Trump advierte a Irán tras retomar las negociaciones: «Acuerdo o rendición total»
Donald Trump ha convertido la incertidumbre en todo un instrumento de negociación en la guerra con Irán. Amenaza con una gran ofensiva militar, deja que la tensión alcance su punto máximo y, cuando el ataque parece inminente, anuncia un giro de última hora para conceder … una nueva oportunidad a la diplomacia. El presidente estadounidense volvió a hacerlo este fin de semana al suspender una operación de gran envergadura contra la República Islámica tras recibir presiones de Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
El viernes, reunido con su Gabinete en Camp David, Trump aseguró que estaba perdiendo la paciencia con Teherán y advirtió de que Estados Unidos golpearía «muy duro». Poco después, la Casa Blanca elevó aún más la presión al asegurar que Irán seguiría pagando las consecuencias hasta sentarse a negociar «de una manera significativa», en palabras de la portavoz Karoline Leavitt.
Durante horas, Washington dio por posible una nueva campaña de bombardeos contra objetivos estratégicos iraníes. Sin embargo, el sábado por la noche el presidente sorprendió anunciando que ordenaba paralizar los preparativos al considerar que existían avances hacia un posible acuerdo.
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The Economist
Ya de regreso a Washington, Trump explicó el domingo que su decisión estuvo influida por las conversaciones mantenidas con varios aliados árabes. Destacó especialmente la llamada telefónica con el Príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, quien le trasladó el riesgo de que una nueva ofensiva desencadenara represalias iraníes contra los países del Golfo y provocara una grave alteración del mercado energético mundial.
El alivio duró poco. Ya este lunes, después de que el Ministerio de Exteriores iraní negara que existan negociaciones abiertas con Estados Unidos, Trump respondió con un nuevo mensaje en Truth Social en el que acusó a la cúpula iraní de actuar con una «duplicidad increíble» y advirtió a Teherán que el bloqueo naval de Estados Unidos continuará hasta que haya un «acuerdo o rendición total».
Amenazas y rectificaciones
No es la primera vez que la Casa Blanca alterna amenazas y rectificaciones. En abril, Trump dio un ultimátum a Teherán antes de aceptar un alto el fuego temporal apenas unas horas antes de que expirara el plazo. En mayo suspendió otra gran operación alegando que las conversaciones avanzaban. En junio volvió a amenazar con atacar la infraestructura petrolera iraní y hacerse con el control de su industria energética antes de anunciar, nuevamente, que prefería dar margen a las negociaciones.
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La estrategia responde a una lógica que Trump ha aplicado durante décadas en el mundo empresarial y posteriormente en la política: aumentar al máximo la presión para obligar al adversario a negociar desde una posición de debilidad. El problema es que Irán parece convencido de que puede resistir más tiempo que Washington y soportar un mayor coste estratégico.
Además, el margen político del presidente se estrecha. La guerra dura ya cinco meses, muy lejos de las previsiones iniciales de la Casa Blanca. El consumo de munición aumenta, la posibilidad de una intervención terrestre continúa siendo prácticamente descartable y el conflicto pierde apoyo entre la opinión pública estadounidense cuando faltan pocos meses para las elecciones legislativas de noviembre.
Las últimas encuestas reflejan ese desgaste. Un sondeo elaborado por AP-NORC muestra que cerca de dos tercios de los estadounidenses consideran que la guerra no ha merecido la pena. Incluso entre los votantes republicanos, alrededor de un 37% comparte esa opinión.
Un sondeo elaborado por AP-NORC muestra que cerca de dos tercios de los estadounidenses consideran que la guerra no ha merecido la pena
Esa inquietud empieza a aflorar también dentro del propio Partido Republicano. El senador John Kennedy, uno de los aliados habituales de Trump, defendió este domingo mantener la presión mediante sanciones económicas y el aislamiento del programa nuclear iraní antes que embarcarse en una nueva escalada militar. Admitió que una ampliación del conflicto podría disparar aún más los precios de la energía y alimentar la inflación, un escenario que la Casa Blanca intenta evitar mientras busca mantener la iniciativa frente a Teherán sin quedar atrapada en una guerra de duración incierta.

