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La tregua, el golpe final a las ambiciones de Irán de hegemonía en la región

Aunque el acuerdo entre Estados Unidos e Irán haya sido presentado como un éxito diplomático por ambos rivales, y argumentos no les faltan, la tregua de dos semanas es una victoria inequívoca de Trump sobre el régimen de los ayatolás, que finalmente accedió … a la exigencia de reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. La cuenta atrás para la destrucción ‘apocalíptica’ de las infraestructuras de Irán surtió efecto. Con Donald Trump nunca se sabe cuándo juega de farol y cuándo va en serio, y las autoridades persas prefirieron pisar sobre seguro.
La reapertura de Ormuz es muy importante para la estabilidad económica mundial. Por él –se recuerda siempre– pasa al menos una quinta parte del tráfico de petróleo y del gas. Pero es preciso no olvidar que no fue esa la causa de la guerra de EE.UU. contra Irán, sino solo una de las consecuencias. Las negociaciones que ahora deben comenzar en la capital de Pakistán, que actúa como mediador, se encaminarán a que el régimen teocrático de Teherán dé garantías de una apertura política –después de casi medio siglo de sistema tiránico–, o al menos renuncie formalmente a obtener el arma atómica.

Tanto la guerra como el proceso de paz que ahora comienza lleno de incertidumbres ponen de relieve un antes y un después de las ambiciones de Irán en toda la región. Hasta el comienzo de las hostilidades contra Estados Unidos e Israel, hace poco más de un mes, Irán todavía aspiraba a ser la potencia dominante en el mundo musulmán, gracias a su potencial propio –energético y militar– y a sus movimientos islamistas aliados en Siria, Líbano y Yemen, por mencionar los más importantes. La tregua con EE.UU. marca un final. Y esa derrota es, en cierto sentido, una constante histórica en la minoría chií del islam en su tradicional enfrentamiento contra los regímenes suníes.

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Mikel Ayestaran

Trump ha doblegado a Irán porque es chií. En el mundo de la mayoría suní no faltan ejemplos de regímenes autoritarios y de monarquías absolutas tan hostiles hacia los derechos humanos como el régimen iraní. Pakistán, sin ir más lejos, pertenece al islam suní y tiene además la bomba atómica. Pero el mundo suní, en particular el de los países del Golfo Pérsico, se ha puesto en pie en apoyo de EE.UU. contra Irán o al menos no ha protestado durante este mes de guerra. No solo porque su suerte económica se juega en gran medida en la libre circulación de su petróleo por el estrecho de Ormuz. Los árabes rechazan la influencia cultural e ideológica de Occidente, pero mucho más la intención de dominio político por parte de los persas.
Ormuz se reabrirá, aunque el efecto que la guerra ha provocado en las compañías y en las bolsas tardará tiempo en irse, si finalmente la tregua se mantiene. Irán ha conseguido, no obstante, imponer el principio de control político del estratégico estrecho –de apenas 167 kilómetros de largo por hasta 97 de ancho–, algo inédito y que va a exacerbar los ánimos de los otros dos países ribereños, Omán y Emiratos.
La mala noticia del acuerdo de tregua está, no obstante, lejos del escenario principal del conflicto. Los diez puntos acordados entre Washington y Teherán no incluyen al Líbano. Para demostrarlo, Israel continuó con sus bombardeos en distintos puntos del sur de ese país en la mañana del miércoles.
La intensificación de los bombardeos israelíes en el país del Cedro ha sido la cara oculta de la guerra en Irán. Tel Aviv quiere aprovechar la cortina de humo levantada para destruir en el mayor grado posible la infraestructura del movimiento armado chií libanés Hizbolá, y asegurar que durante muchos años no pueda seguir atacando el norte de Israel. Si es preciso, volverá a ocupar el sur del Líbano como en el pasado, para crear una ‘zona de seguridad’. Sus ataques se llevan por delante también intereses y vidas de las otras dos grandes minorías del Líbano, la suní y la cristiana.

Trump augura una «Edad de Oro» en Oriente Próximo tras alcanzar un alto el fuego con Irán: «Se ganará mucho dinero»

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reivindicado a la noche de este martes como un «gran día para la paz mundial», tras haber negociado un alto el fuego de dos semanas con Irán, al tiempo que ha avanzado que ayudará a «descongestionar» el tráfico en el estratégico estrecho de Ormuz, que Teherán se ha comprometido a desbloquear de manera controlada por ese mismo periodo de tiempo.»¡Un gran día para la paz mundial! Irán quiere que esto suceda. Ya están hartos y lo mismo ocurre con todos los demás», ha manifestado el inquilino de la Casa Blanca en un mensaje publicado en su red social en el cual ha asegurado que Estados Unidos «colaborará para descongestionar el tráfico en el estrecho de Ormuz».A renglón seguido, el mandatario estadounidense ha señalado que «habrá muchas iniciativas positivas» y «se ganará mucho dinero» hasta el punto de que podría llegar «la Edad de Oro de Oriente Próximo»; mientras que la República Islámica «podrá iniciar el proceso de reconstrucción».»Cargaremos todo tipo de suministros y simplemente estaremos por ahí para asegurarnos de que todo vaya bien», ha precisado el jefe del Ejecutivo norteamericano manifestando estar «seguro de que así será».Ha sido este mismo martes cuando Trump ha aceptado «suspender los ataques» contra Irán por dos semanas, después de haber amenazado horas antes con que «toda una civilización» moriría esta noche. Por su parte, Teherán se ha comprometido a permitir un «paso seguro» por el estrecho de Ormuz, aunque coordinado con sus Fuerzas Armadas.Este cese de hostilidades, en palabras del primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif –quien horas antes del anuncio había solicitado al presidente estadounidense que prorrogara su ultimátum contra Irán–, constituye un «alto el fuego inmediato en todo el territorio, incluido Líbano y otros lugares». No obstante, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se ha pronunciado al respecto matizando que Líbano no está incluido, poniendo así en duda el alcance de la tregua.

Alemania se compromete con la seguridad naval en el estrecho de Ormuz

«El Gobierno alemán da la bienvenida al alto el fuego de dos semanas acordado por Estados Unidos e Irán durante la pasada noche y agradece a Pakistán por mediar en este importante acuerdo», ha expresado el canciller alemán, Friedrich Merz, en una primera … reacción a los últimos acontecimientos en la guerra en Oriente Próximo. Merz ha añadido que «el objetivo debe ser ahora negociar un fin permanente de la guerra en los próximos días y esto solo se logrará por vías diplomáticas». Mientras tanto, tal y como había prometido a la Casa Blanca, el canciller alemán ofrece la Armada alemana para participar en una misión que garantice la circulación a través del estrecho de Ormuz.
Alemania había accedido a enviar barcos «en cuanto se firmase cualquier tipo de alto el fuego», para evitar implicarse en un conflicto que, según Merz ha repetido varias veces en las últimas semanas, «no es nuestra guerra». Una vez acordado el alto el fuego, cumple con su compromiso y asegura que «Alemania hará una contribución adecuada para garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz», en un comunicado de la Cancillería de Berlín.

Trump ha señalado explícitamente que Europa, y en particular Alemania, tiene más capacidad de cazaminas que EE.UU. Alemania, efectivamente, dispone de 10 buques cazaminas de la clase Frankenthal (Minenjagdboote), con sonar de alta resolución para buscar minas en fondos complicados, además de drones submarinos «Seefuchs» y drones de superficie tipo Seehund, que imitan la firma de grandes buques para detonar minas antes de que pase el tráfico real. En una misión para el estrecho de Ormuz centrada en el despeje de minas, este sería el paquete lógico alemán, junto a fragatas F124 como la Hessen o alguna de sus gemelas.

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El Gobierno de Berlín ha insistido hasta ahora, sin embargo, en que cualquier aportación debe inscribirse en el marco de una misión de la OTAN, un mandato de la ONU o de la UE. Lo más rápido y efectivo, desde este punto de vista, sería una posible ampliación de la operación Aspides, en la que Alemania ya ha participado en el mar Rojo para proteger el tráfico frente a ataques hutíes. El mandato alemán de Aspides ha incluido un área enorme: mar Rojo, golfo de Adén, mar Arábigo, golfo de Omán y también la propia ‘Straße von Hormus’ –estrecho de Ormuz– y el golfo Pérsico, como zona de operación potencial. Jurídicamente, Alemania se ha autolimitado a esa área hasta el momento, pero podría ampliarla.
En todo caso, el paso requerirá una votación parlamentaria y Merz tendrá que escuchar las protestas del primer partido de la oposición, la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), cuyos líderes no están «convencidos» de que la Bundeswehr deba participar. La portavoz federal de AfD, Alice Weidel, ha descrito como «bastante aventurero» apoyar a un Estado que ataca a otro y ha advertido contra la «transformación» de la OTAN de una alianza defensiva a una ofensiva. A pesar de que este partido obtuvo en las pasadas elecciones apoyo expreso de la Administración estadounidense, cuando se trata de definirse entre Trump y Putin se ha situado del lado de este último.

El papel de Pakistán, pieza clave en el acuerdo de alto el fuego entre EE.UU. e Irán

El Gobierno de Islamabad ha ejercido de mediador entre las dos potencias y se ha erigido como sede de negociaciones, que comenzarán este mismo viernes en la capital pakistaní.

El primer ministro, Shehbaz Sharif, ha sido el encargado de anunciar a través de sus redes sociales el acuerdo de alto el fuego, apenas unas horas después de pedir encarecidamente y por la misma vía a los dos países que cesaran los ataques y la apertura del Estrecho de Ormuz.
With the greatest humility, I am pleased to announce that the Islamic Republic of Iran and the United States of America, along with their allies, have agreed to an immediate ceasefire everywhere including Lebanon and elsewhere, EFFECTIVE IMMEDIATELY. I warmly welcome the…— Shehbaz Sharif (@CMShehbaz) April 7, 2026
«Esperamos sinceramente que las ‘Conversaciones de Islamabad’ tengan éxito en lograr una paz sostenible y deseamos compartir más buenas noticias en los próximos días», ha señalado Sharif en lo que supone para algunos expertos como una de las mayores victorias en materia diplomática de Pakistán.

Pakistán, el único de la región que tiene buenas relaciones con ambos

El exembajador pakistaní en Irán, Asif Durrani, presumía recientemente de que «Pakistán cuenta con una sólida reputación como el único país de la región que mantiene buenas relaciones con Estados Unidos e Irán», una afirmación que resume el protagonismo que ha alcanzado en esta negociación.
Pakistán comparte una frontera de 900 kilómetros al suroeste con Irán, además de profundos lazos históricos, culturales y religiosos, y es, después de su vecino, el país con la mayor población musulmana chií del mundo.

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Sus relaciones a lo largo de la historia son cordiales, aunque han pasado por altibajos -uno de los últimos conflictos tuvo lugar en 2024-, principalmente por las tensiones fronterizas deribadas de la presencia de grupos militantes en la región de Baluchistán y preocupaciones sobre la influencia de milicias pro-iraníes (como la Brigada Zainabiyoun) dentro de Pakistán.
Más allá de estas tensiones, Irán fue el primer país en reconocer a Pakistán como estado independiente en 1947 y en 1979 y Pakistán correspondió al reconocimiento tras la revolución de 1979.
Según Michael Kugelman, experto en el Sur de Asia, ambos países han trabajado en políticas conjuntas, aunque algunas nunca llegaron a materializarse, como la construcción de un gasoducto, y Teherán apoyó a Pakistán en la disputa de Cachemira con la India en 1965.
Sin embargo, tras la revolución islámica iraní en 1979, Pakistán se acercó a Arabia Saudí, rival de Irán, lo que supuso un «obstáculo geopolítico en la expansión de la cooperación entre Irán y Pakistán», en palabras de Kugelman. Pero Pakistán sigue siendo necesaria para Irán, ya que representa algunos intereses diplomáticos iraníes en Washington, donde Teherán no tiene embajada, lo que también beneficia a Estados Unidos.

El segundo mandato de Trump acercó las relaciones

En cuanto a la relación entre Pakistán y EE.UU, aunque ha sido cambiante y tensa por etapas, se ha estrechado con el segundo mandato de Donald Trump. Si históricamente Islamabad ha ejercido como aliado contra el terrorismo pese a estar fuera de la OTAN después del 11-S, el hallazgo de Bin Laden en una ciudad pakistaní hizo que la confianza de los norteamericanos se desplomara por la sospecha de que el que fuera su aliado podría haber dado refugio al líder terrorista.
Sin embargo, la relación actual se puede resumir en una foto que data de hace menos de un año, cuando Trump recibió en la Casa Blanca al primer ministro de Pakistán y al jefe del ejército, el mariscal de campo Asim Munir, que ha forjado en este tiempo una buena relación personal con el presidente estadounidense.
Munir, vestido con un traje occidental en lugar del uniforme militar, visitó Washington junto a Sharif el año pasado tras el recrudecimiento de las hostilidades entre Pakistán e India en la dividida Cachemira. Sharif elogió la intervención «audaz y visionaria» de Trump, mientras que Munir afirmó que el líder estadounidense merecía el Premio Nobel de la Paz por haber evitado una escalada entre los dos países vecinos con armas nucleares. Sobre Irán, Trump llegó a declarar que Pakistán conoce el país «mejor que la mayoría».

China también se sumó a la mesa

Pakistán también mantiene estrechos lazos con Pekín, lo que, según declaró Trump a la AFP, contribuyó a que Irán se sentara a la mesa de negociaciones.
El ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, organizó una reunión con sus homólogos de Arabia Saudí, Turquía y Egipto el mes pasado para debatir la desescalada del conflicto y posteriormente viajó a Pekín para continuar las conversaciones.
China, el principal socio comercial de Irán, se unió entonces a su aliado histórico del sur de Asia para pedir un plan que pusiera fin a los combates que asolan Oriente Medio, afirmando su apoyo al papel único e importante que desempeña Pakistán para aliviar la situación.

Guerra en Irán, en directo | Israel apoya el alto el fuego anunciado por EEUU e Irán, pero advierte que «no incluye» a Líbano

El Gobierno de Israel ha afirmado este miércoles que acepta el alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán anunciado esta madrugada por el presidente Donald Trump y Teherán, pero aseguró que no incluye el Líbano, donde mantiene un frente de guerra abierto. En un mensaje difundido por la Oficina del Primer Ministro, Israel aseguró que «apoya la decisión» de Trump de poner alto a los ataques bajo la condición de que Irán «abra inmediatamente los estrechos» y cese sus bombardeos en la región. El comunicado agrega que este alto el fuego de dos semanas «no incluye al Líbano», pese a que anteriormente el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, que ha mediado en la negociación, afirmó todo lo contrario. Ni el Gobierno de Líbano ni la milicia chií Hizbulá se han pronunciado sobre el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán.De hecho, la agencia oficial de noticias libanesa (NNA) ha informado de un ataque contra una ambulancia en Al Hulaylah que provocó varias víctimas mortales, sin que se haya especificado el número exacto de fallecidos. En paralelo, minutos después del anuncio de Trump, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron esta madrugada de que «detectaron misiles lanzados desde Irán hacia el territorio del Estado de Israel», según indicaron en su canal de Telegram.  El diario local Haarezt publicó que Israel «respetará el alto fuego con Irán», aunque persisten preocupaciones sobre cómo se adaptará al acuerdo, y la fuente consultada expresó que a Israel le habría gustado «haber logrado más objetivos en la guerra».

El fujimorismo sigue vivo en Perú y lidera las encuestas

Keiko Sofía Fujimori lidera las preferencias de cara a las elecciones presidenciales de Perú, un país que desde el 2016 ha tenido nueve mandatarios debido a los enfrentamientos del Ejecutivo con un Congreso que se ha transformado en la institución todopoderosa con el paso … de los años.
Hija mayor de Alberto Kenya Fujimori y Susana Higushi, le corre la política por las venas. Con apenas 18 años se convirtió en primera dama del país después de la pública y controvertida separación de sus progenitores en 1991. Luego, tras la detención de su padre en Chile, en el 2006, Keiko Sofía contó a la prensa que fue él quien le pidió que se postulara al Congreso para defender sus ideas y pedir su liberación. En el 2006 se presentó al Congreso, y cinco años después lo hizo por vez primera a la presidencia, perdiendo en segunda vuelta frente a Ollanta Humala (2011-16); un lustro después, en 2016, volvió a perder, esta vez frente a Pedro Pablo Kuczynski; y en 2021, lo hizo frente a Pedro Castillo.

«Yo no he sido presidenta todavía y espero tener esa oportunidad. Sin embargo, sí reconozco que dentro de los políticos soy una de las personas que tiene mayor rechazo. Yo lo que he tratado a lo largo de estos años es primero dar la cara, explicar los cuestionamientos, pero no he sido gobierno», dijo Keiko Sofía Fujimori en una entrevista con ‘El comercio’.

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Paola Ugaz

«Hace un año atrás yo lancé la posibilidad de establecer una alianza. Lamentablemente me tiraron la puerta y fue Rafael (López Aliaga) también una de las personas que tuvo una respuesta bastante ácida a esta posibilidad», al tiempo que agregó, «No hice esa propuesta para que sea Rafael el candidato, pero lo que sí señalé es que yo estaba dispuesta a ceder el espacio de la candidatura presidencial en aras de lograr un consenso. Luego nació la posibilidad de que sea mi padre el candidato, lamentablemente él partió y frente a ese escenario es que yo acepto la invitación del partido», finalizó.

Otros candidatos

Rafael López Aliaga es el candidato que busca emular a Javier Milei en la región y a Donald Trump en Estados Unidos. Es miembro numerario del Opus Dei y tiene como consigna a Dios como el jefe de su partido. Carlos Álvarez es un cómico que es muy famoso en el país andino por imitar a los políticos y que parece querer seguir los pasos del presidente salvadoreño, Nayib Bukele. El cómico es partidario de la pena de muerte y propone la construcción de una cárcel como la de El Salvador para pandilleros. El exministro de Defensa y sociólogo, Jorge Nieto Montesinos, es la opción de centroderecha y ofrece restañar las heridas entre los peruanos desde las protestas tras el autogolpe frustrado y la destitución de Pedro Castillo (2021-2022), en las que fallecieron 49 personas.
Según los sondeos, Keiko Fujimori lidera las preferencias, seguida de Carlos Alvarez, de López Aliaga, de Montesinos, del exalcalde Lima, Ricardo Belmont; el congresista Roberto Sánchez; el economista Alfonso López Chau; y la exministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, entre otros.
En estas elecciones se presentan un total de 35 candidatos a la Presidencia de Perú y hay más de 10.000 postulantes a la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados.

Entiendo al «Fujimorismo»

La politóloga Adriana Urrutia conoce bien el fenómeno del fujimorismo por dentro, pues en la campaña de 2011 formó parte de los voluntarios, fue a las reuniones de las bases juveniles y entrevistó a los militantes. De ese trabajo nació ‘Que la fuerza esté con Keiko. El nuevo baile del fujimorismo’. Urrutia explica que tras la caída del padre, Alberto Fujimori, el fujimorismo ha defendido la narrativa «de ser perseguidos por la Justicia. Y cuando Keiko Fujimori se postula por vez primera en el 2011 se convierte en una opción para mucha gente a la que la política tradicional no les interesa», explica a ABC.
«El fujimorismo de Keiko llega a zonas donde no hubo otras ofertas políticas, tal y como hizo su padre. Es un populismo de derecha que llena un vacío del 2011 al 2016, cuando no había partidos políticos similares. Ese electorado de base nunca se perdió. Hay un núcleo de votantes dispuesto a votar por la hija de Fujimori porque su padre hizo cosas buenas y el resto de la oferta no gusta porque no queremos al comunismo ni queremos ser Venezuela», añade.
La historiadora Natalia Sobrevilla asegura, en declaraciones a ABC, que el fujimorismo después de la muerte de Alberto Fujimori «sigue siendo poderoso y su hija hereda ese porcentaje de voto duro aún después de su desaparición». Si bien Keiko Sofía Fujimori lidera las encuestas lo hace con un porcentaje muy bajo. «Ella va a la cuarta elección y el sistema le favorece porque habiendo tantos candidatos el voto se dispersa y con el 15% está a la cabeza».

Tanto Urrutia como Sobrevilla coinciden en que los 27 de millones de peruanos votarán con desesperanza, hartazgo por la política y la falta de representación

«Es la heredera política de Alberto Fujimori, es quien ha dominado el Congreso en la última década y seguirá teniendo poder por la bancada que tendrá en el Congreso, así salga elegida o no», explica la autora de ‘La nación subyacente: Diez ensayos para pensar la independencia peruana’.
Tanto Urrutia como Sobrevilla coinciden en que los 27 de millones de peruanos que votarán el próximo 12 de abril lo harán con desesperanza, hartazgo por la política y la falta de representación. Por esa razón hasta hoy hay un 30% de peruanos que no han decidido a quién votarán para liderar un país que en la última década ha visto nueve jefes de Estado: Ollanta Humala (fue presidente hasta julio de 2016), Pedro Pablo Kuczynski, Martin Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcazar.