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Esa irritante sensación de que Francia tenía razón

Los líderes europeos que se reunieron en la Conferencia de Seguridad de Múnich el pasado fin de semana encontraron cierto consuelo en el tono menos cáustico de Estados Unidos. Mientras que el año pasado J. D. Vance, su vicepresidente, hirió y consternó con sus palabras, … este año Marco Rubio, su secretario de Estado, fue más cortés. Sin embargo, fue crítico, y los europeos se marcharon con la sensación de que, en el mundo de Trump, están solos. Esto ya resulta bastante desconcertante. Aunque el carácter caprichoso de Donald Trump inspira una profunda ansiedad entre los europeos, también les preocupa otra idea incómoda: la molesta sensación de que, después de todo, quizá Francia tenía razón.
Ningún otro país europeo ha sido tan escéptico de una forma tan constante sobre la fiabilidad de su aliado transatlántico ni ha mostrado una determinación tan molesta de ir por libre. Poco después de que Charles de Gaulle se convirtiera en líder de Francia en 1958, advirtió a Konrad Adenauer, entonces canciller alemán, de que los estadounidenses «no eran de fiar, no eran sólidos y no entendían nada de historia ni de Europa». Reflexionando sobre el cambiante equilibrio del poder mundial, el general le dijo a un asesor: «cualquier día podrían ocurrir acontecimientos extraordinarios… Estados Unidos podría… convertirse en una amenaza para la paz». Para 1966, de Gaulle había construido una bomba, se había retirado del mando militar integrado de la OTAN y había expulsado a los soldados estadounidenses de suelo francés.

Emmanuel Macron no pierde ocasión para evocar a su de Gaulle interior. Durante casi una década, el presidente ha insistido a los líderes europeos con su llamamiento a la «autonomía estratégica», respondiendo estos últimos con fastidio o indiferencia. Cuando Macron declaró a The Economist en 2019 que la OTAN sufría «muerte cerebral», sus amigos lo acusaron de intentar romper la alianza transatlántica. La semana pasada declaró que Europa se enfrenta a un Estados Unidos «abiertamente hostil» que no quiere nada menos que su «desmembramiento», y que el momento actual es el de «una profunda ruptura geopolítica».

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Agustín Pery

En las capitales europeas más inclinadas con la alianza atlántica, la perspectiva de quedarse solas sin Estados Unidos ha generado angustia; en París, que mantiene una disuasión nuclear totalmente independiente, envía sus propios satélites al espacio, se abastece de energía nuclear y construye sus propios aviones de combate, se percibe como una reivindicación. Sin embargo, si Francia siempre ha tenido razón en cuanto a una mayor independencia estratégica europea, ¿por qué no se ha producido? Las respuestas podrían agruparse en tres grandes categorías: Francia tenía razón, pero era demasiado pronto; tenía razón, pero no resultaba creíble; y tenía razón, pero ponía de los nervios a todo el mundo.
Si Francia hizo ese llamamiento demasiado pronto para sus aliados, fue porque estos consideraban acertadamente que la Pax Americana de la posguerra no era un riesgo ni una indignidad, sino la garantía que mantenía unido a Occidente. De Gaulle llegó a la conclusión, especialmente tras la crisis de Suez de 1956, de que no se podía confiar plenamente en Estados Unidos. Gran Bretaña, aliada de Francia durante Suez, llegó a la conclusión opuesta: al considerar que no podía actuar sin el respaldo de los estadounidenses, se acercó aún más a ellos. La desconfianza hacia Estados Unidos empujó a Francia a diversificar sus alianzas mucho antes de que Mark Carney lo pusiera de moda. Sin embargo, Gran Bretaña veía a Estados Unidos como una extensión de sí misma, mientras que Alemania era incapaz de hacer valer su propio poder después de la guerra. Ellos y otros europeos se sentían más cómodos bajo la protección estadounidense y consideraban que la apuesta de Francia por la independencia no solo era errónea, sino también peligrosa porque podría acelerar la retirada estadounidense.
Si Francia hubiera seguido plenamente su propia lógica, podría haber evitado cierto escepticismo. Sin embargo, durante décadas, Francia —al igual que otros países europeos— aplicó políticas sociales que debilitaron su capacidad para desarrollar su poderío estratégico. Incluso hoy en día gasta más de seis veces más en pensiones cada año que en defensa, y para ello recurre a un elevado endeudamiento. Los críticos se preguntan cómo es posible hacer valer la autonomía estratégica si se depende de los mercados de bonos para pagar a los pensionistas. Los aliados de Francia dotados de tecnología estadounidense han considerado durante largo tiempo que la estrategia gala de «compre europeo» es un argumento para vender equipos franceses. Cuando Francia pide más deuda conjunta para rearmar a Europa, lo que sus aliados oyen es: «que lo pague otro». Cuando Francia urge a aumentar el gasto en defensa europea, lo que sus aliados oyen es: «más contratos para los fabricantes franceses de aviones de combate, misiles y motores».

Francia apoya el fortalecimiento de Europa cuando le conviene y se opone cuando no le conviene

Y luego está—¿cómo decirlo?—el tono. Francia se considera un aliado serio en Europa y la OTAN, y no entiende por qué sus ideas encuentran tanta resistencia. Otros países consideran que la manera altiva en que trata de imponerlas resulta insoportable. De Gaulle dejó su puesto europeo en Bruselas vacío durante seis meses, boicoteando las reuniones con el fin de salirse con la suya en una disputa sobre las normas de toma de decisiones. Los europeos centrales y orientales no han olvidado cómo Jacques Chirac, entonces presidente, les dijo que al apoyar la guerra de Estados Unidos en Irak habían «perdido una buena oportunidad de callarse». Cuando Macron se puso unas gafas de aviador para pronunciar un discurso en Davos, con el fin de ocultar una hemorragia, vimos la Francia de siempre: desafiante, elegante, quizás ridícula, indiscutiblemente espectacular. A algunos les encantó. A otros, no.

A veces es demasiado lenta

Francia ha cometido sus errores, sin duda. La grandilocuencia de De Gaulle hacia Estados Unidos fue en parte un intento de preservar el estatus de gran potencia del país, a pesar de su mala gestión —en muchas ocasiones, brutal— de la retirada del imperio. Sus pretensiones de influencia posimperial pueden salir mal, como en el Sahel, donde Rusia ha explotado el resentimiento hacia Francia. Francia apoya con entusiasmo el fortalecimiento de Europa cuando le conviene y se opone sin reparos —por ejemplo, al respecto del acuerdo comercial con Mercosur— cuando no le conviene.
Irritable, orgullosa, exasperante, es a menudo el país que saca de quicio a los demás. Francia, escribió el general, «no puede ser Francia sin grandeza». Mientras los líderes europeos se enfrentan a las repercusiones de la brecha transatlántica, algunos todavía esperan que se trate de un momento pasajero. A otros les desalienta el coste de ir por libre. Ridiculizada, menospreciada y desacreditada, Francia lleva mucho tiempo pensando de forma diferente sobre el mundo y rara vez ha tenido miedo de decirlo. No espere que sus compañeros europeos le den crédito, ni siquiera cuando estén de acuerdo.
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Peregrinos españoles atrapados en Jerusalén intentan regresar a través de Jordania

Inmaculada Pérez, que desde hace años organiza peregrinaciones y acompaña a grupos a Tierra Santa, lleva desde este sábado tratando de sacar de Israel a un grupo de 32 turistas. Exhausta, tras «mucho estrés, mucha tensión y mucha incertidumbre», desde la frontera con Jordania … explica a ABC que ya casi lo ha conseguido. «Esto está siendo un calvario. Estamos cansados y queremos volver a casa ya. Me parece fatal que el Gobierno no haya hecho nada y no se haya interesado nada de nosotros», asegura.
«El domingo, viendo cómo evolucionaba la situación, escribí a la Embajada de España en Israel. Tienen un teléfono de WhatsApp para emergencias y les pedí indicaciones: cómo proceder, cómo podían asistirnos o, al menos, que supieran que yo estaba aquí como representante de una agencia coordinando dos grupos. Les informé de nuestros horarios, días de llegada y salida. Me pidieron un listado con pasaportes, fechas de caducidad, teléfonos, correos… Les facilité todo», explica.

Sin embargo, desde el consulado no llegó ninguna solución e Inmaculada, desde Israel, y su jefe Juan, desde España, se activaron para buscar una alternativa rápida. «Aquí había informaciones contradictorias: unos decían que habían cerrado el espacio aéreo, otros que se cancelaban vuelos, o que el cónsul de otro país aseguraba que no habría salidas. Al final, un diplomático nos ha aconsejado salir de aquí cuanto antes. Hemos conseguido vuelos el martes desde Amán. Volaremos primero a Estambul y, desde allí, el día 4, regresamos a Madrid», explica en la frontera con Jordania.

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Pilar De la Cuesta

«El sábado deberíamos habernos alojado en Belén, pero al ser territorio palestino tuvimos que cancelarlo: podíamos entrar, pero no nos garantizaban que pudiéramos salir. Así que regresamos a Nazaret, donde nos habíamos alojado antes», narra. «Allí nos atendieron muy bien los franciscanos, pero no podíamos salir del hotel. Cada dos por tres saltaba el móvil con alertas extremas en varios idiomas. Estuvimos analizando la situación sin saber si movernos o quedarnos quietos».
«Ese día yo estaba con un grupo camino del Monte de las Bienaventuranzas cuando empezaron a sonar las alarmas en todos nuestros móviles. Celebramos misa allí y nos refugiamos en una cripta del santuario hasta que pudimos volver al hotel. Oíamos pum, pum de fondo, quizá misiles o aviones militares. Era un contraste enorme: un paisaje precioso, el mar de Galilea, y al mismo tiempo ese sonido lejano. En Nazaret sonaron las alarmas varias veces. No salimos del hotel. Se oían aviones y algún bum lejano», dice Inmaculada. Entonces decidieron ir a Jerusalén.

Los peregrinos, reunidos en la basílica de la Transfiguración, en Israel.

(ABC)

Comedores bajo tierra

Explica que «los refugios de los hoteles suelen ser grutas, salas de conferencias subterráneas o comedores bajo tierra. Nada que dé sensación de precariedad. Y gracias a Dios hemos podido estar en contacto con nuestras familias todo el tiempo porque hay wifi en autobuses y hoteles».
Este domingo en Jerusalén «primero sonaron las alarmas en los móviles, y luego las sirenas. Normalmente, cuando suenan las sirenas, significa que tienes unos diez minutos para meterte en un búnker. Después escuchamos una explosión fuerte, un bum que hizo temblar el hotel, vibraron las paredes y el suelo. Luego me dijeron que había caído a unos 35 km. Pero la gente reaccionaba con mucha calma. Un guía local nos dijo: ‘Israel está constantemente en guerra; cuando tenemos una época larga de paz, nos extraña’. Eso nos tranquilizó un poco».

«En el consulado me dijeron que no habían recibido ninguna información sobre vuelos para repatriar a españoles»

Allí Inmaculada preguntó en el consulado si se contemplaba un vuelo militar para repatriar a españoles. «Me dijeron que no habían recibido ninguna información al respecto desde España y me preguntaron también qué alternativas teníamos sobre la mesa», explica. «Air Europa nos dijo que en una situación tan convulsa no podían garantizar que nuestros vuelos se mantuvieran. Y desde el seguro nos dijeron que al ser situación de ‘fuerza mayor’, la responsabilidad recae en el Gobierno español», señala.
Dice que este lunes en Jerusalén «sonaron dos veces seguidas la alarma del móvil y las sirenas». «Primero sonó a las 7 y todo el mundo bajó al refugio del hotel. Estuvimos unos diez minutos y el personal del hotel nos indicó que podíamos volver a las habitaciones. Pero volvió a sonar otra vez y tuvimos que bajar de nuevo. Después ya sí que pudimos salir para dirigirnos a la frontera», desde donde habló con ABC. «En Jerusalén, vida normal. Suena la sirena y te vas corriendo al refugio, que es como un salón tremendo», subraya con tono frustrado. «Ahora mismo estoy con el guía y el conductor de Jordania porque vamos a cruzar la frontera. Estamos justo en el paso fronterizo. La idea es salir hoy mismo de Israel», detalla.

«Después del Covid, es lo peor que me ha pasado»

Desde España, Juan Corpas, director de Tecum Viajes, lleva dos días moviendo contactos para traerlos cuanto antes a España y dice que la situación «es horrible, después del Covid es lo peor que me ha pasado». «Es un grupo de peregrinos de Andalucía, pero hay personas también de México, de París y de Riad», detalla. Ahora está más tranquilo porque «tenemos buenos proveedores, con capacidad de reacción y bien coordinados» y ha encontrado billetes de avión y hotel para todos.
Efectivamente, Inmaculada y el grupo de peregrinos consiguieron llegar a Amán por la tarde, tras varias horas en la frontera con Jordania. «El control de pasaportes fue muy tedioso. La policía local estaba bajo mínimos por el Ramadán. Había tensión porque todos queríamos salir cuanto antes. Mañana volaremos a Estambul en dos turnos, yo saldré con los últimos», explica cansada al final del día. «Hoy no he desayunado ni almorzado, pero ya estamos aquí», dijo antes de irse a dormir.

«Habrá guerra en Irán hasta que Trump logre sus objetivos o los vea imposibles»

A media mañana, después de dos días de carreras y de bajadas al refugio en la ciudad, el profesor de la Universidad de Tel Aviv Meir Javedanfar, irano-israelí, ha salido a comprar huevos y algo de comida mientras responde a la entrevista de ABC. … «Así es la guerra». Experto en política iraní y relaciones internacionales, analiza las claves del conflicto, sus límites y los escenarios que se abren a corto y medio plazo.
—¿Cree que la operación militar de este fin de semana es un episodio puntual o un conflicto duradero y estructural entre Irán, Israel y Estados Unidos?

—La guerra va a continuar de forma estructural. Donald Trump se enfrenta a elecciones al Congreso y al Senado y no quiere llegar a esos comicios con una guerra abierta, sin horizonte y sin un plan claro de salida. Por eso pienso que el conflicto no está pensado como una guerra sin fin. Va a continuar hasta el punto en que Trump considere que ha alcanzado sus objetivos o que es imposible alcanzarlos. En ese momento, lo detendrá inmediatamente.

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Nathalie Duplan

—¿Cuál de las dos opciones cree que se va a dar: que consiga lo que quiere o que sea imposible lograrlo?
—Su objetivo principal es destruir el programa nuclear de Irán y llevar a los iraníes de vuelta a la mesa de negociaciones, para que acepten un desmantelamiento total de su programa nuclear y el fin completo del enriquecimiento de uranio en su territorio. En Israel existe una gran preocupación: si los iraníes le ofrecen eso a Trump, él aceptará. Si ve que no puede cambiar el régimen, pero obtiene concesiones nucleares reales, estará de acuerdo.
—¿Cree entonces que el cambio de régimen es secundario para Trump?
—En este momento quiere cambiar el régimen pero, si después de tres o cuatro semanas entiende que no es posible y que el régimen no está en peligro, y si Irán le ofrece algo serio sobre el programa nuclear, Trump lo aceptará. Si ve que la guerra no va a ningún lado, la parará.
—¿Qué opina del cambio de régimen? ¿Es posible desde fuera o desde la situación interna del país?
—Está cerca, pero no es sencillo. El pueblo iraní intentó un cambio de régimen en enero y el régimen respondió matando 30.000 manifestantes. Ahora Estados Unidos e Israel creen que, si apoyan al pueblo iraní, este puede acabar con el régimen. Eliminan a altos cargos políticos y militares y atacan los cuarteles que se usan para reprimir a los manifestantes, como los de la Guardia Revolucionaria y las fuerzas de seguridad.

«En Israel existe una gran preocupación: si los iraníes le ofrecen a Trump el fin de su programa nuclear, él aceptará y no habrá cambio de régimen»

—Hay quien dice que es imposible cambiar un régimen sin tropas sobre el terreno. ¿Cree que el pueblo iraní podría hacerlo solo?
—El pueblo iraní quiere. Lo máximo que puede hacer Trump es eliminar a los líderes más duros del régimen y destruir la infraestructura represiva que se usa contra los manifestantes. Eso es lo que se está haciendo ahora.
—¿La estrategia iraní basada en los ‘proxys’ (aliados) —Hizbolá, Hamás, Yihad Islámica— ha fracasado definitivamente?
—Ha fracasado totalmente. Lo máximo que puede hacer ahora Hizbolá es lanzar algunos cohetes contra Israel, que son interceptados, mientras Israel elimina a figuras clave, incluso miembros de su Parlamento. Es algo inédito en la historia moderna: un ejército convencional derrotando a guerrillas que normalmente vencen precisamente porque no luchan de forma convencional. Además, en el Líbano hay mucha gente cansada de Hizbolá y de guerras inútiles contra Israel. Parece claro que la Inteligencia israelí cuenta con apoyo interno libanés.
—¿Cómo ha podido quedar tan solo Irán? ¿Cuál ha sido su error?
—El primer error fue no querer reformar nada. El liderazgo iraní fue siempre conservador y arrogante, tanto en política interna como exterior. Muchos presidentes intentaron reformas, incluso Ahmadineyad (presidente de Irán entre 2005 y 2013) quiso mejorar relaciones con Estados Unidos, pero no se lo permitieron. El segundo error fue rodearse de aduladores, especialmente desde 2020, personas que solo decían al líder lo que quería oír.
—¿Eso explica su vulnerabilidad?
—Sí. Irán es cuatro veces más grande que España y, aun así, el líder supremo no salió de su oficina. Todo el mundo sabía dónde estaba. Israel lo mató allí. Eso demuestra miedo y parálisis o una arrogancia enorme. Tuvo muchas oportunidades para cambiar sus políticas, incluso con Biden, que quería volver al acuerdo nuclear. En lugar de eso, se alineó con Putin en Ucrania contra Estados Unidos.
—¿Ha pagado Jamenei su arrogancia?
—Sí. Arrogancia y negativa a reformar. El régimen está pagando ese precio.

«El primer error de Jamenei fue no querer reformar nada. El segundo, rodearse de aduladores»

—¿Cómo afecta a la estabilidad interna que haya desaparecido la cúpula del régimen?
—La muerte del líder supremo ha creado un vacío enorme. No se puede nombrar a un sucesor de un día para otro. En un sistema así hay que preparar a la persona durante años, crear consensos entre facciones, oligarquías económicas y aparatos de seguridad. Jamenei fue presidente ocho años antes de ser líder supremo. Ahora no sabemos quién puede sustituirlo.
—¿Su sustituto podrá controlar el régimen?
—Será muy difícil. Las facciones empezarán a presionar, a disputarse privilegios, recursos, poder. Además, el líder supremo nunca quiso nombrar sucesor por miedo a que este construyera su propia red y lo desafiara. Ahora el régimen paga ese error.
—¿Qué ha pasado con los países de la región?
—Irán ha regresado a los años 80. Ataca y amenaza a los países del Golfo pensando que puede intimidarlos. Siempre ocurre lo mismo: esos países terminan apoyando a los enemigos de Irán. Pasó con Sadam Husein. Los saudíes y kuwaitíes no lo soportaban pero, cuando Jomeini empezó a amenazarlos y a incitar revueltas chiíes, vieron a Saddam como un mal menor y financiaron su guerra contra Irán.
—¿Cuál es el estado del programa nuclear iraní?
—Está prácticamente parado. Esta guerra no es para destruir el programa nuclear, sino para obligar a Irán a aceptar su desmantelamiento total y a firmar que no desarrollará nada en su territorio. Para Israel, la prioridad son los misiles y el cambio de régimen.
—Vive en Tel Aviv. ¿Cómo se están viviendo los ataques con misiles?
—Es duro, especialmente para los niños. No hay colegio, hay que bajar constantemente a los refugios. Pero el país está unido. La mayoría votaría contra Netanyahu, pero nadie quiere seguir viviendo bajo esta amenaza. Irán patrocinó a Hamás, a Hizbolá, a la Yihad Islámica y atacó directamente a Israel en 2024. Aquí se ve al pueblo iraní como un aliado natural contra un enemigo común.

«La mayoría votaría contra Netanyahu, pero nadie quiere seguir viviendo bajo esta amenaza»

—¿Cómo están reaccionando Rusia y China?
—No están haciendo nada. No van a sacrificar sus intereses con Estados Unidos por Irán. Tienen prioridades mucho mayores. La burbuja iraní ha estallado: se creían un superpoder pero, sin el respaldo real de Rusia y China, no podían sostener esta confrontación.
—¿Quién empujó a Jamenei a creer en ese poder?
—La Guardia Revolucionaria y otros sectores con intereses armamentísticos. Cada centavo invertido en misiles acababa en sus bolsillos. Convencieron al liderazgo de que los misiles bastaban para convertir a Irán en una potencia.
—La última pregunta es sobre España. ¿Cómo se ve desde ahí la postura del Gobierno español?
—Aquí hay sorpresa. España es el único país que ha adoptado una posición equidistante. Es un Gobierno socialista que defiende derechos humanos y de las mujeres, y este régimen iraní ha asesinado a decenas de miles de personas y reprime brutalmente a las mujeres. No se entiende por qué Pedro Sánchez parece desconectado de la realidad y de la historia.

Las bombas iraníes rompen los oasis del Golfo

Desde hace años, los pequeños emiratos del Golfo, y en fechas más recientes incluso Arabia Saudí, han estado invirtiendo fortunas para promocionar en Occidente la imagen de sus oasis de ensueño, con sol, playas, colonias residenciales de lujo y comercio libre de impuestos. Esa estampa … idílica está a punto de derrumbarse. La respuesta de Irán a los bombardeos de Estados Unidos e Israel ha incluido también a los países árabes vecinos no implicados directamente en el ataque, sembrando el desconcierto en los gobiernos de la región.
El mayor perjudicado por el contraataque iraní ha sido hasta ahora el régimen de Emiratos Árabes Unidos. En particular la gran urbe de Dubái, en la que los misiles iraníes causaron el incendio de un hotel de cinco estrellas. En la vecina Abu Dabi, los proyectiles iraníes causaron un muerto y varios heridos en el aeropuerto de la ciudad.

La primera víctima económica ha sido el negocio del transporte aéreo. Varias de las mayores compañías mundiales con escalas en el Golfo –Qatar Airways, Etihad y Emirates– han suspendido total o parcialmente sus vuelos a raíz del cierre temporal del espacio aéreo. Las pérdidas en dinero y en prestigio en estos nudos del transporte y turismo son incalculables.

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David Alandete

En las primeras 12 horas del ataque contra Irán, el pasado sábado, el presidente Trump mantuvo conversaciones telefónicas con los líderes de Arabia Saudí –el príncipe Mohamed bin Salman–, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Según ‘Middle East Eye’, el más reticente a la acción contra el régimen de los ayatolás fue el dirigente ‘de facto’ de Riad.
Arabia Saudí habría pedido inmediatamente después de que los misiles y drones iraníes llovieran sobre los países de la península arábiga que «nadie tome en solitario» la decisión de responder, para evitar una escalada. Solo debería hacerlo el llamado Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), previamente instruido por el Príncipe heredero saudí para que evite toda acción, y con ello «la escalada bélica en toda la región». Según ‘Middle East Eye’, el argumento saudí para reducir la tensión es que el ataque de represalia contra las monarquías árabes del Golfo «ha sido menor de lo que se esperaba».
La inquietud de Bin Salman se relaciona también con la guerra por el control de Yemen, donde se mantiene en pie una tregua entre las tropas saudíes –que apoyan al régimen constituido suní– y los rebeldes hutíes, una secta chií. Ese conflicto enfrentó también en fechas recientes a Arabia Saudí contra Emiratos, que también había enviado tropas a Yemen para proteger sus intereses. La guerra podría volver a encenderse si Irán se apoya en sus aliados hutíes para sus propósitos de venganza contra los árabes del Golfo.

Pugna regional y religiosa

La actitud de Emiratos Árabes difiere no obstante de la saudí. En unas declaraciones a la CNN, el ministro emiratí de Cooperación Internacional, Reem al Hashimy, dijo que su país podría ceder más emplazamientos a Estados Unidos para atacar a Irán si Teherán sigue incluyendo entre sus objetivos a las ciudades de Dubái y Abu Dabi. «Siempre hemos fomentado el diálogo, y hemos dejado claro que no buscamos lo que ahora se nos impone, porque nuestra región no necesita otra guerra», dijo Al Hashimy. «Pero al mismo tiempo, si hay que llegar a eso, llegaremos. La pelota está ahora en el campo de Irán; son ellos los que tienen que decidir si quieren llevarse bien con un vecindario que siempre se llevó bien con ellos», añadió.
Emiratos Árabes Unidos trata, al mismo tiempo, de tranquilizar a sus residentes extranjeros de que cuenta con uno de los mejores sistemas de defensa aérea del planeta, capaz de derribar todos o casi todos los misiles y drones lanzados desde Irán. Pero el miedo no conoce razones. «Esta es la última pesadilla para las autoridades de Dubái», señala en unas declaraciones a ‘The Times of Israel’ Cinzia Bianco, experta del Consejo Europeo sobre Relaciones Extranjeras (European Council on Foreign Relations). «Los emiratíes pueden encontrar el modo de resistir el embate, pero ya no hay vuelta atrás», concluye.
La alarma ante la posibilidad de residir o invertir en uno de los puntos más calientes del mundo, si el régimen teocrático de Irán al final no cae, puede generar un efecto dominó. Dubái es en la actualidad un polo de atracción para españoles con fortuna, debido a su sistema fiscal favorable y oportunidades de negocio. Según un informe del Ministerio de Exteriores, el número de españoles en Emiratos Árabes pasó de 4.000 en 2016 a más de 8.000 en la actualidad. En Qatar son poco más de 2.000 los compatriotas.
La atención a los posibles residentes adinerados de Occidente obvia la cruda realidad de la mayor parte de los llamados, en el argot local, ‘expatriados’. La inmensa mayoría de los extranjeros en los ricos países del Golfo son asiáticos o árabes de escasos recursos, que trabajan muchas veces bajo condiciones durísimas. En Emiratos Árabes Unidos, los expatriados representan el 86 por ciento de sus once millones de habitantes, y en Qatar ese porcentaje alcanza el 90 por ciento de sus tres millones. Carecen de muchos de los derechos de los ciudadanos, entre ellos el de la plena libertad religiosa (en Qatar y Emiratos), o el de la más mínima libertad de culto, en el caso de Arabia Saudí.

La Comisión Europea no descarta invocar la defensa mutua si Irán ataca a un miembro de la UE

Úrsula von der Leyen ha presidido este lunes una reunión de emergencia de los comisarios europeos, en un intento de favorecer una posición coherente entre los 27 países miembros, ya que sus posiciones están lejos de converger en una declaración que rebase las indicaciones sobre … la voluntad de proteger a los ciudadanos europeos que se encuentran atrapados en la zona de conflicto. Por eso, la presidenta de la Comisión ha preferido centrar la reunión de los comisarios en los aspectos más básicos de la situación sin entrar en los detalles más polémicos de la operación militar.
El domingo, los 27 ministros de Asuntos Exteriores no llegaron a una declaración conjunta, en parte porque países como España están encabezando una posición abiertamente crítica con las acciones de Estados Unidos e Israel. Su postura contrasta con la de otros como Chipre, que no es miembro de la OTAN como casi todos los demás países de la UE, y que se encuentra en una situación de amenaza por ser el territorio europeo más cercano a la zona de conflicto.

En este sentido, fuentes de la Comisión han confirmado que están considerado activar la cláusula de defensa mutua, el artículo 42.7 del Tratado, mientras observa el desarrollo de los acontecimientos. Los portavoces del Ejecutivo comunitario no descartan esta última opción, que significaría que todos los países están obligados a aportar todos los medios defensivos posibles para proteger a este país. La cláusula «no se ha activado, pero veremos si se decide en los próximos días».

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Enric Bonet

La reunión extraordinaria de los comisarios se ha centrado en analizar las repercusiones para la UE de la evolución de la situación en Irán y Oriente Próximo. Según el comunicado publicado después, las dos prioridades del Ejecutivo comunitario son «apoyar a los Estados miembros y proteger a los ciudadanos de la UE de las consecuencias adversas». Para ello, Bruselas se propone apoyar los esfuerzos de evacuación y repatriación de los Estados miembros, en particular a través del Mecanismo de Protección Civil de la UE que permite organizar por ejemplo vuelos conjuntos.
Los comisarios han prestado atención también a «los riesgos de interrupción del transporte, especialmente en la zona del estrecho de Ormuz y el mar Rojo». En este sentido se dispone a convocar esta misma semana una reunión del Grupo de Trabajo sobre Energía con los Estados miembros, en colaboración con la Agencia Internacional de la Energía. Según el Ejecutivo comunitario, las reservas estratégicas de los países están en estos momentos en una media del 30% de su capacidad. También se han analizado cuestiones de seguridad interior y los posibles cambios en la situación de las rutas de llegada de refugiados.
En materia de seguridad interior, la Comisión mantiene una vigilancia reforzada y una estrecha cooperación con Europol y los Estados miembros en relación con los posibles riesgos para la seguridad interior.
La Comisión necesitaba elaborar una respuesta conjunta y coherente en política exterior para una región donde no tiene una gran influencia, pero que suscita grandes debates entre los países miembros. Hay mucha diferencia entre las posiciones de Francia y Alemania, junto al Reino Unido, que no han criticado la operación contra Irán, o España, que ha obligado a los aviones norteamericanos a dejar la base de Rota. No es extraño que Washington haya enviado esos aviones a una base francesa y otra conjunta en Alemania.
Esta es la tercera vez que se reúne el Colegio de Seguridad de la Comisión Europea. Las dos veces anteriores, en abril del año pasado y en enero de este año, se debió a situaciones relacionadas con la guerra de Ucrania.

Melania Trump preside el Consejo de Seguridad de la ONU en medio de la guerra de Irán

Las bombas que caen en Oriente Próximo no impidieron a Melania Trump hacer historia: la mujer de Donald Trump ha presidido este lunes el Consejo de Seguridad de la ONU, por primera vez en la historia para una primera dama.La decisión de Trump … de enviar a su esposa a presidir el órgano de poder de la ONU, el gran foro hasta ahora de las relaciones internacionales y para la resolución de conflictos, ya fue polémica cuando se conoció la semana pasada. Ocurre dentro de una degradación evidente de la relación de EE.UU. con la ONU, de la que la primera potencial internacional es su principal financiador. Trump ha sacado a EE.UU. de tratados y agencias de la ONU, ha recortado su financiación y la ha contraprogramado con su propio foro, el Consejo de la Paz, creado para la reconstrucción de Gaza.

Pero la presencia de Melania en la sede en Nueva York de la ONU adquiría un peso especial desde el pasado sábado, cuando Trump dio luz verde a los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel contra Irán.

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Entre acusaciones cruzadas

Javier Ansorena

Pese a la guerra, la primera dama no cambió sus planes. Llegó a la sede de la ONU a orillas del East River poco después de las dos y media de la tarde -ocho y media de la noche en España-, entre una gran expectación.
Melania se presentó acompañada del representante de EE.UU. ante la ONU -Mike Waltz, el que fuera el consejero de seguridad nacional de Trump al comienzo de su segundo mandato- y saludó y se tomó una foto de familia con los embajadores del resto de los doce países representados en el Consejo de Seguridad: los cinco con asiento permanente y derecho de veto -Rusia, China, Reino Unido y Francia, además de EE.UU.- y los siete miembros rotatorios. Quien no estaba entre ellos era António Guterres, el secretario general de la ONU. En su lugar compareció su segunda, Rosemary DiCarlo.
El tema de la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU que presidió Melania era ‘Infancia, tecnología y educación en conflictos’. Un asunto de mucha actualidad, en medio de la guerra de Irán. Uno de los episodios más controvertidos hasta el momento en el conflicto ha sido el bombardeo de una escuela de niñas en Minab, en el sur de Irán. Según la UNESCO, murieron cerca de 150 personas -muchas de ellas, menores- y un centenar resultaron heridas.

«EE.UU. está del lado de todos los niños en el mundo»

Melania no habló de ese asunto cuando llegó al Consejo de Seguridad y no respondió preguntas de los reporteros. Tampoco en su discurso, en el que sí se acordó nada más comenzarlo de los soldados estadounidenses muertos en la guerra: «Su valentía y dedicación siempre será recordada».
«EE.UU. está del lado de todos los niños en todo el mundo, espero que la paz pronto esté con vosotros», dijo la primera dama. Después, llenó su discurso de alusiones a la paz que sonaban distanciadas de la realidad, en medio de la guerra en Oriente Próximo en la que su marido es el principal protagonista. «La paz no tiene por qué ser frágil», «la paz duradera se conseguirá cuando el conocimiento y el entendimiento sean realmente valoradas en todas nuestras sociedades», «los niños que creen en culturas enraizadas por la ignorancia están rodeados por el desorden y a veces incluso por conflictos», «os imploro a construir una futura generación de líderes que abrazan la paz a través de la educación»…
Tras su discurso, Melania tomó su papel de presidenta del Consejo -en manos de EE.UU. este mes, los miembros se rotan en la presidencia- y dio la palabra al resto de países. Los agradecimientos a su presencia fueron abundantes, así como la celebración de sus esfuerzos diplomáticos relacionados con la infancia: la primera dama tuvo el pasado otoño su primera gran incursión en las relaciones diplomáticas negociando con Rusia un acuerdo para la liberación de niños secuestrados durante la guerra de Ucrania.