Haakon asume el trono mientras Noruega llora la muerte del Rey Harald
Harald V, fallecido este viernes, deja tras de sí un modelo consolidado de monarquía austera, transparente y adaptada a la sociedad igualitaria y del bienestar que caracteriza hoy Noruega. Su legado se percibe en la inseparable concepción de su papel ligado a la … estabilidad democrática, su apoyo a la igualdad de género y su defensa de la diversidad cultural, además de la cercanía como carácter de la jefatura de Estado, ofreciendo un perfil accesible y profundamente humano. Desde la masacre de Utøya en 2011, el discurso en el que afirmó que «el miedo no puede gobernar Noruega», es considerado uno de los más importantes de la historia reciente del país. Él mismo definió el papel del monarca como «el pegamento que une a un país».
Nació el 21 de febrero de 1937 en Asker y fue el primer Príncipe noruego nacido en suelo nacional en más de cinco siglos, un símbolo temprano de la normalización de la institución. Sus primeros tres años transcurrieron en la finca de Skaugum, hasta que la invasión de la Alemania nazi obligó a huir a Suecia y después a Estados Unidos a su madre, la princesa heredera Märtha.
Permaneció en Pool Hill, Maryland, mientras su padre y su abuelo dirigían la resistencia desde Londres. Aprendió inglés, descubrió el valor de la diversidad cultural y desarrolló una visión del mundo más amplia que la de muchos monarcas de su generación. Cuando regresó a Noruega en 1945, inició una sólida formación militar que lo llevaría a convertirse en general del Ejército y almirante de la Marina. También estudió en Balliol College, en Oxford, donde profundizó en ciencias políticas y económicas.
Tras la muerte de su abuelo en 1957, fue nombrado Príncipe Heredero y, en 1968, se casó con la plebeya Sonja Haraldsen, matrimonio en su momento polémico pero que con los años funcionaría como sostén de una monarquía menos aristocrática y engolada, más cerca de la sociedad real. Expertos en casas reales como el historiador Roberto Ortiz de Zárate han señalado que aquel episodio «marcó el inicio de una monarquía más permeable, más humana y más consciente de su papel en una sociedad igualitaria».
Cuando ascendió al trono en 1991, fue el primer Monarca noruego nacido en el país desde 1380 y este hecho reforzó su legitimidad simbólica. Su reinado se caracterizó por una interpretación rigurosa del papel constitucional del monarca: neutralidad política, representación del Estado y defensa de la cohesión nacional. Desde su convicción de que «el Rey no gobierna, el Rey une», se ganó un profundo respeto de los noruegos que se ha manifestado en sus últimos días de enfermedad.
«Una nación entera está de luto y, al mismo tiempo, profundamente agradecida por una larga vida dedicada a Noruega», declaró este viernes el primer ministro Jonas Gahr Støre, recordando que el Rey «encontró las palabras que nos unieron cuando más importaba». La líder conservadora Ine Eriksen Søreide ha elogiado que el rey Harald «logró la obra maestra de unirnos como pueblo y como nación».
«Una nación entera está de luto y, al mismo tiempo, profundamente agradecida por una larga vida dedicada a Noruega»
Jonas Gahr Støre
Primer ministro de Noruega
Deportista apasionado
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Fue un deportista apasionado, especialmente en la vela. Representó a Noruega en los Juegos Olímpicos de 1964, 1968 y 1972, y ganó competiciones internacionales como la Copa de Oro de 1968 y la Kieler Regatta de 1972. «Aquí solo somos marineros: si me ganas, me inclinaré yo», respondió a quién le preguntaba en el barco si debía dirigirse a él como «majestad». «Fue uno más del equipo», ha declarado el jugador de la selección nacional de fútbol Erling Haaland. «Siempre nos hizo sentir que jugábamos para algo más grande que nosotros mismos», ha destacado por su parte el entrenador Ståle Solbakken.
Entre las decenas de miles de mensajes que llegaban a la página web de la Casa Real noruega este jueves, cuando su estado de salud se agravaba, se colaban incluso sentidos homenajes republicanos. «Estoy en contra de la monarquía en principio, porque creo que no deberías heredar poder ni posición, pero tú me has mostrado muchos de los lados positivos y unificadores de los monarcas buenos. Si vamos a tener un Rey, me alegro de que hayas sido tú», decía uno de ellos. La mayoría elogiaba los «valores compartidos con los noruegos» y agradecían su «gran trabajo» al frente de la institución.
A la espera del funeral de Estado
El nuevo Rey Haakon VIII abandonó ayer el Rikshospitalet tras la muerte de su padre y mantuvo su primer acto oficial como Monarca, una reunión en el Palacio Real con el consejo de ministros y el Consejo de Estado a la que asistió también la princesa Ingrid Alexandra. Allí comunicó que desea ser nombrado Haakon VIII y que mantendrá el lema de Harald V: ‘Todo por Noruega’.
Después, la bandera real fue izada de nuevo para señalar que Noruega ya tiene Rey y se colocó una separada en el balcón del palacio, a media asta y con una cinta negra, que permanecerá hasta el funeral del Rey Harald, todavía sin fecha y que debería celebrarse en 10 o 14 días. Este viernes fue instalado el féretro en el Palacio Real y abierta la capilla ardiente a todos los noruegos.
Aunque Noruega abolió la coronación en 1908, mantiene la ‘signing’, una ceremonia religiosa de bendición en la catedral de Nidaros (Trondheim). La Reina se llamará Reina Mette-Marit, según ha informado Haakon VIII al Gobierno noruego, y su sucesora recibe el título de Princesa Heredera Ingrid Alexandra. La Reina Sonja conservará su título.
Solía decir que «los Reyes no deben estar por encima del pueblo, sino a su lado», por lo que caminaba por Oslo sin escolta. Sobrellevó con aceptación y todo el humor posible los escándalos familiares, que tanto han pesado sobre la Casa Real noruega en los últimos años, como hacen tantos y tantos padres. Justificó su negativa a abdicar recordando que, «cuando se presta juramento, es para toda la vida».

