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Dinamarca vota bajo la amenaza de Trump y el cansancio político

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha cargado en los últimos meses con un gran peso sobre sus hombros: la crisis de Groenlandia podría desmoronar no solo su reino, sino toda la OTAN. Ha debido afrontar esa inesperada crisis desde una posición política … de desgaste que deseaba subsanar convocando estas elecciones anticipadas, convertidas en un referéndum sobre su gestión de la endiabladamente difícil relación con Trump. Tiene buenas posibilidades de seguir en el puesto, según las encuestas, pero la campaña electoral ha demostrado que hay otros asuntos que preocupan a los groenlandeses más incluso que la amenaza sobre la isla ártica y que van desde la inmigración hasta la fumigación de los cultivos con nitratos.
Uno de cada tres daneses, por ejemplo, quiere que la inmigración desde países no occidentales sea detenida, incluso si afecta a la economía danesa, según encuesta realizada por Gallup para BT. Las chispas saltaron en el último debate, cuando Lars Boje Mathiesen (BP) salió de su estrado y se acercó al actual ministro de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, y colocó sobre su mesa una foto. Era de la mujer que fue atropellada por un inmigrante que había sido expulsado hacía tiempo de Dinamarca por pertenencia a una banda criminal. Además, conducía bajo los efectos del cannabis a 11 kilómetros por hora en el casco urbano junto al centro de deportación Kærshovedgard, cerca de Bording.

«Cuando hables de proporcionalidad, díselo a Sven, su marido», le dijo. Pelle Dragsted, de Alianza Rojiverde, respondió señalando que «la comadrona que ayudó a mi hija a nacer, Nora, en Rigshospitalet, es a quien estás golpeando con tu retórica». «Si gobernásemos nosotros no habría Kærshovedgard», zanjó Inger Støjberg, la presidenta de los Demócratas Daneses, para quién la política migratoria de Frederiksen, una de las más duras de Europa, no es lo suficientemente restrictiva.

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Rosalía Sánchez

La crisis del orden internacional juega a favor de Frederiksen en estas elecciones. En la noche de este lunes, en su última declaración antes de la votación, recalcó que «es importante que las partes danesas puedan cooperar dada la situación mundial». «Siento cuando la gente se mete demasiado en las esquinas», añadió, «lo más difícil de todo es que no sabemos dónde estará el mundo dentro de seis meses o en un año. Creo que he demostrado que Dinamarca es más fuerte hoy que el día que asumí el poder y que los daneses lo creen también así».
Su Partido Socialdemócrata espera pérdidas significativas, pero probablemente seguirá siendo el más votado con alrededor del 20%. Hasta ahora, Frederiksen ha buscado asociaciones de gobierno con el bando conservador, pero desde dentro de su partido se le está exigiendo ahora un pacto con los otros partidos de izquierdas, que podría ser suficiente para que el «bloque rojo» tuviera su propia mayoría en el Parlamento danés, conocido como el Folketing.

Difícil formación de gobierno

«En lo que respecta al cargo de primer ministro, la carrera entre Troels Lund Poulsen y Mette Frederiksen ya está prácticamente decidida. Poulsen está a kilómetros de convertirse en el nuevo jefe de gobierno. Según las encuestas, su partido liberal Venstre probablemente obtenga apenas alrededor del diez por ciento de los votos», dice Kasper Moller Hansen, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Copenhague sobre su principal competidor.
Frederiksen ha centrado su campaña deliberadamente en cuestiones de izquierda, incluida la introducción de un impuesto sobre la riqueza y la edad de jubilación, que acaba de elevarse a 70 años y que promete no subir más. Pero todas sus promesas dependerán de la formación de gobierno, que se presenta especialmente difícil en un escenario político muy fragmentado. Un electorado de 4,3 millones de votantes elige entre 12 partidos políticos.
Si lo que apuntan las encuestas se confirma, Frederiksen no tendría mayoría con el bloque de izquierdas, ni siquiera recurriendo a los diputados de las Islas Feroe y Groenlandia, los dos territorios autónomos que eligen cuatro mandatos en total. Pero tampoco la tendría con la coalición actual, una fórmula inédita que eligió en 2022 apelando a la difícil situación geopolítica y que se quedaría bastante más lejos de la mayoría, con un retroceso conjunto de las tres fuerzas de unos 15 puntos porcentuales, según los sondeos. Y la situación parece todavía más difícil en el bloque de derecha, que no sólo debe superar unos pronósticos desfavorables, sino también las rencillas internas y la falta de un liderazgo claro.
El líder del Partido Liberal y actual ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, por debajo del 10%, ha evitado rechazar abiertamente la posibilidad de un nuevo gobierno con Frederiksen. El otro posible líder del bloque, Alex Vanopslagh, de la Alianza Liberal, no cuenta con el apoyo de todas las fuerzas y ha confesado en campaña que había consumido cocaína al inicio de su liderazgo en el partido. Se prevén unas negociaciones tan complicadas que 10 de los 14 partidos han cancelado su asistencia al tradicional debate televisado de media noche, tras el recuento de votos, en el que se suelen trazar las líneas fundamentales de la formación de gobierno.

Bolsonaro abandona la UCI y es trasladado a una habitación del hospital en el que está ingresado

El expresidente brasileño Jair Bolsonaro dejó este lunes la unidad de cuidados intensivos (UCI) y fue trasladado a una habitación en el hospital DF Star de Brasilia, donde permanece ingresado desde el pasado 13 de marzo, según fuentes médicas citadas por el portal G1.
De acuerdo con declaraciones del médico de cabecera de Bolsonaro, Dr. Brasil Caiado, pese al traslado, el exmandatario aún no tiene fecha prevista de alta hospitalaria, tal y como se había informado en la mañana de este lunes en el último parte médico.

En el boletín, los galenos habían anunciado que el exmandatario podía salir de la UCI en las próximas 24 horas si mantenía una «evolución satisfactoria» ya que venía evolucionando de forma «clínicamente estable».

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Guadalupe Piñeiro Michel

El líder de la ultraderecha brasileña, condenado a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe de Estado, fue hospitalizado tras sufrir una neumonía derivada de una broncoaspiración mientras dormía en su celda de la penitenciaría militar de Papuda.
El ex jefe de Estado (2029-2022), de 71 años, continúa con tratamiento de antibióticos y recibiendo fisioterapia respiratoria y motora.
Los problemas de salud del exmandatario son achacados por Bolsonaro a la puñalada que sufrió en 2018 durante las elecciones y desde que fue condenado, según su familia, la situación ha empeorado en los últimos meses con crisis recurrentes de hipo, mareos y vómitos.
Sus abogados han solicitado en diversas oportunidades al Supremo que le conceda al expresidente la prisión domiciliaria por razones «humanitarias» y aunque hasta la fecha todos los recursos han sido rechazados parece que la situación puede cambiar en los próximos días.

La Fiscalía, a favor de concederle prisión domiciliaria

Este mismo lunes, la Fiscalía General de Brasil se pronunció a favor de concederle prisión domiciliaria al exmandatario por razones de salud, en respuesta a una solicitud de la Corte Suprema de Justicia.
El fiscal general, Paulo Gonet, sostuvo que el estado de salud del exmandatario requiere una atención constante que, en su opinión, puede ser mejor proporcionada en un entorno familiar.
«Está demostrado que el estado de salud del solicitante de prisión domiciliaria requiere la atención constante y cuidadosa que el entorno familiar, pero no el sistema penitenciario vigente, está en condiciones de proporcionar», declaró el jefe del Ministerio Público en su escrito, al que tuvo acceso EFE.
La decisión final sobre un eventual cambio de régimen corresponde al juez instructor del caso en el Supremo que puso a Bolsonaro tras las rejas, Alexandre de Moraes, quien deberá analizar la petición de la defensa en los próximos días.

Guerra en Irán, en directo | Dos instalaciones energéticas iraníes, atacadas a pesar de la tregua anunciada por Trump

Irán ha registrado daños esta madrugada en dos infraestructuras energéticas clave en Isfahán y Jorramshar tras una nueva oleada de ataques. Los impactos han afectado a una estación de gas, un edificio administrativo y un gasoducto, con daños también en zonas residenciales cercanas. Por su parte, Irán lanzó la madrugada de este martes hasta seis andanadas de misiles contra Israel, según alertó por mensajería el Ejército israelí, sin causar heridos pero sí daños en infraestructuras y varios incendios. Además, Kuwait reportó este martes daños en su red eléctrica tras los impactos de restos de drones abatidos, mientras que Arabia Saudí y Baréin informaron de nuevos ataques sobre su territorio.En paralelo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asegiró este lunes que el presidente de EEUU, Donald Trump, le había trasladado que ve factible la posibilidad de «lograr los objetivos de la guerra mediante un acuerdo con Irán». Trump anunció también que paraliza «todos los ataques militares a infraestructuras energéticas iraníes» y da a Teherán cinco días para profundizar en «conversaciones productivas» sobre el estrecho de Ormuz y para la resolución «completa y total de las hostilidades». Sin embargo, Irán negó dichas negociaciones.

Vladimir Putin se lleva un enorme beneficio inesperado gracias a la guerra de Irán

Entre el 22 y el 26 de febrero, el Sarah, un petrolero de 20 años de antigüedad con bandera de Hong Kong, apagó temporalmente sus transpondedores para recoger tres cargamentos de petróleo ruso de buques más pequeños frente a la costa de Omán. A continuación, … puso rumbo a Singapur, donde probablemente tenía previsto traspasar el cargamento a otro buque «fantasma», con destino a China. Sin embargo, el 6 de marzo, al día siguiente de que Estados Unidos aprobara una exención a las sanciones de 30 días que permitía a las refinerías indias comprar crudo ruso, el Sarah cambió bruscamente de rumbo. Ahora tiene previsto llegar a una refinería del oeste de la India el 14 de marzo.
El giro de 180 grados del buque es una metáfora del drástico cambio de suerte que ha sufrido la industria energética rusa desde el inicio de la guerra de Irán. El cierre de facto del estrecho de Ormuz ha dejado atrapado en el Golfo alrededor del 15% del petróleo mundial. En diciembre, el crudo Brent, el índice de referencia mundial del precio del petróleo, tocó su nivel más bajo en cinco años, de 59 dólares el barril, y la industria pronosticó un «superexceso de oferta»; ahora ronda los 100 dólares. Esta evolución ha hecho que el petróleo ruso sea más difícil de rechazar. El 12 de marzo, la administración Trump amplió su exención para permitir que todos los países compraran el petróleo ruso ya cargado en petroleros.

El respiro no podía llegar en mejor momento para Vladimir Putin. Antes de la guerra de Irán, parecía que los ingresos petroleros de Rusia –y su economía– finalmente estaban hundiéndose. Muchas refinerías de la India y China, los mayores clientes del país, dejaron de comprar en torno a noviembre, antes de que entraran en vigor las sanciones estadounidenses contra Rosneft y Lukoil, sus dos mayores productores. En febrero, los volúmenes de exportación se habían desplomado en una quinta parte; dicha evolución, junto con unos precios más bajos, llevó a que los ingresos del Kremlin por petróleo y gas fueran un 44 % inferiores a los de un año antes. En solo dos meses, su déficit presupuestario alcanzó los 3,4 billones de rublos, nueve décimas partes del objetivo para todo el año 2026. Ahora el Brent ha vuelto al nivel medio que registraba el año de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. Si el estrecho de Ormuz permaneciera cerrado durante mucho más tiempo, Rusia podría cosechar otra «ganancia inesperada al estilo de 2022», suficiente para compensar los 300.000 millones de dólares en reservas del banco central congeladas por Occidente ese año, calcula Robin Brooks, del think tank Brookings Institution.

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Agustín Pery

El beneficio más inmediato de la crisis del Golfo para Rusia es la oportunidad de liquidar el enorme retraso en los envíos que, a falta de compradores, se había acumulado en el mar. La India ya ha incrementado sus compras en aproximadamente un 50%, lo cual ha contribuido a reducir las existencias de Rusia en el mar en más de un 10%, hasta 122 millones de barriles. Las importaciones de China también han aumentado. Este extremo beneficia a los comerciantes más que a las finanzas de Rusia, pues los envíos ya se han vendido. Sin embargo, parece probable que la administración Trump, oficialmente o no, adopte también una actitud permisiva hacia los nuevos barriles de Rusia. Rusia se beneficiaría en tres frentes: precios más altos para sus productos, suavización de las sanciones occidentales y posible respaldo chino para nuevos proyectos.

¿Por qué es tan atractivo el crudo ruso?

Empecemos por los precios. La ausencia de petróleo del Golfo ha desencadenado una carrera por el crudo alternativo. El petróleo de Rusia es más atractivo que el de la mayoría: es similar en calidad a la mayor parte del petróleo de Oriente Medio y, por tanto, más barato y más fácil de procesar para las refinerías asiáticas –los principales clientes del Golfo–. El suministro es ahora tan codiciado que el crudo Urals entregado a la India, que antes tenía un fuerte descuento, se vende con una prima con respecto al Brent.
También esto podría subestimar los beneficios que los vendedores de crudo ruso pueden esperar obtener hoy en día. Las refinerías independientes chinas, que compran grandes cantidades, utilizan un «precio de activación» para pagar las importaciones. Los proveedores pueden darles hasta dos meses tras la entrega para fijar el precio, indexado al Brent, lo cual permite a los compradores obtener liquidez mediante la venta de productos. Mientras tanto, las refinerías deben aportar un margen basado en el valor al contado del cargamento. El Brent está subiendo ahora tan rápido que muchas pequeñas refinerías independientes han tenido dificultades para hacer frente a los requerimientos de margen, afirma Tom Reed, de Argus Media, una agencia de información sobre precios. Esta circunstancia brinda a los proveedores la opción de forzar acuerdos a precios máximos.
Sergey Vakulenko, antiguo empleado de Gazprom Neft, compañía petrolera rusa, estima que cada aumento de 10 dólares en el precio del Brent a lo largo de un mes impulsa las exportaciones energéticas de Rusia en 2.800 millones de dólares, de los cuales unos 1.600 millones de dólares van a parar al Kremlin. El encarecimiento del gas aporta unos pequeños ingresos –la mayor parte del GNL de Rusia lo vende una empresa privada, y las exportaciones por gasoducto están muy por debajo de los volúmenes de 2022–. Esto ayudará a reforzar el presupuesto de Rusia para 2026, que había previsto un precio del petróleo de 59 dólares por barril, extremo que le dará más tiempo para librar la guerra. También impulsará mecánicamente el PIB.
Mientras tanto, la crisis energética está dificultando que los países occidentales endurezcan las sanciones, lo cual supone una segunda ventaja para Putin. Con anterioridad, la administración Trump parecía dispuesta a endurecer ligeramente su postura frente a Rusia mediante la imposición de «aranceles secundarios» y la persecución de su flota fantasma. Sin embargo, con la última flexibilización, la credibilidad de Estados Unidos se ve debilitada, afirma Rachel Ziemba, del think tank Centre for a New American Security. Además, aumenta la brecha con la Comisión Europea, que había propuesto una prohibición total de los servicios marítimos para las exportaciones de petróleo ruso, que debía coordinarse con Estados Unidos y otros miembros del G7. Ese paquete de sanciones, al que se han opuesto Hungría y Eslovaquia, parece ahora aún menos probable que se apruebe.

Cada aumento de 10 dólares en el precio del Brent a lo largo de un mes impulsa las exportaciones energéticas de Rusia en 2.800 millones de dólares

Aún más alarmante es que una inminente crisis del gas pueda convencer a los países europeos de incumplir sus compromisos de dejar de comprar GNL ruso a partir del año que viene. Hungría y Eslovaquia, que también deben dejar de recibir gas por gasoducto de Rusia en 2027, podrían oponerse también. «No podemos permitirnos librar dos guerras al mismo tiempo», afirma un alto cargo europeo.
La guerra en el Golfo también preocupa a China, que suele recibir una tercera parte de su GNL de la región. Tal evolución podría acercarla aún más a Rusia –tercera ventaja–. La crisis ha hecho que China sea muy consciente de su vulnerabilidad ante los cuellos de botella marítimos. El país cuenta con vastas reservas de crudo –1.300 millones de barriles, equivalentes a casi cuatro meses de importaciones–, pero sus reservas de gas, que son más difíciles de almacenar, solo cubren 40 días. Recurrir a esas reservas ahora obligará a reponerlas durante el verano, cuando China podría tener que competir ferozmente con Europa, Japón y otros compradores por los cargamentos de GNL al contado.
Eso hace que las opciones de suministro de gas por tierra resulten atractivas, y Rusia ofrece una. En los últimos años, el Kremlin ha presionado intensamente para que China respalde «Power of Siberia 2», un gasoducto de 2.600 km que podría duplicar con creces las exportaciones de gas de Rusia al país. Los dos gobiernos firmaron un memorando de entendimiento el año pasado, pero las negociaciones sobre el precio, los compromisos de volumen y las condiciones de «take-or-pay» se han estancado, ya que China se ha mostrado inflexible. Es posible que China ofrezca ahora un precio ligeramente mejor, lo que aumentaría las posibilidades del proyecto. Con el tiempo, también podría comprar más a los gigantescos proyectos de GNL de Rusia en el Ártico.

Una suerte que puede no durar

El notable giro de la fortuna de Rusia podría acabar siendo un «subidón de azúcar» que apenas contribuye en gran medida a resolver sus problemas más profundos, afirma Thane Gustafson, de la Universidad de Georgetown. Los implacables ataques de Ucrania contra las instalaciones petroleras rusas han obligado a las empresas energéticas a reorientar hacia las reparaciones el escaso capital destinado a nuevas perforaciones. Las sanciones, la caída de los precios y la rapacidad fiscal han degradado aún más la capacidad del sector para invertir en nueva producción. Los analistas calculan que Rusia solo tiene una capacidad excedentaria de 300.000 barriles diarios, lo que hace poco probable que pueda reemplazar gran parte de los 10-15 millones de barriles diarios que faltan en el Golfo a corto plazo. «Ucrania tiene todos los incentivos para redoblar sus ataques y garantizar que la producción rusa siga en peligro», afirma John Kennedy, un antiguo cargo comercial británico en Rusia. Tampoco puede producir mucho más GNL.
¿Podrían los altos precios brindar a las petroleras rusas la capacidad necesaria para aumentar la producción a largo plazo? Quizás, pero el sector se enfrenta a un dilema. Las empresas solo realizan grandes inversiones si se espera que los precios se mantengan lo bastante altos durante el tiempo suficiente, lo que significa que la guerra del Golfo se prolongue mucho más allá de marzo. Sin embargo, una crisis prolongada podría empujar el Brent por encima de los 150 dólares el barril, destruyendo demanda y acelerando el abandono del petróleo, lo cual anularía las ganancias derivadas de unos precios más altos. En cualquier caso, el Kremlin podría apropiarse de los ingresos para rearmarse, dejando poco margen para un aumento de la producción. Mientras tanto, el caos en el Golfo podría provocar la implosión de la OPEP, convirtiendo a Rusia y a sus antiguos aliados, entre los que destaca Arabia Saudí, en competidores.
La guerra de Irán no supone, por tanto, un cambio de rumbo para Rusia. Estaba mucho mejor antes de 2022, cuando podía vender hidrocarburos a todo el mundo, sus empresas petroleras podían asociarse con las grandes occidentales y su infraestructura energética no se había visto degradada por ataques y sanciones. El encarecimiento del petróleo y un poco más de influencia repararán quizás el 20% de ese daño, calcula Vakulenko. Sin embargo, afirma, no evitarán que la producción petrolera de Rusia disminuya un 3% al año. A medida que se han invertido dinero y mano de obra en la maquinaria bélica, la economía civil se ha visto desangrada. Tampoco más dinero se traducirá en éxito militar en el campo de batalla: la falta de avances de Rusia no se debe a que carezca de poderío financiero, sino a que no puede proyectar su fuerza militar. Ormuz le ha dado a Rusia un subidón de azúcar, pero no puede solucionar todos sus problemas.
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El Gobierno de Kast anuncia un alza histórica de los combustibles que golpea el bolsillo de los chilenos

Desde que asumió el pasado 11 de marzo el cargo de ministro de Hacienda de Chile, el economista Jorge Quiroz, adelantó ante distintas audiencias que en su rol no iba a ser ni simpático ni popular y la noche de este lunes dio la … primera señal que actuará en consecuencia.
Pasadas las 21 horas, el gobierno de José Anotnio Kast anunció un alza histórica de los combustibles que golpea duramente los bolsillos de los chilenos. La medida busca enfrentar los efectos que tiene en la economía mundial la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, cuestión que en las últimas semanas ha llevado el precio del barril de petróleo por sobre los US$100.

Pese a que en Chile existe un mecanismo de estabilización de precio de los combustibles (petróleo, diésel y parafina) conocido como Mepco, lo cierto es que el escenario externo orilló al titular de Hacienda a modificar la fórmula con que se calcula su aplicación para evitar desembolsar casi US$140 millones semanales para mantener el combustible estable.

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David Alandete

Es así como a partir de este jueves el diésel subirá $370 (0,41 dólar) y el petróleo $580 (0,64 dólar), convirtiéndose en la mayor alza desde la pandemia en 2020. En la actualidad, la gasolina de 93 octanos tiene un valor cercano a $1.165 (1,2 dólar) y con el ajuste llegará a casi $1.500 en la capital.
Consciente de lo impopular de la medida y ante la eventualidad de que diversos sectores sociales protesten, Quiroz aseguró que «no voy a retroceder en esta convicción». «No estoy para ser popular, no estoy aquí para ganar, después, una candidatura. Estoy para cuidar la hacienda pública, el dinero de todos los chilenos», dijo en una de las tantas entrevistas televisivas que ofreció anoche para explicar la medida.
El secretario reconoció que el alza anunciada es efectivamente «mucho» y por lo mismo anunció una serie de medidas paliativas para compensar el impacto que esto tendrá en las familias chilenas.
Es así como el transporte público en el Gran Santiago, conocido como sistema Red, registrará un congelamiento de tarifas hasta el 31 de diciembre de 2026. Cabe recordar que un alza de $30 en este sistema, en octubre de 2019, detonó las protestas estudiantiles que derivaron en el estallido social. En el caso de las demás regiones del país se dispondrá de recursos para contener el alza.
Asimismo, Hacienda resolvió bajar el precio actual de la parafina, que ya había registrado un aumento en las últimas semanas, al nivel en que se encontraba en febrero de este año y se mantendrá así durante todo el otoño e invierno.
Además, se entregará una subvención de $100.000 (110 dólares) mensuales a taxis y colectivos por hasta seis meses y se buscará promover la electromovilidad, para lo cual el Banco Estado abrirá una línea de financiamiento que permita a este transporte reconvertirse y renovar la flota.
Quiroz también informó que se enviará al Congreso un proyecto de ley de discusión inmediata para reponer el Fondo de Estabilización del Precio del Petróleo desde US$5 millones actuales a US$60 millones.
«Espero que el país nos comprenda, que entienda la situación que heredamos, es una situación históricamente frágil», dijo el ministro de Hacienda, quien en sus primeros días en el cargo instruyó un recorte del 3% en cada uno de los 25 ministerios para alcanzar un ahorro de US$3.000 millones.

Fotografía que muestra precios de combustible en una estación de gasolina este lunes, en Santiago de Chile.

(EFE)

Insistió en que «enfrentado a esta crisis histórica, con una estrechez económica también muy aguda, heredada de las administraciones anteriores, tenemos que tomar decisiones duras, difíciles».
El ministro entregó señales la semana pasada de que tomaría medidas impopulares y diversos gremios como los camioneros elevaron la voz para adelantar que el alza en los combustibles lo deberán traspasar a los consumidores, lo que adelanta un incremento de la inflación de hasta 1 punto en el mes de abril.
Por lo mismo, si bien el presidente Kast mantenía hasta el viernes pasado un apoyo popular de un 57%, este domingo algunas encuestas ya registraban una caída de 6 a 7 puntos.
Consciente del impacto social de las medidas, el mandatario se reunió este lunes con los máximos dirigentes de los partidos oficialistas y el comité político de ministros en La Moneda, para ordenar a su sector ante los anuncios que se harían y pedirles que presenten un frente común ante los cuestionamientos que surgirán.

¿Por qué Trump no podrá acabar a base de mentiras con la guerra de Irán?

La desesperación, como el miedo, puede resultar muy contagiosa. Y la angustia que los ayatolás de Teherán empezaron a sentir hace cuatro semanas ha terminado por ser compartida por los trumpistas de Washington. Pero del lado de EE.UU., toda esta frustración no debería ser … una sorpresa. Esto es lo que pasa cuando se empieza una guerra sin aliados, sin legitimidad, sin planificación y sin credibilidad alguna.
El viernes pasado, el presidente Trump descartaba categóricamente la posibilidad de una tregua en las hostilidades iniciadas bajo la fantasía de cambio de régimen y sin pensar en las consecuencias. Desde el fortalecimiento de los rivales de EE.UU. al riesgo de una grave recesión global, pasando por la destrucción del atractivo populista-aislacionista de Trump entre sus seguidores. Hasta que finalmente este lunes ha aceptado un alto el fuego de cinco días en virtud de unas conversaciones «muy fuertes» que el régimen iraní desmiente.

A partir del más que previsible cierre del estrecho de Ormuz, la Casa Blanca no ha hecho más que demostrar su creciente desesperación. Desde el levantamiento de sanciones no solamente a Rusia sino también al petróleo iraní ya embarcado. Hasta la humillación de pedir ayuda en plan «Los santos inocentes» ni más ni menos que a China para reabrir Ormuz: «Señorito Xi Jinping, por favor, una ayuda para enterrar a los ayatolás».

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Mikel Ayestaran

Esta guerra ha terminado por convertirse en la mejor, y más costosa, expresión del liderazgo caótico, egocéntrico y destructivo de Trump. Rodeado de un círculo de palmeros sicofantes, el presidente no ha dejado de hacer declaraciones públicas tan ridículas como contradictorias. Vestido de fantoche, ha recibido a los primeros militares caídos en combate y ha intentado engañar al mundo sobre las trágicas muertes de decenas de escolares iraníes, causadas por un misil que falló en su objetivo. Lo único que ha conseguido Trump en Irán es demostrar su inclinación hacia la mentira, el sectarismo y la vileza; pero también su terrible incapacidad para decidir sobre las cuestiones más trascendentales del gobierno de Estados Unidos.