La victoria del derechista Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta electoral colombiana de este domingo, y la inminente declaración de Keiko Fujimori como nueva presidenta de Perú, a punto de terminar un lento recuento de votos que ya dura tres semanas, refuerzan el … giro trumpista que están viviendo los Gobiernos del continente americano.
No se trata de ningún vuelco social, pues tanto en Perú como en Colombia, al igual que en la mayoría de los países de la región, la opinión pública se ha mostrado muy polarizada —De la Espriella se impuso por menos del 1% de los votos (250.000) y Fujimori por un escasísimo 0,22% (40.000)—, pero de haber ganado sus contrincantes por la misma diferencia, hoy muchos estarían hablando sin matices de un triunfo de la izquierda. La victoria, por más que escasa, legitima por tanto hablar de un giro trumpista, porque desde luego los nuevos Gobiernos de Bogotá y Lima irán del brazo de Donald Trump.
De la Espriella, para quien Trump ha pedido el voto una vez quedó como único candidato de toda la derecha, se acerca en muchos aspectos al perfil del presidente estadounidense: descaradamente populista, extravagante y retóricamente agresivo, de actitudes machistas y soluciones extremas. Fujimori no guarda esa similitud con Trump ni tuvo el apoyo expreso de la Casa Blanca, dado que el trumpista era su contrincante en la derecha, Rafael López Aliaga, quien se quedó en puertas de la segunda vuelta.
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Lorena Gamarra
Sin embargo, Fujimori alineará su política exterior con la de Washington. Con ella, Perú tendrá el primer Gobierno abiertamente de derecha en lo que va de siglo, desde el propio Alberto Fujimori, padre de la candidata ganadora.
Derechización regional
La derechización de Latinoamérica está siendo contundente; la izquierda solo ganó en las elecciones de Uruguay de finales de 2024 y está por ver cómo le irá a Lula da Silva en las presidenciales brasileñas del próximo mes de octubre, contra un hijo de Jair Bolsonaro. Por primera vez en décadas, la derecha radical se ha impuesto a lo que se ha considerado la derecha tradicional: pasó en Argentina con Milei, ocurrió en Chile con Kast y ahora en Colombia con De la Espriella.
La propia derecha moderada se ha lanzado a propuestas más radicales en materia de seguridad, como Daniel Noboa en Ecuador, Nasry Asfura en Honduras y Laura Fernández en Costa Rica, siguiendo el ejemplo de la lucha contra las maras de Bukele en El Salvador. Incluso Gobiernos más sociales, como el de Guatemala, no han tenido más remedio que abrir una estrecha cooperación con Trump, y los de Guayana y Trinidad y Tobago han colaborado con el despliegue militar estadounidense en el Caribe.
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Al margen del debate sobre si la figura de Trump, como modelo, ha influido en los candidatos y las opiniones públicas latinoamericanas —además de la injerencia que haya podido ejercer en algunas campañas electorales—, lo que está claro es que la región ha quedado a los pies del controvertido presidente estadounidense, allanando el camino para la aplicación de la «Doctrina Donroe» con cierta aquiescencia de los Gobiernos vecinos.
Colombia: un presidente sin bancada
Abelardo de la Espriella será el presidente con el menor apoyo de partida en el Congreso colombiano. Siendo un «outsider» que iba por libre, en las elecciones legislativas del 8 de marzo el reparto de escaños fue para los partidos tradicionales, mientras que el pequeño partido al que se acogió, Salvación Nacional, solo obtuvo cuatro puestos en el Senado y uno en la Cámara de Representantes. En ambas cámaras, el partido con más presencia es el Pacto Histórico del hasta ahora presidente Gustavo Petro y su candidato aliado, Iván Cepeda, seguido de la derecha tradicional del Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe.
De la Espriella pueda construir una mayoría del Gobierno sumando al Centro Democrático y otros partidos de derecha y centroderecha; con ellos tendrá que consensuar políticas, si bien ejercerá la presidencia de modo muy personalista, como ha hecho Petro, con quien comparte el mismo egocentrismo y narcisismo. No es previsible que una política de seguridad de «mano dura» y la aproximación a EE.UU. en el combate contra el narcotráfico generen especiales divisiones en el bloque del Gobierno —aunque algún episodio que comprometa la propia soberanía comportaría controversia—, pero la carencia de una plataforma partidista propia sitúa al candidato electo en una situación no especialmente cómoda.
Perú ingresará en el Escudo de las Américas
En Perú, el partido de Keiko Fujimori, Fuerza Popular, cuenta con las mayores bancadas en el Senado y en la Cámara de Diputados, pero estas solo suponen un tercio de los asientos, por lo que tendrá que buscar socios estables de gobierno. Dadas las dinámicas cainitas de la política peruana, que los últimos años han propiciado varias destituciones presidenciales, es arriesgado esperar un periodo de gran estabilidad: la clave estará en la actitud de Renovación Popular, de López Aliaga, y de otras formaciones de centroderecha, como el Partido del Buen Gobierno y el Partido Cívico, y en la capacidad de Fujimori para trabajar con ellas.
Perú, al sur de la línea del ecuador, señalada por la Administración Trump como límite del área de implicación directa de EE.UU. en cuestiones de seguridad, presenta menos riesgos para Washington en materia de narcotráfico o crimen organizado, lo que justificaría la no injerencia de Trump en las elecciones presidenciales peruanas.
No obstante, Perú se ve afectado por la «Doctrina Donroe» en tanto que es uno de los países americanos con mayor penetración china. Aunque Fujimori no querrá dañar las perspectivas económicas del país, es posible que deba poner algún freno a la expansión china, tal vez limitando las expectativas de crecimiento del puerto de Chancay, construido y gestionado por los chinos.
En cualquier caso, el Perú de Fujimori muy probablemente se integrará en el Escudo de las Américas, la alianza creada por Trump para coordinar los esfuerzos hemisféricos en materia de seguridad, de la que además de Washington forman parte otros 12 países, entre los que no estaba Perú.