El 1 de abril es ‘April Fool’s Day’ en EE.UU., el equivalente al 28 de diciembre en España, el Día de los Inocentes. Los estadounidenses tratan de colarse engaños, comparten noticias imposibles en redes sociales y algún descuidado cae en la trampa. Ha … sido un 1 de abril cuando Donald Trump ha decidido dar un discurso a la nación sobre la guerra de Irán y alguno se temió que la cosa fuera una chanza. Es un día que el propio Trump ha desaconsejado para hacer grandes anuncios. El año pasado tenía pensado hacer la presentación histórica de sus aranceles a todos los países del mundo el 1 de abril. Lo movió al día siguiente para que nadie creyera que aquello de reformular el comercio mundial a golpe de arancel era un chiste (no lo era, pese a que el Tribunal Supremo se los haya tumbado por pasarse en el ejercicio de sus poderes ejecutivos).
Trump se asomó a los televisores de todos los estadounidenses a las nueve de la noche, entre gran expectación. Había rumores de anuncio gordo y era el escenario para esas ocasiones. ¿Comunicaría que EE.UU. se sale de la OTAN, con lo que lleva amagando varios días, frustrado por la negativa de sus socios a echar una mano para desbloquear el estrecho de Ormuz? ¿Declararía que los objetivos militares de EE.UU. han sido conquistados y la guerra de Irán pasa a la historia?
El que esperaba algo de esa envergadura, encontró en las palabras del presidente de EE.UU. una inocentada. Trump no hizo ningún anuncio, no trajo nada nuevo, no aclaró el rumbo de la guerra. Su discurso fue un refrito de los mensajes que ha compartido en los últimos días en redes sociales y en sus intercambios con la prensa: la capacidad militar de Irán está arruinada, EE.UU. «está cerca» de alcanzar sus objetivos militares, la guerra durará «otras dos o tres semanas» y recomienda a los países afectados por Ormuz -un dardo a sus socios europeos- que compren petróleo estadounidense y se impliquen ellos mismos en el desbloqueo de ese paso marítimo clave.
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Enrique Serbeto
El objetivo de Trump era ante todo doméstico: ganar tiempo con los estadounidenses, cada vez más frustrados con la guerra de Irán, que ha llevado el precio de la gasolina por encima del umbral psicológico de los cuatro dólares por galón, donde no llegaba desde el verano de 2022, en el comienzo de la guerra de Ucrania.
El discurso fue una petición de prórroga para «completar la misión». Porque esas dos o tres semanas más de guerra implican que Trump no cumplirá con la duración de la que ha hablado desde el comienzo de la guerra: estamos en el final de la quinta semana y aseguró que la campaña duraría entre cuatro y seis semanas.
Fue un discurso efectivo en la justificación de las razones para la guerra: en esencia, evitar la amenaza nuclear que puede suponer Irán, un objetivo que es popular en EE.UU. dentro de una guerra que es impopular. Pero, una vez más, no quedó claro qué objetivos busca cumplir Trump para poner fin a la implicación de EE.UU. en esta campaña militar.
El presidente de EE.UU. no ofreció un camino a la resolución de las cuestiones principales que dominan la guerra. Sobre el estrecho de Ormuz, dijo que se reabrirá «por sí solo» cuando acabe el conflicto. Sobre la determinación del fin de la amenaza nuclear, deslizó que EE.UU. podría vigilar por satélite las instalaciones nucleares de Irán y «atacarlas con dureza con misiles si vemos movimientos». Sobre la idea del cambio de régimen, defendió que «nunca» era un objetivo, aunque lo describió con claridad como tal cuando anunció los ataques a Irán el 28 de febrero, cuando comenzó la guerra. Pero que, al mismo tiempo, «ha habido cambio de régimen porque sus líderes han muerto». Es decir, trató de vender como una victoria que Irán ha pasado de un Jamenei (Alí, el Líder Supremo de la República Islámica hasta su muerte en la guerra) a otro Jamenei (Mojtaba, su hijo) y con una cúpula del régimen endurecida por la guerra. El presidente de EE.UU. tampoco dio pistas sobre la posibilidad de una operación terrestre, en medio del despliegue de miles de efectivos -marines y miembros de la 82ª división aerotransportada- especializados en ese tipo de misiones.
La claridad que ofreció el discurso es que el final de la guerra no será inmediato. Salpimentado con su retórica agresiva -«en las próximas dos o tres semanas, vamos a devolver a Irán a la Edad de Piedra, a la que pertenecen»-, Trump mostró que quiere seguir golpeando a la teocracia para dejar en ruinas al régimen o forzarlo a un acuerdo. Algo que será muy bien recibido en Israel y en los países del Golfo. Pero que provocó mucho menos entusiasmo en los mercados: tras el discurso, el barril de petróleo se disparó un 5% y se hundieron las bolsas asiáticas, que ya estaban abiertas, igual que los futuros de los mercados estadounidenses.
La mejor noticia para la orilla contraria del Atlántico es que Trump ni siquiera mencionó a la OTAN. La guerra en Oriente Próximo está creando una fractura atlántica que, al menos en este discurso, no aumentó de tamaño.