Eli Sharabi, secuestrado por Hamás el 7-O: «Intentaban convencernos con comida para que pronunciáramos frases del Corán»
Eli Sharabi fue secuestrado por Hamás el 7 de octubre de 2023. Estuvo 491 días en cautiverio. Al comienzo en casas, después en túneles bajo tierra. Su mujer, sus dos hijas y su hermano mayor murieron asesinados en la masacre, pero eso lo supo … ya en libertad. Escribió su testimonio en el libro ‘Rehén’, que acaba de publicarse en español por Nagrela Editores, y desde entonces se ha convertido en defensor internacional de prisioneros en cautiverio.
Nacido en Tel Aviv, en el seno de una familia de origen yemení y marroquí, Eli Sharabi se trasladó a Be’eri en la adolescencia y más tarde se casó con Lianne, ciudadana británica con quien tuvo dos hijas, Noiya y Yahel, de 16 y 13 años el día del ataque de los terroristas. Residente durante muchos años en el kibutz Be’eri, ejerció como director financiero y gerente empresarial y también fue director financiero de Be’eri Printing y de otras empresas privadas en Israel. Esta semana ha visitado en Madrid para presentar la traducción al español de ‘Rehén’.
—¿Cuál es la diferencia entre sobrevivir y estar vivo?
—Vaya, es una gran diferencia. Cuando sobrevives, haces todo lo posible; cada día piensas en tus respuestas, en cómo reaccionar, en cómo comportarte con personas que pueden acabar con tu vida en un segundo. Así que te quedas sin ego. Sufrimos humillaciones a diario y no reaccionábamos ante ellas. Por eso hay una gran diferencia entre sobrevivir y vivir. Cuando vives, puedes elegir ir a la playa y empezar allí tu día.
—En su relato no se percibe odio. ¿Por qué es importante esta historia?
—Las experiencias que vivimos fueron horribles: humillación, violencia y miedo constante por nuestras vidas. Cuando fui liberado y empecé a comprender, mientras estaba en el hospital, que ninguno de los rehenes estaba hablando y que habían convertido la cuestión de los rehenes en un asunto político, no pude soportarlo. Así que di mi primera entrevista dos días después. Sabía que era muy importante contarlo todo. No me educaron para odiar a la gente. No me educaron para la venganza, ahora quiero reconstruir mi vida. No odio a nadie, excepto a Hamás como organización terrorista. Nunca he odiado a los palestinos y tampoco voy a empezar ahora.
—A lo largo del cautiverio aparecen relaciones humanas complejas con sus captores. Hay conversaciones sobre democracia, libertad, economía e incluso cine. ¿Cómo entiende hoy esas interacciones?
—Yo sabía que tenía un papel y una misión: sobrevivir. Así que necesitaba mantener una relación respetuosa con ellos. Llegué a conocerlos. Los veía llorar, los veía felices. Tuvimos muchísimas conversaciones sobre muchos temas. Después de unos 40 días de cautiverio, cuando empezaron a conocerme mejor y comprendieron que yo no quería matarlos ni los odiaba, me dijeron: «Ojalá todos los israelíes fueran como tú». Entonces intenté explicarles lo que eso significaba. Uno de ellos respondió: «No te creo. Eso no es lo que aprendemos. Lo que aprendemos en las escuelas y en las mezquitas es que todos ustedes nos odian y quieren matarnos». Hay muchísima ignorancia, y uno puede darse cuenta de ello.
—¿Cómo?
—Los vi temblar, sufrir ataques de pánico. Existe una enorme distancia entre lo que creen y la realidad. Después de conocerlos, especialmente al principio, cuando conviví con la familia palestina y con mis guardianes de Hamás, comprendí que estaban realmente interesados en el dinero. Así que empecé a explicarles economía y cómo funciona. Escuchaban con mucho interés. También era una manera de crear un vínculo con ellos, de mantener una buena relación para que se preocuparan por mí y no me dejaran morir de hambre. Pero después nos trasladaron a los túneles, a 50 metros bajo tierra.
En la primera imagen, Eli Sharabi retratado el día de su liberación, el 8 de febrero de 2025. Le sigue su retrato este junio de 2026 en Madrid. Detalle de la cubierta de ‘Rehén’, publicado en español por Nagrela..
(ABC)
—La noción del tiempo ocupa un lugar central en su relato. ¿Cómo logró conservarla?
—Forma parte del modo supervivencia. Me metieron en un coche cerca de Be’eri y empecé a contar los minutos porque quería entender adónde me llevaban y qué distancia había respecto de mi casa. Ya el primer día comprendí que no estaba tan lejos de ella. Sabíamos que 2024 tenía 29 días en febrero. De lo contrario habríamos perdido la cuenta. También sabíamos la hora del día, y eso los molestaba muchísimo. Yo la deducía preguntándoles por sus oraciones. Rezan cinco veces al día. Ellos pensaban que yo estaba interesado en el islam, pero en realidad solo quería información sobre la hora y sobre la dirección en la que rezaban para entender dónde estaba. Contábamos las oraciones y sabíamos si eran las doce del mediodía, las cuatro de la tarde o cualquier otra hora.
—Se describe como una pieza de intercambio. ¿Hasta qué punto esa conciencia fue clave para sobrevivir?
—Me aferré a la idea de que me necesitaban vivo, especialmente porque era el traductor del grupo, del hebreo al árabe y del árabe al hebreo.
«No tienes que estar de acuerdo con tu gobierno para sentirte israelí o para sentir lealtad hacia tu país»
—Los captores intentaban utilizar la comida para obligarlos a pronunciar determinadas frases del Corán. ¿Qué significó resistirse?
— En ese momento solo comíamos una vez al día. Intentaban convencernos y sobornarnos con comida en mitad de la noche para que pronunciáramos determinadas frases [del Corán]. Si nosotros, como judíos, pronunciábamos esas frases, habrían sentido que habían ganado. No queríamos concederles esa victoria. Estábamos muy hambrientos y además no somos personas especialmente religiosas, así que en realidad no nos importaba decir ciertas palabras. Pero, como grupo, negarnos a hacerlo nos unió como judíos y como israelíes. Fue nuestra pequeña victoria en cautiverio. Esas son las que te dan fuerza para seguir sobreviviendo y mantener la esperanza hasta el día de tu liberación.
—Cuando recuperó la libertad decidió envolverse en la bandera israelí.
—No tienes que estar de acuerdo con tu gobierno para sentirte israelí o para sentir lealtad hacia tu país. Para mí, envolverme en la bandera israelí después de que los soldados lucharan durante 16 meses para lograr mi liberación, era lo mínimo que podía hacer. Estoy muy orgulloso de mi bandera y de mi país. Estoy muy orgulloso de ser israelí y judío. Y nadie me va a quitar eso.
—¿Cómo le ayuda este libro a reconstruir su vida después de todo lo ocurrido?
—Escribir el libro es solo una parte de lo que estoy haciendo. Participo en muchísimos encuentros y conferencias. Hablo con muchos israelíes, con comunidades judías de todo el mundo. Comprendí que necesitaba escribir este libro después de mi discurso en las Naciones Unidas. No es una historia, es un testimonio. Forma parte de la historia judía y de lo que ocurrió el 7 de octubre. También una forma de impedir que alguien reescriba la historia. Habrá gente que lo intentará. Ya lo estamos viendo. Forma parte de la reconstrucción de mi vida. Honrar la memoria de mi esposa, de mis hijas y de mi hermano mayor, que también fue secuestrado y asesinado durante el cautiverio.

