Florida se le complica a Trump: las redadas amenazan el voto republicano en Miami
Contra todo pronóstico, se ha vuelto complicado ser republicano y hacer campaña aquí en Florida. Que se lo digan a María Elvira Salazar. Es viernes, 23 de octubre, y la congresista se presenta ante unas decenas de votantes reunidos en la biblioteca regional … de Westchester, en Miami, no muy lejos del complejo de golf de Donald Trump en Doral. No viene sola. La acompañan Steve Scalise, líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, y dos veteranos congresistas cubanoamericanos, Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez. Es la artillería pesada del partido, desplegada en un distrito que hasta hace unos meses estaba fuera del alcance de los demócratas.
La explicación está en las encuestas. Salazar ganó su reelección en 2024 por casi veintiún puntos de ventaja. Ahora, un sondeo de finales de agosto, encargado por los demócratas, la situaba empatada al 45% con su adversario. Otro más reciente, realizado entre el 20 y el 23 de octubre, le da un 49,1% frente al 46,4% del demócrata, Eliott Rodríguez. La diferencia está dentro del margen de error. Lo que parecía una reelección sin sorpresas se ha convertido en una batalla totalmente abierta.
Y no es un fenómeno aislado. Una encuesta de Univisión y YouGov publicada el 19 de octubre revela que el 55% de los votantes hispanos de Florida considera que la política de detenciones y deportaciones de Trump ha ido demasiado lejos. Entre los hispanos, los demócratas superan a los republicanos por cuatro puntos en intención de voto para la Cámara de Representantes, o Baja, en las elecciones parciales del martes. El dato ayuda a entender lo que sucede en Miami, donde Trump consiguió hace dos años un respaldo latino decisivo para regresar a la Casa Blanca.
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David Alandete
Salazar conoce bien ese electorado. Es hija de exiliados cubanos, fue durante años una de las caras más conocidas de la televisión aquí y representa un distrito en el que casi tres de cada cuatro habitantes son latinos. Su rival, Rodríguez, también es cubanoamericano y también procede de la televisión. Los dos han presentado informativos ante un público que ahora debe elegir entre ellos. Una particularidad bastante representativa de una época en la que la fama televisiva se ha convertido en un importante activo político, como es el caso de Trump.
En la biblioteca de Westchester, Salazar elude el asunto más espinoso, la inmigración. Defiende las rebajas fiscales y el gran paquete presupuestario del presidente, la llamada, sin ironía, Ley Grande y Bonita. «Si esa ley no hubiera sido aprobado, todos estaríamos pagando más impuestos», asegura. Ha venido a reivindicar la gestión económica republicana y a movilizar a los votantes de un partido que, hasta hace muy poco, daba por segura la victoria en buena parte del Miami hispano.
Plantarle cara al presidente
Entre los asistentes está Jorge Luis García, un venezolanoamericano de 56 años que lleva más de tres décadas viviendo en Miami. Es republicano hasta la médula, votó a Trump en las dos últimas elecciones y asegura que volverá a apoyar a Salazar. Pero esta vez tiene una razón que hace dos años habría resultado difícil de imaginar. «Voy a votarla porque se ha atrevido a plantarle cara al señor presidente. Yo voté por él, pero no para que persiguieran a gente trabajadora que lleva veinte años aquí», explica. García no piensa cambiar de partido ni votar a los demócratas. Considera, simplemente, que Salazar ha entendido algo que otros republicanos prefieren ignorar: entre los hispanos que llevaron a Trump a la Casa Blanca también hay quienes empiezan a sentirse perjudicados por las políticas que aplica.
«Voy a votarla porque se ha atrevido a plantarle cara al señor presidente. Yo voté por él, pero no para que persiguieran a gente trabajadora que lleva veinte años aquí»
Jorge Luis García
Venezolanoamericano
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Un mes antes de este acto, la congresista había protagonizado un gesto poco frecuente entre los suyos, uno que en otras circunstancias podría haberle costado la carrera política: grabó un anuncio electoral frente a la Casa Blanca para advertir directamente al presidente de que se estaba equivocando con los inmigrantes.
Un mensaje al presidente Trump sobre inmigración | María Elvira Salazar https://t.co/jEwtL7Mbe8— María Elvira Salazar 🇺🇸 (@MaElviraSalazar) September 17, 2026
«Señor presidente, algunas de sus medidas migratorias han ido demasiado lejos», le decía mirando a cámara. Y añadía una advertencia todavía más delicada para los republicanos, a pocas semanas de las elecciones: «Los mismos hispanos que le ayudaron a llegar a la Casa Blanca en 2024 se sienten hoy traicionados».
Trump respondió al día siguiente desde el Despacho Oval. Dijo que Salazar se había vuelto demasiado blanda en materia fronteriza y le recordó a quién debía, según él, su victoria electoral. «María ganó solo gracias a mí», afirmó. El presidente no estaba dispuesto a aceptar que una congresista de su propio partido cuestionara una de las políticas que más habían contribuido a su regreso al poder.
La posición de Salazar encierra también una contradicción. Votó a favor de la gran ley presupuestaria republicana, que destinó decenas de miles de millones de dólares adicionales al ICE, la policía migratoria; las detenciones, y las deportaciones, mientras reclama al presidente que modere unas operaciones que están afectando directamente a gran parte de su electorado.
Doral, entre la ley y el miedo
Para comprender el alcance del problema basta con desplazarse unos pocos kilómetros hacia Doral, la ciudad donde Trump tiene su complejo de golf y donde vive una de las mayores comunidades venezolanas de Estados Unidos. Las operaciones de ICE han provocado un temor que se ha trasladado a la vida cotidiana. Hay familias que evitan salir de casa, padres que temen llevar a sus hijos al colegio y comerciantes que aseguran haber perdido hasta el 70 % de sus ventas porque los inmigrantes tienen miedo de salir a la calle. Doral, el distrito que representa Díaz-Balart, tiene una población en la que cerca de siete de cada diez habitantes ha nacido fuera de Estados Unidos. Su gobierno local aprobó un acuerdo de colaboración con las autoridades federales de inmigración.
Carlos Giménez, Salazar y Mario Díaz-Balart atienden a los medios en Miami.
(ABC)
Es una situación particularmente dura para los venezolanos. Muchos celebraron la captura de Nicolás Maduro en enero, una operación que consideraban impensable y que Trump ha presentado como uno de sus grandes éxitos mundiales. Pero el mismo presidente que puso fin al mandato de Maduro ha endurecido las condiciones de permanencia de muchos de sus compatriotas en Estados Unidos y los devuelve al país del que se exiliaron.
El trato privilegiado para los cubanos
Los cubanos tampoco han quedado al margen. Durante décadas disfrutaron de un tratamiento migratorio privilegiado, pero las nuevas deportaciones han afectado también a ciudadanos de la isla. Human Rights Watch (HRW) documentó el traslado de 4.353 cubanos a México entre enero de 2025 y marzo de 2026. Según la organización, el 27% no tenía antecedentes penales en Estados Unidos. Son cifras que han contribuido a extender la inquietud entre familias que habían llegado a considerar su situación relativamente segura.
Entre enero de 2025 y marzo de 2026, fueron deportados 4.353 cubanos a México. Según HRW, el 27% de ellos no tenía antecedente penales en EE.UU.
La erosión del voto hispano no significa, sin embargo, que Florida haya dejado de ser un estado favorable a los republicanos. En las elecciones al Senado, convocadas para cubrir el escaño que dejó vacante Marco Rubio al incorporarse al Gobierno, la republicana Ashley Moody conserva una ventaja sobre la demócrata Angie Nixon. Una encuesta publicada el 30 de octubre la sitúa cuatro puntos por delante. Para gobernador, el republicano Byron Donalds aventaja en seis puntos al demócrata David Jolly, que aspira a suceder a Ron DeSantis. Ambos continúan por delante, aunque los márgenes entre los electores hispanos son mucho más ajustados.
Lo que ocurre en Miami no es que cubanos y venezolanos se hayan convertido de repente en demócratas. Muchos siguen siendo profundamente anticastristas, rechazan el chavismo y respaldan la mayor parte de la agenda de Trump. Pero una cosa es apoyar las deportaciones cuando se habla de inmigrantes desconocidos y otra contemplar cómo los agentes federales detienen a vecinos, compañeros de trabajo o familiares que además huyeron del comunismo.
Por eso Salazar propuso hace unos meses la Ley Dignidad, una propuesta bipartidista para regularizar a inmigrantes sin papeles que llegaron antes de 2021, permitiéndoles trabajar legalmente y evitar la deportación a cambio de cumplir ciertos requisitos y pagar 7.000 dólares en siete años, aunque sin derecho a la ciudadanía. Trump se opuso. Ahora hasta ha insinuado en redes que de cara a futuro a Salazar deberían enfrentarse otros republicanos más fieles en primarias.

