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Palestina celebra elecciones locales sin incidentes: las urnas vuelven a Gaza 20 años después en unos comicios sin Hamás

La participación en las elecciones locales celebradas este sábado en Cisjordania y en una localidad de la Franja de Gaza alcanzó el 53,4 %, en una jornada que se desarrolló sin incidentes graves aunque en un entorno de tensión por la presunta violencia de colonos que dicen sufrir los pueblos palestinos.Si bien los locales temían que los colonos pudieran boicotear los comicios, finalmente solo se reportaron algunos incidentes en las gobernaciones de Toubas y de Nablus, según informó la organización Al Marsad, que desplegó más de 500 observadores para verificar su buen funcionamiento.La participación publicada por la Comisión Electoral Central (CEC) palestina fue así igual a la registrada en la segunda fase de las últimas elecciones locales, celebrada en marzo de 2022, e inferior al 64,7% de la primera fase de esos comicios, que tuvo lugar en diciembre de 2021.A los comicios locales de 2021 y 2022 no se presentó el grupo terrorista islamista Hamás, en protesta por la cancelación de las elecciones parlamentarias palestinas que estaban previstas para mayo de 2021.Este sábado, Hamás tampoco iba en las listas electorales al no suscribir una condición impuesta a los candidatos: su compromiso con la solución de los dos Estados, uno palestino y otro israelí, reconociendo así al Estado de Israel.El boicot de Hamás se extendió en 2021 a la Franja de Gaza, donde gobierna de facto desde 2007, pero este sábado el grupo terrorista permitió a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que gobierna Cisjordania, organizar unos comicios locales en la localidad gazatí de Deir al Balah.En 20 años los palestinos de Cisjordania solo han podido votar en las elecciones municipales, ya que las últimas presidenciales se celebraron en 2005 y las últimas legislativas en 2006.En el caso de Gaza, los habitantes de Deir al Balah son los primeros en votar desde 2006, ya que Hamás no autorizó la celebración de elecciones locales en todo este tiempo, en medio de los enfrentamientos con Fatah —partido que lidera la ANP—, al que echó de la Franja en 2007.La participación en de Deir al Balah (centro) alcanzó el 22,6%, menos de la mitad de la media general registrada contando con Cisjordania.Las votaciones en la ciudad menos afectada por la ofensiva israelí se desarrollaron en su mayoría en carpas con urnas de madera y papeletas impresas localmente, debido a la prohibición israelí a la entrada de los materiales electorales.Gaza, donde más de 72.000 personas habrían muerto por supuesto fuego israelí desde octubre de 2023, según Hamás, vive un alto el fuego desde hace más de seis meses interrumpido por intervenciones israelíes diarias conta objetivos terroristas, aunque este sábado no se reportó ninguna.El Comité Electoral anunciará el domingo los resultados de las elecciones.

El chavismo detiene y tortura a menores para cazar a sus padres: «Yo gritaba, pero nunca les lloré»

La oscuridad de la celda en la prisión de El Rodeo no era lo que más aterraba a Moisés David Guerra Araujo. A sus quince años, lo que le helaba la sangre era el silencio que seguía a los gritos. Lo habían llevado hasta … allí encapuchado, tras separarlo de su abuela. Lo despojaron de su ropa y lo pusieron en un patio bajo el sol inclemente, rodeado por treinta funcionarios con los rostros cubiertos. Formaban una rueda a su alrededor. Le hacían preguntas que él no sabía responder. Cuando uno de ellos vio el tatuaje de una corona en su piel, le cruzó la espalda de una patada, acusándolo de pertenecer al Tren de Aragua, la megabanda criminal más temida del país.
Pero el verdadero terror llegó después, cuando un hombre joven se le acercó con una pregunta absurda: «¿Tú juegas Free Fire?». Moisés, desconcertado, asintió. Le dijo que estaba en el nivel 70 del popular videojuego de supervivencia. «Bueno, aquí estamos en el nivel 100», le respondió el funcionario. Acto seguido, lo colgaron como a un animal de matadero, suspendido de una estructura metálica en forma de C. Le amarraron un colchón al cuerpo para amortiguar los seis tubazos que le doblaron las costillas. «Que hablara, si no me iban a matar», recuerda Moisés, sentado hoy en su apartamento. «Yo gritaba, pero nunca les lloré. No les tenía miedo. Lo que quería era saber de mi familia».

Moisés no era un disidente. Era un estudiante de instituto que trabajaba en sus tiempos libres en una zapatería para ayudar en su casa. Su único delito, a los ojos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), era ser el hijo mayor de Aliannis Araujo Lozada, una exdirigente comunitaria a la que el Gobierno acusa de planear un atentado con explosivos en Plaza Venezuela, en el corazón de Caracas. Para encontrarla, el Estado venezolano no desplegó una investigación convencional. Secuestró a su familia entera.

Fanny Lozada, abuela de Moisés y madre de Aliannis, denuncia angustiada sus detenciones.

(Jorge Benezra)

La tragedia de la familia Araujo Lozada no es una anomalía en la Venezuela contemporánea. Es la aplicación quirúrgica de una política de Estado que las organizaciones de derechos humanos han bautizado como el ‘Sippenhaft tropical’, tomando prestado el término germánico que describe el castigo colectivo a una familia por los actos de uno de sus miembros. Cuando el aparato de seguridad no logra capturar a su objetivo principal, toma rehenes. Y en la escalada represiva que siguió a las elecciones de julio de 2024, esos rehenes fueron, cada vez con mayor frecuencia, niños y adolescentes.

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Venezuela

Ludmila Vinogradoff

Las cifras trazan la anatomía de una maquinaria punitiva que perdió cualquier límite moral. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU documentó que al menos 220 menores, con edades entre los trece y los diecisiete años, fueron detenidos en el contexto postelectoral.

La ONU documentó que al menos 220 menores, con edades entre los 13 y los 17 años, fueron detenidos en el contexto postelectoral en 2024

La brutalidad de estos métodos encendió las alarmas internacionales. En marzo, el Alto Comisionado de la ONU, Volker Türk, denunció «la persistencia de torturas y malos tratos» en recintos carcelarios venezolanos. Al día siguiente, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, calificó a Türk de «enemigo de Venezuela». El exfiscal general Tarek William Saab, por su parte, siempre negó que existan niños presos políticos: son, según él, «adolescentes judicializados con garantías».
Pero la experiencia de Moisés desmiente cualquier noción de garantías procesales. Antes de llegar a El Rodeo I, el adolescente conoció el infierno en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) en la avenida Urdaneta. Allí, siete funcionarios lo acostaron sobre una colchoneta. Le pusieron cartones en las muñecas y en la nariz para no dejar marcas. Uno se montó sobre sus pies; otro sobre su espalda, inmovilizándole las manos. Un tercero preparó los cables para pasarle corriente. De pronto, uno de ellos detuvo la escena: «Ya va, todavía no le hagan nada, que esto yo lo tengo que grabar». Salió de la habitación, buscó una cámara y volvió. Solo entonces comenzó la tortura eléctrica.

«Ya va, todavía no le hagan nada, que esto yo lo tengo que grabar», dijo un funcionario antes de someter a Moisés a torturas eléctricas

Le pusieron una bolsa de plástico en la cabeza. «Tenía como un gas, porque olía demasiado feo», relata Moisés. Al intentar respirar, el plástico impregnado de insecticida o gas lacrimógeno se le metía en la boca, asfixiándolo hasta el borde del desmayo. Moisés está convencido de que grabaron su agonía para enviársela a su madre y obligarla a entregarse.

Perversión del sistema

Para Miguel Ángel Forero, abogado litigante del Foro Penal, el caso de Moisés ilustra la perversión absoluta del sistema de justicia. «Los procesos no pueden patentar la violación de derechos humanos», advierte Forero. «Yo no puedo permitir que en nombre de lograr determinar una investigación, se detenga a otras personas como una forma de presión».
Esa cacería había comenzado semanas antes. La noche del 4 de agosto de 2025, 38 patrullas y dos tanquetas llenaron los estacionamientos de la Misión Vivienda en Santa Lucía, a las afueras de la capital. Catorce parientes, incluyendo seis menores, fueron arrancados de sus camas.
Fanny Lozada, abuela de Moisés y madre de Aliannis, es una mujer de 63 años que lleva los días de cautiverio grabados en el rostro. En su urbanismo, marcado por el deterioro de un proyecto chavista en el que nunca creyó, habla sin detenerse, como si las palabras le dolieran menos que el silencio.

Moisés tiene pánico a salir de casa después de pasar semanas en centros de detención del chavismo.

(G. Delgado)

El Rodeo I es un ecosistema del terror. Moisés fue confinado en el piso cuatro, destinado a los implicados en el caso de su madre. Allí, los presos adultos permanecían completamente desnudos, durmiendo sobre camas de cemento. A él, por ser menor, le permitieron conservar un uniforme azul y un colchón. En el piso uno languidecían los presos políticos; en el dos, los extranjeros, incluyendo españoles, capturados bajo acusaciones de espionaje; en el tres, los reos comunes. Un cubano y un alemán, castigados en el nivel cuatro, le daban ánimos a través de las rejas y le explicaban dónde estaba. Le decían que lo tenían allí solo para coaccionar a sus parientes.
Durante seis meses, Fanny no supo si su hija estaba viva o muerta. Aliannis había sido capturada en el oriente del país y exhibida en la televisión nacional por el ministro del Interior, Diosdado Cabello, como operadora de un complot terrorista. Después de eso, el silencio absoluto. «Pararme en la ventana, mostrarle una sonrisa a las personas y estar destruida por dentro», confiesa.

Durante seis meses, Fanny no supo si su hija estaba viva o muerta. Aliannis había sido capturada en el oriente del país y exhibida en la televisión

La desesperación empujó a Fanny a cruzar una línea que pocos se atreven a pisar en un país donde el miedo es la moneda de cambio habitual. A principios de febrero, impulsada por los rumores de una posible ley de amnistía tras la sorprendente captura de Nicolás Maduro un mes antes, se unió a las protestas de familiares de presos políticos. Días después, en la Universidad Central de Venezuela, tomó un micrófono. «O es este o no tengo más oportunidad», pensó antes de subir a la tarima.

El grito desesperado de la abuela

Frente a las cámaras y a una multitud expectante, Fanny desnudó la brutalidad del Estado. Habló de los tubazos a su nieto, de los registros, de la desaparición de su hija. Habló hasta que el cuerpo le falló. Se desplomó en pleno discurso, golpeándose la cabeza contra el suelo. Tuvo que desmayarse frente al mundo para que el engranaje carcelario cediera. Apenas una hora y media después de ser atendida en el Hospital Clínico Universitario, recibió la llamada que había esperado medio año: Aliannis estaba viva, recluida en la cárcel de mujeres.

Fanny reclama desesperada información sobre el paradero de su hija Aliannis.

(J. Benezra)

Después de casi quince días de su encierro en El Rodeo, a Moisés lo bajaron encapuchado. Un funcionario se le acercó, le roció colonia en el cuerpo y le susurró al oído: «Huele a la libertad». A través de la tela oscura que le cubría el rostro, Moisés reconoció los zapatos de su abuela y de su tía. Les leyeron un «testamento»: si hablaban de lo que habían vivido, volverían a ser detenidos y se enfrentarían diez años de cárcel. Los obligaron a grabar un video afirmando que no habían sido maltratados, y los abandonaron en la terminal de autobuses.

Les leyeron un «testamento»: si hablaban de lo que habían vivido, volverían a ser detenidos y se enfrentarían diez años de cárcel

Hoy, la prisión de Moisés es invisible, pero igualmente asfixiante. Abandonó los estudios. Rara vez sale de su habitación. No duerme; al cerrar los ojos, el reflejo de la celda lo asalta de nuevo. Sus muñecas perdieron la sensibilidad por la presión de los cartones y las esposas. No puede jugar más de tres partidos de fútbol sin que las costillas se le aprieten, dejándolo sin aire. La visión de un uniforme policial en la calle le provoca ataques de pánico. Su hermano menor, de diez años, se volvió agresivo y llora cada vez que Fanny sale a comprar comida. Son los daños colaterales de un sistema que decidió que la infancia no era un límite, sino una vulnerabilidad explotable.
Carlos Trapani, coordinador general de Cecodap, la principal organización de defensa de la infancia en el país, lo resume con la frialdad que exige el derecho internacional: «El Estado tiene la obligación de prevenir estas situaciones, proteger a las víctimas, investigar los hechos y sancionar a los responsables. La ausencia de estas acciones no solo perpetúa el daño individual, sino que compromete la cohesión social y la confianza en las instituciones». Para Moisés, esa ausencia no es una abstracción jurídica; es el aire que le falta cada vez que intenta correr.

Evacúan a Trump de una cena con periodistas tras escucharse unos disparos

El presidente Donald Trump, junto con la primera dama y el grueso de su Gabinete, han tenido que ser evacuados de la cena de corresponsales que se estaba celebrando en el Hotel Hilton de Washington. Al menos tres disparos se escucharon cuando comenzó el … evento, después de un breve discurso de la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Weijia Jiang. El atacante, según el presidente, ha sido detenido.
El caos se adueñó del recinto, en el que había miles de personas esperando un discurso de Trump ante los periodistas más destacados de Estados Unidos y sus invitados. También estaban sentados en mesas cerca del escenario en el que estaba el presidente figuras muy destacadas de su Gobierno, como el secretario de Estado, Marco Rubio, el de la Guerra, Pete Hegseth, y el de Sanidad, Robert Kennedy, que fue visto saliendo de la sala cojeando.

El servicio secreto inmediatamente evacuó el hotel, el mismo lugar en el que Ronald Reagan fue disparado en 1981. Las escenas alrededor del Hotel Hilton eran de absoluto caos y los soldados de la Guardia Nacional que están desplegados en Washington acordonaron el recinto. Los invitados fueron saliendo en un estado de confusión y nervios.
El presidente no resultó herido. Tampoco la primera dama. Esa confirmación empezó a circular mientras la situación se estabilizaba. Aun así, la seguridad no relajó el dispositivo.
A las 20.56, hora local (2:56, hora española), el presidente seguía en el recinto y aún no había partido. Eso indicaba que el operativo continuaba activo y que las autoridades no daban por cerrado el episodio. Poco después, Trump aseguró que el atacante «ha sido detenido», elogió «la rápida y valiente actuación» del Servicio Secreto y de las fuerzas de seguridad, y señaló que quiere que «el espectáculo continúe», aunque la decisión final queda en manos de las autoridades. Añadió que, en cualquier caso, la velada «ya no será como estaba prevista» y que «habrá que repetirla».

La secuencia de los hechos

Los tres disparos se oyeron secos, breves, como golpes metálicos que rompieron de golpe el murmullo de la sala. ABC estaba dentro del recinto. Hasta ese momento, la escena era la habitual de una noche de corresponsales: conversaciones cruzadas, camareros moviéndose entre mesas, teléfonos en la mano. En cuestión de segundos, todo cambió.
Primero llegaron los estallidos. Fueron claros, seguidos, lo bastante nítidos como para que muchos entendieran de inmediato que eran disparos. Algunas bandejas cayeron al suelo. Parte del público se agachó o se tiró directamente bajo las mesas, con las manos en la cabeza.
La primera reacción del Servicio Secreto fue sacar al presidente y a la primera dama Donald y Melania Trump fueron evacuados de inmediato, antes de que el resto de la sala terminara de entender qué estaba ocurriendo. Después llegó la orden para los demás: había que abandonar el salón.
Los agentes irrumpieron con las armas desenfundadas y empujaron a los presentes hacia la salida. No hubo margen para preguntas. Gritaban «disparos, disparos» y «vayan saliendo», con órdenes cortas y firmes. El perímetro se cerró en segundos y los accesos quedaron bloqueados.
Tras Trump fueron evacuados los miembros del gabinete. La secuencia fue clara: primero el presidente y la primera dama, después los altos cargos, y finalmente el resto de asistentes y periodistas, bajo control directo del Servicio Secreto.
En medio de la evacuación, la información llegaba fragmentada. Una empleada del hotel dijo a ABC que se habían llevado a una persona y que había detenidos. Nada estaba confirmado oficialmente en ese momento, pero la respuesta de seguridad indicaba que no era una falsa alarma.
Minutos después, ya fuera de la sala principal, la escena era de control tenso. No había carreras, pero sí silencio, agentes en alerta y movimientos restringidos. El Servicio Secreto revisaba accesos y mantenía a la prensa apartada mientras continuaba el operativo.

Irán planta a EE.UU. y Trump vuelve a cancelar la segunda ronda de negociaciones en Pakistán

La última intentona diplomática de EE.UU. para sentarse a negociar un acuerdo con Irán ha vuelto a quedar en nada. El ministro de Exteriores de Irán, Abás Araghchi, visitó este sábado Pakistán, el escenario previsto para una segunda ronda de negociaciones con los representantes … de Donald Trump.
Pero Araghchi abandonó Islamabad tras reuniones con las autoridades de Pakistán, el principal mediador en estos esfuerzos diplomáticos, antes de que los negociadores del presidente de EE.UU. -su amigo Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner- llegaran a la capital paquistaní.

El plantón del jefe de la diplomacia iraní a EE.UU. fue respondido poco después por Trump con el anuncio de que sus negociadores no acudirían a Pakistán.
«Acabo de cancelar el viaje de mis representantes a Islamabad para encontrarse con los iraníes», anunció Trump en su red social. «Demasiado tiempo perdido en viajes y demasiado trabajo», justificó, en un cambio de opinión respecto a la víspera. «Además, hay mucha pelea interna y confusión sobre su liderazgo. Nadie, ni siquiera ellos, sabe quién está al mando. Además, tenemos todas las cartas y ellos no tienen ninguna. Si quieren hablar, ¡todo lo que tienen que hacer es llamar!».

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Enrique Serbeto

El plantón iraní y la cancelación de Trump retratan las dificultades del presidente de EE.UU. para impulsar negociaciones para un acuerdo con Irán que consiga su exigencia esencial: que Teherán renuncie a sus ambiciones nucleares. Pero es que por ahora EE.UU e Irán no han sido capaces ni de establecer las condiciones para la negociación. Lo que queda del régimen iraní exige que Trump levante el bloqueo naval a sus costas y puertos. Trump y su jefe militar, Pete Hegseth, el secretario de Defensa, han insistido en que el bloqueo se mantiene. La respuesta de Irán, por el momento, es no acudir a la mesa de negociación, por mucho que Trump caliente con sus mensajes la posibilidad de avances diplomáticos.
El presidente de EE.UU. lleva más de una semana anunciando nuevas conversaciones con Irán, después de que hace dos semanas fracasara la primera ronda de negociaciones en Pakistán. El pasado fin de semana, anunció a bombo y platillo que su vicepresidente, J. D. Vance, viajaría ese lunes a Islamabad. Trump ya había encomendado a Vance el liderazgo en la primera ronda y volvía colocarle este encargo complejo.
Pero Vance no viajó el lunes. Tampoco el martes, como insistió Trump en que haría. Y el miércoles, con las maletas listas y su avión en la pista de despegue, se quedó por fin en Washington. El presidente adujo entonces que el viaje a Pakistán se suspendía porque Irán no había respondido a su propuesta de acuerdo. Trump lo justificaba en que el Gobierno de Irán está «fracturado» y no es capaz de ofrecer una «respuesta unificada».

Esperanzas truncadas

Pero no tardó en convocar, una vez más, al optimismo. El viernes se conoció que Araghchi viajaría a Pakistán. La Casa Blanca reaccionó anunciando que Witkoff y Kushner acudirían también al escenario de las negociaciones. En este caso, Vance no viajaría porque Irán no mandaba a quien EE.UU. considera uno de los hombres fuertes después del descabezamiento que ha sufrido el régimen iraní, Mohamed Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, y que actuó como interlocutor del vicepresidente estadounidense en la primera ronda de negociaciones en Islamabad.
Desde Washington se dio por segura la reunión. La portavoz de Trump aseguró a la prensa que los iraníes querían «hablar en persona» y que el presidente «siempre ha tenido la voluntad de dar una oportunidad a la diplomacia».
«Vamos a escucharles», dijo Leavitt, quien aseguró que «ha habido progresos en los dos últimos días» en los acercamientos de Irán. «Tenemos esperanza de que sea una conversación productiva y que, esperemos, mueva las negociaciones hacia un acuerdo», dijo.
Quienes no dieron pábulo a las conversaciones fueron los iraníes. Desde Teherán, se mantuvo que la visita de Araghchi era solo para una reunión bilateral con Pakistán, a quien entregaría una respuesta por escrito a la propuesta de EE.UU. Teherán no detalló, sin embargo, el contenido de esa respuesta.

Teherán ya había avisado de que el viaje de su ministro de Exteriores a Pakistán no era para reunirse con los negociadores de la Casa Blanca

El portavoz de Exteriores, Esmail Baghaei, advirtió en la mañana del sábado que no había planeado ningún encuentro con los estadounidenses en Pakistán, como acabó por ocurrir.
Tras su paso por Islamabad, Araghchi voló a Muscat, la capital de Omán, dentro de una pequeña gira que también le llevará a Moscú, donde buscará reforzar el apoyo de Rusia. «Todavía tenemos que ver si EE.UU. se toma la diplomacia en serio», defendió en un mensaje en redes sociales.
Tras la cancelación del viaje de sus negociadores, Trump aseguró que Irán entregó una nueva respuesta a su propuesta de acuerdo de paz. «Primero nos dieron un papel que era mejorable», dijo el presidente de EE.UU. desde Florida antes de tomar rumbo de regreso a Washington, donde el sábado por la noche -madrugada del domingo en España- tenía previsto protagonizar la tradicional cena de corresponsales de la Casa Blanca. «Pero es interesante que en cuanto cancelé el viaje, en diez minutos, nos dieron otro papel que era mucho mejor», añadió Trump, que no quiso dar detalles de su contenido. «Han ofrecido mucho, pero no lo suficiente», dijo.
Por su parte, Araghchi aseguró que volverá a pasar por Pakistán este domingo, antes de viajar a su siguiente destino diplomático, Moscú.

Ucrania recuerda los 40 años de Chernóbil bajo la nube tóxica de la guerra con Rusia

Fueron 18 los días de silencio del Politburó soviético desde aquel 26 de abril de 1986. Hace 40 años, Mijaíl Gorbachov estaba a la cabeza del imperio rojo ya extinto. Cuatro días después de la explosión en el reactor 4, el viento había dispersado … la nube tóxica que trepaba desde la central nuclear Vladímir Ilich Lenin. Kiev y Minsk estaban en la trayectoria del aire venenoso. El tradicional desfile del primero de mayo se celebró de todas formas, ese fue el mandato del Kremlin. Los dirigentes de Moscú querían mostrar que todo iba bien. Y los kievitas poblaron las calles respirando aire contaminado. Cuando terminó la parada militar, los hijos y nietos de la nomenclatura fueron evacuados rápidamente en avión desde la capital de Ucrania. A pesar de los esfuerzos oficiales, los rumores eran ya inevitables.
Gorbachov se dirigió al mundo el 14 de mayo. Lo hizo por televisión en un discurso que no llegó a la media hora. El accidente, por fin, estaba confirmado. Veinte años después, el propio exlíder soviético escribía en un artículo de opinión que el accidente había sido un punto de inflexión. «Fue quizás la verdadera causa del colapso de la Unión Soviética cinco años después», confesó en 2006.

Una legión de «liquidadores» se conjuró para contener el desastre radiactivo que acechaba a toda Europa. Entre 600.000 y 800.000 personas se personaron allí, según el Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (Unscear). Gracias a ellos, el cielo de Chernóbil volvió a ser casi seguro. Un tiempo al menos. Ese esfuerzo colectivo de hace cuatro décadas se ve otra vez amenazado por Moscú y su guerra a gran escala.

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En primera persona

Pablo M. Díez

En febrero de 2022, los sensores de radiación ucranianos registraron aumentos significativos en sus mediciones. Las pesadas columnas blindadas rusas que atravesaban la zona de exclusión removieron la radiación dormida. El área contaminada que se extiende por 2.600 kilómetros cuadrados en el territorio ucraniano quedó bajo ocupación de las fuerzas de Putin hasta el 31 de marzo. No estaba claro en ese momento si la planta atómica sería testigo directo de combates. Pero los invasores se prepararon para ello cavando trincheras en el Bosque Rojo, mientras removían la tierra envenenada.
El 9 de marzo, alrededor de las once de la mañana, la central nuclear se quedó sin energía. «Siguiendo el procedimiento, se pusieron en marcha los generadores diésel, y la planta funcionó con ellos durante casi seis días», explicó Oleksandr Hryhorash, jefe del departamento de control operativo de la central nuclear de Chernóbil, a la agencia estatal Ukrinform. «Fue un acto de terrorismo nuclear perpetrado por el Estado agresor, Rusia. Es muy lamentable que la comunidad internacional reaccionara con tanta debilidad, o, dicho de otro modo, que no reaccionara en absoluto», sostiene Hryhorash.

La abandonada ciudad de Prípiat, cerca de la planta atómica de Chernóbil.

(EFE)

Las consecuencias del peor accidente atómico de la historia no se disiparon 40 años después. «Ni una sola persona de Chernóbil goza de buena salud. Es una muerte a base de mil pequeños cortes», cuenta a la agencia Reuters Petro Hurin, de 76 años, uno de los liquidadores que sigue vivo para contarlo.

Sala de mandos del reactor número 4, donde tuvo lugar el peor accidente nuclear de la historia.

(AFP)

La explosión desplazó permanentemente a unas 350.000 personas. La potencia liberada el 26 de abril cerca de la fantasmal ciudad de Prípiat fue equivalente a 400 veces la bomba de Hiroshima. Ese día murieron dos personas. Semanas después, 28 más perdieron la vida por síndrome de radiación aguda. Con el tiempo se contabilizaron unas 4.000 muertes por cáncer entre los grupos más expuestos, según la Organización Mundial de la Salud.

Ataque ruso contra el sarcófago

Chernóbil se ha instalado en el imaginario colectivo en estos 40 años. Series, documentales, libros y reportajes periodísticos confeccionaron el diario de a bordo del desastre. Lejos de ser un problema zanjado, la guerra lanzada por Rusia enfila también la planta clausurada. El sarcófago que protege el reactor número 4 fue atacado directamente en febrero de 2025. Kiev asegura que el golpe del dron Shahed fue deliberado. El impacto abrió un agujero de 15 metros en la estructura que cubre la fuente de radiación. Desde 2024 se han detectado al menos 92 drones rusos a menos de cinco kilómetros de la instalación.

El interior del sarcófago de Chernóbil, construido para impedir que salga la radiación del reactor siniestrado.

(AFP)

En total, desde el inicio de la guerra se han detectado hasta 35 misiles hipersónicos Kinzhal volando cerca de la central, reveló esta semana Ruslan Kravchenko, fiscal general de Ucrania. «Estos lanzamientos no pueden explicarse por ninguna consideración militar. Es evidente que los vuelos sobre las instalaciones nucleares se realizan únicamente con fines de intimidación.»

«Los vuelos de misiles sobre las instalaciones nucleares se realizan únicamente con fines de intimidación»

Ruslan Kravchenko
Fiscal general de Ucrania

La lección más importante del desastre nuclear es que a los cielos no se les puede poner coto. No hay fronteras que valgan contra la radiación. Y en Ucrania, este capítulo está lejos de cerrarse. Como afirma el jefe del departamento de control operativo de la planta, «Chernóbil es nuestro pasado y nuestro futuro. El trabajo en esta central continuará durante al menos otros cien años.»

Dos cazas británicos despegan para interceptar drones rusos avistados cerca del espacio aéreo de la OTAN

Dos aviones Typhoon de la Royal Air Force (RAF) británica se han visto obligados a despegar este sábado de una base aérea rumana para interceptar drones rusos cerca del espacio aéreo de la OTAN, aunque no fue necesario que abrieran fuego.Fuentes de defensa británicas afirmaron que los aviones de combate no entraron en el espacio aéreo ucraniano, contradiciendo los informes que indicaban que la RAF había derribado drones rusos en esa zona, un hecho que habría representado una importante escalada en las hostilidades entre la alianza occidental y Moscú, recoge el Guardian.Las autoridades rumanas informaron que los aviones Typhoon despegaron a las 2 de la madrugada del sábado en respuesta a la amenaza de los drones, establecieron contacto por radar con los objetivos y tenían autorización para atacar si fuera necesario.Los aviones Typhoon tienen su base en Rumanía como parte de una misión aérea multinacional rotatoria de la OTAN para proteger a los países de Europa del Este de las incursiones de drones rusos que no cesan de producirse desde la guerra en Ucrania.Por su parte, Rumanía ha denunciado y condenado «enérgicamente» la violación de su espacio aéreo y los daños materiales causados por primera vez desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.»Este es el primer incidente en el que se han producido daños materiales rumanos, un hito que consideramos sumamente grave», declaró el presidente de Rumanía, Nicusor Dan.Un dron Geran 2, una versión del iraní Shahed fabricado en Rusia, entró en el espacio aéreo rumano, donde en cuatro minutos hizo un recorrido de 15 kilómetros volando a baja altura, antes de ser pulverizado por un ataque desde Ucrania, según las informaciones difundidas por el Ministerio de Defensa rumano.En la ciudad rumana de Galati, en el sureste del país, cerca de la frontera con Ucrania, un edificio anexo a una vivienda y un poste de electricidad resultaron dañados por el impacto de fragmentos del aparato no tripulado derribado.El servicio de emergencia 112 recibió llamadas de residentes de Galati hacia las 02:30 hora local informando de la caída de un objeto en una zona habitada.Los equipos especializados enviados al lugar encontraron una posible carga explosiva, lo que llevó a las autoridades a evacuar por precaución la zona en un radio de 200 metros, así como la población cercana a la ruta por la que se trasladaron los fragmentos para su neutralización.Según el diario Digi24, en total fueron evacuadas 535 personas, de las cuales 220 procedían del perímetro donde cayeron los restos del dron y otras 315 de la ruta de tránsito. Además, se suspendió el suministro de gas a 555 clientes en la zona afectada, entre hogares y empresas.