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La victoria de Magyar, preludio de una primavera húngara

En la noche del pasado domingo, a medida que avanzaba el escrutinio electoral, una nueva Hungría comenzó a surgir, como por floración espontánea. Decenas de miles de jóvenes salieron sin convocatoria previa a las calles de Budapest, en una fiesta colectiva y contagiosa. «Creo que … fue como la caída del Muro de Berlín», compara Péter Adamik, artista húngaro afincado en Berlín y que viajó a su país para votar en unas elecciones históricas y vivir allí ese momento. Los húngaros que esa noche seguían los resultados por televisión, apenas podían reconocer el canal público M1, que a las once y sin terminar por completo el recuento había abandonado la línea propagandística favorable a Fidesz y se limitaba a difundir datos y teletipos de agencias internacionales.
«Estaba cayendo por su propio peso el sistema Orbán, como en su día la era del Dualismo o el régimen de Horthy», explica el analista húngaro Attila Tibor Nagy, autor de ‘El sistema Orbán en la UE’. «El sistema que Fidesz había construido, una arquitectura de poder basada en el control de los medios, la manipulación institucional y una red de lealtades personales, se derrumbó en una sola noche», constata, y compara a Viktor Orbán con Ícaro: «si quieres evitar toda decepción, solo puedes perder de forma épica».

Pero el fin de una era no garantiza automáticamente el comienzo de otra. Y es aquí donde entra en escena Péter Magyar, un político que hasta hace un año era prácticamente desconocido para el gran público y que hoy se ha convertido en el rostro de la esperanza para unos, y de la incertidumbre para otros. Magyar no es un político convencional. Su ascenso meteórico, alimentado por denuncias internas, vídeos virales y una campaña que combinó indignación moral y promesas de regeneración, se debe en buena parte a que se presenta como un hombre que llega desde fuera del sistema, aunque en realidad lo conoce desde dentro. Fue alto funcionario, diplomático y marido de una ministra de Orbán, lo que le permite hablar el lenguaje del poder, pero también denunciarlo con autoridad. «Sé cómo funciona el sistema porque yo mismo formé parte de él», ha repetido en numerosas entrevistas.

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Rosalía Sánchez

Ana Palacio, exministra de Exteriores de España, comentaba sobre la figura de Magyar en un encuentro privado organizado por la consultora Thinking Heads: «No hay mejor cuña que la de la misma madera. Magyar es hijo de Fidesz y con toda probabilidad defenderá posiciones similares en los grandes asuntos. Cambiará el tono y la actitud será seguro buscar acuerdos y no secuestrar grandes decisiones. Así, levantará el veto a los 90.000 millones de euros a Ucrania, pero Hungría seguirá siendo contraria a que entre en la UE con la prioridad que otros dibujan. Magyar tiene un voto prestado; es un voto anti-Orbán. En las elecciones ha habido una participación masiva y entusiasta de jóvenes, pero que no nos cieguen las banderas europeas que enarbolaban; las encuestas dicen que en inmigración o ampliación son muy nacionalistas».
Sus primeras actuaciones han sido para tomar al asalto las fortalezas del viejo poder, legitimado por dos tercios de los votos. En su aparición por sorpresa en la radio pública Kossuth y en el canal M1, dos bastiones de la propaganda gubernamental, no ha dudado esta semana en enfrentarse a los mismos presentadores que han hecho carrera cantando alabanzas a Orbán. Les anunció personalmente, en el estudio, su intención de «suspender las emisiones y aprobar una ley que garantice la libertad de expresión y el pluralismo en los medios en cuanto se forme gobierno», lo que Tibor Nagy considera un «estallido de tensión acumulada entre Tisza y los medios públicos en los últimos años». No descarta que se desate una purga y recuerda que ejercer la libertad de prensa no es algo que se improvise de un día para otro.
«Más de la mitad de los miembros de nuestro equipo editorial aún no han escrito nunca un artículo en el que Orbán no sea primer ministro de Hungría. Nuestros jóvenes fotógrafos y el equipo audiovisual eran niños de infantil en el verano de 2007, cuando el presidente de Fidesz dijo en Tusványos: tienes que ganar una vez, pero luego tienes que ganar muchas más… Y desde entonces, ha utilizado su superioridad para crear los instrumentos de poder más fuertes», arroja una mirada realista Márton Gergely, editor jefe del semanario HVG.
Gerfely reconoce que «el papel histórico de Magyar dependerá de lo que haga con su mandato y de lo que haya aprendido de un gobierno cuyo único objetivo era evitar la derrota». «Que quiera limitar la duración de su mandato es una buena señal, pero también deberá limitar los privilegios asociados a su cargo», advierte. Lo ve como un nuevo Lajos Batthyány, que desmanteló el feudalismo y sentó las bases del parlamentarismo, la separación de poderes y la independencia de la prensa, tras la revolución de 1848. Sin embargo, no debemos esperar de Magyar la reconciliación de la sociedad húngara», lamenta. «Tenemos familiares mayores que llevan llorando desde el domingo. Y tenemos familiares jóvenes que se embriagan por el milagro inmediato. La política ha despertado una cantidad irrazonable de emociones en el país, incluidas las más peligrosas: miedo, ira y odio».

«Tenemos familiares mayores que llevan llorando desde el domingo. Y tenemos familiares jóvenes que se embriagan por el milagro inmediato»

En el plano institucional, la tensión es palpable. Magyar exigió la dimisión del presidente Tamás Sulyok, al que acusó de haber sido «indigno ante el pueblo», durante el primer acto oficial protocolario. También ha anunciado que revisará la composición del Tribunal Constitucional, la Fiscalía General y otras instituciones donde Orbán colocó a leales con mandatos largos. «Si no ceden voluntariamente, usaremos nuestra mayoría de dos tercios», ha dicho, en una frase que resonó más como amenaza que como promesa. «
Tibor Nagy profetiza una Hungría más cooperativa con la Comisión Europea, unida a la Fiscalía Pública Europea y más indulgente hacia Ucrania. El nuevoGobierno, opina, considera importante la situación de los húngaros en el exterior y creará una Oficina Nacional de Recuperación de Activos. Pero la tarea es hercúlea y pocos analistas creen que Magyar pueda abordarla con éxito sin ayuda efectiva de la UE. «Hungría ha demostrado lo que constituye la esencia de la democracia: la capacidad de corregir el rumbo. Pero la UE deberá acompañar el proceso con prudencia, sin generar expectativas irreales», advierte el politólogo Eric Frey.

El futuro de Orbán

Del trato que otorgue a ese otro tercio de los votos húngaros dependerá seguramente, la definición última de su mandato. No hay señales inmediatas de que Orbán vaya a dimitir como líder de Fidesz, a sus 62 años, ni existe un sucesor con autoridad interna comparable, aunque no es ningún secreto que su mujer, Anikó Lévai, suspira por que deje ya la política. Los simpatizantes y políticos de Fidesz quedaron impactados por la dura derrota electoral, porque esperaban la victoria incluso a las siete de la tarde del domingo. Y aunque esté apartado del poder de primer ministro, no renuncia a su cargo en el partido ni nadie se lo discute, al menos por ahora. «No tendrá ya el mismo apoyo en el partido«, vaticina Orsolya Ferencz, alta funcionaria del quinto gobierno de Orbán, que esta semana ha instado a su partido a «afrontarlo con honestidad y eliminar el nepotismo».

Próxima estación: Bulgaria
Tanto Trump como Putin apoyaron personalmente la campaña electoral de Viktor Orbán y recibieron con significativa frialdad la victoria de Peter Magyar, pero a lo largo de la semana han rectificado y tendido puentes hacia el nuevo líder húngaro. Magyar había adelantado que «no les llamaré, pero responderé si me llaman» y portavoces tanto de EE.UU. como de Rusia han lanzado mensajes de cooperación. Fuentes de Tisza, sin embargo, advierten que, con Bulgaria a punto de votar el 19 de abril, Putin contempla la posibilidad de conseguir un nuevo aliado en Bruselas: el expresidente prorruso de Bulgaria, Rumen Radev, al que las encuestas avanzan como vencedor.

«Mi mensaje para los líderes de Fidesz y sus hombres de paja: ¡Ahora es inútil hacer de chica de ballet y fingir que no ha pasado nada! Sabemos lo que habéis hecho a nuestra querida patria y al pueblo húngaro. Y que no haya duda ni por un momento de que quien siembre cosechará de la misma manera», ha escrito a Fidesz en su página de Facebook Péter Magyar, que se llevará la oficina del Primer Ministro de su tradicional ubicación en el Palacio Carmelita a un edificio ministerial cercano al Parlamento para evitar cualquier vieja influencia. Magyar encarna la promesa de un renacimiento democrático, pero también la incertidumbre de un camino sin mapa. Y él lo sabe. En su discurso de victoria dijo: «No puedo prometer milagros, pero sí puedo prometer que no mentiré».

Necesitamos abrazar el arte de la diplomacia, no el arte del trato

Imagina cómo se transformaría tu vida privada si todas tus relaciones fueran transaccionales, si cada encuentro humano importante dependiera de un trato —tanto para mí, tanto para ti— y si cada trato pudiera cancelarse en cuanto dejara de convenir a una de las partes. ¿Cómo … sería el matrimonio o la vida familiar? ¿Qué pasaría con tus relaciones laborales y tus amistades si nadie pudiera estar seguro de que estarías ahí cuando te necesitaran?
Se dañaría lo que más valoramos: los entendimientos que nos conectan con los demás y nos unen en comunidades de pertenencia, que pueden convertirse en comunidades de sacrificio cuando hay que defender a alguien o algo que nos importa.

Ahora piensa en cómo sería el mundo de la geopolítica si todas las relaciones entre Estados se basaran únicamente en tratos.

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Experto en negociación en Harvard Business School

John Müller

Si todo es transaccional, entonces todo dependerá del líder que hace la transacción. Así, cuando un líder se reúne con otro, el acuerdo que firman hoy puede revocarse mañana si a cualquiera de los dos le conviene. En un mundo puramente transaccional no hay aliados estables, porque no hay tratados que obliguen a un Estado a acudir en ayuda de un amigo.
Como los aliados no están obligados por tratado a asistirse mutuamente si uno es atacado, no existe una verdadera amistad en las relaciones internacionales. Tampoco hay normas que regulen la conducta internacional, ya que las normas limitan la capacidad de hacer tratos y reducen el margen de maniobra de los líderes.
Entonces el equilibrio entre Estados se mantiene mediante la fuerza, las amenazas, la intimidación o más tratos. Las instituciones internacionales encargadas de hacer cumplir las normas se marchitan, porque las normas y las reglas limitan la discrecionalidad de los líderes. ¿Quién necesita instituciones, órganos de creación y aplicación de normas? ¿Quién necesita diplomáticos? Un líder siempre puede volar para reunirse o encontrarse por Zoom con su homólogo. Con las instituciones internacionales en decadencia, no hay espacios de encuentro donde los Estados negocien los arreglos de «vivir y dejar vivir» que evitan la guerra.

Con las instituciones internacionales en decadencia, no hay espacios de encuentro donde los Estados negocien los arreglos de «vivir y dejar vivir» que evitan la guerra

En este mundo, los Estados no tienen amigos permanentes, solo rivales permanentes, y no guardan lealtad a nada que no sea su propio interés. Sin normas universales, los líderes no tienen responsabilidad alguna hacia los indefensos o vulnerables fuera de su territorio, y solo el número cada vez menor de líderes elegidos democráticamente tienen obligaciones exigibles hacia sus ciudadanos.
Cuando un enfoque transaccional y basado en tratos se apodera de las relaciones humanas ordinarias, la vida privada se vuelve suspicaz, hostil y solitaria. Del mismo modo, en el mundo de los Estados-nación, el arte del trato —en ausencia de instituciones, normas y reglas— es una receta para el caos, el miedo y el desorden.
¿Qué pasaría si ese fuera el mundo en el que ya hemos entrado?

El libro de Trump

‘El arte del trato’, el libro de 1987 en el que el presidente estadounidense Donald Trump relata sus aventuras en el mercado inmobiliario de Nueva York, sigue siendo su plantilla para las relaciones internacionales y su guía para sus responsabilidades como presidente.
¿Y si el arte del trato malinterpreta nuestro mundo y lo convierte en un lugar más peligroso? Un presidente que ve la política global a través del prisma del sector inmobiliario neoyorquino mira Gaza y ve un terreno frente al mar que podría convertirse en un fabuloso resort mediterráneo si se removieran los escombros.
El yerno del señor Trump, Jared Kushner, criado en los mismos círculos inmobiliarios de Nueva York, no lograba entender por qué los palestinos no renunciarían a sus sueños de una patria a cambio de un paquete de reurbanización que enriquecería a unos pocos, convertiría a muchos en camareros de hoteles frente al mar y al resto en exiliados de su propia tierra. Un hacedor de tratos no comprende que hay bienes que no tienen precio y apegos con los que no se pueden comerciar.
Resulta que esto no es verdad solo para los palestinos, sino también para los canadienses.

El caso canadiense

Tenemos un Estado propio, y ningún trato, ni siquiera uno ofrecido por un presidente estadounidense, puede persuadirnos de renunciar a él y convertirnos en el estado número 51. El arte del trato —y la idea de que todo tiene un precio— encuentra su límite cuando están en juego la tierra, la identidad y la historia.

Donald Trump y Xi Jinping marcan el paso: los Estados no tienen amigos permanentes, solo rivales permanentes.

(Reuters)

Los hacedores de tratos se quedan perplejos una y otra vez al descubrir que en la política internacional hay acuerdos que simplemente no se pueden hacer. El señor Trump envió a sus negociadores elegidos a dedo, Steve Witkoff y el señor Kushner, para buscar un acuerdo sobre Ucrania, solo para descubrir que Ucrania no está dispuesta a entregar las porciones de Donbás que aún controla, porque los ucranianos jamás verán las negociaciones como una transacción inmobiliaria. Se trata de la cesión de territorio nacional, y ninguna paz lograda mediante la rendición será permanente ni honorable.
Los hacedores de tratos que disponen de ejércitos poderosos tienden a pensar que sus Fuerzas Armadas pueden ejercer la presión suficiente para hacer una oferta que no se puede rechazar. Las amenazas del señor Trump a Irán recuerdan la escena de ‘El padrino’ en la que se deja una cabeza de caballo en la cama para «persuadir» a un hombre de aceptar un trato.
Un presidente dispone de recursos con los que un capo de la mafia solo puede soñar, pero esos mismos recursos pueden encerrarlo. Una vez que un presidente cree que la fuerza es el mejor persuasor, sus tratos tienen que ser rápidos para funcionar, porque no se puede mantener indefinidamente a un ejército en posición de espera.
Tras bombardear las instalaciones nucleares iraníes en julio, el señor Trump regresó en febrero, estacionó un grupo de portaaviones en la región y dijo a la dirigencia iraní: hagan un trato o enfrenten la aniquilación.
Ante la amenaza, los iraníes optaron por la negociación. Estaban dispuestos a diluir su uranio enriquecido, siempre que pudieran conservarlo. Los estadounidenses insistieron en que el uranio se retirara del país.

Netanyahu lo persuadió

Al final, según se informa, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu convenció al señor Trump de ir a la guerra. El resultado fue Furia Épica, el cierre del estrecho de Ormuz y el disparo de los precios del petróleo.
La dirigencia iraní, ante un trato coercitivo, concluyó que la mejor forma de sobrevivir era atacar a los Estados del Golfo y arrastrar consigo la producción petrolera de sus vecinos.

El arte del trato estadounidense, en el caso del conflicto iraní, ha llevado directamente al caos

El arte del trato estadounidense, respaldado por la violencia, ha llevado directamente al caos. Aunque parece que esta semana nos retiramos del borde del abismo, fue la diplomacia —a través de Pakistán y China— la que posiblemente salvó la situación. Un presidente estadounidense anterior había mirado el programa nuclear de Irán, la ideología revolucionaria chiíta del régimen y la capacidad represiva de sus Guardias Revolucionarias, y había concluido que enfrentaba un problema que no podía resolverse. En cambio, sí podía gestionarse.
Aceptada esa premisa, el presidente Barack Obama dejó atrás el marco de los tratos coercitivos y comprometió a Estados Unidos con el mundo de la diplomacia, el arte de gestionar relaciones problemáticas que no tienen una solución definitiva.
El señor Obama tuvo a sus negociadores trabajando en Viena y Ginebra durante 20 meses. También entendió, como el señor Trump no lo hace, que necesitaba aliados y organizaciones internacionales para lograrlo.
Involucró a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania, así como al organismo regulador nuclear de la ONU, el OIEA. El Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés), alcanzado en 2015, no era perfecto, pero garantizaba la inspección internacional del programa nuclear iraní y ataba a Irán y a Estados Unidos en un proceso que, con el tiempo, podría haber llevado al contención de un régimen renegado y a evitar una guerra total.
Eso es diplomacia, a diferencia del arte del trato. Los diplomáticos crean marcos, redactan documentos, negocian compromisos y establecen instituciones que respalden el cumplimiento de los acuerdos y los hagan duraderos. La diplomacia consiste en crear procesos, relaciones e instituciones que aporten estabilidad al sistema internacional, especialmente en situaciones como la de Irán, donde no hay tratos que resuelvan el asunto ni estrategias de cambio de régimen que libren al mundo de una camarilla gobernante mala pero profundamente arraigada.

Frente al trato mal entendido, la diplomacia crea marcos, redacta documentos, negocia compromisos y establece instituciones que haga duraderos los acuerdos

El señor Trump, con el señor Netanyahu presionándolo por detrás, sacó a Estados Unidos del JCPOA en 2018, con argumentos que parecen responder sobre todo a su común negativa a quedar atados por ningún acuerdo alcanzado por un predecesor demócrata.

La parábola de Irán

La guerra en Irán ofrece una parábola sobre cómo se ve el mundo cuando se abandona la diplomacia por el arte del trato coercitivo. Si te mantienes en la diplomacia, construyes coaliciones, juegas a largo plazo, desgastas al otro lado y te conformas con media hogaza con la esperanza de conseguir la hogaza entera más adelante. Si apuestas todo al poder de la fuerza, tu ejército empieza a dictar tu calendario. Si ordenas que lleguen los portaaviones, tienes que usarlos. Una vez que desatas la amenaza, tienes que cumplirla o arriesgarte a cargar con la acusación —TACO, que significa «Trump Always Chickens Out» (‘Trump siempre se acobarda’)— hasta el final de tu presidencia.

Imagen de archivo de Trump y Netanyahu durante una visita del primero a Jerusalén.

(Reuters)

La guerra de Irán también deja claro que, cuando reduces todas las relaciones, incluso con antiguos aliados, a meros tratos, tus aliados no acudirán cuando los llames y te dejarán solo para enfrentar los riesgos de tus decisiones. Tendrás que despejar las minas tú solo, abrir el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo o simplemente rendirte, como hizo el señor Trump, y decirles a los aliados que es su problema (abandonando así la garantía global de Estados Unidos de 80 años de navegación libre en aguas internacionales).
Cuando la ONU y otras instituciones internacionales quedan relegadas, cuando se ignoran las normas de integridad territorial y soberanía, cuando Estados Unidos deja de aceptar su papel como garante del orden global y se convierte en un ‘Hegemón’ (supremacía de cualquier tipo) depredador, se encuentra solo, enfrentando a un China y un Rusia también depredadores, sin los amigos y aliados en los que ha contado durante 80 años.
Una América depredadora aumenta su aislamiento con el desprecio que sus embajadores muestran por la diplomacia en el extranjero. El embajador estadounidense en Canadá reprende a los canadienses y a sus medios por ser negativos hacia su vecino. El embajador estadounidense en París condena a Francia por permitir que el extremismo radical violento crezca sin control. En cada uno de estos casos, es como si no hubiera ninguna relación que cultivar, ningún pasado compartido, nada que los diplomáticos estadounidenses pudieran celebrar como logros aliados comunes. En cambio, su trabajo es repetir los puntos de conversación de MAGA. El viejo código diplomático —’di en privado lo que quieras, pero no en público, para respetar las sensibilidades y la soberanía de tus anfitriones’— se descarta como anticuado. El sentido de ser diplomático estadounidense es decirles a todos, incluidos los viejos amigos, quién manda, una y otra vez.
Una vez que se ha sermoneado demasiado a los aliados sobre sus asuntos internos, una vez que el presidente de Estados Unidos repite con demasiada frecuencia que no confía en ellos, entonces, cuando exija que le ayuden a despejar el estrecho de Ormuz, estarán en su derecho de recordarle que no es su guerra. Pero esto solo acelera la desorganización del mundo. Nadie está a salvo en un mundo transaccional basado en tratos, en un mundo donde los compromisos pasados, los tratados y los acuerdos institucionales no significan nada, donde la diplomacia ha sido reemplazada por sermones, donde las organizaciones internacionales quedan al margen. La desinstitucionalización de la política mundial, la desintegración de las estructuras de alianzas, deja a los ‘hegemones’ cada vez más cerca de un enfrentamiento mutuo que amenaza a todos con la catástrofe.

El Tratado que evitó el Armagedón

Podemos consolarnos, si es posible, con lo que ocurrió en la crisis de los misiles de Cuba de 1962, cuando dos superpotencias estuvieron a un paso de un intercambio nuclear.

Podemos consolarnos con lo que ocurrió en la crisis de los misiles de Cuba de 1962, cuando se estuvo a punto del intercambio nuclear

Lo que siguió fue la comprensión de que la diplomacia era la única alternativa al Armagedón. El Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares, firmado por Nikita Jrushchov y John F. Kennedy, llegó en 1963. Después vinieron años de negociación —no entre hacedores de tratos inmobiliarios, sino entre profesionales expertos— que finalmente produjeron el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START I), que permitió a ambos países reducir sus arsenales y detener una carrera armamentista destructiva y peligrosa. Más tarde, el Nuevo START se negoció en ocho rondas separadas entre mayo y noviembre de 2009 por diplomáticos profesionales y entró en vigor en abril de 2010.
Ahora, sin embargo, no tenemos ninguna estructura de tratados que impida que la carrera tecnológica nuclear, potenciada por IA, se descontrole. Incluso los ‘hegemones’ depredadores tienen interés en acordar límites y barreras de contención. Ellos también quieren que su territorio esté a salvo de la depredación. Regímenes con voluntad de prever conflictos para evitar colisiones y accidentes, tratados que impidan el despliegue de sistemas basados en el espacio para cegar los satélites y sistemas de comunicaciones del otro, acuerdos para limitar el despliegue de sistemas de armas autónomas impulsadas por IA: estas son las tareas de un diplomático del siglo XXI.
Las potencias medias, que carecen del poder coercitivo para imponer tratos, prefieren naturalmente la diplomacia. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, está ahí fuera, entre los mejores, haciendo tratos para diversificar nuestras exportaciones y construir nuevas relaciones que reduzcan nuestra dependencia de Estados Unidos, pero hay un límite a lo que puede hacer si nuestras instituciones internacionales —la OTAN, la ONU, la OMC, la OMS— están demasiado débiles para afrontar una reforma y son demasiado soslayables como para contrarrestar a los ‘hegemones’.
Debemos esforzarnos por un mundo más allá de la transacción, del trato, de la amenaza; un mundo que acepte que los problemas pueden gestionarse, pero no resolverse; que bienes como el honor y la soberanía no pueden comercializarse; y, sobre todo, que los adultos deben ser lo suficientemente sabios para saber que un acuerdo para aceptar estar en desacuerdo es más seguro que una lucha a muerte.

Michael Ignatieff

es exlíder del Partido Liberal de Canadá y profesor de Historia y rector emérito de la Universidad Centroeuropea de Viena.

Un plan para la remontada tecnológica de Europa

La ruptura en la relación entre Estados Unidos y Europa ha puesto de relieve la peligrosa situación del Reino Unido: fuera de la UE, pero sin poder seguir contando con la «relación especial» para proteger sus intereses. El Reino Unido se encuentra más aislado geopolíticamente … de lo que lo ha estado en más de un siglo. De una forma u otra, debe restablecer una posición más sólida y ejercer un mayor liderazgo en Europa.
A pesar de haberse acorralado a sí mismos con compromisos innecesariamente rígidos de no volver a plantearse la pertenencia al mercado único y descartar la adhesión a la unión aduanera, el primer ministro y la ministra de finanzas del Reino Unido al menos han comenzado a defender un acercamiento más amplio a la UE de cara a la cumbre que se celebrará en Bruselas este verano. Sin embargo, hasta ahora el gobierno ha guardado un extraño silencio sobre un ámbito en el que una mayor integración al otro lado del Canal de la Mancha supone un claro beneficio mutuo: la tecnología.

Europa tiene un enorme potencial de mercado, con un sector tecnológico de casi cuatro billones de dólares, y un margen de crecimiento considerablemente mayor si se materializaran plenamente la unión de los mercados de capitales y el mercado único digital de la UE. El Reino Unido cuenta con un sector de capital riesgo y de startups líder. Ha dado lugar a 200 «unicornios» —empresas privadas valoradas en más de 1000 millones de dólares—, financia más startups que Alemania y Francia juntas y cuenta con el centro de fintech mejor financiado del mundo. La oportunidad es clara para que los sectores tecnológicos de Europa, tanto dentro como fuera de la UE, alcancen su máximo potencial.

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A medida que avanza la integración de las tecnologías estadounidense y china, en las capitales europeas se habla cada vez más sobre la importancia de la soberanía tecnológica. Sin embargo, la verdad es que ningún país europeo, ni siquiera el Reino Unido, es suficientemente grande como para valerse por sí mismo en toda la gama de tecnologías relacionadas con la IA. La supremacía tecnológica de Estados Unidos y China se debe en gran parte a su escala hemisférica. Las naciones europeas tendrán que aprender a actuar ellas mismas a escala hemisférica si quieren competir.
Hay indicios de que el panorama tecnológico europeo se está moviendo. La inversión europea en capital riesgo se ha cuadruplicado en una década, superando con creces a la de China. Por primera vez, los trabajadores del sector tecnológico son tan propensos a trasladarse de Estados Unidos a Europa como a la inversa.
Para aprovechar esta oportunidad —y salir fortalecida de la crisis transatlántica agravada por la guerra de Irán—, Europa debe aprender a convertirse en un mercado capaz de innovar a gran escala. Tal evolución no debería limitarse a la UE, sino a un concepto más amplio de Eurovisión de Europa —quizás sin Australia—. Ucrania ya es líder mundial en innovación en defensa basada en la IA y Noruega está bien posicionada para liderar la capacidad de centros de datos sostenibles y de bajo coste. Junto con el Reino Unido, deberían incluirse en un enfoque global para impulsar el rendimiento de Europa en el ámbito digital, del mismo modo que la integración económica de décadas anteriores se centró en el ámbito físico.

Ucrania ya es líder mundial en innovación en defensa basada en la IA y Noruega está bien posicionada para liderar la capacidad de centros de datos sostenibles y de bajo coste. Junto con el Reino Unido, deberían incluirse en un enfoque global para impulsar el rendimiento de Europa en el ámbito digital

Hay algunas medidas iniciales que la UE y el Reino Unido pueden adoptar: algunas son modestas; la mayoría, tecnocráticas. Sin embargo, juntos podrían ayudar a desencadenar un renacimiento tecnológico a escala continental.
En primer lugar, deberían aunar esfuerzos para desarrollar capacidades competitivas en el ámbito de la IA. El proyecto europeo de computación de alto rendimiento está a punto de financiar cinco «gigafábricas» de IA, instalaciones gigantescas para entrenar y operar modelos de vanguardia. Las empresas británicas deberían presentar ofertas conjuntamente con sus homólogas de la UE. El Reino Unido también podría aprovechar la próxima revisión del Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la UE y el Reino Unido para negociar el acceso recíproco de investigadores y empresas a los nuevos superordenadores.

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Agustín Pery

En segundo lugar, el Reino Unido debería unirse al fondo de fondos para la expansión tecnológica del Fondo Europeo de Inversiones, que proporciona capital de crecimiento en fases avanzadas. Proceder de este modo aumentaría la financiación y los conocimientos especializados a disposición de las compañías más prometedoras. Las empresas británicas podrían acceder a una fuente que ya ha ayudado a casi una docena de «unicornios».
En tercer lugar, los investigadores británicos deberían convertirse en miembros de pleno derecho de Horizonte Europa, el programa de investigación e innovación de la UE. Reincorporarse como miembros «asociados» en 2024 ya ha supuesto una gran ventaja para ellos. La pertenencia de pleno derecho les daría acceso al fondo de capital del Consejo Europeo de Innovación para startups.
En cuarto lugar, el Reino Unido debería unirse a la UE para adoptar el «28.º régimen» del bloque. Cualquiera que haga negocios en la UE se enfrenta a 27 sistemas de cumplimiento que se solapan; con el «28.º régimen», podrían registrarse empresas una sola vez y operar libremente en todo el bloque, de forma muy similar a como lo permite la constitución de sociedades en Delaware en Estados Unidos. La participación británica es factible con el compromiso de ambas partes.
Por último, debería facilitarse a los talentos la creación y el crecimiento de empresas en Europa, levantando las restricciones de visados y concediendo un estatus especial a los emprendedores tecnológicos en toda la Europa ampliada, incluyendo a Islandia, Noruega y Ucrania, además del Reino Unido. El ecosistema sería más dinámico si Europa adoptara la propuesta de Oliver Coste y Yann Coatanlem, dos empresarios franceses, de flexibilizar las normas del mercado laboral para el 10 % de los trabajadores con mayores ingresos; esto haría posible lograr el intenso intercambio de talento que hace que Silicon Valley sea tan dinámico, sin sacrificar los derechos laborales de la gran mayoría de los trabajadores del sector tecnológico.

Debería facilitarse a los talentos la creación y el crecimiento de empresas en Europa, levantando las restricciones de visados y concediendo un estatus especial a los emprendedores tecnológicos en toda la Europa ampliada, incluyendo a Islandia, Noruega y Ucrania, además del Reino Unido

El Reino Unido y la UE pueden dar estos pasos ahora mismo. Es evidente que sus efectos se verían amplificados si el Reino Unido diera el paso natural —y tan popular— de volver a integrarse más plenamente en la UE. A la UE también le esperan decisiones difíciles: por ejemplo, descartar o, al menos, reformular significativamente la reciente legislación sobre IA que, de promulgarse, disuadiría a las empresas de IA de entrenar modelos en Europa justo cuando la UE está tratando de construir la infraestructura para que lo hagan.
El distanciamiento temporal del Reino Unido de su hinterland continental enmascara la verdadera fortaleza de la posición de Europa. Juntos, la UE y el Reino Unido disfrutan de un vasto acervo de ideas, capital e innovación. Europa no es un lugar atrasado y anticuado: tiene el talento, los recursos y los incentivos necesarios para liderar. Debería empezar a pensar y actuar en consecuencia.

Las autoridades italianas buscan al autor de un envenenamiento masivo que ha matado a 10 lobos en pocos días

Las autoridades italianas buscan al responsable de unos envenenamientos masivos que han causado la muerte de al menos diez lobos en los últimos días, en un caso que ha desatado la alarma en el país transalpino.Los casos se han producido en el Parque Nacional de los Abruzzos, Lazio y Molise. Las primeras hipótesis confirmaron que los lobos fueron envenenados y el caso está en manos de la Fiscalía de Sulmona.El Fondo Mundial para la Naturaleza de Italia ha calificado los hechos como «uno de los crímenes contra la fauna silvestre más graves de los últimos diez años».Luciano D’Angelo, fiscal jefe de la zona, dijo: «Los lobos y los osos son símbolos de este territorio y nos tomamos muy en serio asesinatos como estos. Los estudios iniciales sugieren que los lobos fueron envenenados. Estamos trabajando para averiguar exactamente qué tipo de veneno se utilizó».Cinco de los cuerpos fueron encontrados el miércoles por la mañana en la histórica localidad de Alfedena, en la región de los Abruzzos. En el lugar se encontraron restos compatibles con cebo envenenado.Otros cinco fueron hallados en un macabro descubrimiento cerca de la aldea de Pescasseroli, un lugar popular entre excursionistas, ciclistas de montaña y amantes de la naturaleza.Luciano Sammarone, director del parque nacional, declaró al Corriere della Sera: «No se trata solo de la pérdida de animales individuales. En Alfedena parece que hemos perdido a toda la manada».“Habrá consecuencias de gran alcance para el ecosistema. El envenenamiento es una forma horrible de matar porque es muy indiscriminada. Puede matar lobos, pero también zorros, otros animales salvajes y perros domésticos», agrega Sammarone.

Austria retira de la venta todos los potitos de bebé de una marca por la sospecha de que algunos están envenenados con raticida

La cadena de supermercados Spar retiró en Austria de forma preventiva todo el surtido de productos infantiles de la marca suiza Hipp ante la sospecha de que algunos potitos para bebés puedan haber sido envenenados con raticida, en un caso que las autoridades investigan como un intento de extorsión.»En el marco de una investigación de la policía criminal, existe la sospecha de que algunas unidades del producto Hipp tarrito de ‘zanahoria con patata, 190 gramos’ han sido adulterados con veneno para ratas», informó este sábado la Agencia Austríaca de Salud y Seguridad Alimentaria (AGES).»Se trataría de un presunto intento de extorsión», agrega esa agencia, que señala como afectada una filial de Spar en Eisenstadt, la capital de la región de Burgenland, en el este del país, aunque no ofrece más información al respecto.»Los tarros manipulados estaban marcados con una pegatina blanca con un círculo rojo» en la base del producto, agrega el comunicado.Horas antes la Policía había informado de una investigación tras recibir un aviso sobre la posible aparición de potitos con sustancias peligrosas en supermercados de ese estado federado.Hasta el momento no se ha encontrado ningún tarrito sospechoso y se ha pedido a los ciudadanos que revisen si los potitos que han adquirido presentan esas marcas identificativas y que, en caso afirmativo, se pongan en contacto con las autoridades.La Policía no ha ofrecido más datos debido a que la investigación está en curso.La empresa suiza de alimentación infantil Hipp, por su parte, ya advirtió en un comunicado que no podía descartar que terceros hayan introducido una sustancia peligrosa en sus potitos de zanahoria con patatas.»El consumo de uno de estos tarritos podría poner en peligro la vida», señaló la compañía, que subrayó, no obstante, que la retirada de los productos se realiza «por precaución», para eliminar cualquier riesgo.Como medida adicional, Spar retiró todos los productos Hipp de sus cerca de 1.500 tiendas en el país antes de la apertura de este sábado.Hipp habilitó además una línea telefónica especial para atender a padres preocupados y recomendó no consumir sus productos adquiridos en supermercados Spar.AGES ha explicado que los raticidas contienen distintos principios activos, siendo el más común la bromadiolona, un antagonista de la vitamina K que afecta a la coagulación sanguínea.Esto puede provocar hemorragias como sangrado de encías o nariz, hematomas o presencia de sangre en las heces, y los síntomas pueden aparecer con retraso, entre dos y cinco días tras la ingesta.Las autoridades sanitarias austríacas recomiendan acudir inmediatamente al médico en caso de detectar sangrados, debilidad extrema o palidez en los bebés, e informar a los médicos de la posible ingestión del producto.

España, Brasil y México prometen más ayuda humanitaria para Cuba y piden un diálogo «sincero y respetuoso»

Los Gobiernos de Brasil, España y México han expresado su «enorme preocupación» por la «grave crisis humanitaria» que atraviesa Cuba y han hecho un llamamiento a un diálogo «sincero, respetuoso y acorde al Derecho Internacional» para encontrar una solución a la situación en la … isla. Asimismo, han señalado que se comprometen a «incrementar de manera coordinada» su respuesta humanitaria «dirigida a aliviar el sufrimiento del pueblo cubano».
En un comunicado conjunto, los tres gobiernos han emplazado a que se adopten «las medidas necesarias para aliviar esta situación» ya que se eviten «acciones que agraven las condiciones de vida de la población o contrarias al Derecho Internacional».

Asimismo, han reiterado la necesidad de respetar «en todo momento el Derecho Internacional y los principios de integridad territorial, igualdad soberana y arreglo pacífico de las controversias, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas».

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Yunior García (texto)

Brasil, España y México han reafirmado también su «compromiso irrenunciable con los derechos humanos, los valores democráticos y el multilateralismo» y han subrayado que el objetivo del diálogo que reclaman debe ser «encontrar una solución duradera a la situación actual».
En este sentido, los tres países han insistido en «que sea el propio pueblo cubano quien decide su futuro en plena libertad», al tiempo que han expresado que reafirman su «compromiso irrenunciable con los derechos humanos, los valores democráticos y el multilateralismo», como han expresado en el escrito.