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Trump amenaza a Irán con destruir los puentes y centrales eléctricas

Donald Trump aprovechó el domingo de Pascua, en uno de los momentos más tensos de la guerra con Irán, para lanzar su ultimátum más duro hasta ahora contra Teherán. Lo hizo a su manera, desde Truth Social, con una mezcla de exhibición de poderío … militar, desafío verbal y amenaza directa. «Abrid el jodido estrecho, malditos locos, o viviréis en el infierno. Ya lo veréis», escribió, en un mensaje que elevó todavía más el tono del pulso que mantiene con la república islámica.
No se quedó ahí. El presidente puso además fecha al desenlace. El martes, dijo, será el día en que Irán afronte las consecuencias si no reabre el estrecho de Ormuz, la arteria marítima por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. «El martes será el día de las centrales eléctricas y de los puentes, todo en uno, en Irán. No habrá nada igual», advirtió, en una referencia explícita a posibles ataques contra infraestructuras estratégicas del país.

La amenaza supone un salto cualitativo en esta guerra. Estados Unidos ha golpeado durante décadas objetivos militares, instalaciones nucleares, arsenales, centros de mando o posiciones de milicias, pero no ha hecho de la destrucción deliberada de infraestructuras civiles una bandera en sus grandes conflictos recientes.

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David Alandete

Cruzar esa línea tendría implicaciones militares, políticas y legales de enorme calado. El derecho internacional humanitario prohíbe los ataques contra objetivos civiles salvo que exista una justificación militar directa, clara y proporcionada. Si no se cumple ese criterio, esos bombardeos pueden ser considerados crímenes de guerra.
Trump lanzó ese mensaje apenas minutos después de anunciar el rescate del segundo aviador estadounidense derribado en Irán. Utilizó ese golpe de efecto para proyectar la idea de que Washington mantiene la iniciativa y puede escalar todavía más si Teherán no cede sus exigencias. La Casa Blanca intenta así combinar presión militar sobre el terreno con una intimidación pública destinada a quebrar la resistencia del régimen iraní.

Fin del ultimátum

El ultimátum no nació este domingo tampoco. Trump lo planteó hace días, cuando dio a Irán un plazo de diez días para reabrir Ormuz. Ese plazo vence este martes. Desde entonces, el presidente ha ido endureciendo el lenguaje, mientras dejaba abierta la posibilidad de que los ayatolás diesen marcha atrás y aceptasen una salida que evitara una nueva fase de la guerra.
Esa es una de las claves de esta crisis: la Casa Blanca ha querido mantener hasta el final una pequeña rendija para la negociación, pero siempre apoyada en la amenaza de un castigo devastador.
Lo que ha ocurrido es que Teherán no ha cedido, ni aun sometido a toda la presión. Irán ha mantenido el pulso, no ha dado señales de aceptar las exigencias estadounidenses y ha convertido el estrecho de Ormuz en un campo central de esta batalla. Para el régimen, resistir ahí tiene un enorme valor estratégico y simbólico. No solo pone a prueba la capacidad de Estados Unidos de imponer su voluntad, sino que también demuestra a sus aliados y a su opinión pública que no está dispuesto a rendirse bajo presión.
Esa resistencia iraní explica la escalada de Trump. A medida que se acerca el final del plazo de diez días sin avances visibles, el presidente ha pasado de las amenazas generales a señalar objetivos concretos, mientras ha anulado sus planes de viaje y ha permanecido en el Despacho Oval.
Ya no habla solo de represalias vagas o de una respuesta severa. Habla de puentes, de centrales eléctricas y de infraestructuras que sostienen el funcionamiento del país. Es una forma de decir que, si Irán no cede, la siguiente fase no consistirá solo en seguir golpeando capacidades militares, sino en afectar al corazón mismo del Estado iraní.

Si Irán no cede, la siguiente fase de EE.UU. no consistirá solo en seguir golpeando capacidades militares, sino en afectar al corazón mismo del Estado iraní

En Washington, ese tono ha provocado inquietud. El senador demócrata Tim Kaine alertó de que esa retórica es «realmente peligrosa», porque en una guerra abierta aumenta el riesgo de represalias contra militares estadounidenses capturados o aislados tras las líneas enemigas. La crítica no es menor. Llega justo después de una operación de rescate extremadamente delicada y recuerda que, en conflictos de este tipo, las palabras del comandante en jefe también tienen consecuencias sobre el terreno.
Pero Trump parece haber asumido ese riesgo. No da señales de querer rebajar la presión. Al contrario, ha optado por redoblarla en un momento en el que considera que Irán puede estar más debilitado y más expuesto. El mensaje del domingo de Resurrección fue, en ese sentido, algo más que una amenaza improvisada en redes sociales. Fue una advertencia con calendario, objetivos y voluntad de ser tomada literalmente.
Lo que está en juego ahora no es solo la reapertura de Ormuz ni el flujo del petróleo mundial. También está en juego la credibilidad del propio Trump, según se admite en su propio partido. Si Irán no se mueve antes del martes, el presidente tendrá que decidir entre ejecutar su amenaza y cruzar una línea que Estados Unidos ha evitado hasta ahora, o retroceder después de haber elevado el tono al máximo.

Mueren tres personas tras caerles encima un árbol durante una búsqueda de huevos de Pascua en Alemania

Tres personas han fallecido y varias han resultado heridas este domingo en la zona boscosa de Flensburg (Alemania) tras caerles encima un árbol mientras buscaban huevos de Pascua. Las víctimas mortales son una bebé de 10 meses; su madre, de 21 años, y una … joven de 16.
El árbol, de unos 30 metros de altura, probablemente se desplomó debido a las fuertes ráfagas de viento, según ha informado la Policía de Flensburg este domingo el periódico ‘Frankfurter Allgemeine Zeitung’. Además de los fallecidos, una personas resultó herida de gravedad.

Tras la caída del árbol, cuatro personas quedaron atrapadas, de las cuales, dos fallecieron en el acto: la joven de 16 años y la mujer de 21. La bebé de 10 meses fue trasladada en helicóptero al hospital de Kiel, donde posteriormente fallecido. La persona herida de gravedad fue llevada a un centro sanitario de Heide, según ha detallado la Policía.

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El accidente ocurrió en torno a las 11 de la mañana en Satrupholm cuando unos 50 residentes y personal de una residencia cercana se encontraban en el bosque buscando huevos de Pascua. «Presumiblemente debido a los fuertes vientos, un árbol cayó sobre el grupo», ha informado la Policía.
Las autoridades iniciarán una investigación para aclarar las causas de la caída y, por tanto, de las muertes. Aún se desconoce si el árbol presentaba daños o enfermedades preexistentes, pero la Oficina Forestal del Estado de Schleswig-Holstein ya ha sido informada del accidente. Miembros del Gobierno estatal han expresado sus condolencias.
Este domingo por la mañana, el Servicio Meteorológico Alemán pronosticó rachas de viento de entre 55 y 65 kilómetros por hora para el norte de Alemania y en algunas zonas se alcanzaron hasta los 80.

La operación de la CIA para rescatar al piloto estadounidense en Irán: dos días bajo el fuego enemigo e información señuelo

El segundo piloto de Estados Unidos perdido en Iran fue rescatado el sábado y su ejército logró sacarlo con vida del país enemigo tras casi dos días desaparecido en una zona de montaña, herido y perseguido por fuerzas iraníes y milicianos. Se trata del … oficial de sistemas de armas de un caza F-15E estadounidense derribado el viernes sobre territorio iraní. Su recuperación, según revelaron medios estadounidenses como The Washington Post y Axios, puso fin a una de las operaciones de búsqueda y rescate más delicadas de toda la guerra, porque la Casa Blanca se enfrentaba al riesgo de que uno de sus militares acabara capturado por el enemigo y exhibido por Teherán como trofeo político y militar.

El presidente Trump permaneció en la Casa Blanca siguiendo el rescate desde el Depacho Oval y él mismo anunció en persona que la misión se cumplió con éxito.

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La crisis comenzó cuando ese F-15E, un avión de combate biplaza de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, fue abatido en plena misión. Sus dos tripulantes lograron eyectarse. El primero, el piloto, fue localizado y rescatado con rapidez.
Pero el segundo, el oficial encargado de los sistemas de armas del aparato, quedó aislado en una zona montañosa iraní, sin posibilidad de ser evacuado de inmediato y con lesiones de consideración.
A partir de ese momento se abrió una carrera contrarreloj. Según esa reconstrucción publicada en la prensa estadounidense, el militar pasó cerca de dos días escondido en una grieta de la montaña, mientras unidades iraníes y grupos armados se acercaban a la zona. La presión aumentó cuando la televisión iraní empezó a difundir mensajes ofreciendo una recompensa por su captura.
También se emitieron llamamientos a la población para localizar a los aviadores caídos, y circularon imágenes de iraníes peinando el terreno.

Imágenes de la Guardia Revolucionaria Iraní en la que muestran uno de los aviones abatidos.

(AFP)

La gravedad del episodio no estaba solo en la desaparición del militar, sino en lo que podía significar. Un aviador estadounidense capturado en Irán habría supuesto un golpe durísimo para Trump en plena guerra. Habría dado al régimen iraní una victoria propagandística inmediata y habría abierto una crisis política y militar de primer orden en Washington.
Por eso la operación se convirtió en una prioridad urgente para la Casa Blanca. Trump suele pasar la Pascua en su residencia de Florida, pero permaneció en Washington con la primera dama.
Atentos: este Sábado de Gloria hay un marine apostado en la puerta del Ala Oeste desde las 08.00. Trump no se ha ido a Florida y sigue en la Casa Blanca, centrado en la crisis con Irán. pic.twitter.com/ipAw8XvWOC— David Alandete (@alandete) April 4, 2026
La respuesta de Estados Unidos combinó fuerza militar, inteligencia y engaño. Según The Washington Post, la CIA puso en marcha una operación de distracción dentro de Irán para hacer circular la idea de que el aviador ya había sido recuperado por fuerzas estadounidenses y que estaba siendo evacuado por tierra.
Con esa maniobra buscaban sembrar confusión, desviar a quienes lo buscaban y ganar tiempo para encontrar su posición real. Mientras esa campaña de engaño surtía efecto, la CIA logró localizar al militar desaparecido. Una vez fijada su posición, trasladó la información al mando militar y a la Casa Blanca. Fue entonces cuando Trump dio la orden de ejecutar la extracción.

Una aguja en un pajar

Un alto cargo de la Administración describió al Post la operación como la búsqueda de una aguja en un pajar, por la dificultad de localizar a un solo hombre herido en un terreno inmenso, abrupto y hostil.
La misión de rescate fue de alto riesgo. Participaron helicópteros, aviones C-130, tropas de operaciones especiales y otros equipos entrenados específicamente para recuperar a militares atrapados en entornos de combate.
Los aparatos estadounidenses tuvieron que volar bajo y despacio sobre las montañas iraníes, precisamente el tipo de maniobra que los hace más vulnerables al fuego enemigo.
Ese peligro se confirmó durante la propia operación. Dos helicópteros de rescate recibieron disparos desde tierra iraní. Algunos de los militares que iban a bordo resultaron heridos, pero todos consiguieron regresar con vida.
El rescate salió adelante, pero dejó claro que la operación se hizo en condiciones extremas y con una exposición directa al fuego enemigo.
Trump anunció el desenlace poco después de la medianoche del domingo con un mensaje en Truth Social: «¡Lo tenemos!». Más tarde añadió que el militar rescatado era coronel y que estaba «gravemente herido». También afirmó que había sido recuperado desde «lo profundo de las montañas de Irán», cuando las fuerzas iraníes estaban ya cerca de encontrarlo.

El episodio se produjo además en un momento especialmente delicado para la campaña aérea estadounidense. Al mismo tiempo que el F-15E era derribado, otro avión de combate de Estados Unidos, un A-10 Thunderbolt II, también fue alcanzado por fuego iraní. En ese caso, el piloto logró conducir el aparato hasta espacio aéreo de Kuwait antes de eyectarse, y también fue rescatado el viernes.
Eso significa que, en un mismo tramo de operaciones, Estados Unidos perdió un caza sobre Irán, vio otro avión alcanzado por fuego enemigo y tuvo que poner en marcha varias misiones de rescate en territorio o entorno hostil.
Para la Casa Blanca era una situación especialmente incómoda, porque rompía la imagen de control absoluto que Trump había intentado proyectar desde el inicio de la guerra y que defendió en un discurso a la nación el miércoles.
El resultado final fue favorable para Estados Unidos. El aviador salió con vida, todos los participantes en la operación regresaron y la Casa Blanca pudo presentar el desenlace como una demostración de capacidad militar.
Pero el coste fue evidente. Hubo aeronaves alcanzadas, helicópteros bajo fuego, militares heridos y dos días de incertidumbre en los que uno de los principales temores de cualquier guerra moderna estuvo a punto de materializarse, el de un soldado estadounidense desaparecido en manos del enemigo.

Trump admite haber enviado armas a los manifestantes iraníes durante las protestas de principios de año

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha admitido este domingo que su gobierno envió armas a los manifestantes de oposición iraníes en las violentas protestas de principios de año con la esperanza de fomentar un levantamiento contra el estamento clerical del país. Las protestas comenzaron a finales de año, cuando unas concentraciones iniciales contra la situación económica del país comenzaron a ganar tracción hasta convertirse en un estallido en firme contra las autoridades.El Gobierno iraní, que en principio toleró las marchas iniciales al entender que las quejas de la población eran perfectamente legítimas, acabó recurriendo a la fuerza para reprimir las protestas, que procedió a describir como una movilización artificial alentada por Estados Unidos e Israel contra la autoridad de los ayatolás.En cualquier caso, la consecuencia fue un enorme derramamiento de sangre: fuentes oficiales iraníes han llegado a confirmar más de 3.000 muertos mientras Estados Unidos asegura que las cifras reales se cuentan por decenas de miles.En este contexto, Trump ha declarado a la cadena Fox News que, en un momento dado, ordenó el envío de armamento a los manifestantes a través de la oposición kurda-iraní en el oeste del país. «Un montón de armas que enviamos a través de los kurdos», ha aseverado el presidente de Estados Unidos en una decisión que finalmente fue infructuosa. A estas alturas, el presidente sospecha que fue engañado por los propios kurdos. «Creo que ellos se quedaron con las armas», ha declarado.

El Servicio Secreto de EEUU investiga un tiroteo cerca de la Casa Blanca

El Servicio Secreto, responsable de la seguridad del presidente estadounidense, Donald Trump, ha informado de que está investigando un tiroteo ocurrido en la madrugada de este domingo en las inmediaciones de la Casa Blanca, en Washington D.C.»Poco después de la medianoche, agentes de la policía del Servicio Secreto respondieron tras recibir aviso de disparos en las inmediaciones del parque Lafayette», ha explicado un portavoz del Servicio Secreto, Anthony Guglielmi, en un mensaje publicado en redes sociales.Los agentes han realizado una «búsqueda minuciosa» en el parque y la zona cercana, pero «no ha sido localizado ningún sospechoso». Ahora trabajan con el Departamento de Policía de Washington D.C. y la Policía de Parques en la «búsqueda activa» de un sospechoso y un vehículo.»Nuestra investigación está activa. Las operaciones en la Casa Blanca continúan con normalidad, aunque se ha elevado el nivel de seguridad. Aún hay cortes de calles en la zona», ha explicado. La agenda presidencial especifica que el presidente Donald Trump ha pasado la noche en la Casa Blanca.

¿Paz en Oriente Próximo? Trump se juega su gran legado internacional en Irán

«Juntos hemos conseguido lo que todo el mundo decía que era imposible: por fin tenemos paz en Oriente Próximo». Donald Trump dijo estas palabras el pasado 13 de octubre en Egipto, en la cumbre en la que convocó a países de la región y … aliados de EE.UU. para celebrar el acuerdo alcanzado en Gaza. La declaración es parte de la hipérbole en la que opera Trump: fue un acuerdo importante, pero provisional y limitado, de alto el fuego e intercambio de rehenes, que no acababa con el polvorín de Oriente Próximo. Medio año después, ha sido Trump quien ha decidido que no es el tiempo para la paz, sino para la guerra: de manera conjunta con Israel, estamos en la sexta semana de campaña militar contra Irán, un conflicto decretado por el presidente de EE.UU., con ramificaciones en una docena de países de la región y que ha convulsionado la economía mundial por el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Pese a la paradoja, el fin de las hostilidades en Gaza y la guerra desatada contra Irán forman parte de una misma estrategia de Trump: la idea de un Oriente Próximo estabilizado, enfocado en la prosperidad y el intercambio comercial regional, con una presencia normalizada de Israel y con EE.UU. como aliado en los negocios y en el combate de quienes no persigan esta idea. Irán y la guerra que está en marcha son la pieza clave para conseguir o desbaratar este legado.

Si Trump hubiera perdido contra Kamala Harris en las presidenciales de 2024, no habría duda de que su gran legado en política exterior hubieran sido los llamados Acuerdos de Abraham. Cerrados en el final de su primer mandato, supusieron la normalización de relaciones de Israel con media docena de países musulmanes. En septiembre de 2020, Emiratos Árabes Unidos y Baréin fueron los primeros países árabes en reconocer formalmente a Israel desde que lo hiciera Jordania en 1994. Poco después se sumaron Marruecos y Sudán. Otras incorporaciones -Kazajstán, Somaliandia- se han hecho de forma más reciente.

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Camila Acosta

En mayo del año pasado, Trump dio un discurso de gran calado en Riad, la capital de Arabia Saudí. En él, abogó con más fuerza que nunca por la incorporación de sus anfitriones a los Acuerdos de Abraham. «Es mi sueño», dijo. Eso sería un catalizador de esa idea del Oriente Próximo estable y próspero. Lo dijo en un discurso de gran calado, que quedó enturbiado por las polémicas -escándalos de conflicto de interés- que acompañan siempre al presidente de EE.UU.
«Nuestra tarea es unirnos contra los pocos agentes de caos y terror que quedan y que han secuestrado los sueños de millones y millones de personas extraordinarias», dijo. Hablaba, claro, de Irán y de los grupos y milicias que Teherán apoya y financia en la región, desde Hizbolá en Líbano a los hutíes de Yemén o, por supuesto, Hamás, que echó el freno a los esfuerzos diplomáticos de EE.UU. con Israel con los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023.
En esa estrategia de Trump sobre Oriente Próximo, Irán es el obstáculo clave. El multimillonario neoyorquino ha tomado maniobras de agresividad creciente para acabar con la amenaza que representa: el asesinato en 2020 de Qasem Soleimani, el comandante clave de la Guardia Revolucionaria de Irán, los bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado y, finalmente, la guerra actual.

El lugar de Trump en la historia

La política exterior -en especial, sus esfuerzos en Oriente Próximo- podrían ser la principal herencia de Trump tras su segundo mandato. El rupturismo y la agresividad de su política doméstica ha tenido un paralelo fuera de casa: la ambición de anexión de Canadá y Groenlandia, la fractura con la OTAN, la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, la creciente presión a Cuba… Y la guerra en Irán, donde se lo juega casi todo.
«El curso de la guerra de Irán definirá el lugar de Trump en la historia», han defendido hace unos días los consultores políticos Douglas Schoen y Saul Mangel en ‘The Hill’. Ese curso de la guerra es, de momento, incierto. El conflicto aparenta estar enquistado, sin una salida clara. La superioridad militar de EE.UU. e Israel sobre Irán es evidente y pueden golpear objetivos a placer. Ha eliminado a parte de la cúpula de la República Islámica -empezando por su Líder Supremo, Alí Jamenei-, ha hundido la Armada iraní y puede seguir deteriorando su industria militar. Pero la justificación esencial de la guerra contra Irán -la amenaza nuclear- no ha desaparecido e Irán mantiene la suficiente capacidad militar para bloquear Ormuz, atacar a sus vecinos e incluso derribar aviones de guerra estadounidense, como acabamos de ver.
Trump respondió esta semana a este ‘impasse’ sin ofrecer claridad ni explicar qué condiciones supondrán que considera que los objetivos de la guerra se han cumplido. Solo confirmó que seguirá adelante y reconoció de manera implícita que la guerra se alarga más de lo que él preveía: de una campaña de entre cuatro y seis semanas pasamos a otra de, por lo menos, entre siete y ocho semanas, según sus palabras.
Seguir con el conflicto es una decisión que algunos ven necesaria. «Ahora que la guerra de Irán está aquí, EE.UU. debe completar su misión», ha defendido Frederick Kempe, presidente del ‘think tank’ Atlantic Council. Defiende que los países del Golfo, aunque de forma menos abierta que Israel, exigen a EE.UU. que siga con los ataques contra Irán.
«Hay muchos análisis pesimistas sobre la guerra en estos momentos, pero dejan de lado una oportunidad histórica», ha asegurado Kempe. La guerra podría «neutralizar al gran desestabilizador de Oriente Próximo en las últimas cuatro décadas y crear nuevas oportunidades para la prosperidad y la seguridad regional».
Es evidente que hay una tensión entre la perspectiva de la guerra desde de EE.UU. -donde abundan esos análisis pesimistas- y la de quienes anhelan un Irán que no sea una amenaza. La guerra ha llevado la gasolina en EE.UU. por encima del umbral psicológico de los cuatro dólares por galón y el mordisco a los bolsillos de los estadounidenses seguirá creciendo si la guerra se alarga. Esto es material político tóxico, en especial en un año electoral como este, donde los republicanos se juegan en otoño sus mayorías escasas en las dos cámaras del Congreso.

La subida del galón de gasolina es material político tóxico, en especial en un año electoral, donde los republicanos se juegan sus mayorías escasas en las dos cámaras del Congreso

Algunos piden a Trump que eso no pese en su estrategia en Irán. Zineb Riboua, investigadora del ‘think tank’ conservador Hudson Institute, considera que la guerra supone una «rara oportunidad estratégica» para solidificar y ampliar los Acuerdos de Abraham, para llevarlos del «simbolismo diplomático a una arquitectura de seguridad integrada». Una oportunidad, también, para que China no le coma terreno a EE.UU. en esta región, como ha hecho en los últimos años.
Ese resultado, sin embargo, no está garantizado. El rumbo de la guerra sigue abierto. Los caminos que podría tomar Trump van desde una operación terrestre llena de riesgos a una traca final de ataques a extraer una solución negociada de lo que queda de la teocracia iraní. Lo único seguro es que sus errores y aciertos definirán el tiempo que le queda en la Casa Blanca y su legado.