Arabia Saudí permite vender alcohol a los residentes no musulmanes a precios astronómicos
La campaña mundial de Riad para atraer turismo no solo religioso musulmán -‘Visite Arabia Saudí’, con Cristiano Ronaldo como embajador rutilante- necesita contar con alicientes extra. Y uno de ellos -la posibilidad de beber alcohol en el país más teocrático del mundo- se ha … abierto terreno. Un reportaje de la agencia Reuters, que cita fuentes locales, anuncia la apertura de tiendas de bebidas alcohólicas «para no musulmanes» en varios puntos del reino de los Saud: la central del gigante petrolero Aramco, el puerto de Yeda, encrucijada del comercio mundial, y Riad. Hasta ahora sólo funcionaba un puesto de venta en el distrito diplomático de la capital, el llamado ‘búnker alcohólico’ en el argot de Riad.
La interpretación estricta de la ley coránica prohíbe todo tipo de alcohol. Desde la creación del reino independiente de los Saud, hace casi un siglo, y dado su pacto con la secta musulmana suní más radical del mundo, la wahabí -por la que sus clérigos legitiman el régimen y éste a cambio obedece sus normas religiosas fundamentalistas- el alcohol está prohibido para todos en el país, por ser Arabia Saudí ‘tierra santa’ en su condición de protectora de las ciudades de Meca y Medina. Es decir, la prohibición se aplica por igual a los 23 millones de ciudadanos saudíes y a los 13 millones de residentes extranjeros, los llamados ‘expatriates’, en buena parte cristianos.
La paradoja del gesto en favor del alcohol en el país que más lo detesta se corona con la permanencia del veto a las religiones. Los residentes cristianos pueden ya beber alcohol juntos en Arabia Saudí, pero siguen sin poder rezar juntos. Cualquier encuentro en el domicilio de uno de ellos con esa intención puede ser objeto de una intervención policial, el arresto y la deportación. Ha sido el caso de no pocas empleadas domésticas filipinas. Está por supuesto absolutamente prohibida la existencia de iglesias o de oratorios en todo el país.
Apertura en otras cuestiones delicadas
El wahabismo establece que en Arabia Saudí, sede de los lugares más sagrados del islam, La Meca y Medina, no puede admitirse la práctica de cualquier otra religión, en particular de las dos que existían en la península arábiga cuando Mahoma empezó su predicación en el siglo VII: el cristianismo y el judaísmo. El ‘hombre fuerte’ del país, el príncipe Mohamed bin Salman, ha abierto la mano en cuestiones delicadas de la ley islámica -en particular la concesión de algunos derechos a la mujer- pero en materia de libertad religiosa no quiere tentar ningún tipo de suerte con el clero wahabí, que desde los orígenes de la monarquía le concede legitimidad ante el pueblo, y mantiene la mano herméticamente cerrada.
El alcohol ha empezado a venderse en Riad, dice Reuters, a precios desorbitados. Una botella de güisqui Johnny Walker, que se puede adquirir en España por 28 euros, se cobra en Riad a 104 euros. Además, es preciso mostrar la documentación de residente extranjero, que tiene un coste de unos 22.000 euros anuales, una bicoca. Por el momento, los turistas extranjeros no tienen acceso, pero el negocio no ha hecho más que comenzar y Reuters da cuenta de largas filas de clientes ante la tienda abierta en Riad.
Hasta la apertura el año pasado de la primera cantina para privilegiados en Riad, solo existían tres vías para que los no musulmanes pudieran acceder al alcohol en Arabia Saudí: la valija diplomática, el mercado negro, y el destilado casero secreto. Las fuentes consultadas por Reuters creen que la ventana nueva que se abre ahora es la antesala de muchas otras, en particular en los hoteles.

