Los últimos judíos de Irán: sobrevivir en la guarida de los ayatolás
«Hay que borrar a Israel del mapa». Con esta declaración de intenciones llegó al poder Mahmoud Ahmadineyad en agosto de 2005. El nuevo presidente iraní rescataba así la amenaza lanzada por el imán Jomeini un cuarto de siglo antes, cuando triunfó la … Revolución Islámica. La declaración del ayatolá en 1979 fue: «El régimen corrompido de Israel debe ser aniquilado». Era el inicio de un conflicto que vive hoy sus peores horas, tras el ataque perpetrado contra Irán por el Gobierno de Netanyahu, hace un mes, con el apoyo de Estados Unidos.
En medio de los bombardeos, con sus más de 3.000 muertos y un millón de desplazados, no mucha gente sabe queIrán alberga todavía hoy la mayor población judía de Oriente Medio –si exceptuamos a Israel– y que en la segunda mitad del siglo XX era una comunidad con gran influencia en la sociedad del país. También ignora que, desde hace décadas, en Israel residen cientos de miles de judíos iraníes que siguen la guerra con especial preocupación por los familiares que dejaron en sus tierras de origen.
«En realidad, la presencia judía en Irán se remonta a 2.700 años. Durante siglos, los judíos iraníes han ido y venido entre Irán e Israel. Se dice que actualmente viven en Israel unos 250.000, incluyendo la cuarta y quinta generación, así como aquella que tienen solo un lado de su familia originaria de Irán», asegura a ABC el historiador Lior B. Sternfeld, profesor de Estudios Judíos en la Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos) y autor de ‘Between Iran And Zion: Jewish Histories Of Twentieth Century Iran’ (‘Entre Irán y Sion: Historias judías de Irán en el siglo XX’, Stanford University Press, 2018).
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La serie ‘Teherán’, disponible en Apple TV, retrata bien esa realidad, aunque haya pasado desapercibida en España y las autoridades de Irán la hayan calificado de «antiiraní y promiscua». Su protagonista es una espía judía iraní que intenta desbaratar un programa nuclear. Su némesis, el todopoderoso jefe de la inteligencia iraní, interpretado magistralmente por el actor Shaun Toub, es también judío e iraní. Nacido en Teherán y conocido por su papel en ‘Homeland’, el intérprete se crio en Mánchester después de que su familia huyera durante la revolución. En la actualidad organiza todo tipo de eventos para dar a conocer la situación de su comunidad.
En armonía con los musulmanes
Esta cambió con la llegada de Jomeini, primero, y Ahmadineyad, después, que incrementaron la presión sobre ellos. Antes de la revolución, sin embargo, los judíos iraníes vivían perfectamente integrados y en armonía con los musulmanes, pero luego se impuso la república islámica y creció el hostigamiento. Muchos de ellos se marcharon al exilio y esta comunidad descendió vertiginosamente. Se calcula que antes de la caída de Mohammad Reza Pahlaví había 70.000 judíos en Irán. En la actualidad quedan unos 20.000 repartidos entre Teherán, Isfahán y Shiraz.
«Ahmadineyad dice que está en contra de los sionistas, no de los judíos, pero cada atentado que sufrimos lo celebran»
Arash Abaie
Rabino de Teherán
«La llegada de Ahmadineyad no nos hace sentirnos cómodos. Dice que está en contra de los sionistas, no de los judíos, pero no nos tranquiliza. Cada atentado que sufrimos lo celebran. El Gobierno habla de respeto, pero si fuera cierto, tendría que asumir nuestra relación con Israel, la Tierra Prometida, y reconocer el Holocausto», contaba a ABC, en el año 2006, Arash Abaie, rabino de una de las principales sinagogas de la capital. Aun así, la comunidad cuenta con un representante en el Parlamento. Eso no impide que las series producidas por la televisión nacional los califique como «el enemigo» y que, en 2009, se desatara una fuerte polémica cuando el ‘Daily Telegraph’ aseguró que el segundo apellido del presidente iraní, Sabourjian, era de origen judío.
Septiembre de 2009: legisladores iraníes cuentan los votos para la lista al gabinete propuesta por el presidente Mahmoud Ahmadineyad, en Teherán.
(Afp)
Según Sternfeld, nada de esto habría tenido importancia antes de la caída de Mohammad Reza Pahleví en 1979: «Durante la década de 1970, la comunidad judía estaba totalmente integrada, tenía visibilidad y estaba sobrerrepresentada. La generación que alcanzó la mayoría de edad en medio del proyecto de construcción nacional del último sah se benefició enormemente de aquel proceso y abrazó la identidad iraní incondicionalmente», explica Sternfeld.
El cambio llegó en 1941
La transformación comenzó en 1941, cuando Reza Shah, padre de Mohammad Reza Pahleví, se negó a romper su neutralidad en la Segunda Guerra Mundial y a unirse a los aliados en la lucha contra la Alemania nazi. Aquella negativa provocó la ocupación de Irán por parte de Gran Bretaña y la URSS hasta el final del conflicto, la abdicación del sah en favor de su hijo y el reasentamiento forzoso de cientos de miles de refugiados polacos procedentes de los gulags y campos de trabajo soviéticos. De estos, 20.000 eran judíos. Para coordinar su llegada, incluso, se trasladó a Teherán el Comité Judío Estadounidense de Distribución Conjunta (JDC).
La primera década del Gobierno de Reza Pahleví marcó el comienzo de una extraña estructura democrática. «El país estaba ocupado, pero el sistema funcionó con mayor libertad de la que había gozado hasta entonces. Aparecieron por primera vez partidos que representaban a todas las ideologías políticas, desde la derecha pronazi hasta el Partido Comunista Tudeh. Este último se posicionó como el defensor de las minorías frente a la xenofobia y fue el único que permitió afiliarse a los no musulmanes», cuenta Sternfeld.
Con esas premisas, atrajo a la mayoría de judíos urbanos. Sin duda, ayudó el hecho de que se erigiera como la voz más clara en contra del nazismo y que apoyara el plan de partición de Palestina y la creación del Estado de Israel. A lo largo de la década de 1940, Tudeh creció hasta convertirse en la formación más popular. «Sin embargo, el mapa político cambió en 1953 –añade el historiador–, con el golpe conjunto de la CIA y el MI6 contra el primer ministro elegido democráticamente, Mohammad Mosaddeq. Reza Pahleví aprovechó para desmantelar cualquier rasgo democrático e introdujo un sistema de partido único, una policía secreta poderosa, una fuerte censura y un proyecto de modernización económica denominado la ‘Revolución Blanca’».
Este retroceso no impidió que la población judía se viera, al menos inicialmente, favorecida. Muchos abandonaron sus barrios tradicionales y se integraron en los de la clase media y media-alta de Teherán y otras ciudades. Solo en la capital, el número de judíos creció hasta 60.000 de los 100.000 que se repartían por todo el país. Todo fue bien hasta que, en 1978, se celebraron las elecciones al liderazgo de esta comunidad. Hubo dos bandos. Los antiguos dirigentes se identificaban con el sah, al que agradecían la mejora de su estatus y la buena relación que mantenía con Israel. Los nuevos aspirantes eran más jóvenes, por lo general universitarios y se oponían a la deriva autoritaria del sah. Además, asistían a las reuniones de sus amigos no judíos y participaban en las actividades clandestinas.
«Los judíos iraníes se identificaban como patriotas y compartían las quejas contra la dictadura de sus compatriotas no judíos»
Lior B. Sternfeld
Historiador israelí
Estos últimos, representados por la Asociación de Intelectuales Judíos Iraníes (AJII), ganaron las elecciones y apoyaron la revolución que se estaba gestando. «Se identificaban como patriotas y compartían las quejas contra la dictadura de sus compatriotas no judíos. Es incorrecto decir que el régimen los ‘albergaba’, porque no eran huéspedes, eran tan iraníes como cualquier otro. Por eso muchos apoyaron la revolución, participaron en las manifestaciones, dieron conferencias en las sinagogas, organizaron reuniones entre activistas judíos y musulmanes e, incluso, participaron en el rescate de manifestantes heridos en el hospital judío de Teherán», recuerda Stern sobre el único centro sanitario que refugió y curó a los rebeldes. Los restantes cumplieron con la orden de entregarlos a la SAVAK (el servicio de inteligencia iraní).
Integrarse en el régimen de Jomeini
Cuando la revolución triunfó y el sah fue derrocado, la comunidad judía intentó adaptarse e integrarse en el nuevo régimen de Jomeini. Hasta participó en la redacción de la Constitución. Sin embargo, la situación cambió pronto. «Muchos creían que, cuando el nuevo régimen se asentara, podrían llevarlo hacia ámbitos más republicanos y democráticos, pero pronto se desilusionaron y muchos se marcharon al exilio. Al mismo tiempo, la represión creció», subraya el historiador, en referencia a cómo el ala fundamentalista se impuso y otros muchos de los que aún resistían, emigraron al sur de California, Nueva York, Israel y Europa.
A mediados de la década de 1990, con Jomeini ya muerto, el movimiento reformista cobró un nuevo impulso y la situación de la cada vez más menguada comunidad mejoró hasta la llegada de Ahmadineyad. Pero de nuevo todo saltó por los airescon las revueltas de 2009 por el supuesto amaño de las elecciones presidenciales. «Los judíos volvieron a salir a las calles como iraníes y no como judíos, al igual que harían en 2022», explica Stern sobre a las manifestaciones por la muerte de Mahsa Amini cuando estaba detenida por no llevar el hiyab.
Lo mismo ocurrió con las de diciembre como reacción a la grave crisis económica que azotaba al país, justo en el momento en que empezó a difundirse el rumor de un posible ataque de Estados Unidos e Israel. «Muchos de los judíos iraníes en Israel apoyan la guerra, creyendo que traerá un cambio para Irán. Otros se oponen, ya sea por los riesgos de que la región se sumerja en el caos, muera más gente y se endurezca la represión. Durante todos estos sucesos, los judíos iraníes de Israel solían mantener contacto con sus familiares de Irán de muchas maneras, pero prefiero no profundizar sobre ese tema para proteger la seguridad de los involucrados», concluye el historiador.

