Internacional - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

La prisión interminable de Narges Mohammadi, la voz que el régimen iraní no ha logrado silenciar

¿Cómo es una cárcel donde están los principales enemigos del régimen iraní? ¿Cuáles son las diferentes formas de tortura que usan los policías iraníes? ¿Qué es la tortura blanca?Todas estas preguntas puede responderlas la premio Nobel de la Paz de 2023, Narges Mohammadi … . Activista, periodista, defensora de los derechos de las mujeres y víctima de las tácticas más atroces dentro de las prisiones de su propio país, Mohammadi, de 54 años, lleva desde los 20 entrando y saliendo de cárceles iraníes, pasando temporadas bajo arresto domiciliario y cumpliendo la condena más dura de todas: lleva más de una década sin poder ver a sus dos hijos, exiliados en París junto a su padre.

Hasta hace una semana, Mohammadi cumplía condena en una cárcel de Mashhad, al noreste de Irán. Fue arrestada en diciembre, justo cuando el país se levantaba contra el régimen, en medio de unas protestas que se convirtieron en las más multitudinarias y prolongadas de los últimos años. Era la decimocuarta vez que Mohammadi era detenida y, con un estado de salud ya delicado, este nuevo encarcelamiento supuso un duro golpe para ella. «Durante el arresto fue golpeada brutalmente, lo que provocó que comenzara a sentirse mal y las autoridades no le prestaron atención médica. Fue condenada a otros siete años y medio de prisión», cuenta desde su exilio en Oslo Hamidreza Mohammadi, hermano de Narges.

Noticia relacionada

Carlota Pérez

Su familia y sus abogados son los únicos lazos que existen entre ella y el mundo exterior. En las últimas semanas, lo que más preocupación ha generado ha sido la escasa información que llegaba, a cuentagotas, sobre su situación médica. Además de los comunicados emitidos por la fundación que lleva el nombre de Narges denunciando su situación, su hermano define su estado como «de peligro de muerte». Con voz apagada y preocupada, Hamidreza narra los problemas de salud que fue sufriendo su hermana durante su estancia en la prisión de Mashhad. Esta no es una cárcel cualquiera: «Aquí están los presos más peligrosos del país y esta es una forma más de presionar y torturar a mi hermana».
Desde diciembre, Mohammadi «comenzó a sufrir fuertes dolores en el pecho y graves fluctuaciones de tensión arterial. A pesar de ello, las autoridades no actuaron hasta que sufrió un paro cardíaco en prisión», relata su hermano. Es decir, mientras estuvo encarcelada sufrió un infarto y nadie la atendió. «Otro día perdió el conocimiento debido a las bruscas subidas y bajadas de tensión y solo cuando quedó inconsciente fue trasladada a una unidad coronaria de cuidados intensivos», explica durante la llamada.

«Desde diciembre, Narges comenzó a sufrir fuertes dolores en el pecho y graves fluctuaciones de tensión arterial. A pesar de ello, las autoridades no actuaron hasta que sufrió un paro cardíaco en prisión»

Hamidreza Mohammadi
Hermano de la premio Nobel de la Paz

Por momentos, Hamidreza pensó que no volvería a hablar nunca más con su hermana. Hace más de diez años que no se ven, el mismo tiempo que llevan los hijos de Narges sin poder abrazarla. La última vez que hablaron los dos hermanos fue un día antes de su arresto. La situación en Irán era entonces especialmente complicada. Era diciembre y las protestas contra el régimen y el ayatolá Ali Jamenei se sucedían por grandes y pequeñas ciudades del país. La desbordante inflación, que disparó el precio de los productos básicos mientras los salarios perdían poder adquisitivo, empujó a miles de personas a salir a las calles. Era un grito claro: ya no podían más. Durante semanas, las movilizaciones se multiplicaron y el régimen respondió con una fuerte represión, detenciones masivas y un bloqueo de las comunicaciones que afectó a gran parte de la población.
El Gobierno cifró en 3.000 las personas detenidas, aunque organizaciones como Human Rights Watch y grupos locales elevan esa cifra a más de 20.000. Una de esas personas fue Narges. Sabía muy bien lo que le esperaba: era la decimocuarta vez que la arrestaban. Las acusaciones contra ella son, según su hermano, las habituales contra los disidentes iraníes: «propaganda contra el régimen» y «conspiración contra la República Islámica de Irán».

Atacados desde fuera y desde dentro

La brutal represión de las protestas dejó cientos de muertos y miles de detenidos. Al mes siguiente, Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva contra la república islámica. Entonces, expertos de Naciones Unidas y buena parte de la comunidad internacional advirtieron de que el conflicto tendría un claro perdedor: la población iraní, «atacada desde fuera y desde dentro». «La guerra entre Israel y Estados Unidos ha empeorado la situación de los presos iraníes, ya que el régimen ha intensificado la represión y utiliza el conflicto para acusar de colaborar con enemigos a cualquiera que critique al Gobierno», sostiene el hermano de la premio Nobel.
Sobre esa represión ya habló Narges en su libro ‘Tortura blanca’, donde entrevista a doce mujeres iraníes que, como ella, estuvieron encarceladas en Irán y relata en primera persona cómo fueron sus primeros pasos por prisión. De esta manera, es posible imaginar cómo han sido estos últimos meses para la Nobel de la Paz, pero también para los miles de activistas y ciudadanos que sufrieron las consecuencias de manifestarse contra el Gobierno.

«La guerra entre Israel y Estados Unidos ha empeorado la situación de los presos iraníes, ya que el régimen ha intensificado la represión»

Hamidreza Mohammadi
Hermano de la premio Nobel de la Paz

La primera vez que Mohammadi fue arrestada fue en 1998, aunque no entró en prisión hasta 2001. Así lo narraba en su libro: «Montamos en un Peugeot. Me dijeron que agachara la cabeza (…) Con los ojos vendados, salí del coche y entré en un pabellón de la cárcel. Era la primera vez que me encerraban en una celda. ¡Qué lugar más extraño! Una caja minúscula, sin ventana ni ninguna comunicación con el exterior».
«El aire dentro de la celda era sofocante y me resultó difícil respirar; por ese motivo no podía hacer ejercicio. No tenía apetito. Me traían la comida, pero la devolvía sin apenas probarla. Repetidas veces pedí al funcionario que abriera un poco la puerta. El hecho de que estuviera siempre cerrada me enfermaba. Más tarde, consultando con un psicólogo, supe que sufría claustrofobia».
La siguiente vez que fue encarcelada fue en 2010, ya con sus hijos como testigos. Y así, una detención tras otra, hasta hoy. Ahora espera recuperarse de las graves secuelas provocadas por semanas de negligencias médicas, tras quedar en libertad bajo fianza pagada por su equipo legal.

El aire dentro de la celda era sofocante. Me traían la comida, pero la devolvía sin apenas probarla. Más tarde, supe que sufría claustrofobia»

Narges Mohammadi
Premio Nobel de la Paz

Su situación sigue siendo preocupante y el último parte médico no tranquiliza a nadie: «Mohammadi se encuentra hospitalizada en la Unidad de Cuidados Cardíacos (UCC) para continuar su tratamiento y recibir monitorización constante, y se le ha recalcado que cualquier factor estresante, ansiedad o ira puede interrumpir su recuperación y empeorar su estado», señala el último comunicado.
Habrá que esperar para ver si se sale de esta, igual que habrá que esperar si Irán cambia de régimen.

Teníamos que haber ido a Eurovisión

Deberíamos haber participado en Eurovisión. Es un festival de música, no una plataforma geopolítica. Justo en eso lo han convertido España y los otros países que abrieron el debate de su participación por la presencia de Israel, por mucho que reivindicaran lo contrario. Y por poco logran que gane la candidatura israelí con el apoyo masivo del televoto. Si es que ya se sabe que no hay nada como montar un boicot para conseguir el efecto contrario.El caso es que dudo de que el sábado alguien por Viena echase de menos una canción con eñe. La realidad es que nuestra participación en el festival, históricamente, tiende más al bochorno que a otra cosa. Aun así, somos de los países que más eurofans suman, aunque este año muchos hayan tenido que hacer como que lo que pasaba en el escenario les traía totalmente al pairo. Los que mandan decidieron por ellos, y por todos nosotros, que era intolerable compartir candidatura nacional con el representante de Israel. Mejor ahorrarse una actuación más de una supuesta diva para el olvido y así ganar seguro el debate ideológico. ¡Twelve points en tranquilidad moral! O igual ha sido más presión moral. Pensar lo contrario, que sí que había que cantar por mucho que estuviera Israel, te señalaba como persona poco comprometida con los derechos humanos.Yo creo que nadie en su sano juicio está satisfecho con lo que ocurre en Gaza. En los últimos tiempos hemos asistido a una escalada de violencia profundamente dolorosa que el debate público parece haber convertido en un marcador de integridad ideológica. El resultado es que la mayoría de la gente, ya sea de derechas o de izquierdas, lo vive de una forma mucho más emocional que política. De ahí que el conflicto se haya acabado trasladando a algo tan vacuo como un festival de música. Y que la decisión de ni siquiera emitirlo por televisión, perdiendo la audiencia, el patrocinio y otras cosas que dejan su buena pasta, resulte algo incoherente.Lo cierto es que seguimos compartiendo, y echando por la tele, competiciones deportivas en las que participamos junto a Israel como la Euroliga de baloncesto, la Copa Davis o las clasificatorias del Mundial. Por no hablar de la cantidad de cosas con las que convivimos cada día sin ser conscientes de su procedencia: aplicaciones móviles, procesadores de ordenadores, equipos hospitalarios, medicamentos genéricos… En un mundo completamente globalizado resulta bastante imposible aislar a ningún país. Todo intento de conseguirlo, al final, tiende a quedarse simplemente en un símbolo. Y la realidad es que eso suele salir mucho más barato que mantener la coherencia absoluta en las convicciones.

El régimen de Delcy ignoró su Constitución para extraditar a Alex Saab

Alex Saab llegó el sábado por la noche al aeropuerto ejecutivo de Opa-Locka, en el condado de Miami-Dade, deportado esta vez por el propio régimen de Venezuela a Estados Unidos. El empresario venezolano, nacido colombiano, aliado estrecho durante años de Nicolás Maduro … y señalado por Washington como su presunto testaferro, aterrizó escoltado por agentes federales de la DEA, la agencia antidroga norteamericana. Venía de Caracas, donde había sido trasladado bajo custodia desde El Helicoide hasta el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, antes de embarcar en un jet Gulfstream con matrícula estadounidense rumbo a Miami.
Es la insólita segunda entrega de Saab a la justicia estadounidense. Pero esta vez no llegó desde un tercer país, como ocurrió tras su detención en Cabo Verde en 2020, sino enviado por el mismo poder venezolano que durante años lo convirtió en símbolo de resistencia frente a Washington. El régimen anunció la medida con una fórmula calculada: «La medida de deportación fue adoptada tomando en consideración que el referido ciudadano colombiano se encuentra incurso en la comisión de diversos delitos en los Estados Unidos de América, tal como es público, notorio y comunicacional».

El comunicado lo llamó «ciudadano colombiano», aunque Venezuela había presentado ante la Justicia de Estados Unidos al menos dos pasaportes venezolanos de Saab y lo había defendido como diplomático propio. Saab no fue solo un contratista protegido por el chavismo. Llegó a ser ministro de Industria y Producción Nacional en octubre de 2024, después de regresar a Venezuela tras el indulto de Joe Biden, y solo fue destituido por Delcy Rodríguez ya bajo el nuevo poder en Caracas, tutelado desde la Casa Blanca.

Pasaporte íntegro de Alex Saab (venezolano, pese a que el régimen insiste en presentarlo solo como colombiano) que obra en poder de la Fiscalía y documenta entradas y salidas de Rusia, Irán, República Dominicana, Cuba y otros países clave en la red de tráfico de crudo para evadir… pic.twitter.com/eaHFZZKJlx— David Alandete (@alandete) May 17, 2026
Literalmente, el artículo 69 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dice: «La República Bolivariana de Venezuela reconoce y garantiza el derecho de asilo y refugio. Se prohíbe la extradición de venezolanos y venezolanas». El régimen, pues, decidió interpretar que sus dos pasaportes venezolanos no eran válidos, sin explicar más,
El nuevo caso que puede esperar a Saab en Miami no sería el mismo que Biden cerró con el indulto de 2023. Aquel perdón estaba limitado a la imputación de Florida de 2019, contra el propio Saab y su socio Álvaro Pulido, por el contrato de viviendas sociales, las supuestas mordidas a funcionarios venezolanos, las facturas falsas y el blanqueo de unos 350 millones de dólares a través del sistema cambiario de CADIVI. Ese juicio nunca llegó a celebrarse. Saab fue extraditado desde Cabo Verde, estuvo preso en Estados Unidos y la Fiscalía se quedó sin llevar a veredicto y sentencia un caso colosal que le había ocupado largos años.
Lo que quedaba fuera de aquel indulto era otro frente: el petróleo, las sanciones y la posible evasión de sanciones. Ahí aparece como precedente clave la Orden Ejecutiva 13850, el decreto que Trump utilizó en su primer mandato para actuar contra redes petroleras vinculadas al régimen de Maduro y contra quienes operaban en sectores estratégicos de la economía venezolana con apoyo de intermediarios en México. Esa vía no trata ya solo de sobornos para obtener contratos o de facturas falsas, sino de cómo se movieron dinero, petróleo, empresas pantalla, intermediarios y operaciones internacionales para sostener financieramente al chavismo pese a las sanciones de Estados Unidos.

La trama de PDVSA y sanciones

La Fiscalía no parte ahora de cero. Ya había descrito una red de contratos públicos, pagos a funcionarios, documentos fraudulentos y transferencias internacionales con Saab y Pulido en el centro. Después llegó otra línea de investigación sobre los CLAP, las cajas de alimentos importadas a precios muy inflados, en la que Saab aparecía señalado como posible «coconspirador». Ahora, con Saab de vuelta en Miami, podrá ofrecer información sobre PDVSA, el petróleo, las sanciones y la arquitectura financiera que mantuvo en pie el poder de Maduro.
Saab está ahora en el Distrito Sur de Florida, bajo control de la Fiscalía que investigó durante años sus negocios con el chavismo. Formalmente, no forma parte de la gran causa contra Maduro en Nueva York, donde el dictador se enfrenta a cargos de narcotráfico. Pero puede convertirse en un testigo clave para ese proceso. Su caso es otro, con otro expediente y otra jurisdicción, aunque el efecto político y judicial puede cruzarse. Saab conoce los contratos, los pagos, los intermediarios y las rutas del dinero.

Para la imputación que se va a hacer pública, importante tener en cuenta el nexo de Alex Saab con PDVSA y con un mexicano llamado Joaquín Leal, es crucial para entender el nuevo caso por el que ha sido extraditado. Esto es un documento oficial de la Fiscalía de Florida. pic.twitter.com/1ZxByQgZqp— David Alandete (@alandete) May 17, 2026
En un gráfico del Tesoro norteamericano, fechado en junio de 2020, Saab ya aparece no solo como contratista favorecido por el chavismo, sino como pieza de una red de evasión de sanciones en torno al petróleo venezolano. La Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, lo situó junto al mexicano Joaquín Leal Jiménez en una operación descrita como petróleo por alimentos, a través de empresas pantalla con base en México, entre ellas Libre Abordo y Schlager Business Group. En el centro de la trama figuraba PDVSA, la petrolera estatal venezolana, usada durante años como caja financiera del poder chavista.

Formalmente, Saab no forma parte de la gran causa contra Maduro en Nueva York, pero puede convertirse en un testigo clave para ese proceso

El documento es relevante porque conecta a Saab con una arquitectura distinta a la del viejo caso de las viviendas sociales. Lo presentaba ya entonces en 2019 EE.UU. como uno de los individuos previamente sancionados que dirigían el esquema desde dentro de Venezuela, junto a Tareck El Aissami, otro hombre fuerte del chavismo, ya señalado por Estados Unidos bajo la ley de narcotraficantes extranjeros y acusado por su cuenta en Nueva York por violaciones de sanciones.
La red descrita por el Tesoro incluía sociedades en México, Estados Unidos, Reino Unido y Singapur. Libre Abordo y Schlager Business Group aparecían como empresas mexicanas utilizadas en el intercambio de petróleo por alimentos; Alel Technologies y Luzy Technologies, registradas en Delaware y con dirección en Boston, figuraban como entidades controladas por personas sancionadas; y Washington Trading, en Londres, y Cosmo Resources, en Singapur, completaban el mapa internacional de evasión de sanciones. Para la Fiscalía, esa estructura puede ser ahora una puerta de entrada a otra causa: cómo el chavismo movió crudo, dinero y contratos para sobrevivir al cerco financiero de Washington. Ese es el centro del nuevo caso.
El hombre que Biden sacó de prisión antes del juicio vuelve ahora por decisión de Trump a manos de una Fiscalía que conoce su historial, sus empresas, sus viajes, sus socios y sus conexiones con PDVSA, y que hasta puede ofrecerle cooperar en el caso contra Maduro.

Trump y el 'blues' de la gasolinera: «Estos precios nos están matando»

No abundan las caras de felicidad en la gasolinera de BP en Atlantic Avenue, a la altura de la avenida Brooklyn, en el distrito de Nueva York con el mismo nombre. «Yo antes llenaba el tanque con 35 dólares, ahora necesito 70», dice Mario, con … el surtidor en la mano y su esposa esperando dentro del coche. «Y mi sueldo sigue igual».
El ‘pump pain’, el dolor del surtidor, se siente con fuerza en EE.UU. Aquí la gasolina está hoy a 4,39 dólares el galón. Sería una ganga en España (un galón son 3,78 litros), pero aquí es un precio disparado. «Hace no tanto estaba a 2,5 dólares», dice Erwin, otro usuario de esta gasolinera, pegada a una de las principales arterias de tráfico de Brooklyn, entre los bocinazos de los camioneros impacientes.

Es una situación que se repite en todo el país, con independencia de las diferencias de precios entre estados. La media nacional del galón de gasolina está en 4,52 dólares, y no llegaba a los 3 dólares el pasado 28 de febrero. En la madrugada de aquel día, Donald Trump se puso una gorra y compartió un vídeo en el que anunciaba el comienzo de una guerra de EE.UU. e Israel contra Irán. Sería una campaña militar rápida, de entre cuatro y seis semanas, con el objetivo de desmantelar el programa nuclear de Irán (algo que ya debía estar conseguido, después de que Trump sostuviera que había quedado «destruido» unos meses antes, en los bombardeos del pasado junio, también de forma conjunta con Israel. Pero esa es otra historia). De paso, la operación permitiría un cambio de régimen en Irán: adiós a la teocracia de los ayatolás, el poder se lo quedaría el pueblo iraní.

Noticia relacionada

David Alandete

Han pasado más de once semanas desde aquel anuncio. Irán mantiene el uranio enriquecido que motivó la guerra. El régimen de los ayatolás sigue en pie, pese a la eliminación de su líder supremo y otros miembros clave de la cúpula. El Ejército iraní ha sido arrasado, pero mantiene la capacidad de atacar a sus vecinos. Y, sobre todo, Irán ha salvado su gran baza estratégica y militar: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo y del gas mundiales, además de otros suministros clave, como buena parte de los fertilizantes para la industria agrícola. Ese bloqueo, suspendido en un ‘impasse’, sin avance en las negociaciones con Irán, se nota con fuerza en el surtidor en esta orilla del Atlántico..
«Estos precios nos están matando», asegura Jackson, cuyos ingresos dependen en buena medida de los precios del combustible: trabaja como conductor de Uber y la compañía no compensa el alza en los costes. Pero el dolor va más allá de la gasolinera. En abril, la inflación se situó en EE.UU. en el 3,8%, su nivel más alto desde finales de 2023. Los costes energéticos empiezan a repercutir con claridad en otros bienes y servicios, y muerden cada vez más los bolsillos de los contribuyentes. «Todos sabemos de quién es la culpa», dice Jackson con media sonrisa, sin querer decir el nombre, antes de dar un portazo a la puerta de su Toyota.

En abril, la inflación se situó en EE.UU. en el 3,8%, su nivel más alto desde finales de 2023

Esquivar el problema

La guerra de Irán es, para lo bueno y para lo malo, una creación de Trump. Busca conseguir un éxito diplomático sin precedentes: desmantelar la amenaza iraní, el gran obstáculo a la estabilidad en Oriente Próximo. Pero el impacto económico de la guerra en los estadounidenses lleva también su firma. El 81% de los estadounidenses asegura que el precio del gas está ahogando su situación económica, según una encuesta reciente de NPR/PBS/Marist. Y el 63% le echa la culpa de forma directa al presidente.
Trump ha tratado de sacudirse el problema de los precios. Por un lado, relativizándolo. Ha defendido que la inflación en EE.UU. es mucho menor que con Joe Biden. Es cierto que su antecesor estuvo al volante cuando la inflación llegó al 9%. Pero también que ya había bajado al 3% cuando Trump regresó a la Casa Blanca. Lo mismo que el precio del barril de petróleo, que estuvo disparado con Biden por la guerra de Ucrania, pero que Trump heredó a 80 dólares. Ahora ha llegado a pasar de los 120.
El presidente de EE.UU. también ha defendido que el impacto económico es un «pequeño precio a pagar» por un bien mucho mayor, aplacar la amenaza nuclear iraní. Y ha prometido que será una inflación «a corto plazo» (eso ya lo decía la Administración Biden, y se probó equivocado) y que los precios se desplomarán en cuanto se reabra Ormuz.

El presidente de EE.UU. también ha defendido que el impacto económico es un «pequeño precio a pagar» por un bien mucho mayor, aplacar la amenaza nuclear iraní

Pese a la retórica, Trump sabe que tiene un gran problema encima. Ha tratado de suavizarlo con varias medidas. Desde el comienzo de la guerra, eliminó de forma temporal sanciones al sector petrolífero ruso, para aliviar al mercado energético, aunque eso fuera vestir a un santo para desvestir otro: si Rusia tiene un alivio económico, podrá extender su agresión a Ucrania.
Trump también ha relajado las regulaciones sobre transporte de petróleo y ha liberado millones de barriles de las reservas estratégicas. Su próximo paso, como ha reconocido hace unos días, podría ser la eliminación del impuesto federal que grava al combustible.
Pero esto no eliminaría el ‘blues’ de la gasolinera, la tristeza ante el surtidor. Solo eliminaría unos 18 céntimos por galón en el coste. Y supondría menos ingresos para recursos públicos.
Quizá lo peor es que no está nada claro hasta cuándo puede durar esta situación. Un análisis reciente de la Inteligencia de EE.UU., revelado por ‘The Washington Post’, señalaba que Irán podría aguantar la asfixia económica del bloqueo de Ormuz otros tres o cuatro meses. Es un periodo superior al que se anticipaba. Y no concuerda con las insistencias de Trump de que los iraníes están «desesperados» por llegar a un acuerdo. El presidente de EE.UU. dice que no permitirá que le metan prisa, que no le forzarán a llegar a un acuerdo que no sea plenamente satisfactorio. Pero la realidad es que el reloj corre en su contra.

Ataques demócratas

Las elecciones legislativas son a comienzos de noviembre. Antes del inicio de la guerra, el coste de la vida se había convertido en la gran prioridad electoral de los estadounidenses. La gasolina y la inflación solo multiplican su importancia y cada vez hay más análisis que indican que sus efectos se alargarán durante meses. El índice de confianza de los consumidores que elabora cada mes la Universidad de Míchigan está en su punto más bajo de la historia.
Trump trata de mirar para otro lado. «Yo no pienso en la situación financiera de los estadounidenses», aseguró hace unos días. «No pienso en nadie, solo pienso en una cosa: no podemos dejar que Irán tenga un arma nuclear, eso es todo».
Pero él sabe que los votantes piensan en su bolsillo cuando van a las urnas. Hasta el momento, el coste militar en la guerra de Irán asciende a 29.000 millones de dólares. Pero a eso hay que sumarle los 40.000 millones de dólares que los estadounidenses se han gastado solo en el coste extra del aumento de la gasolina y del diésel. Son casi 300 dólares por familia desde el comienzo de la guerra. Y que serán muchos más si el conflicto se alarga.

Los estadounidenses se han gastado 40.000 millones de dólares que solo en el coste extra del aumento de la gasolina y del diésel

Los demócratas, por supuesto, tratan de sacar partido. «El precio medio de la gasolina es 4,55 dólares por galón», escribió Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, este viernes en redes sociales. «¿Así es la edad dorada de América?», preguntaba con ironía sobre una de las grandes promesas de Trump. Es el mismo Jeffries que pedía a los republicanos que no hicieran «juegos políticos» cuando el combustible se disparó bajo la presidencia de Biden, por la guerra en Ucrania. Ahora es su carta para recuperar el poder en el Congreso.

Cuba reivindica su derecho a la defensa propia y advierte de un «baño de sangre» en caso de invasión

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, ha advertido este domingo de que su país ejercerá el derecho a la defensa propia «hasta las últimas consecuencias» si es atacado y ha advertido de que ello provocaría «un baño de sangre».»Cuba es un país de paz, pero si es atacado militarmente, ejercerá su derecho a la defensa propia hasta las últimas consecuencias, con el apoyo masivo del pueblo», ha afirmado Rodríguez en una entrevista con el medio Clash Report publicada este domingo.Rodríguez ha respondido así a la información publicada este domingo por el portal estadounidense Axios, que informa de que la compra por parte de Cuba de 300 drones militares ha activado todas las alarmas en Estados Unidos, que cree que La Habana podría utilizarlos para atacar la base de Guantánamo, buques militares estadounidenses o incluso Key West, en Florida, ubicado apenas a 144 kilómetros de la isla.El ministro de Exteriores cubano ha recordado en la entrevista que «la única base militar extranjera que hay en Cuba, la única presencia militar extranjera que hay en Cuba, es la indeseada presencia de la base naval de Guantánamo que usurpa Estados Unidos a nuestro territorio».Rodríguez también se ha referido a las palabras de Trump del viernes, en las que advertía de que podría enviar al portaaeronaves ‘USS Gerald Ford’ a las costas de Cuba para forzar un acuerdo o un cambio de régimen. «Tomamos en serio siempre las palabras del presidente de los Estados Unidos, aunque el calado de un portaaviones no le permitiría colocarse a la distancia de las costas de Cuba que al parecer se ha comentado», ha afirmado Rodríguez.En la misma línea, el viceministro de Exteriores cubano, Carlos Fernández de Cossío, ha publicado este domingo en redes sociales un mensaje para denunciar que se «intensifica» el «esfuerzo anticubano» para «justificar sin excusa alguna una agresión militar contra Cuba» con «acusaciones cada vez más inverosímiles». «EEUU es el país agresor. Cuba, el país agredido, amparado en el principio de legítima defensa», ha añadido.

Dos cazas estadounidenses chocan en pleno vuelo durante una exhibición en Idaho

Dos aviones de combate F-18 estadounidenses han quedado destruidos este domingo tras colisionar en pleno vuelo durante una exhibición en la Base Aérea de Mountain Home, en Idaho. Los cuatro pilotos han logrado eyectarse y se encuentran bien.El incidente ha ocurrido … durante el festival Gunfighter Skies cuando dos cazas E/A-18G Growler del equipo Vikings que volaban en paralelo se han enganchado hasta provocar la caída de ambos aparatos a tierra.

Un portavoz de la base, Antwain Hanks, ha confirmado el incidente al diario ‘Idaho Statesman’ y ha señalado que los militares «están a salvo».

Noticia relacionada

Natalia Loizaga

Los servicios de emergencia se han desplazado hasta el lugar, incluido un helicóptero. «Hemos visto cuatro buenos paracaidistas, lo que siempre es positivo en nuestro mundillo», ha destacado el narrador del espectáculo tras el incidente.

Dos cazas colisionan en pleno show aéreo en Idaho, Estados Unidos, y se estrellan frente a los espectadores. pic.twitter.com/CRAd2kekJ2— Wall Street Wolverine (@wallstwolverine) May 17, 2026
El de este domingo es el primer espectáculo Gunfighter Skies en ocho años después de que en 2018 muriera una persona durante un vuelo en ala delta. En 2003 un avión F-16 del escuadrón acrobático Thunderbirds se estrelló también en el mismo lugar, aunque el piloto consiguió realizar la eyección.
Para evitar accidentes, la organización había suspendido para este año los saltos en paracaídas de exhibición debido al fuerte viento.