¿Por qué el poder judicial de EE.UU. es la última defensa contra el terror de Trump?
Tras más de cuatro décadas como corresponsal en Oriente Próximo, Thomas Friedman aprendió que los extremistas solo tienen una cosa buena: no saben cuándo parar. Por su inercia destructiva, acaban yendo demasiado lejos y precipitando su caída. En EE.UU., el trumpismo no ha … llegado todavía a ese punto y final. Sin resistencia significativa hasta ahora en las calles, la élite económica, el Congreso federal o dentro de su propio partido, la única línea de defensa contra el terror de Trump es el poder judicial.
Un puñado de magistrados federales, y algunos periodistas, son el único obstáculo frente a la ‘blitzkrieg’ contra el sistema de controles y contrapesos que ha regido EE.UU. durante casi dos siglos y medio. Sus decisiones en múltiples frentes, pese al riesgo de resultar efímeras al estar sometidas a recursos de apelación, están ralentizando los brutales planes para transformar las instituciones políticas americanas en una post-democracia.
Aunque hasta ahora se ha evitado desobedecer abiertamente a la Justicia, el temor es que los tribunales federales no puedan seguir el ritmo de la avalancha de caos, disrupción y abuso de poder instigados por la Casa Blanca. Se supone que en contraste con la capacidad del poder ejecutivo para actuar con rapidez y decisión, el poder judicial es lento y garantista por diseño. De hecho, se considera que el esfuerzo en curso por traspasar los límites de la legalidad es una estrategia deliberada para abrumar a la oposición y, en última instancia, lograr el aval del Supremo.
Mientras tanto, todo el mundo concernido debería repasar el dictamen del juez Fred Biery, del Tribunal Federal para el Distrito Oeste de Texas, por el que se ha liberado al niño de cinco años y su padre, detenidos por ICE en Mineápolis e internados en un campo de concentración improvisado a las afueras de San Antonio. Al reconocer su derecho de ‘habeas corpus’, el magistrado argumenta que las cuestiones de procedimiento y moralidad que este caso plantea no se pueden separar.
El fallo de menos de 500 palabras, comparado ‘mutatis mutandis’ con el discurso del primer ministro de Canadá en Davos, intenta hasta educar citando la Magna Carta y la secular tradición jurídica que prohíbe al Gobierno detener a cualquier persona sin proporcionar una razón legalmente válida. El dictamen también hace referencia a la Declaración de Independencia y las similitudes con los agravios perpetrados por los ingleses contra sus colonias. Y recuerda la vigencia de las protecciones constitucionales contra registros y detenciones sin orden judicial garantizadas por la IV Enmienda. Estas aleccionadoras tres páginas terminan con una foto de Liam Conejo Ramos, de pie en el frío de enero con la mano de un encapuchado agarrándole su mochila de Spiderman. Y una referencia al versículo más corto de la Biblia (Juan 11:35): «Jesús lloró».

