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Trump hunde Trump

El escenario político estadounidense ha entrado en una fase de recalibración tras las elecciones legislativas de medio término y abre un gran debate tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata. El varapalo sufrido por las candidaturas respaldadas por Donald Trump y la … pérdida del control republicano en el Congreso no solo representan un frenazo a su agenda, sino que han desencadenado inmediatamente una encarnizada lucha ideológica interna en ambos espectros del bipartidismo estadounidense.

En el bando Republicano la gran cuestión ahora es: ¿pos-trumpismo o populismo radical?

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David Alandete

La derrota electoral ha abierto grietas profundas en el ‘Grand Old Party’. Con el mandato de Trump desgastado por la economía y el rechazo del electorado moderado, se disputan dos visiones de futuro:
De una parte, el sector moderado y tradicional sostiene que el populismo disruptivo de la marca MAGA margina permanentemente a los votantes independientes y del entorno suburbano. Su estrategia es retornar al conservadurismo fiscal, el pragmatismo institucional y la moderación retórica para reconstruir puentes con los estados decisivos.
De la otra, el sector radical y populista MAGA atribuye el descalabro a que la cúpula del partido no apoyó con suficiente agresividad la agenda de Trump o no «combatió» al ‘establisment’ con la firmeza requerida. Su estrategia es apostar por profundizar en el nacionalismo económico y la guerra cultural para movilizar al núcleo más duro de la base electoral.

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En el caso del bando Demócrata asistiremos a la eterna tensión entre pragmatismo y progresismo.
Pese a la victoria en las ‘midterms’, el Partido Demócrata se encamina a su propio dilema ideológico sobre cómo abordar la carrera hacia la Casa Blanca:
El sector moderado y centrista defiende que la victoria en las elecciones de medio término se logró atrayendo el voto descontento del centro, del electorado independiente y de republicanos desencantados. Su estrategia es impulsar una agenda centrada en el coste de la vida, la economía familiar y la estabilidad institucional, evitando propuestas percibidas como maximalistas o ideologizadas.

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Javier Ansorena

En el sector progresista y radical sostienen que la derrota republicana demuestra un mandato claro para cambios estructurales en el sistema de salud, el clima y los derechos sociales. Su estrategia es mantener movilizadas a las bases jóvenes y minorías con propuestas audaces, argumentando que las posturas tímidas o centristas apagan el entusiasmo del electorado clave.
En este panorama empieza la carrera hacia la Presidencia de EE.UU. Esta encrucijada deja a ambos partidos ante una paradoja estratégica: mientras los candidatos radicales ganan con frecuencia las primarias internas porque entusiasman a las bases más apasionadas, los candidatos moderados resultan más competitivos en las elecciones generales frente a la mayoría de la población norteamericana.
Quien logre resolver esa tensión articulando una coalición amplia sin fracturar la propia base partidista, parte con la mayor ventaja para liderar el próximo ciclo presidencial.

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Javier Ansorena

La fractura interna dentro de los dos partidos principales no solo altera las candidaturas presidenciales, sino que modifica drásticamente el día a día en el Capitolio.
Cuando los sectores de la extrema derecha y de la izquierda progresista ganan influencia sobre sus respectivos centros partidistas, el consenso bicameral se vuelve extremadamente frágil, provocando dinámicas muy concretas en la gobernabilidad y en la producción legislativa.
Con un Congreso fragmentado por líneas ideológicas internas, la capacidad de aprobar grandes reformas estructurales queda casi anulada.

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David Alandete

Fácilmente asistiremos a un bloqueo de las grandes agendas. Propuestas maximalistas en impuestos, reforma migratoria profunda o legislación de salud nacional quedarán estancadas.
Los sectores más radicales de cada bando suelen vetar los acuerdos interpartidistas que perciben como una «rendición». Probablemente se podrán aprobar solo los de paquetes mínimos.
Las pocas leyes que logren salir adelante serán proyectos de consenso forzado o de carácter estrictamente bipartidista y pragmático como la financiación de infraestructuras básicas o asignaciones para la defensa nacional.

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El peligro más grande y recurrente son los cierres de gobierno o ‘Government Shutdowns’. La tensión interna en el bando conservador entre los moderados fiscales y el sector radical, suele trasladarse a la negociación del presupuesto federal.
Las facciones más intransigentes utilizan las fechas límite del techo de deuda y la financiación del gobierno para exigir recortes drásticos o medidas ideológicas.
Esto deriva en aprobaciones de presupuestos temporales a última hora, aumentando la incertidumbre económica y la volatilidad en los mercados.
Probablemente, ante la dificultad para aprobar leyes mediante el proceso parlamentario tradicional, la gobernabilidad se desplazara de la vía legislativa al poder presidencial.

Dinamarca acelera las negociaciones para deportar a Ruanda a los solicitantes de asilo rechazados

A principios de este año, la Unión Europea aprobó la legislación implementada en junio que permite a los países miembros cooperar con otros gobiernos en la creación de centros de deportación en el exterior del territorio comunitario. Tras casi un año de contactos … discretos con varios países candidatos, el ministro de Asuntos Exteriores de Ruanda confirma que su gobierno está llevando a cabo conversaciones con Dinamarca para la instalación de un centro de deportación en suelo ruandés.
El anterior gobierno danés ya envió a Kigali al entonces ministro de Inmigración e Integración, Kaare Dybvad, pero todavía sin reconocer la negociación. Ahora por primera vez el ministro ruandés Olivier Nduhungirehe confirma los avances para que Ruanda se convierta en el primer país en acoger un «centro de retorno» para refugiados de Dinamarca cuya solicitud de asilo haya sido rechazada.

Según los planes iniciales, el centro acogería en el futuro a solicitantes rechazados por Dinamarca, Alemania, Austria, Grecia y los Países Bajos. A diferencia del sistema que Reino Unido comenzó a negociar con Ruanda, un proyecto que fue finalmente abandonado, la instalación propuesta ahora no tramitaría solicitudes de asilo, sino que se limitaría a acoger a personas que ya hayan recibido decisiones finales de devolución mientras los estados de la UE organizan su traslado a sus países de origen.

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Rosalía Sánchez

Dinamarca trabaja contra el reloj en esta negociación, con la esperanza de presentar resultados tangibles en la reunión especial sobre inmigración que tendrá lugar en Viena el 16 de noviembre. Sobre la mesa está la utilización del antiguo Hope Hostel en Kigali, financiado por Reino Unido en Ruanda y del que se habló también en la pasada negociación, pero este extremo no ha sido confirmado.
Nduhungirehe se ha limitado a decir que, «dado que las conversaciones siguen en curso, naturalmente no puedo entrar en detalles» y ha asegurado que «es una cuestión muy delicada para nosotros, porque queremos dar dignidad a los seres humanos, a los migrantes y a los refugiados». En comunicación con el diario ‘Berlingske’, ha reconocido que una delegación de los cinco países ya visitó Kigali el pasado mes de agosto para estudiar las posibilidades del proyecto.
Posteriormente, representantes ruandeses se han desplazado a Europa, incluida Bruselas, para continuar las conversaciones. Según lo hablado hasta ahora, en una negociación todavía por cerrar, la iniciativa comenzaría como un piloto con unas 100 personas, con cada estado participante enviando a unos 20 solicitantes de asilo rechazados, operativo para 2027.

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Las autoridades de Ruanda insisten en distinguir este modelo del de un centro de detención. Se contempla un modelo de puertas abiertas, en el que la responsabilidad de las personas trasladadas permanecería en los estados participantes de la UE. Nada se sabe, por otra parte, de los términos del acuerdo en materia de acceso a abogados, libertad de movimiento, atención sanitaria o supervisión independiente.

Se prevé un papel destacado de Frontex

El acuerdo, que excluye a los menores no acompañados, debe establecer los procedimientos de transferencia, las condiciones de estancia, las obligaciones de las partes y las consecuencias de los incumplimientos. Cuando se prevé el regreso posterior, se requerirá un seguimiento independiente. La Comisión Europea ha propuesto una ampliación adicional del mandato de Frontex que convertiría a la agencia fronteriza en un actor más central en las devoluciones y la creación de un Centro de Coordinación de Retornos dedicado para recopilar y analizar información operativa, apoyar la planificación y coordinar las operaciones de retorno a nivel de la UE.
Frontex podría proporcionar apoyo técnico y operativo a terceros países y ayudar a organizar y llevar a cabo operaciones de retorno de un país no perteneciente a otro, sujeto a un acuerdo con el país en cuestión y al cumplimiento de los derechos fundamentales y las normas internacionales. En la práctica, eso podría significar la implicación de Frontex en transferencias desde un centro de retorno en Ruanda al país de origen de la persona.
Se trata del segundo intento, por parte de Dinamarca, que ya aprobó en 2021 una legislación que permite trasladar a los solicitantes de asilo fuera de Europa mientras se evalúan sus reclamaciones. En aquel momento firmó un primer memorando de entendimiento con Ruanda, pero ningún solicitante de asilo fue transferido bajo ese esquema y el plan original fue posteriormente archivado.
Ruanda, por su parte, ya ha llevado a cabo un acuerdo con Israel, por el que entre 2013 y 2018 miles de solicitantes de asilo eritreos y sudaneses abandonaron el país rumbo a Ruanda y Uganda bajo acuerdos de «salida voluntaria», aunque ninguno de los estados africanos reconoció un acuerdo público formal. Amnistía Internacional y otras organizaciones de Derechos Humanos documentaron la llegada de personas sin estatus legal ni protección efectiva.

Abdul el Sayed se convierte en el primer senador musulmán de la historia de EE.UU.

La de este martes fue una noche de muchos primeros. El primer candidato abiertamente gay que gana un escaño al Senado: el demócrata Chris Pappas, de New Hampshire. La primera mujer negra que logra el cargo de gobernadora: la demócrata Keisha Lance Bottoms, en … Georgia. O el primer demócrata que gana al Senado por Kansas desde 1932: el pastor metodista Adam Hamilton.
Pero ningún primero había despertado tanta atención como Abdul el Sayed, el candidato demócrata al Senado por Míchigan: tras una campaña feroz contra el republicano Mike Rogers, El Sayed se convirtió en el primer senador musulmán de la historia de EE.UU.

El Sayed era visto como uno de los talones de Aquiles de los demócratas en estas ‘midterms’ cuando ganó las primarias del partido el pasado verano frente a Haley Stevens, la candidata ‘del establishment’. Era un candidato joven, izquierdista y musulmán, y que no dio ni un paso atrás en su posición dura contra el apoyo de EE.UU. al Gobierno de Benjamin Netanyahu en Israel; un perfil que podría incomodar a los sectores moderados del partido.

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Javier Ansorena

El Sayed podía poner en riesgo el escaño demócrata al Senado por Míchigan, un estado donde las fuerzas entre los partidos suelen estar parejas, pero que en esta campaña contaba con el viento a favor de la impopularidad de Donald Trump. Pero también era visto por algunos como un lastre para los demócratas en el resto del país: era el objetivo perfecto para que Trump y sus aliados vincularan a los demócratas con el extremismo. El presidente le calificó de «yihadista» y Rogers le acusó de tener vínculos con Al Qaeda, Hamás o los Hermanos Musulmanes.
Ni eso, ni la oposición de un sector de los demócratas judías, ni la deserción de última hora de Stevens han acabado por evitar la victoria de El Sayed. Durante toda la campaña, se centró con disciplina en el mensaje económico -«sacar el dinero de la política, meter el dinero en tu bolsillo, sanidad pública para todos»- e insistió en que su nombre, su apariencia y su religión son la «distracción» que usan los republicanos para evitar hablar de lo que importa.

Peso político

Pero su nombre, su apariencia y su religión también tenían peso político. Míchigan es el más árabe de los estados del país, con cerca de un 3% de la población. Muchos de esos votantes -y, con ellos, algunos sectores izquierdistas- no apoyaron a los demócratas en 2024 por su apoyo a Israel en la guerra de Gaza. Ahora se han volcado en masa con El Sayed.

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«A todos los padres que han sufrido para explicar a sus hijos por qué el presidente se ríe abiertamente del nombre o de la religión de otro persona, decidles mañana que el malo perdió», dijo El Sayed en su discurso de celebración de la victoria en una sala de eventos del centro de Detroit.
«Para nosotros significa mucho tener esta representación en el Senado», aseguraba a este periódico Tom Arafat, un votante demócrata de origen palestino, como tantos otros en los suburbios de la principal ciudad de Míchigan. «Pero también es un mensaje para otras minorías en todo EE.UU., de que estamos juntos, de que estamos unidos, de que podemos dejar de lado la división, el racismo, la islamofobia, la xenofobia o el antisemitismo».
«Al final, su religión da igual», agregaba Brittney, también musulmana. «Porque él va a seguir la constitución. La pena es que se utilice su religión como arma de ataque».
Con su victoria, El Sayed se consolida como una de las estrellas ascendentes en el Partido Demócrata. Su presencia en el Congreso agitará las tensiones en su bancada sobre uno de los asuntos que ha dividido al partido: el apoyo a Israel. Su triunfo también será utilizado para definir la carrera que ahora se abre de cara a las presidenciales de 2028: su facción defenderá que si un izquierdista musulmán ha podido ganar en Míchigan, ese es el camino que debe seguir el partido en el resto del país.

Las elecciones de medio mandato en EE.UU. rompen barreras: victorias históricas para mujeres, comunidad LGTBI y minorías raciales

La … primera gobernador negra, el primer senador abiertamente gay y la primera gobernadora indígena han sido algunos de los resultados de las elecciones que dieron una victoria histórica para los demócratas.

En Georgia, la demócrata Keisha Lance Bottoms se convertirá en la primera gobernador negra en toda la historia de Estados Unidos. A este hecho también se le une Byron Donalds, el primer jefe de gobierno negro en Florida. La exalcaldesa de Atlanta derrotó al multimillonario ejecutivo de la salud, Rick Jackson, una victoria que devuelve este estado a los demócratas después de más de dos décadas de control republicano.

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Por otro lado, el representante demócrata Chris Pappas será el primer hombre abiertamente gay en el Senado tras ganar la elección en New Hampshire. Pappas fue electo a la Cámara de Representantes en 2018. «Nadie debería ser discriminado por ser quién es o por a quién ama», escribió en su portal En Nuevo México, la demócrata Deb Haaland venció al republicano Gregg Hull y conquistó la gobernación, la primera mujer indígena estadounidense en alcanzar un ejecutivo regional.
Integrante de la tribu laguna pueblo, fungió como la Secretaria del Interior en la administración del expresidente Joe Biden, en donde también marcó el hito de ser la primera indígena estadounidense en ocupar un cargo de secretaria en el gabinete de Estados Unidos. En Míchigan, Abdul El-Sayed se convertirá en el primer senador musulmán. El exadministrador médico atrajo a muchos electores durante la campaña, incluso en áreas conservadoras, con promesas por una salud médica gratuita.
La ola de rechazo a Trump en estas elecciones de medio mandato también incluyó otros hitos en Texas y en California. Gina Hinojosa desbancó al republicano Greg Abbott, quien buscaba la reelección, y será la primera mujer latina en gobernar el estado fronterizo. Mientras que en California, Xavier Becerra fue el primer latino en ganar la gobernación del estado de la costa oeste después de dejar en el camino al republicano Steve Hilton.

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De cara al futuro, si el actual líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, gana la presidencia de la Cámara como se espera en el nuevo Congreso, se convertiría en el primer presidente afroamericano de este cuerpo legislativo en la historia de Estados Unidos. «Esta fue una elección histórica en la que la gente decidió creer en sí misma y aferrarse de verdad a la esperanza que representa la promesa de este país, rechazando cualquier intento de acallar sus voces», dijo Shiebler.

Trump sigue la jornada electoral desde la sala de la Casa Blanca donde no reconoció su derrota en 2020

Donald Trump es supersticioso y, aun así, vuelve esta noche al escenario de una de sus madrugadas más amargas. A partir de las siete de la tarde (una de la madrugada, hora peninsular española), recibirá en el Salón Este de la Casa Blanca a … invitados de todo el país para seguir los resultados electorales. El presidente aún confía en desafiar los pronósticos, dar un vuelco a las encuestas y que la fortuna vuelva a sonreírle. Pero fue en ese mismo espacio donde, en la madrugada posterior a las elecciones de 2020, con el resultado aún por decidir y Joe Biden todavía en condiciones de ganar, se proclamó vencedor, pidió detener el recuento y lanzó una ofensiva para presentar como fraude la derrota que acabarían confirmando las urnas.
Es el final de una maratón: siete mítines en seis días, unos 13.400 kilómetros entre destinos y una última jornada con nueve intervenciones telefónicas previstas para reuniones virtuales. A sus 80 años, Trump ha echado el resto. Después de los actos del domingo en Iowa y Kansas, entró en la Casa Blanca a la 01:55 de la madrugada del lunes (07:55 de la mañana, hora peninsular española del lunes). Apenas unas horas después volvía a la carga, decidido a exprimir hasta la última oportunidad de movilizar a los suyos. Ha estado en Alaska, ha estado en Florida, ha volado a California y a Ohio. Es el ritmo de una campaña presidencial.

El presidente ya había votado anticipadamente el sábado 24 de octubre en una biblioteca de West Palm Beach, Florida, donde está ahora su residencia permanente. Entonces aseguró haber optado por todos los candidatos republicanos. Lo hizo en persona, pese a haber reclamado anteriormente que se limitara también el voto anticipado por sus denuncias de fraude. Y, con su papeleta ya depositada, siguió recorriendo el país para pedir el voto de los demás: esa misma jornada tenía un mitin en Georgia, para ver si conseguía impulsar a unos candidatos republicanos desanimados ante las encuestas.

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David Alandete

En este largo periplo electoral, en que ha pedido a los estadounidenses que voten como si él estuviera en las papeletas, Trump ha perdido la paciencia. Le molesta un foco, le incomoda una pregunta indiscreta y le irrita que le digan que parece cansado. El 21 de octubre, de regreso de un mitin en Carolina del Sur, interrumpió una conversación con los periodistas en la base de Andrews para quejarse de la iluminación: «¿Por qué no me quitas esa luz de la cara?». La reportera se disculpó y las preguntas continuaron.
Ocho días después, una pregunta de un periodista de Reuters sobre cómo llevaba tantas semanas de viajes provocó una reacción mucho más áspera. «Estás enfermo por hacer esa pregunta», le espetó al reportero. Después se revolvió contra su aspecto físico: «Mirad a este tipo. Está completamente fuera de forma». El presidente acababa de anunciar que sustituiría su visita a Kansas por una intervención telefónica, aunque finalmente recuperó el mitin. Preguntarle por el desgaste de la campaña bastó para desatar ese ataque personal.
El esfuerzo, sin embargo, lo había reconocido él mismo. En un mitin en Misisipi, con la voz ronca, se quejó de que Dios no había hecho las cuerdas vocales para dar un discurso diario. A sus 80 años, reivindica una resistencia inagotable, pero recibe con creciente irritación las preguntas sobre sus límites. Está más lento, se le ven los tobillos más hinchados, las manos con más moratones por la aspirina que toma para prevenir problemas cardiovasculares. Aun así, ha mantenido un ritmo frenético hasta el último momento, sabedor de lo mucho que se juega.

Trump se juega la pérdida de autoridad

Y lo que se juega Trump este martes es el margen de poder con el que gobernará los dos últimos años de su mandato. Si los demócratas conquistan la Cámara de Representantes, podrán bloquear su agenda legislativa, investigar a su Gobierno y obligar a sus altos cargos a comparecer. Si también recuperan el Senado, tendrán capacidad para frenar sus nombramientos. Para un presidente que ha convertido estas elecciones en un plebiscito sobre su persona, una derrota supondría además una pérdida de autoridad dentro de su partido justo cuando empiece a abrirse la batalla por sucederlo.
Por si acaso, el presidente se guarda un recurso conocido: denunciar fraude cuando el resultado le es adverso. Lo ensayó ya en la primera (caucus) de Iowa de 2016, cuando perdió frente a Ted Cruz, lo acusó de haberle robado la victoria y pidió repetir la votación o anular el triunfo de su rival. Aquella derrota no se revirtió, pero Trump acabó conquistando la candidatura republicana.
Esta vez, además, su Gobierno ha anunciado el despliegue de cerca de mil supervisores y observadores electorales. Lo excepcional no es su presencia, ya que el Departamento de Justicia envía observadores desde 1965, sino que por primera vez abarcará todos los 50 estados. Su misión oficial es vigilar el cumplimiento de las leyes federales que protegen el voto; el despliegue, por sí mismo, no demuestra que exista fraude. Pero la imagen es la de darle argumentos a un presidente en apuros para poder volver a sus viejas denuncias de que le han robado lo que es suyo.

De Wever, el independentista flamenco que se transformó en el mayor defensor de Bélgica

El actual primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, es en realidad el dirigente de un partido cuyo principal objetivo es la independencia de la región flamenca y la desaparición del país. Y, sin embargo, hasta ahora ha demostrado ser uno de los jefes … de Gobierno más sólidos en la defensa de los intereses comunes de todos los belgas. No se sabe si se trata de una conversión real o solamente temporal, pero nadie le puede acusar en estos momentos de ser un mal primer ministro, comprometido sinceramente con las reformas más urgentes que nadie se había atrevido a afrontar.
Su última operación, presentar su dimisión porque sus socios de coalición no tienen valor para apoyar su plan de recortes de 10.000 millones de euros, demuestra que no es un dirigente corriente dispuesto a renunciar a los objetivos que cree necesarios.

De Wever nació en 1970 en Mortsel, en la provincia de Amberes, en una familia vinculada al movimiento nacionalista flamenco. Desde su etapa en la universidad, donde estudió historia, ha estado vinculado a la política e interesado en la separación de la región de Flandes, que cuenta con aproximadamente el 60% de los habitantes del país, y de Valonia, donde se habla francés.

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Enrique Serbeto | Corresponsal en Bruselas

Aparte de la cuestión lingüística, la tesis de que los valones, que históricamente han votado al socialismo, se dedican a aprovecharse de los subsidios del Estado, ha sido muchas veces la gasolina del independentismo flamenco contemporáneo. Primero lo abanderó el sector más radical, racista y totalitario, el Vlaams Block, que acabó siendo ilegalizado y tuvo que cambiar su denominación. Pero, a comienzos de siglo, De Wever participó en la creación de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) y lo convirtió en un partido moderno y políticamente presentable, basado en el principio de la separación de Flandes, el conservadurismo cultural (De Wever ha acabado por escribir un libro contra el ‘wokismo’), el liberalismo económico, la disciplina presupuestaria y una política migratoria más restrictiva y condicionada a la integración.
Con ese programa se convirtió en la primera fuerza política en Flandes. En las elecciones de 2010, también fue el partido más votado de toda Bélgica, a pesar de que solo se pueden presentar en su propia región. De Wever llegó a la política de Bruselas defendiendo abiertamente la desaparición paulatina del poder federal y la monarquía, para lograr la escisión de la región. Y, por ello, a partir de entonces la política belga se centró en la búsqueda de mayorías que excluían sistemáticamente a la N-VA, lo que lo hizo aún más popular.
En 2024, su alianza volvió a ser la fuerza más votada en Bélgica, con aproximadamente el 16,7 % de los votos nacionales, seguido de los más radicales herederos del Vaams Block y también independentistas flamencos. Entre las dos fuerzas sumaban el 40% de los votos de todo el país y, si hubieran querido lanzar una operación rupturista, habría sido muy difícil detenerla. De Weber era entonces el popular alcalde de Amberes, la segunda ciudad del país y uno de los principales puertos de Europa.

Abandono de las ideas independentistas

Sin embargo, como partido más votado aceptó el encargo del rey Felipe para formar Gobierno y, para ello, anunció públicamente que aparcaba todo su equipaje independentista. Tras más de siete meses de negociaciones logró formar una coalición de cinco partidos, con el objetivo de someter a todo el país a la política económica y a las reformas que habría querido impulsar en una Flandes separada del resto. La única exclusión (que por otro lado es mutua) ha sido cooperar con los socialistas valones, a los que acusa de haber saqueado los recursos del país en ayudas sociales desproporcionadas.
El 3 de febrero de 2025 tomó posesión como primer ministro un dirigente nacionalista flamenco. El Parlamento le dió el mando del país a alguien que, hasta entonces, se había propuesto destruirlo. Desde ese momento, ha abandonado cualquier mención a lo que en Bélgica se denomina eufemísticamente «la reforma institucional del Estado» y se ha centrado en poner las cuentas en orden con el objetivo de reducir el déficit galopante (más del 5%) para evitar la bancarrota de unas cuentas públicas excesivamente endeudadas. Toda su actividad se ha dedicado a garantizar la supervivencia del país.

Amistad con el monarca

En las discusiones en el Consejo Europeo sobre el uso posible de los activos confiscados a Rusia y que están físicamente depositados en territorio belga, fue capaz de aguantar las presiones de los demás aliados y defender con uñas y dientes que si algo salía mal sería Bélgica el país que sufriría las consecuencias.
Los analistas belgas han descubierto incluso que este nacionalista conservador ha desarrollado estos años una amistad con el monarca, al que ha pedido varias veces que le ayudase a superar bloqueos políticos. Las primeras fotos del independentista entrando en el Palacio de Laeken se observaban como una rareza, pero ahora De Wever es visto con cierta frecuencia en conversaciones con el Rey.
La cuestión ahora es saber qué sucederá con el movimiento flamenco cuando De Wever deje definitivamente el cargo de jefe de Gobierno. Él no ha querido dimitir como alcalde de Amberes, sino que está en una especie de excedencia porque el cargo no es compatible con el de primer ministro. Eso indicaría que tiene intención de volver a la política regional, pero no está claro que todos sus votantes hayan sufrido la misma transformación que él en su relación sentimental con el Reino de Bélgica. O puede que sí, que este periodo haya servido para suavizar las proclamas independentistas flamencas.