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Las encuestas en Portugal apuntan a una segunda vuelta entre el candidato socialista y el de extrema derecha

António José Seguro fue el candidato más votado en las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Portugal. Según las primeras proyecciones a pie de urna, el socialista habría obtenido entre el 30% y el 35% de los votos, un resultado superior al que … le auguraban los sondeos. El segundo candidato más votado es André Ventura, líder del partido de la derecha radical Chega, con entre el 20% y el 24% de los votos.
De confirmarse estos resultados, Seguro y Ventura se disputarán la segunda vuelta el próximo 8 de febrero. De esos comicios saldrá el próximo presidente de Portugal, que tomará posesión del cargo en marzo y sustituirá a Marcelo Rebelo de Sousa, quien concluye su segundo mandato tras diez años al frente de la jefatura del Estado.
En tercera posición se sitúa João Cotrim de Figueiredo (17%-21%), exlíder del partido Iniciativa Liberal, que no habría logrado pasar a la segunda vuelta pese a figurar durante parte de la campaña entre los aspirantes con opciones. Su candidatura se vio debilitada en la recta final por la denuncia por acoso presentada por una antigua colaboradora, un asunto que él negó y que introdujo un elemento de polémica en los últimos días antes de la votación. A ello se sumó la fragmentación del voto en el espacio de la derecha y del centro liberal, lo que terminó por penalizar sus posibilidades en una elección especialmente ajustada.

Entre los grandes derrotados de la noche figuran el socialdemócrata Luís Marques Mendes (8%-11%) y el candidato independiente Henrique Gouveia e Melo (11%-14%), dos nombres que durante meses aparecieron como posibles favoritos. Marques Mendes, apoyado oficialmente por el Partido Social Demócrata (PSD) del primer ministro Luís Montenegro, no logró capitalizar ese respaldo y quedó penalizado por una campaña en la que fue percibido como demasiado alineado con el Gobierno, sin un perfil propio que lo diferenciara como figura presidencial.
Por su parte, Gouveia e Melo, el almirante que alcanzó gran popularidad durante la gestión del plan de vacunación contra la Covid-19, pagó el desgaste de una candidatura anunciada demasiado pronto y una exposición excesiva durante la campaña. Su perfil técnico y militar, que inicialmente despertó expectativas de renovación, fue perdiendo atractivo a medida que avanzó el proceso electoral.

Veterano del Partido Socialista

António José Seguro es un veterano del Partido Socialista portugués, del que fue secretario general entre 2011 y 2014, en uno de los periodos más difíciles para la formación, marcado por la crisis económica y la intervención de la troika. En esta campaña, Seguro se ha presentado como un candidato de consenso, defensor del papel arbitral del presidente de la República y de la preservación del equilibrio entre los poderes del Estado. Aunque sus rivales políticos le reprochan una supuesta falta de carisma, su perfil moderado y conciliador, alejado del tono crispado que ha marcado buena parte del debate político durante la campaña, podría haberle beneficiado a la hora de ganarse la confianza de una parte del electorado.
André Ventura, por su parte, fundador y líder del partido Chega, ha aprovechado estos comicios para reforzarse como la figura más visible de la derecha portuguesa. Excomentarista deportivo y profesor de Derecho, Ventura irrumpió en la política nacional con un discurso duro contra la inmigración, las minorías y el sistema político tradicional, rompiendo con el consenso que durante décadas mantuvo a la extrema derecha fuera de las instituciones. Su candidatura ha estado marcada por una fuerte presencia en las redes sociales y por un estilo combativo que le ha permitido consolidar un electorado fiel, especialmente entre votantes más jóvenes y descontentos con los partidos tradicionales.
Según los sondeos divulgados durante la campaña, en una eventual segunda vuelta António José Seguro partiría como favorito y vencería con un margen significativo en caso de enfrentarse a André Ventura.

Alta participación

Uno de los datos más destacados de la jornada ha sido la elevada participación. Según las proyecciones, la abstención, situada entre el 37% y el 43%, alcanzaría el nivel más bajo en unas elecciones presidenciales desde 2006. En 2021, durante la reelección de Marcelo Rebelo de Sousa, la abstención superó el 60%. En esta ocasión, la ausencia de un candidato claramente favorito y la percepción de una contienda abierta hasta el último momento parecen haber movilizado a un electorado tradicionalmente más distante de este tipo de elecciones.
Según varios analistas, la fragmentación del escenario político y la diversidad de perfiles en liza han contribuido a ese aumento de la participación. Moderados y radicales, candidatos del sistema y figuras antisistema, representantes de la izquierda, del centro y de la derecha más dura han compartido protagonismo en una campaña marcada por el equilibrio en los sondeos y la incertidumbre sobre los dos aspirantes que pasarían a la segunda vuelta.
Ese clima de competencia se ha reflejado también en el comportamiento del electorado en regiones donde la abstención suele ser más elevada, como el norte del país o el archipiélago de las Azores. En este último caso, un votante de 38 años declaró haber acudido a las urnas por primera vez en su vida, un gesto simbólico que podría representar a otros ciudadanos que, en esta ocasión, decidieron participar ante la sensación de que su voto podía resultar decisivo.
Otro de los factores que podría haber contribuido al aumento de la participación es la intensa campaña desarrollada en las redes sociales, especialmente dirigida al voto joven. Los principales candidatos apostaron por una presencia constante en plataformas digitales para intentar reducir esa brecha.

La Fiscalía General de EE.UU. no investigará por ahora al agente migratorio que mató a una mujer en Minneapolis

El fiscal general adjunto de EEUU, Todd Blanche, ha manifestado este domingo que su oficina no tiene intención de investigar por el momento al agente federal de inmigración que mató a tiros a Renee Good el pasado 7 de enero al insistir, siguiendo la … versión oficial, que el agente actuó en defensa propia porque la mujer intentó atropellarle con su vehículo.
Organizaciones como Human Rights Watch han denunciado por contra que lo ocurrido fue un «asesinato injustificado» y que los vídeos del incidente demuestran que Good en ningún momento intentó usar su vehículo contra el agente.

«Nosotros no vamos a investigar cada vez que un agente se defiende frente a alguien que pone su vida en peligro», ha indicado Blanche en declaraciones a Fox News. «Nunca lo hacemos y nada tiene que ver con lo que ha ocurrido en Minneapolis», ha añadido el fiscal general adjunto.

Blanche ha asegurado que no cederá a las «presiones» del gobernador demócrata de Minnesota, Tim Walz, quien ha pedido la apertura de esta investigación y la colaboración, hasta ahora inexistente, entre el Departamento de Justicia y la Policía local para compartir información sobre el incidente.

El frío polar, un arma en las manifestaciones de Mineápolis: «Aquí protestamos a 20 grados bajo cero»

Desde la ventanilla del avión, Minnesota es tundra, pero con una capa de civilización: la autopista, el centro comercial, el barrio de casitas iguales. Todo parte de una costra blanca congelada. Abajo, en tierra, es peor. El termómetro marca 18 grados bajo cero. Si … se le suma el viento, inescapable, la sensación es de -24. Y se espera que empeore, hasta una sensación térmica de 30 bajo cero.
Pero el frente polar que recorre estos días el Medio Oeste no baja la temperatura de las calles de Mineápolis. La principal ciudad de Minnesota se ha convertido en el mayor foco de tensión de Estados Unidos. Desde diciembre, Donald Trump la ha llenado de agentes federales, en el zarpazo más contundente hasta ahora de su política de mano dura con los inmigrantes indocumentados.
Mineápolis es territorio demócrata, una de esas ‘ciudades santuario’, donde las autoridades locales no cooperan con los federales para las deportaciones. Y ha ofrecido resistencia ante el despliegue masivo. Redadas, protestas, enfrentamientos, detenciones indiscriminadas, movilizaciones políticas y sociales se han convertido en el día a día de la ciudad a orillas de un Misisipi helado. La muerte de una activista, Renee Nicole Good, por los disparos de un policía durante un enfrentamiento solo ha profundizado las hostilidades.

El desplome del termómetro despuebla las calles y avenidas del centro de Mineápolis, donde solo se escucha el crujir del hielo bajo los pies de quienes se atreven a caminar. Pero no aplaca las protestas. «Esto es Minnesota, el frío es parte del ADN de la gente que vivimos aquí», dice Andrew, por una avenida en la que manda el viento gélido. «Nos da igual, vamos a seguir yendo a protestar. Con la ropa adecuada, no hay problema. Aquí protestamos también a -20«.
Es difícil creerlo. Con este tiempo, las manos queman incluso con guantes y calentadores, los pies no se sienten, el teléfono se apaga, crecen churretes de hielo en las barbas. «Debe ser que en Minnesota somos diferentes», dice Bunny con una sonrisa desde una protesta. Asegura que ella trabaja en construcción y que con este tiempo no paran. Pero se pone seria pronto: «Estamos yendo a un régimen fascista», sostiene. «Se están llevando a gente, sin más», añade sobre las denuncias de detenciones de ciudadanos estadounidenses, solo por su apariencia de hispanos o somalíes, las dos comunidades de inmigrantes en el punto de mira. «Mi hija es medio mexicana, tiene 16 años y me aseguro de que no salga de casa sin su pasaporte», dice.
Habla desde un paraje desolado a las afueras de Mineápolis, cerca del aeropuerto, donde se repiten las protestas desde hace días. Está enfrente del edificio Whipple, un complejo federal que sirve de base de operaciones a buena parte del despliegue de los agentes que ejecutan las redadas.
Allí siempre hay decenas de personas dedicadas a dejar claro a los federales que no son bienvenidos. «Fuck ICE!«, »¡Que le jodan al ICE!« (las siglas en inglés de la Policía de inmigración y aduanas) es el grito más amable que dedican a los coches que entran y salen del edificio.

Redadas y enfrentamientos callejeros en la nieve
Las redadas de los agentes de inmigración (ICE) en Mineápolis (primera imagen) son respondidas con protestas y enfrentamientos callejeros en la nieve. El sábado, chocaron dos manifestaciones de distinto signo cuando el ‘influencer’ de extrema derecha Jake Lang se presentó en la ciudad para lanzar sus soflamas contra los inmigración y uno de sus seguidores fue agredido por manifestantes rivales (segunda foto). Con temperaturas de 20 grados bajo cero, en las concentraciones hay hasta setas-estufa (tercera imagen)
REUTERS / JAVIER ANSORENA

El frío forma parte de la protesta. La gente reparte parches calentadores, café, pizza caliente. Alguien ha llevado una seta-estufa, de esas que se ponen en invierno en las terrazas de los restaurantes, y da alivio momentáneo a los más débiles.
Se habla del frío no como un inconveniente, sino como una ventaja. «Seguro que esos lo están sufriendo», dice Will, que mira con desprecio a los agentes federales, entre el estruendo de megáfonos, pitos e insultos. Él, de forma incomprensible, solo se tapa la cabeza con una gorra de béisbol. «La mayoría no son de aquí», dice sobre los agentes. «Son de abajo, de Texas, de por ahí. No saben ni cómo se anda aquí».
No es una exageración. En Mineápolis han corrido como la pólvora en redes sociales los vídeos con las volteretas, los resbalones, las caídas de agentes de ICE sobre el hielo de las calles. ‘ICE vs ice’, dicen algunos, en un juego de palabras en inglés que ha ganado popularidad: ‘ICE contra el hielo’. También sirve para diseñar pancartas sentimentales: «Te vas a coger un catarro del ICE (hielo) que hay en tu alma’, reza una cartulina tirada en el suelo congelado.
Pero también se ha llegado a utilizar el frío como verdadera munición: la semana pasada, un protestante tiró aquí un cubo de agua en la salida de los coches de ICE, para forzar el hielo fresco y el resbalón. Y no han faltado las ocasiones en las que los manifestantes han lanzado bolas de nieve o trozos de hielo a los agentes.

«Esto es Minnesota, el frío es parte del ADN de la gente que vivimos aquí. Nos da igual. Vamos a seguir yendo a protestar»

Andrew
Manifestante contra las redadas

Algunos confiaban en que el frente polar, que durará días, enfriaría las tensiones, en medio de amenazas de Trump de invocar la Ley de Insurrección y mandar aquí al Ejército, tras nuevas protestas por un segundo tiroteo de la Policía. En esta ocasión, fue a un inmigrante que se enfrentó a los agentes, según la versión de la Administración Trump. Además, el Departamento de Justicia ha iniciado una investigación criminal contra dos líderes demócratas: el gobernador de Minnesota, Tim Walz, el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey.
Pero los ánimos no se han enfriado con la ola polar. Todo lo contrario. En el edificio Whipple volvió a haber disturbios este fin de semana, con arrestos a manifestantes y uso de gas pimienta por parte de los agentes federales. Y el ‘downtown’, el centro de la ciudad, sufrió las peores turbulencias desde el comienzo de esta crisis. Allí se plantó Jake Lang, un ‘influencer’ de extrema derecha, con la intención de quemar libros del Corán e inflamar todavía más las tensiones. Un grupo izquierdista convocó una contramanifestación y el asunto acabó con insultos, peleas, carreras e intervención policial.
Lang, un protagonista del asalto al Capitolio en enero de 2021 —pasó cuatro años en prisión, hasta el indulto general de Trump—, buscaba atención y provocar a la comunidad somalí, de mayoría musulmana. Las tramas de un fraude a las subvenciones sociales en el que han sido imputados decenas de somalíes —la gran mayoría son ciudadanos estadounidenses— ha sido una de las excusas para la intervención de Trump en Mineápolis.
A Lang solo le acompañaron un puñado de seguidores. Con los ánimos desatados, el ‘influencer’ tuvo que salir corriendo, entre agresiones del bando contrario. De nuevo, el frío como arma: además de golpes, le tiraron globos de agua. De lo peor que te puede pasar a 20 grados bajo cero.

Las opciones que baraja la UE para responder a Trump por Groenlandia: aranceles, restricciones y hasta suspender el acuerdo comercial con EE.UU.

La UE se dispone a desplegar sus herramientas más poderosas para responder a las nuevas amenazas de imponer aranceles adicionales anunciadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empeñado en tomar el control de Groenlandia por las buenas o por … las malas. Los embajadores de los países miembros se reunieron de urgencia este domingo para analizar la situación, lo que se ha interpretado como un primer paso para que la Comisión Europea pueda poner en marcha el llamado mecanismo anticoerción, que le daría poderes para tomar medidas de represalia en política comercial que no se han utilizado nunca, o suspender el acuerdo comercial con Estados Unidos.
El dispositivo anticoerción fue diseñado después de un caso de presiones injustificadas de China contra Lituania y se pensó que bastaría como medida de disuasión ante futuros intentos de condicionar indebidamente la política europea. Si se activa, otorgará a la Comisión una amplia capacidad de decisión para imponer medidas de represalia como aranceles, controles de exportación y restricciones al acceso al mercado, a la inversión extranjera, a los servicios o a la contratación pública.
Según algunas versiones que circulan por Bruselas, la Comisión también podría suspender la aplicación del acuerdo arancelario firmado el verano pasado en Escocia, en un club de golf propiedad de Trump, en condiciones que ya levantaron no pocas críticas en su momento y que permite a las empresas norteamericanas exportar prácticamente sin aranceles al mercado europeo. El acuerdo fue asumido como mal menor para eludir el riesgo de una guerra comercial entre las dos orillas del Atlántico, que en estos momentos parece inevitable.

Por ahora, el apoyo político en el Parlamento Europeo para poner en marcha medidas de este tipo está creciendo. Manfred Weber, el líder del grupo del Partido Popular Europeo (PPE), ha publicado en las redes sociales que su formación «está a favor del acuerdo comercial entre la UE y EE.UU. pero, dadas las amenazas de Donald Trump respecto a Groenlandia, su aprobación no es posible en este momento. Los aranceles del 0% sobre los productos estadounidenses deben suspenderse».
La portavoz socialista, Iratxe García, también se ha pronunciado en este mismo sentido: «Los aranceles del 25% impuestos por Trump a los aliados que apoyan a Groenlandia contra sus amenazas imperialistas son inaceptables. Debemos actuar ya: suspender las negociaciones del acuerdo comercial entre la UE y EE.UU. y activar el instrumento anticoerción’. La UE no cederá ante la intimidación».
La jefa del grupo liberal, Valerie Huyet, también se ha pronunciado y ha dicho que «la UE debería estar preparada para desplegar contramedidas específicas y proporcionadas. Debería considerarse explícitamente la activación del instrumento anticoerción de la UE, ya que fue diseñado precisamente para situaciones de intimidación económica de esta naturaleza».

«El Partido Popular Europeo está a favor del acuerdo comercial entre la UE y EE.UU. pero, dadas las amenazas de Donald Trump respecto a Groenlandia, su aplicación no es posible en este momento»

Manfred Weber
Líder del Partido Popular Europeo

En efecto, el mecanismo legal establece claramente que puede ser activado cuando un país toma medidas comerciales destinadas a «impedir u obtener la cesación, modificación o adopción de un acto determinado por la Unión o un Estado miembro, interfiriendo así en las legítimas decisiones soberanas de la Unión o de un Estado miembro«. Algo que coincide plenamente con lo que está haciendo Trump respecto a Groenlandia.
Esta medida puede ser adoptada por mayoría cualificada, es decir, no necesita unanimidad. Pero, por lo que se sabe hasta ahora, las sensaciones en el Consejo son mucho más moderadas que en el Parlamento. Los embajadores de los países miembros están sometidos a consideraciones mucho más explícitas que las que manejan los eurodiputados, en estos «tiempos inquietantes» como ha definido la situación en privado un funcionario europeo encargado de preparar la reunión de los embajadores.

El Pentágono prepara el despliegue de 1.500 paracaidistas en Minnesota

Los líderes locales de Minnesota y su principal ciudad, Mineápolis, tienen una exigencia constante a Donald Trump y su Gobierno: que se vayan los miles de agentes federales desplegados allí para ejecutar una operación masiva contra inmigrantes indocumentados. Ahora podrían tener un problema mayor … : el Departamento de Defensa ha ordenado a un contingente de 1.500 soldados que esté preparado para un posible despliegue en Mineápolis, en medio de las protestas e incidentes violentos relacionados con la mano dura migratoria de Trump.
La orden, revelada por ABC News, afecta a soldados de dos batallones de paracaidistas, encuadrados en la 11ª División Aerotransportada del ejército de tierra.
Su base está en Alaska y es un cuerpo especializado en operaciones con clima frío. En Minnesota encontrarán un terreno apropiado: el estado, ya muy frío de por sí en invierno, sufre una ola peor que ha hundido las temperaturas hasta los -20 grados y se esperaba que la sensación térmica en la madrugada del domingo al lunes bajara más allá de los -30.

El frío gélido no ha aplacado las protestas, con enfrentamientos entre una convocatoria de ultraderecha y una contramanifestación a favor de los inmigrantes, además de las movilizaciones diarias contra la presencia de los agentes federales.
Tampoco ha suavizado las tensiones. En los últimos días, Trump ha agitado la amenaza de invocar la Ley de Insurrección, una norma de principios del siglo XIX que le faculta para desplegar al ejército ante situación de rebelión o desórdenes civiles fuera de control.
La última vez que se invocó fue hace más de tres décadas, en 1992, por los disturbios masivos que sufrió Los Ángeles tras la paliza que dio un grupo de policías a un joven negro, Rodney King. Fue el entonces presidente George W. H. Bush quien invocó la ley, con la aquiescencia del gobernador de California.
La situación en Mineápolis está muy lejos de esa gravedad, pese a la tensión que se vive en la ciudad. El propio Trump pareció rebajar la posibilidad de un despliegue militar el pasado viernes: «No creo que haya razones para hacerlo ahora mismo», dijo desde la Casa Blanca, justo antes de volar hacia su mansión en Florida, y un día después de haber amenazado con hacerlo. «Pero si la necesito, la usaré».
El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, aseguró en una entrevista en CNN que la orden a los 1.500 paracaidistas «está diseñada para intimidar a la gente de Mineápolis. Pero no nos va a intimidar. El objetivo aquí es la seguridad. La mejor manera de conseguirlo no es que vengan todavía más agentes». El regidor pidió a los ciudadanos que sigan protestando de forma pacífica y que no den una «excusa» a Trump para el despliegue militar.
El Pentágono ha defendido la decisión de tener esas tropas preparadas como una cuestión de «planificación prudente» y la Casa Blanca también defendió que es solo una forma de estar «preparados ante una decisión que el presidente puede o no tomar».
Es algo similar a lo que ha decretado el gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Walz. Está enfrentado con Trump –fue el candidato a la vicepresidencia de EE.UU. en el ticket demócrata con Kamala Harris–, ha exigido la retirada inmediata de los agentes federales y ha pedido a sus ciudadanos que protesten de forma pacífica.
Pero este sábado Walz también determinó que la Guardia Nacional –el cuerpo militar estatal– esté activada para estar lista en el caso que las protestas se agraven. Esa movilización de momento es muy limitada y no tiene apenas presencia en las calles de Mineápolis.

Los países amenazados por Trump señalan «la peligrosa espiral» que suponen los aranceles mientras los soldados alemanes abandonan Groenlandia

Los 15 militares alemanes desplegados en Groenlandia en «misión de reconocimiento» han abandonado el territorio ártico menos de un día después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara la imposición de aranceles adicionales a los países europeos desplegados en la isla, Alemania … entre ellos, tras interpretar su presencia allí como una amenaza a sus intentos de anexión.
Un portavoz del Ejército alemán ha confirmado a la agencia DPA y al periódico ‘Der Spiegel’ la retirada de los 15 militares, que ya están de camino a la capital de Dinamarca, Copenhague.

Según fuentes del diario ‘Bild’, la salida de los militares se ha producido sin aviso previo tras permanecer desplegados menos de 48 horas en la isla.

Comunicado conjunto

Los gobiernos de Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega, Suecia y Reino Unido han publicado este domingo un comunicado conjunto en el que subrayan que su presencia militar en Groenlandia es para apoyar a Dinamarca y que «no supone una amenaza para nadie».