Mineápolis celebra la salida de Bovino, el jefe de los agentes federales, como una victoria
«¡Baja aquí, Bovino, pedazo de mierda!». Un joven con capucha y gorro negros grita a la fachada de un hotel al noreste de Mineápolis, en plena ventisca, con un frío aterrador. El improperio es parte de la despedida que le ofrece un grupo jubiloso … de manifestantes este lunes por la noche a Gregory Bovino, el temido y polémico jefe de los miles de agentes federales desplegados desde diciembre en la principal ciudad de Minnesota.
Unas horas antes, se ha conocido que Bovino abandonaría este martes Mineápolis, después de liderar una turbulenta operación de redadas masivas contra inmigrantes indocumentados. Deja alegaciones de redadas indiscriminadas, de uso abusivo de fuerza. Y dos muertos en el camino, dos ciudadanos estadounidenses, vecinos de Mineápolis, por disparos de sus agentes con explicaciones turbadoras de la Administración -entre ellas, del propio Bovino- sobre esa tragedia, que no se compadecen con lo que se ve en los vídeos de los testigos y que solo exaltan más los ánimos.
Algunas cuentas en redes sociales han difundido que en este hotel suburbano, entre centros comerciales y cadenas de restaurantes, se aloja Bovino en su última noche antes de dejar esta tundra de Minnesota. Por eso vienen aquí dos centenares de manifestantes, a gritarle e insultarle hasta la última hora en la que esté en Mineápolis. Traen cacerolas, tambores, trompetas y, por supuesto, silbatos, uno de los símbolos de la oposición de los vecinos de Mineápolis al despliegue masivo de agentes federales.
Esos silbatos son los que se utilizan para advertir a los vecinos de la presencia de las fuerzas de la policía de inmigración y fronteras (ICE, en sus siglas en inglés, ‘la migra’ para la comunidad hispana) en sus calles. Una línea de agentes locales y estatales, con material antidisturbios, protegen el hotel. Los manifestantes les gritan a la cara, les insultan, les llaman «traidores».
Es imposible saber si Bovino está o no en el hotel. Lo que parece seguro es que es la primera consecuencia del intento de Donald Trump por bajar el tono de la crisis en Mineápolis. La muerte el pasado sábado del segundo vecino, Alex Pretti, pesa cada vez más. Era un ciudadano estadounidense, de 37 años, con licencia de armas, amante de la bicicleta de montaña y enfermero de cuidados intensivos en un hospital para veteranos del ejército.
Trump, intentando reconducir la situación
Empiezan a acumularse las voces republicanas que cuestionan el despliegue masivo de agentes en Mineápolis, sus consecuencias y la narrativa falseadora de la Administración Trump. La política migratoria, que fue un puntal para Trump, que logró cerrar la frontera tras regresar al poder, se vuelve en su contra. El objetivo de detener y deportar a inmigrantes indocumentados peligrosos se difumina entre el caos y las muertes de ciudadanos estadounidenses.
«A Trump solo le importan dos cosas: la opinión pública y la bolsa», dice Cameron, un joven embutido en un abrigo marrón gigante. «Y le está fallando la opinión pública. Él y los republicanos están aterrados con lo que está pasando aquí». La salida de Bovino, hasta ahora la cara de la mano dura de Trump en inmigración, tiene que ver con su intento de reconducir la situación.
En su lugar, ha despachado a Tom Homan, el llamado ‘zar de la frontera’, que toma a partir ahora el control de las fuerzas federales y de la operación migratoria. También ha hablado con el gobernador de Minnesota, Tim Walz, y con el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, a los que hasta ahora solo ha insultado. Se ha abierto a trabajar con ellos, y a rebajar el número de efectivos federales.
Algunos se irán con Bovino este martes. Los ánimos se tensan entre policías y manifestantes delante del supuesto hotel de Bovino. En una de las escaramuzas, detienen a dos o tres de los que protestan y se encaran con los agentes. En un lateral del hotel, en el cuarto piso, se ve a un grupo de hombres mirando el espectáculo desde una ventana. El gentío está convencido de que son agentes federales. Les gritan, les insultan, les muestran su dedo corazón desafiante, les graban con sus móviles.
Empieza a nevar con fuerza. A las nueve y media de la noche, el lugarteniente que dirige la operación policial advierte a los presentes de que se ha decretado la concentración como una «asamblea ilegal» y que serán expulsados con el uso de fuerza y material lacrimógeno si es necesario. Empiezan las cargas, las carreras. Los agentes detienen a un puñado de manifestantes.
Algún descontrolado les lanza trozos de hielo y amenaza con complicar la situación, después de semanas de protestas en Mineápolis en su gran mayoría pacíficas. «Ya han perdido», celebra Luke, otro de los manifestantes, sobre Trump, Bovino y sus agentes federales. «El impacto de la muerte de Pretti y la reacción en las calles en Mineápolis ha podido con ellos».
La única defenestración segura por ahora es la de Bovino, que sabe aquí a victoria. «La gente de Minnesota ya ha tenido suficiente de Bovino. Estoy feliz de que se vaya», reacciona en CNN el fiscal general del estado, el demócrata Keith Ellison. «La gente está muy, muy enfadada y la salida de Bovino es un buen paso. Pero vamos a seguir presionando con independencia de quién tome el puesto».
La revista ‘The Atlantic’ revela que Bovino dejará de ostentar el puesto de ‘comandante’ de los agentes federales en todo el país. Volverá a su puesto como responsable de la Patrulla Fronteriza en el distrito en El Centro, en California, en la frontera con México. Es la principal señal de que Trump carga menos la mano en Mineápolis. Pero nada indica que las tensiones vayan a irse con Bovino.

