Starmer, en el alambre tras la dimisión de tres miembros de su Gobierno y un motín masivo de diputados que amenaza con tumbarle
Keir Starmer está en sus horas más bajas como líder laborista y como primer ministro británico tras la debacle en las elecciones municipales la pasada semana, pero de momento se niega a dimitir y se enfrenta, mientras, a presiones externas y sobre todo internas. Ya han renunciado este martes un total de tres miembros de su Gobierno y en las filas de Labour hay un motín: 82 diputados reclaman primarias en la formación, y la cifra necesaria para forzar esa votación son 81 (según el reglamento interno del partido, el 20% como mínimo del total de asientos que tiene el partido en el Parlamento, que son 403). Eso sí, a ese grupo le falta la segunda condición: un candidato de consenso para reemplazar a Starmer. Mientras, otros 100 al menos ya han firmado otra misiva pero de apoyo al jefe. «No es el momento de discutir el liderazgo del partido», avisan, sobre todo fijándose en la falta de unidad entre los detractores a la hora de proponer nombres para encabezar la formación.De momento, tres salidas se han confirmado en su Gobierno: Alex Davies-Jones, hasta ahora subsecretaria de Estado contra la violencia de Género, la ministra de Protección Social, Jess Phillips, y la titular de Comunidades, Miatta Fahnbulleh. Davies-Jones, de hecho, le ha pedido al todavía primer ministro que establezca «un calendario» para su propia dimisión y un relevo al frente de los laboristas. Philips añadió que lo que importa «son los hechos, y no las palabras» en otro llamado al líder para que dé un paso al lado.»Aunque se han logrado avances, no hemos actuado con la visión, la rapidez y la ambición que exige nuestro mandato de cambio. Tampoco hemos gobernado como un Partido Laborista claro en sus valores y firme en sus convicciones», sostuvo por otro lado Fahnbulleh en su carta de dimisión remitida al propio Starmer. «El mensaje en las puertas de los hogares fue claro: usted, primer ministro, ha perdido la confianza y la credibilidad del público», recalcó en la misma.Starmer, en cambio, no lo valora. Fue muy claro después de su reunión con sus diputados este martes en Downing Street. «El país espera que sigamos gobernando», aseguró, después de que el lunes reconociera «frustración» de propios y extraños en torno a su figura, pero al mismo tiempo alegase que una dimisión «sumiría al país en el caos». El viceprimer ministro, David Lammy, se sumó a esa tesis y apuntó que «no se debe cambiar al comandante en pleno vuelo» y Starmer ya este martes se mantuvo en sus trece con algo de autocrítica. «Asumo la responsabilidad por estos resultados electorales y asumo la responsabilidad de cumplir con el cambio que prometimos», les dijo a los diputados, según la BBC.El premier británico reconoció eso sí que la situación que tiene es delicada tras los malos resultados en las municipales -algo que ya se auguraba en las encuestas-, con un avance muy claro de los radicales de Reform UK, liderado por uno de los padres del brexit como es Nigel Farage, y en menor medida de los Verdes. El respaldo a los laboristas se ha quedado raquítico y se ha tomado como un mensaje rotundo al Gobierno central, tambaleado también por la implicación del exembajador de Reino Unido en EEUU, Peter Madelson, en los papeles de Epstein. Ese caso provocó una gran polémica, que llevó a la dimisión de Madelson y a poner el foco directamente en Starmer, que le nombró (según él sin tener toda la información).Con esa foto completa, este lunes y martes el primer ministro negó que vaya a dimitir. «Tengo detractores, incluso en mi propio partido. Tengo que demostrarles que están equivocados. Y lo haré», comentó, y ya el lunes sufrió las primeras salidas de asesores dentro del Ejecutivo, como Joe Morris, con un cargo en el Ministerio de Salud. Todas las voces aseguraron «no confiar» en la labor de Starmer, que ya tiene posibles sucesores sobre la mesa entre los que destaca Andy Burnham, alcalde de Manchester desde 2017 y que ya fue diputado en la Cámara de los Comunes. Eso sí, ahora ya no lo es, condición sine qua non para optar al liderazgo laborista y posteriormente al puesto de primer ministro; no obstante, podría optar a un escaño en las elecciones parciales que se celebran dentro de poco.Cabe recordar, asimismo, que en el Reino Unido los dos cargos van unidos: si Starmer cesa como líder laborista tiene que dejar de ser primer ministro, aunque puede permanecer al frente del Ejecutivo mientras ‘llega’ al puesto su sucesor. Eso ya pasó por ejemplo en el 2007, cuando Tony Blair, entonces en Downing Street, perdió las primeras de la formación frente al que fue su reemplazo, Gordon Brown, que tomó la jefatura del Gobierno un mes después de su victoria interna.La situación actual, además, despierta viejos fantasmas para el Reino Unido. El país tuvo seis primeros ministros en cinco años: David Cameron, Theresa May, Liz Truss, Boris Johnson y Rishi Sunak. Todos ellos generaron una crisis política en las eras del brexit y del inmediato posbrexit, y Starmer llegó al poder en 2024 con una mayoría absoluta muy clara en el Parlamento y prometió «evitar el caos» al que habían llevado a los británicos sus antecesores. «No somos como ellos», esgrimió en la campaña electoral. De hecho, se ha afanado en marcar no solo perfil propio frente a por ejemplo Donald Trump sino también en mejorar las relaciones con la Unión Europea.Pero los resultados electorales mandan y en los comicios locales el varapalo fue histórico para los laboristas: perdieron 1.068 concejales, muchos de los cuales fueron a parar a Reform UK o a los ecologistas. En Escocia, el laborismo redujo su representación en el Parlamento de Edimburgo, pasando de 21 a 17 miembros, pero aún más contundente fue su derrota en Gales, donde perdió el control del legislativo tras quedarse con solo 9 de los 44 escaños que tenía anteriormente. Todo eso ha dejado a Starmer en un alambre en el que se sostiene cada vez con más dificultad.

