Francia va camino de convertirse en el sexto país de la Unión Europea que legaliza la eutanasia. La Asamblea Nacional aprobó este miércoles el proyecto de ley sobre «el final de la vida». 299 diputados votaron a favor y 226 en contra de … este texto que autoriza el suicidio asistido para las personas con un estado de salud crítico e irremediable. Pese a la votación favorable de esta tarde, la medida, presentada en la primavera de 2024 en el Consejo de Ministros, todavía debe recorrer un largo camino legislativo.
«Estoy feliz de que nuestra Asamblea siga la voz de una mayoría de franceses. (…) Pienso en todos los enfermos y familiares con los que hablé durante los últimos años. Me hicieron entender que en la vida puede haber algo aún peor que la muerte: una agonía sin fin. Por este motivo, tenemos que aprobar este derecho a irse en paz y con humanidad», dijo el diputado centrista Olivier Falorni, ponente de la iniciativa, en un aplaudido discurso tras el anuncio del resultado del escrutinio.
Este voto favorable no resulta ninguna sorpresa, aún más teniendo en cuenta que un 84% de los ciudadanos galos está a favor de la eutanasia bajo condiciones, según un sondeo reciente del instituto IFOP.
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Enric Bonet
La Asamblea aprobó un texto más restrictivo que el adoptado en 2021 en España. Según el proyecto legislativo galo, podrán pedir ayuda para morir aquellos pacientes que cumplan con cinco requisitos: deben sufrir una enfermedad grave e incurable, puede ser de todo tipo, que esté en una fase avanzada y los deje al borde de la muerte.
Además, la Cámara Baja ha adoptado una enmienda que excluye a aquellas personas que solo sufren una enfermedad mental. También ha establecido una preferencia para que sean los pacientes los que tomen la sustancia letal que les suministrarán en un hospital. En el caso de que su estado de salud se lo impida, podrá intervenir un tercero (familiar o médico).
«Respeta a médicos y pacientes»
«Es un texto equilibrado que respeta a médicos y pacientes», destacó el centrista Eric Martineau, diputado del MoDem y que forma parte de la coalición afín al presidente, Emmanuel Macron. Según este representante del partido del ex primer ministro François Bayrou, «se respeta plenamente la cláusula de conciencia. Por este motivo, ningún profesional se verá obligado a llevar a cabo un acto contrario a sus convicciones». Debido a la complejidad de esta cuestión, que depende de la ideología política, pero también de las sensibilidades individuales y creencias religiosas, varios grupos de una Asamblea muy fragmentada no dieron consigna de voto.
Como había sucedido en la votación en primera instancia en mayo del año pasado, la mayoría de los representantes de izquierdas votaron a favor, mientras que se opusieron mayoritariamente los de la derecha tradicional de Los Republicanos y de la ultraderechista Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Aunque disponían de libertad de voto, los apoyos a la ley prevalecieron en las filas centristas.
Un largo proceso legislativo
«Apoyo con determinación una propuesta de ley sobre los cuidados paliativos, pero me opongo a la legalización del suicidio asistido y la eutanasia», sostuvo el conservador Patrick Hetzel, que había ejercido como ministro de Universidades durante unos pocos meses en 2024. Además de la legislación sobre el «final de la vida», la Cámara Baja adoptó este martes otra ley destinada a mejorar la atención médica y los cuidados paliativos que reciben los enfermos en un estado crítico. Más consensual entre la clase política, esta segunda medida contó con 491 votos a favor y ninguno en contra.
En el caso de la ley sobre «el final de la vida», que no menciona directamente el término eutanasia al ser más controvertido, establece una pena de dos años de prisión y una multa de 30.000 euros para «aquellos que impidan a alguien informarse o recurrir» al suicidio asistido. También sanciona con un año de cárcel y 15.000 euros de multa a aquellos que «presionen a alguien para que recurra a la ayuda a morir».
Tras la votación de esta tarde, el proyecto de ley tendrá que debatirse y votarse de nuevo en el Senado, que probablemente lo rechazará como ya había hecho en enero en la primera lectura. Luego, se reunirá una comisión de diputados y senadores. En el caso probable de que ambas Cámaras no se pongan de acuerdo, la Asamblea tendría la última voz. Si votara a favor por tercera vez, Francia seguiría el ejemplo de Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, España y Portugal. Y representaría la medida más ambiciosa en materia de libertades individuales durante la presidencia de Macron.