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«En la frontera nunca hubo una emergencia nacional, pero sí una crisis que se usó para justificar políticas extremas»

A escasos kilómetros del muro que separa Estados Unidos de México, en San Diego (California), la politóloga Katrina Burgess ofrece una lectura muy distinta de la que defiende el presidente Donald Trump sobre la situación en la frontera sur. Mientras la Casa Blanca insiste en … presentar el descenso de las entradas irregulares como el resultado exclusivo de su política migratoria y de la declaración de emergencia nacional, la directora del Instituto Leir para la Migración y la Seguridad Humana de la Escuela Fletcher de la Universidad de Tufts sostiene que la realidad es bastante más compleja.
Autora de varios libros sobre migración y una de las académicas de referencia en esta materia, Burgess lleva décadas investigando los movimientos migratorios en Hispanoamérica. Ha vivido y trabajado en países como Honduras y Guatemala, además de realizar un extenso trabajo de campo en México y en la propia frontera con Estados Unidos.

—Los últimos datos muestran que los cruces irregulares desde México a Estados Unidos han caído a mínimos históricos. La Administración Trump atribuye ese descenso al endurecimiento de su política migratoria. ¿Comparte ese análisis o existen otros factores que explican esta reducción?
—La disminución empezó en 2024 durante el Gobierno de Joe Biden, principalmente gracias a las políticas más restrictivas de México. Después continuó bajo el Gobierno de Trump y se mantiene en niveles muy bajos debido a sus políticas, particularmente la determinación de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), la prohibición de solicitar asilo en la frontera y las detenciones y deportaciones masivas dentro de Estados Unidos. Por tanto, no puede atribuirse únicamente a un cambio de Administración, sino a un proceso que comenzó antes y que después se intensificó.

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David Alandete

—Uno de los argumentos más repetidos por el presidente Trump es que la frontera está controlada por organizaciones criminales y que la inmigración irregular favorece a los cárteles. ¿Qué papel desempeñan realmente estos grupos?
—Es cierto que muchos migrantes recurren a los ‘coyotes’ cuando no existen vías legales para cruzar la frontera. También es cierto que los ‘coyotes’ mantienen vínculos con el crimen organizado, aunque normalmente se trata de actores distintos. Los cárteles cobran a los ‘coyotes’ una cuota de extorsión por atravesar los territorios que controlan y también obtienen beneficios mediante el secuestro de migrantes o la explotación de su vulnerabilidad. Pero es engañoso afirmar que la mayoría de quienes llegan a la frontera son criminales. Más allá de su situación migratoria, la inmensa mayoría de estas personas no tiene antecedentes penales y simplemente busca una oportunidad para rehacer su vida.

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—Las organizaciones de derechos humanos han denunciado reiteradamente las condiciones de los centros de detención para inmigrantes. ¿Hasta qué punto se están vulnerando los derechos fundamentales de estas personas?
—Hay muchas evidencias del maltrato que sufren los migrantes detenidos en Estados Unidos. Hay sobrepoblación en numerosos centros, condiciones insalubres, alimentos en mal estado, falta de atención médica adecuada, abusos verbales, separación de niños de sus familias, dificultades para acceder a asistencia jurídica, detenciones prolongadas e incluso muertes que podrían haberse evitado.
—Miles de migrantes permanecen actualmente en territorio mexicano tras el endurecimiento de los controles. ¿Cuál es su situación? ¿Siguen intentando llegar a Estados Unidos o han cambiado sus planes?
—La mayoría de los migrantes varados en México ya no tiene como objetivo inmediato cruzar la frontera. Muchos planean quedarse en el país, regresar a su lugar de origen o trasladarse a un tercer Estado. Un ejemplo es la caravana que se formó recientemente en el sur de México. Su destino era el norte del país, pero no con la intención de entrar en Estados Unidos, sino de buscar empleo en Tijuana. Aun así, México necesita desarrollar una política nacional mucho más sólida de integración. Existen iniciativas locales y programas apoyados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), pero todavía son insuficientes para responder a la magnitud del fenómeno.
—¿Qué consecuencias ha tenido este endurecimiento para quienes ya habían solicitado asilo en Estados Unidos y esperaban una resolución de su caso?
—Con el regreso de Trump, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) empezó a detener incluso a solicitantes de asilo que contaban con permisos de trabajo o cuyos procedimientos seguían abiertos. Muchos desistieron de sus solicitudes y aceptaron órdenes de salida voluntaria. Forman parte del grupo de más de 80.000 migrantes que han recibido este tipo de órdenes desde enero de 2025. Los tribunales de inmigración acumulan más de dos millones de solicitudes de asilo pendientes, un retraso que se ha agravado tras la destitución de más de un centenar de jueces de inmigración. Todo ello genera un enorme clima de incertidumbre y miedo entre quienes buscan protección internacional.
—La Casa Blanca continúa justificando estas medidas apelando a una supuesta «emergencia nacional» en la frontera. Desde su punto de vista, ¿esa emergencia existe realmente?
—No. Nunca existió una emergencia nacional, ni siquiera durante el momento de mayor volumen de cruces fronterizos. Ese concepto ha sido, sobre todo, una herramienta política para sembrar miedo entre la opinión pública y justificar la aplicación de políticas extraordinarias frente a un desafío complejo. Es cierto que la llegada de miles de personas en un corto periodo de tiempo provocó una crisis humanitaria y supuso un importante reto logístico para las autoridades. Pero los migrantes nunca representaron una amenaza para la seguridad de Estados Unidos ni desbordaron la capacidad de un país tan grande y con tantos recursos para gestionar la situación mediante los mecanismos ordinarios del Estado.

El Ejército iraní eleva el tono y promete represalias por la muerte de Alí Jamenei

El comandante en jefe del Ejército de Irán, el general Amir Hatami, ha asegurado este domingo que las autoridades y la sociedad iraní no pararán de «buscar y exigir justicia», y que no dejarán salir «impunes» a los responsables de la muerte del ayatolá Alí Jamenei, líder de la República Islámica cuando un bombardeo de aviones israelíes sobre Teherán, en el comienzo de la ofensiva conjunta con Estados Unidos, acabó con su vida y la de varios de sus familiares el 28 de febrero.»Quienes cometieron este crimen deben saber que la nación iraní y todos nosotros jamás cejaremos en nuestra búsqueda y exigencia de justicia, y no dejaremos impunes a quienes martirizaron a nuestro líder», ha subrayado en declaraciones recogidas por la radiotelevisión estatal iraní, IRIB, en el marco del segundo día de ceremonia fúnebre en honor al difunto mandatario, padre de su sucesor en el cargo, Mojtaba Jamenei.Precisamente, Hatami ha manifestado su esperanza en que el nuevo líder iraní lleve a la República Islámica a seguir «con fuerza, determinación y sin la menor duda» el camino de Alí Jamenei, marcado por, ha subrayado, su «dignidad, orgullo, independencia y honor».Sus palabras han llegado en el segundo día de ceremonias en la Gran Mosalla de Teherán, capital del país, donde millones de iraníes, según estimaciones de medios oficiales, han presentado ya sus respetos a los restos mortales del ayatolá fallecido.Los restos mortales de Jamenei y su familia llevan reposando desde el sábado en la Gran Mosalla, completamente abarrotada desde primera hora de la mañana de ayer, en el comienzo de un largo funeral de estado que incluirá una multitudinaria procesión este lunes en las calles de la ciudad, a la que podrían acudir hasta 20 millones de personas.

«Me apuntaron a la cabeza para simular una ejecución», denuncia el preso político cubano Alexander Díaz Rodríguez

«Estando desnudo me apuntaron a la cabeza con una pistola, simulando una ejecución, y dispararon. Ahí fue cuando me di cuenta de que el arma no tenía balas», relata a ABC el ex prisionero político cubano Alexander Díaz Rodríguez.

Díaz Rodríguez relató que el lunes había asistido a una citación de la Seguridad del Estado en la capital, a unos 70 kilómetros de la provincia de Artemisa, lugar donde reside. Los oficiales de la Policía le hicieron firmar un compromiso de que se «portaría bien» a cambio de permitirle tramitar su pasaporte y su salida del país.

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Jorge Benezra

«Como vivo lejos, me quedé en La Habana para poder asistir a la conmemoración del 4 de julio, pero la Seguridad del Estado se enteró de esto y me fueron a buscar donde me estaba quedando. Me empujaron, me maltrataron, me pusieron las esposas apretadas y me golpearon», narró.
Según el testimonio, varios oficiales de la Policía política vestidos de civil lo condujeron a un lugar inhóspito y oscuro, cerca de la autopista nacional. Al mismo lugar llevaron luego al disidente José Elías González.
«Allí nos patearon, nos obligaron a desnudarnos, nos tiraron encima de un hormiguero, nos apuntaron a la cabeza con sus pistolas y dispararon. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no tenían balas», recordó.

«Nos patearon, nos obligaron a desnudarnos, nos apuntaron a la cabeza con sus pistolas y dispararon. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no tenían balas»

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Alexander Díaz fue excarcelado en abril tras cumplir una condena de cinco años por participar en las protestas del 11 de julio de 2021 (11J). Su testimonio en exclusiva para ABC fue escalofriante por todas las torturas que narró y, fundamentalmente, por el depauperado estado físico: su delgadez extrema se parecía a la de un judío que acababa de salir de un campo de concentración nazi.
Según relató, en la cárcel estuvo en muchas celdas de castigo, sufrió palizas en las que le partieron las costillas y los dientes, le negaron asistencia médica, fue sometido a frío extremo y a hambre. «Una vez me dejaron toda la noche esposado con las manos hacia arriba», afirmó.
Sin embargo, asegura que el simulacro de ejecución ha sido la peor experiencia por la que ha atravesado. «No pensaba ni remotamente que este tipo de tortura existía en Cuba, es algo que nunca se me va a olvidar. No quiero que quede impune», declaró.

«No pensaba ni remotamente que este tipo de tortura existía en Cuba, es algo que nunca se me va a olvidar. No quiero que quede impune»

El ex prisionero político permaneció dos días arbitrariamente detenido en La Habana. Sus amigos desconocían su paradero. En la noche del jueves, los agentes lo soltaron en una calle oscura de La Habana, sin comunicación y sin dinero para regresar a su casa.
Varios periodistas independientes y activistas fueron detenidos, sitiados en sus viviendas o citados e interrogados por la Seguridad del Estado para impedirles la asistencia a la conmemoración del Día de la Independencia de Estados Unidos, en medio de la tensión creciente entre ambas naciones.
Hace dos semanas, el opositor Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática de Cuba, sufrió una tortura similar a la de Alexander: desde una carretera intransitable, simularon su ejecución y lo amenazaron de muerte en caso de que Estados Unidos ataque a Cuba. Según Cuesta Morúa, así de claro se lo dijeron los sicarios: «Tenemos la orden de matarlos (a los opositores) si Estados Unidos invade Cuba. Yo soy quien te dará el disparo. Así que reza por que los americanos no vengan».

Por qué las ciudades alemanas se están arruinando

A un visitante de Ingolstadt, una ciudad mediana de Baviera, no le cuesta darse cuenta de que esta es la ciudad de Audi. Basta con fijarse en el puesto de la mutua sanitaria de Audi junto al ayuntamiento, en el espléndido museo del fabricante de … automóviles o en los anuncios de su temporada de conciertos de verano, que comienza este fin de semana. Si habla con cualquier vecino, lo más probable es que trabaje en la planta de Audi o que tenga algún familiar que se encuentre entre las 40 000 personas de la ciudad empleadas por la empresa. El éxito de Audi impulsó el crecimiento de Ingolstadt, que pasó de ser una tranquila localidad de 30 000 habitantes tras la Segunda Guerra Mundial a los 145 000 actuales.
Y son precisamente las dificultades de Audi —cuyos beneficios y plantilla están disminuyendo— las que ayudan a explicar por qué la ciudad se ha visto sumida en una profunda crisis. Los ingresos procedentes del impuesto sobre sociedades se han reducido a la mitad en apenas unos años, en gran medida debido a los problemas de Audi y de su empresa matriz, Volkswagen. La situación es tan apremiante que, a principios de este año, el gobierno de Alta Baviera rechazó el presupuesto de Ingolstadt y prohibió a la ciudad acometer nuevas inversiones: proyectos emblemáticos, como la renovación del célebre teatro brutalista de la ciudad, han quedado en suspenso y los alumnos de una escuela en ruinas han tenido que ser trasladados porque el ayuntamiento no podía permitirse repararla. «Audi es una bendición para nuestra ciudad, pero también un riesgo», afirma el alcalde, Michael Kern.

La volatilidad de la financiación municipal ha vinculado el destino de muchas ciudades alemanas al de las empresas locales. En épocas de bonanza, algunas nadaban en la abundancia: una localidad con una planta de Daimler cerca de Stuttgart llegó a pavimentar sus pasos de peatones con mármol de Carrara. Sin embargo, cuando la industria estornuda, las ciudades enferman, y el virus se está extendiendo ahora más allá de las tradicionales zonas postindustriales, como el Ruhr o el Sarre. Ciudades de la próspera Baden-Wurtemberg se han visto duramente golpeadas por la crisis del sector del automóvil y los problemas de Ludwigshafen, una de las ciudades más endeudadas de Alemania, reflejan los de BASF, el gigante químico asentado allí.

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Incluso las ciudades con una base económica más diversificada se encuentran al borde del abismo y pocas han escapado de la trampa fiscal que supone que los ingresos no crezcan al mismo ritmo que un gasto desbocado. Un nuevo informe de la Fundación Bertelsmann revela que el año pasado los déficits presupuestarios de los cerca de 10 000 municipios alemanes alcanzaron la cifra récord de 32 000 millones de euros (36 000 millones de dólares), casi un 30 % más que un año antes —casi todo el mundo prevé que la situación empeore—.
Se trata de la peor crisis de la historia de la República Federal, afirma René Geißler, profesor de administración pública en la Universidad Técnica de Ciencias Aplicadas de Wildau. Señala tres factores principales: el aumento de la inflación, especialmente en el sector de la construcción, el incremento de los costes de personal y las onerosas leyes aprobadas por el Bundestag, sobre todo en materia de prestaciones para jóvenes y personas con discapacidad, cuyo cumplimiento corresponde a los municipios. Estos gastos obligatorios representan ya el 80 % del presupuesto de Ingolstadt, lo que obliga a efectuar profundos recortes en las partidas discrecionales. En las localidades más pobres, la presión es aún mayor. Geißler espera que muchos municipios con dificultades recurran a «recortes encubiertos» para cuadrar las cuentas.
Las consecuencias son visibles por todas partes: Bayreuth ha cancelado los actos previstos para conmemorar el 150.º aniversario del primer Festival de Richard Wagner y los distritos berlineses sin apenas recursos luchan por hacer frente a una invasión de orugas peludas y venenosas. Al igual que los trabajadores desesperados que empeñan joyas antes de cobrar su nómina, algunas ciudades han recurrido a los Kassenkredite —préstamos a corto plazo— para pagar sus facturas. Y, en toda Alemania, escuelas, carreteras y pabellones deportivos se deterioran a medida que se reducen las inversiones; el déficit acumulado en inversión municipal asciende ya a la cifra récord de 231 000 millones de euros. Afirmando que faltaban «tres minutos para la medianoche», el 22 de junio alcaldes de toda Alemania organizaron actos públicos para advertir de que habían llegado al límite. «Este año podremos salir adelante, pero, a partir de ahí, muchas ciudades se verán acorraladas», afirma Martin Wilhelm, tesorero de Offenbach, una ciudad satélite de Fráncfort.

Partido de extrema derecha

Muchos temen que el deterioro de los servicios públicos pueda beneficiar a Alternativa para Alemania

¿Qué se puede hacer? Los ayuntamientos reclaman que el gobierno federal aplique el principio de «quien ordena paga», es decir, que financie cualquier nueva ley cuyos costes deban asumir los municipios. Aquellos que carecen de reservas también solicitan 30.000 millones de euros en ayudas a corto plazo. El gobierno federal, que también atraviesa una situación fiscal delicada, ha ofrecido muy poco hasta ahora. Sin embargo, la situación es tan grave, afirma Henrik Scheller, experto en finanzas públicas del Instituto Alemán de Asuntos Urbanos, que probablemente la ayuda llegue antes de que termine el año. De lo contrario, «podríamos asistir a una especie de revolución».
Eso no parece inminente en Ingolstadt. Sin embargo, Michelle y Christian, una pareja de la ciudad, aseguran que ya perciben pequeños signos de deterioro, desde bibliotecas que solicitan donaciones hasta un festival municipal cuya financiación se ha reducido. En otros lugares, muchos temen que el deterioro de los servicios públicos pueda beneficiar a Alternativa para Alemania, el partido de extrema derecha. «Cada tejado de colegio con goteras que permanece tres años sin repararse da alas a los populistas de derecha», afirma Marc Grandmontagne, responsable de educación y cultura de Ingolstadt. Quizá eso consiga que en Berlín se tomen por fin la situación en serio.

Tres hijos de Alí Jamenei, presentes en el masivo funeral con gritos de muerte a Trump y sin presencia del nuevo líder supremo

Docenas de miles de personas han participado este domingo en los rezos por el líder supremo Alí Jamenei en Teherán, en un acto lleno de fervor religioso y con llamadas de «Muerte a Trump», en la segunda jornada de los funerales públicos del dirigente asesinado por Estados Unidos e Israel.Desde primera hora de la mañana no cabía un alma en la mezquita Mosala de Teherán con una mayor asistencia que el sábado, con personas por los pasillos de la enorme edificación y sin espacio en el patio principal.Ondeaban banderas rojas, había puños alzados en lo que se ha convertido en un símbolo del religioso y resonaban los habituales consignas de «muerte a Estados Unidos» y «Muerte a Israel», pero también gritos de «Muerte a Trump», todo ello en un ambiente cargado de devoción religiosa.Junto con las decenas de miles de participantes han acudido al rezo dirigido por el ayatolá Jafar Sobhani, de 97 años, los principales dirigentes del país como el presidente, Masud Pezeshkian; el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, o el comandante de la Guardia Revolucionaria Ahmad Vahidi.También han hecho acto de presencia tres hijos de Jamenei —Masud, Mostafa y Meysam—, pero no ha asistido su también vástago y sucesor Mojtaba, a quien no se ha visto en público desde que fue nombrado líder supremo el 8 de marzo.Una de las grandes cuestiones de los que son los mayores funerales de la República Islámica y en los que las autoridades prevén que participen hasta 20 millones de personas es si Mojtaba realizará su primera aparición pública.Llamadas a «matar a Trump»Muchos de los asistentes han afirmado que Jamenei era más importante para ellos que sus propios progenitores. «Su partida para mí es incluso más dura que la pérdida de mi padre que falleció hace cuatro años», ha dicho Masumeh, una ama de casa de 56 años.La mujer ha arremetido contra el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por ordenar la muerte del religioso que dirigió durante más de 36 años la República Islámica y ha pedido venganza.Más claro ha sido Mahmud, quien portaba un retrato de Trump encuadrada en una mirilla de un fúsil con la frase «Habrá sangre» en inglés y persa.»Deben rendir cuentas», ha dicho acerca de Estados Unidos e Israel, países que comenzaron la guerra contra Irán el 28 de febrero, día que mataron a Jameneí junto con cuatro miembros de su familia, cuyos féretros se encontraban también en la mezquita.El recitador de elegías religiosas del evento, el poeta Mohamad Rasuli, no defraudó a los asistentes con sus mensajes contra el presidente estadounidense: «El que mató a mi imán, ¿por qué no matarlo?», afirmó además de «es una vergüenza para nosotros si no matamos a tu asesino».Masivo funeralLos actos fúnebres por la muerte de Jamenei comenzaron el viernes con una ceremonia oficial de homenaje en la que participaron altos cargos del país y autoridades y delegaciones extranjeras, entre ellos los primeros ministros de Pakistán y Armenia; los presidentes de Irak, Tayikistán y Georgia, además de representantes de Rusia, China, Irak, Siria, Líbano, Afganistán y Arabía Saudí, entre otros.Este sábado se celebró el primer día de funerales públicos, que se han alargado en Mosala hasta las 20.00 hora local (18:30 hora peninsular española) de este domingo y este lunes el cortejo fúnebre recorrerá las calles de la capital iraní para después ser trasladado el martes a la ciudad de Qom.El miércoles se tienen previstos velorios en Irak y finalmente Jameneí será enterrado el jueves en la ciudad sagrada de Mashad, en el noreste del país, en el mausoleo del imán Reza, el octavo imán del chiísmo.La República Islámica busca reivindicarse de alguna manera con estos enormes actos públicos, mostrar unidad nacional y continuidad tras meses de guerra con Estados Unidos e Israel, y en medio de un descontento público generalizado por la mala situación económica del país.

El nuevo líder de Irán no aparece en público ni en el funeral de su padre

La oración oficial para despedir a Alí Jamenei comenzó este domingo a las seis de la mañana (siete y media de la mañana, hora peninsular española). Pero, durante toda la noche, sus seguidores ocuparon la gran mezquita de Mosala con banderas rojas en sus manos, … un poderoso símbolo chií que exige venganza por la sangre de su líder, asesinado por Estados Unidos e Israel en los ataques del pasado 28 de febrero que desataron una nueva guerra en Oriente Próximo.
La seguridad era un nivel superior a máxima porque entre los asistentes estaban el jefe de la Guardia Revolucionaria, el general Ahmad Vahidi, el presidente, Masoud Pezeshkian, el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohamed Bagher Ghalibaf, y el comandante de la Fuerza Quds, Esmail Qaani. La nueva cúpula de poder que ha tomado las riendas del sistema ante los ojos de todo el mundo, incluidos los enemigos que mataron a sus antecesores.

De la familia del difunto líder aparecieron por primera vez en público desde el estallido de la guerra sus hijos Masud, Meysam y Mostafa, pero su otro hijo y sucesor, Mojtaba, no asistió. La plegaria y los gritos clamando venganza elevaron la temperatura del sector más leal al sistema islámico.

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Pablo M. Díez

Imposible moverse en los aledaños del templo. Una inagotable marea negra de humanidad ocupa cada centímetro de la zona del centro de la capital, cerrada desde el sábado para la despedida del líder. Este enviado especial tiene la oportunidad de cubrir los funerales de Jamenei bajo la supervisión de un intérprete facilitado por una de las agencias vinculadas al Ministerio de Cultura y Guía islámica.
«Todos queremos ver al nuevo líder, tenemos muchas ganas de escucharle en persona, pero no nos corresponde a nosotros decir cuándo debe aparecer, esa decisión no nos compete a los ciudadanos y solo la puede tomar él», responde algo molesto con la pregunta Shohrab Musavi, responsable de una de las casetas levantadas para ofrecer comida y bebida gratis a todos los asistentes. Musavi, que viene desde Juzestán, en la frontera con Irak, explica que el «el sistema funciona como una cebolla. Si cae una capa, hay otra y es aún más fuerte que la anterior. Que tomen nota nuestros enemigos». En su caseta han comprado una tonelada de sandías y trabajan sin descanso, sobre todo en las horas de calor, cortando pedazos para todos.

«El sistema funciona como una cebolla. Si cae una capa, hay otra y es aún más fuerte que la anterior. Que tomen nota nuestros enemigos»

Shohrab Musavi
Tendero de un puesto de sandías

El deseo por ver al líder es grande, sobre todo en un régimen opaco donde las apariciones públicas suelen ser medidas y cargadas de peso simbólico. Medios estadounidenses, citando informes de Inteligencia, han publicado informaciones sobre su delicado estado de salud tras el bombardeo de Israel en el que falleció su padre, pero entre sus seguidores no hay fisuras. «La amenaza de asesinato por parte de Israel y Estados Unidos es real y no podemos correr ese riesgo. Trump y Netanyahu desean acabar con el líder supremo y, como persona inteligente que es, no debe aparecer hasta que la garantía de seguridad sea total, y no lo es», opina Sajedeh Maisami, llegada desde Shiraz, al sur del país, para el funeral. Después de cuatro meses de espera siente esta despedida como «una muestra de nuestra fortaleza; han asesinado al líder, la pérdida es grande, pero la república islámica continúa su camino».

«Trump y Netanyahu desean acabar con el líder supremo y, como persona inteligente que es, no debe aparecer hasta que la garantía de seguridad sea total»

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Desde su nombramiento, Mojtaba Jamenei solo se ha comunicado a través de mensajes escritos que han difundido los canales oficiales. Ni imágenes, ni mensajes de voz, ni ninguna otra señal ha emergido del refugio de alta seguridad en el que se blinda ante la amenaza israelí y estadounidense. El complejo de la gran mezquita de Mosala cuenta con una enorme zona verde que las autoridades han convertido en campamento para millones de personas llegadas desde las provincias. Viajan en autobuses y un ejército de voluntarios trabaja para ofrecerles comida, atención médica y tiendas para dormir. Todo es gratuito. La entrada al recinto es una especie de procesión interminable entre los mensajes de megafonía que recuerdan al líder muerto y preguntan en voz alta sobre su sucesor: «¿Dónde está el hombre de la bonita sonrisa? ¿El hombre de la familia martirizada? Estés donde estés, te decimos que dios te proteja».

El líder «oculto»

El espacio para repartir desayunos, comidas y cenas ocupa una superficie equivalente a varios campos de fútbol. Una de las casetas que tiene una mayor cola de espera es la de una asociación religiosa de Yazd, en el centro del país, vinculada a la Guardia Revolucionaria. Mustafa Qasemi está al frente de un equipo que prepara 24.000 raciones de comida al día y hoy toca arroz con lentejas y patatas fritas. «Esto también es resistencia, peleamos cocinando para nuestra gente las 24 horas del día y de Teherán nos iremos a Mashad para el entierro del jueves», explica Qasemi, vestido de caqui militar. Cuestionado por la ausencia del nuevo líder, responde sin dudas que «no aparecerá de ninguna de las maneras porque el enemigo ha demostrado que no respeta nada. Cuando lo haga, lo hará con la bandera del imán Mahdi».
Mahdi es el duodécimo imán del chiismo. Nació en el siglo IX, pero desapareció y la creencia asegura que permanece oculto hasta que reaparezca para traer justicia al final de los tiempos. Los chiíes, secta del islam mayoritaria en Irán, el Líbano o Irak, piensan que el imán no ha muerto y hablan de un estado de «ocultación» que dura hasta hoy y tiene un peso enorme en la cultura.
Tras recoger los paquetes con la comida, la gente trata de buscar una sombra para tener una tregua del sol. El funeral es un maratón diario de ceremonias y oraciones para los más fieles al sistema, dispuestos a demostrar al mundo que el régimen cuenta con una base sólida. La participación es masiva y las autoridades han puesto todos los medios posibles para conseguir la mayor movilización de la historia de la república islámica, por encima incluso del funeral de su fundador, Ruhola Jomeini.
«Somos de verdad, estas imágenes no han sido creadas por IA, este es el Irán leal al sistema islámico y es real, nadie nos ha obligado a venir aquí. Hay muchos iraníes que se oponen y no toman parte en el funeral, pero otros muchos lo hacemos de corazón», explica Mahdi Firouzmanesh, consultor tecnológico de Rahst, a orillas del Caspio. «En Occidente no pueden entender que los iraníes tengamos un nuevo líder supremo que no salga a la luz, pero, como hemos demostrado con el imán Mahdi durante siglos, podemos esperar el tiempo que sea necesario. No tenemos prisa alguna porque sabemos que está con nosotros. ¿Qué más da si opera detrás de una cortina? El enemigo ha demostrado un profundo desconocimiento de nuestra cultura», asegura Firouzmanesh, bandera roja en mano.

«Este es el Irán leal al sistema islámico. Hay muchos iraníes que se oponen y no toman parte en el funeral, pero otros muchos lo hacemos de corazón»

Mahdi Firouzmanesh
Consultor tecnológico

Superada la jornada de la oración principal en Teherán, la capital se prepara para la procesión que llevará el cuerpo hasta la plaza Azadi (Libertad). Desde allí, el cortejo fúnebre se trasladará a la ciudad santa de Qom para pasar luego a Irak antes del entierro del jueves en Mashad. Irán despide de forma masiva a Alí Jamenei, que deja a la república islámica a la sombra de su hijo y nuevo líder oculto.