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El 'desembarco' europeo en apoyo de Groenlandia cabe en dos autobuses

Varios países europeos han anunciado su apoyo militar a Groenlandia, como respuesta a las amenazas de Trump, y en las últimas 24 horas han comenzado a producirse movimientos. Un avión militar Hércules procedente de Dinamarca aterrizó en la capital groenlandesa, Nuuk, poco después de … la fallida reunión de representantes gubernamentales de Copenhague con la parte estadounidense.
En un vídeo grabado por un activista local y publicado en redes sociales se podía ver el avión en un aeródromo y, posteriormente, las autoridades groenlandesas confirmaron que sus ocupantes habían sido trasladados en dos autobuses al cuartel general del Mando Ártico. El número de plazas de los autobuses permite estimar que se trata de, como máximo, 120 hombres.
Otro Hércules ha aterrizado a primera hora del jueves en la base de Kangerlussuaq con soldados y oficiales franceses a bordo, sin que haya sido precisada oficialmente su cantidad y su misión. El medio francés ‘Le Monde’ ha informado de que se trata de un destacamento de tropas de montaña y que la misión tiene que ver con «la exploración de territorios árticos».

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha asegurado que Francia enviará más «medios terrestres, aéreos y marítimos» a Groenlandia en los «próximos días». También ha recordado que ya han desplegado «un primer equipo de militares» en este territorio en el Ártico: «Francia y los europeos deben seguir estando presentes allí donde sus intereses estén amenazados, sin escalada, pero inflexibles en el respeto de la soberanía territorial».
Y el Ministerio de Defensa alemán ha confirmado a primera hora, con algo más de detalle, que han sido desplegados en la isla ártica 13 soldados de la Bundeswehr a bordo de un A400M como parte de una misión de reconocimiento con otros países europeos: «El objetivo es explorar el marco para posibles contribuciones militares que apoyen a Dinamarca en la garantía de la seguridad en la región, por ejemplo, para capacidades de vigilancia marítima».
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, sugiere desde Berlín que los países de la OTAN están considerando una mayor protección conjunta de la región ártica alrededor de Groenlandia: «Implica vigilancia, implica patrullas, implica ver lo que ocurre bajo y por encima del agua y en el aire. En otras palabras, se trata de reconocimiento y de entrenamiento regular in situ para demostrar nuestra presencia».

«La ambición estadounidense de tomar el control de Groenlandia sigue intacta»

Mette Frederiksen
Primera ministra de Dinamarca

Pistorius también ha mencionado que algunos socios de la OTAN están actualmente discutiendo y explorando con la Alianza qué medidas serían apropiadas y cuáles se requieren. Sin embargo, es demasiado pronto para hablar de pasos concretos, ha respondido el ministro a la pregunta sobre planes para una misión conjunta de la OTAN para asegurar la región del Ártico. «Estamos de acuerdo en que la seguridad en el Atlántico Norte y el Ártico solo puede lograrse de forma multilateral y colectiva», se ha limitado a concretar Pistorius.
A este despliegue, denominado ‘Arctic Endurance’ y cuyas dimensiones difícilmente lograrían disuadir al presidente estadounidense, podrían sumarse tropas de Suecia, Noruega y el Reino Unido, según han anunciado sus gobiernos. El único que ha concretado el número de tropas enviadas ha sido el ministro de Defensa británico, John Healey, quien en una rueda de prensa en Estocolmo ha anunciado el traslado a Groenlandia de un único soldado británico, que se incorporará a un grupo de reconocimiento.
A modo de comparación, en la Base Pituffik, la instalación militar más septentrional del Departamento de Defensa de EE.UU., situada en Groenlandia, operada por el 821 Space Base Group y parte de Space Base Delta 1, hay permanentemente estacionados entre 600 y 800 personas, tanto militares y civiles como contratistas, dependiendo de la estación del año.

«Nuevas iniciativas»

Esta misión internacional, que se realiza a petición de Dinamarca, tiene un plazo determinado. Según las autoridades alemanas, tendrá lugar de jueves a sábado, con el objetivo de «explorar posibles contribuciones militares para reforzar la seguridad de la región», recoge un comunicado del Ministerio de defensa germano.
Las autoridades danesas han informado de que, desde esta semana, la presencia militar en Groenlandia incluirá aeronaves, buques y soldados, tanto daneses como de aliados de la OTAN. La ministra de Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeld, aseguró que el refuerzo de la defensa de la isla responde a una coordinación constante con Copenhague para impulsar nuevas iniciativas y fortalecer la cooperación multilateral. Pero es el Ejército danés el único que por ahora está trasladando equipo militar a la isla.

Rusia denuncia una «provocación»
«Todos los intentos de ignorar los intereses de Rusia en la región polar, especialmente en el ámbito de la seguridad, no quedarán sin respuesta y tendrán consecuencias de muy gran alcance», ha reaccionado a la llegada de soldados europeos a Groenlandia la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, en Moscú. Según la agencia estatal de noticias TASS, Zakharova criticó la misión militar de investigación de varios países europeos de la OTAN. «Esta es la siguiente provocación de los países occidentales», dijo. Acusó a Occidente de querer imponer su orden en esta región del mundo y a los Estados europeos de promover la militarización de la región polar. «Deben ser conscientes de que están poniendo en peligro la seguridad de Rusia como vecino ártico igual», insistió.

Según un informe de la emisora danesa DR, Copenhague está enviando equipamiento militar y tropas avanzadas a Groenlandia para apoyar a las fuerzas allí estacionadas. El ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, ha hablado de este refuerzo como «una respuesta clara a los desafíos en el Ártico». «A partir de hoy habrá una presencia militar aumentada», ha anunciado en un comunicado de prensa en el que hablaba también de la «estrecha cooperación con aliados de la OTAN».

Groenlandia, parte de la Cúpula Dorada

Trump ha reiterado en diversas declaraciones que la pertenencia a la OTAN de Dinamarca no es suficiente protección, ni para Groenlandia ni para Estados Unidos, por lo que considera a la isla ártica bajo control estadounidense como «elemental para la construcción de la defensa antimisiles», denominada Cúpula Dorada. De ahí deduce que la OTAN «debería allanar el camino para una toma estadounidense de la isla».
Mientras tanto, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha señalado que, a pesar de que Estados Unidos y Dinamarca han acordado establecer un grupo de trabajo, «eso no cambia el hecho de que existe un desacuerdo fundamental, porque la ambición estadounidense de tomar el control de Groenlandia sigue intacta». Y sentencia: «Es obviamente un asunto grave, y proseguimos con nuestros esfuerzos para impedir que ese escenario se haga realidad».

La tensión en Mineápolis se agrava tras disparar un policía de inmigración a un venezolano

El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) ha afirmó este miércoles que un agente federal de inmigración ha disparado en la pierna a un supuesto «extranjero ilegal de Venezuela» en Minneapolis.El disparo sucedió días después de que un miembro del Servicio de … Control de Inmigración y Aduanas (ICE) matara de un tiro a Rene Good, de 37 años, lo que ha provocado protestas y una investigación federal.

En un comunicado publicado en X, el DHS informó de que el disparo se produjo tras una persecución policial a un ciudadano venezolano que se encontraba en el país de «manera irregular».

La persecución terminó en un accidente y, según el departamento, despúes aparecieron dos personas más que atacaron conjuntamente al agente con el conductor: «Han atacado al agente con una pala de nieve y un palo de escoba«, una agresión a la que se habría unido la persona a la que perseguía.

Delcy Rodríguez proyecta firmeza mientras negocia con Washington

La presidenta encargada de Venezuela mantiene un discurso de resistencia frente a la potencia que orquestó la captura de su predecesor. Durante su primer discurso oficial ante la nación, declaró que cualquier encuentro futuro con autoridades estadounidenses se realizaría en términos de dignidad venezolana.
«Si algún día me tocase, como presidenta encargada, ir a Washington lo haré de pie, caminando, no arrastrada», expresó la mandataria, invocando la bandera tricolor como símbolo de soberanía nacional. «Venezuela toda está amenazada», agregó, intentando reinterpretar la precaria posición de su gobierno como un desafío colectivo nacional más que como una vulnerabilidad personal.
La declaración encapsula una contradicción fundamental en el momento político actual de Venezuela: Rodríguez ocupa la presidencia como consecuencia de una intervención militar estadounidense, sin embargo, fundamenta la legitimidad de su gobierno en términos de resistencia a esa misma intervención.

La anatomía de la presión económica

Rodríguez atribuyó las limitaciones económicas de Venezuela a lo que caracterizó como una campaña coordinada estadounidense para aislar la industria petrolera nacional. Señaló una orden de diciembre del gobierno de Washington para confiscar buques petroleros sancionados que transitaran aguas venezolanas como evidencia de premeditación anterior a la operación militar del 3 de enero.
«Hay una mancha en nuestras relaciones cuando cruzaron la línea roja, atacaron, agredieron, mataron, invadieron y secuestraron al presidente Maduro y la primer dama. Es una mancha en las relaciones entre los Estados Unidos y Venezuela», expresó Rodríguez, enumerando lo que consideraba sucesivas violaciones de la soberanía venezolana.

Sin embargo, incluso mientras articulaba esta protesta, Rodríguez se preparaba para hacer gestos diplomáticos hacia el mismo gobierno que criticaba. El miércoles sostuvo una conversación telefónica con el presidente Donald Trump para discutir lo que describió como una «agenda de trabajo bilateral» y «asuntos pendientes» entre ambas naciones.

La paradoja del poder

La contradicción refleja las circunstancias peculiares del ascenso de Rodríguez a la presidencia. No fue elegida. No fue designada mediante proceso democrático alguno. Asumió la presidencia porque Nicolás Maduro fue removido por fuerzas militares extranjeras, y como vicepresidenta, ocupaba el siguiente lugar en la línea de sucesión constitucional, una línea que existe, irónicamente, solo porque el gobierno que ahora encabeza redactó la constitución que la estableció.
El gobierno venezolano justifica su compromiso diplomático con Washington argumentando que tales contactos sirven para «defender la paz de Venezuela» y proteger los intereses de Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes permanecen detenidos en Nueva York. Sin embargo, la lógica es circular: el gobierno está negociando con la potencia que removió a su predecesor del cargo.

La trayectoria inesperada de la oposición

Mientras Rodríguez navega las complejidades de gobernar sin legitimidad democrática, la oposición ha experimentado su propio giro de fortuna. María Corina Machado, cuyo movimiento político es ampliamente considerado ganador de las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024, fue inesperadamente apartada tras la operación militar estadounidense que removió a Maduro.
Machado se reunió con Trump en la Casa Blanca y le presentó su medalla del Premio Nobel de la Paz, que recibió el año anterior por su lucha contra lo que el Comité del Nobel caracterizó como el «estado brutal y autoritario» de Maduro.
«En reconocimiento de su compromiso único con nuestra libertad», expresó a los reporteros, explicando el gesto. No estaba claro si Trump aceptó formalmente el presente.
Los organizadores del Premio Nobel emitieron un comunicado que capturó la ironía del momento: «Una medalla puede cambiar de dueño, pero el título de laureado con el Premio Nobel de la Paz no puede». La observación aplica más ampliamente a la situación política actual de Venezuela: los cargos pueden cambiar de manos, pero las preguntas fundamentales sobre legitimidad y soberanía permanecen sin resolver.

Perspectivas futuras

Rodríguez aseveró que su gobierno ha formulado planes para navegar las limitaciones económicas impuestas por las sanciones estadounidenses, aunque proporcionó pocos detalles específicos. La administración persigue simultáneamente la restauración de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, rotas desde 2019, mientras mantiene una postura retórica de resistencia nacional.

División en la Casa Blanca por la visita de María Corina Machado: unos quieren petróleo y otros democracia

La visita de María Corina Machado a Washington fue tratada desde el primer momento como una operación política atípica, marcada por la incertidumbre y por una pugna interna que solo se resolvió en las últimas horas. No hubo confirmación cerrada hasta el final ni … un formato definido con antelación. Entre sus detractores dentro de la Administración, se asumió un riesgo elevado, incluso para los estándares de una Casa Blanca acostumbrada a medir cada gesto con precisión.
El resultado final fue una escenografía tan elocuente como incómoda para esos sectores críticos. Machado fue recibida por el secretario de Estado, el vicepresidente, la jefa de gabinete y, finalmente, por el propio presidente. El respaldo institucional fue mayor del que muchos anticipaban, pese al sigilo que rodeó toda la operación. Esa acumulación de gestos explica la tensión previa y las resistencias internas que acompañaron la preparación del viaje.

Durante días, distintas oficinas debatieron no solo si debía producirse el encuentro, sino cómo debía producirse y hasta dónde podía llegar. Existía el temor de desautorizar otros canales de interlocución abiertos con Caracas, en un momento en el que Delcy Rodríguez trata de presentarse ante Washington como un interlocutor funcional, tras años de confrontación retórica y en medio de sospechas sobre movimientos discretos para aliviar la presión internacional.

La visita de Machado no quedó cerrada hasta prácticamente el último momento

Hubo llamadas cruzadas, reservas internas y advertencias explícitas sobre el riesgo político de elevar demasiado el perfil de la dirigente opositora venezolana. Para el entorno del Departamento de Estado, encabezado por Marco Rubio, la apuesta era clara: había que enviar una señal inequívoca de respaldo a quien encarna la victoria moral de la oposición y la exigencia de una transición democrática real tras unas elecciones desvirtuadas por el chavismo.
Ese sector defendía que Estados Unidos no podía permitirse la ambigüedad justo ahora, cuando el régimen atraviesa su mayor debilidad interna y judicial. Recibir a Machado, darle acceso directo y tratarla como interlocutora legítima era, en esa lógica, una forma de fijar posición estratégica. No se trataba solo del caso venezolano, sino de reafirmar un principio: la democracia no puede quedar subordinada a acuerdos tácticos ni a soluciones de conveniencia.
Frente a esa visión operaba otro bloque, más discreto pero muy influyente, que observa Venezuela desde una óptica distinta. Es el ámbito de los negocios, de los fondos de inversión, de las petroleras y de quienes consideran que la prioridad es entrar, estabilizar y empezar a operar cuanto antes. Para ese sector, la clave no es tanto el orden democrático como la previsibilidad. Importa menos quién gobierne y más que exista un marco mínimo para invertir, extraer crudo y normalizar relaciones. La democracia queda relegada a una fase posterior; antes, los contratos.
Ese pulso interno explica el carácter extraño de la visita. No fue una recepción clásica, ni un acto público, ni una reunión institucional con fotografía oficial. Tampoco un desaire. Fue una fórmula intermedia, cuidadosamente diseñada para permitir lecturas distintas. El encuentro con el presidente se celebró en el comedor privado del Ala Oeste, no en el Despacho Oval. Un espacio más íntimo, menos solemne, pero políticamente muy cargado. Trump dedicó más de una hora a la dirigente opositora, y ese dato, por sí solo, constituyó el mensaje principal.

La imagen fue deliberadamente ambigua

Cercanía personal y conversación prolongada, pero sin solemnidad institucional, sin rueda de prensa y sin comunicado detallado. Trump optó por un formato que le permite conservar el control del tablero: escuchar, calibrar y mostrarse receptivo sin cerrar otras opciones. Un gesto suficiente para quienes reclamaban respaldo político explícito, pero insuficiente para quienes temían que se rompieran canales alternativos de interlocución.
También fue relevante quién no estuvo. Pese a las especulaciones previas, Richard Grenell no participó en la comida. Su ausencia no fue casual ni menor. Grenell simboliza la corriente más pragmática y transaccional, favorable a acuerdos graduales y a la interlocución directa con el régimen. Que no estuviera sentado a la mesa fue interpretado por varios interlocutores como una señal de que, al menos en esta ocasión, esa línea no marcó el formato ni el contenido del encuentro.