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Los límites de la adhesión MAGA

Hasta ahora la base republicana apoyaba a Donald Trump en la guerra de Irán. Tres semanas después, el miedo recorre el movimiento MAGA (Make American Great Again). Su amado líder se aleja de sus preocupaciones vitales y solo se preocupa de hacer Historia, con … mayúscula.
La astucia política del presidente es infravalorada fuera de Estados Unidos. El magnate neoyorquino ha sabido tejer dos veces una coalición electoral de grupos con diferentes agendas y mantenerla unida, algo que los demócratas sabían hacer en el pasado. Los MAGA son esenciales en este sudoku. Se oponen a las llamadas ‘guerras eternas’, como Irak o Afganistán, con un alto coste en vidas y dinero. En el caso del conflicto de Irán, en el que no hay una estrategia clara ni una salida prevista, Joe Kent, prototipo de líder MAGA, ha dimitido como director de Contraterrorismo y ha negado que Irán sea una amenaza existencial para su país.

Las elecciones legislativas de noviembre están a la vuelta de la esquina. Un empeoramiento del precio de la vida, en especial una subida del galón de gasolina, debilitaría las posibilidades de los candidatos republicanos. Trump barrunta declarar victoria con el argumento de haber retrasado de forma sustantiva el programa nuclear iraní y destrozado su capacidad militar, en especial en el lanzamiento de misiles. El cambio de régimen, mejor para otro día. Pero un Irán revanchista puede mantener incendiada la región y seguir chantajeando la economía mundial en el estrecho de Ormuz.

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José M. de Areilza

El presidente puede ceder a la tentación de poner tropas estadounidenses sobre el terreno, con dos objetivos, la liberación de este paso marítimo y la extracción del uranio enriquecido iraní. El riesgo de una guerra larga aumentaría de forma exponencial. Es significativo que el vicepresidente J. D. Vance, adalid de los MAGA y de las grandes empresas tecnológicas, no ha apoyado explícitamente el conflicto con Irán. Solo afirma que «espera que el presidente consiga completar la tarea».

Trump da señales de querer salir del atolladero de Ormuz: «Consideramos un repliegue de nuestros esfuerzos militares»

Donald Trump ha dicho en abundantes ocasiones que la guerra de Irán acabará muy pronto, que los objetivos se cumplen más rápido de lo esperado o que la superioridad militar sobre la República Islámica es absoluta. Pero este viernes se ha abierto a una posibilidad … diferente: iniciar un repliegue progresivo de la campaña militar en Oriente Próximo sin conseguir el objetivo más acuciante en estos momentos, reabrir el estrecho de Ormuz.
«Estamos muy cerca de cumplir nuestros objetivos y estamos considerando un repliegue progresivo de nuestros esfuerzos militares en Oriente Próximo en lo que respecta al régimen terrorista de Irán», aseguró el presidente de EE.UU. en sus redes sociales. Trump enumeró esos objetivos que están casi cumplidos: degradar la capacidad en misiles de Irán, destrozar su industria de Defensa, eliminar su Armada y sus Fuerzas Aéreas, no permitir que Irán tenga nunca capacidades nucleares y proteger a los aliados de EE.UU. en la región, desde Israel a los países del Golfo.

En la lista no se incluye la reapertura de Ormuz, el paso marítimo por el que fluye una quinta parte del petróleo mundial y que Irán ha conseguido cerrar al tráfico. Ese bloqueo ha sacudido la economía mundial, ha disparado el precio del barril de Brent y ha supuesto un problema político para Trump en EE.UU.
El multimillonario neoyorquino ha tratado de involucrar sin éxito a sus aliados de la OTAN en la reapertura de Ormuz. Este mismo viernes les llamó «cobardes» por no hacerlo y les advirtió de que EE.UU. «se acordará» de esto.

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Carlota Pérez

La situación en Ormuz es uno de los obstáculos para que Trump acabe con una guerra que es impopular en su país, donde los votantes irán a las urnas el próximo otoño para decidir la composición del Congreso. Y el presidente empieza a dar señales de una salida sin resolver el bloque de Ormuz. «El estrecho de Ormuz deberá ser vigilado y patrullado, si es necesario, por otras naciones que lo usen, ¡EE.UU. no lo utiliza!», dijo en su mensaje. «Si no los piden, ayudaremos a estos países en sus esfuerzos en Ormuz, pero no debería ser necesario cuando la amenaza de Irán sea erradicada».
«Y lo que es más importante, será una operación militar fácil para ellos», añadió. Pero él sabe que eso no es así y que Irán puede seguir bloqueando el paso aunque su ejército esté casi totalmente destruido, apenas con ataques puntuales a petroleros con drones baratos. De hecho, Trump se enfrenta a una decisión compleja, que podría llevar la guerra a una fase todavía más compleja y arriesgada: una operación terrestre para tomar territorios claves para Irán, como la isla de Jark, donde la República Islámica concentra el 90% del movimiento de su petróleo, o la costa iraní en las inmediaciones de Ormuz.
La Casa Blanca asegura que Trump no ha tomado una decisión al respecto, pero el Pentágono ya ha ordenado el traslado a Oriente Próximo de cerca de cinco mil efectivos del Cuerpo de Marines, especializados en este tipo de operaciones.

La deuda de Europa con los españoles que liberaron París

En un día soleado de invierno en Madrid, en el Campo del Moro del Palacio Real, la violinista española Rocío Cabello tocó las notas de la canción patriótica más famosa de Francia después de La Marsellesa, Le Chant des Partisans. «Amigo, ¿oyes el vuelo negro de los cuervos sobre la llanura?», empieza la letra de la canción, escrita durante la Segunda Guerra Mundial en un hotel de Surrey, en el sur de Inglaterra, por los miembros de la Resistencia Francesa Maurice Druon y Joseph Kessel, que utilizaron la melodía de otra compañera, la exiliada rusa Anna Marly.Algunos de los maquis de la Resistencia Francesa la cantaban mientras se dirigían a su ejecución en las prisiones nazis. Llegó a ser la sintonía del programa Honneur et Patrie, que emitía la BBC para llegar a los exiliados de la Francia Libre.»[Los líderes de la Francia Libre] sabían que nada une más a los hombres en combate que una canción, sobre todo cuando los soldados actúan en secreto, cuando forman un ejército de sombras», explicó Druon a la BBC en 2004 cuando tenía 85 años.Estudié un poco la historia de la Resistencia en mis clases de francés en Inglaterra, pero nunca supe que unos 180 españoles formaban parte de «ese ejército de sombras» apoyado por Winston Churchill. Conocidos como La Nueve, la novena compañía de la Segunda División del General Philippe Leclerc de la Francia Libre, fueron incluso los primeros soldados en liberar París el 24 de agosto 1944.Las notas del violín de Cabello inauguraron hace unos días la exposición 1945. Libération. Tras las huellas de La Nueve sobre esa compañía de mayoría española, que incorporó a socialistas, comunistas y anarquistas, que perdieron contra Franco en la Guerra Civil española y continuaron su lucha contra el fascismo con las fuerzas de la Francia Libre.Delante del Chalet de la Reina en el Campo del Moro, hay otro símbolo potente de la Resistencia, con toques claramente españoles: un blindado como los que conducían La Nueve, pintado con un mapa de España y el nombre «Guadalajara». Se trata de una réplica de las tanquetas que entraron en París aquel día de agosto y que estaban pintadas con los nombres de batallas o bombardeos de la Guerra Civil como Brunete y Guernica.La exposición en Madrid recorre la historia de La Nueve –que llegó a estar integrada por 350 voluntarios de 13 nacionalidades– desde sus inicios en Argelia, destacando su participación en operaciones claves del avance de los Aliados. «Es… una nueva mirada a la participación española en la resistencia en Francia», dijo el comisario de la exposición, el historiador Diego Gaspar Celaya. Es un homenaje necesario a unos héroes que durante décadas fueron olvidados.En su famoso discurso después de la Liberación de París, De Gaulle aplaudió a los parisinos y al Ejército francés por haber liberado a Francia de la ocupación nazi. Algunos miembros de La Nueve fueron decorados con honores franceses como La Légion d’Honneur o la Cruz de Guerra, «pero muchos no recibieron el reconocimiento que merecía su compromiso», reconoció Alice Rufo, la Ministra delegada de las Fuerzas Armadas Francesas y de los Antiguos Combatientes.En el lado español de los Pirineos, durante la dictadura no interesaba reconocer el papel de esos liberadores de París, tachados por Franco como la «anti-España». Rufo visitó la exposición acompañada por la embajadora francesa Kareen Rispal, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Victor Torres, y un grupo de estudiantes.Torres contó el caso de Miguel Campos, que peleó con La Nueve pero cuya mujer murió sin saber su heroísmo. «Este canario era panadero de un pueblo de Tenerife… que estaba en el centro de la lucha, como tantas y tantos, contra el fascismo», dijo Torres.»Tenemos una deuda con nuestra propia historia», me dijo Rufo.  «[Es] un deber reconocer el papel que desempeñó La Nueve en la liberación de Francia y el papel de los combatientes extranjeros por la libertad de nuestro país». «Es importante que sea un ejercicio con los jóvenes, que deben recordar quién luchó por la libertad de Europa».No me cabe ninguna duda de que una profundización en la historia de La Nueve resonará en estos tiempos de incertidumbre en todo nuestro continente donde antes sonaba Le Chant des Partisans, el Canto de la Liberación.

Los magnates de la guerra en Europa

Una gélida mañana de principios de 2024 tuvo lugar en Berlín una reunión de urgencia solicitada por los servicios de inteligencia estadounidenses. Sin tiempo siquiera para un café, dos altos funcionarios del Ministerio de Interior fueron informados sobre un plan de atentado cuya ejecución habían … puesto ya en marcha agentes rusos contra el ciudadano alemán Armin Papperberg, que inmediatamente fue puesto bajo protección y que, a fecha de hoy, sigue llevando guardaespaldas allá donde va.
El CEO de la empresa alemana del sector armamentístico Rheinmetall, según confirmaría posteriormente la ministra alemana de Exteriores Annalena Baerbock, estaba en el punto de mira de la inteligencia exterior rusa como objetivo de guerra híbrida y considerado un nodo nuclear de la defensa europea. Y no iban muy desencaminados.

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, Rheinmetall comenzó a concentrar sus esfuerzos de lobby en un intenso proceso de rearme europeo que logró pleno apoyo institucional en mayo de 2025. Con el Plan rearmar Europa, la Comisión Europea está movilizando un total de 800.000 millones de euros para proyectos de defensa, a través del instrumento financiero denominado Acción de Seguridad para Europa y que consiste en dar préstamos baratos a los gobiernos europeos para la compra de armas.

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Rosalía Sánchez | Corresponsal en Berlín

Esa riada millonaria está alimentando a todo un sector olvidado durante décadas y que ahora se hace con grandes partidas presupuestarias, en el que destacan varios gigantescos fabricantes de armamento convertidos en los nuevos señores de la guerra en Europa. A través de sus estrategias de producción, son los ‘arquitectos’ de la nueva seguridad europea.

Rheinmetall se hace hueco en la agenda

Rheinmetall es, sin duda, el caso más destacado. Apenas había empezado la guerra en Ucrania cuando Papperberg se presentó en el Ministerio de Berlín con una lista de material militar, incluidos tanques y camiones, que la compañía estaba en condiciones de suministrar sin dilación al país atacado. No le fue fácil conseguir aquella cita, porque los fabricantes de armamento estaban todavía muy mal vistos en la escena política europea y la entonces ministra alemana, la socialdemócrata Christine Lambrecht, alegó una agenda muy tupida hasta que intermediaron terceros.

Los iraníes en EE.UU., entre la esperanza y la angustia: «Quiero un país libre, pero ¿quién se alegra de las bombas?»

Mitra tiene que gritar para cubrir la voz del megáfono que chilla «Basta a la República Islámica!», «Irán libre!». Un coro de varios cientos de personas responde levantando los puños al cielo. Banderas iraníes, estadounidenses, con la estrella de Israel. «Tengo 50 años y vivo … en Estados Unidos desde hace 31. Desde que puse un pie aquí, como refugiada política, no he vuelto nunca más», dice la mujer. Grandes gafas negras y una bandera roja, blanca y verde atada al cuello, llevada como un chal o una capa de superhéroe, Mitra cuenta que huyó de Teherán en plena noche, después de que su padre fuera asesinado por el régimen: «No veo la hora de volver a su tumba. Y decirle que lo que siempre soñó ha sucedido. Que lo hemos logrado después de todos estos años», confía con la barbilla temblorosa y una lágrima que le recorre el rostro.
Estamos en el corazón de Westwood, un acomodado barrio universitario, de profesores, abogados y médicos en el oeste de Los Ángeles. Los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre el Irán de los ayatolás arrasan a más de 12.000 kilómetros de distancia y a 11 horas y media de huso horario, pero su estruendo se siente con fuerza en la metrópolis californiana, que alberga la mayor comunidad de la diáspora iraní del mundo: entre las más de 500.000 personas de origen persa residentes en Estados Unidos, más de un tercio vive aquí.

En este barrio, encajado entre Beverly Hills y Santa Mónica, entre casitas, jardines cuidados y jacarandas en flor, los iraníes estadounidenses han construido una patria lejos de su país. La llaman amistosamente ‘Persian Square’, ‘Little Persia’ o ‘Tehrangeles’: una sucesión de restaurantes, bazares, tiendas de alimentación con carteles en caracteres persas. El farsi es la lengua de las mesas colocadas al sol.

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Desde aquí, los iraníes fuera de Irán han recibido la noticia de que el gobierno del que huyeron estaba siendo atacado por su país de adopción –y que el líder de larga data de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, había sido asesinado. Muchos de ellos pertenecen a minorías oprimidas en Irán –judíos, asirios, bahaíes, cristianos. Algunos huyeron tras la caída en 1979 del último sah de Irán, Mohamed Reza Pahlevi. Otros nacieron en el exilio y conocen el país de sus padres como se conocen los lugares en los cuentos. Una tierra prometida, un miraje.

Sam Beykzadeh, en su librería Pars Books, lamenta la guerra entre países.

(Lucía Magi)

Desde finales de febrero, cada sábado, cientos de personas se reúnen en un cruce, bajo el único rascacielos de la zona, que alberga oficinas federales, poniendo música iraní a todo volumen y vitoreando. Banderas ondean entre la multitud y a lo largo de las aceras cercanas. Los coches pitan como muestra de solidaridad. La gente baila, se abraza, sonríe. Parece una fiesta callejera. «Soy Adrian. Tengo 26 años. Nací en Alemania y luego me mudé aquí», dice un chico con barba y pelo color azabache. Conoce Irán por los relatos de su bisabuelo, que era cirujano del sah y tuvo que huir con toda la familia cuando estalló la revolución.
«Amo mi país –dice el joven refiriéndose al más lejano– Alemania y Estados Unidos son mi casa, pero mi tierra es Irán. Durante los últimos 47 años, mi familia, mis abuelos, toda mi generación hemos estado esperando esto. Estamos muy jubilosos y felices de deshacernos del islam terrorista, solo quiero volver allí, a un Irán completamente libre», dice sacudiendo carteles con las fotos de dos marines muertos en los primeros ataques y con la inscripción «Gracias, Trump»: «Es un buscador de libertad. Me gusta».

«Amo mi país, Alemania y EE.UU. son mi casa, pero mi tierra es Irán. Toda mi familia hemos estado esperando esto»

Adrian
26 años, nacido en Alemania, residente en Los Ángeles

«Esto no es una guerra. Esto es una misión de rescate», dice Masih, cabello rubio movido por el viento, gafas Ray-Ban de aviador y camiseta con el rostro del rey Reza Pahlevi: «Nuestro verdadero líder». «Aprecio la ayuda que el presidente Trump envió a Irán junto con Israel. Quiero decir, ¿quién querría que su país fuera golpeado así? Pero no hay otra manera. La violencia era mucho mayor antes. La gente que moría ya era mucha más», reflexiona, explicando que tiene «mucha familia allí bajo las bombas»: «Tienen miedo, pero también celebran cada vez que cae una porque la tortura y la presión eran insoportables. Yo viví allí y sé, como mujer, lo que significa no tener los derechos humanos más básicos».

Iraníes se reúnen en el centro de Los Ángeles, que alberga la mayor concentración de iraníes fuera de su país.

(Brian Cahn/ZUMA Press)

Una chica salta sin parar al ritmo de ‘YMCA’, el clásico de los Village People. Una gran bandera de Israel entre las manos abiertas como alas. Entre los cerca de 50.000 judíos iraníes que viven en la zona, muchos residen en Beverly Hills, como la alcaldesa del enclave, Sharona Nazarian, que huyó de Irán con su familia en 1979, cuando tenía 4 años, para escapar de la persecución religiosa. Una pancarta con las fotos tipo carné de cientos de jóvenes muertos en las protestas contra el régimen reposa a lo largo de la acera; cerca, otra con las de los 6 marines estadounidenses. Flores blancas, besos lanzados al aire y caricias para todos.
Dos mujeres están comprando una gorra de béisbol verde con la inscripción MIGA –’Make Iran Great Again’– y explican al unísono: «Amamos a nuestro presidente Trump –dice Noaz, melena de cabellos rizados color avellana y ojos almendrados–. Nací en Teherán y mi familia se refugió aquí cuando tenía 9 años. No vivo allí desde hace más de treinta, pero no veo la hora de volver», recita de un tirón. Añade que «la angustia de no poder hablar con tíos y primos debido al bloqueo de internet es dura». «Pero estamos aquí para rezar juntos y agradecer a Trump», concluye la amiga.

Las grietas

Sin embargo, la numerosa comunidad iraní, aunque está en el exilio y coincide en el desprecio hacia los ayatolás, muestra grietas a la hora de encontrar una solución para salir adelante.
«Hay una profunda división. La mayoría ruidosa es la que ves aquí», ensancha los brazos Niloofar Mansoori, que está preparando una conexión con Iran International, el canal de televisión con sede en Washington para el que es corresponsal. «Con las noticias de la represión de las protestas de los últimos meses, hasta las bombas parecen una liberación. Pero hay otros –baja la voz hasta un susurro– que no ven el ataque militar como una solución deseable. Además, fíjate: muchos han nacido aquí; incluso los padres ya son ciudadanos estadounidenses», explica, comparando la escalada militar con una pelea entre mamá y papá, que se observa impotente y lleno de ansiedad.

Mohamed Ghafari, en su tienda de alimentación en Los Ángeles.

(Lucía Magi)

Mansoori sugiere adentrarse en el barrio, a lo largo de la calle Westwood, donde los escaparates, los carteles de las tiendas y de los restaurantes están escritos más en farsi que en inglés.
Un neón arcoíris anuncia que la tienda de alimentación Shater Abbass Bakery & Market está abierta. Mohamed Ghafari está sentado en la caja. A su alrededor, estanterías llenas de té, especias, higos secos, sacos de arroz y harina. «Estoy mal. Muy mal», empieza. Baja el volumen de la televisión en la que sigue las noticias «las 24 horas del día».

En Westwood, entre Beverly Hills y Santa Mónica, los iraníes estadounidenses han construido su patria.

(Lucía Magi)

«La revolución me sorprendió cuando tenía 20 años y estaba en Alemania estudiando informática. Nunca volví, pero mi corazón está allí, donde mis tres hermanos y dos hermanas ni siquiera pueden ser avisados de los bombardeos porque las vías de comunicación están interrumpidas», se emociona.
Explica que sus hijos nacieron en EE.UU., estudiaron, se graduaron, ahora uno enseña en la universidad y el otro es abogado. Al principio fue difícil apreciar su cultura y sus raíces. «Les daba vergüenza porque yo tuve que empezar desde cero aquí. Ahora están orgullosos, han entendido que nosotros, los iraníes, somos mucho mejores que el régimen islámico que nos oprime. Es mi mayor logro. Pero precisamente porque amamos nuestro país ahora estoy destruido. ¿Cómo puedo alegrarme por las bombas?», pregunta agachando la cabeza. Una clienta entra a por pistachos y le salva de las lágrimas.

«Me opongo a la República Islámica. Me ha perseguido y forzado al exilio. Pero esto no significa que quiera ver a mi país bajo las bombas»

Sam Beykzadeh
Nacido en Rasht (Irán) y refugiado en EE.UU. tras la llegada al poder de los ayatolás

«Obviamente, me opongo a la República Islámica. Me ha perseguido y obligado al exilio. Esto no significa que quiera ver mi país bajo las bombas», reflexiona Sam Beykzadeh, nacido en 1948 en Rasht y llegado aquí justo después de la revolución de 1979, que llevó al poder a los ayatolás. «Soy un refugiado político. Estados Unidos me acogió, pero siempre seré iraní: sigo soñando en farsi», dice, reflexionando sobre el hecho de que el gobierno que lo acogió —del que ahora es ciudadano, junto con su esposa, sus tres hijos y sus nietos— esté atacando al que lo obligó a huir.
«Estamos en manos de criminales estúpidos, de ambos lados. ¿La guerra acabará con el régimen? Quizá. Pero antes morirá mucha gente inocente», musita en su librería Pars Books, repleta de libros en persa y fotos de escritores «disidentes, encarcelados o exiliados».

Ucrania presenta hoy su acuerdo de drones en las conversaciones de paz con EE.UU.

La guerra en Irán cala en las negociaciones de paz en Ucrania. Desde la última reunión trilateral en Suiza a mediados de febrero no se ha celebrado ningún encuentro entre Rusia, Estados Unidos y Ucrania. Ahora el contexto internacional es otro y añade nuevos retos … al diálogo. Zelenski mencionó sus “malos presentimientos” sobre el futuro de las conversaciones esta semana. Un día después, el jueves, anunció la reanudación de de las conversaciones para poner fin a la guerra. La nueva cita, sin presencia rusa, tendrá lugar en Miami. Este sábado, enviados especiales de Kiev llevarán a la mesa con Estados Unidos su propuesta del acuerdo de drones.
A mediados de marzo, Zelenski dijo estar a la espera de que Donald Trump dé el visto bueno al trato presentado en 2025. El líder del país invadido aclaró que esta iniciativa “no se limita a los drones interceptores. Incluye, ante todo, drones navales y de largo alcance que han demostrado su eficacia en combate. También contempla un paquete para el intercambio de conocimientos esenciales, capacitación…”.

El conflicto en Oriente Próximo ha revelado las carencias de Washington para defenderse de los drones iraníes y la falta de preparación de los socios occidentales para las guerras modernas. Ucrania, por el contrario, es el país con más experiencia a nivel internacional y ya está cooperando con algunos Estados de la región. Zelenski afirma que 228 especialistas ucranianos están desplegados en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait y Jordania.

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Javier Ansorena

“Hemos proporcionado evaluaciones de expertos y estamos ayudando a desarrollar un sistema de defensa”, destaca. El mandatario ucraniano recalcó el viernes que “existen solicitudes de la parte estadounidense para obtener apoyo técnico especializado para sus fuerzas armadas”.
El equipo negociador ucraniano se reunirá con el representante especial del presidente estadounidenses, Steve Witkoff. Los principales puntos de la agenda incluyen un nuevo calendario para continuar con el formato trilateral con Rusia. Zelenski quiere que sus enviados aborden también la flexibilización de las sanciones a los hidrocarburos rusos “Esto incrementa los ingresos de Rusia y, por consiguiente, sus capacidades en el frente” apunta. “Esto es peligroso. Por lo tanto, también desde esta perspectiva, la reunión en Estados Unidos es importante”, señaló el presidente ucraniano.
El tercer punto a tratar con Washington son las garantías de seguridad para Ucrania y cuestiones referentes a la reconstrucción del país tras la guerra. Zelenski pone especial interés en discutir el programa “PURL, mediante la cual adquirimos misiles para los Patriots. Es importante dialogar con la parte estadounidense sobre la continuidad de este programa”.

«Pausa situacional»

Moscú afirma estar dispuesto a continuar con las conversaciones y apunta a una “pausa situacional” debido al conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, manifestó que cuando Washington pueda liberar su agenda y se concreten fechas entre los tres actores, se reanudará el diálogo
En la víspera de la reunión bilateral, el Gobierno ucraniano confirmó que está estudiando las iniciativas internacionales para “estabilizar” el estrecho de Ormuz. Una respuesta sutil a la petición de Donald Trump de crear una misión internacional para mantener abierto el estratégico paso en el Golfo Pérsico.
El titular de Exteriores de Ucrania, Andri Sybiha, destacó que su país sufrió un bloqueo también en el mar Negro en 2022 y lograron solucionarlo. “Esta es otra área en la que Ucrania posee una experiencia, un conocimiento y una ventaja tecnológica únicos que ningún otro país tiene”, subrayó.
A poco más de 20 días desde el inicio del conflicto en el Golfo, la Casa Blanca ha reordenado su lista de prioridades. Mientras el foco mediático y político se ha trasladado a Oriente Próximo, la guerra en territorio europeo sigue su curso. Los principales escollos para la paz se mantienen. Rusia no ha cambiado sus objetivos políticos y sigue exigiendo la cesión de la región de Donetsk para facilitar un alto el fuego. Kiev se niega a entregar territorio bajo su control y espera las garantías de seguridad de Estados Unidos.
Lo que sí ha cambiado desde el sábado 28 de febrero son las percepciones. Si Zelenski hace notar sus “malos presentimientos”, en Moscú surgen voces que cuestionan la idoneidad de un mediador como Washington. Los rusos tienen muy presente que el asesinato del ayatolá Alí Jamenei se produjo en medio de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.