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EEUU mata a tres presuntos narcotraficantes en un nuevo bombardeo sobre una embarcación en el Pacífico

Las Fuerzas Armadas estadounidenses han informado de la muerte de tres supuestos «narcoterroristas» en un nuevo bombardeo sobre embarcaciones de supuesto tráfico de droga en aguas del Pacífico colombiano.»El 29 de mayo y por orden del comandante del Mando Sur, el general Francis L. Donovan, la Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur ha realizado un ataque kinético letal contra una embarcación de las organizaciones terroristas», ha publicado el Mando Sur estadounidense en un comunicado. «Tres varones narcoterroristas han muerto durante esta acción. Ningún efectivo militar estadounidense ha resultado dañado», según el CENTCOM, que destaca que «mantiene su compromiso inquebrantable con la aplicación total y sistemática de presión sobre los cárteles».La lancha «transitaba por una conocida ruta del narcotráfico del este del Pacífico y realizaba operaciones de narcotráfico», ha explicado Washington sin dar más información al respecto.Casi nueve meses después del inicio de los bombardeos contra embarcaciónes en el Caribe y el Pacífico, expertos en salud pública afirman que la cocaína, principal materia llevada clandestinamente de América Latina a Estados Unidos, es tan fácil de conseguir en gran parte de Estados Unidos como antes de que comenzaran los ataques, según un estudio que analiza la evolución de los precios en las calles, las sobredosis letales, la pureza de las muestras y las incautaciones de droga en las fronteras estadounidenses, el documento ‘Costos de la Guerra’ de la Universidad Brown.Los costos de estas operaciones militares han ascendido a 4.700 millones de dólares, según el proyecto que destaca el despliegue de aviones AC-130J Ghostrider, cazas F-35 y destructores de misiles guiados, así como unos 15.000 miembros del personal militar estadounidense. El otro gran argumento contra estos ataques es legal, ya que los juristas cuestionan el uso letal de la fuerza fuera de sus aguas territoriales.Las autoridades estadounidenses aseguran que los ataques han interrumpido algunas rutas marítimas de narcotráfico y derivado en un aumento de las incautaciones de cocaína por parte de la Guardia Costera de Estados Unidos, que alcanzaron más de 230.000 kilogramos en 2025, más del triple del promedio anual del servicio.Pero aunque se trata de una cantidad enorme, palidece en comparación con el auge masivo de la producción de cocaína en Sudamérica, sobre todo en Colombia, la mayor fuente mundial de esa droga. Solo en Colombia, Naciones Unidas estima que la producción anual de cocaína ronda los 2,5 millones de kilogramos.

Guantánamo vuelve a ocupar el centro de la tensión histórica entre Cuba y Estados Unidos

La reunión del jefe del Comando Sur de Estados Unidos con altos mandos militares cubanos en el perímetro de la Base Naval de Guantánamo no debe verse como un simple gesto protocolar. En política internacional, y mucho más en situaciones de máxima tensión, los movimientos … militares raras veces son inocentes.
Cuando un jefe militar estadounidense de ese nivel se presenta en una de las fronteras más sensibles del hemisferio, inspecciona la seguridad de la base, revisa la protección del personal y conversa con mandos del régimen cubano, es legítimo preguntarse qué está ocurriendo realmente.

La versión pública habla de seguridad operativa, protección del perímetro y canales de comunicación. Pero en el contexto actual, esa explicación parece insuficiente. Estados Unidos ha intensificado la presión contra el régimen cubano; se han producido sanciones contra figuras políticas, militares y de inteligencia; Washington ha declarado que Cuba representa un serio problema de seguridad regional; y el caso de Raúl Castro, señalado por el asesinato de los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate, ha colocado a la cúpula histórica del castrismo ante un escenario judicial y político de enorme gravedad.

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Susana Gaviña

Una lectura posible es que Washington no solo esté hablando de seguridad fronteriza. Puede estar observando el terreno, calculando riesgos, estudiando el comportamiento de las Fuerzas Armadas cubanas y evaluando hasta qué punto determinados altos mandos estarían dispuestos a evitar un choque inútil cuando llegue la hora de ejecutar decisiones ya tomadas en el plano judicial, político o estratégico.

El precedente venezolano

No se trata necesariamente de una invasión clásica ni de una guerra abierta. El precedente venezolano ha demostrado que Estados Unidos puede optar por operaciones quirúrgicas, de precisión, destinadas a capturar o neutralizar a figuras acusadas de graves crímenes, reduciendo al máximo el costo humano, el caos interno y el daño colateral. Si ese es el modelo que Washington estudia para Cuba, Guantánamo ocupa un lugar central: es territorio bajo control militar estadounidense, situado dentro de la isla, con infraestructura, comunicaciones, defensa propia y una larga historia de tensión con el régimen comunista.
La Base Naval de Guantánamo nació de los acuerdos firmados entre Cuba y Estados Unidos a comienzos del siglo XX, después de la guerra hispano-cubano-estadounidense. En 1903 se estableció el arrendamiento de áreas en la bahía de Guantánamo para estación naval y carbonera. El Tratado de Relaciones de 1934 mantuvo ese arreglo: Cuba conservaba la soberanía última, pero Estados Unidos mantenía control y jurisdicción sobre el área arrendada mientras no hubiera acuerdo mutuo para terminarlo o abandono estadounidense de la base.

El general Francis L. Donovan (i), durante una inspección este viernes, en la Estación Naval estadounidense en la bahía de Guantanamo (Cuba).

(EFE)

Antes de 1959, la relación entre la base y Cuba era muy distinta. Existían tensiones nacionalistas, porque parte de la población cubana veía aquel enclave como una herida a la soberanía nacional. Pero en la práctica cotidiana no había una frontera de guerra entre el Estado cubano y la base estadounidense. Había intercambio, trabajo, comercio y una relación relativamente normal entre la instalación militar estadounidense y la población de Guantánamo, Caimanera y Boquerón. Miles de cubanos trabajaban allí como obreros, mecánicos, cocineros, constructores, choferes, empleados de mantenimiento y personal de servicio. La base formaba parte de la economía local.
Tampoco existía, antes de 1959, la militarización hostil que luego desarrolló el castrismo. Había cercas, controles y presencia militar, como corresponde a una instalación naval, pero no una frontera ideológica, cerrada, minada y convertida en símbolo de confrontación permanente. Esa realidad cambió radicalmente con la llegada de Fidel Castro al poder. El régimen comunista transformó Guantánamo en un instrumento propagandístico contra Estados Unidos y en una línea de choque militar, política y simbólica.
A partir de los años sesenta, el perímetro de la base se convirtió en una de las fronteras más tensas de la Guerra Fría en el hemisferio occidental. Durante la Crisis de los Misiles de 1962, Guantánamo estuvo en máxima alerta. Las familias del personal estadounidense fueron evacuadas y la base se preparó para un posible ataque. En 1964, Fidel Castro ordenó cortar el suministro de agua a la base, obligando a Estados Unidos a buscar soluciones de emergencia y a desarrollar mayor autosuficiencia.

A partir de los años sesenta, el perímetro de la base se convirtió en una de las fronteras más tensas de la Guerra Fría en el hemisferio occidental

También se produjeron incidentes armados, penetraciones denunciadas, disparos, heridos y muertos. Documentos estadounidenses registran episodios en los que militares cubanos fueron detectados dentro o cerca del perímetro y se produjeron intercambios de fuego. La propaganda cubana, por su parte, ha denunciado durante años la muerte y heridas de guardias fronterizos cubanos por disparos procedentes de la base. Como ocurre en toda frontera militarizada, las versiones de ambos lados no siempre coinciden, pero el hecho central es indiscutible: después de 1959, Guantánamo dejó de ser un punto de convivencia práctica y se convirtió en una frontera de confrontación.
Otro elemento dramático fue el campo minado. Durante la Guerra Fría, decenas de miles de minas fueron colocadas alrededor del perímetro de la base. Ese cinturón de muerte no solo simbolizaba la desconfianza entre Estados Unidos y el régimen cubano; también tuvo consecuencias humanas. Cubanos que intentaban escapar, quedaron expuestos a un peligro mortal. Guantánamo fue al mismo tiempo refugio, frontera y trampa.

La crisis de los balseros

Para miles de cubanos, sin embargo, la base también representó una posibilidad de escape. Durante años, muchos vieron en aquel territorio controlado por Estados Unidos una puerta desesperada hacia la libertad. La expresión más grande de esa realidad ocurrió durante la crisis de los balseros de 1994. Decenas de miles de cubanos huyeron por mar de la opresión, la miseria y la falta de futuro impuestas por el régimen. Muchos fueron llevados a campamentos temporales en Guantánamo, donde vivieron durante meses en tiendas, alambradas e incertidumbre, esperando una solución migratoria. Aquellos campamentos demostraron hasta qué punto la base no era solo una instalación militar, sino también un escenario del drama humano cubano.
Hoy, más de un siglo después de su creación, la base de Guantánamo vuelve a ocupar el centro de la tensión histórica entre Cuba y Estados Unidos. La diferencia es que ahora el régimen cubano está más débil que nunca: quebrado económicamente, desprestigiado internacionalmente, sin legitimidad interna, con una población exhausta y con una cúpula envejecida que ya no puede engañar a nadie.

Ahora el régimen está más débil que nunca: quebrado económicamente, desprestigiado internacionalmente, sin legitimidad interna, con una población exhausta y con una cúpula envejecida

Por eso la reunión entre mandos estadounidenses y cubanos en el perímetro de Guantánamo debe interpretarse con seriedad. Estados Unidos puede estar colocando cada pieza en su sitio: revisando la seguridad de la base, estudiando la postura de las Fuerzas Armadas cubanas, midiendo la posibilidad de cooperación o neutralidad de altos mandos y preparando un escenario en el que cualquier operación futura sea rápida, precisa, efectiva y lo menos traumática posible para el pueblo cubano.

Cerrar un círculo

Raúl Castro y la cúpula histórica del castrismo saben que el tiempo juega en su contra. El caso de los pilotos de Hermanos al Rescate no es una simple disputa política: se trata del derribo de aeronaves civiles y de la muerte de cuatro hombres. Si la justicia estadounidense avanza hasta sus últimas consecuencias, el régimen tendrá que decidir si protege a una figura que pertenece al pasado o si evita arrastrar a toda Cuba a una crisis mayor.

eL general Francis L. Donovan, durante una inspección este viernes, en la Estación Naval estadounidense en la bahía de Guantanamo.

(EFE)

Guantánamo fue primero una base naval pactada en medio de una relación desigual; luego fue una fuente de empleo y convivencia práctica; más tarde se convirtió en frontera de la Guerra Fría, campo minado, escenario de disparos, migraciones y tensiones. Ahora podría estar convirtiéndose en el punto desde el cual Estados Unidos observa, calcula y prepara el desenlace de una dictadura que ha oprimido a Cuba durante 67 años.
La historia parece cerrar un círculo. El mismo lugar que durante décadas el castrismo usó como símbolo de propaganda antiestadounidense puede terminar siendo el espacio desde el cual se garantice que el final de la tiranía sea más preciso, más ordenado y menos caótico. Guantánamo no es solo una base militar. Es una frontera histórica. Y en esa frontera puede estar empezando a escribirse el último capítulo del poder castrocomunista.

Finlandia en la defensa europea

Finlandia es un ejemplo para el resto de los europeos por su preparación para resistir un ataque de Moscú. El país escandinavo, neutral en la Guerra Fría, desarrolló un modelo de ‘defensa total’, basado en el servicio militar obligatorio y una cuidada planificación del papel … de los ciudadanos y las empresas. Los 1.340 kilómetros de frontera Este con Rusia eran un argumento suficiente, sumado al recuerdo de la ‘guerra de invierno’ de 1939 con la Unión Soviética, en la que perdió el 11% de su territorio.
En ese conflicto Finlandia consiguió resistir a su poderoso vecino con mucha más eficacia de lo esperado. Desde entonces su seguridad no está solo encomendada a sus fuerzas armadas sino a toda la sociedad. En 2023, ante la invasión rusa de Ucrania, se sumó a la OTAN, lo que le llevó a aumentar la inversión en defensa y disminuir otras partidas presupuestarias. Esta prioridad cuenta con el apoyo de los ciudadanos, orgullosos de defender a su país.

El modelo finlandés está pensado para disuadir al cualquier agresor, al convertir un ataque en una operación demasiado costosa. Michael Ignatieff ha explicado este enfoque, que comparten los países bálticos, al hablar de un ‘país puercoespín’. Es decir, desarrollar tecnología y armamento para disuadir a cualquier potencia con malas intenciones, a semejanza de la armadura flexible de púas afiladas de este animal. Dichos roedores no atacan, sino que se defienden ante cualquier amenaza, en primer lugar, con el mensaje de que no merece la pena meterse con ellos.

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Rosalía Sánchez

Sin embargo, no es fácil copiar este modelo a escala europea, dada las reticencias de los gobiernos nacionales a fusionar sus industrias y convertir sus fuerzas armadas en un ejército europeo. Además, la defensa continental debe tener la capacidad de proyectarse hacia el continente africano -el caso de la seguridad en el Sahel es muy ilustrativo- y no solo de funcionar como un escudo estático. Pero el caso finlandés contiene buenas enseñanzas para el que quiera asomarse a ellas.

Trump mantiene el pulso con Irán y aplaza su «decisión final» sobre las negociaciones

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aplazado la «decisión final» que, presumiblemente, iba a adoptar este pasado viernes al término de una esperada reunión de seguridad en la Sala de Crisis de la Casa Blanca, que finalmente terminó sin avances: el bloqueo iraní sobre Ormuz sigue en pie y, este sábado desde Singapur, el secretario de Defensa norteamericano, Pete Hegseth, ha pedido «paciencia» dada la delicada situación.»El presidente Trump solo aceptará un gran acuerdo con Irán», ha manifestado Hegseth desde el foro de Defensa de Shangri-La mientras fuentes de la Casa Blanca confirmaban a la cadena CBS que todavía hace falta tiempo. «El presidente Trump solo llegará a un acuerdo que sea beneficioso para Estados Unidos y que satisfaga sus líneas rojas. Irán jamás podrá poseer un arma nuclear», han explicado.Trump sí que dejó claro el viernes los principios innegociables que Estados Unidos no va a sacrificar en las conversaciones: la confirmación de que Irán no persigue la fabricación de un arma nuclear, la retirada del uranio enriquecido en suelo iraní que podría ser empleado a tal efecto y el levantamiento inmediato del bloqueo de Teherán sobre el estrecho de Ormuz.La agencia semioficial iraní Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, insiste este sábado en que el bloqueo iraní persiste, como también aguanta el declarado por Estados Unidos sobre el perímetro del estrecho.La última reacción del Gobierno iraní procedió el viernes de su portavoz de Exteriores, Esmail Baqaei, para insistir en que no hay cambios sobre uno de los aspectos fundamentales, el programa nuclear iraní. «Lo importante ahora es poner fin a la guerra. No hay ningún tipo de negociación sobre la cuestión nuclear», asguró a la radiotelevisión estatal iraní, IRIB.La agencia de noticias semioficial iraní Fars también informó el viernes de que ahora mismo los borradores de las negociaciones están «en las etapas finales de ratificación en Irán y aún no se ha decidido nada» antes de cuestionar las «afirmaciones del presidente Trump sobre el acuerdo con Irán».

Un juez ordena que se elimine el nombre de Trump al Kennedy Center

Si hay algo que le gusta a Donald Trump es poner su nombre a cosas. Como magnate inmobiliario, más que levantar rascacielos u hoteles, lo que hacía era licenciar su nombre con letras doradas en proyectos desarrollados por otros. Cuando las cosas no le iban … muy bien, vendió con su apellido desde chuletones a títulos universitarios. En el segundo y último mandato, se esfuerza por dejar una huella física imborrable de una presidencia histórica y turbulenta. Será el primer presidente con su firma en billetes emitidos durante su cargo -y hay un proyecto para poner su rostro a otros-, el Departamento de Estado ha puesto su nombre al que era el Instituto de la Paz, cuelgan carteles gigantes con su rostro en la fachada del Departamento de Justicia… Hasta el propio Trump bromeó con rebautizar el Estrecho de Ormuz, en el centro de la guerra de Irán, para que sea el ‘Estrecho de Trump’.
Quizá por esa vanidad tan prominente la decisión judicial de este viernes ha dolido tanto al presidente de EE.UU.: un juez federal de Washington ha ordenado que se quite el nombre de Trump del Kennedy Center, el gran centro de artes escénicas de la capital del país.

Es una cornada al ego de Trump, que ha puesto un gran empeño en transformar la institución, de titularidad pública, a su imagen y semejanza. Poco después de regresar a la Casa Blanca en enero del año pasado se autonombró presidente del Kennedy Center. Llenó su consejo de administración de figuras leales y empezó a tomar medidas sobre la gestión y la programación de la institución. E incluso sobre la apariencia estética: cambió el color de las columnas de su fachada.

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Ludmila Vinogradoff

El año pasado, en una de las habituales maniobras adulatorias de sus acólitos, los regidores del Kennedy Center decidieron cambiar su nombre, y con el del actual presidente por delante de su antecesor de comienzos de la década de 1960: se transformó en el Donald J. Trump y John F. Kennedy Center.
Una de las escasas figuras en el consejo de administración que no es cercana a Trump, la diputada demócrata Joyce Beatty, demandó a la institución por el cambio de nombre. Aseguró que durante la sesión en la que se aprobó la medida, por videoconferencia, silenciaron sus quejas al respecto. También exigió que no se llevaran a cabo los planes de Trump de cerrar el Kennedy Center durante dos años para llevar a cabo renovaciones.
El juez Christopher Cooper, nominado por Barack Obama, le ha dado en buena parte la razón. Ha decidido que se elimine el nombre de Trump en un periodo de dos semanas, tanto de la fachada del edificio como de la web de la institución. Y le ha dado la razón en parte sobre el cierre, aunque con cierto margen para reformular esa decisión.
«El Congreso puso el nombre al Kennedy Center, y solo el Congreso puede cambiarlo», escribió el juez en su decisión.
Trump tuvo una respuesta furibunda. Todo el mundo estaba pendiente este viernes de su «determinación final» sobre un acuerdo de mínimos para poner fin a la guerra de Irán, pero de eso no dijo ni palabra. Sin embargo, dedicó un extenso mensaje en su red social contra la decisión del juez que saca su nombre del Kennedy Center. Criticó los «cientos de millones de dólares» que el Kennedy Center ha perdido en los últimos años y criticó que «por desgracia, el juez Cooper y la derecha radical prefiere que muera (la institución) en lugar de que el presidente Trump la transforme en algo de lo que todo el mundo pueda estar orgulloso».
Después de que el juez asegurara que solo el Congreso puede poner nombre al Kennedy Center, la respuesta de Trump fue que sea el poder legislativo quien se ocupe de la institución a partir de ahora.
«Si no soy libre para hacer lo que hago mejor que cualquiera, recuperar a esta institución desde el punto de vista físico, financiero y artístico, no tengo interés en seguir en este viaje inútil», aseguró el presidente, que anunció que ha dado órdenes al Departamento de Comercio para que haga «todos los arreglos necesarios con el Congreso para ejecutar una transferencia completa de la institución, dándole la responsabilidad para sus operaciones, mantenimiento y gestión».
No está claro cómo se podrá ejecutar esa transferencia o si la ley contempla esa posibilidad. Antes de eso, el consejo de administración del Kennedy Center buscará recurrir la decisión del juez.
También entrará en apelación la decisión de parar el cierre del Kennedy Center durante dos años, que Trump decretó el pasado febrero para obras de renovación. Para Beatty y otros demócratas, el cierre no es necesario, las renovaciones se pueden hacer sin parar la programación y la decisión del presidente tiene que ver con una intención de maquillar la caída en la venta de entradas en el Kennedy.
Desde la toma de control de la institución por parte de Trump, muchos artistas y producciones han cancelado sus programaciones en el Kennedy Center. Entre otros, el musical ‘Hamilton’ y la presencia de la Ópera Nacional de Washington, que decidió acabar una residencia en la institución, donde ha estado durante 55 años.

El feminicidio en Afganistán: la violencia que el mundo permite normalizar

El aumento del feminicidio en Afganistán no es un fenómeno aislado ni una serie de tragedias individuales sin conexión. Es la consecuencia directa de un sistema que ha expulsado a las mujeres de la ley, de la justicia y de la vida pública. Bajo el régimen talibán, la muerte de una mujer rara vez se reconoce como un crimen que requiere investigación y castigo. Con demasiada frecuencia se convierte en una cifra silenciosa, rápidamente olvidada. Cuando la violencia deja de conmocionar, no solo fracasa el sistema legal: se desmorona la conciencia moral de toda la sociedad.Hoy, en Afganistán, casi cada día una mujer es asesinada. Algunas mueren dentro de sus propias casas, a manos de parejas, padres o hermanos. Otras son víctimas de matrimonios forzados, de la llamada «defensa del honor» o de haber intentado tomar decisiones sobre su propia vida. Muchas son violentadas y asesinadas en espacios públicos por miembros del régimen talibán o por hombres armados que actúan sin temor a consecuencias. En la mayoría de los casos no hay investigaciones formales, no hay juicios y no hay responsables.Bajo el control talibán, ser mujer significa vivir en un estado permanente de amenaza. Rabia Habibi, periodista y miembro de la Organización de Mujeres por la Libertad de Afganistán, afirma que hoy las mujeres viven constantemente bajo la sombra de la muerte. No solo enfrentan insultos, humillaciones y violencia por su vestimenta, sino que son objetivo de una violencia sistemática que, en muchos casos, termina en asesinato. Habibi advierte que el aspecto más preocupante de esta realidad es la normalización del feminicidio, donde la vida de una mujer pierde valor social y su muerte deja de provocar indignación.La vida de una mujer pierde valor social y su muerte deja de provocar indignaciónDesde el regreso de los talibanes al poder, las mujeres han sido expulsadas de las escuelas, universidades, empleos y espacios públicos. Sin embargo, la exclusión social no es el daño más grave. Lo más destructivo es la eliminación efectiva del Estado de derecho. Sin tribunales independientes ni leyes que protejan a las víctimas, la violencia doméstica deja de considerarse un delito y el asesinato de mujeres se reduce a un asunto privado. En ese contexto, la justicia no solo es débil: ha sido sepultada.Azita Nazimi, periodista y activista por los derechos de las mujeres afganas, afirma que esta situación demuestra la ausencia total de justicia. «Cuando la vida de las mujeres no se protege y sus asesinatos quedan sin respuesta, significa que una parte de la conciencia de la sociedad ha muerto», sostiene. Para Nazimi, la muerte de una mujer no es una noticia más: es una herida profunda que destruye familias enteras y siembra miedo en todas las demás mujeres que intentan sobrevivir.Cada feminicidio deja consecuencias que se extienden mucho más allá de la víctima directa. Hijos crecen sin madre, familias se desintegran y comunidades enteras quedan marcadas por el trauma. Estas heridas no desaparecen con el tiempo. Una sociedad donde las mujeres carecen de seguridad jamás podrá construir estabilidad, paz ni desarrollo. El feminicidio no es un problema cultural ni privado; es una crisis social y política profunda.El régimen talibán no solo impone restricciones, sino que ha creado un entorno donde la violencia contra las mujeres se acepta como norma. Los insultos públicos, las amenazas, los castigos físicos y la humillación cotidiana ocurren sin consecuencias legales. El mensaje es claro: la vida de una mujer no importa. Cuando ese mensaje se repite cada día, la sociedad se acostumbra. Y no hay violencia más peligrosa que aquella que se vuelve normal.Manizha Sediqi, activista y miembro senior de la Organización de Mujeres por la Libertad de Afganistán, lo expresa con crudeza: «Cada día una mujer es asesinada en Afganistán, inocente, en silencio y casi siempre olvidada». Según Sediqi, cuando los autores de estos crímenes caminan libres y nadie rinde cuentas, la justicia se entierra y la humanidad comienza a desaparecer. El silencio, tanto nacional como internacional, permite que este ciclo continúe.Cada día una mujer inocente es asesinada en Afganistán, casi siempre olvidadaLa repetición constante de estas muertes ha generado una peligrosa indiferencia. Las noticias sobre mujeres asesinadas ya no provocan indignación sostenida. Aparecen brevemente y desaparecen. Nos entristecemos un momento y continuamos con nuestras vidas. Esta apatía progresiva es una de las tragedias más profundas del Afganistán actual. El silencio frente al feminicidio no es neutralidad, es complicidad.A pesar de todo, las mujeres afganas no han elegido callar. Han protestado sabiendo que podían ser detenidas, golpeadas o desaparecer. Han exigido derechos básicos, educación y libertad. El régimen ha respondido con represión, arrestos arbitrarios y amenazas. Sin embargo, la resistencia continúa, muchas veces lejos de los titulares internacionales.La comunidad internacional y los medios tienen una responsabilidad clara. La indiferencia global envía un mensaje peligroso: que es posible asesinar mujeres sin consecuencias políticas ni morales. Defender los derechos de las mujeres afganas no es una cuestión cultural ni local. Es una obligación ética. Los derechos humanos no tienen fronteras.Ya basta. No podemos permitir que la sangre de las mujeres afganas se pierda entre estadísticas frías. Cada mujer asesinada tenía nombre, familia y sueños. Olvidarlas es aceptar su muerte.Afganistán es hoy una prueba para la conciencia del mundo. Defender la vida de sus mujeres es defender la dignidad humana. De esa responsabilidad nadie puede escapar.