Tal al Mallohi, bloguera siria que estuvo presa 15 años: «Escuchábamos los gritos de tortura día y noche»
Fue en la cumbre del G-7 cuando Donald Trump intentó meter a Siria en el conflicto de Israel con el Líbano. El presidente estadounidense mencionó al nuevo régimen de Damasco y destacó que «podría ocuparse de Hizbolá» y «hacer el trabajo que Israel … no pudo hacer». No es la primera vez que Trump destaca el papel que podría tener Siria y este nuevo gesto apunta a un posible deshielo en las relaciones internacionales tras años de aislamiento.
El primer presidente interino de Siria, Al Sharaa, un antiguo yihadista antes apodado Al Jolani, ha tratado durante los últimos meses de recomponer su posición en la escena global tras catorce años de guerra civil. Sin embargo, las cicatrices de miles de sirios reprimidos que dejó a su paso la familia Assad siguen vigentes hasta hoy.
Tal al Mallohi, de 32 años, se prepara estos días para partir hacia Alemania y comenzar una nueva vida junto a su marido, que es médico. En Homs, su hogar, empaqueta sus pertenencias mientras resurgen recuerdos de una vida anterior al conflicto.
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Mikel Ayestaran
Se encontraba en el bachillerato. Al Mallohi gestionaba varios blogs en los que publicaba poemas, reflexiones e imágenes en contra del denominado ‘gobierno del puño de hierro’. En sus textos contaba el abuso que se sufría en las cárceles y las desapariciones que ocurrían tras las rejas. También dedicaba espacios a causas que iban más allá de su frontera, a favor de Palestina.
«Yo siempre quise ser periodista», explica Al Mallohi a ABC. «Recuerdo que la última vez que escribí en forma de protesta tenía 19 años. Tras ello, las autoridades me detuvieron bajo el pretexto de ‘una investigación rutinaria’, y luego no volví a ver la luz del día hasta 15 años después».
El régimen de Al Assad convirtió su vocación en un delito. Fue acusada de espiar para Estados Unidos, algo que, según admite, era totalmente contrario a sus principios: «Nunca he empuñado un arma». Y no fue hasta el final de la guerra siria que la joven pudo respirar aire libre. «Desde el primer día que estuve, sabía que no iba a salir hasta que el régimen cayera».
La sección 285
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En su obra ‘El gulag sirio’, Jaber Baker y Ugur Üngörm documentaron el brutal sistema de prisiones que el régimen de los Assad tuvo desde 1970 hasta 2020. Una vez que los detenidos eran recluidos en celdas temporales, con frecuencia eran transferidos al sistema penitenciario más amplio, denominadas ‘secciones’.
Estas secciones eran consideradas una de las principales prisiones donde la tortura y las ejecuciones en masa eran llevadas a cabo diariamente. Tal al Mallohi pasó más de una década en este circuito carcelario, siendo trasladada entre distintas dependencias, incluidas las de Sednaya y la prisión de mujeres de Adra. Entre todos esos lugares, la sección 285 permanece como uno de los episodios más duros de su memoria.
«La detención fue una experiencia que supera cualquier descripción», recuerda. «Las celdas eran estrechas, oscuras y carecían de lo más básico para la dignidad humana. A la precariedad material se sumaba una violencia constante: «Escuchábamos los gritos de tortura día y noche».
A día de hoy, la bloguera sufre, a nivel psicológico, consecuencias de trastorno por estrés postraumático, sobre todo en el momento que la pusieron en confinamiento solitario durante nueve meses. «Allí sentía que me ahogaba. Decir que fue difícil es suavizarlo… parecía más un infierno continuo».
El miedo tampoco era únicamente físico. Durante su reclusión recibió amenazas constantes contra su familia. «Me decían que iban a silenciar a mis padres. Ese terror no se va, sigue resonando en la cabeza».
Reporteros sirios protestando por la liberación de uno de sus compañeros, Bakr al Kassem.
(Omar Haj Kadour (AFP))
Reporteros Sin Fronteras advierte: «Los riesgos para la prensa persisten» en la nueva Siria
La situación de los periodistas en Siria sigue marcada por las secuelas de una década de conflictos. Entre los casos archivados están el del fotoperiodista Anas Alkharboutli, muerto en 2024 mientras cubría enfrentamientos armados, o el del periodista Bilal Ahmed, fallecido en la prisión de Sednaya. Ahmad Haj Hamdo, reportero de investigación del medio sirio Siraj, comenta a ABC que «sigue habiendo roces» entre periodistas por las leyes creadas durante el régimen y que continúan vigentes hasta hoy. «Todavía hay tensiones. Durante las últimas semanas, varias ciudades han sido escenario de manifestaciones que exigían la rendición de cuentas de figuras vinculadas al antiguo régimen», menciona el reportero. Por otro lado, Martín Roux, jefe del gabinete de crisis de Reporteros Sin Fronteras (RSF), advierte que, pese a la nueva era política, «los riesgos para la prensa siguen persistiendo».
Tras la caída de Al Assad, la liberación de Tal se produjo en un momento de caos en el sistema penitenciario sirio, cuando las puertas de varias celdas fueron abiertas. Unas horas que estuvieron marcadas por gritos, golpes y candados abiertos por fuerzas opositoras al régimen. «Fue una situación que no se puede asimilar al principio», explica. «Salí de la celda llorando, pero eran lágrimas de liberación».
Dos años después, agradece que los rebeldes hayan salvado su vida. «Si la situación anterior hubiera continuado, quizás hoy no sería más que un número en una fosa común». A pesar de las denuncias de otras minorías contra el nuevo régimen, la bloguera mira al nuevo gobierno de Al Sharaa con esperanza: «Solo espero que las medidas políticas contribuyan a allanar el camino para que los refugiados puedan volver a su hogar».
Antes de partir hacia Alemania, Al Mallohi se prepara para escribir sus memorias en un libro contando todos los años que ha estado reprimida: «Aspiro a transmitir la realidad de todas aquellas mujeres sirias que han sufrido y han guardado silencio. Quiero plasmar la tragedia, documentar y reflejar la realidad del pueblo sirio ante el mundo». La joven asegura que su pasión por el «periodismo no se ha apagado, sino que se ha transformado en una ambición y un deber».

