Milei se escuda en Trump para reivindicar su soberanía sobre las Malvinas
Javier Milei ha encontrado en Donald Trump y en su alianza con él una oportunidad inesperada para relanzar la vieja reivindicación argentina sobre las islas Malvinas. El presidente argentino aprovechó este jueves el deterioro de la relación entre la Casa Blanca y Reino Unido, … especialmente por la negativa británica a acompañar a EE.UU. en su campaña militar contra Irán, para anunciar nuevas y duras sanciones contra las compañías que exploten petróleo alrededor del archipiélago sin autorización previa de Buenos Aires.
Esta decisión llega después de que Trump haya introducido una ambigüedad poco habitual en la posición estadounidense sobre las islas. Hoy por hoy, EE.UU. reconoce de facto la administración británica, pero formalmente no toma partido sobre la soberanía y ha defendido durante décadas una solución pacífica y negociada entre Londres y Buenos Aires. Preguntado esta semana en la Casa Blanca sobre si estaba revisando esa posición, Trump respondió: «Siempre reviso todas las posiciones. Esa es una de muchas». No anunció ningún cambio de política, pero tampoco quiso cerrar la puerta a hacerlo.
Puede parecer poco, uno de esos comentarios que Trump hace a menudo sin desarrollar demasiado el asunto. Pero para Argentina, metida además este verano en una polémica futbolística por la misma cuestión de las Malvinas, no lo es. La Asociación del Fútbol Argentino, AFA, fue sancionada por la FIFA con multas por un total de 321.000 dólares por distintas infracciones durante el Mundial, entre ellas utilizar un acontecimiento deportivo para «manifestaciones de índole distinta a la deportiva», al exhibir los jugadores en la semifinal con Inglaterra una pancarta reivindicando que las islas son argentinas.
Noticia relacionada
Guadalupe Piñeiro Michel
Milei presentó las palabras de Trump como una prueba de que su estrecha alianza con la Casa Blanca empieza a producir resultados. «Estados Unidos está considerando este cambio de posición porque sabe que Argentina tiene un socio fiable, alineado con los valores occidentales, en una posición estratégicamente importante que puede ser un aliado valioso en las próximas décadas», dijo en un discurso grabado y televisado, rodeado de su Gobierno. El presidente argentino habló incluso de «vientos de cambio» favorables a su reivindicación, aunque por ahora esos vientos se limitan a declaraciones de Trump y no a una modificación formal de la política estadounidense.
La oportunidad para Milei se produce además en un momento particularmente delicado entre Trump y el Gobierno británico. En una entrevista emitida esta semana en Reino Unido, el presidente estadounidense volvió a reprochar a Londres que no hubiera enviado barcos para apoyar la ofensiva contra Irán. «Vuestro país no estuvo allí para ayudarme», dijo, al recordar que había solicitado buques británicos para la operación. Trump evitó además garantizar de forma clara que EE.UU. acudiría automáticamente en ayuda de Reino Unido en una hipotética nueva crisis territorial con Argentina por las islas. Es precisamente esa grieta, abierta por una disputa que en realidad tiene poco que ver con las Malvinas, la que Milei intenta aprovechar.
Y lo hace utilizando el petróleo. El centro inmediato de la disputa es Sea Lion, un proyecto de extracción situado unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, impulsado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum. Sus promotores prevén comenzar a producir en 2028 y las estimaciones citadas por Reuters sitúan los recursos del proyecto en torno a 1.700 millones de barriles. Argentina considera ilegal la explotación porque se realiza en aguas cuya soberanía reclama Buenos Aires; las compañías, por su parte, sostienen que disponen de licencias válidas concedidas por las autoridades de las islas.
Newsletter
«Argentina no se quedará de brazos cruzados», advirtió Milei. El presidente anunció que acelerará las sanciones ya previstas contra las compañías que participen en proyectos de explotación de recursos sin autorización argentina y que ampliará el alcance de esas penalizaciones a proveedores, accionistas y directivos vinculados a esas operaciones. Las empresas implicadas podrían además encontrarse con restricciones para operar o contratar dentro de Argentina. El objetivo es elevar el coste financiero y empresarial de cualquier explotación petrolera en las aguas que Buenos Aires considera propias.
Argentina cuenta desde hace décadas con un amplio respaldo latinoamericano a la apertura de negociaciones sobre la soberanía de esas islas, pero eso no equivale a que la comunidad internacional reconozca de forma generalizada que las islas sean argentinas. Naciones Unidas reconoce desde hace décadas la existencia de una disputa entre Argentina y Reino Unido y ha instado a las dos partes a negociar, pero no atribuye la soberanía a Buenos Aires. Esa diferencia es importante porque el discurso político argentino suele presentar la reivindicación como un derecho ya resuelto, cuando internacionalmente la cuestión continúa siendo una controversia entre dos Estados.
Las Malvinas llevan bajo administración británica desde 1833, salvo los 74 días de ocupación argentina durante la guerra de 1982. Buenos Aires sostiene que heredó de España los derechos sobre el archipiélago tras su independencia y que Reino Unido expulsó posteriormente a las autoridades argentinas. Londres sostiene que sus derechos históricos son anteriores y, sobre todo, basa hoy su posición en el supuesto derecho de autodeterminación de los habitantes de las islas.
El giro de Milei en las islas
En 1982, la dictadura militar argentina intentó arreglar las cosas por la fuerza. Ocupó las islas el 2 de abril y Margaret Thatcher decidió recuperarlas militarmente. Londres envió una gran fuerza naval a miles de kilómetros de Reino Unido y, después de algo más de dos meses de guerra, las tropas argentinas se rindieron. Murieron 649 militares argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños. La derrota dejó una herida muy profunda en Argentina y convirtió a Thatcher en una figura especialmente detestada allí, aunque Milei, de forma poco habitual para un dirigente argentino, ha expresado abiertamente su admiración por ella.
Esa admiración hace más llamativo el giro actual. En mayo de 2024, Milei hablaba de las Malvinas con bastante más realismo. Admitió en una entrevista con la BBC que las islas estaban «en manos del Reino Unido», descartó cualquier solución inmediata y reconoció que una eventual recuperación de la soberanía podía tardar décadas. «No vamos a renunciar a nuestra soberanía, ni vamos a buscar un conflicto con Reino Unido», dijo entonces. Incluso aceptó que Londres ejerciera mientras tanto el control efectivo del territorio y habló de una negociación «a largo plazo».
En mayo de 2024, Milei admitió que las islas estaban «en manos del Reino Unido» y reconoció que una eventual recuperación podía tardar décadas
Dos años después, la posición de Milei se ha endurecido notablemente. No porque haya cambiado la situación jurídica o militar de las islas, sino porque ha cambiado la situación política en Washington. Trump mantiene una relación muy estrecha con Milei y, al mismo tiempo, ha deteriorado sus relaciones con Londres por el gasto en defensa, la OTAN y, ahora, la negativa británica a participar en la campaña contra Irán. Milei intenta convertir esa circunstancia coyuntural en una ventaja diplomática.
Soberanía y defensa en el sur
El presidente argentino anunció además más recursos para avanzar en la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego, frente al Atlántico Sur. El proyecto no nació con su Gobierno y comenzó a desarrollarse antes de su llegada al poder, pero Milei quiere acelerarlo y presentarlo como parte de una estrategia más amplia para aumentar la presencia argentina cerca de las Malvinas y de la Antártida. «Un país pobre y sin Fuerzas Armadas difícilmente puede avanzar de manera efectiva en sus reivindicaciones de soberanía», afirmó.
El principal obstáculo para Buenos Aires sigue estando, sin embargo, en las propias islas. En el referéndum celebrado en 2013, el 99,8% de los votantes respaldó mantener el estatus de territorio británico de ultramar. Londres considera ese resultado una expresión inequívoca del derecho de autodeterminación de los isleños y sostiene que no negociará su soberanía contra la voluntad de quienes viven allí. Argentina rechaza ese argumento y sostiene que una población implantada después de la ocupación británica no puede resolver por sí sola una disputa territorial anterior.
Así, pese al tono de Milei y a las nuevas dudas introducidas por Trump, la posibilidad de que las Malvinas cambien de soberanía a corto plazo sigue siendo muy remota. Reino Unido mantiene el control político y militar de las islas, sus habitantes quieren continuar bajo soberanía británica y Londres ha respondido ya a las palabras de Milei insistiendo en que su posición es «inquebrantable».
Pese al tono de Milei y a las nuevas dudas introducidas por Trump, la posibilidad de que las Malvinas cambien de soberanía a corto plazo sigue siendo muy remota
Pero la reivindicación tiene otra utilidad para Milei. Las Malvinas son una de las pocas cuestiones capaces de atravesar las muy profundas divisiones políticas argentinas. El presidente se enfrenta a elecciones el próximo año y en su discurso del jueves abandonó deliberadamente buena parte de su beligerancia habitual contra la izquierda. No hubo prácticamente insultos a sus adversarios y tampoco terminó con su conocido «Viva la libertad, carajo». Buscó un tono institucional y una apelación a la unidad nacional. «Podemos discutir sobre mi estilo. Podemos discrepar sobre política fiscal o cambiaria», dijo. «Pero hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Las Malvinas son una de ellas».
La apuesta política es bastante clara. Milei quiere convertir su cercanía con Trump, criticada durante años por sus adversarios como excesivamente subordinada a Washington, en una demostración de que esa relación puede ofrecer resultados concretos y positivos para Argentina.

