Cadena perpetua al refugiado afgano que mató a una niña de dos años y su madre en un atropello múltiple en Múnich
Ha sido condenado por dos cargos de asesinato e intento de asesinato en 23 casos. El tribunal ha determinado en su veredicto la gravedad particular de la culpabilidad, lo que hará mucho más difícil su puesta en libertad condicional tras 15 años de prisión, como ocurre con la mayoría de los presos.
La sentencia registra también la motivación de los crímenes. Establece que fue su religión lo que llevó al condenado a cometer los asesinatos, «atacar y matar a personas seleccionadas arbitrariamente» en respuesta a «la situación en los países islámicos», según justifica el juez, que considera probado que «el acusado quería cometer un acto piadoso y demostrarse ante Alá, a sí mismo y a su familia, como un buen musulmán».
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Rosalía Sánchez
En los diversos interrogatorios, Noori ha dado explicaciones en las que se mezclan razones religiosas y políticas que influyeron en el ataque y que conforman un amasijo pseudoideológico. Los peritos psiquiátricos han presentado demás problemas de soledad y miedos difusos, pero ni médicos ni abogados de la defensa han podido ofrecer pruebas de ni un sólo rastro de remordimiento. Noori incluso mostró el saludo islamista cuatro veces al inicio del juicio. Durante el proceso, prefirió guardar silencio y evitó volver a hacer comentarios sobre la motivación de sus crímenes.
Fahrad Noori nació en Kabul y llegó a Alemania como menor no acompañado a finales de 2016. Solicitó asilo, pero su petición fue rechazada y permaneció en el país con un permiso temporal de residencia, debido a la imposibilidad de las deportaciones en ese momento. Residía en Múnich, en el distrito de Laim, y había conseguido empleo como guardia de seguridad. Practicaba el culturismo, competía incluso en campeonatos amateur, participó en la NPC Worldwide Deutsche Meisterschaft y obtuvo un quinto puesto en la categoría Men’s Physique en 2024.
Con mas de 10.000 seguidores en redes sociales, publicaba a menudo fotos de entrenamiento, moda de lujo y coches deportivos que fueron derivando después en mensajes islamistas, al tiempo que comenzaba a acumular antecedentes por delitos menores relacionados con drogas y robos en tiendas. Durante el juicio no ha quedado claro cuál ha sido su proceso de radicalización ni qué lo activó, pero sus declaraciones no dejaron lugar a dudas sobre su motivación islamista dese el mismo momento de su detención.
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«Creí que al escuchar la sentencia, una cadena perpetua, me quedaría más tranquila, que todo podría terminar, pero no ha sido así», lamentaba a la salida de la lectura del veredicto una profesora que resultó herida en el ataque y que hoy en día continua en terapia. En declaraciones a la radio bávara, recordaba «aquellos momentos en los que Alemania abrió sus puertas a tantos sirios y afganos que llegaban buscando protección» y admitía que «al ver al asesino escuchar la sentencia, con esa frialdad, entiendo todavía menos por qué nos hacen todo esto».
Esta funcionaria había acudido a la manifestación del sindicato Verdi y gritaba consignas con varios compañeros cuando escuchó el motor del Mini Cooper acelerando. Lo siguiente que recuerda es «caos, gente corriendo, algunos cayendo, como fue mi caso, a los pies de la multitud, pasé mucho miedo». Esto sucedía en pleno centro de Múnich. Según la acusación, el condenado condujo «a 34 y hasta 42 km/h» entre coches de policía y se estrelló contra la multitud por la cola de la manifestación».
Amel S. y su hija fueron lanzadas diez metros por el aire debido al impacto y murieron pocos días después a causa de graves heridas en la cabeza. El Mini solo se detuvo porque los neumáticos perdieron tracción a causa de que varias personas habían quedado atrapadas bajo el coche a medida que avanzaba.
«Un campo de escombros humanos»
El juez que ha presidido el juicio, Michael Höhne, ha descrito la escena del crimen como «un campo de escombros humanos con una anchura de doce metros y una longitud de 23 metros». Con la sentencia, el tribunal ha accedido sin restricciones a la petición de la Fiscalía Federal. La defensa, por su parte, había solicitado 15 años de prisión y la adjudicación de su cliente en una sala psiquiátrica, pero esta petición no ha sido atendida por considerarse probado que actuó con sus facultades mentales plenamente activas.
Ninguna muestra de arrepentimiento
Fahrad Noori ha comparecido a la lectura de la sentencia con vestimenta informal, ocultando su rostro de las cámaras mediante una carpeta o portafolios de cartón, como ha hecho durante todo el juicio. El alegado final de la defensa ha insistido en una posible esquizofrenia que no ha podido ser médicamente diagnosticada y sus abogados se han limitado a agradecer al tribunal el «buen trato» recibido, pero no han dado muestras de arrepentimiento. Cuando se le ha preguntado por última vez si se arrepentía de sus actos, Noori ha guardado silencio.
Además, el tribunal ha condenado al acusado por 19 cargos adicionales de daño corporal peligroso y tres cargos de daño corporal intencionado. «El acto delictivo, hay que decirlo claramente, tenía como objetivo la destrucción de vidas humanas», ha insistido uno de los dos representantes de la Fiscalía Federal en su alegación final.

