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La traidora y el sinvergüenza

Lo histórico aquí no es la reunión, sino la desvergüenza. Mientras María Corina Machado, la líder de la oposición democrática en Venezuela, intentaba regresar a su país, todavía secuestrado por una dictadura reconvertida en colonia petrolera de Estados Unidos, el presidente Donald Trump y Delcy … Rodríguez, la sucesora de Nicolás Maduro y presidenta encargada de Venezuela, coronó su pacto de obediencia y sumisión con un encuentro en personal llevado a cabo ayer en Nueva York.
La foto es nauseabunda. Demuestra lo que ya sabíamos: que Delcy Rodríguez es una traidora y Donald Trump un sinvergüenza. Traidora ella porque incumplió con la Revolución a la que decía defender y también con los venezolanos a quienes ahora desposee doblemente: de la libertad y del petróleo que entrega para salvar su propio pellejo. Traidora ella, insisto, y sinvergüenza él. Por codicioso, inmoral y saqueador. También por corruptor del sistema democrático de su propio país, al que ha sumido en el delirio, la persecución de inmigrantes, la neurastenia de la pureza identitaria y los nacionalismos más aberrantes. Sinvergüenza, payaso e irresponsable. Eso es Donald Trump: un patrocinador de sátrapas, da igual que estén en Irán, el Kremlin o Caracas.

Tras la salida de Maduro, la prioridad de Washington dejó de ser impulsar una transición democrática profunda en Venezuela para garantizar la continuidad de la producción petrolera y contener nuevos flujos migratorios. La ecuación, puesta en escena en esta foto, es indecente, vejatoria y lamentable: una dictadura sanguinaria se mantiene en pie con ayuda de una potencia extranjera gobernada por un presidente iliberal a quien, además, resulta evidente que le falta si no un tornillo, pues sí el juego entero de tuercas. Con esta actitud, Estados Unidos representada en ese sujeto desconoce la voluntad popular de una nación de la cual sólo desea su petróleo y da un paso adelante en la desestabilización política de una región asolada primero por los populismos de izquierdas y ahora por los de derechas.
La participación de Delcy Rodríguez en una Asamblea General de la ONU dispuesta a blanquear sus atrocidades, unida a su retrato haciendo el signo de la victoria junto al presidente de Estados Unidos, aporta una fotografía mayúscula de la miseria geopolítica que Trump encarna como patrocinador de un mundo moralmente averiado. El intento fallido de María Corina Machado de regresar al país, el séptimo según informa David Alandete (ojo avizor y escrutador de cuanto ocurre entre Washington y Caracas) deja muy clara una lucha desigual y agotadora de un país que intenta levantarse y mirar al futuro frente a otro que vive en una ruina económica, moral y política que fue útil al chavismo primero y a Donald Trump ahora.
Vergüenza, repudio y asco. Vaya forma de disponer y lucrarse de la desgracia de un pueblo vejado por todos cuantos han querido disponer de sus arcas: desde José Luis Rodríguez Zapatero, enriquecido de manera obscena y grotesca gracias a sus turbios negocios con la PDVSA de Maduro y sus delincuentes, hasta el hombre de pelo de estropajo al que ahora la mitad del planeta le ríe las gracias y la otra le aplaude las inmoralidades. Asco, vergüenza, repudio. Qué más puede quedar de toda esta basura sino un grueso y amargo esputo de dolor y rencor. Menuda foto. Vaya asco de estampa.

El Sáhara copa el discurso de Marruecos en la ONU, sin referencias a Ceuta ni a la crisis migratoria

El Sáhara ha ocupado buena parte del discurso de Marruecos este martes ante la Asamblea General de la ONU. El ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, ha presentado la disputa como un proceso que, a juicio de Rabat, avanza ya por un «camino irreversible» hacia una solución basada en la autonomía bajo soberanía marroquí. En cambio, no ha hecho ninguna referencia a Ceuta ni a la crisis migratoria con España.El discurso marroquí ocurre apenas unas horas después de que Pedro Sánchez asegurara por primera vez que el mecanismo de control de Rabat de la frontera «falló». El presidente del Gobierno ha afirmado en una entrevista con la cadena CNN desde Nueva York que para el Ejecutivo resulta «evidente» que el dispositivo de control marroquí no funcionó durante la entrada masiva y aseguró que España ha pedido a Marruecos «respuestas y acciones» para esclarecer lo ocurrido y evitar que vuelva a repetirse.Bourita,  ha situado como punto de inflexión la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, aprobada en octubre de 2025. «Desde entonces, esta disputa regional se ha embarcado en un camino irreversible, rompiendo con el pasado y mirando al futuro con vistas a su resolución final», ha afirmado.El jefe de la diplomacia marroquí ha insistido en que, según la interpretación de Rabat, «no hay solución fuera del marco de la autonomía bajo soberanía marroquí» y ha rechazado el «mantenimiento del statu quo». Para reforzar ese mensaje, ha asegurado que «el tren de la solución política ya ha partido».También ha cuestionado la «credibilidad» de quienes, según ha sostenido, incumplen el alto el fuego y rechazan respetar la resolución del Consejo de Seguridad. Bourita ha defendido que sus principios y parámetros «no admiten interpretación, ni lectura entre líneas, ni en los márgenes».La situación de la población saharaui refugiada en los campamentos de Tinduf, en Argelia, ha sido otro de los ejes de su intervención. El ministro ha afirmado que «no puede haber tolerancia» con su mantenimiento «como rehenes durante medio siglo, en violación flagrante del derecho internacional» y humanitario.Además, ha expresado su deseo de que los habitantes de las que Marruecos denomina «provincias saharauis» participen en las elecciones legislativas del reino, como, ha dicho, ya hicieron en anteriores ocasiones.Fuera de la cuestión saharaui, Bourita ha rechazado la imagen de África como un continente dominado por los conflictos y ha centrado parte de su intervención en los grupos armados no estatales, a los que ha considerado una amenaza para la seguridad internacional. Ha reclamado responsabilidades y sanciones tanto para estas organizaciones como para quienes las apoyan.En relación con Oriente Próximo, ha defendido la solución de dos Estados para Palestina e Israel, ha pedido respeto al alto el fuego en Gaza y ha respaldado el papel de la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos. También ha señalado que Marruecos participa desde julio en una fuerza internacional de estabilización en el enclave.

Delcy guarda silencio sobre su posible visita a Maduro a la cárcel

Desde su captura el pasado enero, Delcy Rodríguez nunca ha estado tan cerca de Nicolás Maduro como esta semana, durante su visita al arranque de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Desde la sede de la ONU en Manhattan, solo hay … que salvar el East River y conducir durante veinte minutos para llegar al Metropolitan Detention Center, la cárcel federal en la que espera juicio el que fuera jefe de la actual presidenta interina de Venezuela.
De momento, Delcy guarda silencio sobre una posible visita a Maduro en la cárcel. En la mañana de este martes, el día de mayor intensidad diplomática de la semana, la mandataria chavista fue preguntada al respecto a la salida de su hotel de lujo en el Midtown de Manhattan. Ella mantuvo silencio, hizo caso omiso y se metió de inmediato en la limusina de seguridad que la conduciría a la sede de la ONU.

La visita de Delcy a Maduro sería una operación de gran complejidad logística, con la seguridad que rodea a una jefa de Estado y con la necesidad de la autorización previa de las autoridades penitenciarias de EE.UU.

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Arranca la Asamblea General

Javier Ansorena

La agenda de la sucesora de Maduro se lo permitiría. Su discurso ante el pleno de la Asamblea General de la ONU no está previsto hasta el mediodía -por la noche en España- del jueves. Aunque es habitual que durante el transcurso de la semana las fechas y horas varíen.
Haya o no visita a Maduro, la situación del que fuera presidente de Venezuela y su entonces vicepresidenta es un ejercicio de contraste. El exdictador venezolano está recluido en una cárcel con condiciones horribles, que ha sido calificada como un «infierno en la tierra». Lleva allí ocho meses y medio y le quedan muchos más por delante, al menos mientras se prepara su juicio, un proceso largo y engorroso.
Delcy, mientras tanto, se codeaba este martes con la plana mayor de la comunidad internacional, elevada por la nueva relación forjada con Donald Trump, basada en el restablecimiento de relaciones desde el acceso de EE.UU. a parte de las reservas de petróleo de Venezuela.

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Ella será la primera persona al frente de la jefatura de Estado venezolana en hablar a la ONU desde 2018 -cuando lo hizo Maduro- y nada más llegar a la ONU fue recibida y saludada por el secretario general de la ONU, António Guterres. Según el portavoz de Guterres, ambos discutieron «reformas económicas en marcha, reestructuración de deuda, iniciativas de diálogo y de cooperación entre la ONU y Venezuela, incluidos asuntos de derechos humanos». Y el martes por la tarde escenificará su alianza con Trump con un encuentro en persona durante la recepción que cada año ofrece EE.UU. a los jefes de las delegaciones que acuden a Nueva York.

Trump intenta un 'blitz' diplomático en la ONU para lograr los éxitos que se le resisten en Irán y Ucrania

Donald Trump aseguró este martes ante la comunidad internacional reunida en la Asamblea General de la ONU que su capacidad para acabar con guerras -un logro discutido en su alcance y compensado con otros conflictos que él mismo ha desatado- se debe a «mi uso … de mis relaciones personales, relaciones muy especiales». Es innegable que el presidente de EE.UU. ejecuta una diplomacia personalísima: delegada a negociadores de su círculo íntimo -su yerno, Jared Kushner, su amigo, Steve Witkoff-, alejada de los foros multilaterales, confiada en su genio para cerrar tratos, con la dinámica del palo y la zanahoria y bajo la sombra de la estrategia del ‘mad man’, el hombre loco impredecible.
Las alfombras de la sede de la ONU en Nueva York y las decenas de actos, conferencias y recepciones que se organizan en sus márgenes son el escenario ideal para esta diplomacia. Esta semana, los mandatarios de todo el mundo se cruzan por los pasillos del edificio a la orilla del East River y Trump lo aprovechó este martes: desató un ‘blitz’ de su diplomacia personal para lograr los éxitos que se le resisten en las dos principales guerras que afectan al mundo: las de Irán y Ucrania. El multimillonario neoyorquino, en su optimismo proverbial, aseguró que los acuerdos están muy cerca. Pero Trump mezcla de forma habitual la realidad con sus deseos.

Esa actividad frenética arrancó en cuanto el presidente de EE.UU. bajó del podio de la Asamblea General, donde había dicho que tiene por delante una «gran decisión que tomar»: si debe o no «aniquilar» Irán si el régimen de Teherán no llega a un acuerdo aceptable para poner fin a la guerra.

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Javier Ansorena

Frente a esa amenaza -poco habitual en el foro en el que se busca la paz y la concordia mundiales-, Trump cambió el tono poco después y aseguró que las negociaciones con Irán van viento en popa. Detalló que Witkoff y Kushner se habían reunido «durante tres horas» con una delegación iraní, liderada por su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi.
El encuentro fue «muy productivo» dijo Trump. «Creo que hay mucho impulso por su parte para llegar a un acuerdo. Eso es lo que hemos escuchado hoy», añadió y aseguró que habría otra reunión similar a corto plazo.
Según la televisión estatal iraní, el encuentro fue solicitado por EE.UU. y estuvo dominado por las condiciones que Teherán busca imponer para la reapertura del Estrecho de Ormuz, pieza clave del impacto global de la guerra, el paso marítimo asfixiado por el conflicto y por donde pasan una quinta parte del petróleo y del gas globales.

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En cualquier caso, la realidad es que no se producía un encuentro en persona entre negociadores iraníes y estadounidenses desde junio, cuando se alcanzó un memorándum de entendimiento que luego naufragó por la exigencia de Irán de tener Ormuz bajo su control.
Y hubo más movimientos en Nueva York. Trump también tuvo una reunión con un grupo de nueve países árabes, quienes más interés tienen en que se ponga fin a la guerra. Ellos son quienes más sufren el impacto militar y económico del conflicto. A su vez, Araghchi también se reunió con el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, primer ministro de Qatar, un mediador clave con EE.UU.

Donald Trump, reunido con los líderes de Irak, Turquía, Jordania, Catar, Siria y Egipto.

(AFP)

Trump hizo algunas de estas declaraciones sobre Irán con la compañía de un gran protagonista del otro conflicto: Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, que mantuvo una reunión bilateral con el multimillonario neoyorquino. Mientras que la guerra de Irán está en un ‘impasse’ de guerra económica con operaciones militares esporádicas, la de Ucrania vive una de sus fases más duras desde que Rusia la desató hace cuatro años y medio.
«Creo que vamos a llegar a un acuerdo», dijo Trump sobre esta segunda guerra. «Hemos hablado mucho sobre ello, también con el presidente Putin», añadió en referencia al presidente de Rusia. Este mes, Witkoff y Kushner viajaron a Moscú para verse con Vladimir Putin y tratar de reabrir un proceso negociador congelado durante meses.
«Va a ocurrir algo», dijo confiado Trump. Pero es la misma persona que en campaña pronosticó que lograría el fin de la guerra «en 24 horas».

«Espero que podamos acabar esta guerra y que el presidente Trump nos ayude»

Volodímir Zelenski
Presidente de Ucrania

Trump y Zelenski hablaron de la posibilidad de que Ucrania fabrique sus propios misiles antiaéreos Patriots, clave para su defensa frente a los ataques de Rusia. Pero, al mismo tiempo, el presidente ucraniano reconoció que salió de la reunión sin ninguna garantía «concreta».
«Espero que podamos acabar esta guerra y que el presidente Trump nos ayude», dijo Zelenski, que confió en que el proceso negociador se mueva «todo lo rápido que sea posible, incluso antes del invierno».
La llegada del frío es clave en la guerra. Ambos países están atacando por el flanco de la energía: Rusia bombardea infraestructuras eléctricas ucranianas y Ucrania ataca refinerías rusas. Una posibilidad es que el acuerdo comience desde una tregua de ataques energéticos. Este miércoles, el jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, reanudará los esfuerzos en una reunión en Nueva York con su homólogo ruso, Sergei Lavrov.

María Corina Machado ha intentado regresar siete veces a Venezuela sin conseguirlo

María Corina Machado lleva meses escuchando que puede regresar a Venezuela cuando quiera. Esta semana, en Panamá, ABC pudo comprobar que hacerlo es bastante más complicado. Este diario había viajado hasta allí para acompañarla en una travesía que debía terminar en Venezuela, primero por … mar y, cuando esa posibilidad se frustró, por aire a través de las islas neerlandesas del Caribe. En menos de 24 horas se cerraron sucesivamente la salida en barco desde Panamá y los intentos de volar a Aruba y Curaçao. Eran los intentos quinto, sexto y séptimo de regresar a su país desde que salió clandestinamente de él nueve meses antes.
La sucesión permite reconstruir ahora por primera vez la dimensión completa de un regreso que se ha intentado por aire, tierra y mar. Algunos episodios ya eran conocidos, como el avión que tuvo que regresar a Virginia cuando se dirigía a Curaçao el 26 de junio o el intento, dos días después, de tomar un vuelo comercial desde Panamá a Caracas. Otros no habían trascendido hasta ahora. Entre aquellos dos episodios y lo ocurrido esta semana hubo otros dos planes, uno de ellos por tierra, que tampoco prosperaron. Después llegaron los tres intentos de Panamá que ABC conoció directamente: el barco, Aruba y de nuevo Curaçao.

El quinto era probablemente el más elaborado. Durante días se había preparado una travesía marítima desde Panamá que pretendía llevar a Machado de regreso a Venezuela reduciendo al mínimo la dependencia de autorizaciones de terceros países. Una pequeña embarcación de recreo debía cruzar el Canal de Panamá el 21 de septiembre para situarse en el Caribe. La operación estaba avanzada hasta el punto de que se habían realizado los trámites para el zarpe, presentado la documentación de algunos de los pasajeros y organizado una navegación de aproximadamente dos días. ABC iba a viajar a bordo para contar aquella última etapa.

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David Alandete

La salida estaba prevista para la noche del lunes al martes. Quienes íbamos a embarcar habíamos preparado ya nuestro equipaje para varios días en el mar cuando llegó la noticia de que no habría viaje. La empresa que había proporcionado la embarcación comunicó una avería importante en uno de los motores, relacionada con dos cilindros, según la explicación trasladada a los organizadores. No planteó esperar a una reparación ni ofreció inmediatamente otra embarcación: canceló el servicio y comunicó que devolvería el dinero.
No existe ningún elemento que permita afirmar que la avería no fuera real y esa fue la explicación proporcionada por la compañía. Pero la cancelación se produjo cuando faltaban apenas unas horas para la salida y cuando los preparativos administrativos estaban prácticamente terminados. Para quienes llevaban días organizando la operación, una ruta preparada durante tiempo desaparecía de repente y obligaba a comenzar de nuevo.
Machado decidió hacerlo aquella misma noche. En lugar de esperar a que pudiera resolverse el problema mecánico, su equipo comenzó a buscar un avión que permitiera aproximarse a Venezuela a través de alguna de las islas neerlandesas situadas frente a su costa y completar desde allí el último tramo. En cuestión de horas, una operación marítima se convirtió en aérea. Se consiguió un primer aparato para salir a primera hora del martes hacia Aruba.

Panamá expidió unpasaporte diplomático especial por razones humanitarias que «no implica que se le dé la ciudadanía panameña»

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Aquella alternativa introducía además un elemento que hasta ahora no se conocía: la documentación con la que Machado podía viajar. Venezuela no le había expedido un nuevo pasaporte y el suyo llevaba años vencido. En las semanas anteriores, algunos países habían alegado precisamente la ausencia de un documento vigente para permitirle hacer escala. Ante ese obstáculo, Machado solicitó a Panamá una solución documental que le permitiera desplazarse.
Panamá le expidió un pasaporte diplomático especial por razones humanitarias que, en estas circunstancias, debía funcionar como un salvoconducto para sus desplazamientos. Según fuentes diplomáticas panameñas, la medida está amparada por la legislación del país, que permite conceder este tipo de documentación a ciudadanos extranjeros de reconocida trayectoria. «Ello no implica que se le dé la ciudadanía panameña o cargo diplomático», explicaron a ABC esas fuentes.
Este diario pudo examinar personalmente el documento en Panamá. No acredita que Machado haya adquirido la nacionalidad panameña ni, por tanto, que haya renunciado a la venezolana. El documento recoge que nació en Venezuela y le proporciona documentación diplomática para viajar, pero no establece en ningún lugar que haya adquirido la ciudadanía de Panamá. La distinción es importante porque, mientras todavía se intentaba organizar la salida, comenzaron a circular copias de un manifiesto de vuelo acompañadas de la afirmación de que Machado había obtenido la nacionalidad panameña.

Documento de vuelo para el trayecto finalmente denegado de María Corina Machado a Curaçao.

(ABC)

No era lo que decía el documento que ABC tuvo delante. La concesión respondía a un problema mucho más concreto: Machado necesitaba documentación vigente para desplazarse por terceros países después de que Venezuela no le hubiera proporcionado un nuevo pasaporte. Panamá había decidido resolver ese obstáculo por razones humanitarias, no naturalizarla.
El primer avión debía salir hacia Aruba a primera hora del martes, pero apareció entonces un problema administrativo sobre la naturaleza del vuelo. Había sido comunicado inicialmente como privado y surgieron objeciones sobre su consideración como operación comercial, lo que obligaba a nuevos trámites y plazos. Aquella primera salida quedó frustrada, pero el equipo no abandonó el plan: consiguió otro aparato y comenzó a preparar una segunda salida para más tarde.

Aruba, Bonaire o Curaçao

Para entonces ya era evidente que la operación había dejado de ser conocida únicamente por quienes participaban en ella. Los movimientos en el aeropuerto, los trámites y los planes de vuelo habían puesto en marcha consultas entre distintas autoridades. El planteamiento del equipo de Machado era que ella disponía de documentación válida, no estaba sometida a ninguna restricción de salida en Panamá y pretendía viajar legalmente hasta una de las islas. La decisión sobre permitirle aterrizar correspondía, por tanto, a las autoridades neerlandesas.
Aruba terminó comunicando que el avión no podría aterrizar. El sexto intento acababa de fracasar antes del despegue, pero todavía quedaban alternativas y durante las horas siguientes se prepararon planes de vuelo hacia Curaçao y Bonaire. Los tres destinos llegaron a estar sobre la mesa mientras se sucedían las gestiones y conversaciones.
Curaçao tenía además un significado especial. Era precisamente la isla a la que Machado había conseguido llegar después de abandonar clandestinamente Venezuela en diciembre y también el destino del avión que había tenido que regresar a Virginia el 26 de junio. Durante unas horas volvió a aparecer como una posibilidad. Finalmente, tampoco se autorizó el aterrizaje y Bonaire quedó descartada en el mismo proceso.
ABC pudo comprobar durante esas horas que no se trataba simplemente de rutas discutidas como hipótesis. Había aviones, horarios, documentación y planes de vuelo. Algunos pasaportes habían sido ya sellados para la salida y los preparativos continuaban mientras llegaban respuestas y se buscaban nuevas alternativas. Los planes hacia las tres islas permanecieron formalmente abiertos durante algún tiempo, pero ninguna de las opciones podía ejecutarse. El séptimo intento había terminado.

Siete intentos fallidos

La historia había comenzado casi tres meses antes. El 26 de junio, después de los terremotos que devastaron parte de Venezuela, Machado decidió que no podía continuar esperando indefinidamente fuera del país. Salió de Manassas, Virginia, en un avión privado rumbo a Curaçao, desde donde pretendía continuar hacia Venezuela. El aparato estaba ya en vuelo cuando el piloto recibió instrucciones de regresar al aeropuerto de origen.
Según la explicación recibida entonces por quienes viajaban con Machado, la compañía para la que trabajaba el piloto había recibido una comunicación estadounidense. Se estudiaron incluso aeropuertos alternativos en Estados Unidos, pero el piloto comunicó que sus instrucciones eran regresar a Manassas y que no estaba autorizado a aterrizar en otro lugar. El avión dio media vuelta. Fue el primero de los siete intentos.
Dos días después llegó el segundo. Machado viajó a Panamá y compró un billete de Copa Airlines con destino a Caracas. Según la reconstrucción realizada por su equipo, la compañía recibió desde Venezuela la advertencia de que transportar a Machado podía afectar a sus permisos para operar en el país. La dirigente opositora no consiguió embarcar y aquella segunda ruta quedó también cerrada.
Lo que no había trascendido hasta ahora es que los preparativos continuaron durante los meses siguientes. ABC ha podido confirmar que hubo un tercer intento que contemplaba regresar por tierra. El plan dependía de autorizaciones y gestiones con otro país y finalmente no llegó a ejecutarse. Algunos detalles de aquella ruta se mantienen reservados porque las personas que participaron en su preparación consideran que podría seguir siendo utilizada en el futuro.
Hubo después un cuarto intento mediante otra combinación de rutas para aproximarse a Venezuela y completar la última etapa del viaje. Tampoco prosperó. Los responsables de la operación han pedido igualmente preservar los detalles de esa vía. Lo relevante para reconstruir la secuencia es que entre finales de junio y septiembre no hubo una espera pasiva. Se estudiaron y prepararon sucesivamente alternativas terrestres, aéreas y marítimas hasta desembocar en la operación que esta semana llevó a ABC a Panamá.
En menos de tres meses, Machado había tratado de regresar mediante un avión privado, un vuelo comercial, una ruta terrestre, diferentes combinaciones de aire y mar y finalmente una navegación de aproximadamente dos días desde Panamá. Ninguna de esas vías había conseguido llevarla hasta Venezuela.

En menos de tres meses, la presidenta electa trató de volver en avión privado, un vuelo comercial, una ruta terrestre, diferentes combinaciones de aire y mar y finalmente una navegación de aproximadamente dos días desde Panamá

La sucesión resulta especialmente significativa porque durante estos meses distintos responsables estadounidenses han sostenido públicamente que Machado es libre de regresar a su país. El propio Donald Trump negó el 8 de julio estar impidiéndoselo. «Yo no le dije que no regresara. Creo que es una buena persona», dijo a los periodistas a bordo del Air Force One después de asistir a la cumbre de la OTAN en Turquía.
Los hechos de esta semana no permiten atribuir todos los obstáculos a una única decisión ni a un único Gobierno. En Panamá hubo una avería comunicada por una empresa privada. En Aruba y Curaçao fueron las autoridades neerlandesas las que finalmente no permitieron las operaciones. En junio hubo decisiones procedentes de Venezuela y comunicaciones estadounidenses. Colocados uno detrás de otro, sin embargo, los siete episodios dibujan una realidad bastante más compleja que la aparente sencillez de afirmar que Machado puede regresar cuando quiera.

Reunión en Nueva York

Todo esto sucedía, además, mientras Delcy Rodríguez se encontraba en Nueva York con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas. El contraste resultaba inevitable. La dirigente que heredó buena parte de las estructuras de poder después de la captura de Maduro podía desplazarse hasta Estados Unidos mientras Machado, premio Nobel de la Paz y principal figura de la oposición, pasaba el martes en Panamá buscando sucesivamente un barco y después un avión que le permitieran recorrer el camino contrario.
La escena ayuda también a entender la Venezuela surgida después del 3 de enero. Estados Unidos capturó a Maduro y lo trasladó a Nueva York, pero optó por conservar buena parte de las estructuras estatales y militares que habían funcionado bajo el chavismo. Rodríguez se convirtió en la interlocutora para administrar esa transición y Washington ha construido desde entonces con su Gobierno una relación basada en el petróleo, la seguridad, las deportaciones y la estabilidad institucional.
La paradoja es que salir de Venezuela había resultado posible en circunstancias aparentemente mucho más difíciles. La noche del 8 de diciembre de 2025, con Maduro todavía en Miraflores y los servicios de seguridad buscándola, Machado abandonó clandestinamente el país, llegó hasta la costa y se internó en el Caribe en una pequeña embarcación. Después de una navegación accidentada consiguió alcanzar Curaçao y desde allí comenzó el viaje que acabaría llevándola a Oslo para recibir el Nobel.
Nueve meses después, Maduro está preso en Nueva York y Machado ha recibido el Nobel de la Paz, ha entrado dos veces en la Casa Blanca y ha visto cómo Estados Unidos adquiría sobre Venezuela una capacidad de influencia que parecía inimaginable cuando tuvo que escapar. Pero regresar ha resultado hasta ahora más difícil que salir. Esta semana, quienes íbamos a acompañarla pudimos comprobarlo mientras una posibilidad desaparecía detrás de otra.
Han sido siete intentos por aire, tierra y mar. Los tres últimos se concentraron en menos de 24 horas: primero una embarcación que no pudo zarpar, después un avión hacia Aruba y finalmente una nueva tentativa a través de Curaçao, con Bonaire como última alternativa. Todos terminaron de la misma manera. Machado pudo completar la primera travesía del Caribe cuando Maduro todavía gobernaba Venezuela; la segunda, concebida para devolverla a casa después de su caída, sigue pendiente.

Trump y Delcy escenifican su alianza en Nueva York mientras se frustra la llegada de Machado a Venezuela

El simbolismo no pudo ser mayor: mientras María Corina Machado, la líder de la oposición democrática en Venezuela, veía sus intentos de regresar a su país frustrados, Donald Trump y Delcy Rodríguez escenificaban su alianza en Nueva York con un encuentro en persona. Una … entente entre el presidente de EE.UU. y la presidenta interina de Venezuela que tiene como derivada el alejamiento de la transición política hacia la democracia, en la que Machado es una figura clave.
El encuentro ocurrió durante la recepción tradicional que organiza cada año el presidente de EE.UU. durante la Asamblea General de la ONU y en la que se invita a los jefes de todas las delegaciones de los países miembros que viajan hasta Nueva York.

El primer encuentro entre Trump y Delcy fue en el Lotte Palace, un hotel lujoso del Midtown de Nueva York, a pocas manzanas de la sede de la ONU, y que ha acogido esta recepción en los últimos años.

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David Alandete

No fue una reunión casual, ni el simple saludo que todos los mandatarios dan al anfitrión cuando llegan a la recepción. Fue un encuentro medido, con un formato acordado por ambos países desde hace días.
El viernes pasado, el embajador de EE.UU. ante la ONU, Mike Waltz, confirmó que ocurriría en los márgenes de la Asamblea General de la ONU bajo el formato de ‘pull aside’, algo así como ‘hacer un aparte’.
Es un formato que no llega a la reunión bilateral, con menos protocolo, sin una agenda detallada y sin una comparecencia conjunta ante los medios. De hecho, Trump y Delcy se vieron alejados de la prensa, en un acto cerrado a los medios en el que ni siquiera estuvo el ‘pool’ de la Casa Blanca, el grupo de periodistas que se turna en la cobertura de las actividades del presidente de EE.UU.

La reconversión de una figura del chavismo

El formato, sin embargo, no resta relevancia política al encuentro. Es la escenificación de la nueva relación entre EE.UU. y Venezuela, que arrancó hace ahora 263 días, cuando Trump ordenó y ejecutó la captura de Nicolás Maduro.
Ese mismo día, el 3 de enero, Trump ya mostró la hoja de ruta que guiaría la nueva relación con Venezuela: control del país y control del petróleo. «Vamos a controlar el país hasta que se pueda hacer una transición segura, apropiada y juiciosa», dijo entonces el presidente de EE.UU. La figura a través de la que se ejercería ese poder era Delcy, hasta entonces vicepresidenta de Maduro, gerifalte del chavismo, vinculada a innumerables tramas de corrupción dentro y fuera de su país.
En un proceso supervisado por el jefe de la diplomacia de EE.UU., Marco Rubio, Trump encontró en Delcy una figura del régimen chavista dispuesta a la cooperación, con el petróleo como gran protagonista. Ahora, pocos días después de haber cerrado un acuerdo con Venezuela para tomar el control de parte de las reservas de crudo venezolanas, el encuentro en Nueva York cimenta esa alianza, con el proceso democrático que representa Machado arrinconado.
En ese contexto en el que Trump ejerce su control sobre Venezuela, con la relación «excelente» que asegura mantener con Rodríguez, es en el que Machado no ha podido regresar a su país.

La plana mayor de la Casa Blanca

Los detalles ofrecidos por la Casa Blanca sobre el encuentro son escasos, pero la cita entre Trump y Delcy pareció ser de mucho más empaque que un ‘pull aside’ convencional. Según la oficina de Trump, al encuentro también acudió buena parte de la playa mayor del entorno del presidente: estuvieron el propio Rubio, con quien la presidenta interina ha estado en comunicación constante todo este tiempo; Scott Bessent, departamento del Tesoro, uno de los departamentos que levantaron las sanciones contra Delcy la primavera pasada; Susie Wiles, mano derecha de Trump como su jefa de Gabinete; y Stephen Miller, el principal asesor político del presidente. Por parte de la delegación venezolana, solo aparecía el nombre de su presidenta interina.
El cara a cara con Trump es una victoria diplomática para Delcy, con EE.UU. como trampolín para regresar a los grandes escenarios de la diplomacia internacional. La presidenta interina tuvo un breve encuentro con António Guterres, secretario general de la ONU; saludó con carantoñas a Pedro Sánchez; se codeó con mandatarios de todo el mundo y, como colofón, se vio con el líder de la primera potencia mundial.
El jueves, Delcy se convertirá en la primera persona en la jefatura de Estado de Venezuela que se dirige a la Asamblea General de la ONU desde 2018. Aquel año lo hizo Maduro. Ahora, mientras Delcy se pasea por las alfombras de la ONU, el que fuera su jefe espera juicio muy cerca de allí, al otro lado del East River, en una celda de aislamiento de una cárcel federal de Brooklyn.