Tras la extracción de Maduro, el vacío de poder deja el control del país en una cúpula formada por los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Padrino López, quienes deberán decidir ahora entre la resistencia o una negociaciónTras la operación relámpago que culminó con la … extracción de Nicolás Maduro, el vacío de poder en Venezuela ha puesto el foco sobre el círculo que ha sostenido al chavismo durante la última década. Al igual que la Banda de los Cuatro en la China de Mao Zedong, que radicalizó la revolución y controló los resortes del Estado en los momentos de mayor caos, cuatro figuras clave emergen ahora como los únicos capaces de asumir la sucesión o precipitar el colapso definitivo del régimen.
Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López conforman esta tetrarquía de facto. Ellos controlan, respectivamente, la Administración, el aparato legislativo, la Inteligencia y el partido político y las Fuerzas Armadas. Con Maduro fuera de escena, cualquiera de ellos podría reclamar el mando bajo la excusa de la continuidad revolucionaria, convirtiéndose en objetivos prioritarios para la estrategia estadounidense de estabilización.
Delcy Rodríguez: la heredera administrativa
La vicepresidenta ejecutiva ha sido la cara visible de la gestión diaria del Gobierno y la encargada de la política económica que permitió al régimen sobrevivir a las sanciones previas. Hermana de Jorge Rodríguez, su perfil es más técnico pero ferozmente leal. Tras la operación, fue una de las primeras en alzar la voz mediante una llamada telefónica al canal estatal VTV, calificando de «brutal y salvaje» el ataque aéreo sobre Caracas y estados aledaños.
Su situación actual es confusa. Aunque inicialmente se especuló con que podría haber huido a Rusia, los últimos rumores la sitúan escondida en algún punto de Caracas, intentando reorganizar el régimen chavista. En su alocución, Rodríguez exigió una fe de vida de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, denunciando su «extracción forzada». Además, anunció la activación del «Decreto de Conmoción Internacional», una medida preparada meses atrás ante la presencia militar estadounidense en el Caribe. «Nunca seremos esclavos, somos hijos de Simón Bolívar», sentenció, haciendo un llamamiento a la unión cívica-militar, aunque su capacidad real de mando sin la figura de Maduro es una incógnita.
Jorge Rodríguez: el estratega
Presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la vicepresidenta, Jorge Rodríguez es considerado el cerebro político del madurismo. Psiquiatra de formación, ha sido el arquitecto de las negociaciones con la oposición y Estados Unidos -que no llegaron a ningún lado y solo permitieron al chavismo ganar tiempo-, manejando los hilos del diálogo con una frialdad calculadora. Es señalado de representar el ala más maquiavélica del chavismo, capaz de navegar crisis complejas y purgas internas.
Lo más inquietante en estas primeras horas ha sido su absoluto silencio. Mientras los otros miembros de la cúpula han emitido comunicados o aparecido en medios, el jefe del Parlamento chavista no se ha pronunciado. Esta ausencia alimenta todo tipo de especulaciones: desde que podría estar negociando una salida personal, hasta que está diseñando la estrategia de contraataque institucional para llenar el vacío de poder legal dejado por Maduro. Su control sobre el aparato legislativo lo convierte en una pieza clave para dar un barniz de legitimidad a cualquier sucesor que el chavismo intente imponer en las próximas horas.
Diosdado Cabello: el puño del partido
Si los Rodríguez son el cerebro, Diosdado Cabello es el músculo y la ideología dura. Ministro de Interior y número dos histórico del chavismo, controla el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y los organismos de Inteligencia y represión policial. Según algunos analistas, su poder emana de su conexión con las bases radicales y sectores militares descontentos con la cúpula madurista.
Cabello reaccionó apareciendo en VTV rodeado de militares, proyectando una imagen de fuerza y control. En su discurso, hizo un llamamiento a la calma, pero con una retórica bélica, pidiendo a la población «no facilitarle las cosas al enemigo invasor», a quien tildó de «criminal y terrorista». Cuestionó duramente a los organismos internacionales, preguntando si serán «cómplices de esa masacre» ante las bombas en zonas civiles. A pesar de admitir que EE.UU. logró «parcialmente» su objetivo con la captura de Maduro, insistió en confiar en el «alto mando político militar», posicionándose él mismo como el garante del orden interno y la resistencia armada.
Vladimir Padrino López: el brazo armado
El ministro de Defensa es la pieza fundamental del tablero. Con más de una década en el cargo, Padrino López ha sido el muro de contención que evitó fracturas en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Sin su lealtad, Maduro habría caído hace años; sin su apoyo ahora, ningún sucesor podrá mantenerse en el poder ni 24 horas.
Fue el primero en dar la cara tras el ataque, utilizando las redes sociales para denunciar lo que calificó como el «ultraje más grande» sufrido por la nación, atribuyéndolo a la «insaciable codicia» extranjera por los recursos estratégicos de Venezuela. En su vídeo confirmó ataques con misiles desde helicópteros y el inicio de operaciones de búsqueda de víctimas. Su liderazgo es lo único que mantiene, de momento, la cohesión en los cuarteles. Si Padrino decide negociar una transición, el chavismo habrá terminado; si decide resistir, Venezuela podría enfrentarse a un escenario de conflicto prolongado.