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Harvard repite como la mejor universidad del mundo y las chinas ganan peso entre las 100 primeras del ranking

La universidad estadounidense de Harvard ha repetido este año como la mejor del mundo según la Clasificación de Shanghái de 2026, en la que Estados Unidos conserva su dominio entre los centros de élite mientras China continental eleva de 13 a 16 su número de universidades entre las cien primeras.El Academic Ranking of World Universities (ARWU), publicado por ShanghaiRanking Consultancy y también conocido como la ‘Clasificación de Shanghái’, mantiene por delante a Harvard, Stanford y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el mismo podio que en 2025. La británica Universidad de Cambridge conserva el cuarto puesto y la Universidad de California en Berkeley, el quinto, mientras que Princeton sube al sexto lugar y adelanta a Oxford, que cae al séptimo.Columbia ocupa el octavo puesto, mientras que la Universidad de Chicago asciende al noveno y el Instituto Tecnológico de California baja al décimo. Estados Unidos conserva así ocho universidades entre las diez mejores y 37 entre las 100 primeras, frente a las 16 de China continental y las ocho del Reino Unido.La diferencia se estrecha al ampliar el foco: China continental cuenta con 115 universidades entre las 500 primeras, frente a las 111 de Estados Unidos, y suma 234 entre las 1.000 clasificadas, por encima de las 187 estadounidenses y la cifra más alta de cualquier país. Así, China continental ha aumentado de 13 a 16 su presencia entre las 100 primeras respecto a 2025, con la entrada de Southeast University, Harbin Institute of Technology y Tianjin University.En Asia, la pequinesa Tsinghua conserva el puesto 18 y su condición de mejor universidad del continente, mientras que la Universidad de Pekín avanza un lugar hasta el 22. La Universidad de Tokio, en el puesto 30, continúa como la mejor situada de Japón, mientras que la Universidad Nacional de Singapur asciende al 53.Reino Unido lidera en EuropaEn Europa, el Reino Unido suma 57 universidades entre las 1.000 mejores, Alemania 51, Italia 42, España 30 y Francia 27, mientras que Países Bajos cuenta con 13, Suecia con 12, Austria con 11 y Suiza con 9. La Universidad de París-Saclay se mantiene en el puesto 13 como la mejor situada de la Europa continental, mientras que la Escuela Politécnica Federal (ETH) de Zúrich asciende del puesto 22 en 2025 al 19 este año.En Latinoamérica, Brasil cuenta con una universidad entre las 200 mejores, mientras que Argentina y México tienen una cada uno entre las 300 primeras. Brasil suma además tres centros entre los 500 primeros y 14 entre los mil, frente a los dos de México, uno de Argentina y dos tanto de Colombia como de Chile entre los mil primeros.En África, Sudáfrica cuenta con ocho universidades entre las mil primeras, tres de ellas entre las 500 mejores, mientras que Egipto suma seis, Marruecos dos y Etiopía una, sin que ninguna institución del continente figure entre las cien primeras.El ARWU examina más de 2.500 universidades y publica las 1.000 primeras atendiendo a seis indicadores, entre ellos el número de antiguos alumnos y profesores galardonados con premios Nobel y medallas Fields, los investigadores altamente citados, los artículos publicados en las revistas Nature y Science y el rendimiento académico por persona.

China insta a Japón a «acatar» el orden tras la II Guerra Mundial en respuesta a la visita de Putin a las Kuriles

El Gobierno de China ha emplazado este viernes a Japón a «acatar» el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial, después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, visitara este jueves una de las islas del disputado archipiélago de las Kuriles, suscitando las críticas de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, y la protesta ante el embajador ruso en Tokio.»China insta a Japón a acatar el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, establecido por documentos jurídicos internacionales como la Declaración de El Cairo y la Declaración de Potsdam», ha señalado en rueda de prensa el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun.Preguntado por la polémica entre Moscú y Tokio, el portavoz de la cartera diplomática se ha limitado a recordar que el gigante asiático «siempre ha sostenido que los frutos de la victoria» en dicho conflicto deben ser «respetados y defendidos con sinceridad».Takaichi denunció la visita de Putin a las disputadas islas, que Japón reivindica como parte «inherente» del país y pese a que se le habría instado en varias ocasiones a no hacerlo. Además, la primera ministra advirtió de que este acto provocará un aumento de la animadversión de la sociedad japonesa hacia Rusia.Así, las autoridades niponas citaron al embajador ruso en Tokio, Nikolái Nozdrév, en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, a fin de poder transmitirle este malestar.Rusia, por su parte, ha considerado estas declaraciones de Takaichi como «sumamente indignantes e inaceptables» y «ofensivas», en palabras de su portavoz de Exteriores, Maria Zajarova, quien ha reivindicado la soberanía rusa sobre las Kuriles como algo «incuestionable».El mandatario viajó este jueves por primera vez en persona a Iturup, una de estas cuatro islas en disputa, que Japón denomina Etorofu, como parte de una gira que le ha llevado por otros territorios de Siberia y la región de Lejano Oriente.La visita a las islas Kuriles es un claro mensaje de Rusia acerca de su soberanía sobre el archipiélago en un momento de fuerte inestabilidad, en el que Tokio además de sumarse a las sanciones internacionales contra Moscú por la guerra de Ucrania, ha intensificado sus maniobras militares junto a Estados Unidos en el Pacífico.

El rabino que reconcilió a Venezuela con Israel observa con estupor a España: «Le pido a Sánchez que rectifique»

La carta, a la que ha tenido acceso este diario, lleva fecha del 7 de agosto de 2026 y membrete de la Asociación Israelita de Venezuela. Pide «activar todos los mecanismos necesarios para el restablecimiento de relaciones diplomáticas» y describe la reconciliación como «una consecuencia … natural de lo que se ha vivido desde el 24 de junio», fecha del terremoto. Cuatro días después, Caracas y Tel Aviv firmaron el comunicado conjunto. El hombre que la redactó tiene 72 años y no es diplomático de carrera.
Isaac Cohen lleva 49 años en Venezuela. Sefardí de Tánger, nieto de un juez rabínico marroquí, habla con la cadencia de quien mide cada sílaba. En las paredes de su despacho, una cronología de fotos resume su acercamiento al poder: Cohen con el Rey Juan Carlos, con Chávez, con Maduro. Los libros se apilan en cada superficie disponible. Hace un año, la Federación de Comunidades Judías de España lo nombró rabino principal y dayán del país. Es, según sus propias palabras, «el gran rabino de España». Dos países que hoy caminan en direcciones opuestas frente a Israel.

¿Usted pidió la reunión con Félix Plasencia, canciller de Venezuela, o lo convocaron?
Yo la pedí. Le manifesté, a raíz de la solidaridad de Israel tras el terremoto, que si bien se interrumpieron las relaciones diplomáticas, no se rompieron las humanas. El dolor de un ser humano debo ayudarlo. Esa es la esencia del judaísmo. Israel envió una delegación que estuvo dos semanas. A solicitud de la presidenta Delcy Rodríguez, permanecieron dos semanas más. Y siguen en contacto con la parte técnica para evitar mayores desastres en el futuro.

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Jorge Benezra

¿Bajo el gobierno de Maduro este acuerdo habría sido posible?
Había voluntad. Me manifestó varias veces que aceptaba establecer relaciones consulares con Israel. Fue con él que empecé la idea del noviazgo. Me dijo que sí. Después, razones políticas, la presión interna lo frenó. Pero él quería.

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¿Qué sintió el 3 de enero cuando lo capturaron?
Era sábado. Yo estaba durmiendo porque respeto el shabat. Me agarró de sorpresa. Nunca me imaginé ni la forma como iba a ser. No me alegro del dolor de una persona en dificultad. Debo reconocer que tuve buenas relaciones con él y siempre estuvo atento a lo que le solicitaba. No puedo hablar mal de él.
El teléfono suena tres veces durante la entrevista. Gente de la comunidad entra y sale del despacho a pedirle cosas, como quien acude al despacho de un alcalde. Cohen es un diplomático sin cartera. Durante los diecisiete años de ruptura, iniciada por Hugo Chávez en enero de 2009, mantuvo abiertas las líneas de comunicación con Miraflores. Nunca dejó de hablar con el poder. Esa proximidad le permitió proteger a una comunidad que pasó de 22.000 a menos de 6.000 personas, y sortear los laberintos burocráticos para conseguir visas a través de terceros países. Los que se quedaron lo hicieron, en buena medida, porque Cohen seguía ahí.
Medios pro iraníes han calificado el acuerdo de «diplomacia del desastre» para «infiltrarse en gobiernos independientes». ¿Qué les responde?
Que se vea en el espejo de su conciencia. ¿Quién es el que siembra el odio y el terrorismo en el mundo? Irán. Israel no siembra odio ni terrorismo, eso estoy seguro.
¿Le preocupa una reacción violenta contra la comunidad tras el acuerdo?
La incitación al odio no es positiva. Pero repito: aun en el sector radical del chavismo, el venezolano es bueno, no es odioso. Tiene un virus. Hay que quitarle el virus que tiene dentro, de odio hacia los judíos. Y todo vuelve en paz.
El tono de Cohen cambia cuando la conversación cruza el Atlántico. Desde Caracas, observa con estupor cómo el Gobierno de Pedro Sánchez endurece su postura hacia Israel: reconoció el Estado palestino en mayo de 2024, retiró a su embajadora, calificó la ofensiva sobre Gaza de «genocidio» y en marzo de 2026 destituyó formalmente a la representante diplomática en Tel Aviv. España rompe lo que Venezuela acaba de reconstruir. Y Cohen, que es rabino de ambos países, queda en el medio.
Es paradójico que Venezuela restablezca lazos con Israel mientras España los rompe.
Es algo que no entiendo. Las raíces judías en España son hondas y profundas. Pensamos que el error histórico de la expulsión se había corregido. Vemos hoy con dolor que los judíos españoles estén bajo presión antisemita. Sé que no es del pueblo español, es la política de Gobierno la que está despertando un antisemitismo político. Mi esencia es española. Cada piedra de España tiene raíces judías. ¿Cómo ahorita vilipendiamos al judío y al Estado de Israel? No se puede aceptar.
¿Qué mensaje le envía al Gobierno español?
Le pido al presidente Sánchez que rectifique. El error es humano. Pero hay que rectificar.
Miembros de las comunidades judías en el mundo le escribieron tras el comunicado. Cohen sonríe. «Si Venezuela mantiene relaciones con muchísimos países, ¿por qué no con Israel, aquella nación de la que fue promotora en su creación?»
Se despide. «Venezuela es un país para querer, no es un país para irse», dice. «Y como rabino te digo algo: el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios en las virtudes, en la bondad, en la solidaridad. No matando. El que mata no fue creado a imagen y semejanza de Dios, bajo ningún concepto».

El desgaste de la guerra se siente en los portaaviones de EE.UU.

Cerca de cumplirse seis meses del inicio de la guerra de EE.UU. contra Irán, el apoyo popular a la campaña militar está en su punto más bajo. Según una encuesta de Reuters de finales del mes pasado, solo un tercio de los estadounidenses ve … con buenos ojos la decisión de Donald Trump de ir a por el régimen de Teherán. En los portaaviones de EE.UU., pieza clave de las operaciones militares en Oriente Medio, el hastío tiene otro nivel, entre despliegues con duración récord, problemas de abastecimiento y, también, intentos de suicidio.
El ejemplo más acuciante es el del portaaviones ‘USS Abraham Lincoln’, que se ha convertido en un símbolo del desgaste y la exigencia que la guerra está suponiendo para la primera potencia militar del mundo. Entre críticas de los familiares y con el asunto convertido en arma arrojadiza política por parte de los demócratas, Trump ha anunciado que el portaaviones será reemplazado por otro navío.

El Abraham Lincoln, uno de los tres portaaviones que EE.UU ha enviado en Oriente Medio, lleva un despliegue de más de 250 días sin hacer una visita significativa a puerto, lo que está desgastando a la marinería. Los despliegues convencionales de los portaaviones son de seis meses, y esos periodos suelen incluir visitas a puerto donde los marineros pueden disfrutar de un corto asueto, además de llenar el barco de suministros.

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Ludmila Vinogradoff

El Abraham Lincoln, con unos cinco mil marineros a bordo, salió de su base en San Diego (California) el pasado 21 de noviembre, rumbo a la región Pacífico. Pero fue redirigido a Oriente Medio para apoyar la campaña militar contra Irán. En mayo, cuando debía concluir su periplo, el despliegue fue extendido de forma indefinida.
Lo que Trump prometió como una guerra corta se ha convertido en un conflicto enquistado, en un ‘impasse’ que tiene como punto clave al Estrecho de Ormuz, donde tanto Irán como EE.UU. aseguran mantener el control del paso marítimo. La realidad es que Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo y del gas globales, está cerrado desde la guerra.
La presencia de portaaviones como el Abraham Lincoln es clave para mantener el control de Ormuz y ha participado en operaciones contra navíos que buscaban evitar el bloqueo naval de EE.UU. a Irán. Pero el portaaviones también ha sufrido las estrecheces de períodos de combate de cuarenta días consecutivos o de navegar sin tocar puerto durante más de 206 días, lo que batió el récord que hasta ahora tenía el ‘USS Dwight Eisenhower’.

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En los últimos días, varios medios especializados en información militar han alertado de intentos de suicidio: al menos dos marineros intentaron tirarse por la borda, ante la desesperación de un despliegue al que no ven el fin y las exigencias de la vida en el portaaviones durante operaciones militares.
«Familiares y marineros aseguran que el transcurso de meses en el mar sin una fecha de finalización para un despliegue muy exigente en Oriente Medio han intensificado la preocupación por la salud mental y el riesgo de autolesiones en el ‘USS Abraham Lincoln’», aseguraba el medio ‘Stars and Stripes’.
«Mi hijo está en el barco y es muy difícil escucharle decir que él y sus compañeros piensan todo el tiempo en saltar por la borda para encontrar alivio», relató el padre de un marinero.
La dureza de un despliegue largo e indefinido ha venido también acompañada de problemas en los suministros de comida y agua, en el recibo de correo, en la capacidad para hacer la colada o en letrinas inutilizadas. Son dificultades que también han sufrido otros portaaviones desplegados en Oriente Medio. Por ejemplo, el ‘USS Gerald Ford’, el mayor barco de guerra del mundo, también enviado a Oriente Medio para la guerra, justo después de haber sido desplegado en el Caribe a finales del año pasado como una forma de presión al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
El Gerald Ford regresó a su base en Norfolk (Virginia) el pasado mayo, después de un despliegue de 326 días, el más largo para un portaaviones estadounidense desde la guerra de Vietnam.
Durante su periplo en Oriente Medio, la joya de la Armada de EE.UU. también tuvo problemas con suministros, lo que dificultó la operación para sus marineros. Esos problemas de suministro tienen relación con el ataque de Irán a un gran centro logístico del ejército de EE.UU. en Oriente Medio, en su base en Bahrein, justo al comienzo de la guerra.
La Armada reconoció en un comunicado que los despliegues largos como el del Abraham Lincoln «suponen una presión añadida para los militares y para sus familias y estamos agradecidos por su esfuerzo y los sacrificios que hacen», pero aseguraron que «no hemos identificado un incremento en pensamientos suicidas o intentos de quitarse la vida a bordo del barco».
Sin embargo, la preocupación por las condiciones en el barco llevaron a que varios altos cargos, incluido el secretario de la Armada, Hong Cao, a mantener una reunión con doscientos familiares de marineros del Abraham Lincoln para tranquilizarlos sobre la situación.
Desde la Administración Trump, la reacción ha sido negar cualquier problema de cansancio, escasez logística o afecciones mentales. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, defendió que las condiciones en el Abraham Lincoln se habían «tergiversado» y que «nos aseguramos de que cada barco, cada tripulación, cada capitán tiene todo lo que necesita en todo momento».
La situación en el Abraham Lincoln empezó a convertirse en un problema político para Trump. Un senador demócrata, Richard Blumenthal, envió una carta a Hegseth y Cao en la que protestaba por las «amplias informaciones sobre escasez de suministros básicos, contaminación del agua, problemas en letrinas, deterioro de la salud mental, preocupación sobre seguridad en cubierta y afección en el envío de correo».
Otro senador demócrata, Ruben Gallego, exmilitar, también protestó. «Al contrario que Donald Trump, yo sí he sido desplegado en activo», dijo en un mensaje en redes sociales. «La forma en la que está tratando a los militares para llevar a cabo esta guerra ilegal no solo es asquerosa, también es peligrosa».
Trump tuvo que referirse al asunto a finales de esa semana. Negó esas malas condiciones y rechazó que los despliegues de los portaaviones sean demasiado largos. Pero, al mismo tiempo, anunció el regreso del Abraham Lincoln. «El barco se moverá ahora, o muy pronto, y será reemplazado por otro muy similar», dijo.
De hecho, ya se conoce el sustituto en Oriente Medio del Abraham Lincoln. Será el ‘USS George Washington’, con base en Japón, y que se encuentra ahora en el Pacífico.
Pero el despliegue de este portaaviones muestra otro problema de fondo para EE.UU. Se trata del único portaaviones en el Pacífico, la región clave en la rivalidad con China. Su salida deja claro que el conflicto en Oriente Medio debilita la posición de EE.UU. ante el gigante asiático, que se ha esforzado en las últimas décadas en desarrollar una Armada capaz de competir con la de la primera potencia mundial.

Las manos después del terremoto: la solidaridad que sostiene a Cali tras la tragedia

Dicen que los colombianos son trabajadores, que han aprendido a levantarse a lo largo de los años después de cada una de las dificultades que ha atravesado su país. Dicen también que son amables y solidarios. Quienes llegan de visita suelen terminar reconociendo esa sonrisa … gentil y una capacidad particular para seguir adelante, incluso cuando las circunstancias parecen empeñadas en decir lo contrario.
Colombia conoce bien las tragedias. En 1985, la erupción del volcán Nevado del Ruiz provocó una avalancha que arrasó Armero, en el departamento del Tolima, y dejó una de las imágenes más dolorosas de la historia reciente del país. A ello se suman décadas de violencia y conflicto armado que han obligado a millones de colombianos a reconstruir sus vidas después de perder familiares, hogares o territorios.

Sí, los colombianos saben lo que significa empezar de nuevo cuando parece que todo se ha ido. Pero también han aprendido algo más: a extender la mano cuando es otro quien lo ha perdido todo. Y estos días, en Cali, esas manos están por todas partes.

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Stephanía Montero

Unas levantan escombros. Otras cargan cajas con alimentos. Algunas sostienen una linterna durante toda la noche para que un bombero pueda continuar buscando. También están las que preparan una cama para una familia que ya no tiene dónde dormir.
Después del terremoto del 10 de agosto, mientras la ciudad intenta comprender la magnitud de lo ocurrido, una red espontánea de solidaridad se extiende entre edificios clausurados, centros de acopio, albergues y zonas de rescate.

Perderlo todo y seguir en pie

Laura mira con tristeza el edificio que hasta hace unos días era su casa.

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Permanece unos minutos frente a él, casi inmóvil, intentando comprender todo lo que ha ocurrido desde aquella mañana. El edificio Sottomonte, situado en una de las zonas más afectadas del sur de Cali, permanece clausurado debido a los graves daños que sufrió su estructura. Una cinta amarilla rodea ahora el perímetro y marca una frontera sencilla pero dolorosa: de este lado se puede estar; del otro, ya no.
El terremoto del 10 de agosto obligó a Laura a bajar rápidamente por las escaleras. Salió entre polvo, escombros y el desconcierto de quienes todavía intentaban comprender por qué se movía todo a su alrededor.
Como muchos caleños, aquella mañana se preparaba para comenzar una semana laboral cualquiera. No hubo tiempo para recoger documentos, ropa ni objetos personales. Mucho menos para pensar qué llevarse. Solo había que salir.

La sociedad civil colombiana se ha volcado en ayudar a los afectados por el terremoto.

(Felipe Delgado)

El trabajo de años quedó atrapado en el tercer piso del edificio. Sus pertenencias siguen allí, detrás de una cinta que ahora le impide acercarse a aquello que hasta hace unos días formaba parte de su cotidianidad. Pero después del terremoto su primera preocupación no fue la casa. Fue su madre.
Jimena vivía a unos dos kilómetros de distancia y Laura salió inmediatamente a buscarla. Las calles que encontró en el camino eran distintas a las que había recorrido cientos de veces. Había caos y una bruma provocada por el polvo de las edificaciones que habían colapsado. Personas llorando, otras intentando llamar por teléfono, vecinos preguntando por familiares y hasta mascotas desorientadas que cruzaban de un lado a otro las vías sin que nadie pudiera detenerlas. Cada calle parecía tener su propia emergencia.
Cuando finalmente llegó al condominio Pío XII, en el barrio El Lido, el panorama tampoco era alentador. Un cúmulo de escombros dominaba la escena. Laura comenzó a preguntar por su madre a quienes permanecían en los alrededores.
En ese momento importaba poco lo demás. Segundos después encontró a Jimena cerca de la portería. En medio de una ciudad que contaba edificios derrumbados y viviendas destruidas, aquel abrazo se convirtió para ellas en la única cifra verdaderamente importante: las dos estaban vivas.
Ahora ninguna tiene certeza de dónde vivirá. En ambos conjuntos residenciales la orden está dada: no podrán regresar, al menos en el corto plazo. Tendrán que pensar después qué ocurre con sus pertenencias, dónde instalarse y cómo comenzar de nuevo.
La incertidumbre pesa. Pero Laura lo resume de una forma mucho más sencilla: por ahora están juntas. Han perdido sus casas, pero siguen en pie.

Luz en la oscuridad

Cuando el sol desaparece después de jornadas que superan los 30 grados en Cali, comienza otro problema. La noche transforma los rescates.
En algunos sectores afectados por el terremoto los cortes eléctricos dificultan todavía más el trabajo de bomberos y rescatistas. Encontrar un camino seguro entre hierros, concreto y estructuras inestables ya es complicado durante el día. Hacerlo en la oscuridad puede convertir cada movimiento en un riesgo.
Y fue precisamente allí donde Lucio Vidal descubrió que aquello que había utilizado durante años para crear imágenes también podía servir para encontrar personas.
Dedicado al mundo audiovisual, Vidal ha pasado buena parte de su vida entre cámaras, flashes y equipos de iluminación. Ha cubierto eventos, fotografiado artistas y creado imágenes a través de sus lentes. Para él, como para cualquier profesional audiovisual, la luz siempre ha sido fundamental. Es además una de las herramientas en las que más ha invertido durante su carrera. Lo que jamás imaginó es que después del 10 de agosto esas luces terminarían apuntando hacia edificios destruidos.

Los equipos que antes iluminaban un escenario, un artista o una producción audiovisual ahora permiten distinguir una grieta, observar una estructura inestable o señalar el punto exacto donde debe retirarse un bloque de concreto

Ante los cortes eléctricos y la iluminación precaria de algunas zonas de rescate, Vidal y otros profesionales audiovisuales de Cali decidieron llevar sus equipos hasta los puntos afectados.
«Nuestra labor específica es apoyar en la iluminación. Nosotros llegamos con luces de cine, de producción, incluso con luces 100, que son las más básicas. Con todo eso alcanzábamos a rodear todo el perímetro, que era lo que nos pedían los bomberos», explicó Vidal a ABC.
Él insiste en algo: su trabajo no sustituye al de un rescatista. No pretende hacerlo.
Pero cuando cae la noche, una luz colocada en el lugar correcto permite que quienes sí están preparados para buscar supervivientes puedan continuar trabajando. Los equipos que antes iluminaban un escenario, un artista o una producción audiovisual ahora permiten distinguir una grieta, observar una estructura inestable o señalar el punto exacto donde debe retirarse un bloque de concreto.
Las jornadas comienzan alrededor de las cinco de la tarde. Pueden terminar a las seis de la mañana del día siguiente. El sol es quien los releva.
Vidal reconoce que lo más difícil no ha sido el cansancio. Tampoco cargar los equipos o pasar toda una noche despierto. Es el dolor que encuentra alrededor. Saber que mientras transcurren las horas todavía hay personas atrapadas produce una mezcla de impotencia y tristeza difícil de abandonar cuando termina el turno. Ya son más de 30 profesionales audiovisuales los que forman estas cuadrillas y apoyan las labores en más de cinco edificaciones colapsadas.
Cuando muchos se marchan a descansar y la oscuridad cubre las zonas de emergencia, ellos llegan. Encienden sus equipos. Y durante unas horas cambian los estudios y escenarios por montañas de escombros. Son, literalmente, quienes ponen luz en la oscuridad.

De pista deportiva a albergue

Pero no todas las transformaciones provocadas por una tragedia tienen que ver con destrucción. Hay lugares que cambian para convertirse en refugio.
Hasta hace pocos días, la Unidad Deportiva Jaime Aparicio estaba dedicada al deporte. Allí conviven algunas de las principales disciplinas practicadas en la ciudad: atletismo, natación, hockey, béisbol y voleibol, entre otras. Entrenadores, gestores y trabajadores administrativos llegaban cada mañana pensando en deportistas, competencias, escenarios y entrenamientos.
Hoy hablan de colchones, alimentos, cobijas y damnificados.
Parte de la Unidad Deportiva se ha transformado en uno de los albergues de la ciudad, con capacidad para recibir a más de 150 personas afectadas, además de servir como punto de apoyo para rescatistas y para la distribución de la ayuda humanitaria que continúa llegando a la capital del Valle del Cauca. También cambiaron las funciones de quienes trabajan allí.
Los entrenadores dejaron temporalmente sus rutinas deportivas. Los gestores aplazaron parte de sus labores habituales. Los administrativos cambiaron reuniones y planificación por jornadas para recibir, cargar, clasificar y distribuir ayudas.

El terremoto necesitó apenas unos minutos para cambiar la vida de miles de personas. Reconstruir lo que dejó a su paso necesitará meses y, posiblemente, años

Desde el lunes, los turnos prácticamente no se detienen. Llegan camiones con alimentos, agua, bebidas hidratantes, cobijas, sábanas y otros elementos. Cada vehículo obliga a poner nuevamente en marcha una cadena de personas: alguien descarga, otro clasifica, otro registra y alguien más determina hacia dónde debe enviarse cada producto.
Aquí las profesiones parecen quedar suspendidas por unas horas. Importa poco quién era entrenador, fotógrafo, funcionario o vecino antes del terremoto. Importa ayudar.
Y quizá sea esa una de las imágenes que mejor permiten comprender la Cali de estos días. Una ciudad herida, con edificios que ya no pueden habitarse y familias que todavía intentan entender qué harán mañana, pero también una ciudad en la que cada persona parece buscar aquello que sabe hacer para ponerlo al servicio de los demás.
Laura no sabe cuándo podrá regresar a casa. Lucio no sabe cuántas noches más tendrá que cambiar los escenarios por zonas de rescate.
En la Unidad Deportiva tampoco saben durante cuánto tiempo las canchas tendrán que convivir con colchones, cajas y familias damnificadas. Nadie tiene todavía todas las respuestas.
El terremoto necesitó apenas unos minutos para cambiar la vida de miles de personas. Reconstruir lo que dejó a su paso necesitará meses y, posiblemente, años. Habrá edificios que no volverán a levantarse de la misma manera y familias que tendrán que comenzar desde cero.
Pero entre las grietas también ha aparecido otra cosa. Las manos.
Las de quien abraza a su madre después de pensar durante minutos que podía haberla perdido. Las de quien presta las herramientas con las que se gana la vida para que otros puedan seguir buscando supervivientes. Las de quien cambia una cancha por un albergue y un entrenamiento por una jornada descargando alimentos.
Dicen que los colombianos saben levantarse. En Cali, por estos días, quizá la explicación sea más sencilla: cuando uno cae, siempre aparece alguien dispuesto a tenderle la mano.

El vuelo secreto de Trump revela quién manda de verdad a su alrededor

En secreto, fuera de las cámaras y sin que buena parte de su propio Gobierno supiera lo que estaba ocurriendo, un vehículo de ‘catering’ sacó la tarde del 8 de julio a Donald Trump del Air Force One en una pista del aeropuerto … de Ankara. Pero el presidente no iba solo. Con él viajaban Natalie Harp, Dan Scavino y Walt Nauta. Ninguno pertenece al Gabinete. Son su asistente ejecutiva, su subjefe de gabinete y el director de Operaciones del Despacho Oval. Cuando llegó el momento de decidir quién debía permanecer junto al presidente, fueron ellos.
La operación de evacuación, organizada en respuesta a una amenaza iraní considerada creíble, dejó al descubierto algo más que una sofisticada maniobra de seguridad. También reveló quiénes forman, en realidad, el círculo más próximo al presidente de Estados Unidos cuando desaparecen las cámaras, se apagan los focos y el protocolo deja de importar.

Cuando el Servicio Secreto decidió que Trump no podía abandonar Ankara a bordo del Air Force One por el riesgo de un posible atentado, el presidente fue trasladado clandestinamente en un vehículo de catering hasta un C-32A de la Fuerza Aérea. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, embarcó de forma visible por la escalerilla exterior, reforzando la impresión de que él era la principal autoridad que viajaba en ese aparato, mientras altos cargos, parte del personal y la prensa permanecían en el Air Force One creyendo que Trump seguía a bordo.

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DESDE LA CASA BLANCA

David Alandete

Marco Rubio, secretario de Estado, no quedó integrado en ese núcleo inmediato. Scott Bessent, secretario del Tesoro, tampoco. Stephen Miller, otro subjefe de gabinete y uno de los hombres con mayor influencia política e ideológica de la Administración, permaneció igualmente fuera de ese reducido grupo. Habían acompañado a Trump a la cumbre de la OTAN, pero cuando el dispositivo de seguridad se dividió, el presidente quedó rodeado no por los ministros de mayor rango, sino por quienes llevaban años formando parte de su entorno más personal, desde la primera Casa Blanca hasta el largo paréntesis de Mar-a-Lago tras la derrota electoral de 2020.
La escena ayuda a entender cómo funciona el universo del segundo mandato de Trump y las bambalinas de la Casa Blanca. Existe un Gobierno formal, con secretarios, asesores de Seguridad Nacional y Comercio, funcionarios y departamentos que posan para las fotografías oficiales y participan en las largas reuniones del gabinete. Y existe, superpuesto a ese aparato, un séquito construido durante más de una década que sobrevivió a elecciones, derrotas, investigaciones judiciales, dos procesos de ‘impeachment’ y los cuatro años en los que Trump permaneció fuera del poder.

Los tres elegidos por Trump : Harp, Nauta y Scavino.

El poder de la impresora

Natalie Harp, de 35 años, es una presencia constante en esta nueva Casa Blanca y en los desplazamientos presidenciales, incluido aquel vuelo clandestino. Viaja habitualmente con Trump, sube con él al Marine One y forma parte del reducido grupo con acceso a sus cuentas en redes sociales, desde las que puede publicar mensajes en su nombre. Rubia, casi siempre subida a unos altos tacones y cargando grandes bolsos, en Washington se la conoce como la «impresora humana» porque lleva consigo copias en papel de noticias, mensajes, publicaciones y correos seleccionados para el presidente, especialmente noticias favorables, mensajes de apoyo y publicaciones de redes sociales.

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Harp apareció en la órbita de Trump en 2019. Enferma de cáncer óseo, pronunció un discurso muy emotivo durante un acto de la Coalición Fe y Libertad en el que aseguró que una ley federal impulsada por el presidente le había permitido acceder a un tratamiento experimental que, según su relato, le salvó la vida. Aquella intervención impresionó a Trump, que la incorporó al consejo asesor de su campaña de reelección y le dio un papel destacado en la Convención Nacional Republicana de 2020.

Harp hablaba ya entonces de Trump con la fe de una conversa y la gratitud de quien estaba convencida de deberle la vida. Le agradeció haber cumplido, según ella, todas sus promesas y presentó al presidente como el hombre que había rescatado a una «América olvidada» abandonada al borde del camino. «Así como usted luchó por nosotros, nosotros vamos a luchar por usted», le prometió entre aplausos. La promesa se mantuvo. Permaneció junto a él durante los años más difíciles, cuando muchos dirigentes republicanos se alejaban y Trump parecía un apestado incluso dentro de su propio partido.
Según relató el periodista Michael Wolff en su libro ‘Todo o nada’, Harp llegó incluso a dormir en el gimnasio de la mansión de Mar-a-Lago para estar disponible desde primera hora de la mañana. Aquella dedicación absoluta terminó consolidando su posición dentro del reducido círculo de confianza del presidente. Tras la victoria electoral de 2024 fue una de las primeras personas en instalarse de nuevo en el Ala Oeste.
En una Casa Blanca donde Trump consume enormes cantidades de información en papel y reacciona constantemente a cuanto publican los medios y las redes sociales, esa tarea aparentemente administrativa proporciona algo mucho más valioso: acceso. Harp controla parte del flujo de documentos que llega al presidente y puede entrar y salir del Despacho Oval con una libertad reservada a muy pocos. En el universo de Trump, donde la confianza personal pesa tanto o más que el cargo, esa cercanía vale más que muchos ministerios.

La operación ha abierto un frente político en el Congreso. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, exigió una explicación inmediata de la Casa Blanca y denunció que los legisladores fueran dejados «en la oscuridad»

La guardia pretoriana de poder

Dan Scavino, el otro asesor que acompañó al presidente en ese vuelo de Ankara a Reino Unido, representa la relación más larga y sólida de Trump con cualquiera de sus actuales colaboradores. Hoy es subjefe de gabinete de la Casa Blanca, pero su historia junto al presidente comenzó mucho antes de la política, en el campo de golf. Primero fue cadi para el hoy presidente, después trabajó en uno de sus campos de golf como gerente y para la Organización Trump y ya más tarde se convirtió en uno de los arquitectos de su comunicación digital durante la campaña de 2016.
Desde entonces ha sobrevivido a todos los cambios de gabinete, derrotas electorales e investigaciones judiciales. Mientras decenas de altos cargos abandonaban el entorno de Trump tras el asalto al Capitolio, Scavino permaneció a su lado en Mar-a-Lago. Su influencia rara vez se ejerce delante de las cámaras. Prefiere el segundo plano, pero es una de las pocas personas que pueden hablar con el presidente prácticamente a cualquier hora del día.
Walt Nauta completa ese triángulo de confianza. Veterano de la Armada estadounidense, comenzó como asistente personal de Trump durante su primer mandato y permaneció a su lado cuando abandonó la Casa Blanca en 2021. Su cercanía al expresidente lo convirtió después en una figura central de la investigación sobre los documentos clasificados de Mar-a-Lago. Los fiscales lo acusaron de ayudar presuntamente a mover y ocultar cajas con documentos y de mentir al FBI, cargos que siempre negó. Llegó a declarar ante un gran jurado federal, pero el caso quedó sin recorrido tras el regreso de Trump al poder. Hoy dirige las Operaciones del Despacho Oval, un puesto de carácter logístico que lo mantiene entre las personas con acceso más directo y cotidiano al presidente.

La falta de control legislativo

La operación ha abierto un frente político en el Congreso. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, exigió una explicación inmediata de la Casa Blanca y denunció que los legisladores fueran dejados «en la oscuridad» sobre una amenaza de asesinato contra el presidente y una maniobra de esa magnitud. También Mark Warner, principal demócrata del Comité de Inteligencia del Senado aseguró no haber sido informado.
A las críticas se sumó el senador Richard Blumenthal, de Connecticut, que calificó el episodio de «francamente inquietante» y reclamó saber qué medidas se adoptaron para proteger a los periodistas, militares y funcionarios que continuaron volando en el Air Force One utilizado como señuelo. «Quiero saber qué precauciones se tomaron para mantener a salvo a todas las personas que iban en ese avión», afirmó.
La prensa, por su parte, asumió que la prioridad del Servicio Secreto es siempre proteger al presidente, incluso cuando eso obliga a limitar la información en tiempo real y ser empleada hasta de cebo. Pero la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Jacqui Heinrich, dijo haber trasladado a altos cargos de la Administración su preocupación por la seguridad de los periodistas, la capacidad del pool para mantener un registro independiente de los movimientos presidenciales y el riesgo de que los reporteros acaben transmitiendo, sin saberlo, información incorrecta.
Heinrich pidió además a la Casa Blanca un protocolo para futuras situaciones de este tipo que permita corregir el registro una vez desaparezca la amenaza y preservar así la credibilidad del sistema de cobertura presidencial.