Donald Trump ha decidido congelar durante cinco días la acción militar prevista contra Irán después de asegurar que en las últimas 48 horas se han producido avances significativos en los contactos entre Washington y Teherán. El presidente de Estados Unidos lo anunció este lunes en … un mensaje en redes sociales, en el que habló de conversaciones «muy buenas y productivas» encaminadas, según dijo, a una «resolución completa y total» de las hostilidades en Oriente Próximo.
Trump afirmó que esos contactos han sido «profundos, detallados y constructivos» y que seguirán durante esta semana. Por ese motivo, ordenó aplazar durante cinco días cualquier ataque contra centrales eléctricas e infraestructuras energéticas iraníes, unos objetivos que él mismo había puesto sobre la mesa apenas dos días antes como represalia directa si Irán no reabría el estrecho de Ormuz.
La marcha atrás temporal de Trump llega después de un fin de semana en el que la crisis dio un salto de escala. El sábado, el presidente norteamericano lanzó un ultimátum a Teherán y le dio 48 horas para abrir de nuevo el paso por Ormuz «completamente» y «sin amenazas». Si no lo hacía, advirtió, Estados Unidos atacaría y destruiría varias centrales eléctricas iraníes, empezando por la más grande. Aquel mensaje elevó de golpe la presión sobre la teocracia y situó al mundo ante la posibilidad de una nueva escalada militar de consecuencias globales.
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Mikel Ayestaran
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles del planeta. Por ese corredor marítimo pasa una parte esencial del petróleo y del gas que abastecen a los mercados internacionales. Cualquier alteración en ese paso repercute de inmediato en el precio de la energía, en el transporte y en la estabilidad económica de numerosos países. Por eso, lo que hasta hace pocos días parecía una guerra contenida entre Estados Unidos, Israel e Irán pasó a convertirse en una crisis con impacto potencial sobre Europa, Asia y el conjunto del comercio mundial.
Washington interpretó que Irán estaba tratando de ampliar el frente de batalla y de elevar el coste internacional del conflicto. Ya no se trataba solo de ataques, represalias y amenazas en el marco habitual de la confrontación regional, sino de la posibilidad de usar Ormuz como palanca estratégica para sacudir el mercado energético mundial. La Casa Blanca entendió que ahí estaba la línea roja.
Días de tensión previos
En paralelo, Estados Unidos había reforzado en los últimos días su presencia militar en Oriente Próximo. El Pentágono había desplazado más barcos, marines y otros medios militares a la región. La propia Casa Blanca reconoció que se estaban preparando distintas opciones para el presidente, aunque sin confirmar una nueva operación militar inmediata. Al mismo tiempo, la Administración pidió ayuda a otros países para proteger la navegación y evitar que el conflicto derivara en una interrupción prolongada del tráfico marítimo por el Golfo.
Trump identificó como objetivo la infraestructura energética iraní. Esa elección no era casual. Apuntaba a un castigo capaz de dañar la capacidad operativa del régimen, de aumentar la presión interna sobre Teherán y de dejar claro que Estados Unidos podía responder con rapidez si Irán seguía atacando a socios.
U.S. forces continue to eliminate the Iranian regime’s one-way attack drone capabilities, which they’ve used to indiscriminately target civilians throughout the region. pic.twitter.com/AbdLMmtoei— U.S. Central Command (@CENTCOM) March 22, 2026
Teherán, por su parte, había venido dando señales en los últimos días de que no aceptaría sin respuesta la presión de Washington. El estrecho de Ormuz era el instrumento más visible y más peligroso de esa respuesta energética. De ahí que el mensaje del sábado se interpretara como un ultimátum en toda regla para reabrir el paso y renunciar a nuevas amenazas.
Ahora, sin embargo, la crisis entra en una pausa my frágil. Trump mantiene la amenaza militar, pero la deja en suspenso durante cinco días para dar margen a unas conversaciones que, según su versión, han abierto la posibilidad de frenar la escalada, just cuando pierde apoyos por este conflicto. El resultado de esos contactos marcará si este parón es el inicio de una desescalada real o solo una tregua breve antes de un choque mayor.