De la imputación de Castro al envío de un portaviones: Trump sigue en Cuba el guion de Venezuela
Donald Trump lo dice una y otra vez: su modelo de intervención en el extranjero es la captura de Nicolás Maduro y el establecimiento de una relación de cooperación «excelente» con su sucesora, Delcy Rodríguez. No es una estrategia de ‘cambio de régimen’, … expresión maldita para muchos en EE.UU. tras las guerras interminables de Irak o Afganistán. Es un ‘cambio de gestores’ hacia otros más amables con los intereses económicos y de seguridad de EE.UU.
Los últimos días y semanas muestran que Trump busca trasladar el modelo a Cuba. «La siguiente es Cuba» dijo el presidente estadounidense cuando Maduro todavía estaba en el aire, rumbo a una prisión en Brooklyn donde espera su juicio. Y se pueden percibir los elementos paralelos con Venezuela en la campaña de presión que ha emprendido su Administración contra el régimen cubano, en un intento de obtener logros sin tener que tomar decisiones graves.
Como con la dictadura venezolana, Trump y su equipo han agudizado su retórica contra la dictadura cubana. Claro que, con el recuerdo fresco de Maduro y su chándal en un helicóptero tras ser atrapado, las amenazas puede que tengan más eco.
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Camila Acosta
Desde el pasado enero, Trump ha estado diciendo que va a «tomar» Cuba, que podría «no ser una toma amistosa», que hará «lo que quiera» con la isla», que se producirá una operación «casi de inmediato»… También deslizó la posibilidad de enviar a la región un portaviones, un recuerdo de lo que ya ocurrió en Venezuela: el pasado otoño, el Pentágono desplegó en el Caribe el USS Gerald R. Ford, el mayor buque militar del mundo, dentro de la campaña de presión para torcer el brazo de Maduro.
Eso ya ha ocurrido. La Comandancia Sur de EE.UU., con competencia sobre América Central y Suramérica, anunció el miércoles el despliegue del USS Nimitz, un portaviones que va acompañado de un grupo de combate, con un destructor, un buque de apoyo y decenas de cazas de combate en su cubierta.
Ocurría pocas horas después de otra decisión que recuerda a Venezuela y que habrá hecho puesto los pelos de punta a muchos en el régimen cubano: la imputación de Raúl Castro, expresidente de Cuba, hermano del gran líder del país bajo el comunismo, Fidel Castro. La operación de captura de Maduro tuvo su génesis en la imputación del dictador chavista por parte de la Justicia estadounidense varios años antes.
«Por su propia voluntad o de otra manera»
Es difícil imaginar una operación similar para extraer de Cuba a un hombre de 94 años, frágil, con problemas médicos. Pero el fiscal general interino de EE.UU., Todd Blanche, utilizó la presentación de cargos para seguir con las presiones: el viejo comunista tendrá que comparecer en Miami, donde ha sido acusado, «por su propia voluntad o de otra manera».
La imputación fue condenada este jueves por los pocos aliados que le quedan a Cuba: tanto Rusia como China se opusieron a la medida. Pero es difícil que tomen un papel activo ante una hipotética intervención en Cuba: no lo han hecho con otros socios, como Irán o la propia Venezuela.
También como en Venezuela, pero con un impacto mucho mayor, es la asfixia económica con la que EE.UU. trata de doblegar al régimen cubano. Las sanciones múltiples a los venezolanos provocaron una crisis en un país rico. En el caso de Cuba, el corte en el acceso al petróleo venezolano está llevando a la isla al colapso.
La dictadura sigue manteniendo el poder con puño de hierro y podría bunkerizarse, como en el caso iraní
Esa presión energética ha sido facilitada por la cooperación con la presidenta venezolana. Es una figura que Trump busca ahora en Cuba: su Delcy en La Habana.
Ahí empiezan los problemas. Cuba no es Venezuela. Tampoco lo es Irán, donde Trump ha buscado adoptar el modelo venezolano, por ahora sin éxito. Esta semana se ha conocido que EE.UU. e Israel buscaron que ese papel de figura interna que se quedara con el poder en Teherán fuera el expresidente Mahmoud Ahmadinejad, pero no funcionó. Y la guerra solo ha endurecido al régimen de los ayatolás.
En Cuba tampoco es evidente que haya una figura que pueda adoptar el papel de Delcy. En las quinielas está Raúl Rodríguez Castro, ‘El Cangrejo’, nieto de Raúl Castro. Con él se reunió en privado en La Habana el director de la CIA, John Ratcliffe, dentro de una visita reciente, pública y muy poco habitual.
El diálogo no es prioritario
Pero la dictadura sigue manteniendo el poder con puño de hierro y podría bunkerizarse, como en el caso iraní, ante una agresión externa de EE.UU.
Por el momento, la Administración Trump sigue elevando las presiones y las amenazas. Este jueves, desde el Despacho Oval, Trump defendió que todos sus antecesores han querido intervenir en Cuba «durante 50 o 60 años».
«Parece que voy a ser yo el que lo haga», dijo. «Estaré encantado de hacerlo»
Y este jueves, antes de viajar a una reunión ministerial de la OTAN, su secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y arquitecto de la mano dura contra Cuba, advirtió de que la posibilidad de que el régimen llegue a un acuerdo «no es alta». Una forma de decir que no les quedará más opción que utilizar estrategias ajenas al diálogo.

