Qué se sabe sobre las conversaciones entre EE.UU. e Irán
A punto de cumplirse un mes desde el comienzo de la guerra de Israel y EE.UU. contra Irán, la idea de negociar un final empieza a cobrar relevancia. Presionado por el alza del precio del petróleo, Donald Trump insiste en que ya ha vencido … y que hay en Teherán líderes dispuestos a sentarse a conversar, mientras que el régimen de los ayatolás rechaza cualquier acercamiento y asegura que continuarán luchando hasta el final.
La discreción es clave en el arte de negociar y más en mitad de una guerra. Ambas partes necesitan vender cualquier movimiento como su propio triunfo, y en esa línea difusa entre dialogar, negar las negociaciones y buscar un final favorable se encuentran EE.UU. e Irán, los únicos capaces de acabar una contienda que se ha extendido por todo el Golfo y cuyas consecuencias económicas se sufren en la mayor parte de Occidente.
Al igual que hizo para lograr una tregua en Gaza, este martes Trump facilitó a Irán un plan por puntos para llegar a una tregua que dure al menos un mes. Si bien no han trascendido las 15 condiciones para un alto el fuego definitivo que ha preparado EE.UU., su presidente avanzó que Irán se comprometía a no tener «nunca» armamento nuclear, principal justificación de los ataques que comenzaron hace casi un mes, el 28 de febrero de este año.
Sin embargo, Teherán ha manifestado este miércoles su rechazo al plan de Washington –al que califican como «excesivo»–, que según se especula en diversos medios internacionales exige, además de la renuncia a sus pretensiones nucleares, la reapertura del estrecho de Ormuz, el fin de la financiación por parte del régimen a organizaciones terroristas como Hizbolá, acabar con el programa de misiles y drones y, por supuesto, el fin de las hostilidades contra Israel y los países de Golfo.
Así las cosas, la república islámica tiene su propio programa de máximos que difiere bastante de lo ofrecido por EE.UU. y que ha ido avanzando a través de distintos actores estatales. Irán espera «garantías» concretas de que no volverá a ser atacado, el control formal y práctico del estrecho de Ormuz, de manera que puedan cobrar por el paso de mercancías, el fin de las sanciones internacionales, dejar de atacar a Hizbolá, manetener su programa de misiles balísticos y el pago de indemnizaciones y el coste de la reconstrucción de los daños causados por parte de EE.UU. e Israel.
Una de las bazas que Teherán está utilizando para presionar a Trump a forzar un final es el alza del precio del petróleo a raíz del bloqueo de Ormuz por parte de la Guardia Revolucionaria iraní. Este coste que se refleja en el precio de los combustibles y la inflación está perjudicando la estrategia de Trump dentro de su país, aunque el presidente insiste en que la guerra «ya está ganada».
Pero para cerrar una contienda contra una potencia que no acaba de ceder militarmente, Trump asegura que ha encontrado un interlocutor interno con el suficiente poder para apoyar un acuerdo. Este pertenecería a la cúpula del régimen, alguien «respetado» y «el líder», en palabras del magnate neoyorquino, que ha preferido no revelar su nombre. Washington considera al nuevo Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, como una figura válida para la negociación, tras extender la idea de que está muerto o gravemente herido a causa de los ataques en los que acabaron con Alí Jamenei.
Desde su nombramiento, Mojtaba Jamenei no ha aparecido en público ni se ha escuchado su voz y solo se ha expresado a través de comunicados retransmitidos a través de medios estatales.
Medios como ‘Axios’ y ‘The Jeruslem Post’ han deslizado que el interlocutor más probable sea el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Ghalibaf, aunque este mismo ha negado que estas conversaciones estén teniendo lugar. «Son ‘fake news’ para manipular los mercados financieros y de petróleo y para escapar del atolladero en el que EE.UU. e Israel están metidos», dijo ante estas informaciones. Washington también ha asegurado que no existe una comunicación fluida dentro del régimen, que se encuentra debilitado y bajo la amenaza real de ataques selectivos de Israel y EE.UU.
Por informaciones de ‘The New York Times’ y Reuters se ha conocido un canal de «comunicación directa» entre el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, y el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, «en los últimos días», aunque ninguna de las partes lo ha confirmado. Además de Witkoff, Trump ha enviado a su yerno Jared Kushner para capitanear estos contactos, que también implicarían al vicepresidente J.D. Vance y al secretario de Estado, Marco Rubio.
Tanto Pakistán como Egipto y Turquía se han ofrecido para mediar para unas futuras negociaciones en calidad de aliados tanto de Teherán como de Washington. La propuesta de negociación de EE.UU. llegó a Teherán a través de Islamabad. El ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Badr Abdelatty, también está intermediando entre Araghchi y Witkoff.
La administración de Trump ha mantenido dos rondas de conversaciones con Irán (mediadas por Omán) desde que el líder estadounidense regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, y ambas terminaron con ataques sorpresa contra la República Islámica: en junio del año pasado y, más recientemente, el 28 de febrero.
«Ayer hicieron algo increíble. Nos dieron un regalo, y llegó hoy. Un regalo muy importante que vale mucho dinero», aseguró Trump sobre las conversaciones con el régimen. Todo ello al tiempo que EE.UU. continúa enviando tropas al Golfo y minando la capacidad militar de Irán, bajo un ultimátum prorrogado hasta el sábado para que reabran el estrecho de Ormuz. A la complejidad de unas conversaciones que se están produciendo de forma irregular y a través de distintos canales y mediadores, se añade a la negociación la presión de una gran cantidad de elementos bélicos sobre la mesa.

