El camino hasta el puesto de mando es accidentado, aunque las ventanas tintadas de la furgoneta ocultan los detalles. Al llegar, las puertas se deslizan para revelar la entrada a un mundo enterrado a gran profundidad bajo tierra. En el interior, un pasillo está flanqueado … por dos hileras de cápsulas para dormir de estilo japonés. Detrás de un segundo pasillo hay un gimnasio. Una pared tras otra de pantallas transmite datos en directo: cadenas de destrucción, misiones, bajas enemigas. Una galería de famosas pinturas ucranianas cuelga entre misiles y explosivos. Un vídeo snuff de soldados rusos en sus últimos momentos de vida se reproduce en bucle junto a una escultura expresionista en piedra del rostro de un hombre.
La atmósfera oscuramente excéntrica está en consonancia con el carácter del hombre al mando. Antes de la invasión, Robert «Madyar» Brovdi (en la foto) era un astuto especulador especializado en cereales. Ahora, este comandante de 50 años de las fuerzas no tripuladas de Ucrania es un guerrero curtido y el principal artífice de una estrategia para dirigir el poder de los drones contra los soldados rusos. Tras cuatro años de guerra, el principal reto de Ucrania ya no es tanto mantener el territorio como eliminar a los rusos más rápido de lo que el Kremlin puede reclutarlos. Por primera vez, gracias en gran parte a los esfuerzos de Brovdi, esto ya podría estar ocurriendo.
Brovdi analiza las cifras en un cubículo de tres metros cuadrados sin ventanas, fumando cigarrillos sin parar y sorbiendo té de Fortnum & Mason, un guiño a su vida anterior, en la que se codeaba con los ricos en las casas de subastas londinenses. Las bajas rusas han aumentado sustancialmente desde que él asumió el mando el verano pasado, con la ayuda de un sistema renovado y gamificado que ahora da prioridad a la infantería enemiga. Diciembre marcó un punto de inflexión, el primer mes en el que las bajas rusas verificadas por los drones ucranianos superaron el número de los nuevos reclutas. Desde el comienzo del invierno, los drones ucranianos han matado o incapacitado al menos a 8776 soldados más de los que Rusia ha logrado sustituir. Rusia sigue ganando poco terreno a cambio de sus pérdidas. Incluso en su eje con mayor éxito, cerca de la localidad de Kostiantynivka, en el Donbás, solo ha conquistado el 23 % del territorio previsto en su plan de campaña de invierno.
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Agustín Pery
Una brigada especializada
La brigada de drones de Brovdi, cuyo nombre en clave es «las aves de Madyar», afirma haber sido responsable de una sexta parte de las pérdidas rusas. El grupo más amplio de fuerzas no tripuladas que ahora controla representa más de una tercera parte. Esas fuerzas constituyen apenas el 2 % del efectivo del ejército ucraniano. En el pico de diciembre, las bajas enemigas alcanzaron las 388 muertes al día, lo que equivale al componente de asalto de todo un batallón. «Cuando a un batallón se le acaba la infantería, los rusos no lo disuelven, sino que envían a oficiales de oficina al frente», dice Brovdi. «Son los objetivos más fáciles, porque no saben luchar». A sus soldados se les ordena atacar al personal, en lugar de a los blindados u otro equipo, al menos el 30 % de las veces. Rusia solo puede entrenar y equipar a un número limitado de reclutas; Brovdi los compara con una vaca, y a sus unidades, con granjeros. «Tenemos que seguir ordeñando esta vaca, el Ejército ruso, hasta sacarle todo el jugo posible, agotándola más allá de su capacidad máxima».
De origen húngaro y procedente de las zonas fronterizas del oeste de Ucrania, Brovdi se alistó en la guerra como voluntario civil. Su ascenso fue improbable, pero no fortuito. Aplicando su instinto empresarial a los problemas del campo de batalla, ayudó a desarrollar las primeras capacidades de Ucrania en materia de drones. El primer gran avance se produjo en el verano de 2022, mientras combatía en el frente de Jersón. Los ucranianos estaban en inferioridad numérica y, lo que es peor, no tenían ni idea de desde dónde disparaban los rusos. Brovdi, aún un soldado sin experiencia, recordó un dron que le había comprado a su hijo en un viaje de negocios por Asia, y mandó traer algunos a las trincheras. Eran rudimentarios, pero lo suficientemente buenos como para detectar los tanques rusos ocultos. El futuro comandante comenzó a pasar las coordenadas a una brigada de artillería cercana a través de Discord, una aplicación de redes sociales. Había creado la primera cadena de ataque con drones de Ucrania.
Cada misión se registra y verifica mediante vídeo, y luego se introduce en un software de inteligencia empresarial
Un año después, Brovdi y sus discípulos habían sido trasladados a Bakhmut, entonces el principal campo de batalla de la guerra. Un compañero, un antiguo campeón de taekwondo conocido como Klym, tenía un amigo que había competido en carreras de drones con visión en primera persona. Sugirió que esas máquinas rápidas y ágiles podrían transportar munición de pequeño calibre. El equipo comenzó a colgar condones llenos de agua de los árboles y a intentar alcanzarlos con los drones. Pronto empezaron a fijar granadas americanas mk-19 a los chasis. Esto se convirtió en la piedra angular del concepto de «línea de drones» para reconocimiento y ataque en zonas de combate, que Brovdi defendió más tarde para compensar la escasez de infantería de Ucrania.
Las más de cien pantallas del búnker muestran hasta dónde han avanzado las operaciones. Cada misión, ya sea un ataque con drones o una sesión de guerra electrónica, se registra y verifica mediante vídeo, y luego se introduce en un software de inteligencia empresarial que Brovdi reutilizó de su época como especulador de cereales. «Los principios son los mismos», dice. «Les pedí a mis chicos que cambiaran el tipo de cereal, el tonelaje y los números de los camiones por armas, turnos y munición». Los ataques se gestionan más cerca del frente. Los equipos operan entre 3 y 5 km detrás de la línea, supervisados únicamente por los capitanes de batalla desde el cuartel general. Brovdi afirma que la unidad cuenta con un ecosistema de 15 funciones interrelacionadas, que van desde el bloqueo de señales hasta la vigilancia, el sembrado de minas y la producción de explosivos. Es un concepto que los generales de la OTAN aún no han comprendido, afirma. «Cuando vienen los estadounidenses —y acuden a nosotros como abejas a la miel— preguntan qué dron es el mejor. Yo les digo que el mejor dron es un ecosistema: para que un piloto elimine a un objetivo, toda una maquinaria debe funcionar detrás de él».
Luces y sombras
Los críticos de Brovdi afirman que su éxito depende del apoyo incondicional y los fondos que ha recibido desde que asumió el cargo de jefe de drones. Las fuerzas armadas de Ucrania suelen operar en condiciones de escasez constante. Su predecesor, que tenía menos cercanía con Oleksandr Syrsky, el comandante en jefe, nunca disfrutó de los mismos recursos. Brovdi replica que los soldados ucranianos no deberían estar esperando a los drones, sino que los drones deberían estar listos y esperándolos a ellos. Insiste en tener un repuesto para cada pieza de equipo, una lección aprendida en varias experiencias cercanas a la muerte, y afirma que sus estrictos protocolos de seguridad mantienen la tasa acumulada de bajas de su unidad en solo un 1 %. Las fuerzas de sistemas no tripulados ahora se cobran 400 vidas rusas por cada ucraniano, afirma, y cada baja cuesta 878 dólares en material. «Deberíamos estar cambiando plástico y metal por rusos muertos», afirma. «Es el mejor tipo de cambio».
«No tengo ninguna reserva moral en absoluto. Ninguna»
Robert Brovdi
Los vídeos de bajas en el campo de batalla de Brovdi, publicados en las redes sociales con música de persecución al estilo slapstick, lo han convertido en una figura controvertida. Algunos alegan que esos vídeos violan las leyes de la guerra. Él desestima las críticas. «No tengo ninguna reserva moral en absoluto. Ninguna», sostiene. «Un hombre con un rifle en la mano en mi territorio viene a matarme. O lo mato yo o él me mata a mí. Millones de ucranianos, incluida mi madre, sacan fuerzas de lo que hacemos».
Esa determinación está dando esperanza a Ucrania. Queda por ver si será suficiente para obligar a Vladimir Putin a detener su guerra. En diciembre fue la primera vez que las cifras de Brovdi se inclinaron a favor de Ucrania. El año anterior, las fuerzas rusas habían aumentado en más de 100 000 hombres. El presidente de Rusia parece no tener ninguna estrategia de salida. «Veamos primero si podemos mantener el ritmo este año que viene», dice Brovdi. «No confío en que esta guerra esté a punto de terminar».
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