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El Gobierno confirma dos españoles muertos y 80 desaparecidos tras los terremotos de Venezuela

El Ministerio de Asuntos Exteriores de España informó de la muerte de dos españoles en los terremotos de Venezuela, confirmada por familiares, y que en estos momentos hay otros 80 ciudadanos nacionales desaparecidos.Fuentes de Exteriores aseguraron que «el número de españoles no localizados en estos momentos es de 80» y lamentaron «profundamente el fallecimiento de dos españoles confirmado por sus propios familiares», a quienes trasladaron sus condolencias.Además, el Ministerio de Asuntos Exteriores lamentó también el fallecimiento a causa de los terremotos de un conductor de la Embajada de España en Caracas, de nacionalidad venezolana, junto a su mujer y sus dos hijas.Tras trasladar también sus condolencias a los allegados de estas víctimas, Exteriores recordó que las líneas de emergencia consular están abiertas y operativas en todo momento y que sus números se pueden consultar en las redes sociales del Ministerio y de la Embajada en Venezuela».Horas antes de confirmarse la existencia de víctimas españolas, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, subrayó que su departamento está centrado en elaborar un censo de la situación en la que se encuentra la colonia española en Venezuela, que asciende a unas 150.000 personas.En declaraciones facilitadas a los medios durante la escala que hizo el avión en el que viajaba con el rey de camino a México, Albares realizó un llamamiento a quienes no hayan contactado con la embajada en Caracas ni con el consulado correspondiente a que estén atentos a las redes sociales de ambos así como del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde van a encontrar los teléfonos de emergencia consular para poder estar en contacto, una recomendación que extiende a cualquier español de tránsito por Venezuela.También explicó que el edificio del consulado de España en Caracas ha sufrido daños «de una cierta envergadura» a causa del seísmo, en el que se han contabilizado por ahora 235 fallecidos y más de 4.300 heridos, y que la embajada ha sufrido desperfectos pero «son menos importantes».

Miedo, angustia y frustración cuando estás a 7.000 kilómetros de tu casa en Caracas

Me despierto y mi teléfono está inundado de mensajes. Ese siempre es el preludio de las malas noticias. «¿Tu familia está bien?», «¿Cómo está tu gente en Venezuela?», me preguntan. Espero que sí, no lo sé. ¿Qué carajo ha pasado? Parece que … la tierra se sacudió violentamente. Hay varios muertos.
La última mañana que recuerdo así fue la del 3 de enero. Toda la ciudad se había levantado con los misiles y las detonaciones de los helicópteros estadounidenses que acababan de entrar en Caracas. Todos menos mis familiares, que no me contestaban los mensajes.

Aún no se sabía que habían capturado a Maduro, pero estaba claro que era una operación militar contra la dictadura. Reinaba la desinformación y yo quería celebrarlo, pero tenía miedo de que uno de esos misiles hubiese caído sobre mi gente. Más tarde, cuando mis padres se despertaron, me dijeron con toda la tranquilidad del mundo que no se habían levantado porque pensaron que las explosiones eran los fuegos artificiales de Nochevieja que le habían sobrado a algún trasnochado.

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Ahora esa es una anécdota que se cuenta rápido, pero para mí fueron horas largas y angustiantes, como para los casi ocho millones de exiliados que, como yo, están a miles de kilómetros de casa. Porque, si verse forzado a emigrar y tener que crear una nueva vida lejos de los tuyos es deplorable, que nos separen tantos husos horarios lo complica todo aún más; cuando yo me despierto ellos duermen, y cuando yo me duermo, a ellos aún les queda toda una tarde por delante. Y ese desfase de vidas es el que me mantiene en vilo mientras comienzo a escribir esta crónica.
Este jueves por la mañana, entre todos los wasaps, busqué alguno de mi familia. Y solo encontré un escueto mensaje de mi padre: «Hubo un terremoto, pero estamos bien. Mala señal de teléfono». Eso es todo lo que tengo. Aún estoy esperando que me conteste y me dé más información, antes de que las líneas de teléfono, como no es extraño que suceda, colapsen por completo.

La Guaira, al este de Caracas, fue una de las zonas más afectadas por los terremotos.

(Reuters)

En cambio, en los grupos que tengo con amigos, la información era más copiosa. Hay intercambios de experiencias. De miedo. De terror. Cada uno cuenta cómo lo vivió. Uno de mis mejores amigos, que no ha podido pegar ojo por la adrenalina que todavía corre por su sangre, pensó que se iba a morir en su casa, porque la violencia con la que se sacudía era tal que el edificio quedó desnudo de paredes.

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Entro en X y se me ponen los pelos de punta. Parece que tuvo que suceder esta tragedia para que la censura levantara el bloqueo al que estaba sometida la plataforma en el país y más o menos pudiera fluir la información. En las imágenes que circulan, esa ciudad que ya recuerdo como golpeada y deteriorada está ahora devastada. Allí donde había edificios, ahora hay escombros. Y el golpe es doble, porque no son calles cualesquiera; esas eran las rutas que yo hacía a diario. Esos edificios en los que antes había fachadas sólidas, ahora están abiertos por la mitad y se puede ver su intimidad, los salones y las vidas que sucedían ahí dentro.

Una tragedia anunciada

Pero la verdad es que esto era una tragedia anunciada. El último evento sísmico de esta magnitud sucedió en 1967, el recordado terremoto cuatricentenario que también golpeó fuertemente a Los Palos Grandes, una de las zonas más afectadas hoy. Caracas es una ciudad que cada 50 años revive un episodio similar. Se preveía que una crisis de esta naturaleza sucedería en estos años, pero nadie tomó medidas.
Por la información que ha trascendido, leo que hasta ahora hay 32 muertos confirmados. Pero tiene que haber más. Siempre hay más. Veo personas atrapadas entre las ruinas. ¿Cuántas personas estarán aún vivas bajo los escombros, con ese pánico claustrofóbico, sabiendo que morirán asfixiadas? Y al poco tiempo leo que el Servicio Geológico de Estados Unidos estima entre 10.000 y 100.000 muertos en Venezuela por el doble terremoto. Maldita sea. Uno se acostumbra a ver este tipo de catástrofes en las noticias asumiendo que siempre le pasan a otros, en otros países. Hasta que un día la tragedia lleva el nombre de tu ciudad y los que están bajo los escombros son los tuyos.

Un cuerpo yace atrapado bajo los escombros de un edificio derrumbado en La Guaira.

(AFP)

Todo sigue siendo incierto porque nadie se hace cargo. No hay gente competente al mando; si no pueden garantizar el agua corriente o la electricidad, ¿van a responder ágilmente ante una tragedia de esta magnitud? A través de internet noto que la información es escasa y todavía no se sabe la dimensión real del desastre. En la radio hablan mucho, pero dicen poco. La autocensura sigue vigente; nadie se atreve a decir demasiado, no vaya a ser que los acusen de terroristas.
Pero la gente, que no espera que el Estado responda, se pone manos a la obra. Debido a esa iniciativa civil, comienzan a florecer páginas web para reportar desaparecidos, en las que se pueden poner nombres, fotos, documentos de identidad y último lugar visto, además de los datos de contacto del denunciante. A ver si alguien en otro sitio puede verlo, encontrarlo y avisar. Al momento de escribir esto, veo en una de esas páginas que hay más de 11.000 desaparecidos, pero han sido encontrados más de 400.
Revisar esas interminables listas de nombres desde el otro lado del océano me recuerda la absoluta impotencia de la distancia. Ya me sentía culpable por emigrar, por sentir que había traicionado a mi país en la lucha. Y en episodios como estos me frustra no poder estar ahí, viendo cómo ayudo o, al menos, estando al lado de los míos. Me siento culpable porque, al terminar de escribir esta crónica, me iré al trabajo con total normalidad, mientras allá, en el que fue mi nido, siguen aumentando las muertes.

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Hasta que, por fin, la pantalla del teléfono se ilumina de nuevo con la notificación que tanto esperaba. Es mi padre que me llama. Primero escucho a mi madre, que me confirma que están bien. El edificio en el que viven tiene grietas, pero no son estructurales. Dentro del piso, todo se vino abajo y todo lo que se podía romper se rompió. Después mi viejo me confirma que la desinformación en las calles es total y me cuenta que hay gente que no ha querido regresar a sus apartamentos, montando tiendas de campaña frente a módulos de la Policía. Ellos corrieron con suerte. Sin embargo, mientras escribo este final, veo que la cifra de muertos ya ha aumentado a 188. Y la verdad es que estoy harto de las tragedias en Venezuela; ya va siendo hora de que nos alcance una buena noticia. Despertar un día repleto de mensajes de celebración.

La llave de EE.UU. para abrir un protectorado en Venezuela

En los anales del chavismo, se recuerda la negativa de Hugo Chávez, como muestra temprana del repudio al «Imperio» (Estados Unidos), a recibir dos barcos con ayuda material y 450 ingenieros militares que enviaba el presidente Bill Clinton tras los graves deslaves de … la Guaira ocurridos en diciembre de 1999.
A menos de un año de haber llegado a la presidencia, Chávez aceptó inicialmente alguna ayuda internacional, incluida la de EE.UU., pero enseguida quiso utilizar la llamada ‘Tragedia de Vargas’ –el mayor desastre natural en Venezuela, con un número impreciso de miles de muertos, antes de los terremotos del miércoles– para autoafirmarse y marcar distancias respecto a Washington. Los dos barcos estadounidenses tuvieron que dar media vuelta, creando un cisma que solo ahora, también en medio del drama, se está superando.

A diferencia de entonces, la tragedia —que ha afectado también especialmente a La Guaira, además de su impacto en la cercana Caracas– está sirviendo para estrechar los lazos entre la Administración Trump y Delcy Rodríguez, ‘presidenta encargada’ de Venezuela. La destrucción generada por los seísmos va a propiciar que la ayuda de Estados Unidos se vuelque sobre un país sobre el que Washington adquirió cierta responsabilidad cuando en enero detuvo a quien ejercía de presidente, Nicolás Maduro, y puso la nación caribeña bajo una suerte de protectorado estadounidense.

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Los protectorados, aunque sean laxos e informales, como es el caso, cuestan siempre su dinero. Conocido el estilo de Trump, que pretende no hacer nada gratis, los gastos que EE.UU. dedique a recuperar edificios e infraestructuras probablemente se cobren en petróleo y otras ventajas. De hecho, la perspectiva de una «reconstrucción» con urgencia y alcance agravados por la destrucción sísmica puede hacer aumentar el grado de dependencia que Venezuela acabe adquiriendo respecto a Washington, aunque no se plantee ninguna fórmula que declare una sumisión oficial.
Si la devastación hubiera sido completa, la situación podría empujar hacia un protectorado efectivo, como único modo de salvación nacional. Pero a pesar de que el número de muertos y el grado de destrucción puede aún valorarse al alza, todo indica que el país ha quedado en pie.

Validar la gestión de Rodríguez

En 1999 y comienzos de 2000, Chávez quería demostrar que no necesitaba a Estados Unidos; el progresivo aumento del precio del petróleo que entonces se iniciaba (en el caso del crudo venezolano partía de unos 10 dólares el barril y en una continua ascensión superó los 100 dólares a la muerte de Chávez) le aportaba ingresos suficientes para sufragar su «revolución», además de alimentar la mayor corrupción de la historia del país.

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Un cuarto de siglo después, a Rodríguez le viene impuesta la dependencia respecto a la potencia norteamericana, por lo que lejos de hacer ascos a la ayuda ‘gringa’ lo conveniente para ella es que esta sea abundante. Sin posibilidad de incrementar por su cuenta el bombeo de petróleo, dado su colapso financiero, la estatal Pdvsa necesita el concurso de las inversiones extranjeras en ese sector, especialmente las estadounidenses. Por ahí pasa cualquier recuperación económica del país; a Rodríguez le urge que esa mejora llegue a los ciudadanos (algo que de momento no está ocurriendo) y así poder validar su propia gestión y encarar con garantías cualquier proceso electoral.

Mayor tándem Trump-Rodríguez

El esfuerzo conjunto en la adversidad une a las personas, y la tragedia de estos días ata más a Trump y Rodríguez. Si ya el presidente estadounidense se mostraba complaciente con quien dio un paso al frente para sentarse en la silla de Maduro (además, su hermano, Jorge Rodríguez, es presidente de la Asamblea Nacional y uno de los principales operadores políticos del país), ahora posiblemente se prestará a un mayor tándem con ella.
La designación la semana pasada, por parte de la Administración Trump, de Dinorah Figuera (presidenta de la Asamblea Nacional que dominó la oposición en 2015, que el chavismo soslayó propiciando una Asamblea alternativa), como negociadora con el poder chavista para comenzar a consensuar un nuevo Consejo Nacional Electoral que pueda gestionar unas futuras elecciones, confirma que Washington quiere conducir el proceso político con gran deferencia hacia el poder constituido.
Venezuela recibirá estos días la ayuda humanitaria de muchas naciones, y los organismos multinacionales como el Fondo Monetario Internacional pondrán a disposición del gobierno venezolano financiación especial para afrontar la situación. Pero las capacidades logísticas de EE.UU., con barcos ya presentes en el Caribe, desplegados en la lucha contra el narcotráfico, que pueden actuar como plataforma próxima a Venezuela desde la que coordinar operaciones, harán a los uniformados estadounidenses muy visibles en las calles de las zonas afectadas. Chávez hizo dar la vuelta a los marines, Rodríguez no tiene más remedio que abrazarlos.

La Guaira, veinticuatro horas después: saqueos, muertos sin contar y ninguna autoridad a la vista

El polvo se pega al paladar y no sale. La bajada hacia Playa Verde, en el estado La Guaira, es una sucesión de fachadas reventadas y muros que se vinieron abajo como si fueran de cartón. Los que buscan a los suyos no hablan. Escarban. … A esta hora, más de veinticuatro horas después del doble terremoto, no hay una sola autoridad visible en esta calle. Ni una ambulancia. Ni una patrulla. Ni un funcionario con chaleco.
Norma Trujillo tiene sesenta y tres años y lleva medio siglo en este barrio. Es chavista de base, vocera del consejo comunal, jefa de la calle Sucre. Eso no la protegió de nada. A las seis de la tarde del martes, justo cuando cantaban el himno por la Batalla de Carabobo, un bajón eléctrico precedió al ruido que subió desde el piso. Después todo se movió. Un muro se desprendió entero. Su yerno corrió a agarrar al nieto de cinco años, que jugaba en la escalera con una vecinita y un perrito. Una viga le cayó en la cabeza al pequeño. Norma se lo quitó de los brazos. El niño convulsionaba, botaba coágulos por la boca, sangre por los oídos. Lo subieron al carro de un vecino. La autopista estaba bloqueada. Llegó muerto al hospital.

«Esto es peor que la tragedia del año noventa y nueve. Peor, peor, peor», dice Norma sentada en la misma escalera donde su nieto jugaba hace treinta horas. A pocos metros, un matrimonio sigue tapiado. Dos hermanos murieron en la calle de al lado. Una joven con su bebé de tres meses quedó sepultada. Norma los enumera con la precisión de quien lleva el censo del barrio en la cabeza.

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«Aquí no ha venido el alcalde, no ha venido el gobernador, no ha venido Protección Civil, no han venido los cuadrantes de paz. Nadie. Cualquier moto que pasa nos da una garrafa de agua. Eso es todo lo que hemos recibido.»
La comparación con el deslave que arrasó este mismo litoral y dejó miles de muertos, sale de la boca de todos sin que nadie la provoque. Pero algo cambió. En aquella tragedia, Hugo Chávez rechazó la ayuda de Estados Unidos. Hoy, Delcy Rodríguez agradeció públicamente a Trump y a Bukele y aceptó rescatistas extranjeros. El gesto dice más sobre el estado real de Venezuela que cualquier cifra oficial.
Mientras esa ayuda llega, La Guaira se gobierna sola. Las comunicaciones llevan cortadas desde el martes Sugey Avendaño, de treinta y tres años, bajó en moto , porque no hay transporte. Su madre vive en esta zona en una casa vieja. Cumple sesenta y cuatro años mañana. No sabe nada de ella. «Nadie se ha pronunciado», dice sin mirar a nadie. Le pregunto a qué le teme. Se queda callada. «A que no esté.»

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En todo el recorrido por Playa Grande y Catia La Mar no encontramos una sola torre de Misión Vivienda, el programa habitacional insignia del chavismo, que se hubiera salvado. Todas agrietadas, partidas, inhabitables. El hotel Marriott, de inversión española, quedó sin paredes en gran parte de su fachada, con las habitaciones a la vista desde la calle. Más al este, en Macuto Mario Suárez describe lo que vio al amanecer: «Edificios tras otro reducido a tres, cuatro metros de altura. De quince, dieciséis pisos. Increíble». Calcula que los muertos son incontables. Necesitamos que nos apoyen porque es mucha gente. Mucha.»
Los saqueos empezaron al amanecer. Rejas arrancadas, estantes vacíos, vidrieras rotas. Sin policía ni guardia nacional, los vecinos se organizan solos para proteger lo que queda. La única ayuda es de civiles: motorizados con agua, voluntarios con bolsas de comida. Daniela, una vecina que caminó hasta Marina Grande buscando a su hermano, lo dice sin rodeos: «He pasado cuatro veces por aquí y es como si estuviéramos desamparados. Vi gente que sacaba niños. Lo vi, lo viví».

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El gobierno habla de alrededor de docientos muertos en todo el país, pero esa cifra no incluye al estado La Guaira. Aquí, los vecinos cuentan los fallecidos por decenas solo en sus calles. Nadie ha venido a contarlos oficialmente. Las morgues no se dan abasto. Norma sigue sentada en su escalera, con las rodillas raspadas y los ojos secos. Mañana tiene que enterrar a su nieto. No sabe dónde.

Estados Unidos suspende las sanciones por el terremoto de Venezuela

26/06/2026 a las 05:11h.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos levantó las sanciones a Venezuela, de manera temporal hasta el próximo 23 de octubre, para permitirle realizar transacciones siempre y cuando estén vinculadas con «labores de socorro» por el doble terremoto registrado este miércoles.
El … fuerte sismo de 7.5 grados, que ha dejado por ahora más de 235 fallecidos y más de 4.300 heridos, es el motivo por el cual Washington decidió tomar la medida para facilitar las operaciones que «de otro modo, estarían prohibidas por el Reglamento de Sanciones contra Venezuela (VSR, por sus siglas en inglés).

La directriz deja claro que esta autorización no incluye el desbloqueo de bienes sujetos al reglamento de sanciones, en el marco legal establecido por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), según la agencia EFE.

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Jorge Benezra

Tampoco aplica a «ninguna otra transacción o actividad prohibida por otra Orden Ejecutiva o por cualquier parte» estipulada en el capítulo de sanciones aplicadas.
Estados Unidos ha flexibilizado las restricciones, levantando temporalmente las sanciones después que capturó a Nicolás Maduro el 3 de enero pasado. En ese sentido, La OFAC ha emitido permisos y licencias para la explotación y comercialización del petróleo.
Previamente, el Departamento de Estado de EE.UU. anunció en un comunicado el envío de 100 millones de dólares para la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en Venezuela, y otros 50 millones para operar sobre el terreno.

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El doble terremoto de 7.2 y 7.5 grados de intensidad del miércoles que se inició a las 18:04 hora local con una diferencia de 39 segundos ha registrado más de 140 réplicas posteriores, destruyendo vastas zonas residenciales de Caracas y su litoral central en La Guaira.

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Sheinbaum recibe al rey Felipe VI en México para sellar la normalización de la relación

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha recibido este jueves (madrugada del viernes en España) al rey Felipe VI en el Palacio Nacional, en un encuentro que ha escenificado el deshielo diplomático entre ambos países y ha consolidado el acercamiento tras años de tensiones por la petición mexicana de que la Corona española se disculpara por la conquista de América.En un mensaje en redes sociales, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE, Cancillería) de México informó que el canciller, Roberto Velasco, fue el encargado de dar «la bienvenida al país al jefe de Estado español, el rey Felipe VI, en el marco de su visita oficial a México».»México y España continúan fortaleciendo sus lazos diplomáticos en beneficio de la relación y del bienestar de sus pueblos», añadió la Cancillería mexicana.El histórico encuentro de este jueves entre Sheinbaum y el rey Felipe VI marca un nuevo paso en la normalización de las relaciones bilaterales emprendida hace años, después de que en 2022 se desatara una crisis diplomática ante la petición de perdón por la conquista de América.Aunque el monarca viaja al país norteamericano para asistir al partido del Mundial que enfrentará a las selecciones de España y Uruguay en la ciudad de Guadalajara, hizo una breve parada en Ciudad de México para citarse con la mandataria.En un comunicado, el Gobierno mexicano indicó que la ceremonia oficial de bienvenida, que se realizó en el Salón Embajadores de Palacio Nacional, se entonaron los himnos nacionales de México y España; posteriormente, se realizó la toma de fotografía oficial del encuentroSheinbaum estuvo acompañada por el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco; el jefe de Oficina de la Presidencia de la República, Lázaro Cárdenas Batel; y el embajador de México en España, Quirino Ordaz.Por España, además de Felipe VI asistieron el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares; la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón Jaime; el jefe de la Casa del Rey, Camilo Villarino Marzo; el embajador de España en México, Juan Duarte Cuadrado; la consejera diplomática de la Casa del Rey, Carmen Castiella Ruiz de Velasco; y el jefe de Oficina del ministro, Sergio Cuesta Francisco.Albares destaca el «momento extraordinario» de la relaciones entre España y MéxicoAlbares destacó esta madrugada el «momento extraordinario» que atraviesan las relaciones entre España y México. «Recién aterrizado en México, acompaño a S.M. el Rey en el encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum, en un momento extraordinario de nuestras relaciones», escribió Albares en la red social X.El jefe de la diplomacia española subrayó, además, que ambos países comparten «un firme compromiso con la democracia, el derecho internacional y el multilateralismo».Albares afirmó que España y México están unidos por «profundos lazos culturales, históricos, económicos y, sobre todo, humanos» y aseguró que ambos países continúan «fortaleciendo» sus relaciones «de hermandad y cooperación».Las declaraciones de Albares llegan después del encuentro mantenido en el Palacio Nacional entre Felipe VI y Sheinbaum, considerado un nuevo paso en la normalización de las relaciones bilaterales tras las tensiones diplomáticas surgidas en los últimos años.