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Guerra abierta en la Casa Blanca por la política con Venezuela

Donald Trump volvió de la cumbre de la OTAN en el Air Force One con un anuncio inesperado y que, a la vez, desautorizaba el bloqueo a María Corina Machado que había iniciado parte de su propia Administración. El presidente fue preguntado por los … periodistas que le acompañaban sobre los dos intentos frustrados de entrada en Venezuela de la líder política, algo que había generado gran tensión en la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Capitolio y el exilio venezolano en Florida.
Trump fue breve, pero no ambiguo. «¿Ha vuelto o no ha vuelto?», preguntó, como si le sorprendiera la noticia o como si quisiera marcar distancia con las gestiones previas de su propio Gobierno. Después añadió que no se oponía a nada y que Machado es admiradora suya, una fórmula que, en el lenguaje del trumpismo, equivale a uno de los mayores avales políticos que puede conceder el presidente.

En apariencia, era una frase más en una conversación de madrugada a bordo del avión presidencial. En realidad, una declaración con consecuencias dentro de una Administración dividida por el futuro inmediato de Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro, la consolidación provisional de Delcy Rodríguez en Caracas y el terremoto que ha dejado miles de muertos y ha dado a Washington un papel central en la reconstrucción. La guerra interna en Washington sobre Venezuela, sin embargo, dista mucho de haber acabado.

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DESDE LA CASA BLANCA

David Alandete

El comentario de Trump sorprende porque llega después de que su propio Gobierno haya frenado, bloqueado o desaconsejado en dos ocasiones el regreso de Machado a Venezuela. La primera tentativa se produjo a través de Curazao. La segunda, por Panamá. En ambos casos, la dirigente opositora, ganadora moral y política de las elecciones que el chavismo impidió que disputara directamente y que acabó representando Edmundo González Urrutia, intentó volver para acompañar a los venezolanos tras los seísmos del 24 de junio. En ambos casos, la operación quedó abortada.

Dos visiones sobre Venezuela

La Casa Blanca no ha querido presentar abiertamente esos episodios como un veto político. En Washington se habla más bien de prudencia, de seguridad, de evitar una crisis en medio de una emergencia humanitaria y de no añadir presión a un país devastado. Pero el resultado práctico fue el mismo: que Machado no entró en Venezuela. Y ahora Trump, en público, deja constancia de que no se opone a su regreso.
Esa contradicción revela una batalla de fondo. En la política estadounidense hacia Venezuela se han enfrentado dos visiones, dos estrategias. Una, más pragmática, considera que la prioridad absoluta debe ser estabilizar el país después del terremoto, sostener la interlocución con Delcy y evitar cualquier movimiento que pueda poner en riesgo la operación de ayuda y reconstrucción en la que Estados Unidos ha invertido ya más de 310 millones de dólares (unos 270 millones de euros). La otra cree que esa estabilización no puede hacerse a costa de relegar a quienes ganaron las elecciones de 2024 ni de rehabilitar, aunque sea de forma indirecta, a figuras clave del chavismo.

El ala pragmática de la Casa Blanca apuesta por la estabilidad y sostener al régimen, sobre todo tras el terremoto, y la otra aboga por apoyar a la oposición

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La primera visión se ha impuesto hasta ahora. Es la que ha llevado a Washington a trabajar con las autoridades ‘de facto’ en Caracas, a coordinar la ayuda humanitaria con el aparato del Estado venezolano y a pedir a Machado que espere. Sus defensores sostienen que la entrada de la líder opositora, en plena emergencia, podía provocar manifestaciones, choques internos, tensiones con el régimen y una percepción de que Estados Unidos estaba utilizando la ayuda humanitaria para instalar un nuevo poder político. Para ellos, no era el momento.
La segunda visión, sin embargo, ha ganado fuerza en los últimos días. Sobre todo después de la difusión de imágenes de Diosdado Cabello, número dos histórico del chavismo, junto al encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas, John Barrett, y el general Francis Donovan, jefe del Mando Sur. Las fotografías y vídeos, difundidos por cuentas próximas al chavismo y especialmente al entorno de Cabello, mostraban al ministro del Interior venezolano en una posición de interlocución con representantes estadounidenses.
La escena causó malestar en Washington y en Florida. Cabello sigue imputado en Nueva York por narcoterrorismo y continúa asociado a una recompensa de hasta 25 millones de dólares (21,8 millones de euros) por información que conduzca a su arresto o condena. Durante años, Estados Unidos lo presentó como uno de los principales responsables del llamado Cartel de los Soles. Verlo ahora departir con altos cargos norteamericanos, en el marco de la respuesta al terremoto, ha alimentado la acusación de que la Administración Trump está normalizando a uno de los rostros más duros del chavismo.

Fíjense bien en el detalle: John Barrett tocándole el brazo a Diosdado Cabello (@dcabellor)… ¿Acaso debió llevárselo? 👀Sigan anotando: el ministro de Interior acaba de despedir a 350 funcionarios estadounidenses y agradecer por su labor. La realidad siempre tumba el relato. pic.twitter.com/otP3kFyoel— Indira Urbaneja (@INDIURBANEJA) July 5, 2026
El chavismo entendió de inmediato el valor de esas imágenes. No fueron difundidas de forma casual. En Caracas, donde también hay facciones enfrentadas, el entorno de Cabello tenía interés en mostrarlo como un actor inevitable, reconocido por los estadounidenses y situado en el centro de la reconstrucción. En Washington, en cambio, la lectura fue más incómoda. Para los republicanos de Florida, donde el voto venezolano y cubano sigue teniendo peso, la imagen de Cabello estrechando la mano de representantes de Estados Unidos puede convertirse en munición electoral para los demócratas.
Hubo un claro movimiento dentro del campo que prefiere sustentar a Delcy en los últimos días: filtraciones interesadas con duras palabras hacia el otro bando. El medio ‘Axios’ publicó primero que altos cargos de la Administración acusaban a Machado de «oportunismo político grotesco» por intentar volver a Venezuela tras el terremoto. Fuentes anónimas del Gobierno afirmaban que la dirigente quería una foto entregando ayuda estadounidense, que buscaba aparecer protegida por marines y que su regreso podía convertir la operación humanitaria en una crisis política. La información reflejaba una posición muy dura contra Machado dentro de la Administración.
Ese relato ha provocado malestar entre quienes conocen las gestiones de la líder opositora. Según fuentes familiarizadas con las conversaciones, Machado había trasladado garantías de que su objetivo no era organizar una campaña ni desafiar de inmediato al poder de Delcy, sino acompañar a los venezolanos en un momento de emergencia nacional. Su equipo sostiene que no pretendía apropiarse de la ayuda estadounidense ni provocar un levantamiento, sino regresar a su país después de meses de exilio forzado y de haber sido privada de pasaporte por la dictadura.
La segunda filtración fue aún más reveladora. ‘Axios’ publicó después que el subsecretario de Estado, Christopher Landau, había actuado por su cuenta o había comunicado mal la política estadounidense a otros países sobre los planes de Machado. Según esa versión, Landau habría transmitido señales confusas a Curazao y Panamá, lo que generó dos días de tensiones internas en el Departamento de Estado, discusiones diplomáticas y malestar con los partidarios de Machado.

Landau, el blanco interno

El ataque contra Landau no es menor. El número dos de la diplomacia estadounidense no pertenece al círculo más estrecho de Marco Rubio, aunque ambos comparten una línea dura contra regímenes de izquierda en América Latina. Landau, exembajador en México, es respetado en sectores conservadores y en el entorno trumpista. Ha sido uno de los funcionarios más activos en la política de visados contra dirigentes extranjeros considerados hostiles a Estados Unidos. En Washington se le conoce también por su papel en la nueva ofensiva ideológica del Departamento de Estado contra aliados de la izquierda latinoamericana y europea.
Culpar a Landau sirve para algo más que explicar una confusión diplomática. Permite a una facción de la Administración opuesta al acercamiento a Machado trasladar responsabilidades por una política que empieza a tener costes. Si Machado no puede entrar en Venezuela porque Washington lo desaconseja, si Cabello aparece legitimado en fotografías con funcionarios estadounidenses y si la Casa Blanca queda del lado de Delcy Rodríguez mientras posterga a la dirigente más popular de la oposición, alguien tiene que asumir el desgaste. En ese contexto, Landau se ha convertido en blanco interno.
El papel de Rubio también es delicado. Durante años, el actual secretario de Estado fue una de las voces más duras contra Maduro y Cabello en el Senado. En 2017, su seguridad fue reforzada tras informes de inteligencia que apuntaban a amenazas vinculadas al entorno de Cabello. Ya en la Administración Trump, Rubio ha defendido que la política hacia los jerarcas chavistas no ha cambiado. Pero ahora dirige un Departamento de Estado que coordina la mayor operación estadounidense en Venezuela en años con autoridades en las que figuran dirigentes del régimen.

Marco Rubio tiene que mantener la presión al chavismo, garantizar la ayuda humanitaria y evitara que el regreso de Machado desborde la transición

Eso explica parte de la tensión. Rubio tiene que equilibrar tres exigencias difíciles de conciliar: mantener la presión histórica sobre el chavismo, garantizar la operación humanitaria y evitar que el regreso de Machado desborde una transición que Washington quiere administrar por fases. La prioridad inmediata es la estabilidad. Pero la estabilidad, en Venezuela, tiene un precio político alto si aparece asociada a Delcy y Cabello.

Ya son más de 4.300 los muertos por el doble terremoto en Venezuela

Las autoridades venezolanas han elevado a más de 4.300 las víctimas mortales derivadas de los devastadores terremotos registrados en el centro de la costa del país el pasado 24 de junio, mientras que la cifra de heridos se mantiene, al igual que en los últimos partes oficiales, en 16.740 personas.El presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Jorge Rodríguez, ha informado este sábado en rueda de prensa de que son concretamente 4.333 las personas que han perdido la vida por causa de los referidos seísmos —215 más que en el balance anterior— y a 16.740 las víctimas heridas tras los terremotos de magnitud 7,5 y 7,2 en la escala de Richter, que han dejado además importantes daños sobre 856 edificios, de los cuales 190 han colapsado.Las víctimas incluyen, a su vez, 18.437 personas que están alojados en refugios provisionales, según las autoridades del país, que han informado a su vez de que han atendido a 86.794 familias, rescatando a 6.462 personas, y repartido más de 9.766 toneladas de alimentos.En estos momentos se encuentran desplegados 2.422 rescatistas internacionales —un millar menos que el viernes— y 31.837 efectivos movilizados para hacer frente a los estragos causados por las fuertes sacudidas, a las cuales han seguido 1.202 réplicas, de acuerdo con el último parte oficial de Caracas.

Trump promete arrasar Irán si cumple una amenaza de atentado contra él

Donald Trump elevó la tensión con Irán al amenazar con una respuesta militar masiva si Teherán intenta asesinarle, como se filtró horas antes desde Israel. El presidente afirmó que ha dejado instrucciones al Pentágono para actuar en caso de que el régimen iraní … lleve a cabo una amenaza que, según medios estadounidenses, habría sido detectada por la inteligencia israelí y compartida con Washington.
La advertencia llega en el momento más delicado de la guerra entre Estados Unidos e Irán, con el alto el fuego temporal ya roto, nuevos ataques en el estrecho de Ormuz y negociaciones indirectas que la Casa Blanca aún intenta mantener vivas. Washington busca una garantía pública de Irán para permitir el tránsito seguro por Ormuz, mientras los países mediadores de Omán, Qatar y Pakistán tratan de recomponer un canal de diálogo que se ha deteriorado en cuestión de días.

Trump recurrió a la red social Truth Social para lanzar una de sus amenazas más explícitas desde el inicio de la guerra. Aseguró que «mil misiles» están preparados contra la República Islámica y que miles más podrían seguir si Irán intenta matar al presidente de Estados Unidos. El mandatario dijo que ya ha ordenado al Ejército estar listo para lanzar esos ataques si Teherán actúa contra él.

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La Casa Blanca vincula esa alerta a una información de inteligencia israelí. ‘The Wall Street Journal’ publicó en exclusiva que Israel trasladó a Washington datos recientes sobre un supuesto plan iraní para asesinar a Trump. El propio presidente, sin embargo, rebajó en parte la novedad de esa información en declaraciones al New York Post, al asegurar que Irán lleva años queriendo matarle y que él está desde hace tiempo en lo más alto de esa lista.
El nuevo líder supremo iraní, Mojtabá Jamenei, hijo del fallecido Ali Jamenei, prometió vengar la muerte de su padre, abatido en los primeros ataques contra Irán a finales de febrero. En un mensaje difundido por Telegram, afirmó que la venganza era una exigencia nacional. La retórica de represalia ya se había visto durante el funeral del antiguo líder, donde se exhibieron mensajes directos contra Trump.

El Air Force One bajo sospecha

La amenaza coincide además con un cambio relevante en la seguridad presidencial y con una creciente polémica en Washington por las capacidades defensivas del nuevo Air Force One cedido por Qatar. Las advertencias israelíes sobre una posible amenaza iraní influyeron en la decisión de que Trump abandonara la cumbre de la OTAN en Ankara a bordo del antiguo avión presidencial.

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‘The New York Times’ reveló ese cambio de planes y publicó este sábado, 11 de julio, que el Departamento de Justicia ha citado a declarar a los periodistas que informaron sobre el asunto, una medida que el diario calificó de «acto descarado» de presión contra la prensa.
El presidente ya había dicho durante la cumbre que él era un objetivo prioritario de Irán. Pocas horas después, dio por terminado el alto el fuego provisional tras una nueva cadena de represalias. La Administración sigue intentando separar dos planos: por un lado, mantener negociaciones para evitar el colapso total en el Golfo; por otro, preparar una respuesta que Trump describe como devastadora si se confirma una amenaza directa contra su vida.
La consecuencia inmediata es que la crisis vuelve a situarse en una zona de máximo riesgo y volatilidad. La guerra ya no gira solo en torno al programa nuclear iraní, el tráfico por Ormuz o los ataques cruzados entre Washington y Teherán. Ahora incluye una dimensión personal para el presidente estadounidense.
Las amenazas iraníes contra Trump no son nuevas: se remontan a su primer mandato, después de la muerte del general Qasem Soleimani en un ataque estadounidense en enero de 2020.

China ha exigido a Rusia que no use armas nucleares en la guerra en Ucrania, según Zelenski

China ha exigido a Rusia que no recurra al uso de armas nucleares en su guerra contra Ucrania, que lleva ya cuatro años y medio desarrollándose sin que el régimen de Putin logre avances significativos.Es el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, el que reveló este jueves que el gigante asiático es el que ha advertido a Moscú que no tolerará la utilización de su arsenal nuclear en el conflicto, según Politico.»Creo que escuchásteis voces en los medios rusos que decían: ‘¿Qué pasaría si respondemos a los ataques ucranianos con armas nucleares?’ Y me parece que esta fue la primera vez que China respondió directamente en forma de ultimátum: que no se puede siquiera pensar en usar armas nucleares», dijo el presidente ucraniano.Zelenski dice que supo de la intervención de Pekín por medio de líderes europeos en la cumbre de la OTAN en Ankara, donde hablaron sobre «el papel de China en el fin de la guerra en Ucrania». Zelenski añadió que también trató el tema directamente con el presidente estadounidense Donald Trump, pero que prefería mantener en privado el contenido de esa conversación.Rusia realizó ejercicios militares nucleares en Bielorrusia el pasado mes de mayo, aunque el presidente Vladimir Putin se ha abstenido hasta ahora de lanzar amenazas nucleares directas contra Kiev. A pesar de la presión de los políticos rusos, Putin afirmó que los ataques de Ucrania no causan daños suficientes como para justificar una reacción nuclear por parte de su gobierno.No obstante, el mes pasado, el diputado por San Petersburgo Viktor Perov instó a sus colegas de la asamblea a pedirle a Putin que atacara Ucrania con armas nucleares.»Nuestro presidente se vio obligado a iniciar la operación militar especial, pero, lamentablemente, las cosas no salieron según lo previsto. Por lo tanto, creo que ustedes, los diputados, deberían dirigirse al presidente para solicitarle que comience a utilizar armas nucleares… lo que llevará a los dirigentes de Ucrania a firmar un acuerdo de paz», dijo Perov.

Un régimen superado por la tragedia cifra en 4.000 los fallecidos por el doble terremoto en Venezuela

En Tanaguarena, una localidad costera del estado La Guaira a treinta kilómetros al norte de Caracas, la matemática del desastre tiene una geografía precisa: el complejo habitacional OPPPE. Doce torres de la Gran Misión Vivienda Venezuela, 874 apartamentos y, hasta el 24 de … junio, unas 2.700 personas viviendo en ellos. Las torres son ahora una montaña de concreto pulverizado. En los reportes oficiales que se emiten desde Caracas, los desaparecidos de Tanaguarena no existen como categoría estadística. No hay columna para ellos. No hay renglón. No hay nombre.
Dieciocho días después del doble terremoto que partió la costa central venezolana, la narrativa del Estado y las proyecciones internacionales corren por vías que no se cruzan. El Ejecutivo, a través de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, sostiene una cifra: 4.118 fallecidos confirmados. Un número que solo contabiliza los cuerpos sacados físicamente de los escombros e identificados en la morgue.

Una patóloga del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses de Caracas, bajo anonimato, declara a ABC que la morgue está procesando «entre 400 y 500 cuerpos al día» y que está desbordada. El propio Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y vocero designado de la tragedia (un legislador, no un técnico en emergencias), admitió que de las 30.000 personas que se encontraban en Caraballeda y Catia La Mar, 13.500 salieron por sus propios medios y 6.461 fueron rescatadas. No dijo nada sobre las 10.000 restantes.


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Provea, la organización de derechos humanos más antigua de Venezuela, fue la primera en señalar la grieta. «Las cifras oficiales del terremoto generan más dudas que certezas», publicó el 29 de junio, cuando el gobierno reportó un aumento diario de apenas 20 muertos. «Necesitamos cero opacidad en la respuesta a esta tragedia nacional.» Dos días después volvió a la carga: «Crecen discordancias entre cifras oficiales y estimaciones.» Ese mismo día denunció «más presencia militar que ayuda en La Guaira» y acusó al gobierno de priorizar el control sobre la asistencia.
La ONU validó las sospechas. Gianluca Rampolla, coordinador residente y humanitario en Venezuela, lo dijo en rueda de prensa: «Hay al menos 2.500 edificios afectados, la mayoría se han derrumbado por completo. Sin duda estamos ante una cifra superior a la que ya se ha comunicado.» Confirmó la compra de 10.000 bolsas para cadáveres, en acuerdo con las autoridades venezolanas. El Comité Internacional de Rescate estimó 50.000 desaparecidos. Tom Fletcher, subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, calificó esa cifra de «aterradoramente verosímil.»

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El 3 de julio, la ONG Justicia, Encuentro y Perdón publicó un informe de 18 páginas titulado «El Estado abdicó su deber de proteger.» La conclusión fue directa: se construyó un Estado «fuerte para coaccionar» e «inoperante para salvar.» El documento denunció que se cobran hasta 1.000 dólares por la entrega de cadáveres identificados, que el 40% de los damnificados permanece a la intemperie y que las instituciones «se han erigido como obstáculos crueles para una población ya vulnerada.» El informe señaló que el Estado posee «la capacidad táctica para disolver una manifestación en minutos, pero carece de la articulación logística para instalar refugios dignos.»
La brecha de financiación humanitaria asciende a 627 millones de dólares, según la ONU. Los 300 millones recibidos hasta ahora no alcanzan frente a daños materiales estimados en 37.000 millones. En la última década, la crisis eléctrica, el colapso hospitalario y la migración de casi ocho millones de personas han vaciado el país de profesionales y capacidades técnicas. El terremoto no creó la catástrofe institucional. La desnudó.
En ese abismo entre los 4.118 cuerpos contados y los 50.000 que nadie busca en los registros del Estado, entre la morgue que procesa cientos de cadáveres diarios y un gobierno que reporta una veintena de muertos más por jornada, se escribe la historia de un país donde los muertos dependen de quién los cuente.

China amenaza al mundo con su capacidad nuclear desde el mar

Algunos misiles balísticos que portan ojivas nucleares y otros, mensajes. El que China lanzó este lunes pertenece al segundo grupo, y ha servido para advertir al mundo no solo de sus crecientes capacidades militares, sino también de su disposición a emplearlas.El proyectil fue … disparado desde un submarino de propulsión nuclear y se precipitó «con precisión dentro de la zona designada» del Pacífico Meridional, de acuerdo a la enfatizada gramática de Xinhua. «El lanzamiento formaba parte de un entrenamiento anual rutinario, se ajustó a derecho y a las prácticas internacionales y no iba dirigido contra ningún país ni objetivo concreto», añadió la agencia oficial mediante un comunicado reproducido a posteriori por el ministerio de Defensa, en reveladora inversión del proceso periodístico.

«Se trata de la primera prueba de vuelo conocida, a alcance completo o casi completo, de un misil balístico de largo alcance disparado desde un submarino chino hacia aguas profundas del Pacífico», destaca Tong Zhao, investigador del Carnegie Endowment for International Peace. «Desde hace tiempo se daba por hecho que China podía hacerlo, pero es la primera demostración pública».

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Sacudida en la cúpula militar

Jaime Santirso

El régimen desvela así otro vértice de su «tríada nuclear», es decir, la posibilidad de disparar armas nucleares desde tierra, mar y aire, lo que garantiza la capacidad de respuesta incluso en el caso de que alguno de los sistemas sea destruido por el enemigo en un hipotético conflicto. Durante décadas China contó con una fuerza atómica limitada, basada en gran medida en misiles terrestres, pero estos avances le colocan a la par con Estados Unidos y Rusia.
El último ensayo se remonta a septiembre de 2024, cuando China disparó un misil balístico intercontinental cargado con una ojiva de prueba desde tierra firme. «Esto abre la puerta a preguntarse si el siguiente paso será la prueba pública de un misil balístico lanzado desde un avión, con la que China completaría la exhibición de su tríada nuclear», plantea Zhao.

Vecinos preocupados

La actualidad dota al suceso de múltiples significados. La prueba, por ejemplo, se produjo unas pocas horas después de que Australia y Fiji firmaran un acuerdo de mutua defensa. El país oceánico trata así de contrarrestar la creciente influencia del gigante asiático en el Pacífico, y ya ha alcanzado tratados similares con Vanuatu y Papúa Nueva Guinea. Su primer ministro, Anthony Albanese, criticó el lanzamiento como «un acto provocativo que desestabiliza la región».

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Entre los interpelados está también Japón, pues el ensayo se produjo en vísperas del aniversario de la lucha contra la invasión de las fuerzas imperiales que coincidió con la II Guerra Mundial. «Las actividades militares de China, unidas a su falta de transparencia, se han convertido en motivo de grave preocupación para Japón y la comunidad internacional», denunció el secretario jefe del Gabinete, Minoru Kiraha, quien aludió a las operaciones en torno al archipiélago y el acusado aumento del gasto en defensa.
Una de las rutas previstas para el proyectil, de hecho, hubiera sobrevolado su territorio. La relación entre los países vecinos atraviesa una profunda crisis originada por la agresiva reacción del régimen a unas palabras de la primera ministra Sanae Takaichi, quien en noviembre dio a entender que Japón podría prestar apoyo a EE.UU. en caso de crisis militar en Taiwán.
Nueva Zelanda, por su parte, denunció que el misil cayó en la Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur. Esa fue instaurada en 1986 por el Tratado de Rarotonga, al cual China se adhirió en 1987, motivado en su origen por el impacto medioambiental de las detonaciones realizadas en el pasado por EE.UU., Francia y Reino Unido.

Xi Jinping reconstruye la cúpula militar del régimen

Mientras la OTAN celebraba en Ankara una reunión anual destinada a complacer a Donald Trump, China iniciaba unas maniobras militares conjuntas con Rusia frente a la costa de Qingdao.

El pasado viernes, además, el líder chino Xi Jinping incorporó a la Comisión Militar Central a dos nuevos generales, Zhang Shuguang y Wang Gang. Ambos, junto a Zhang Shengmin, conformaron una triste foto de cuatro. El máximo órgano del Ejército Popular de Liberación había quedado diezmado por sus purgas, una falta de liderazgo que limita su capacidad operativa a corto plazo.

Los medios oficiales han recurrido a la comparativa con EE.UU. para equiparar su capacidad operativa y, a la vez, rebajar la agresividad de su ensayo armamentístico. Sin embargo, median sustanciales diferencias entre unos y otros. «EE.UU. paga un alquiler por utilizar un blanco acordado en territorio de un país aliado, fuera de la zona delimitada por Rarotonga, conforme a un calendario publicado con años de antelación», incidía en redes sociales Dominic Meagher, investigador de la Australian National University.
«China, en cambio, hizo caer su misil en alta mar, dentro de la Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur, junto a las zonas económicas exclusivas de varios Estados a los que no solicitó autorización, tras un simulacro de aviso emitido apenas un día antes».
China mantiene una política de «no primer uso» de armas nucleares, pero al mismo tiempo ha impulsado el desarrollo de su arsenal atómico como elemento central de la modernización de sus fuerzas armadas.
En su último informe sobre las capacidades militares de China, publicado a finales de 2025, el Pentágono estimó que el régimen dispone de unas 600 ojivas nucleares, cantidad que, al ritmo actual de producción, podría rebasar el millar antes de 2030. De acuerdo al organismo, este acopio formaría parte de la preparación ante la posibilidad de que una invasión de Taiwán derive en un enfrentamiento bélico con EE.UU.