Burnham considera una «dejación de funciones» no revisar las relaciones con la UE tras el Brexit
El primer ministro británico, Andy Burnham, ha defendido este lunes ante la Cámara de los Comunes la necesidad de revisar las relaciones del Reino Unido con la Unión Europea, al considerar que mantener el actual marco de cooperación tras el Brexit supondría una «dejación de … funciones». En una intervención parlamentaria centrada en la política exterior y la seguridad nacional, el jefe del Gobierno anunció que Londres y Bruselas celebrarán una nueva cumbre el próximo 20 de noviembre, en la que intentará alcanzar acuerdos comerciales, energéticos y migratorios. Burnham insistió, sin embargo, en que su propuesta responde a un planteamiento pragmático y no supone cuestionar el resultado del referéndum de 2016.
«El ‘statu quo’ no es suficientemente bueno para el Reino Unido», afirmó el primer ministro, quien defendió que el país debe examinar con serenidad las posibilidades de mejorar sus vínculos con el bloque comunitario. «Si realmente queremos promover el crecimiento, controlar la inmigración y defender nuestros valores y nuestra seguridad, es una conversación que debemos mantener», sostuvo. A su juicio, renunciar a explorar estas posibilidades constituiría una «grave dejación de funciones».
La cumbre del 20 de noviembre, que se celebrará en Bruselas con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, representa la primera gran oportunidad para materializar este acercamiento. Según Burnham, los acuerdos que están sobre la mesa podrían aportar a la economía británica el equivalente a más de 10.000 millones de libras (11.382 millones de euros) anuales de aquí a 2040.
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Javier Ansorena
Entre las prioridades figura un pacto para facilitar el comercio de alimentos y bebidas, uno de los sectores más afectados por las barreras burocráticas surgidas tras la salida británica de la UE. El primer ministro recordó que cargamentos enteros de productos frescos pueden perderse por retrasos administrativos y que determinadas exportaciones, como las patatas de siembra escocesas o algunos mariscos galeses, siguen sujetas a prohibiciones. También señaló que los controles sobre el salmón escocés suponen pérdidas en exportaciones de alrededor de 100 millones de libras (118 millones de euros).
El Gobierno pretende además avanzar en la conexión de los sistemas energéticos, la cooperación sobre emisiones contaminantes y un programa de movilidad juvenil.
En materia migratoria, defendió una colaboración más estrecha con las autoridades europeas para intercambiar información policial, antecedentes penales y pruebas electrónicas que permitan combatir las redes dedicadas al tráfico de personas. El objetivo, explicó, es reforzar la lucha contra la inmigración irregular sin renunciar al control británico sobre sus fronteras.
«Si realmente queremos promover el crecimiento, controlar la inmigración y defender nuestros valores y nuestra seguridad, es una conversación que debemos mantener»
Andy Burnham
Primer ministro del Reino Unido
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La propuesta provocó las críticas inmediatas de la oposición conservadora. Su líder, Kemi Badenoch, acusó al primer ministro de intentar desmontar los acuerdos alcanzados tras el Brexit una década después del referéndum. Advirtió de que Bruselas es un «negociador difícil» y sostuvo que Burnham ha revelado de antemano todas sus cartas, debilitando así la posición británica.
La controversia se produce después de que Burnham asegurara durante el fin de semana que Rusia había interferido en la campaña del referéndum de 2016, aunque el primer ministro precisó que el Gobierno considera legítimo el resultado de aquella consulta y no cree que las actuaciones rusas determinaran su desenlace. Badenoch exigió explicaciones sobre el origen de las afirmaciones del primer ministro, mientras que Nigel Farage, líder de Reform UK, rechazó las acusaciones de injerencia rusa.
Burnham trató de separar ambas cuestiones. Su objetivo inmediato, explicó, es conseguir resultados concretos en noviembre y abrir después un debate sobre las alternativas a largo plazo. «En cada etapa, los británicos tendrán la última palabra», afirmó.
Irán, bajo sospecha por la amenaza a la base aérea
Más allá del Brexit, una de las declaraciones más relevantes de la jornada estuvo relacionada con la seguridad nacional. Burnham aseguró que es «altamente probable» que el presunto complot contra la base aérea de RAF Fairford, en Gloucestershire, fuese coordinado desde Teherán y «casi con toda seguridad» dirigido por la Guardia Revolucionaria iraní.
El incidente, ocurrido a finales de septiembre cerca de unas instalaciones utilizadas por bombarderos estadounidenses, provocó una investigación aún en curso por parte de la Policía antiterrorista y la detención de varios sospechosos. El primer ministro anunció nuevas sanciones contra Teherán para restringir su capacidad de operar contra intereses británicos.
«No toleraremos estas amenazas en nuestro territorio», advirtió. El Gobierno, añadió, intensificará las medidas contra las redes criminales utilizadas por Irán y sus fuentes de financiación.
Apoyo a Ucrania frente a Rusia
Burnham también alertó sobre la campaña rusa de ataques híbridos y sabotajes en Europa y anunció una nueva colaboración con el canciller alemán, Friedrich Merz, para combatir estas amenazas. En relación con Ucrania, reiteró el respaldo de Londres frente a la intensificación de los ataques rusos contra objetivos civiles, y también confirmó el apoyo militar británico a Arabia Saudí frente a los ataques de los rebeldes hutíes.
Burnham concluyó su comparecencia recuperando el mensaje que había trasladado hace unos días a la Asamblea General de Naciones Unidas: «Gran Bretaña ha vuelto», una declaración con la que pretende proyectar la imagen de un Reino Unido dispuesto a recuperar protagonismo internacional, reforzar su seguridad y redefinir su relación con Europa diez años después del referéndum que decidió su salida de la Unión Europea.

