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España repudia el uso de la fuerza de Trump en Venezuela

La embajadora de España ante la Organización de Estados Americanos intervino en la sede del organismo en Washington para fijar una posición crítica frente a la actuación de Estados Unidos en Venezuela, en una sesión marcada por la tensión diplomática y por la inquietud … de varios países ante el alcance del giro impuesto desde la Casa Blanca. Sin mencionar de forma expresa a la Administración Trump, España puso en duda la legalidad de la intervención y advirtió de sus consecuencias para el orden internacional y la estabilidad continental.
Carmen Montón afirmó ante el Consejo Permanente, convocado de urgencia, que la «profunda preocupación por lo ocurrido en Venezuela» obliga a recordar los principios básicos del derecho internacional. «El respeto a la soberanía y a la integridad territorial es esencial. Lo ocurrido constituye un precedente muy preocupante para la paz regional», señaló. Subrayó además que «debe ser la voz del pueblo venezolano la que marque el destino de Venezuela» y defendió que España trabajará por «unir a los venezolanos, apostar por el diálogo y la paz», al tiempo que advirtió de que «la fuerza no trae más democracia».
La intervención española se produjo apenas días después de que Donald Trump ordenara la extracción de Nicolás Maduro y de su esposa de Venezuela, el 3 de enero, y de que ambos fueran trasladados a Estados Unidos, donde están siendo juzgados en Nueva York por cargos de narcoterrorismo. España es un país observador en la OEA, y tomó la palabra con el bloque de China, la Unión Europea, Suiza y otros.

La sesión sirvió también para que otros países denunciaran lo que calificaron como años de pasividad de los organismos regionales frente a la dictadura de Maduro. Varias delegaciones coincidieron en que la OEA y otros foros multilaterales no lograron frenar a tiempo las violaciones sistemáticas de derechos humanos, el vaciamiento institucional y la expansión del crimen organizado, lo que permitió, a su juicio, la consolidación del régimen durante más de una década.
Argentina fue uno de los ejemplos más explícitos de ese reproche. Su embajador sostuvo que la «diplomacia del silencio» frente a prácticas que muchos ya consideraban terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad puso en cuestión el sentido mismo de la organización. Según Buenos Aires, esa inacción colectiva contribuyó a agravar la crisis y acabó desembocando en la adopción de medidas extraordinarias, como el operativo liderado por Estados Unidos, ante una amenaza que ya desbordaba las fronteras venezolanas.
En su discurso, la representante española insistió en que cualquier actuación internacional debe ajustarse estrictamente a la legalidad internacional y reivindicó los principios recogidos en la Carta de Naciones Unidas, en particular la prohibición del uso o la amenaza de la fuerza. En ese marco, España subrayó que el precedente abierto en Venezuela no es un asunto aislado y tiene implicaciones directas para la región y para el sistema internacional en su conjunto.
Montón alineó además su posición con un comunicado conjunto de Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay, que reafirma que América Latina y el Caribe deben seguir siendo una zona de paz. Ese texto calificó lo sucedido en Venezuela como «profundamente preocupante» para la paz y la seguridad regional y recordó que los recursos naturales del país forman parte de su soberanía, en una referencia implícita a las declaraciones estadounidenses sobre el control del petróleo venezolano.
España señaló que comparte la prioridad de combatir el crimen organizado transnacional en la región, pero recalcó que esa lucha solo puede desarrollarse mediante la cooperación internacional y el respeto a la legalidad, como la que mantiene con los países de América Latina y el Caribe. Con ello, marcó distancia frente a cualquier enfoque unilateral o coercitivo que, a su juicio, debilite los mecanismos multilaterales.
La embajadora recordó también que España no reconoció las elecciones venezolanas por considerar que fueron fraudulentas y mantiene una condena firme de las amenazas contra los derechos humanos, la persecución de líderes opositores y los abusos cometidos contra la ciudadanía. No obstante, subrayó que esa posición no justifica que el futuro político de Venezuela sea impuesto desde el exterior.
En ese sentido, defendió que la salida a la crisis venezolana debe ser pacífica, democrática y acordada entre venezolanos. La paz, la estabilidad, la democracia, el progreso y la justicia social, concluyó, «no pueden imponerse por la fuerza», sino que solo pueden surgir de un diálogo amplio e inclusivo en el que sea el propio pueblo venezolano quien marque el rumbo del país.

Primer día de Gobierno de Delcy Rodríguez, la sospechosa de traición

Que Delcy Rodríguez haya quedado como presidenta encargada de Venezuela no es una decisión improvisada ni coyuntural. En la Casa Blanca lo vinculan a contactos previos que, aunque discretos, no eran desconocidos. Según fuentes consultadas por ABC, ya en 2020 su hermano Jorge … Rodríguez y la propia Delcy establecieron un canal directo con la Administración Trump para explorar escenarios posteriores a una eventual salida de Nicolás Maduro. En ese contexto, plantearon una demanda concreta: la liberación de Álex Saab, considerado por Estados Unidos el principal operador financiero del régimen.
Esas conversaciones, mantenidas con el entonces asesor presidencial Richard Grenell, permitieron identificar interlocutores con capacidad real de control interno y proyección exterior. Fuentes estadounidenses señalan que ese marco ayuda a explicar por qué el 3 de enero, en el momento de la captura de Maduro, Rodríguez fue situada como la figura con mayor capacidad operativa para sostener una transición inmediata, apoyada en su red internacional de contactos y en el respaldo del aparato institucional, con Jorge Rodríguez como eje político.

La designación no ha estado exenta de contestación interna. En sectores del chavismo y de los cuerpos de seguridad persisten recelos sobre su papel previo a la operación estadounidense. El propio presidente Donald Trump contribuyó a ese clima al afirmar públicamente que Rodríguez debía ahora marcar distancias y denunciar el «secuestro» de Maduro, una posición que en Washington interpretan como necesaria para consumo interno y para preservar una mínima cohesión del poder mientras se reorganiza el mando. Trump llegó a describirla como «cooperativa», una valoración que ha tenido efectos ambiguos dentro del régimen.
El relevo se produce bajo una doble supervisión. En el plano institucional, Rodríguez fue designada presidenta interina por el Tribunal Supremo y reconocida formalmente por las Fuerzas Armadas. En el plano político, su ascenso ha reabierto interrogantes sobre la cohesión del chavismo tras la salida de Maduro. Las llamadas oficiales a protestar apenas lograron movilizaciones limitadas, pese a los llamamientos a la «resistencia armada» y al despliegue de colectivos en varios barrios, con incidentes aislados en zonas rurales.

El Grupo de Puebla se distancia de Zapatero ante el juicio de Maduro en EE.UU.

El Grupo de Puebla, entidad que reúne a políticos de centro e izquierda de Iberoamérica, se dispone a organizar una reunión en Oaxaca, al sur de México, el próximo mes de marzo. La idea del encuentro es marcar un contrapunto frente al avance de … Estados Unidos en América Latina y la meta más ambiciosa es la de reunir a los presidentes Claudia Sheinbaum, Lula Da Silva y Gustavo Petro.
Sin embargo, la captura de Nicolás Maduro y el inicio de su periplo judicial en Estados Unidos ha cambiado el escenario para los organizadores del encuentro. Según mencionan a ABC desde el Grupo de Puebla, tras lo sucedido el fin de semana en Caracas prefieren no contar con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y limitar fuertemente la presencia del comunicador Pablo Iglesias.
Actualmente la parte operativa del Grupo de Puebla es conducida desde Argentina y Chile, donde tiene como principal gestor al dirigente Marco Enríquez Ominami. En México la principal referencia es Lázaro Cárdenas Batel, jefe de la oficina de Claudia Sheinbaum.

Los organizadores del encuentro temen que Rodríguez Zapatero sufra algún efecto colateral en las declaraciones de Maduro en la Justicia de Estados Unidos. Ya existe el antecedente de las declaraciones del exmilitar venezolano Hugo el ‘Pollo’ Carvajal, figura encumbrada del régimen y detenido en EEUU. Carvajal habría señalado las presuntas relaciones económicas de Rodríguez Zapatero con el chavismo, desde intermediar para que empresarios españoles consigan contratos en Venezuela hasta viajar en aviones de la petrolera estatal venezolana PDVSA.
Maduro, expuesto a un frente judicial espinoso en la Justicia de Nueva York, tendrá, como todos los acusados por narcotráfico, la posibilidad de entregar información para reducir la eventual condena. Allí se abre un escenario de inquietud para diversas figuras de la política regional que tuvieron relaciones y afinidad con el régimen bolivariano.

Silencio obligado

El Grupo de Puebla quedó muy cuestionado en 2024 con las elecciones venezolanas y el posterior fraude electoral cometido por Maduro. Enríquez Ominami había conducido una nutrida delegación a Caracas, con expresidentes de la región, en un viaje en el cual se debía concretar el paso del chavismo a la democracia. Pero Maduro se aferró al poder y el colectivo debió llamarse a un silencio obligado.
Esa línea fue la que siguió Rodríguez Zapatero. En sus apariciones públicas posteriores al fraude, el expresidente socialista eludió las preguntas sobre el régimen, alegando que él solo era un mediador.
«Cuando alguien media debe ser extraordinariamente respetuoso. Es un derecho y es un deber mantener la discreción y la lealtad a las personas que han permitido que facilites alguna tarea», afirmó en septiembre de 2024.
Por esas épocas reconoció su participación para que el opositor Edmundo González pudiera exiliarse en España en 2024 después de que se dictara contra él una orden de detención.

Aprovechar la coyuntura

El chavismo, en tanto, ha sido condescendiente. Jorge Rodríguez, hermano de la actual mandataria Delcy, lo definió como «un hombre decente, digno», y Maduro pidió a los españoles que defendieran al «honorable» Zapatero.
Como sea, el Grupo de Puebla busca aprovechar la coyuntura actual para volver a cobrar fuerza, pero ya sin el exmandatario español, a quien varios de los que viajaron a Caracas para presenciar el fraude chavista le achacan haberlos convencido de que Maduro se iba a convertir en un demócrata.
Tampoco quieren que tenga demasiado espacio Iglesias, muy allegado a Rodríguez Zapatero e instalado desde hace meses en México con su medio de comunicación digital Canal Red, que tiene el respaldo económico de figuras de políticos de la izquierda mexicana.
Los organizadores del encuentro en Oaxaca creen que ambos políticos españoles pueden generar anticuerpos en los jefes de estado que podrían asistir.
El foro será la ocasión para enviar mensajes contra el intervencionismo de Washington en la región, la ruptura del orden jurídico internacional y las quejas por la intención de Donald Trump de querer controlar el petróleo venezolano, tal como el presidente señaló el pasado sábado en su conferencia de prensa en Mar-a-Lago.

Trump asegura que él está al mando en Venezuela y que tardará 18 meses en levantar el sector del petróleo

En medio de la incertidumbre sobre la transición política en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump ha defendido que él está al mando del país sudamericano y detalló que EE.UU. tardará 18 meses en levantar su sector petrolero. Trump hizo … estas declaraciones horas después de la primera comparecencia de Maduro ante el juez en Nueva York, donde él y su esposa enfrentan una imputación por narcotráfico y otros delitos. «Todavía soy el presidente de mi país», proclamó el dictador ante el magistrado.
El presidente estadounidense no aclaró, como ha ocurrido hasta ahora, la forma en la que él está al mando de Venezuela. Solo dijo que hay un grupo de sus altos cargos –el secretario de Estado, Marco Rubio; el vicepresidente, JD Vance; el secretario de Defensa, Pete Hegseth; o su asesor Stephen Miller– implicados en la dirección del país. Pero, a la pregunta de quién es el responsable último, fue tajante: «Yo», respondió en una entrevista concedida a la cadena ‘NBC News’.
El escenario actual es una Venezuela presidida por la sucesora chavista de Maduro, Delcy Rodríguez, que se ha abierto a cooperar con Trump.

El presidente de EE.UU. dijo que todavía no ha hablado con Rodríguez, pero que Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, «habla con ella en español» y la relación entre ambos «es muy fuerte».
Tampoco se pronunció sobre la posibilidad de levantar las sanciones a Rodríguez, pero dejó abierta la posibilidad.
Lo que no es posible, dijo, son unas elecciones a corto plazo que den paso a una transición democrática. «No hay manera de que la gente pueda votar», dijo sobre una posible convocatoria electoral en un periodo de 30 días. «Primero tenemos que arreglar el país. Va a tardar un tiempo. Tenemos que devolver la salud al país».
En la visión de Trump, esa salud tiene que ver con la recuperación del sector petrolero, la gran riqueza de Venezuela, que alberga las mayores reservas de crudo del mundo. El multimillonario neoyorquino calcula que la intervención en el sector, a través de las grandes petroleras estadounidenses, levantará ese negocio en año y medio: «Podría ser menos tiempo, pero costaría mucho dinero». «Hay que gastar mucho dinero y lo harán las petroleras. Y después se lo devolveremos nosotros o a través de sus beneficios», dijo el presidente, que confía en que controlar el crudo venezolano bajará todavía más los precios del combustible en EE.UU.
No está claro de dónde sale ese cálculo temporal de Trump. Las estimaciones apuntan a que recuperar el pico de producción petrolera en Venezuela –hoy está por debajo de un tercio– tardaría diez años y una inversión de 100.000 millones de dólares para modernizar una infraestructura descuidada y anticuada.

Reunión con las petroleras

Las grandes petroleras estadounidenses no se han pronunciado sobre los planes de Trump de tomar el control del sector venezolano. La gran mayoría de ellas no tienen presencia en el país, después de sucesivas nacionalizaciones y con un sector afectado por las restricciones del chavismo y las sanciones del Gobierno de EE.UU. Solo una compañía, Chevron, tiene presencia limitada en Venezuela.
Trump no confirmó si había hablado con los grandes ejecutivos de las petroleras sobre sus planes. Pero esta semana está planeada una reunión del secretario de Energía, Chris Wright, con el sector.
De vuelta en el plano político, Trump negó que hubiera descartado la posibilidad de que María Corina Machado liderara el país porque la líder de la oposición democrática al chavismo fue recompensada con el premio Nobel de la Paz. Es algo que ha revelado ‘The Washington Post’ y que Trump niega. «No debería haberlo ganado», dijo el presidente sobre el premio, que es una obsesión para Trump.. «Pero no, no tiene nada que ver con mi decisión».

¿Fue legal la captura del dictador Maduro?

Conforme el mundo amanecía con la noticia de la captura de Nicolas Maduro y su mujer, apenas dos horas después del inicio de unos quirúrgicos ataques sobre infraestructuras militares chavistas sin que hasta el momento se haya informado de una sola baja civil, el planeta se preguntaba también sobre la legalidad de dicha operación … .
El artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas establece que sus miembros se abstendrán de emplear la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. La Carta, sin embargo, reconoce dos excepciones: el artículo 42, que autoriza acciones armadas ordenadas por el Consejo de Seguridad, y el artículo 51, que reconoce la legítima defensa ante un ataque armado, comunicándola a este órgano.
El primer supuesto no se ha dado, y el segundo es difícilmente demostrable, ya que Venezuela no ha atacado de forma armada a Estados Unidos.

¿Podemos concluir entonces que el ataque supone una clara violación del derecho internacional? Quizá la respuesta no sea tan sencilla. Y es que este artículo 2.4 establece como el bien jurídico a proteger la «integridad territorial» (cosa que no se ha dañado aquí, pues las fronteras de Venezuela siguen intactas) y la «independencia política».
¿Es Venezuela libre e independiente bajo el régimen de Maduro? En noviembre de 2025, Estados Unidos designó al Cártel de los Soles como una «organización terrorista», tras cinco años de procesos por narcoterrorismo contra Maduro gracias a las declaraciones del ‘Pollo’ Carvajal.
Y organismos internacionales como la ONU denuncian que el régimen se mantiene mediante la violencia, torturas y miles de detenciones políticas, forzando al exilio a más de ocho millones de personas y sumiendo en la pobreza al 86% de su población. El escenario culminó con unas elecciones fraudulentas donde el régimen ocultó las actas frente a la victoria documentada de la oposición.
Cierto es que el derecho internacional no distingue entre regímenes democráticos o autoritarios para aceptar su validez, sino en su efectividad en el control de un territorio.
Pero, ¿seguiría siendo el Gobierno chavista, desde esta visión de ‘realpolitik’, el gobierno efectivo de Venezuela cuando fue incapaz de defender su territorio y a su propio líder de una operación extranjera que le capturó en menos de dos horas?
Así pues, desde la narrativa de Estados Unidos, no se habría realizado un ataque contra Venezuela ni contra un legítimo gobierno de dicha nación, sino contra una organización narcoterrorista que ha usurpado funciones estatales en Venezuela, que ha sojuzgado y exterminado a su propia población para mantenerse en el poder, y que estaba dañando la seguridad estadounidense mediante la droga y el Tren de Aragua.
Ataques estadounidenses, en esta explicación, no orientados a destruir un régimen, sino a proteger al operativo de captura. Esto se ha manifestado en las imágenes difundidas de Maduro ya apresado, llegando no a instalaciones militares, sino a la Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA) y en su posterior transferencia al juzgado federal del Distrito Sur de Nueva York, un final que ha sido celebrado por millones de venezolanos tanto en su país como exiliados en todo el mundo, quienes esperan vivir pronto en libertad.

SOBRE EL AUTOR
Juan Luis López Aranguren
Profesor de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional Público de la Universidad de Zaragoza