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Trump señala que sería «fantástica» la unificación de Irlanda: «No quiero causar ningún problema, pero me encantaría»

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado este sábado que le «encantaría» la unificación de Irlanda, incidiendo en que Reino Unido tendría «algo que decir» pero recalcado que sería «algo fantástico».«No quiero causar ningún problema, pero te diré que me encantaría … verlo unificado. Tengo amigos en ambos lados, gente estupenda. Son irlandeses. Me encantaría verlo unificado», ha afirmado en declaraciones junto al primer ministro irlandés, Michéal Martin, en el marco de su visita de dos días al país.

«Tienen aquí al hombre adecuado para ponerlo en marcha, pero sí, creo que sería algo fantástico», ha añadido, apuntando hacia Martin, en respuesta a las preguntas de los periodistas.

Trump ha reconocido que Reino Unido «tendrá algo que decir al respecto», en referencia a Irlanda del Norte, territorio que pertenece a Reino Unido. «Pero creo que sería algo estupendo. Quiero decir, ¿cómo podría ser malo?», ha subrayado desde Irlanda, a donde viajado para una visita de dos días, principalmente para seguir un torneo de golf.
Posteriormente, en declaraciones desde la Embajada estadounidense en Dublín, el presidente estadounidense ha ironizado con que es una pregunta en la que «no importa lo que digas que no hay una respuesta buena» y ha señalado que la respuesta «genial» que ha dado se leerá en los periódicos de mañana. Si bien ha vuelto a insistir en que «sería genial» la unificación de la isla.
El conflicto armado de Irlanda del Norte entre unionistas que abogan por mantener los lazos con Reino Unido y nacionalistas irlandeses que piden unificar Irlanda se prolongó casi 30 años hasta la firma de los tratados de Viernes Santo de 1998, dejando más de 3.500 muertos.

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Pese a que en la actualidad siguen las tensiones entre ambas comunidades dichos acuerdos establecieron un marco político para resolver la cuestión bajo un régimen autonómico bajo soberanía de Reino Unido.

El hijo de Vargas Llosa será el nuevo embajador de Perú en Estados Unidos

La presidenta de Perú, la derechista Keiko Fujimori, ha confirmado este viernes su intención de nombrar como embajador en Estados Unidos al periodista y escritor Álvaro Vargas Llosa, hijo del fallecido escritor Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en 2010.«Se … le ha hecho la consulta y ha aceptado la invitación», indicó la hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori en una entrevista con la emisora RPP, donde consideró que Vargas Llosa «va a ser un gran embajador».

A través de un mensaje publicado en la red social X, Álvaro Vargas Llosa agradeció a Fujimori su intención de designarlo como jefe de la delegación diplomática peruana en Washington, un nombramiento que debe recibir el beneplácito de la administración de Donald Trump para concretarse.

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David Alandete

«Agradezco profundamente a la presidenta de la República, Keiko Fujimori, por la alta confianza que ha depositado en mí al proponerme para representar al Estado peruano como embajador del Perú ante los Estados Unidos de América, con sede en la ciudad de Washington», escribió Vargas Llosa, que ya reside normalmente en la capital estadounidense.
«De ser ratificada esta designación conforme a los procedimientos constitucionales y legales vigentes en ambos países, pondré al servicio de la misión encomendada mi experiencia, conocimientos y mi mayor esfuerzo para velar por los intereses permanentes del Perú y contribuir a esta nueva fase de la relación bicentenaria entre nuestro país y la patria de Washington, Adams y Jefferson», añadió.
Vargas Llosa precisó que, hasta que pueda confirmarse su nombramiento, se abstendrá de hacer cualquier otra declaración pública. El hijo de Mario Vargas Llosa es amigo del periodista y excandidato presidencial Carlos Espá, al que Fujimori nombró como su ministro de Relaciones Exteriores, tras haber trabajado durante quince años para la Embajada de Estados Unidos en Lima.

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En las últimas elecciones, Álvaro Vargas Llosa manifestó su respaldo en la primera vuelta por la candidatura presidencial de Espá, y posteriormente hizo lo propio con Keiko Fujimori en la segunda vuelta que le enfrentó al izquierdista Roberto Sánchez.
Tanto él como su padre también apoyaron a Keiko Fujimori en la segunda vuelta de las elecciones de 2021 frente al izquierdista Pedro Castillo, lo que supuso un giro en la posición política del premio Nobel, que se había mantenido hasta entonces como un antifujimorista desde que Alberto Fujimori, padre de la actual presidenta, le ganase las elecciones presidenciales de 1990.

Un equilibrio delicado

La India ejerce este fin de semana como país anfitrión de la reunión anual de los BRICS+, un foro al que le gustaría darle otra orientación. El club es cada vez más un instrumento en manos de China, que ve la oportunidad de contrapesar … la influencia de Estados Unidos en el G7, el grupo de los países occidentales más prósperos.
La ocupación principal de los BRICS+ consiste en reunirse una vez al año, un encuentro lleno de simbolismo, en el que se ofrecen como alternativa al maltrecho liderazgo de Washington. Sin embargo, las declaraciones pactadas no llevan en la práctica a la coordinación de sus políticas económicas.

Por ahora, cada uno de sus miembros de los BRICS+ valora más su libertad de acción que la pertenencia a un club de reglas poco definidas, que sirve sobre todo a los intereses de China. Algunos de sus componentes, como la India, Brasil e Indonesia, valoran mantener una buena relación con Estados Unidos.

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José M. de Areilza

El segundo mandato trumpista ha complicado la proyección exterior de la India. El Gobierno de Nueva Delhi ha tomado nota de la subida de aranceles de un 50% (luego rebajada a un 18%, una vez el daño al orgullo nacional indio estaba hecho), las amenazas a la empresa Apple por producir en la India y el acercamiento a Pakistán. En respuesta, Narendra Modi ha corregido el desacoplamiento con Moscú en asuntos de energía y defensa. También se ha acercado a la Unión Europea con un gran acuerdo comercial.
Quedan lejos los días en los que Trump y Modi daban mítines conjuntos en Houston y Gujarat ante miles de seguidores enfervorecidos por estos dos «hombres fuertes». La diplomacia india se vuelca en perfeccionar el multi-alineamiento, un equilibrio delicado que conoce bien. Ya no actúa como el «país del suroeste», una idea que le llevaba a fortalecer los vínculos con el mundo occidental y los países en desarrollo, frente a la ambición global de su gran rival asiático.

Las risas de Mamdani y Ocasio-Cortez y la 'cabezadita' de Trump: las imágenes más polémicas del 25 aniversario del 11-S

Estados Unidos conmemoró este viernes el 25 aniversario de los atentados islamistas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, con diversos actos solemnes en memoria de las 3.000 víctimas del suceso. Pero además del homenaje y el duelo, los eventos dejaron algunas imágenes polémicas.El viernes, unas imágenes en las que el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez se reían abiertamente en el acto desataron una tormenta en redes sociales.Durante la emisión del acto, el montaje muestra a ambos políticos de izquierdas riendo mientras se leían los nombres de los asesinados aquel día por terroristas islamistas de Al Qaeda.El senador republicano de Texas Ted Cruz compartió el vídeo en X, diciendo: «¿Cómo diablos se puede reír mientras se leen en voz alta los nombres de los asesinados el 11 de septiembre?».No fue el único. Meghan McCain, personalidad televisiva conservadora e hija del difunto senador republicano John McCain, escribió: «¿¡Por qué diablos se ríen estos dos!?».En cambio, Michael Ragusa, exjefe de seguridad de Rudy Giuliani, quien era alcalde de la ciudad durante los ataques terroristas, afirmó que el vídeo de las risas es un montaje y que el momento de las risas ocurrió cuando Ocasio-Cortez y Mamdani se saludaban.»La cámara la captó saludándolo. Varios políticos se reían y bromeaban detrás de mí. Republicanos y demócratas», escribió Ragusa también en X. Ni Ocasio-Cortez ni Mamdani han manifestado su versión de lo ocurrido.Pero también los republicanos han sido criticados, en este caso por Donald Trump. Durante un acto en el Pentágono, que también fue atacado por los terroristas islamistas el 11-S, el presidente de EEUU no pudo evitar dar alguna ‘cabezadita’ que fue captada por las cámaras.Mientras un militar del ejército estadounidense leía los nombres de las 184 personas que murieron en el Pentágono cuando el vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra el edificio, Trump no pudo evitar cerrar los ojos con gesto cansado.No obstante, la Casa Blanca ha negado que Trump se durmiera durante el evento: «El presidente Trump escuchaba atentamente y recordaba a las víctimas y a los heroicos socorristas que perdieron trágicamente la vida ese fatídico día. Cualquiera que afirme, de forma absurda, que el presidente estaba dormido, miente», dijo un portavoz al Mirror.

Xi Jinping asiste a la cumbre de los BRICS en la India para mejorar los lazos con Modi

Si caben dudas respecto a la existencia misma del llamado Sur Global –esa locución que pretende aunar a los países no desarrollados en un bloque geopolítico–, no digamos ya respecto a quién lo lidera. Los dos mandatarios con pretensiones de hacerlo, el líder chino Xi … Jinping y el primer ministro indio Narendra Modi, mantienen este fin de semana un encuentro para comprobar hasta qué punto resultan compatibles sus respectivas visiones de la relación bilateral y el mundo en general.
Xi realiza su primer viaje a India en siete años con motivo de la celebración de la cumbre de los BRICS, otro acrónimo elevado a categoría difusa. Este organismo, concebido como contrapeso a Occidente, no cuenta con la fuerza de un propósito común pero sí con la de los números, pues aglutina a la mitad de la población terrestre, dos quintos del PIB global y un cuarto del comercio internacional. Once líderes acudirán a la cita, con un mundo cada vez más convulso por contexto.

De entre las conversaciones que el evento propiciará, ninguna tan relevante como la del chino y el indio, todavía inmersos en un proceso de reconciliación. En junio de 2020, unas escaramuzas en la disputada frontera del Himalaya dejaron decenas de soldados muertos y provocaron una profunda crisis diplomática. El largo periodo transcurrido desde la última visita da prueba de ello: en 2023 Xi decidió ausentarse de la cumbre del G20 en Nueva Delhi y enviar en su lugar al primer ministro Li Qiang.

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José Ignacio de la Torre

Ambos mandatarios retomaron el diálogo durante la cumbre de los BRICS de 2024 en Kazán, en Rusia, y la animosidad quedó públicamente aparcada con su encuentro presencial en agosto del año pasado en la ciudad china de Tianjin, con motivo de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), también la primera visita de Modi a China en siete años.
En aquella reunión, Xi instó a ser «socios, no rivales», de modo que la danza del dragón y el elefante, como gusta de caracterizar la diplomacia china, pueda ser «cooperativa». Modi, complaciente, ofreció su «compromiso con el progreso de la relación basada en el respeto mutuo, la confianza y las sensibilidades». Ambos enfatizaron asimismo la importancia de la estabilidad en la frontera.
Desde entonces, China y la India han retomado los vuelos comerciales directos y la admisión recíproca de corresponsales. Sin embargo, prevalecen disputas en materia económica. India, por ejemplo, critica los controles a la exportación de maquinaria y recursos como equipos de perforación de túneles o tierras raras, según han revelado fuentes diplomáticas a ABC. La cooperación, además, se ha puesto a prueba por el desastre natural entre China y Nepal, que ha afectado a decenas de peregrinos indios en suelo chino.

Amistades sospechosas

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Pese a las expectativas generalizadas, el desplazamiento de Xi no quedó confirmado hasta apenas 48 horas antes. El silencio oficial, sumado a la ausencia de un encuentro la semana pasada en la cumbre de la OCS celebrada en Bishkek, Kirguistán, desató las dudas. Sin embargo, estas mismas fuentes sostienen que la decisión de no mantener entonces una reunión no evidencia la fragilidad de los lazos sino todo lo contrario, pues ante la proximidad de una visita que para entonces ya se daba por segura ambos optaron por priorizar otras agendas.
«China y la India están preparando una reunión bilateral entre el presidente Xi y el primer ministro Modi», ha confirmado este viernes la portavoz del ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, quien ha enfatizado que se trata del «tercer año consecutivo en el que ambos líderes se reunirán».
«China trabajará con la India para seguir las directrices estratégicas marcadas por ambos mandatarios, abordar las relaciones bilaterales desde una perspectiva estratégica y de largo plazo, intensificar la comunicación, reforzar la cooperación, gestionar adecuadamente las diferencias y convertirse en buenos vecinos y socios que contribuyan al éxito mutuo», ha añadido durante la rueda de prensa diaria del organismo.

«China trabajará con la India para reforzar la cooperación, gestionar adecuadamente las diferencias y convertirse en buenos vecinos y socios»

Mao Ning
Portavoz de Exteriores de China

Ahora bien: en el proceso no solo intervienen factores bilaterales. El precipitado apaciguamiento del año pasado que reconfiguró el orden regional se vio acelerado por la presión del presidente estadounidense Donald Trump contra la India por su importación de petróleo ruso, en forma de punzantes aranceles del 50%.
Xi, por tanto, aspira a continuar incentivando la distancia entre la India y Estados Unidos, en particular en lo tocante a su cooperación en materia de seguridad a través del Quad –junto a Japón y Australia–. Modi, por su parte, pretende seguir explotando su privilegiada posición geopolítica que le permite interactuar a un lado y otro.
El viaje remata una gira internacional del líder chino que le ha llevado de Kirguistán y la India previo paso por Egipto, donde ha realizado una visita de Estado. Este periplo, particularmente notable puesto que Xi cada vez se prodiga menos más allá de sus fronteras, viene a explotar un terreno diplomático favorable a sus intereses.
Así lo plasmaba la última edición del estudio anual de opinión pública realizado por el Centro de Investigaciones Pew, publicado el pasado mes de julio, según el cual China ya goza de mejor imagen que EE.UU. a nivel global tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Todos estos intereses cruzados estarán presentes este fin de semana en Nueva Delhi, donde también se personarán otros líderes internacionales, entre los que destacan el ruso Vladímir Putin, el iraní Masoud Pezeshkian y el filipino Ferdinand Marcos Junior.

El 11-S y la guerra contra el terror

Este 11 de septiembre se cumplieron 25 años del ataque de Al-Qaeda a las Torres Gemelas. La actualidad manda y la situación de Ceuta, de por sí compleja pero exacerbada por la actitud cobarde del Gobierno de España, ha restado visibilidad al aniversario de uno de esos hechos decisivos en la historia de la humanidad, un crimen tan cruel, tan estéril, que ha venido a cambiar el mundo quizá para siempre. Vaya desde aquí, en primer lugar, mi sentido recuerdo a los muertos en el monstruoso atentado terrorista y mi homenaje a quienes entregaron sus vidas al sagrado deber de perseguir a los responsables. Un centenar de ellos eran españoles.El preludio de la tragedia podemos remontarlo a 1996, cuando Osama Bin Laden, desde su santuario de Afganistán y bajo la protección del Gobierno talibán, declaró la Yihad contra los EEUU. Dos años después, Al-Qaeda llevó a cabo ataques terroristas a las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania que sumaron más de 200 muertos. En 2000, un atentado contra el destructor USS Cole en aguas del Yemen dejó sin vida a 17 marinos de la dotación.Con todo, fue el ataque a las torres gemelas, transmitido en directo por televisión —yo mismo pude ver el choque del segundo avión y el desplome de ambas torres desde el Cuartel General de la Marina alemana en Bonn— conmovió al mundo y, sobre todo, al pueblo norteamericano. El balance final fue demoledor: 2.997 víctimas mortales, más de las sufridas en el bombardeo de Pearl Harbor que arrastró a los EEUU a la Segunda Guerra Mundial.Bajo la impresión de la tragedia, el presidente Bush declaró inmediatamente lo que enseguida se popularizó como «guerra contra el terror». El Congreso de los EEUU, con la sangre de los asesinados todavía caliente, aprobó un ley que autorizaba el uso de la fuerza contra el terrorismo. Una ley que todavía sigue vigente y que, en la práctica, supone un cheque en blanco para el presidente de la nación a la hora de responder, incluso preventivamente, a la amenaza terrorista. El enemigo declarado eran las organizaciones terroristas y las naciones que las apoyaban, pero bajo ese paraguas de legítima defensa se cambiaron las reglas del juego para arrogarse el derecho a combatir militarmente al enemigo en cualquier lugar del mundo, con o sin permiso de los gobiernos responsables.Por sus frutos los conoceréis, escribió San Lucas, y todos los frutos de la “guerra contra el terror” fueron amargos, aunque en algunos casos no pueda discutirse su legitimidad. La de Afganistán fue, sin duda alguna, una guerra justa. Después de que el Gobierno talibán se negara a entregar a Bin Laden, Washington, con la OTAN a su lado —el ataque a un aliado era y es un ataque a todos— puso en marcha la operación ‘Libertad Duradera’. Kabul cayó rápidamente en manos de la llamada Alianza del Norte, apoyada desde el aire por los EEUU. Bin Laden y los líderes talibanes huyeron a Pakistán mientras la ONU apoyaba a un Gobierno de transición que, por hacer corta la historia, terminó fracasando social y militarmente a pesar del inmenso apoyo aliado. En 2020, el presidente Trump firmó en Doha los acuerdos con los talibanes que certificaban la retirada de los EEUU y la OTAN a cambio de la promesa de Kabul de no volver a apoyar el terrorismo internacional, único logro real de dos décadas de guerra.Una rama del mismo árbol podrido fue la definición de un «eje del mal» que, a los ojos de Washington, vino a reemplazar al comunismo internacional, su gran enemigo de la Guerra Fría. En 2002, el presidente Bush declaró formalmente que ese eje estaba formado por Irán, Irak y Corea del Norte. De este extraño modo, la guerra de Irak, un país sin apenas vínculos con el terrorismo internacional, se convirtió en el segundo fruto de la «guerra contra el terror». Un fruto que, además de amargo, estaba alimentado con falsedades.A pesar de las protestas de medio mundo, la guerra de Irak comenzó en marzo de 2003 y se resolvió con extrema rapidez en el campo de batalla. En solo tres semanas cayó Bagdad, pero entonces empezó lo difícil. En 2004, el año de los atentados de Atocha, se libraron duras batallas urbanas contra la insurgencia en Nayaf y Faluya, nombres ya míticos en los manuales militares. Hubo que esperar hasta 2010 para que los EEUU pudieran cantar una victoria solo relativa y retiraran la mayor parte de sus tropas. Pero el Irak que quedó sobre el terreno, dividido en banderías y debilitado por la guerra, fue caldo de cultivo para el nacimiento del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), una escisión de Al-Qaeda que ocupó un amplio territorio en ambos países fallidos, desde donde se atrevió a desafiar al mundo proclamando un califato universal.Derrotado militarmente en 2017, el ISIS continúa activo en Afganistán y, sobre todo, en el Sahel, desde donde aspira a extenderse por el Magreb y amenazar el sur de Europa. Tiene además capacidad para reclutar lobos solitarios para actuar en cualquier parte del mundo. Otro fruto amargo más de la «guerra contra el terror».Afganistán, Irak y el Sahel no han sido los únicos frentes de esta contienda. Habría que añadirles el de Filipinas y el grupo Abu Sayyaf; el del Yemen y los hutíes y el de Somalia y el Cuerno de África. Varios siguen activos y, por desgracia, se han añadido algunos más, como es el caso de Nigeria. Como botón de muestra, quizá baste decir que antes de la guerra de Irán, cuando el presidente Trump todavía se postulaba para el Nobel de la Paz, ya había bombardeado objetivos en Siria, Irak, Irán, Nigeria, Yemen, Somalia y, por último, Venezuela, acusada sin mucho fundamento de ‘narcoterrorismo’ para que pudiera encajar en la amplia autorización para usar la fuerza militar dada entonces por el Congreso estadounidense.A la hora de hacer balance, nada puede reparar las vidas perdidas, en Nueva York y en las guerras que vinieron después. Remontándonos al origen, podemos celebrar que Al-Qaeda, culpable del acto de terror más grave de la historia, haya perdido su posición de liderazgo en el entorno del yihadismo. Podemos también encontrar cierto consuelo en que el propio Osama Bin Laden y muchos de sus cómplices hayan pagado sus crímenes. Pero, por desgracia, el negro capítulo de la historia de la humanidad que comenzó en las Torres Gemelas hace ya 25 años está todavía muy lejos de cerrarse. La guerra contra el terror no ha terminado y es probable que tengamos que seguir degustando sus amargos frutos durante muchos años más.