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Los mercados fuerzan a Trump a precipitar el fin de la guerra con Irán

Donald Trump busca ya proclamar «misión cumplida» en Irán. Después de abrir la guerra con una retórica de máximos, la Casa Blanca ha empezado a preparar el terreno para vender un desenlace rápido, controlado y presentable ante la opinión pública estadounidense. El presidente … dijo el lunes desde Miami que la campaña podía terminar «muy pronto». Horas después, desde el Pentágono, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, reforzó esa misma idea con una fórmula reveladora: es Trump quien «controla el acelerador» y quien decide si la guerra está en su principio, en su mitad o en su final.

Dicho de otro modo, la Casa Blanca quiere reservarse el derecho a declarar victoria cuando convenga, aunque sobre el terreno sigan cayendo bombas.
Ese es el giro que se aprecia en el discurso oficial. Al comienzo de la ofensiva, Trump hablaba de «libertad para el pueblo» y alentaba abiertamente la idea de que el régimen iraní podía caer. Ahora, en cambio, sus principales portavoces acotan los objetivos de forma muy específica: destruir misiles y lanzaderas, anular la armada iraní, arrasar parte de la base militar e industrial del régimen y frenar su capacidad de proyectar fuerza en la región.

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Cuanto más limitada es la meta, más sencillo es proclamar que ya se ha cumplido. La definición misma de la operación en esta fase parece diseñada para permitir una salida política rápida sin admitir ni rectificación ni retirada.
Aun así, no está claro qué fases tiene Trump en mente antes de considerarlo todo concluido. En una reunión a puerta cerrada con senadores para informar sobre la operación contra Irán, miembros de la Administración advirtieron de que aún es pronto para declarar victoria y reconocieron que el conflicto puede escalar. Tras ese encuentro clasificado, el senador demócrata Richard Blumenthal expresó su preocupación y aseguró: «He salido de esta sesión insatisfecho y francamente enfadado, más que en cualquier otra sesión que haya tenido en mis 15 años en el Senado. Parece que vamos por un camino que puede llevar al despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno en Irán».

Urgencia económica y política

La urgencia de Trump no es solo militar. De hecho es igualmente económica y política. La guerra ha disparado la tensión en los mercados energéticos, ha agitado el estrecho de Ormuz, por el que pasa más del 20% del crudo mundial, y ha obligado a Washington a aflojar restricciones al petróleo ruso para contener el precio de la gasolina.
Trump necesita exhibir fuerza sin quedar atrapado en una campaña larga. Quiere aparecer como el presidente que golpea con dureza, no como el que se enreda en otra guerra abierta en Oriente Próximo. En ese equilibrio precario encaja su mensaje de estos días, de que Irán ya ha sido castigado, Estados Unidos ha demostrado su poder y el conflicto podría cerrarse pronto si Teherán aprende la lección y acusa recibo.
Pero hay un problema de ese relato presidencial: que choca con los hechos y con las propias contradicciones de la Administración.
Mientras Trump insinúa que el final está cerca, Hegseth anunció al amanecer del martes «el día más intenso» de bombardeos hasta ahora, con más cazas, más bombarderos y más ataques. Precisó que se desplegarían «más cazas, más bombarderos y más golpes que nunca» desde el inicio de la campaña. La frase resumía la paradoja de la estrategia de Washington, de hablar de un final cercano mientras la ofensiva aérea alcanza su punto más duro.

Mientras Trump insinúa que el final está cerca, Hegseth anunció al amanecer del martes «el día más intenso» de bombardeos hasta ahora

Mientras la Casa Blanca deja caer la posibilidad de conversaciones, el presidente amenaza con golpear a Irán «veinte veces más duro» si interfiere en el tráfico de petróleo. Mientras el Pentágono insiste en que no habrá una guerra expansiva ni otro Irak o Afganistán, los mandos militares describen objetivos tan amplios como inutilizar durante años la capacidad ofensiva del régimen. Y mientras se vende una operación limitada, la campaña golpea ya no solo activos militares, sino también infraestructuras críticas, con un coste en vidas humanas cada vez más difícil de encapsular en una declaración de victoria.

El fantasma de la guerra de Irak

Ahí aparece el fantasma de George W. Bush y los neoconservadores. El 1 de mayo de 2003, a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, Bush proclamó el célebre «misión cumplida» bajo una pancarta que acabó persiguiéndole durante años. La invasión inicial de Irak había sido rápida, pero la guerra real no había hecho más que empezar.
Vinieron después la insurgencia, el caos sectario, la ocupación interminable y el desgaste de EE.UU., con 4.431 soldados estadounidenses muertos. Trump conoce bien ese precedente, lo tiene muy presente y su equipo se esfuerza en marcar distancias.
La diferencia es que Trump intenta construir su «misión cumplida» de forma más flexible que Bush. No necesita una rendición formal, ni la caída inmediata del régimen, ni siquiera una paz estable. Le bastaría con sostener que las principales capacidades militares iraníes han sido degradadas, que la amenaza se ha reducido y que EE.UU. puede dar por cumplida su tarea.

El lunes, cuando desde su club en Miami dijo que la guerra iba a acabar muy pronto, Trump intentaba enviar un mensaje directo a los mercados

Es una fórmula política, no necesariamente estratégica. Una fórmula pensada para el titular, para Wall Street, para el votante cansado de guerras largas y para una base republicana que tolera el uso de la fuerza, pero rechaza otra aventura interminable.
El lunes, cuando desde su club en Miami dijo que la guerra iba a acabar muy pronto, Trump intentaba enviar un mensaje directo a los mercados. El movimiento tenía un objetivo claro: evitar que la escalada militar disparara aún más el precio de la gasolina en EE.UU. y agravara la volatilidad energética. En ese mismo momento el Brent rondaba los 119 dólares por barril, niveles que no se veían desde los picos de las crisis del Golfo, con el estrecho de Ormuz amenazado y casi una quinta parte del petróleo mundial en riesgo.

Miedo energético

La reacción del mercado fue inmediata pero volátil. El martes el crudo se desplomó más de un 10% —el Brent cayó hasta cerca de 88 dólares— ante la percepción de que Washington buscaba evitar una guerra larga y estaba dispuesto a abrir la válvula del suministro global. En Wall Street, sin embargo, el alivio duró poco. El Dow Jones llegó a perder más de 200 puntos y también retrocedieron el S&P 500 y el Nasdaq, con aerolíneas y empresas de transporte entre las más castigadas.
El mensaje de Trump calmó por unas horas el miedo energético, pero no disipó la duda central de los inversores: si la guerra realmente está cerca de terminar o si la escalada militar que anuncia el Pentágono apunta justo en la dirección contraria.

Trump ha dejado abierta otra opción que elevaría la presión militar sobre Irán: el control del estrecho de Ormuz

En paralelo, Trump ha dejado abierta otra opción que elevaría la presión militar sobre Irán: el control del estrecho de Ormuz. El presidente ha sugerido que EE.UU. podría desplegar fuerzas navales para escoltar petroleros y garantizar el paso por la vía marítima por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
En la práctica, esa medida supondría colocar a la Armada estadounidense como garante directo del tráfico energético en el Golfo Pérsico, un paso que Washington presenta como una operación de seguridad marítima pero que Teherán interpreta como una intervención directa en uno de sus principales instrumentos de presión estratégica.

Enrique Barón: «Europa ha vivido la paz más larga de su historia, debe demostrar que sabe defenderla»

Enrique Barón Crespo (Madrid, 1944) mira a la actualidad con los ojos de quien lo ha visto todo o casi todo, por lo que es muy difícil sorprenderle. «El día de Santiago de 1989 me nombran presidente del Parlamento Europeo y el 9 de noviembre … cae el Muro cuando nadie lo esperaba», dice nada más empezar la entrevista.
A partir de ahí, una trayectoria internacional que comenzó mucho antes, cuando como ministro de España negoció la entrada a la Comunidad Económica Europea, viajó con Carrillo, Suárez y González a Estrasburgo para negociar el acceso al Consejo de Europa. También se desplazó a la URSS y se reunió con Gorbachov y Yeltsin. Esas memorias las recoge ahora en un libro, ‘Paz y Guerra’ (RBA Libros).

En su libro hace un recorrido por su trayectoria política y por los grandes momentos de la historia europea reciente. ¿Por qué decidió escribirlo ahora?
Porque he vivido momentos históricos que ayudan a entender el presente. Desde la dictadura en España hasta la transición democrática, el golpe de Estado o la caída del Muro de Berlín. Mi intención no es escribir un ensayo para decir quién tiene razón o quién no, sino aportar un testimonio histórico que permita comprender cómo se ha construido Europa y por qué esa construcción sigue siendo imprescindible.
¿Estamos en el peor momento que recuerde?
No, para nada.
Sin embargo, hay guerras en Europa, ahora la situación en Oriente Próximo, con una sensación de desorden internacional total…
La percepción de caos existe, pero conviene poner las cosas en perspectiva. Europa ha vivido más de medio siglo en paz en la mayor parte del continente, algo que no ocurría desde el Bajo Imperio romano. Eso no significa que no haya amenazas, como la guerra de Rusia contra Ucrania, pero tampoco significa que todo se esté derrumbando. Lo que está en juego es la capacidad de nuestras instituciones para resistir.
¿Está Europa en decadencia?
Europa no está en decadencia, está en construcción. Cuando llegué a la presidencia del Parlamento Europeo en 1989 éramos doce Estados. Había un telón de acero que no era el muro de Berlín, era una cicatriz que recorría el continente desde el Báltico hasta el Mediterráneo. Hoy somos 27 y hay más países que quieren entrar y hay uno que se fue, pero que está volviendo (por Reino Unido). Esa expansión demuestra que el proyecto europeo sigue siendo atractivo. Lo importante ahora es creer en lo que somos y estar dispuestos a defenderlo.

«Trump representa una forma de entender la política basada en la confrontación y en la idea de que Estados Unidos debe actuar unilateralmente»

En su libro también reflexiona sobre el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Cree que ese sistema está colapsando?
Más que un colapso, lo que estamos viendo es una prueba de resistencia. El sistema de Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods o la gobernanza internacional no son perfectas, pero no tienen reemplazo. El peligro aparece cuando algunos líderes creen que pueden sustituir ese orden por decisiones personales o por una lógica de hegemonía. No hablaría de final del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, pero sí de una prueba de resistencia
¿Se refiere a Donald Trump?
Trump representa una forma de entender la política basada en la confrontación y en la idea de que Estados Unidos debe actuar unilateralmente. Pero el mundo actual es demasiado complejo para ese tipo de planteamientos. Trump representa una concepción muy peligrosa del poder. Además, plantea algo inquietante: poner a prueba si el propio sistema político estadounidense es capaz de resistirle. Esa es la verdadera cuestión. Incluso el propio sistema político estadounidense tendrá que demostrar si es capaz de resistir ese tipo de liderazgo.
En Europa no parece haber una voz completamente unificada frente a Estados Unidos. Vemos líderes como Macron o incluso Pedro Sánchez intentando erigirse en defensores del proyecto europeo, mientras otros como Giorgia Meloni o Viktor Orbán mantienen posiciones diferentes.
En la Unión Europea nunca faltan voces disidentes. Y, a veces, incluso traidores. Pero también conviene matizar: Meloni ahora mismo está diciendo cosas muy parecidas a las que dice Sánchez. Puede haber diferencias de matiz, pero en lo esencial hay más coincidencias de lo que parece.

«En la Unión Europea nunca faltan voces disidentes. Y, a veces, incluso traidores»

¿La guerra de Ucrania está empujando a Europa hacia una política de defensa común?
Europa siempre se ha construido a partir de las crisis. Lo decía Jean Monnet: «Europa se construirá de crisis en crisis». Y cada una obliga a tomar decisiones que antes parecían imposibles. Ahora estamos financiando la defensa de Ucrania y, al mismo tiempo, impulsando el desarrollo de una industria europea de defensa.
En ese contexto vuelve a hablarse de un Ejército europeo.
Ese debate no es nuevo. Ya se planteó en 1954 con la Comunidad Europea de Defensa y fracasó en la Asamblea Nacional francesa. Desde el Tratado de Maastricht existe una política exterior y de seguridad común. Otra cosa es hasta dónde queremos desarrollarla.
Le voy a pedir que describa a algunos líderes internacionales en una frase:
Benjamin Netanyahu: Hará todo lo posible para no ser juzgado.
Vladímir Putin: Es alguien que piensa que la desaparición de la URSS fue la mayor tragedia del siglo XX. Y eso explica muchas de sus decisiones.
Xi Jinping: Cuando lo conocí tuve la impresión de que el emperador había vuelto. Representa una visión muy jerárquica y distante del poder.
Donald Trump: A su lado, Jesús Gil es un príncipe del renacimiento.

Venezuela e Irán, dos regímenes que ya no pueden acudir en ayuda uno del otro

La intervención de Estados Unidos primero en Venezuela y luego en Irán, con apenas dos meses de diferencia, ha roto el vaso comunicante que existía –en ambos sentidos– entre el chavismo y el régimen de los ayatolás. Desde comienzos de siglo, cada vez que … Washington ha apretado con sanciones a Irán, este se ha acercado a la Venezuela chavista para intentar romper el cerco internacional al que se veía sometido; y al revés, cuando Chávez y Maduro necesitaron asistencia exterior tenían en Teherán una puerta a la que llamar. Ahora no pueden auxiliarse mutuamente.
Ambos países, no obstante, parecen seguir unidos de algún modo. Si un día el chavismo intentó ‘iranizar’ su sistema represivo, aplicando el modelo de las fuerzas Basij a su milicia boliviariana y a los colectivos paramilitares, hoy Trump parece querer ‘venezuelanizar’ Irán, al aspirar a aplicar allí el sistema de regencia que dice estar empleando en Caracas, con el aprovechamiento de la producción de petróleo como mismo hilo conductor, aunque en el Golfo lo tiene menos viable que en el Caribe.

Desde 2005, Mahmud Ahmadineyad y Hugo Chávez crearon una sólida alianza. Establecieron en Venezuela una red de empresas iraníes ficticias que justificara un movimiento financiero con el que Teherán pudiera tener acceso a dólares y así superar las restricciones de las sanciones internacionales impuestas por el programa nuclear de los ayatolás. Ciertas empresas no eran meras tapaderas, pues en la ‘Misión Vivienda’ de Chávez participó alguna constructora iraní, pero los planes de gran producción de tractores, automóviles y bicicletas por parte Irán siempre quedaron muy por debajo de lo anunciado.

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EXPERTO EN IRÁN

José Ignacio de la Torre

Hubo también una apuesta por las primeras versiones de drones iraníes –el Mojaher 2–, que Venezuela quería producir bajo el nombre de Arpía para exportar a países vecinos amigos, pero el proyecto tampoco despegó. Los iraníes buscaron sin éxito uranio para su programa nuclear y pretendieron saltarse las restricciones petroleras creando una sociedad mixta con PDVSA, que no llegó a tener actividad. Si todo esto quedaba en papel, facilitaba al menos una pantalla tras la que ocultar transacciones monetarias, a través de la relación de bancos venezolanos con el sancionado Banco Internacional de Desarrollo iraní.
Venezuela también suponía para Teherán la oportunidad de romper su condición de paria y aparecer del brazo de otras naciones. Chávez introdujo a Ahmadineyad en Bolivia, Ecuador y otros países de la liga bolivariana, en los que Irán abrió centros culturales que funcionaron como lugar de agitación chií.

Chávez introdujo a Ahmadineyad en Bolivia, Ecuador y otros países de la liga bolivariana

Carta blanca para Hizbolá

A efectos operativos, la relación Venezuela-Irán se tradujo sobre todo en una carta blanca para el movimiento de Hizbolá en Suramérica y su financiación a través del narcotráfico. Como ministro de Exteriores, Maduro preparó esa cobertura entrevistándose en Damasco con el líder de Hizbolá, Hasán Nasralá (asesinado en 2024 por Israel). Durante tiempo, Caracas entregó cientos de pasaportes venezolanos solicitados por esa organización. En esa relación se implicó muy directamente Tareck el Aissami, que fue ministro del Interior y de Petróleo y luego cayó en desgracia (ahora puede acabar preso en Estados Unidos). Hubo conexiones de Conviasa, la línea aérea de bandera venezolana, con Damasco y Teherán, en vuelos en los que se transportaban armas y terroristas.
Irán redujo su relación oficial con Venezuela cuando Ahmadineyad cedió la presidencia a Hasán Rohani y este comenzó negociaciones que llevarían al acuerdo nuclear de 2015. Pero después de que Trump rompiera el acuerdo y reimpusiera sanciones a Irán, la presidencia de Ebrahim Raisi buscó de nuevo el acercamiento a Caracas, con un Maduro especialmente necesitado de auxilio. Irán envió tanqueros con varios millones de barriles de gasolina y diluyente para hacer frente a los problemas de refinación que sufría Venezuela (técnicos iraníes intentaron reparar varias refinerías, pero no pudieron recuperar la producción). También envió alimentos (abrió el supermercado Megasis, con productos de marcas del Ejército iraní) y suministros médicos.

Después de que Trump reimpusiera sanciones a Irán, Ebrahim Raisi buscó de nuevo el acercamiento a Caracas, con un Maduro especialmente necesitado de auxilio

Oro venezolano

La ayuda fue en buena medida a cambio de oro venezolano, en cuya negociación intervino Alex Saab, testaferro de Maduro que fue detenido en Cabo Verde cuando hacía escala en un presunto viaje a Teherán. Washington vuelve ahora a reclamar a Saab, después de haberlo dejado salir de prisión.
Esta relación especial entre los dos países se ha roto cuando ambos regímenes más se han necesitado. Nada pudo hacer Irán para preservar a Maduro del ataque estadounidense y al chavismo de verse cooptado por Trump. Por su parte, Delcy Rodríguez no ha podido emitir ni un mensaje de apoyo y aliento a la resistencia del Gobierno iraní; su hermano Jorge y su rival interno Diosdado Cabello repitieron algunos lemas antisionistas, pero mientras sus labios decían una cosa, sus acciones reflejan sumisión al dictado de Washington, con imágenes especialmente simbólicas como la alfombra roja en Caracas al jefe del Comando Sur estadounidense.

El último artesano de Fukushima, 15 años después del desastre

Manabu Kondo, «como todos los japoneses», está acostumbrado a los terremotos, pero en la mañana del 11 de marzo de 2011 sintió un temblor tan fuerte que, temeroso de que la casa se le cayera encima, salió al patio y se abrazó a un árbol … . «Duró tanto que pensé que la tierra se iba a partir en dos», rememora. «Nunca olvidaré ese miedo, era solo el principio».
Ese miedo dura ya quince años, el tiempo transcurrido desde la triple catástrofe consecutiva que ha marcado la historia moderna de Japón: un seísmo, un tsunami y un desastre nuclear. En pocos lugares resultan, todavía hoy, tan visibles sus consecuencias como en Namie. Todos los habitantes de este pueblo, a apenas diez kilómetros de la central nuclear de Fukushima, fueron evacuados en masa el 12 de marzo ante la amenaza de la radiación.

Al señor Kondo, sin embargo, le costó tomar la decisión. «No había electricidad, no teníamos información alguna, solo los altavoces públicos que empezaron a emitir una alerta de TEPCO [empresa energética de participación estatal responsable de la planta] apremiando a los residentes en un radio de diez kilómetros a irse. Yo estaba a algo más de nueve, así que me quedé».

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Pablo M. Díez

Su casa, aunque dañada, seguía en pie. Trataba de poner orden entre sus posesiones, convertidas en un batiburrillo caótico, cuando por primera vez en su vida presenció un atasco en la estrecha carretera que atravesaba su pueblo natal. Él siguió a lo suyo, ignorando a los vecinos que escapaban. Le preocupaba que las réplicas abatieran la comprometida estructura, de modo que su mujer y él pasaron la noche en el coche.
«A la mañana siguiente continué recogiendo, hasta que de repente escuché una explosión fortísima». El señor Kondo interrumpe su narración, abre los brazos y grita «¡Bum!». «Supe de inmediato que venía de la central nuclear. Salí a la carretera, miré hacia allí y vi una columna de humo». En efecto: el reactor 1 de Fukushima acababa de estallar, liberando su radiación. En los días siguientes lo harían el 3 y el 4. «Entendí enseguida que era algo muy serio», añade, «pero de todos modos me negué a aceptar la realidad y me quedé», y del tono sombrío pasa a la risa como una detonación.
«Coloqué el futón junto a la puerta, por seguridad. Era marzo y todavía hacía frío, como ahora, así que cogí una estufa de queroseno y las velas que encontré. Seguía sin haber electricidad y el contenido del frigorífico iba a echarse a perder, por lo que puse todo a hervir en una olla sobre la estufa». Los altavoces, que no habían dejado de sonar, ampliaron el radio de evacuación a veinte kilómetros. «Fue entonces cuando asumí que debía irme».

La carretera que comunica Namie con la central nuclear de Fukushima, cortada.

(J.S.)

Vidas perdidas

El señor Kondo condujo entre el asfalto cuarteado por el terremoto, despacio, con la oreja pegada a la radio. Uno de los primeros partes, retransmitido desde lo alto de un helicóptero, contaba que el tsunami había arrasado la costa, donde se veían cientos de cuerpos. «Hasta ese momento solo había podido pensar en mí mismo, pero de pronto me pregunté por la suerte que habrían corrido mis amigos». La magnitud de la catástrofe apenas empezaba a revelarse: la combinación del terremoto y el tsunami provocaría más de 20.000 muertos.
El matrimonio acabó por llegar a casa de su hermana en la ciudad de Fukushima. Iban con lo puesto, así que durante los días siguientes vistieron la ropa de sus familiares. «Acudimos a un examen de contaminación nuclear y resultó que los pantalones de mi mujer eran radiactivos, era la única prenda que todavía conservaba», cuenta. «Tuvo que quitárselos allí mismo. Pasó mucha vergüenza, pero por suerte una voluntaria del Ejército le prestó otros».

La operación para remediar el desastre en la central nuclear no estará terminada antes de 2041

A partir de ahí comenzó el resto de su vida, reducida a una larga espera. El señor Kondo representa la novena generación de maestros de Obori Soma-yaki, la cerámica artesanal de Fukushima. «Mi familia se dedica a esta tradición desde hace trescientos años, todos mis antepasados están enterrados aquí», explica. «Quizá no sea fácil de entender, pero no podría continuar en otro lugar».
Por eso, aunque la radiación le impedía volver a habitar su casa, acudía con frecuencia y desde el otro lado de la valla contemplaba cómo, poco a poco, su hogar ancestral iba derrumbándose. Siete años duró su paciencia, hasta que en 2018 aceptó que sería imposible y abrió un nuevo taller en la vecina ciudad de Iwaki.

El señor Kondo, en su nuevo taller en Namie.

(J.S.)

Entretanto, la compleja operación para remediar el desastre en la central nuclear avanzaba. Avanza, en realidad, porque todavía no ha terminado ni lo hará antes de 2041, según las más optimistas previsiones compartidas con este diario por el ministerio de Exteriores nipón. «El reto más importante es la extracción del combustible fundido, hay que retirar muchas toneladas empleando robots porque no se puede acceder», señala Luis Echávarri, exdirector general de la Agencia de la Energía Nuclear de la OCDE, quien hasta 2023 visitaba las instalaciones todos los años para evaluar la marcha del proceso.

Reacción nuclear

La descontaminación también se ha llevado a cabo en Namie y otras localidades dentro de la zona de exclusión, donde se ha retirado la capa superficial del terreno para limitar la radiación. Con el transcurso de los años las autoridades fueron rebajando las restricciones. En 2024, el señor Kondo recibió un permiso prioritario para asentarse de nuevo. Lo cuenta, y en su voz, más que alegría, se oye alivio.
Sin embargo, muy pocos han tomado la misma decisión. De los 21.000 residentes que había antes de la catástrofe, solo 2.000 han vuelto. Namie parece una población fantasma, repleta de casas vacías, algunas incluso selladas, con objetos cotidianos en el mismo lugar en el que cayeron aquella mañana del 11 de marzo de 2011. Sus calles lucen tan desiertas que el forastero se cruza en su camino con un zorro, y los escaparates de varios locales comerciales advierten con naturalidad que pueden aparecer osos. Y, a modo de explicación, un medidor de radiación en cada esquina.

Un medidor de radiación instalado en la calle.

(J.S.)

La escuela de Ukedo, una de las seis del lugar, se ha transformado en un museo del desastre; un recuerdo particularmente punzante ahora que Japón retoma la energía nuclear. «Todos los reactores del país se cerraron tras la catástrofe para realizar una inspección generalizada», apunta Kenichiro Tanaka, director de la división de Cooperación Nuclear Internacional del Gobierno nipón. «Quince reactores han aprobado el examen y ya han sido reactivados». De acuerdo al Plan Energético Estratégico aprobado en febrero del año pasado, la energía nuclear avanzará hasta aportar un 20% de la electricidad nacional para 2040, frente al 30% que suponía antes del accidente en 2011.

El Gobierno no reconoce el aumento anormal de los casos de cáncer de tiroides infantil en Fukushima

La iniciativa genera sensaciones encontradas entre los vecinos consultados por este medio. Por un lado, TEPCO empleaba a familias enteras en la región, cuya prosperidad estaba ligada a la energía nuclear. Por otro, la desconfianza cala hondo. Al comienzo de la crisis, por ejemplo, un grupo de evacuados fue instalado en un centro comunitario hacia donde el viento dirigió la nube radiactiva pese al conocimiento previo de las autoridades. La médico internista Motomi Ushiyama ha alertado de un aumento anormal de los casos de cáncer de tiroides infantil entre la población de Fukushima, repunte similar al registrado en Chernóbil, relación causal que el Gobierno todavía no ha reconocido.
Franqueados los setenta, la única supervivencia que al señor Kondo le preocupa es la de su arte. Esa es la forma que el miedo desatado hace quince años, mientras abrazaba un árbol, adquiere hoy. Su hijo extenderá el legado a una décima generación; «no tiene elección», zanja con rotundidad. Pero quizá no sea suficiente. Antes había una veintena de cofrades, pero solo él ha regresado. «El pueblo no tiene vida. Si solo queda un maestro artesano, la tradición acabará perdiéndose». Y presagia un desenlace, en parte fatal, en parte retorno. «Volveremos a la naturaleza».

La isla de Kharg, el enclave estratégico en el Golfo Pérsico con el que Trump puede dejar a Irán sin petróleo

Hay una pequeña isla en el Golfo Pérsico desconocida para la gran mayoría, pero a la que otros pocos miran de reojo sin parar. Se trata de la isla de Kharg, perteneciente a Irán. Ese diminuto enclave ha sido ‘obviado’ por Estados Unidos e Israel … en sus bombardeos contra la república islámica. Eso sí, hay una poderosa razón detrás.
La isla de Kharg destaca casi exclusivamente por su altísima producción diaria de petróleo. Esto hace que se convierta en un lugar estratégico para Irán y todos aquellos que quieran controlar el crudo.

Pese a las facilidades que tenían Trump y Netanyahu de mandar varios misiles contra ella, tanto uno como otro decidieron mantener sus focos alejados de ella, aunque tampoco le pierden la pista.

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Lorena Gamarra

De momento, Trump la ha dejado en un segundo plano a Kharg, pero ese pensamiento podría cambiar dentro de muy poco. Según Axios, el presidente de Estados Unidos estaría buscando la manera de tomar el control de la isla para dar un golpe de efecto en el conflicto que mantiene con Irán.

¿Por qué es importante la isla de Kharg?

La isla de Kharg está situada a tan solo 25 kilómetros de Irán y fue construida en la década de los años 60 por la petrolera estadounidense Amoco. Desde ese instante, este territorio de tan apenas 24 kilómetros cuadrados comenzó a adquirir una importancia notable gracias al crudo.
Según la Agencia de la Información Energética de EE.UU., esta isla es capaz de producir hasta siete millones de barriles de crudo al día. «Si se toma esta isla, se toma el 89% del petróleo de los iraníes. Es acabar en la práctica con su economía. No pueden suministrar a China ni a Rusia tampoco», fueron las declaraciones del general Keith Kellogg, en las que se deja bien claro la importa de Kharg en el mapa geopolítico.
Es decir, por esta isla, algo menor que la Graciosa, pasa alrededor del 90% del petróleo iraní que es exportado a sus principales compradores, entre los que se encuentran China o Rusia.
Aunque todavía se encuentra intacta en estos momentos, no sería la primera vez que Kharg es atacada. Ya sufrió en la década de los años 80 bombardeos por parte Irak. Aún así siguió operativa y no ha dejado de producir en ningún momento.
Ahora todavía sigue produciendo a niveles habituales, aunque en los días previos al conflicto entre EE.UU. e Irán subió el ritmo hasta los 3 millones de barriles por día. En estos momentos, se estima que hay capacidad en sus reservas para acopiar 30 millones de barriles, aunque por el momento se cree que hay en torno a los 18 millones almacenados, lo que supondría alrededor de 10-12 días de exportaciones en una situación normal.

El aviso de JP Morgan

Este lunes JP Morgan lanzó un serio aviso de lo que ocurriría si Estados Unidos toman la isla de Kharg. El banco más grande de EE.UU. aseguró que las exportaciones iraníes de petróleo se estancarían y la producción se reduciría a la mitad. Una situación que cambiaría radicalmente la posición de la república islámica.
«Un ataque directo detendría inmediatamente la mayor parte de las exportaciones de crudo de Irán, lo que probablemente desencadenaría severas represalias en el Estrecho de Ormuz o contra la infraestructura energética regional», concretó JP Morgan a través de una nota.
«Aunque las fuerzas iraquíes atacaron algunas terminales y petroleros durante la guerra de ocho años, Kharg permaneció en gran medida operativo y los daños fueron generalmente reparados rápidamente, lo que demuestra que desactivarlo requeriría ataques sostenidos a gran escala», añadió.

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Ahora el mundo está pendiente de cuál será el próximo movimiento de Donald Trump. Tomar la isla de Kharg supondría un golpe durísimo Irán, que perdería gran parte de su petróleo y de su poder de exportación. De hacerlo, una crisis del crudo podría estallar a nivel mundial.

Boric entrega el mando de Chile con la peor evaluación desde el retorno a la democracia

El experimento frenteamplista en Chile no terminó bien. Tras cuatro años en el poder, el presidente Gabriel Boric entregará este miércoles el mando al republicano José Antonio Kast, ubicado en sus antípodas ideológicas, cargando, además, con una de las peores evaluaciones de la reciente … democracia.
Pese al esfuerzo del Gobierno estos últimos tres meses por destacar las obras de la Administración, lo cierto es que Boric y su equipo ven hoy frustrados sus sueños refundacionales y entregan el país con preocupantes índices en materia fiscal (déficit estructural del 3,6% del PIB) y desempleo del 8,3%, así como de inseguridad y corrupción.

Algunos de los recientes sondeos de opinión lo colocan entre los mandatarios menos populares de los últimos decenios, con un respaldo cercano al 30% Este índice se ha mantenido inalterable durante todo el mandato y responde a una base incondicional que el sábado se reunió en la plaza de La Constitución, frente al palacio presidencial, para despedirlo y agradecerle su gestión.

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María J. Errázuriz

«Puedo decir con tranquilidad y convicción que me voy con la frente en alto y con las manos limpias», defendió Boric ante sus simpatizantes a modo de despedida.
Aunque el mandatario asegura haber entregado lo mejor de sí, lo cierto es que no pudo implementar su programa original en su totalidad. Por el camino se vio obligado a abandonar profundas reformas postuladas para varias instituciones. Entre ellas, la Policía, pensiones, tratados comerciales y la agencia tributaria.

Inexperiencia

La inexperiencia es el factor que todos los analistas señalan como el común denominador de este tropiezo, así como sostener un proyecto ideológico identitario que no respondía a las necesidades reales de la ciudadanía. De ahí que el primer golpe de realidad lo sufriera a mediados de su primer año en La Moneda, cuando los chilenos rechazaron por un 62% la primera propuesta constitucional que iba dar sustento a sus políticas.

«Puedo decir con tranquilidad y convicción que me voy con la frente en alto y con las manos limpias», defendió Boric ante sus simpatizantes el sábado

Al rescate de los frenteamplistas fueron dirigentes de la socialdemocracia, cuyo rostro emblemático fue la exministra del Interior Carolina Tohá. Apoyado en ellos, Boric se vio obligado a manejar una agenda impuesta por el país y centrada en el combate de la delincuencia y crimen organizado, el control de inmigración y el crecimiento económico, todas materias ajenas al mundo de la izquierda.
El joven mandatario, que deja el poder con 40 años y queda instalado en el carril presidencial con miras al 2030, puede contar entre sus logros importantes reformas como la ley de las 40 horas laborales, el aumento del salario mínimo y el término del copago en el sistema público de salud. Pero la más significativa, la reforma de las pensiones, sólo profundizó la participación de los entes privados en el seguro social.
En la carpeta de pendientes quedan otras como el fin del Crédito con Aval del Estado (CAE), que mantiene a miles de estudiantes universitarios endeudados, el pago de impuestos por los superricos o una nueva Constitución que pusiera fin a la impuesta por el dictador chileno Augusto Pinochet.
En lo político, Boric tampoco logró conformar una gran coalición de centroizquierda que fuera desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista y el Frente Amplio. Su sueño se truncó hace algunas semanas al exponerse las divergencias que tienen en temas como seguridad ciudadana. Esta ruptura quedó de manifiesto con la no concurrencia de algunos partidos a su cónclave de cierre realizado el viernes.
Aunque en lo electoral, tanto la derecha como la izquierda quedaron empatados en el Congreso, lo cierto es que la candidata presidencial oficialista, la comunista Jeanette Jara, obtuvo el peor desempeño de su sector desde 1990; la derecha radical y el populismo avanzaron y Boric entregará la banda presidencial a José Antonio Kast, un férreo detractor.