Ha sido la mayor movilización popular aquí desde que el Gobierno de Donald Trump decidió el envío de miles de agentes para ejecutar redadas contra inmigrantes indocumentados. Una operación que puso en vilo a Mineápolis, una de esas ‘ciudades santuario’, donde las autoridades locales no cooperan con los federales en la detención y deportación de inmigrantes indocumentados. Entre alegaciones de redadas indiscriminadas y actuaciones abusivas de los agentes, con la resistencia e interferencia de muchos vecinos, la tensión se disparó a comienzos de mes por la muerte de una activista, Renee Nicole Good, a manos de la policía.
Decenas de miles de personas desafían a Trump y al frío en MIneápolis
ABC
«Merece la pena salir a salvar la democracia, con independencia del frío que haga», aseguraba a este periódico Robert, un veterano de Mineápolis que llevaba sombrero patriótico de Tío Sam. «La democracia es lo más preciado que tenemos en EE.UU. y MAGA está tratando de acabar con ella», añadía en referencia a ‘Make America Great Again’ (‘Hacer a EE.UU, grande otra vez), el movimiento político de Trump.
El frío era aterrador y poco habitual incluso en esta región, acostumbrada a vivir congelada en invierno. Con el viento que soplaba por las avenidas del centro de Mineápolis, la sensación térmica llegó a los -34 grados. Pero la gente acudió en masa, pertrechada con abrigos y pantalones de esquí, con el rostro sin apenas asomar, para evitar congelaciones. Y con uso generalizado de parches calentadores, que los voluntarios repartían en cada esquina.
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La manifestación fue convocada por sindicatos, grupos izquierdistas y organizaciones religiosas progresistas, con el llamamiento añadido de una huelga general en todo el estado: sin ir al trabajo, sin llevar a los niños al colegio, sin comprar nada… El seguimiento fue limitado en mucha parte del estado -como en resto del país, fuera de los centros metropolitanos la mayoría son republicanos-, pero generalizado en Mineápolis. Casi la totalidad de los negocios del centro estaban cerrados y su ‘skyway’ -una red de vestíbulos y puentes cubiertos que conectan los edificios, para evitar el frío- estaba plagado de manifestantes recolocando sus bufandas o metiendo pastillas calentadoras en guantes y botas.
Decenas de miles de personas desafían a Trump y al frío en MIneápolis
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El gran protagonista, junto al frío, de la marcha fue ICE, las siglas en inglés de la policía de inmigración y fronteras
Los agentes federales ocupaban buena parte de los carteles y de los gritos: ‘ICE fuera’, ‘ICE nazis’, ‘ICE, eres la Gestapo moderna’. Y, por supuesto, ataques a Trump, a Kristi Noem -la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, del que depende ICE- o a Gregory Bovino, el comandante de los agentes federales que campan ahora en Mineápolis.
La jornada había comenzado con turbulencias, con una protesta en el aeropuerto de Mineápolis que acabó con el arresto de cien personas. Entre ellos, miembros de esas organizaciones religiosas progresistas, con estolas coloristas.
La exigencia de la movilización es que ICE se vaya, que paren las redadas, que los agentes federales vuelvan por donde vinieron. Algo que no apunta a incurrir en un futuro cercano. Al contrario, la Administración Trump ha reforzado la presencia de agentes y ha comenzado los preparativos para un eventual despliegue del ejército, entre amenazas del presidente de invocar la Ley de Insurrección.
«Lo que está pasando es una falta de compasión total con los inmigrantes», protestaba Annie, una jubilada que acudió a la manifestación con un grupo de amigas. Según los datos de la Administración Trump, se ha detenido a cerca de tres mil inmigrantes desde el comienzo de la operación en diciembre, en medio de la resistencia -a veces, con disturbios violentos- de los vecinos. «Lo positivo es que nos ha hecho unirnos en paz y amor para denunciar esta política demencial», añadía.
Una de sus amigas, Bunny, aseguraba que esto no tiene que ver con detener a inmigrantes que son criminales. «Él busca intimidar a este estado», decía sobre Trump. «Trata de meternos miedo, de controlarnos, porque votamos a los demócratas».
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En otro punto de la marcha estaba Gary Brown, un vecino joven que caminaba con una bandera de EE.UU. y un cartel que rezaba: ‘¿Qué hubiera hecho Ronald Reagan?’. Aseguraba que su intención era «hacer reflexionar a los republicanos sobre las políticas de Trump» y apuntar a que Reagan, el presidente republicano más querido del último medio siglo, no lo haría (Reagan ha sido, de hecho, el último presidente en aprobar una gran reforma migratoria en EE.UU.).
«Tenemos que defender lo que América debe ser y lo que solía ser», decía este manifestante. «Da miedo ver cómo para esta Administración no hay imperio de la ley, cómo abusa de su poder con ICE, cómo no respeta los derechos de la gente. Y también cómo está rompiendo las alianzas con la OTAN y todo lo que significan para Occidente».
La marcha avanzó durante un par de horas por las avenidas del centro hasta llegar a Target Center, el estadio deportivo que es la casa de los Minnesota Timberwolves de la NBA. Allí muchos encontraron calor en los discursos encendidos de un mitin protagonizado por grupos izquierdistas, entre defensas de los derechos de las tribus nativas de Minnesota, llamamientos a la descolonización y alusiones al ‘people’s power’, el poder de la gente. El estadio estuvo lejos de llenarse, después de que muchos manifestantes optaran por volver a casa para refugiarse del frío.
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«Nos enfrentamos a la violencia de ICE sin violencia», dijo allí Randi Weingarten, presidenta de la Federación Americana de Profesores. «Nos enfrentamos a su caos y crueldad con pasión y comunidad».