Washington pone fin al flujo de crudo venezolano que durante más de dos décadas sostuvo el sistema energético cubano y deja a La Habana sin su principal respaldo estructural, según un informe de inteligencia al que ha tenido acceso ABC.Estados Unidos ha … cortado el cordón umbilical energético que durante más de dos décadas sostuvo a Cuba desde Venezuela. Esa es la conclusión central de un informe de inteligencia al que ha tenido acceso ABC y que detalla, con cifras y series históricas, cómo el flujo de crudo venezolano ha sostenido el sistema eléctrico y energético de Cuba, a pesar de una reducción drástica en el flujo, previa al corte total impuesto ahora por Donald Trump tras la extracción de Nicolás Maduro.
El documento reconstruye la relación petrolera bilateral desde 1999, cuando Hugo Chávez y Fidel Castro firmaron los primeros acuerdos de cooperación. A partir de ese momento, Venezuela pasó a ser el principal proveedor energético de Cuba, en condiciones preferenciales, con petróleo subvencionado, pagos diferidos y compensaciones en servicios. Durante los años de mayor bonanza, especialmente entre 2006 y 2015, los envíos superaron de forma recurrente los 80.000 y 100.000 barriles diarios, una cifra crítica para la generación eléctrica cubana y para el funcionamiento básico de su economía.
Desde el punto de vista de la inteligencia estadounidense, el corte del suministro venezolano tiene un efecto directo sobre la estabilidad interna de Cuba. El informe vincula la caída del crudo con el aumento de apagones, el deterioro del transporte y la reducción de la actividad industrial. A diferencia de crisis anteriores, La Habana carece ahora de un socio capaz de asumir el papel que durante años jugó Venezuela. En sus comparecencias desde la captura de Maduro, tanto Trump como Rubio han dicho que la dictadura cubana está a punto de caer.
El informe subraya que ese volumen no era solo una cifra comercial, sino un pilar estructural del régimen cubano. El crudo venezolano alimentaba centrales térmicas, permitía mantener subsidios internos y compensaba la falta de divisas. Sin ese flujo, Cuba entraba en una crisis devastadora. Por eso, durante más de una década, el vínculo energético fue tratado como un asunto de seguridad nacional tanto en Caracas como en La Habana
Los 55.000 barriles diarios
El declive de capacidades venezolanas comienza a hacerse visible a partir de mediados de la década de 2010, cuando la producción venezolana empieza a caer de forma acelerada. En 2018, los envíos ya se habían reducido a unos 47.000 barriles diarios. Tras la imposición de sanciones estadounidenses en 2019 y el colapso operativo de PDVSA, el suministro entra en una fase errática, con descensos abruptos y recuperaciones parciales ligadas a licencias temporales y maniobras logísticas opacas.
El informe detalla que en 2021 los volúmenes cayeron en algunos momentos por debajo de los 25.000 barriles diarios. En 2023 se produjo un repunte hasta el entorno de los 55.000 barriles diarios, pero fue puntual y frágil. En 2024, el promedio anual volvió a caer hasta unos 32.000 barriles diarios, un 42% menos que el año anterior, debido a averías en refinerías venezolanas y a la presión creciente de Estados Unidos sobre la cadena de transporte marítimo .
El dato más relevante del informe es el correspondiente a 2025. Hasta finales de año, el promedio se sitúa entre 25.000 y 30.000 barriles diarios, con fuertes oscilaciones mensuales. Hubo meses con apenas 10.000 barriles diarios y picos puntuales cercanos a 50.000, pero la tendencia es clara: el flujo estable que durante años garantizó el sostén energético de Cuba ha desaparecido.
Según el análisis, incluso en los mejores meses de 2025, los volúmenes no alcanzan el umbral mínimo que necesita la isla para evitar apagones generalizados. Aun así se mantenían, mientras Cuba mantenía intervenido el estamento político y militar venezolano. En la operación de extracción de Maduro, murieron más de 30 agentes cubanos en su guardia pretoriana.
En términos acumulados, el informe estima que entre 1999 y 2025 Venezuela envió a Cuba entre 4,5 y 6.000 millones de barriles de crudo y combustibles. A precios actuales de mercado, esa cantidad tendría un valor cercano a los 300.000 millones de dólares. Sin embargo, el documento subraya que se trata de una valoración teórica: gran parte de esos envíos se realizó con descuentos severos, trueques o directamente como subsidio político, lo que explica el enorme coste que la alianza tuvo para la economía venezolana.
El cordón umbilical
La conclusión operativa del informe es que ese ciclo ha terminado. La combinación de sanciones, incautaciones de petroleros, control de rutas marítimas y supervisión directa del crudo venezolano por parte de Washington ha reducido al mínimo la capacidad de Caracas para seguir abasteciendo a La Habana. Cuba intenta compensar con envíos desde Rusia, México u otros proveedores, pero los volúmenes son insuficientes, irregulares y mucho más caros.
El documento concluye que, por primera vez desde el año 2000, Cuba se enfrenta a un escenario sin respaldo energético estructural. La relación con Caracas ya no actúa como red de seguridad. El cordón umbilical está, en la práctica, cortado. Y, a juicio de los analistas que firman el informe, no hay indicios de que pueda restablecerse en el corto o medio plazo bajo las condiciones actuales.