Nasry Asfura asume la Presidencia de Honduras, prometiendo orden y recortar el Estado
Nasry Juan Asfura Zablah ha sido juramentado como el 11º presidente en la era democrática de Honduras para el periodo 2026-2030, en un acto sobrio, cargado de mucho simbolismo y que ha marcado el regreso a la derecha al país, tras una ligera … pausa de cuatro años de Gobierno socialista. «Tenemos que ponernos a trabajar (…) el tiempo comenzó a correr y tenemos que resolver problemas, para comenzar a servir», fueron las primeras palabras del presidente quien, tras firmar, aprovechó para felicitar al pueblo hondureño y a los consejeros del Consejo Nacional de Elecciones (CNE) por su «firme defensa a la democracia»; un guiño al complicado proceso electoral por el que resultó electo.
En su discurso presidencial, Asfura hizo énfasis en el orden estatal, el trabajo y la unidad política, que se desprende de algunas de sus principales consignas de campaña. Por ejemplo, Asfura ha recordado la necesaria «reducción del Estado», aludiendo a su campaña en la que prometió un reordenamiento del aparato estatal que busca reducir 113 instituciones públicas a 74, lo que representará un ahorro de unos 15.000 millones de lempiras (477 millones de euros); una especie de política que recuerda al estadounidense Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés), que lideraba Elon Musk, pero al estilo hondureño.
Una vez asumido el cargo, Asfura se ha puesto a trabajar frente a todos los presentes. Sobre el podio presidencial, firmó tres órdenes ejecutivas. La primera, para asegurar el empleo en el sector agrícola. La segunda, para oficializar la venta del avión presidencial. Y la tercera, para asegurar los fondos para extender la Universidad Nacional de Honduras a todos los departamentos del país.
El nuevo presidente de Honduras es nieto de inmigrantes palestinos y llega al cargo tras unas polémicas y crudas elecciones en las que ganó por una diferencia menor al uno por ciento de los votos frente a su contrincante, el popular Salvador Nasralla del Partido Liberal. Los resultados fueron sujetos a un escrutinio extraordinario y el CNE tardó casi 30 días en oficializar la victoria de Asfura, presionado por el Gobierno saliente de la socialista Xiomara Castro, para que anularan el proceso electoral.
Retos del Gobierno conservador
La ajustada victoria tendrá sus implicaciones, sobre todo en el Congreso Nacional, en el que ningún partido ha conseguido mayoría para poder gobernar sin la necesidad de alianzas y negociaciones políticas. «Les suplico que me apoyen con las leyes que debemos aprobar para lograr el cambio», pidió el presidente a los 128 diputados recién juramentados. De ellos, solo 45 pertenecen al Partido Nacional, el partido oficial, mientras que 83 pertenecen a una oposición conformada por 4 partidos, entre los cuales no se descartan alianzas por parte del Liberal o del Demócrata Cristiano con el oficialismo.
Asfura quiere reducir 113 instituciones públicas a 74, lo que representará un ahorro de unos 15.000 millones de lempiras (477 millones de euros)
Asfura gobierna a partir de este martes un país que lo recibe con mucho desgaste. Apenas el 36% de los hondureños considera que la democracia es la mejor forma de gobierno, según la última encuesta de CID Gallup. Su nación es la más violenta de Centroamérica, con 23 homicidios por cada 100.000 habitantes, así como un índice de percepción de la corrupción de un 22 sobre 100 –es decir, muy alto–, según el último informe de Transparencia Internacional.
El Gobierno de Asfura arrastra los antecedentes de corrupción de los gobiernos de Porfirio Lobo (2010-2014) y Juan Orlando Hernández (2014-2018 y 2018-2022), que fueron electos por el mismo partido, y que tienen vínculos con el nuevo Gobierno. A pesar de ello, ha contado con el apoyo público del presidente estadounidense Donald Trump –clave para su ajustada victoria–. Un gesto que estuvo acompañado del perdón presidencial al expresidente Hernández, que había sido acusado y sentenciado a 45 años de prisión en Estados Unidos por delitos relacionados al narcotráfico.
Pero para «Tito» –el mote con el que es conocido el presidente– la situación crítica de Honduras no le desborda. Con más de 30 años de experiencia política, Asfura ha pasado la mitad de su vida navegando por las salvajes aguas hondureñas, ya sea como diputado del Congreso Nacional, alcalde en la capital política del país y, ahora, como presidente. Sus inicios en la política dentro del Partido Nacional datan de los años noventa.
Tras haberse consolidado como un empresario en la industria de la construcción, saltó a la política como asistente en la Alcaldía del Distrito Central. En las elecciones de 2009 fue electo como diputado por el departamento de Francisco Morazán. En 2013, asumió como alcalde de Distrito Central, un cargo que ocupó hasta 2022 tras conseguir la reelección por sus exitosos planes de infraestructura en Tegucigalpa.
Con la frase «vamos a estar bien», Asfura ha cerrado su discurso al son de los gritos de júbilo de los asistentes, que lo aclamaron con el puño en alto y gritando, repetidamente, «Honduras, Honduras, Honduras». El puño en alto, es también un mensaje. Recuerda al «Fight! Fight! Fight!» –¡Lucha! ¡Lucha! ¡Lucha!– de Trump. No por nada, el presidente estadounidense revolvió todo el tablero electoral del país centroamericano para dar su respaldo total a Asfura.

