Donald Trump recibirá este jueves a María Corina Machado en la Casa Blanca, con los últimos detalles del formato y alcance de la visita aún ultimándose hasta última hora en Washington. La líder opositora venezolana prepara además una agenda paralela de encuentros con diputados y … senadores de peso, algunos de los legisladores más influyentes del Capitolio y hoy su principal respaldo político en Estados Unidos, así como reuniones con la comunidad venezolana en el exilio.
Todo ello ocurre mientras el régimen interino acelera movimientos para intentar neutralizar el impacto político de ese encuentro, colocando en la capital estadounidense una delegación propia el mismo día y disputando a contrarreloj la atención de la Administración, días después de haber enviado a emisarios con visado de turista.
La decisión de Trump marca un giro relevante. Durante semanas, el presidente estadounidense había mantenido a Machado al margen de los contactos sobre la Venezuela post-Maduro y había apostado por una interlocución pragmática con Delcy Rodríguez, a la que llegó a presentar como figura central para una transición ordenada. En declaraciones públicas, Trump cuestionó el peso interno de la líder opositora y su capacidad para articular una salida política estable. La recepción en la Casa Blanca, aunque aún sin todos los detalles cerrados, corrige ese planteamiento y eleva el perfil internacional de Machado en el momento más delicado del proceso venezolano.
Rediseño de la política de Caracas
La visita se produce apenas unos días después de la operación militar ordenada por Trump que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos para ser procesado por cargos de narcotráfico. Desde entonces, Washington ha acelerado el rediseño de su política hacia Caracas, combinando presión política, control del petróleo y contactos selectivos con los distintos actores que aspiran a influir en la transición. La imagen de Machado entrando en la Casa Blanca tiene un valor simbólico y estratégico que el entorno de Delcy busca amortiguar.
Ese intento adopta una forma concreta, por la vía rápida. El mismo jueves está prevista la llegada a Washington de Félix Plasencia, diplomático de carrera y hombre de máxima confianza de Rodríguez, actualmente embajador en el Reino Unido. Será la primera visita en años de un representante del chavismo a la capital estadounidense con una agenda política explícita. Oficialmente, su misión es iniciar los pasos para la reapertura de la embajada venezolana en Washington, cerrada desde la ruptura de relaciones durante el primer mandato de Trump.
Extraoficialmente, fuentes conocedoras de los contactos señalan que el objetivo es reafirmar a Delcy como interlocutora prioritaria y evitar que la visita de Machado cristalice en un respaldo político inequívoco por parte de Trump.
Movimiento calculado
La coincidencia de fechas no es casual, según esas fuentes. En Washington se interpreta como un movimiento calculado para disputar protagonismo y enviar un mensaje a la Casa Blanca: el poder interino quiere seguir siendo parte central de cualquier acuerdo, especialmente en lo relativo a energía y control institucional. La Administración, por ahora, mantiene la ambigüedad. Trump ha confirmado, preguntado por ABC, contactos «muy pronto» con representantes venezolanos, sin precisar nombres ni formatos, al tiempo que valida el encuentro con la oposición democrática.
Para Machado, la visita supone una oportunidad largamente buscada. Tras meses en la clandestinidad, reapareció en diciembre en Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz, un acto que reactivó su proyección internacional. La líder opositora aseguró entonces que había contado con ayuda estadounidense para salir de Venezuela sin ser detectada, una afirmación que en Washington se leyó como señal de un cambio de clima. Desde entonces, su entorno ha trabajado para construir una agenda sólida en Estados Unidos, con el Congreso como principal pilar.
Visita al Capitolio
De hecho, más allá de la Casa Blanca, el Capitolio es otro verdadero centro de gravedad de su visita. Senadores y representantes republicanos y demócratas han impulsado resoluciones para reconocer a Machado y a Edmundo González como referentes legítimos de la transición, en un movimiento que busca presionar a Trump y limitar su margen de maniobra. Ese respaldo parlamentario contrasta con la prudencia del Ejecutivo y explica en parte el interés del régimen interino por contrapesar la ofensiva política de la oposición.
Mientras tanto, la comunidad venezolana en el exilio observa el pulso con atención. Machado prevé encuentros con líderes comunitarios y organizaciones cívicas, conscientes de que el apoyo de esa diáspora tiene peso político y simbólico en Estados Unidos. Para Delcy Rodríguez, ese flanco es más difícil de neutralizar, porque su estrategia se apoya en la negociación institucional y en el control de palancas clave, como la reapertura diplomática y la gestión del petróleo.
Washington se prepara para un día de alto voltaje diplomático entre el oficialismo y la oposición. De cómo reciba Trump a Machado, y sus palabras en ese encuentro, dependerán los siguientes pasos de su administración.