Los mercados fuerzan a Trump a precipitar el fin de la guerra con Irán
Donald Trump busca ya proclamar «misión cumplida» en Irán. Después de abrir la guerra con una retórica de máximos, la Casa Blanca ha empezado a preparar el terreno para vender un desenlace rápido, controlado y presentable ante la opinión pública estadounidense. El presidente … dijo el lunes desde Miami que la campaña podía terminar «muy pronto». Horas después, desde el Pentágono, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, reforzó esa misma idea con una fórmula reveladora: es Trump quien «controla el acelerador» y quien decide si la guerra está en su principio, en su mitad o en su final.
Dicho de otro modo, la Casa Blanca quiere reservarse el derecho a declarar victoria cuando convenga, aunque sobre el terreno sigan cayendo bombas.
Ese es el giro que se aprecia en el discurso oficial. Al comienzo de la ofensiva, Trump hablaba de «libertad para el pueblo» y alentaba abiertamente la idea de que el régimen iraní podía caer. Ahora, en cambio, sus principales portavoces acotan los objetivos de forma muy específica: destruir misiles y lanzaderas, anular la armada iraní, arrasar parte de la base militar e industrial del régimen y frenar su capacidad de proyectar fuerza en la región.
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David Alandete
Cuanto más limitada es la meta, más sencillo es proclamar que ya se ha cumplido. La definición misma de la operación en esta fase parece diseñada para permitir una salida política rápida sin admitir ni rectificación ni retirada.
Aun así, no está claro qué fases tiene Trump en mente antes de considerarlo todo concluido. En una reunión a puerta cerrada con senadores para informar sobre la operación contra Irán, miembros de la Administración advirtieron de que aún es pronto para declarar victoria y reconocieron que el conflicto puede escalar. Tras ese encuentro clasificado, el senador demócrata Richard Blumenthal expresó su preocupación y aseguró: «He salido de esta sesión insatisfecho y francamente enfadado, más que en cualquier otra sesión que haya tenido en mis 15 años en el Senado. Parece que vamos por un camino que puede llevar al despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno en Irán».
Urgencia económica y política
La urgencia de Trump no es solo militar. De hecho es igualmente económica y política. La guerra ha disparado la tensión en los mercados energéticos, ha agitado el estrecho de Ormuz, por el que pasa más del 20% del crudo mundial, y ha obligado a Washington a aflojar restricciones al petróleo ruso para contener el precio de la gasolina.
Trump necesita exhibir fuerza sin quedar atrapado en una campaña larga. Quiere aparecer como el presidente que golpea con dureza, no como el que se enreda en otra guerra abierta en Oriente Próximo. En ese equilibrio precario encaja su mensaje de estos días, de que Irán ya ha sido castigado, Estados Unidos ha demostrado su poder y el conflicto podría cerrarse pronto si Teherán aprende la lección y acusa recibo.
Pero hay un problema de ese relato presidencial: que choca con los hechos y con las propias contradicciones de la Administración.
Mientras Trump insinúa que el final está cerca, Hegseth anunció al amanecer del martes «el día más intenso» de bombardeos hasta ahora, con más cazas, más bombarderos y más ataques. Precisó que se desplegarían «más cazas, más bombarderos y más golpes que nunca» desde el inicio de la campaña. La frase resumía la paradoja de la estrategia de Washington, de hablar de un final cercano mientras la ofensiva aérea alcanza su punto más duro.
Mientras Trump insinúa que el final está cerca, Hegseth anunció al amanecer del martes «el día más intenso» de bombardeos hasta ahora
Mientras la Casa Blanca deja caer la posibilidad de conversaciones, el presidente amenaza con golpear a Irán «veinte veces más duro» si interfiere en el tráfico de petróleo. Mientras el Pentágono insiste en que no habrá una guerra expansiva ni otro Irak o Afganistán, los mandos militares describen objetivos tan amplios como inutilizar durante años la capacidad ofensiva del régimen. Y mientras se vende una operación limitada, la campaña golpea ya no solo activos militares, sino también infraestructuras críticas, con un coste en vidas humanas cada vez más difícil de encapsular en una declaración de victoria.
El fantasma de la guerra de Irak
Ahí aparece el fantasma de George W. Bush y los neoconservadores. El 1 de mayo de 2003, a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, Bush proclamó el célebre «misión cumplida» bajo una pancarta que acabó persiguiéndole durante años. La invasión inicial de Irak había sido rápida, pero la guerra real no había hecho más que empezar.
Vinieron después la insurgencia, el caos sectario, la ocupación interminable y el desgaste de EE.UU., con 4.431 soldados estadounidenses muertos. Trump conoce bien ese precedente, lo tiene muy presente y su equipo se esfuerza en marcar distancias.
La diferencia es que Trump intenta construir su «misión cumplida» de forma más flexible que Bush. No necesita una rendición formal, ni la caída inmediata del régimen, ni siquiera una paz estable. Le bastaría con sostener que las principales capacidades militares iraníes han sido degradadas, que la amenaza se ha reducido y que EE.UU. puede dar por cumplida su tarea.
El lunes, cuando desde su club en Miami dijo que la guerra iba a acabar muy pronto, Trump intentaba enviar un mensaje directo a los mercados
Es una fórmula política, no necesariamente estratégica. Una fórmula pensada para el titular, para Wall Street, para el votante cansado de guerras largas y para una base republicana que tolera el uso de la fuerza, pero rechaza otra aventura interminable.
El lunes, cuando desde su club en Miami dijo que la guerra iba a acabar muy pronto, Trump intentaba enviar un mensaje directo a los mercados. El movimiento tenía un objetivo claro: evitar que la escalada militar disparara aún más el precio de la gasolina en EE.UU. y agravara la volatilidad energética. En ese mismo momento el Brent rondaba los 119 dólares por barril, niveles que no se veían desde los picos de las crisis del Golfo, con el estrecho de Ormuz amenazado y casi una quinta parte del petróleo mundial en riesgo.
Miedo energético
La reacción del mercado fue inmediata pero volátil. El martes el crudo se desplomó más de un 10% —el Brent cayó hasta cerca de 88 dólares— ante la percepción de que Washington buscaba evitar una guerra larga y estaba dispuesto a abrir la válvula del suministro global. En Wall Street, sin embargo, el alivio duró poco. El Dow Jones llegó a perder más de 200 puntos y también retrocedieron el S&P 500 y el Nasdaq, con aerolíneas y empresas de transporte entre las más castigadas.
El mensaje de Trump calmó por unas horas el miedo energético, pero no disipó la duda central de los inversores: si la guerra realmente está cerca de terminar o si la escalada militar que anuncia el Pentágono apunta justo en la dirección contraria.
Trump ha dejado abierta otra opción que elevaría la presión militar sobre Irán: el control del estrecho de Ormuz
En paralelo, Trump ha dejado abierta otra opción que elevaría la presión militar sobre Irán: el control del estrecho de Ormuz. El presidente ha sugerido que EE.UU. podría desplegar fuerzas navales para escoltar petroleros y garantizar el paso por la vía marítima por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
En la práctica, esa medida supondría colocar a la Armada estadounidense como garante directo del tráfico energético en el Golfo Pérsico, un paso que Washington presenta como una operación de seguridad marítima pero que Teherán interpreta como una intervención directa en uno de sus principales instrumentos de presión estratégica.

