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Dos aeronaves militares de EE.UU. para asaltos de combate sobrevolaron a Caracas

El cielo estaba parcialmente nublado cuando las dos aeronaves militares estadounidenses, autorizadas por el régimen chavista, aterrizaron este sábado en la sede de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, dejando perplejos a los venezolanos en cuanto al verdadero propósito de su inédita visita.
A pesar de que la Cancillería venezolana había anunciado que este sábado se iba a realizar un «simulacro de evacuación» del personal diplomático en la delegación norteamericana, la maniobra aérea aparentó ser más bien una operación militar de desembarco de marines y civiles de EE.UU., y no la extracción de diplomáticos.

Las expectativas sobre la presencia de la armada de EE.UU. aumentaron después que el canciller Yvan Gil borrara este viernes el comunicado anunciando la aprobación oficial del «simulacro de evacuación» de las dos aeronaves. Presuntamente por las críticas que había levantado el chavismo.
La operación aérea protagonizada por dos helicópteros gigantes tipo Bell-Boeing V-22 Osprey, conocidos como águila espía o águila pescadora, contó con un apoyo logístico impresionante: el crucero misilístico USS Lake Erie (CG-70) y el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, que se ancló a seis millas náuticas de Catia La Mar, la zona costera de Caracas. Este buque fue el que transportó a las dos aeronaves a la Embajada de EE.UU. y es la misma nave que se utilizó para llevar a Nicolás Maduro y Cilia Flores a Estados Unidos tras ser extraídos el pasado 3 de enero.

🇺🇸 🇻🇪 #venezuela | 🎥 La Embajada de Estados Unidos en Caracas informó que llevó a cabo un ejercicio de respuesta militar en sus instalaciones. El objetivo es garantizar la capacidad de respuesta rápida del ejército. Además, reafirmaron que siguen avanzando en el plan de tres… pic.twitter.com/tuA00hhTs0— ElPirobo_TM (@ElPirobo_TM) May 23, 2026
Los helicópteros ingresaron al espacio aéreo nacional cerca de las 10 de la mañana a través del corredor de Tacagua, una de las rutas habituales de aproximación hacia Caracas. El tiempo nublado frustó el plan de los caraqueños de hacer mejores tomas del sobrevuelo de las aeronaves.
Los vecinos de la zona sureste de la ciudad donde se encuentra la sede diplomática estaban expectantes desde el viernes por la noche. Muchos no durmieron esa noche para saber lo que podía pasar con el operativo militar este sábado y no ser sorprendidos como ocurrió en la madrugada del 3 de enero con el sobrevuelo de cientos de helicópteros y las explosiones de las bombas que caían en los sitios militares estratégicos para capturar a Maduro y luego ser extraído.
Para tranquilizar a la población, la Embajada de EE.UU., escribió en su cuenta de X que «el comandante del SOUTHCOM, el general Francis L. Donovan, estuvo hoy en Caracas, Venezuela, en su segunda visita oficial al país. Participó en conversaciones bilaterales con altos representantes del gobierno interino, se reunió con el liderazgo y el personal de la Embajada de los Estados Unidos, y observó a la fuerza conjunta realizar un ejercicio de respuesta militar».
El general Donovan y un contingente de miembros del servicio militar estadounidense fueron transportados a Caracas en dos MV-22B Osprey de @USMC que formaban parte del ejercicio.
«Seguimos comprometidos con garantizar la implementación del plan de tres fases de @POTUS, particularmente la estabilización de Venezuela, y con la importancia de la seguridad compartida en todo el hemisferio occidental. Los Estados Unidos está comprometido con una Venezuela libre, segura y próspera para el pueblo venezolano, los Estados Unidos y el hemisferio occidental», reiteró la misión diplomática.
La reacción de los venezolanos ante la presencia militar de EE.UU. en plena acción y a pleno día fue encontrada, pero a nadie dejó indiferente. Por el lado del chavismo y los de izquierda criticaron la operación del sobrevuelo norteamericano como algo «humillante» y «vergonzoso», mientras que los antichavistas celebraron y vieron con buenos ojos la presencia de las aeronaves.
Para la experta en temas militares, la periodista Sebastiana Barraez, dijo en su cuenta X que el águila espía o águila pescadora Bell-Boeing V-22 Osprey, de los aviones que sobrevolaron Caracas no es acción para tomarla a juego. Es un avión con características especiales. «EE.UU. hizo una demostración y no de simulacro precisamente» le dijo una fuente militar que entrevistó.

Impresionante. Lo que ha ocurrido hoy en Venezuela es histórico. Ya no es el 3ene con las aves de hierro entrando de madrugada para llevarse a Maduro. Hoy a pleno sol los aviones de EEUU surcaron el territorio aéreo venezolano. El favor de la interina @delcyrodriguezv https://t.co/Yfdqb9UtKK— Sebastiana Barráez (@SebastianaB) May 23, 2026
Y añadió es «Impresionante. Lo que ha ocurrido hoy en Venezuela es histórico. Ya no es el 3 de enero con las aves de hierro entrando de madrugada para llevarse a Maduro. Hoy a pleno sol los aviones de EE.UU. surcaron el territorio aéreo venezolano».
Por su lado el ingeniero David Morán confesó que en su recorrido por la ciudad, intentando tomar algunas imágenes de los helicópteros, visitó varios locales comerciales. «El clamor era que no se fueran con las manos vacías», dijo al referirse a nuevas entregas o extracciones como la de Alex Saab la semana pasada, después de Maduro y Cilia Flores.

Un convoy para ayudar a los pueblos cristianos del Líbano, aislados por las bombas

«¿Estas personas forman parte de su organización?», pregunta el capitán italiano de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (Finul) a Fouad Abou Nader, presidente de la ONG Nawraj, señalando unos 50 vehículos en la entrada de la zona de … amortiguación.
Abou Nader responde sin dudar: «Son de los nuestros». En realidad, desconocía que estos cristianos libaneses de Rmeich, Ain Ebel y Debel se encontrarían reunidos en ese lugar. Abou Nader iba a entregar ayuda humanitaria discreta, con un solo camión con leche para los bebés y artículos de primera necesidad. Pero se le unieron medio centenar de vehículos de vecinos de la zona que, al enterarse de que iba a viajar a los pueblos aislados del sur del Líbano protegido por la Finul, aprovecharon la oportunidad para llegar hasta allí con víveres para sus habitantes.

Abou Nader llevaba un mes intentando llegar a estas comunidades completamente aisladas. La primera vez, el viaje fue cancelado a las tres de la madrugada por el «Mecanismo» –el comité encargado de supervisar el cumplimiento del alto el fuego–, que, sin embargo, había otorgado las autorizaciones necesarias. Se reprogramó varias veces. Hace una semana, Abou Nader y su equipo llegaron a Tiro. Allí, la escolta de la Finul no se presentó, alegando que ese día no se iba a garantizar la protección de ningún convoy. No obstante, se contaba con la autorización previa.

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Guerra en el Líbano

Nathalie Duplan

Esta vez, el viaje se pospuso y se reprogramó: martes, jueves, viernes y domingo de la semana pasada. El sábado se canceló. Pero, por la noche, el «Mecanismo» y la Finul confirmaron que podía llevarse a cabo el domingo pasado. Debido a la intensidad de los combates entre Israel y Hizbolá en la zona, el convoy no pudo regresar a Beirut hasta el lunes y, desde entonces, nadie ha podido viajar a esos pueblos del sur del Líbano.
Conociendo el alto coste de cruzar la línea amarilla impuesta por los israelíes, Abou Nader no quiere abandonar a estos aldeanos que se han unido a su convoy. Reconoce que «sus camiones no transportan ayuda humanitaria, pero, si queremos que la población se quede, los negocios tienen que funcionar. Desde el comienzo de la guerra no han podido cultivar sus tierras, a pesar de que la región depende principalmente de la agricultura, en particular de los olivares, que deberán ser analizados para saber si han sido contaminados. Estas personas vendrán conmigo, aunque nos retrase, porque es la única manera que tienen de regresar a casa».

Distribución de paquetes preparados por alumnos de una escuela de Baskinta.

(N. Duplan)

Durante horas, familias esperanzadas y algo febriles han esperado bajo el sol abrasador. Charbel, de Rmeich, sostiene en brazos a su bebé de diez días. Yolla, de Debel, confiesa: «Tengo cáncer. Me están tratando en Beirut porque no hay hospitales en el sur. Pero es complicado: hay que pedir permiso para salir y luego para volver».
Yolla está con su amiga Charifa, cuyo marido también tiene cáncer y recibe tratamiento en la capital. Garios es de Ain Ebel. El joven trabaja en Bint Jbeil: «Allí todo está destruido; trabajo por internet. Durante dos meses vivimos en un piso en Beirut. Cuando supimos que pasaba un convoy, recogimos nuestras pertenencias».
En pocos minutos, siguiendo las instrucciones del capitán de la Finul, Fouad Abou Nader dirige los vehículos. A la entrada de Tiro, motocicletas y coches sin matrícula (afiliados a Hizbolá) rozan el convoy, profiriendo insultos, sabiendo que solo los cristianos pueden regresar a casa, incluso a costa de un gran riesgo personal.

Charbel, de Rmeich, sostiene en brazos a su bebé de diez días.

(N. Duplan)

En carreteras empinadas, propicias para emboscadas, el avance es lento en medio de paisajes devastados. Nada ha sido despejado ni reconstruido. Los cascos azules de la ONU descienden ocasionalmente de sus vehículos blindados para retirar los cables que bloquean el paso. Las paradas frecuentes son necesarias debido al intenso bombardeo. El denso polvo dificulta la respiración. «Los israelíes no permitirán que los chiíes se reasienten a menos que se llegue a un acuerdo», comenta Abou Nader.
Tras horas atravesando los pueblos fantasmas de Ain Baal, Qana, Siddiqine, Kafra, Haris, Haddatha y Hanine, se llega al centro de Rmeich. La vida allí parece casi normal. El convoy se dispersa. Abou Nader visita las comisarías que han seguido operativas. Cuando el Ejército libanés se retiró, movió cielo y tierra en los más altos niveles del Gobierno para conservar una presencia armada legal. Obtuvo una directiva oficial que autoriza a los miembros de las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI) de la región a ser asignados a puestos en sus aldeas en lugar de a sus comisarías de policía habituales.

«Dicen que somos héroes porque nos quedamos en nuestros pueblos y mantenemos la escuela abierta. Ustedes son héroes porque vinieron hacia nosotros»

Josephine
Monja

En la escuela de Debel, Abou Nader distribuye paquetes preparados por alumnos de una escuela de Baskinta, en las montañas sobre Beirut, para animar y apoyar a sus compañeros del sur. La monja Josephine se emociona: «Dicen que somos héroes porque nos quedamos en nuestros pueblos y mantenemos la escuela abierta. Ustedes son héroes porque vinieron hacia nosotros».
La tarde termina. En Ain Ebel, Garios camina por las calles con una amplia sonrisa: «Todo está bien. La casa no sufrió daños». Rebecca cuestiona a Abou Nader: «Ya no puedo ir a trabajar a Tiro. Las carreteras tienen que ser reabiertas». Los estudiantes de secundaria expresan su preocupación: su escuela está cerrada y temen tener que ir a otro lugar para presentar sus exámenes de bachillerato. Fouad Abou Nader llama al Ministerio de Educación. Los estudiantes se tranquilizan al oír al interlocutor anunciar que «nos las arreglaremos. Los exámenes se realizarán en su pueblo».

Fouad Abou Nader, presidente de la ONG Nawraj.

(N. Duplan)

Los residentes saben que la situación continuará y que tendrán que buscar alternativas. Las opiniones sobre los israelíes están divididas: «Vienen a comprarme cerveza, son amables», dicen unos. «No se puede confiar en ellos, intentan convencernos para que nos pongamos de su lado», comentan otros. «Si abren la frontera, estoy dispuesto a ir a buscar trabajo allí. No nos quieren, pero nos respetan».

«Si queremos que la población se quede, los negocios tienen que funcionar. Desde el comienzo de la guerra no han podido cultivar sus tierras»

Fouad Abou Nader
Presidente de la ONG Nawraj

Los aviones de combate vuelan a baja altura. Los bombardeos continúan. El capitán de la Finul no puede garantizar el regreso del convoy. Tendrán que esperar hasta el día siguiente. Mientras cada uno hace sus propios preparativos, Fouad Abou Nader susurra: «¿Por qué tiene que sufrir así esta gente?».

Rubio muestra su optimismo con Irán y dice que habrá un anuncio «en días» mientras Trump sigue dividido entre acuerdo o atacar

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha afirmado este sábado en la India que Washington ha logrado algunos avances con Irán y que Estados Unidos podría tener «algo que decir» sobre el asunto en los próximos días.»Se han logrado algunos avances, se han hecho algunos progresos. Incluso mientras les hablo ahora, se está trabajando en ello. Existe la posibilidad de que, ya sea más tarde hoy, mañana o en un par de días, tengamos algo que decir», ha declarado Rubio a los medios durante un evento en la embajada de Estados Unidos en Nueva Delhi.El jefe de la diplomacia estadounidense ha advertido que la crisis exige soluciones definitivas y ha reiterado que la postura inamovible de la Casa Blanca es que Teherán «nunca podrá tener un arma nuclear». «Este problema tiene que resolverse, ya que el presidente (Donald Trump) ha dejado claro que, de una forma u otra, Irán nunca podrá tener un arma nuclear. Los estrechos deben permanecer abiertos y sin peajes. Ellos tienen que entregar su uranio altamente enriquecido», ha sentenciado Rubio.El secretario de Estado ha enfatizado que la Casa Blanca busca resolver la crisis mediante una solución diplomática negociada y ha deslizado que podría haber novedades en esa dirección incluso antes de que concluya su actual visita a la India, el próximo martes. «Esperamos que se haga por la vía diplomática, en eso estamos trabajando. Y quizás haya algo de qué hablar sobre ese tema en algún momento mientras me encuentre aquí en esta visita», ha avanzado.Casi en paralelo, el Ministerio de Exteriores iraní ha coincidido este sábado en que ha habido un mayor acercamiento de posturas durante la semana y ha asegurado que, aunque no hay un acuerdo definitivo cerrado, todavía es necesario esperar «para ver qué ocurre en los próximos tres o cuatro días».El portavoz del ministerio iraní, Esmail Bagaei, ha detallado que las partes tratan de acordar un memorando de entendimiento sobre una propuesta de 14 puntos centrada en el fin de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano. Según Bagaei, después de finalizar el memorando, las partes empezarán a negociar el programa nuclear iraní, el levantamiento de las sanciones estadounidenses y el desbloqueo de los fondos iraníes en el extranjero, en un plazo de entre 30 y 60 días.Trump se reunirá con su equipoPor otro lado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha explicado este sábado que está dividido entre cerrar un acuerdo o retomar la ofensiva militar contra Irán. En breves declaraciones telefónicas al portal Axios, el presidente ha dicho que hay un 50% de probabilidades de llegar a un «buen» trato o, por el contrario, hará «volar por los aires» a Irán, país con el que acordó un alto el fuego en abril.El presidente tiene previsto reunirse este mismo sábado con su equipo de seguridad, incluido el vicepresidente, JD Vance, y el equipo negociador estadounidense, Steve Witkoff y Jared Kushner. Trump canceló además el viernes sus planes de pasar el fin de semana en su campo de golf en Nueva Jersey y regresó a Washington para dar seguimiento a las negociaciones con Teherán para analizar la situación.  El jefe del Ejército paquistaní, el general Asim Munir, que ejerce de mediador entre Estados Unidos e Irán, ha visitado este sábado Teherán para tratar de impulsar un acuerdo. En el centro de las negociaciones está el programa nuclear iraní, pues Washington exige que Teherán deje de enriquecer uranio, y la situación del estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán desde el inicio de la guerra y donde quiere cobrar un peaje para su tránsito.

La letra pequeña de la alianza entre Putin y Xi

Unas semanas antes de la invasión rusa de Ucrania, Vladímir Putin y Xi Jinping firmaron una «alianza sin límites». El apoyo continuado de China al expansionismo de Moscú ha sido determinante para que el conflicto dure más de cuatro años. La superpotencia que proyecta deseos … de paz y multilateralismo, en contraste con la política exterior disruptiva y caótica de Donald Trump, es responsable de prolongar la guerra en la frontera este de Europa. Lo hace a través de la importación de energía rusa, la exportación de tecnología de doble uso y la propaganda a favor de su aliado.
Esta semana estos dos viejos amigos se han reunido en Pekín, en una cumbre que ha puesto de relieve la creciente debilidad rusa. Putin necesita nuevos ingresos para un Estado convertido en gigantesca máquina de guerra y no ha conseguido la aprobación del nuevo gaseoducto Power of Siberia 2. Las excusas balbuceantes de Dmitry Peskov, su portavoz, han dejado claro quién manda. El futuro de Rusia está cada vez más ligado a su condición de vasallo de China. Su desarrollo científico y tecnológico depende de las exportaciones e inversiones del gigante asiático y, cada vez más, su política exterior estará condicionada por la superpotencia en ascenso.

China resiste bien la crisis de la energía provocada por el cierre del estrecho de Ormuz, pero quiere un precio más bajo por el gas ruso y controlar cualquier nueva red de distribución, como hace con las existentes.

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José M. de Areilza

De la reunión de los dos «hombres fuertes» en Pekín cabe destacar el mensaje conjunto a favor de una gobernanza global que se aleje de la «ley de la jungla», una referencia a Trump que también señala a Putin. Xi Jinping ya había criticado a Rusia en su encuentro con Trump, al decir que Putin se acabará arrepintiendo de la invasión de Ucrania. Se trataba de una humillación calculada a su siguiente invitado, no exenta de cinismo.

Cuba, entre el miedo y la esperanza

«¡Ya no aguanto más!». El grito de Gabriela desgarra la noche de La Habana. Lleva 24 horas sin electricidad, los ventiladores recargables ya se han agotado, la leche huele mal, y ella está exhausta de tanto abanicar a su hija para espantarle los … mosquitos y aliviarle el calor.
«¿Cuánto tenemos que resistir? Estoy desesperada, apenas duermo, apenas puedo trabajar porque siempre estoy cansada, además de que no hay transporte. Nadie puede vivir con solo una hora de luz al día o cada dos días; tampoco tenemos agua desde hace una semana», declara a ABC.

Los cortes de electricidad en la capital cubana se han intensificado en las últimas semanas. Las autoridades de la isla han reconocido públicamente que el combustible se ha agotado.

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En 1996

Manuel Trillo

Los prolongados cortes de luz, la crisis de abastecimiento de agua potable y el aumento de la miseria generalizada han provocado protestas, fundamentalmente en La Habana. Cientos de personas aporrean sus cacerolas cada noche e incluso han salido a las calles a quemar la basura y a exigir respuestas a las autoridades. El régimen ha practicado detenciones como forma de escarmiento y mantiene la militarización.
«Hemos tratado de exigir nuestros derechos de forma pacífica, con el diálogo, pero siempre pasa lo mismo: represión», comenta a este medio un residente en San Miguel del Padrón, uno de los municipios periféricos de la capital. «Si lo pacífico no funciona, otra cosa habrá que hacer, pero la dictadura tiene que acabar. Esta situación no es culpa del bloqueo ni de Estados Unidos, sino de los Castro», añadió.

«Nadie puede vivir con solo una hora de luz al día o cada dos días; tampoco tenemos agua desde hace una semana»

Gabriela
Vecina de La Habana

En las calles de La Habana se respira un aire denso. No es solo por la acumulación de basura, el calor y la desesperación por la supervivencia diaria, sino también por el cúmulo de titulares históricos en menos de una semana.
Cuba ha comprado más de 300 drones militares a Rusia e Irán y planea usarlos contra objetivos estratégicos de Estados Unidos. En un giro histórico, Raúl Castro ha sido imputado en Estados Unidos por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. Desde la isla, el gobernante Miguel Díaz-Canel advierte sobre un posible «baño de sangre» ante cualquier intervención militar. Carlos Fernández de Cossío, el vicecanciller del régimen cubano, alerta de que «cualquier intento de utilizar» la acusación contra Castro como «excusa para una acción» militar en Cuba, «se topará con una resistencia feroz».

La Policía Nacional Revolucionaria de Cuba vigila las calles para impedir protestas.

(Efe)

A ello se suma la presencia en el Caribe, a unas millas náuticas de la costa cubana, del portaaviones estadounidense USS Nimitz. Aunque Trump negó que este despliegue busque intimidar al régimen cubano, la sola estampa del gigante gris en el horizonte reactiva los fantasmas de la Guerra Fría en una isla en la que, pese a la insistencia del régimen, las batallas ideológicas se han perdido.
La población se debate entre el pánico a un conflicto armado y la fe inquebrantable en que ocurra un cambio definitivo. «Tengo miedo y no quiero una guerra porque mi hijo está en el Servicio Militar Obligatorio», dice María Elena, maestra de primaria en Centro Habana.
«Si hay bombas o disparos, los muertos los ponemos nosotros, no los dirigentes», afirma Pedro, un chófer privado.

«Si hay bombas o disparos, los muertos los ponemos nosotros, no los dirigentes»

Pedro
Chófer privado

El régimen se sostiene en la vieja narrativa de «guerra de todo el pueblo». Miles de hombres están siendo movilizados. «Fueron a mi casa para decirme que debía estar localizable en caso de una agresión militar de Estados Unidos, les dije que conmigo no contaran, que yo no tenía nada que ver con eso», señala Ricardo. Aunque hace años que terminó en el Servicio Militar, explica que la mayoría de los hombres pasan a formar parte de las «tropas de la reserva».
También en las escuelas los niños son intimidados con una guerra. Un joven de 15 años cuenta a ABC cómo en su escuela algunos profesores les dicen que «los americanos van a invadir a Cuba y a esclavizarnos». Esta semana «nos metieron en el refugio y estaba un hombre vestido de verde dando órdenes, diciendo que podía ser que Cuba fuera bombardeada y nos hicieron cantar el himno nacional. Todos teníamos mucho miedo, después nos dijeron que había sido una falsa alarma».
«Mi niño llegó de la escuela llorando porque un profesor les dijo que los americanos nos iban a atacar y que todos, incluyendo ellos, tendrían que tomar las armas para defendernos», relató Marcia.

El impacto de la imputación a Castro

Durante generaciones, el apellido Castro ha sido sinónimo de un poder eterno, blindado e impune. Por eso, ha sorprendido a toda la población la noticia de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos haya formalizado cargos criminales contra el general de Ejército, de 94 años, por conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y asesinato.
En las filas del Partido Comunista y los partidarios del régimen se percibe el nerviosismo: si Raúl Castro, el máximo líder, puede ser juzgado, nadie en la estructura de Gaesa ni en el buró político está a salvo.
Mariela Castro Espín afirmó este viernes en La Habana que a su padre, Raúl, «nadie lo va a secuestrar». «Dicen que venían hoy (…). Vengan, los estamos esperando», agregó. Sus declaraciones se compararon con aquellas del exdictador de Venezuela. Nicolás Maduro, en las que decía «vengan por mí, cobardes».

«A Raúl nadie lo va a secuestrar. Dicen que venían hoy (…). Vengan, los estamos esperando»

Mariela Castro Espín
Hija de Raúl Castro

Entre los sectores disidentes, en la isla y en el exilio, la imputación se vive como una victoria moral largamente esperada. «Aunque lo más probable es que Raúl no responda ante la Justicia por sus crímenes, porque está muy viejo, al menos que pase sus últimos días sin poder dormir, con miedo, sabiéndose vulnerable», refirió un cubano que solicitó el anonimato.
Por otro lado, existe un temor palpable de que el acorralamiento de quienes durante décadas han aterrorizado a la población provoque una reacción violenta contra los presos políticos, los disidentes o contra aquellos que protesten en las calles.
En las últimas semanas, se han denunciado varias amenazas de muerte por parte de la Policía contra presos políticos, periodistas independientes y activistas de derechos humanos.

Esperanza entre las ruinas

A pesar del despliegue militar, las amenazas de muerte y de guerra y la incertidumbre judicial, las palabras que más se repiten entre los cubanos son «cambio» y «libertad». Es una esperanza nacida tanto de la necesidad de supervivencia como de las ansias de emancipación.
«En Cuba llevamos 67 años en guerra», afirma Ángel. «Pero una guerra de la dictadura contra el pueblo; ya es hora de que alguien nos salve de este calvario, solos no podemos«, agrega.

La miseria reina en Cuba en medio del colapso del régimen castrista.

(Camila Acosta)

El miedo es real, pero está compitiendo directamente con un factor más poderoso: el agotamiento extremo.
«El Gobierno usa el miedo a un enemigo externo para tratar de cohesionar a la gente, pero ya cada vez menos se creen ese cuento. El verdadero enemigo siempre han sido ellos, los Castro. Así que, por mí, que Estados Unidos haga lo que tenga que hacer, siempre y cuando eso suponga el fin de la agonía», sostiene Caridad. Para ella, un cambio en Cuba pasa, necesariamente, por una salida de los Castro del poder.

«El verdadero enemigo siempre han sido ellos, los Castro. Que Estados Unidos haga lo que tenga que hacer, siempre y cuando eso suponga el fin de la agonía»

También el miedo es usado contra aquellos que protestan por la falta de luz, agua o comida. «Pero el miedo se gasta, tiene límites», afirma Lázaro. «Cuando pasas tres días sin corriente y no tienes qué darle de comer a tus hijos, la amenaza del ‘baño de sangre’ te empieza a importar menos que un estómago vacío».
Entre el descontento social y las presiones externas, el poder del régimen pende de un hilo. Otros entrevistados opinan que, aunque tengan miedo a las bombas y a las bajas civiles, ansían que los americanos se lleven a los Castro como hicieron con Maduro.

En la capital de la isla se respira un aire denso, y no solo por la acumulación de basura.

(Camila Acosta)

«Este país no aguanta más; si es el precio para acabar con la dictadura, que pase lo que tenga que pasar», observa Rebeca, una doctora jubilada.
«¿Cuándo es que vienen los americanos a liberarnos?», pregunta una joven. «En mi trabajo todos estamos pendientes. ¡Falta que hace! Esto no da más. Hemos iniciado la cuenta atrás varias veces», dice con el humor negro que han cultivado los cubanos ante tantas desgracias.
Para Gabriela, el desgaste es insoportable y su niña no solo llora por el calor sino también por hambre: «Lo que quiero es que, si van a tirar una bomba, que la tiren de una vez; ya no me importa si me cae encima».

Japón investiga un nuevo caso de agresión sexual por parte de un militar de Estados Unidos en Okinawa

Las autoridades japonesas están investigando un nuevo caso de agresión sexual por parte de un militar estadounidense destinado en Okinawa, en el suroeste de Japón, según ha podido conocer este viernes la agencia de noticias nipona Kyodo.El sospechoso, de unos 20 años, está siendo investigado por agredir a una mujer en abril, huir del lugar de los hechos en vehículo y provocar un accidente al chocar contra una barandilla en la vía pública, sin denunciarlo a la Policía regional.La víctima pidió a una tercera persona que lo denunciara a la Policía de Okinawa, que este viernes remitió el caso a la Fiscalía de Nara y llevó a cabo varios interrogatorios. El diario local ‘Okinawa Times’ apuntó que el sospechoso se encuentra bajo custodia militar estadounidense.En 2024, salieron a la luz una serie de casos de violencia sexual que involucraban a personal militar estadounidense desplegado en Okinawa, donde se concentra el grueso de las tropas de Washington destinadas en el país asiático.Esos incidentes tardaron meses en hacerse públicos y, además, el Gobierno no notificó a las autoridades locales, lo que alimentó el rechazo que profesan a estas tropas.Okinawa concentra el 70% de las instalaciones militares que Washington tiene en Japón y los crímenes cometidos por miembros de las tropas estadounidenses y personal de esas instalaciones han sido una fuente constante de agravios para los residentes locales.Entre los casos que han suscitado gran indignación destacan la violación en 1995 de una niña de 12 años por parte de tres militares o la agresión sexual y asesinato de una mujer de 20 años en 2016 por parte de un extrabajador de una base estadounidense, que fue posteriormente sentenciado a cadena perpetua.