Rubio pone a España como ejemplo para la transición en Venezuela
Marco Rubio compareció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para poner en palabras, con un nivel de detalle hasta ahora inusual, la arquitectura que Estados Unidos dice estar construyendo para Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. Presentó la estrategia … como un proceso gradual de estabilización, recuperación y transición, cuyo objetivo final es una Venezuela «aliada, estable, próspera y democrática», con elecciones libres y justas, pero advirtió que ese horizonte no se alcanza en semanas y exigirá tiempo y etapas claras.
Rubio recurrió a una metáfora médica para describir el país como un paciente con una pierna rota y una lesión interna que amenaza la vida, insistiendo en que primero hay que evitar el colapso antes de corregir otros daños, y que la recuperación no puede acelerarse como «un plato congelado en el microondas». Afirmó que por primera vez en más de una década y media existe una posibilidad real de transformación, con comunidades venezolanas en Estados Unidos esperando regresar e invertir en la reconstrucción. Como ejemplo, citó transiciones como las de España y Uruguay, subrayando que el paso de la autocracia a la democracia no es lineal, con altibajos, aunque dijo que la tendencia hasta ahora va en la dirección correcta.
El secretario de Estado intentó ordenar la transición en tres objetivos. El final, insistió, es una Venezuela «amigable, estable, próspera y democrática», con elecciones libres y justas en las que todos los sectores estén representados. Subrayó que no basta con votar si la oposición no tiene acceso a medios o si los candidatos son inhabilitados. Pero reconoció que ese horizonte no se alcanza en semanas. «Va a llevar tiempo», admitió.
En ese punto entró el mecanismo central de esta fase: el petróleo y el dinero. Rubio explicó que Estados Unidos mantiene sanciones y una «cuarentena» sobre el crudo venezolano, que impide su libre salida al mercado. Washington, dijo, ha aceptado un arreglo temporal: permitir que parte del petróleo se venda a precio de mercado —no con el descuento que, según él, recibía China— a cambio de que los ingresos se depositen en una cuenta bajo supervisión estadounidense. Ese dinero, afirmó, debe gastarse «en beneficio del pueblo venezolano».
El segundo objetivo, explicó, es una fase de recuperación. Normalizar la industria petrolera, sacar al sector de la corrupción y del dominio criminal, y convertir los recursos naturales en motor de estabilidad futura. Rubio recordó que, aunque Venezuela tenga las mayores reservas del mundo, su petróleo es el salvavidas que permitirá sostener el país si se gestiona bajo reglas normales.
Apertura económica y política
En ese marco, dio crédito a las autoridades actuales por haber aprobado una nueva ley de hidrocarburos que elimina restricciones de la era Chávez a la inversión privada. Reconoció que puede no ser suficiente para atraer capital masivo, pero la presentó como un «gran paso» en apenas tres semanas.
La transición, añadió, también implica abrir espacio político. Rubio habló de presos políticos —hasta 2.000 según algunas estimaciones— y afirmó que están siendo liberados, aunque «más lento» de lo que él quisiera. Dijo que algunos liberados empiezan a hablar y a participar en la vida pública, pero admitió que queda una lista larga.
Rubio insistió en que nada de esto habría sido posible con Maduro en el poder. Recordó que se intentó durante años negociar su salida y que Maduro rompió todos los acuerdos. Citó como ejemplo un pacto con la Administración Biden que, según él, terminó en incumplimiento: liberaciones parciales seguidas de nuevas detenciones, promesas electorales rotas, inhabilitación de candidatos como María Corina Machado. Rubio describió a Maduro como alguien con quien «no se puede hacer un trato».
El secretario de Estado partió de un diagnóstico muy duro del chavismo como amenaza estratégica hemisférica. Describió el régimen de Maduro como un «régimen narcotraficante» dirigido por un «individuo acusado» que convirtió Venezuela en base operativa de adversarios globales. Aseguró que Irán tenía allí su principal plataforma en el hemisferio occidental, que Rusia utilizaba Caracas como eje de proyección regional y que Cuba y Nicaragua formaban parte de ese mismo entramado.
Cortar la influencia china
Añadió que China recibía petróleo venezolano con descuentos de hasta 20 dólares por barril, en ocasiones sin pagar en efectivo, sino como forma de amortizar deuda. Venezuela, dijo, no era un problema lejano, sino una amenaza instalada «en nuestro propio hemisferio», con efectos directos en Estados Unidos, Colombia y el Caribe.
Rubio justificó el sistema como respuesta a una urgencia de tipo material. Venezuela, sostuvo, se estaba quedando sin capacidad de almacenamiento y se enfrentaba a un colapso fiscal inmediato. Necesitaban dinero para pagar servicios básicos: policías, trabajadores de saneamiento, funcionamiento mínimo del Estado. El mecanismo, dijo, no es permanente, pero permite evitar un desplome en el corto plazo mientras se administra la transición.
El esquema incluye, según Rubio, un control operativo del gasto. Las autoridades venezolanas deben presentar presupuestos con necesidades concretas. Estados Unidos define desde el inicio para qué no puede usarse el dinero. Rubio afirmó que las autoridades han sido «muy cooperativas». Incluso dijo que han prometido destinar una parte sustancial de esos fondos a comprar medicinas y equipos directamente a Estados Unidos.
El secretario de Estado se detuvo también en un elemento técnico que considera estratégico: los diluyentes necesarios para mezclar el crudo pesado venezolano. Aseguró que Venezuela obtenía antes el 100% de esos diluyentes de Rusia y que ahora los obtiene completamente de Estados Unidos. En su relato, esa dependencia forma parte del nuevo sistema de control y estabilización.
Rubio anunció que las autoridades venezolanas han prometido comprar directamente a EE.UU. medicinas y equipamientos
Rubio añadió, además, un punto especialmente sensible: el trato con el entorno de Delcy Rodríguez en esta fase. Subrayó que no se trata de una apuesta permanente, sino de una estabilización transicional. Reconoció que están tratando con «individuos que han estado involucrados en cosas que en nuestro sistema no serían aceptables». Y describió el chavismo como un sistema sostenido por la corrupción: «El pegamento que mantenía unido al régimen no era la ideología».
Asimismo, el secretario de Estado expresó un respeto claro por María Corina Machado y subrayó que la conoce desde hace años, que ha tratado con ella de cerca y que incluso tenía previsto reunirse con ella de nuevo. En ese intercambio, explicó que los comentarios de Trump antes diciendo que no tiene «respeto» en Venezuela no iban dirigidos a cuestionar su legitimidad personal, sino a describir una realidad incómoda del momento actual: que, «nos guste o no», el control efectivo dentro de Venezuela sigue en manos de quienes dominan las armas, las instituciones y el aparato del Estado.
Rubio sostuvo que ese es el punto central que Trump quería señalar. Machado puede tener respaldo moral y reconocimiento internacional, pero hoy no controla las estructuras de poder interno. Por eso, dijo, la transición que Estados Unidos intenta activar busca precisamente abrir un proceso de estabilización y recuperación en el que ella y otros actores democráticos puedan «formar parte» de una salida política real, aunque el aparato siga todavía en manos del bloque chavista.
El dinero del petróleo
Para responder a quienes temen que el dinero termine en redes criminales, Rubio detalló un blindaje adicional. Dijo que los ingresos del petróleo sancionado se depositan en una cuenta bloqueada bajo control estadounidense y que «por adelantado diremos en qué puede gastarse este dinero». Caracas debe presentar solicitudes presupuestarias y, como parte del mecanismo, se financiará un proceso de auditoría para verificar el destino de los fondos. Confirmó que se ha hecho ya un primer pago, necesario para cubrir nóminas y mantener en funcionamiento servicios básicos, y explicó que ese desembolso será auditado retrospectivamente.
En ese contexto, Rubio introdujo otro elemento clave del «día después»: la apertura gradual de actividad económica bajo control estadounidense. Señaló que, para estabilizar el país, será necesario conceder licencias a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), el organismo del Tesoro que autoriza excepciones a las sanciones. Lo explicó de forma simple: cualquier empresa que quiera explorar oportunidades o realizar actividad económica en Venezuela necesitará una licencia del Tesoro para poder operar legalmente.
Sobre la operación que lo sacó del poder, aportó otro dato: Maduro tenía una recompensa de 50 millones de dólares, la mayor emitida por Estados Unidos, y varias administraciones, de ambos partidos, buscaban su arresto. Dijo que se hicieron intentos para que se fuera voluntariamente antes de ejecutar la opción de removerlo.
El resultado, según Rubio, es que por primera vez en veinte años Estados Unidos mantiene conversaciones serias con autoridades venezolanas sobre cooperación antidrogas, persecución de organizaciones criminales y reducción de la presencia iraní, rusa y china. Recordó que Venezuela fue en otro tiempo un aliado fuerte de Estados Unidos antes de Chávez, y que Washington aspira a reconstruir esa relación.
Para Rubio, el objetivo final es una transición que debe culminar en una Venezuela democrática y alineada con Washington
Finalmente, habló de la dimensión diplomática. Dijo que habrá un relevo al frente de la unidad de asuntos venezolanos y que ya hay un equipo estadounidense sobre el terreno evaluando una reapertura rápida de presencia diplomática. Eso permitiría contacto directo no solo con las autoridades interinas, sino con la oposición y la sociedad civil.
Rubio dijo que el país viene de décadas de sistema «gangsteril». Pero afirmó que, en menos de un mes, están más avanzados de lo esperado. Y dejó claro el mensaje central de su plan: estabilidad primero, control del dinero del petróleo bajo supervisión estadounidense, licencias económicas bajo OFAC, reformas iniciales, liberaciones graduales y una transición que, en su visión, debe culminar en una Venezuela democrática y alineada con Washington.

