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Hantavirus, última hora del brote en el crucero MV Hondius, en directo | La mujer ingresada en Alicante por sospechas de hantavirus da negativo en la tercera PCR

La mujer de 32 años aislada desde el pasado viernes en el hospital de San Juan de Alicante por sospechas de hantavirus ha dado por tercera vez negativo en la prueba PCR, ha informado la conselleria valenciana de Sanidad. La mujer, que fue la primera ingresada con sospechas de hantavirus en España, continuará ingresada en el mismo centro sanitario, según lo dispuesto por el Ministerio de Sanidad, y se le repetirá la prueba PCR a los siete días desde la fecha de ingreso. Mientras tanto, España ha fijado el 10 de mayo como inicio de la cuarentena para los aislados en el hospital Gómez Ulla de Madrid, según el criterio de la OMS, aunque la situación será reevaluada a los 28 días (6 de junio) y se podrían flexibilizar las condiciones de la cuarentena, incluyendo visitas externas.

EE.UU. busca un alto el fuego en Ucrania a cambio de levantar las sanciones a Rusia

Zelenski advirtió hace meses que las presiones de Estados Unidos se renovarían al pasar el invierno. Ahora «la situación está a punto de agravarse» debido a la cercanía de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, declaró un funcionario ucraniano a ‘The Kyiv … Independent’. Dice la fuente del rotativo digital que, en función de la situación en la guerra de Irán, los meses de mayo, junio o julio podrían ser complicados para Ucrania en el ámbito diplomático. La Administración Trump quiere resultados tangibles en la guerra europea, pero sin comprometerse con Kiev. Entre bambalinas, la idea de Washington sería negociar un alto el fuego temporal a cambio de eliminar las sanciones a Rusia. «Quieren que Ucrania acepte todo lo posible, o al menos que no se interponga en el camino», afirma el funcionario.
Las rondas de negociaciones a tres bandas propiciadas por Estados Unidos al inicio de este año no han presentado resultados tangibles. A finales de febrero, con la guerra de Washington y Tel Aviv contra Irán, la atención de la Casa Blanca giró hacia Oriente Próximo. Trump volvió a poner el foco en el conflicto europeo el pasado 8 de mayo al anunciar una tregua de tres días con motivo de la celebración del Día de la Victoria en Moscú.

El mandatario estadounidense dijo entonces que le gustaría asentar un alto el fuego prolongado. Ese cese de las hostilidades anunciado por Trump estaba ligado a un intercambio de 1.000 prisioneros por ambas partes. El mismo 9 de mayo, el líder ruso, Vladímir Putin, puso en duda que se fuese a concretar. El pasado lunes, Zelenski dijo que «las listas han sido presentadas y esperamos que la parte estadounidense actúe con diligencia para garantizar la implementación de este acuerdo». El alto el fuego de mayo expiró en la noche de este martes con el lanzamiento de 216 drones por parte de las tropas de Putin.

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Álex Bustos

El asesor de la presidencia rusa, Yuri Ushakov, ha vinculado un mayor avance en las negociaciones de paz a la retirada de las fuerzas de Ucrania de la región de Donetsk, según afirmó el pasado 7 de mayo. Esta es una de las líneas rojas de Kiev. Otro de los asuntos vitales para el país invadido es obtener garantías de seguridad de Estados Unidos antes de firmar cualquier alto el fuego. Otra de las resistencias en el diálogo de paz es el control de la central nuclear de Zaporiyia, la planta atómica más grande de Europa situada en pleno frente de guerra y bajo control ruso desde 2022.
La nueva fórmula de Estados Unidos inquieta a Ucrania. Desde el país invadido entienden que un cese de las hostilidades sin salvaguardas de Washington, sumado a la retirada de sanciones a Moscú, sería una combinación peligrosa que daría oxígeno a los rusos para emprender nuevas ofensivas. Estados Unidos ha insistido hasta el momento en que la cuestión de las garantías de seguridad debería quedar resuelta en los documentos finales.

Kiev teme que un cese de las hostilidades sin garantías de seguridad de la Casa Blanca, junto a un levantamiento de las sanciones, daría oxígeno a Putin

El final de la guerra de Ucrania va a definir la arquitectura de seguridad en Europa. Y en el proceso diplomático en ciernes los países del continente no están presentes. Kiev, que sigue apostando por la implicación de Estados Unidos, quiere que sus socios continentales tengan un papel. El titular de Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, destacó en una cumbre de sus homólogos en Bruselas que «probablemente necesitamos un nuevo papel para Europa en nuestros esfuerzos por la paz». Sybiha propone que la parte europea inicie diálogo con Rusia para lograr un «alto el fuego en los aeropuertos».

Acusado el ex número dos de Zelenski

En paralelo al final de la tregua de tres días, las agencias anticorrupción de Ucrania NABU y SAPO han acusado finalmente de manera oficial a Andrii Yermak, antiguo número dos de Zelenski. Yermak dimitió en noviembre tras las pesquisas en torno al ‘Caso Midas’ –que reveló el blanqueo de capital en torno a la compañía nuclear nacional Energoatom–, y ahora aparece vinculado al desvío de 8,9 millones de dólares (7,5 millones de euros) para la construcción de cuatro mansiones de lujo en Kozyn, al sur de Kiev, por parte de la cooperativa Dinastía.
Los investigadores apuntan que parte de la financiación procede de los esquemas de corrupción de Energoatom. La Fiscalía anticorrupción solicitará una fianza de cuatro millones de euros para Yermak como alternativa a la detención preventiva. El director de NABU, Semen Kryvonos, destacó este martes en rueda de prensa que el presidente Zelenski «no compareció ni comparece en el marco de esta investigación preliminar».

Investigan una carrera clandestina de caballos con disparos de kalashnikov en Sicilia

Lanzaron dos caballos a toda velocidad en una carrera ilegal en las carreteras rurales de Palagonia, en la provincia italiana de Catania, y decenas de motocicletas los siguieron en esta competición clandestina en mitad del campo salpicada de disparos al aire. Es lo … que hicieron varios vecinos de la isla, dos de los cuales han sido denunciados por la Policía de Estado.
Los agentes de la Brigada Montada del Etna comenzaron la investigación tras recibir información de que circulaban en redes sociales vídeos de la carrera, en los que se apreciaba cómo algunos de los participantes disparaban incluso kalashnikov, tal y como informan medios locales.

Los oficiales, junto con médicos del Servicio Veterinario del Departamento de Prevención de la ASP (Autoridad Provincial de Salud), localizaron e inspeccionaron estructuras utilizadas como establos improvisados por los organizadores de la competición ​​en la zona de San Cristóforo.

Las pesquisas revelaron que ambos potros, a pesar de su buen estado físico, no contaban con microchip y se encontraban alojados en dos instalaciones ilegales. El recinto quedó precintado, mientras que los animales fueron confiscados para evitar su uso ilegal en nuevas carreras o incluso su sacrificio.
Tras completar sus comprobaciones, los agentes de Policía de Catania han denunciado a dos personas ante las autoridades judiciales, entre ellas uno de los jinetes. Se trata de dos hombres de 40 y 45 años, respectivamente, que han declarado desconocer a los hombres armados que dispararon al aire el día anterior.
Por su parte, los veterinarios han multado a los propietarios de los establos por no tener los permisos necesarios para mantener a los animales y por no haberlos registrado en una base de datos ni sometido a los controles sanitarios obligatorios.

Un abrazo en Pekín

Acompañado de una corte de 16 altos ejecutivos de compañías tecnológicas, valoradas en billones de dólares, Donald Trump viaja hoy a Pekín. Con él van Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple) y representantes de Meta, Visa o Boeing, entre otros. Mañana el presidente norteamericano se reunirá con Xi Jinping en el intento de atraer inversiones y contratos de productos ‘made in USA’ mientras que el mandatario chino pedirá a cambio una reducción drástica de los aranceles. Trump, más debilitado que nunca por su derrota estratégica en Irán, pedirá a Jinping que presione a Teherán en favor de un acuerdo que permita el desbloqueo del estrecho de Ormuz. Washington ha elevado al máximo las expectativas de esta cita alabando la figura del líder chino. Les resulta imperativa la foto del abrazo en Pekín.

La crisis laborista devuelve al Reino Unido a la inestabilidad del último Gobierno conservador

El motín interno contra Keir Starmer ha devuelto una imagen que el Partido Laborista prometió erradicar cuando regresó al poder en 2024, la de un primer ministro cuestionado por sus propios diputados, dimisiones dentro del Gobierno y una sensación creciente de fragilidad política instalada de … nuevo en Downing Street. Menos de dos años después de la contundente victoria laborista en las elecciones generales, más de 80 parlamentarios del partido reclaman la salida del jefe del Ejecutivo o exigen que fije un calendario para su marcha, mientras más de cien diputados intentan cerrar filas para evitar una batalla por el liderazgo.
La escena resulta familiar para la política británica reciente. Durante los 14 años de gobiernos conservadores, el Reino Unido atravesó una sucesión vertiginosa de primeros ministros. En apenas una década y media, Downing Street estuvo ocupada por David Cameron entre 2010 y 2016; Theresa May entre 2016 y 2019; Boris Johnson entre 2019 y 2022; Liz Truss durante menos de cincuenta días en 2022; y Rishi Sunak entre 2022 y 2024.

David Cameron dimitió tras perder el referéndum del Brexit; Theresa May cayó consumida por la imposibilidad de sacar adelante el acuerdo de salida de la Unión Europea; Boris Johnson fue empujado a abandonar el cargo después de meses de escándalos durante la pandemia; Liz Truss cayó tras el colapso provocado por su programa económico; y Rishi Sunak terminó derrotado en las urnas.

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Rosalía Sánchez

Pero la política británica ya había vivido episodios similares antes de la era del Brexit. Margaret Thatcher, probablemente la dirigente conservadora más influyente del siglo XX británico, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, después de más de una década en el poder.
La victoria laborista de julio de 2024 había sido interpretada como un respiro de la volatilidad. Starmer llegó al poder con una mayoría absoluta de 403 escaños y un mensaje construido sobre la promesa de restaurar la estabilidad institucional, la disciplina gubernamental y la previsibilidad económica.
La rapidez con la que Westminster ha comenzado a cuestionar el liderazgo de Starmer refleja hasta qué punto la política británica parece haber entrado en una etapa de erosión acelerada de la autoridad en uno de los sistemas parlamentarios históricamente más estables de Europa.

Thatcher, la dirigente conservadora más influyente del siglo XX, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, tras una década en el poder

El exministro de Economía ‘tory’ Kwasi Kwarteng declaró a la BBC que la crisis laborista se asemeja al final de la era de Johnson. «Boris se resistía muchísimo a abandonar el cargo. Sentía que todavía tenía más que ofrecer y prácticamente tuvieron que arrastrarlo fuera», afirmó. «Starmer está muy en esa mentalidad. Cree que todavía tiene tiempo». Truss, según dijo, aceptó mucho antes que su posición era insostenible.
La comparación resulta especialmente incómoda para un dirigente que construyó buena parte de su proyecto político sobre el contraste con Johnson y con la turbulenta etapa ‘tory’. Durante la campaña electoral, Starmer insistió en conceptos como «seriedad», «estabilidad» y «gobierno competente».
Dentro de Downing Street, los aliados del ‘premier’ intentan precisamente convertir esa idea de estabilidad en el principal argumento para sostenerlo. El ministro de Defensa, John Healey, afirmó este martes que «la gente está preocupada por los conflictos actuales y las crisis globales que se avecinan», y defendió que «más inestabilidad no beneficia al Reino Unido». Healey añadió que el Gobierno debe concentrarse en «los desafíos económicos y de seguridad inmediatos».
En términos similares se expresó el responsable de Vivienda, Steve Reed, quien advirtió de que «esto no es un juego» y «la inestabilidad tiene consecuencias para la vida de las personas».

De la guerra de Irán a la batalla comercial: Trump se la juega en China

Dos guerras han marcado la política exterior en el segundo mandato de Donald Trump: la de Irán y la de China. La primera, con el músculo militar de Estados Unidos, que busca forzar el fin del programa nuclear de Teherán con bombardeos. La segunda es, … por el momento, comercial, a golpe de arancel, en un intento de la primera potencia mundial por frenar el avance del gigante asiático. La de Irán tiene impacto en el futuro inmediato de Trump y de sus aliados republicanos, con las elecciones legislativas de otoño a la vuelta de la esquina. La de China es una batalla existencial para EE.UU., un enfrentamiento que va a definir el juego de equilibrios global. Ambas guerras están suspendidas en treguas frágiles. Ambas están conectadas por un evento esta semana: la visita de Trump al presidente chino, Xi Jinping, en Pekín.
El presidente salió el martes de Washington, llega a China este miércoles y celebrará encuentros con Xi el jueves y el viernes. Será un viaje de gran calado, en el que Trump se juega mucho y en el que, en un momento de debilidad interna, apunta a mantener la actual ‘détente’ con su gran rival.

El presidente de EE.UU. no ha escondido que Irán será uno de los grandes asuntos sobre la mesa. «Vamos a tener una larga conversación sobre eso», dijo Trump antes desde la Casa Blanca antes de iniciar el viaje. La guerra es una piedra en el zapato para Trump. Es muy impopular en su país: va en contra de sus propias promesas de campaña y ya se nota con fuerza en el bolsillo de los votantes. Y Trump se subió al avión con una noticia negativa: esa mañana se conoció que la inflación creció un 3,8% en abril, el mayor alza en tres años, empujada sobre todo por los precios energéticos. Es decir, una consecuencia directa de uno de los principales escenarios de la guerra: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo y del gas del mundo.

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Milton Merlo

China se ha mantenido hasta ahora al margen, pero podría ser un actor principal en la resolución de la guerra. Es el gran aliado internacional de Irán y su mayor comprador de petróleo. Es decir, su principal financiador. A su vez, la economía china sufre por la asfixia en Ormuz.
«Él quiere que eso ocurra», dijo Trump esta semana sobre Xi y la reapertura del paso marítimo. Es cierto que es un asunto que ya ha sido discutido entre China e Irán. La semana pasada se reunieron en Pekín los ministros de Exteriores de ambos países, Abás Araghchi y Wang Yi, y este último reiteró la importancia de mantener la libertad de navegación en Ormuz.
La guerra ha provocado roces entre EE.UU. y China. El gigante asiático ha sido una pieza clave en el desarrollo del programa de misiles iraní y la Administración Trump ha tratado de evitar que China envíe balones de oxígeno a lo que queda del régimen de Teherán. Pero lo ha hecho sin agresividad. Por ejemplo, Trump amenazó con imponer aranceles del 50% a China después de que hubiera informaciones de un envío inminente de sistemas de defensa a Irán. Luego dijo que había recibido una carta de Xi en la que negaba el envío de armamento y dio marcha atrás. Poco después aseguró que en un barco chino interceptado por la Armada de EE.UU. había un «regalo» para Irán, pero no dio más explicaciones.

«No necesito la ayuda de China con Irán, ganaremos de una manera u otra»

Donald Trump
Presidente de EE.UU.

EE.UU. también ha buscado sancionar a China por asistencia a Irán en estos meses. Por ejemplo, a refinerías acusadas de recibir petróleo iraní sancionado. La semana pasada, también anunció sanciones a tres compañías chinas por proporcionar imágenes satelitales para ataques con misiles de Irán. Pekín ha respondido desafiante y ha dicho que no reconoce las sanciones.
«No necesito la ayuda de China con Irán, ganaremos de una manera u otra», dijo Trump antes de viajar. Pero es evidente que buscará presionar a Xi sobre Teherán. Aunque tampoco lo apostará todo a esta batalla. Necesita priorizar la guerra de fondo, la relación comercial con su gran competidor. «No queremos que esto (las presiones sobre Irán) haga descarrilar la relación o los acuerdos que puedan salir de nuestro encuentro en Pekín», aseguró el representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, a Bloomberg.

Musk completa su reconciliación con el presidente: le acompaña a Pekín

Donald Trump se presentará en China escoltado por un grupo de grandes ejecutivos estadounidenses, dentro de un viaje decisivo para su Gobierno pero también para las multinacionales estadounidenses, que en muchas ocasiones se encuentran entre dos aguas en la guerra comercial del inquilino de la Casa Blanca. Junto a él estarán figuras de la importancia de Tim Cook, todavía consejero delegado de Apple; Larry Fink, que está al frente de Blackstone, la mayor firma de inversión del mundo; Kelly Ortberg, de Boeing, que se juega un contrato multimillonario para la construcción de aviones; o David Solomon, consejero delegado de Goldman Sachs, entre otros. Pero ninguno destaca tanto como Elon Musk, una figura clave en el regreso de Trump a la Casa Blanca, tanto como financiador y apoyo de su campaña, como por su protagonismo en sus primeros meses en la Casa Blanca. Su relación acabó hecha trizas, pero su presencia en el viaje muestra que la reconciliación es total.

Trump acude a la capital china en busca de acuerdos económicos, aunque sean limitados, que le den victorias internas, como contratos de exportación de soja, algo clave para su electorado rural. Y con la intención de prorrogar una tregua incómoda. El presidente de EE.UU. no parece dispuesto a una guerra comercial total con China, para la que parece no tener las armas suficientes.
Por un lado, Xi ha demostrado con suficiencia que no se va amilanar con la agresividad arancelaria de Trump. Lo demostró en la escalada de aranceles que ambas potencias protagonizaron el año pasado, cuando el presidente de EE.UU. inició su segundo mandato decidido a rediseñar el comercio global a golpe de tasas. El castigo mutuo acabó en un embargo técnico que no beneficia a ninguno de los dos. Y Xi encontró un arma clave: los minerales raros, de los que depende buena parte de la industria tecnológica de EE.UU., y a los que ha cortado el grifo como represalia a los aranceles de Trump.
Además, el presidente de EE.UU. se enfrenta a las discusiones comerciales disminuido por el impacto de las decisiones judiciales en su país. El pasado febrero, el Tribunal Supremo tumbó la mayoría de los aranceles que impuso el año pasado. Y, la semana pasada, un tribunal federal hizo lo mismo con la tasa global del 10% que Trump aprobó como alternativa mientras busca otra avenida legal para sus aranceles.
En la cumbre se tratarán otros asuntos: desde los más sensibles, las ventas de armas de EE.UU. a Taiwán; a los que definirán el futuro, como la regulación de la inteligencia artificial. Trump, como siempre, se mostró optimista sobre lo que logrará con Xi. «Él es amigo mío, es alguien con quien me llevo bien. Van a ocurrir cosas buenas», auguró. En Pekín se verá si los deseos se convierten en realidad.