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Hallan muerto en un hotel de Berlín al viceprimer ministro de Baviera, Hubert Aiwanger

05/11/2026

Actualizado a las 08:06h.

El viceprimer ministro y ministro de Economía del estado alemán de Baviera, Hubert Aiwanger, ha sido hallado muerto a los 55 años en una habitación de hotel en Berlín durante la tarde del miércoles, según ha informado la Fiscalía de la capital alemana.
El … cuerpo sin vida del político fue localizado en el Hotel Neuer Fritz de la capital germana. Aiwanger tenía previsto intervenir en el acto de inauguración de una oficina en Berlín de los Electores Libres (Freie Wähler) -formación de la que era líder tanto a nivel estatal como nacional-, pero canceló su presencia por motivos de salud antes de que fuera encontrado inconsciente en su estancia.

La Fiscalía de Berlín y la Policía han abierto una investigación para esclarecer las causas y las circunstancias exactas del fallecimiento, así como para descartar la intervención de terceras personas. «Las circunstancias concretas en las que fue hallado no pueden revelarse por el momento debido a razones vinculadas con la investigación», ha señalado un portavoz del ministerio público, confirmando que se prevé ordenar la autopsia del cadáver.

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Rosalía Sánchez

Tras conocerse la noticia, el ministro-presidente de Baviera, Markus Söder, ha declarado en redes estar «profundamente conmocionado» por lo ocurrido. «La muerte repentina de Hubert Aiwanger es una tragedia absoluta. Todos estamos profundamente conmocionados. Nuestros pensamientos están ahora con su familia y sus hijos», ha manifestado el líder bávaro, un mensaje difundido también por el Gobierno regional.
Aiwanger asumió la jefatura del grupo parlamentario de los Electores Libres en Baviera en 2008. En 2018, la formación entró en el Gobierno de coalición con la Unión Social Cristiana (CSU), cargo que le llevó a la vicepresidencia regional y a la cartera de Economía.

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Dos buques se incendian tras impactar con minas en el estrecho de Ormuz

Dos buques petroleros y un remolcador se incendiaron en el estrecho de Ormuz, la vía marítima estratégica que se encuentra en el centro del conflicto entre Teherán y Washington, anunció Irán.La noche del miércoles, «un petrolero grande que intentaba cruzar por una ruta ilegal … del sur del estrecho de Ormuz se incendió tras golpear una mina y quedó inmovilizado», indicó la Guardia Revolucionaria iraní, citados por medios estatales.

En otro incidente separado, «otro superpetrolero quedó inmovilizado por un violento incendio cuando salía por el este del estrecho de Ormuz. También se incendió un remolcador que se le había acercado para apagar el fuego», agregó la Guardia Revolucionaria.

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Mikel Ayestaran

Desde el inicio de la guerra de Oriente Próximo, Teherán ha restringido fuertemente el tráfico marítimo por Ormuz, por el cual pasa el 20% de la producción mundial de petróleo y gas.
En respuesta, Estados Unidos impuso un bloqueo a los puertos iraníes. Por otro lado, la Guardia Revolucionaria afirmó haber tomado control de dos drones tipo Lucas en el espacio aéreo iraní.
Estos aparatos «baratos, diseñados siguiendo el modelo de los drones iraníes Shahed», según el ejército estadounidense, que los utiliza, fueron desplegados por primera vez cuando Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán, el 28 de febrero.

Trump admite que la guerra de Irán ha influido en la derrota electoral, pero asegura: «Si tuviera que volver a hacerlo, lo haría»

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido este miércoles que la guerra contra Irán ha influido en la contundente derrota republicana en las elecciones legislativas del martes, debido al aumento del precio de los combustibles provocado por el conflicto. Sin embargo, ha asegurado que, si tuviera que volver a tomar la decisión, ordenaría de nuevo los ataques contra la República Islámica.Preguntado por las críticas de su vicepresidente, JD Vance, que ha atribuido a la guerra la derrota electoral de los republicanos, Trump ha considerado que sus palabras son «en gran medida, ciertas», aunque ha matizado que el principal problema ha sido el encarecimiento de los combustibles. «Probablemente esa sea la razón principal, el precio, no la guerra, el precio», ha señalado durante un acto para presentar las obras del nuevo salón de baile de la Casa Blanca.El mandatario ha reconocido que el conflicto «provocó una ligera subida del precio de la gasolina a corto plazo», pero ha defendido la decisión de atacar Irán junto a Israel el pasado 28 de febrero. «Si tuviera que volver a hacerlo, lo haría de nuevo porque, a largo plazo, es la única solución: no se puede permitir que Irán tenga un arma nuclear», ha insistido.En este sentido, Trump ha asegurado que Washington conocía las posibles consecuencias de la ofensiva antes de iniciarla y ha defendido sus resultados. «Lo sabíamos. Ya lo sabía antes de entrar (en Irán). Les hemos impedido que tengan un arma nuclear, y nunca la tendrán», ha afirmado. También ha destacado que actualmente existe un importante flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz, cuyo tráfico comercial se ha visto afectado por el conflicto, que continúa abierto ocho meses después.Las declaraciones de Trump llegan después de que su vicepresidente, JD Vance, haya responsabilizado directamente a la guerra contra Irán de la derrota republicana en las elecciones legislativas del martes, en las que los demócratas han arrebatado a los republicanos el control de ambas cámaras del Congreso. Vance ha señalado que muchos de los votantes que apoyaron a Trump en 2024 han optado ahora por los demócratas debido, entre otros motivos, al descontento con el conflicto y el elevado coste de la vida.

La agonía de la Europa liberal

«Los primeros pasos hacia el Disturbio parecen bastante sencillos: la ira por la caída de los salarios reales, contra la agresión capitalista, por la falta de voluntad del Parlamento; la ira fomentada por agitadores… la razón lucha contra el instinto. Pocos de los que … asaltaron ciudades francesas esta semana reconocerían esas palabras. Pero muchos estarían de acuerdo con George Dangerfield, el periodista británico-estadounidense que las escribió. Los manifestantes estaban consumidos por la rabia. Rabia por el fracaso del Estado y contra los políticos centristas que gobiernan en decadencia. Rabia por los altos precios y la disfunción económica. Y, para algunos, rabia contra la mera idea de la política centrista.
Dangerfield escribió sobre «la extraña muerte de la Inglaterra liberal» en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Algunos predicen un destino igualmente sombrío para la Europa liberal de hoy. Los incendios, la violencia de las masas, los saqueos y las protestas multitudinarias muestran hasta qué punto los ciudadanos han perdido la confianza en sus líderes. Francia tiene una larga tradición de manifs, pero la violencia desatada por alborotadores encapuchados y enmascarados en todo el país durante el pasado fin de semana fue inusualmente grave. También estallaron protestas en Bélgica, Italia y Portugal. En las próximas elecciones, primero en España el mes que viene y luego en Francia y Polonia el año próximo, los votantes se disponen a castigar a los partidos moderados, y en Italia la extrema derecha está superando a la populista Giorgia Meloni, que ha gobernado desde el centro. Entre bastidores esperan figuras más carismáticas de los extremos, como Marine Le Pen en Francia y Alice Weidel en Alemania.

Muchos en Estados Unidos y Europa dicen que el centro solo puede culparse a sí mismo. Donald Trump se jacta de que Europa está en llamas porque sus líderes despreciaron sus consejos, dejaron las fronteras abiertas y permitieron que millones de inmigrantes procedentes de Afganistán, Argelia y Siria entraran cada año. Los de la derecha MAGA, como Elon Musk, afirman que el crecimiento de la población musulmana supone la mayor amenaza. Algunos hablan, de forma apocalíptica y absurda, de «borrado de la civilización» o de guerra civil. Incluso en Alemania, el canciller Friedrich Merz afirmó esta semana que las altas tasas de inmigración y la falta de integración de los nacidos en el extranjero están en parte detrás de la repentina y violenta agitación. También lo ha afirmado el relativamente nuevo primer ministro húngaro, Peter Magyar. Su análisis es o bien cobarde o bien egoísta. Sin duda, muchos votantes europeos también desean frenar la inmigración y el asilo. Pero, cuando se trata de las protestas violentas, el diagnóstico es claramente erróneo. En cambio, los problemas a los que se enfrentan los centristas europeos son más complejos y menos fáciles de solucionar.

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Aunque algunos jóvenes manifestantes en Francia lleven camisetas de fútbol argelinas o coreen consignas propalestinas, la agitación en Europa hoy no tiene que ver con la raza ni con la religión. Más de 500.000 personas marcharon en Francia el sábado y, en su mayoría, no llevaban la cara cubierta y eran blancas. Estaban indignadas, como en otros países, por el coste de la vida y los malos servicios públicos. Quieren más subvenciones al combustible, más gasto en escuelas y más ayudas. Quizá el grupo más numeroso esté alineado con el populista de izquierdas Jean-Luc Mélenchon, un envejecido agitador y antiguo trotskista, más parecido a Bernie Sanders que a un emir del ISIS.
La violencia también fue real. Pero hay que atribuirla a otros factores, ninguno relacionado con la raza. Turbas atacaron edificios públicos, vehículos policiales y otros objetivos. También saquearon tiendas de lujo, como Louis Vuitton, y pequeños comercios regentados por inmigrantes. La policía no logró mantener el orden, después de haber sido acusada previamente de brutalidad contra estudiantes manifestantes. Y gran parte de la violencia fue incitada y orquestada por anarquistas con una agenda política revolucionaria. Un ejemplo típico es un hombre detenido tras el incendio del ayuntamiento del siglo XIX de Limoges: un ciudadano francés blanco de treinta y tantos años.
Aunque los críticos se equivocan, los centristas europeos sí se enfrentan a problemas reales, y Francia demuestra lo graves que son. El primero es el aprieto fiscal, que dificulta enormemente la acción política efectiva. Cuando Emmanuel Macron, el presidente, se enfrentó a las enormes protestas de los chalecos amarillos en 2018 y 2019, pudo destinar miles de millones de euros a apaciguarlas. Hoy eso ya no es posible. Francia gasta demasiado y crece demasiado lentamente, algo más del 1% anual bajo el mandato de Macron.
Este otoño, los legisladores tendrán dificultades para aprobar un presupuesto que reduzca el déficit en apenas 0,4 puntos porcentuales, hasta situarlo en un insostenible 5% del PIB. Y aun así el gobierno podría caer. Francia está tan sobreendeudada y los mercados tienen tan poca confianza en sus políticos que los diferenciales de los bonos del gobierno francés respecto a los alemanes han subido hasta niveles no vistos desde la crisis del euro.

No es de extrañar que los centristas se enfrenten una contundente derrota electoral

En lugar de afrontar este desafío, los centristas parecen haberse quedado sin ideas. The Economist elogió en su momento a Macron como un nuevo y audaz abanderado del centrismo radical. Hoy, mientras los centristas se agrupan para protegerse, toda la energía está en los extremos. Las encuestas indican que más del 80% de los franceses son pesimistas sobre su futuro, especialmente sobre la economía. Merz es profundamente impopular y podría verse obligado a abandonar el cargo. Sus críticas a la inmigración reflejan su incapacidad para encontrar las palabras y las ideas necesarias para derrotar a Weidel y a su partido, Alternativa para Alemania.
No es de extrañar que los centristas se enfrenten una contundente derrota electoral. Las encuestas muestran que Pedro Sánchez, el presidente del gobierno de centroizquierda en España, probablemente será sustituido pronto por una coalición de centroderecha y derecha populista. En Francia, los disturbios —y el mito de que los inmigrantes fueron los culpables—podrían impulsar a Marine Le Pen, del partido populista de derechas Agrupación Nacional, a la presidencia en mayo. Según las encuestas, la violencia impulsó su apoyo esta semana. Mientras Macron se marchaba en avión hacia el Golfo, Le Pen pronunciaba un discurso de tono presidencial en el que pedía orden público.

Crónica de una muerte anunciada

La violencia en Francia debería sacudir a los centristas que prefieren ignorar la realidad y obligarlos a que afronten las consecuencias de su fracaso. Si sus países caen en conflictos, perderán el poder. Si pierden el poder, la Unión Europea se ahogará mientras el resto del mundo avanza a toda velocidad. Si los mercados de bonos se paralizan, el contagio financiero podría extenderse. Si los países de la UE ceden ante Vladimir Putin, este solo se volverá más agresivo. Dangerfield escribía sobre una época en la que la mayoría de la gente ignoraba la catástrofe que se avecinaba. Los liberales de hoy no tienen esa excusa.

Rosa María Payá: «El actual Gobierno español todavía tiene tiempo de ponerse del lado del pueblo cubano y no de la dictadura»

«La transición en Cuba es responsabilidad de los cubanos», asegura Rosa María Payá, fundadora de la Cuba Decide, una iniciativa ciudadana para cambiar el sistema en la isla. También es coordinadora de la plataforma Pasos de Cambio, que reúne a una treintena … de agrupaciones opositoras que el pasado mes de marzo firmaron un Acuerdo de Liberación para Cuba, cuyo plan de acción ha sido presentado en Madrid este martes, en vísperas de la XXX Cumbre Iberoamericana.
La opositora, que ha estado arropada de manera presencial por, entre otros, el secretario general de la OEA, Albert Ramdin; Víctor Bisonó, canciller de la República Dominicana; y Arkadiusz Mularczyk, eurodiputado polaco, contó también con el apoyo, desde la isla, de la activista y líder de las Dama de Blanco, Berta Soler.

Tras el acto, en el que Payá estuvo acompañada por los miembros del equipo que han diseñado este plan, ABC tuvo la oportunidad de conversar con ella.

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—Usted ha presentado el Plan de Liberación bajo el título ‘Cuba en el umbral’. ¿En el umbral de qué?
—En el umbral del cambio. En el umbral de la libertad. Al menos los cubanos eso es lo que queremos y por lo que estamos trabajando. Es por eso por lo que las madres, los abuelos y las personas desesperadas salen todas las noches a las calles en distintos lugares de la isla para exigir agua y electricidad y, al mismo tiempo, reclamar libertad. Porque, si algo existe, es una convicción generalizada. Si hay algo de lo que no hay que convencer a ningún cubano es de que, para salir de la catástrofe humanitaria, hay que salir de la dictadura. Y es gracias a esa convicción y a esa demanda, dentro y fuera de Cuba, en primer lugar, por lo que estamos en el umbral del cambio.
También estamos en el umbral del cambio porque, por primera vez en mucho tiempo, esa movilización ciudadana, que se produce tanto dentro como fuera de la isla, coincide con apoyos concretos de la comunidad internacional y, específicamente, con acciones de presión por parte del Gobierno de Estados Unidos. También hemos visto a gobiernos de América Latina dar pasos en la misma dirección, como muestran la ruptura de relaciones de los gobiernos de Ecuador y Costa Rica con el régimen cubano, en solidaridad democrática con el pueblo de Cuba.

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Y, en tercer lugar, estamos en el umbral del cambio porque los cubanos estamos construyendo una alternativa democrática para la transición. Las fuerzas democráticas cubanas nos hemos unido en el Acuerdo de Liberación, que no solamente establece las condiciones que consideramos esenciales para que comience un proceso de transición —como la liberación de los presos, el fin de la represión y la salida del poder de la familia Castro y sus representantes—, sino que también anuncia que estamos trabajando para crear las capacidades necesarias para que ese proceso de transición beneficie al pueblo cubano. Y esa es una responsabilidad de los cubanos, que asumimos nosotros mismos. Hoy estamos presentando parte de ese plan y de ese equipo para apoyar una transición que creemos que llegará muy pronto y que asumimos como nuestra responsabilidad.

Participé en el evento “Cuba en el Umbral”, en Madrid, donde reafirmé la importancia de ampliar y fortalecer el espacio democrático en las Américas, incluida Cuba. El futuro de Cuba debe ser decidido por los propios cubanos, mediante un proceso de transición pacífico, inclusivo y democrático, liderado por ellos y centrado en el bienestar de su pueblo, con pleno respeto por los derechos humanos. Para ello, la liberación inmediata e incondicional de todas las personas presas por motivos políticos es un paso indispensable. La @OEA_oficial está dispuesta a acompañar y apoyar una transición pacífica, en el marco de su mandato y de los principios consagrados en la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana. Contamos con herramientas concretas para contribuir al fortalecimiento de las instituciones, la organización de elecciones, la promoción de la cooperación parlamentaria y la consolidación del Estado de derecho, entre muchas otras áreas. Este esfuerzo requerirá el apoyo de la comunidad interamericana, con pleno respeto por la voluntad y el liderazgo del pueblo cubano. La democracia es uno de los pilares fundamentales de nuestra Organización. Cuando se ve amenazada, tenemos la responsabilidad de poner nuestras capacidades al servicio de soluciones pacíficas, democráticas y sostenibles. Agradezco la invitación de la Comisionada de la @CIDH, @RosaMariaPaya @PayaIACHR.— Albert R. Ramdin – OAS Secretary General (@SG_OEA_OAS) November 3, 2026
—El primer punto de ese plan es la liberación de Cuba. A principios de este año, en febrero, Estados Unidos ya anunciaba que este sería un año decisivo y que el régimen caería, pero estamos terminando el año y parece que se cambio se retrasa…
—Los cubanos llevan 67 años de sufrimiento. Los últimos años han sido de un sufrimiento atroz. La población cubana ha disminuido en al menos dos millones y medio de personas desde finales de 2020. La catástrofe no podría ser más profunda. La dictadura tiene las armas y las utiliza todos los días contra los cuerpos de los cubanos, contra los cuerpos de los más de 1.300 presos políticos y contra los de los periodistas independientes. (Poco antes de celebrarse esta entrevista, la corresponsal de ABC, Camila Acosta, había sido detenida).
Por eso, ese pueblo y esa vanguardia que constituyen la sociedad civil, los opositores y los activistas necesitan el apoyo internacional y acciones concretas que ejerzan una presión real sobre quienes han secuestrado el poder en Cuba durante 67 años.
Esas acciones, en los últimos dos años, prácticamente han procedido sobre todo del Gobierno de Estados Unidos. Nosotros se lo agradecemos y lo animamos a mantener esa presión, que, combinada con la acción de la ciudadanía cubana y con la alternativa democrática, termine por romper el totalitarismo en Cuba y permita comenzar un proceso de transición.
—¿Se siente frustrada o preocupada por el retraso en la caída del régimen, que este verano parecía inminente?
—Llevamos 67 años de retraso. Claro que estamos impacientes. Cuba no puede esperar un segundo más. Nos preocupa cada segundo que pasa. Nos preocupan estos últimos dos años, en los que no sabemos cuántos cubanos han muerto por falta de medicinas, por falta de alimentos, porque no pudieron llegar al hospital o porque no tuvieron electricidad. Esto ya es una catástrofe humanitaria. Por eso, nuestra invitación tiene un sentido de urgencia; por eso nos preocupa que este periodo se prolongue y por eso hacemos todo lo que está en nuestras manos para acortarlo.
Ahora bien, nosotros no tenemos armas. Quienes tienen las armas están en el poder en Cuba. Por tanto, necesitamos que otros gobiernos nos apoyen, porque son sus acciones y, especialmente, las que hemos visto emprender al Gobierno de Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Trump y del secretario Marco Rubio, las que pueden contribuir a ese cambio. Ojalá otros gobiernos de la comunidad internacional se sumen a esos esfuerzos, que pueden combinarse con los nuestros y generar así una amenaza creíble para los criminales que están en el poder en Cuba.

«Ojalá otros gobiernos de la comunidad internacional se sumen a los esfuerzos de EE.UU., que pueden combinarse con los nuestros y generar así una amenaza creíble para los criminales que están en el poder en Cuba»

—Este ha sido un año de negociaciones entre Estados Unidos y el régimen, aunque este último lo niegue. ¿Ustedes, como oposición, también han estado involucrados de alguna manera en esas negociaciones?
—Nuestra plataforma y yo, personalmente, mantenemos conversaciones sistemáticas con quien es el mejor aliado del pueblo cubano en este momento: el Gobierno de Estados Unidos y sus instituciones. No conozco las actuaciones que el Gobierno estadounidense ha llevado a cabo con respecto al régimen cubano ni sé si los encuentros en los que se han sentado juntos pueden catalogarse como negociaciones. Lo que sí sé es que las acciones que hemos visto hasta ahora apuntan en la misma dirección a la que nosotros aspiramos: un cambio de sistema. Una dirección en la que las personas que han estado moviendo los hilos del poder en Cuba salgan de él y comience un proceso real de transición a la democracia. Y quiero ser muy clara en esto: ese proceso incluye a las personas que hoy todavía están atrapadas en esas estructuras autoritarias. La profunda transformación que necesita nuestro país requiere la colaboración de muchos cubanos, incluidos aquellos que todavía no han dado el paso de romper con ese poder totalitario.
—Durante este año, el régimen cubano ha presentado algunas medidas cosméticas, pero de poco calado. ¿Cree que buscaban ganar tiempo para llegar a las elecciones de mitad de mandato en EE. UU., que se celebran hoy, sin realizar grandes cambios?
—El régimen cubano es especialista en ganar tiempo. Creo que, últimamente, la maniobra es demasiado evidente como para que la comunidad internacional baile al son que marca. El liderazgo de Estados Unidos ha sido muy claro respecto a la necesidad de que se produzca un cambio de sistema. Y no creo que eso dependa de lo que ocurra hoy, 3 de noviembre.
—Si Trump pierde las dos Cámaras (como finalmente ha sucedido), ¿no cree que eso va a dificultar que avance más rápido la liberación y la transición en Cuba?
—No creo que eso vaya a afectar a la determinación del actual Gobierno de Estados Unidos de apoyar al pueblo cubano en su camino hacia la libertad. Espero que el Congreso de Estados Unidos, con sus dos Cámaras, sea cual sea su posición en el espectro ideológico, acompañe al pueblo cubano en su legítimo derecho a cambiar el sistema y a comenzar un proceso de transición que, en estos momentos, es urgente para salvar vidas y asegurar la supervivencia de la nación.
—La semana pasada usted se reunió con el encargado de negocios de EE. UU. en La Habana, Mike Hammer. ¿Le adelantó algo? ¿Le dio alguna pista sobre el calendario de esa liberación?
—No, ninguna. (Sonríe).
—En la presentación del Plan de Liberación ha mencionado un gobierno de transición que durará entre 18 y 36 meses. ¿Eso significa que inmediatamente después habrá elecciones?
—Nuestra aspiración es que se celebren tan pronto como sea posible.
—Pero reconstruir una sociedad tan destruida a todos los niveles, sin instituciones ni liderazgos, llevará mucho tiempo. El chavismo estuvo 27 años en Venezuela, pero la dictadura castrista lleva casi siete décadas. ¿Estará preparada Cuba para asumir esa responsabilidad?
—Absolutamente. Para lo que Cuba no está preparada es para seguir viviendo en la catástrofe humanitaria. Para eso sí que no estamos preparados. Además, estamos dando la vida por ese cambio. Confío profundamente en esos adolescentes de 14 años que nunca han vivido en democracia, que no saben lo que es la libertad y que están dispuestos a poner el pecho y su propio cuerpo para conseguirla. De hecho, creo que serían una inspiración para muchos adolescentes —y no tan adolescentes— que viven en democracia y que muchas veces dan sus derechos por sentados. Creo que el mundo democrático puede aprender de los cubanos que salen a las calles a reclamar el cambio. Y contamos con esos cubanos, tanto en las calles de Cuba como en las de la diáspora, para reconstruir la nación.
Que va a ser complejo, claro que va a ser complejo. No se borran en un día 67 años de opresión comunista. Pero no somos los primeros en afrontar una transición. Además, tenemos la oportunidad de aprender de lo que otros pueblos que han pasado por lo mismo han hecho bien y de lo que han hecho mal.

«No se borran en un día 67 años de opresión comunista. Pero no somos los primeros en afrontar una transición»

El pueblo cubano tiene un recurso que muy pocos pueblos del mundo pueden reivindicar: un exilio muy organizado y exitoso, que nunca se desconectó de sus hermanos y hermanas en la isla y que hoy está desempeñando un papel fundamental en la preparación de ese proceso de transición.
—En unas semanas también hay elecciones en España. ¿Qué espera de estos comicios?
—Espero que el nuevo Gobierno de España haga justicia al cariño, a los vínculos y a los lazos que existen entre el pueblo cubano y el español, y que acompañe al pueblo cubano en su camino hacia la democracia. Espero que tome partido por el pueblo cubano y que se aleje de la posición actual del Gobierno español, que se coloca del lado de los dictadores en lugar de ponerse del lado de quienes aspiramos a la libertad, que somos todo un pueblo. No se trata de posiciones políticas, sino de principios básicos de la democracia. Por eso invitamos al actual Gobierno español —todavía queda tiempo— a cambiar y a ponerse del lado del pueblo cubano, como creo que quiere la inmensa mayoría de los españoles.
—Se compara mucho el caso de Cuba con el de Venezuela, porque están muy próximos en el tiempo. Sin embargo, no hay un liderazgo opositor claro, como el de María Corina Machado, que goza de una grandísima popularidad. ¿Quién sería esa María Corina Machado en Cuba?
—Los cubanos tenemos una alternativa democrática para la transición que está centrada en disponer de las capacidades, los equipos, las personas y el plan necesarios para hacer posible ese proceso. No depende de una sola persona. Nos estamos nutriendo de ellos y, de muchas maneras, estamos subidos a hombros de otros líderes que nos precedieron, como mi padre, Oswaldo Payá, asesinado hace 14 años; como Zapata Tamayo o como Laura Pollán; y como tantos otros que también han sido líderes cívicos y políticos del pueblo cubano y cuyas ideas están presentes en este proyecto de transición.

«Si mi nombre estará en la papeleta electoral dentro de 18 o 36 meses, ya lo decidiremos. Mi determinación es estar en Cuba y servir al pueblo cubano de la mejor manera que pueda»

Y si mi nombre estará en la papeleta electoral dentro de 18 o 36 meses, ya lo decidiremos.
—¿Se ha planteado en algún momento liderar Cuba?
—Por supuesto que me lo he planteado. Mi determinación es estar en Cuba y servir al pueblo cubano de la mejor manera que pueda.