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Trump, un presidente desatado

Dicen que la práctica hace al maestro, pero debe de haber algunas excepciones. El presidente Trump, sin ir más lejos, no parece haber aprendido nada de estrategia en los cinco años largos que ha ejercido el cargo de comandante en jefe del ejército más poderoso de la tierra.La última de sus ocurrencias —bien es verdad que de vida tan corta como la mayoría de las anteriores— ha sido la de intentar cobrar a las navieras nada menos que el 20% del valor de la carga de cada buque por defenderlos durante su tránsito por el estrecho de Ormuz. No sé si las OPAS hostiles siguen un esquema parecido, pero la guerra desde luego que no. No quisiera parecer complaciente con el malvado régimen de los ayatolás, pero tuve que reprimir una sonrisa cuando el ministro de asuntos exteriores de la República Islámica declaró públicamente que ellos cobrarían bastante menos por dejar pasar a los mercantes sin hacerles daño.Lo curioso de todo esto es que, mientras su presidente pretende pasar factura —poco importa si el pago es en efectivo o, como ha dicho el día después, en inversiones en los EE.UU.— por un tránsito que era gratuito antes de “su” guerra, lo que Washington defiende es justo lo contrario: que, de conformidad con el derecho del mar, nadie puede cobrar por el uso de un estrecho internacional.¿Cómo se llega a este disparate? Solo podemos dar una respuesta especulativa. Donald Trump debe de estar muy frustrado con esta guerra. Tiene multitud de barcos y de aviones, al contrario que la República Islámica que hace tiempo que ha perdido los pocos que tenía. En sus centros de mando, el magnate tiene grandes pantallas que muestran su inmensa superioridad y que le hacen sentir que controla Ormuz. Cada vez que él lo ordena, sus militares destruyen impunemente cualesquiera de los objetivos militares localizados en la costa enemiga. Sin embargo, y por mucho que Trump lo declare abierto, los barcos prefieren no cruzar el estrecho hasta que Teherán anuncia que está de acuerdo.Tuve que reprimir una sonrisa cuando el ministro de asuntos exteriores de la República Islámica declaró públicamente que ellos cobrarían bastante menos por dejar pasar a los mercantes sin hacerles daño.Ante una afrenta así, el presidente Trump tiene cuatro maneras de abrir el estrecho por la fuerza, como lo haría John Wayne en sus películas. La primera, la más expeditiva, es tomar sus orillas… pero esto tendría un precio en sangre que el pueblo estadounidense no está dispuesto a pagar.La segunda, quizá la más obvia, es arrasar las defensas iraníes en la costa del Golfo. A ello se aplican sus militares, que a menudo se ven obligados a destruir con armas muy costosas radares de navegación, puestos de observación o lanzadores de drones… ninguno de los cuales cuesta más de 10.000 dólares a precios de mercado. Lo peor, con todo, no es el precio, sino que todos ellos son sistemas fáciles de reemplazar y, por su tamaño reducido y mínimos requisitos de conectividad, se pueden ocultar en emplazamientos de todo tipo —incluidas instalaciones civiles, por supuesto— distribuidos a lo largo de más de 1.300 kilómetros de costa.Una tercera línea de acción sería la de defender a los mercantes en y desde la mar. La US Navy podría organizar convoyes para proteger el tráfico, pero sus almirantes son conscientes de que un ataque de saturación cuando se navega muy cerca de tierra no puede rechazarse con garantías, y son precisamente garantías lo que exigen las navieras, las aseguradoras y los marinos mercantes.Queda, por último, una cuarta posibilidad militar, la de hacer pagar a los ayatolás un precio suficientemente alto por el bloqueo, un precio que les convenza de que ese es un camino equivocado. Pero, si Trump no lo logró con los “centenares” de ataques efectuados cada día de las primeras semanas de la guerra, ¿cómo puede esperar que ocurra ahora con solo unas “docenas”? ¿Quién cree, además, sus amenazas después de haberse echado atrás en tantas ocasiones?Le faltan al presidente Trump —quien lo diría cuando maltrató a Zelensky en la Casa Blanca— “cartas” militares para abrir el estrecho de Ormuz. Es verdad que todavía le queda la vía diplomática, pero su inexperto equipo negociador parece incapaz de redactar un memorándum que no dé ventaja a su enemigo. ¿Qué cabe esperar que haga un hombre de su carácter en un apuro como este? Probablemente, fingir. Fingir que tiene la sartén por el mango. El magnate dice que va a cobrar por el tránsito solo para hacer creer a los suyos que controla el estrecho de Ormuz. ¿Qué sus declaraciones crean precedentes que son contraproducentes para los intereses nacionales de los EE.UU.? Mucho me temo que, incluso si es capaz de entenderlo —ni siquiera de eso estoy seguro—, a Donald Trump solo le importa Donald Trump.

Lituania allana el camino a la presencia de armas nucleares de la OTAN frente a la amenaza rusa

El Parlamento lituano ha respaldado el manifiesto gubernamental presentado por el socialdemócrata Mindaugas Sinkevicius, despejando así su camino como nuevo primer ministro al frente de un tripartito de centro-izquierda. El programa de Sinkevicius contempla mantener el gasto en defensa por encima del 5% del … PIB y garantizar la presencia de tropas estadounidenses a largo plazo, así como el establecimiento en su territorio de armas nucleares de la OTAN.
«Sería un error creer que la amenaza militar rusa está disminuyendo debido a las grandes pérdidas que está sufriendo ahora», ha defendido Sinkevicius ante el pleno del Parlamento –Seimas–, ante el que ha asegurado que Lituania seguirá siendo el miembro de la OTAN y Unión Europea con mayor gasto en defensa respecto a su capacidad económica. En los presupuestos generales de 2026, Lituania dedica un 5,33% de su producto interior bruto al ejército.

En la votación, 72 de los 141 miembros del parlamento han apoyado la nueva plataforma de gobierno, mientras que 29 votaron en contra y cuatro se abstuvieron. Los miembros restantes estaban ausentes. Este programa se mantendrá previsiblemente en vigor hasta las próximas elecciones en Lituania, programadas para octubre de 2028.

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Rosalía Sánchez

Lituania se siente amenazada por la guerra entre Rusia y Ucrania. El nuevo Gobierno quiere aumentar drásticamente sus capacidades de disuasión, incluyendo con armas nucleares. El presidente lituano, Gitanas Nauseda, persigue la aprobación de una enmienda constitucional para levantar la prohibición de desplegar armas nucleares en suelo lituano y ha lanzado una iniciativa en este sentido que apoyará el nuevo Gobierno.
«Esto va del objetivo de mi país de aprovechar todas las posibilidades de disuasión nuclear», ha explicado Nauseda en una reciente visita a Berlín en la que recabó el apoyo del Gobierno alemán para este proyecto. «Y nosotros (…) queremos ser una parte integral de este elemento disuasorio nuclear», añadía. Para ello, quiere eliminar todos los obstáculos legales.
Como parte de la disuasión nuclear de la OTAN, las armas nucleares estadounidenses están actualmente estacionadas en cinco estados miembros: Alemania, Bélgica, Países Bajos, Italia y Turquía. Además, Reino Unido y Francia tienen sus propias armas nucleares. A diferencia de Lituania, ninguno de estos siete países limita con Rusia. Polonia también ha mostrado interés en participar en la disuasión nuclear de la OTAN y está en conversaciones con Estados Unidos al respecto. Polonia, al igual que Lituania, limita con la región de Kaliningrado en Rusia.

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Hasta ahora, sin embargo, no existen planes concretos para instalar armas nucleares en Lituania, que limita con el enclave báltico ruso de Kaliningrado, así como con el aliado ruso Bielorrusia, cuyo territorio se considera zona de despliegue para fuerzas rusas. El debate recibió un impulso adicional en marzo, cuando macron sugirió que los países socios podrían albergar temporalmente armas nucleares francesas y el ministro de Defensa lituano, Robertas Kaunas, declaró que su país participaba en las negociaciones.

Giro en la opinión pública lituana

La mera posibilidad de que el país u otros Estados bálticos pudieran albergar armas nucleares para disuadir a Rusia se consideró durante mucho tiempo inimaginable. El miedo a una reacción de Moscú era demasiado grande. Sin embargo, desde la invasión de Ucrania, la opinión ha cambiado: el 72% de los lituanos ya no ve el despliegue de armas nucleares como un riesgo, sino como una necesidad.
Tras consultas con los jefes de Parlamento y Gobierno, Nauseda afirma que casi todos los líderes de los grupos parlamentarios en el Seimas consideran que la prohibición está desfasada. Solo el Parlamento puede eliminarla, de manera que, para una enmienda constitucional, al menos 94 de los 141 diputados deben aprobar la reforma dos veces con intervalo de tres meses.
En su programa, el Gobierno de Sinkevicius planea continuar presionando al régimen de Minsk y aumentar su aislamiento si Bielorrusia sigue apoyando la agresión rusa contra Ucrania o lleva a cabo ataques híbridos contra la UE o Ucrania. Planea continuar la presión para buscar la liberación de todos los presos políticos en cárceles bielorrusas y fija como uno de los objetivos más importantes y a largo plazo de la política exterior de Lituania una Bielorrusia democrática y libre.
El nuevo Gobierno lituano recoge además, en el programa aprobado este martes, una progresiva normalización de las relaciones diplomáticas de Lituania con China al nivel de representación diplomática, como el que actualmente existe en otros países de la Unión Europea.

Cuba, cinco años perdidos

Se han cumplido cinco años de la histórica jornada del 11-J de 2021, cuando miles de cubanos salieron a la calle en las mayores protestas registradas en Cuba contra el régimen castrista. Las protestas obligaban a la nomenclatura cubana a mover ficha, … pero su respuesta fue la de siempre: represión brutal y un clamoroso inmovilismo. China tuvo su Tiananmen y también reaccionó con sangre y fuego, pero al menos acentuó el camino de reformas que han propiciado el gran despegue chino de lo que va de siglo. Al castrismo se le han ido escapando los trenes: el de China, el de Vietnam… Desaprovechó la jubilación de Fidel Castro y luego la de su hermano Raúl.
Nada impedía que hace cinco años, como respuesta a las protestas, el gobierno cubano hubiera puesto en marcha el paquete de 176 medidas económicas que, según asegura, van a permitir a la isla salir del colapso en el que se encuentra. En realidad, tampoco las hubiera aprobado ahora si no es por la presión de Estados Unidos, aparte de que está por ver que esas medidas, aplicadas de modo estrecho por falta de convencimiento, vayan a constituir el alivio que necesita los cubanos.

El 11 de julio de 2021 el hartazgo de la población provocó masivas manifestaciones que el régimen sofocó con una fuerte represión. Diez años antes, en 2011, el Partido Comunista de Cuba había aprobado el plan de «actualización» económica que había ideado Raúl Castro después de que en 2008 sustituyera a su hermano Fidel al frente del país. Ese plan nunca se ejecutó en serio; primó el miedo a una apertura que cuestionara el papel rector del PCC y los privilegios financieros de los gerifaltes y del Ejército. En este tiempo el sistema ha ido abriendo alguna rendija –el cuentapropismo, la posibilidad de crear empresas de hasta cien empleados, una mayor simplificación cambiaria–, pero al final el problema siempre es el mismo: reformas a medias que precisamente por sus restricciones pierden toda eficacia. Es cierto que las trabas que históricamente ha impuesto el embargo estadounidense no ayudan, pero tampoco obstruyen el camino.

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Camila Acosta

Falta de convicción y liderazgo

El nuevo paquete contempla movimientos de importación y exportación sin la intermediación del Estado, autorización para la apertura de bancos privados, posibilidad de inversiones por parte de cubanos en el exterior, establecimiento de cadenas extranjeras de comida rápida, supresión del subsidio universal, apertura de cuentas bancarias en divisas sin autorización previa y ampliación de las operaciones en divisas, entre otras medidas.
Pero esto puede quedar en una mera lista de buenas intenciones si a esa apertura le falta convicción y liderazgo. Ya se ha visto que lo primero ha sido la habitual hasta ahora, y lo segundo se está poniendo también de manifiesto: ¿quién manda en Cuba? La interlocución con la Administración Trump la está llevando Raúl Guillermo Rodríguez Castro, quien no forma parte del Gobierno ni tiene ningún cargo público de relevancia. Como nieto de Raúl Castro, responde ante este y no ante el presidente del país, Miguel Díaz Canel, ni ante el comité central del PCC. Su falta de sensibilidad hacia los problemas de los cubanos (las explicaciones dadas por su tren de vida y gasto personal resultan grotescas) evidencia la ausencia de un sincero afán de ganarse a la población.

Venezuela y Cuba, de la mano

Para una dirección política que finge, la falta de prisa democrática de la Administración Trump en Venezuela puede convertirse en un aliciente. Si Washington hubiera impuesto un cronograma electoral a Delcy Rodríguez, en La Habana serían más reacios a ceder ante las presiones estadounidenses, pero sin ni siquiera el doble terremoto sufrido por los venezolanos y el colapso del estado chavista ha llevado a Trump a permitir el regreso al país de la opositora María Corina Machado, ¿por qué el castrismo debería temer ver perjudicados sus intereses?

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La cuestión cubana y la venezolana van de la mano. Lo han ido en los últimos casi treinta años y así siguen. El chavismo sostuvo a un castrismo hundido financieramente tras la caída de la URSS, y un ‘chavismo’ reconfigurado y garantizado por Trump podría servir de argumento para un castrismo con esa misma variante.

Trump estrecha el cerco sobre Cuba con sanciones, bloqueo y amenaza militar

Sin grandes anuncios ni gestos solemnes, Donald Trump ha situado a Cuba en el centro de su estrategia de presión máxima en el continente americano. Después de concentrar durante meses su atención en Venezuela e Irán, la Casa Blanca investiga ahora si la isla … almacena drones iraníes, y el propio presidente ha advertido de que, si se confirma, Estados Unidos «se ocupará de ello». La amenaza coincide con una nueva batería de sanciones contra sectores decisivos de la economía cubana —turismo, energía, comercio, finanzas y transporte marítimo— y configura una ofensiva que combina asfixia económica, aislamiento internacional y disuasión militar. El resultado es una escalada que vuelve a colocar a La Habana ante uno de los momentos de mayor presión estadounidense de los últimos años.
La Administración impuso esta semana sanciones contra diez entidades cubanas vinculadas al turismo, la energía, el comercio exterior, las finanzas y el transporte marítimo. La lista incluye el Ministerio de Turismo, las compañías energéticas ENETEC y COREYDAN, el grupo de comercio exterior GECOMEX, la financiera CAUDAL y la empresa marítima GEMAR. También fueron sancionadas organizaciones relacionadas con la vigilancia interna y la represión política, como las Milicias de Tropas Territoriales, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y las Brigadas de Respuesta Rápida.

Las medidas congelan los activos que esas entidades puedan tener bajo jurisdicción estadounidense y prohíben a ciudadanos y empresas de EE.UU. mantener relaciones comerciales con ellas. Su efecto más importante, sin embargo, puede producirse fuera del país. Bancos, aseguradoras, navieras y compañías extranjeras que trabajen con esas organizaciones se exponen a perder acceso al sistema financiero estadounidense o a sufrir sanciones secundarias.

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David Alandete

«EE.UU. seguirá utilizando todas las herramientas a su disposición para afrontar las amenazas a la seguridad nacional planteadas por el régimen comunista cubano y para impulsar las reformas económicas y políticas que den a Cuba un futuro mejor», afirmó el secretario de Estado, Marco Rubio, al hacer el anuncio. Rubio, de padres cubanos exiliados, es un veterano defensor del cambio en la isla.
El objetivo es ampliar el cerco más allá del conglomerado militar GAESA, que controla buena parte de los hoteles, las tiendas en divisas, la logística y las finanzas de la isla. La presión alcanza ahora directamente al Ministerio de Turismo, una de las principales fuentes de moneda extranjera del Estado cubano. El grupo español Meliá ha dejado de gestionar quince hoteles que operaba junto a GAESA, una muestra del efecto que el riesgo de sanciones puede tener sobre las empresas extranjeras.
La campaña coincide con una investigación sobre la posible presencia de armamento iraní en Cuba, algo que ha causado gran alarma en Florida, que está cerca de la isla. Trump confirmó el lunes desde el Despacho Oval que su Gobierno está comprobando si Teherán almacena drones, y posiblemente misiles, en la isla.

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«Si los tienen, y es muy posible que los tengan, nos ocuparemos de ello», dijo el presidente. «No vamos a permitir que ocurra». Trump no presentó fotografías, documentos de inteligencia ni detalles sobre el número o la localización de los aparatos. Sí mencionó que Rubio se encontraba sobre el asunto, para dejar claro que el asunto está ya en la agenda diplomática y de seguridad nacional.

Drones iraníes en Cuba

Las sospechas se apoyan en informes de inteligencia publicados en mayo, según los cuales Cuba habría incorporado desde 2023 más de 300 drones militares de origen ruso e iraní, algo que reveló el medio Axios. Responsables cubanos habrían discutido su posible utilización contra la base naval estadounidense de Guantánamo, barcos militares o instalaciones de Cayo Hueso.
El modelo señalado es el Shahed-136, un aparato iraní de largo alcance y bajo coste que Rusia ha utilizado masivamente contra Ucrania. Puede transportar más de cuarenta kilos de explosivos y actuar en grupos destinados a saturar las defensas aéreas. El exgobernador de Florida Jeb Bush advirtió la semana pasada en un discurso de que esos drones representan una amenaza que Estados Unidos no puede ignorar. El diputado republicano Carlos Giménez sostuvo que su alcance permitiría golpear no solo Florida, sino objetivos mucho más alejados en territorio estadounidense.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ya había advertido durante una visita a Guantánamo que las fuerzas estadounidenses estaban preparadas «para cualquier contingencia posible». El embajador ante Naciones Unidas, Mike Waltz, ha ido más lejos al presentar al régimen cubano como una amenaza directa para la seguridad nacional. Según Waltz, Rusia y China mantienen en la isla instalaciones de inteligencia, puestos de interceptación de señales y personal dedicado a vigilar bases estadounidenses.
La acusación cambia el marco estratégico de la Administración Trump y la posible argumentación para forzar el cambio en la isla. Cuba deja de ser presentada en Washington únicamente como una dictadura responsable de represión interna y pasa a ser tratada como una plataforma desde la que los adversarios de EE.UU., sobre todo ahora Irán, pueden operar en el Caribe. Esa interpretación conecta la política cubana de resistencia con la guerra contra Irán y con la estrategia empleada en Venezuela, de tutela controlada.

Presión máxima en la isla

La Administración Trump ya había elevado la presión en mayo con la imputación federal de Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos avionetas de Hermanos al Rescate, en el que murieron cuatro personas. La acusación abrió la posibilidad jurídica de una operación similar a la realizada contra Nicolás Maduro, aunque Trump dijo entonces que no veía necesaria una escalada militar.
«El lugar se está desmoronando. Han perdido realmente el control de Cuba», afirmó. tras la imputación Preguntado sobre una eventual captura de Castro como la ejecutada contra Maduro, respondió: «No quiero decirlo».
La estrategia que se perfila tiene ahora varias fases. La primera es impedir el suministro de combustible, dificultar los pagos internacionales y hacer que las empresas extranjeras consideren demasiado arriesgado operar con el Estado cubano. La segunda es sancionar a dirigentes, procesar a figuras históricas del régimen y aumentar el coste personal para quienes controlan las instituciones. Tras eso, Trump ordena verificar ahora si existen drones o misiles iraníes y exigir su retirada antes de que puedan emplearse.
Con el embargo vigente y sin recibir ya los envíos de petróleo venezolano, Cuba sufre apagones prolongados, gran escasez de combustible, problemas de transporte y dificultades para importar alimentos, medicinas y equipos eléctricos de todo tipo. Una delegación de cuatro diputados demócratas que visitó La Habana denunció esta semana que el bloqueo energético provoca un daño indiscriminado sobre la población.
Los legisladores Delia Ramírez, Teresa Leger Fernández, Mark Pocan y Maxine Dexter afirmaron que religiosos, agricultores, médicos, empresarios y organizaciones civiles les trasladaron una misma impresión, que la isla está siendo «estrangulada hasta la muerte». Pocan comparó la situación con una «Gaza silenciosa», sin bombardeos pero con cortes de electricidad que impiden conservar alimentos, trabajar o acceder a suministros médicos.
La Habana mientras acusa a Washington de buscar el colapso económico como paso previo a un cambio de régimen. El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, calificó las sanciones de expresión de una política «criminal y genocida», informa EFE. El dictador Miguel Díaz-Canel sostiene que una intervención provocaría «un baño de sangre de consecuencias incalculables».

Trump, sin embargo, parece convencido de que el régimen se encuentra en su momento de mayor debilidad desde el derrumbe de la Unión Soviética. La pérdida del apoyo material y financiero venezolano, la reducción de la capacidad iraní, la crisis energética y el temor de las empresas extranjeras han estrechado el margen de maniobra de La Habana.
Washington puede perseguir ahora varios objetivos simultáneos: una retirada verificable de la presencia iraní, rusa y china; reformas económicas y liberaciones de presos políticos; una negociación con sectores del propio régimen, como ya han revelado contactos anteriores, o, en última instancia, un relevo de poder semejante al que promovió en Venezuela. Por ahora, la Casa Blanca mantiene abiertas todas esas vías y combina presión económica, aislamiento diplomático y amenaza militar. El horizonte lo marcó el propio Trump hace apenas unas semanas, cuando aseguró que tomar Cuba sería «el gran honor» de su vida.

Trump paga 5,6 millones a la escritora Jean Carroll tras ser condenado por abuso sexual y difamación

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha pagado a la escritora y columnista Elizabeth Jean Carroll alrededor de cinco millones de euros tras ser declarado culpable por abuso sexual y difamación en un caso que se remonta a mediados de la década de los 90. «Hace tres años, un jurado unánime de nueve personas consideró al presidente Trump responsable por agredir sexualmente y difamar a E. Jean Carroll», ha señalado el juez Lewis Kaplan en un comunicado, agregando que la escritora «ha recibido el pago por daños y perjuicios que el jurado le otorgó como resultado de ese veredicto».La cantidad —una indemnización de 5,6 millones de dólares por daños y perjuicios más los intereses— ha sido transferida finalmente a Carroll después de que fuese retenida por el sistema estadounidense, según ha recogido Bloomberg.Esto se produce después de que los abogados de Carroll reclamaran al juez que liberara dichos fondos una vez que el Tribunal Supremo rechazó una petición de Trump para impugnar el veredicto del jurado, un paso que también ha sido apelado y que, por el momento, no ha tenido respuesta.El caso se remonta a 2019, cuando Carroll desveló por primera vez la agresión que sufrió por parte de Trump en el probador de una tienda en Bergdorf Goodman —unos grandes almacenes de lujo de Nueva York— a mediados de los años 90. Un jurado de Nueva York consideró los hechos probados en mayo de 2023, un proceso que se saldó con una primera orden para el pago de cinco millones de dólares por abusos sexuales y difamación.La escritora abrió un segundo frente judicial por difamación contra el actual inquilino de la Casa Blanca, que seguía hablando de ella, y un jurado lo condenó en enero de 2024 a pagar más de 83 millones de dólares. El magnate también impugnó está decisión judicial y aún no ha pagado dicha cantidad. 

La Ruta 66: cómo una carretera centenaria ayuda a comprender Estados Unidos

John Steinbeck la bautizó la «carretera madre» en Las uvas de la ira; la familia Joad viajaba hacia el oeste desde Oklahoma en busca de una vida mejor en California. Nat King Cole cantaba que era allí donde uno «se lo pasaba en grande». Dio … nombre a una popular serie de televisión de los años sesenta e inspiró la trama y el escenario de Cars, la película de animación de Pixar estrenada en 2006. Es el itinerario de uno de los viajes por carretera más emblemáticos de Estados Unidos.
La Ruta 66 se convirtió en la carretera más famosa del mundo, en parte por una cuestión de oportunidad. Su apogeo coincidió con el auge cultural y geopolítico de Estados Unidos y con el nacimiento de la cultura del automóvil. Este año cumple cien años y, aunque la moderna red de autopistas interestatales resulta mucho más eficiente, también es mucho menos pintoresca. Estados Unidos celebra su 250.º aniversario en un momento de división e inquietud. El mejor antídoto contra la melancolía de la efeméride es recorrer las 2.400 millas (3860 km) que separan Chicago de Santa Mónica por la «carretera madre».

Aunque comenzó siendo un mosaico heterogéneo de carreteras estatales y locales —no fue hasta doce años después de su inauguración cuando se convirtió en la primera autopista estadounidense completamente asfaltada—, pronto pasó a ser la principal ruta hacia el oeste, atravesando ocho estados. Los jornaleros agrícolas la recorrían para huir del Dust Bowl; también lo hacían los trabajadores, muchos de ellos afroamericanos procedentes de Texas y Oklahoma, que acudieron en masa a la floreciente base industrial de California tras la Segunda Guerra Mundial; y los veraneantes la utilizaban para llegar a Los Ángeles. Durante los primeros años de la Ruta 66, cada vez más personas se ponían al volante gracias al asequible Modelo T de Henry Ford. Al mismo tiempo, florecieron los servicios para los automovilistas —gasolineras, cafeterías y moteles—, al igual que las pequeñas localidades por las que discurría la carretera.

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Sin embargo, con un solo carril por sentido, la popular ruta acabó convirtiéndose en un inmenso atasco. Dwight Eisenhower, presidente de Estados Unidos, había quedado impresionado por las autopistas alemanas (Autobahn) durante su servicio en Europa en la Segunda Guerra Mundial y en 1956 firmó la Federal Aid Highway Act (Ley federal de ayuda a las carreteras) para financiar una red de autopistas interestatales de varios carriles. En las décadas siguientes, algunas de esas nuevas vías discurrieron en paralelo a la Ruta 66; otras, sencillamente, la sustituyeron. La Ruta 66 fue eliminada oficialmente de la red de carreteras federales de Estados Unidos en 1985.
Ese podría haber sido el final de la historia. Sin embargo, surgieron organizaciones ciudadanas para preservar y proteger la Ruta 66, confirmando la observación que Alexis de Tocqueville hizo hace casi dos siglos: «los estadounidenses… siempre están formando asociaciones… al frente de cualquier nueva empresa».
Esa es la primera lección que ofrece la Ruta 66: pese a todas las lamentaciones y a los incontables píxeles gastados en hablar de la atomización social provocada por la era digital, los estadounidenses conservan una admirable vocación por el voluntariado presencial. Los ocho estados cuentan con asociaciones dirigidas por voluntarios dedicadas a preservar y promover la Ruta 66, y personas entusiastas y extraordinariamente comunicativas atienden los museos de las pequeñas localidades y las atracciones situadas junto a la carretera. De hecho, la vitalidad de la ruta se debe, en gran medida, al esfuerzo de innumerables personas que decidieron, cada una por sus propios motivos, que querían conservar su encanto y evitar que cayera en el abandono y el olvido.

La movilidad, motor del auge de Estados Unidos

Bill Thomas, presidente de la organización nacional de conservación Route 66 Road Ahead Partnership y responsable de desarrollo económico del condado de Logan, en Oklahoma, considera que preservar la ruta es una forma de atraer turistas. Atlanta (Illinois), una localidad de apenas 1.600 habitantes, recibe unos 8.000 visitantes al año. Su principal atractivo es el extravagante American Giants Museum, dedicado a las enormes estatuas de fibra de vidrio que las empresas utilizaban para captar la atención de los clientes y atraerlos a sus negocios —su desafortunada tendencia a desplomarse provocó demandas judiciales y acabó motivando su retirada—. El museo ocupa una antigua gasolinera Texaco; al otro lado de la calle, un gigante de fibra de vidrio sostiene —o parece dispuesto a utilizar como arma— un perrito caliente del tamaño de un banco de parque.
A lo largo de la ruta, abundan este tipo de extravagancias junto a la carretera. En Holbrook (Arizona) hay un motel formado por tipis de hormigón pintados, un poco más adelante aparece un antiguo pueblo minero reconvertido en un museo al aire libre del Viejo Oeste, y también hay museos dedicados a las motocicletas, gestionados por apasionados de la carretera que desean compartir su afición con el público.
En conjunto, estas atracciones ilustran la segunda lección: la economía estadounidense no solo es dinámica y productiva, sino también extraordinariamente creativa. Las empresas estadounidenses destacan por su capacidad para despertar en los clientes el deseo de comprar. La publicidad, cuando está bien hecha, es un arte. Aunque hoy suele ser terreno exclusivo de grandes y costosas agencias, la Ruta 66 ofrece cientos de ejemplos de que también puede surgir de iniciativas individuales que apenas requieren unas cuantas latas de pintura y un nombre inolvidable, como Blue Swallow o Wagon Wheel, ambos moteles. Los reclamos publicitarios también siguen funcionando: si eres capaz de comerte un filete de 72 onzas en el Big Texan Steak Ranch de Amarillo en menos de una hora sin vomitar, la comida te sale gratis.
La última lección es, más bien, un recordatorio: la movilidad fue uno de los motores del auge de Estados Unidos. La gente podía trasladarse a otra ciudad o a otro estado para encontrar mejores oportunidades y reinventarse. Hoy, sin embargo, cada vez son menos quienes lo hacen. Además, los políticos se muestran cada vez más recelosos ante la llegada de nuevos vecinos: la izquierda critica la llegada de estadounidenses de clase media y lamenta la gentrificación, y la derecha rechaza la inmigración y sostiene que los extranjeros les arrebatan los puestos de trabajo. La Ruta 66 simboliza aquello que realmente hizo grande a Estados Unidos.

Recorrer la Ruta 66 para disfrutar del viaje

A lo largo de toda la Ruta 66 se percibe que el país puede estar políticamente crispado y dividido, pero sigue siendo un lugar acogedor y fascinante, repleto de tantas maravillas como defectos. Algunos tramos de la ruta —los vertiginosos puertos de montaña entre Cool Springs y Oatman, en Arizona, las montañas áridas y estriadas de Nuevo México, o las suaves llanuras onduladas y los cielos infinitos de Oklahoma— poseen una belleza sobrecogedora.
Recorrer la «carretera madre» también recuerda a los estadounidenses lo inmenso y hospitalario que sigue siendo su país. En ella se encuentran muchos menos gruñones de los que uno podría cruzarse en cualquier aeropuerto y precisamente su falta de comodidad constituye parte de su encanto. «Nadie quiere conducir a 55 millas por hora cuando puede hacerlo a 75 por la interestatal», se lamenta un voluntario en una gasolinera restaurada de Shamrock (Texas). La gente utiliza las autopistas interestatales porque necesita llegar, pero recorre la Ruta 66 porque quiere disfrutar del viaje.

Los viajes por carretera ayudan a sentir que uno avanza hacia una comprensión más profunda del país

Thomas recuerda cómo muchos turistas extranjeros le dicen «estamos recorriendo la Ruta 66 para conocer la «verdadera América»». Y, aunque Adrian (Texas) y Pontiac (Illinois) no sean más «auténticas» que Queens o Boston, los viajes por carretera ayudan a sentir que uno avanza hacia una comprensión más profunda del país.
A la puerta de una cafetería de Adrian, situada en el punto medio de la carretera, un fornido francés llamado Vince contempla el camino que acaba de recorrer y el que está a punto de emprender. Cuando le preguntan qué lo atrajo de una carretera en desuso en medio de la nada, sonríe, señala su moto y responde: «para mí, ha sido un sueño durante mucho tiempo, y ahora es una realidad».