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Venezuela y Japón: dos desastres y dos formas de afrontar la tragedia

El doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudió la zona centro-norte de Venezuela el miércoles ha dejado al descubierto una realidad devastadora: la peor catástrofe del país no es solo geológica, sino también institucional.A diferencia de Japón, donde … seísmos similares suelen causar hoy un impacto controlable por las autoridades, en Venezuela el resultado ha sido apocalíptico. La explicación científica radica en que el epicentro de estos dos terremotos no fue demasiado profundo, de entre 10 y 15 kilómetros, liberando una energía cortante y directa bajo zonas densamente pobladas.

Sin embargo, otro factor letal definitivo ha sido la erosión del aparato estatal tras décadas de negligencia y corrupción. La clave para entender este contraste no está en el presente, sino en cómo ambos países reaccionaron ante las grandes tragedias que sufrieron a finales del siglo XX.

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Jorge Benezra

Ya es un hecho conocido que Japón es una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta. Para el país asiático, el punto de inflexión fue el trágico terremoto de Kobe en 1995. Aquel desastre no fue olvidado; se transformó en memoria institucional. Desde entonces, el Gobierno nipón revolucionó sus normativas arquitectónicas –que ya había desarrollado sobre todo tras el Gran Terremoto de Kanto de 1923–, aplicó una fiscalización implacable a la inversión pública y perfeccionó sus sistemas de alerta automatizados.
Gracias a esa cultura de prevención inflexible, la intensa secuencia sísmica que afectó a la región de Sanriku entre finales de 2025 y este mismo junio de 2026 con magnitudes de hasta 7,7 se saldó con apenas una decena de heridos leves y un retorno inmediato a la normalidad. Si bien es cierto que muchos de los grandes seísmos en Japón son de carácter interplaca (los que se producen en el límite entre dos placas tectónicas) y ocurren a grandes profundidades bajo el océano –lo que fragmenta y atenúa la energía ondulatoria antes de que esta impacte en la superficie continental–, esa ventaja geológica por sí sola no explica el reducido impacto humano, ya que cuenta con los tsunamis como efecto secundario.
De hecho, los antecedentes japonéses demuestran cómo las estrictas normativas han reducido significativamente el costo humano de los seísmos superiores a magnitud 7. Mientras que el Gran Terremoto de Kanto (magnitud 7,9) dejó unos 105.000 muertos y el de Kobe (magnitud 7,3) causó más de 6.400 fallecidos y 43.000 heridos, el impacto de las catástrofes en el siglo XXI se ha reducido drásticamente. Incluso el megaterremoto de Tohoku en 2011 (magnitud 9,0), cuyas 19.000 víctimas se debieron mayormente al tsunami devastador, demostró que las estructuras urbanas ya eran capaces de resistir el impacto directo. Hoy en día, sismos como los de Kumamoto en 2016 o la península de Noto en 2024 se saldan con centenares de víctimas y no con las decenas de miles del pasado, evidenciando que un Estado eficiente puede contener la tragedia.

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Dicho lo cual, la diferencia decisiva radica en un Estado que ha convertido cada desastre en una oportunidad para reforzar sus capacidades de prevención, respuesta y reconstrucción. Esa fortaleza se sustenta de manera directa en las estrictas normas de edificación del país, que se han actualizado tras cada gran terremoto para exigir tecnologías obligatorias como el refuerzo estructural a base de acero y hormigón, los amortiguadores que disipan la energía y el aislamiento sísmico de la base mediante bloques de goma que separan el edificio del suelo.
Estas regulaciones se complementan con minuciosas medidas de protección civil que blindan a la población frente a efectos secundarios como los tsunamis, entre las que destacan una red automatizada de alertas tempranas por satélite que detiene trenes de alta velocidad y fábricas en segundos, una colosal infraestructura de muros costeros con compuertas anti-inundación, y una arraigada cultura ciudadana que realiza simulacros periódicos de evacuación.

Venezuela, la antípoda de Japón en prevención

Por el contrario, la realidad venezolana se sitúa en las antípodas. En diciembre de 1999, el gigantesco deslave de Vargas sepultó a comunidades enteras bajo el lodo y causó más de 2.500 muertes. Sin embargo, en lugar de robustecer los planes de contingencia, las últimas décadas estuvieron marcadas por la degradación del aparato estatal, la proliferación de construcciones precarias sin supervisión técnica y el desvío de fondos destinados al desarrollo urbano.
Este cadena trágica se hace aún más evidente al mirar al archipiélago nipón. Mientras los venezolanos escarban entre los escombros con las manos desnudas, Japón cada vez demuestra que las catástrofes a gran escala no son fatalidades del destino, sino variables gestionables, aunque sea de manera parcial y preventiva.
En el ámbito de la teoría económica existe el concepto del «capitalismo de desastre». Esta perspectiva plantea que, bajo ciertas condiciones, las labores de reconstrucción tras una catástrofe pueden movilizar la economía interna e impulsar la modernización tecnológica y estructural de una región. Por supuesto, nadie a su sano juicio desearía una catástrofe natural como motor del desarrollo económico. Pero, históricamente, eventos como el gran incendio de Chicago de 1871, que dio paso a la arquitectura moderna de acero, o el propio terremoto de Kobe en 1995, que redefinió los estándares globales de ingeniería sismorresistente, demuestran que es posible transformar una crisis en una oportunidad de desarrollo.
No obstante, esta capacidad de resiliencia no es universal: exige como requisito indispensable y mínimo una economía sólida, instituciones transparentes y un Estado con capacidad de respuesta.

Un torpe comentario del jefe de la OTAN pone a Italia en la diana de Irán

Irán ha amenazado a Italia con convertir su territorio en objeto de represalias por su responsabilidad en los ataques norteamericanos que comenzaron el pasado mes de marzo con bombardeos masivos en territorio persa. El primer día del ataque norteamericano -apodado ‘Furia Épica’- acabó con la … vida del Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei.
La amenaza ha sido lanzada por el viceministro iraní de Asuntos Exteriores, Kazem Garibaldi, en un mensaje en la red social X (antigua Twitter), en la que se incluye también a Rumanía, país que cuenta igualmente con bases militares norteamericanas desde la que supuestamente despegaron aviones en la operación contra Irán.

En el origen de este episodio se encuentran unas declaraciones a la cadena Fox News del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en las que el jefe de la Alianza se vanagloriaba de la buena relación entre aliados porque «desde las bases norteamericanas en Italia despegaron 500 aviones para la operación Furia Épica». Estados Unidos cuenta con 120 instalaciones militares en Italia, que incluyen la base naval de Sigonella en Sicilia y la base aérea de Aviano en el norte de ese país.

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Francisco de Andrés

Las declaraciones del habitualmente cauto político neerlandés han levantado también ampollas en Italia, donde el Gobierno de Giorgia Meloni mantiene una línea ‘neutra’ en el conflicto entre EE.UU. y el régimen de los ayatolás. Según Roma, las autoridades dieron su autorización para que las bases militares norteamericanas se utilizaran para tareas de «logística y abastecimiento» durante las operaciones militares, pero no para servir de lanzaderas en los ataques.
La torpeza de Rutte está hecha, y solo queda por ver si Irán tomará algún tipo de represalia contra Italia, del género de las que durante la guerra tomó contra los países árabes del Golfo que prestaron bases o apoyo a la aviación norteamericana. Más que misiles o drones, dada la distancia geográfica, las autoridades italianas han decidido extremar la vigilancia ante posibles ataques terroristas de corte yihadista teledirigidos por Teherán.

Sin casa o con miedo a las réplicas: los damnificados del terremoto pasan la segunda noche en la calle

Desde la tarde del miércoles, en Venezuela no saben qué es pasar una noche sin sobresaltos. Las réplicas constantes reviven el temor de sufrir un nuevo sismo. Las noches son largas, pero aún más para quienes buscan a un familiar desaparecido.La noche de … este jueves también fue eterna para quienes perdieron sus viviendas o quienes no pueden regresar por el estado en el que han quedado algunos edificios. En Los Palos Grandes, una zona al este de Caracas, una familia llevaba este viernes 24 horas pernoctando en la plaza. Con un par de bolsos y dos sillas, esperaban alguna información para poder pasar la noche en un lugar seguro.

La hija de la pareja se recostaba en una colchoneta, mientras, alrededor, los vecinos también contaban con angustia el paso de las horas. El alcalde del municipio dijo que trabajaban en coordinar junto a la empresa privada una alianza para llevar a los damnificados a hoteles.

Noche en vela en Venezuela, después del terremoto .

(Reuters)

Pero la angustia es mayor para quienes volvieron a pasar otra noche sin ubicar a sus seres queridos. Una de ellas es Izkanel Pérez, quien busca desesperadamente a su madre, Izkandé Martins. La mujer quedó atrapada en un piso del edificio Parque Azul, en Tanaguarena, en el estado de La Guaira.
Los hijos de Izkandé Martins viven en Caracas. Su madre se encontraba a 40 minutos de ellos, solo acompañada por su mascota, Luna. Creen que, cuando ocurrieron los seísmos a las seis de la tarde, ella dormía la siesta. Este viernes, la pregunta más recurrente entre sus hijos es si han hecho lo suficiente y dicen que no descansarán hasta encontrarla.

Entre colchones y sábanos

En Caracas, la gente tampoco pega ojo. Andrés Ramírez no sabe lo que es dormir desde el miércoles. La noche de este jueves veía por la ventana a sus vecinos en la acera de enfrente, pasando la noche entre colchones y sábanas, pues el edificio donde vivían sufre riesgo de derrumbe.

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Andrés se preguntaba si habían comido, si tenían frío. «Si yo, que estoy en mi casa, tengo frío, ¿cómo será para ellos?. Si siguen allí, es porque no tienen adónde ir», declara a ABC.
Entre súplicas, ha pedido a Dios alguna ayuda para sus vecinos y cree que este le ha escuchado, pues una hora más tarde se pararon dos camionetas frente a la acera. Era un grupo de voluntarias que les llevaba comida. Andrés, que puso un colchón cerca de la puerta de su casa para salir más rápido en caso de que volviera a ocurrir otro sismo, asegura que tiene mucho miedo y que no encuentra sosiego.

«Si yo, que estoy en mi casa, tengo frío, cómo será para ellos. Si siguen allí en la calle, es porque no tienen adónde ir»

Andrés Ramírez
Superviviente de Caracas

Para la gente, el impacto psicológico ha sido devastador. Algunos no quieren estar entre cuatro paredes, otros ni siquiera han vuelto a bañarse, otros recuerdan el estruendo que salió de la tierra. En Yaracuy, las réplicas que se sintieron la noche del jueves tampoco los dejaron dormir. Para muchos, es difícil conciliar la tranquilidad en medio de tanta devastación.

Improvisando camas en la calle

A familias enteras les ha tocado improvisar espacios para pasar las horas. En Los Próceres, varias personas dormían sobre el césped y algunos montaron hamacas con sábanas entre dos árboles. Muchos estaban con sus mascotas, a quienes no han abandonado.

Para la gente, el impacto psicológico de los terremotos ha sido devastador. Algunos no quieren estar entre cuatro paredes, otros ni siquiera han vuelto a bañarse

La jornada también ha sido larga para los rescatistas, mototaxistas y toda la gente que ha tenido que trabajar estos días. Una de ellos explica que ha prestado apoyo bajando y subiendo con la moto insumos a El Junquito, donde indica que varias casas están destrozadas. Algunos bomberos llevaban más de 24 horas sin parar y ni siquiera podían imaginar qué sería lo siguiente que vendría.

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En La Paz, al oeste de Caracas, otras familias aguardaban en una plaza. Varias calles se han llenado de personas que no pueden volver a sus hogares y que esperan alguna respuesta para saber cómo transcurrirán las próximas horas.

EEUU bombardea Irán tras el ataque de Teherán a un buque en el estrecho de Ormuz

El Ejército de los Estados Unidos ha bombardeado este viernes objetivos en Irán como respuesta a un ataque perpetrado por la República Islámica contra un buque de carga el jueves en el estrecho de Ormuz, pese a que el gobierno de Teherán había acordado con Washington la reapertura de este paso, confirmó el Comando Central de Estados Unidos (Centcom).Así, aeronaves estadounidenses atacaron en territorio iraní almacenes de drones y misiles del régimen, así como bases costeras de radares, aseguró el Centcom, con sede en Florida, en un comunicado en el que acusó a Irán de «violar el alto al fuego».El organismo militar justificó la agresión «como una respuesta contundente» al ataque del jueves de Irán contra el buque M/V Ever Lovely, con bandera de Singapur, mientras estaba saliendo del estrecho de Ormuz a lo largo de la costa de Omán.El Comando Central denunció que «la agresión injustificada contra el transporte marítimo comercial por parte de las fuerzas iraníes violó claramente el alto el fuego».»Además, el comportamiento peligroso de Irán socavó la libertad de navegación en un momento en que el comercio fluye cada vez más a través de este corredor comercial internacional de vital importancia», indicó.Horas antes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusó a Irán de una violación «insensata» del alto el fuego por lanzar «al menos cuatro drones de ataque unidireccional contra barcos que transitaban por el estrecho de Ormuz».El incidente ocurrió a 7,5 millas náuticas al sureste de Dahit, en Omán, según la Agencia británica de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO), que recomendó precaución a los buques en la vía, por donde pasa el 20 % del crudo global.Este sería el primer ataque registrado en la zona desde que Estados Unidos e Irán firmaron la semana pasada un memorando de entendimiento para acabar con las hostilidades y reabrir el tráfico en Ormuz, en lo que negocian un acuerdo final que aborde el programa nuclear iraní.El Centcom aseguró que las fuerzas estadounidenses «continúan brindando coordinación y apoyo para el paso seguro de las embarcaciones comerciales que transitan por el estrecho».»El Ejército de EEUU permanece presente y vigilante para garantizar que todos los aspectos del acuerdo con Irán se cumplan, se obedezcan y estén en pleno vigor y efecto», concluyó.

EE.UU. bombardea objetivos de Irán tras acusarles de violar el alto el fuego en Ormuz

Estados Unidos ha atacado objetivos iraníes de depósitos de misiles y drones, así como radares costeros como respuesta a la denuncia que hizo horas antes el presidente del país, Donald Trump, que acusó a las autoridades de Irán de lanzar un ataque con drones … contra buques en aguas del estrecho de Ormuz, algo que ha calificado de «violación estúpida» del acuerdo preliminar alcanzado la semana pasada.
«La agresión injustificada contra la navegación comercial por parte de las fuerzas iraníes violó claramente el alto el fuego«, ha señalado el Mando Central de Estados Unidos en X, describiendo los bombardeos contra Irán como «una respuesta contundente» al ataque contra un buque comercial que transitaba por el estrecho de Ormuz.

Además, Estados Unidos ha acusado a Irán de socavar «la libertad de navegación» con su «comportamiento peligroso», además en un momento, según destacan, de «creciente flujo comercial a través del vital corredor internacional».

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Mikel Ayestaran

La denuncia de Trump

«La República Islámica de Irán ha disparado al menos cuatro drones en un ataque unidireccional contra buques que transitaban por el estrecho de Ormuz. Uno ha impactado de lleno en la cubierta superior de un gran y costoso barco de carga. Si bien se produjeron daños, la nave pudo continuar su viaje», ha escrito el presidente estadounidense en su cuenta de Truth Social.
Y ha añadido: «Derribamos otros tres drones. Obviamente, esto constituye una violación imprudente de nuestro acuerdo de alto el fuego». El mandatario norteamericano se refería a un incidente con un barco que se produjo a solo 7,5 millas náuticas (14 kilómetros) de la costa de Omán.
La agencia británica de seguridad marítima (UKMTO) anunció el pasado jueves que un buque de carga en el estrecho había sido «alcanzado en el costado de estribor por un proyectil desconocido, lo que causó daños en el puente de mando», pero no informó de víctimas.

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El secretario general de la Organización Marítima Internacional de la ONU, Arsenio Domínguez, anunció a continuación la suspensión de las labores de evacuación de unos 600 buques y 11.000 marineros atrapados en el Golfo a causa de la guerra, iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero.

Una semana de relativa calma

El incidente se produjo tras más de una semana de relativa calma en el estrecho de Ormuz, después de que Irán y Estados Unidos levantaran bloqueos mutuos como parte de un memorando de entendimiento destinado a poner fin a la guerra en Oriente Próximo.
El alto el fuego entró en vigor el 8 de abril, pero la violencia esporádica ha continuado en la región del Golfo, incluidos los ataques a buques por parte de las fuerzas de Teherán y los ataques estadounidenses contra Irán.

Los hospitales de Venezuela, sin medios para los heridos del terremoto

La Guaira, epicentro del doble terremoto en Venezuela, exporta sus heridos a una Caracas paralizada. En el hospital Pérez Carreño, las listas de pacientes empapelan las paredes mientras el sistema de salud, ya golpeado por años de crisis, intenta no desmoronarse.Luis Ríos subió … desde La Guaira con su hermana aferrada a la espalda en una motocicleta. Ella tiene la tibia fracturada. Gime cada vez que la rueda pasa por una grieta en el asfalto. Abajo, en la costa, no quedaba nada abierto. Ni un consultorio, ni una clínica, ni un centro de salud con capacidad para recibirla. Los pocos que funcionaban tenían las camillas ocupadas desde la primera hora. Así que Luis hizo lo que hicieron decenas esa noche: montó a su hermana herida en lo que tenía y subió la montaña hacia Caracas. «No podemos tener a alguien con fractura de tibia sin atención médica, así que la traje para acá», dice ya en la puerta del hospital Pérez Carreño, en el oeste de la capital, con la camisa manchada de tierra seca y los ojos enrojecidos. La hermana no habla. Aprieta los dientes y mira el piso.

No es el único. Las urgencias no han dejado de recibir heridos desde las ocho de la tarde del miércoles. Llegan en ambulancias, coches particulares, motos, a pie… Algunos con fracturas expuestas envueltas en trapos de cocina. Otros con cortes profundos que dejaron de sangrar por la espera. Una señora mayor llega en silla de ruedas empujada por un vecino que ni la conoce. Caracas, a oscuras por los cortes eléctricos, es una ciudad donde nadie duerme. La gente prefiere la calle por miedo a las réplicas. Las sirenas no paran. Cada pocos minutos se escucha otra, acercándose o alejándose, y nadie voltea a mirar. En medio de esa parálisis, este hospital y el periférico de Catia se han convertido en los dos embudos donde desemboca todo lo que La Guaira ya no puede contener.

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Marina Martínez

En las urgencias, voluntarios con cascos amarillos intentan poner orden. Canalizan donaciones: agua, gasas, alimentos… Separan a los que llegan caminando de los que vienen en camilla. Dentro, la sala de espera es una caja de resonancia. Una bulla constante que ensordece. Todos hablan de lo mismo. Del ruido que vino de la tierra. De los 39 segundos entre un terremoto y otro. Del olor a gas que salía de las tuberías rotas en Catia La Mar.
Cada pocos minutos, la puerta doble se abre. Un enfermero sale y grita por encima del murmullo: «Familiar de Pedro Delgado. Familiar de Carolina Fernández. Familiar de la niña Yusleidi Rojas». Los nombres flotan un segundo antes de que alguien levante la mano y corra hacia adentro. Otros nombres no reciben respuesta. El enfermero repite. Nada. Vuelve a entrar.

«No podemos tener a alguien con fractura de tibia sin atención médica, así que la traje para acá, al hospital Pérez Carreño»

Luis Ríos
Damnificado en La Guaira

Las paredes externas son un mapa del desastre. Empapeladas con listas escritas a mano o impresas a la carrera. Nombre, cédula y procedencia del paciente. La mayoría tienen un trazo de marcador fosforescente al lado. Ese trazo significa una sola cosa: vienen de La Guaira. La desesperación se lee en cómo recorren cada línea con el dedo índice, esperando encontrar a su familiar y temiendo, al mismo tiempo, lo que eso implica. Una mujer con bata lleva más de una hora frente a la pared. No ha encontrado el nombre que busca.

En la morgue

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Nos acercamos a la morgue del Pérez Carreño buscando una cifra oficial. Un vigilante del hospital me frena antes de llegar. «Aquí ya no caben», dice sin rodeos. «Los están mandando para la morgue de Bello Monte, que es la principal, y para la del Llanito». Le preguntamos cuántos han pasado por aquí. Se encoge de hombros. «Incontable». Un paramédico que lleva trabajando sin descanso confirma lo mismo y calcula que solo por la puerta de emergencias han ingresado unos 700 heridos. «Y eso que muchos ni llegan hasta acá», agrega. «Se quedan en el camino porque no hay cómo transportarlos».

Los hospitales, que ya sufrían graves carencias antes del doble terremoto, están colapsados por los heridos en los derrumbes de edificios, sobre todo en La Guaira, donde no funcionan centros médicos..

(J. Benezra)

El Ministerio de Salud activó ocho hospitales públicos en la Gran Caracas y doce clínicas privadas para triaje. Pero la realidad del sistema venezolano es un paciente crónico. El último informe de la Encuesta Nacional de Hospitales arrojó en 2024 un déficit cercano al 60% en capacidad quirúrgica. De diez quirófanos por hospital, solo cuatro funcionan. En el 91% de los centros, a los pacientes se les pide una lista de suministros para poder operarlos. Esa era la situación antes del terremoto. Lo que ocurre ahora es la saturación de un sistema que ya operaba al límite.
La presidenta interina, Delcy Rodríguez, reconoció en mayo que el sistema está «golpeado», atribuyéndolo a las sanciones internacionales. Hoy, ese sistema tiene que absorber dos seísmos. La Organización Panamericana de la Salud informó que al menos veinte centros de salud estuvieron expuestos a intensidades sísmicas de siete o más en la escala de Mercalli, lo que significa que podrían haber sufrido daños estructurales graves. Ciro Ugarte, director de Emergencias en Salud de la OPS, lo resumió así: «Las primeras horas son críticas para salvar vidas, en un momento de baja disponibilidad de trabajadores de salud, instalaciones sanitarias y suministros».

«Las primeras horas son críticas para salvar vidas, en un momento de baja disponibilidad de trabajadores de salud, instalaciones sanitarias y suministros»

Ciro Ugarte
Director de Emergencias en Salud de la OPS

En medio del caos, la fe busca su espacio. Pastores evangélicos llegan a la sala de espera. No traen gasas ni suero, traen palabras. «Levanten sus manos quien pueda y digan: Dios, te necesitamos», proclaman. Algunos levantan las manos. Otros siguen mirando las listas. Nadie los echa. Nadie les pide que se vayan. En una esquina, un hombre reza solo, de rodillas, con la frente pegada a la pared.

«Ayúdenme»

Lady Jaragua es una de las que espera. Su familia vivía en un edificio que se vino abajo. «Los demás se salvaron, pero en el piso uno se encuentra mi hermana Jordi, su hija, su papá y su perrito», cuenta. Su voz se quiebra. «Hay gente que grita abajo, se escuchan ecos. Se escucha donde dicen ‘ayúdenme’. Que nos encuentren, vivos o muertos, pero que nos encuentren». Lady no sabe si está esperando una noticia del hospital o del edificio. Las dos cosas se le mezclan.

«Hay gente que grita abajo, se escuchan ecos. Se escucha donde dicen ‘ayúdenme’. Que nos encuentren, vivos o muertos, pero que nos encuentren»

Lady Jaragua
Superviviente de un edificio derruido

Jesús Contado, bombero voluntario, lleva horas ingresando lesionados que suben desde La Guaira. «Lo más grave son las personas afectadas por las estructuras», explica. Advierte sobre lo que viene después del rescate. «Esto genera un impacto psicológico. Muchas personas van a quedar afectadas. Ya hay gente que no puede hablar. Se quedan mirando un punto fijo».
Clementina Venegas, otra voluntaria, canaliza donaciones del exterior. Una amiga en Miami le envió dinero para comprar insumos. «Sé que en Estados Unidos están recolectando cosas, pero eso no llega rápido», dice. Su consejo a la diáspora: enviar dinero a personas de confianza en el terreno. «Lo que se necesita es efectivo aquí, ahora. Gasas, agua, comida… No contenedores que tardan semanas».

«Lo que se necesita es efectivo aquí, ahora. Gasas, agua, comida. No contenedores que tardan semanas»

Clementina Venegas
Voluntaria

Dentro, en pediatría, la licenciada Andrea Torres no ha parado. «Hemos llegado a tener 26 pacientes. Dos ya salieron de alta», relata. Tiene suministros médicos por ahora, pero la urgencia es otra. «Necesitamos productos de higiene personal. Estamos bañando a los niños, quitándoles la tierra». Algunos llegaron solos. Sin un adulto que los acompañe. Torres no dice la palabra huérfano, pero la implicación flota en el aire del pasillo.
El Gobierno anunció el despliegue de 11.500 funcionarios de seguridad en La Guaira para «garantizar la paz» y más de cien equipos de maquinaria pesada. Mientras tanto, Tom Fletcher, el subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, ha declarado que más de 50.000 personas permanecen desaparecidas. «Se trata de una operación de rescate extremadamente compleja», dijo desde Ginebra. «Es evidente que la cifra de fallecidos aumentará considerablemente». La ONU liberó 15 millones de dólares (13 millones de euros) del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia y activó veinticinco equipos internacionales de búsqueda con más de mil especialistas.
Pero aquí, en la puerta del Pérez Carreño, la macrocifra pierde sentido. Lo que importa es el nombre en la lista, el grito del enfermero, la moto que llega cubierta de polvo. La OMS advierte que los efectos de un terremoto no terminan con los rescates. La interrupción de la atención para enfermos crónicos es la réplica silenciosa que mata meses después. Los hipertensos sin pastillas. Los diabéticos sin insulina. Los pacientes renales sin diálisis.
Por ahora, en Caracas, la urgencia es el presente inmediato. Quitarle la tierra a los niños. Encontrar a los que gritan bajo los escombros. Y esperar que el nombre que buscas aparezca en la pared, subrayado en fosforescente. Afuera, la noche sigue sin terminar.
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