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Las diferencias entre EE.UU. y Europa sobre Irán y el gasto militar marcan la cumbre de la OTAN en Turquía

La cumbre de la OTAN que comienza en Ankara este martes es probablemente la más imprevisible de los últimos años. Las presión del lado estadounidense para que los aliados europeos aumenten el gasto en defensa se da por descontada y, probablemente, dará lugar a momentos más o menos bruscos con países como España … , que mantiene una posición abiertamente reticente.
Sin embargo, lo esencial va a ser la actitud del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien viene a la capital turca con ganas de atacar a los países que considera que no se pusieron de su parte en su aventura en Irán y el estrecho de Ormuz. Trump ha dicho antes de partir que, si no fuera porque la invitación venía de parte del dirigente turco Recep Tayyip Erdogan, uno de sus mejores amigos ahora, ni siquiera habría participado.

En el último año, desde la anterior cumbre de La Haya en la que Trump impuso con calzador la cifra del objetivo del 5% del PIB en gasto militar, los europeos han asumido que Washington ya ha puesto en marcha su amenaza de retirar parte de su presencia militar en el continente. Ese es el símbolo más evidente de la creciente distancia entre las dos orillas del Atlántico.

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David Alandete

El secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, se ha visto respaldado hasta ahora en todas sus gestiones –a veces humillantes– para mantener a Trump en la órbita de la Alianza y ahora puede empezar a tener problemas con algunos gobiernos europeos que han decidido que ya no aguantan los ataques de la Casa Blanca. Las tensiones con la italiana Giorgia Meloni se han visto a la luz del día, así como las quejas del francés Emmanuel Macron de que la retirada de tropas estadounidenses se hace sin planificación ni consultas. Nunca antes se había acumulado tanta tensión antes de una cumbre de la OTAN.
El embajador de Estados Unidos en la organización, Matt Whitaker, ha declarado esta semana pasada que el encuentro «será realmente una medición del progreso respecto al compromiso acordado en La Haya». Además, subrayó que «el presidente Trump espera plenamente que todos los aliados den un paso al frente de inmediato, se encaminen hacia el 5% del PIB en defensa y lo hagan con urgencia». Y, respecto a la retirada de tropas y armas de Europa, insistía en que «Estados Unidos no se va a ninguna parte, pero tenemos responsabilidades globales» que obligarán a realizar un redespliegue que no estaría relacionado con el malestar de Trump con algunos países europeos. En este escenario, España puede ser el blanco de las críticas más severas por parte de Trump, como ya ha adelantado él mismo en los últimos meses.

«El presidente Trump espera plenamente que todos los aliados den un paso al frente de inmediato, se encaminen hacia el 5% del PIB en defensa y lo hagan con urgencia»

Matt Whitaker
Embajador de EE.UU. ante la OTAN

Los europeos en general no están en contra de aumentar sus gastos de defensa y la actitud de la Casa Blanca les impulsa claramente hacia la reducción de la dependencia de Estados Unidos. Todos coinciden en que en estos momentos, después de lo que se ha visto sobre el terreno en Ucrania, la OTAN debería pasar de una alianza centrada en la disuasión a otra capaz de sostener una economía de guerra si fuera necesario. Para los principales expertos, la capacidad de producción industrial de armamento será casi tan importante como el gasto militar. Pero por ahora, mucha de la tecnología esencial para hacer frente a los nuevos armamentos sigue dependiendo de Estados Unidos.

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Para tratar de hacerle agradable a Trump su participación en la reunión, Rutte ha adelantado que en Ankara se anunciarán contratos de defensa por valor de decenas de miles de millones de dólares, destinados a aumentar la capacidad industrial de los aliados, pero vinculados a la industria norteamericana, que es lo que le gusta escuchar a la Casa Blanca.

Para complacer a Trump, Rutte ha adelantado que en Turquía se anunciarán contratos de defensa multimillonarios vinculados a la industria de EE.UU.

Paradójicamente, la guerra de Ucrania, que es la razón y el destino de todo ese esfuerzo industrial, está cambiando las coordenadas estratégicas de la organización. Por un lado, Ucrania seguirá constituyendo el gran asunto y, aunque la guerra ya no monopoliza toda la agenda internacional, continúa siendo la prioridad militar de la OTAN. Para los europeos, ya no es solo importante garantizar un flujo estable de ayuda militar o mantener el mensaje de que el apoyo occidental continuará mientras sea necesario. Sobre todo, los europeos querrían que Trump abandonara formalmente su política de equidistancia entre el invasor y el invadido, que ha mantenido mientras intentaba construir por su cuenta una salida negociada. Sus intentos no han funcionado, pero tampoco se le ha visto poniendo todo el potencial estadounidense del lado de Kiev, más allá de autorizar que los europeos transfieran –pagando– armamento moderno.
Por el otro, los militares ucranianos han desarrollado unas capacidades extraordinarias en campos como el de los drones. Este era un asunto balbuceante al inicio del conflicto y Kiev mantiene ahora un dominio superior al de cualquier otro país. Para muchos europeos, si Ucrania fuera admitida en la OTAN, sería más un activo que una carga.

El peso cada vez mayor de Erdogan

Sin embargo, a Trump le gusta más el modelo turco. De hecho, la elección de Ankara como sede tiene un fuerte contenido político porque pone fin a un periodo de tensiones con Estados Unidos a causa de la compra de sistemas antiaéreos rusos S-400 para responder a las limitaciones impuestas desde Estados Unidos para venderle determinado material de alta tecnología. En ese ambiente, Turquía también ha logrado desarrollar su propia tecnología y sus drones han tenido un papel esencial en varios conflictos en la zona. Turquía controla el acceso al mar Negro, dispone del segundo ejército más numeroso de la OTAN y se ha convertido en un actor esencial entre Europa, Oriente Próximo y el Cáucaso. Ahora, las relaciones entre Erdogan y Trump atraviesan un momento de especial bonanza y es más que probable que el turco intente que se levanten las restricciones norteamericanas y que se le permita una mayor integración en los proyectos europeos de defensa.
El autócrata turco también espera que no se le mencionen las denuncias sobre el deterioro de las libertades públicas en Turquía. En vísperas de la cumbre se han criticado las restricciones a manifestaciones y la denegación de acreditaciones a algunos medios independientes. Como espera Erdogán, la mayoría de los gobiernos occidentales han optado por mantener estas cuestiones en un segundo plano para no entorpecer el desarrollo de la reunión.
Sin embargo, la cuestión que seguramente va a colarse en las discusiones será la situación en Oriente Próximo. En condiciones normales, los aliados debatirían cuestiones como la seguridad marítima en el golfo Pérsico o la protección de rutas energéticas, pero es muy probable que Trump lo convierta en una sucesión de reproches amargos hacia los europeos y estos –al menos en parte– aceleren las discrepancias.
Para los más optimistas, el choque podría convertirse en una ocasión para alentar a que Estados Unidos reafirme su apoyo a Ucrania. Y, para los más realistas, el objetivo puede ser más pragmático: demostrar que la Alianza es capaz de convertir los compromisos políticos adoptados en los últimos años en capacidades militares, industriales y financieras concretas.

Romper y mandar

La falta de consenso entre Estados Unidos y sus socios europeos hace que las cumbres de la OTAN sean cada vez más conversaciones sin contenido. Se reduce al máximo el tiempo de las reuniones, se pasa de puntillas sobre las diferencias y se dejan … de lado las cuestiones de fondo. Todo está pensado para que Donald Trump se sienta lo más a gusto posible y no desbarate el trabajo diario de la alianza atlántica, justo cuando es más necesaria que nunca.
La próxima reunión en Ankara se prevé difícil: el presidente estadounidense siente que los gobiernos europeos debían haberle apoyado en la guerra contra Irán y les acusa de no cumplir sus compromisos de inversión en defensa. Pone en cuestión la garantía de defensa mutua entre occidentales y, al mismo tiempo, quiere seguir dominando a unos aliados a los que maltrata con frecuencia. Romper y mandar, su divisa. Turquía, como país anfitrión, pondrá en valor sus capacidades militares y restará importancia a su falta de alineamiento con los países de la UE.

Los europeos saben que sin una defensa propia no pueden hacer valer en el mundo un peso económico, pero el camino hacia la autonomía estratégica es largo y difícil y tiene un coste elevado. No les queda más remedio que intentar crear un pilar europeo en la OTAN, algo que Washington no ve con buenos ojos, porque barrunta que debilitaría su liderazgo. A corto plazo, los europeos necesitan que Estados Unidos siga apoyando sobre el terreno a Ucrania, y continúe vendiendo armamento para frenar la invasión rusa.

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David Alandete

En un tiempo geopolítico nuevo en el que la seguridad es el imperativo dominante, si no existiese la OTAN habría que inventarla. Al mismo tiempo, la visión sobre el futuro de esta alianza desde la Casa Blanca y las capitales europeas es muy divergente. En Ankara, la tarea es seguir adelante a pesar de los negros nubarrones.

La frontera blindada de Donald Trump

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05/07/2026 a las 02:08h.

La ‘pick up’ que conduce el agente de la guardia fronteriza de los Estados Unidos, Jesús Basavilbaso, no deja de dar botes. Después de unos 20 minutos por la I-19, la carretera del Estado de Arizona que une Tucson con Nogales, la última ciudad antes de llegar a la frontera con México, el camino comienza a hacerse más tortuoso cuanto más cerca se está del gran muro. Es una carretera de piedras, baches y arena. No se puede esperar otra cosa, es el desierto de Sonora.
Una vez en la frontera, el paisaje es curioso: a un lado, en Estados Unidos, oficinas de control fronterizo y mercancías, nada más; del otro, en México, una ciudad en plena actividad, con sus tiendas y quioscos de comida pegados a la valla. Y en medio, un muro que impresiona. En algunas zonas se levanta hasta los seis metros y en otras hasta los nueve, justo lo que mide en este mismo lugar.

Llantos, golpes en el pecho y llamadas de venganza en el funeral público del ayatolá Alí Jamenei en Irán

Miles de iraníes han despedido este sábado al líder supremo asesinado Alí Jamenei en Teherán. Junto con llantos, golpes en el pecho y llamadas de venganza, en lo que sería una primera fase de unos funerales públicos que se seguirán alargando durante seis días y en hasta cinco ciudades y dos países.Ya a primera hora de este sábado resonó el grito «Labbaik ya Jamenei» (Lealtad a Jamenei) en la mezquita Mosala de Teherán. Este llamamiento se hizo en honor al religioso que habría liderado el país durante más de 36 años y que fue asesinado por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, el primer día de la guerra.Además de cabeza de Estado, Jamenei era el representante en la tierra del duodécimo imán de los chiíes, desaparecido en el siglo IX, y a ello se suma que su presencia fue constante desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, donde ocupó puestos como el de presidente antes de líder.Así para muchos seguidores de la República Islámica su asesinato a los 86 años sigue siendo impensable. «Aún no puedo creer su muerte», dice Mehdi, trabajador de una tienda de ropa de 51 años, que se encuentra en Mosala junto con su hijo de 13 años. «Es como si hubiera perdido a mi padre. La tristeza es inmensa», asegura.Alireza, ingeniero informático de 33 años, se expresa de manera parecida: «Yo veía a nuestro líder mártir como a un padre» y «cuando uno pierde a un padre, el sentimiento de tristeza permanece para siempre». Mohamad Hosein, jubilado de 64 años, no puede parar de sollozar y asegura que ha venido al funeral para despedirse de la que ha sido la “personalidad más grande del mundo” y asegura que “apoyará con firmeza a su hijo” Mojtaba, su sucesor, que aún no ha aparecido en público.Llamadas a la venganzaHosein se ha acercado además a Mosala por otro motivo: «También he venido para exigir venganza por su asesinato». Una venganza que reclaman muchos de los entrevistados por EFE en el recinto religioso donde se grita a coro «venganza, venganza, venganza», «muerte a Estados Unidos» y «muerte a Israel». Una enorme pancarta roja reza «Kill Trump» (matar a Trump) en alusión al presidente de Estados Unidos, a quien muchos de los asistentes responsabilizan por su asesinato.En la enorme explanada de la mezquita hay hombres que se golpean rítmicamente el pecho en señal de duelo, una práctica habitual en los funerales chiíes, mirando hacia el escenario donde descansan los féretros de Jamenei y cuatro de sus familiares asesinados junto a él, incluida una nieta. El escenario es de hecho similar al de su oficina desde donde solía dar discursos con una silla en el centro y banderas del país a los lados, explicó un organizador.Maratón de funeralesLos funerales comenzaron este viernes con una ceremonia en la que cientos de altos cargos iraníes y delegaciones extranjeras rindieron homenaje al religioso, entre ellos los primeros ministros de Pakistán y Armenia; los presidentes de Irak, Tayikistán y Georgia, además de representantes de Rusia, China, Irak, Siria, Líbano, Afganistán y Arabía Saudí, entre otros.Este sábado y el domingo se realizará un velorio en la mezquita Mosala y el lunes el cortejo recorrerá la capital; el martes, el funeral se trasladará a la ciudad religiosa de Qom; el miércoles a Irak y finalmente Jamenei será enterrado en la urbe sagrada de Mashad, en el noreste del país, en el mausoleo del imán Reza, el octavo del chiísmo.La capital iraní se encuentra en estado de máxima alerta con una fuerte presencia policial por las calles, los vuelos limitados sobre Teherán y un perímetro de seguridad de un kilómetro y medio en torno a Mosala, con el acceso limitado en toda esa zona.Las autoridades prevén la participación de unos 20 millones de personas en Teherán para despedir a Jamenei, lo que superaría los 10 millones que asistieron al del fundador de la República Islámica Ruholá Jomeiní en 1989, el mayor funeral del país hasta ahora.La República Islámica busca reivindicarse de alguna manera con estos enormes actos públicos, mostrar unidad nacional y continuidad tras meses de guerra con Estados Unidos e Israel, y en medio de un descontento público generalizado por la mala situación económica del país.

Nolwenn Olivier, sobrina de Le Pen y ex de Bardella, fichada para la campaña de las presidenciales de 2027

La saga de los Le Pen en Francia no da muestras de desgaste. Desde hace varias décadas, el clan político ha demostrado gran fortaleza para permanecer relevante en la política del país con varios ingredientes clave: nepotismo, endogamia y carisma. Enraizado en el corazón del … partido derechista Agrupación Nacional desde su fundación, la actual cabeza de familia, Marine Le Pen, ha fichado como directora de comunicación para la campaña de las elecciones presidenciales de 2027 a una joven sobrina: Nolwenn Olivier.
Desde que el patriarca, Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, fundó Agrupación Nacional (AN) a principios de los años 70, el apellido se ha convertido en un activo político que sigue sumando nombres a cada nueva generación. Nolwenn Olivier, de 27 años, aunque no porta el apellido Le Pen –en Francia tradicionalmente sólo se mantiene el apellido del padre–, tiene el pedigrí familiar, tan valorado en el clan, y ha heredado la vocación política que los caracteriza.

Es hija de Philippe Olivier –eurodiputado por Agrupación Nacional, es uno de los consejeros más próximos a Marine Le Pen y vieja guardia del partido– y de la hermana de la líder, Marie-Caroline, que también hizo carrera como consejera de la región parisina dentro del partido y posteriormente como delegada departamental en Sarthe, cargo que ostenta en la actualidad. Es nieta directa del patriarca, Jean-Marie Le Pen, que fundó el partido en 1972 y lo presidió durante casi 39 años.
Aunque su experiencia política está ligada a preparar la comunicación de otros candidatos y hasta ahora no ha dado el salto a primera línea, Olivier no es ninguna desconocida en la política de Francia: en 2020 comenzó una relación con Jordan Bardella, actual presidente del partido y posible próximo primer ministro de Francia si consigue validarse en primera y segunda vuelta de las presidenciales de 2027. Un escenario no descartable si se tiene en cuenta que Emmanuel Macron, actual primer ministro, no puede volver a presentarse y atraviesa una grave (y casi permanente) crisis de popularidad.
La primera participación en política de Olivier según recogen medios franceses fue precisamente en la campaña para su madre Marie-Caroline Le Pen para las elecciones municipales de Calais de 2020, después de varios años alejada de la política tras la ruptura en el clan, que se separó por la ruptura de relaciones entre Jean Marie Le Pen y Marine, recuperadas poco antes de morir el patriarca. Coincidencia o no, Marie-Caroline fue candidata por AN en las elecciones regionales de 2021 en la región parisina como número dos en una lista que encabezó, precisamente, Jordan Bardella, aunque este ha defendido siempre que se trató de una decisión orgánica del partido.
Paradójicamente, la figura de Olivier se hizo conocida tras la ruptura con Bardella en 2024, momento álgido de escalada del joven político en el partido, tras lograr AN la mayoría de votos en las legislativas con una lista encabezada por él, que no logró conformar Gobierno ante un frente común de Macron y la izquierda dirigido a contener el avance del partido derechista de Le Pen. En aquel momento, el noviazgo del político con la sobrina de Le Pen sirvió para explicar en parte el fenómeno del increíble ascenso hasta la cúpula de un político de aspecto atractivo, sin estudios superiores y que no portaba el apellido del clan.

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Quedó en el imaginario la idea de que Olivier había servido simplemente como un instrumento de Bardella para acceder al corazón del partido, al núcleo Lepenista, lo que granjeó ciertas acusaciones al actual presidente, que en 2020 negó tajante: «Esas críticas son despreciables. Marine Le Pen me eligió como cabeza de lista cuando estaba soltero». Aunque es innegable que el vínculo con Olivier le acercó decisivamente a la familia Le Pen, también se puede establecer una relación entre el ascenso de popularidad del político para con el público con el trabajo entre bambalinas de su entonces pareja.
El nombramiento de Olivier como presidenta de comunicación para la campaña es su gran oportunidad de demostrar que está al nivel de las expectativas de Le Pen y que es capaz de marcar la diferencia para aupar a un candidato al sillón presidencial, incluso si decide continuar su carrera detrás los focos. El movimiento también representa el poder que mantiene Marine Le Pen dentro del partido, actualmente fuera enfangadad en un proceso judicial que el año pasado la inhabilitó en primera instancia para presentarse como candidata presidencial y cuyo recurso se resolverá el próximo martes 7 de julio.

Trump pone a prueba los límites del poder en el 250 aniversario de Estados Unidos

Donald Trump llegó el viernes ya de noche a uno de los lugares sagrados de la historia estadounidense, el Monte Rushmore, y colocó su figura ante las de Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln. No quiso el presidente elevarse por encima de los partidismos ni … de las divisiones que atraviesan el país. Frente a los rostros de los presidentes tallados en la roca, convirtió la ceremonia en un alarde de su propio poder: aseguró que hace dos años Estados Unidos era una nación «en declive», «ridiculizada» por el mundo, y que ahora es «el país más fuerte y respetado». «Todos los reyes, primeros ministros y presidentes nos respetan más que a cualquier otro país», dijo, antes de resumir su mensaje en una frase: «Hace dos años se reían de nosotros. Ahora solo nos respetan».
Trump inauguró así unos fastos en los que la celebración de los 250 años de Estados Unidos se confunde también con la celebración de sí mismo y de una presidencia reforzada y con pocos límites. Lo hizo pocos días después de que el Tribunal Supremo ampliara su capacidad para destituir a responsables de agencias federales independientes. Una decisión que él presentó como la devolución de un poder que, a su juicio, corresponde plenamente a la Casa Blanca. Ante ese monte, el aniversario de la independencia quedó ligado a su relato de la restauración de gloria nacional: un país que dice haber rescatado del declive y una presidencia que se otorga más margen y autonomía para dirigirlo.

Desde el primer advenimiento de Trump a la Casa Blanca en 2017, la expansión del poder presidencial ha sido gradual y, sobre todo, se ha dado por vía judicial. El Supremo, a tres de cuyos nueve jueces ha elegido él, ha ampliado la capacidad del presidente para controlar a quienes dirigen el Ejecutivo. En 2024, con su sucesor Joe Biden en el poder, reconoció además una amplia inmunidad penal para los actos oficiales del presidente, y después redujo la posibilidad de que los jueces bloqueen órdenes de la Casa Blanca en todo el país. No le ha dado poder ilimitado: la Reserva Federal conserva por ahora una protección especial y el Congreso mantiene sus facultades legislativas y presupuestarias. Pero el resultado es una presidencia con más control directo sobre la administración federal y menos barreras institucionales.

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David Alandete

Trump ha convertido, en efecto, el decreto en el instrumento central de su segundo mandato, con un ritmo muy superior al de sus predecesores recientes. Desde su regreso al Despacho Oval el 20 de enero de 2025 ha firmado 267 órdenes ejecutivas, según el Registro Federal: 225 en 2025 y 42 en lo que va de 2026. Ya supera las 220 que rubricó durante los cuatro años completos de su primer mandato. Como referencia, Biden firmó 77 en todo 2021, Obama 147 en su primer año y George W. Bush 54.
No se trata solo de una acumulación de disposiciones administrativas o trámites sin efecto. Algunas de esas órdenes han buscado transformar áreas enteras del poder federal: la política migratoria y el derecho de ciudadanía, la reducción de la burocracia y del empleo público, el cierre o vaciamiento de organismos, el control de las agencias reguladoras, la política energética, la ayuda exterior, la educación o la diversidad en la Administración. Varias de estas órdenes han sido impugnadas ante los tribunales y algunas han quedado suspendidas o limitadas por jueces federales, pero la estrategia ha permitido a Trump avanzar primero por la vía ejecutiva y dejar que la Justicia determine después hasta dónde puede llegar.

El 250 aniversario le ha dado también a Trump una demostración de esos límites. El Supremo le asestó un revés al mantener bloqueada su orden para restringir la concesión de ciudadanía por nacimiento, una de las medidas más ambiciosas de su agenda migratoria, al considerar que no podía aplicarse de forma inmediata mientras siguen los litigios. Pero, al mismo tiempo, la misma corte le ofreció una victoria de mayor alcance estructural al ampliar su poder para destituir a responsables de agencias federales independientes. El balance resume su segundo mandato: Trump intenta gobernar mediante decretos de gran alcance, transformadores, y los jueces frenan algunos de ellos, pero la jurisprudencia le está dando más control sobre el aparato del Estado.

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Trump ha logrado además un control político poco habitual sobre el Legislativo, no porque hayan desaparecido formalmente los poderes del Capitolio, sino porque su partido domina las dos cámaras y buena parte de sus dirigentes evita desafiarle. Esa mayoría le permite condicionar la agenda, acelerar confirmaciones, frenar investigaciones incómodas y utilizar la amenaza de las primarias para disciplinar a los díscolos. La escena de finales de junio, cuando anuló la firma de una ley bipartidista de vivienda para exigir antes la aprobación de su reforma electoral, mostró hasta qué punto puede imponer prioridades incluso frente a los líderes de su propio partido.
Pero ese dominio puede cambiar en noviembre: si los demócratas recuperan como parece que sucederá la Cámara de Representantes o hasta el Senado, algo que no se descarta, Trump se encontraría con comisiones de investigación, mayor capacidad de bloqueo presupuestario y un Congreso mucho menos dispuesto a acompañar su agenda. Hasta podría verse sometido, de nuevo, al juicio político de una posible destitución (‘impeachment’), el tercero, todo un récord para un presidente ya acostumbrado a batir todas las marcas.

El dominio absoluto de Trump puede cambiar en noviembre si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes o hasta el Senado

Trump quiere presentar su regreso como el inicio de una nueva edad dorada, la de una presidencia que no pide disculpas por el poder de EE.UU. ni rebaja su papel ante el mundo. Frente a la imagen que la derecha ha construido de Barack Obama, al que acusa de haber expresado culpa o arrepentimiento por la historia y la proyección exterior del país –en particular tras un sonado discurso en El Cairo en 2009–, Trump reivindica una política de orgullo nacional, fuerza militar y el llamado excepcionalismo americano.
«A sus 250 años, los Estados Unidos de América son la república más antigua de la Tierra. Somos el pueblo más libre de la Tierra. Tenemos la Constitución más justa y duradera del planeta. Somos el país más fuerte y poderoso del mundo», proclamó ante el Monte Rushmore. «Y, por la gracia de Dios, los Estados Unidos de América son la nación más exitosa, más próspera y más excepcional que haya existido jamás en la historia humana».

«We are the strongest and most powerful country on Earth. And by the grace of God, the United States of America is the most successful, most accomplished, most exceptional nation ever to exist in human history.» – President DONALD J. TRUMP 🇺🇸 pic.twitter.com/bGVSS80bJu— The White House (@WhiteHouse) July 4, 2026
Ese orgullo presidencial no encuentra un reflejo unánime en la conversación pública. Buena parte de los grandes medios estadounidenses de orientación izquierdista, como ‘The New York Times’, ‘The Washington Post’, ‘The Atlantic’ o NPR, ha aprovechado estos días para volver una y otra vez sobre las contradicciones de la fundación del país: la esclavitud de algunos de sus padres fundadores, el despojo y las masacres contra los pueblos nativos, las guerras y la expansión exterior. El aniversario se celebra así entre dos relatos que conviven con dificultad: el de una nación excepcional, defendido por Trump, y el de un país cuya grandeza no puede separarse de sus fracturas históricas.

«Somos el pueblo más libre de la Tierra. Tenemos la Constitución más justa y duradera del planeta. Somos el país más fuerte y poderoso del mundo»

Donald Trump
Presidente de EE.UU.

Entre los estadounidenses de a pie, el balance mezcla orgullo, apego constitucional y desconfianza hacia el poder. Una encuesta del Instituto Cato, un centro de estudios libertario de Washington, realizada con Morning Consult, muestra que el 86% se declara agradecido de ser estadounidense y el 79% orgulloso. Pero solo el 34% cree que Estados Unidos está por encima de todos los demás países.
La mayoría sigue valorando la Constitución y la separación de poderes: el 61% prefiere que la autoridad esté repartida entre instituciones aunque eso haga más lento al Gobierno; el 72% sostiene que el presidente debe acatar al Supremo incluso cuando discrepe; y el 58% considera que ningún partido debería acumular demasiado poder. Al mismo tiempo, el 56% teme que Estados Unidos pueda dejar de ser un país libre en los próximos cincuenta años, y muchos identifican la corrupción, los abusos de poder y una presidencia excesivamente fuerte como amenazas para la república.

Mamdani July 4 Speech: America Is Exceptional Because «Nothing Is Fixed Into Place» «Too many of our leaders do not believe in a vision of this nation as an asylum for the persecuted, but rather one that persecutes those seeking asylum.»Full speech: https://t.co/I31OsJ3Jh4 pic.twitter.com/n2Oea5xVv0— RealClearPolitics (@RCPolitics) July 3, 2026
La respuesta más visible a Trump llegó desde Nueva York, con un mensaje grabado de Zohran Mamdani, alcalde de la ciudad y declarado socialista, nacido en Uganda y naturalizado estadounidense. Con un tono serio, grave y por momentos hasta aparentemente molesto, Mamdani contrapuso al excepcionalismo sin matices y reservas de Trump una idea de patriotismo basada en reconocer las heridas del país y en defender la aportación de los inmigrantes. Habló desde el escritorio que usó George Washington en el Ayuntamiento, rodeado de nuevos ciudadanos, y sostuvo que EE.UU. no debe exigir a quienes llegan que se sientan agradecidos «por que se les permita estar», sino garantizarles dignidad, pertenencia y derechos.

Mientras tanto, Trump regresaba del Monte Rushmore a Washington para los fuegos artificiales finales del 4 de julio, a bordo del nuevo Air Force One recibido como regalo de Qatar. Durante el vuelo se repartieron galletas decoradas con la silueta del monumento y el rostro de Trump añadido junto a los de Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln. Era una imagen chocante, y probablemente una broma, pero resumía el tono de unos fastos en los que el presidente no solo invocó a los gigantes de la historia estadounidense: quiso ponerse entre ellos en su celebración del excepcionalismo absoluto de la nación.