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Eduardo Aguirre, el hombre que reparó las relaciones entre EE.UU. y España

Eduardo Aguirre, que acaba de pasar el rubicón de los ochenta años, reconoce que ha tenido una vida «compleja y afortunada», en la que no han faltado las dificultades, los retos y un sinfín de anécdotas. Algunas de estas historias las ha vertido en … su libro de memorias ‘De niño refugiado cubano a embajador americano en el Reino de España’, publicado originalmente en inglés y traducido ahora por la Universidad de Alcalá de Henares en una edición revisada para los lectores españoles. Sí, un título «muy largo», como él mismo bromea, que recoge su rica y larga trayectoria vital y profesional: sus orígenes cubanos y su salida de la isla cuando era un adolescente gracias a la Operación Pedro Pan (insiste en no utilizar el nombre anglosajón de Peter Pan); las dificultades que pasó para adaptarse a su nueva vida estadounidense en un orfanato, en el que, según afirma, había curas pederastas; el encuentro con el amor de su vida, Tere, que le empujó a terminar sus estudios universitarios; y su relación con la familia Bush, determinante en el rumbo que tomaría su vida. «George H. W. Bush fue mi mentor», afirma con orgullo el exdiplomático, durante una entrevista con ABC.
Y es que Aguirre llegaría a ser el embajador de EE.UU. en España (2005-2009), es ahí donde más nos interesa su biografía, en uno de los periodos en el que las relaciones entre ambos países eran más tensas (todavía quedaban años para que Pedro Sánchez llegara a la Moncloa y entablara un pulso con la Administración Trump). La causa del desencuentro entre los Ejecutivos de Zapatero y de Bush hijo fue la salida exprés de las tropas españolas de Irak, ordenada por el entonces presidente español. «Aquello puso en peligro a los soldados estadounidenses», asevera, restando importancia al feo que meses antes hizo Zapatero al no levantarse ante el paso de la bandera estadounidense durante el desfile del 12 de octubre en Madrid.

Descendiente de vascos —uno de sus abuelos era de Muskiz (Vizcaya), por lo que presume de tener «ADN español»—, Aguirre es la prueba viviente de que el ‘sueño americano’ existe. «Todo lo bueno que me ha pasado proviene de la fortuna de haber continuado mi vida ya de adolescente en Estados Unidos, donde prácticamente cualquier cosa es posible», afirma. «El pueblo americano es muy acogedor. A mí me ha ayudado mucha gente. Algunos importantes, otros no tanto, que me han dado buenos consejos, que yo he sabido escuchar».

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Camila Acosta

Para el exdiplomático fue determinante conocer al patriarca de la familia Bush, George H. W. Bush, antes de que este se postulara a la Presidencia de EE.UU. «Fue un encuentro fortuito. Estábamos en el mismo banco [que después se convirtió en el Bank of America, una de las entidades financieras más importantes del mundo], él de director ejecutivo y yo de vicepresidente». La relación profesional se tornó en personal. La sintonía entre ambos fue excelente, hasta el punto de reconocer en el libro que más que simpatizante del partido republicano era un hombre leal a Bush. «A través de él he servido a EE.UU.», subraya.
Al postularse a la presidencia, Bush padre tuvo que dejar la entidad financiera. «Y me pidió que me convirtiera en su banquero personal». Su relación se extendería después a George W. Bush, cuando este fue gobernador de Texas —«me designó miembro de la junta de regentes del Sistema de Universidades de Houston»—, y más tarde cuando llegó a la Casa Blanca.
El ‘cuarenta y tres’, como llama afectuosamente a George W. Bush, refiriéndose al presidente 43 de EE.UU. -su padre es el ‘cuarenta y uno’-, le reclamaría más tarde para trabajar para el Departamento de Seguridad Nacional. Quería que liderara los Servicios de Ciudadanía e Inmigración del país en un momento muy delicado, pues tan solo habían pasado dos años desde los atentados del 11-S y la preocupación por la gestión de la entrada de inmigrantes, tras los fallos anteriores, era máxima. La tarea era ardua: «Tenía que revivir un caballo muerto. Estaban desmoralizados porque los sistemas eran anticuados y no eran eficaces», recuerda.

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Aguirre impuso orden y creó las citas, haciendo desaparecer las larguísimas colas. En su decálogo de gestión incluyó un punto especialmente importante para él, el respeto por la dignidad humana. «Para mí eso es innegociable«. El exembajador muestra su malestar ante algunas imágenes de la gestión actual en su país. «Nunca me ha gustado el maltrato de las personas en ningún caso. Lo que veo en televisión me indica que nos hemos olvidado de respetar a la humanidad. Es algo que me molesta no como exdirector de inmigración, sino como americano», subraya.

Trato cordial con Zapatero

Pero este no fue el único reto con el que tuvo que lidiar durante la Administración de George W. Bush. El ‘cuarenta y tres’ le envió a España para reparar las malas relaciones que existían con el nuevo presidente a raíz de dos incidentes: la decisión de Rodríguez Zapatero, cuando era líder de la oposición, de no levantarse ante el paso de la bandera de EE.UU. durante el tradicional desfile del 12 de octubre en 2003; y el anuncio posterior, nada más asumir la Presidencia de España, de retirar las tropas españolas de la guerra de Irak, como había prometido durante la campaña electoral.
Con estos antecedentes, Aguirre aterrizó en España pensando que se iba a encontrar «con un gobierno beligerante hacia mí», pero no fue así. En su primera reunión se encontró «con un presidente Zapatero sumamente cordial, que hizo ver rápidamente que él quería recomponer las relaciones. Los dos teníamos voluntad de mejorar la relación».
Si bien el embajador no veía con buenos ojos la inclinación del Gobierno de Zapatero hacia Cuba y Venezuela, esto no supuso un obstáculo para reconstruir el vínculo: «Problemas en una relación compleja siempre van a existir. Había temas que resolver indiscutiblemente, como Cuba o Venezuela, pero había otras cosas en la que teníamos buena sintonía». El trabajo del embajador estadounidense consistió en apuntalar estas últimas, y trabajar a largo plazo en limar las asperezas. «Y no dejar que estas dominaran la relación», argumenta.

El presidente George W. Bush con Rodríguez Zapatero y José Bono (al fondo),durante una reunión de la OTAN en Estambul en junio de 2004.

(EFE)

Sobrecostes en las ventas a Venezuela

A pesar de esta afirmación, en un momento del libro Aguirre deja caer un detalle revelador: la existencia de un «rumor» sobre el sobrecoste que el Gobierno de Venezuela había pagado «por la compra de aviones y fragatas militares a España», una transacción que el chavismo hizo con el entonces ministro de Defensa, José Bono. El exembajador reconoce en sus memorias que llegó a preguntarse si Bono u otras personas llegaron a beneficiarse de esa venta. «Esa era la sospecha», recuerda veinte años después. «Pero es una sospecha que yo no puedo aseverar. A lo mejor era una sospecha infundada o a lo mejor muy fundada, no sé…», añade.

El exembajador reconoce en sus memorias que llegó a preguntarse si José Bono u otras personas llegaron a beneficiarse de los sobrecostes en la venta de aviones y fragatas a Venezuela

Preguntado por el caso Zapatero, Aguirre admite que no está siguiendo al detalle la investigación sobre los negocios del expresidente. Pero cree que, como en EE.UU., «nadie es culpable hasta que se demuestre, y todavía queda por delante un proceso muy largo». Y desea que le vaya bien en el futuro, «pues además de resultar algo muy difícil para él y su entorno, también es muy incómodo tener a un expresidente en esa situación». Y menciona el caso del expresidente francés Nicolas Sarkozy, actualmente cumpliendo condena por asociación ilícita y financiación ilegal.
Aguirre abandonó el cargo de embajador cuando Barack Obama llegó a la Casa Blanca, a pesar de que el nuevo presidente quiso que continuara. Se fue de Madrid, tras haber recorrido toda la geografía española, con la satisfacción de «haber cumplido la misión» encomendada.
Preguntado sobre si se atrevería a mediar de nuevo para restablecer las maltrechas relaciones actuales entre la Administración Trump y la de Pedro Sánchez, echa balones fuera y esquiva cualquier tipo de comentario.

Operación Pedro Pan

Con ocho décadas a sus espaldas, Eduardo Aguirre afirma con orgullo que es «producto de todas y cada una de mis experiencias. Las buenas, las malas, las alegres, las tristes… Y mí me gusta quién soy», asevera. Nacido en 1946 en Cuba, con quince años —cuando se cumplían apenas dos años del triunfo de la revolución que llevó a Fidel Castro al poder—, tuvo que dejar la isla. Fue uno de los 14.000 menores enviados, sin el acompañamiento de sus padres, a Miami a través de la Operación Pedro Pan. La iniciativa, gestada por EE.UU. y organizaciones católicas, y con el apoyo de los progenitores, buscaba evitar que los niños fueran adoctrinados en el comunismo.

Víctima de WikiLeaks

En sus memorias, Eduardo Aguirre no olvida mencionar uno de los episodios más incómodos que vivió tras concluir su periodo al frente de la Embajada de EE.UU. en Madrid: la publicación por parte de WikiLeaks de los cables que envió a Washington durante los años de su misión en España. En ellos, informaba de sus avances con el gobierno español y retrataba a la clase política española, tanto del PSOE como de la oposición, liderada por Mariano Rajoy; y recogía sus conversaciones con el Rey. Observaciones, muy jugosas a veces, que no ha dudado en incluir en el libro. El exdiplomático reconoce que la filtración de aquellos cables, publicados por ‘El País’, «fue algo que me molestó mucho. Y me aterrorizaba haber dicho algo que no quisiera que se conociera. Me rompía la cabeza pensando qué podía haber dicho». La incertidumbre lo devoró durante varios días, pero no se publicó nada especialmente escandaloso. «Hasta que paró. Y al final me di cuenta que todo era bueno. Lo que se publicó demostró que yo era trabajador y astuto».

A pesar de haber transcurrido 65 años de aquel viaje, que le marcaría, Aguirre asegura no haber olvidado los años de su infancia en la isla. «Todos mis recuerdos de Cuba son vívidos, agradables, nostálgicos». Imágenes que ha atesorado durante décadas y que no quiere que sean empañados por la realidad que sufre el país caribeño actualmente. Es por eso que cuando se le pregunta si volverá cuando caiga el régimen, algo que parece más cercano que nunca, no muestre ningún entusiasmo: «No tengo vínculos familiares allí, casi toda mi familia ha muerto».
El exdiplomático, que asegura que sus raíces «están muy bien establecidas en Houston», es consciente de que si acaba la dictadura en Cuba, el país tardará «al menos cinco años en levantarse un poco. Y para entonces yo tendré 85 años. Y a esa edad no sé si podré viajar a algún lado», bromea. «Y si vuelvo, perdería los buenos recuerdos que tengo», concluye.

El infierno de los inocentes detenidos en El Salvador: «Tengo pesadillas con volver a entrar en las cárceles de Bukele»

Son las ocho de la tarde en El Salvador. Comienza a anochecer y Emerson (es un nombre ficticio) prepara su cena antes de hablar con ABC. Está cansado. Lleva desde la madrugada recogiendo escombros por las calles de su barrio, una zona humilde ubicada en … los extrarradios de la capital. La mayoría de las casas están construidas con techos de chapa, lo que genera un ruido atronador en época de lluvias. Hoy en día es una zona tranquila, los chavales bajan a jugar al fútbol a las canchas y han podido reunirse en garitos para ver los partidos del Mundial.
Hasta hace unos años, no era lo normal. Si lo hacían, quienes peor lo pasaban eran los padres ante el temor de que su hijo tuviera algún problema con la Mara Salvatrucha (MS-13), pandilla predominante en esta comuna y una de las estructuras criminales que, junto a Barrio-18, convirtieron el país en uno de los más peligrosos del mundo. Emerson sabe lo que es salir de casa y recorrer las callejuelas del vecindario asustado, con un nudo en la garganta y acelerando el paso pendiente de que nadie sospechoso le persiga. Pero también es víctima de otra cruda realidad: ser uno de los miles de jóvenes arrestados de forma arbitraria y acusados sin ningún tipo de prueba de pertenecer a estas bandas ilegales.

Emerson había terminado el bachillerato y estaba a punto de comenzar Ingeniería de Sistemas, las cosas iban bien en casa. Casi habían pagado la hipoteca, iba a comprar su primer coche y quería independizarse, pero todos estos proyectos se «derrumbaron» el 26 de diciembre de 2022, ese día fue detenido. «Teníamos proyectos familiares, pero la decisión arbitraria de esos agentes destruyó nuestra estabilidad emocional, económica, psicológica y médica. Entramos en una crisis profunda», explica su padre.
El joven ha mirado cara a cara durante más de dos años a los criminales más sádicos del país, la mayoría con delitos de sangre a sus espaldas. Confinados en celdas de hasta 275 personas, no había literas para todos los presos, así que tenían que dormir en el suelo de hormigón, donde era imposible conciliar el sueño. «El paso por la cárcel me dejó secuelas severas que arrastro hasta el día de hoy. Sufro pesadillas constantes en las que imagino que vuelvo a ser capturado y sometido a ese entorno», confiesa con la voz entrecortada a este diario. Estar a oscuras le provoca tanta ansiedad que por las noches siempre deja encendida la lamparita de su habitación para tener, al menos, «una mínima sensación de seguridad».

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David Alandete

Sobrevivir tanto tiempo a las cárceles de Bukele no es fácil. Según datos ofrecidos por Cristosal, la principal organización de derechos humanos de El Salvador, desde el inicio del régimen de excepción, implantado por el Parlamento en marzo de 2022, han muerto más de 500 personas en el interior de los centros penitenciarios. Las familias van una vez al mes a prisión para entregar comida a sus allegados, único momento en el que sabrán si su ser querido sigue aún con vida. «Cada vez que voy a dejar el paquete me entra una enorme aflicción. Se han visto casos de madres o tías que van a preguntar y les dicen: ‘No aparece, vaya a buscarlo a la morgue’», relata una mujer que busca a su hijo y a su marido.
El padre de Emerson ha empeñado todo su esfuerzo durante más de cuatro años en demostrar la inocencia de su hijo. «Doy la cara públicamente porque sé que nadie lo podrá acusar de cometer un delito; todo lo que tiene esta familia es gracias al trabajo lícito y al sacrificio», asegura. Ha recorrido innumerables oficinas con documentos -a los que ha tenido acceso ABC- que acreditan la arbitrariedad en la detención de su hijo.

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La respuesta tras mostrarlos siempre ha sido la misma: despachan rápido y no quieren saber nada del asunto. Si había un mínimo de esperanza era a través de la ONU, que, por primera vez, los escuchó y tramitó una denuncia internacional en la que describió el caso como «excepcional y emblemático». Esto supuso una enorme presión para el Estado salvadoreño que, un mes después, concedió la libertad condicional a Emerson. A día de hoy mantiene unas medidas sustitutivas a falta de una segunda audiencia en la que será juzgado junto a cientos de personas. Todos los meses tiene que firmar ante el tribunal y no puede abandonar el país.

Productos de primera necesidad que la familia de Emerson le enviaba a la cárcel.

(ABC)

Reinserción social imposible

La reinserción social ha sido una de las cosas más difíciles de afrontar cuando salió de la cárcel. Durante muchos meses ha ofrecido su currículum a todas las ferreterías y supermercados cercanos a casa. Todo va genial hasta que se percatan que tiene un proceso penal activo. «Es frustrante. Al salir de prisión estaba dispuesto a generar ingresos y solventar las deudas que adquirió mi familia. He ido a muchas entrevistas de trabajo y, cuando parecía que todo iba bien, me decían que no contarían conmigo hasta que tuviera mi documentación en regla». Esta sensación de impotencia desembocó en un cuadro depresivo del que tardó en recuperarse.
Su padre critica la política de Bukele, a quien él mismo votó en 2019. «Inauguran edificios y llenan de luces el centro antes que generar oportunidades a futuro», asegura. Antes de la captura, Emerson realizaba inspecciones de calidad en las fábricas cercanas a su barrio. Ahora, lleva veinte dólares (17 euros) diarios a casa gracias al curso de albañilería que estudió hace unos meses. «Llevo el pan a casa honestamente. Opté por este oficio informal para estar cerca de mi entorno y familia, ya que existe un miedo generalizado de que la historia se repita de forma injusta», explica.
Durante aquellos años privado de libertad, Emerson estuvo en tres penales distintos, pero el primero de ellos fue en el que peor lo pasó: Ilopango. Entre los muros gigantes de esta prisión es imposible tener intimidad. Las celdas son auténticos hornos sin espacio y es habitual que los guardias utilicen la fuerza de manera abusiva. «Fue algo horrible y desagradable. Sentí la pérdida total de derechos. La comunicación con la familia quedó completamente anulada y te enfrentas a una falta severa de agua, insalubridad y mala alimentación», recuerda con los ojos llorosos. Es la primera vez que Emerson cuenta en primera persona su experiencia. Tiene miedo, así que prefiere ocultar su verdadera identidad. «Lo más complicado es que nos tocaba comer en el mismo sitio donde defecábamos. Si no mantienes un control mental estricto te puedes volver loco; yo vi mucha gente perder la razón», detalla.

«Comíamos en el mismo sitio donde defecábamos; vi mucha gente volverse loca»

Emerson
Víctima de las detenciones arbitrarias cometidas en El Salvador

Régimen de excepción

El 26 y 27 de marzo de 2022 fueron los días más sangrientos en El Salvador desde la guerra civil. Aquel fin de semana las pandillas acabaron con la vida de 87 personas, la situación se volvió insostenible y Bukele decidió instaurar el régimen de excepción. Desde entonces, esta medida, que está reservada para casos especiales, ha sido prorrogada en cincuenta y tres ocasiones, lo que otorga al presidente «el control absoluto», asegura el director de Investigaciones de Cristosal, René Valiente. «No hay nadie que pueda hacer frente a eso», explica. Según los datos ofrecidos por esta ONG exiliada ahora en Guatemala tras el acoso del Gobierno de Bukele, desde 2022 han entrado en la cárcel 92.480 personas, lo que convierte al país en la nación con mayor índice carcelario per cápita a nivel mundial.
Hace dos años, Bukele confirmó que 8.000 ciudadanos habían sido capturados de forma errónea, lo calificó de «daño colateral» y prometió que serían puestos en libertad, pero la realidad dista mucho de aquellas palabras. Quienes salieron lo hicieron de forma condicional y ahora están inmersos en un laberinto judicial que, además de ser un agujero económico para las familias, no les garantiza esquivar la cárcel de forma definitiva.

«Ninguna policía es perfecta, obviamente algunos inocentes son capturados»

Nayib Bukele
Presidente de El Salvador

Como en muchos países de Hispanoamérica, la corrupción también es un agravante. Cada vez que la Policía alcanza un cupo de detenidos recibe compensaciones económicas. «Se guiaban por tatuajes artísticos, la música que escuchaban o la ropa, pero las autoridades saben diferenciar muy bien si un tatuaje es de pandilla; caras de payaso, lágrimas, letras o, si por el contrario, se trata únicamente de un pequeño nombre tatuado. Pero les daba igual», explica Jessica Fuentes. Ella busca a su marido e hijo, ambos detenidos en el CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo), la megacárcel levantada por Bukele para encerrar a miles de pandilleros.
«Aunque no quisiéramos teníamos que vivir en zonas vigiladas por la Mara Salvatrucha o Barrio 18. El Salvador ha llorado lágrimas de sangre por la gente que murió a manos de las pandillas, pero ahora estamos en otra zozobra por culpa del Gobierno. Nuestros familiares están privados de libertad y son inocentes», lamenta Fuentes, mientras que otras madres presentes en la entrevista se secan las lágrimas.

Madres buscadoras protestan por la detención arbitraria de sus familiares.

(ABC)

Uno de los momentos más delicados para Emerson es irse a dormir. No quiere tener pesadillas, pero la experiencia que vivió fue tan dura que es difícil de olvidar. Tuvo hongos en la piel, sarna, una gastritis de la que todavía no se ha curado y casi enferma de tuberculosis. «Mi papá y hermano desarrollaron diabetes a raíz del estrés crónico», añade.
Cada domingo, los cementerios se llenan de flores en recuerdo de quienes ya no están por culpa de las guerrillas. Ahora, Bukele ha cambiado por completo el rumbo del país. Cada vez llegan más turistas y la delincuencia ha caído a cifras imperceptibles. Pero en la otra cara de la moneda hay miles de personas como Emerson que sufren injustamente el estado de excepción. Aunque el joven de 26 años ya pasó por esta experiencia, ahora afronta un futuro judicial complejo. «El juzgado no ha admitido la representación del nuevo abogado para mi hijo, lo cual me genera mucha preocupación ante una posible segunda audiencia y no tener quien lo represente», explica su padre.

«El Salvador ha llorado lágrimas de sangre por culpa de las pandillas, pero ahora vivimos en la zozobra del Gobierno»

Jessica Fuentes, madre y esposa de dos ‘desaparecidos’ en el CECOT

Emerson intenta normalizar su vida al máximo posible. Mira el reloj para que no se haga tarde, mañana trabaja y tiene que despertarse de madrugada, pero sabe que aquellos meses entre rejas jamás desaparecerán de su memoria. Se lamenta de que «todo quedó anulado. Nadie está preparado para ser tratado como delincuente cuando es una persona honesta».

El movimiento populista alemán 'Proyecto M1llón' concentra a 10.000 personas contra el Gobierno de Merz

Una protesta populista contra el canciller alemán Friedrich Merz ha congregado este sábado a 10.000 personas en la ciudad oriental de Plauen el sábado, exigiendo la dimisión de su gobierno y la convocatoria inmediata de nuevas elecciones.Los organizadores de la iniciativa, denominada «Proyecto M1llion», han publicado una lista de 11 demandas, entre las que se incluyen la reducción de los precios de la energía, un billete de transporte público de 29 euros a nivel nacional, una reforma de la radiotelevisión pública y la deportación inmediata de «todos los inmigrantes ilegales, delincuentes y condenados».En un claro guiño a la revolución pacífica de 1989, los participantes corearon «Somos el pueblo», el lema utilizado en las manifestaciones anticomunistas de la antigua Alemania Oriental.La protesta «Unidad por Alemania» era oficialmente independiente de los partidos políticos. Sin embargo, un grupo local prodemocrático, la Alianza por la Democracia, la Tolerancia y el Coraje Cívico, advirtió de la presencia de extremistas de derecha entre los organizadores.»El evento está siendo promovido por canales de extrema derecha; en Facebook, los comentarios sobre la manifestación contienen mensajes de odio, y los llamamientos a la acción difunden discursos antisemitas y etnonacionalistas», escribió el grupo.Una contramanifestación congregó a unos 400 simpatizantes, según la Policía, y no se registraron incidentes durante la tarde.En la manifestación principal, se exhibieron numerosas banderas alemanas, así como pancartas azules con palomas blancas.También se vieron banderas del histórico Reino de Sajonia, frecuentemente utilizadas por el partido de extrema derecha Sajones Libres, que había convocado a sus seguidores a participar. «¡Este cártel, este gobierno debe irse!», gritó un orador al inicio, provocando aplausos del público.El plan de 11 puntos de la iniciativa incluye otras demandas, como la eliminación del impuesto al CO2, la introducción de un modelo de democracia directa al estilo suizo y la reducción de la burocracia.

Irán afirma que el acuerdo sobre el estrecho de Ormuz está cerca, aunque no es suficiente para su reapertura

Irán ha afirmado este sábado que el acuerdo con Omán sobre el control en el estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado, aunque no motiva la reapertura del paso marítimo por dichas aguas. El anuncio llega horas después de que Emiratos Árabes denunciara un ataque … contra uno de sus buques en el territorio conflictivo.
Todo esto sucede en un contexto de amplía tensión internacional, donde el acuerdo entre Irán y Omán sobre el Estrecho es fundamental para un pacto más amplio que acabe con la guerra iniciada, el pasado 28 de febrero, por Israel y Estados Unidos contra Teherán y que ha provocado el bloqueo sobre la ruta de exportación energética, según recoge Reuters.

La previsión del acuerdo entre los dos países para reanudar el tráfico petrolero ya había adelantado este viernes un funcionario anónimo de la administración Trump, al señalar que el pacto llegaría pronto. Por su parte, Abbas Araqchi, ministro de Asuntos Exteriores iraní, ha confirmado las pesquisas corroborando que el acuerdo sobre una nueva ruta de navegación está «muy cerca», aunque ha resaltado que la reapertura del tráfico marítimo depende de otras condiciones, incluyendo una «compensación de EE.UU. a Irán».

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David Alandete

Para abrir de nuevo el paso de los petroleros, el secretario de seguridad nacional iraní, Mohammad Baqer Zolqadr, ha incluido algunas peticiones más a la lista: poner fin a las amenazas y ataques de Estados Unidos contra el país y sus aliados, libaneses, palestinos, yemeníes e iraquíes; acabar con el bloqueo y sanciones impuestas contra Teherán, así como, la liberación de activos iraníes.

Omán condena los ataques en Ormuz

Desde Omán han condenado los ataques reiterados contra embarcaciones que transitaban por el estrecho, aunque sin atribuir responsabilidades. El Ministerio de Asuntos Exteriores omaní mantiene que las negociaciones con Irán sobre el acuerdo de navegación a través de Ormuz son «positivas y constructivas» y subrayan la importancia de evitar «cualquier acción que pueda afectar a estas negociaciones y al progreso alcanzado», de manera que se tengan en cuenta «los intereses de todas las partes».
Su homólogo iraní ha señalado que la forma que tenían para coordinar el tráfico marítimo ya «no es aceptable para Teherán», y que mantienen las negociaciones para una ruta provisional con Omán, mientras se resuelven las «cuestiones técnicas y legales» relativas al itinerario definitivo. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, considera que ahora es el momento idóneo para llegar a un acuerdo: «Hay cohesión, fuerza y unidad en el país y, hasta dónde sé, a Irán se le considera victorioso y poderoso en esta guerra».

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Las declaraciones llegan después de que Irán respondiera a los ataques norteamericanos bombardeando bases de Estados Unidos en los Estados del Golfo y Jordania, así como a algunos buques en el estrecho, por dónde circula gran parte del comercio energético.
Precisamente, este sábado, Emiratos Árabes ha denunciado el ataque de un misil iraní a uno de sus buques cisterna que transitaba la zona, sin embargo no hubo confirmación de su autoría por parte de las autoridades iraníes.

La balanza se podría inclinar hacia Irán

En las últimas semanas, Estados Unidos ha señalado en varias ocasiones que el acuerdo para abrir el estrecho estaba cerca, aunque Irán ha negado la participación de la administración Trump en las negociaciones con Omán
«Una vez que se anuncie el acuerdo para restablecer la navegación comercial sin obstáculos, Estados Unidos levantará el bloqueo a los puertos iraníes», declaró el funcionario estadounidense este viernes. Aunque las acciones de los norteamericanos, según asegura, estarían vinculadas a que Irán ceda a sus peticiones.
El portavoz de la Guardia Revolucionaria de Irán, también ha dejado claro que la reapertura del estrecho dependería de que Washington acepte sus condiciones, según la agencia de noticias iraní Tasnim.
El acuerdo propuesto entre Irán y Omán para ayudar a poner fin a la guerra del primero con EE.UU. otorgaría a Teherán el control sobre los buques que entren al Golfo a través del estrecho, según afirmaron esta semana fuentes iraníes. De ser así, supondría una de las «mayores concesiones» hechas a Irán hasta la fecha. Sin embargo, desde Estados Unidos niegan que eso pueda pasar.

Hunter Biden se derrumba al hablar de la enfermedad de su padre: «El cáncer se ha extendido, es muy duro y da mucha pena verlo»

08/08/2026

Actualizado a las 20:43h.

El cáncer de Joe Biden se ha extendido, tal y como ha confirmado su hijo en una entrevista a la BBC. Hunter Biden se derrumbó al hablar de la enfermedad de su padre en la cadena británica. «Mi padre, en nuestra familia…», comenzó su respuesta, interrumpida inicialmente por la emoción.
Joe Biden, presidente de Estados Unidos entre 2021 y 2025, fue diagnosticado en mayo de 2025 de un agresivo cáncer de próstata con metástasis ósea. Su estado de salud ha empeorado. «Es muy, muy duro y da mucha pena verlo», manifestó Hunter Biden.

«Lo único que puedo decir sobre la salud de mi padre en este momento es que ojalá se quejara más», añadió antes de dar la peor de las noticias. «El cáncer se ha extendido, ha hecho metástasis en los huesos y más allá. Es muy doloroso y muy debilitante en muchos aspectos».

«El cáncer se ha extendido, ha hecho metástasis en los huesos y más allá»

A Hunter Biden le invadió la emoción al hablar de la avanzada enfermedad de su padre, pero también al recordar lo fundamental que ha sido en su familia.

El cáncer que padece Joe Biden es «muy doloroso» y «muy debilitante»

El cáncer de próstata que padece el expresidente de Estados Unidos, Joe Biden, de 83 años, es «muy doloroso» y «muy debilitante», reveló su hijo Hunter Biden en una entrevista con la cadena británica BBC.»Mi padre es, hasta el día de hoy, el centro de nuestra familia», declaró visiblemente emocionado Hunter, quien añadió que «es el mejor padre, el mejor esposo, el mejor abuelo». El año pasado, tras dejar la Casa Blanca, el político demócrata anunció que había sido diagnosticado con un agresivo cáncer de próstata con metástasis ósea.A pesar de estar sometido a tratamiento, Biden ha mantenido cierta actividad pública y participó el pasado junio en la inauguración del Centro Presidencial Obama en Chicago. En la entrevista, su hijo explicó que el «cáncer se ha extendido, ha hecho metástasis en sus huesos y en otras partes. Es muy doloroso» y «muy debilitante».»Lo único que digo sobre mi padre, sobre su salud en este momento, es que me gustaría que se quejara más», expresó Hunter. Durante su mandato, entre 2021 y 2025, Biden fue objeto de constantes cuestionamientos por su avanzada edad y su capacidad para desempeñar el cargo.Finalmente, se vio obligado a renunciar a su campaña de reelección y ceder el testigo a su entonces vicepresidenta, Kamala Harris, después de su mala actuación en un debate presidencial contra el republicano Donald Trump, actual presidente.Antes de dejar el poder, Biden concedió un indulto a su hijo, declarado culpable de posesión ilegal de armas y procesado por delitos fiscales, a pesar de que había prometido que no lo haría. En la entrevista, Hunter Biden se mostró «agradecido» por el indulto, aunque reconoció que no fue «algo bueno» para el legado de su padre.