El mismo día en que María Corina Machado fue recibida por Donald Trump en la Casa Blanca, el presidente estadounidense envió a Caracas al director de la CIA, John Ratcliffe, para reunirse con Delcy Rodríguez. El viaje, revelado este … viernes por ‘The New York Times’ y confirmado por la CNN, expone con nitidez la estrategia dual de la Administración estadounidense tras la captura de Nicolás Maduro. Por una parte, da un respaldo simbólico a la oposición democrática y, por la otra, hace una apuesta operativa por una transición controlada encabezada, de momento, por una figura emergida del propio chavismo.
La reunión entre Ratcliffe y Rodríguez convierte al director de la CIA en el funcionario estadounidense de mayor rango y el primer miembro del gabinete que visita Venezuela desde la operación militar que, hace casi dos semanas, culminó con la detención de Maduro en Caracas. Según fuentes de la Administración citadas por ‘The New York Times’, el viaje se produjo por instrucción directa de Trump, quien un día antes había hablado por teléfono con Rodríguez y, horas después, recibía a Machado en Washington.
De acuerdo con esas fuentes, Ratcliffe trasladó a la presidenta interina venezolana el mensaje de que Estados Unidos aspira a una «relación de trabajo mejorada». Durante el encuentro se abordaron cuestiones de cooperación en inteligencia, estabilidad económica y la exigencia de que Venezuela deje de ser un refugio para los adversarios de Washington, en especial para las redes de narcotráfico. Un funcionario estadounidense, citado bajo anonimato por el diario neoyorquino, señaló que el objetivo del encuentro era generar confianza y facilitar una coordinación más estrecha entre ambos gobiernos.
En el seno de la Administración Trump, la visita se interpreta como un aval explícito al papel de Rodríguez como garante de estabilidad en el corto plazo. Analistas de la CIA habían concluido ya el pasado verano que mantenerla al frente del Ejecutivo interino era la mejor vía para evitar que el país «descendiera hacia una situación caótica», según un alto cargo estadounidense citado por ‘The New York Times’. En esas evaluaciones internas es descrita como una dirigente pragmática, más inclinada a la negociación que a la confrontación ideológica.
Ese enfoque no es nuevo. Desde hace meses, altos responsables estadounidenses debatían cómo gestionar el escenario posterior a la salida de Maduro. En paralelo a la preparación de una ofensiva antidroga que incluía operaciones navales contra embarcaciones sospechosas y que acabaría desembocando en la captura del líder chavista, se discutía intensamente cómo evitar un colapso institucional. En esos debates pesó de forma decisiva el precedente de Irak, citado de manera recurrente como un error que no debía repetirse: la desarticulación completa del Estado y de las fuerzas de seguridad tras la caída de Sadam Husein, seguida de años de insurgencia e inestabilidad.
Fuentes gubernamentales citadas por ‘The New York Times’ explican que ese paralelismo llevó a descartar una ruptura total del aparato del Estado venezolano, incluso si ello implicaba frenar, al menos temporalmente, las aspiraciones de la oposición. En informes de Inteligencia distribuidos entre los máximos responsables políticos se subrayaba que Rodríguez conservaba capacidad de mando sobre las fuerzas de seguridad, podía garantizar el funcionamiento de infraestructuras críticas y ofrecía un interlocutor reconocible para Estados Unidos y otros actores internacionales.
Contactos con el chavismo
La dirigente venezolana ya había participado en contactos discretos con Richard Grenell, enviado especial de Trump, en intentos previos de negociar una salida pactada de Maduro. Aunque no se alcanzó ningún acuerdo, personas conocedoras de esas conversaciones señalaron al diario neoyorquino que Rodríguez se mostró pragmática y dispuesta a explorar puntos de entendimiento con Washington.
La apuesta estadounidense por Rodríguez ha generado malestar entre sectores de la oposición venezolana. Sus seguidores esperaban que, tras la captura de Maduro, Washington impulsara la llegada al poder de Edmundo González, aliado de Machado y vencedor de las elecciones de 2024 según expertos electorales internacionales. Maduro se negó entonces a reconocer el resultado y permaneció en el poder hasta su detención. Para parte de la oposición, el respaldo operativo a Rodríguez supone una señal contradictoria, pese al gesto político que supone la recepción de Machado en la Casa Blanca.
La propia coincidencia de agendas el jueves ilustra esa calculada ambigüedad. Mientras Machado buscaba reforzar su posición como referente democrático y entregaba a Trump su medalla del Nobel de la Paz como gesto simbólico, la Administración estadounidense consolidaba sobre el terreno su relación con la presidenta interina. Según fuentes citadas por CNN, ambos movimientos responden a una misma lógica: mantener abiertas todas las opciones sin comprometer la estabilidad inmediata del país.
Desde la operación militar, Trump ha hablado poco de un calendario concreto para restaurar la democracia en Venezuela y ha puesto el acento en la dimensión económica y de seguridad. El presidente ha insistido en el papel que podrían desempeñar las empresas estadounidenses en el sector petrolero y ha llegado a afirmar que Estados Unidos asumirá ‘de facto’ la gestión de esa industria estratégica. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha reiterado su compromiso con una transición democrática, aunque ha reconocido que la oposición carece hoy de una implantación efectiva dentro del país.