Muchos en San Francisco creían que era una broma. A ratos, lo parece. Pero no. La ‘Marcha a favor de los Multimillonarios’ va en serio -al menos, por parte de los organizadores- y se celebra este sábado. Varias decenas de personas caminan por … las calles de la ciudad californiana, patria de algunas de las mayores fortunas del mundo, con pancartas y gritos a favor de los que más tienen. Y muchas otras vienen a protestar, a reírse de ellos, a hacer parodia. El histrionismo casi acaba con la marcha.
«La mayoría de los multimillonarios hacen mucho bien», defiende ante este periódico Derrick Kauffman, el cabecilla de la movilización, tras el mitin delante del ayuntamiento con el que concluye la marcha. «Quería dejar claro que yo les defiendo», añade en un momento en el que California debate un nuevo impuesto al patrimonio de los multimillonarios: les arrebataría el 5% de su fortuna si tienen más de 1.000 millones de patrimonio.
Kauffman sujeta un cartel que decía ‘Larry y Sergei ya se han ido, ¿quiénes son los siguientes?’, en referencia a Larry Page y Sergei Brin, los fundadores de Google, el gigante tecnológico con sede muy cerca de aquí. Ambos han hecho las maletas y el joven Kauffman y sus amigos temen que pronto sean más. «Desde que ellos se fueron, son cien millones por cada uno que el estado no ingresa en impuestos», señala.
La marcha ha empezado un par de horas antes, en Alta Plaza Park, un promontorio en el acomodado Pacific Heights. Es un barrio paradigmático de San Francisco: muy progresista, bandera de todas las causas sociales de nuestro tiempo, y, al mismo tiempo, muy rico, en parte por la lluvia de dinero del cercano Silicon Valley.
La cabecera lleva una pancarta que reza: ‘Los multimillonarios crean riqueza, mantenedlos en California’. Otros empuñan carteles como ‘El 1% más rico paga el 40%, ¿quién lo hará en su lugar?’ o ‘Hasta en Suecia han acabado con el impuesto al patrimonio’.
¿Está detrás Jeff Bezos?
Caminan por la acera, entre gritos de «¡Gracias, multimillonarios!». La gente en las terrazas, con un ‘prosecco’ de 20 dólares en la mano, se queda atónita. En San Francisco, como en cualquier ciudad del país, están acostumbrados a que cuando se habla de los multimillonarios en manifestaciones sea para atizarles. Es aquella letanía de «los millonarios y los multimillonarios…» de Bernie Sanders, el tótem de la izquierda socialista.
Durante días, muchos en San Francisco han especulado si la marcha era real o una parodia. Kauffman y el resto de organizadores aseguran que van en serio y que no tienen detrás ningún interés comercial ni político. No hay ningún Jeff Bezos poniendo un cheque para que la gente grite por las calles sus bondades.
«Soy pobre y estoy orgulloso», reza uno de los carteles de un ‘contramanifestante’
Javier Ansorena
«Ojalá», reacciona Pablo Villalobos, un joven español que está entre los organizadores, cuando se le pregunta si el fundador de Amazon está detrás de la movilización. «Los multimillonarios no son un grupo universalmente malignos. No deberíamos odiarlos. Crean cosas que benefician a un montón de gente. No es que necesiten protección, pero no deberíamos justificar cualquier acción contra ellos o quitarles la riqueza de forma arbitraria», dice este matemático madrileño, que ha venido a San Francisco a buscarse la vida en medio de la fiebre del oro de la inteligencia artificial.
«Los multimillonarios no son un grupo universalmente malignos. No deberíamos odiarlos. Crean cosas que benefician a un montón de gente»
Pablo Villalobos
Español en San Francisco que forma parte de la organización
«Entiendo la perspectiva de Sanders, de que la desigualdad extrema es mala», dice sobre el veterano senador por Vermont, que despuntó en las primarias demócratas de 2016 con un mensaje de izquierda populista. «Pero es mejor intentar resolver la pobreza y de esta manera ver si se resuelve también la desigualdad que intentar eliminar la desigualdad y ver si de esa manera se resuelve también la pobreza».
La marcha, que ya era peculiar desde su inicio, se convierte en un vodevil. Hay infiltrados un grupo de agitadores, disfrazados de multimillonarios, que dinamitan la protesta desde la parodia. «¡Lamed las botas a los ricos!», «¡que se jodan los pobres!», grita uno, tocado con una corona de plástico. «Nuestros impuestos van a demasiados pobres, la gente pobre se está quedando nuestros recursos. Les damos demasiado, solo hay que ver nuestras calles», dice uno con chistera, que se hace llamar Steve Monopoly, y se refiere al ejército de sintecho que puebla las calles del centro de San Francisco. Lleva un cartel que reza ‘Defund the poor’, ‘quitar la financiación a los pobres (un guiño al ‘Defund the police’, ‘quitar la financiación a la policía’, que fue lema izquierdista tras la muerte de George Floyd en 2020).
Más allá, una joven disfrazada de chef francesa reparte bocados de ‘Musk à la guillotine’. A su lado, un joven llamado Genaro ha venido a protestar, pero sin parodia, de frente. «Los multimillonarios están acaparando tantos recursos y no ofrecen condiciones decentes a sus trabajadores, esto es de risa», dice sobre la protesta.
«He venido porque creo que los buenos incentivos hacen que la economía florezca», dice Ayla, que está con los organizadores. «Se pone impuestos a lo que quieres que haya menos, no a los ingresos», defiende.
¿Trabaja en el sector tecnológico, como tantos otros aquí? , le pregunta este periódico. «No, soy una trabajadora sexual. Tengo sexo por dinero y también estoy en OnlyFans», responde ella. «Esta marcha es algo muy orgánico. Alguien creó la web y a unos cuantos nos ha gustado la idea y hemos venido, aunque no todos pensemos lo mismo».
La marcha acaba convertida en un espectáculo ambulante de protesta y de sátira política, con debates profundos entre unos, gritos de otros e incluso algún conato de pelea.
Un repartidor de Amazon mira con extrañeza la manifestación, con su jefe superior, Bezos, presente en algunos carteles. Se llama Antonio y es de origen ecuatoriano. Ni siquiera trabaja para el gigante tecnológico. Le paga una subcontrata de una subcontrata. «No estamos en plantilla ni tenemos seguro médico», dice a este periódico. ¿Cree que es malo que haya muchos multimillonarios? «No, para nada, yo no creo que eso sea malo», responde. «Pero que repartan más, que cobro una miseria».
El grupo consigue por fin llegar hasta el ayuntamiento, donde Kauffman da un discurso, pese a que los multimillonarios ‘fake’ le interrumpen con sus parodias. «Hay gente que dice que los multimillonarios se hicieron ricos por robar a los pobres», dice («¡absurdo!», apostilla con indignación forzada uno de los histriones). «Pero los multimillonarios se hicieron ricos por crear valor, por hacer cosas que la gente quiere», dice. Una mujer con máscara y un aparato que filtra su voz y le da un sonido electrónico le interrumpe: «Vengo del futuro y las cosas no fueron bien en Marte», anuncia sobre los planes espaciales de Elon Musk y otros tecnólogos.
Antes de que el grupo se disperse, Kauffman responde si sus amigos en este San Francisco tan progre le toman por loco. «Sin duda, hay mucha gente que no está de acuerdo conmigo, algunos han venido hoy aquí», responde. «San Francisco es un sitio muy izquierdista, pero también es el lugar donde se crea toda esta riqueza. Es el lugar ideal para tener este debate».