Trump va ahora a por Cuba con la asfixia del petróleo de Venezuela
Donald Trump ha decidido llevar ahora la presión al máximo sobre Cuba, con un instrumento que apunta al corazón energético de la isla: el petróleo. Después de cortar el flujo de crudo venezolano tras la caída de Nicolás Maduro, el presidente firmó este jueves una … orden ejecutiva (decreto) que autoriza imponer aranceles a cualquier país que venda o suministre combustible a La Habana. Es un paso que coloca a Cuba ante un horizonte de asfixia económica y que extiende el pulso a gobiernos de la región, especialmente a México.
La Casa Blanca presenta la medida como una respuesta de seguridad nacional. El decreto declara que el Gobierno cubano constituye una «amenaza inusual y extraordinaria» para Estados Unidos y acusa a la isla de alinearse con «países hostiles» y actores adversarios como Rusia, China o Irán. Con ese marco legal, Trump se reserva ahora la potestad de fijar aranceles sobre todas las importaciones procedentes de los países que mantengan el suministro energético a Cuba. No se trata solo de un castigo económico, sino un mensaje político de advertencia que busca aislar al régimen en su momento de mayor fragilidad.
La ofensiva llega en un contexto delicado para La Habana. Cuba atraviesa desde hace años una crisis profunda, marcada por apagones frecuentes, escasez de combustible y un deterioro acelerado de los servicios básicos. La isla produce poco petróleo propio y ha dependido históricamente de aliados externos. Durante décadas fue la Unión Soviética; después, la Venezuela de Hugo Chávez y Maduro. Ahora, con Caracas bajo control total estadounidense tras la operación militar de enero, Trump ha cerrado esa vía y ha puesto el foco en quienes puedan sustituirla.
La empresa mexicana Pemex ha sido uno de los principales salvavidas energéticos de Cuba. Según datos de ese conflomerado estatal, entre enero y septiembre de 2025 se enviaron cerca de 20.000 barriles diarios a la isla. Tras una visita de Marco Rubio a Ciudad de México, esas cifras habrían caído a unos 7.000 barriles, según expertos que rastrean cargamentos por satélite. En los últimos días, la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con ambigüedad sobre el futuro de esos envíos, hablando de «decisiones soberanas» y de fluctuaciones contractuales, sin aclarar si México mantendrá su apoyo.
Trump lleva semanas preparando el terreno. El 11 de enero escribió en redes sociales que no habría «más petróleo ni dinero para Cuba — cero». En Iowa, el martes, aseguró que el régimen cubano «va a caer pronto» porque ya no recibe crudo venezolano. Su estrategia es directa: privar a la isla de energía y, con ello, acelerar una crisis interna que obligue a negociar una transición política o precipite un colapso.
El secretario de Estado es una pieza clave en esta fase. De origen cubano y durante años uno de los senadores más duros contra La Habana, Rubio ha defendido abiertamente el objetivo de un cambio de régimen. Esta semana, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, lo dijo sin rodeos: «Nos gustaría ver ese cambio de régimen». Su ascenso como principal ejecutor de la política hacia Venezuela y Cuba refleja también las presiones internas del Partido Republicano, que exige resultados rápidos en el Caribe tras la captura de Maduro.
Desde La Habana, la respuesta fue inmediata, informa Bloomberg. El canciller Bruno Rodríguez denunció una «nueva escalada» y acusó a Washington de intentar imponer un «bloqueo total» sobre el combustible. Según el régimen cubano, la orden se apoya en «una larga lista de mentiras» para presentar a Cuba como una amenaza inexistente. El régimen insiste en que el verdadero objetivo es someter a los países de América Latina a los dictados de Estados Unidos.
El apoyo de China y Rusia a la isla
Por su parte, China y Rusia mantienen vínculos estrechos con Cuba. Moscú firmó recientemente un pacto de cooperación militar y prometió inversiones por 1.000 millones de dólares en cinco años. Pekín, aunque más pragmático, sigue siendo un respaldo diplomático. La orden de Trump introduce ahora un elemento nuevo: castigar también a terceros países, un mecanismo que recuerda a las sanciones secundarias utilizadas contra Irán y que abre un frente comercial con socios como México.
Cola de coches esperando para poner gasolina en La Habana
afp
La crisis energética en Cuba es ya visible en las calles. Según informes recogidos por medios estadounidenses como ‘The Washington Post’, conductores hacen colas interminables para repostar en La Habana, mientras crece la ansiedad ante lo que pueda venir. Algunas estimaciones apuntan a que la isla dispone solo de 15 a 20 días de reservas de petróleo. Los apagones se han convertido en rutina y servicios esenciales como el suministro de agua podrían verse afectados.
El decreto deja en manos de Trump determinar qué países serán sancionados y con qué nivel de aranceles, a partir de informes de Comercio y Estado. La Casa Blanca también advierte de que la medida podría modificarse si Cuba o los países afectados «dan pasos significativos» para alinearse con los objetivos de seguridad nacional de Estados Unidos. Es, en esencia, un instrumento de coerción con una puerta abierta a la negociación bajo condiciones impuestas por Washington.
Cuba lleva bajo embargo desde 1959, con un breve deshielo durante la presidencia de Barack Obama. Trump revirtió gran parte de la apertura en su primer mandato y ahora, en su segundo, parece decidido a cerrar el cerco definitivo. Tras Venezuela, el presidente dirige su ofensiva al último gran símbolo del comunismo en el Caribe, convencido de que sin petróleo no hay resistencia posible.

