Berlín se asoma a su invierno más frío por los recortes de gas de Moscú
A pesar de las actuales altas temperaturas y de las sofocantes olas de calor vividas este verano, lo que actualmente preocupa a los berlineses es el frío. Según datos del Verband der Gasinfrastrukturbetreiber (GIE), los niveles de las 40 instalaciones de almacenamiento de gas de Alemania … se sitúan en torno al 50 %, un 17% por debajo respecto al año anterior y el nivel más bajo para estas fechas desde que existen registros sistemáticos. El estrecho de Ormuz permanece bloqueado y los socios europeos no podrán ayudar mucho porque sus depósitos están también muy por debajo de la media. Los berlineses se preguntan si podrán encender la calefacción el próximo invierno y temen facturas inasumibles.
La caída de las reservas no responde solamente a problemas geopolíticos y logísticos, sino también a un fenómeno financiero, el denominado spread verano invierno, que normalmente incentiva a las comercializadoras a comprar gas barato en verano para venderlo más caro en invierno y que, ha desaparecido. El precio mayorista del gas en Europa, medido por el índice TTF holandés, ronda hoy los 65€/MWh, más del doble que hace un año. Con precios tan altos, las empresas prefieren esperar, confiando en una eventual bajada si la guerra en Irán se estabiliza.
«El invierno pasado ya perdimos dinero. Los gastos de calefacción nos llevaron a números rojos y una pequeña empresa, con cinco empleados, no soporta esa tensión», reconoce Johannes, en el mostrador de una óptica del distrito de Tiergarten. «No hemos tomado vacaciones en verano para poder hacerlo en enero y rebajar así la factura de calefacción, pero las familias con hijos en edad escolar no tienen esa opción y se enfrentan a facturas como la que pagamos el invierno pasado, un mes llegó a los 1.234 euros», comenta una jubilada que pasará el invierno en Mallorca y a la que el viaje le sale «más barato que quedarnos en Berlín».
Noticia relacionada
Rosalía Sánchez
Una reserva estratégica
El Gobierno alemán ha reconocido la necesidad de intervenir y crear una reserva estratégica estatal de gas, de manera que sea el Estado el que llene al menos el 10% de las instalaciones de almacenamiento. Los costes serán asumidos por todos los consumidores mediante un impuesto, pero aun así no se cubriría su financiación. El precio del gas europeo, medido por el contrato TTF, ha alcanzado los 64,60 €/MWh, el nivel más alto desde marzo y más del doble previo al conflicto en Irán, cuando rondaba los 30 euros.
«No hemos tomado vacaciones en verano para poder hacerlo en enero y rebajar así la factura de calefacción, pero las familias con hijos en edad escolar no tienen esa opción«
En solo dos semanas, el gas se ha encarecido más de un 20%, y desde el inicio del conflicto ha llegado a superar los 70 euros en momentos de máxima tensión. En estas condiciones, los operadores advierten que cumplir la obligación legal de alcanzar niveles elevados de almacenamiento antes del 1 de noviembre es prácticamente imposible. Incluso con una inyección diaria de 1,2 TWh, el máximo histórico observado, no se llegaría a los objetivos establecidos.
La situación se agrava en regiones donde el gas desempeña un papel especialmente crítico, como Berlín. La capital alemana depende en gran medida del gas para calefacción urbana y su densidad poblacional hace que cualquier tensión en el suministro tenga efectos inmediatos. Actualmente, casi la mitad del gas procede de Noruega, además de importaciones por gasoducto desde Francia y Bélgica, y crecientes volúmenes de GNL estadounidense.
Newsletter
A esto se suma que, desde el mes de mayo, Rusia ha cortado el último circuito de suministro de petróleo a la refinería de Schwedt, de la que depende el consumo de Berlín y sus alrededores en un 90%. Todo esto está formando la tormenta energética perfecta sobre la capital alemana y generando una corriente de opinión prorrusa en torno a la precariedad energética.
«Es muy difícil para todos nosotros aquí en Schwedt aceptar esta nueva realidad económica. Por supuesto que no aceptamos la guerra, pero tradicionalmente siempre hemos tenido buenas relaciones con Rusia y quizá los gobiernos puedan revisar sus posturas duras hacia Moscú, mientras las conversaciones sobre el alto el fuego flotan en el aire y la ansiedad económica crece», ha dejado caer la alcaldesa de Schwedt, Annekathrin Hoppe.
Corriente de opinión prorrusa
La refinería de Schwedt, a unos 100 kilómetros al noreste de Berlín en lo que fue la antigua RDA comunista, ha recibido petróleo ruso desde 1962 y sobrevivió a un profundo proceso de reestructuración tras la reunificación, etapa en la que el desempleo local llegó al 25%. Muchos habitantes temen que vuelva a ocurrir ahora lo mismo debido al embargo europeo a petróleo ruso.
Actualmente, como alternativa al crudo ruso, recibe suministros a través del oleoducto alemán de Rostock, que conecta el puerto báltico con Schwedt, pero insuficiente para reemplazar el volumen que llegaba por el oleoducto Druzhba. También recibe petróleo desde el puerto polaco de Gdańsk, a donde llega por vía marítima, pero este flujo depende de la cooperación política de Polonia, que en ocasiones ha sido tensa por la presencia de la rusa Rosneft en la propiedad de la refinería alemana.
El principal problema es que la refinería fue diseñada expresamente para procesar el tipo de petróleo ruso y no es apta para la mayoría de suministros alternativos. Rosfnet, su accionista mayoritario, tampoco parece abierto a esa posibilidad. Actualmente, nueve de cada diez vehículos de Berlín, Brandeburgo y Mecklemburgo-Pomerania Occidental funcionan con combustibles producidos en la refinería de Schwedt. Los expertos de EnergyComment auguran que, en estas condiciones, es necesario contar con precios mucho más altos durante el próximo invierno.
El Gobierno alemán ha aprobado recientemente una legislación que facilitaría la toma de control por parte del Estado de los activos y empresas clasificados como críticos para el suministro de energía. «Actualmente tengo más preguntas que respuestas sobre esa posibilidad», desliza la alcaldesa Hoppe, «estoy segura de que encontraremos la manera de salir adelante».
El Gobierno alemán ha aprobado recientemente una legislación que facilitaría la toma de control por parte del Estado de los activos y empresas clasificados como críticos para el suministro de energía
Pero el riesgo no es solo económico. La seguridad energética se ha convertido en un asunto político de primer orden y la oposición acusa al Gobierno de «jugar al póker con la seguridad de la población», confiando en un invierno suave o en la estabilización de los mercados internacionales, todavía lejos de la realidad. La crítica se centra en que la estrategia alemana se basa en la responsabilidad de los operadores privados, sin mecanismos de intervención pública que aseguren un mínimo de reservas estratégicas. De hecho, la industria está a favor de la creación de una reserva estratégica de resiliencia, capaz de cubrir hasta 90 días de interrupción del suministro noruego.
«Sólo hace falta ir al supermercado, la previsión de precios de la energía del próximo invierno se traslada ya a muchos bienes de primera necesidad», protesta la maestra jubilada Nina, a la puerta de un establecimiento Rewe de Berlín, que expresa la ansiedad que ha convertido a la capital alemana en símbolo de la fragilidad energética del país.

