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Un estadounidense, pillado intentando colar más de 8 kilos de embutido del Mercadona sin declarar en el Aeropuerto de Seattle

Un ciudadano estadounidense ha sido interceptado en el Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma al intentar introducir 8,8 kilos de embutido en Estados Unidos sin declarar. El norteamericano había comprado los productos en España. Concretamente en Mercadona.Entre los artículos que ha intentado colar … se encuentran chorizo, lomo, sobrasada, fuet y salchichón. Los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) han encontrado los productos en la maleta tras una inspección aleatoria.

Estados Unidos tiene estrictas restricciones sobre la entrada de productos cárnicos al país con el objetivo de prevenir enfermedades animales como la peste porcina africana o la fiebre aftosa.

Estas son las sanciones para el estadounidense

Curiosamente, el individuo pertenecía al Global Entry, un programa de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU, que permite un ingreso rápido y ágil al país para viajeros de bajo riesgo.
Al estar incluido en este programa, el viajero debe declarar cualquier alimento que introduce al país. Algo que no hizo en esta ocasión, pues no declaró los productos españoles.

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Mikel Ayestaran

Los inspectores han incautado todos los productos, pero también han aplicado las correspondientes sanciones al viajero. Así lo ha confirmado en sus redes sociales la Comisionada Adjunta Ejecutiva Diane J. Sabatino, de la Oficina de Operaciones de Campo de la CBP.

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«Recientemente, un ciudadano estadounidense que era participante de Global Entry fue detenido en el Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma después de no declarar 18.6 libras de carne de cerdo y 0.88 libras de salchicha de venado», explica Sabatino.

Recently, a U.S. citizen who was a Global Entry participant was stopped at Seattle-Tacoma Int’l Airport after failing to declare 18.6 lbs of pork and 0.88 lbs of deer sausage. Second violation—Global Entry revoked. Concealed items were seized and a $500 penalty issued.… pic.twitter.com/rlBKwn7WMJ— Executive Asst. Commissioner Diane J. Sabatino (@OFOEAC) September 13, 2026
La Comisionado también informa de que era la segunda infracción de este individuo: «Global Entry revocado. Los artículos ocultos fueron confiscados y se emitió una multa de $500».
La multa equivale a unos 433 euros. Y al ser reincidente se le ha expulsado del programa Global Entry, por lo que ya no tendrá un acceso rápido al país en futuras ocasiones.

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A raíz de este caso, es necesario recordar que los viajeros tienen la obligación de declarar los artículos de origen agrícola o animal si quieren introducirlos en otro país.

Trump quiso sacar a Díaz-Canel de Cuba a cambio de petróleo y capital de EE.UU.

La Administración Trump llegó a ofrecer al régimen castrista un acuerdo para garantizar a Cuba petróleo estadounidense y atraer inversiones para reconstruir su castigado sistema energético. El precio era considerable: abrir al capital privado la petrolera estatal Cupet y facilitar la salida del poder de … Miguel Díaz-Canel, al que la Casa Blanca considera incapaz de sacar al país de su crisis. La negociación se desarrolló durante meses, pero acabó fracasando, según una exclusiva publicada por ‘The Miami Herald’.
La información, de Nora Gámez Torres, reconstruye unos contactos que llegaron bastante más lejos de lo que se sabía hasta ahora. Washington no planteó únicamente vender petróleo a una isla asfixiada por los apagones. Puso sobre la mesa una remodelación del sector energético que habría concedido a empresas estadounidenses una posición privilegiada en una de las pocas áreas verdaderamente estratégicas de la economía cubana.

El interlocutor elegido dice mucho de la naturaleza de la operación. Los contactos se produjeron con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como ‘El Cangrejo’ y perteneciente al círculo más próximo de la familia que gobierna Cuba desde 1959.

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Camila Acosta

El planteamiento era bastante directo. EE.UU. podía suministrar el crudo que Cuba necesita desesperadamente. La Habana, a cambio, debía aceptar la privatización de Cupet, el monopolio estatal que interviene en la producción, importación, refinado y distribución de petróleo.
La fórmula preferida por los negociadores norteamericanos era que inversores de EE.UU. pudieran hacerse con el control de la compañía. También se manejaron alternativas menos drásticas, entre ellas una sociedad en la que convivieran el Estado cubano y capital privado.
Para las empresas españolas, el asunto tiene una lectura adicional. Las hoteleras españolas han reducido su exposición a Cuba en medio de una creciente presión estadounidense y algunos empresarios llevan meses preguntándose si el objetivo último de Washington consiste no sólo en ahogar las fuentes de financiación del régimen, sino también en preparar el terreno para compañías de EE.UU., según avanzó este diario.

Los empresarios de otros países, como España, se preguntan si el objetivo de EE.UU. no es solo asfixiar al régimen, sino despejar el terreno para sus empresas

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La comparación que circula es inevitable, aunque las circunstancias sean distintas: la Cuba anterior a 1959, cuando el capital estadounidense tenía una presencia enorme en sectores clave de la isla. Saber ahora que Washington llegó a estudiar la entrada de inversores norteamericanos en Cupet alimenta esa impresión.
Cupet no es además una empresa cualquiera. Controla refinerías, depósitos y buena parte de la infraestructura de combustible. La red de estaciones de servicio está vinculada además a Cimex, integrada en Gaesa, el conglomerado empresarial bajo control militar. Entrar ahí era entrar en una pieza central de la economía cubana. Había, además, una condición política: Trump quería fuera a Díaz-Canel.
Eso no implicaba necesariamente desmontar de inmediato todo el sistema castrista. Washington estudiaba algo más pragmático: cambiar la dirección política, abrir sectores de la economía y reducir la dependencia de Rusia y China sin exigir previamente la desaparición de todas las estructuras del régimen.

La salida de Díaz-Canel buscaba cambiar la dirección política, abrir la economía y reducir la dependencia de Rusia y China, pero sin desmontar todo el castrismo

La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero alteró además de golpe el precario equilibrio energético de Cuba. Durante años, Caracas había mantenido a La Habana con petróleo subvencionado. Esa vía desapareció precisamente cuando el sistema eléctrico cubano atravesaba uno de sus peores momentos.
Trump aumentó entonces la presión. Amenazó con consecuencias para terceros países que siguieran abasteciendo de petróleo a la isla y México suspendió sus envíos. Al mismo tiempo, Washington permitió determinadas ventas de combustible estadounidense dirigidas al sector privado.

Los golpes que ahogan al régimen

La crisis, de todos modos, no empezó con Trump. Cuba produce sólo una parte del combustible que consume y mantiene en funcionamiento centrales envejecidas, algunas de ellas de origen soviético. La falta de inversión y las averías han convertido los cortes de electricidad en una constante.
La negociación con Washington ofrecía una salida, pero suponía cambiar de dependencia. Durante décadas, la supervivencia económica cubana descansó primero en la Unión Soviética, después en Venezuela y, cada vez más, en Rusia y China. La propuesta estadounidense pretendía invertir esa relación y acercar de nuevo la isla al mercado norteamericano.
En La Habana había disposición a hablar de determinadas reformas económicas, pero no a aceptar todas las condiciones políticas de Washington. Y en Florida creció el rechazo a que la Casa Blanca negociara precisamente con un miembro de la familia Castro.

El régimen cubano se negaba a aceptar todas las condiciones políticas de la Casa Blanca, y los republicanos de Florida rechazaban negociar con un miembro de la familia Castro

Los diputados republicanos cubanoamericanos de Florida Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez han mantenido durante este año una línea de fuerte presión contra el régimen y contra cualquier actividad empresarial que pueda beneficiarlo. En febrero reclamaron una revisión de las licencias que permiten a entidades estadounidenses hacer negocios con Cuba. También pidieron, junto con Nicole Malliotakis, que la Administración actuara judicialmente contra Raúl Castro por el derribo en 1996 de las avionetas de Hermanos al Rescate.
El temor en Miami era que se trasladara a Cuba una fórmula parecida a la aplicada en Venezuela, de retirar al dictador, pero conservar suficientes elementos del antiguo aparato dictatorial para evitar el colapso del Estado y ejecutar una apertura económica. En Cuba, eso podía significar sustituir a Díaz-Canel y abrir sectores estratégicos sin que la familia Castro y las estructuras fundamentales del régimen desaparecieran realmente.

Washington retoma la iniciativa

Las conversaciones se atascaron y Washington regresó a la presión. La ofensiva contra los grandes conglomerados estatales se intensificó y el Departamento de Justicia acabó imputando a Raúl Castro por el caso de Hermanos al Rescate, una medida que los congresistas Díaz-Balart, Salazar y Giménez llevaban meses reclamando.
La Habana culpa a las sanciones estadounidenses de buena parte de su deterioro económico. Washington replica que el problema es mucho más profundo: décadas sin inversión suficiente y una economía sostenida artificialmente por petróleo subvencionado de aliados políticos.
Por ahora, el gran acuerdo energético no existe. Pero el hecho de que llegara a negociarse revela mucho sobre el proyecto de Trump para Cuba, que sigue sobre la mesa en el Despacho Oval.

La primera ministra danesa se muestra «optimista» para alcanzar un acuerdo con EE.UU. sobre Groenlandia

La primera ministra de Dinamarca afirmó este lunes que se sentía «optimista» respecto a que las conversaciones iniciadas entre Dinamarca, Estados Unidos y Groenlandia —tras la amenaza de Estados Unidos de hacerse con el control del territorio— pudieran resolver la disputa.El presidente de … Estados Unidos, Donald Trump, insistió a principios de este año en que Washington necesitaba controlar Groenlandia —un territorio autónomo danés— por razones de seguridad nacional, aunque finalmente descartó anexionarlo por la fuerza.

En enero se creó un «grupo de trabajo de alto nivel», integrado por representantes de Dinamarca, Estados Unidos y Groenlandia, para abordar las preocupaciones estadounidenses, pero desde su creación se ha conocido poca información sobre las negociaciones.

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«Este grupo de trabajo sigue en marcha y, por lo tanto, es demasiado pronto para sacar conclusiones, pero soy bastante optimista en cuanto a que podremos encontrar una solución», declaró la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en una cumbre sobre seguridad en el Ártico celebrada en el norte de Finlandia.
«Mientras el grupo de trabajo siga en activo, no hay conclusiones, pero mi esperanza es, por supuesto, que encontremos una vía para avanzar de forma pacífica», declaró Frederiksen a los periodistas en Rovaniemi.

EE.UU. quiere abrir más bases en Groenlandia

Según varios medios de comunicación, Estados Unidos quiere abrir tres nuevas bases militares en el sur de Groenlandia, además de la base de Pituffik que ya tiene en el norte del territorio.

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Un pacto de defensa de 1951, actualizado en 2004, ya permite a Washington aumentar el despliegue de tropas y las instalaciones militares en la isla, siempre que informe previamente a Dinamarca y Groenlandia.
En el punto álgido de la crisis, Trump no descartó recurrir a la fuerza para apoderarse del territorio de 57.000 habitantes, lo que sembró la inquietud en la UE y la OTAN.
Desde entonces, las tensiones se han calmado en cierta medida y, en lo que parece un intento por apaciguar a Trump, la OTAN puso en marcha una nueva misión para reforzar la seguridad en el Ártico.
«Cuando asumí el cargo de primera ministra en Dinamarca, la región del Ártico no figuraba realmente en la agenda de la Unión Europea, ni tampoco en la de la OTAN», afirmó Frederiksen.
«Ahora, en este mismo momento, tenemos a diez aliados realizando maniobras conjuntas en Groenlandia».

Trump anuncia que Rusia y Ucrania acuerdan no atacar infraestructuras energéticas

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este lunes que Ucrania y Rusia han aceptado dejar de atacar la infraestructura energética del otro en el marco de la guerra abierta entre ambos países.»Ucrania ha accedido a no atacar objetivos de la energía rusa. ¡Rusia ha accedido a hacer lo mismo!», ha indicado Trump en un mensaje publicado en su red social Truth Social, sin ofrecer más detalles del presunto acuerdo. En el mismo mensaje, el mandatario estadounidense alegó que «la subida del precio del diésel a nivel mundial se debe principalmente a la guerra entre Rusia y Ucrania, no a Irán».Trump desvinculó así el aumento del precio de la gasolina al conflicto que su país mantiene con Irán, y que ha provocado el bloqueo del estrecho de Ormuz, vía clave para el comercio de crudo.Los constantes ataques ucranianos contra las refinerías rusas causaron un déficit de gasolina y diésel en Rusia que obligó al Gobierno a restringir la venta de combustible en las gasolineras rusas y prohibir la exportación de derivados.Trump afirmó este domingo que habló con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para pedirle que dejara de atacar refinerías de Rusia porque está provocando «una escasez de diésel».Asimismo, el presidente estadounidense mantuvo una llamada el pasado martes con su homólogo ruso, Vladímir Putin, a quien pidió que pusiera fin a la guerra iniciada hace más de cuatro años con la invasión a gran escala de Ucrania.La conversación telefónica se produjo después de que los enviados especiales de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Jared Kushner, visitaran Moscú y Kiev para reactivar las conversaciones de paz tras seis meses de pausa. 

Escocia, Gales e Irlanda del Norte trazan su hoja de ruta para la independencia del Reino Unido

Westminster recibió este lunes desde Cardiff un mensaje coordinado de los dirigentes nacionalistas que encabezan los Gobiernos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Los tres han decidido trasladar al terreno de la cooperación política una aspiración que hasta ahora habían defendido principalmente desde … sus respectivos territorios: que el Gobierno británico se prepare para un posible cambio constitucional y facilite que cada una de sus naciones pueda decidir su futuro.
John Swinney, ministro principal de Escocia y líder del Partido Nacional Escocés (SNP); Rhun ap Iorwerth, ministro principal de Gales y dirigente de Plaid Cymru, y Michelle O’Neill, ministra principal de Irlanda del Norte y vicepresidenta de Sinn Féin, se reunieron en Cardiff junto con Mary Lou McDonald, presidenta de Sinn Féin y líder de la oposición en Irlanda, en un encuentro que la prensa británica ha denominado «Celtic summit» («Cumbre celta». Allí suscribieron un memorando de entendimiento que establece una cooperación entre las tres fuerzas en cuestiones económicas, energéticas, europeas y constitucionales, que presentaron en una rueda de prensa posterior.

La fotografía tiene una dimensión política inédita, aunque el alcance institucional del acuerdo es limitado. Los participantes acudieron en calidad de líderes de sus partidos y no como representantes oficiales de sus respectivos gobiernos. Por ese motivo, el memorando no constituye un pacto entre las tres administraciones autónomas ni modifica sus competencias. Lo que establece es una declaración política conjunta entre SNP, Plaid Cymru y Sinn Féin, tres formaciones que persiguen objetivos constitucionales diferentes, pero coinciden en reclamar a Londres que reconozca el principio de autodeterminación.

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Ivannia Salazar

«El panorama político en estas islas está cambiando», afirma el acuerdo, que destaca que, «por primera vez», Escocia, Gales y el norte de Irlanda tienen ministros principales comprometidos con abandonar la configuración actual del Reino Unido. «Para quienes nos observan desde estas islas, para quienes nos observan desde todo el mundo, no podría haber una señal más clara de que el tiempo de Westminster está llegando a su fin», aseguraron.
Los firmantes defienden «una manera mejor» de articular las relaciones entre las naciones constitutivas, que, según el texto, deberían trabajar «juntas como iguales», compartir ideas y conocimientos y construir sus relaciones sobre «el respeto mutuo y los intereses comunes». «El impulso está detrás de nuestros movimientos; creemos que el cambio constitucional está llegando», sostiene el memorando.
«Nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación. Ningún Gobierno de Westminster tiene derecho a bloquear la democracia ni a socavar el principio de que nuestros pueblos decidirán su propio futuro», establece el acuerdo, que reclama al Ejecutivo británico «preparar, planificar y facilitar el cambio constitucional» en cada una de las tres jurisdicciones.

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La formulación común no significa que exista una única hoja de ruta. El SNP persigue una Escocia independiente, Plaid Cymru defiende la independencia de Gales y Sinn Féin aspira a la reunificación de Irlanda, que implicaría que Irlanda del Norte dejara de formar parte del Reino Unido. El propio memorando reconoce esas «diferentes posiciones constitucionales» y establece que «cada nación determinará su propio futuro a su manera y en su propio tiempo».

El SNP pide la independencia de Escocia y el Plaid Cymru la de Gales, mientras que el Sinn Féin quiere salir del Reino Unido para reunificar Irlanda del Norte y el Sur

Swinney calificó la reunión de «momento crucial en el viaje constitucional del Reino Unido» y sostuvo que no debería existir «ningún obstáculo» para que los ciudadanos puedan determinar su futuro. En el caso escocés, reclamó que un nuevo referéndum de independencia se celebre dentro de los próximos cinco años, durante la actual legislatura.
«El pueblo de Escocia tiene derecho a decidir su propio futuro», afirmó el líder del SNP, quien aseguró que, si los escoceses tienen la posibilidad de elegir la independencia en un referéndum, optarán por ella porque, según argumentó, las tendencias de los sondeos apuntan en esa dirección.

Una consulta antes de 2030 en Irlanda del Norte

Irlanda del Norte parte de un marco distinto. El Acuerdo de Viernes Santo contempla un mecanismo para una eventual consulta sobre la reunificación de Irlanda, circunstancia que diferencia este caso de los procesos escocés y galés. O’Neill reclamó este lunes que tanto Londres como Dublín comiencen a prepararse para esa posibilidad y defendió que se fije una fecha para un referéndum antes de 2030.
«No hay ninguna duda de que el cambio que está ocurriendo es imparable», afirmó O’Neill. «No hay ninguna duda de que el Gobierno británico no puede continuar conteniendo la marea», añadió, al reclamar que el debate constitucional se afronte abiertamente. La dirigente norirlandesa pidió asimismo al Gobierno irlandés que «dé un paso adelante» y haga más en materia de planificación y preparación.
«Creo que no es una exageración decir que esta reunión de hoy y la firma de este memorando son históricas», afirmó por su parte McDonald. «Es ese momento en el que afirmamos colectivamente nuestro derecho inalienable a decidir nuestros futuros».

El soberanismo galés, menos desarrollado

El horizonte galés es menos concreto. Ap Iorwerth reconoció que las tres naciones siguen «trayectorias diferentes» y evitó establecer un calendario para una eventual independencia de Gales, cuyo momento, aseguró, está «en manos del pueblo de Gales». El líder de Plaid Cymru sostuvo, no obstante, que existe «un reconocimiento creciente de que el ‘statu quo’ actual no es sostenible», y que los acontecimientos constitucionales en cualquiera de las naciones pueden influir sobre la opinión pública de las demás.
El memorando amplía la cooperación a terrenos que van más allá de la cuestión constitucional. Las tres formaciones se comprometen a trabajar en áreas de interés común, entre ellas las energías renovables, el desarrollo de economías «más fuertes y más justas» y el fortalecimiento de las relaciones con Europa. «Creemos que el futuro de nuestras naciones está en la Unión Europea», recoge el acuerdo.

Jimmie Akesson, el normalizador de la extrema derecha en la política sueca

Podría decirse que Jimmie Akesson (Ivetofta, 1979) es, desde hace dos décadas, la figura más influyente y polarizadora de la política sueca. Líder de los Demócratas Suecos (SD) desde 2005, ha transformado un partido marginal, marcado por sus orígenes extremistas, en una máquina … electoral con capacidad para condicionar gobiernos, moldear debates y redefinir el eje político del país, gracias a una estrategia de normalización calculada y efectiva.
Con su resultado electoral del 17,6%, a la espera de añadir el voto por correo, SD parece haber tocado techo y registra un descenso del 2,9% desde las anteriores elecciones legislativas. Pero se trata de una pérdida poco significativa en términos de valoración de su capacidad de gobierno. Después de cuatro años apoyando en el Parlamento a los Moderados de Ulf Kristersson, desde fuera de la coalición de gobierno, ha sufrido solamente un desgaste relativo y mantiene un nivel de voto relativamente estabilizado.

En su ligero retroceso podría haber influido el órdago que Akesson planteó al primer ministro sueco durante la campaña electoral, cuando advirtió que en la próxima legislatura no se contentaría con apoyar desde fuera, sino que exigiría formar parte del gobierno y «la mitad de los ministros». A Kristersson, sin embargo, esa colaboración no parece pasarle factura, con un descenso solamente del 0,8%.

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Rosalía Sánchez

Akesson creció en Sölvesborg, en el sur de Suecia, un entorno que él mismo ha descrito como marcado por «conflictos culturales». Ha recordado en el patio del colegio «choques inevitables» entre niños suecos e hijos de inmigrantes, desmentidos por antiguos compañeros y profesores, pero claves en la construcción de su relato identitario. A los 15 años empezó a militar en grupos juveniles extremistas como Moderat Skolungdom, atraído por las fiestas y los amigos, no por ideología, según ha explicado reiteradamente. Y en 1995 participó en la creación de SDU-Sölvesborg, la rama juvenil de Demócratas Suecos (SD).
En un texto autobiográfico de 1997, ‘La historia de SDU-Sölvesborg’, describe cómo se enfrentaba épicamente a «jóvenes de izquierda y profesores comunistas», en una guerra de panfletos y provocaciones. Pronto lideró el grupo denominado ‘Los Cuatro de Lund’, junto con Mattias Karlsson, Björn Söder y Richard Jomshof, con el objetivo de tomar el control del partido y reformarlo desde dentro, liberándolo de toda sospecha neonazi.
Tras su llegada a la presidencia de SD, impulsó una limpieza de elementos extremos, una nueva disciplina interna y un cambio de símbolo: de la antorcha nacionalista pasó a la flor azul (‘blasippa’), que suavizaba su imagen y comenzaba a avanzar en el camino de una lenta normalización. Pero mantenía como ejes fundamentales de su discurso la inmigración y la seguridad. En 2009, Akesson publicó en el periódico ‘Aftonbladet’ una columna donde afirmaba que el islam era «el mayor peligro extranjero para Suecia desde la Segunda Guerra Mundial».

Tras su llegada a la presidencia de SD, impulsó una limpieza de elementos extremos para lograr la integración de su partido en el sistema, pero sigue manteniendo la inmigración y la seguridad como ejes de su discurso

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Sus colaboradores destacan de él su trabajo constante, «como en una eterna campaña electoral», siempre en ruta, visitando hasta la última formación local del partido y prolongando su disponibilidad sin pausa. En 2014, sufrió una especie de colapso: reconoció públicamente que había gastado en casinos de internet cerca de 50.000 euros al cambio y estuvo de baja durante cinco meses.
Su regreso, ya recuperado, fue tratado como un acontecimiento político nacional. Lejos de terminar con él, el episodio humanizó su figura ante muchos votantes y reforzó su narrativa de «hombre bajo presión constante». Tras este nuevo y paradójico paso de normalización, apoyó a Ulf Kristersson como primer ministro en 2018. El intento fracasó, pero la ruptura del cordón sanitario comenzó a tomar forma en las ideas de muchos votantes.

Prueba superada en la colaboración gubernamental

En 2022, SD se convirtió en segunda fuerza en las urnas y firmó el ‘Tidöavtalet’, un pacto que permitió a la derecha gobernar con apoyo parlamentario de SD. Fue un antes y un después: por primera vez SD influía directamente en políticas de inmigración, seguridad y energía en Suecia. Lejos de desgastar al partido o subrayar su inaptitud para el gobierno, SD ha jugado un papel estabilizador que, sin embargo, y de acuerdo a su resultado electoral, no tiene mucho más recorrido.
En campaña, ha acusado a sus rivales de «negar la realidad» sobre criminalidad e inmigración y a la izquierda de «romper Suecia». Ha protagonizado varios momentos virales en debates televisivos y ha insistido en que SD es «el único partido que dice la verdad sobre la inseguridad». Su principal objetivo ha sido movilizar al votante decepcionado.
Su capacidad de empatizar con los votantes parte de su imagen de «hombre normal». Tiene un hijo con la política Louise Erixon, se casó en 2024 con Matilda Kärnerup y es aficionado al golf y seguidor del club Mjällby AIF. Pero donde concentra la conexión emocional con sus bases es sobre el escenario. Akesson es el cantante del grupo Bedarande Barn, banda vinculada al nacionalismo sueco, y sus conciertos se han convertido en una herramienta festiva de movilización política.