Internacional - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

La guerra contra Irán en gráficos: casi 3.600 ataques y la amenaza de una crisis energética global

Una serie de bombardeos aéreos por parte de Estados Unidos e Israel para destruir infraestructura militar e institucional de Irán que han terminado por sentirse en la factura energética de todo el mundo. Así podría resumirse, a muy grandes rasgos, lo sucedido desde que efectivos … estadounidenses e israelíes decidieran lanzar de forma conjunta, el pasado 28 de febrero, la operación ‘Furia Épica’ con el fin de hacer caer el régimen de los ayatolás.
El balance que deja hasta el momento la escalada bélica en Oriente Medio es de 3.596 ataques ofensivos o en defensa propia entre las partes involucradas, al menos 1.527 civiles iraníes fallecidos (según datos de la ONG Activistas por los Derechos Humanos en Irán, con sede en EE.UU.) y más de un centenar de fallecidos fuera de las fronteras del país persa.
En el frente económico, el alza del crudo (+49 %) y del gas natural (+58,8 %) se han traducido ya en un encarecimiento del combustible en las gasolineras. En algunos países asiáticos ya se han adoptado restricciones en el consumo mientras la Comisión Europea pide a los Estados miembros medidas de ahorro ante el temor a una futura escasez de suministros.

Fuego cruzado que no cesa

Mientras EE.UU. e Israel valoran una posible invasión terrestre en Irán, los bombardeos, lanzamientos de misiles y ataques con drones entre las partes en conflicto se han mantenido en todo este tiempo. El país hebreo ha protagonizado en solitario más de la mitad (55,5%) de las ofensivas (todas ellas sobre territorio iraní) hasta este 30 de marzo, según se desprende del análisis de ABC a partir de los datos facilitados a este diario por ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project), organización no gubernamental que se encarga de recopilar información en tiempo real sobre eventos en conflictos armados de todo el mundo.

Trump amenaza con llevar a Irán «a la Edad de Piedra» y anuncia las semanas más duras de la guerra

En un discurso solemne desde la residencia presidencial, Donald Trump ha dicho este miércoles que va a devolver a Irán «a la Edad de Piedra». Esa fue la frase más cruda de una comparecencia en horario de máxima audiencia, de unos 18 minutos, concebida como … un compendio de todos los argumentos con los que ha intentado justificar la guerra contra Irán.
No ha presentado una novedad estratégica, sino una síntesis de su doctrina, pidiendo a la ciudadanía comprensión por esta misión y paciencia hasta que concluya «en unas dos o tres semanas», cuando, según ha dicho, llegarán los ataques más duros de toda la campaña. Ausentes quedaron, en cambio, las amenazas a los socios de la OTAN y su voluntad de abandonar la Alianza, con la que amagó en varias entrevistas horas antes.

Trump ha vuelto a retratar a Irán como una amenaza inminente, ha asegurado que el régimen estaba «a las puertas» de lograr un arma nuclear y ha sostenido que había acumulado un arsenal de misiles balísticos con capacidad potencial para alcanzar «el territorio continental de Estados Unidos, Europa y prácticamente cualquier otro lugar del planeta». Su tesis central ha sido que durante años se dijo que Irán no podía tener la bomba, pero que «esas son solo palabras si no estás dispuesto a actuar cuando llega el momento».

Noticia relacionada

David Alandete

Con esa idea, el presidente ha tratado de presentar la guerra no como una elección política más, sino como una obligación que le imponía la realidad. No ha hablado de dudas, ni de costes a largo plazo, ni de un posible desgaste interno. Ha hablado, más bien, como quien se siente llamado a terminar una tarea que, en su relato, otros presidentes dejaron pendiente. Irán aparecía en su discurso no solo como un enemigo militar, sino como una amenaza acumulada durante décadas, finalmente confrontada por un presidente dispuesto a actuar.
Para sostener que esta guerra no es otra de las largas aventuras militares que han marcado a anteriores presidentes republicanos y demócratas, Trump ha recurrido a una comparación histórica muy calculada. Ha recordado que la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial duró un año, siete meses y cinco días; en la Segunda Guerra Mundial, tres años, ocho meses y 25 días; en Corea, tres años, un mes y dos días; en Vietnam, 19 años, cinco meses y 29 días; y en Irak, ocho años, ocho meses y 28 días. Frente a todo eso, ha señalado que esta operación contra Irán lleva solo «32 días».
Con esa lista quiso transmitir que no está metiendo a Estados Unidos en otra guerra interminable, con tropas sobre el terreno, sino en una campaña breve, demoledora y, según él, cerca de completarse. Era una forma de hablarle al electorado cansado de las guerras largas, de marcar distancia con los errores de Washington en Oriente Próximo y de blindarse frente a una de las críticas más sensibles dentro y fuera de su propia base: la de estar arrastrando al país a otro conflicto sin salida clara.
A partir de ahí, Trump ha enumerado los objetivos de la operación con tono de balance militar casi triunfal. Ha dicho que Estados Unidos está «desmantelando sistemáticamente la capacidad del régimen para amenazar a América o proyectar poder fuera de sus fronteras» y ha afirmado que ya ha destruido la Armada iraní, anulado su Fuerza Aérea, castigado su programa de misiles y «aniquilado su base industrial de defensa». Lo ha presentado como una campaña destinada a dejar a Irán sin capacidad para sostener a sus milicias aliadas, sin herramientas para intimidar a sus vecinos y sin margen para fabricar una bomba atómica. «Su Armada ha desaparecido, su Fuerza Aérea ha desaparecido», ha insistido.
Todos esos son mensajes que Trump ha ido desgranando en redes sociales, comparecencias y declaraciones en los últimos días. Por eso, esta intervención, para la que bloqueó espacio televisivo en horario de máxima audiencia en las grandes cadenas en abierto y en cable, no fue tanto un anuncio nuevo como la puesta en escena más solemne y concentrada de su relato de guerra. Necesitaba una escenificación presidencial, con la solemnidad del marco institucional, para convertir una sucesión de mensajes dispersos en una doctrina coherente de guerra.
El mensaje más duro ha llegado al final, cuando ha dejado claro que la ofensiva no ha terminado. Trump ha asegurado que los objetivos estratégicos están «cerca de completarse», pero ha advertido de que «vamos a golpearles con extrema dureza durante las próximas dos o tres semanas». Ha sido la frase que, más allá de todo el envoltorio, ha dejado claro que la Casa Blanca prepara una nueva fase de la campaña y que la presión militar sobre Irán no se reduce, sino que se intensifica.
Al mismo tiempo, ha intentado mantener una rendija diplomática abierta. Dijo que «las conversaciones siguen en marcha», ha negado que el objetivo inicial fuera un cambio de régimen y ha sostenido que «el cambio de régimen no era nuestro objetivo», aunque ha añadido de inmediato que ese cambio «se ha producido porque todos sus líderes originales han muerto». La frase encerraba una de las paradojas centrales de su discurso: niega buscar oficialmente una caída del régimen, pero describe un escenario en el que ese régimen ha quedado decapitado y sustituido de hecho.
Esa mezcla de ultimátum y oferta condicionada ha recorrido toda la intervención. Trump ha afirmado que, si no hay acuerdo, Estados Unidos tiene ya identificados nuevos objetivos y ha amenazado con atacar «todas y cada una de sus plantas de generación eléctrica, con enorme dureza y probablemente de manera simultánea». Ha subrayado además que no ha golpeado todavía el petróleo iraní, «aunque es el objetivo más fácil de todos», porque eso privaría al país de cualquier posibilidad de supervivencia o reconstrucción. Ha sido una forma de presentarse no solo como comandante en jefe, sino como el hombre que decide cuánto castigo administra y cuánto margen de vida deja al enemigo.
Ese punto ha sido uno de los más reveladores de toda la comparecencia. Trump quiso exhibir poder militar absoluto, pero también control sobre la escala de la devastación. Ha sugerido que podría haber ido mucho más lejos y que no lo ha hecho todavía. En su lógica, eso no era moderación, sino dominio. La guerra, según la ha presentado, está calibrada al milímetro por Washington: suficiente para destruir, pero aún con una reserva de castigo disponible si Teherán no cede.
El discurso también le ha searvido para conectar la guerra con su relato económico y energético. Trump ha culpado a Irán de la reciente subida de la gasolina por sus ataques contra petroleros y países vecinos, ha asegurado que Estados Unidos no necesita el petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz y ha presumido de fortaleza energética con su habitual retórica de abundancia. «Tenemos de sobra», ha dicho, antes de recordar que Estados Unidos produce más petróleo y gas que Arabia Saudí y Rusia juntas y de deslizar, una vez más, que también está recibiendo «millones de barriles» procedentes de Venezuela gracias a sus políticas. El mensaje ha sido claro: la guerra, según él, no debilita la economía estadounidense, sino que la reafirma.
Ahí ha enlazado dos de sus grandes obsesiones políticas: la seguridad nacional y la autosuficiencia energética. Trump ha querido transmitir que Estados Unidos puede sostener esta guerra sin ahogarse en sus consecuencias económicas, sin depender de rutas estratégicas vulnerables y sin quedar expuesto a un chantaje petrolero. En su relato, Irán desestabiliza el mercado; Estados Unidos, en cambio, lo rescata desde una posición de fuerza, producción y abundancia.
También ha habido espacio para la dimensión emocional. Trump ha recordado a los militares estadounidenses muertos, ha evocado sus viajes a la base aérea de Dover para recibir sus restos y ha dicho lo que sus familias le pidieron: «Por favor, señor, termine el trabajo». Con esa escena ha buscado presentar la continuación de la ofensiva no como una decisión política discutible, sino como una deuda moral con los caídos. Era un recurso clásico de su retórica: convertir la guerra en una obligación sentimental, casi íntima, legitimada por el dolor de las familias.
En conjunto, Trump ha dicho que Estados Unidos tiene «todas las cartas» y que Irán «no tiene ninguna». Ha reivindicado la guerra como una inversión en la seguridad futura de Estados Unidos, ha prometido más ataques si detecta cualquier intento iraní de reactivar su programa nuclear y ha presentado la campaña como una demostración incontestable de fuerza. No ha ofrecido una salida política detallada, ni una arquitectura para el día después, ni un marco claro para medir el final del conflicto. Lo que ha ofrcido fue otra cosa: la imagen de un presidente que quiere convencer a su país de que esta guerra no será larga, que está ganada en lo esencial y que solo falta rematarla.
Ha sido, en esencia, un discurso de guerra total con una puerta entreabierta a la negociación, pero solo bajo una premisa, la de que Teherán acepte rendirse desde una posición de derrota absoluta, aunque aún no haya acabado el conflicto.

De Ucrania a Irán pasando por Groenlandia: crónica del divorcio anunciado de EE.UU. y la OTAN

En los casi 80 años de historia de la OTAN, no se había producido una situación como la que ha desencadenado Donald Trump al poner sobre la mesa la posibilidad cierta de que decida abandonar la Alianza. El desenlace de esta crisis es todavía imprevisible, … pero en todo caso ha levantado un muro de desconfianza en Europa que será muy difícil de superar.
Después de una sucesión de encontronazos, el choque más fuerte se produjo en la reunión de ministros de Exteriores del G-7 de la semana pasada en París, donde el norteamericano Marco Rubio pedía el apoyo de los europeos en Irán y se encontró con los reproches de la alta representante de Política Exterior, Kaja Kallas, que le exigía primero una postura más firme contra Rusia.

Kallas le recordó que, en la misma reunión del año pasado, Rubio dijo que si Moscú obstaculizaba sus esfuerzos para poner fin a la guerra, Estados Unidos perdería la paciencia y tomaría más medidas contra el Kremlin. «Ha pasado un año y Rusia no se ha movido ¿Cuándo se te va a acabar la paciencia?». Rubio contestó visiblemente irritado: «Estamos haciendo todo lo posible para poner fin a la guerra. Si creen que pueden hacerlo mejor, adelante. Nosotros nos haremos a un lado». Ante semejante amenaza, los demás ministros europeos (Francia, Alemania e Italia además del Reino Unido) trataron de rebajar las tensiones e insistieron en que están a favor de que Washington continúe tratando de encontrar un acuerdo entre Ucrania y Rusia.

Noticia relacionada

Ivannia Salazar

Los europeos ya estaban seriamente preocupados con la actitud hacia el Kremlin de los enviados de Donald Trump, que desde el principio ponían en un plano de igualdad al invasor y al invadido. Después se constató una reducción de la ayuda militar a Ucrania, incluyendo los valiosos datos de la Inteligencia espacial. A ello se añadió la tensión en torno a la isla de Groenlandia, territorio danés que Trump codiciaba y amenazaba con anexionar, si bien finalmente se logró rebajar la tensión mediante un acuerdo para aumentar allí la presencia militar estadounidense.
Todo parecía señalar el rumbo de una confrontación entre las dos orillas del Atlántico. Pero desde la UE y la OTAN se decidió que la única posición posible era preservar la cohesión en el seno de la Alianza Atlántica porque, pese a los ingentes esfuerzos para rearmarse, los europeos dependen inevitablemente de la tecnología y la potencia de fuego de los norteamericanos. De hecho, el nuevo secretario general de la OTAN, el ex primer ministro holandés Mark Rutte, ha aceptado humillaciones inéditas para un responsable político de su altura, con el único objetivo de mantener a Estados Unidos en la organización.
Sin embargo, el equilibrio precario se rompió estrepitosamente a raíz de la incursión de Trump en la política en Oriente Próximo junto a Israel y sin haber consultado previamente con los aliados europeos. Desde Europa se le ha advertido a los norteamericanos que Rusia está ayudando a Irán a atacar bases estadounidenses, pero Washington ha respondido con indiferencia, con el argumento de que Rusia está centrada en otros asuntos. Y, cuando Estados Unidos mencionó por primera vez sus peticiones para involucrar a la OTAN o al menos a algunos países, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, lanzó una propuesta que parecía una broma: «Si Estados Unidos quiere que la UE se involucre en la guerra de Irán, a cambio deberían involucrarse ellos directamente con nosotros en la guerra de Ucrania». Como era de esperar, nadie respondió a esa idea.

La oposición de Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha sido el más evidente a la hora de criticar la operación americano-israelí contra Irán, pero no el único que piensa que ha sido un error. Y, pese a ello, en el último Consejo Europeo, en el que Sánchez hubiera querido ser aplaudido, no se introdujo ninguna referencia al carácter ilegal de la operación. De hecho, ni siquiera se mencionaron críticas directas a Trump para tratar de no romper todos los puentes, al menos mientras Rusia sea percibida como una amenaza y la UE no disponga de recursos propios para defenderse con garantías.
La guerra en Irán no solo ha provocado una crisis económica innecesaria con la subida del precio de los combustibles, sino que ha ha provocado una gran ansiedad en los principales dirigentes europeos. Especialmente después de que Estados Unidos autorizara -otra vez sin consultar con nadie- la venta de petróleo ruso, de tal modo que el Kremlin puede defenderse así mejor de las sanciones económicas que debían haber empezado a minar la estabilidad financiera en Rusia.

La guerra de Ucrania, en segundo plano

En realidad, para la UE la principal prioridad sigue siendo la guerra de Ucrania pero, dado que para la Administración Trump no tiene la misma importancia, hasta los ucranianos están empezando a vacilar. Hace dos semanas, una delegación ucraniana de alto nivel visitó Miami y se reunió con los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para hablar sobre el proceso de paz. A la semana siguiente, Kallas y varios de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros fueron a la localidad ucraniana de Bucha para reafirmar su apoyo.
La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, anunció este martes la adopción de las «medidas preparatorias» para poder entregar a Ucrania los 90.000 millones de euros prometidos para que pueda sostener la guerra los dos próximos años, que siguen bloqueados por el primer ministro húngaro Vikror Orbán. Aunque en Bruselas confían que las elecciones de este día 12 puedan descabalgarlo del poder, la Comisión necesita mantener al menos esta promesa para mantener su horizonte estratégico.

En plena tensión con EE.UU., Sheinbaum reemplaza a su canciller

En plena tensión bilateral con Estados Unidos, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum cambió este miércoles de canciller: despidió a Juan Ramón De la Fuente y designó al subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco, como nuevo responsable de la política exterior.«El Doctor Juan … Ramón de la Fuente tomó la decisión de dejar el cargo de secretario de Relaciones Exteriores por motivos de salud. Es parte de nuestro proyecto y, cuando termine su rehabilitación, se reincorporará con nosotros en otra tarea», informó Sheinbaum en un mensaje en X.

De la Fuente es un político allegado al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien lo tuvo destinado como embajador ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Noticia relacionada

David Alandete

Velasco, por su parte, se acercó a Sheinbaum a partir de las tensiones con Estados Unidos y la acompañó en todas sus comunicaciones con Donald Trump, incluso en algunas de las que ni el ahora excanciller participaba.
El nuevo responsable de la Cancillería tiene, según fuentes diplomáticas, fuerte sintonía con el equipo del secretario de Estado Marco Rubio, concretamente con su segundo, Christopher Landau quien fue embajador en la Ciudad de México en el primer gobierno de Donald Trump.
Este vínculo es clave debido a la tensión de una relación bilateral marcada por la presión de Washington para que Sheinbaum embista contra el crimen organizado. Trump, de hecho, ha presionado en reiteradas ocasiones para intervenir militarmente en México contra los cárteles, algo que Sheinbaum rechaza.
El frente no solo es de seguridad. Hace dos semanas México y EE.UU. comenzaron a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la zona de libre mercado más pujante del mundo que integra también a Canadá.
De la Fuente, en su despedida, dijo que reconocía la capacidad de Velasco, su liderazgo y su lealtad, además de que consideró que será un gran apoyo para Sheinbaum en la conducción de la política exterior del País.
«Me da mucho gusto, de verdad, que mi amigo, un colaborador que lo ha sido muy cercano y un hombre al que todos y todas ustedes conocen, el maestro Velasco, se haga a partir del día de hoy de la titularidad de la Cancillería mexicana», indicó.
En tanto, Velasco agradeció a De la Fuente por la posibilidad de colaborar con él, primero como titular de la Unidad para América del Norte y después como subsecretario.
«Quiero decirle que ha sido un gran privilegio trabajar con usted en estos poco más de un año, que sin duda han sido los más complejos para la diplomacia mexicana en la historia moderna de México», dijo el nuevo canciller.

Herido el exministro de Exteriores de Irán Kamal Kharrazi en un ataque en Teherán: su mujer ha muerto en el bombardeo

El exministro de Exteriores de Irán Kamal Jarazi ha resultado herido en un bombardeo efectuado este miércoles sobre la capital iraní, Teherán, en el marco de la guerra desatada hace más de un mes con la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra el país asiático.En el ataque habría muerto su esposa, según ha recogido la agencia de noticias iraní Mehr, que señala a un bombardeo contra edificios residenciales de la capital por parte del «enemigo estadounidense-sionista», si bien hasta el momento las autoridades no han hecho declaraciones al respecto del suceso.El diplomático de 82 años ejerció como ministro de Exteriores durante casi una década, desde 1997 hasta 2005, y en los últimos años ha sido estrecho asesor del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, muerto en la primera jornada de ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní el pasado 28 de marzo.Las autoridades de Irán han confirmado de momento más de 2.000 muertos por la ofensiva desatada por Estados Unidos e Israel a finales de febrero, entre ellos destacadas figuras como el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, AlíLariyani; y los ministros de Defensa e Inteligencia, Aziz Nasirzadé e Esmaeil Jatib, respectivamente, así como altos cargos de las Fuerzas Armadas y otros organismos de seguridad.

EEUU retira las sanciones contra la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez

El Gobierno de Estados Unidos ha decidido retirar a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, de la lista de sancionados. La reacción de la mandataria no se ha hecho esperar y ha manifestado su deseo para que esto lleve al levantamiento de las medidas impuestas por Washington contra su país, flexibilizadas en los últimos meses de acercamientos entre ambas naciones, que reanudaron sus vínculos diplomáticos.(Más información en breve)