Estados Unidos ha reclamado a Moscú la excarcelación del exmarine Robert Gilman, detenido en 2022 tras provocar un altercado en un tren en el que viajaba en estado de embriaguez. Además, Washington pide su traslado a territorio estadounidense para que pueda recibir tratamiento médico.La … familia del reo y grupos de defensa de los derechos humanos denuncian que el preso ha sufrido violaciones de sus derechos y le están prohibidas las visitas, incluso de sus allegados directos. Eric Lebson, director de estrategia de Global Reach, un grupo que representa a los familiares, asegura que el detenido «no puede expresarse, debe recibir alimentos y líquidos a través de una sonda y mantiene los ojos cerrados».
Estas pésimas condiciones de salud le han impedido «asistir a las audiencias judiciales» y permanece desde el 9 de julio en un hospital. «No parece que esté recibiendo la atención que necesita, y estamos muy preocupados por su vida y su seguridad», ha dicho Elizabeth Richards, directora de defensa e investigación de rehenes en la Fundación Foley, un grupo que ha seguido de cerca el caso.
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Miriam González
La madre de Gilman denunció que el centro médico donde se encuentra le prohibió visitarlo aunque tiene una orden judicial que se lo permite. Los funcionarios consulares estadounidenses también denunciaron que antes se les autorizaba ir a verlo, pero que ahora ni a ellos ni a su abogado ruso se les da ese derecho.
«Tengo más miedo por mi hermano que nunca desde que empezó esta horrible pesadilla», declaró Lexie Hudson, hermana de Gilman. «Me preocupa no volver a verlo si los rusos no lo liberan. Me preocupa que pueda morir», citan agencias de noticias como Reuters.
«No puede expresarse, debe recibir alimentos y líquidos a través de una sonda y mantiene los ojos cerrados»
Eric Lebson
Director de Global Reach
El exmarine fue detenido en 2022 tras causar problemas en un tren ruso lleno de viajeros en estado de embriaguez. Cuando se le expulsó del vagón, agredió a un policía en la estación de Voronezh, en la Rusia europea. Ya en prisión, las autoridades penales le acusan de haber provocado cinco peleas con los agentes penitenciarios rusos y golpear a un investigador.
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En un primer momento, la Justicia le condenó a cuatro años en una colonia penal. Posteriormente le redujeron el castigo a solo un año. Sin embargo, se le abrieron nuevos procesos judiciales por los altercados provocados en la cárcel y en octubre de 2024 le fueron impuestos siete años de reclusión en un centro penitenciario de máxima seguridad.
«Las condiciones (en prisión preventiva) eran mejores y me trataban bien. Recibía paquetes de mis familiares y no quería que nada cambiara. Decidí que tenía que infringir las reglas de alguna manera para que me castigaran y así poder permanecer en el mismo centro», señaló el estadounidense durante uno de los juicios en Rusia. La estrategia le salió mal.
Sin embargo, Vladimir Gilman, el padre del exmarine, escribió en el diario ‘Boston Globe’ en octubre de 2024 que las acusaciones son falsas. Las autoridades norteamericanas consideran su liberación una prioridad nacional y están tomando las medidas pertinentes mediante la cooperación interinstitucional.
Según un alto funcionario de la Administración Trump, la Casa Blanca está «siguiendo de cerca el caso de Gilman y ha realizado repetidos esfuerzos coordinados para contactar con la parte rusa» y traerlo de vuelta a su país.
La familia del exmarine lleva solicitando su liberación desde 2023. «Nos preocupa seriamente que podamos ver otra situación como la de Otto Warmbier», declaró Lebson, en referencia a un estudiante universitario estadounidense que fue liberado por Corea del Norte en junio de 2017 tras 17 meses en prisión. Warmbier salió de la cárcel en estado de coma y falleció ese mismo mes.
Diplomacia internacional
La situación de Gilman fue uno de los temas de conversación del encuentro entre Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU. y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, celebrado el pasado 23 de julio. Dicha reunión se ha dado a conocer este viernes, aunque el Kremlin no ha informado de si ha aceptado o rechazado la excarcelación.
Hay al menos nueve casos más de presos estadounidenses en instituciones penitenciarias rusas. La muerte de cualquiera de ellos complicaría aún más las relaciones entre las dos potencias, que ya están tensas por la guerra de Ucrania y los conflictos en Oriente Próximo. EE.UU. ha apoyado a Kiev en el frente europeo, e Irán es aliado del Kremlin.
En el pasado Moscú, ha usado a los detenidos extranjeros para cambiarlos por presos rusos encarcelados en el extranjero. El mayor intercambio de esta índole se produjo el 1 de agosto de 2024 e implicó a 26 detenidos de EE.UU., Rusia, Bielorrusia, Alemania, Noruega, Polonia y Eslovenia.