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Una falla sobre otra falla

Hay desastres naturales que ningún país puede evitar. Pero la magnitud de sus consecuencias depende, en buena medida, de la capacidad de sus instituciones para responder. Los terremotos ponen a prueba a los Estados. No crean sus fortalezas ni sus debilidades. Simplemente las hacen visibles.
Eso es lo que hoy ocurre en Venezuela.

Los venezolanos han demostrado, una y otra vez, una extraordinaria capacidad para resistir la adversidad. Han levantado comunidades donde faltaban servicios, han tendido redes de solidaridad cuando las instituciones no respondían y han aprendido a enfrentar la incertidumbre con una dignidad admirable. Pero la resistencia de un pueblo no puede convertirse en la política de gestión de riesgos de un país.
Mientras Carlos Báez buscaba cómo rescatar a una vecina atrapada entre los escombros en La Guaira, Dayana Delgado recorría refugios improvisados preguntando por su hijo de ocho años desaparecido. Ninguno esperaba soluciones extraordinarias. Esperaban algo mucho más básico. Que el Estado llegara.

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Jorge Benezra

Como ellos, miles de venezolanos han pasado las primeras horas de esta tragedia organizándose entre vecinos, removiendo escombros con sus propias manos y tratando de localizar a familiares. Son escenas que conmueven por la solidaridad que revelan, pero también por la ausencia institucional que dejan al descubierto.
El alcance completo de esta tragedia todavía no puede dimensionarse. Sin embargo, los daños ya son evidentes. Hay familias que lo han perdido todo, comunidades aisladas, infraestructura afectada y personas que continúan esperando ser rescatadas. Cada hora resulta decisiva cuando aún hay vidas que pueden salvarse.

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La comunidad internacional ha reaccionado con rapidez. Gobiernos de distintos países, la Unión Europea y organismos humanitarios han manifestado su disposición a colaborar. La capacidad de ayuda existe. El desafío es que esa asistencia pueda ingresar sin obstáculos, coordinarse a través de los mecanismos humanitarios establecidos y llegar directamente a quienes hoy la necesitan.

La capacidad de ayuda existe. El desafío es que esa asistencia pueda ingresar sin obstáculos, coordinarse a través de los mecanismos humanitarios establecidos y llegar directamente a quienes hoy la necesitan

En una emergencia de esta magnitud, la ayuda humanitaria debe regirse por principios universalmente reconocidos. Los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia garantizan que la asistencia llegue a quienes la necesitan, sin discriminación y libre de intereses distintos al alivio del sufrimiento humano. Son el estándar que protege a las víctimas cuando cada minuto cuenta.

La demora, consecuencias irreversibles

En circunstancias como estas, la protección de la vida debe estar por encima de cualquier otra consideración. Cada decisión que facilite la llegada de la ayuda puede salvar vidas. Cada demora tiene consecuencias irreversibles.
No es la primera vez que Venezuela enfrenta una tragedia de esta naturaleza. En diciembre de 1999, la tragedia de Vargas dejó una marca imborrable en nuestra historia. Entonces también hubo solidaridad ciudadana, ayuda internacional y promesas de reconstrucción. Pero la verdadera reconstrucción no consiste únicamente en levantar viviendas o reparar carreteras. Consiste en fortalecer instituciones capaces de prevenir, responder y proteger.
Un cuarto de siglo después, Venezuela llega a esta nueva emergencia con menos capacidades que entonces. El deterioro de la infraestructura, la debilidad de los servicios públicos y el progresivo desmantelamiento de las capacidades del Estado han hecho que una emergencia de esta magnitud encuentre al país en condiciones de mayor vulnerabilidad.
Las catástrofes naturales no distinguen entre ideologías ni entre gobiernos. Pero sí ponen al descubierto la calidad de las instituciones que una sociedad ha construido. La naturaleza produce el terremoto. La fortaleza -o la fragilidad- del Estado determina cuánto sufrimiento puede evitarse después.

Las catástrofes naturales no distinguen entre ideologías ni entre gobiernos. Pero sí ponen al descubierto la calidad de las instituciones que una sociedad ha construido

Los venezolanos volverán a levantarse, porque lo han hecho muchas veces. Pero la fortaleza de un pueblo no puede seguir utilizándose para justificar la ausencia del Estado. La solidaridad ciudadana salva vidas. Las instituciones existen para que no tengan que salvarlas solas.
El terremoto abrió una falla en la tierra. La otra falla, la que Venezuela lleva años soportando, solo podrá cerrarse cuando el Estado vuelva a estar al servicio de sus ciudadanos.

Trump activa al Ejército para preparar una gran operación de ayuda a Venezuela que incluye 150 millones

La Administración Trump ha activado rápidamente al Mando Sur de Estados Unidos para preparar una operación de ayuda militar y humanitaria tras los dos terremotos que han devastado Venezuela, con al menos 164 muertos y cerca de un millar de heridos. La orden, … transmitida por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha puesto en marcha una respuesta conjunta militar y del Departamento de Estado para apoyar al Gobierno venezolano en las labores de rescate, evacuación y asistencia a los damnificados.
El anuncio no equivale todavía al despliegue de una fuerza militar sobre el terreno. El Pentágono no ha confirmado cuántos efectivos enviará ni qué unidades participarán. Pero sí ha activado un equipo de planificación operativa, con especialistas de la Oficina de Asistencia Humanitaria estadounidense, para evaluar las necesidades, coordinarse con Caracas y diseñar una misión que puede crecer con rapidez en función de los daños y de las peticiones venezolanas.

El Mando Sur ha explicado que sus fuerzas se están moviendo rápidamente para aportar capacidades de transporte aéreo, logística y salvamento al esfuerzo internacional. Es un lenguaje que apunta a una operación de gran escala, con puentes aéreos, equipos de búsqueda bajo los escombros, evacuaciones médicas, comunicaciones de emergencia, distribución de agua y alimentos y apertura de corredores hacia las zonas aisladas.

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Sara I. Belled

Entre los medios que EE.UU. podría movilizar, si la misión lo requiere, están los aviones de transporte C-17 y C-130, capaces de trasladar en pocas horas maquinaria pesada, ambulancias, hospitales de campaña, generadores y toneladas de suministros. También helicópteros para evacuar heridos o llevar ayuda a las zonas sin acceso por carretera, ingenieros militares para retirar escombros y reparar infraestructuras, plantas potabilizadoras, equipos médicos y especialistas con drones, cámaras térmicas y sensores para localizar supervivientes.
Según el Departamento de Estado, Estados Unidos ha activado una respuesta de emergencia para Venezuela que incluye 150 millones de dólares en ayuda humanitaria, el despliegue de un equipo regional de respuesta a desastres y dos unidades especializadas de búsqueda y rescate urbano. La operación estará dirigida por la diplomacia, pero contará con apoyo aéreo, logístico y operativo del Departamento de Guerra y del Mando Sur, que movilizarán aviones, helicópteros, personal y equipos para localizar supervivientes, atender a los heridos y llevar asistencia a las zonas devastadas.

Operación a gran escala

Washington podría incluso recurrir, si la emergencia se prolonga, a plataformas navales y a recursos médicos de mayor entidad. Pero ninguna de esas decisiones ha sido anunciada por ahora. La operación sigue en una primera fase de planificación, coordinación diplomática y preparación de esas capacidades.

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La rapidez con la que se ha puesto en marcha el dispositivo refleja el cambio radical de la relación entre Washington y Caracas. Durante años, cualquier oferta de cooperación entre ambos gobiernos habría estado condicionada por choques diplomáticos, sanciones, acusaciones cruzadas y una profunda desconfianza. Esta vez, la interlocución ha sido directa.
El secretario de Estado, Marco Rubio, habló con Delcy Rodríguez para coordinar el envío de equipos de rescate y la asistencia estadounidense. Trump, que siguió personalmente la evolución de la tragedia, ofreció públicamente la ayuda de Estados Unidos y subrayó que su país estaba preparado para apoyar a Venezuela. No ha habido hasta ahora resistencia pública de Caracas al dispositivo norteamericano; al contrario, la respuesta se articula en coordinación con las autoridades venezolanas.
Esa cooperación es una de las consecuencias más visibles de la nueva relación abierta tras la salida de Nicolás Maduro y la consolidación de Delcy como interlocutora de la Administración Trump. Washington mantiene una influencia determinante sobre la evolución venezolana, pero la catástrofe obliga ahora a traducir esa relación política en una capacidad concreta para salvar vidas.
La velocidad de la reacción estadounidense también se explica por un precedente inmediato, dentro del refuerzo militar de Trump en el Caribe. Hasta hace apenas unas semanas, una de las principales fuerzas de respuesta rápida del país acababa de operar durante diez meses en el Caribe y en el entorno de Venezuela. La 22ª Unidad Expedicionaria de Marines, embarcada en el USS Iwo Jima, el USS San Antonio y el USS Fort Lauderdale, fue desviada al inicio de su despliegue.

Preparación de los Marines

Su destino inicial era una misión en Europa y Oriente Próximo. Sin embargo, poco después de salir de la base Norfolk recibió la orden de virar al sur y ponerse a disposición del Mando Sur. El cambio obligó a rehacer la planificación de una operación completa, pero permitió a los Marines ensayar precisamente el tipo de capacidades que ahora pueden ser decisivas ante una catástrofe de enormes dimensiones.
La unidad convirtió Puerto Rico, en el Caribe, en una plataforma logística avanzada. Estableció un modelo de distribución desde la isla hacia distintos puntos del Caribe, reacondicionó instalaciones, utilizó aeródromos, organizó el suministro de combustible y preparó puntos de apoyo para helicópteros y aviones. También realizó desembarcos anfibios y ejercicios de proyección de fuerza con centenares de Marines, al tiempo que mantenía capacidad para responder a nuevas misiones sin abandonar las operaciones en curso.
La experiencia tuvo una dimensión claramente venezolana. Tras el 3 de enero, día de la captura de Maduro, y la reapertura de la Embajada estadounidense en Caracas, Marines de la 22ª Unidad Expedicionaria entraron en la capital venezolana para asegurar la legación, establecer el primer puesto de seguridad y crear las condiciones para que el embajador pudiera izar de nuevo la bandera. La coordinación política con las autoridades locales quedó entonces en manos del Departamento de Estado, mientras los Marines asumían la protección del recinto diplomático en un momento de elevada tensión.

El informe de EE.UU., Servicio Geológico, advierte de que el terremoto puede dejar un elevado número de muertos, hasta 100.000, y daños generalizados, hasta el punto de requerir ayuda nacional o internacional. La alerta roja es la máxima de su sistema de evaluación.La agencia… pic.twitter.com/64cCu2bZak— David Alandete (@alandete) June 25, 2026
La unidad también reforzó la embajada estadounidense en Haití y participó en operaciones de interdicción marítima de petroleros que vulneraban sanciones junto a la Guardia Costera. Esa combinación de tareas explica por qué el Mando Sur considera a estas unidades una fuerza de respuesta inmediata para crisis regionales.
El ensayo humanitario más cercano fue Jamaica. En noviembre, el Iwo Jima y su grupo anfibio siguieron la trayectoria del huracán Melissa y se situaron en posición antes de que la tormenta abandonara la isla. Cuando pasó el ciclón, los Marines ya estaban preparados para actuar.
Esos Marines establecieron puntos seguros de distribución, ayudaron a ordenar la llegada de agencias civiles y equipos humanitarios, desplegaron apoyo médico para el personal estadounidense y utilizaron drones para identificar las zonas aisladas y los daños en carreteras e infraestructuras. Los helicópteros y los puntos de repostaje permitieron ampliar el radio de acción de la ayuda, mientras el USS San Antonio permanecía en la zona como plataforma logística.
Aquella misión dejó probada, a escasa distancia del país, una arquitectura militar y humanitaria que el Mando Sur puede replicar a pequeña o gran escala: buques, aeródromos, helicópteros, cadenas de suministro, puntos seguros de distribución y coordinación entre militares, diplomáticos, gobiernos locales y agencias civiles.

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Eso es lo que distingue la respuesta actual. Estados Unidos no parte de cero ni necesita improvisar una misión compleja en una región desconocida. Tiene experiencia reciente, infraestructuras ensayadas y una interlocución abierta y muy fluida con Caracas. Falta por conocer el tamaño exacto del despliegue, los medios que autorice el Pentágono y el alcance de la ayuda internacional. Pero la decisión ya está tomada, Washington ha puesto su capacidad militar de emergencia al servicio de una operación que puede convertirse en la mayor respuesta humanitaria estadounidense en décadas.

Florida cierra el polémico centro de detención de inmigrantes Alligator Alcatraz

Concebido como un recinto inexpugnable rodeado de humedales infestados de caimanes americanos, cocodrilos y pitones burmesas, el centro de detención de inmigrantes Alligator Alcatraz ha echado el cierre este jueves tras menos de un año de funcionamiento, tal y como ha anunciado el … gobernador de Florida, Ron DeSantis.
La máxima autoridad del estado, que ha visitado las remotas instalaciones en los Everglades junto con el responsable de la política fronteriza de la Casa Blanca, Tom Homan, y otros funcionarios, ha declarado que el centro ya no albergaba detenidos y que había cumplido la función de emergencia para la que fue construido.

El centro se edificó sobre la pista del aeropuerto de entrenamiento y transición Dade-Collier, en la Reserva Nacional Big Cypress (Everglades, al oeste de Miami), y fue bautizado popularmente como el ‘Alcatraz de los caimanes’ debido a la fauna que rodea esta zona pantanosa. Precisamente en estos animales confiaban los responsables del complejo para actuar como perímetro natural disuasorio para las fugas.

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‘Alligator Alcatraz’

A. Peñacoba

Organizaciones como Amnistía Internacional denunciaron repetidamente condiciones inhumanas, hacinamiento, temperaturas extremas, privación de sueño y falta de acceso a representación legal básica para los solicitantes de asilo encarcelados allí.

«Ya ha cumplido su propósito»

DeSantis ha justificado el cierre en que el centro, concebido para 3.000 ocupantes, ya ha cumplido su propósito temporal y en que el Gobierno federal ya cuenta con la capacidad necesaria en centros de detención permanentes. Asimismo, el riesgo por la temporada de huracanes ha acelerado el proceso.

Immigration enforcement has been a state priority since I’ve been governor.We stood up Alligator Alcatraz to help address the failures of the Biden administration on immigration enforcement and bolster the Trump administration’s efforts to resume interior enforcement and… pic.twitter.com/ZaDDOZeIfr— Ron DeSantis (@GovRonDeSantis) June 25, 2026
«Creamos Alligator Alcatraz para ayudar a abordar los fallos de la Administración Biden en la aplicación de la ley de inmigración y fortalecer los esfuerzos del Gobierno Trump para reanudar las operaciones de aplicación de expulsión. Florida ha sido pionera a la hora de aumentar la tan necesaria capacidad de detención y de colaborar con nuestros socios federales», ha señalado el gobernador.

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DeSantis ha asegurado que su «apoyo a las operaciones de detención» ha hecho posibles «casi 30000 deportaciones adicionales». «Florida representa más del 40 % de todas las detenciones por motivos de inmigración a nivel estatal y local en todo el país», ha afirmado.
Los inmigrantes que continuaban en el complejo han sido desalojados y trasladados por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) a prisiones e instalaciones en otros estados, como Luisiana y Arizona. Organizaciones ambientales reclaman ahora la protección permanente del terreno para restaurar los Everglades.

Desolación en La Guaira: saqueos, cuerpos en la calle y ausencia de autoridades en la zona más afectada por los terremotos de Venezuela

Caos y desolación en La Guaira. Los habitantes de la zona más afectada por los terremotos que sacudieron este miércoles a Venezuela claman por ayuda y reclaman la presencia de miembros de Protección Civil y demás organismos de seguridad para ayudar a rescatar a las personas atrapadas bajo los escombros. La desesperación y el hambre se han apoderando de la población y ya se han comenzado a registrar los primeros saqueos en una zona donde todavía hay cuerpos en los costados de las calles.Los seísmos de magnitud 7,2 y 7,5 han dejado en esta ciudad costera múltiples edificios totalmente colapsados de los que todavía sale humo blanco. Los gritos en búsqueda de familiares no paran. El trabajo de pico y pala y sin maquinaria está a cargo principalmente de los propios ciudadanos afectados. Los cuerpos de bomberos y policía no dan abasto, pese a que en la autopista que comunica a esta ciudad con Caracas se ha comenzado a ver el traslado de algunas maquinarias e incluso personas en moto cargando herramientas para excavar. Aunque el centro parecía menos afectado, casi una cadena de edificios sufrió un colapso total.Gabriela Pérez, funcionaria pública y habitante de un edificio de la estatal Misión Vivienda, dijo a Efe que no han recibido ayuda en la localidad de Caribe. «Esto se prendió en candela con las bombonas (de gas…) y nosotros cómo podíamos sacábamos a la gente y nos la llevábamos a la avenida», contó. «Aquí los funcionarios puras fotos, fotos, y no han tenido la voluntad para meterse», criticó Pérez, quien busca a cuatro hijos y su madre bajo los escombros. A ella, los terremotos la sorprendieron cuando regresaba de los Tambores de San Juan, una fiesta tradicional venezolana declarada patrimonio cultural de la humanidad.Efe pudo constatar el rescate de dos personas heridas, una mujer llamada Mayra y un niño en Caribe, pero también la recuperación de al menos tres cadáveres. Al otro extremo, en Playa Grande, llegó un cuerpo de bomberos con una decena de miembros, así como un equipo básico de rescate. Allí los cuerpos de al menos tres mujeres y una niña de dos años estaban al lado de un edificio que se encontraba al borde del derrumbe total. «Mamá, mamá, ¿por qué Diosito? ¿Por qué?», gritaban dos hermanas desconsoladamente, mientras recibían el apoyo de allegados. En ese lugar, Amir, un joven de 16 años que permaneció doce horas bajo un edificio derrumbado, habría fallecido, según dijeron los lugareños. Los bomberos, sin embargo, no pudieron confirmar esa información. Las caras de tristeza y llanto abundan en las calles, donde ya empieza a sentirse hambre. «Vamos a buscar qué comer, vamos a buscar qué comer», dijo un joven a Efe que no quiso ofrecer más declaraciones. Mientras tanto, decenas de personas asaltaron en la localidad venezolana varios de los comercios destruidos por los terremotos. Subiéndose a los tejados de varios establecimientos desplomados y hasta atravesando calles totalmente rotas, grupos de personas entraron, como pudieron, a estos locales para llevarse alimentos, medicinas y hasta electrodomésticos como televisores lavadoras o aires acondicionados. Algunos sacaban los productos de sus cajas y se los llevaban en bolsas.Efe pudo acceder a una de las sedes de las franquicias de farmacias del país, Farmatodo, en la zona conocida como Caribe y observó cómo sus anaqueles quedaron totalmente vacíos. «De un momento a otro comenzaron a romper una pared que es donde estaban las chucherías (golosinas), refrescos y demás y yo estaba aquí cargando mi teléfono», contó a Efe Gabriel Aldana, de 18 años y residente de la ciudad de Caraballeda. Equipos antimotines bajaban por la vía que comunica a La Guaira con Caracas mientras ocurrían estos saqueos.Venezuela fue sacudida este miércoles por dos fuertes terremotos con apenas 39 segundos de diferencia, de magnitud 7,2 y 7,5, respectivamente, que, según los datos más recientes, causaron al menos 188 muertos y 1.520 heridos. El Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos explicó que ambos temblores conformaron un «doblete sísmico», un fenómeno en el que dos terremotos de gran magnitud ocurren con pocos segundos de diferencia en la misma zona.

Juntos por el renacer de Venezuela

Venezuela atraviesa uno de los períodos más difíciles de su historia. Transcurrido ya el primer cuarto del presente siglo, no sólo hemos sufrido las peores consecuencias que pueden derivarse del régimen impuesto por una terrible tiranía criminal (el mayor expolio de nuestras riquezas; las mayores … tasas de homicidios del planeta; la hiperinflación más profunda y prolongada en el continente; la contracción de 80% del PIB en diez años; el peor éxodo migratorio del siglo XXI…), sino que además, desde el pasado 24 de junio, padecemos también los estragos de un terremoto que probablemente haya ocasionado decenas de miles de fallecidos.
Aunque no podemos detener a la naturaleza, debemos ser capaces de lidiar asertivamente con sus manifestaciones más peligrosas. Podemos estudiar y prevenir los riesgos más importantes, para optimizar así los sistemas de respuesta de la administración pública. Pero es precisamente en este terreno donde la tragedia que hoy vive Venezuela alcanza su mayor gravedad.

Si bien un sismo de tal magnitud representa siempre una amenaza considerable, hay países como Japón o Chile que son capaces de superarlo con escasas pérdidas materiales y humanas. En cambio, cuando un terremoto de semejantes proporciones acontece en la Venezuela de hoy, que acumula décadas de desinversión, corrupción y represión, los efectos son trágicamente devastadores.

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Andrés Gerlotti Slusnys

Como consecuencia de políticas que jamás estuvieron al servicio del ciudadano, y que más bien pretendieron someterlo y explotarlo, el Estado venezolano ya no es capaz de brindar una respuesta coherente y eficaz. En Venezuela vivimos la paradoja de que un régimen socialista y estatista, que reclama para el Estado (o mejor dicho, para sus responsables) la mayor suma de posesiones y atribuciones, ha reducido a su mínima expresión las capacidades estatales.
Frente a un Estado que ha sido degradado desde sus funciones naturales y constitucionales hasta comportarse como enemigo de la población, los venezolanos hemos debido reaccionar con la más poderosa y esencial de las herramientas cívicas: la cooperación ciudadana. Ante un Estado que expropia y castiga, los ciudadanos nos organizamos, nos solidarizamos y afinamos todas nuestras capacidades para dar respuesta a las duras condiciones que el gobierno de facto nos ha venido imponiendo durante años.
Hemos sobrevivido así al brutal aparato represivo que se fue apoderando del sector público en Venezuela. Hemos sobrellevado los problemas de la escasez y la desinversión sostenida por parte del Estado. Hemos tejido redes de solidaridad y aprendizaje ciudadano dentro y fuera de Venezuela, a lo largo de más de veinte países que concentran la mayor parte de nuestra diáspora. Y como todo el mundo sabe, fuimos capaces de derrotar en las urnas a una tiranía experta en fraudes electorales, y de eludir en gran medida la oleada represiva que desató a continuación.

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El desafío va ahora mucho más allá. No sólo tenemos el reto de consolidar una unión nacional en la que ya se ha avanzado mucho, enrumbando al país hacia una transición que le permita afianzar sus instituciones, recobrar su libertad, reimplantar la democracia y alcanzar la prosperidad. Ahora también tenemos el reto de hacer todo lo anterior mientras atendemos la terrible emergencia que se deriva de un sismo colosal, en un país donde lo único que saben hacer las instituciones públicas es explotar y castigar al ciudadano.

Hemos tejido redes de solidaridad y aprendizaje ciudadano dentro y fuera de Venezuela, a lo largo de más de veinte países que concentran la mayor parte de nuestra diáspora

Para afrontar tales retos contamos ya con una formidable red ciudadana en múltiples niveles, la «red 600-K», articulada por el Comando Con Venezuela que integran mi partido Vente y todas las organizaciones políticas que suscribieron el acuerdo de Panamá hace unas semanas. La misma red ciudadana que fue capaz de burlar la persecución del régimen de Maduro, vencerlo en las urnas y probar su victoria al digitalizar el 85% de las actas en 48 horas, es la red que ahora se activa para desplegar un gigantesco operativo de solidaridad y atención ciudadana, capaz de brindar una buena parte de la ayuda que nuestra gente necesita en estos momentos.
Mi principal aprendizaje a lo largo de muchos años de lucha por la libertad y la democracia en Venezuela es que siempre debemos confiar en la nobleza, resiliencia, entrega y talento de nuestra gente. Lo he comprobado, cada vez más, con cada obstáculo que nos toca superar. Por eso doy fe de lo que podremos hacer si se permiten las mínimas condiciones necesarias para ello. Y yo estaré con ellos.
Es la hora de trabajar unidos por Venezuela. Es el tiempo para dejar atrás los comportamientos que arrastraron a nuestro país hacia la ruina. Mi mano está tendida para quien demuestre genuina voluntad de trabajar por el bien de nuestra gente. Es el momento, necesario y propicio, para impulsar un gran renacimiento nacional. No tenemos otra opción, ni misión más importante que ésta. Es lo que la gente demanda, y lo que nos exige nuestro mandato popular.

La búsqueda de los desaparecidos en Venezuela: «No están fuera, lo más probable es que sigan aún en el edificio»

Han pasado menos de 24 horas desde que Venezuela se estremeció bajo los temblores de dos terremotos consecutivos. Marianella Cremi, una joven venezolana, no ha encontrado el consuelo desde ese momento y la angustia por no saber dónde está su hermano aumenta a cada hora.
Marianella estaba en Acarigua, una ciudad a 350 kilómetros de Caracas, cuando se produjeron los seísmos. A pesar de la distancia del epicentro del terremoto, «nos dimos cuenta de que todo estaba temblando», narra. Su primer instinto fue coger el móvil para tratar de informarse. Las noticias llegaban a cuentagotas y las comunicaciones se cortaban a ratos. En las redes sociales enseguida empezaron a difundirse vídeos y fotos de personas anónimas. Vio muchas imágenes de bloques de pisos derrumbados, apenas irreconocibles, pero uno llamó su atención.

Era el edificio Petunia, donde vive la novia de su hermano, y donde estaba él también, junto a otras amigas. Marianella rápidamente le llamó, pero no tuvo ninguna respuesta. Le volvió a llamar, tampoco respondió. Y así una y otra vez, pero en todas el mismo resultado.

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Andrés Gerlotti Slusnys

Marianella no se lo pensó dos veces, se montó en el coche con sus padres y «nos vinimos a Caracas de una vez». El trayecto fue de más de tres horas, sin ninguna novedad de su hermano. «Llegamos a las doce de la noche a Caracas y lo que vimos fue desolador», explica.
En las primera horas, la información era muy imprecisa y, cuando llegaron a la calle donde vive su cuñada, les dijeron que su hermano y sus amigas estaban en una lista de personas que habían sido rescatadas de los escombros. Parecía que la pesadilla iba a tener un desenlace rápido y pronto iban a poder encontrarse. Pero no fue así y el tormento no había hecho más que empezar. «Más tarde nos enteramos de que se habían confundido», señala con pesar. La lista en la que estaban sus nombres era la de personas desaparecidas.
Marianella y sus padres no quisieron ponerse en lo peor. «Nosotros teníamos la esperanza de que habían sido rescatados», describe. «Entonces nos dijeron que fuéramos a los centros médicos», añade. Y así comenzaron a recorrer todos los hospitales y centros de salud de la ciudad. En su relato, Marianella nombra uno por uno todos los sitios a los que fueron a preguntar por su hermano: Chacao, Sanatriz, La Floresta, La Vila, el hospital Domingo Luciani, el Pérez León, el Pérez Carreño… «Fuimos a todas partes y no lo encontramos en ninguna», sentencia.

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Durante la búsqueda, encontraron a una de las amigas de su hermano, Victoria. «Estaba en la clínica La Vila, bastante golpeada, pero sin nada de gravedad», relata. Pero su hermano, Juan Diego, su novia, Sabrina, y su amiga Sofía seguían desaparecidos. Ya no les quedaba ningún lugar en el que preguntar y lo único que podían hacer era volver al edificio Petunia. «Cuando llegamos estaban sacando a Sofía de los escombros del edificio y se la llevaban en una ambulancia», detalla.
Esa imagen fue un golpe de realidad para Marianella y sus padres. «En ese momento entendemos que evidentemente Juan Diego y Sabrina no estaban fuera, sino que lo más probable es que estuvieran aún en el edificio». En su voz, a través del teléfono y a miles de kilómetros de distancia, se aprecia su pesar.
Marianella apenas pudo hablar unos minutos con las amigas de su hermano y le contaron lo que había ocurrido. El grupo, como tantos otros venezolanos este miércoles, estaba tranquilamente en su casa, ajenos a cualquier peligro. Ellos se encontraban en el piso seis, en el apartamento de Sabrina, cuando empezó el terremoto. Sintieron el temblor y bajaron corriendo por las escaleras. Llegaron hasta la segunda planta, y ahí el edificio se vino abajo. Todo se volvió oscuro y ya no supieron nada más.

Mantiene la esperanza

Horas después, Marianella sigue sin saber nada, pero confía en que todavía pueden encontrarlos con vida. Cuenta que «hay muchísima gente trabajando, muchísima gente moviendo escombros y haciendo todo lo que pueden». Protección Civil venezolana y un escuadrón de rescate mexicano se han desplazado hasta la zona prácticamente ruinosa en la que se ubica el edificio Petunia. Con maquinaria pesada están levantando los bloques de hormigón y «hay gente que ha aparecido atrapada muchísimas horas después, que han logrado salvar su vida», narra.
Esta es la esperanza a la que se agarra Marianella, pero los minutos corren en contra de Juan Diego y Sabrina. «Yo sé que mi hermano está vivo, lo siento en mi corazón y tengo mucha fe de que lo van a rescatar». Lleva muchas horas despierta, esperando nueva información que no llega, pero la angustia no le permite parar. Tampoco hay nada que pueda hacer ya. Solo esperar y rezar. «Rezo por mi hermano y por todos los que continúan desaparecidos».