapsados a causa de los sismos. Las labores de rescate han logrado sacar con vida a cientos de personas atrapadas bajo los escombros, pero otros muchos continúan desaparecidos. Así, los equipos de emergencia trabajan a contrarreloj para localizar y rescatar a quienes continúan atrapados.Las primeras horas son claveNo hay una cifra exacta de cuánto tiempo puede sobrevivir alguien bajo los escombros después de un terremoto, pero lo que está claro es que las primeras horas son clave. Para empezar, la supervivencia dependerá de factores como si la persona se encuentra herida, si puede respirar bien o si tiene acceso a comida o agua.»Algunos equipos de rescate internacionales se rigen por la «regla de los cuatro», que parte de la base de que las personas atrapadas pueden sobrevivir 4 minutos sin aire, 4 días sin agua y 4 semanas sin comida», recoge el artículo Intervalo de supervivencia en personas atrapadas por terremotos: hallazgos de investigación reforzados durante la respuesta al terremoto de Haití de 2010 de la Society for Disaster Medicine and Public Health.Sin embargo, «el uso de este tipo de plazos rígidos y universales para dar por concluidas las labores de búsqueda puede resultar gravemente inexacto, ya que es posible que la probabilidad de supervivencia varíe en función del tipo de incidente de derrumbe de una estructura. Los distintos patrones de derrumbe, las condiciones ambientales, la ubicación de las personas atrapadas y otros factores pueden influir en la duración de la supervivencia», añade.La supervivencia depende de muchos factoresBasándonos en experiencias pasada tras lo terremotos, la mayoría de los rescates de supervivientes ocurren en los primeros 5 o 6 días. Sin embargo, se han documentado casos en los que esta cifra es mucho más elevada. Por ejemplo, según detalla el citado artículo, tras el terremoto de Armenia de 1988, se informó de un rescate entre 13 y 19 días (la cifra exacta no se conoce) después del desastre. Otros casos son 8 días en la Ciudad de México en 1985, 14 días Filipinas en 1990, 5 días en Mármara (Turquía) en 1999 en Turquía o 6 días en  Wenchuan (China) en 2008.Incluso, se han registrado casos en los que las personas se encontraban en condiciones más favorables y han logrado sobrevivir largos periodos de tiempo. Por ejemplo, una mujer de 40 años fue rescatada viva tras dos meses atrapada en la cocina de su casa tras el terremoto de Cachemira de 2005. Así, la supervivencia depende de muchos factores como las condiciones meteorológicas (temperatura, humedad, lluvia…), el suministro de aire, la presencia de polvo o humo, el estado de la persona antes del terremoto, el acceso a agua y comida, las lesiones sufridas, el tipo de estructura y la formación de espacios entre los escombros…En cualquier caso, Venezuela entra ahora en unas horas críticas para los rescates, habiendo pasado casi 5 días desde el desastre. A partir de este momento, las probabilidades de encontrar supervivientes entre los escombros desciende de forma marcada. Esto no implica que no puedan seguir encontrando a personas con vida, pero sí supone que cada hora adicional reduce significativamente las opciones.

Putin reconoce una escasez de combustible por los últimos ataques de Ucrania

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha reconocido este domingo que el país atraviesa «cierta escasez» de combustible causada por los repetidos ataques ucranianos contra infraestructuras de hidrocarburos rusas. «En cuanto a los ataques contra la infraestructura crítica en general, y la infraestructura energética … en particular, por supuesto que estos ataques contra nuestras instalaciones de infraestructura crean problemas, eso es evidente», dijo Putin en una entrevista publicada por el Kremlin.
«En este momento estamos observando cierta escasez, pero no es crítica», añadió. Los esfuerzos diplomáticos con mediación estadounidense para poner fin a este conflicto, que se extiende por más de cuatro años, están por el momento paralizados.

En otra entrevista con el periodista ruso Pavel Zarubin, Putin aseveró que esperaba la llegada a Moscú de un equipo de negociadores estadounidenses, una vez que Washington logre un acuerdo con Irán sobre el conflicto en Oriente Próximo.

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Miriam González

«Esperamos que, cuando todos estos acontecimientos hayan terminado, después de que haya pasado la fase activa en el frente iraní, veamos la llegada de aquellos representantes de la administración estadounidense con quienes ya nos hemos reunido repetidamente en Moscú», afirmó el mandatario ruso en diálogo con Zarubin. Estas declaraciones fueron citadas por las agencias de prensas rusas y el periodista publicó la versión íntegra en su canal de Telegram.
Ucrania ha intensificado su campaña de ataques aéreos en los últimos meses, dirigidos contra Rusia y las regiones ucranianas controladas por el Kremlin. Kiev ataca especialmente la infraestructura energética para cortar el suministro de hidrocarburos que permite al Kremlin financiar su esfuerzo bélico.
Ante esto, el presidente ruso señaló que la primera tarea de las autoridades es aumentar las capacidades de defensa aérea y garantizar el suministro de combustible, particularmente en Crimea. Anexionada por Moscú en 2014, la península de Crimea fue declarada en «situación de emergencia» el viernes debido a la ola de ataques de Kiev, que ha obligado a las autoridades a suspender la venta de combustible a particulares e imponer cortes de electricidad.

Las refinerías funcionan a máxima capacidad

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El mandatario ruso ha asegurado que todas las instalaciones dañadas «están siendo reparadas bastante rápido y todo funciona con un amplio margen de seguridad». «Se van a satisfacer las necesidades de combustible de Crimea. Ahora mismo hay varios días de suministro», ha recalcado antes de anunciar un refuerzo de los envíos «por tierra y mar».
Putin ha explicado que «las refinerías más grandes están funcionando a máxima capacidad» y se está sondeando a las pequeñas y medianas empresas. «Se han reducido los periodos de mantenimiento de rutina y se han aplazado los mantenimientos programados. Para julio se estima que la producción de combustibles primarios superará la de junio», ha apuntado el mandatario ruso.
Asimismo ha informado de que las reservas de combustible acumuladas han sido ya inyectadas al mercado doméstico, pero, incluso con esta medida, las reservas de gasolina rusas se sitúan en los 1,7 millones de toneladas, casi la misma cantidad que en la misma fecha de 2025. «Hay una ligera bajada de solo el 4%», ha apuntado Putin.

Afganistán denuncia la muerte de más de 35 civiles por nuevos bombardeos de Pakistán

Las autoridades instauradas por los talibán en Afganistán en agosto de 2021 han cifrado en más de 35 los muertos a causa de la última oleada de bombardeos ejecutada por el Ejército de Pakistán contra el este del país, después de que Islamabad asegurara … haber matado a 25 «terroristas» en sus ataques, en un nuevo capítulo de las tensiones bilaterales de los últimos meses.
El viceportavoz del Emirato Islámico de Afganistán, Hamdulá Fitrat, ha afirmado que «según las informaciones disponibles por el momento, los ataques ejecutados la pasada noche causaron el martirio de 36 civiles, incluidos mujeres y niños, mientras que 163 resultaron heridos». «Tres viviendas residenciales quedaron totalmente destruidas», ha agregado.

Así, ha señalado que al menos 30 personas han muerto y 158 han resultado heridas a causa de los ataques paquistaníes contra la localidad de Mandojail, situada en la provincia de Paktia. Un primer ataque mató a «un anciano y a un niño», tras lo que Islamabad habría lanzado un segundo bombardeo «durante las operaciones de rescate», lo que dejó otras 28 víctimas mortales.

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Dounia Sbai

En el caso de Ualust, ha resaltado que «la mayoría de las víctimas son mujeres y niños», al tiempo que ha denunciado otro ataque contra Barolo, en Kunar, en este caso sin víctimas, según un comunicado publicado por el viceportavoz afgano a través de redes sociales.
En este sentido, el portavoz del Gobierno afgano, Zabehulá Muyahid, ha denunciado que civiles hayan muerto y hayan resultado heridos por estos ataques. «Condenamos firmemente este cobarde acto de agresión y lo consideramos un crimen y un acto de brutalidad», ha remarcado.
Por su parte, el ministro de Información de Pakistán, Ataulá Tarar, ha asegurado que los ataques fueron lanzados en respuesta a los «múltiples incidentes terroristas» en Pakistán, antes de argumentar que el objetivo de los mismos eran «bastiones» de Jamaat ul Tahrar -escindido en 2014 del grupo armado Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP)- y Fitna al Juarij -nombre con que Islamabad se refiere a TTP-.

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Tarar ha subrayado que los «ataques de precisión» se han saldado con la muerte de 25 sospechosos y la destrucción de «una gran cantidad de armas y municiones», antes de resaltar que también murieron otros tres «terroristas» en una operación terrestre en Jáiber Pastunjua, situada en la frontera con Afganistán.
«Pakistán siempre se ha esforzado por mantener la paz y la estabilidad en la región, pero no transigirá en lo que respecta a la seguridad de nuestros ciudadanos, que sigue siendo nuestra máxima prioridad», ha recalcado Tarar, que ha prometido que las operaciones «antiterroristas» continuarán para «acabar con la amenaza del terrorismo patrocinado y apoyado desde el extranjero».
La zona fronteriza entre Pakistán y Afganistán ha sido desde hace años un escenario de tensiones e inseguridad, especialmente por los ataques de TTP, conocido como los talibán paquistaníes, y en medio de las acusaciones de Islamabad contra India y los talibán afganos por su supuesto apoyo a la organización, algo que desde Nueva Delhi y Kabul se ha negado.
Esta coyuntura provocó que a finales del pasado febrero escalara de nuevo el conflicto, tras una serie de bombardeos por parte de Islamabad contra supuestos objetivos de TTP y Estado Islámico en el país vecino, lo que llevó a las autoridades instauradas por los talibán a lanzar ofensivas en la frontera, con enfrentamientos esporádicos desde entonces pese al alto el fuego en vigor.

El disidente chino que huyó a Corea del Sur en lancha recibe asilo en Canadá

Ahora sí: la particular odisea de Dong Guangping, el disidente chino que a finales de mayo escapó a Corea del Sur surcando el mar en una lancha, ya tiene final feliz. Dong ha viajado este fin de semana a Canadá, país que le ha … concedido asilo y donde le aguarda su familia, con quien trata de reunirse desde hace 11 años.
«El viernes 26, por fin llegó a Toronto, Canadá, en un vuelo de Air Canada», ha celebrado este sábado a través de redes sociales la activista Sheng Xue, quien ha ejercido de portavoz de Dong durante su periplo. La publicación contenía una fotografía de un sonriente Dong en el asiento trasero de un coche, aparentemente recién aterrizado.

Esta supone la última etapa de una evasión que comenzó en la ciudad china de Weifang, en la provincia de Shandong. Dong, de 68 años, partió desde allí a bordo de un bote neumático de tres metros de eslora dotado de un motor de diez caballos. Después de más de 30 horas de navegación, logró recorrer unos 310 kilómetros hasta aguas próximas a Taean, en la costa oeste de Corea del Sur.

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Pablo M. Díez

Los guardacostas surcoreanos, alertados por un barco pesquero, lo encontraron a 70 kilómetros de tierra firme. Para entonces el motor se había estropeado y él estaba «a punto de desmayarse» del agotamiento tras dos días sin dormir. El activista fue detenido por vulneraciones migratorias, y durante su comparecencia ante el juez manifestó su pretensión de reunirse con su familia en Canadá, propósito que ha logrado tras cuatro intentos fallidos.
Los problemas de Dong se remontan a 1999, cuando fue expulsado del cuerpo de Policía de la ciudad de Zhengzhou por firmar una petición para conmemorar el décimo aniversario de la matanza de Tiananmen. En 2001 fue encarcelado durante tres años por «incitación a la subversión contra el Estado» y, de nuevo en 2014, por participar en un evento en memoria del funesto episodio de 1989, cuando el régimen lanzó al Ejército contra su propia población que reclamaba más liberalización política.

Sueño cumplido

A partir de entonces trató de escapar del país hasta en tres ocasiones, todas ellas sin suerte. En 2015 viajó a Bangkok junto a su mujer e hija para presentar una solicitud de asilo. Ellas pudieron desplazarse a Canadá, pero las autoridades tailandesas le mandaron de vuelta a China pese a ostentar la condición de refugiado y ante las protestas de Naciones Unidas.

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Dong fue encarcelado por «incitación a la subversión» y «cruce ilegal de fronteras». En 2019 lo intentó de nuevo, esta vez nadando desde la ciudad de Shishi, en la provincia de Fujian, hasta el archipiélago taiwanés de Kinmen, pero fue interceptado por unos pescadores chinos que le entregaron a la Policía.
En 2020 cruzó de manera ilegal hasta Vietnam y durante dos años vivió en la clandestinidad, hasta que fue apresado por las Fuerzas de Seguridad y de nuevo enviado a China, donde pasó otros 11 meses en la cárcel hasta su puesta en libertad en octubre de 2023.
Tras este tercer intento fallido, su familia hizo un llamamiento público desde Canadá, incluyendo el envío de cartas con peticiones de clemencia a las embajadas china y vietnamita en Ottawa, atribuyendo sus reiteradas huidas al «fuerte deseo de reunirse con su familia», en palabras de su hija, Katherine Dong. «Una vez más, ese sueño de libertad le ha sido arrebatado», se lamentaba entonces ella.
Un sueño hecho realidad, por fin, este fin de semana. La segunda fotografía compartida por Sheng en su victorioso anuncio mostraba a Dong dando cuenta de un gran cuenco. «Se acaba de comer un enorme bol de huevos, tomate, gambas y fideos», explicaba, entre iconos de carcajadas. «Desde la noche del 27 de octubre de 2015, cuando supe que la policía tailandesa había detenido a Dong Guangping y Jiang Yefei (otro activista), me volqué en los esfuerzos por rescatarlos. Hasta hoy han transcurrido 10 años, 7 meses y 30 días».

No se dan las condiciones para que el Reino Unido vuelva a la UE

Diez años y seis primeros ministros después de votar a favor de salir de la Unión Europea, el Reino Unido, por parafrasear a Dean Acheson, ha perdido un continente, pero aún no ha encontrado su lugar. El referéndum del 23 de junio de 2016, en … el que los británicos votaron a favor de la salida del bloque por un 52 % frente a un 48 %, los ha dejado más divididos, con menor capacidad de influencia y más pobres de lo que habrían sido de no haberse producido. La promesa de que el Reino Unido «recuperaría el control» acabó siendo una broma de mal gusto. El país se ha visto sacudido por los acontecimientos mundiales. Los partidarios de la salida prometieron que la inmigración disminuiría, pero en el mandato de Boris Johnson se disparó.
Es de esperar que los próximos diez años sean más prometedores, pero primero los británicos deben aceptar la gran lección de su decisión de marcharse: intentar atribuir todos los males del país a una única causa es una forma de pensamiento mágico que solo empeora las cosas. No deben caer en la tentación de cometer el mismo error otra vez imaginando que volver a la UE es la respuesta a todos sus problemas.

La regeneración del país pasa por abordar las numerosas razones que impiden que el Reino Unido desarrolle todo su potencial. La formulación de políticas va a la deriva, el Estado es ineficiente y el sector privado se ve lastrado por los impuestos y la regulación. El país ya ha reunido en otras ocasiones el liderazgo necesario para un nuevo comienzo: en la creación del Estado del bienestar tras 1945 y en la revitalización impulsada por Margaret Thatcher. Debe volver a hacerlo.

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Tal y como advirtió este periódico en el momento del referéndum, la salida de la UE fue un error garrafal, pero el Reino Unido no ha sabido aprovechar la flexibilidad que trajo consigo. La visión de un Singapur de libre mercado a orillas del Támesis se ha desvanecido. En lugar de desregular, el Estado se ha vuelto más intrusivo, más propenso a intervenir y, en parte como consecuencia de ello, está en quiebra.
El impacto sobre el PIB ha sido al menos del 2,5 %, probablemente mucho mayor. La distracción también ha tenido su importancia. Los responsables políticos y las empresas han dedicado innumerables horas a discutir acaloradamente entre sí, primero sobre cómo «llevar a cabo la salida de la UE» y luego sobre cómo mitigar sus efectos negativos. En la escena internacional, el prestigio del Reino Unido se ha visto mermado.
Y, lo que es aún peor, continúa la búsqueda de soluciones milagrosas, condenada al fracaso. La derecha populista mantiene su obsesión con la inmigración; la izquierda populista, con combatir los males del capitalismo. Ahora, los centristas están aprovechando los indicios de arrepentimiento —el 57 % de los británicos considera que salir de la UE fue un error y solo el 30 % sigue pensando que fue acertado— para sostener que el Reino Unido debería esforzarse por reincorporarse a la Unión. Esa sería la receta para otra década perdida en disputas sobre Europa.

Defensa europea

El Reino Unido debe centrarse en el futuro. El mundo es muy diferente del de hace una década: entre guerras y pandemias, la geopolítica ha vuelto a ocupar un lugar central y la inteligencia artificial parece destinada a trastocarlo prácticamente todo, desde la forma en que trabajamos hasta la manera en que se libran las guerras. Sin embargo, la política pública sigue plagada de los males que han arraigado durante la década perdida del Reino Unido.
La defensa es un buen ejemplo: los aliados de la OTAN estiman que Rusia podría atacar ya en 2030 y, con la mirada puesta en Asia y resentido con Europa, Estados Unidos se muestra cada vez más distante. El Reino Unido tiene el instinto y la experiencia necesarios para asumir un papel de liderazgo en la organización de la defensa europea, del mismo modo que desempeñó un papel vital en el apoyo a Ucrania. Según Ipsos, solo el 8 % de los británicos se opone a la cooperación en materia de defensa con otros europeos, mientras que el 60 % está a favor.
Sir Keir Starmer, el primer ministro, dice todo lo correcto, pero ha sido incapaz de encontrar los recursos necesarios para respaldar su retórica. El 11 de junio, el secretario de defensa, John Healey, dimitió después de que el gobierno incumpliera una vez más su promesa de aumentar el gasto. El Reino Unido parece débil y, por tanto, un objetivo para Rusia. Su vacilación neutraliza uno de los principales atractivos potenciales del país para sus socios al otro lado del Canal de la Mancha.
El gobierno también está desaprovechando las ventajas con las que cuenta el Reino Unido en materia de IA. El país nunca igualará el dominio de Estados Unidos —lo que también repercute en el frente de la seguridad—, pero cuenta con sólidos puntos fuertes en investigación básica, startups innovadoras, talento tecnológico y políticas creativas, elementos que podrían contribuir a impulsar la productividad de una economía moribunda.

La deuda como porcentaje del PIB se sitúa en el 94 %, un nivel que no se veía desde la década de 1960

Por desgracia, las sumas que las empresas están invirtiendo en infraestructuras e instituciones relacionadas con la IA son insignificantes. Una de las razones es una política de cero emisiones netas que acaba limitando la producción y el consumo de energía, lo cual frena la construcción de centros de datos. Otra es la hostilidad hacia las compañías tecnológicas estadounidenses, incluida Palantir, que pueden colaborar con las fuerzas del orden y el sector sanitario.
Nadie dijo que resolver estos problemas fuera sencillo. Por desgracia, en un contexto marcado por la Covid-19 y las guerras, la situación no ha hecho más que complicarse: la deuda como porcentaje del PIB se sitúa en el 94 %, un nivel que no se veía desde la década de 1960, el déficit presupuestario es del 4,3 % y la deuda pública británica es la más costosa de atender de todo el G7.
Unas relaciones más estrechas con la UE, el principal socio comercial del Reino Unido, podrían ayudar a mejorar la situación. El gobierno ha acertado al tratar de eliminar barreras al comercio de alimentos, con el objetivo de armonizar las normas y mostrar disposición a asumir un coste para participar en ciertos sistemas atractivos de la UE, como el programa de intercambio de estudiantes Erasmus. Esto implica una negociación permanente con la UE, como ocurre desde hace años con Suiza.
No obstante, la relación no debe convertirse en una distracción que monopolice toda la agenda. Aún no se dan las condiciones para que el Reino Unido vuelva a la UE. Nigel Farage, euroescéptico acérrimo, podría ser primer ministro dentro de unos años y la Unión se mostraría recelosa ante un país que carece de una mayoría consolidada a favor de la pertenencia. El Reino Unido debe arreglárselas fuera del bloque, como ya ha hecho en ámbitos como el financiero o el agrícola, uno de los pocos éxitos atribuibles a su salida de la UE.

La crisis de los diez años

Las políticas favorables al crecimiento que necesita el Reino Unido no son ningún misterio: más británicos, especialmente los jóvenes, deben dejar de depender de las prestaciones sociales e incorporarse al mercado laboral, el mercado de trabajo está excesivamente regulado, la energía debe ser más barata, las decisiones del gobierno están sujetas a demasiados puntos de veto —especialmente, en materia de planificación—, hay que transferir competencias desde Westminster, y así un largo etcétera. Sin embargo, cada una de estas políticas implica que alguien, en algún lugar, renuncie a algo.
La salida de la UE alimentó la ilusión de que los votantes podían eludir las decisiones difíciles: serían otros quienes sufrirían las consecuencias, ya fueran los extranjeros o los superricos, mientras los británicos se llevarían todas las ventajas. Ese mundo nunca existió y, pese a diez años difíciles, los británicos siguen sin aceptar la realidad. Cada vez parece más probable que necesiten una sacudida al estilo Thatcher para despertar.

«Nosotros venimos a sacar personas vivas»: la carrera contra el tiempo de la UME en La Guaira

Alberto Vázquez Rodríguez no durmió en el vuelo que cruzó el Atlántico. El brigada de la Unidad Militar de Emergencias (UME), adscrito a la Oficina de Comunicación Pública, pasó las horas previas al despegue en la base aérea de Torrejón rastreando información en fuentes … abiertas. Quería saber a qué se enfrentaban. Sesenta y un efectivos del Segundo Batallón de Intervención de Emergencias, con sede en Morón de la Frontera, viajaban en un A330 del Ejército del Aire y del Espacio hacia un país que acababa de ser partido en dos por un doble terremoto. Llegaron por la mañana a un aeropuerto a tres horas y media de la zona de desastre, pero se demoraron nueve horas en llegar por el colapso del tráfico en las carreteras. Durmieron unas pocas horas y a las cuatro y cuarto de la madrugada siguiente ya estaban sobre los escombros de La Guaira.
«Sin rescatador no hay rescate», dice Vázquez, con el uniforme cubierto de polvo gris. A su alrededor, edificios caídos tipo sándwich, placas de cemento apiladas sin dejar espacio para respirar. La UME trajo unidades caninas, cámaras de rescate, geófonos, sensores de banda ultraancha y drones. Trajeron tecnología punta a un lugar donde los vecinos escarbaban con las manos desnudas. Pero, sobre todo, trajeron un protocolo estricto certificado por la ONU. Dos ingenieros politécnicos del Ejército de Tierra evalúan la estructura y dan luz verde. Solo entonces entran los perros. Luego los sensores. Luego los hombres. La certificación Insarag que ostentan desde 2011 no es un papel colgado en una pared de Sevilla. Es la garantía de que saben moverse en el infierno sin convertirse en víctimas.

El contraste en el terreno es brutal. Mientras el Estado venezolano tardó 48 horas en militarizar la zona, la ayuda internacional asumió la carga operativa. Yakseel Contreras, un joven caraqueño que llegó buscando a familiares de amigos, observa el despliegue español con alivio y con frustración. «Totalmente ineficiente los primeros días el tema del rescate local», comenta. «Muchos bomberos por falta de equipo, de suministros, de instrucciones, no saben identificar un edificio. Llegó el equipo español y el trabajo ha sido impecable. Son militares preparados que saben lo que hacen».

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Jorge Benezra

El mayor Eloy Caballero, bombero de Caracas con 35 años de servicio que acudió como voluntario pese a estar jubilado desde 2018, reconoce las limitaciones. «La situación ha sido precaria. Estamos trabajando con los dedos», admite. «Gracias a los organismos que vinieron de otros países hemos salvado más vidas de las que esperábamos en trabajo conjunto». Caballero, que vivió el deslave de 1999 en la misma zona, sabe que esta vez el enemigo no es el agua, sino el peso muerto de los edificios. La falta de cultura preventiva frente a terremotos pasó una factura altísima. La gente bajó a la costa el primer día buscando ayudar, pero terminó colapsando las vías de acceso y dificultando el paso de la maquinaria pesada.

«Gracias a los organismos que vinieron de otros países hemos salvado más vidas de las que esperábamos en trabajo conjunto»

Eloy Caballero
Bombero de Caracas

En la zona residencial Marina Grande, el edificio Mi Club quedó reducido a un acordeón de cemento. Allí vivía José Antonio Villarreal Nieto, de 74 años, junto a su esposa Sonia y su hijo Jesús. Los rescatistas locales que pasaron el primer día fueron tajantes. «Ahí no hay nadie con vida, no hay absolutamente nadie», les dijeron. Yoandys Villarreal, hija de José Antonio, viajó desde Caracas en una odisea sólo para escuchar esa sentencia. «A mí me quitaron ayer todo tipo de esperanza», relata, rodeada por su tía Francis Cueva y su prima Peggy. «Me dijeron: no hay supervivientes, señora, por eso ya no hay maquinaria».
Pero la UME no da nada por perdido hasta que los sensores dictan lo contrario. El equipo español desplegó sus equipos de escucha y detectó lo que nadie más había podido oír. Bajo cuatro pisos de losas de cemento, en un pequeño rincón que alguna vez fue el bar de la casa, José Antonio respiraba. Había sobrevivido gracias a un garrafón de agua de cinco litros. Su esposa y su hijo no corrieron con la misma suerte.

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«Cuando llegué esta mañana me dicen que hay un vídeo, que ya sabemos que sí, que está vivo», cuenta Yoandys, con la voz quebrada por la sed y el agotamiento, pidiendo agua fría a quienes pasan cerca. «No sé cómo fue el rescate, no sé cómo abrieron, porque supuestamente no había triángulos de seguridad. Pero mi padre está vivo».
Luis Miguel Ortiz Baeza, suboficial con veinte años en la UME y veterano de Haití, Ecuador y Nepal, lo resume con claridad. «Con salvar una sola vida está cumplido el objetivo. Cuando rescatas una vida, la íntima satisfacción del deber cumplido te inunda. Los desastres ocurren a la gente que menos recursos tiene. El dolor es siempre igual en Haití que en Ecuador».

«Con salvar una sola vida está cumplido el objetivo. Cuando rescatas una vida, la íntima satisfacción del deber cumplido te inunda»

Luis Miguel Ortiz Baeza
Suboficial de la UME

La primera en volver a ver la luz fue Adelaida Terán, una mujer de 70 años atrapada en el complejo Edificio Arnedillo, ubicado en la misma zona. El capitán Javier Cruzado, sanitario del equipo de salud de la UME, fue quien la recibió al ser extraída. Su trabajo comienza donde termina el de los rescatistas: estabilizar, evaluar, mantener vivo. Para él, este es su tercer terremoto internacional tras Turquía en 2023 y México en 2017. «Salvar vidas es el hecho por el que estamos aquí», dice Cruzado. «Más que cualquier medalla, que cualquier curso, que cualquier reconocimiento».

Rescate de menores

Pero Cruzado también conoce el lado oscuro. «Los niños es lo más duro», confiesa. «Se hace con mucho ejercicio, mucha preparación psicológica, pero como padre y como ciudadano, lo más complicado son los niños». «Es importante para las familias tener a su ser querido y cerrar el ciclo de la muerte», añade Vázquez desde el otro extremo de la zona de trabajo.
El reloj biológico es implacable. Pasadas las 72 horas, las posibilidades caen en picado. La cifra oficial supera los 1.400 muertos, y la ONU calcula 50.000 desaparecidos. El olor a descomposición domina La Guaira. Pero Vázquez se niega a aceptar la derrota. «Siempre ocurren esos pequeños y grandes milagros que hacen que confiemos en luchar. La esperanza de encontrar supervivientes siempre se mantiene».
La población local los ha adoptado como propios. «No paran de abrazarnos, de darnos las gracias», relata Vázquez. «El otro día paramos un momento y la gente nos vino con tequeños. Con lo que están pasando, tienen tiempo para desvivirse por nosotros». Cruzado coincide: «Nos sentimos en casa. Los venezolanos son hermanos nuestros en todos los sentidos. Jocosos, alegres, cercanos. Parecen sevillanos y canarios».

«Nos sentimos en casa. Los venezolanos son hermanos nuestros en todos los sentidos. Jocosos, alegres, cercanos. Parecen sevillanos y canarios»

Javier Cruzado
Sanitario de la UME

La noche cae sobre La Guaira y las calles se convierten en campamentos improvisados. Miles de personas duermen al raso, aterrorizadas por las réplicas. En medio de esa oscuridad, los focos de la UME siguen encendidos. Los perros siguen olfateando. Los sensores siguen buscando el latido más leve bajo toneladas de destrucción. Los españoles vinieron a buscar vida en la zona cero más grande del Caribe. Nadie les obligó a cruzar el océano. Y hasta que no levanten la última piedra, seguirán bajando al barro de los vivos.