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El Senado de EEUU falla en su intento de limitar posibles acciones militares de Trump en Cuba

Los demócratas del Senado de Estados Unidos han fracasado este martes en un nuevo intento de limitar la autoridad del presidente, Donald Trump, para usar la fuerza militar sobre Cuba.Con una votación de 47 votos a favor y 51 en contra, la iniciativa para controlar las posibles acciones de fuerza sobre La Habana ordenadas desde el ejecutivo, fue frenada por los republicanos quienes votaron en bloque.Sin embargo, los republicanos Susan Collins, de Maine, y Rand Paul, de Kentucky, se unieron a la iniciativa demócrata en la votación acontecida esta tarde.El intento fallido sobre Cuba se une a una serie de fallos en el Senado para controlar las acciones militares de Trump como las cinco votaciones para que el mandatario no pueda ordenar más ataques sobre Irán o intentos por frenar al republicano previo a la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.Antes de la votación, el senador demócrata Chuck Schumer dijo que «los republicanos deben adelantarse a la inminente catástrofe en Cuba antes de que empeore aún más, como debieron haber hecho con la guerra de Trump en Irán».Por su parte, los republicanos rechazaron las acusaciones de una intención del presidente de utilizar la fuerza contra Cuba y acusaron a los demócratas de ignorar las acusaciones de violaciones de derechos humanos que han sido presentadas contra el Gobierno de Miguel Díaz-Canel.Desde enero, la Administración Trump ha intensificado la presión sobre La Habana con un bloqueo petrolero y el presidente ha sugerido en diversas ocasiones la necesidad de un cambio de régimen en la isla.

Zelenski reprocha a Israel que una parte del grano ucraniano robado por Rusia acabe en sus puertos

Ucrania e Israel son «países amigos». Aunque es una amistad complicada. Benjamin Netanyahu pidió ayuda a Kiev en marzo para contrarrestar los shahed de Teherán. Una solicitud de asistencia que se formuló años después de que al menos dos barcos cargados con cereales desde territorios … ucranianos ocupados arribasen al país hebreo. Por la misma época, en 2023, el primer ministro israelí explicó que su negativa a enviar armamento avanzado a Ucrania se debía al temor de que llegara a manos de Irán. Pero, al final, lo que sí acabó en Israel fue el grano ucraniano robado por Rusia. Un comercio ilegal de cereales que alimenta la maquinaria bélica de Moscú, uno de los principales aliados de los ayatolás que Israel se conjura para eliminar.
El 27 de abril, en la bahía de Haifa, el Panormitis, un buque con bandera panameña operado por una compañía griega, todavía esperaba permiso para poder atracar. Según la periodista ucraniana Kateryna Yaresko, del proyecto de investigación SeaKrime, este navío carga más de 6.200 toneladas de trigo y 19.000 de cebada procedentes de Ucrania. Los cereales llegaron a las bodegas del Panormitis tras varios trasbordos antes de partir del puerto ruso de Kavkaz, en la región de Krasnodar.

Antes del Panormitis, otro granelero ruso, el Abinsk, descargó también en Haifa unas 44.000 toneladas de cereales ucranianos expoliados a mediados de abril. Las autoridades de Kiev afirman haber contactado con la parte israelí el 23 de marzo para avisar de la procedencia ilícita de la carga que, de todas formas, terminó fluyendo al mercado.

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Miriam González

El titular de Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, convocó al embajador de Israel el lunes, advirtiendo que la inacción de Tel Aviv supone un perjuicio para sus relaciones bilaterales. «Es difícil entender la falta de respuesta adecuada de Israel a la legítima solicitud de Ucrania respecto al buque anterior que entregó mercancías robadas a Haifa», señaló Sybiha. Su homólogo en Tel Aviv, Gideon Sa’ar, respondió: «Las relaciones diplomáticas, especialmente entre naciones amigas, no se manejan en Twitter ni en los medios de comunicación». Y agregó que estas «acusaciones no constituyen pruebas».

Responsabilidad legal

Tras el rifirrafe en redes sociales entre los ministros de Exteriores de Ucrania e Israel, el presidente Zelenski emitió este martes un mensaje dirigido al estado hebreo. «Comprar artículos robados en cualquier país normal es un acto que conlleva responsabilidad legal», denuncia el líder ucraniano. «Las autoridades israelíes no podían desconocer qué barcos y con qué carga llegaron a los puertos del país», añade.
El reproche de Kiev llega tras la publicación de un amplio reportaje del medio israelí Haaretz. La investigación revela los mecanismos ilegales y el esquema seguido por Rusia para esquivar sanciones y comercializar con el grano robado. Según los datos obtenidos por ese diario, además de los dos navíos de 2023, hay otros siete sospechosos de transportar alimentos ucranianos hasta Israel desde las regiones ucranianas ocupadas; Haaretz dispone de 30 documentos que confirmarían los envíos de cereales robados. En 2026 se han descargado hasta cuatro cargamentos y dos compradores israelíes han confirmado el comercio.
Zelenski afea que el mecanismo ruso para beneficiarse del grano robado en Ucrania «viola las leyes del propio Estado de Israel». El mandatario del país invadido ha advertido que se está «preparando un paquete de sanciones adecuado que abarcará tanto a quienes transportan directamente este grano como a las personas físicas y jurídicas que intenten sacar provecho de este plan delictivo». Para ello habrá una estrecha coordinación con la Unión Europea.
El portavoz de Exteriores de la UE, Anouar El Anouni, declaró que Bruselas «condena todas las acciones que ayudan a financiar la guerra ilegal de Rusia» y destacó que la UE podría extender sanciones a personas y entidades de terceros países si fuera necesario.
El Gobierno ucraniano estima que desde 2022, el saqueo ruso del campo ucraniano asciende a unos 15 millones de toneladas de grano. Casi un 20% de la vasta y rica tierra agrícola del país en guerra está bajo ocupación rusa. Según informó el ministerio ruso de Agricultura en 2025, las cuatro regiones ocupadas aportaron alrededor del 3% de la producción total de grano de Rusia el año anterior. Y parte de ese expolio se habría ejecutado también a través de los puertos de Israel, a tenor de las informaciones publicadas en estos días.
Zelenski pide a las autoridades de Israel «respeto» hacia Ucrania. «Estamos trabajando genuinamente para mejorar la seguridad, particularmente en la región de Oriente Próximo», apunta el líder ucraniano. Recordando que, tras el inicio de la guerra de Israel y Estados Unidos, Kiev se presentó voluntario para socorrer a los países afectados por los drones y misiles de Irán. El conflicto en el Golfo propició una gira diplomática que llevó al mandatario de Ucrania a recorrer países vecinos de Israel, incluso hasta Damasco, pero sin pasar, hasta el momento, por Tel Aviv.

La Administración Trump revisa las licencias de la cadena ABC tras el chiste de Jimmy Kimmel sobre Melania

El regulador de los medios en EE.UU. ha iniciado este martes la revisión adelantada de las licencias de la cadena ABC. Ocurre un día después de que el presidente de EE.UU. y su esposa, Donald y Melania Trump, exigieran el despido de uno … de sus presentadores, Jimmy Kimmel, por un chiste sobre la primera dama.
La decisión es de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en sus siglas en inglés), donde Trump colocó al frente a un aliado acérrimo, Brendan Carr, nada más regresar a la Casa Blanca.

Las licencias de televisión que tiene Disney -el gigante del entretenimiento que es propietario de ABC- tenían que ser renovadas entre 2028 y 2031. La FCC ha defendido que la revisión antes de tiempo tiene que ver con una investigación iniciada la primavera pasada contra la cadena estadounidense por discriminación. Estas alegaciones están dentro de la cruzada de la Administración Trump contra las políticas de DEI -diversidad, equidad, igualdad-, que sostiene que son discriminatorias y que la cadena, como tantas compañías e instituciones en EE.UU. en los últimos años, había incorporado en los últimos años.

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Carlota Pérez

Pero es difícil separar el inicio de la investigación de la última polémica que afecta a Kimmel, uno de los presentadores de ABC, por sus críticas a la Administración Trump.
Melania Trump exigió este lunes que ABC tomara medidas contra Kimmel por un chiste que hizo sobre ella la semana pasada. En su programa del pasado jueves, el cómico dijo que la primera dama tiene el «resplandor de una viuda en espera», un juego de palabras en referencia al llamado «resplandor de una embarazada», la apariencia de una madre cuando está cerca de dar a luz.
Fue un chiste que dos días tomó un tono macabro, como todo el mundo sabe. El sábado por la noche, un hombre trató de matar al presidente de EE.UU. y a los miembros de su Gobierno en la cena de corresponsales en el hotel Hilton.
«Su monólogo sobre mi familia no es comedia, sus palabras son corrosivas y profundizan la enfermedad política que hay en EE.UU.», condenó Melania este lunes en un mensaje en redes sociales, en una de las escasas apariciones de la primera dama en la opinión pública.
«La gente como Kimmel no debería tener la oportunidad de entrar cada noche en nuestras casas para diseminar odio», prosiguió en su mensaje Melania, que apuntó a la cabeza de Kimmel. «Ya basta. Es hora de que ABC tome una posición. Cuántas veces va a permitir el liderazgo de ABC ese comportamiento atroz de Kimmel, a expensas de nuestra comunidad».
Horas después, el propio presidente de EE.UU. exigió directamente a la cadena que expulsara a Kimmel, algo que ABC no ha hecho por el momento.
Al día siguiente, se conoció la decisión de la FCC. El regulador ha defendido que fue una «coincidencia» que ocurra tras las exigencias de Trump y su esposa.
Es muy poco habitual que la FCC inicie la revisión de las licencias de forma adelantada. Y todavía es más raro que retire la licencia a una cadena. La última vez ocurrió en 1969, cuando una emisora de Misisipi defendió en su programación la segregación racial.
Kimmel defendió lo obvio: que su chiste ocurrió dos días antes del incidente en el Hilton, algo que no podía prever. «En ninguna interpretación posible se puede entender como un llamamiento a un asesinato y lo saben», defendió frente a la avalancha de críticas contra sus palabras desde todos los sectores conservadores. «He sido muy activo durante años hablando contra la violencia armada, en especial», agregó.
Otra cuestión es si el chiste era apropiado, si una broma sobre la posible viudedad de la primera dama se puede separar del infausto contexto de Trump: sobrevivió de milagro a un intento de asesinato en el verano de 2024 durante un mitin y tampoco estuvo lejos de perder la vida en otro atentado, tres meses después, mientras jugaba a golf. Y en medio de una creciente polarización y violencia política en EE.UU., donde se ha disparado el número de ataques y amenazas contra representantes de instituciones, desde políticos a jueces.
En el caso de Kimmel, quizá el crítico más ácido de Trump en la noche televisiva de EE.UU., llueve sobre mojado: el año pasado, ABC suspendió su programa -un tradicional ‘late night’, el formato nocturno de comedia y entrevistas- por un comentario de Kimmel sobre Charlie Kirk, el activista conservador que murió asesinado durante una conferencia en un campus universitario. Ocurrió en medio de presiones de la Administración Trump, de críticas del regulador y socios corporativos de la cadena. La suspensión duró un mes y, poco después, ABC extendió el contrato de Kimmel hasta mayo del año que viene.

Trump intenta aprovechar el atentado para remontar en la elección de medio mandato en otoño

Trump sobrevivió este fin de semana a su tercer intento de atentado, un episodio que vuelve a colocar la violencia política en el centro de la campaña de mitad de mandato y que puede alterar, al menos temporalmente, el clima adverso que afrontan el presidente … y su Partido Republicano. Ya ocurrió en 2024, cuando el atentado de Butler reforzó entre sus votantes la imagen de un candidato perseguido y dispuesto a seguir adelante pese al riesgo físico.
Ahora, la Casa Blanca y el entorno político de Trump tratan de subrayar ese mismo mensaje: el presidente como figura bajo amenaza constante, sometido a sacrificios personales y a un nivel de exposición que sus aliados presentan como prueba de determinación. El episodio se suma a un contexto más amplio de amenazas contra Trump, incluidas las advertencias previas sobre planes iraníes para asesinarlo, que han pesado en la seguridad del presidente y en el relato político de su entorno.

El propio Trump ha insistido en las últimas horas en que su trabajo es «duro, de riesgo», una frase que encaja en esa construcción de un presidente bajo presión permanente, obligado a tomar decisiones de guerra, economía y seguridad mientras vive rodeado de riesgos personales. Para sus aliados, esa dureza no es solo política: es física, visible y acumulada, tras todos estos intentos. Para sus críticos, en cambio, el presidente utiliza cada episodio de amenaza para reforzar una narrativa de victimización y blindar a su base en un momento de desgaste.

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David Alandete

En las redes y en determinados espacios de opinión han circulado también teorías conspirativas que sostienen, sin pruebas, que Trump exagera o instrumentaliza estos episodios para mejorar su popularidad, presentarse como víctima y desplazar el debate de los problemas económicos. Esas teorías forman ya parte del ecosistema de polarización que acompaña cada crisis de seguridad en torno al presidente: para unos, cualquier ataque confirma que Trump es objetivo de una campaña de odio; para otros, cualquier reacción de la Casa Blanca es sospechosa de cálculo político.
El efecto electoral no está garantizado ni tiene por qué sostenerse hasta noviembre, pero sí introduce un factor emocional de alto voltaje en una campaña dominada hasta ahora por la economía, la gasolina, la guerra de Irán y el desgaste presidencial. Para los republicanos, el atentado permite reactivar una narrativa de resistencia y movilización. Para los demócratas, el riesgo es que el debate se desplace de los costes de la vida y la gestión del Gobierno hacia la seguridad, la polarización y la violencia política.
A seis meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato, el Partido Republicano afronta un clima político cada vez más difícil, marcado por la caída de la popularidad de Trump, la subida drástica del precio de la gasolina, el desgaste por la guerra de Irán y una creciente preocupación entre los estrategas del partido por la posibilidad de perder la Cámara de Representantes e incluso ver en riesgo el control del Senado.
La media de sondeos situaba el 25 de abril la aprobación de Trump en el 39% y su desaprobación en el 58%, una caída que coincide con una pérdida de confianza de los votantes en la capacidad del presidente para corregir la situación económica, especialmente en asuntos cotidianos como la inflación, el coste de vida y el precio de la energía.

La media de sondeos sitúa la aprobación de Trump en el 39% y su desaprobación en el 58%

La Cámara de Representantes aparece ahora como el objetivo más probable de los demócratas, mientras que el Senado, que hace unos meses parecía más seguro para los republicanos, empieza a considerarse en disputa por el crecimiento de la recaudación demócrata y por el desgaste político acumulado por la Casa Blanca.

Clima adverso para el presidente

Una de las señales más visibles del cambio de clima es que, según un sondeo de Fox News, los votantes confían más en los demócratas que en los republicanos en economía por primera vez en 16 años, mientras solo el 34% aprueba la gestión económica de Trump y el 66% la desaprueba.
El principal grupo de recaudación de fondos vinculado a los demócratas de la Cámara ya ha reservado 272 millones de dólares (232 millones de euros) en anuncios para el otoño en distritos disputados, con cerca del 80% de ese gasto dirigido contra escaños republicanos. Por su parte, el principal grupo republicano ha reservado 153 millones de dólares (130 millones de euros) y repartirá su inversión entre defensa y ofensiva.
Cook Political Report sitúa 217 escaños de la Cámara como favorables a los demócratas, a solo uno de los 218 necesarios para la mayoría. En una encuesta sobre los 36 distritos más decisivos para el control de la Cámara, los candidatos demócratas aventajan de media a los republicanos por 50% a 44%, pese a que Trump ganó esos mismos distritos por dos puntos en 2024.
La preocupación republicana también se refleja en las retiradas, las bajas: 37 diputados republicanos han decidido no presentarse a la reelección en 2026, la cifra más alta en casi un siglo según los datos recopilados desde 1930, aunque la mayoría de esos escaños se encuentran en distritos seguros para el partido.

La estrategia de Trump, en liza

El equipo político de Trump intenta mantener el control de la situación y la semana pasada reunió a sus principales responsables en el Hotel Waldorf Astoria de Washington, donde Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, pidió a los asistentes que no hicieran caso a los pronósticos negativos y recordó que los rivales han subestimado antes al presidente.

Teorías conspirativas
El atentado contra Trump no terminó cuando el Servicio Secreto sacó al presidente del salón del Hilton. Continuó, casi al instante, en las redes sociales, donde el tiroteo empezó a transformarse en una conspiración antes incluso de que muchos asistentes hubieran logrado abandonar el edificio. Se dijo que todo era un montaje, que Trump buscaba victimizarse, que el episodio servía para reforzar al Partido Republicano antes de las legislativas o para justificar el nuevo salón de baile que quiere construir en la Casa Blanca. Fotografías sacadas de contexto, frases manipuladas y vídeos falsos alimentaron una sospecha que avanzó más rápido que los hechos. Dentro quedaban mesas volcadas, invitados atrapados, teléfonos sin señal y miedo real. Afuera, y en internet, la negación del atentado ya tenía un relato propio.

Los republicanos conservan ventajas importantes: sus principales comités de donantes tienen una ventaja de unos 600 millones de dólares (512 millones de euros) sobre sus rivales demócratas, solo tres congresistas republicanos representan distritos que Trump perdió en 2024 y los demócratas necesitarían ganar al menos tres escaños en estados que Trump ha ganado siempre que se ha presentado para poder conquistar el Senado.
Aun así, algunos socios del presidente expresan frustración por su falta de foco en los asuntos domésticos. Trump había prometido centrar el año electoral en los costes y la economía. Pero buena parte de su atención ha seguido puesta en el exterior, primero en Venezuela y ahora en Irán, además de en proyectos personales como el nuevo salón de baile de la Casa Blanca o un arco triunfal en Washington.

Irán se ahoga en su propio petróleo

La dependencia de Irán del petróleo llega a representar casi el 20% de su Producto Interior Bruto (PIB). Esa relación aumenta si hablamos del propio Gobierno, donde cerca del 60% de sus ingresos provienen directamente del petróleo. Una dependencia que, desde que comenzara la guerra … entre Israel y Estados Unidos contra Teherán y se cerrara el estrecho de Ormuz, ha afectado al régimen, con consecuencias económicas y, quién sabe si en el futuro, también políticas para el impredecible país persa.
Desde principios del siglo pasado, el país se ha consolidado como una potencia energética, con algunas de las mayores reservas de crudo del mundo. Hoy posee alrededor del 9% de las reservas globales, lo que lo sitúa entre los principales actores del mercado internacional. Además, cerca del 80% de las exportaciones están vinculadas al petróleo y sus derivados. Antes de la guerra, Irán producía entre 3,1 y 3,5 millones de barriles, llegando incluso a los 4 millones diarios, según datos de la OPEP. Desde febrero, ese número se ha reducido a la mitad, con proyecciones que hablan de 1,2 millones.

Todas estas cifras son necesarias para situarnos en cómo está afectando la guerra y el bloqueo del estrecho de Ormuz al país. Y una pregunta surge con fuerza: ¿qué está haciendo Irán con esta cantidad de petróleo que sigue produciendo?
Si en gran parte del mundo la falta de petróleo está aumentando los precios y llevando al límite las reservas, en Irán el problema parece venir de todo lo contrario: como el petróleo no se vende y se sigue produciendo, no saben qué hacer con él ni dónde almacenarlo.

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LA TERCERA

Héctor Schamis

Almacenes chatarra

Según publica el diario ‘The Wall Street Journal’, Irán se está esforzando en encontrar nuevas formas de almacenar su petróleo, con la esperanza de evitar una paralización de la producción, después de que el bloqueo naval de Estados Unidos esté reteniendo las exportaciones petrolíferas. Uno de los puntos más importantes es la isla de Jark, principal terminal del país, que representa el 90% de sus exportaciones de crudo. «La isla de Jark no es la única instalación de almacenamiento de Irán, y la Compañía Nacional Iraní de Petróleo tiene la facultad de desviar la producción a otros depósitos. Fuera de Jark, la utilización actual de la capacidad no es tan alta», escribe Antoine Halff, analista jefe de Kayrros, una empresa de inteligencia geoespacial centrada en las cadenas de suministro de energía y los riesgos climáticos.
Desde que Estados Unidos restringiera el tráfico marítimo hacia y desde los puertos iraníes, las reservas de crudo de Teherán han aumentado en más de seis millones de barriles desde el 13 de abril, fecha de inicio del bloqueo estadounidense.
Ante la acumulación de petróleo en el país, Irán está reactivando depósitos abandonados, conocidos como «almacenes de chatarra», utilizando contenedores improvisados e intentando transportar crudo por ferrocarril a China. Estas medidas inusuales buscan retrasar una crisis de infraestructura y debilitar la influencia de Washington en el conflicto por el estrecho de Ormuz. Cada barril que no puede salir del país por los canales de exportación habituales tiene que ir a alguna parte: a un tanque, a un barco, a un depósito improvisado o permanecer bajo tierra. Por eso, el régimen iraní busca alternativas para «deshacerse» de ese excedente e intenta mantener la actividad por el Estrecho.
A finales de la semana pasada, Estados Unidos afirmó que su barrera en el mar de Omán ha impedido el paso de casi tres docenas de buques iraníes, evitando que el crudo de la república islámica llegue a sus clientes. Mientras la Administración de Donald Trump intenta recortar los ingresos petroleros, cruciales para Irán, los analistas del mercado ya especulan sobre cuánto tiempo podrá soportar el país esta situación y si, finalmente, tendrá que disminuir la producción de petróleo.
Por su parte, Irán ha intentado en varias ocasiones romper ese bloqueo y, la semana pasada, la Armada de Estados Unidos afirmó haber interceptado al menos dos superpetroleros en el golfo de Omán y el mar Arábigo, lo que obligó a estos y a otros buques a dar la vuelta y dirigirse a un puerto iraní.

Irán sigue exportando

Estos análisis, que hablan de la capacidad limitada de Irán para almacenar petróleo, también señalan que el cierre de los pozos provocaría un fenómeno técnico conocido como «water coning», por el que el agua invade los yacimientos maduros y los daña de forma potencialmente irreversible. «Aunque esta tesis ha circulado ampliamente y se señala como uno de los factores detrás de la estrategia de bloqueo a las exportaciones iraníes impulsada por Donald Trump, es cuestionable. De hecho, las previsiones más alarmistas no se han cumplido por ahora: Irán sigue exportando pequeñas cantidades de crudo y algunos buques han logrado sortear las restricciones, mientras que la capacidad real de almacenamiento del país sigue siendo incierta», explica Will Todman, experto en Oriente Próximo y jefe del gabinete del Departamento de Geopolítica y Política Exterior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés).
Para este experto, la presión creciente sobre el sector energético iraní es una de las herramientas en la estrategia estadounidense, que habría optado por «intensificar el bloqueo económico en lugar de recurrir a una confrontación militar directa» y, de esa forma, «aumentar el margen de presión sobre Teherán y forzar concesiones».
Sin embargo, nada de esto parece estar dando resultado, ya que las conversaciones para buscar una solución al bloqueo del Estrecho y el fin de la guerra en la región siguen paralizadas.

Carlos III en la Corte de Trump

Cuatro días estará el Rey de Inglaterra en los Estados Unidos como invitado de su presidente. La excusa es la celebración del 250 aniversario de la independencia norteamericana, el de la victoria rebelde frente al Ejército inglés, aunque el objeto real de esta visita de Estado no es otro que el intento de aliviar la alta tensión entre Londres y Washington a causa de los desacuerdos en materia comercial y de defensa. El primer ministro Keir Starmer, al que Trump detesta y del que se ha burlado manifestando que «no es Churchill», trata de usar su admiración y debilidad por la pompa y el boato de la monarquía británica para reconducir las relaciones entre ambos países. Carlos III y la reina Camila, además de honores militares, discurso en el Capitolio y banquete de Estado, asistirán al intento de la Casa Blanca de impresionarles presentando a la Administración norteamericana como la sede de un gran imperio. Con su corte y su emperador.