El ejército biónico de Ucrania: los 'titanes' del frente
«Estaba ayudando a un compañero en nuestra posición cuando, de pronto, el enemigo lanzó un mortero y nos alcanzó de lleno. Mi compañero fue un 200 (forma de referirse a un soldado muerto en combate) y yo un 300 (herido que precisa evacuación). Tardaron … más de doce horas en evacuarme porque era muy peligroso acercarse», recuerda Denis Gotlinskiy cuando se le pregunta sobre el ataque ruso en el que perdió la pierna y brazo derechos. Ocurrió el 4 de julio de 2024 en el frente del Donbás y pasó a formar parte del ejército de amputados de las fuerzas ucranianas, que cuenta con decenas de miles de hombres, más de 120.000 según algunos profesionales de la salud. Son cifras que no se conocían en Europa desde la II Guerra Mundial y a las que el sistema sanitario ucraniano se enfrenta con dificultades.
Gotlinskiy, de 36 años, aprende a usar el brazo biónico que le han colocado en el centro de rehabilitación para veteranos Tytanovi (que se traduce como ‘titanes’) de Kiev y pronto espera contar también con una prótesis para su pierna. «Tengo suerte porque la mayoría de mis amigos en la brigada han muerto, yo empiezo una nueva vida», explica el soldado.
Gotlinskiy recibe las instrucciones de Aleksander Zozuliak, bioingeniero de 48 años que también sufrió la amputación de su brazo izquierdo en 2015. «Los veteranos se merecen las mejores prótesis posibles, es nuestra obligación ayudarles y estas son las prótesis más avanzadas para sustituir al miembro superior perdido. Esto permite recuperar la funcionalidad mediante la conexión directa con los músculos o nervios del usuario», asegura Zozuliak mientras enseña al soldado a usar la aplicación del teléfono móvil con la que podrá controlar su nuevo brazo.
Casos más complicados
Ucrania se ha convertido en uno de los países más minados del planeta y durante los primeros años de la guerra fue una de las causas principales de las amputaciones. El frente ha ido cambiando y en los últimos meses son los drones los mayores culpables. A lo largo del país se encuentran decenas de centros especializados en prótesis mecánicas, pero son pocos los que han avanzado hacia el campo biónico. A Tytanovi llegan los casos más complicados en los que, antes de poner la prótesis, se inserta un implante de titanio en el hueso.
Sergi entrena los movimientos mientras juega al backgammon.
(M.A)
«Las primeras operaciones fueron en 2023 y desde entonces hemos tratado a 95 soldados. Es un tratamiento muy caro, que supera los 125.000 euros por brazo, mientras que la prótesis mecánica no supera los 20.000, pero la diferencia es enorme. Si es biónica, funciona con señales del cuerpo y eso te tranquiliza. La prótesis con gancho es del siglo XVIII; esta es mucho mejor, ayuda a la mente y reduce el dolor fantasma (dolor real generado por el cerebro en un miembro que ya no existe», asegura Viacheslav Zaporozhets, fundador y creador del centro.
La guerra cambió la vida de este empresario de la construcción, que se convirtió primero en voluntario para realizar evacuaciones y después, al ver el elevado número de amputados, orientó su trabajo a ofrecer la mejor atención posible a los heridos. «Cada semana hay más de 1.000 nuevos amputados, el efecto de los drones es devastador», informa Zaporozhets desde el pequeño despacho, pegado al gimnasio de rehabilitación, donde vive y trabaja. Con el paso de los años el interés por Ucrania ha decrecido y las donaciones bajado, pero el Gobierno se encarga de financiar la mayor parte de las prótesis de última generación.
Recta final del proceso de rehabilitación
Sergi Novikov, de 40 años, está en la recta final del proceso de rehabilitación después de perder los dos brazos y una pierna en un ataque de dron. Mueve una a una las fichas del tablero de backgamon y las apila una a una con sus dedos robóticos. «Estoy soñando con regresar a mi casa en Járkov y volver a dedicarme a mis abejas, lo mismo que hacía antes de la guerra. Me ha resultado más sencillo habituarme a mi nueva pierna que a los dos brazos biónicos, es cuestión de tiempo y espero pronto poder cocinar y ser lo más independiente posible. El otro día intenté freír un huevo y no fue sencillo», dice Novikov.
Frente a la tabla de Novikov, otros compañeros como Mykita, Ivan y Denis trabajan en el gimnasio para mejorar la movilidad. La lista de espera crece cada día y este centro, uno de los mayores del país para este tipo de prótesis, sólo acepta los casos más complejos de tratar. La guerra, que entra en su quinto año, les arrebató parte del cuerpo, pero no la voluntad de seguir adelante. En Kiev, entre impresoras 3D, implantes de titanio y duro entrenamiento, estos soldados son auténticos «titanes».

