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Trump recupera la derrota española de 1898 para atacar a Sánchez por el gasto militar

Donald Trump volvió a arremeter contra España este miércoles por lo que considera una insuficiente implicación en la guerra de Irán y en los compromisos de la OTAN. Esta vez no lo hizo desde la Casa Blanca, sino en un escenario de fuerte carga histórica: … un homenaje en Dakota del Norte a Theodore Roosevelt y a los Rough Riders, el regimiento de voluntarios que combatió en Cuba en 1898 y cuya carga en las alturas de San Juan contribuyó a precipitar la catastrófica derrota española en la guerra hispano-estadounidense.
En mitad de su relato sobre aquella victoria militar y la pérdida por España de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas, el presidente Trump interrumpió el discurso para lanzar un reproche directo al Gobierno de Pedro Sánchez.

«Ah, los españoles. Miembros de la OTAN, pero no muy buenos miembros de la OTAN», afirmó. «Dicen: «No, no queremos ayudar a los demás». ¿Qué estamos haciendo?». El presidente añadió que España «no se está comportando bien» y dejó una advertencia de tono ambiguo: «Pero aprenderán pronto».
La elección del escenario no fue casual. Trump vinculó la crítica actual a Sánchez con uno de los episodios más sensibles de la historia común entre ambos países: la derrota española de 1898 y la posterior expansión estadounidense en el Caribe y el Pacífico. Tras recordar que EE.UU. se hizo entonces con Puerto Rico, Guam y Filipinas, remató con una referencia a Cuba: «Después de muchas, muchas décadas, está girando hacia nosotros».

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David Alandete

La insistencia de Trump refleja un malestar que viene creciendo en la Casa Blanca por la negativa de Sánchez a alinearse plenamente con la estrategia estadounidense en Irán y por sus reservas ante el incremento del gasto militar exigido por Washington dentro de la OTAN.
El presidente de EE.UU. interpreta esa posición no como una discrepancia puntual, sino como una falta de compromiso con una Alianza en la que Washington aporta la mayor parte de la capacidad militar y financiera. De ahí que sus reproches se hayan repetido en las últimas semanas, cada vez con menos matices y con un tono más personal hacia España, a la que presenta como un aliado que se beneficia de la protección estadounidense sin asumir, a su juicio, una parte proporcional de las cargas.

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La próxima cumbre de la OTAN, prevista en Ankara los días 7 y 8 de julio, llegará con España aislada en el debate que más preocupa a Trump: el compromiso de elevar la inversión en defensa y seguridad hasta el 5% del PIB en 2035. La fórmula aprobada por la Alianza divide esa cifra entre un 3,5% de gasto militar directo y un 1,5% para infraestructuras, ciberseguridad, logística y resiliencia.
España obtuvo una excepción política y sostiene que puede cumplir sus objetivos de capacidades con un 2,1%, pero Washington interpreta esa posición como una resistencia singular al nuevo reparto de cargas dentro de la OTAN. La cita de Ankara servirá además para anunciar contratos de defensa por decenas de miles de millones y para medir hasta qué punto los aliados convierten la promesa del 5% en compromisos industriales reales.
Este miércoles, además, el Gobierno de Sánchez ha logrado, a través del programa estadounidense de ventas militares al extranjero, un contrato de 104 millones con Lockheed Martin para iniciar la modernización de media vida de las fragatas F-100 de la Armada, de la clase Álvaro de Bazán. Esto demuestra que a pesar de las tensiones, la cooperación militar se mantiene.
 

Trump convoca una inédita convención republicana para frenar una debacle electoral

Donald Trump ha decidido trasladar a las elecciones de mitad de mandato una herramienta propia de las campañas presidenciales: una convención nacional del Partido Republicano. La cita, prevista en Dallas los días 9 y 10 de septiembre, llegará apenas siete semanas antes de los … comicios del 3 de noviembre. Su objetivo es concentrar la atención del partido, movilizar a su electorado y dar proyección a los candidatos republicanos.
Estas grandes asambleas, concebidas para designar al aspirante presidencial y proyectar unidad, no forman parte habitualmente del calendario de unas legislativas. Pero Trump quiere convertir también esta campaña en una prueba de su liderazgo, exhibir control sobre el partido y conservar las mayorías republicanas en el Capitolio con una estrategia de máxima movilización y referendo sobre su persona y su gestión.

El movimiento responde a un momento delicado para los republicanos. Una encuesta de ‘The New York Times’ y Siena College en seis estados donde el partido defiende escaños -Alaska, Iowa, Maine, Carolina del Norte, Ohio y Texas- sitúa la media de las carreras por el Senado en empate, 47% a 47%, pese a que Trump ganó cinco de ellos en 2024 por una diferencia media de ocho puntos.

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Los demócratas llevan ventaja en Maine y Carolina del Norte y los republicanos conservan márgenes estrechos en Alaska, Iowa y Ohio, y Texas aparece igualado. La aprobación media de Trump en esos Estados es del 43%, frente al 54% de desaprobación, con la inflación y el coste de la vida como principal foco de malestar, con el fondo de una guerra de Irán cada vez más impopular.
La Cámara de Representantes es hoy el frente más vulnerable para Trump: los republicanos conservan una mayoría mínima y los demócratas parten como favoritos para recuperarla, aunque faltan cuatro meses para la votación. Si además perdieran el Senado, el presidente vería cerrarse las dos vías de control legislativo.

Parálisis legislativa

La oposición asumiría las presidencias de las comisiones de investigación, fijaría la agenda de investigaciones y tendría capacidad para bloquear o retrasar nominaciones judiciales y altos cargos de la Administración. Trump conservaría el veto y buena parte de sus poderes ejecutivos, pero sus dos últimos años quedarían marcados por la parálisis legislativa y por una supervisión mucho más intensa del Congreso.

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La pérdida de la Cámara abriría además otro frente político para Trump: las investigaciones y, eventualmente, un nuevo proceso de ‘impeachment’. Durante su primer mandato, esa Cámara de Representantes, entonces controlada por los demócratas y presidida por Nancy Pelosi, aprobó dos veces artículos de impeachment contra él. Ningún otro presidente estadounidense ha sido sometido dos veces a ese procedimiento del juicio político.

La pérdida de la Cámara abriría además otro frente político para Trump: las investigaciones y, eventualmente, un nuevo proceso de ‘impeachment’

Un tercer ‘impeachment’ tendría un fuerte impacto político y simbólico, pero no implicaría por sí solo su destitución o su inhabilitación. La Cámara puede aprobar los cargos por una mayoría simple; una condena en el Senado requiere, en cambio, el respaldo de dos tercios de los senadores. Solo después de una condena podría el Senado acordar también la inhabilitación para ejercer cargos federales en el futuro. Con un Senado dividido o controlado por los republicanos, el efecto más inmediato sería la apertura de un nuevo ciclo de investigaciones, comparecencias y desgaste político constante para la Casa Blanca.

Los demócratas giran a la izquierda

En el fondo, Trump intenta frenar una reacción política que no se dirige solo contra él. El Partido Demócrata atraviesa también un desgaste y derrotas amargas para sus dirigentes tradicionales, con candidaturas en primarias que reclaman un giro más claro a la izquierda radical, centrado en el coste de la vida, el poder de las grandes empresas, la vivienda, la inmigración y la política exterior.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, convertido en una referencia de esa izquierda socialista, respaldó el mes pasado a tres candidatos radicales en primarias para la Cámara de Representantes. Los tres vencieron, dejando fuera de juego a dos diputados en ejercicio, en una señal de fuerza frente a candidatos apoyados por el aparato del partido. En Maine, Graham Platner, un controvertido veterano de guerra y cultivador de ostras, ganó las primarias demócratas para disputar el Senado a la republicana Susan Collins con un discurso contra el coste de la vida y las élites políticas. En Colorado, la socialista demócrata Melat Kiros derrotó a Diana DeGette, congresista durante 29 años.
No es un viraje uniforme ni asegura buenos resultados en los distritos más disputados. Pero revela un malestar que alcanza a Trump y también a la dirigencia demócrata, el bipartidismo de toda la vida, y que complica el intento de presentar una alternativa homogénea de cara a noviembre, por lo que el presidente detecta que puede tener una vía para mantener el control del legislativo: presentarse como alguien que puede poner freno a un avance del radicalismo izquierdista en América.

Ya en una sonada conferencia en un foro religioso el 26 de junio, Trump presentó el comunismo como el eje de su mensaje para las legislativas. Dijo que era una ideología «muy fácil de vender» porque permite prometer alquileres, viviendas y comida gratis, pero que acaba llevando al país a la ruina, sin alimentos, vivienda, seguridad ni fuerza militar. Enlazó esa idea con un llamamiento directo a movilizarse en noviembre: «el comunismo es el pasado y la libertad es el futuro».
Dirigió el ataque contra Mamdani y sus candidatos, los que ganaron las primarias, a quienes calificó de «comunistas ateos radicales». Afirmó que atacarían especialmente al cristianismo y los describió como «la mayor amenaza» para Estados Unidos desde su fundación.
Ese será seguramente el eje de esa insólita convención. El programa detallado aún no se ha hecho público. Trump ha adelantado que la cita reunirá a «innovadores, empresarios, fabricantes, primeros intervinientes y creadores de empleo», además de entretenimiento, y se espera que él mismo sea el principal invitado, la estrella indudable de la jornada. La dirección republicana no ha anunciado todavía la lista de candidatos ni de invitados.
En Dallas se verá hasta qué punto esa estrategia, un referendo personal, puede traducirse en movilización electoral. Para Trump, la nueva convención de medio mandato no será solo una cita de partido, sino el intento de convertir unas legislativas que suelen castigar al presidente en una elección entre su agenda y el avance ideológico que atribuye a sus adversarios demócratas. Todo para no convertirse en lo que comúnmente se llama un «pato cojo», un presidente ya sin poder.

La Junta de Paz prepara las primeras zonas libres de Hamás en Gaza

Nueve meses después de la firma de un acuerdo de 20 puntos propuesto por Donald Trump para poner fin a la guerra en Gaza, la violencia no cesa e Israel y Hamás se acusan mutuamente de violar los términos pactados. Los islamistas no han atacado … al ejército en este tiempo, pero no se desarman, y los israelíes han matado a más de mil personas, entre ellas 265 niños, según Unicef, y adelantado la ‘línea amarilla’ hasta ocupar más del 60 por ciento de la Franja.
Mientras los medios israelíes alertan de la alta probabilidad de una nueva operación militar a gran escala para acabar con Hamás antes de las elecciones de octubre, la Junta de Paz, órgano creado por Trump para gestionar la posguerra gazatí, realiza los primeros movimientos y, según el diario ‘Israel Hayom’, pondrá en marcha en las próximas semanas un programa piloto para gestionar «refugios humanitarios» en zonas de la Franja fuera del control del grupo islamista.

El diario conservador adelantó que la primera zona a la que se dirigirá a los civiles desarmados es Tel Sultan, cerca de Rafah. Allí se enviarán ayuda médica y alimentos para unos gazatíes que vivirán en caravanas porque no se permitirá la construcción con hormigón. «El plan consiste en aislar a Hamás en zonas sin población, ni recursos, y que esta sea la vía para su eliminación», en palabras de altos funcionarios próximos a la Junta. Ante el riesgo de que estas zonas sean comparadas con «campos de concentración», estas mismas fuentes indicaron a Israel Hayom que los gazatíes que se asienten allí serán libres para volver a áreas bajo control de Hamás.

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Elena Calvo

A punto de cumplirse los 1.000 días desde el ataque del grupo islamista del 7 de octubre, la respuesta militar ordenada por Benjamín Netanyahu ha costado la vida a más de 73.000 personas, entre ellas 21.000 niños y menores, y herido a más de 173.000, según el ministerio de Salud gazatí, cuyas cifras son consideradas fiables por la ONU. El organismo internacional señala además que la operación israelí ha causado una destrucción extensa que afecta al 90 por ciento de la infraestructura civil de Gaza. La justicia internacional investiga a Israel por el delito de genocidio y los líderes del Estado judío no ocultan que su agenda pasa por «conquistar toda Gaza y construir tres asentamientos de inmediato», en palabras del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich. En una entrevista con el programa ‘Los Patriotas’ del Canal 14, Netanyahu respaldó este plan colonial e indicó que la «migración voluntaria» de los gazatíes es un tema prioritario.

Un acuerdo estancado

Trump estableció un acuerdo por fases, pero se ha estancado. La primera fase incluía una tregua y un intercambio de rehenes y prisioneros entre Israel y las facciones palestinas, un alto el fuego permanente y una retirada gradual israelí del enclave. En la segunda fase, está previsto que Israel lleve a cabo nuevas retiradas, mientras una fuerza internacional de estabilización asumiría responsabilidades de seguridad, incluida la facilitación de la entrada de ayuda humanitaria y materiales de reconstrucción.
Los expertos de la Junta de Paz se han reunido esta semana en Chipre al tiempo que siguen adelante con la preparación de un comité de tecnócratas palestinos para sustituir a Hamás como gobernantes de la Franja, conocido como el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en inglés). Este comité lleva desde enero en El Cairo a la espera de tener el permiso israelí para entrar en Gaza, pero este no llega porque el Ejército exige primero el desarme de Hamás. Israel no quiere que se repita el modelo de Líbano, donde el Gobierno de Beirut tiene las manos atadas por el arsenal de Hizbolá.

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Egipto se ha convertido en el hogar temporal de los futuros gobernantes que la Junta prepara para Gaza y también de sus fuerzas de seguridad, ya que aquí entrenan desde hace meses los nuevos policías palestinos. El órgano creado por Trump planea además el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF), que será responsable de mantener la ley y el orden, además de asegurar las fronteras. Cinco países han aceptado aportar tropas a la ISF (Indonesia, Marruecos, Kazajistán, Kosovo y Albania), pero se necesita la aprobación israelí y no ha llegado, confirmaron dos fuentes diplomáticas árabes a ‘The Times of Israel’.

Egipto se ha convertido en el hogar temporal de los futuros gobernantes que la Junta prepara para Gaza y también de sus fuerzas de seguridad

La ISF, cuya base principal se sitúa cerca del paso de Kerem Shalom, en el sur de la Franja, anunció que el martes recibió los primeros «vehículos tácticos» y difundió varias imágenes de los blindados en redes sociales. Hazem Qassem, uno de los portavoces de Hamás, escribió en Facebook que el grupo espera que este movimiento de la junta marque «el comienzo de la aplicación de las tareas que se les han asignado», es decir, «separar a los palestinos de Gaza de las fuerzas israelíes y trabajar para detener las violaciones israelíes».

Rearme de Hamás

Los islamistas se han reunido esta semana en El Cairo con los responsables de inteligencia de Egipto y Turquía, dos de los países mediadores. El brazo armado del movimiento no ha realizado ataque alguno desde la firma de la tregua, pero los israelíes desconfían. La televisión pública Kan informó durante el fin de semana de la advertencia de altos responsables de la división de inteligencia y del mando sur al jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, sobre la preparación de las Brigadas Al Qassam para volver a la guerra. Según lo emitido por el canal público, Hamás produce cada mes cientos de artefactos explosivos y misiles antitanque, está reclutando a miembros de entre 18 y 22 años e intenta introducir drones y equipos de comunicación desde el Sinaí.
Los responsables militares de inteligencia citados por Kan piensan que el grupo islamista «es fuerte sobre el terreno, nadie lo amenaza y no está dispuesto a renunciar a su control sobre Gaza» y por eso recomendaron a Zamir «reanudar los combates, pero Washington se opone a ello y prefiere mantener el statu quo creado por el acuerdo, al tiempo que busca seguir avanzando en la visión del presidente Trump y de la Junta de Paz».

Un fotoperiodista gazatí desde la Franja: «Todo va a peor. No hay comida fresca»

En septiembre de 2025 entró en vigor el plan de paz entre Hamás e Israel. El acuerdo, articulado en diez puntos e impulsado por la Administración de Donald Trump con la mediación de Qatar, Egipto y Turquía, arrancó con un alto el … fuego que nunca llegó a respetarse plenamente. La segunda fase contemplaba el intercambio de rehenes israelíes por presos palestinos, uno de los pocos compromisos que sí llegó a materializarse. Después, casi el silencio.
Nueve meses después de la firma del plan de paz, apenas se sabe qué ocurre dentro de la Franja. Israel mantiene prohibida la entrada de la prensa extranjera desde octubre de 2023, por lo que la información llega, en gran medida, a través de los periodistas gazatíes que siguen trabajando sobre el terreno.

«Todo aquí está mal», resume en un escueto mensaje Rizek, periodista residente en Ciudad de Gaza. Mientras que Hashem, fotoperiodista, describe una realidad aún más dura: «La situación es muy difícil. Los ataques son constantes e intensos. He sido herido en tres ocasiones desde que comenzó este conflicto y la situación empeora cada día».

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Los testimonios recabados por ABC coinciden en una misma idea: la tregua existe sobre el papel, pero no en la vida cotidiana. Israel continúa llevando a cabo ataques selectivos contra personas a las que identifica como miembros de grupos armados y mantiene operaciones militares en las proximidades de la denominada ‘línea amarilla’, la línea de despliegue acordada tras el alto el fuego.
Según el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás -cuyas cifras son consideradas generalmente fiables por las agencias de Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, aunque Israel las cuestiona-, desde la entrada en vigor del acuerdo han muerto cerca de un millar de personas, entre ellas 182 niños, 110 mujeres y 54 mayores de 60 años. Más de 3.100 han resultado heridas. La media es de unas 125 muertes al mes pese al alto el fuego.
«Más del 70 % del territorio de Gaza está bajo control israelí. Además del desplazamiento de la población, Israel y Estados Unidos pretenden reducir la población de la Franja a menos de un millón y medio de personas, favoreciendo que el resto abandone Gaza de forma permanente», sostiene Rizek.

7.000 cuerpos sepultados

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Los bombardeos, lejos de remitir, se han intensificado en las últimas semanas. Solo desde principios de junio han muerto 52 personas. Con estas nuevas víctimas, el balance total desde el inicio de la guerra asciende, según las autoridades gazatíes, a más de 73.000 muertos y 173.000 heridos. Se estima, además, que más de 7.000 cuerpos continúan sepultados bajo los escombros. La falta de maquinaria pesada -destruida durante la guerra o cuya entrada sigue restringida por Israel- impide recuperar muchos de ellos. En las redes sociales son frecuentes las imágenes de familias excavando con las manos entre la arena y el hormigón en busca de los restos de sus seres queridos.
Al control territorial y a la persistencia de los ataques se suma el férreo control israelí sobre la entrada de ayuda humanitaria. «Hay una enorme escasez de alimentos y agua. Las organizaciones internacionales apenas pueden operar en la Franja. Llevamos meses sin ver comida fresca», explica Rizek, preocupado especialmente por la situación de sus hijos.

«Las organizaciones internacionales apenas pueden operar en la Franja. Llevamos meses sin ver comida fresca»

Rizek
Fotoperiodista gazatí

Conseguir agua potable se ha convertido en una tarea casi imposible. También acceder a medicamentos. En su informe del 3 de junio sobre la situación en los territorios palestinos ocupados, Naciones Unidas denunció «el fracaso sistemático de Israel a la hora de proteger a los civiles y los bienes civiles en su conducción de las hostilidades en Gaza». La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) sigue calificando la situación humanitaria de «catastrófica», especialmente en la ciudad de Gaza y sus alrededores, donde la intensidad de los ataques ha terminado por colapsar un sistema sanitario ya exhausto. El 84 % de los centros de salud están destruidos o dañados.
Los niños continúan siendo las principales víctimas. Según los últimos datos de Unicef, pese al alto el fuego un menor sigue muriendo cada día en Gaza y más de 400 han resultado heridos, muchos de ellos con lesiones gravísimas. Una realidad que el portavoz de la agencia, James Elder, resumía hace unos días con una frase tan sencilla como demoledora: «Debemos dejar de aceptar niveles de mortalidad infantil que provocarían indignación internacional en cualquier otra parte del mundo».
Una situación que no parece que vaya a mejorar ni a corto ni a largo plazo.

Muere en La Habana la hija del poeta español Rafael Alberti

La intelectual Aitana Alberti, hija de los escritores españoles Rafael Alberti y María Teresa León, ha muerto a los 84 años en La Habana, donde residía desde 1984, informaron este miércoles medios estatales.Aitana Alberti, nacida en 1941 en Argentina, donde se exiliaron sus padres durante la Guerra Civil Española, dedicó su labor en Cuba fundamentalmente de la poesía y las artes.Presidió la Cátedra Rafael Alberti de la Universidad de La Habana y durante más de quince años trabajó en el centro cultural Dulce María Loynaz donde dirigió el espacio «Fe de vida: Imagen y palabra» dedicado a divulgar la obra de los poetas de la «Generación del 27», a la que perteneció su padre.También fue miembro del Movimiento de Poetas del Mundo y presidió en Cuba el Proyecto Cultural Sur, que agrupa 30 ciudades de Europa y América, y Festival Internacional de Poesía de La Habana.Una nota publicada en portada del periódico Granma expresó que Aitana Alberti, fallecida el pasado martes, «deja un vacío inmenso en la cultura cubana» y será recordada como «una incansable defensora de la poesía, la memoria, la paz y el diálogo entre pueblos».Su obra poética incluye los títulos Poemas de Aitana Alberti (1955), Pupila al viento (1998), Y de nuevo nacer (1999), Amazona en la centella (2016) y los libros de narrativa Inquilinos de la soledad (2006) -un homenaje a los exiliados de la guerra civil española- y Cuentos persas (2018) que fueron traducidos a los idiomas alemán, polaco, ruso, rumano e italiano.

El cielo se tiñó de rojo y el puerto se llenó de ataúdes

Justo cuando se cumplió una semana de los dos terremotos que sacudieron Venezuela, el cielo se puso colorado, como si alguien le hubiese prendido fuego. Una nube de polvo rojo con aspecto de mortaja cubrió las nubes de un país que se desangra. Qué más … queda por ocurrir, se preguntaron los ciudadanos, exhaustos ya, tras jornadas de réplicas. Ha transcurrido una semana, siete días en total, y aún no existe en Venezuela una cifra oficial de fallecidos. El gobierno habla de dos mil. La ONU, en cambio, prepara un envío de 10.000 bolsas para cadáveres. La única verdad, además de la muerte y total devastación, es el abandono en el que viven los venezolanos desde hace décadas. Antes de esta tragedia, a la zona litoral de Venezuela, La Guaira, ya la azotó un deslave en diciembre de 1999. Veintiséis años después, los niños que sobrevivieron entonces son los adultos que esperan bajo los escombros a ser rescatados —ojalá los hubiera aún— o aquellos que fallecieron aplastados. Una generación completa sin pasado ni futuro.
La séptima entrega de esta serie titulada ‘Mi tierra tiembla’ —publicada a diario en las páginas de ABC desde el 24 de junio— despliega hoy, a manera de resumen, las hojas de un almanaque funesto. De aquel primer día del temblor, allí donde hubo edificios apenas quedaron solares abiertos, columnas partidas y paredes en el aire. Los vecinos salieron a la calle sin saber si buscar a los vivos o contar a los muertos. Algunos cavaron con las manos. La ayuda no llegaba. Los vecinos sí. Y con ellos familiares venidos desde Caracas y otras partes del país. Al segundo día, los escombros empezaron a devolver historias. Amir Infante resistió con medio cuerpo atrapado bajo una placa. Le dieron agua, un caramelo y palabras para mantenerlo alerta, pero igual murió a la espera de brigadas y equipos internacionales de rescate todavía en camino. Ni rastro de militares o policías, apenas Protección Civil, ya entonces desbordada por la situación.

De aquellas horas conservan los ciudadanos el recuerdo de un border collie con un ojo azulado y el otro castaño —Tsunami— que rescató decenas de personas con vida y, sobre todo, el amor propio de un pueblo abandonado por sus gobernantes. «Esta gente no tiene nada para trabajar, ni cables, ni palas», escuché decir a Jhorman Piñero, uno de los cientos de voluntarios que bajaron hasta La Guaira por sus propios medios a rescatar víctimas. Entre ellas, las de Misión Vivienda, construcciones sociales de bajo coste con el que Hugo Chávez dijo premiar al pueblo con casas cuando en realidad les había regalado una tumba. Todas se vinieron abajo como naipes. ¡Estaban hechas de cartón! 

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MI TIERRA TIEMBLA (VI)

Karina Sainz Borgo

Al tercer día del terremoto, el chavismo resucitó. Tras 48 horas de silencio e indolencia, la presidenta encargada Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, y el ministro del Interior Diosdado Cabello aparecieron ante la nación. No para auxiliar, sino para controlar. Se inventaron salvoconductos y levantaron alcabalas. Desplegaron militares no para remover escombros, sino para vigilar a quienes sí lo hacían. La tragedia empezó a tener perímetro, órdenes, castigos, vigilancia. Para entrar a la zona de desastre de La Guaira había que registrarse; para ayudar, esperar; para informar, tragar. A los corresponsales los identificaron y segregaron, para enseñarles solo una parte de lo ocurrido. La ayuda internacional comenzó a abrirse paso entre la burocracia y la urgencia. Rescatistas extranjeros, organizaciones humanitarias, médicos y voluntarios se volcaron en la búsqueda. La desesperación superó al miedo cuando los hermanos y hermanas; los padres y las madres, y los hijos e hijas de las víctimas increparon a los funcionarios que obstaculizaban los rescates o se abalanzaron para abroncar a la rapiña —casi toda militares uniformados y policías— que rebuscaba entre los escombros el dinero en efectivo, los electrodomésticos o cualquier cosa de valor que pudieran revender, mientras personas vivas pedían auxilio bajo los escombros. Una semana después de los terremotos que asolaron Caracas, La Guaira y la región costera, el cielo se tiñó de rojo y en el puerto, donde antes había barcos, ahora hay ataúdes. Esta es la cuenta atrás de una semana en la que Venezuela demostró ser más valiosa que quienes la gobiernan.