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Los responsables electorales de Estados Unidos se preparan para posibles problemas

En un día cualquiera en Florence, una localidad cercana a Phoenix, el personal de la oficina electoral está realizando un simulacro de mesa, un eufemismo para referirse a los preparativos ante el infierno electoral. El ejercicio consiste en imaginar todo tipo de calamidades —incendios, cortes … de electricidad, amenazas de bomba— y preparar planes alternativos. Los responsables siempre han contemplado escenarios apocalípticos, pero el simulacro de este año es más exhaustivo y abarca una gama más amplia de amenazas. ¿Qué deberían hacer, por ejemplo, si agentes federales se presentan en los colegios electorales? El personal repasa los protocolos. Los observadores del Departamento de Justicia pueden permanecer allí si presentan una acreditación oficial. De hecho, el gobierno ha anunciado que desplegará a 1000 personas por todo el país. Cualquier otro agente deberá marcharse, salvo que esté allí para votar. La ley de Arizona establece un perímetro de exclusión de 75 pies (unos 25 metros) alrededor de los centros de votación. «Si se niegan a marcharse, es entonces cuando el escenario hipotético se convierte en una situación real», afirma un trabajador electoral de la oficina del secretario del condado de Pinal, al que pertenece Florence. En otras palabras: llamar al sheriff.
Pinal es un condado de mayoría republicana. Una parte del condado se encuentra en el sexto distrito congresional de Arizona, uno de los numerosos distritos donde las elecciones a la Cámara de Representantes estarán muy disputadas en los comicios de mitad de mandato del 3 de noviembre. Nuestro pronóstico apunta a que los demócratas recuperarán el control de la Cámara y posiblemente también el del Senado. La preocupación de fondo es que Donald Trump intente subvertir los resultados legítimos de las elecciones.

Su intento de revertir la derrota de 2020 puso de manifiesto los numerosos puntos vulnerables del sistema electoral descentralizado de Estados Unidos y hasta dónde podría llegar para presionar a quienes lo administran. Hasta ahora, sus numerosos intentos de intervenir este año han tenido escaso efecto, ya que el Congreso y el Tribunal Supremo han frenado sus esfuerzos por modificar las normas electorales. Las elecciones las organizan los estados, no el gobierno federal, y las normas se mantienen en su mayor parte sin cambios respecto a ciclos electorales anteriores. Sin embargo, el poder ejecutivo ha pasado de contribuir a garantizar la integridad electoral a socavarla, y en noviembre el sistema volverá a ponerse a prueba.

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Algunos cambios no consisten en una interferencia directa, sino en retirar apoyos. El año pasado, la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA) dejó de sufragar los costes de las administraciones locales por participar en un servicio de intercambio de información sobre ciberamenazas. La participación en el programa ha caído aproximadamente dos terceras partes. Según Geoff Hale, antiguo miembro de la CISA, esto aumenta las probabilidades de que los ciberataques se propaguen. «Si una jurisdicción sufre un ataque y sus sistemas quedan comprometidos, o consigue repelerlo pero no comparte información sobre él, las demás jurisdicciones electorales siguen siendo igual de vulnerables». Asimismo, según se informa, el FBI no tiene previsto activar su centro de mando electoral, que en años anteriores supervisaba las amenazas y coordinaba la respuesta con los responsables locales.
Sin embargo, los responsables electorales ven cada vez más al gobierno federal como una amenaza, afirma Jonathan Miller, de Public Rights Project (PRP), una organización que litiga en nombre de los gobiernos locales. A principios de este año, el Departamento de Justicia anunció que procesaría a los funcionarios que permitieran votar a personas que no sean ciudadanas estadounidenses. Este tipo de fraude electoral es extremadamente raro, pero el temor a que voten personas sin ciudadanía alimenta el mito del fraude electoral generalizado. Esa es la razón por la que los activistas del movimiento MAGA quieren que se aplique la legislación migratoria en los colegios electorales.
Su presencia sería ilegal: la legislación federal prohíbe que las autoridades envíen agentes armados a los centros de votación. En nombre de la ciudad de Denver, PRP ha demandado al Departamento de Seguridad Nacional para intentar impedir que algo así ocurra el día de las elecciones. La administración Trump afirma que no tiene intención de patrullar los centros de votación, pero que podría adoptar medidas específicas, como ejecutar órdenes de detención contra personas sospechosas de encontrarse ilegalmente en el país. Los demócratas temen que incluso la mera presencia de agentes cerca de los colegios electorales disuada de votar a las minorías, que tienden a apoyar a su partido. En una encuesta realizada por la Universidad de California en San Diego, una tercera parte de los hispanos afirmó que prevé ser interrogado en los colegios electorales pese a tener la ciudadanía estadounidense. Casi la mitad espera sufrir algún tipo de intimidación.

A vueltas con la cadena de custodia

La principal pesadilla de los expertos electorales es que Trump intente incautar equipos de votación o papeletas. Eso rompería la llamada «cadena de custodia», es decir, los controles que determinan quién puede manipular las papeletas y adónde se trasladan, para garantizar que todas sean contabilizadas. Si se pierde la cadena de custodia, resulta más difícil determinar si las papeletas han sido manipuladas. «Me sentiría muy incómodo al certificar esas papeletas», afirma Stephen Richer, antiguo secretario del condado de Maricopa, en Arizona. «Entonces empiezas a adentrarte en un terreno peligroso: ¿habría que convocar nuevas elecciones?».
Dos incidentes relacionados con elecciones anteriores han alertado a los demócratas sobre el riesgo de injerencia. En enero, el FBI registró una oficina electoral en el condado de Fulton, Georgia, y se llevó material de las elecciones de 2020. Después, en marzo, Chad Bianco, sheriff republicano del condado de Riverside, en California, confiscó papeletas emitidas en un referéndum estatal el año pasado. Tanto el FBI como Bianco alegaron la desinformación para justificar sus solicitudes de órdenes de registro.
¿Podría repetirse una maniobra similar en las elecciones de mitad de mandato de noviembre? Los incidentes anteriores se produjeron mucho después de que concluyeran las elecciones, no mientras se estaban celebrando. Ed Martin, un activista del movimiento MAGA, afirma que el presidente se reunió este mes con Tina Peters, una antigua secretaria del condado que fue encarcelada por permitir que un compañero negacionista electoral accediera sin autorización a las máquinas de votación en 2021. Su condena fue conmutada posteriormente por el gobernador demócrata de Colorado. Martin, que habló de la reunión de Peters con un entrevistador, ofreció esta críptica valoración sobre las elecciones de mitad de mandato: «el presidente tendrá que hacer lo que tenga que hacer».

Dos incidentes relacionados con elecciones anteriores han alertado a los demócratas sobre el riesgo de injerencia. En enero, el FBI registró una oficina electoral en el condado de Fulton, Georgia, y se llevó material de las elecciones de 2020. Después, en marzo, Chad Bianco, sheriff republicano del condado de Riverside, en California, confiscó papeletas emitidas en un referéndum estatal el año pasado

Las autoridades estatales y locales están en máxima alerta. Colorado exige ahora a los secretarios de los condados que documenten todas las actuaciones, para disponer de registros claros en caso de que un juez ordene retirar material que esté bajo su custodia. Una responsable electoral de un condado de Arizona afirma que se ha asegurado de que su proveedor de máquinas de votación disponga de equipos adicionales, por si los agentes federales incautan los existentes. Gabriella Cázares-Kelly, registradora del condado de Pima, en la frontera entre Arizona y México, afirma que los abogados de su jurisdicción tienen preparadas órdenes judiciales de protección por si se presentan agentes de inmigración. «Introducirían los datos, imprimirían el documento y se lo llevarían físicamente a un juez que estaría esperando».
Estos escenarios siguen siendo muy poco probables. Sin embargo, los responsables electorales también deben lidiar con activistas que niegan la legitimidad de los resultados electorales y que presentan habitualmente solicitudes de acceso a documentos públicos difíciles de gestionar e impugnaciones a las inscripciones de votantes. En estados disputados como Georgia, algunos también han conseguido puestos en juntas electorales locales, y varios aspiran a ocupar cargos estatales en noviembre. Mientras los responsables se preparan para todo tipo de eventualidades, no deben descuidar la nada desdeñable tarea de garantizar el buen funcionamiento básico de las elecciones, que ya puede ser bastante complicado, afirma Eslir Musta, del condado de Coconino, en Arizona. En su caso, eso implica preparar una caravana de mulas para atender a los votantes que viven en el fondo del Gran Cañón.
Solo la mitad de los estadounidenses afirma en las encuestas que espera que las elecciones de mitad de mandato sean libres y justas. Cuanto más estrecho sea el margen en cualquiera de las dos cámaras, más oportunidades habrá para explotar la incertidumbre en noviembre. Las demandas judiciales y la repetición de los recuentos ya son habituales en las elecciones reñidas. El control del Senado podría depender este año de uno o dos estados, entre ellos algunos conocidos por su lentitud a la hora de contar los votos, como Alaska. Un recuento largo o impugnado exige paciencia y contención por parte de los candidatos. No son cualidades que se suelan atribuir al señor Trump.

Netanyahu y Eisenkot llegan empatados a las elecciones en Israel bajo el trauma del 7-O

Los israelíes acuden a las urnas en unas elecciones que han vuelto a convertirse en un plebiscito en torno a Benjamin Netanyahu. Las encuestas arrojan un empate entre los bloques a favor y en contra de un primer ministro que divide al … país y los partidos árabes se presentan como el elemento clave para desequilibrar la balanza y superar la barrera de los 61 escaños en el Parlamento. Pero, entre las fuerzas de la oposición, hay diferentes criterios sobre si aceptar o no su apoyo.
El primer ministro centró las últimas horas de campaña en la amenaza de Irán, difundió una imagen de una bomba atómica sobre Tel Aviv y quiso recuperar su papel de «Mister Seguridad». Pero el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 es una losa sobre la espalda del líder del Likud y el resto de fuerzas que conforman la coalición que estaba en el poder aquel sábado negro. Su gran rival es el general Gadi Eisenkot, líder de Yashar y ex jefe del Ejército, que no ha resuelto el dilema del voto árabe y ha evitado comprometerse a rechazar su apoyo desde fuera de la coalición.

El redactor jefe de ‘Haaretz’, Aluf Benn, recogió en su último artículo que en estas elecciones el papel de los partidos árabes devuelve a Israel al escenario de 1992, cuando Isaac Rabin logró derrotar al Likud gracias a su disposición a apoyarse en los diputados árabes. Benn encuentra numerosos paralelismos entre Rabin y Eisenkot, dos antiguos jefes del Ejército que, en su opinión, comparten la misión de «salvar a Israel de un gobierno de derechas, alejarlo del abismo y devolverle la esperanza». Sin embargo, el responsable del diario recuerda que «Eisenkot está lejos de ser un izquierdista o de mostrar empatía por los palestinos, contra quienes ha combatido toda su vida».

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Diego Sáenz Castro

El voto árabe también fue decisivo para desalojar temporalmente a Netanyahu del poder en 2021. Entonces, Mansour Abbas, líder del partido islamista Ra’am, rompió un tabú de la política israelí al incorporarse a la coalición de ocho partidos encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid. Sus cuatro diputados fueron claves para reunir 61 escaños y poner fin a doce años consecutivos de Netanyahu. El diario ‘The Washington Post’ reveló que el propio primer ministro intentó primero aliarse con Abbas, pero este le dio la espalda y apostó por el cambio, con lo que Netanyahu le llama desde entonces «amenaza para Israel». El resultado fue un gobierno débil que apenas superó el año de vida y en las siguientes elecciones se produjo el regreso de un fortalecido Netanyahu de la mano de ultranacionalistas sionistas y ultraortodoxos.

«Justicia para los dos pueblos»

«Los ciudadanos palestinos dentro de Israel son más o menos el 20 por ciento. Tienen mucha fuerza y creo que los resultados de las elecciones dependen mucho de cuántos árabes vayan a votar. Si llegamos al 70 por ciento de participación en la comunidad, vamos a cambiarlo todo», opina Ofer Cassif, diputado judío del Partido Comunista integrado en la coalición Hadash. Este enviado especial se encuentra con Cassif en un mitin organizado por sorpresa en la parte oriental de Jerusalén por motivos de seguridad. El diputado, una de las voces más críticas con Netanyahu, asegura que «normalmente no puedo salir solo a ningún lugar, salvo a lugares árabes. Pero soy diputado y es el precio que tengo que pagar. Queremos paz y justicia para los dos pueblos de esta tierra, los judíos y los palestinos. Todos tienen derecho a vivir con seguridad, con paz, con derechos y para ello hay que acabar con el actual gobierno».

«Los ciudadanos palestinos dentro de Israel son más o menos el 20%. Los resultados de las elecciones dependen mucho de cuántos árabes vayan a votar»

Ofer Cassif
Diputado judío del Partido Comunista en la coalición Hadash

Hadash forma parte de la Lista Conjunta junto a Ta’al y Balad. El partido islamista Ra’am, de Abbas, participa en solitario pero, entre todos ellos, los sondeos aseguran que pueden llegar a los 13 escaños y podrían resultar decisivos para romper el empate entre bloques. En un gesto sin precedentes, Ra’am incluyó en sus filas como número dos al exdiputado judío Yoav Segalovitz para reforzar su imagen de posible socio de coalición.

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El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, afirmó durante la campaña que formar un gobierno con Abbas sería «peor que la masacre del 7 de octubre». Netanyahu también ha convertido el apoyo de los árabes en arma electoral y en los mítines emplea la frase «o yo y Trump, o Eisenkot y Abbas».

«Formar un gobierno con Abbas sería peor que la masacre del 7 de octubre»

Bezalel Smotrich
Ministro de Finanzas de Israel

La Comisión Electoral descalificó a comienzos de septiembre a los partidos árabes y a Cassif, pero la medida no fue aceptada por el Tribunal Supremo. Al final de la reunión con los votantes en Jerusalén, el diputado de Hadash, agotado por la larga campaña, no para de recibir abrazos de los asistentes. «Tengo una misión, una obligación moral, ideológica y política. Y por eso voy a continuar», asegura Cassif antes de unas elecciones que considera «decisivas».

El retorno de la esperanza

«Estoy aquí. Con ustedes». Con esas cuatro palabras publicadas en la red social X, María Corina Machado anunciaba lo que millones de venezolanos estábamos esperando: su regreso a Venezuela. El 10 de diciembre de 2025, después de estar en la clandestinidad desde de … agosto, Machado había salido del país, vía Curazao, para ir a Oslo a recibir el Premio Nobel de la Paz. No llegó a tiempo para la ceremonia. Machado había pasado varias horas en la oscuridad, sola en una lancha en medio del mar, hasta que finalmente apareció Brian Stern y su equipo de Grey Bull Rescue para salvarla. Menos de un mes después, Donald Trump autorizó la operación militar en territorio venezolano que condujo a la captura y deportación del dictador Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores. Mucha agua ha corrido desde ese 3 de enero y sería verdaderamente difícil explicarle la situación a un Rip Van Winkle que se acabara de despertar. ¿Cómo hacerle entender que Machado huyó de Venezuela escapando de la dictadura chavista y que solo ahora, después de ocho intentos, ha podido regresar contrariando la voluntad de Trump, que ha colocado a Delcy Rodríguez en el lugar de Maduro y con quien, además, se entiende de maravillas?
Como tantas otras veces en el pasado, María Corina Machado ha sabido mantener el foco de su objetivo principal, que es el regreso de la democracia a Venezuela, a pesar de que los renglones torcidos de la política, el poder y la violencia han hecho lo imposible por hacerla desistir de su recto destino. En un audio difundido en agosto de 2024, poco después de que los venezolanos eligieran a Edmundo González Urrutia como presidente y demostraran con las actas la ilegitimidad de Maduro, Machado afirmó que la nuestra era «una lucha espiritual entre el bien y el mal, y Dios está con nosotros». Solo los venezolanos, independientemente de si somos creyentes o no, podemos entender la verdad de estas palabras. Solo acudiendo a categorías tan abstractas o sublimes como lo divino pueden encajarse estos casi treinta años de dictadura, enmarcados por dos catástrofes naturales como el deslave de Vargas en 1999 y los dos terremotos de 2026 que arrasaron con decenas de miles de vidas, y, además, mantener encendidas la esperanza y la fe en un cambio.

Por ello, con plena conciencia del sentido profundo de esta lucha, María Corina entró a Venezuela por Colombia y desde allí hizo su primera parada en el santuario de La Divina Pastora, en el estado Lara. «La Virgen nos ha hecho un milagro» dijo una mujer, anegada en lágrimas, que se encontraba en la iglesia en ese momento. Desde el occidente del país, por la autopista Regional del Centro, Machado continuó su recorrido de ocho horas pasando por los estados Carabobo y Aragua, acompañada de una multitud de seguidores, hasta llegar a Caracas, donde fue recibida con alegría, lágrimas, gritos de libertad, cantos del himno nacional y mucha, pero mucha devoción. De hecho, llevaba en el cuello el peso de varios rosarios que la gente le puso como ofrenda y también como un símbolo de protección.

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Ludmila Vinogradoff

La admiración y el respeto que María Corina Machado se ha ganado después de tantos años de resistencia, en los que se ha enfrentado tanto a la dictadura como a los cómplices en la oposición, años en los que literalmente se ha jugado el pellejo en la calle siendo golpeada, amedrentada y perseguida, quedó muy bien reflejada en una de las imágenes más conmovedoras que ha provocado su vuelta a la patria. En uno de los videos del recorrido por la autopista se ve a una pareja que viaja en una moto. El hombre conduce y la mujer, desde atrás, le grita a Machado: «María, si tú volviste, mi hija tiene que volver». Creo que esa frase resume bien lo que María Corina Machado representa hoy para los venezolanos: la posibilidad, el milagro, de poder volver y reencontrarnos.

El regreso de María Corina pone a prueba la apuesta de Trump por Delcy

María Corina Machado había vuelto a la Casa Blanca el 7 de marzo para pedirle a Donald Trump algo que llevaba meses reclamando. Quería regresar a Venezuela. No podía seguir indefinidamente en Estados Unidos mientras el presidente norteamericano negociaba el futuro de su país … con Delcy Rodríguez, la antigua vicepresidenta de Nicolás Maduro. En aquella segunda reunión, Machado insistió en que su lugar estaba en Venezuela y en que necesitaba recuperar la iniciativa política. Trump la escuchó, pero fue tajante. No lo veía claro. Según fuentes estadounidenses conocedoras de aquella conversación, el presidente se mostró bronco y advirtió de que el regreso podía complicar los acuerdos que su Administración estaba alcanzando con el chavismo. No quería alterar una relación que empezaba a ofrecerle resultados.
Durante los meses siguientes, Machado siguió reclamando ayuda para volver. Desde la Casa Blanca le respondían que esperara. Había negociaciones pendientes, cuestiones de seguridad que resolver y una transición que Washington quería conducir a su manera. Pasaban las semanas y Rodríguez consolidaba su posición como principal interlocutora de Trump, mientras la dirigente que encarnaba la victoria de la oposición en las elecciones de julio de 2024 permanecía fuera del país.

Los terremotos del 24 de junio, que dejaron graves daños en La Guaira, precipitaron sus planes. Machado consideró que ya no podía seguir esperando. Dos días después, el viernes 26, despegó del aeropuerto de Manassas, en Virginia, convencida de que había alcanzado un entendimiento con la Administración Trump para regresar a Venezuela. Su plan era volar hasta Curazao, territorio neerlandés frente a las costas venezolanas, y continuar desde allí por mar. Las autoridades de los Países Bajos habían autorizado su llegada a la isla, pese a que tenía el pasaporte caducado.

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David Alandete

El subsecretario de Estado, Christopher Landau, había hablado con la embajadora neerlandesa en Washington, Birgitta Tazelaar, que entendió que Estados Unidos respaldaba la operación. Pero otros responsables de la Administración pensaban lo contrario. Cuando la diplomática consultó al entonces responsable estadounidense para el continente americano, Mike Kozak, este le aclaró que Washington no apoyaba el regreso. La reconstrucción de aquellas conversaciones fue publicada por Axios.
Los neerlandeses retiraron la autorización cuando Machado ya estaba en vuelo. Su equipo intentó evitar el regreso a Virginia y pidió aterrizar en Florida para mantener abierta la posibilidad de continuar el viaje. No lo consiguió. El avión volvió a Manassas, exactamente al aeropuerto del que había salido.

Informaciones injuriosas

El distanciamiento se hizo cada vez más evidente. Aparecieron informaciones injuriosas muy críticas con Machado, algunas publicadas por Axios a partir de fuentes anónimas calificando sus intentos de «grotescos», que reflejaban las reservas de determinados responsables estadounidenses sobre su papel en la transición. La dirigente que durante años había sido uno de los principales referentes de la oposición venezolana en Washington empezaba a ser considerada por algunos sectores de la Administración como un obstáculo para sus planes.

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Todo aquello sucedía mientras Trump acumulaba críticas entre los venezolanos que habían esperado que la captura de Maduro condujera al desmantelamiento del chavismo. El presidente había pasado de ordenar la operación militar que terminó con Maduro en una prisión de Nueva York a elogiar públicamente a su antigua vicepresidenta. Rodríguez era, según Trump, una mujer maravillosa. Llegó incluso a afirmar que los venezolanos bailaban en las calles para celebrar la nueva situación, una descripción que no se correspondía con lo que estaba sucediendo en el país.
El Departamento de Estado intervino para reconocerle a Rodríguez inmunidad en un procedimiento judicial, otra muestra de la importancia que Washington concedía a preservar su relación con ella. Mientras tanto, seguía habiendo presos políticos, incluidos ciudadanos españoles, pese a las promesas de Trump de conseguir su liberación. Los servicios de inteligencia continuaban funcionando y dirigentes como Diosdado Cabello conservaban posiciones dentro del aparato estatal, aunque sometidos a una presión creciente de Estados Unidos.

Sin protección de EE.UU.

La advertencia que recibió entonces el equipo de Machado fue inequívoca: si regresaba, estaría sola. Fuentes estadounidenses dijeron a ABC que no habría una operación para trasladarla, ni garantías de seguridad, ni un dispositivo para protegerla si las autoridades venezolanas decidían actuar contra ella. Sin embargo, el equipo de Machado nunca había solicitado esa protección. La dirigente preparó sus desplazamientos con sus propios medios y su propio personal de seguridad, sin ayuda directa estadounidense.
Finalmente, el domingo 25 de octubre consiguió entrar desde Colombia. Era el segundo intento organizado por esa vía y el octavo desde junio. Su equipo preparó la operación y asumió los riesgos de atravesar una frontera vigilada por los organismos de seguridad venezolanos. No hubo una operación estadounidense de rescate ni un dispositivo oficial para facilitarle el paso.
Preguntados por ABC, varios funcionarios estadounidenses admitieron que conocían los planes de Machado y que no se opusieron a ellos. Insistieron en que la Administración Trump no había facilitado la operación, pero reconocieron que estaban al corriente de los preparativos.

Preguntados por ABC, varios funcionarios estadounidenses admitieron que conocían los planes de Machado y que no se opusieron a ellos

El regreso se produjo después de intensas discusiones dentro de una Administración dividida sobre el futuro de Venezuela. Algunos responsables consideraban que impedir, o dar la impresión de impedir, el regreso de la Nobel de la Paz suponía un coste político creciente. Otros temían que su presencia complicara la relación con Rodríguez y pusiera en peligro los acuerdos alcanzados desde enero.

Movimiento decisivo en Florida

También pesó la política interna estadounidense. Legisladores republicanos de Florida, entre ellos el senador Rick Scott, habían advertido a la Casa Blanca de las consecuencias de aparecer como responsable del bloqueo a Machado, especialmente ante las elecciones legislativas del 3 de noviembre. La comunidad venezolana, que había celebrado la captura de Maduro, contemplaba con desconcierto los elogios de Trump a Rodríguez y la continuidad de buena parte del aparato chavista. La presión de esos legisladores resultó decisiva para que Washington dejara de oponerse al regreso, aunque no llegara a respaldarlo abiertamente.
Pero la llegada de Machado a Venezuela no modifica, por ahora, las prioridades de Trump. Según las fuentes consultadas, Washington quiere preservar su relación con Rodríguez, convencido de que los acuerdos alcanzados con Caracas están dando resultados en materia petrolera, económica y de seguridad. La Casa Blanca pretende seguir negociando con los sectores del chavismo que conservan el control de las instituciones y mantiene su apuesta política por el diálogo articulado alrededor de la mesa vinculada a Norah Figuera.

Washington quiere preservar su relación con Rodríguez, convencido de que los acuerdos alcanzados con Caracas están dando resultados en materia petrolera, económica y de seguridad

Machado ha podido regresar, pero no pueder esperar que Estados Unidos modifique su estrategia para acomodarla a sus exigencias. Marco Rubio mantiene el objetivo declarado de una transición democrática, aunque la Administración considera prioritario preservar los acuerdos con Rodríguez, avanzar en las reformas negociadas y evitar una ruptura que pueda devolver la violencia a las calles.

Reacción del chavismo

Queda por ver cómo reaccionará el chavismo ante la presencia de Machado. Si las autoridades restringen sus movimientos, la someten a vigilancia o intentan detenerla, Washington tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a intervenir para contener los excesos del aparato de seguridad venezolano, tanto contra ella como contra otros opositores perseguidos durante años.
La relación entre Trump y Rodríguez llega así así a una prueba que hasta ahora había podido evitar. El presidente estadounidense puede seguir elogiando a su interlocutora, pero tendrá que explicar cómo encajan esos elogios con el trato que reciba la principal dirigente de la oposición. Machado ha conseguido volver a Venezuela después de meses de intentos frustrados. Lo ha hecho sin la ayuda de Washington y en un momento en el que la Casa Blanca sigue negociando el futuro del país con quienes conservan el poder.

«Estamos recobrando las fuerzas»: las familias de presos políticos esperan ayuda de Machado

«Tenemos ciento cuarenta y dos días acá», dice Liliana Quintero en el campamento de la Alianza por la Libertad de los Presos Políticos, en las inmediaciones de la Embajada de Estados Unidos en Caracas. Cuenta que han pasado ese tiempo bajo lluvia y sol … . Su hermano, José Miguel Quintero, permanece en El Rodeo I, un centro penitenciario del estado Miranda, próximo a la capital. Ella sitúa su detención en 2021. Desde entonces ha presentado solicitudes ante organismos y organizaciones. «Tengo papeles», dice.
El lunes, el regreso de la opositora seguía en las conversaciones de las paradas de autobús y las cafeterías de Caracas. La víspera, una multitud había salido a recibirla en la autopista. El entusiasmo convivía con la cautela de quienes habían esperado otras veces un cambio que no llegó.

Los familiares del campamento se instalaron la noche del 7 de junio para pedir mediación estadounidense. Desde entonces reclaman audiencias, atención médica y cumplimiento de órdenes de excarcelación. Esperan que la dirigente opositora intervenga por quienes continúan detenidos. La orden es que nadie levante las carpas hasta no tener los resultados que se han propuesto.

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David Alandete

En una entrevista fuera del campamento, Fanny Lozada habla de una boleta de salida, una orden judicial de excarcelación. Su hija, cuenta, la tenía. Sigue presa. «No sé el motivo o la razón por el cual no me la soltaron», dice. Después menciona otras boletas que supuestamente carecen de firma. Le llegan noticias distintas y no consigue una explicación.
Machado anunció su regreso el domingo. Tras cerca de diez meses fuera de Venezuela, apareció en una iglesia de Santa Rosa, en el estado Lara.
«Yo quisiera que la señora María Corina me diera la oportunidad de hablar con ella», dice Fanny. Le atribuye al regreso una esperanza nueva, pero la información sobre su hija sigue siendo confusa. «Son tantas cosas juntas, tantas informaciones que no nos las dan como tienen que ser».

«Estamos recobrando las fuerzas»

Foro Penal, organización de defensa de los derechos humanos, mantiene en su balance al 5 de octubre un total de 322 presos políticos. De ellos, 170 seguían sin condena.
Liliana recuerda una boleta de noviembre de 2021 que, según relata, nunca supuso la salida de su hermano. En 2023 le abrieron otro expediente, con señalamientos de terrorismo y financiamiento a la guerrilla. Dice que solicitó una amnistía y se la negaron. Ha recurrido a Naciones Unidas y a Foro Penal.

Liliana Quintero muestra la foto de su hermano José Miguel, aún preso pese a una boleta de excarcelación, según denuncia.

(Jorge Benezra)

Al hablar de Machado afirma que confía plenamente en ella. «Nos alimentó de nuevo», dice sobre el efecto de su llegada. «Nos apoyamos, nos ayudamos, pernoctamos», explica sobre las familias con las que pasa los días en el campamento.
Carolina Zapata pide por su tío, Juan de Jesús Castillo, detenido desde diciembre de 2021. Lo describe como campesino, próximo a la tercera edad. Cuenta que lo acusaron de terrorismo y asociación para delinquir, y rechaza que perteneciera a un grupo guerrillero. «Hemos recurrido a todas las instancias, hemos agotado los recursos», dice. La petición que mantiene frente a la representación diplomática es sencilla: «Estamos aquí frente a la embajada para ser escuchados».
Con el regreso de Machado, Carolina espera que su tío pueda volver pronto a casa. «Estamos recobrando las fuerzas», dice.
También entrevistada fuera del campamento, en medio de la celebración por el retorno de Machado, Gabriela Álvarez se presenta como familiar de Gabriel Guerra, camarógrafo que trabajó con el periodista Ramón Centeno y permanece detenido desde 2022. Vincula su encarcelamiento a un proyecto periodístico sobre el narcotráfico en Venezuela. Quiere que una negociación termine con la libertad de quienes siguen presos. Las liberaciones prometidas desde enero le parecen ahora «mucho más cerca».
Cuenta que familiares consiguieron hacer llegar a gritos la noticia del regreso al centro penitenciario El Rodeo. Según la información que recibió de otros familiares, los detenidos se emocionaron al saber que Machado estaba de nuevo en Venezuela.

Expectativas «muy altas» con el regreso de Machado

En el campamento permanece un hombre que sí pudo salir. Leonardo Chirinos fue excarcelado a finales de septiembre. «Tengo casi un mes de que salí en libertad», afirma. Su hermano continúa detenido en el Fuerte Guaicaipuro, un recinto militar de Miranda. Leonardo se ha instalado cerca de la embajada para reclamar por él y por los demás.

Leonardo Chirinos, excarcelado en septiembre. Su hermano Leandro sigue preso, condenado a 24 años de prisión.

(Jorge Benezra)

Atribuye su excarcelación al trabajo de las familias de la Alianza y reconoce también las conversaciones entre el Gobierno interino de Delcy Rodríguez y la oposición vinculada al Parlamento elegido en 2015, respaldadas por Estados Unidos.
Rodríguez gobierna desde la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero. Washington mantiene interlocución con su administración. Los familiares acampan ante su embajada porque esperan que use esa influencia en las excarcelaciones. Leonardo pide intervención «no solamente políticamente, sino en el tema judicial».
De Machado espera que converse con Estados Unidos y contribuya a una transición pacífica hacia elecciones. Precisa que no está hablando de negociar. Quiere «entablar una conversación».
Sus expectativas con el regreso son «muy altas». No limita la petición a los familiares de los presos. Cree que Machado debe intervenir también por los trabajadores, la educación y otros sectores del país.
El diputado chavista Jorge Arreaza, miembro de la comisión de diálogo, reconoció a finales de septiembre una «aplicación errática» de la Ley contra el Odio, aprobada en 2017. Habló de «abusos de muchos cuerpos de seguridad» y calificó de «inconcebible» la revisión policial de teléfonos para buscar mensajes de odio. Defendió mantener la norma: dijo que había protegido a familias de los barrios frente a linchamientos. El Parlamento estudia su reforma. Arreaza propuso escuchar también a quienes fueron encarcelados por difundir un mensaje.

Fanny Lozada sostiene una fotografía de su hija y reclama su excarcelación.

(Jorge Benezra)

Para Fanny, el retorno significa «la lucha por nuestros presos políticos». Relaciona la libertad de los detenidos con la posibilidad de votar. «Si no hay presos políticos libres, no hay una Venezuela con democracia para poder ejecutar unas elecciones».

¿Por qué el cuestionamiento electoral es tan corrosivo para nuestras democracias?

Uno de los grandes privilegios de ser corresponsal en Estados Unidos durante dos décadas ha sido asistir a todos sus procesos electorales y contarlo en las páginas de ABC. Recuerdo perfectamente unas primarias en New Hampshire donde asistimos, junto a otros periodistas internacionales, al … invernal arranque del proceso de selección de candidatos a la Casa Blanca.
Un colega de ‘O Estado de S. Paulo’, en línea con la frase «Brasil es el país del futuro… y siempre lo será», nos contó que el voto en su patria tropical, además de ser obligatorio, era completamente electrónico. Ante ese alarde tecnológico, otro compañero de Tokio añadió: «En Japón votamos a mano. Así es como hacemos todo lo importante».

El cuestionamiento de procesos electorales, entre los factores que explican la crisis de nuestras democracias, no hace más que escalar posiciones. El último capítulo de esta peligrosa desconfianza es la inesperada victoria de Lula da Silva en las presidenciales de Brasil. A su rival, Flávio Bolsonaro, primogénito del expresidente condenado por intentar revertir su derrota en 2022 con un golpe, le ha faltado tiempo para cuestionar el resultado y solicitar su anulación.

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Elecciones presidenciales

Verónica Goyzueta

Este martes, Israel vota si quiere seguir siendo una democracia liberal o una teocracia iliberal. Y, en su primera cita con las urnas desde la ofensiva de Hamás del 7 de octubre de 2023, la preocupación por la integridad de las elecciones refleja la gran pérdida de confianza en el Gobierno de Netanyahu. En EE.UU., ante las legislativas de medio mandato previstas para el 3 de noviembre, Trump, con su propio historial de golpismo electoral, ya ha anunciado su intención de impugnar los resultados que no le gusten.
En este corrosivo proceso vemos cómo los censos electorales se convierten en una especie de acordeón partidista, que se contrae o se expande según convenga. Tampoco ayuda que se reniegue de algo tan fundamental como la alternancia democrática, ni olvidarse de que el voto es el máximo instrumento de rendición de cuentas que queda a unas fracturadas democracias que, sin confianza electoral, no pueden funcionar.