Así ha frenado Trump el regreso de María Corina para sostener a Delcy tras el terremoto
El viernes, mientras los equipos de rescate seguían buscando supervivientes entre los edificios hundidos de La Guaira y Caracas, Donald Trump habló por teléfono con Delcy Rodríguez. El presidente quería ofrecer toda la ayuda posible y dar garantías de que Estados Unidos estaría junto … a los venezolanos ante un terremoto cuyas víctimas se contaban por miles, quizá por decenas de miles.
La conversación telefónica, confirmada por fuentes norteamericanas, se produjo en plena emergencia y cuando la estructura interina del régimen surgida tras la captura de Nicolás Maduro estaba bajo gran presión popular. Según esas fuentes, Trump transmitió a Rodríguez su respaldo, como suele hacer en semanas recientes. Y le dijo algo más: María Corina Machado había tomado la decisión de regresar a Venezuela tras meses fuera del país y era necesario minimizar cualquier tensión.
Washington necesitaba toda la cooperación del régimen para coordinar la ayuda, abrir corredores logísticos, facilitar la llegada de equipos estadounidenses de rescate de élite y preservar una relación que la Administración Trump considera esencial para la estabilidad del país en lo económico y, ahora, en la tarea urgente de salvar vidas tras un desastre que ha superado al Estado venezolano.
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DESDE LA CASA BLANCA
David Alandete
Una parte del equipo de Trump había argumentado ya ante el presidente que la vuelta de Machado, en mitad de una tragedia nacional y con miles de familias buscando desaparecidos, podía alterar por completo el precario equilibrio en Venezuela. Pero, en un primer momento, desde la Casa Blanca no se expresó claramente un bloqueo ni una oposición activa a ese viaje. Al menos, esa desaprobación no quedó percibida como tal por el equipo de Machado, según fuentes venezolanas.
La líder opositora había decidido ya que no podía seguir fuera de su país por más tiempo. Había permanecido en el extranjero desde su salida clandestina de Venezuela en diciembre, cuando cruzó el Caribe en una pequeña embarcación rumbo a Curazao, territorio neerlandés, antes de continuar a Noruega para recoger el Nobel de la Paz.
Desde entonces había insistido en que su salida era temporal. Vino a Washington y se reunió dos veces con Trump. Ser recibida cara a cara por un presidente de Estados Unidos es un privilegio reservado a muy pocos dirigentes extranjeros y suponía un reconocimiento implícito de la relevancia que Washington concedía a la opositora venezolana.
El Nobel y Trump
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Eso ocurría pese a las críticas iniciales de algunos sectores de la Administración Trump por haber recibido el Nobel de la Paz, un galardón que el presidente estadounidense ambicionaba, y pese a las conclusiones de la inteligencia estadounidense de que el Ejército venezolano no facilitaría una transición desde la dictadura hacia quienes se impusieron legítimamente en las elecciones de 2024, según las actas.
La primera reunión con Trump, la de la dedicación del Nobel en enero, fue muy cordial. El presidente quedó satisfecho y así lo dijo después a los medios. La segunda, en marzo, tuvo un punto de tensión, sobre todo por la determinación de Machado de volver a su país, más que por su expectativa de que Washington concretara un calendario electoral.
Que Machado aceptó durante un tiempo lo que le pedía la Casa Blanca lo demuestra el hecho de que, tras esa segunda visita, mantuvo un perfil muy bajo en Washington. Apenas hizo pronunciamientos públicos sobre su regreso o sobre las elecciones y acató la perspectiva de Trump sin disentir abiertamente. La vuelta quedaba supeditada, en la práctica, al calendario que marcara Trump y su equipo.
Todo eso quedó alterado por el terremoto.
La devastación, la cifra de muertos y heridos, la falta de acompañamiento visible del régimen en las calles y las denuncias sobre obstáculos a los voluntarios llevaron a Machado a concluir que debía regresar para acompañar a los venezolanos. Delcy Rodríguez, mientras tanto, acudió a una visita controlada, protegida por un fuerte dispositivo de seguridad y vestida con una prenda de lujo. A Diosdado Cabello se le vio enfrentado a un rescatista estadounidense que trataba de acceder a una zona de la que procedían gritos de auxilio.
El equipo de Machado trasladó a la Administración Trump que renunciaría a hacer política o activismo y que su presencia se centraría en ayudar en los rescates y apoyar a los voluntarios, como tantos otros venezolanos.
El viernes 26 de junio despegó desde Virginia en un avión privado con rumbo a Curazao, la isla neerlandesa situada frente a la costa venezolana. El vuelo había sido autorizado por autoridades estadounidenses, según dos fuentes norteamericanas conocedoras de la operación. Allí debía encontrarse con un equipo de seguridad privada y estudiar una entrada posterior a Venezuela.
Pero el avión no llegó a Curazao.
Cuando había alcanzado Carolina del Norte, funcionarios estadounidenses se pusieron en contacto con el entorno de Machado. Delcy no aceptaría su regreso y aquello suponía, según esas fuentes, un grave riesgo para la líder opositora. Además, las autoridades neerlandesas, responsables de Curazao, recibieron señales de que un cruce hacia Venezuela no sería autorizado, lo que podía generarles un problema diplomático y operativo.
Machado dio la vuelta.
ABC habló con una fuente de la Administración Trump que aseguró que se había comunicado al equipo de Machado que no contaría con protección estadounidense y que se exponía a quedar a merced del régimen o de cualquier incidente de seguridad. El equipo de Machado negó ese extremo. Asegura que en ningún momento solicitó ni recibió una oferta de protección y que solo se habló de la idoneidad del viaje. Insisten en que no se solicitó de ningún modo esa protección.
La cuestión de la seguridad se convirtió después en el centro de una disputa.
Una filtración a Axios, publicada el miércoles, describió la voluntad de Machado de regresar como «grotesca», un ataque durísimo desde el anonimato. Un responsable de la Administración Trump afirmó que no se trataba solo de ayuda y sugirió que la opositora esperaba garantías de protección de Estados Unidos. «Si está junto a marines estadounidenses, no le pasará nada. Y parecerá que ella está al mando. ¿Ahora qué, la instalamos?», resumió esa fuente en Axios.
Alarma en Washington
En la Casa Blanca se había impuesto una evaluación política mucho más amplia. El regreso de Machado, creen, podía provocar una movilización social difícil de manejar en un país conmocionado, con barrios enteros arrasados, una administración chavista cuestionada y una población que empezaba a expresar abiertamente su frustración por el retraso de los rescates y la falta de información.
La llegada de la principal figura opositora podía transformar una catástrofe humanitaria en una crisis de poder, cuando lo que necesitaba Venezuela, a ojos de ese sector de la Administración, era estabilidad y reforzar los cimientos del Estado.
La escena que Washington quería evitar es fácil de imaginar: Machado entrando en Venezuela rodeada de quienes la esperan y apoyan mientras Delcy Rodríguez trataba de proyectar control, los voluntarios de la oposición desplegaban redes de ayuda y los ciudadanos comparaban la reacción de una dirigente que volvía al país con la de una estructura chavista todavía asociada al aparato de Maduro y a la defectuosa construcción de las viviendas por parte del chavismo.
Tras la captura de Maduro hace seis meses, Washington decidió no propiciar un relevo inmediato de poder. Apostó por una transición gradual con Delcy Rodríguez como interlocutora provisional. Esa fórmula permitía preservar el funcionamiento del Estado, mantener abiertas las rutas de cooperación en seguridad y migración, facilitar la entrada de empresas occidentales en el sector petrolero y evitar el vacío que podía dejar el colapso de un régimen que durante años concentró el control territorial, militar y administrativo del país. Delcy, además, había demostrado una capacidad de cooperación total, sin reservas, entrega absoluta.
Los contactos con Machado continuaron durante el fin de semana. Fuentes estadounidenses conocedoras de esas conversaciones aseguran que varios interlocutores estadounidenses le recomendaron ahora paciencia. Le pidieron que no tratara de entrar de inmediato y que evitara una confrontación que, a juicio de un sector imperante en la Casa Blanca, podía poner en peligro la transición.
El domingo, la dirigente intentó una segunda ruta. Viajó comercialmente a Ciudad de Panamá y trató de tomar un vuelo de Copa Airlines hacia Caracas. Tampoco pudo hacerlo. Según personas informadas sobre el episodio, la aerolínea temía que permitir su embarque provocara represalias del régimen venezolano y pusiera en riesgo sus operaciones en el país.
Machado denunció en un vídeo que Delcy llegó a cerrar el espacio aéreo venezolano para impedirle regresar, algo que quedó reflejado en registros oficiales, aunque el régimen no ha explicado el motivo de aquella decisión.
Machado no dispone de un pasaporte venezolano válido. Esa circunstancia, que en cualquier democracia sería un mero problema administrativo, se convierte en Venezuela en un mecanismo de control político. Para entrar necesita, en la práctica, un salvoconducto del mismo aparato que la inhabilitó, la persiguió y la obligó a abandonar el país.
En el mensaje, grabado desde Panamá, Machado acusó a las autoridades de bloquear ayuda humanitaria, dificultar la llegada de rescatistas y silenciar información sobre la dimensión real de la tragedia. El Wall Street Journal recogió además denuncias de pilotos privados sobre obstáculos burocráticos a vuelos hacia Venezuela, incluidos algunos relacionados con ayuda y personal humanitario.
El sector dominante en la Administración Trump recibió esas declaraciones con irritación. Considera la voluntad de Machado de regresar una afrenta a su estrategia.
Pero ese sector no es único ni monolítico. Hay diplomáticos de carrera y aliados de Trump, sobre todo en Florida, que creen que ese veto, ya notorio, puede soliviantar a grupos de votantes latinos en Estados Unidos, decisivos en las elecciones parciales de noviembre y especialmente sensibles a todo lo relacionado con Venezuela. Ya los demócratas han logrado importantes avances en el sur de Florida, y los republicanos necesitan cada voto para bloquear comisiones de investigación que quieran hacer descarrilar la agenda de Trump en el final de su presidencia.
Terremoto y poder
Fuentes venezolanas conocedoras de esos contactos atribuyen el bloqueo al regreso de Machado no sólo a decisiones del chavismo, sino también a la disputa interna en Washington. Según esas fuentes, la crisis ha dejado al descubierto la ausencia de una posición única dentro de la Casa Blanca sobre Venezuela y sobre el papel que debe desempeñar la dirigente opositora en una eventual transición.
En ese debate conviven quienes priorizan la estabilidad y la cooperación con Delcy Rodríguez para mantener en pie las estructuras del Estado; quienes creen que Washington debería respaldar con mayor claridad una ruptura con el aparato chavista y la restitución democrática; y quienes analizan el caso venezolano también en función de las elecciones legislativas de noviembre y de la futura pugna republicana por la sucesión de Trump. Esa superposición de intereses ayuda a explicar, según esas fuentes, las señales contradictorias recibidas por el entorno de Machado.
Una de esas fuentes resume así el coste político de esa estrategia: «Convertir a Machado en una adversaria y a Delcy en una víctima no tiene ningún sentido y no va a funcionar. Es contra natura. Un electorado clave en distritos necesarios para los republicanos no lo va a aceptar».
En paralelo, el periodista español Javier Negre ha difundido desde Venezuela afirmaciones adversas para la opositora. Negre, el único periodista al que Delcy Rodríguez ha concedido una entrevista durante esta crisis, atribuye sus informaciones a fuentes directas de la Administración y sostiene que en determinados círculos de la Casa Blanca se ha consolidado un recelo hacia Machado.
Según su relato, ese malestar tendría varios orígenes: la incomodidad por el Nobel de la Paz y por el supuesto lobby que habría acompañado su concesión; la presión de Machado para acelerar la transición y sus críticas a Delcy Rodríguez; y los presuntos vínculos de miembros de su entorno con fundaciones, organizaciones y dirigentes demócratas. Negre asegura también que el último intento de Machado de llegar a Curazao y organizar desde allí una entrada en Venezuela agravó el choque con Washington.
De momento, Machado ha tomado la determinación de volver. Lo haga de forma inmediata o no, en Washington se es consciente de que las críticas populares al régimen en el rescate y la reconstrucción no dependen de que lo logre o no.

