Donald Trump ha puesto en marcha una nueva ofensiva comercial contra la Unión Europea y otros grandes socios exportadores con la apertura de una investigación formal que puede desembocar en nuevos aranceles y otras posibles medidas comerciales. La medida, anunciada este miércoles por la Oficina … del Representante Comercial de EE.UU., la llamada USTR por sus siglas en inglés, se basa en la sección 301 de la ley de comercio de 1974 y busca examinar lo que Washington considera «capacidad estructural excesiva» y sobreproducción en sectores manufactureros.
La decisión afecta a la Unión Europea, China, Singapur, Suiza, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia, Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, Bangladesh, México, Japón e India. El paso no implica sanciones inmediatas, pero sí abre el procedimiento legal para imponerlas más adelante.
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David Alandete
La propia USTR ya había avanzado el 20 de febrero que recurriría a nuevas investigaciones bajo la sección 301 para sostener la política comercial de Donald Trump tras el revés del Tribunal Supremo a parte de sus aranceles impuestos bajo la ley de emergencia económica. Esta es ahora su materialización.
«La UE ha hecho aproximadamente el 0% de lo que se suponía que tenía que hacer en su acuerdo comercial con nosotros», dijo el embajador comercial de Trump, Jamieson Greer, en una conversación con corresponsales. Citó en concreto la legislación arancelaria europea, que, según dijo, lleva «muchos, muchos meses» pendiente, y también varias barreras no arancelarias sobre las que Bruselas no habría actuado. Esa es, según la Casa Blanca, una de las razones por las que la tensión comercial con Europa sigue abierta pese al pacto sellado el año pasado.
Una inversión de 600.000 millones de dólares fue uno de los compromisos incluidos en ese marco con la UE. La Casa Blanca presentó esa cifra como nuevas inversiones europeas en Estados Unidos hasta 2028. En paralelo, Reuters precisó entonces, citando a funcionarios europeos, que se trataba de la suma de intenciones de inversión expresadas por empresas europeas en sectores estratégicos, no de un fondo público de Bruselas ni de una transferencia directa de la UE como institución.
Presión sobre Bruselas
La Administración intenta presentar esa ofensiva no como una ruptura del acuerdo previo, sino como una continuación de la misma política comercial por otra vía legal. Es decir, mantiene el pacto con Europa formalmente en pie, pero al mismo tiempo eleva la presión sobre Bruselas con un nuevo expediente que puede acabar en aranceles o en otras medidas.
Greer insistió en que los europeos no pueden alegar sorpresa. Explicó que Washington lleva tiempo avisando a sus socios de que, si los tribunales tumbaban la base jurídica utilizada para algunos aranceles, Trump recurriría a otras herramientas para sostener su agenda comercial. Añadió además que él y su equipo han hablado de esta posibilidad de forma específica con varios interlocutores europeos en la última semana.
Lo que está en juego es relevante. Si EE.UU. concluye que esas economías mantienen prácticas desleales, la Casa Blanca podrá responder con aranceles, restricciones sobre servicios, negociaciones forzadas u otras medidas coordinadas con agencias como Comercio o Tesoro. Greer dejó claro que no quiere prejuzgar el resultado, pero también dijo que la Administración quiere llevar estas investigaciones a término lo antes posible y, a ser posible, antes de que expire el periodo de 150 días de los gravámenes temporales aplicados bajo la sección 122.
La Corte Suprema tumbó en febrero los aranceles que Trump había impuesto bajo la IEEPA, la llamada ley de emergencia económica, una vía rápida que la Casa Blanca usó para gravar importaciones sin pasar por los mecanismos comerciales habituales. Por eso ahora Washington busca otra base legal, con investigaciones más largas y más técnicas, para poder volver a imponer castigos comerciales.
Para la UE, la inclusión en esa lista tiene una carga política especial. Bruselas ya había pedido a Washington claridad total sobre el futuro de los acuerdos comerciales cerrados con la Casa Blanca y había advertido de que esos compromisos seguían vigentes. Pero ahora la UE queda formalmente dentro de una investigación que puede acabar en nuevas penalizaciones si EE.UU. concluye que su industria mantiene una capacidad excesiva o prácticas que dañan a los fabricantes estadounidenses. Eso significa que, aunque haya diálogo comercial abierto, Europa sigue dentro del radar proteccionista de Trump.
Aunque haya diálogo comercial abierto, Europa sigue dentro del radar proteccionista de Trump
La acusación de Washington es simple: hay países que producen mucho más de lo que consumen, venden ese excedente fuera y, según la Casa Blanca, lo hacen gracias a ayudas públicas o a reglas internas que favorecen artificialmente a sus industrias. Para EE.UU., eso abarata exportaciones, agranda los superávits comerciales de esos países y perjudica a la industria nacional. Por eso Greer habló de sobreproducción, superávits persistentes y capacidad industrial infrautilizada como señales de una distorsión estructural del mercado.
Trabajo forzoso
La investigación seguirá ahora un calendario administrativo. El aviso debía publicarse este miércoles en el Federal Register. Después se abrirá un plazo para comentarios escritos y solicitudes para comparecer en las vistas públicas, que arrancará en torno al 17 de marzo; la fecha límite será el 15 de abril; y las audiencias están previstas a partir del 5 de mayo. Tras ese proceso, la USTR elaborará sus conclusiones y decidirá si recomienda una respuesta formal.
Greer adelantó además un segundo frente. La Administración prevé abrir otra investigación 301, probablemente a partir de este jueves, sobre la prohibición de importaciones fabricadas con trabajo forzoso y sobre si otros países aplican de verdad vetos equivalentes. Ese expediente podría alcanzar a alrededor de 60 países y amplía aún más la ofensiva comercial de la Casa Blanca. La USTR ya había citado el trabajo forzoso entre las prioridades de esta nueva etapa.
Después del revés del Supremo, la Casa Blanca busca nuevos caminos legales para sostener el núcleo de la agenda comercial de Trump. En vez de apoyarse solo en poderes de emergencia, Washington abre expedientes más largos, más técnicos y con un armazón jurídico más sólido. Para China, el choque era esperado. Para la UE, Japón, México o India, el mensaje es que tampoco quedan al margen.
A la UE sí se le llegaron a aplicar aranceles en el acuerdo comercial cerrado con Trump en julio de 2025. El esquema general fue un arancel del 15% para la mayoría de los productos europeos que entraran en Estados Unidos. En acero, aluminio y cobre, el gravamen se mantuvo en el 50%. Antes de ese pacto, Trump había amenazado con subir al 30% los aranceles a productos europeos.