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Netanyahu recula y permite al Patriarca Latino el acceso y el rezo en el Santo Sepulcro tras las críticas internacionales

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, revocó la madrugada de este lunes la prohibición de entrada al Santo Sepulcro a la máxima autoridad católica en Tierra Santa, el patriarca latino Pierbattista Pizzaballa, y dijo que puede «celebrar servicios religiosos según desee».»He dado instrucciones a las autoridades competentes para que se le conceda al Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino, acceso pleno e inmediato a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén», dijo Netanyahu en X en un nuevo comunicado anoche, tras haber justificado su veto a la basílica por motivos de «seguridad».Pizzaballa quiso oficiar ayer durante el Domingo de Ramos una bendición y misa privada, con tan solo otras tres personas, en la Basílica del Santo Sepulcro. La Policía israelí se lo impidió, pese a estar respetando las restricciones por seguridad que limitan el aforo a 50 personas debido a la guerra con Irán.La consternación internacional fue inmediata, con líderes europeos en Italia, Francia, Hungría, España o Portugal condenando la medida adoptada por el Gobierno israelí, pero también el propio embajador de EEUU en Israel, Mike Huckabee, que señaló que con el rezo judío las autoridades israelíes no estaban siendo igual de restrictivas.»Las iglesias, sinagogas y mezquitas de Jerusalén cumplen con la restricción de 50 personas o menos. Resulta difícil comprender o justificar que se le impida al Patriarca entrar a la iglesia el Domingo de Ramos para una ceremonia privada», dijo Huckabee en X, después de argumentar que «los cuatro representantes de la Iglesia Católica estaban muy por debajo» del límite de 50 personas.Reacciones de líderes por todo el mundo El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, condenó este Domingo de Ramos el «ataque injustificado a la libertad religiosa» que, a su juicio, supone la decisión de Benjamín Netanyahu de impedir que los católicos celebren este domingo de Ramos misa en el Santo Sepulcro de Jerusalén.»Netanyahu ha impedido a los católicos celebrar el domingo de Ramos en los Lugares Santos de Jerusalén. Sin explicación alguna. Sin razones ni motivos», se quejaba Sánchez. Su homólogo portugués, António José Seguro, transmitió este domingo su «firme desaprobación» ante la «injustificada» decisión de la Policía de Israel. El ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, anunció que convocará este lunes al embajador de Israel después de que las autoridades israelíes impidieron entrar en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén al cardenal Pierbattista Pizzaballa.  El presidente francés, Emmanuel Macron, también condenó esta decisión de la policía israelí, «que se suma a la preocupante multiplicación de las violaciones del estatus de los Lugares Santos de Jerusalén», declaró en un mensaje en X.El Gobierno de Brasil condenó de igual manera la acción, que tachó de «extrema gravedad». La Administración de Luiz Inácio Lula da Silva recordó en una nota que el bloqueo al patriarca latino se produce después de «la imposición de restricciones» a la entrada cristianos en el santuario, así como de musulmanes durante el Ramadán en la Explanada de las Mezquitas, también en Jerusalén.Por su parte, el patriarca latino y cardenal cardenal Pierbattista Pizzaballa, indicó este domingo que quiere aprovechar lo ocurrido para que se preserve el derecho al rezo, «respetando la seguridad de todos». El cardenal también quiso dejar claro que el incidente se desarrolló «sin enfrentamientos» y que lo trataron de forma educada.»Es cierto que la policía había dicho que las órdenes del comando interno impedían cualquier tipo de reunión en lugares sin refugio, pero no habíamos solicitado nada público, solo una breve y pequeña ceremonia privada para preservar la idea de la celebración en el Santo Sepulcro», explicó en declaraciones recogidas por la cadena italiana TV2000.

Cabimas, la capital oxidada de la industria petrolera venezolana

La lancha atraviesa el agua verde del lago de Maracaibo, enclavado en el noroeste de Venezuela. No es un verde vivo. Es un verde muerto, espeso, sofocante. Una mancha que cubre el 70% de la superficie como una mortaja. Es el verdín, cianobacterias tóxicas … que han convertido el lago en un cementerio acuático. En el horizonte, las plataformas de hierro reposan como monstruos gigantes suspendidos en el tiempo. Oxidadas, inmóviles, algunas con las estructuras parcialmente hundidas, parecen esqueletos de una civilización que fue.
Según los expertos, 10.000 litros de aguas residuales sin tratar entran cada segundo. Las plantas de tratamiento no funcionan. El informe de Odevida es categórico: eutrofización intensiva, provocada por décadas de derrames petroleros, desechos sólidos, agroquímicos y efluentes urbanos. Cabimas, la cuna del petróleo venezolano en 1918, hoy respira el veneno de su propia riqueza.

Rafael Zambrano está de pie en el muelle. Es secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia y secretario ejecutivo de Fedepetrol, donde están afiliados la mayoría de los trabajadores petroleros del país. Habla con la precisión de quien ha visto morir una industria desde dentro. «El estado de la industria a día de hoy es deprimente», dice, mirando al agua. «La infraestructura está completamente colapsada».

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Ludmila Vinogradoff

Los números que recita son como epitafios. Antes de 1999, cuando Chávez llegó al poder, Occidente tenía 156 taladros trabajando en los campos de tierra y 89 gabarras en el lago. Había entre 50 y 60 remolcadores dando apoyo, 32 barcazas de suministro y 400 embarcaciones livianas movilizando trabajadores. «Aquí había un corredor muy intenso de embarcaciones», recuerda Rafael. «Transportaban personal a las diferentes instalaciones del lago».
Pero el 8 de mayo de 2009 todo se detuvo. Fue un viernes de mar en calma. Al amanecer, centenares de militares ocuparon los muelles y terminales. 60 empresas privadas fueron cercadas. Cuando el sol alcanzó su punto más alto, el presidente Hugo Chávez descendió de la lancha presidencial en Lagunillas, en el muelle de terminales petroleras. Proclamó lo que llamó «un acto de independencia». «Es justicia», dijo. «Es nacionalización de actividades petroleras conexas».
Pero lo que ocurrió fue la confiscación de gabarras, grúas, diques, plataformas, lanchas de buceo y remolcadores. En total, 143 empresas fueron expropiadas. Mil embarcaciones confiscadas. 39 muelles nacionalizados. La industria petrolera venezolana nunca se recuperaría de ese día.

«La infraestructura petrolera está completamente colapsada»

Rafael Zambrano
Secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia

«Eso trajo una gran frustración», dice Rafael. «Las empresas dejaron de invertir y todo lo que vemos hoy fue decayendo de manera paulatina». Lo que ven es la destrucción de la infraestructura. Las estaciones de flujo comenzaron a caerse. Se desmantelaron motores, turbinas, todo… Las tuberías, algunas sumergidas en el lago durante más de cien años, no recibían mantenimiento. La corrosión las devoraba lentamente. Bajo el agua yacen aproximadamente 30.000 kilómetros de tuberías con graves problemas de corrosión, un laberinto subacuático de metal oxidado que se desmorona lentamente.
«Y esa es una de las causas de la grave contaminación que sufre el lago», explica Rafael. «Hay muchas tuberías en la cuenca que necesitan reparaciones por el tiempo que llevan sumergidas. Todo esto ha sido un proceso de destrucción».

Una red carcomida por la corrosión

Yunior Padrón es supervisor de las unidades de colectores de crudo. Es un trabajador activo. Lleva 32 años en la industria. Habla con la autoridad de quien ha visto cada tornillo, cada válvula, cada centímetro de tubería. «La industria colapsó», dice sin dramatismo. «Se politizó, y eso nos hizo mucho daño». Los números son abrumadores: más de 15.000 pozos en la cuenca, de los cuales unos 13.000 podrían ser recuperables pero requieren intervención profunda. Reparar esa red subterránea sería una tarea de magnitud casi imposible.
Fue durante los años en los que Rafael Ramírez presidía PDVSA cuando la petrolera estatal se convirtió en lo que muchos trabajadores llamaban «la industria roja rojita», una máquina política más que una operación técnica. Entre 2003 y 2012, mientras los precios del petróleo alcanzaban máximos históricos, Ramírez desviaba recursos hacia proyectos políticos en toda Latinoamérica. Según acusaciones formales, más de 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros) fueron desviados de PDVSA.
El propio Ramírez reconoció después que, durante sus diez años al frente de la empresa, se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares (600.000 millones de euros) en corrupción y mala gestión. Se gastaron 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) en la construcción de 18 buques innecesarios; otros 3.700 millones de dólares (3.200 millones de euros) fueron a un fondo para financiar centrales hidroeléctricas, autopistas y represas en el exterior. Mientras, la infraestructura en Zulia se deterioraba en silencio. Los trabajadores veían cómo sus salarios perdían valor mientras la industria se desmoronaba.

Entre restos cubiertos de petróleo en la costa, una plataforma se divisa en el horizonte (primera foto). El crudo lo impregna todo, hasta las manos de quienes las meten en el agua del lago de Maracaibo (segunda 2). El óxido corroe las tuberías y amenaza las infraestructuras (tercera foto). .

(Jorge Benezra)

Yunior advierte sobre algo que pocos mencionan: el envenenamiento del lago podría intensificarse cuando la industria intente recuperarse. Las tuberías corroídas, debilitadas por años sin mantenimiento, podrían reventar bajo la presión de una producción aumentada. Eso significaría derrames masivos, más toxinas filtrándose en el agua. «Si presionamos estas tuberías viejas», dice, «van a colapsar. Habrá fugas incontrolables. Manchas de crudo por todas partes». El abandono impide operar, pero la operación sobre el abandono generaría un desastre mayor.

Rafael Ramírez reconoció que durante sus diez años al frente de PDVSA se perdieron cerca de 700.000 millones de dólares en corrupción y mala gestión

Pero Joan Rangel no piensa en eso. Joan piensa en la esperanza. Es buzo. Tiene 40 años, nació en Cabimas. Trabajó durante años en el mantenimiento de la industria petrolera: reparaciones submarinas, trabajos de precisión en las profundidades del lago. Pero también es pescador. Vio morir el lago desde dos perspectivas: la del trabajador que conocía la infraestructura y la del hombre que vivía del agua.
«Empezamos a navegar entre manchas de petróleo. Manchas negras. Se pegaban al bote, a la piel. El olor a crudo se convirtió en nuestro aroma». Sacar la red era una lotería. «A veces salía vacía, a veces llena de peces. Pero, ¿quién compraba un pescado contaminado? Un pescado que olía a gasolina».
Después del 3 de enero, cuando Maduro fue capturado por Estados Unidos, algo cambió. Joan habla de lo que ve ahora con una mezcla de fe y desconfianza. «Me desperté con mucha esperanza». Pero, ¿es esperanza o un espejismo? En dos meses, dice, ha visto cosas que no esperaba. Los derrames han frenado. El pescado sale limpio. Algunas estaciones eléctricas en el agua ahora están iluminadas por la noche, algo que no ocurría hace años. La terminal de embarque La Salina en Cabimas, una de las infraestructuras portuarias y de almacenamiento de crudo más importantes de la costa oriental del lago, no deja de recibir barcos para cargar crudo y propano.
Joan no pierde la fe en regresar a la industria. Sus manos, acostumbradas a reparar tuberías en las profundidades, podrían volver a ser útiles. «Tengo mucha fe en que esto va a seguir avanzando para bien», dice. «Y yo quiero ser parte de eso». Pero su voz sugiere que sabe que la esperanza es frágil, que el espejismo podría desvanecerse.

Operar de nuevo

Hay una pregunta que nadie quiere responder: ¿cómo van a recuperar la industria si el lago está tan contaminado? ¿Cómo van a operar Chevron, Repsol, Shell o ENI si la corrosión es acelerada por la contaminación? ¿Cómo van a mantener los equipos si las tuberías centenarias colapsan bajo presión?
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció en febrero nuevas licencias que rebajan las restricciones para que petroleras foráneas operen en Venezuela. Otorgó permisos a cinco empresas, entre ellas la española Repsol, aunque bajo estrictas condiciones. Las dos nuevas licencias no eliminan el marco de sanciones, pero facilitan que empresas no venezolanas comiencen a extraer crudo. El anuncio se enmarca en el plan de Washington con el Gobierno de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para reabrir el mercado petrolífero local tras la captura del expresidente Nicolás Maduro por tropas estadounidenses nada más empezar el año.

Recuperar el lago de Maracaibo: una factura de 130.000 millones de euros
Según Rystad Energy, la recuperación de la industria petrolera del lago de Maracaibo requeriría 150.000 millones de dólares (130.000 millones de euros) en inversión acumulada durante un periodo de diez a quince años para restaurar la producción a tres millones de barriles diarios. El estudio especifica que el coste incluye restauración de instalaciones, proyectos de mejora, tuberías, almacenamiento y sistemas de exportación. Solo mantener la producción actual exigiría 53.000 millones de dólares (46.000 millones de euros). El punto de equilibrio del ciclo completo se sitúa entre 70 y 80 dólares (entre 60 y 70 euros) por barril.

La Cámara de Industria y Comercio de Cabimas es optimista. Estima que las inversiones petroleras impactarían en la reactivación del 90% de unas 400 empresas del sector en la costa oriental del lago. Tras la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, las expectativas crecieron. Pero chocan contra la realidad: una infraestructura destruida, un lago envenenado y tuberías centenarias que podrían colapsar en cualquier momento.
Rafael es claro: «Para poder levantar la producción aquí, tenemos que levantar la infraestructura. Es irremediable». Pero ¿a qué coste? ¿Cuánto costará limpiar el lago? ¿Quién pagará por reparar años de negligencia?
Cabimas es donde nació el petróleo venezolano. Fue aquí donde comenzó la riqueza que nunca llegó a los pobres, donde la industria creció sin control ni regulación ambiental. Y ahora, más de cien años después, Cabimas es donde esa maldición se manifiesta en toda su crudeza. El olor a petróleo sigue aquí. Pero es el olor de una industria que nació en este lugar y que aquí también podría morir, no por falta de crudo, sino por exceso de veneno.

Trump dice que se plantea tomar la isla de Jark y «quedarme con el petróleo de Irán»

Donald Trump ha defendido que su «preferencia es quedarse con el petróleo» de Irán y que se plantea que el ejército de EE.UU. invada la isla de Jark, el centro logístico del crudo iraní. El 90% de las exportaciones del petróleo de la República … Islámica pasan por Jark, cuyas defensas militares han sido ya bombardeadas por EE.UU.
El presidente de EE.UU. ha mostrado esa inclinación en una entrevista con ‘Financial Times’, en la que ha comparado su estrategia en Irán con la de Venezuela. Trump aseguró tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de año que él estaba «al mando» del país sudamericano y que tomaba el control de su sector petrolero. Desde entonces, ha entablado una cooperación estrecha con la sucesora de Maduro al frente del régimen chavista, la actual presidenta, Delcy Rodríguez.

«Si debo ser honesto contigo, la opción favorita para mí es quedarme con el petróleo de Irán, pero hay algunos estúpidos en EE.UU. que dicen ‘¿por qué haces eso?’. Pero son gente estúpida», dijo el multimillonario neoyorquino.
Trump no confirmó que haya decidido la toma de Jark, en un momento en el que EE.UU. acumula efectivos en Oriente Próximo para emprender acciones de ese tipo. «Quizá tomemos la isla de Jark, quizá no. Tenemos muchas opciones», aseguró Trump, cuando acaba de llegar a la región una unidad del Cuerpo de Marines especializada en asalto anfibio. Otra está de camino, además de miembros de la 82ª división aerotransportada, un cuerpo de elite para operaciones terrestres. En total, cerca de diez mil hombres entrenados para una campaña de invasión territorial.

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«No tiene defensas, podríamos tomarla con facilidad», añadió sobre Jark, aunque es evidente que cualquier operación terrestre en Irán supondría una escalada decisiva en la guerra y abriría un escenario que muchos consideran indeseable en EE.UU.; vidas de soldados en peligro, más costes militares y estirar la guerra hasta una duración imprevisible y sin tener claro qué podrá conseguir esa movimiento.
Al mismo tiempo que Trump amenaza con operaciones terrestres, asegura que las negociaciones con Irán van viento en popa. Así lo dijo a la prensa en su vuelo de vuelta de Florida a Washington este domingo por la noche -madrugada del lunes en España-, donde aseguró que las conversaciones van «muy bien» y que los iraníes «nos están dando muchas de las cosas que deberían habernos dado hace mucho tiempo».
El presidente de EE.UU. aseguró que hay en marcha negociaciones «directas e indirectas» con lo que queda de la cúpula de la República Islámica y que son «más razonables». Pero no respondió sobre el contenido específico del plan de 15 puntos que ha compartido con Irán, la respuesta que han dado o las concesiones detalladas que están dispuestos a dar. Trump ha dado una tregua a Irán en los ataques a sus instalaciones energéticas hasta el 6 de abril, después de haber dado marcha atrás en dos ultimátums al respecto.
El multimillonario neoyorquino solo detalló que los iraníes han abierto la mano en el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz, el paso marítimo bloqueado por Teherán, «como una señal de respeto».
La semana pasada aseguró que habían permitido el paso de diez buques, pero que ahora se ha aumentado a veinte. En la entrevista con ‘Financial Times’, Trump incidió también en esta concesión y nombró de forma específica a Mohamed-Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, como el interlocutor para ello.
«Él es el que me ha autorizado estos barcos», dijo Trump, en la última señal de que Ghalibaf puede ser la figura con la que EE.UU. esté buscando llegar a un entendimiento para acabar con la guerra.

«Hay una invisibilidad de los romaníes en Europa»

Al frente de la cartera de Trabajo en el Gobierno cuatripartito formado por Ilie Bolojan en Rumanía, Petre-Florin Manole es el primer ministro de etnia gitana en este país. A su cargo llegó por una trayectoria profesional brillante: graduado en Políticas en Bucarest, consultor … del Banco Mundial en reducción de la pobreza y después diputado, activista por los derechos de los romaníes y secretario de Estado de Igualdad e Integración. Pero, antes que todo eso, Manole es el hijo de una temporera rumana que trabajó doce años en España.  
—¿Dónde estuvo trabajando su madre?

—Mi madre trabajó en el sector agrícola en España desde 2007 hasta la pandemia, en un pequeño pueblo de Huesca llamado Fraga. Escribí un artículo sobre su experiencia titulado ‘La guerra de las nectarinas’ porque, tras la invasión rusa de Ucrania, la UE impuso sanciones a Moscú que afectaron al comercio de frutas y se compensó a las empresas que habían perdido contratos y tuvieron que interrumpir su actividad. Pero nadie pensó en compensar a los trabajadores que habían perdido sus trabajos o perdido ingresos por el mismo motivo. Y, cuando se cuida a las empresas pero no se cuida a los trabajadores, algo falla. La UE debería proteger su capital humano y creo que, en esa ocasión, la UE falló.
—¿Influye esa historia familiar en las políticas de su Ministerio?
—Como ministro de Trabajo, estoy especialmente sensibilizado con la realidad de la emigración. No hablo solo de los trabajadores europeos en Rumanía, sino también de los inmigrantes procedentes de la India, por ejemplo. Nos esforzamos mucho por garantizar que todos los que están aquí legalmente, que pagan sus impuestos, tengan pleno acceso a los derechos sociales y sean tratados con igualdad. Esa es para mí una prioridad. Independientemente de esa experiencia, tengo convicciones muy firmes y concretas sobre pobreza, educación, servicios públicos y acceso a sistema sociales, pero no cabe duda de que hay una relación. Algunas veces es importante también porque me hace sentirme orgulloso y seguramente me permite entender la situación de personas con dificultades reales mejor que otros, me hace más sensible a sus problemas.
—Ahora están creciendo los partidos antiinmigración en toda Europa.
—Es verdad y es muy triste. Creo que tenemos que pensar en trabajar juntos todos los demás, para mantener en las mentes la memoria de que cada país en Europa tiene un pasado de emigración, ciudadanos que por circunstancias se vieron obligados a irse al extranjero. Hoy la seguimos teniendo. En el caso de Rumanía, si pensamos en la cantidad de nuestros ciudadanos que han ido a trabajar a España o a Italia, y para los que hemos pedido legítimamente ese estatus de igualdad con los trabajadores nativos, deberíamos entender que es justo hacer lo propio con los inmigrantes que vienen a trabajar aquí. Si nos quejamos de la discriminación que sufren las comunidades romaníes, no deberíamos discriminar a trabajadores de otras nacionalidades en nuestro país, europeos o no.

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Carlos Mullor

—¿Tiene alguna queja de la situación de los trabajadores rumanos en España?
—Para nada. Hablo a menudo con el embajador español en Rumanía y creo que la relación y la cooperación es muy buena. No veo problemas sistémicos. Seguramente en algún lugar concreto podrían ir mejor las cosas pero, en general, yo diría que la acogida es modélica.

«Si nos quejamos de la discriminación que sufren las comunidades romaníes, no deberíamos discriminar a trabajadores de otras nacionalidades en nuestro país, europeos o no»

—Ha mencionado a la comunidad romaní. Usted es el primer ministro de etnia romaní del mundo. ¿Tiene esa circunstancia consecuencias específicas en su trabajo?
— Al menos soy el primero que lo manifiesta abiertamente. Quizá ha habido otros antes que no lo hicieran público. La verdad es que mi identidad no tiene consecuencias específicas en mi trabajo. Pero es cierto que, cuando lo haces público, surgen actitudes, acciones… Aunque se mantiene la corrección, ya no estamos en los tiempos en los que se discriminaba tan abiertamente.
—¿Cuál es la actual situación de las comunidades romaníes?
—En España, cuentan con una organización administrativa local muy favorable, hay esa cultura administrativa y crea un contexto positivo para políticas efectivas. Hay también una red de ONG, como Fundación Secretariado Gitano, muy imbricadas en el trabajo estatal. En Rumanía, lamentablemente, no contamos con nada de esto. Percibo a España como una sociedad más cohesionada, en este sentido.

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Rosalía Sánchez

—En toda Europa hay abundantes programas de integración para inmigrantes y refugiados, pero quizá no se presta la misma atención a la integración de los romaníes.
—Así es, hay una invisibilidad. La UE está muy atenta a otros tipos de discriminación, pero no se presta la suficiente atención a formas de distancia social como esta, en la que se mezclan cuestiones étnicas con pobreza o exclusión. Los fondos de cohesión de la Comisión Europea no son suficientes y temo que en el futuro va a ser peor. No diría que la UE ha fallado en la inclusión de la población romaní porque estamos mejor de lo que hemos estado. La UE es un lugar mejor que hace diez años para todos, pero el progreso es lento, incluso aunque la dirección sea la correcta. Y la principal cuestión es que ese progreso no es el resultado de un plan y un trabajo, sino de un momento de prosperidad que puede revertirse. Ahora mismo la clave es el acceso a la educación y la pobreza de estas comunidades, que llevan a la exclusión.
—Otra de sus prioridades es el trabajo rural
—Hemos desarrollado con fondos europeos un programa de inversión de 800 millones de euros para mejorar el acceso al trabajo en 2.000 comunidades rurales, teniendo en cuenta empresas agrícolas, familias desfavorecidas, personas que viven solas o parados de larga duración y sobre todo acceso a la educación e integración en el mercado laboral. Tratamos así de luchar también contra la despoblación, consecuencia de la emigración y la menor natalidad.

Reducción de amenazas y aumento de riesgos en Irán

Después de un mes se mantiene la incertidumbre en Irán. Aunque la amenaza nuclear iraní se ha eliminado y su capacidad militar y de actuación a través de sus aliados se ha reducido, la intervención de los hutíes desde Yemen y los contraataques esporádicos … de Hizbolá aumentan el riesgo de prolongación del conflicto.
Las consecuencias económicas son todavía limitadas y la potencia militar de Estados Unidos e Israel y la superioridad de su tecnología (IA) han quedado patentes, así como la solidez de su alianza, que no se ha visto afectada pese a las críticas. Pero todavía no se puede concebir una perspectiva clara de estabilización sin plantear los riesgos que aún permanecen o que se han incrementado en los escenarios regional y global.

Políticamente, el debilitamiento del régimen no ha provocado un cambio de orientación en el poder iraní. Eso abre la puerta a un proceso de sucesión que mantenga la confrontación estratégica en la región y alimente la revancha, pero también a la posibilidad de un enfrentamiento interno que pudiera desembocar en una nueva guerra como la de Siria, con un alto riesgo de fragmentación y violencia civil.

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Javier Ansorena

Sin una mano abierta a un proceso de negociación multilateral para estabilizar el orden regional, el futuro es imprevisible. Si Estados Unidos e Israel no encuentran la manera de iniciar el camino diplomático para lograrlo, Netanyahu puede derrotar a Hizbolá, al mismo tiempo que Israel pierde la oportunidad de alcanzar el estatus de actor estratégico iniciado con los acuerdos de Abraham. Y Trump puede convertir su apuesta económica en Oriente Próximo en una costosa transacción militar que le obligue a dejar más marines y recursos en la región de los que sus temores en Asia-Pacífico le permiten. Cuanto más gaste Estados Unidos en la seguridad en el golfo Pérsico, menos podrá dedicar a la seguridad de Taiwán. China es consciente de ello.
Económicamente, las consecuencias de una guerra energética tradicional, es decir, la que mantiene activo un conflicto político porque los efectos en los precios del petróleo favorecen a determinados actores, aparecen como un riesgo inminente que ha alarmado a los mercados y relanzado la inflación. Si Trump imaginó que las acciones sobre el petróleo venezolano e iraní impactaban en el comercio chino de forma autónoma, y los datos muestran que en un mundo interconectado el impacto es global, el liderazgo de Estados Unidos puede salir fortalecido en su imagen como potencia militar, pero debilitarse en el orden económico multipolar.
Sin garantías de seguridad en el estrecho de Ormuz y con la economía internacional tensionada por las amenazas de una diversificación de objetivos con mayor impacto en la población civil de la región, el riesgo de recesión crece si las operaciones no cesan y si el avance de las negociaciones no es percibido por la opinión pública con claridad.

Dominio del orden estratégico

La victoria en una guerra consiste en el dominio estratégico del orden. Churchill ganó la Segunda Guerra Mundial, pero perdió el dominio del Imperio británico y del orden posterior. Mientras que la OTAN, aunque no inició la guerra en la antigua Yugoslavia, consiguió el control estratégico de los Balcanes. En un orden complejo como el actual, el dominio es improbable, pero la comprensión de la complejidad es imprescindible.
Si el objetivo del ataque a Irán era eliminar la amenaza nuclear y debilitar el régimen integrista y expansionista de los ayatolas, puede darse por conseguido. Pero, si los objetivos específicos de Israel y Estados Unidos buscaban fortalecer su posición en los escenarios regional y global, la hora de la diplomacia y la negociación ha llegado. Aunque Netanyahu no se parezca a Golda Meir ni a Menájem Beguín. Y Trump no se parezca a Ronald Reagan, ni mucho menos a Clausewitz.

José María Peredo Pombo

Catedrático de Comunicación y Política Internacional
Universidad Europea de Madrid (UEM)

Adiós Ucrania, hola Irán

Hay una guerra en Sudán que está desangrando el país desde 2023. Llevan unos 150.000 muertos, han destruido sus exiguas infraestructuras y más de 12 millones de personas se han tenido que desplazar. Son cifras tremendas, pero la realidad es que Sudán ha pasado bastante desapercibido para Europa. Teníamos la atención en Ucrania desde 2022 y apenas había lugar para alguna de las otras 50 guerras activas. Ahora, a Ucrania se le ha cruzado Irán y sobran motivos para que capte la atención: además del desafío internacional y el coste en vidas, casi todos los españoles lo están notando en su bolsillo, ya sea al llenar el depósito, revisar su hipoteca o simplemente al ir al supermercado. Si se alarga, vamos a estar ante la guerra de los últimos 40 años que más efecto tendrá en nuestro día a día. Aunque a Zelenski y a los ucranianos les puede salir aún más cara.