Internacional - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

Cien días después de los terremotos en Venezuela: la vida en medio del desplazamiento y la recuperación

«Yo estaba en un edificio que colapsó. Quedé bajo los escombros y pensaron que estaba muerta cuando me sacaron. Solo recuerdo que estaba corriendo y caímos fuerte, en el abismo», relata Elvira, de 76 años, sentada en el consultorio donde recibe atención psicológica con … Médicos Sin Fronteras (MSF): «Míreme, aquí llegué con mucha crisis. No es fácil lo que yo viví, se lo aseguro. Todo me asustaba, lloraba mucho, no dormía. La psicóloga me sacó los nervios. Quiero salir de lo que estoy pasando. Quiero volver a ser la que era».
Cien días después del doble terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio, la naturaleza de la emergencia ha cambiado de manera significativa. Lo que comenzó como una respuesta centrada en salvar vidas y atender traumatismos físicos se ha transformado en una crisis marcada por las consecuencias prolongadas de la incertidumbre, el desplazamiento y el impacto emocional acumulado sobre las personas y las comunidades. Hoy en día, las necesidades más apremiantes ya no son únicamente las derivadas de las lesiones físicas causadas por los seísmos.

En las comunidades afectadas de La Guaira y Caracas, muchas personas continúan viviendo con el temor constante de nuevos movimientos sísmicos, la incertidumbre sobre el acceso a una vivienda segura y la dificultad para recuperar sus rutinas y medios de vida.

Noticia relacionada

Jorge Benezra

Esta situación sostenida en el tiempo ha transformado el impacto emocional inicial en cuadros persistentes de ansiedad, alteraciones del sueño, síntomas físicos relacionados con el estrés, sentimientos de desesperanza y un agotamiento generalizado que afecta tanto a individuos como a comunidades enteras.
«Lo que observamos hoy no es únicamente el efecto de un evento traumático aislado, sino el impacto acumulado de vivir durante meses en condiciones de incertidumbre. Muchas personas llegan a mi consulta con dolores musculares, cefaleas recurrentes, problemas gastrointestinales o insomnio, síntomas que con frecuencia reflejan un importante sufrimiento emocional y psicológico», explica la coordinadora médica de MSF, Milagritos Valderrama.
Estas dolencias físicas conviven con el empeoramiento de enfermedades crónicas –como hipertensión arterial, diabetes, asma y epilepsia–, padecimientos que suelen agravarse debido al estrés y a las duras condiciones del desplazamiento.

«Fue un desastre natural, pero ha acabado con todo, mi corazón, mente y alma. Sufro del corazón y de la tensión, y no duermo»

Ashley Mayora
Damnificada de la urbanización Mare Abajo

Newsletter

«Mire, esto me ha desmoralizado. Fue un desastre natural, pero ha acabado con todo, mi corazón, mente y alma. Sufro del corazón y de la tensión, y no duermo», relata Ashley Mayora, de 43 años, dentro de su carpa en Mare Abajo, un complejo de viviendas que colapsó parcialmente tras el doble terremoto. Y añade: «Yo vivía con mi hija y mi nieto recién nacido en mi casa, ellos son mi vida. Cuando esto pasó yo estaba en una carpa en la que solo cabía yo, tuvimos que separarnos. No se imagina la tristeza que sentía por no estar con mi nieto. El 29 de julio tuve un preinfarto. Yo estoy viva solo por ellos».

Desgaste en primera línea

«Mi esperanza era encontrar vida y lo que encontré fue cuerpos», asegura Israel Lanza, de 36 años, rescatista de Protección Civil. «Le cuento lo que más me marcó: encontramos el cuerpo de un perro, y lo tenían abrazado una señora y su hijo. Sus brazos estaban alrededor de él, y todos fallecieron. Hasta la persona más valiente llora ante esto, créame. Llegó un momento en que mi propio nombre se me olvidaba. No reconocía cuando me llamaban. Estuve 15 días continuos sin pisar mi casa», relata Lanza.

«Mi esperanza era encontrar vida y lo que encontré fue cuerpos»

Israel Lanza
Rescatista de Protección Civil

Quienes han estado en primera línea de la respuesta también se enfrentan a sus propias consecuencias emocionales. Personal de salud, los equipos de protección civil, rescatistas y voluntarios han sostenido una intensa carga de trabajo mientras acompañan el sufrimiento de sus propias comunidades. La fatiga extrema, el estrés traumático secundario y los procesos de duelo acumulado son cada vez más evidentes entre los trabajadores esenciales.

Jhennifer Cárdenas, de 33 años, sostiene a su hija de dos, en la primera foto. En la segunda imagen, Isrrael Lanza, de 36 años, y Elvis Díaz, de 28, miembros de Protección Civil de Venezuela. Yusmay Millar, de 50 años, se encuentra en la puerta de su refugio provisional dentro de una escuela pública, en la tercera foto..

(MSF)

«El día seis recuerdo que me sentía agotado completamente. Tuve que parar. Pensaba en renunciar, le confieso que solo me decía a mí mismo que ya no podía más. Parte de mi familia vive aquí en La Guaira, y pasé doce días sin saber nada de ellos», narra Elvis Díaz, de 28 años, rescatista de Protección Civil. Y asegura: «Cuando me bañaba lloraba. Todo se me acumuló. Ya no sabía ni qué cargaba. Lo hacía en privado para que nadie me viera, para no incomodar a mis compañeros, porque todos estamos pasando por lo mismo».

Reconstruir la estabilidad

A medida que los días avanzan, las necesidades de salud mental se hacen más evidentes en los refugios y comunidades, donde el dolor de la pérdida convive con la organización y el apoyo mutuo.
Rosmari Colmenares, portavoz de su comunidad en Playa Grande, en La Guaira, cuya vivienda quedó gravemente afectada y debió ser demolida. Con la mirada fija, describe el peso de la ausencia y la incertidumbre: «Lo más desgastante es que hasta el sol de hoy no sabemos nada de mi hermano. El edificio donde vivía se cayó; su esposa pudo ser rescatada, pero a él y a su hijo, que tenía síndrome de Down, no los encuentran. El cuerpo de mi sobrina sí lo encontraron». Rosmari relata con la voz quebrada: «Yo vi cómo demolieron mi casa; mi hijo me abrazó y lloramos. Tantos años de constancia para construirla, arreglarla… En segundos se destruye esa parte de ti y de tu familia. Entiéndame, no es fácil seguir la vida, perdiste tu lugar, perdiste tu familia. Mientras no tenga a mi hermano, nunca voy a estar bien».

«Lo más desgastante es que hasta hoy no sabemos nada de mi hermano. El edificio donde vivía se cayó; su esposa pudo ser rescatada, pero a él y a su hijo, que tenía síndrome de Down, no los encuentran»

Rosmari Colmenares
Portavoz de Playa Grande (La Guaira)

A pesar de la crudeza del duelo, en el día a día de los alojamientos temporales la solidaridad se convierte en un ancla. «Mientras estoy en el refugio, trato de mantenerme útil ayudando a las mujeres lactantes y a las embarazadas», sentencia Rosmari.

Ashley Mayora, de 43 años, sostiene en brazos a su nieta de tres años frente a su tienda de campaña.

(MSF)

Esta alteración profunda del entorno también se refleja en la cotidianidad urbana. «A veces estoy en la calle y me pierdo, se lo juro. No reconozco porque se cayeron tantos edificios, negocios. Me cuesta ubicarme donde estoy. La farmacia ya no existe, el banco tampoco existe», subraya Elvira.
Es precisamente para evitar que este desamparo se convierta en una secuela permanente por lo que se vuelve vital garantizar el acceso continuado a servicios de salud mental y fortalecer la atención primaria. Para blindar ese bienestar, los equipos de MSF han integrado la atención psicológica dentro de los servicios médicos primarios y han habilitado cuatro puntos dedicados exclusivamente a la salud mental. A través de este despliegue, se ha acompañado a más de 8.147 personas mediante consultas individuales, espacios grupales de psicoeducación y primeros auxilios psicológicos, devolviendo paso a paso la estabilidad perdida a los vecinos.
Y a través de este acompañamiento psicológico sostenido, la sanación avanza y comienza a dar sus frutos, como confiesa la propia Elvira: «Así es, siento que ya volvió mi fortaleza. Hace unas semanas, le dije a la doctora: ‘Quiero ir a trabajar’. Después de que pensaba que nunca podría».

Balance de la intervención de MSF en los 100 días posteriores al terremoto

Para dar respuesta a esta crisis humanitaria y acompañar el proceso de recuperación en Caracas y La Guaira, nuestros equipos han desplegado una estrategia multidisciplinaria centrada en las siguientes áreas de acción:

MSF realiza más de 7.000 consultas médicas. Las dolencias más comunes atendidas por nuestros equipos fueron dolores musculares y óseos (21,7 %), infecciones respiratorias (21,4 %) y afecciones de la piel (12,4 %).

MSF brinda seguimiento médico a más de 880 pacientes con enfermedades crónicas (hipertensión, diabetes, asma y epilepsia).

Durante las primeras horas de la emergencia, MSF distribuye 8,5 toneladas de suministros médicos y de primera necesidad para apoyar a los hospitales receptores.

Salud mental y apoyo psicosocial:
 

MSF implementa una red de apoyo psicológico que incluye la apertura de 4 puntos exclusivos de atención en salud mental y la integración de este servicio en las consultas de atención primaria.

MSF alcanza a 8.147 personas a través de consultas individuales, espacios grupales de psicoeducación y sesiones de primeros auxilios psicológicos.

Agua, saneamiento e higiene:
 

Con el fin de prevenir brotes epidemiológicos en los asentamientos temporales, los equipos de MSF distribuyeron cerca de 860.000 litros de agua potable.

MSF instala infraestructura crítica en el terreno, incluyendo 5 sistemas de potabilización y 127 filtros.

MSF suministra cloro e insumos para potabilizar más de 80,5 millones de litros de agua adicionales en las comunidades.

Promoción de la salud:
 

MSF llega a más de 16.792 personas mediante sesiones educativas y trabajo comunitario directo para fortalecer las medidas de prevención y autocuidado.

El comandante del vuelo a Israel afirma a Modi que abrió la puerta de la cabina mientras fue apuñalado

Smit Machchhar, el comandante del vuelo FZ1073 operado por Flydubai, que cubría el miércoles la ruta desde Dubái a Tel Aviv cuando fue apuñalado por el copiloto, ha mantenido este viernes una videollamada con el primer ministro de la India, Narendra Modi, país del … que también es originario Machchhar. El comandante, postrado en la cama del hospital donde está siendo atendido de sus heridas por arma blanca, con vendajes en la cabeza y en las manos, y un catéter nasal que le ayuda a respirar, ha relatado al jefe del Ejecutivo indio su sufrido periplo.
El copiloto apuñaló a Machchhar e inició un descenso precipitado con el objetivo de estrellar la aeronave. En algo menos de un minuto, el avión había descendido alrededor de 5.000 metros. «Llevo 17 años volando y 11 años como comandante. Sabía que el avión se iba a estrellar», aseguró el piloto, que pudo abrir la puerta de la cabina. «Sabía que el avión se estaba estrellando… Caí al suelo. Me dije a mí mismo que la puerta estaba ahí mismo, que solo tenía que abrirla. Logré hacerlo y la gente entró», ha indicado Machchhar, que lo puede explicar porque, al abrir el compartimento, tres pasajeros de origen israelí pudieron reducir al atacante. «No podía permitir que toda esa gente muriera», relata el comandante.

Uno de los pasajeros, Yaniv Hayoun, tomó el control del avión al hacerse con los mandos y tirar de la palanca hacia atrás. «Actuó con una frialdad y un heroísmo tremendo», alabó el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que aseguró que este ciudadano israelí, fontanero de profesión, había evitado «otro 11-S».

Además, Machchhar ha agradecido al primer ministro Modi sus ánimos: «Usted es mi ídolo más grande. Me siento orgulloso de la manera en que me está animando hoy». Modi, por su parte, elogió la valentía del comandante y afirmó que su presencia de ánimo salvó vidas y la reputación de los pilotos indios. El comandante también reconoció a Modi que recitó una oración hindú al dios mono Hanuman durante el incidente: «Sé que Dios me salvó», dijo emocionado Machchhar.

Vuelos de repatriación suspendidos

La aerolínea israelí El Al ha anunciado la suspensión de los vuelos de repatriación previstos este viernes para trasladar al país a los israelíes que se encuentran en Dubái después de que Emiratos Árabes Unidos (EAU) hubiera retirado la autorización a estos vuelos. «Debido a la cancelación del permiso de aterrizaje de las compañías israelíes en Dubái, según han informado las autoridades israelíes, nos vemos obligados a cancelar en este momento nuestros vuelos de rescate LY972 y LY974, programados para el viernes 2 de octubre», ha señalado la compañía en un comunicado recogido por la agencia Europa Press.
Así, ha recalcado que está preparada para «operar los vuelos especiales a Dubái y repatriar lo antes posible a los israelíes» que se encuentran en EAU «en cuanto se reciba la aprobación de las autoridades oficiales», sin que por ahora haya más detalles al respecto. El comunicado se ha publicado tras las informaciones que apuntaban a que EAU había retirado sus permisos a estos vuelos, después de que el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, anunciara que había destinado fondos para los mismos con el objetivo de sacar del país a los israelíes que se encontraran en Dubái.

Testigos relatan cómo fue la fallida ejecución de Christa Pike: «Nada de esto era normal»

Christa Pike, condenada a muerte en Tennessee por el asesinato de una compañera de clase en 1995, sobrevivió este miércoles a dos administraciones de la inyección letal durante su ejecución. Según relataron los periodistas que presenciaron el procedimiento, la mujer continuaba respirando después de ambos intentos y tuvo que ser trasladada posteriormente a un hospital.Según recoge el medio británico The Guardian, el periodista Catherine Sweeney, de Nashville Public Radio, explicó que tras los dos intentos Pike «seguía respirando» y que su respiración era «muy entrecortada». Según su relato, la condenada llegó incluso a levantar la cabeza y mirar a su alrededor. En un momento dado, preguntó si era normal que sintiera una zona que «ardía y dolía». «Nada de esto era normal», aseguró Sweeney después del procedimiento.Otra de las testigos, la periodista Tori Gessner, contó que Pike también se quejó durante el proceso: «Mi brazo parece que está a punto de explotar. ¿Esto pasa así?». Gessner describió después cómo la mujer entraba y salía de periodos de silencio y ronquidos. Según su testimonio, cuando la cortina de la cámara se cerró por última vez a las 20.05 horas, los presentes podían seguir escuchando su respiración, que se convirtió progresivamente en un sonido entrecortado. A las 20.53, cuando se cortó el micrófono, todavía podían oírla.John North, productor de investigación de la televisión WBIR y también testigo de la ejecución, afirmó al abandonar el centro penitenciario que Pike «probablemente seguía viva». Robin Maher, directora ejecutiva del Death Penalty Information Center, calificó el episodio, en declaraciones recogidas por The New York Times, como «el peor que hemos visto» y aseguró que no tenía precedente en la era moderna. Gessner, por su parte, resumió su experiencia ante NBC con una frase: «Nada de lo ocurrido hoy era normal, típico, en absoluto».El gobernador de Tennessee, Bill Lee, anunció tras lo ocurrido la suspensión de todas las ejecuciones previstas en el estado durante este año y ordenó una revisión independiente para determinar qué sucedió. El Departamento de Correcciones sostiene, por su parte, que se siguió el protocolo establecido y aprobado por las autoridades estatales y que las sustancias utilizadas habían resultado eficaces en anteriores ejecuciones. Según The Guardian, se trata además del segundo procedimiento de ejecución fallido en Tennessee este año.

La gobernadora de Nueva York nombra a una fiscal para investigar la presunta violación en grupo en 2024 en la Universidad de Cornell

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ha anunciado el nombramiento de una fiscal especial para investigar una presunta violación en grupo en la Universidad de Cornell dejando de lado al fiscal del distrito que ha decidido no presentar cargos.Los fiscales federales han reabierto … la investigación después de que la presunta víctima haya presentado una demanda civil en septiembre, lo que ha avivado las acusaciones de que la prestigiosa universidad no ha hecho rendir cuentas adecuadamente a los hombres implicados.

En la demanda, la presunta víctima ha afirmado haber sido drogada con ketamina, agredida y violada en 2024 por siete miembros de la fraternidad Chi Phi, un club social para estudiantes varones.

Noticia relacionada

David Alandete

La decisión inicial del fiscal del distrito del condado de Tompkins de no llevar a los sospechosos ante los tribunales «ha socavado mi confianza, y la del público» ha dicho en un comunicado. La gobernadora ha designado a la fiscal general de Nueva York, Letitia James, como fiscal especial para investigar y, «si procede, procesar cualquier delito derivado de dicha investigación y presentar pruebas ante un gran jurado».
En una publicación en X, Hochul ha señalado que «nueva información ha planteado serias dudas sobre cómo se ha manejado este caso, y he perdido la confianza en la capacidad del fiscal del distrito del condado de Tompkins para supervisarlo de manera justa». «La joven protagonista de este caso merece saber que se examinarán todos los hechos y se buscará justicia», ha añadido.
James ha declarado en X que ha estado «lista para liderar un proceso guiado por los hechos y la ley». El fiscal del distrito del condado de Tompkins, Matthew Van Houten, ha dicho esta semana que ha planeado presentar cargos penales contra los siete hombres.

Newsletter

Ha explicado que su oficina ha decidido no procesar el caso en 2024 porque el testimonio de la víctima no ha establecido la falta de consentimiento. Como respuesta al incidente, Cornell ha cerrado la fraternidad y ha suspendido temporalmente a los estudiantes implicados; varios de ellos han sido expulsados ​​posteriormente.

Las 'cucarachas' de la India exigen la dimisión del presidente de la Comisión Electoral por presuntas irregularidades

Centenares de jóvenes se congregaron el viernes en Nueva Delhi convocados por las ‘cucarachas’ de la India para exigir la dimisión del presidente de la Comisión Electoral por presuntas irregularidades en el censo electoral, pero se toparon con un amplio despliegue policial. Una … investigación periodística del diario ‘The Indian Express’, publicada el mes pasado, denunció irregularidades durante una revisión masiva del censo electoral, que eliminó millones de nombres de las listas.
La Comisión Electoral, el organismo constitucional de la India responsable de la organización de las elecciones, rechazó las acusaciones de irregularidades en la revisión del censo. Políticos de la oposición acusaron al presidente de la Comisión Electoral de actuar a instancias del Partido Bharatiya Janata (BJP), de corte nacionalista hindú, liderado por el primer ministro Narendra Modi.

Miembros de la oposición también se unieron a la protesta en Nueva Delhi y la Policía los detuvo brevemente. La Policía acordonó con barricadas Jantar Mantar, un lugar designado por el Gobierno para la protesta en el centro de la capital, mientras los manifestantes se congregaban en las calles aledañas. Los servicios de internet móvil también se suspendieron en la zona.

Noticia relacionada

José Ignacio de la Torre

El 2 de octubre es día festivo en conmemoración del cumpleaños de Mahatma Gandhi, y los manifestantes afirmaron que invocaban sus principios de manifestación pacífica. Los manifestantes ondearon la bandera de la India y corearon consignas contra la Comisión Electoral, para exigir la dimisión de su presidente, Gyanesh Kumar.
«Mi motivación es nuestro futuro», declaró a AFP Nidhi Sharma, de 19 años, estudiante de la Universidad de Delhi. «Tengo que votar». Mina Giri, de 38 años, quien afirmó haber vivido en Delhi durante 15 años y haber votado en elecciones anteriores, dijo que su nombre había sido eliminado del censo electoral. «¿Cómo es posible que me arrebaten mi derecho fundamental?», exclamó.
Otro manifestante, Imran, de 18 años, dijo que su familia había sido excluida de la lista. «Debido a esto, tenemos dificultades para obtener otros documentos oficiales, lo que nos impide acceder a los beneficios de los programas gubernamentales», afirmó. «Somos pobres, no tenemos mucho y dependemos de ello».

Newsletter

Kumar no se ha pronunciado sobre las acusaciones, que, según la Comisión Electoral de la India (ECI), solo ofrecen una visión parcial de la situación. Las protestas se produjeron antes de las manifestaciones sobre el mismo tema previstas en Bombay por el Partido Janata de las Cucarachas (CJP). Estas serían sus primeras protestas desde julio, cuando contribuyeron a la destitución del ministro de Educación. El CJP surgió en mayo como un movimiento satírico en línea lanzado por Abhijeet Dipke, de 31 años, y se convirtió en una campaña de protesta juvenil.
Los partidos de la oposición india también han anunciado protestas, con planes de marchar hacia la Comisión Electoral en Nueva Delhi el 6 de octubre y celebrar mítines en todo el país bajo el lema ‘Salvemos la Democracia’ en los días siguientes.

Afganistán: cuando el hiyab deja de ser suficiente

En los últimos días, varios vídeos de mujeres detenidas en Kabul y Herat han vuelto a circular con fuerza en las redes sociales. En algunas imágenes se observa a agentes vinculados a las autoridades talibanes interceptando a mujeres y obligándolas a subir a vehículos.La explicación oficial ha sido el incumplimiento de las normas sobre el hiyab y la vestimenta femenina.Pero basta observar algunas de esas imágenes para que surja una pregunta incómoda. Las mujeres aparecen con el cabello cubierto, prendas largas y el cuerpo tapado. Si esto no es suficiente, ¿qué es exactamente lo que se les exige?Una imagen, por supuesto, no cuenta toda la historia. Un vídeo de unos segundos no permite saber cómo iba vestida una persona antes de que comenzara la grabación ni reconstruir todo lo ocurrido previamente. Tampoco todo el material que circula por las redes sociales puede considerarse auténtico sin una verificación independiente.Pero hay un hecho que no depende de las redes sociales: las propias autoridades talibanes han reconocido que mujeres han sido detenidas por incumplir sus normas de vestimenta.Y ahí comienza el verdadero problema.No se trata únicamente de discutir qué significa el hiyab para los talibanes. Se trata de preguntarse qué ocurre cuando una interpretación sobre la vestimenta puede terminar con una mujer privada de libertad.Desde su regreso al poder en agosto de 2021, los talibanes han impuesto numerosas restricciones a las mujeres y niñas afganas. Las adolescentes no pueden continuar la educación secundaria más allá de sexto grado, las universidades permanecen cerradas para las mujeres y sus posibilidades de trabajar se han reducido en numerosos sectores.A estas restricciones se suman las relacionadas con la presencia femenina en los espacios públicos y con la forma de vestir.Los talibanes defienden estas medidas como parte de su interpretación de la ley islámica. Desde su perspectiva, el cumplimiento del hiyab no es una elección individual, sino una obligación que las autoridades pueden exigir.Sin embargo, incluso aceptando como punto de partida que existe una norma que debe cumplirse, queda una cuestión básica: la persona sometida a esa norma debe saber exactamente qué está prohibido.¿Qué longitud debe tener una prenda? ¿Qué partes del cuerpo deben quedar cubiertas? ¿Debe cubrirse también el rostro? ¿Hay colores considerados inapropiados? ¿Quién decide cuándo una vestimenta deja de ser aceptable?Y, sobre todo, ¿puede esa decisión quedar en manos del agente que se encuentra con una mujer en la calle?Estas preguntas no son detalles menores cuando la consecuencia puede ser una detención.Naciones Unidas ya había expresado su preocupación por este tipo de actuaciones. En Herat, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) informó anteriormente de la detención de al menos 30 mujeres durante dos días por supuestas infracciones de las normas de vestimenta y advirtió sobre las consecuencias de las detenciones arbitrarias.Activistas afganas también han pedido que se ponga fin a estas prácticas.Sin embargo, quizá el efecto más importante de estas detenciones no pueda medirse contando únicamente cuántas mujeres son arrestadas.Hay otro efecto mucho más difícil de registrar: el miedo.Imaginemos por un momento la situación de una mujer en Kabul o Herat que ve estas imágenes desde su teléfono.Observa a otra mujer con el cabello cubierto y ropa larga. Ve cómo es interceptada. Después, cómo la introducen en un vehículo. Entonces mira su propia ropa.¿Es suficientemente larga? ¿Está bien colocado el pañuelo? ¿El color podría considerarse demasiado llamativo? ¿Su abrigo cumple las normas? ¿Qué pensará el agente que encuentre en la calle?Cuando ninguna respuesta ofrece seguridad, aparece una solución mucho más sencilla: quedarse en casa.No hace falta prohibir formalmente a todas las mujeres salir a la calle si salir se convierte en una experiencia marcada por la incertidumbre.Ahí es donde las detenciones relacionadas con el hiyab adquieren una dimensión mucho mayor.Ya no estamos hablando únicamente de ropa. Estamos hablando de quién puede ocupar el espacio público y bajo qué condiciones.Para muchas mujeres afganas, salir de casa no es una actividad opcional. Necesitan comprar alimentos, acudir a un hospital, trabajar allí donde todavía pueden hacerlo o resolver las necesidades cotidianas de sus familias.La posibilidad de ser detenida debido a una interpretación incierta de la vestimenta añade una nueva barrera a esas actividades. También está la cuestión del uso de la fuerza.Incluso si aceptáramos que una mujer ha infringido una norma sobre el hiyab, ¿es proporcional detenerla y obligarla a entrar en un vehículo?Esta pregunta merece una respuesta clara.Porque una norma sobre la ropa y una privación de libertad pertenecen a categorías muy diferentes. Cuando ambas quedan conectadas, las autoridades deberían explicar qué procedimiento existe, quién determina la infracción, cuánto dura una detención y qué mecanismos tiene una mujer para impugnarla.También debería existir una respuesta para otra pregunta fundamental: ¿qué sucede cuando el agente se equivoca?Una sociedad en la que una persona puede perder temporalmente su libertad debido a la interpretación individual de un funcionario necesita, como mínimo, mecanismos que limiten esa discrecionalidad.En Afganistán, esta cuestión tiene además una dimensión particularmente sensible.Las mujeres han ido desapareciendo progresivamente de numerosos espacios de la vida pública desde 2021. Primero fueron las aulas de secundaria para las adolescentes. Después las universidades. También llegaron las restricciones laborales y otras limitaciones sobre su movilidad y participación social.Por eso, una detención en una calle de Kabul no puede analizarse completamente de manera aislada.Forma parte de un contexto en el que el espacio disponible para las mujeres se ha reducido de manera constante.Esto no significa que todo vídeo difundido en las redes sociales deba aceptarse sin preguntas. Precisamente porque Afganistán genera una enorme atención internacional, la desinformación también encuentra terreno fértil.Organizaciones que verifican contenidos relacionados con el país han advertido anteriormente de imágenes manipuladas o generadas mediante inteligencia artificial que circulan junto a fotografías y vídeos auténticos.Los periodistas tenemos, por tanto, una responsabilidad adicional: verificar antes de amplificar. Pero verificar las imágenes no elimina la cuestión central.Las autoridades talibanes reconocen la existencia de detenciones relacionadas con la vestimenta. Naciones Unidas ha documentado episodios similares. Mujeres afganas y activistas han denunciado sus consecuencias.La discusión debería avanzar entonces hacia preguntas más concretas.¿Cuál es exactamente la infracción? ¿Dónde está escrita? ¿Quién la determina? ¿Qué garantías tiene la mujer detenida? ¿Y qué justifica el uso de la fuerza?Los vídeos procedentes de Kabul y Herat duran apenas unos segundos. Su efecto, sin embargo, puede durar mucho más. Porque cada mujer que contempla esas imágenes recibe también un mensaje sobre su propia presencia en la calle.El debate, por tanto, ya no consiste solamente en determinar cuánto debe cubrir el hiyab.La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿cuánto espacio les queda a las mujeres en el Afganistán de los talibanes?