Una ucraniana refugiada en Berlín: «Yo tenía 53 años y me creía a salvo de la violación de los rusos»
«Sabía que estaban violando a las jóvenes, pero yo tenía 53 años y me creía a salvo», comienza su relato. Pero, el 7 de marzo de 2022, dos soldados rusos irrumpieron en su casa, en la Ucrania ocupada, en la región de Kiev. Uno … de ellos le disparó a su marido en el estómago y en una pierna. El otro la arrastró por los pelos a una casa vecina. Quedó inconsciente tras la violación y, cuando despertó, se arrastró de vuelta como pudo para encontrar en el suelo a su marido, que murió dos días después. Los soldados rusos les robaron también el coche, pero lo devolvieron días más tarde, con la letra V pintada en color rojo.
Esta ucraniana, que pide permanecer en el anonimato, no puso en aquel momento ninguna denuncia. No había autoridades competentes. Se había convertido en una más de la larga lista de viudas ucranianas y terminó huyendo con su prima a Alemania. Fue allí donde fue conociendo un goteo de relatos de refugiadas como ella, que también habían sufrido violaciones por parte de los soldados invasores. «Hay algunos días en que necesito olvidarlo y hay otros días en que necesito recordarlo, porque hemos sido muchísimas mujeres y aunque sea imposible hacer justicia, necesito denunciarlo, para que tampoco ellos puedan olvidar lo que han hecho», dice ante un grupo de periodistas en una cafetería de Berlín.
Hasta finales de 2025, se registraron oficialmente 255 casos de violencia sexual por parte de soldados rusos contra mujeres y niñas en la fiscalía ucraniana. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU en Kiev ha documentado 61 casos de este tipo, pero sus funcionarios están seguros de que las cifras son ridículas respecto a la realidad. Iryna Dovgan, fundadora de «SEMA Ucrania», ha denunciado «crímenes de guerra» y llama a las mujeres a romper el tabú. No hay estadísticas fiables, pero las autoridades ucranianas aseguran que las violaciones han sido muy numerosas. El Centro de Documentación Lemkin, con sede en Berlín, ha reunido información y ha denunciado el «uso sistemático de las violaciones y otras formas de violencia sexual como arma de los agresores rusos contra las mujeres ucranianas en las zonas ocupadas».
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Ucrania
Fernando Goitia
A muchas de estas refugiadas les ha servido de ayuda el testimonio de Anna Korschun-Samtschuk, una de las primeras víctimas que habló públicamente de su sufrimiento. «El mundo debe saber lo que los soldados rusos están haciendo a las mujeres ucranianas en nombre de Vladimir Putin… Si no halamos ahora, volverán a ser perdonados», ha llamado a la acción en redes sociales.
Pero las mujeres temen perder a sus maridos si cuentan lo que sucedió, como otra de las refugiadas en Alemania, que fue diagnosticada de hepatitis C después de ser golpeada y violada. «Cuando mi marido volvió del frente por un permiso fingí que estaba enferma de otra cosa y no le conté nada. Sólo cuando mi marido murió y yo estuve lejos de los rusos, al escuchar a otras mujeres, me atrevo a hablar de esto, pero por favor no saquen mi nombre ni mi cara. Tengo hijos a los que proteger», pide a cambio de su testimonio.
Esclavas sexuales en el frente
Su compañera de piso fue detenida en enero de 2023 por hombres enmascarados y llevada al frente en la región de Zaporiyia. En una granja ocupada por los rusos, fue forzada a servir como esclava. Varios días después, un mayor ruso entró en el establo y la encontró sucia y ensangrentada. Dijo que no quería mujeres allí y la echó. «Apenas me tenía en pie, tuve que caminar por campos minados, a través del frente, refugiarme en un puente destruido y arrastrarme hasta un puesto de control ucraniano a altas horas de la noche», relata su camino a la libertad.
«Los mandos del ejército ruso permiten estas violaciones porque les sirven como arma de sometimiento del pueblo ucraniano
«Los mandos del ejército ruso permiten estas violaciones porque les sirven como arma de sometimiento del pueblo ucraniano. Consiguen aterrorizar y paralizar a la población, evitar la resistencia», explica Tetiana Tipakova, que dirige la organización «Ridna Stezhka». En su trabajo diario de ayuda a ucranianos desplazados se ha encontrado con tantas mujeres afectadas que esta casuística le permite calcular que «nueve de cada diez han sido violadas por los rusos y no hay ninguna que no haya sido objeto de algún tipo de violencia».

