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Un abrazo en Pekín

Acompañado de una corte de 16 altos ejecutivos de compañías tecnológicas, valoradas en billones de dólares, Donald Trump viaja hoy a Pekín. Con él van Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple) y representantes de Meta, Visa o Boeing, entre otros. Mañana el presidente norteamericano se reunirá con Xi Jinping en el intento de atraer inversiones y contratos de productos ‘made in USA’ mientras que el mandatario chino pedirá a cambio una reducción drástica de los aranceles. Trump, más debilitado que nunca por su derrota estratégica en Irán, pedirá a Jinping que presione a Teherán en favor de un acuerdo que permita el desbloqueo del estrecho de Ormuz. Washington ha elevado al máximo las expectativas de esta cita alabando la figura del líder chino. Les resulta imperativa la foto del abrazo en Pekín.

La crisis laborista devuelve al Reino Unido a la inestabilidad del último Gobierno conservador

El motín interno contra Keir Starmer ha devuelto una imagen que el Partido Laborista prometió erradicar cuando regresó al poder en 2024, la de un primer ministro cuestionado por sus propios diputados, dimisiones dentro del Gobierno y una sensación creciente de fragilidad política instalada de … nuevo en Downing Street. Menos de dos años después de la contundente victoria laborista en las elecciones generales, más de 80 parlamentarios del partido reclaman la salida del jefe del Ejecutivo o exigen que fije un calendario para su marcha, mientras más de cien diputados intentan cerrar filas para evitar una batalla por el liderazgo.
La escena resulta familiar para la política británica reciente. Durante los 14 años de gobiernos conservadores, el Reino Unido atravesó una sucesión vertiginosa de primeros ministros. En apenas una década y media, Downing Street estuvo ocupada por David Cameron entre 2010 y 2016; Theresa May entre 2016 y 2019; Boris Johnson entre 2019 y 2022; Liz Truss durante menos de cincuenta días en 2022; y Rishi Sunak entre 2022 y 2024.

David Cameron dimitió tras perder el referéndum del Brexit; Theresa May cayó consumida por la imposibilidad de sacar adelante el acuerdo de salida de la Unión Europea; Boris Johnson fue empujado a abandonar el cargo después de meses de escándalos durante la pandemia; Liz Truss cayó tras el colapso provocado por su programa económico; y Rishi Sunak terminó derrotado en las urnas.

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Rosalía Sánchez

Pero la política británica ya había vivido episodios similares antes de la era del Brexit. Margaret Thatcher, probablemente la dirigente conservadora más influyente del siglo XX británico, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, después de más de una década en el poder.
La victoria laborista de julio de 2024 había sido interpretada como un respiro de la volatilidad. Starmer llegó al poder con una mayoría absoluta de 403 escaños y un mensaje construido sobre la promesa de restaurar la estabilidad institucional, la disciplina gubernamental y la previsibilidad económica.
La rapidez con la que Westminster ha comenzado a cuestionar el liderazgo de Starmer refleja hasta qué punto la política británica parece haber entrado en una etapa de erosión acelerada de la autoridad en uno de los sistemas parlamentarios históricamente más estables de Europa.

Thatcher, la dirigente conservadora más influyente del siglo XX, terminó cayendo en 1990 por la presión interna de sus propios ministros y diputados, tras una década en el poder

El exministro de Economía ‘tory’ Kwasi Kwarteng declaró a la BBC que la crisis laborista se asemeja al final de la era de Johnson. «Boris se resistía muchísimo a abandonar el cargo. Sentía que todavía tenía más que ofrecer y prácticamente tuvieron que arrastrarlo fuera», afirmó. «Starmer está muy en esa mentalidad. Cree que todavía tiene tiempo». Truss, según dijo, aceptó mucho antes que su posición era insostenible.
La comparación resulta especialmente incómoda para un dirigente que construyó buena parte de su proyecto político sobre el contraste con Johnson y con la turbulenta etapa ‘tory’. Durante la campaña electoral, Starmer insistió en conceptos como «seriedad», «estabilidad» y «gobierno competente».
Dentro de Downing Street, los aliados del ‘premier’ intentan precisamente convertir esa idea de estabilidad en el principal argumento para sostenerlo. El ministro de Defensa, John Healey, afirmó este martes que «la gente está preocupada por los conflictos actuales y las crisis globales que se avecinan», y defendió que «más inestabilidad no beneficia al Reino Unido». Healey añadió que el Gobierno debe concentrarse en «los desafíos económicos y de seguridad inmediatos».
En términos similares se expresó el responsable de Vivienda, Steve Reed, quien advirtió de que «esto no es un juego» y «la inestabilidad tiene consecuencias para la vida de las personas».

De la guerra de Irán a la batalla comercial: Trump se la juega en China

Dos guerras han marcado la política exterior en el segundo mandato de Donald Trump: la de Irán y la de China. La primera, con el músculo militar de Estados Unidos, que busca forzar el fin del programa nuclear de Teherán con bombardeos. La segunda es, … por el momento, comercial, a golpe de arancel, en un intento de la primera potencia mundial por frenar el avance del gigante asiático. La de Irán tiene impacto en el futuro inmediato de Trump y de sus aliados republicanos, con las elecciones legislativas de otoño a la vuelta de la esquina. La de China es una batalla existencial para EE.UU., un enfrentamiento que va a definir el juego de equilibrios global. Ambas guerras están suspendidas en treguas frágiles. Ambas están conectadas por un evento esta semana: la visita de Trump al presidente chino, Xi Jinping, en Pekín.
El presidente salió el martes de Washington, llega a China este miércoles y celebrará encuentros con Xi el jueves y el viernes. Será un viaje de gran calado, en el que Trump se juega mucho y en el que, en un momento de debilidad interna, apunta a mantener la actual ‘détente’ con su gran rival.

El presidente de EE.UU. no ha escondido que Irán será uno de los grandes asuntos sobre la mesa. «Vamos a tener una larga conversación sobre eso», dijo Trump antes desde la Casa Blanca antes de iniciar el viaje. La guerra es una piedra en el zapato para Trump. Es muy impopular en su país: va en contra de sus propias promesas de campaña y ya se nota con fuerza en el bolsillo de los votantes. Y Trump se subió al avión con una noticia negativa: esa mañana se conoció que la inflación creció un 3,8% en abril, el mayor alza en tres años, empujada sobre todo por los precios energéticos. Es decir, una consecuencia directa de uno de los principales escenarios de la guerra: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo y del gas del mundo.

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Milton Merlo

China se ha mantenido hasta ahora al margen, pero podría ser un actor principal en la resolución de la guerra. Es el gran aliado internacional de Irán y su mayor comprador de petróleo. Es decir, su principal financiador. A su vez, la economía china sufre por la asfixia en Ormuz.
«Él quiere que eso ocurra», dijo Trump esta semana sobre Xi y la reapertura del paso marítimo. Es cierto que es un asunto que ya ha sido discutido entre China e Irán. La semana pasada se reunieron en Pekín los ministros de Exteriores de ambos países, Abás Araghchi y Wang Yi, y este último reiteró la importancia de mantener la libertad de navegación en Ormuz.
La guerra ha provocado roces entre EE.UU. y China. El gigante asiático ha sido una pieza clave en el desarrollo del programa de misiles iraní y la Administración Trump ha tratado de evitar que China envíe balones de oxígeno a lo que queda del régimen de Teherán. Pero lo ha hecho sin agresividad. Por ejemplo, Trump amenazó con imponer aranceles del 50% a China después de que hubiera informaciones de un envío inminente de sistemas de defensa a Irán. Luego dijo que había recibido una carta de Xi en la que negaba el envío de armamento y dio marcha atrás. Poco después aseguró que en un barco chino interceptado por la Armada de EE.UU. había un «regalo» para Irán, pero no dio más explicaciones.

«No necesito la ayuda de China con Irán, ganaremos de una manera u otra»

Donald Trump
Presidente de EE.UU.

EE.UU. también ha buscado sancionar a China por asistencia a Irán en estos meses. Por ejemplo, a refinerías acusadas de recibir petróleo iraní sancionado. La semana pasada, también anunció sanciones a tres compañías chinas por proporcionar imágenes satelitales para ataques con misiles de Irán. Pekín ha respondido desafiante y ha dicho que no reconoce las sanciones.
«No necesito la ayuda de China con Irán, ganaremos de una manera u otra», dijo Trump antes de viajar. Pero es evidente que buscará presionar a Xi sobre Teherán. Aunque tampoco lo apostará todo a esta batalla. Necesita priorizar la guerra de fondo, la relación comercial con su gran competidor. «No queremos que esto (las presiones sobre Irán) haga descarrilar la relación o los acuerdos que puedan salir de nuestro encuentro en Pekín», aseguró el representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, a Bloomberg.

Musk completa su reconciliación con el presidente: le acompaña a Pekín

Donald Trump se presentará en China escoltado por un grupo de grandes ejecutivos estadounidenses, dentro de un viaje decisivo para su Gobierno pero también para las multinacionales estadounidenses, que en muchas ocasiones se encuentran entre dos aguas en la guerra comercial del inquilino de la Casa Blanca. Junto a él estarán figuras de la importancia de Tim Cook, todavía consejero delegado de Apple; Larry Fink, que está al frente de Blackstone, la mayor firma de inversión del mundo; Kelly Ortberg, de Boeing, que se juega un contrato multimillonario para la construcción de aviones; o David Solomon, consejero delegado de Goldman Sachs, entre otros. Pero ninguno destaca tanto como Elon Musk, una figura clave en el regreso de Trump a la Casa Blanca, tanto como financiador y apoyo de su campaña, como por su protagonismo en sus primeros meses en la Casa Blanca. Su relación acabó hecha trizas, pero su presencia en el viaje muestra que la reconciliación es total.

Trump acude a la capital china en busca de acuerdos económicos, aunque sean limitados, que le den victorias internas, como contratos de exportación de soja, algo clave para su electorado rural. Y con la intención de prorrogar una tregua incómoda. El presidente de EE.UU. no parece dispuesto a una guerra comercial total con China, para la que parece no tener las armas suficientes.
Por un lado, Xi ha demostrado con suficiencia que no se va amilanar con la agresividad arancelaria de Trump. Lo demostró en la escalada de aranceles que ambas potencias protagonizaron el año pasado, cuando el presidente de EE.UU. inició su segundo mandato decidido a rediseñar el comercio global a golpe de tasas. El castigo mutuo acabó en un embargo técnico que no beneficia a ninguno de los dos. Y Xi encontró un arma clave: los minerales raros, de los que depende buena parte de la industria tecnológica de EE.UU., y a los que ha cortado el grifo como represalia a los aranceles de Trump.
Además, el presidente de EE.UU. se enfrenta a las discusiones comerciales disminuido por el impacto de las decisiones judiciales en su país. El pasado febrero, el Tribunal Supremo tumbó la mayoría de los aranceles que impuso el año pasado. Y, la semana pasada, un tribunal federal hizo lo mismo con la tasa global del 10% que Trump aprobó como alternativa mientras busca otra avenida legal para sus aranceles.
En la cumbre se tratarán otros asuntos: desde los más sensibles, las ventas de armas de EE.UU. a Taiwán; a los que definirán el futuro, como la regulación de la inteligencia artificial. Trump, como siempre, se mostró optimista sobre lo que logrará con Xi. «Él es amigo mío, es alguien con quien me llevo bien. Van a ocurrir cosas buenas», auguró. En Pekín se verá si los deseos se convierten en realidad.

Miles de argentinos salen a las calles para protestar contra los recortes de Milei a las universidades

Este martes la ciudad de Buenos Aires se ha convertido en el epicentro de una multitudinaria protesta contra los recortes del Gobierno del presidente argentino, Javier Milei, a la educación. Miles de personas se han dado cita en la histórica Plaza de Mayo … para exigir a las autoridades nacionales que se cumpla la Ley de Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso. «Cumplan con la ley», reclamaron. La manifestación fue liderada por docentes y estudiantes, pero desde la Casa Rosada lo consideran un «acto opositor».
Desde muy temprano en la mañana comenzaron a movilizarse miles de argentinos en dirección a la Plaza de Mayo para reclamar contra los recortes en el sector universitario. En la antesala de la manifestación, el Gobierno anunció nuevos ajustes en ciencia y educación.

Si bien el acto central comenzó a las 17 horas locales, pasado el mediodía la emblemática plaza comenzaba a llenarse. Además de la protesta, distintos establecimientos, como la Universidad de Buenos Aires (UBA), dieron clases públicas en apoyo al reclamo.

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Guadalupe Piñeiro Michel | Corresponsal en Buenos Aires

Apenas iniciado el acto en Buenos Aires, que era seguido desde todo el país –incluso hubo una fuerte adhesión en las ciudades de Córdoba y Rosario-, los manifestantes entonaron las estrofas del himno argentino. La convocatoria invitaba a salir a las calles «por la educación, la universidad pública y la ciencia nacional».
En un comunicado oficial, que fue leído hacia el final de la tarde, las federaciones universitarias denunciaron que «la situación presupuestaria es crítica», a la vez que señalaron que «las transferencias a universidades nacionales registraron una caída real acumulada del 45,6% entre 2023 y 2026, lo que implica una reducción inédita de los recursos». También sostuvieron que «el Gobierno nacional incumple la regla democrática», al desfinanciar las universidades.

Reclamo por la ley

Cabe destacar que entre los principales reclamos que se hicieron al Gobierno se encuentra el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, normativa que establece una recomposición de los salarios en función de la inflación y fija el presupuesto del sector. Esta ley había obtenido el visto bueno del Parlamento, pero la Casa Rosada no la cumple, bajo el argumento de que esta atenta contra el orden fiscal. No obstante, existe un fallo judicial firme que ordena su cumplimiento por parte del Estado.
Si bien el eje de la movilización tuvo lugar en el centro de Buenos Aires, en todo el país ha habido distintas protestas en defensa de la educación y las universidades públicas. La manifestación, que fue convocada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la Federación Universitaria Argentina (FUA) y el Frente Sindical de las Universidades Nacionales, no es la primera que enfrenta el Gobierno. Por el contrario, se trata de la cuarta Marcha Federal Universitaria que ha tenido lugar desde la llegada al poder del presidente Milei, en diciembre de 2023.
Desde la Casa Rosada, que sigue con atención las manifestaciones universitarias dada su alta adhesión en la población, calificaron a la protesta de «marcha política opositora».

«Que renuncie Adorni»

Algunas de las pancartas que sostenían los argentinos en la protesta acusaban al Gobierno de «matar el futuro» a través de la falta de financiación en educación e incluso de querer «ahogar la educación». Pero una de las particularidades de esta manifestación fue la aparición de varios carteles que hacían referencia a las denuncias contra el jefe de Gabinete de Milei, Manuel Adorni.
«¿En serio no alcanza?», preguntaba un ciudadano a través de una pancarta que mencionaba la acusación de enriquecimiento ilícito del funcionario de Gobierno, que actualmente es investigada en la Justicia. Mientras que un joven estudiante pedía: «Que renuncie Adorni, no mis profesores».

El boletín de The War Room: el plan de Alemania para crear el ejército más fuerte de Europa

Le damos la bienvenida a The War Room.Imagine que estamos en 2029. Estados Unidos destina más de un billón de dólares a defensa, una cifra muy superior a la de cualquier otro país. El presupuesto de defensa de China sigue creciendo a un ritmo … constante, reduciendo la brecha. La caída de los precios del petróleo y una economía disfuncional han obligado a Rusia a recortar su propio gasto, lo que la ha dejado fuera del podio. Y así, el tercer país que más gasta en defensa del mundo es… Alemania. El presupuesto de defensa del país, de 150 000 millones de euros (175 000 millones de dólares), deja muy atrás al Reino Unido y Francia.

Se trata de algo perfectamente plausible. La semana pasada, Tom Nuttall, nuestro corresponsal en Berlín, y yo entrevistamos al general Carsten Breuer (en la foto de arriba), inspector general de la Bundeswehr, es decir, el jefe de la defensa de Alemania. El motivo fue la publicación de la primera estrategia militar de la historia de Alemania. «Rusia está creando las condiciones para una guerra contra la OTAN», sostiene. Estados Unidos está dando un paso atrás. Su solución es sencilla. «La Bundeswehr se convertirá así en el ejército convencional más fuerte de Europa».
El general Breuer me causó una buena impresión. Respondió a nuestras preguntas con claridad y seguridad. ¿Temían otros países europeos el rearmamento masivo de Alemania? Respondió que no. «En ninguna de mis conversaciones he oído a nadie decir que desconfía de lo que está haciendo Alemania». ¿Estaba cambiando realmente la política de compras alemana?, le preguntamos. Argumentó que sí, señalando que el año pasado se adquirieron municiones merodeadoras, o drones suicidas, a la «velocidad de rayo», en el plazo de diez meses.

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Quizá el mayor reto para el general Breuer sea la mano de obra. Necesita encontrar 75 000 soldados adicionales para sus fuerzas regulares y crear una reserva de 200 000 efectivos. Alemania ha aprobado una ley que obliga a los hombres que cumplen 18 años a rellenar un cuestionario sobre su disposición a alistarse. Las encuestas muestran que las personas de la cohorte que estarían sujetas al servicio militar obligatorio son las menos entusiastas con la idea, lo cual va en la misma línea de las tendencias europeas generales. Una encuesta de Gallup realizada en 45 países en 2024 reveló bajos niveles de entusiasmo por alistarse en caso de guerra, pero cuatro de los cinco países menos entusiastas se encontraban en Europa, uno de ellos, Alemania.
Esta semana también publicamos una serie de artículos sobre cómo la tecnología ha revolucionado la industria de la defensa. Analizamos las llamadas «neo-primes» — posibles nuevos contratistas de referencia— en Estados Unidos, como SpaceX, Palantir y Anduril, y cómo las nuevas reformas del Pentágono podrían impulsar su auge. Examinamos el panorama de la tecnología de defensa en Europa, donde la fragmentación de los mercados nacionales dificulta mucho más que una empresa como Anduril pueda expandirse. También analizamos el espectacular éxito de Ucrania, donde nuevos modelos de vehículos terrestres no tripulados (UGV, por sus siglas en inglés) están pasando del tablero de dibujo a la línea de producción en tan solo seis meses. Publicamos asimismo un editorial en el que se elogiaba, algo poco habitual, al Pentágono de Pete Hegseth y se instaba a los europeos a hacer más por conectar su propia base industrial de defensa con la de Ucrania.
Ahora, a sus cartas. Stan pregunta si Israel corre el riesgo de «extenderse en exceso» con guerras en tantos frentes. Le remito al excelente artículo de Anshel Pfeffer que aborda precisamente este punto. Las fuerzas de defensa de Israel (FDI) acaban de ampliar el tiempo de servicio de los reservistas, de las seis semanas del año pasado a nueve semanas en 2026. El impacto de todo esto en la economía es grave. Se necesitarían 40 000 reservistas adicionales para mantener una zona de seguridad en el sur del Líbano, según el periódico israelí Haaretz, con un coste de más de 6000 millones de dólares al año. «Los altos mandos de las FDI se quejan de tener que librar guerras sin una estrategia global», escribe Anshel. «Sin embargo, en público se han alineado con el conflicto de duración indefinida de [Benjamín] Netanyahu».

Alrededor del 76 % de los demócratas y el 51 % de independientes afirman que el presupuesto de defensa es demasiado elevado

Fox, un estadounidense que trabaja en Londres, plantea una pregunta intrigante: ¿podrían los demócratas aceptar los planes de Trump de aumentar el gasto en defensa y, si llegan al poder en 2028, utilizar el dinero extra para «reestructurar» la política exterior con nueva ayuda para Ucrania y más ayuda internacional, por ejemplo? Esto sería difícil de vender para los líderes demócratas. Alrededor del 76 % de los demócratas y el 51 % de los votantes independientes afirman que el presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares propuesto por Trump es demasiado elevado, según las últimas encuestas. Dicho esto, un futuro presidente demócrata se enfrentará al mismo dilema: las fuerzas armadas estadounidenses no pueden centrarse en América, Europa, Oriente Medio y Asia a la vez. Hay que decidir.
Gerry, profesor de Oregón, se pregunta si los UGV ucranianos podrían romper las fortificaciones rusas en un asalto. Los UGV están haciendo cosas extraordinarias: en algunas partes del frente, se encargan del 80 % de la logística, entregando suministros; en Pokrovsk y Myrnograd, dos ciudades asediadas del este, llevan a cabo el 90 % de esas operaciones; e incluso rescataron a un soldado ucraniano herido a más de 60 km del inicio del territorio controlado por Rusia. Ya pueden atacar posiciones rusas con explosivos y tienen la ventaja de poder transportar más carga que un cuadricóptero.
Algunos de los nuevos modelos pueden alcanzar los 45 km/h, una velocidad que no es mucho menor que la máxima de un carro de combate moderno. El Reino Unido ya está llevando a cabo experimentos para convertir sus antiguos vehículos de combate de infantería Warrior en plataformas teledirigidas destinadas a atravesar campos de minas. Todavía no he visto ningún UGV ucraniano enfrentarse a los denominados «dientes de dragón», obstáculos piramidales diseñados para detener a los tanques y demás vehículos blindados. El principal problema es la comunicación con los UGV en condiciones de interferencia intensa: al estar en tierra, las señales de radio que van y vienen son más propensas a ser bloqueadas por el terreno que en el caso de los drones aéreos. La clave, al igual que en una época anterior de guerra de armas combinadas, será integrar una amplia variedad de UGV con diferentes capacidades en un único asalto.
No se olvide de sintonizar mañana el próximo episodio de Inside Defence. Hablaré con Rachel Ellehuus, directora general del Royal United Services Institute, un think tank de defensa con sede en Londres. Anteriormente, fue representante del secretario de defensa estadounidense en Europa y asesora de la misión de Estados Unidos ante la OTAN. Quiero que me cuente cómo la guerra de Irán ha agravado la crisis transatlántica en el seno de la OTAN y qué podría significar esta evolución para la cumbre de la OTAN que se celebrará en Ankara en julio.
Por último, si vio el episodio de Insider de la semana pasada sobre la «relación especial» entre Estados Unidos y el Reino Unido, quizá se haya dado cuenta de que Zanny Minton Beddoes, nuestra editora, soltó una pequeña noticia. He tenido el privilegio de desempeñar el cargo de editor de defensa de The Economist durante casi ocho años. He cubierto la caída de Kabul, la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia y las guerras desencadenadas en Oriente Medio tras el 7 de octubre, entre otros acontecimientos trascendentales. Este verano me trasladaré a Washington D. C. para asumir el cargo de jefe de nuestra oficina en dicha ciudad.

La vida de la premio nobel iraní Narges Mohammadi «pende de un hilo»: hasta 113 galardonados piden su liberación

La vida de la premio Nobel de la Paz iraní Narges Mohammadi «pende de un hilo» mientras permanece ingresada en cuidados intensivos en Teherán, según ha advertido este lunes la Fundación que lleva su nombre, que denunció años de «negligencia médica sistemática» y reclamó su liberación incondicional. A este llamado se han unido otros 113 galardonados de distintas disciplinas, que han reclamado su puesta en libertad «plena e incondicional» y «sin demora». Los firmantes de la iniciativa, promovida por la Fundación Narges Mohammadi y la Iniciativa Mujeres Nobel, solicitan la retirada de todos los cargos en su contra porque afirman que la hospitalización «no resuelve la injusticia subyacente de su encarcelamiento ni los riesgos permanentes para su salud y seguridad».Esta declaración se produjo tras un comunicado publicado la víspera en el que los allegados de Mohammadi aseguraban que, pese al traslado, la vida de la premio Nobel de la Paz sigue en riesgo. «La suspensión temporal de la condena de mi madre es totalmente insuficiente. Tras años de encarcelamiento, aislamiento y negligencia médica sistemática, su vida pende de un hilo en la UCI», declaró Ali Rahmani, hijo de la activista y copresidente de la Fundación Narges.Mohammadi fue trasladada el domingo en ambulancia desde un centro médico de Zanjan, donde cumplía condena, hasta el Hospital Pars de Teherán gracias a una creciente presión internacional, según expuso la Fundación. «La negación de atención médica adecuada la expone a daños irreversibles», señalaron los firmantes de la declaración. En el documento se incide en las «graves complicaciones de salud» que presenta Mohammadi como una pérdida importante de peso,  presión arterial inestable y síntomas cardíacos severos.La periodista filipina y Nobel de la Paz, Maria Ressa, afirmó que el caso demuestra «exactamente lo que los autoritarios temen más: mujeres que dicen la verdad y se niegan a ser silenciadas». Por su parte, la Nobel de la Paz yemení, Tawakkol Karman, aseguró que Mohammadi «representa la voz valiente de las mujeres que resisten la opresión y exigen libertad». Entre los 113 firmantes figuran laureados de Química, Física, Medicina, Literatura, Economía y Paz, incluidos nombres como José Ramos-Horta, Annie Ernaux, Shirin Ebadi, Dmitry Muratov y Geoffrey Hinton, entre otros.