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Un terremoto de magnitud 5,5 deja 13 heridos leves en la provincia china de Sichuan

Un terremoto de magnitud 5,5 ha sacudido en la madrugada local de este lunes la provincia central china de Sichuan sin causar víctimas mortales, aunque sí ha dejado 13 heridos leves y obligó a trasladar y alojar de emergencia a 196 personas, informaron las autoridades locales.El seísmo se registró a las 00:12 hora local en el condado de Gao, perteneciente a la ciudad de Yibin, con epicentro a seis kilómetros de profundidad, según la medición oficial del Centro de Redes Sismológicas de China.El epicentro se situó en la localidad de Shahe, en las coordenadas 28,5 grados de latitud norte y 104,69 grados de longitud este, de acuerdo con el organismo.La jefatura local de respuesta al terremoto, citada por la agencia estatal Xinhua, informó este lunes de que no se habían registrado fallecidos y de que los 13 heridos leves fueron enviados a centros médicos para recibir tratamiento.El alcalde de Shahe explicó que 21 viviendas presentaban grietas, tres de ellas de mayor gravedad, por lo que las diez personas afectadas fueron realojadas en casas de familiares o allegados cercanos.Sichuan, con una población de unos 83 millones de habitantes y una casi similar a España, se encuentra en una zona con frecuente actividad sísmica.En 2022, un terremoto de magnitud 6,8 dejó 93 fallecidos y 24 desaparecidos en esta provincia.En mayo de 2008, Sichuan sufrió otro catastrófico seísmo de una magnitud 8 que dejó más de 90.000 muertos y desaparecidos.

«Si sigues grabando, te voy a llevar para el Sebin»

Y, al tercer día, el chavismo apareció. No para rescatar, ayudar o construir –acciones desconocidas para ellos–, sino para prohibir, obstaculizar, limitar y en el mejor de los casos enlentecer las acciones de salvamento que desde el inicio llevan adelante los ciudadanos voluntarios y ahora … los equipos internacionales.
En esta última jornada hemos presenciado imágenes tan hilarantes como descorazonadoras: militares observando a los rescatistas trabajar sin mover un dedo o tomando los datos de los civiles como requisito para entrar en la zona de desastre, en lugar de ser ellos mismos los primeros en movilizarse para cumplir esa función.

En total, si se suman militares activos, reservistas y milicianos, Venezuela dispone de más de 330.000 personas vinculadas a su estructura de defensa, aunque la fuerza profesional operativa ronda los 123.000 efectivos. Si cada uno de ellos se hubiese incorporado desde el comienzo para ayudar a los bomberos y protección civil, la situación habría sido distinta. Su aparición, además de tardía, ha sido nefasta ya que en muchos casos se han dedicado a extorsionar y cobrar mordidas, en lugar de evitar los saqueos.

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David Alandete

Tanto la presidenta encargada Delcy Rodríguez –sería más exacto referirse a la adlátere de Nicolás Maduro como interina o límbica– y el ministro del Interior, Diosdado Cabello, han hecho públicas una serie de medidas cuya única finalidad es priorizar el control del territorio y de la información sobre la gestión de la ayuda.
Entre las decisiones más cuestionadas figuran la militarización de las zonas afectadas; la restricción del acceso a La Guaira mediante controles y acreditaciones que eternizan la entrada en la zona en un momento en el que la rapidez es fundamental para salvar vidas; la centralización de la ayuda humanitaria a través de canales oficiales; las limitaciones impuestas a centros de acopio y voluntarios independientes, así como restricciones a la cobertura periodística. Las organizaciones civiles sostienen que estas medidas dificultan la llegada de ayuda espontánea y reducen la capacidad de respuesta. Eso, sin contar las dificultades para facilitar el despliegue inmediato de rescatistas mediante escollos burocráticos de naturaleza tan quisquillosa como perversa.
En el inagotable repertorio de indolencia por el prójimo y poseídos por una ambición desmedida de poder, conviene resaltar los episodios de intimidación a los periodistas. Durante la cobertura de la emergencia en Caracas, el periodista Gabriel Tinoco de la cadena EVTV fue abordado por un funcionario que se identifica como Robinson Navarro, del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), quien le exigió detener la grabación y lo amenazó con llevarlo detenido si continuaba recabando datos. Diversos medios y organizaciones han denunciado retrasos en la publicación de datos oficiales sobre víctimas y daños, además de las dificultades para acceder a información debido a cortes de comunicaciones y restricciones previas sobre medios y plataformas digitales.

En la visita de la presidenta Delcy Rodríguez a una de las zonas afectadas, la recibieron con abucheos: «El Gobierno no está haciendo nada por el pueblo»

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El hartazgo y la desesperación son mucho mayores que el miedo. Uno de los episodios que reflejó el malestar ciudadano se produjo durante la visita de Delcy Rodríguez a las zonas afectadas. En el edificio Petunia, en el este de Caracas, familiares de desaparecidos y vecinos la recibieron con abucheos e increparon a la comitiva oficial al grito de: «Ya está bien de hacer campaña política en una tragedia» y «El Gobierno no está haciendo nada por el pueblo». Los presentes denunciaron que las labores de rescate se interrumpieron momentáneamente para facilitar el paso de la presidenta y que se apartó a voluntarios que trabajaban entre los escombros, lo que aumentó la indignación de quienes reclamaban que las tareas de búsqueda continuaran sin interrupciones.

Las manos juntas

«Ya no sé si sabemos qué es el dolor» me comenta Paola Romero, profesora de filosofía. Desde esa incertidumbre escribo. ¿Qué sentir? ¿Qué pensar? Entonces el día se alarga, no es fácil estar lejos estando tan cerca. Pensamiento que se disipa al comprender que … el drama absoluto es el de la familia que desapareció de la tierra en segundos, el de la amiga que recoge cascotes en su cocina, el de los conocidos que caminan entre cadáveres, el del compañero de universidad que busca un hermano.

Sería tiempo de hundirse en la tristeza, de llorar por lo que palpita al otro lado del mar. Pero la realidad venezolana es una astilla clavada en la frente. Periodistas, testigos directos confirman lo que sabíamos desde el primer minuto. La crueldad del chavismo desconoce las treguas. Mientras Delcy Rodríguez se hacía fotos y eructaba promesas, a pocos kilómetros fallecía un muchacho que permaneció veinte horas con medio cuerpo bajo los escombros esperando un auxilio de las autoridades que no llegó nunca. En otras zonas del país, los esbirros del chavismo disolvieron los puntos de recolección de ayuda que no controlaban. Grupos de socorristas fueron retenidos durante ocho horas en actos propagandísticos del régimen. Las fuerzas de seguridad que con rapidez acudían en el pasado para perpetrar la represión, la tortura y el asesinato, seguían sin prestar ayuda a casi 48 horas del desastre.

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David Alandete

La tentación es dejarse arrastrar por la ira y la certeza de que Venezuela no soporta más dolor. Ser venezolano se ha convertido en una inmensa fragilidad. La incomprensión de una inteligencia internacional que estuvo hechizada por un rancio experimento utópico. La complicidad criminal de políticos y empresarios del extranjero que participaron del saqueo promovido por el chavismo. La ferocidad de la aporofobia que irrumpió en países donde algunos lugareños consideraron un acto heroico incendiar carpas y coches de bebés venezolanos.
Porque incluso en España, el más bello y el mejor de los lugares posibles, se vivieron recientemente campañas de odio por parte de sectores minoritarios que exigían la expulsión de venezolanos. Inútil pedir a estos exaltados que se sorprendiesen con datos como las crecientes cotizaciones a la seguridad social, el nivel educativo o la altísima tasa de empleo de estos nuevos «indeseables». Para ellos, aquí solo podíamos permanecer en silencio, dóciles como animales de compañía, sin expresar ideas políticas.
Un paisaje que invita al lamento, al victimismo. Solo que ahora mismo contemplo imágenes de venezolanos comunes hurgando entre escombros con sus manos rotas, salvando personas con las uñas, enfrentándose a la crueldad del chavismo y encabezando los rescates, las redes de información. Gente que no sabe rendirse. Gente que ha resistido balas, gases lacrimógenos, detenciones y ahora la ferocidad de un doble sismo.

Vencidos por las armas y la naturaleza, somos seres rotos que, sin embargo, seguimos abrigando espacio para bellas palabras como vida, libertad, democracia

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Eso somos. Vencidos por las armas y la naturaleza. Seres rotos que, sin embargo, seguimos abrigando espacio para bellas palabras como vida, libertad, democracia. Porque en nosotros quizá palpita ese poema de Cadenas en el que se le habla al fracaso:
«Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa…/
Gracias por construir con barro mi morada./ Gracias por apartarme».
Ya llegará el tiempo del dolor y de la reflexión. Ahora mismo los venezolanos pedimos desesperada ayuda y también nos negamos a ser víctimas. Para levantarnos es necesario admitir que desde hace años vivimos entre ruinas humeantes, pero en esa resistencia palpita la necesidad futura de construir, de reconstruir, de recuperar algún día la belleza. Aquí en España, allá en Venezuela, donde quiera que estemos. Construir nuevas casas, levantar nuevas piedras. Las manos juntas: los que están allí, los que estamos fuera.

Juan Carlos Méndez Guédez

Escritor

El retorno de María Corina Machado expone la división de Washington sobre Venezuela

29/06/2026 a las 00:58h.

María Corina Machado estuvo cerca de emprender esta semana el regreso a Venezuela que lleva meses prometiendo. La líder opositora intentó viajar desde Estados Unidos a Curazao, la pequeña isla neerlandesa situada frente a la costa venezolana, con el propósito de entrar después en … su país para ayudar desde el terreno en plena emergencia por los terremotos. Hubo altos funcionarios en la Administración Trump que apoyaron ese viaje, que finalmente se canceló de forma abrupta por una decisión del entorno del presidente.
El viaje no era una mera intención. Un equipo de seguridad privada preparaba ya su llegada a Curazao y estudiaba el dispositivo para acompañarla en territorio venezolano. Pero el plan fue cancelado después de que desde la Administración Trump trasladara a Machado que viajaría por su cuenta, sin respaldo ni protección oficial de Estados Unidos, ante un riesgo de arresto por parte del régimen.

La frustrada operación revela una división de fondo dentro de Washington sobre el futuro de Venezuela y sobre el papel que debe desempeñar Machado tras la captura de Nicolás Maduro y la instalación de Delcy Rodríguez como interlocutora provisional.

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Terremoto en Venezuela

Ludmila Vinogradoff

El periodista Javier Negre, del canal Real America’s Voice, que entrevistó recientemente a Delcy Rodríguez, y la agencia Bloomberg informaron primero de que varios funcionarios estadounidenses advirtieron a Machado y a su equipo de que un regreso inmediato podía provocar un choque con las autoridades venezolanas y alterar las labores de rescate. Según ese medio, la Casa Blanca dejó claro que no la respaldaría si decidía seguir adelante.
Fuentes conocedoras de las conversaciones consultadas por ABC sostienen, sin embargo, que la posición no fue unánime. Ese veto se impuso al final de las gestiones, pero parte de los responsables implicados en la diplomacia y el complejo de la presidencia en la Casa Blanca consideró razonable, incluso necesario, que Machado pudiera estar en Venezuela después de la catástrofe.
No se trataba, según esas fuentes, de organizar una operación política ni de precipitar un enfrentamiento con Delcy Rodríguez. La lógica era que Machado, como la figura con mayor apoyo entre el electorado y una de las voces con mayor capacidad de movilización social, pudiera acompañar a los damnificados y activar redes de ayuda en un momento de absoluta desorientación.

La ayuda humanitaria en crisis

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El terremoto ha modificado los cálculos de una transición que ya era frágil. La ayuda humanitaria, los rescates, los desaparecidos y el futuro de miles de familias desplazadas han pasado a ocupar el centro de una crisis que antes se discutía en términos de petróleo, seguridad, sanciones y elecciones.
Para el sector que veía con buenos ojos el regreso de Machado, varios de cuyos integrantes han hablado con ABC, una emergencia de esta magnitud no podía gestionarse solamente desde los canales oficiales del régimen Delcy Rodríguez, cuyo régimen ha queado superado por la crisis. Consideraban que impedir a Machado volver a su país, en un momento en que cientos de miles de venezolanos necesitan asistencia, podía alimentar la idea de que Washington protege un modelo político sin legitimidad popular.
La dirigente opositora conserva una capacidad de conexión con sectores de la población que el poder provisional no tiene. Su liderazgo se consolidó antes de las elecciones de 2024, cuando se convirtió en la principal referencia de una oposición que acabó respaldando la candidatura de Edmundo González Urrutia después de que el chavismo la inhabilitara.
También ha mantenido una red política y ciudadana que, tras el terremoto, ha tratado de convertirse en una estructura de ayuda. En una tribuna publicada en ABC un día después de la catástrofe, Machado explicó que la red 600-K, articulada por el Comando Con Venezuela, Vente y otras organizaciones, se activaba para atender a los afectados.
Ese entramado, que contribuyó a digitalizar las actas de las elecciones de 2024, ha impulsado centros de acopio, voluntariado y registros de desaparecidos. Al mismo tiempo, las autoridades de Delcy Rodríguez han tratado de centralizar la ayuda a través de plataformas estatales y canales oficiales.

Machado, figura clave

La llegada de Machado podía haber alterado ese equilibrio. No solo por su peso político, sino por el contraste inevitable entre una dirigente que volvía a una zona de desastre y una administración que afronta un creciente malestar social por la respuesta a la emergencia.
Una encuesta de AtlasIntel que situaba en mayo la desaprobación de Rodríguez en el 59%, casi doce puntos más que el mes anterior. Desde entonces, el terremoto ha sometido al Gobierno provisional a una presión inédita, con denuncias sobre problemas en el acceso de ayuda, lentitud en la respuesta y obstáculos a los voluntarios.
Machado afrontaba además problemas jurídicos y de seguridad. No dispone de un pasaporte venezolano válido y su regreso requeriría autorización de las autoridades de Caracas. Entrar sin ese permiso podía exponerla a un arresto o a un choque con los servicios de seguridad del régimen.
La presencia de contratistas privados para protegerla una vez dentro de Venezuela elevaba todavía más el riesgo. Para los sectores de Washington contrarios a su regreso inmediato, que se impusieron, esa combinación podía derivar en un incidente difícil de controlar, con consecuencias políticas y diplomáticas imprevisibles.
Machado conoce bien esos riesgos. Salió clandestinamente de Venezuela en diciembre, en una travesía nocturna en una pequeña embarcación hasta Curazao. La operación contó con el apoyo de Grey Bull Rescue, una organización dirigida por veteranos estadounidenses especializada en extracciones. En el trayecto sufrió una lesión de espalda.

Un viaje con riesgo de arresto

Desde Curazao viajó a Noruega para recibir el Nobel de la Paz. Desde entonces ha permanecido fuera de Venezuela, aunque ha insistido repetidamente en que regresará. Tras los terremotos, aseguró a sus seguidores que «muy, muy pronto» volverían a abrazarse en el país.
El problema para Washington es que la decisión sobre su vuelta ya no puede separarse de la discusión sobre Delcy Rodríguez. Una parte de la Administración Trump sigue viendo en ella una interlocutora útil para evitar un vacío de poder, facilitar la cooperación en materia de seguridad y mantener abierta la entrada de ayuda internacional.
Otra parte considera que esa fórmula tiene límites cada vez más claros. Fuentes consultadas por ABC creen que entre el electorado hispano en lugares críticos como Florida, Rodríguez carece de legitimidad electoral propia y que su permanencia puede resultar insuficiente para garantizar estabilidad, reconstrucción y confianza exterior. Las elecciones parciales de noviembre decidirán si los republicanos mantienen su fuerza en el Capitolio y Trump puede seguir avanzando en su agenda política sin cortapisas.
Una fuente con conocimiento de estas discusiones señala que algunos sectores de la comunidad de inteligencia estadounidense defienden preservar canales de interlocución con el entorno de Rodríguez por contactos previos y razones operativas. La fuente menciona a la CIA, pero ABC no ha podido verificar de manera independiente la existencia, el alcance o la influencia de esas gestiones.
La división interna explica por qué Machado recibió señales distintas. Según fuentes consultadas por ABC, algunos altos cargos veían su regreso como una necesidad humanitaria y política. Otros defendían que debía esperar a que se consolidara un acuerdo con Delcy Rodríguez y se redujera el riesgo de una confrontación.
El resultado fue la cancelación del viaje. Machado no llegó a Curazao. El dispositivo de seguridad quedó sin activarse y el plan de entrada fue suspendido.
Pero la cuestión sigue abierta. La emergencia no ha reducido la presión para que vuelva; la ha aumentado, con creciente insatisfacción en el Capitolio y mandos intermedios y altos de la Administración Trump. A medida que la tragedia pase de los rescates a la reconstrucción, Venezuela tendrá que decidir quién puede movilizar recursos, acompañar a los afectados y ofrecer una mínima credibilidad política.
Para Machado, el regreso sigue siendo una promesa. Para Washington, se ha convertido en una prueba de hasta qué punto puede sostener a Delcy Rodríguez sin aparecer como el principal obstáculo para que la dirigente opositora vuelva a su país, como está determinada a hacer.

María Corina Machado asegura que «ha llegado el momento» de regresar a Venezuela tras los terremotos

La líder opositora de Venezuela, María Corina Machado, aseguró este domingo que «ha llegado el momento» de regresar a su país tras los terremotos del pasado miércoles, por lo que «muy pronto» estará con su pueblo.»Ha llegado el momento, es mi deber acompañar a mi pueblo, necesitamos estar juntos para abrazarnos, para llorar, para guardar luto juntos, pero también para darnos fuerza mutuamente en este momento tan difícil», dijo la Premio Nobel de la Paz de 2025 desde el exilio, en una entrevista con la cadena Fox.El pasado 24 de junio Venezuela sufrió dos temblores de magnitud 7,2 y 7,5 que, hasta el momento, se han cobrado la vida de 1.450 personas. Los terremotos dejan también 3.150 heridos y 12.721 familias afectadas.Tan pronto ocurrió el terremoto, Machado, en el exilio desde finales de 2025 y que antes estuvo en la clandestinidad en su país desde las elecciones de 2024 para evitar ser arrestada por el Gobierno de Nicolás Maduro, pidió a su pueblo fortaleza y unidad en un mensaje en la red social X.Este domingo, la líder venezolana indicó a Fox que en este momento la prioridad absoluta es salvar vidas y «consolar y ayudar a quienes se han visto afectados». «Muy pronto estaré de regreso en Venezuela, junto al pueblo venezolano», afirmó.Washington no lo ve claroSin embargo, el reclamo de regresar a su país al parecer no es bien visto en Washington, según indicaron al New York Times dos funcionarios de la Administración del presidente Donald Trump.De acuerdo con el diario, Machado ha pedido ayuda a Washington para regresar a su país pero el reclamo es visto como «inoportuno» por los dos funcionarios, que no se identifican, e incluso uno lo considera un «truco político».Machado, que regaló su premio Nobel al presidente Trump, ha querido volver a Venezuela durante meses.Sin embargo, el diario señala que en una reunión en la Casa Blanca que se llevó a cabo el pasado marzo varios líderes estadounidenses manifestaron su preocupación por la seguridad de Machado ya que consideran que el Gobierno de EEUU ha priorizado el trabajo con el Gobierno interino que encabeza la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez

En la morgue al aire libre de Playa Grande: «Ya llevamos cuatro días y se sienten los olores»

Inaugurada con fanfarria en 2014 como símbolo de la revolución, la urbanización Ciudad Hugo Chávez Frías en el litoral central venezolano es hoy un cementerio de estructuras prefabricadas. Mientras el Estado tarda 48 horas en militarizar la zona, los vecinos escarban con las … manos desnudas intentando rescatar a los suyos antes de que la descomposición gane la partida.
El olor llega antes que la imagen. Es un tufo dulzón, pesado, que se mete por la nariz y baja hasta el estómago. En la avenida principal de Playa Grande, frente a la valla del conjunto residencial Los Delfines y los restos de la Misión Vivienda Luisa Cáceres de Arismendi, también desplomada, una fila de cuerpos cubiertos con sábanas y mantas yace sobre el pavimento. Frente a ellos, una de las entradas al complejo Hugo Chávez. Quince, veinte bultos. Algunos tapados con mantas de lunares, otros con telas que el viento levanta en las esquinas. Los vecinos los sacaron de sus apartamentos y los trajeron hasta aquí: para evitar la putrefacción dentro de la urbanización, pero también para obligar a las autoridades a recogerlos. Un guardia nacional con mascarilla negra y chaleco antibalas observa la escena desde una camioneta. No se mueve. No da órdenes. Solo mira.

«A partir de hoy no podemos tocar a nuestra familia para salvarla, porque ya están en descomposición», dice Franklin, habitante de la torre G10. Tiene heridas abiertas en los brazos, cortes que se hizo intentando mover escombros con las manos. «Los gases ya me van a perjudicar, voy a agarrar bacterias. A partir de hoy, todo está en las manos de Dios, porque ya no los voy a sacar».

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Jorge Benezra

Playa Grande sobrevivió al deslave de 1999 casi intacta. No tiene montaña encima, no tiene quebradas que bajen con furia cuando llueve. Lo que arrasó Vargas fue agua y barro, y aquí el terreno es plano, costero, pegado al aeropuerto de Maiquetía. Lo que nadie calculó es que un terremoto no distingue topografía. Un terremoto mueve los cimientos de lo que sea, esté en la montaña o frente al mar. Tampoco lo calculó el grupo estadounidense del hotel Marriott Playa Grande, cuya estructura también sufrió daños severos a pocos metros de aquí.

«A partir de hoy no podemos tocar a nuestra familia para salvarla, porque ya están en descomposición»

Franklin
Habitante de la torre G10

Edgardo, un mecánico de oficio que camina por la plaza principal del complejo, se detiene y señala el terreno. «Todo esto por años eran chiveras (tiendas de coches usados) que el Gobierno expropió. Yo trabajé mucho con esas chiveras». Se queda callado un momento. «Pero lo lógico es que esto fuese la extensión natural del aeropuerto de Maiquetía».
En vez de pista, pusieron torres. La empresa turca Summa inició la construcción el 15 de septiembre de 2011. El mayor desarrollo urbanístico de la costa del litoral central. Más de 300.000 metros cuadrados. La promesa era velocidad y resistencia. Estructuras prefabricadas de rápido ensamblaje, acero galvanizado, una tecnología que reducía el tiempo de ejecución de cuatro a dos meses. En la primera fase se entregaron 352 apartamentos. Nicolás Maduro protagonizó el acto de entrega entre 2013 y 2014, bautizando el complejo en honor al presidente fallecido. 198 torres. Dieciséis apartamentos por torre. 1.200 familias.

Una trampa mortal

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Hoy, esas mismas estructuras de rápido ensamblaje son una trampa mortal. En las placas retorcidas de acero galvanizado se distingue un brazo humano atrapado entre tubos arrugados y aislamiento de fibra de vidrio amarilla. El número 017 está escrito con marcador en una de las vigas. Nadie ha podido sacarlo.
Nelbis Acosta y Dani Machado son portavoces del consejo comunal. Creyentes del proceso revolucionario. Gente que votó, militó y confió. Hoy caminan entre los escombros con angustia y desilusión. «Esperábamos que la zona fuese militarizada la misma noche que la presidenta Delcy decretó la emergencia», dice Nelbis. No entienden la tardanza. «No se justifican los saqueos en medio de este caos», agrega Dani. Se preguntan dónde están los militares. Dónde están todos esos tractores, camiones de carga, maquinaria pesada que el Ejército tiene guardados en Fuerte Tiuna. «¿Para qué sirven si no es para esto?».

Nelbis y Dani se preguntan dónde están todos esos tractores, camiones de carga, maquinaria pesada que el Ejército tiene guardados en Fuerte Tiuna. «¿Para qué sirven si no es para esto?»

La escena recuerda a Haití en 2010. La misma desesperación de los supervivientes escarbando con picos, palas o las manos desnudas. La misma ausencia inicial del Estado. La misma certeza de que la ayuda oficial, si llega, lo hará cuando ya no quede nadie a quien salvar. «Absolutamente ninguno de ellos vino», asegura Lilibeth Oropeza Méndez, quien vivía en el tercer piso de uno de los edificios colapsados. «Ni un guardia, un policía, nada, nadie. Estamos sólo nosotros solos. Ayudándonos nosotros en la nada».
El Estado tardó 48 horas en aparecer. Y, cuando lo hizo, no fue con maquinaria pesada ni equipos de rescate, sino con uniformes militares para acordonar la zona. En un edificio colapsado, un grupo de vecinos intenta sacar una motocicleta por la ventana de lo que era un segundo piso y ahora está a nivel de calle. Cuatro hombres la sostienen con los brazos en alto, el sudor cayéndoles por la frente. Es lo único que les queda. Su medio de transporte.
Más allá, sobre la acera, una mujer joven con bata rosa lee unos papeles sentada en un colchón a pleno sol. A su lado tiene apilado todo lo que pudo rescatar: otro colchón, un ventilador, una escoba, botellas de agua y la moto. Su vida cabe en tres metros cuadrados de asfalto. Los edificios de láminas metálicas se alzan detrás, algunos intactos, otros con las fachadas reventadas.
Rosmel Moreno cuenta cómo sobrevivió. Su esposa le gritó que agarrara a los niños. Él salió por la ventana pensando que ella venía detrás. «Y cuando fue, ¡bum!, cayó todo. Explotó una bombona». Sus hijos se salvaron. Su esposa y su sobrina murieron. «Ya la sacamos, pero la tenemos allá para llevarla para Caracas. Y no hay nada de carro (coche), nada. Ahí hay un poco de cuerpos».

Una mujer descansa en un colchón en plena calle, con los pocos enseres que ha podido rescatar de su casa destruida (primera foto). Un grupo de personas espera para recibir suministros repartidos por voluntarios (segunda foto). Dos mujeres y un niño, con mascarillas, caminan por delante de un mural dedicado a Hugo Chávez (última imagen)..

(J. Benezra)

La morgue local colapsó en las primeras horas. Los cuerpos que logran recuperar van a Caracas, a la morgue de Bello Monte o a la del Llanito, por la autopista que sube la montaña. Lidia Mayora llegó a la urbanización buscando a su hermano Oberman. «¿Dónde registran? ¿Dónde van a hacer el registro como tal para declararlo ya?». Mira a los jóvenes que llevan días removiendo escombros. «Esos muchachos llevan tres días, cuatro días luchando. Necesitan materiales, guantes. Esa fibra de vidrio es terrible, eso pica, se te pega al cuerpo y no lo toques».

El misterio de los muertos

La cifra oficial de muertos en la urbanización es un misterio que se alimenta de rumores. Elixa Gutiérrez, portavoz del consejo comunal, maneja una data parcial. «Tengo 58 muertos hasta el momento. La torre G8 sufrió trece fallecidos, la mayoría niños». Pero Dani Machado habla de los números que circulan en voz baja. «Supuestamente había mil solo acá en la urbanización. Como rumor. Yo sé que hay más. Esto no se lo pueden negar a nadie, porque hay más».
No hay electricidad. Los supervivientes piden plantas eléctricas para cargar los teléfonos. Quieren saber quién está vivo. Quieren avisar que ellos, por algún milagro que no terminan de entender, todavía lo están. El gobernador envió personal médico y medicinas, pero la exigencia principal de los vecinos es otra. Quieren irse.

«Supuestamente había mil muertos solo acá en la urbanización. Como rumor. Yo sé que hay más. Esto no se lo pueden negar a nadie, porque hay más»

Dani Machado
Portavoz del consejo comunal

«Que nos saquen de aquí», suplica Elixa. «Ya llevamos cuatro días y se sienten los olores. Ahorita, hace un ratico, sentimos una réplica. Nos queremos ir, que nos saquen para un sitio que estemos seguros. Para Valencia, Maracay. No queremos estar con nuestros hijos aquí».

Damnificados dos veces

Nelbis y Dani lo confirman: la gran mayoría de los habitantes de la urbanización ya eran damnificados. Gente reubicada de otras zonas de Venezuela o de aquí mismo, de La Guaira, tras el deslave de 1999 o tras inundaciones posteriores. Damnificados dos veces. La gran interrogante que nadie responde: dónde irán ahora todos estos supervivientes.
María, una mujer que vino de visita desde otra ciudad, vive su propio infierno. Su tío quedó atrapado en la planta baja de un edificio derrumbado. Los vecinos dicen que las puertas se atrancaron durante el terremoto y no pudo salir. Un grupo de rescate llegó de noche, preguntó si tenía signos vitales y, al no obtener confirmación, se retiró. «Soy mujer, me metí con un pico, piqué y no he podido llegar porque no sé cómo son las estructuras de estos apartamentos, pero me quiero llevar a mi tío».

Las estructuras prefabricadas turcas, diseñadas para levantarse en tiempo récord, se vinieron abajo con la misma velocidad con que fueron montadas

La urbanización fue concebida como emblema de la Gran Misión Vivienda. Hoy, sus letras ordenadas alfabéticamente marcan las tumbas de cientos de personas. Las estructuras prefabricadas turcas, diseñadas para levantarse en tiempo récord, se vinieron abajo con la misma velocidad con que fueron montadas. Y en la calle principal, bajo la mirada inmóvil de un guardia nacional, los cuerpos siguen tendidos sobre el pavimento caliente, cubiertos con las mismas sábanas con las que dormían.