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Los europeos apremiarán a Trump en la cumbre del G7 que retome las negociaciones sobre Ucrania

La cumbre del G7 que se celebra desde este lunes en París es otra prueba para el multilateralismo. Francia, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Italia, Japón y el Reino Unido se sientan en la misma mesa con un protagonista claro, Donald Trump, que acudirá a la reunión en medio de las súplicas sobre todo de los europeos para que retome las conversaciones entre Ucrania y Rusia. Tal es la urgencia que el presidente galo, Emmanuel Macron, como anfitrión del cónclave, ha invitado tanto a Volodimir Zelenski como a los países del Golfo. La cita se celebra justo después del anuncio del acuerdo de paz entre Irán y EEUU que permitirá la reapertura del estrecho de Ormuz. Los líderes de las principales potencias se ven esta semana en la capital francesa con el escenario global marcado por los conflictos. Durante un acto telemático de apoyo a un candidato republicano a gobernador en Georgia el presidente estadounidense confirmó el pacto, pero sin dar detalles. «Acabamos de alcanzar un gran acuerdo para resolver el conflicto con Irán. Ahora queda pendiente la formalización, lo cual debería completarse en los próximos días, y probablemente se lleve a cabo una firma, tal vez, en Europa», resumió, alegando además que el pacto podría firmarse ya este fin de semana, pero sin la necesidad de que estuviera presente el propio inquilino de la Casa Blanca.Oriente Medio marca una parte de la agenda. El acuerdo rebajaría mucho las tensiones en general, en todo el mundo, y ese será uno de los llamamientos que se haga en la cumbre y sobre todo Francia y el Reino Unido quieren poner el foco con los aliados árabes en una misión conjunta que permita la reapertura total del estrecho de Ormuz, algo que también tendrá que supervisar Estados Unidos. Ninguno de los otros países del G7, asumen fuentes diplomáticas, tienen mucho que decir para poner fin al conflicto; la pelota está en el tejado de Washington y de Teherán, con la mediación todavía de Pakistán y con el resto mirando fijamente para poner coto a las crisis comercial y sobre todo energética.Esa ‘tranquilidad’ en Oriente Medio se ha convertido en una obsesión para Alemania y Francia porque quieren tener a Trump de su lado y centrado en frenar la evolución de China. De hecho, en este sentido París se ha mostrado especialmente firme a la hora de instar a la Unión Europea a reforzar su arsenal de medidas de defensa comercial para proteger a su industria frente a la avalancha de importaciones del gigante asiático, sobre todo en lo que se refiere a las tecnologías, los materiales raros y los componentes para el desarrollo de automóviles.El otro tema clave es Ucrania y ahí todos esperan, de nuevo, los movimientos de Donald Trump. Ya han pasado más de tres meses desde los últimos contactos entre Kiev y Moscú en Ginebra y Volodimir Zelenski reclama más implicación de EEUU y un sitio en la mesa para Europa a la vez que celebra los avances de los suyos sobre el terreno. La realidad es que Washington se ha desconectado de ese proceso de paz y Putin sigue sin tener prisa. Mientras, los europeos buscan la manera de poner un mediador en escena… de momento sin acuerdo para ello y con Moscú sin ver a Europa como un interlocutor válido. La conclusión, asumen todos, es que solo los estadounidenses pueden reactivar el diálogo, que a ojos de la UE tiene que ser «directo» entre rusos y ucranianos.Zelenski estará en el encuentro a la vez que se inician, por otra parte, las negociaciones de adhesión de su país a la UE. Tal como confirmó la comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, el primer paso tendrá que ver con cuestiones de Estado de derecho y leyes fundamentales como las que atañen a las minorías étnicas. «El Estado de derecho es uno de los pasos más importantes. Es donde todo comienza y termina», dijo Kos. Según la comisaria, aprobar el examen en esta materia es una prueba de que el país candidato se toma en serio sus aspiraciones de integración en la UE. No obstante, los recelos con Ucrania siguen estando, sobre todo en lo que tiene que ver con su estado de guerra ahora mismo y con temas como la lucha contra la corrupción; el camino, eso sí, se ha despejado algo más tras caerse el veto perenne de la Hungría de Viktor Orbán a cualquier avance.La cumbre también tiene como objetivo, en general, limar asperezas con Estados Unidos. Por ejemplo, en el caso de Canadá ya no se habla tanto de la idea de Trump de convertirlo en el «estado 51» de EEUU, pero es un hecho que el Gobierno de Mark Carney ha decidido acercarse mucho a Europa, como demuestra que el suyo se ha convertido en el primer país de fuera de la UE que va a participar en el fondo comunitario de defensa. Pasa algo parecido con el distanciamiento que han tenido de Washington tanto Alemania como Francia, pero sobre todo el Reino Unido, con críticas crecientes de la Casa Blanca al Ejecutivo de Keir Starmer.Por otro lado, Emmanuel Macron insistirá en su ofensiva diplomática que busca posicionar a Francia a la vanguardia de la regulación tecnológica y la inclusión geopolítica. En el ámbito digital, el líder galo ha convocado a figuras clave como Sam Altman, director de OpenAI, para impulsar iniciativas que contemplan la prohibición del uso de redes sociales para menores de 15 o 16 años. Al mismo tiempo, con el fin de evitar que el foro de potencias industrializadas sea visto como un bloque cerrado, el mandatario ha extendido invitaciones a sus homólogos de Brasil, Corea del Sur, India y Kenia, promoviendo un diálogo que integre las perspectivas de los países emergentes.El mundo tiene casi que reconstruirse y la cumbre del G7 en París se presenta como otra buena oportunidad para ello. Donald Trump fue duda hasta última hora en la reunión, pero se ha convertido en un clavo ardiendo para el resto de potencias y aliados -aunque ahora ya no lo sean tanto- de Estados Unidos: solo Washington puede frenar, o ayudar a ello, las dos grandes guerras en marcha en Oriente Medio y en Ucrania. No hay muchas más opciones.

La población de la India pronto comenzará a disminuir, probablemente a un ritmo bastante acelerado

En el extenso barrio marginal de Delhi donde vivía Parul Gayen en la década de 1970, había niños por todas partes. Por aquel entonces, no era raro que su madre tuviera cinco hermanos o que su abuelo tuviera diez. Swapan, el apuesto joven al que … solía ver ir en bicicleta al trabajo y con quien más tarde se casó a los 16 años, tenía seis hermanos; el séptimo no sobrevivió a la infancia. Sin embargo, los tiempos han cambiado, afirma la señora Gayen, que ahora tiene 58 años y vive con Swapan en un piso cercano de un solo dormitorio. De los tres hijos adultos de la pareja, solo dos decidieron tener descendencia y ambos optaron por tener un único hijo. «Un hijo único se siente solo», comenta.
En 1950, la población de la India era de 360 millones de personas. Las mujeres tenían de media seis hijos, aproximadamente la misma cifra que una mujer estadounidense un siglo antes. Hoy, con una población de 1450 millones de habitantes, la India representa una sexta parte de la humanidad. Superó a China como el país más poblado del mundo en 2023 y ha seguido creciendo desde entonces. Sin embargo, su tasa global de fecundidad, es decir, el número de hijos que tiene una mujer promedio a lo largo de su vida, ha descendido hasta 1,9, por debajo del nivel necesario para mantener estable la población a largo plazo.

Aunque la población seguirá creciendo durante algún tiempo, a medida que la generación que hoy es infantil llegue a la edad de tener hijos, una futura contracción resulta inevitable, salvo que la tasa de fecundidad vuelva a superar 2,15. En la práctica, es probable que continúe disminuyendo, acelerando así la contracción demográfica que se avecina. En Delhi, por ejemplo, la tasa global de fecundidad ya se sitúa en 1,2.

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La tristeza posparto

El mundo desarrollado y muchos países de renta media están inmersos en una creciente preocupación por el descenso de la fecundidad, la reducción de la población activa y la perspectiva de una disminución demográfica cada vez más pronunciada. Los políticos suelen recurrir tanto a incentivos como a presiones para animar a los padres y madres a tener más hijos, con escasos resultados. Ahora la India, que en otro tiempo fue motivo de preocupación por su crecimiento demográfico explosivo, se incorpora a ese mismo grupo. Los nuevos libros de texto escolares, cuya publicación está prevista para este verano, advertirán de los riesgos de no tener apenas hijos frente a tener demasiados. En mayo, Chandrababu Naidu, ministro principal de Andhra Pradesh, un estado del sur con unos 55 millones de habitantes, anunció una ayuda de 30 000 rupias (315 dólares) para las parejas que tengan un tercer hijo.
En 2019, el primer ministro Narendra Modi todavía advertía sobre una «explosión demográfica». Sin embargo, el enfoque del gobierno ha cambiado, afirma Sanjeev Sanyal, asesor de Modi. Actualmente, a las autoridades les preocupa que la India siga una trayectoria similar a la de China, cuya población lleva disminuyendo desde 2021. La fecundidad ha caído mucho más deprisa y a un nivel mucho más bajo de lo previsto, señala Neelkanth Mishra, economista jefe de Axis Bank. Tanto en Tamil Nadu, un estado con unos 77 millones de habitantes, como en Bengala Occidental, con cerca de 100 millones de personas, la tasa global de fecundidad es de 1,3, la misma que en Finlandia. La media de la India urbana se sitúa en 1,5. Durante mucho tiempo, los demógrafos pensaron que los estados pobres del norte retrasarían la transición demográfica del país, pero ahora parece que están convergiendo con las regiones más ricas y menos pobladas.
Algunas personas podrían considerar que una disminución de la población es una bendición. Después de todo, las infraestructuras de la India suelen parecer insuficientes —basta pensar en los viajeros hacinados en los trenes de cercanías de Bombay—. Sin embargo, la perspectiva de una India con menos niños tampoco resulta enteramente tranquilizadora: el país envejecería antes de alcanzar la prosperidad, dando lugar a una transición demográfica complicada y los efectos se extenderían por toda la sociedad, la economía y la política del país.
La extraordinaria fertilidad de las tierras indias y la relativa fiabilidad del monzón ayudan a explicar por qué el país ocupa apenas el 2,4 % de la superficie terrestre mundial, pero alberga al 18 % de la población del planeta. Su población recibió además otro impulso gracias a los avances médicos de finales del siglo XX: en 1950 una cuarta parte de los niños morían antes de cumplir los cinco años; en 2000 esa proporción se había reducido a una décima parte. La India experimentó esta transición de la mortalidad en una etapa inusualmente temprana de su desarrollo, cuando las tasas de natalidad seguían siendo muy elevadas, señala Sonalde Desai, de la Universidad de Maryland.
Esa combinación convirtió a la India en el ejemplo por excelencia para los alarmistas demográficos. Fue una visita a un barrio marginal «infernal» de Delhi en la década de 1960 la que inspiró a Paul Ehrlich, biólogo estadounidense, a escribir ‘La explosión demográfica’. Advirtió que la batalla por alimentar a la humanidad estaba perdida y que la India estaba condenada a padecer hambre. Estaba completamente equivocado, pero ejerció una enorme influencia. La obra de Ehrlich inspiró una vergonzosa campaña en la década de 1970 para frenar el crecimiento demográfico, durante la cual el gobierno de Indira Gandhi esterilizó por la fuerza a unos diez millones de hombres.

Kerala, un estado del sur con 36 millones de habitantes y una tasa de fecundidad de 1,3, lleva décadas cerrando escuelas e importando mano de obra. Otras regiones están siguiendo el mismo camino

Los gobiernos posteriores, tanto los dirigidos por el Congreso Nacional Indio como los encabezados por los nacionalistas hindúes del Partido Popular Indio (BJP), han promovido en líneas generales políticas favorables a la planificación familiar y la libertad de elección reproductiva, afirma Poonam Muttreja, de Population Foundation of India, un think tank. Durante la década de 1990, el descenso de la fecundidad se aceleró a medida que más niñas accedían a la educación y el país prosperaba económicamente. Kerala, un estado del sur con 36 millones de habitantes y una tasa de fecundidad de 1,3, lleva décadas cerrando escuelas e importando mano de obra. Otras regiones están siguiendo el mismo camino.
La ONU sigue augurando que la población de la India continuará creciendo hasta la década de 2060 y que después comenzará a descender lentamente. Esa previsión se basa en una enorme suposición: que las tasas de fecundidad se estabilizarán desde ahora mismo. Sin embargo, solo existe un reducido número de países en los que la fecundidad ha caído y posteriormente se ha recuperado. «No hay nada natural ni inevitable en una tasa de dos», afirma el economista Dean Spears. «Todavía no hay señales de estabilización», añade Rukmini S., de Data for India, otro think tank.
Los demógrafos del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington han elaborado una previsión que parece más plausible: muestra que la población de la India alcanzará su máximo dentro de 21 años, posteriormente disminuirá con la misma rapidez con la que creció y para finales de siglo el país tendría poco más de mil millones de habitantes, lo que supondría una reducción cercana a los 500 millones de personas —la ONU también publica escenarios de crecimiento alto y bajo; este último es similar—. Otro modelo, desarrollado por S. Irudaya Rajan, demógrafo indio, prevé que la población alcance su máximo en la década de 2050 —algo más tarde que en la estimación del IHME, pero mucho antes que en la de la ONU— antes de iniciar un rápido descenso.
Pocos expertos previeron esta evolución, por diversas razones, siendo una de ellas la escasez de datos: el último censo completo se realizó en 2011 y se está llevando a cabo una actualización, con retraso, pero la larga espera ha obligado a los demógrafos a recurrir a datos procedentes de otras encuestas, lo que podría haber ocultado la rapidez del descenso.
Otro factor que desconcierta a los demógrafos es la relativa pobreza de la India. Su PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo era de apenas 7000 dólares en 2020, cuando la fecundidad descendió hasta la tasa de reemplazo, es decir, el nivel a partir del cual la población dejará de crecer a largo plazo. Esta cifra es considerablemente inferior a la de la mayoría de los países que han alcanzado ese umbral. «En el pasado, en las asignaturas de introducción a la demografía enseñábamos que los países alcanzaban un determinado nivel de renta per cápita, las mujeres accedían a la educación y se incorporaban al mercado laboral, y entonces la fecundidad descendía», afirma Jesús Fernández-Villaverde, de la Universidad de Pensilvania. Sin embargo, hoy la fecundidad también es baja en muchos países más pobres.

«En el pasado, en las asignaturas de introducción a la demografía enseñábamos que los países alcanzaban un determinado nivel de renta per cápita, las mujeres accedían a la educación y se incorporaban al mercado laboral, y entonces la fecundidad descendía»

Jesús Fernández-Villaverde
Profesor de la Universidad de Pensilvania

En cierto sentido, la trayectoria de la India refleja lo que los datos llevan tiempo mostrando: el factor más importante para la fecundidad es, con diferencia, que las niñas asistan a la escuela, sostiene Lant Pritchett, de la London School of Economics. Quienes reciben al menos cierto nivel de educación adquieren una mayor autonomía y, con el tiempo, ello conduce a tener menos hijos. El descenso de la fecundidad en la India refleja actualmente el aumento de la escolarización femenina registrado desde la década de 1990: cuando un país logra proporcionar educación a las niñas en una fase más temprana de su desarrollo, parece que la fecundidad también comienza a disminuir antes.
Sin embargo, la experiencia de la India también cuestiona algunas ideas preconcebidas sobre la fecundidad. Los sectores conservadores de los países occidentales suelen atribuir su descenso al debilitamiento del matrimonio y a la elevada participación femenina en el mercado laboral. Es cierto que muchas mujeres occidentales lamentan acabar teniendo menos hijos de los que habrían deseado, ya que las dificultades para conciliar la vida familiar y profesional —o para encontrar una pareja adecuada— hacen que retrasen la maternidad.

Esposas tradicionales, no madres tradicionales

Sin embargo, la India, donde más del 90 % de las mujeres se casan y solo el 33 % trabajan fuera de casa, también está experimentando una caída de la fecundidad. Aunque la maternidad se produce algo más tarde que en tiempos de la señora Gayen, la mujer india promedio sigue casándose a los 19 años y teniendo su primer hijo a los 21. En otras palabras, ni la edad ni la carrera profesional pueden considerarse factores responsables, al menos en el caso de la India. De hecho, aunque la fecundidad ha disminuido, las encuestas indican que las mujeres indias desearían tener todavía menos hijos: en muchos estados, la fecundidad deseada ronda los 1,5 hijos. La mayoría de las mujeres se esterilizan una vez que consideran completada su descendencia, lo que indica que no desean tener más hijos.
Para las mujeres de todo el país, tener menos hijos se ha convertido en una poderosa norma cultural. Una bendición tradicional en las bodas indias dice: «que seas madre de cien hijos». Sin embargo, la actitud de los padres y madres de la India actual puede compararse con una antigua historia del Mahabharata, la gran epopeya hindú. El sabio Agastya pregunta a su esposa Lopamudra si prefiere diez buenos hijos o un único hijo con el heroísmo combinado de diez. Lopamudra elige al superhijo.
Tres factores ayudan a explicar este cambio. El primero es la transformación de las aspiraciones de los padres y madres de la India. Un ejemplo representativo es el de Sanjini Raman, una madre de 42 años residente en Chennai. Explica que tanto su marido como ella tomaron una decisión clara: «todos nuestros recursos deben destinarse a uno, porque si son dos, se dividen». Enviar a su hija a un colegio privado y pagar clases particulares le cuesta alrededor de 350.000 rupias (3.650 dólares).
Los demógrafos denominan a este fenómeno la «disyuntiva entre cantidad y calidad», y constituye un tema recurrente en las conversaciones de muchas parejas indias. Raman afirma que la mayoría de los compañeros de clase de su hija proceden de familias con un único hijo, algo habitual en el sur de la India. La proporción de niños matriculados en centros educativos de pago pasó del 31,7% de 2015 al 38,8% en 2025. Esta tendencia no se limita a los estados más prósperos. Las encuestas realizadas en Bihar —uno de los estados más pobres de la India, con 130 millones de habitantes— y en Uttar Pradesh —el más poblado, con 240 millones de personas— sugieren que muchos padres y madres con pocos recursos optan por tener un solo hijo para poder costear al menos algunas clases particulares.
Un segundo factor que desalienta las familias numerosas es el declive de la tradición de vivir en hogares extensos. Todavía en 2001, aproximadamente la mitad de las familias indias residían en hogares multigeneracionales —abuelos y abuelas, padre y madre, hijos e hijas, tíos y tías y primos y primas— bajo un mismo techo. En la actualidad, según datos del gobierno, cerca del 70 % viven en familias nucleares, como consecuencia de la urbanización y de los cambios en el mercado laboral. Esta evolución incrementa la carga asociada al cuidado de los hijos y genera incentivos para limitar el tamaño de la familia. Sin embargo, la mayoría de los hombres indios no parecen haberlo asumido plenamente. «Mi marido a veces lava su propio plato», comenta Kavitha Kannan, agricultora y madre de dos hijos en Tamil Nadu.

Ojo al rosa

En el pasado, como sugiere la antigua bendición, existía otro factor importante: una marcada preferencia por los hijos varones que contribuía a mantener niveles más elevados de fecundidad, ya que muchas parejas seguían teniendo hijos hasta lograr tener un niño. Sin embargo, esa preferencia ha disminuido de forma drástica: los datos muestran que muchos padres y madres de la India consideran suficiente tener una hija.
En tercer lugar, aunque la educación y las estructuras familiares influyen en la mentalidad de los padres y madres, la cultura refuerza esas tendencias. Tener menos hijos se ha convertido en una aspiración, moldeada por los cambios tecnológicos y por un mayor acceso a la información. Un estudio reveló que la expansión de la televisión por cable en las aldeas durante la década de 2000 provocó una disminución del número de embarazos, algo que su autor atribuyó a las telenovelas que mostraban a mujeres urbanas de clase media con familias pequeñas.

Un estudio reveló que la expansión de la televisión por cable en las aldeas durante la década de 2000 provocó una disminución del número de embarazos

Es posible que los teléfonos inteligentes —cada vez más omnipresentes, incluso en las aldeas más pobres— estén produciendo un efecto multiplicador similar. Por el momento, existen pocas pruebas de que su expansión haya acelerado el descenso de la fecundidad. Sin embargo, es probable que contribuyan a difundir las normas culturales con mayor rapidez. En Nagepur, una localidad de Uttar Pradesh, las mujeres afirman que ven numerosos vídeos que muestran familias pequeñas y destacan las dificultades que afrontan los jóvenes para encontrar empleo. Rajan compara la baja fecundidad con un «contagio»: «lo que ocurre en Kerala termina llegando a Bihar», afirma.
Resulta indiscutible que todos estos factores ya están dando lugar a familias más pequeñas y allanando el camino hacia una contracción de la población. La única incógnita es hasta qué punto seguirá descendiendo la fecundidad. Algunos demógrafos sostienen que las sólidas normas sociales asociadas al matrimonio y la maternidad actuarán como un límite inferior que evitará que la India experimente una escasez de nacimientos tan extrema como la de Corea del Sur. Otros invierten el argumento y señalan que resulta sorprendente que la fecundidad ya haya caído tanto a pesar de la persistencia de esas normas. Especulan con que, en las próximas décadas, más mujeres indias decidirán no casarse ni tener hijos.
Incluso si la India no llega a parecerse a Corea del Sur, la velocidad de su transición demográfica tendrá consecuencias profundas. La más evidente es que el país envejecerá antes de enriquecerse. En Kerala, donde casi una quinta parte de la población supera los 60 años, el gobierno acaba de crear un departamento dedicado al envejecimiento. El estado dispone de la red de protección social más desarrollada de la India, pero aun así solo el 19,4% de la población activa está cubierta por algún tipo de plan de pensiones —frente al 12% a escala nacional—. Prepararse para el creciente número de personas mayores sigue pareciendo una tarea lejana.

12%

Población activa cubierta por algún plan de pensiones

En las regiones como Kerala, donde una quinta parte de la población supera los 60 años, la cifra aumenta hasta el 19,4%

Sin embargo, el debilitamiento de la familia extensa cuestiona la idea de que los hijos cuidarán de sus padres y madres durante la vejez. En el sur de la India, están surgiendo residencias para mayores al estilo de las existentes en los países desarrollados. En las zonas rurales, aparecen formas más sencillas de atención, centradas en actividades como el yoga y las charlas comunitarias. Sin embargo, las familias que no logran encontrar o costear atención adecuada, especialmente cuando se trata de enfermedades graves como la demencia, pueden verse obligadas a volver a convivir. También aumentan los casos de personas mayores abandonadas en grandes concentraciones multitudinarias, como el Kumbh Mela, una peregrinación hindú.
Las tensiones familiares se ven agravadas por otra tendencia: el aumento de la migración interna. Los estados del sur han dependido durante largo tiempo de trabajadores procedentes del norte y del este, especialmente en hoteles y restaurantes. Sin embargo, los flujos migratorios siguen creciendo para abastecer de mano de obra a fábricas, residencias de ancianos y otros sectores. En el centro de cuidados Athulya, en Chennai, capital de Tamil Nadu, el personal está integrado casi exclusivamente por mujeres jóvenes procedentes del estado de Odisha. La intensidad de la migración hará que un número creciente de personas mayores permanezca en sus pueblos de origen. Algunos padres y madres afligidos ya recurren a las redes sociales para reprochar a sus hijos su ausencia.
Una transición demográfica más acelerada implica que la proporción de la población india en edad de trabajar podría alcanzar su máximo ya en 2030. La mano de obra del país aún puede seguir creciendo a pesar del envejecimiento de la población, puesto que muchas personas en edad laboral se encuentran subempleadas. A largo plazo, sostiene Mishra, de Axis Bank, la economía deberá aprovechar mucho mejor el potencial de las mujeres.
Las preocupaciones demográficas ya impregnan la política. Al BJP de Modi le gusta alimentar el temor de que los hindúes —alrededor del 80% de la población— acaben siendo superados numéricamente por los musulmanes —en torno al 15%—. Aunque la fecundidad entre los musulmanes sigue siendo más elevada, también está disminuyendo con rapidez y la diferencia se explica principalmente por sus menores niveles de renta. Aun así, en febrero, Mohan Bhagwat, líder de la RSS, una enorme organización social nacionalista hindú, exhortó a los indios patriotas a tener tres hijos para contribuir a la «estabilización demográfica».
Por su parte, los estados del sur temen que Modi los «castigue» por sus bajas tasas de natalidad reduciendo su representación parlamentaria. También podrían surgir tensiones entre los migrantes internos y las regiones que los reciben. La mayoría de los dirigentes políticos del sur reconoce que los migrantes impulsan la economía, pero existen algunas quejas sobre la llegada de personas que no hablan la lengua local. Resulta fácil imaginar que la brecha entre el norte y el sur se vuelva más conflictiva.
Por ahora, cabe esperar que dirigentes de todo el espectro político promuevan medidas destinadas a fomentar la natalidad, como ha hecho Naidu. Sin embargo, la experiencia internacional sugiere que ni los llamamientos ni los incentivos suelen dar resultado. La fecundidad parece estar determinada por fuerzas demasiado potentes para que los estados o los líderes religiosos puedan influir decisivamente en ellas. Rajan recuerda que la fecundidad en la India lleva setenta años descendiendo. Las probabilidades de un cambio brusco son reducidas.

Reino Unido, Francia, Alemania o Italia, dispuestos a levantar las sanciones a Irán si adopta «medidas claras» sobre su programa nuclear

Los gobiernos de Francia, Reino Unido, Alemania e Italia han celebrado este domingo «con gran satisfacción» el anuncio del «memorando de entendimiento» entre Estados Unidos e Irán, al tiempo que han calificado de «urgente» que se reabra el estrecho de Ormuz con una « … incondicional» libertad de navegación y «sin restricciones».
«Acogemos con gran satisfacción el anuncio del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán. Felicitamos a Estados Unidos, al Gobierno iraní y a todas las partes implicadas, incluidos Pakistán, Qatar y el resto de mediadores, por este avance diplomático», han indicado los líderes de esos cuatro países en una declaración conjunta en la cual han tildado de «esencial» la «reapertura urgente del estrecho de Ormuz con libertad de navegación incondicional y sin restricciones».

Al hilo, el texto difundido por el Elíseo pone de manifiesto la disposición de las cuatro administraciones europeas a impulsar una misión «estrictamente defensiva e independiente» a fin de «garantizar la seguridad de la navegación comercial y llevar a cabo operaciones de desminado».

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Enric Bonet

El propio presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha asegurado en redes sociales, a ese respecto, que «los medios están disponibles y listos para ser desplegados», en la medida en que, ha reiterado, «la reanudación del tráfico marítimo, sin restricciones ni peajes, es una condición indispensable para la estabilidad regional y la economía mundial».
Reivindicando al tiempo presente como un «momento propicio» para «restablecer la estabilidad regional» y «estabilizar la economía mundial», el texto conjunto resalta como «fundamental» que «concluyan las negociaciones en detalle» y que el acuerdo «se aplique de forma rápida y exhaustiva».
Por ello, el canciller alemán, Friedrich Merz, ha insistido sobre la necesidad de que el mismo sea aplicado «con determinación», de manera que se allane el camino hacia una economía mundial «revitalizada» y un Oriente Próximo «más seguro».

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Por otra parte, las administraciones firmantes de la declaración conjunta han hecho hincapié en la importancia de que Irán no «adquiera nunca» un arma nuclear, algo para lo cual sus líderes han mostrado su disposición a colaborar con Teherán, Washington y el Organismo Internacional de la Energía Atómica.
«Estamos preparados para levantar las sanciones pertinentes en respuesta a medidas claras y verificables por parte de Irán en relación con su programa nuclear», reza el comunicado.

En ese sentido, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha defendido que para que cualquier paz «sea duradera» será «esencial» que «los compromisos adquiridos» y, en especial, los relacionados con el programa nuclear iraní «sean sólidos, verificables y se cumplan íntegramente».
«La postura firme y de larga data del Reino Unido sigue siendo que Irán nunca debe poseer armas nucleares», ha zanjado Starmer en un mensaje publicado en redes sociales.
Finalmente, tras avanzar que trabajarán «intensamente» con Estados Unidos, Irán y los socios regionales para «aprovechar este momento, mantener el impulso y alcanzar una solución diplomática a largo plazo», los líderes signantes del texto han reafirmado su «pleno apoyo» a la estabilidad, soberanía e integridad territorial de Líbano«, así como a la importancia de un alto el fuego »sólido«.

Trump anuncia el final del conflicto

Ha sido este domingo cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado un acuerdo con Irán por el medio del cual se levanta de inmediato el bloqueo del estrecho de Ormuz instaurado por las fuerzas militares estadounidenses, al tiempo que Irán ha confirmado el mismo tras asegurar haber «obligado» a Washington a aceptar sus condiciones.
No obstante, el primero en dar a conocer el acuerdo provisional de paz ha sido el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, quien ha avanzado que la ceremonia oficial de firma tendrá lugar el viernes 19 de junio en Suiza.

Los bulos y desinformaciones que han circulado sobre el Mundial de Fútbol 2026

La celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en México, Estados Unidos y Canadá, que comenzó el 11 de junio de 2026, ha puesto a circular imágenes y vídeos por los que habéis preguntado al chatbot de WhatsApp de Maldita.es (+34 644 229 319).Uno de los contenidos que se ha difundido en redes sociales es una imagen supuestamente publicada por la selección de fútbol de Marruecos en la que las mujeres aparecen pixeladas. Pero es falso: la imagen está editada. La selección publicó la imagen original donde se ve a los jugadores posando con los miembros de la tripulación a los lados, entre ellos, seis azafatas que aparecen sin pixelar.También circula un vídeo que muestra supuestamente a los aficionados de Países Bajos en Kansas City para apoyar a su país en el Mundial de 2026. Pero la grabación se registró en Alemania en el contexto de la Eurocopa de 2024, antes del partido del 16 de junio contra Polonia en Hamburgo. La publicación más antigua que hemos encontrado es de junio de 2024 y en ella aparece la etiqueta de OnsOranje, perfil oficial de la selección neerlandesa.Otro de los contenidos que circula es un video denominado «Argentina Campeón Mundial» que supuestamente hace que en tu teléfono se instale un virus en 10 segundos. Pero es falso: a 12 de junio de 2026 no hay pruebas de que se esté compartiendo este supuesto archivo malicioso y el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) no ha alertado sobre este incidente. Además, este organismo aseguró a Maldita.es que este tipo de mensajes «suele ser un bulo». Se trata de una cadena que circula por WhatsApp y redes sociales al menos desde 2023.También, se difunde en redes sociales que Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, solicitó que se le impida la entrada al jugador de la selección española Lamine Yamal a Estados Unidos, pero a 12 de junio de 2026, no hay pruebas de ello. El contenido se comenzó a difundir días antes del inicio del Mundial y después de que el jugador ondease una bandera palestina durante la celebración del título de Liga del FC Barcelona el 11 de mayo de 2026. De acuerdo con lo publicado por Marca y Diario AS, Lamine Yamal ya se encuentra en Estados Unidos desde el 6 de junio, entrenando con la selección española.En otro contenido que circula se afirma que España ha anunciado que boicoteará el Mundial si va Israel, pero a 12 de junio de 2026, España va a participar en el Mundial (con los partidos de primera fase ya confirmados contra las selecciones de Arabia Saudí, Uruguay y Cabo Verde); mientras que Israel no se ha llegado a clasificar para disputar el torneo. Aunque los contenidos no dicen explícitamente quién habría hecho el supuesto anuncio, algunos se difunden junto con unas declaraciones de septiembre de 2025 de Patxi López, secretario de Política Federal del PSOE y diputado, sobre la participación de Israel en el Mundial. Pero no hay rastro de ningún comunicado oficial del Gobierno de España o publicación de alguno de sus miembros llamando al boicot al evento si participa Israel hasta la fecha.Otro de los contenidos asegura que supuestamente Canadá ha «confirmado» que el árbitro somalí Artan es bienvenido en el país para arbitrar partidos del Mundial en Vancouver tras ser rechazado en Estados Unidos, pero no hay pruebas de ello a 12 de junio de 2026.David Eby, primer ministro de Columbia Británica, la provincia canadiense donde está Vancouver, sí se ha pronunciado al respecto en su perfil de X (antes Twitter). En el tuit afirma que Artan «sería bienvenido y celebrado» en la Columbia Británica y añade: «Que arbitre en Vancouver». Según Sports Illustrated, Olivia Chow, la alcaldesa de Toronto, otra de las ciudades sede, también dijo en un comunicado que Artan sería bienvenido para arbitrar en Toronto y que escribiría a la FIFA para trasladárselo.

«Mi marido se suicidó por lo que vio en el atentado de Hamás el 7-O»

«Cuando hablamos de la guerra, pensamos en explosiones, muertos y heridos, pero también hay heridas y víctimas silenciosas». Irit Ben Arye sabe bien de lo que habla porque es una de ellas. En 2023, Irit perdió a su marido, Haim, tras el salvaje … atentado de Hamás del 7 de octubre. Pero no a manos de los terroristas islamistas, sino de otro enemigo igual de cruel e implacable: el trauma de lo que presenció aquel fatídico ‘sabbat’ que desató las guerras continuas que vienen incendiando Oriente Próximo desde entonces.
Su esposo, con quien llevaba casada 30 años y tenía ocho hijos, era conductor de un autobús escolar en la zona de Sederot, una ciudad a menos de un kilómetro del norte de la franja de Gaza que fue ocupada por los comandos de Hamás durante tres días. «Haim se ofreció voluntario para evacuar en su autobús a los supervivientes del kibutz Be´eri, uno de los lugares más duramente atacados. Unos días después, también llevó a soldados cerca de la frontera con Gaza, a un lugar que describió como una película de horror, con cuerpos masacrados y coches quemados llenos de agujeros de balas», cuenta Irit emocionada, pero también con una entereza sobrecogedora.

«En el caso de Haim, no es solo lo que vio, sino lo que sintió», narra la mujer ante un grupo de medios internacionales, entre ellos ABC, en un encuentro organizado por la Asociación de Prensa Europa-Israel (EIPA, en sus siglas en inglés). Irit no podrá olvidar que, tras transportar a los supervivientes del kibutz a un lugar seguro, «Haim volvió a casa aquella noche llorando, devastado, desamparado. ‘No he podido ayudarlos’, me decía. Y él siempre ayudaba a la gente».

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Pablo M. Díez

La impotencia ante la masacre de Be´eri, donde fueron asesinadas más de 130 personas y 32 fueron secuestradas y llevadas hasta Gaza, hundió a Haim. Cuando rescató a los supervivientes del kibutz arrasado, lo que más le impactó, según su viuda, «fue el silencio: el silencio de los niños traumatizados y el de los bebés, tan conmocionados que no podían ni llorar». Y es que Haim, nos aclara Irit, «tenía un superpoder para mirar en los ojos de los niños y entender lo que ocurría en su alma. No puedo ni imaginar lo que vio dentro de los ojos de esos niños aquella noche del 7 de octubre. Las heridas psicológicas pueden ser incluso más devastadoras que las físicas».
Haim, que siempre estaba sonriendo y a quien los chavales llamaban cariñosamente «el conductor del bus», cambió para siempre a partir de aquel día. Pero su familia no lo notó. «A veces la gente a la que amamos está sufriendo enfrente de nosotros y ni ellos ni nosotros tenemos palabras para expresarlo. La gente piensa que un trauma siempre parece dramático desde fuera, pero con frecuencia no es así», razona su viuda. Ese fue su caso. Apesadumbrada, Irit se lamenta de «que hay cosas que no supimos cómo interpretarlas entonces. Hay signos que solo se volvieron claros para mí más tarde, como la gente con la que habló o demasiado tiempo viendo las noticias… Pero la mayor parte del tiempo parecía todo lo bien que uno podía estar después del 7-O».

«Cuando rescató a los supervivientes del kibutz arrasado, lo que más le impactó fue el silencio de los niños traumatizados y el de los bebés, tan conmocionados que no podían ni llorar»

Nada más lejos de la realidad. El dolor de Haim iba por dentro, tan profundo y mudo que ni siquiera su esposa pudo percibirlo. Con un nudo en la garganta, Irit nos revela a bocajarro que «el 25 de octubre, dos semanas y media después del atentado y tres días después de nuestro 30 aniversario de bodas, a Haim lo encontraron muerto en su asiento del autobús que tanto amaba». Se había pegado un tiro en la cabeza.

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Para su viuda, «esta es la parte más difícil de explicar, pero puede que también la más importante». El motivo es que Haim «era una persona feliz, disfrutaba de la vida, amaba a su familia, le encantaba su trabajo. Era fuerte. Se ofrecía voluntario como conductor de ambulancias y médico. Había pasado por momentos muy difíciles, incluyendo atentados terroristas, y siempre ayudaba a los demás». Por ese motivo, razona Irit, «nadie a su alrededor se dio cuenta a tiempo de lo que estaba sucediendo».

«El 25 de octubre, dos semanas y media después del atentado y tres días después de nuestro 30 aniversario de bodas, a Haim lo encontraron muerto en su asiento del autobús que tanto amaba»

Lo más triste de todo es que, si alguien como él hubiera mirado a los ojos de Haim, quizás se habría percatado de su depresión. «Siempre veía a la persona enfrente de él. Los niños le querían. Los padres confiaban en él. Se daba cuenta cuando alguien se cansaba, cuando un niño estaba demasiado callado», lo describe Irit con amor. Aunque ya lo sabía, se lo confirmó el padre de un niño de su autobús, que fue a verla tras su muerte. «¿Sabes? Haim salvó a mi hijo», le dijo el hombre. Le contó que «un día, Haim detuvo su autobús, se bajó y se le acercó». Le preguntó al padre «si se había dado cuenta de que su hijo no hablaba ni se reía últimamente. El hombre reconoció que no se había percatado. Haim le explicó que, cada mañana, el niño se subía triste al autobús y, cada tarde, se bajaba triste».
Aunque Haim había tratado de charlar con él y animarlo, no lo había conseguido. Por eso, fue a buscar al padre, para que averiguara lo que estaba pasando. «Finalmente, descubrieron que al niño lo estaban acosando en el colegio y nadie lo había advertido. Ni los profesores, ni el director, ni siquiera sus padres. Solo Haim se había dado cuenta», recuerda orgullosa su viuda.

En el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, fieles con fusiles de asalto al hombro (primera foto) rezan junto a judíos ultraortodoxos (segunda foto y tercera foto), bajo fuertes medidas de seguridad para impedir atentados islamistas. .

(Pablo M. Díez)

Para mantener viva su memoria, Irit habla a menudo con sus hijos sobre su padre, «un héroe que, en momentos de necesidad, no dudaba en ayudar a los demás, por lo que vio y experimentó cosas por las que nadie debería haber pasado». Pero también les advierte de que «lo que hizo papá no está bien. Debería haber pedido ayuda». Y entonces, con la dolorosa lección bien aprendida, pregunta a sus hijos: «Si sentís pena, dolor, oscuridad o soledad, ¿pediréis ayuda? Si eso ocurre, les ruego que lloren, chillen o rompan algo…». A su vez, los hijos responden a su madre con otra cuestión espeluznante: «¿Harás tú también lo mismo que papá?».
Al final, la propia Irit acabó acudiendo a un psicólogo hace un año y medio. Antes no pudo hacerlo porque, según detalla, «tenía que ser fuerte por mis hijos y no derrumbarme». Pero, pasado ese tiempo, decidió que «era mi hora de buscar ayuda. La terapia me sirvió para entender lo que estaba atravesando, digerir mi duelo y volverme más fuerte, para mí misma y para mi familia. Mi psicólogo me escuchó y me ayudó a sacar lo que llevaba dentro. Buscar ayuda psicológica no es un signo de debilidad, sino de valentía».

«Buscar ayuda psicológica no es un signo de debilidad, sino de valentía»

Gracias a esa atención médica, Irit afirma estar «rehaciendo su vida, disfrutando de dos nietos a los que les consiento todo y he reabierto mi corazón a otro hombre que me ama». Pero confiesa que «hay días mejores y peores» y avisa de que «las familias no se curan a la vez, ya que cada persona necesita su tiempo». Aunque su casa estaba llena, recuerda que «había momentos de insoportable vacío», por lo que aprendió muy rápido que «el dolor no llega de forma organizada, sino en olas».
Con este trauma a sus espaldas, Irit Ben Arye se presenta como lo que es: «Una mujer cuya familia ha sido tocada por el trauma de la forma más profunda, y como alguien que ha aprendido paso a paso que sanar no significa olvidar. Y que recordar a alguien es acordarse de su amor, no de su pesar».

Aumento de los suicidios

Como Irit, hay miles de familiares de víctimas y supervivientes del 7-O que siguen traumatizados por aquel brutal atentado y la guerra interminable que desató en Oriente Próximo. Al igual que Haim, algunos de ellos acabaron suicidándose incapaces de superar la tragedia, como Yelena Giler, madre de un joven asesinado en el festival Nova de música electrónica, y Roei Shalev, quien vio morir allí a su novia, Mapal Adam, y a su amiga Hilly Solomon. La madre del propio Roei, Raffaela, también se había quitado la vida una semana después de la masacre. Con todos los frentes abiertos en Gaza, el Líbano, Irán y Yemen, el Ejército israelí ha registrado más de 70 suicidios desde 2023, las cifras más altas de las dos últimas décadas. Porque, como nos decía Irit Ben Arye al principio, «en la guerra hay muertos y heridos, pero también víctimas silenciosas».

La atención psicológica aumenta un 46% desde el 7-O en la zona vecina a Gaza

Además de sufrir el impacto directo del brutal atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023, que dejó 1.200 muertos y 250 secuestrados, la zona vecina a Gaza arrastra todavía sus secuelas físicas y mentales. Desde entonces, la atención psicológica se ha … disparado un 46% en esta región, que constituye el distrito sanitario sur de Israel y donde viven 736.000 habitantes repartidos por nueve ciudades y 26 consejos locales y regionales. Así, se ha pasado de 54.036 pacientes atendidos en 2023 a 67.323 en 2024 y 78.881 en 2025.
«Por el trauma sufrido, la proporción de pacientes mentales es mayor aquí que en el resto del país», explica el doctor Tzachi Ben Zion, psiquiatra jefe de la fundación médica Clalit, que gestiona 32 clínicas a menos de siete kilómetros con la franja de Gaza.

Mientras los índices nacionales de pacientes de salud mental fueron de 3,9% de 2023, 4,2% en 2024 y 4,5% en 2025, en el sur de Israel se situaron muy por encima: 5,2 en 2023, 5,8% en 2024 y 5,9% en 2025.

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Nathalie Duplan

En Sederot, una ciudad a menos de un kilómetro de Gaza que fue evacuada tras la incursión de Hamás, la clínica de Clalit atiende a cerca de 22.000 pacientes, de los que el 62% son adultos y el 38% menores de edad. Según detalla el doctor Ben Zion, «esta cifra es más alta de lo habitual en niños, que en circunstancias normales suele ser del 10%. Pero aquí aumenta el número porque el trauma ha sido muy fuerte entre los menores».

«Por el trauma sufrido, la proporción de pacientes mentales es mayor aquí que en el resto del país»

Doctor Tzachi Ben Zion
Psiquiatra jefe de Clalit en Sederot

En su opinión, «el mayor problema que he visto es con los niños, que ni hablan ni lloran. Cuando son atendidos por los psicólogos, los niños les preguntan si pueden llorar ya. Precisamente, eso es también lo que preguntaban los supervivientes de los campos de extermino nazis». Como descendiente de víctimas del Holocausto, el doctor Ben Zion se emociona al recordar que, al igual que en la Segunda Guerra Mundial, «la diferencia entre la vida y la muerte fue un revólver que se encasquilló o alguien que llamaba al terrorista».
Por ese motivo, aboga por reforzar la atención psicológica en la zona. Pero el trauma es tan grande que le hace dudar sobre la recuperación de sus habitantes: «¿Se puede volver a una vida normal? No estoy seguro».