Un «secuestro» por 40 millones, amenazas entre mandatarios y una riña de la UE: la difícil vecindad de Orbán y Zelenski
La relación de vecindad entre Ucrania y Hungría se ha convertido en un constante reguero de desencuentros. Una vez más, sus mandatarios, Volodímir Zelenski y Víctor Orbán, han escenificado su antipatía mutua en un episodio que involucra amenazas cruzadas, un «secuestro» por 40 … millones de dólares y una reconciliación forzada tras la riña de la UE.
Este jueves el Ministerio de Exteriores ucraniano condenó la detención de siete empleados de una entidad bancaria ucraniana en Budapest. Según se denuncia, «operaban dos furgones blindados que transitaban entre Austria y Ucrania y transportaban efectivo como parte de los servicios regulares entre bancos estatales» cuando fueron interceptados por las fuerzas del orden húngaras. Efectivo por valor de «40 millones de dólares, 35 millones de euros y 9 kilos de oro», aclaró Oschadbank, el banco en cuestión.
Ucrania ha decidido no dejar pasar este incidente, al que califica como «terrorismo de Estado y extorsión», y ha anunciado el «inicio un proceso penal por la toma de rehenes y el secuestro de un vehículo». «Estamos hablando de que Hungría ha robado dinero», afirmó contundente el ministro de Exteriores. «Si esta es la fuerza anunciada por Orbán, entonces se trata de la fuerza de una banda criminal».
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Enrique Serbeto
Pero, ¿a qué anuncio se refiere? Las horas posteriores al incidente estuvieron marcadas por un tremendo intercambio de amenazas entre Zelenski y Orbán, en una escalada que ha cogido la pendiente en las últimas semanas. Pero antes es necesario hablar de la guerra que lo empezó todo.
A finales de febrero se cumplieron cuatro años desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, un conflicto enquistado que atraviesa a Europa, con una división clara entre dos ejes. El primero, liderado por las potencias pertenecientes a la OTAN, como Francia, Alemania, Reino Unido o España, que favorecen a Ucrania, y el segundo liderado por la Rusia de Putin, apoyada por mandatarios alineados con sus intereses como los de Bielorrusia, Eslovaquia y la propia Hungría.
Esta fragmentación no es tan solo un problema de posicionamientos, ya que el pasado 24 de febrero, aniversario de la contienda, Hungría vetó en el Parlamento Europeo el vigésimo paquete de ayuda económica a Ucrania, de 90.000 millones de euros, además de nuevas sanciones a Rusia. Un gesto con consecuencias nefastas para el país agredido y que evidencia el poder y alcance de los tentáculos de Putin en la Europa Oriental.
«Esperamos que una sola persona en la Unión Europea no bloquee los 90.000 millones», dijo Zelenski el jueves durante una rueda de prensa. «De lo contrario, daremos la dirección de esta persona a nuestras Fuerzas Armadas, para que puedan llamarlo y comunicarse con él en su propio idioma», continuó con su amenaza contra Orbán sin citarlo, que sin ser del todo clara, puede considerarse seria.
El oleoducto ruso, al fondo de la disputa
Sin embargo, Hungría alega motivos propios para justificar el bloqueo. El oleoducto ruso Druzhba, principal vía de suministro de petróleo de su país y de Eslovaquia, resultó gravemente dañado en enero. Este conducto, casualmente, pasa por Ucrania, que estima en al menos un mes y medio la reparación, aunque se ha mostrado abiertamente en contra de recuperarlo. Ahora mismo en Bruselas hay quejas cruzadas de ambas partes, que se han llegado a acusar de «chantaje».
Esta situación, con las elecciones presidenciales húngaras el próximo abril, provoca la furia de Orbán, que aseguró el jueves que utilizaría «todos los medios» para recuperar ese suministro. Sin él, el país se ve abocado a una subida de precios de la energía y el carburante. «Hemos detenido los suministros de gasolina y diésel a Ucrania y también detendremos el tránsito por Hungría de mercancías importantes para Kiev hasta que recuperemos la ruta del petróleo», añadió el mandatario.
La Unión Europea, si bien se inclina por impedir cualquier suministro de gas o petróleo ruso a países miembro, todavía estudia cómo conciliar posturas contrarias en su seno, presionada por unos y otros. Lo que sí que tiene claro es que la tensión verbal podría somatizarse en derivadas peligrosas y desconocidas. «Ese tipo de lenguaje no es aceptable. No debe haber amenazas contra los Estados miembro de la UE», ha reñido el portavoz de la Comisión a Zelenski, con mención explícita, al que ha llamado a la calma y ha pedido «rebajar la retórica».
«Ese tipo de lenguaje no es aceptable. No debe haber amenazas contra los Estados miembro de la UE»
Finalmente, este viernes Budapest ha anunciado la expulsión de los siete detenidos, uno de ellos es un antiguo general de los servicios secretos de Ucrania, según ha asegurado el portavoz del Ejecutivo. «Desde enero, 900 millones de dólares y 420 millones de euros en efectivo, así como 146 kilos de oro han sido transferidos a través de Hungría a Ucrania», ha advertido. Un dinero que las autoridades investigan como parte de la «mafia de guerra ucraniana».
Aunque las aguas del convulso río de la convivencia entre ambos vecinos hayan vuelto momentáneamente a su cauce, todavía queda por librar una de las disputas más tensas: la buscada entrada de Ucrania en la Unión Europea. Un paso sobre el que Orbán ya ha marcado posición: «No lo permitiremos».

