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El final del tiempo de reformas

Es muy posible que dentro de unos meses termine un tiempo precioso en el que todavía era posible poner en marcha reformas esenciales para el futuro de los europeos, en ámbitos como la defensa común, el mercado interior y el fortalecimiento de las democracias. Alemania … y Francia experimentan el crecimiento de los extremos ideológicos y tantoEmmanuel Macron como Friedrich Merz, dos dirigentes incapaces de sumar agendas y liderar en Bruselas, se aproximan a su ocaso político.
En 2027 podemos asistir a la llegada a la presidencia de Francia de Marine Le Pen en su tercer intento. La incombustible política ha hecho todo lo posible por «des-demonizarse» ante el electorado. Una vez instalada en el Elíseo puede que imite a Giorgia Meloni, se mueva hacia latitudes políticas más templadas, modere sus instintos antieuropeos y se olvide de sus veleidades pro-rusas. Lo que no cabe esperar es que impulse desde la capital comunitaria la libertad económica y la industria de defensa o el desarrollo de un pilar europeo en la OTAN.

El panorama en Alemania puede ser peor. Las elecciones este domingo en Sajonia-Anhalt con toda probabilidad darán una gran victoria a la AfD, un partido de extrema derecha caracterizado por su nacionalismo étnico y una retórica xenófoba, jaleado por el movimiento MAGA. Su triunfo en esta región deprimida de la antigua Alemania del Este daría más argumentos al sector más duro de la CDU, favorable a pactar en el futuro mirando a la derecha, en vez de mantener la gran coalición con los socialdemócratas.

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José M. de Areilza

Alemania difícilmente pondría en marcha las reformas económicas pendientes, en energía, tecnología e industria, decisivas para el conjunto de Europa. La potencia hegemónica y el principal país exportador de la Unión no estaría en condiciones, ni tendría tampoco la disposición, de servir como locomotora de Europa. El futuro no está escrito, pero si se cumplen estas previsiones, no servirá de nada ir en busca del tiempo perdido.

El abogado de Lindsey Clancy revela que un solo miembro del jurado evitó que fuera declarada no culpable de matar a sus 3 hijos

Un juez federal estadounidense declaró este viernes nulo el juicio contra Lindsay Clancy, la mujer acusada de matar a sus tres hijos pequeños en Massachusetts en 2023, por la falta de un veredicto unánime del jurado, y tras no prosperar una apelación de emergencia de la defensa.El abogado de la acusada, Kevin Reddington, se mostró muy crítico con el único miembro del jurado de 12 personas, al parecer un hombre, que se mantuvo firme en su voto y evitó que Clancy fuera declarada no culpable por unanimidad.»No tengo ni idea de lo que estaba pensando ese tipo, no tengo ni idea de que hizo lo que hizo», dijo Reddington en las puertas del juzgado. A su parecer, los otros once miembros del jurado «saben que fueron víctimas de un robo por parte de un solo hombre, cualquiera que fuera su propósito, que les robó siete semanas de la vida de estos otros miembros del jurado que fueron tan atentos, tan hermosos, tan maravillosos».»Se notaba lo derrotados que estaban sentados allí. Tengo la extraña sensación de que habrían seguido una semana más si hubiera sido necesario», agregó el abogado de la acusada.»Me gustaría reunirme con él y preguntarle por qué. Espero que ese hombre pueda dormir tranquilo por las noches», explicó Reddington a los medios de comunicación que han seguido el juicio.La fiscalía sostiene que Clancy actuó intencionalmente, que envió a su esposo Patrick a hacer un recado antes de estrangular a los niños (una niña de cinco años, un niño de tres y un bebé de ocho meses) con bandas elásticas en el sótano y que en ese momento comprendía la diferencia entre el bien y el mal.La mujer, que trabajaba como matrona, se autolesionó con un cuchillo en las muñecas y el cuello, antes de saltar por la ventana de un dormitorio, quedando paralizada de cintura para abajo.Clancy había alegado demencia como defensa, argumentando que sufría de psicosis posparto no diagnosticada cuando estranguló a sus hijos el 24 de enero de 2023. «Represento a una mujer que es una persona fantástica», añadió Reddington. «Me duele mucho lo que le ha pasado a Lindsay. Debería haber obtenido la absolución que merecía», agregó el letrado.

Milei se escuda en Trump para reivindicar ahora la soberanía sobre las Malvinas

Javier Milei ha encontrado en Donald Trump y en su alianza con él una oportunidad inesperada para relanzar la vieja reivindicación argentina sobre las islas Malvinas. El presidente argentino aprovechó este jueves el deterioro de la relación entre la Casa Blanca y Reino Unido, … especialmente por la negativa británica a acompañar a EE.UU. en su campaña militar contra Irán, para anunciar nuevas y duras sanciones contra las compañías que exploten petróleo alrededor del archipiélago sin autorización previa de Buenos Aires.
Esta decisión llega después de que Trump haya introducido una ambigüedad poco habitual en la posición estadounidense sobre las islas. Hoy por hoy, EE.UU. reconoce de facto la administración británica, pero formalmente no toma partido sobre la soberanía y ha defendido durante décadas una solución pacífica y negociada entre Londres y Buenos Aires. Preguntado esta semana en la Casa Blanca sobre si estaba revisando esa posición, Trump respondió: «Siempre reviso todas las posiciones. Esa es una de muchas». No anunció ningún cambio de política, pero tampoco quiso cerrar la puerta a hacerlo.

Puede parecer poco, uno de esos comentarios que Trump hace a menudo sin desarrollar demasiado el asunto. Pero para Argentina, metida además este verano en una polémica futbolística por la misma cuestión de las Malvinas, no lo es. La Asociación del Fútbol Argentino, AFA, fue sancionada por la FIFA con multas por un total de 321.000 dólares por distintas infracciones durante el Mundial, entre ellas utilizar un acontecimiento deportivo para «manifestaciones de índole distinta a la deportiva», al exhibir los jugadores en la semifinal con Inglaterra una pancarta reivindicando que las islas son argentinas.

Noticia relacionada

Guadalupe Piñeiro Michel

Milei presentó las palabras de Trump como una prueba de que su estrecha alianza con la Casa Blanca empieza a producir resultados. «Estados Unidos está considerando este cambio de posición porque sabe que Argentina tiene un socio fiable, alineado con los valores occidentales, en una posición estratégicamente importante que puede ser un aliado valioso en las próximas décadas», dijo en un discurso grabado y televisado, rodeado de su Gobierno. El presidente argentino habló incluso de «vientos de cambio» favorables a su reivindicación, aunque por ahora esos vientos se limitan a declaraciones de Trump y no a una modificación formal de la política estadounidense.
La oportunidad para Milei se produce además en un momento particularmente delicado entre Trump y el Gobierno británico. En una entrevista emitida esta semana en Reino Unido, el presidente estadounidense volvió a reprochar a Londres que no hubiera enviado barcos para apoyar la ofensiva contra Irán. «Vuestro país no estuvo allí para ayudarme», dijo, al recordar que había solicitado buques británicos para la operación. Trump evitó además garantizar de forma clara que EE.UU. acudiría automáticamente en ayuda de Reino Unido en una hipotética nueva crisis territorial con Argentina por las islas. Es precisamente esa grieta, abierta por una disputa que en realidad tiene poco que ver con las Malvinas, la que Milei intenta aprovechar.
Y lo hace utilizando el petróleo. El centro inmediato de la disputa es Sea Lion, un proyecto de extracción situado unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, impulsado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum. Sus promotores prevén comenzar a producir en 2028 y las estimaciones citadas por Reuters sitúan los recursos del proyecto en torno a 1.700 millones de barriles. Argentina considera ilegal la explotación porque se realiza en aguas cuya soberanía reclama Buenos Aires; las compañías, por su parte, sostienen que disponen de licencias válidas concedidas por las autoridades de las islas.

Newsletter

«Argentina no se quedará de brazos cruzados», advirtió Milei. El presidente anunció que acelerará las sanciones ya previstas contra las compañías que participen en proyectos de explotación de recursos sin autorización argentina y que ampliará el alcance de esas penalizaciones a proveedores, accionistas y directivos vinculados a esas operaciones. Las empresas implicadas podrían además encontrarse con restricciones para operar o contratar dentro de Argentina. El objetivo es elevar el coste financiero y empresarial de cualquier explotación petrolera en las aguas que Buenos Aires considera propias.
Argentina cuenta desde hace décadas con un amplio respaldo latinoamericano a la apertura de negociaciones sobre la soberanía de esas islas, pero eso no equivale a que la comunidad internacional reconozca de forma generalizada que las islas sean argentinas. Naciones Unidas reconoce desde hace décadas la existencia de una disputa entre Argentina y Reino Unido y ha instado a las dos partes a negociar, pero no atribuye la soberanía a Buenos Aires. Esa diferencia es importante porque el discurso político argentino suele presentar la reivindicación como un derecho ya resuelto, cuando internacionalmente la cuestión continúa siendo una controversia entre dos Estados.
Las Malvinas llevan bajo administración británica desde 1833, salvo los 74 días de ocupación argentina durante la guerra de 1982. Buenos Aires sostiene que heredó de España los derechos sobre el archipiélago tras su independencia y que Reino Unido expulsó posteriormente a las autoridades argentinas. Londres sostiene que sus derechos históricos son anteriores y, sobre todo, basa hoy su posición en el supuesto derecho de autodeterminación de los habitantes de las islas.

El giro de Milei en las islas

En 1982, la dictadura militar argentina intentó arreglar las cosas por la fuerza. Ocupó las islas el 2 de abril y Margaret Thatcher decidió recuperarlas militarmente. Londres envió una gran fuerza naval a miles de kilómetros de Reino Unido y, después de algo más de dos meses de guerra, las tropas argentinas se rindieron. Murieron 649 militares argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños. La derrota dejó una herida muy profunda en Argentina y convirtió a Thatcher en una figura especialmente detestada allí, aunque Milei, de forma poco habitual para un dirigente argentino, ha expresado abiertamente su admiración por ella.
Esa admiración hace más llamativo el giro actual. En mayo de 2024, Milei hablaba de las Malvinas con bastante más realismo. Admitió en una entrevista con la BBC que las islas estaban «en manos del Reino Unido», descartó cualquier solución inmediata y reconoció que una eventual recuperación de la soberanía podía tardar décadas. «No vamos a renunciar a nuestra soberanía, ni vamos a buscar un conflicto con Reino Unido», dijo entonces. Incluso aceptó que Londres ejerciera mientras tanto el control efectivo del territorio y habló de una negociación «a largo plazo».

En mayo de 2024, Milei admitió que las islas estaban «en manos del Reino Unido» y reconoció que una eventual recuperación podía tardar décadas

Dos años después, la posición de Milei se ha endurecido notablemente. No porque haya cambiado la situación jurídica o militar de las islas, sino porque ha cambiado la situación política en Washington. Trump mantiene una relación muy estrecha con Milei y, al mismo tiempo, ha deteriorado sus relaciones con Londres por el gasto en defensa, la OTAN y, ahora, la negativa británica a participar en la campaña contra Irán. Milei intenta convertir esa circunstancia coyuntural en una ventaja diplomática.

Soberanía y defensa en el sur

El presidente argentino anunció además más recursos para avanzar en la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego, frente al Atlántico Sur. El proyecto no nació con su Gobierno y comenzó a desarrollarse antes de su llegada al poder, pero Milei quiere acelerarlo y presentarlo como parte de una estrategia más amplia para aumentar la presencia argentina cerca de las Malvinas y de la Antártida. «Un país pobre y sin Fuerzas Armadas difícilmente puede avanzar de manera efectiva en sus reivindicaciones de soberanía», afirmó.
El principal obstáculo para Buenos Aires sigue estando, sin embargo, en las propias islas. En el referéndum celebrado en 2013, el 99,8% de los votantes respaldó mantener el estatus de territorio británico de ultramar. Londres considera ese resultado una expresión inequívoca del derecho de autodeterminación de los isleños y sostiene que no negociará su soberanía contra la voluntad de quienes viven allí. Argentina rechaza ese argumento y sostiene que una población implantada después de la ocupación británica no puede resolver por sí sola una disputa territorial anterior.
Así, pese al tono de Milei y a las nuevas dudas introducidas por Trump, la posibilidad de que las Malvinas cambien de soberanía a corto plazo sigue siendo muy remota. Reino Unido mantiene el control político y militar de las islas, sus habitantes quieren continuar bajo soberanía británica y Londres ha respondido ya a las palabras de Milei insistiendo en que su posición es «inquebrantable».

Pese al tono de Milei y a las nuevas dudas introducidas por Trump, la posibilidad de que las Malvinas cambien de soberanía a corto plazo sigue siendo muy remota

Pero la reivindicación tiene otra utilidad para Milei. Las Malvinas son una de las pocas cuestiones capaces de atravesar las muy profundas divisiones políticas argentinas. El presidente se enfrenta a elecciones el próximo año y en su discurso del jueves abandonó deliberadamente buena parte de su beligerancia habitual contra la izquierda. No hubo prácticamente insultos a sus adversarios y tampoco terminó con su conocido «Viva la libertad, carajo». Buscó un tono institucional y una apelación a la unidad nacional. «Podemos discutir sobre mi estilo. Podemos discrepar sobre política fiscal o cambiaria», dijo. «Pero hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Las Malvinas son una de ellas».
La apuesta política es bastante clara. Milei quiere convertir su cercanía con Trump, criticada durante años por sus adversarios como excesivamente subordinada a Washington, en una demostración de que esa relación puede ofrecer resultados concretos y positivos para Argentina.

Milei se escuda en Trump para reivindicar su soberanía sobre las Malvinas

Javier Milei ha encontrado en Donald Trump y en su alianza con él una oportunidad inesperada para relanzar la vieja reivindicación argentina sobre las islas Malvinas. El presidente argentino aprovechó este jueves el deterioro de la relación entre la Casa Blanca y Reino Unido, … especialmente por la negativa británica a acompañar a EE.UU. en su campaña militar contra Irán, para anunciar nuevas y duras sanciones contra las compañías que exploten petróleo alrededor del archipiélago sin autorización previa de Buenos Aires.
Esta decisión llega después de que Trump haya introducido una ambigüedad poco habitual en la posición estadounidense sobre las islas. Hoy por hoy, EE.UU. reconoce de facto la administración británica, pero formalmente no toma partido sobre la soberanía y ha defendido durante décadas una solución pacífica y negociada entre Londres y Buenos Aires. Preguntado esta semana en la Casa Blanca sobre si estaba revisando esa posición, Trump respondió: «Siempre reviso todas las posiciones. Esa es una de muchas». No anunció ningún cambio de política, pero tampoco quiso cerrar la puerta a hacerlo.

Puede parecer poco, uno de esos comentarios que Trump hace a menudo sin desarrollar demasiado el asunto. Pero para Argentina, metida además este verano en una polémica futbolística por la misma cuestión de las Malvinas, no lo es. La Asociación del Fútbol Argentino, AFA, fue sancionada por la FIFA con multas por un total de 321.000 dólares por distintas infracciones durante el Mundial, entre ellas utilizar un acontecimiento deportivo para «manifestaciones de índole distinta a la deportiva», al exhibir los jugadores en la semifinal con Inglaterra una pancarta reivindicando que las islas son argentinas.

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Guadalupe Piñeiro Michel

Milei presentó las palabras de Trump como una prueba de que su estrecha alianza con la Casa Blanca empieza a producir resultados. «Estados Unidos está considerando este cambio de posición porque sabe que Argentina tiene un socio fiable, alineado con los valores occidentales, en una posición estratégicamente importante que puede ser un aliado valioso en las próximas décadas», dijo en un discurso grabado y televisado, rodeado de su Gobierno. El presidente argentino habló incluso de «vientos de cambio» favorables a su reivindicación, aunque por ahora esos vientos se limitan a declaraciones de Trump y no a una modificación formal de la política estadounidense.
La oportunidad para Milei se produce además en un momento particularmente delicado entre Trump y el Gobierno británico. En una entrevista emitida esta semana en Reino Unido, el presidente estadounidense volvió a reprochar a Londres que no hubiera enviado barcos para apoyar la ofensiva contra Irán. «Vuestro país no estuvo allí para ayudarme», dijo, al recordar que había solicitado buques británicos para la operación. Trump evitó además garantizar de forma clara que EE.UU. acudiría automáticamente en ayuda de Reino Unido en una hipotética nueva crisis territorial con Argentina por las islas. Es precisamente esa grieta, abierta por una disputa que en realidad tiene poco que ver con las Malvinas, la que Milei intenta aprovechar.
Y lo hace utilizando el petróleo. El centro inmediato de la disputa es Sea Lion, un proyecto de extracción situado unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, impulsado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum. Sus promotores prevén comenzar a producir en 2028 y las estimaciones citadas por Reuters sitúan los recursos del proyecto en torno a 1.700 millones de barriles. Argentina considera ilegal la explotación porque se realiza en aguas cuya soberanía reclama Buenos Aires; las compañías, por su parte, sostienen que disponen de licencias válidas concedidas por las autoridades de las islas.

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«Argentina no se quedará de brazos cruzados», advirtió Milei. El presidente anunció que acelerará las sanciones ya previstas contra las compañías que participen en proyectos de explotación de recursos sin autorización argentina y que ampliará el alcance de esas penalizaciones a proveedores, accionistas y directivos vinculados a esas operaciones. Las empresas implicadas podrían además encontrarse con restricciones para operar o contratar dentro de Argentina. El objetivo es elevar el coste financiero y empresarial de cualquier explotación petrolera en las aguas que Buenos Aires considera propias.
Argentina cuenta desde hace décadas con un amplio respaldo latinoamericano a la apertura de negociaciones sobre la soberanía de esas islas, pero eso no equivale a que la comunidad internacional reconozca de forma generalizada que las islas sean argentinas. Naciones Unidas reconoce desde hace décadas la existencia de una disputa entre Argentina y Reino Unido y ha instado a las dos partes a negociar, pero no atribuye la soberanía a Buenos Aires. Esa diferencia es importante porque el discurso político argentino suele presentar la reivindicación como un derecho ya resuelto, cuando internacionalmente la cuestión continúa siendo una controversia entre dos Estados.
Las Malvinas llevan bajo administración británica desde 1833, salvo los 74 días de ocupación argentina durante la guerra de 1982. Buenos Aires sostiene que heredó de España los derechos sobre el archipiélago tras su independencia y que Reino Unido expulsó posteriormente a las autoridades argentinas. Londres sostiene que sus derechos históricos son anteriores y, sobre todo, basa hoy su posición en el supuesto derecho de autodeterminación de los habitantes de las islas.

El giro de Milei en las islas

En 1982, la dictadura militar argentina intentó arreglar las cosas por la fuerza. Ocupó las islas el 2 de abril y Margaret Thatcher decidió recuperarlas militarmente. Londres envió una gran fuerza naval a miles de kilómetros de Reino Unido y, después de algo más de dos meses de guerra, las tropas argentinas se rindieron. Murieron 649 militares argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños. La derrota dejó una herida muy profunda en Argentina y convirtió a Thatcher en una figura especialmente detestada allí, aunque Milei, de forma poco habitual para un dirigente argentino, ha expresado abiertamente su admiración por ella.
Esa admiración hace más llamativo el giro actual. En mayo de 2024, Milei hablaba de las Malvinas con bastante más realismo. Admitió en una entrevista con la BBC que las islas estaban «en manos del Reino Unido», descartó cualquier solución inmediata y reconoció que una eventual recuperación de la soberanía podía tardar décadas. «No vamos a renunciar a nuestra soberanía, ni vamos a buscar un conflicto con Reino Unido», dijo entonces. Incluso aceptó que Londres ejerciera mientras tanto el control efectivo del territorio y habló de una negociación «a largo plazo».

En mayo de 2024, Milei admitió que las islas estaban «en manos del Reino Unido» y reconoció que una eventual recuperación podía tardar décadas

Dos años después, la posición de Milei se ha endurecido notablemente. No porque haya cambiado la situación jurídica o militar de las islas, sino porque ha cambiado la situación política en Washington. Trump mantiene una relación muy estrecha con Milei y, al mismo tiempo, ha deteriorado sus relaciones con Londres por el gasto en defensa, la OTAN y, ahora, la negativa británica a participar en la campaña contra Irán. Milei intenta convertir esa circunstancia coyuntural en una ventaja diplomática.

Soberanía y defensa en el sur

El presidente argentino anunció además más recursos para avanzar en la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego, frente al Atlántico Sur. El proyecto no nació con su Gobierno y comenzó a desarrollarse antes de su llegada al poder, pero Milei quiere acelerarlo y presentarlo como parte de una estrategia más amplia para aumentar la presencia argentina cerca de las Malvinas y de la Antártida. «Un país pobre y sin Fuerzas Armadas difícilmente puede avanzar de manera efectiva en sus reivindicaciones de soberanía», afirmó.
El principal obstáculo para Buenos Aires sigue estando, sin embargo, en las propias islas. En el referéndum celebrado en 2013, el 99,8% de los votantes respaldó mantener el estatus de territorio británico de ultramar. Londres considera ese resultado una expresión inequívoca del derecho de autodeterminación de los isleños y sostiene que no negociará su soberanía contra la voluntad de quienes viven allí. Argentina rechaza ese argumento y sostiene que una población implantada después de la ocupación británica no puede resolver por sí sola una disputa territorial anterior.
Así, pese al tono de Milei y a las nuevas dudas introducidas por Trump, la posibilidad de que las Malvinas cambien de soberanía a corto plazo sigue siendo muy remota. Reino Unido mantiene el control político y militar de las islas, sus habitantes quieren continuar bajo soberanía británica y Londres ha respondido ya a las palabras de Milei insistiendo en que su posición es «inquebrantable».

Pese al tono de Milei y a las nuevas dudas introducidas por Trump, la posibilidad de que las Malvinas cambien de soberanía a corto plazo sigue siendo muy remota

Pero la reivindicación tiene otra utilidad para Milei. Las Malvinas son una de las pocas cuestiones capaces de atravesar las muy profundas divisiones políticas argentinas. El presidente se enfrenta a elecciones el próximo año y en su discurso del jueves abandonó deliberadamente buena parte de su beligerancia habitual contra la izquierda. No hubo prácticamente insultos a sus adversarios y tampoco terminó con su conocido «Viva la libertad, carajo». Buscó un tono institucional y una apelación a la unidad nacional. «Podemos discutir sobre mi estilo. Podemos discrepar sobre política fiscal o cambiaria», dijo. «Pero hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Las Malvinas son una de ellas».
La apuesta política es bastante clara. Milei quiere convertir su cercanía con Trump, criticada durante años por sus adversarios como excesivamente subordinada a Washington, en una demostración de que esa relación puede ofrecer resultados concretos y positivos para Argentina.

Trump envía a sus negociadores a Rusia y Ucrania para reactivar el diálogo

Estados Unidos reactiva su mediación para lograr la paz en el Este de Europa. Donald Trump ha enviado a Rusia y Ucrania a uno de sus hombres de confianza, Steve Witkoff, y a su yerno, Jared Kushner. La doble visita se desarrolla este … fin de semana. Este sábado en Moscú y el domingo en Kiev. El paso dado por Washington llega después de que el máximo dirigente del Kremlin, Vladímir Putin, dijera el martes que el proceso de diálogo permanecía congelado y que estaba dispuesto a negociar «cualquier avance positivo». Trump ha recogido el guante.
Con el invierno cada vez más cerca y sin tregua en el intercambio de drones, Putin aseguró que hay una posibilidad de llegar a un acuerdo para poner fin al conflicto. Aun así, criticó la amenaza de las autoridades ucranianas contra el espacio aéreo ruso y advirtió de que planteamientos como ese complican el diálogo. Rusia está interesada en poner punto y final a una operación militar especial iniciada en el 2022 que lastra su economía, pero no asume ningún tipo de concesiones y no renuncia a sus pretensiones. Ucrania, por su parte, rechaza ceder cualquier territorio que haya conseguido defender hasta ahora.

El Kremlin ha preferido mantener el secretismo sobre la visita de la delegación estadounidense. Ni siquiera ha confirmado la llegada de Witkoff y Kushner y se desconoce si se reunirán con Putin. Según fuentes próximas al Kremlin citadas por la agencia Reuters, «Rusia no quiere que los enviados de Trump visiten luego Kiev y está presionando para hacerles cambiar de opinión». Moscú pretende asegurarse de que se respetan sus términos en este nuevo intento de negociación.

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En Kiev

Miriam González

Witkoff está acostumbrado a visitar Moscú y San Petersburgo. Es su octavo viaje a Rusia con el objetivo de avanzar en el camino hacia paz y, también, acercar posiciones entre Estados Unidos y Rusia. En citas anteriores quedó patente su buena sintonía con Putin. En el último encuentro, el pasado 23 de enero, el enviado especial norteamericano llegó a decir que el proceso de paz estaba en su recta final y que únicamente quedaba pendiente «un asunto». No concretó a qué se refería. Rusia en todo momento ha reiterado que no aceptará el ingreso de Ucrania en la OTAN y reclama la soberanía del Donbás y otras provincias ocupadas ya por sus tropas.

Una guerra que no cesa

Esta nueva ronda de contactos se celebra con la banda sonora de una guerra que no cesa. Kiev acusó al ejército ruso de haber herido a diez personas en su último ataque contra la capital ucraniana. El bombardeo provocó un incendio y daños en edificios residenciales. Vitali Klitschko, el alcalde de la ciudad, publicó en su canal de Telegram que entre los heridos había seis profesionales sanitarios. En las redes sociales se difundieron imágenes de una gran bola de fuego que se elevaba hacia el cielo. Además, un dron ruso alcanzó la sede del Servicio Secreto de Ucrania (SBU). Iba dirigido contra la oficina del jefe del departamento, Oleksandr Poklad, que salió ileso. «Le he ordenado que dé una respuesta simétrica», declaró el presidente del país, Volodimir Zelenski.

Un plan para terminar la guerra

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el viernes que envió a sus emisarios Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú y Kiev con una propuesta para poner fin al conflicto en Ucrania, que ya lleva cuatro años, informa AFP.

«Llevan consigo una propuesta para terminar la guerra», dijo Trump a los periodistas. «Los enviamos para ver si podemos lograr algo, y puede que haya una buena posibilidad de que lo consigamos».

Trump dijo a los periodistas que los dos negociadores buscarían determinar si era posible avanzar hacia la paz. «Envié a Steve Witkoff y Jared Kushner, dos grandes negociadores. Han hecho un gran trabajo», dijo Trump.

El presidente estadounidense no quiso decir si el plan implicaba que Ucrania cediera territorio, como ha sugerido anteriormente, pero agregó: «Tenemos una idea para la paz».

Moscú, por su parte, culpa a Ucrania de haber matado a cuatro de sus ciudadanos con drones en Bélgorod, una de las regiones más afectadas por los combates. También fueron atacadas posiciones en la costa del mar Negro. Los embates provocaron incendios en instalaciones energéticas y una base de defensa aérea en Sochi. Uno de los fuegos causó daños en un depósito de petróleo.

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Los enfrentamientos se han recrudecido este verano, como evidencian los repetidos ataques contra ciudades ucranianas y almacenes de tiendas online rusas como Wildberries y Ozon. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó el pasado miércoles de que casi 9.000 drones fueron derribados en la capital rusa y la provincia circundante.

Cuatro muertos en un ataque ruso sobre Dnipro pese el alto al fuego temporal ordenado por Ucrania

Al menos cuatro personas han muerto y cinco han resultado heridas en un ataque perpetrado por el Ejército ruso en la región ucraniana de Dnipro, situada en el este del país, durante la madrugada de este sábado y después del alto al fuego temporal ordenado por Kiev en medio de la visita de la delegación estadounidense para reanudar las conversaciones de paz.Según ha informado el gobernador de la región, Oleksandr Hanzha, el Ejército ruso ha atacado con misiles, drones y artillería la región, dejando cuatro muertos y cinco heridos en la localidad de Kamianske. Asimismo, tres de los heridos han sido hospitalizados, uno de ellos en estado grave.Según Hanzha, una instalación industrial ha sido alcanzada horas antes de que las fuerzas ucranianas advirtiesen de que misiles balísticos rusos se dirigían hacia la localidad.Este ataque se ha producido después de que Ucrania ordenase a sus tropas respetar un alto el fuego temporal mientras que los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner viajaban a Kiev y Moscú para reanudar las conversaciones de paz. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, también afirmó que Ucrania se abstendría de atacar a Rusia durante las conversaciones.Si bien Kiev se ha abstenido de atacar refinerías y centros estratégicos rusos durante la noche, las sirenas antiaéreas también se han escuchado en ciudades de todo el país, según ha informado The Kyiv Independent. Durante los ataques en Kiev y las regiones vecinas se ha destruido un edificio residencial, el cual ha dejado al menos a dos personas heridas.Kiev viene denunciando una escalada militar en el conflicto, con la intención declarada de Rusia de mantener lo que considera una ventaja en la guerra antes de sentarse a negociar el fin de las hostilidades. Por su parte, las fuerzas ucranianas han incrementado durante las últimas semanas sus ataques con drones, en un intento de que se noten las consecuencias de la guerra en la propia Rusia.