Venezuela e Irán, dos regímenes que ya no pueden acudir en ayuda uno del otro
La intervención de Estados Unidos primero en Venezuela y luego en Irán, con apenas dos meses de diferencia, ha roto el vaso comunicante que existía –en ambos sentidos– entre el chavismo y el régimen de los ayatolás. Desde comienzos de siglo, cada vez que … Washington ha apretado con sanciones a Irán, este se ha acercado a la Venezuela chavista para intentar romper el cerco internacional al que se veía sometido; y al revés, cuando Chávez y Maduro necesitaron asistencia exterior tenían en Teherán una puerta a la que llamar. Ahora no pueden auxiliarse mutuamente.
Ambos países, no obstante, parecen seguir unidos de algún modo. Si un día el chavismo intentó ‘iranizar’ su sistema represivo, aplicando el modelo de las fuerzas Basij a su milicia boliviariana y a los colectivos paramilitares, hoy Trump parece querer ‘venezuelanizar’ Irán, al aspirar a aplicar allí el sistema de regencia que dice estar empleando en Caracas, con el aprovechamiento de la producción de petróleo como mismo hilo conductor, aunque en el Golfo lo tiene menos viable que en el Caribe.
Desde 2005, Mahmud Ahmadineyad y Hugo Chávez crearon una sólida alianza. Establecieron en Venezuela una red de empresas iraníes ficticias que justificara un movimiento financiero con el que Teherán pudiera tener acceso a dólares y así superar las restricciones de las sanciones internacionales impuestas por el programa nuclear de los ayatolás. Ciertas empresas no eran meras tapaderas, pues en la ‘Misión Vivienda’ de Chávez participó alguna constructora iraní, pero los planes de gran producción de tractores, automóviles y bicicletas por parte Irán siempre quedaron muy por debajo de lo anunciado.
Noticia relacionada
EXPERTO EN IRÁN
José Ignacio de la Torre
Hubo también una apuesta por las primeras versiones de drones iraníes –el Mojaher 2–, que Venezuela quería producir bajo el nombre de Arpía para exportar a países vecinos amigos, pero el proyecto tampoco despegó. Los iraníes buscaron sin éxito uranio para su programa nuclear y pretendieron saltarse las restricciones petroleras creando una sociedad mixta con PDVSA, que no llegó a tener actividad. Si todo esto quedaba en papel, facilitaba al menos una pantalla tras la que ocultar transacciones monetarias, a través de la relación de bancos venezolanos con el sancionado Banco Internacional de Desarrollo iraní.
Venezuela también suponía para Teherán la oportunidad de romper su condición de paria y aparecer del brazo de otras naciones. Chávez introdujo a Ahmadineyad en Bolivia, Ecuador y otros países de la liga bolivariana, en los que Irán abrió centros culturales que funcionaron como lugar de agitación chií.
Chávez introdujo a Ahmadineyad en Bolivia, Ecuador y otros países de la liga bolivariana
Carta blanca para Hizbolá
A efectos operativos, la relación Venezuela-Irán se tradujo sobre todo en una carta blanca para el movimiento de Hizbolá en Suramérica y su financiación a través del narcotráfico. Como ministro de Exteriores, Maduro preparó esa cobertura entrevistándose en Damasco con el líder de Hizbolá, Hasán Nasralá (asesinado en 2024 por Israel). Durante tiempo, Caracas entregó cientos de pasaportes venezolanos solicitados por esa organización. En esa relación se implicó muy directamente Tareck el Aissami, que fue ministro del Interior y de Petróleo y luego cayó en desgracia (ahora puede acabar preso en Estados Unidos). Hubo conexiones de Conviasa, la línea aérea de bandera venezolana, con Damasco y Teherán, en vuelos en los que se transportaban armas y terroristas.
Irán redujo su relación oficial con Venezuela cuando Ahmadineyad cedió la presidencia a Hasán Rohani y este comenzó negociaciones que llevarían al acuerdo nuclear de 2015. Pero después de que Trump rompiera el acuerdo y reimpusiera sanciones a Irán, la presidencia de Ebrahim Raisi buscó de nuevo el acercamiento a Caracas, con un Maduro especialmente necesitado de auxilio. Irán envió tanqueros con varios millones de barriles de gasolina y diluyente para hacer frente a los problemas de refinación que sufría Venezuela (técnicos iraníes intentaron reparar varias refinerías, pero no pudieron recuperar la producción). También envió alimentos (abrió el supermercado Megasis, con productos de marcas del Ejército iraní) y suministros médicos.
Después de que Trump reimpusiera sanciones a Irán, Ebrahim Raisi buscó de nuevo el acercamiento a Caracas, con un Maduro especialmente necesitado de auxilio
Oro venezolano
La ayuda fue en buena medida a cambio de oro venezolano, en cuya negociación intervino Alex Saab, testaferro de Maduro que fue detenido en Cabo Verde cuando hacía escala en un presunto viaje a Teherán. Washington vuelve ahora a reclamar a Saab, después de haberlo dejado salir de prisión.
Esta relación especial entre los dos países se ha roto cuando ambos regímenes más se han necesitado. Nada pudo hacer Irán para preservar a Maduro del ataque estadounidense y al chavismo de verse cooptado por Trump. Por su parte, Delcy Rodríguez no ha podido emitir ni un mensaje de apoyo y aliento a la resistencia del Gobierno iraní; su hermano Jorge y su rival interno Diosdado Cabello repitieron algunos lemas antisionistas, pero mientras sus labios decían una cosa, sus acciones reflejan sumisión al dictado de Washington, con imágenes especialmente simbólicas como la alfombra roja en Caracas al jefe del Comando Sur estadounidense.

