Delcy maniobra en secreto en Washington con una delegación irregular
Discretamente, maniobrando en los márgenes desde el poder y a espaldas de otros jerarcas del chavismo, Delcy Rodríguez ha intentado abrir una negociación directa en Washington de una forma que buscaba pasar desapercibida, pero que ha terminado colocando a su propia delegación en … una situación muy comprometida.
Según ha podido saber ABC por fuentes conocedoras de los contactos, varios de los enviados del régimen interino venezolano entraron en Estados Unidos con visados de turista pese a estar realizando gestiones de carácter político y diplomático, una práctica expresamente prohibida por la legislación migratoria estadounidense y especialmente sensible tratándose de representantes de un poder aún bajo sanciones.
El movimiento no fue improvisado. Rodríguez lleva al menos desde 2020 tejiendo contactos discretos con EE.UU. fuera de los canales formales, en escenarios como México, Doha o encuentros indirectos auspiciados por terceros, con su hermano Jorge presente en ellos.
Esa red de aproximaciones se ha intensificado tras la caída de Nicolás Maduro y responde a un objetivo claro: perpetuarse en el poder y presentarse ante Washington como la única interlocutora viable para gestionar la transición, incluso si eso implica marginar a figuras clave del chavismo duro, como Diosdado Cabello, y operar ahora al límite de la legalidad.
Ese patrón se ha repetido ahora en Washington. Según reveló ‘Voz News’, una delegación del régimen interino encabezada por Félix Plasencia viajó a la capital estadounidense el viernes 9 de enero, con el objetivo de escuchar la propuesta de EE.UU. sobre un eventual acuerdo energético.
La comitiva incluía, entre otros, al viceministro de Exteriores para el Caribe, Raúl LiCausi; al embajador del chavismo en Alemania, Ramón Maniglia; y a la viceministra para Europa, Andrea Corao. Las discusiones, siempre según fuentes citadas por ese medio, abordaban la recuperación de la producción petrolera, la infraestructura energética y la posibilidad de reabrir misiones diplomáticas y consulares.
Sin embargo, fuentes consultadas por ABC en Washington subrayan que el problema no fue solo político, sino legal. Parte de esa delegación habría permanecido en EE.UU. realizando gestiones políticas sin los visados adecuados y sin contar con licencias específicas del Departamento del Tesoro y del Departamento de Estado, obligatorias para cualquier contacto oficial de representantes de un régimen tan sancionado. El uso de visados de turista para estas actividades no solo invalida el estatus migratorio, sino que expone a los implicados a sanciones administrativas y a una expulsión inmediata.
Félix Plasencia, el perfil asociado
Al frente de la misión figuraba Félix Plasencia, exministro de Exteriores de Maduro y uno de los hombres de mayor confianza de Delcy Rodríguez. Su nombre no es menor en Washington ni en Madrid. Plasencia fue una de las piezas centrales del llamado «Delcygate» en enero de 2020, cuando viajó en el mismo avión que Rodríguez a Barajas y presenció el encuentro nocturno entre la entonces vicepresidenta venezolana y el entonces ministro español José Luis Ábalos.
Durante aquellos días, se alojó en un hotel de cinco estrellas en Madrid, evitó sistemáticamente a la prensa. Desde entonces, su perfil ha quedado asociado a gestiones opacas y a la proyección internacional del entorno de Rodríguez.
Que Plasencia encabezara ahora la delegación no fue casual. Diplomático de carrera, con nacionalidad española y una larga relación personal y política con Delcy Rodríguez desde su etapa conjunta en la embajada de Londres, actúa como operador de confianza en momentos delicados. En este caso, su misión iba más allá de escuchar una propuesta energética.
Fuentes estadounidenses apuntan a que la delegación también trabajó en la preparación de una eventual visita oficial de Rodríguez y en movimientos para ganar control efectivo sobre la representación diplomática venezolana en el país norteamericano, un paso de enorme carga simbólica y política.
La urgencia de estos movimientos se explica por un factor clave: la decisión de Donald Trump de recibir en la Casa Blanca a la líder opositora María Corina Machado. Según fuentes de la Administración, Rodríguez aceleró sus gestiones en cuanto tuvo conocimiento de que Trump planeaba ese encuentro, consciente de que quedar fuera del radar de Washington en ese momento supondría una pérdida de legitimidad difícil de revertir.
De hecho, según esas fuentes, la petición de Rodríguez para viajar a Washington se activó esa misma semana y dejó rastro administrativo, incluidos manifiestos de vuelo y solicitudes de autorización de entrada.
La posibilidad de reunión
El propio Trump confirmó en dos ocasiones –el viernes 9 y de nuevo este domingo– que su Administración está preparando una reunión con representantes del poder venezolano «muy pronto. Aunque no mencionó fechas concretas, esas declaraciones fueron interpretadas en Washington como una confirmación implícita de que los contactos existen y están avanzando, en paralelo a la presión energética y al control del petróleo venezolano por parte de EE.UU.
La Casa Blanca, no obstante, ha evitado validar públicamente a Rodríguez como interlocutora exclusiva y mantiene abierta una vía paralela con la oposición democrática.
En Caracas, la reacción fue defensiva. El régimen se apresuró a negar públicamente cualquier viaje o negociación, una pauta que, según fuentes estadounidenses, no desmiente los hechos sino que responde a la necesidad de contener el impacto político interno de unas gestiones realizadas con discreción y al margen de otros centros de poder chavista.
Esa negación contrasta con la información publicada por medios como ‘Voz News’ y con las confirmaciones indirectas del propio Trump.

