Andy Burnham aprovechó este martes su primer discurso ante el congreso del Partido Laborista como primer ministro para afirmar que el Brexit «ha hecho más daño que bien» al Reino Unido y abrir el debate sobre la futura relación con la Unión Europea, dentro de … un programa de reformas con el que prometió romper con «la política de siempre» y afrontar problemas que, sostuvo, los sucesivos gobiernos han evitado durante años.
Fue también un discurso marcadamente personal y emocional, en el que el nuevo jefe del Gobierno entrelazó sus principales anuncios políticos con la historia de su familia y, especialmente, con la reciente muerte de su padre, Roy, que padecía Alzhéimer. Burnham se mostró visiblemente emocionado al recordar sus últimos meses y a los trabajadores que lo cuidaron, y recibió varias ovaciones de pie de los delegados reunidos en Liverpool a lo largo de una intervención en la que recurrió a su propia historia familiar para explicar el modelo de país que pretende construir.
Ante el congreso, el líder laborista situó la salida de la UE dentro de una crítica más amplia a la dirección seguida por el país durante las últimas décadas. «Reino Unido lleva mucho tiempo por el camino equivocado», afirmó, antes de enumerar «desindustrialización, desregulación, privatización, austeridad, Brexit». Así, prometió «romper con la dirección de los últimos 40 años» para colocar al país en un nuevo rumbo.
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Ivannia Salazar
El Brexit ocupó un lugar central en su intervención. Diez años después del referéndum de 2016, Burnham cuestionó directamente una de las principales promesas de la campaña para abandonar la Unión Europea: recuperar el control. «El Brexit no nos ha dado el control», aseguró. «Hemos perdido parte del control que teníamos sobre nuestra economía, porque una década de bajo crecimiento nos ha dejado en una posición más débil, y hemos perdido parte de nuestro control sobre la inmigración».
El primer ministro sostuvo además que Reino Unido no podrá definir una dirección clara para las próximas décadas hasta que decida cuál debe ser su relación a largo plazo con la UE, que continúa siendo su mayor mercado, y anunció que aprovechará la próxima cumbre entre Londres y Bruselas para presentar al país las distintas opciones y tratar de alcanzar un consenso, aunque no especificó cuáles serán esas alternativas.
La recuperación del control público sobre servicios esenciales constituyó otro de los grandes ejes del discurso. Burnham anunció una legislación sobre el agua que derogará la prohibición de que las compañías del sector vuelvan a manos públicas, lo que abrirá la puerta a la nacionalización de aquellas que el Gobierno considere que no sirven al interés público. Describió el sector como «un símbolo de lo que ha salido mal en Reino Unido», donde «los accionistas nunca pierden y el público nunca gana».
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En energía anunció la creación de Great British Grid, un nuevo organismo respaldado por el Estado y vinculado a Great British Energy que invertirá en la red eléctrica y competirá con operadores privados, dentro de una reforma destinada a aumentar el control público sobre el mercado y reducir los costes energéticos.
Control de propiedades vacías
En vivienda, prometió conceder a los ayuntamientos nuevos poderes para hacerse con el control de propiedades vacías e incorporarlas al parque público y facilitar la construcción municipal sobre terrenos públicos sin utilizar.
El momento más personal llegó cuando abordó los cuidados sociales, un asunto que vinculó directamente con su padre. Burnham recordó, visiblemente emocionado, a las personas que lo atendieron durante su enfermedad. «Vi de cerca a quienes cuidaron de mi padre. Cuidaban de los padres de otras personas a cambio de sueldos ínfimos, pero lo hacían con una enorme habilidad, humor y humanidad», relató.
Después se dirigió directamente a los trabajadores del sector: «No sois invisibles para mí. Os veo, os doy las gracias y lamento que mi profesión haya decepcionado a la vuestra durante tanto tiempo». Sus palabras fueron recibidas con una ovación de pie.
Burnham anunció a continuación la creación de un Servicio Nacional de Cuidados, concebido como un sistema universal que comenzará con la atención en el hogar, sin cargos directos para el usuario cuando reciba los cuidados y se basará en el principio de que «todos contribuyen y todos están cubiertos». El Gobierno comenzará a prepararlo durante esta legislatura con la intención de introducirlo en la siguiente.
Su financiación implicará una reforma de una de las garantías más importantes del sistema británico de pensiones. Burnham confirmó que mantendrá el actual «triple lock», el mecanismo que garantiza que las pensiones públicas suban cada año según el mayor incremento entre la inflación, los salarios o un mínimo del 2,5%, hasta el final de esta legislatura, pero lo modificará desde abril de 2030. La pensión estatal continuará aumentando cada año al menos según la inflación o un 2,5%, mientras que su valor respecto a los salarios se protegerá a largo plazo. Los ahorros generados se destinarán al nuevo servicio de cuidados.
«No voy a fingir que parte de esto no será difícil», reconoció. «Acepto que quizá pague un precio político. Pero alguien tiene que atravesar la barrera del dolor y arrancar la tirita». Al mismo tiempo, insistió en que mantendrá las reglas fiscales del Gobierno: «Me encantaría ir más rápido, pero tengo que ser honesto sobre lo que el país puede permitirse».
Los jóvenes constituyeron otro de los focos de su intervención. Al referirse a quienes no trabajan ni estudian, Burnham aseguró que «no es culpa de ellos, es nuestra». Defendió que Reino Unido debe elegir entre invertir en ellos o asumir posteriormente «el precio del fracaso» a través del sistema de prestaciones, y prometió reformar la educación para establecer una mayor igualdad entre la formación académica y la técnica.
La transformación anunciada alcanzará también al sistema político. Burnham confirmó la creación de una comisión nacional sobre reforma electoral y se comprometió a que los laboristas concurran a las próximas elecciones con una promesa de cambiar el sistema actual por otro en el que «cada voto cuente y cada voz sea escuchada».