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París, bajo toque de queda: la calma después de los saqueos

La consigna estaba clara: no puede volver a pasar. Francia, la V República y el Gobierno de Emmanuel Macron no podían permitirse otra noche de disturbios y vandalismo. Por eso, el primer ministro, Sébastien Lecornu, y el ministro del Interior, Laurent Nuñez, decretaron toques … de queda en varias zonas del país. En París, la capital, las restricciones se limitaron a los lugares donde se había concentrado la violencia, como la plaza de la República y sus alrededores, y el barrio comercial de Les Halles, que había sido objeto de saqueos.
El objetivo de la orden era proteger a «las personas y los bienes de la violencia y los saqueos», indicó la policía en un comunicado. También se prohibieron las manifestaciones y concentraciones en otras zonas. «No se ven afectados los residentes que puedan justificar, por cualquier medio, que su domicilio se encuentra dentro de las zonas mencionadas, los trabajadores que estén obligados a desplazarse a estas zonas para ejercer su profesión, los miembros de los servicios públicos de emergencia y los comerciantes», especificó la Prefectura de Policía en su orden.

En el norte de Francia, las autoridades locales impusieron un toque de queda para los menores de 18 años en varias ciudades, incluida Lille, desde el lunes y durante los dos días siguientes, entre las ocho de la noche y las seis de la mañana. La ciudad de Niza también impuso un toque de queda nocturno para menores a partir de las nueve de la noche.

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En la capital, era imposible cruzar la plaza de la República, una de las más emblemáticas de París, situada entre los distritos III, X y XI. Un cordón policial lo impedía y varios metros antes de llegar ya te señalaban el camino de vuelta, mientras un helicóptero sobrevuela la zona para evitar que se incumpla el toque de queda.
Desde la estación del Este caminando por el Boulevard de Magenta son un kilómetro de distancia hasta llegar a la mítica plaza. En el camino, algún bistró seguía abierto a pesar de las horas y varios jóvenes compartían cervezas e impresiones de lo ocurrido las pasadas noches. «Creo que se está yendo de las manos, pero la protestas por mejorar nuestras vidas tiene que seguir», decía Lauranne, una joven parisina. Todo el grupo que apura la última copa está de acuerdo: «compartimos las manifestaciones pero no con la violencia».
Sobre el toque de queda, dicen que lo «ven normal», porque «sin esta vigilancia no creo que sean capaces de controlarlo», aseguraba Philippe, camarero del bistró.

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Muchos de los locales de estas calles aún conservaban los escaparates destrozados: una tienda de móviles, casas de cambio con los cristales hechos añicos, una tienda de vapers reducida a escombros, motos calcinadas, pintadas por todos lados…
Pero el paisaje nocturno de esta madrugada poco tenía que ver con las imágenes del lunes, cuando las avenidas amanecieron aún más llenas de restos de los destrozos. Durante todo el día y toda la noche, los equipos de limpieza y los bomberos retiraron vidrios rotos y otros escombros de las calles parisinas.

El primer toque de queda en seis años

París no vivía un toque de queda general desde la pandemia, cuando el 17 de octubre de 2020 entró en vigor una restricción de la movilidad nocturna para frenar los contagios, inicialmente entre las nueve de la noche y las seis de la mañana. Pero para encontrar otro precedente hay que remontarse a 1961, en plena guerra de independencia de Argelia. El 5 de octubre de aquel año, las autoridades impusieron un toque de queda dirigido específicamente a la población argelina. Doce días después, una manifestación contra la medida terminó con una violenta represión policial.
Ahora, las protestas se producen tras semanas de manifestaciones de estudiantes de secundaria que se han visto empañadas por enfrentamientos, en ocasiones violentos, con la policía. La situación sacude al país seis meses antes de unas elecciones presidenciales cruciales y en medio de crecientes presiones económicas.
Según las autoridades, varios edificios públicos, incluido el ayuntamiento, fueron atacados e incendiados. Además, se calcula que unas 2.000 tiendas fueron saqueadas.

Francia, un país incendiado por «la manipulación de la izquierda radical»

Francia se echa de nuevo a las calles para reclamar una mejor educación pública. Al menos, ese era «el germen» de las movilizaciones que iniciaron los estudiantes de secundaria a principios de mes. Sin embargo, éstas se han extendido transversalmente bajo un «efecto bola de … nieve» a la sociedad francesa, que vive una crisis económica, política y social en la que la tecnología y la clase política desempeñan un papel clave en un contexto marcado por el calendario electoral. Las calles han ardido –como el histórico Ayuntamiento de Limoges, quemado el sábado durante las protestas–, los manifestantes se han enfrentado a una Policía desbordada, y han provocado saqueos en negocios y daños materiales incalculables.
El profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad CEU San Pablo, Luis Rodrigo de Castro, explica a ABC que estas protestas parten en gran medida de las ‘banlieues’, las periferias de las ciudades francesas, marcadas por la «escasez de profesores suplentes, una peor calidad de la educación o la masificación de las aulas». Pero no es el único factor que explica tanta movilización y tan violenta: la deuda pública francesa supera el 120% del Producto Interior Bruto (PIB), lo que «limita la capacidad financiera del Estado», puntualiza Armando Jiménez San Vicente, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria.

La economía gala está «al límite», lo que provocó que el Ejecutivo del primer ministro Sébastien Lecornu presentara en septiembre unos impopulares presupuestos marcados por unos recortes de 43.000 millones de euros. Entre las medidas propuestas se encontraban la congelación de los salarios de los funcionarios y la reforma de las pensiones. «Si bien el valor del euro te ofrece una capacidad de flexibilidad mayor que el resto del mundo, están llegando a unos límites totales y no cuentan con mayor capacidad de endeudamiento», señala Jiménez San Vicente, que añade que en este contexto inflacionario «se tiene que pagar más dinero en intereses, lo que le quita recursos al Estado para programas sociales».

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En estas movilizaciones confluyen todo tipo de protestas. Rodrigo de Castro indica que participan desde «agricultores por el acuerdo de Mercosur» hasta activistas por el clima como Greta Thunberg, que apareció en un instituto en Saint-Denis. Pero, a su juicio, uno de los problemas fundamentales radica en la subida del precio de los combustibles, «que nos golpea a todos». Además, el Gobierno francés protagoniza una profunda crisis institucional, en la que han gobernado tres primeros ministros desde 2024 sin mayoría en la Asamblea Nacional y con poca capacidad de acción. La creciente impopularidad del Ejecutivo no se ha logrado revertir con las controvertidas reformas estructurales propuestas por Lecornu en su segundo mandato.
Por otro lado, en tres de los cuatro grandes países de la Unión Europea habrá elecciones el año que viene. España, Italia y Francia vivirán procesos electorales que pueden «marcar el futuro de Europa en la próxima legislatura», indica Rodrigo de Castro, que sugiere que estas movilizaciones forman parte de la precampaña francesa. Por tanto, «las diferentes formaciones políticas van a intentar capitalizar cualquier muestra de descontento». Incluso señala que no será un caso exclusivo de Francia, sino que podrá extenderse a «estos países».

«Las diferentes formaciones políticas van a intentar capitalizar cualquier muestra de descontento»

Luis Rodrigo de Castro
Profesor de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional Público en la Universidad CEU San Pablo

Ante este caldo de cultivo, diferentes colectivos, como los chalecos amarillos «que han vuelto a resurgir y han sido un dolor de cabeza todos los años de gobierno de Macron», han contado con el apoyo de grupos políticos, recuerda Jiménez San Vicente. «Sobre todo La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon», a quien el presidente acusa de instigar las protestas. Para el profesor, en Francia «hay un problema social, también de carácter económico y presupuestario, relacionado con la manipulación política de ciertos actores, siendo la izquierda radical la que los ha movilizado».

«Políticas de integración real»

Asimismo, recupera la figura de Marine Le Pen, que «ha capitalizado este momento para debilitar todavía más la imagen y figura de Macron». El problema reside, en su opinión, en la ausencia de «políticas de integración real», porque considera que han sido el combustible de las protestas. Y, por ello, Le Pen ha construido su campaña en torno a la fractura de la sociedad francesa «por los impactos negativos que ha tenido en la calidad de vida, la cohesión social, el coste de los servicios o la atención sanitaria».
No obstante, este cóctel estaría incompleto si no se abordara el papel que ha desempeñado la tecnología en las movilizaciones. «Como decía el Papa en su primera encíclica ‘Manifica Humanitas’, la tecnología no es neutra y depende de los intereses de quién hay detrás», defiende Rodrigo de Castro. Jiménez San Vicente completa que «los algoritmos promueven este tipo de actividades que levantan pasiones u opiniones airadas. Ha servido como un medio para exacerbar pasiones y apreciaciones equivocadas de lo que está sucediendo».

Sobre las movilizaciones violentas

«Los algoritmos promueven este tipo de actividades que levantan pasiones u opiniones airadas»

Armando Jiménez San Vicente
Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Francisco de Vitoria

Ambos expertos coinciden en que «no existen soluciones rápidas ni sencillas» para atajar la crisis francesa, solo abordable a largo plazo y mediante la continuación de los recortes presupuestarios. El país se enfrenta a una prolongación de las tensiones sociales debido a la falta de recursos, lo que desembocará en que «vamos a ir normalizando» los conflictos de esta índole, según relata Jiménez San Vicente. En cambio, Rodrigo de Castro considera necesaria cierta «altura de miras» en la clase política para «alcanzar consensos» y sugiere centrar el debate público en «medidas económicas pragmáticas» en lugar de caer en discursos identitarios «polarizantes».

Los mejores días de sus vidas

Entre 2015 y 2018 viví en París. Ese poco tiempo me bastó para comprobar que aquello no tenía nada que ver con el encanto de «Medianoche en París», de Woody Allen, y sí mucho que ver con «El odio», de Mathieu Kassovitz. Mi barrio, Le … Kremlin-Bicêtre, tenía una densa población de origen marroquí y argelino. Queda al sur de París. Y la universidad donde estudiaba está en Villetaneuse, a una hora al norte, también con una densa población estudiantil de origen marroquí y argelino. Por supuesto, también había franceses e inmigrantes de otros países.
Lo cierto es que, en ambos lugares y más allá de nuestras respectivas diferencias, era evidente el perfil que compartíamos quienes estábamos allí. Junto al mito de París estaba el mito de La Sorbona. Los centros de estudio de verdad importantes, me explicaron, donde se formaba la élite del país, eran las Escuelas Normales Superiores, ubicadas, esas sí, dentro del caracol de la ciudad. Quizás el elemento aglutinador entre el ambiente general de desigualdad era esa sensación de hostilidad, de cansancio, de indiferencia, de agresividad, que se nos imponía a todos como un manto. No había que ser un adivino para saber que París, y Francia en general, era una bomba a punto de (volver a) estallar.

A este fracaso casi absoluto de la sociedad francesa en la integración de sus inmigrantes, principalmente de los provenientes de excolonias, se suma el fracaso de la integración de los franceses con su propia historia. Un desprecio visceral a lo que, a ojos del resto del mundo, constituye lo más destacado de su aporte al mundo y que, a falta de otro término mejor, podríamos resumir en la palabra «Ilustración». Un desprecio que ha encontrado en la llamada fascinación por Oriente su autodestructiva consecuencia.

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Rosalía Sánchez

Entiendo que este asunto se remonta en buena parte a las campañas de Napoleón en Egipto pero, si quieren ver un documento que resuma muy bien esta vocación incendiaria y suicida de Occidente, lean la conferencia que pronunció Louis Aragon el 18 de abril de 1925 en la Residencia de Estudiantes de Madrid como presentación del surrealismo en España. Allí, en su proclama final, está el programa de sumisión y castigo cuya aplicación seguramente haría las delicias nocturnas de Michel Foucault. Dice Aragon: «Levántate, mundo. Mirad cómo esta tierra está seca, y es propicia para cualquier incendio. Parece paja. Reíd a gusto. Somos aquellos que siempre tenderán la mano al enemigo».
En los sesenta, el terrorismo islamista aún no estaba tan de moda. Lo que se portaba era el maoísmo «à la Godard». Como lo recuerda Anne Wiazemsky en sus memorias, Godard se relamía imaginando el Sena desbordándose y acabando con el Louvre y el Grand Palais. Lo cual lo relacionaba con su fascinación por los Guardias Rojos: «La Revolución cultural china le parecía el perfecto antídoto a la vieja cultura europea». Este mismo espíritu es el que, en 2012, llevó a más de un millar de jóvenes franceses a unirse a los ejércitos yihadistas en Siria. Un aterrador reportaje sobre este tema lo escribió David Thomson bajo el título «Les revenants».
Lo que se ve hoy en Francia, esta ola de destrucción masiva que ha puesto en jaque a Macron, me parece la confluencia de estas dos grandes corrientes de resentimiento y rabia que los jóvenes franceses han heredado como un trauma cuyas causas y efectos quizás apenas comprendan. Por ahora, parece bastarles el haber tenido la oportunidad de ser verdugos, aunque sea de sí mismos. Y no pocos de ellos recordarán esta época de violencia como los mejores días de sus vidas.

Un avión sufre un incendio en una de sus alas cuando se preparaba para despegar del aeropuerto de Lima

Un avión de la aerolínea Latam que se aprestaba a despegar hacia el norte de Perú desde el aeropuerto internacional de Lima sufrió este lunes un incendio en una de sus alas, sin que se registren víctimas o heridos. El incidente fue reportado por fuentes oficiales y medios locales, que compartieron imágenes del fuego en el ala izquierda, al parecer originado en uno de los motores de la aeronave, citada en la prensa como un Airbus A320, lo que llevó a la intervención de los bomberos aeronáuticos. Latam señaló en un comunicado que se trató de «un evento técnico imprevisto previo al despegue» en un vuelo que cubría la ruta entre Lima y Piura, en la costa norte el país, y que «se determinó el desembarque preventivo de los pasajeros, priorizando en todo momento su seguridad». «Las circunstancias de este evento serán materia de evaluación técnica, conforme a los procedimientos correspondientes», indicó antes de lamentar «los inconvenientes ocasionados» y reafirmar su «compromiso con la seguridad aérea». Por su parte, el aeropuerto internacional Jorge Chávez, que opera la empresa Lima Airport Partners (LAP), reportó en sus redes sociales que este lunes «se registró una emergencia con uno de los vuelos» de Latam y que esta fue «controlada y los pasajeros fueron atendidos por la respectiva aerolínea». «En este momento, las operaciones en el aeropuerto Jorge Chávez se desarrollan con normalidad, las pistas 1 y 2 están funcionando. No hubo afectación en las llegadas y salidas de vuelos», acotó. A su turno, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) confirmó que el vuelo fue reprogramado y que verificaba en el aeropuerto «que la aerolínea brinde información clara y precisa, y se resguarden los derechos de los usuarios, priorizando su seguridad». «Ante las fallas técnicas presentadas esta mañana en un avión de la aerolínea Latam, que provocaron que una de las alas se incendiara, personal del Indecopi supervisa la atención oportuna a los pasajeros», concluyó.

Trump se muestra dispuesto a una trilateral con Putin y Xi en China

Donald Trump se ha mostrado este lunes dispuesto a reunirse con Vladímir Putin y Xi Jinping en China el próximo mes de noviembre, en una cumbre trilateral propuesta por Rusia que podría abordar tanto la reducción de los arsenales nucleares como el final de … la guerra de Ucrania.
El presidente estadounidense ha confirmado su interés en el encuentro antes de abandonar la Casa Blanca rumbo a Kansas, donde tiene previsto participar en un mitin electoral, y ha dejado abierta la posibilidad de negociar sobre Ucrania sin la presencia de Volodímir Zelenski, contra quien ha vuelto a lanzar muy duras críticas.

«Si el presidente Xi quiere celebrarla, yo la celebraría», ha dicho Trump a preguntas de los periodistas. La propuesta rusa contempla aprovechar la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico, prevista para los días 18 y 19 de noviembre en la ciudad china de Shenzhen.

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Según publicó este mismo lunes el diario The Wall Street Journal, Putin planteó la posibilidad durante una conversación telefónica con Trump el pasado 9 de octubre. El Kremlin ha reconocido los contactos, aunque sostiene que todavía no existe un acuerdo sobre la reunión trilateral ni sobre su contenido.
Trump ha explicado que su principal interés sería alcanzar un acuerdo de desarme nuclear entre las tres potencias. «La celebraríamos para hablar de armas nucleares y desnuclearización», ha afirmado. Estados Unidos dispone del mayor arsenal nuclear, seguido de Rusia y China, aunque ha advertido de que Pekín está acortando distancias. Ha calculado que China podría alcanzar a las otras dos potencias en unos cinco años.
«Si podemos conseguir la desnuclearización, habré hecho un favor muy, muy grande al mundo», ha añadido. Trump ha asegurado que también estaría dispuesto a tratar cuestiones comerciales y la guerra de Ucrania durante el encuentro.

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La posibilidad de que Washington, Moscú y Pekín negocien sobre el conflicto sin representantes ucranianos ha suscitado interrogantes sobre el papel que quedaría reservado a Kiev. Preguntado expresamente si aceptaría reunirse con Putin y Xi para abordar el final de la guerra sin Zelenski, Trump no lo ha descartado. «Me reuniría para hacer cualquier cosa que permita terminar la guerra, esté alguien presente o no».
Sus declaraciones se producen en un momento de creciente enfrentamiento con el presidente ucraniano. Zelenski ha acusado a Washington de favorecer a Moscú mediante el levantamiento de determinadas sanciones y los acuerdos energéticos con Rusia. Trump ha rechazado esas críticas y ha defendido que necesita mantener abiertas las negociaciones con Putin.
«Zelenski no sabe de lo que habla», ha respondido cuando se le ha trasladado que el mandatario ucraniano considera que Estados Unidos está situándose en el lado equivocado de la historia. Trump ha sostenido que Ucrania podría haber alcanzado un acuerdo mucho antes si su presidente hubiera seguido sus recomendaciones.
«Creo que ha llegado el momento de que otra persona negocie en nombre de Ucrania», ha afirmado. El presidente estadounidense ha insistido en que Zelenski está prolongando innecesariamente el conflicto y ha asegurado que las bajas militares alcanzan entre 25.000 y 35.000 soldados mensuales, unas cifras que no ha acompañado de pruebas.
Trump también ha defendido su decisión de no aplicar nuevas sanciones contra Rusia. Ha explicado que mantiene negociaciones simultáneas con Moscú sobre Ucrania, Irán, la liberación de un rehén y el comercio de diésel. «Cuando estás negociando un acuerdo, no haces eso a las personas con las que estás negociando», ha dicho sobre las sanciones.
El presidente ha destacado además que Rusia y China apenas han intervenido en apoyo de Irán durante los últimos enfrentamientos con Estados Unidos. A su juicio, ambos países podrían haber hecho mucho más por Teherán y su decisión de mantenerse al margen constituye una señal positiva para Washington.

Condenado el líder de una secta keniana por la muerte de 191 fieles: ordenó a los padres dejar morir de hambre a sus hijos

Paul Mackenzie, líder de una secta apocalíptica keniana, ha sido declarado culpable este lunes de la muerte de 191 personas -todas ellas niños menos un adulto- después de haber ordenado a varias familias que dejaran morir de hambre a sus hijos para que pudieran « … encontrarse con Jesús». Otros 29 individuos han sido condenados junto a él, y todos ellos conocerán la pena el próximo 6 de noviembre.
Una denuncia en 2023 destapó lo ocurrido y permitió a la Policía descubrir decenas de cadáveres en fosas comunes en el bosque de Shakahola, cerca de la costa del sureste de Kenia, lo que terminó con la detención de Mackenzie. La Fiscalía considera que el líder de esta secta cristiana instó a sus fieles a dejarse morir de hambre a sí mismos y a sus hijos para ir al cielo antes de que se acabara el mundo.

La jueza Diana Kavedza Mochache afirmó en una vista que duró más de ocho horas que, en algunos casos, se aisló a los niños y se les negó la comida mientras sus padres observaban. Por su parte, Mackenzie negó los cargos de asesinato durante el juicio y alegó que no obligó a las víctimas a morir de hambre o a sacrificar a sus hijos, si bien el tribunal rechazó este argumento.

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A JUICIO

Elena Burés

En total, se han recuperado más de 400 cadáveres del bosque de Shakahola, muchos de los cuales se encontraban en avanzado estado de descomposición, por lo que solo se han podido identificar 26 cuerpos. De todos ellos, la sentencia de este lunes ha abarcado 191 fallecimientos, mientras que las investigaciones sobre las demás muertes siguen en curso.
El caso de Mackenzie y su secta ha conmocionado a todo el país y ha suscitado dudas sobre cómo pudo seguir operando pese a estar en el punto de mira de las autoridades desde 2017, cuando la Policía ya registró sus instalaciones. Al parecer, en 2019 se trasladó al bosque de Shakahola cuando le cerraron la iglesia y siguió operando desde allí. También ha suscitado peticiones para que que se refuerce la supervisión de las organziaciones religiosas en un Estado donde la fe desempeña un papel destacado en la vida pública.

Inanición masiva en tres fases

En cuanto a la estrategia para acabar con la vida de sus feligreses, Mackenzie planeó la inanición masiva en tres fases: primero los niños, luego las mujeres y los jóvenes, y por último los hombres restantes. Este antiguo taxista, prohibió a los miembros de la secta enviar a sus hijos al colegio y acudir al hospital cuando estaban enfermos, para lo que tachaba a dichas instituciones de satánicas, según contaron algunos de sus seguidores a Reuters.

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Los miembros de la secta vivían en viviendas improvisadas de láminas de polietileno y paja que Mackenzie dividía en zonas con nombres bíblicos como Jerusalén y Judea. La difícil situación de sus seguidores comenzó a salir a la luz a mediados de marzo de 2023, cuando un vecino denunció a la Policía que su hermano y su mujer habían dejado morir de hambre a sus hijos en el bosque siguiendo las órdenes de Mackenzie.