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León XIV hace las Américas

León XIV está aprobando con nota las asignaturas pendientes del pontificado de su predecesor Francisco. Después de las visitas a España y Francia, llega el Papa a su amada América. Las primeras horas en Uruguay apuntan al reto de la presencia del Pontífice en sociedades … de raíz y contexto católico, menos intenso en Uruguay, más en Argentina y Perú, que sufren un acelerado proceso de secularización. Mientras Uruguay construyó su identidad moderna como nación de espaldas a la fe, Argentina y, sobre todo, Perú viven en la tensión del intensificado pluralismo que ha generado el imparable proceso de secularización. Un pluralismo que es aprovechado también por las confesiones cristianas de raíz evangélica que ocupan no pocos de los huecos que deja la Iglesia católica.
La visita del Papa de estos días lo es a toda América, que sigue siendo la geografía con mayor número de católicos, 678.869.000, que representan el 64% de su población. Según los últimos datos de la Agencia Fides, el número de bautizados aumentó en América (+6.992.000), aunque el mayor crecimiento se registró en África, con 7.580.000 católicos. Uruguay es considerado el país más secularizado de Iberoamérica. Los católicos son sólo el 32% de la población; Argentina tiene, según las últimas investigaciones, un 57% de católicos y Perú un 67%. Solo alrededor del 4% de la población católica en Uruguay participa en la misa dominical. Argentina cuenta con unos 46 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente 30 millones son católicos. Perú es un país que tiene aproximadamente 34,3 millones de habitantes, de los cuales 22,9 millones son católicos, alrededor del 67% de la población.

Dos razones emergen en este viaje, la histórica y la eclesiológica. Histórica, porque la mirada a las raíces es siempre alentadoramente pedagógica y genera una esperanza cierta. Jugará un papel central Santo Toribio de Mogrovejo, natural de Mayorga de Campos, «santo padre de la Iglesia en América» y obispo modelo de evangelizador de primer anuncio. Y eclesiológica, la razón de ser de la Iglesia, compañía de vida y verdad para unos pueblos amenazados por la ideología y el populismo.

Los musulmanes demócratas celebran el triunfo de El Sayed: «Hay que sacar a EE.UU. de las garras de Israel»

«Estoy muy feliz. Yo siempre confié en la capacidad de Abdul de transmitir el mensaje. La cuestión era si los votantes estadounidenses estaban listos para ello». Osama Siblani se refiere a Abdul el Sayed, el nuevo senador por Míchigan y primer musulmán de … la historia de Estados Unidos en esa posición. «Y su mensaje ha sido aceptado y aprobado de forma mayoritaria pese a los ataques, la desinformación y el odio contra él o contra mí mismo».
Siblani habla con este periódico desde Dearborn, la gran ciudad árabe y musulmana de EE.UU., un suburbio de Detroit donde esta comunidad creció a la sombra de uno de los grandes símbolos de la primera potencia mundial: la factoría original de Ford. Siblani es un personaje de gran influencia en este electorado. Hace 42 años fundó ‘The Arab American News’, el principal periódico árabe-estadounidense del país. Es un muñidor de la política local y hasta una de las principales avenidas de Dearborn lleva su nombre.

«Hemos abierto una puerta que siempre ha estado cerrada para nosotros», dice Siblani sobre el hito histórico de El Sayed. Pero se ha abierto algo más que la representación de una minoría hasta ahora sin apenas peso político. La elección de este senador abre también un cambio fundamental en la política de EE.UU.: es un símbolo de que el apoyo a Israel y la influencia del ‘lobby’ judío están en peligro.

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Javier Ansorena

El Sayed ha ganado su escaño tras una campaña brutal, en la que los ataques de los republicanos se han centrado en su nombre, en su religión y en las acusaciones de vínculos con el terrorismo islámico. Donald Trump se mofó de su nombre en los mítines y le calificó de «yihadista peligroso». Su rival, Mike Rogers, le asoció con Hamás, Al Qaida y los Hermanos Musulmanes. El Sayed también ha alimentado las acusaciones de antisemitismo. Por ejemplo, por su relación con el opinador extremista Hasan Piker, o por comentarios inaceptables, como su reacción al ataque a una sinagoga a comienzos de año: «Haces daño y te hacen daño».
El mensaje caló en parte de las bases republicanas. «Ten cuidado, ahí no se puede ni entrar, eso está lleno de musulmanes», advertía a ABC un seguidor de Trump en un mitin del presidente en Ohio, pocos días antes de la elección, al saber que el próximo destino de este corresponsal era Dearborn.
Pero no tuvo el mismo efecto en Míchigan. Por un lado, porque la presencia de una comunidad musulmana significativa –con un 3% de la población, es la mayor del país– es algo que está normalizado. Pero, sobre todo, porque pesó más la impopularidad de Trump por la guerra de Irán y su impacto en los precios y el mensaje de populismo económico de El Sayed.

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Este mensaje tenía tres pilares: sacar el dinero de la política, sanidad pública para todos y acabar con la financiación militar de países en el extranjero. En este último punto, el objetivo evidente era Israel.

El mensaje de El Sayed tenía tres pilares: sacar el dinero de la política, sanidad pública para todos y acabar con la financiación militar de otros países, en alusión a Israel

El Sayed, un candidato izquierdista con el apoyo de la facción más extremista de los demócratas, ha mantenido una posición dura frente a Israel y frente a la influencia que tiene en la política de EE.UU. «Y mi posición no va a cambiar», ha advertido El Sayed rumbo a Washington.
Este médico de origen egipcio, de 42 años, va a ser «el senador más anti-israelí desde la creación del estado judío hace 78 años», ha asegurado ‘The New York Times’.
Su elección es una muestra del músculo político creciente del voto árabe y musulmán en EE.UU. Se ha notado en Míchigan más que en ningún otro sitio. «Lo que decide mi voto es Palestina», dice Noreen Abder, una seguidora de El Sayed de Dearborn. Ella, como tantos otros árabes y musulmanes aquí, a los que se unieron sectores del izquierdismo, dieron la espalda a Joe Biden y Kamala Harris en las presidenciales de 2024. En su ciudad, solo el 36% votaron a la candidata demócrata, un castigo a los demócratas por no oponerse con más determinación a las operaciones militares de Benjamin Netanyahu en Gaza. Ahora, más del 80% de los vecinos han votado a El Sayed.
«El divorcio era con los candidatos presidenciales, con los líderes, no con los partidos. Era un voto con mensaje», explica Siblani sobre aquella elección, en la que los demócratas perdieron Míchigan, siempre decisivo.

Osama Siblani, fundador hace 42 años del periódico ‘The Arab American News’, es una de las voces más influyentes de la comunidad musulmana en EE.UU. (primera foto). En la segunda imagen, Noreen Abder, quien ha votado a El Sayed por Palestina. En la última foto, Fara Khan celebra la llegada del primer musulmán al Senado..

(Javier Ansorena)

«El mensaje de la victoria de El Sayed es que la defensa de Palestina no impide ganar elecciones, que se puede ganar en estados clave desde esa posición», defiende Abder. «Y hemos visto un cambio en las primarias demócratas en esta elección sobre Israel; cada vez más candidatos combaten que tenga carta blanca con EE.UU. y se distancian del ‘lobby’ judío. Y cada vez más republicanos se están sumando».
Las encuestas han mostrado que el apoyo a Israel entre los demócratas se erosionó con la guerra de Gaza, pero no tanto entre los republicanos. Pero eso ha cambiado con la guerra de Irán. Para parte de las bases de Trump, del mundo MAGA (‘Make America Great Again’, ‘Hacer a EE.UU. grande otra vez’, su lema político) la guerra ha sido una traición a la promesa del presidente de no llevar a EE.UU. a contiendas en el extranjero. Una opinión consolidada en algunos –como Tucker Carlson, entre otros– es que Israel empujó a Trump a la guerra.
La guerra de Irán y sus efectos económicos han hundido la popularidad del multimillonario neoyorquino y son el principal factor de la derrota abultada de los republicanos en las urnas. «El mensaje económico de Abdul y el mensaje sobre Israel están conectados», defiende Siblani, en una idea que El Sayed ha repetido hasta la saciedad en campaña: que el dinero no se gaste en el extranjero cuando los estadounidenses no llegan a fin de mes. Una idea simple que también cala en los republicanos y que ha llegado a la Casa Blanca.
El mismo día de la elección, cuando la jornada pintaba oscura para Trump y los republicanos, el presidente sorprendió con el anuncio de que a partir del año que viene eliminaría la ayuda militar a Israel, unos 4.000 millones de dólares (3.600 millones de euros) al año. Está por ver si lo cumplirá. Pero, en esencia, se alineaba con la posición de El Sayed.

Abdul el Sayed busca influir dentro y fuera de EE.UU.

Abdul el Sayed no apunta a tener un desembarco cauto en Washington. El nuevo senador por Míchigan y primer musulmán en la Cámara ha prometido batalla. Ya ha dejado claro que buscará tener asiento en el Comité de Relaciones Exteriores, donde buscará imponer que EE.UU. se distancia de Israel. Y ha dicho que no apoyará al actual jefe de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, como líder de la mayoría que su bancada tendrá a partir de enero. Schumer es judío y miembro del ‘establishment’ del partido, que ha mantenido un apoyo tradicional a Israel. Al mismo tiempo, El Sayed ha creado una plataforma de financiación electoral para apoyar candidatos demócratas de su cuerda. La ha bautizado como ‘Habibi’, un apelativo cariñoso en árabe.

La debacle electoral apunta a alimentar ese cambio de la relación histórica de EE.UU. con Israel. El vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, uno de los favoritos para suceder a Trump en 2028, apuntó de forma directa a la guerra como responsable del resultado en las urnas. Y en su análisis sobre qué hacer para recuperar la confianza de los votantes, nombró cuatro cosas: «1) Acabar con la guerra. 2) Centrarse en el coste de la vida y la inflación. 3) Poner a EE.UU. primero. 4) Cambiar nuestra relación con Israel».
«Hay que sacar a EE.UU. de las garras de Israel», dice a este periódico Farah Khan, armada con un cartel de apoyo a El Sayed, exultante con su victoria. «Nos hemos convertido en los Estados Unidos de Israel. Hasta ahora, había esta percepción de que tenías que estar con AIPAC (el principal ‘lobby’ judío), con el ‘lobby’ israelí, o te destruían en política. Creo que la ola está cambiando», añade Khan, que trufa sus palabras con ‘inshallah’, ‘si lo quiere Alá’. «Verás cómo pronto quienes acabarán destruidos son los que apoyen a Israel».

Trump se enroca tras su batacazo electoral y anuncia más purgas en la Casa Blanca

A Donald Trump se le ve furioso. Tardó dos días en reaccionar a la derrota de las elecciones de medio mandato. Pero el jueves por la noche, pasado el estupor, estalló en el Despacho Oval. A gritos echó a su jefa de gabinete, Susie … Wiles, la poderosa ‘dama de hielo’, la mujer que le había ganado las elecciones de 2024. Wiles salió de allí humillada. A los pocos minutos presentó su carta de dimisión. Trump le dijo que se lo pensaría. El viernes por la tarde ya había anunciado a su sustituto. Sería el hasta entonces subdirector de gabinete, Stephen Miller, un fundamentalista del trumpismo. Hasta el propio Trump ha bromeado con que más vale que Miller se guarde para sí lo que de verdad piensa, porque hasta para él podría ser demasiado.
El martes por la noche, sentado junto a Wiles en la Sala Este de la Casa Blanca, Trump vio cómo los republicanos perdían Texas, Iowa y hasta Kansas. También peligraban Misisipi y Alaska. Pero la magnitud de la derrota la entendió ya días después, al ver la cobertura de las grandes cadenas televisivas. Hasta sus más ardientes defensores le atribuían la debacle. Trump llegó a la conclusión de que le habían engañado. Y la culpa cayó sobre Wiles, quien ya estaba en la cuerda floja, sobre todo por no evitar la filtración de lo ocurrido en julio, al término de la cumbre de la OTAN en Ankara. A la vista de la prensa, el presidente había subido al Air Force One. Minutos después, un camión de ‘catering’ lo recogió al otro lado del aparato y lo llevó, sin que lo vieran los periodistas, hasta un avión militar más pequeño. En ese avión voló al Reino Unido. Los servicios de seguridad temían un ataque iraní.

Trump llegó al martes de las elecciones sin darse cuenta de hasta qué punto había perdido el favor de los votantes. Muchas otras veces había desafiado a las encuestas. Ganó en 2016, volvió a ganar en 2024 y hasta la derrota de 2020 fue más estrecha de lo que auguraban los sondeos, lo que le llevó a denunciar un fraude que nunca pudo demostrar. Esta vez volvió a fiarse de sus mítines. En ellos todo estaba coreografiado, todo medido, desde su entrada en escena hasta la música con la que bailaba. El público lo formaban sus seguidores más fieles. Trump creyó que el entusiasmo de aquella gente era el de la calle. Y se estrelló.

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David Alandete

El presidente vive en una burbuja. Su asistente personal, Natalie Harp, selecciona los mensajes que le llegan de las redes sociales y le imprime los que sabe que le van a gustar. Dos de sus asesores más cercanos, Stephen Miller, a quien acaba de nombrar jefe de gabinete, y Steven Cheung, su director de comunicación, nunca le llevan la contraria. Le adulan, como hacen los miembros de su gabinete. Es lo que Trump espera de ellos. Basta ver una de esas reuniones, que son televisadas. Ante las cámaras, los secretarios toman la palabra por turno y, uno tras otro, se deshacen en elogios al presidente. En la Casa Blanca, quienes se atrevían a llevarle la contraria han ido cayendo uno tras otro. Tampoco hay diálogo con los sectores críticos de su partido ni con los demócratas de la oposición.
Trump volvió a la Casa Blanca en 2025 rodeado de un equipo unido y escogido por su lealtad. Ahora las salidas se suceden y la Casa Blanca empieza a parecerse más a la de su primer mandato. Y entre las bajas de mayor peso predominan las mujeres. En primavera salieron Kristi Noem, Tulsi Gabbard, Pam Bondi y Lori Chávez-DeRemer. En agosto se marchó Karoline Leavitt. Ahora le ha tocado a Susie Wiles.

Caos y artes marciales en la cúpula

A Trump le importan sobre todo dos cargos, el de quien manda en el Ala Oeste y el de quien sale ante las cámaras a defenderlo. Para el primero, jefe de gabinete, ha elegido a Miller, lo que supone redoblar sus políticas más controvertidas, como las deportaciones masivas, tras la contundente victoria demócrata. El segundo ha vuelto a quedar vacante. Leavitt, una de sus defensoras más eficaces, anunció su marcha al poco de regresar de su baja por maternidad. Por aquellos días acababa de saberse aquello de su evacuación en un camión de ‘catering’, un fracaso de comunicación. Leavitt explicó que se iba para pasar más tiempo con sus dos hijos. Trump tardó semanas en elegir a una sucesora, Katie Zacharia, quien duró solo cinco días.

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Provocando una nueva sorpresa, Trump quiere fichar para tan importante puesto al gerifalte de las artes marciales mixtas, Dana White. «Tengo el placer de anunciar que he ofrecido el cargo de secretario de Prensa de EE.UU. al gran Dana White, un peleador violento y guerrero», escribió el sábado en un mensaje en su red social. Trump detalló que le ha pedido que venga «acompañado de asistentes, aunque algunos de ellos no sean de nuestro país», y citó a algunos de los luchadores más conocidos de la UFC: slam Makhachev, Khabib Nurmagomedov, Justin Gaethje, Daniel Cormier, Amanda Nunes, y Kayla Harris. «Necesitamos a esta gente para que nos defienda de la izquierda lunática», justificó. «Dana será un secretario de prensa como ningún otro. Dana, por favor, ¡acepta el trabajo!».
Con la salida de Wiles queda en el aire el futuro del equipo que se trajo de Florida. A uno de sus hombres de confianza, James Blair, Trump ya le había dado un aviso en plena campaña de las elecciones de medio mandato. Blair, uno de los responsables de la estrategia republicana, había viajado a la República Srpska, una entidad serbia dentro de Bosnia y Herzegovina, para asesorar al partido prorruso de Milorad Dodik. Lo acompañaba Chris LaCivita, que había dirigido con Wiles la campaña de Trump en 2024. Cuando trascendió el viaje, el presidente se distanció de ambos en público y amenazó con despedirlos si sus negocios planteaban un conflicto de intereses.
El asunto tocaba de cerca a la propia Wiles. Su hija Katie trabajaba para Continental Strategy, una firma lobista de Washington con un contrato de 35.000 dólares (31.400 euros) mensuales para representar a la República Srpska. También ella había viajado allí en agosto, según la empresa, para realizar un estudio de viabilidad por encargo de otro cliente. Ya entonces corría por Washington el rumor de que Wiles estaba en la cuerda floja. Trump lo desmintió tajantemente en octubre.

A Trump le importan sobre todo dos cargos: jefe de gabinete, para el que ha elegido a Miller, y portavoz, que ha ofrecido al gerifalte de las artes marciales mixtas, Dana White

Wiles quería aguantar hasta febrero. Así se lo pidió a Trump, según la prensa estadounidense. El presidente quiso adelantar el relevo. Apenas dos meses antes, Wiles había anunciado que los médicos ya no detectaban rastro del cáncer de mama que le habían diagnosticado en marzo. Durante el tratamiento siguió al frente de la Casa Blanca y, según el propio Trump, pasaba allí todo su tiempo, sin tomarse una baja.
Cuando quedó clara la magnitud de la derrota, empezó a circular en los medios en Washington el nombre de otro posible destituido, Pete Hegseth, el secretario de Defensa y uno de los grandes defensores de la guerra de Irán. Trump llegó a preguntar a sus asesores si debía mantenerlo en el cargo. Según una fuente cercana al presidente citada por CNN, varios de esos asesores señalaron al equipo de Wiles como origen de las filtraciones: sostenían que intentaba desviar la atención de Trump hacia el Pentágono.
El viernes, Trump confirmó públicamente que seguía confiando en Hegseth. Horas después anunció la salida de Wiles. Hegseth fue de los primeros en celebrar el ascenso de Miller, su amigo y socio, a la jefatura de gabinete. Pero Trump ya había advertido de que habría más relevos en el tramo final de su mandato y, como demostró en su famoso programa de telerrealidad, si algo se le da bien es despedir.

Paisaje para después de la batalla

Nadie sabe cómo responderá Donald Trump a la abultada victoria demócrata en las elecciones de medio mandato. Por ahora, ha aceptado el resultado aunque se ha distanciado de los candidatos republicanos que él mismo había elegido y patrocinado y ha buscado culpables. Enseguida ha … cesado a su jefa de gabinete, Susie Wiles, que trataba de moderar sus peores instintos. El sucesor en este puesto, similar al de primer ministro, es Stephen Miller, responsable de impulsar desde la Casa Blanca las políticas más duras en inmigración y conocido por su deseo de expandir el poder ejecutivo saltando por encima de las normas.
Es pronto para saber si Trump se volcará en política exterior a la busca de un gran legado. Este es un ámbito en el que la Constitución le da extensos poderes y la mayoría demócrata en ambas Cámaras apenas puede frenar su combinación de unilateralismo agresivo y tratos efímeros siempre sujetos a revisión.

Una consecuencia clara de la ola azul, que ha cambiado en pocas horas la política estadounidense, es que la sucesión del presidente se ha abierto y es un proceso fuera de su control. No hay una figura clara en el Partido Republicano que emerja como el candidato natural en 2028 y concite los apoyos de la coalición de diferentes que ha llevado a Trump dos veces a conquistar la Casa Blanca: trabajadores, cristianos evangélicos, libertarios y miembros de minorías raciales. Tanto el vicepresidente, J. D. Vance, como el secretario de Estado, Marco Rubio, saben que necesitan distanciarse de Trump y, a la vez, presentarse como continuadores de su obra. Hay otros posibles contendientes, pero la tensión principal es la que enfrenta a estos dos pesos pesados, un revolucionario MAGA contra un republicano muy conservador disfrazado de trumpista, dispuesto a volver a conectar con las ideas de Lincoln y Reagan.

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Javier Ansorena

Los demócratas por su parte celebran un triunfo histórico, pero siguen sin tener un liderazgo claro para recuperar la Casa Blanca y no han resuelto el dilema principal al que se enfrentan desde hace diez años: una militancia escorada a la izquierda, más radical que los votantes, y un grupo de notables centristas que tratan de evitar la huida de los moderados e independientes. Joe Biden lo intentó sin éxito y Kamala Harris ni siquiera tuvo tiempo de explicar cómo quería gobernar.
En las elecciones de medio mandato, representantes de las dos almas del partido han conseguido resultados espectaculares a lo largo del país, desde el médico izquierdista Abdul el Sayed en Míchigan, el primer musulmán en la Cámara Alta, a la senadora Amy Klobuchar en Wisconsin, una abogada pragmática, dispuesta pactar con los republicanos.
Sin embargo, esta estrategia de adaptación al terreno con mensajes distintos no sirve para ganar la presidencia. La enorme euforia con la que los demócratas viven la victoria de esta semana debe dar paso cuanto antes al trabajo interno de seleccionar a un candidato presidencial viable, si es posible antes de unas primarias con una veintena de aspirantes.

La euforia de los demócratas debe dar paso a la selección de un candidato presidencial viable, si es posible antes de unas primarias con veinte aspirantes

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La gran mayoría de los dirigentes europeos asisten al principio del final de Trump con alivio. Pero se equivocan si piensan que la vieja normalidad va a volver, con unos Estados Unidos que asuma la defensa del continente y promueva la globalización económica. La relación transatlántica necesita recomponerse sobre antiguos y nuevos fundamentos. Washington está más cerca de admitir que necesita aliados para defender sus intereses y valores en un mundo más peligroso. Una razón más para que los europeos aceleren las reformas económicas pendientes y su trabajo conjunto en el ámbito de la defensa.

El Papa denuncia en periferia de Montevideo la inseguridad «que impide construir un futuro»

El Papa ha recordado que los problemas más graves de un país solo se resuelven si se suman las fuerzas de todos. Lo ha dicho durante una emotiva visita al barrio más pobre y peligroso de Montevideo. Allí ha secado lágrimas de una mujer … de la calle, ha abrazado a una anciana que cuida a los hijos de madres que trabajan lejos de casa y ha pedido que no se ignore la pobreza de las barriadas extremas de las grandes metrópolis. «No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver», ha clamado.
Entre las habitantes de la barriada de Casavalle le esperaba Ana Alicia, de 20 años, que trabaja como administrativa en una oficina del centro de la ciudad. «Si en una entrevista de trabajo dices que vives en Casavalle, ya no te contratan, hay muchos prejuicios», explica a ABC. Describe las calles donde reside como escenario de luchas entre bandas criminales que compiten por el control del tráfico de droga en el país. «Yo no salgo de casa sola. A veces salir y tomar el ómnibus es difícil. Muchas veces tenemos que movernos en grupo para sentirnos más seguros», explica.

Aunque el Estado no siempre se atreve a entrar aquí, la Iglesia sí que lo hace, pues viven religiosas y sacerdotes y trabajan instituciones católicas con centros de ayuda, casas de ancianos o colegios. «Antes, muchos ni siquiera tenían dinero para ir fuera a estudiar. Hoy hay más integración y más posibilidades. Estas escuelas y liceos han conseguido que los chicos tengan oportunidades», explica orgullosa Luz mientras espera a León XIV.

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Javier Martínez-Brocal

Detrás de una de las barreras, mirando atenta lo que ocurre, lo espera Silvia. También ella creció en este lugar. Cuenta que estudió en uno de los colegios católicos que hay y que ahora enseña Historia en Montevideo. «Podría haber visto al Papa en cualquier otro lugar durante su viaje a este país, pero vine aquí porque esta gente es mi familia», asegura emocionada. «Aquí hay pobreza, pero también mucha gente trabajadora y buena», explica.

León XIV bendice viviendas

León XIV ha llegado a primera hora de la tarde, después de haber visitado una residencia de sacerdotes ancianos. Se ha bajado del papamóvil y ha caminado durante unos minutos por algunas calles. Ha entrado en un complejo en obras, donde con la ayuda del Vaticano, se están construyendo treinta viviendas para familias sin recursos. Allí ha bendecido a algunas personas que podrán trasladarse a ellas en unos meses. Después ha ido a pie hasta la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, que asoma a un cruce de calles transformado durante unas horas en una plaza improvisada que ha reunido a unas doce mil personas.
«Su presencia en Casavalle nos confirma que la Iglesia no nos abandona, que el Papa nos mira y nos tiene en su corazón, que Dios no se olvida nunca de nosotros», le ha presentado el párroco. Luego, una mujer con tatuajes en el rostro ha subido al estrado y le ha contado su historia. «Con tan solo 8 años tuve que hacerme cargo de mi madre no vidente. Viví violencia y abuso y, a los 15 años, terminé en la calle», le ha confiado. Ha hablado también Alan, de 32 años, que nació aquí y que ha organizado una escuela de rugby para ayudar a los jóvenes. «Cuando alguien cree en vos y te da una oportunidad, tu historia puede cambiar», ha asegurado al Papa. León XIV les ha escuchado conmovido y luego ha tomado la palabra.

«Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad»

Papa León XIV

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«No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos. No podemos ignorar que en nuestro entorno hay mucha gente que sufre, que está sola y es vulnerable», ha dicho desde esta periferia. «Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles. Mucho menos debería sufrir violencia hasta el extremo de llegar a perder la vida», ha clamado.
A continuación, ha propuesto unir esfuerzos y que «la Iglesia, la comunidad civil y el Estado trabajen juntos». «Necesitamos despertar de nuestras inercias y abogar por el bien común. En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios asuntos», ha concluido.
Le escuchaba Agustín, que se define ateo, y que ha venido con sus dos hijas. «Me parece un acontecimiento importante desde el punto de vista humano», ha justificado su presencia. «Esto es importante, porque muchos aquí viven con lo mínimo. No veo a nadie triste. Capaz que los hay, pero en un momento así uno se olvida un poco de todo eso». Pero la idea del Papa es que no sea un cambio de un momento.

El presidente de Israel encarga al líder opositor Gadi Eisenkot la formación de Gobierno

El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha encargado este sábado al líder del partido Yashar, Gadi Eisenkot, la formación de Gobierno tras las elecciones legislativas del pasado 27 de octubre, en las que la formación centrista fue la segunda más votada, solo por … detras del partido Likud del primer ministro, Benjamin Netanyahu.
«Tras la conclusión el jueves de la ronda de consultas (…), el presidente ha informado al líder del partido Yashar, Gadi Eisenkot, de su intención de encargarle la formación de Gobierno», ha informado la oficina presidencial en un comunicado.

Herzog ha invitado a Eisenkot a la Residencia del Presidente este domingo a las cinco de la tarde, «para encargarle la formación de Gobierno», explica el comunicado.

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Mikel Ayestaran

En la ronda de consultas, un total de 67 de los 120 diputados de la Knesset (el Parlamento israelí) «recomendaron al presidente Herzog que el líder de Yashar, Gadi Eisenkot, recibiera el encargo de formar el Ejecutivo».
Otros 46 diputados pidieron que encargara la formación de gobierno al primer ministro saliente, Netanyahu, y un grupo de siete diputados optaron por no recomendar a ningún candidato.
Una vez que reciba el encargo formal, Eisenkot tendrá 28 días para formar un Gobierno que se podrían prorrogar 14 días más por decisión presidencial, según la normativa recogida en la Ley Básica o Constitución israelí.