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Groenlandia difunde una guía de supervivencia: comida, agua, armas de caza y munición para aguantar cinco días

Comida no perecedera, agua en abundancia, una radio a pilas, instrumental de pesca, armas de caza y munición. Son algunos de elementos del kit de supervivencia difundido por el Gobierno de Groenlandia entre sus ciudadanos tras las amenazas constantes de Trump en su afán … imperialista por hacerse con la isla ártica. Hace apenas un lustro, estas recomendaciones habrían parecido sacadas de una novela distópica, pero estas medidas han proliferado en los últimos años a causa del escenario geopolítico, con Vladímir Putin amenazando el flanco oriental de Europa.
El Ejecutivo groenlandés presentó este miércoles un nuevo folleto con consejos para permitir a la población prepararse ante la «crisis» y sobrevivir durante cinco días en caso de amenaza. No obstante, el Gobierno de este territorio estratégico se ha apresurado a aclarar que no esperan ni un ataque ni una invasión inminentes y que la elaboración de esta guía comenzó el año pasado «en un contexto de cortes de electricidad de diversa duración».

«No esperamos tener que utilizarlo», ha afirmado el ministro de Autosuficiencia, Peter Borg, que ha calificado el documento como «una póliza de seguro». El objetivo del Gobierno es incrementar la autonomía de la ciudadanía, al considerar que, si es capaz de cuidar de sí misma y de sus seres queridos al máximo durante un periodo corto, las autoridades podrán concentrar sus esfuerzos donde más se necesitan y trabajar con mayor rapidez para normalizar la situación.

Entre las recomendaciones de la guía, destaca la necesidad de disponer de agua en abundancia, en concreto, tres litros por persona y día. El Gobierno aconseja adquirirla embotellada y conservarla en un lugar oscuro y fresco, aunque señalan que también es posible obtenerla del grifo y conservarla en un recipiente cerrado, donde puede permanecer varios meses en buen estado.

El Consejo Europeo extraordinario se compromete a no dejarse avasallar por Trump

Los jefes de Estado o de Gobierno europeos han decidido aprovechar el último cambio de opinión de Donald Trump sobre Groenlandia para desescalar la situación y rebajar las tensiones con Estados Unidos que habían alcanzado niveles nunca vistos, pero al mismo tiempo mantienen cierto … grado de escepticismo ante posibles nuevos cambios de rumbo en la Casa Blanca. La reunión en Bruselas terminó entrado el viernes con un comunicado leído por el presidente del Consejo Europeo Antonio Costa en el que se dice claramente que «la Unión Europea seguirá defendiendo sus intereses y se defenderá a sí misma, a sus Estados miembros, a sus ciudadanos y a sus empresas, contra cualquier forma de coerción. Tiene el poder y las herramientas para hacerlo y lo hará siempre que sea necesario».
En otras palabras, la UE se compromete a no dejarse avasallar por Trump, confiando en que el norteamericano habrá evaluado correctamente la situación. En realidad, la mayoría de los líderes consideraba que las muestras de firmeza que han transmitido hasta ahora han contribuido a hacer cambiar de opinión a la Casa Blanca y aunque insisten en que si bien «la Unión Europea y Estados Unidos son socios y aliados desde hace mucho tiempo y hemos construido una comunidad transatlántica forjada por la historia, cimentada en valores comunes y dedicada a la prosperidad y la seguridad de nuestros pueblos» también «creemos que las relaciones entre socios y aliados deben gestionarse de forma cordial y respetuosa».
Aunque sea una cumbre informal y probablemente algunos países no lo hayan suscrito con la misma intensidad que los demás, la declaración de esta cumbre está tan llena de llamamientos a la conciliación como referencias expresas a «cualquier tipo de coerción» que es algo que puede interpretarse como una alusión al «bazoka» comercial que algunos Gobiernos habían pedido que se activase.
También las menciones expresas a que «el Reino de Dinamarca y Groenlandia cuentan con el pleno apoyo de la Unión Europea. Solo el Reino de Dinamarca y Groenlandia puede decidir sobre asuntos que les conciernen», que es la verdadera línea roja en este asunto. Von der Leyen recordó por su parte que en los próximos presupuestos doblará el apoyo financiero a Groenlandia y estará encantada de colaborar con Washington «en la seguridad del Ártico».

A su llegada a la reunión, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, tragó saliva cuando le preguntaron abiertamente si seguía confiando en Estados Unidos como aliado, aunque también dejó claro que Dinamarca y Groenlandia están dispuestos a colaborar para ampliar el acuerdo de defensa de 1951, que permite a los estadounidenses establecer bases militares en la isla danesa, aunque confía que se haga «desde el respeto» y excluyendo cualquier aspecto de la soberanía.
El presidente francés, Emmanuel Macron, aún con sus gafas de protección, también coincidió con Von der Leyen en reconocer que el cambio de posición de Estados Unidos equivale «a recoger los frutos de nuestra firmeza». Para Macron es positivo que los europeos hayan demostrado estar unidos ante la crisis de las relaciones transatlánticas. «Me alegra que comenzáramos la semana con una escalada, con amenazas de invasión y aranceles, y que ahora hayamos vuelto a una situación que considero mucho más aceptable, aunque nos mantenemos alerta. La conclusión que podemos sacar es que cuando Europa responde unida, utilizando las herramientas a su disposición puede inspirar respeto. Y eso es algo bueno».

El Consejo Europeo también ha enviado otro mensaje al Parlamento que mientras enviaba el tratado con Mercosur a los jueces, también consideró que en medio de las tensiones con Trump aplazaba sine die la ratificación de los primeros elementos del acuerdo arancelario pactado con Trump el verano pasado. Cuando el Consejo reclama que Trump cumpla sus compromisos y no se dedique a añadir tarifas a los productos europeos, lo primero que tiene que hacer es cumplir también.
Sin embargo, a Trump no le han hecho ni caso en lo que se refiere a su Consejo de la Paz. Costa ha dicho que «tenemos dudas sobre su compatibilidad con la carta de las Naciones Unidas» y le dicen que se unirán para todo lo que se previó en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre Gaza. Es decir que aunque dos países (Hungría y Bulgaria) aparecen entre los fundadores de este Consejo de la Paz, la UE en su conjunto no avala su legitimidad.
Friedrich Merz, canciller alemán, dijo que preservar el funcionamiento de la OTAN «tiene una gran importancia. No puede simplemente abandonarse. La hemos construido durante 75 años«. Y por otro lado insistió en que eso no contradice con la necesidad de fortalecer a la UE en términos de defensa y competitividad. «La capacidad de defensa y la competitividad son dos caras de la misma moneda. En eso estamos trabajando».

La alta representante europea, Kaja Kallas, advirtió que en las actuales circunstancias «todo puede cambiar en cualquier momento» como lo demuestra lo que ha sucedido en los últimos días en los que «las relaciones transatlánticas han sufrido un duro golpe» pero «no queremos tirar por la borda los años de buenas relaciones». Para Kallas «nuestro mensaje ha de ser la defensa de nuestros valores y de nuestros intereses».

Los sacerdotes, en primera línea de las redadas de inmigrantes en Mineápolis: «Me sacaron una pistola y me metieron en un coche del ICE»

El reverendo Kenny Callaghan no oculta que es un pastor activista y progresista, por mucho que lleve alzacuellos. «Aquí estamos haciendo todo lo posible para resistir y protestar por esta demencia de ICE (las siglas en inglés de la Policía de inmigración y … fronteras) y esta violencia y asesinatos permitidos por el Estado», dice nada más recibir a este periódico en su iglesia, un templo de estilo románico ‘revival’ en el sur de Mineápolis.
Callaghan es un ejemplo de cómo cientos de iglesias de la ciudad se han visto agitadas y arrastradas a la tensión y los incidentes que ha traído el despliegue de cerca de 3.000 agentes federales para ejecutar redadas masivas de indocumentados, el último episodio de la mano dura migratoria de Donald Trump. Congregaciones de todas las denominaciones -católicas, evangélicas, metodistas, luteranas, presbiterianas- y de todo el rango ideológico están, por su importancia en la vida de muchos vecinos, en la primera línea de lo que ocurre en Mineápolis.

Dice Callaghan que su iglesia -All God’s Children- «es predominantemente LGBTQ» y que por eso les afectó «de forma muy personal» la muerte de la activista Renee Nicole Good, una tragedia que exacerbó la tensión en Mineápolis. Good, que estaba casada con una mujer, murió por los disparos de un agente federal en medio de una redada.

Aquello ocurrió el pasado 7 de enero, el mismo día en el que el propio reverendo tuvo un episodio violento con los agentes federales. A pocas manzanas de donde murió Good, en plena intensificación de las redadas, vio una protesta por la detención de una mujer hispana. «Yo les decía a los agentes ‘no os tengo miedo’, ‘no os tengo miedo’, Levanté las manos y les dije ‘cogedme a mí, no a ella’», recuerda. Y es lo que hicieron los policías federales. «Vinieron a por mí, me sacaron una pistola, me esposaron y me metieron en un coche de ICE. Me preguntaron si ahora tenía miedo. Me dijeron que les diera mi identificación y mi teléfono, me negué», dice. Por fin le dejaron marcharse, pero asegura que le despidieron con un «’bueno, tú eres blanco, contigo no sería divertido’. Por eso sé que esto va de racismo, no de inmigración».

Vance admite «errores» en Mineápolis, pero culpa del caos a la «extrema izquierda» y a los demócratas locales

El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, viajó este jueves a Mineápolis, en medio de la tensión que atenaza a la principal ciudad de Minnesota por el despliegue masivo de agentes migratorios federales y los incidentes que han surgido alrededor de sus redadas para … detener a indocumentados.
Vance aseguró que él y la Administración de Donald Trump están tratando de «bajar la temperatura» en Mineápolis, pero que eso solo es posible con la «cooperación» de las autoridades locales -en su gran mayoría demócratas-, y que eso no está ocurriendo.
El viaje del vicepresidente buscaba defender la actuación de los cerca de tres mil agentes federales enviados hasta aquí por su Gobierno, a la vez que tratar de mostrar una imagen más amable sobre el papel de la Administración Trump en Mineápolis.

La operación migratoria comenzó en diciembre, impulsada por las investigaciones de fraude multimillonario en servicios sociales en el estado, en las que buena parte de los investigados y condenados han sido miembros de la comunidad somalí. Pero ha venido acompañada de acusaciones de detenciones indiscriminadas, de arrestos de ciudadanos estadounidenses por su apariencia racial o de uso excesivo de fuerza por parte de los agentes. La muerte de una activista, Renee Nicole Good, a disparos de un policía a comienzos de mes disparó las tensiones.
Todo esto ocurre en medio de una caída de Trump en las encuestas en lo que tienen que ver con política migratoria y con grietas también en los sondeos en el apoyo entre los republicanos sobre el uso de fuerza para realizar arrestos.
En una entrevista con ABC esta semana, el presidente del Partido Republicano de Minnesota, Alex Plechash, admitió que el número de agentes en Mineápolis es «terriblemente alto» y que entendía que muchos vecinos estuvieran con miedo y «petrificados» ante esa presencia policial.

Vance buscó mostrar cierta empatía con la incomodidad de parte del país con la situación en Mineápolis. Contra la posición maximalista habitual en la Administración Trump, reconoció que «ha habido errores» por parte de las fuerzas de seguridad federales y dijo que si por él fuera habría menos agentes desplegados.
«Estamos haciendo todo lo posible para bajar la temperatura», dijo Vance en un discurso desde un polígono industrial cercano al cercano de Mineápolis, acompañado por una decena de agentes federales y tres patrulleras de la policía de inmigración y aduanas (ICE, en sus siglas en inglés), que llevaban pintado el lema ‘defender la patria’.
Pero, al mismo tiempo, Vance echó toda la culpa de la situación a los «agitadores de extrema izquierda» y a los demócratas locales, con mención expresa al gobernador de Minnesota, Tim Walz, y al alcalde de Mineápolis, Jacob Frey.
«Si tuviéramos un poco de cooperación de las fuerzas de seguridad estatales y locales, el caos sería mucho menor», defendió Vance.
Vance combatió muchas de las alegaciones sobre los abusos policiales en las redadas. Sobre la muerte de Good, insistió en su versión de que la mujer «embistió con su coche a un agente de ICE». Es una versión que ha sido muy cuestionada por los vídeos tomados por testigos, donde se ve que, en su huida, Good giraba en la dirección contraria al agente que le disparó.
Vance defendió que muchas de las alegaciones de abuso policial que aparecen en los medios se comparten sin el «contexto» que explica las actuaciones (habló, por ejemplo, de las presiones y el estrés que sufren los agentes desplegados). Se refirió en concreto a la detención de un niño de cinco años, después de que los agentes persiguieran y apresaran a su padre, un inmigrante indocumentado. Vance argumentó que los agentes lo hicieron para no dejarlo solo.
También defendió el uso de órdenes administrativas -y no judiciales- para entrar a la fuerza en casa de inmigrantes a los que busca ICE para su deportación. «Los tribunales decidirán al respecto», dijo.
La visita de Vance se produjo con Minnesota en vilo, en la víspera de una gran movilización en todo el estado, con llamamiento a la huelga general y con una gran marcha convocada en el ayuntamiento de Mineápolis. Mucho más que las palabras de Vance, lo único que podría templar los ánimos es el frío polar que se espera para esa jornada. A las dos de la tarde, la hora de la convocatoria, la previsión marca una temperatura de -25 grados y sensación térmica de -33.

Milei defiende el comercio con China pese a la presión de Trump con su rescate millonario

Este jueves en Davos, luego de firmar el acuerdo de lanzamiento del Consejo de la Paz impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, el jefe de Estado argentino, Javier Milei, ha sorprendido con una férrea defensa de su vínculo con China … . Su estrecha relación con su par norteamericano y la millonaria deuda asumida con la Casa Blanca no han impedido los elogios del mandatario al gigante asiático: «Para nosotros, China es un gran socio comercial», se enorgullecía el libertario.
Apenas un día después de pronunciar su discurso en Davos –que comenzó con más de una hora de demora, ya que su turno había sido ocupado por Trump-, el jefe de Estado argentino respondió a los cuestionamientos que existen en su país por sus vínculos con Pekín. «Mire el peso que tiene la economía china en el mundo», respondió Milei en declaraciones a Bloomberg en Suiza.
A continuación, el mandatario insistió en la defensa de su relación con China. «Tengo que tener comercio», expresó. Cabe destacar que el economista, durante la campaña presidencial que lo catapultó a la Casa Rosada, había calificado públicamente al régimen comunista chino de «asesino».

Cuando, en su carrera por alcanzar el sillón presidencial de Rivadavia –icono de los presidentes argentinos-, había sido consultado acerca del destino de los vínculos con el gigante asiático, su respuesta no dejaba margen a la duda. «No hago negocios con comunistas», había sentenciado. Incluso había llegado a afirmar que solo realizaría «transacciones con el lado civilizado de la vida, que es Occidente».
En la actualidad China es el segundo socio comercial más importante de Argentina. Solo en el año 2025 las exportaciones al país asiático se incrementaron más de un 60%. Pese a los desacuerdos discursivos entre ambos países, el primer puesto es ocupado por su vecino, Brasil.

El interés de la Casa Blanca

Hace solo tres meses el Gobierno de Donald Trump salía al rescate de su aliado sudamericano en un contexto que no se preveía nada favorable para Milei. Con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina, Argentina hacía frente a una importante crisis financiera y a escándalos de corrupción –en los que estaba señalada la misma hermana del mandatario, la secretaria de Presidencia Karina Milei-. Fue entonces cuando la Casa Blanca asistió a la administración libertaria con un intercambio de monedas de unos 20.000 millones de dólares.
Pero el préstamo no fue gratuito: además de las condiciones propias del acuerdo, el Gobierno de Trump expresó claramente su intención de erradicar la presencia china en Argentina. Apenas conocida la asistencia financiera llegada desde el norte a la Casa Rosada, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, hizo referencia en televisión al compromiso asumido por Milei de «sacar a China».
Según lo afirmaba el funcionario de la Casa Blanca en diálogo con Fox News en el mes de octubre, el presidente sudamericano «tiene el compromiso de sacar a China de la Argentina». En la misma entrevista, Bessent hacía foco en la preocupación de la administración trumpista por la presencia asiática en la región. China «está por todas partes en Latinoamérica», alertaba.
Claramente, por el momento el mandatario argentino se muestra lejos de cortar el vínculo con Pekín e, incluso, apunta a fortalecerlo. Prueba de ello es el viaje que varios de los diputados de su fuerza política realizaron a China a comienzos de este año. Según la prensa argentina, fueron invitados por el Partido Comunista.