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Estados Unidos evita hablar de Groenlandia con los europeos

La accidentada visita de este lunes en Washington del ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, al secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha resultado un intento fallido de Alemania de mantenerse como actor principal en la articulación del nuevo orden … global. Un proceso en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, sigue sin percibir la necesidad de catalogar como interlocutoras a las potencias europeas.
Rubio pospuso con poca antelación la cita hasta la tarde, porque tenía que ocuparse de la situación en Irán con Trump en la Casa Blanca. Cuando por fin se reunieron aceptó hablar de Venezuela, de Ucrania, incluso de las cadenas de suministro y de China, pero evitó tratar en profundidad la cuestión de Groenlandia con su homólogo alemán.
Wadephul, cuyo objetivo principal era «disuadir» a EE.UU. de una toma por la fuerza de la isla ártica, salió de la reunión haciendo un esfuerzo por maximizar la zona de encuentro entre los dos discursos: subrayó que no tiene «ninguna indicación de que esto (la invasión) se esté considerando seriamente».

«Es innegable que Rusia y China han descubierto el espacio para sí mismos. Por lo tanto, deben realizarse esfuerzos conjuntos para proteger los intereses occidentales. Esta es una tarea para la OTAN», señaló Wadephul al referirse a la conversación con Rubio sobre la seguridad en el Ártico.
«También es cierto que la seguridad en el Atlántico Norte solo puede fortalecerse si trabajamos juntos en la Alianza. Por lo tanto, corresponde a Groenlandia y Dinamarca decidir sobre los asuntos que conciertan a Groenlandia y Dinamarca». Wadephul acogió con satisfacción el hecho de que esta misma semana haya conversaciones entre Copenhague y Washington. No tiene ninguna duda de que estas se celebrarán en un «entorno amigable y cooperativo».
Pero el objetivo de la reunión, la propuesta de seguridad para Groenlandia que Wadephul llevaba en la maleta, no forma parte de los intereses de Rubio. El ministro alemán había admitido antes de viajar que existían «opiniones diferentes» entre EE.UU. y Europa sobre Groenlandia y que quería «trabajar en estas diferencias en el diálogo». Su objetivo era el de promover una acción conjunta contra Rusia y China dentro del marco de la OTAN, no solo en Ucrania, sino también en el Ártico –que forma parte del Atlántico Norte, región que da nombre a la OTAN–.
Wadephul quería hacer sugerencias a Rubio sobre «cómo podemos asumir esta responsabilidad juntos en la OTAN». Puso como ejemplo a Islandia, sin fuerzas armadas propias y donde el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, y el ministro de Asuntos Exteriores islandés, Thorgerdur Katrin Gunnasdottir, firmaron el año pasado un memorando de entendimiento. Este contempla una cooperación militar más estrecha, que incluye vigilancia aérea y marítima, logística marítima, defensa cibernética y protección de infraestructuras críticas.

Alemania, preparada para el despliegue

Wadephul llevaba el visto bueno del canciller alemán, Friedrich Merz, para ofrecer la presencia de la Bundeswehr –Fuerzas Armadas de Alemania– en Groenlandia para contribuir en su defensa. Quizá con los nuevos aviones de reconocimiento P-8ª Poseidon –como en la base aérea de Keflavik (Islandia)– diseñados para la caza de submarinos y capaces de monitorizar grandes áreas del mar. «Estamos dispuestos a asumir más responsabilidad en la estabilidad y la seguridad aquí en el extremo norte», ha reconocido Pistorius, para quien la presencia de «la Armada alemana, sus fragatas, submarinos y los nuevos aviones de reconocimiento marítimo», sirve para crear conciencia situacional en el Atlántico Norte.
Esta oferta se inscribe, por supuesto, en la tarea de la OTAN de ocuparse de la seguridad del Ártico, con la que en principio Trump tampoco tiene problema. «Estamos hablando de adquisición, no de un arrendamiento», había dicho el presidente de EE.UU. antes de que Rubio recibiese a Wadephul. El hecho de que Europa hable de cómo la OTAN puede proteger mejor el Ártico no cambia su valoración.

La «confianza» en la OTAN

Sobre el asunto de fondo que más preocupa en Berlín, una potencial crisis de la OTAN, Wadephul impuso un discurso tranquilizador: «Hemos estado de acuerdo en que el último año fue el más exitoso para la OTAN, por la decisión de aumentar el gasto en defensa de la Alianza al 5% de la producción económica de los estados miembros». También subrayó que los Estados miembros se mantienen firmes en el Artículo 5 del Tratado de la OTAN, lo que significa que hay solidaridad con la alianza: «Seguimos pudiendo confiar completamente el uno en el otro».
Además, la visita sirvió para hablar de la guerra en Ucrania y la situación en Venezuela. Sobre Ucrania, Wadephul afirmó que Rubio y él opinan que Moscú debe estar ahora «preparado para negociaciones». Sobre Venezuela, que «hay un acuerdo total en que el país necesita ahora una fase de estabilidad. Un país que se está hundiendo en una guerra civil no ayudaría a nadie».

La pugna entre Delcy y María Corina para conquistar a Trump

La visita de María Corina Machado a la Casa Blanca, confirmada para este jueves por fuentes en la Casa Blanca, no es solo un gesto político ni una fotografía simbólica. Es un movimiento claro de apoyo de Donald Trump que ha terminado por acelerar una … maniobra paralela, discreta y arriesgada de Delcy Rodríguez para no quedar fuera del tablero en el momento más delicado de la transición venezolana. Mientras Washington confirma el encuentro entre Trump y la líder opositora, el entorno de la presidenta encargada ha tratado de abrirse paso por vías informales, al margen de los cauces oficiales y, según fuentes estadounidenses, al límite de la legalidad.
La confirmación llegó el lunes desde la Casa Blanca: Trump recibirá a Machado en un momento en el que la Administración estadounidense redibuja su estrategia hacia Venezuela, con el control del petróleo como eje central y la transición política como horizonte inmediato. Para Delcy, esa imagen suponía un riesgo evidente: quedar relegada a un segundo plano justo cuando intenta presentarse ante Washington como la gestora imprescindible del proceso, capaz y eficiente entre otros jerarcas chavistas.
La respuesta en Caracas fue acelerar. En los días previos, una delegación vinculada al poder interino venezolano viajó a Washington con visados de turista, pese a que su agenda incluía contactos de carácter político y diplomático. Fuentes conocedoras de esos movimientos explican que la comitiva pretendía sondear la posición de EE.UU. sobre un eventual acuerdo energético y, al mismo tiempo, preparar el terreno para una visita formal de Rodríguez. El problema no fue solo político, sino jurídico: la legislación migratoria estadounidense prohíbe expresamente ese tipo de actividades bajo visados de turista, y más aún cuando se trata de representantes de un poder aún sometido a sanciones.

Diplomacia en la sombra

El movimiento no fue improvisado. Delcy Rodríguez lleva años cultivando una diplomacia en la sombra, fuera de los canales tradicionales, con contactos indirectos en escenarios como México o Doha y con la implicación constante de su hermano Jorge Rodríguez. Tras la caída de Nicolás Maduro, esa red se activó con un objetivo claro: mantenerse en el centro de la interlocución internacional y desplazar a otros pesos pesados del chavismo, como Diosdado Cabello, en una pugna interna que ahora se proyecta en Washington.

La urgencia de estas gestiones se explica por el calendario: en cuanto Rodríguez tuvo constancia de que Trump planeaba recibir a Machado, activó todos los resortes para no quedar fuera de la conversación

Según informaciones publicadas en medios estadounidenses, la delegación estuvo encabezada por Félix Plasencia, exministro de Exteriores de Maduro y uno de los hombres de mayor confianza de Delcy. Su perfil no pasa desapercibido ni en Washington ni en Madrid. Plasencia fue una figura clave del llamado ‘Delcygate’ en enero de 2020, cuando acompañó a Rodríguez en su polémico viaje a Barajas y estuvo presente en el encuentro nocturno con José Luis Ábalos. Desde entonces, su nombre se asocia a gestiones opacas y a la proyección internacional del círculo más cercano a la presidenta encargada.
Fuentes estadounidenses señalan que la misión de Plasencia iba más allá de escuchar una propuesta energética. También trabajó en la preparación de una eventual visita de Delcy Rodríguez y en movimientos para ganar control efectivo sobre la representación diplomática venezolana en EE.UU., un paso de enorme carga simbólica en plena redefinición del poder. La urgencia de estas gestiones se explica por el calendario: en cuanto Rodríguez tuvo constancia de que Trump planeaba recibir a Machado, activó todos los resortes para no quedar fuera de la conversación.

Delicado equilibrio

La Casa Blanca ha mantenido un delicado equilibrio. Trump ha confirmado en dos ocasiones recientes que su Administración prepara una reunión «muy pronta» con representantes del poder venezolano, sin precisar fechas ni nombres, al tiempo que valida públicamente el encuentro con la oposición democrática. En Washington se interpreta esa ambigüedad como una estrategia deliberada: mantener abiertas todas las vías mientras EE.UU. consolida el control del petróleo venezolano y utiliza ese activo como palanca política.
Trump ha asegurado que Estados Unidos ha comenzado a apropiarse de cargamentos de crudo venezolano y que los ingresos se canalizan bajo supervisión estadounidense, al margen de Caracas. La energía, la presión económica y la negociación política avanzan en paralelo, y es en ese contexto donde la figura de Delcy intenta consolidarse como interlocutora imprescindible.
En Caracas, la reacción fue defensiva. El régimen negó públicamente cualquier viaje o negociación, una pauta que, según fuentes en Washington, no busca desmentir los hechos sino contener el impacto interno de unas gestiones realizadas a espaldas de otros centros de poder chavista. Esa negación contrasta con las informaciones publicadas y con las propias palabras de Trump, que ha reconocido contactos en curso.
La visita de Machado altera ese equilibrio. Su recepción en la Casa Blanca refuerza la legitimidad internacional de la oposición en un momento crítico, tras haberse visto con el Papa León XIV, y envía una señal clara a todos los actores: Washington no ha cerrado la puerta a una transición liderada fuera del aparato chavista. Para Delcy, la imagen de Machado en el Despacho Oval es una amenaza directa a su estrategia de supervivencia política.

¿Por qué donde termina el imperio de la ley, empieza el imperio de Trump?

El 10 de enero se han cumplido 250 años desde que Thomas Paine publicase en Filadelfia su histórico ensayo titulado ‘Common Sense’. Ese breve panfleto, del que se vendieron decenas de miles de copias a la velocidad del rayo, recurre a la universalidad humanista de … la ley natural y plantea la independencia de las trece colonias inglesas en la costa este de Norteamérica como una evidente cuestión de sentido común.
Publicado seis meses antes de la Declaración de Independencia, el apasionado texto tendrá un papel decisivo en el debate sobre cómo responder al largo memorial de agravios cometidos en nombre del Rey Jorge III a través del Parlamento de Westminster, donde los ingleses de ultramar (a diferencia de los españoles del Nuevo Mundo en las Cortes de Cádiz) carecían por completo de representación política (‘No taxation without representation’). Con el tiempo, ‘Common Sense’ terminó convirtiéndose en una especie de piedra angular compartida por todo el espectro político de Estados Unidos. Hasta Donald Trump habla del «sentido común» como principio rector populista de sus abusos.
La soberanía de la ley por encima del poder absoluto quedó plasmada en el famoso párrafo: «Pero, dirán algunos, ¿dónde está el rey de América? Te lo diré, amigo, reina en las alturas y no causa estragos en la humanidad como el bruto real de Gran Bretaña. […] Que el mundo sepa que, en la medida en que aprobamos la monarquía, en América LA LEY ES EL REY. Porque, al igual que en los gobiernos absolutos el rey es la ley, en los países libres la ley debe ser el rey, y no debe haber otro».
Ante un gobierno que está destronando la ley desde Mineápolis hasta Caracas, por supuesto que Thomas Paine resulta hoy en día más relevante que nunca. De hecho, empiezan a verse pancartas contra la cada vez más brutal destrucción democrática de MAGA con el lema ‘In America, the law is king!’ para recordarnos que donde termina el imperio de la ley, empieza el imperio de Trump.

Trump se ocupa del petróleo y Delcy de Diosdado

Venezuela avanza en la era post-Maduro en dos frentes, en el económico, cuya urgencia se centra en la recuperación a corto plazo del sector petrolero, y en el político, en el que de inmediato deben corregirse los abusos más extremos de la arbitrariedad … chavista.
El cometido directo de Donald Trump es atraer inversión que en año y medio permita elevar la producción petrolera hasta medio millón de barriles diarios adicionales. Los ingresos derivados deberían comenzar a rescatar del colapso los servicios públicos y la economía, de forma que una ligera mejora de las condiciones de vida contribuya a consolidar la transición.
La misión más apremiante de la presidenta encargada del país, Delcy Rodríguez, es hacer creíble esa transición; para ello debe apartar del poder a todos aquellos que se opongan a desmantelar los aspectos más tiránicos del régimen. Y ahí está siendo evidente el pulso con Diosdado Cabello, ministro de Interior en los últimos años y siempre considerado el número dos del chavismo. Dado su perfil e historial, es difícil que Cabello acate los pormenores del nuevo orden; si persiste en controlar cárceles y calle, probablemente tendrá un final nada satisfactorio.

Viabilidad petrolera

La reticencia mostrada la semana pasada por algunas grandes petroleras estadounidenses (como ExxonMobil o ConocoPhillips) a involucrarse en Venezuela, si no se dan especiales garantías políticas y jurídicas de estabilidad y juego limpio a medio y largo plazo, no hunde el plan de Trump, ligado a los tres años que le quedan en la presidencia. El planteamiento de la Casa Blanca es suficientemente pragmático y puede salir adelante.
Por un lado, Trump va a disponer de 50 millones de barriles de petróleo que Venezuela tiene almacenados, ya comprometidos por Delcy Rodríguez y cuya venta podría suponer en breve unos ingresos de 2.500 millones de dólares. Ese dinero, ingresado en una cuenta de fideicomiso, será utilizado como un primer pago para encargar a empresas estadounidenses el suministro de productos y servicios esenciales en Venezuela.
Por otro, basta con que las petroleras que ya están (Chevron) o tienen infraestructura en los campos venezolanos por haber tenido actividad hasta hace poco (Repsol y Eni, entre otras) aumenten su inversión, lo que en el corto plazo ya les va a dar un beneficio. Compañías de servicios o de distribución y comercialización del crudo también pueden esperar rentabilidad en el horizonte próximo que maneja la Administración Trump.
En estos momentos Venezuela produce cerca de 900.000 barriles diarios de petróleo. Aunque el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, habla de añadir a esa producción hasta 700.000 barriles diarios para dentro de un año o año y medio, probablemente haya que hacer una estimación más moderada: Javier Blas, de ‘Bloomberg’, piensa en una producción extra de entre 300.000 y 500.000 barriles diarios para mediados de 2027; Antonio de la Cruz, de Inter-American Trends, coincide con estas cifras, si bien alarga un poco el plazo, apuntando a una producción total cercana a 1,5 millones barriles diarios en tres años.
Es verdad que el sector petrolero venezolano requiere inversiones importantes para recuperar los niveles de producción que tuvo (alcanzó los 3,7 millones de barriles diarios en la década de 1970; era de 3,2 millones cuando Chávez llegó al poder en 1998 y bajó a poco más de 500.000 en el peor momento de Maduro), pero la reparación y modernización de refinerías y la mejora tecnológica de la estatal Pdvsa pueden ser progresivas, en la medida en que ciertamente la realidad del país cambie. Y a lo largo de esta transición, si es satisfactoria, incluso cabe una modificación de la ley que obliga a sociedades mixtas en las que Pdvsa tiene al menos el 51%, lo que mejoraría el atractivo inversor.

Guerra interna

Si ese revulsivo económico queda en manos principalmente de Trump, la apertura política del régimen es tarea de Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional. El miedo entre la cúpula gobernante y entre el Ejército a represalias armadas por parte de Estados Unidos ha llevado a entender que deben converger, al menos de momento, en la dirección que marca Washington. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y la mayor parte de los máximos dirigentes entienden que su única salvación personal (y quizás la de sus fortunas escondidas) está en avanzar hacia un desmantelamiento del aparato represivo y una cierta aceptación del pluralismo político.
El único jerarca que se está moviendo en contra es Diosdado Cabello. Es posible que, según qué decisiones se tomen y los intereses personales que se pisen, haya en los próximos meses otros disidentes que compliquen la situación, pero hoy la gran batalla está entre Cabello y los Rodríguez. Estos han demostrado gran astucia a lo largo de los años para deshacerse de serios contrincantes, como fue Tareck el Aissami, el gran aliado de Maduro en sus primeros años de presidente, y pueden echar a un lado a Cabello a pesar de su gran control interno.
Como ministro del Interior, Cabello controla las fuerzas del orden y los grupos paramilitares y tiene poder sobre las filas de Ejército más chavistas. Se le atribuye la lentitud con que se está produciendo las excarcelaciones de presos políticos. Delcy Rodríguez se lo está jugando todo en esta apuesta de poder y no permitirá que Cabello le tuerza las cosas, así que cabe esperar que a este se le vayan cerrando las opciones.
Solo si la transición se ralentiza y el interés de Estados Unidos decae, porque Trump se olvida de aspiraciones democráticas o porque en 2028 es elegido alguien muy distinto para la Casa Blanca, Cabello podría volver a sacar la cabeza, pero a la vista del ritmo de los acontecimientos ese horizonte le queda muy lejos.

El juez expulsa a uno de los abogados que pretendía asumir la defensa de Maduro

La guerra abierta por dos abogados de altos vuelos para ver quién se queda la defensa de Nicolás Maduro ha sido resuelta este lunes por el juez que supervisa el caso, Alvin Hellerstein: el magistrado decidió expulsar a Bruce Fein, uno de … letrados que se personó en la causa que se ventila en Nueva York para asistir al expresidente de Venezuela.
Fein, exalto cargo del Departamento de Justicia en la presidencia de Ronald Reagan y un comentarista habitual de asuntos legales en la prensa estadounidense, solicitó ante el juez ser reconocido como abogado de Maduro.
Ocurrió un día después de la primera aparición del dictador venezolano ante el juez Hellerstein, cuando se le leyeron los cargos y el acusado se declaró no culpable, entre proclamaciones de que era un «prisionero de guerra» de EE.UU. y que seguía siendo el presidente de Venezuela.

Maduro apuntaba a comparecer en aquella vista sin abogado contratado, con la sola asistencia de David Wikstrom, un abogado de oficio nombrado por el juzgado. Pero a última hora apareció la figura de otro abogado, y uno de envergadura: Barry Pollack, uno de los mejores penalistas de EE.UU., que lideró la defensa de Julian Assange y consiguiṕo un acuerdo con la fiscalía para la liberación del fundador de WikiLeaks.
Cuando apareció en la documentación judicial la petición de Fein al juez para ser admitido como abogado de Maduro, parecía que la idea era formar un ‘dream team’ legal, una dupla con Pollack para apuntalar la defensa en un caso de complejidad extrema y atención global.
Pero no fue así. Pollack y Fein no eran un equipo. El primero exigió al juez que echara a Fein de la defensa. En un escrito, expuso que Maduro no había hablado con Fein, mucho menos le había contratado para formar parte de su defensa.

Fein replicó que se había postulado como abogado porque miembros del círculo íntimo de Maduro -se habló de un cuñado- le habían pedido que lo hiciera, ante las dificultades del líder chavista de organizar su defensa, tras haber sido capturado por el ejército de EE.UU. en su refugio en Caracas y haber sido trasladado en condiciones de máxima seguridad a una cárcel de Brooklyn.
Fein requería al juez que tomara una decisión al respecto y que lo hiciera en una comparecencia a puerta cerrada en el juzgado. Y Hellerstein la ha tomado: le ha abierto la puerta de salida. «La solicitud de Fein para sumarse a la defensa no tiene base legal», concluyó el magistrado, que no consideró necesaria organizar esa vista. «Si Maduro quisiera contratar a Fein, tiene la capacidad de hacerlo. Fein no puede nombrarse a sí mismo para hacerlo», sostuvo.
Tras esta decisión del juez, la siguiente comparecencia de Maduro se mantiene en el próximo 17 de marzo, en los mismos juzgados del Distrito Sur de Manhattan donde le espera su juicio.