Internacional - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

Quién es Mojtaba Jamenei, favorito para suceder a su padre como líder supremo de Irán

Hijo del ayatolá Alí Jamenei, muerto el pasado sábado en los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, Mojtaba se ha convertido en uno de los favoritos para suceder a su difunto padre como líder supremo de Irán tras pasar años forjando estrechos … vínculos con la élite de la Guardia Revolucionaria y ganando influencia en el ‘establishment’ clerical.
Mojtaba Jamenei, de 56 años, ha sobrevivido a los ataques aéreos y es considerado por los grupos de poder iraníes como un posible sucesor de su padre, según han informado este miércoles dos fuentes iraníes a la agencia de noticias Reuters. Clérigo de rango medio, se ha opuesto a los reformistas que buscan entablar relaciones con Occidente para frenar el programa nuclear de los ayatolás y conseguir mayores libertades.

Sus estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria (IRGC) le dan una mayor influencia en el aparato político y de seguridad de Irán, al tiempo que ha acumulado poder entre bastidores como «guardián» de su padre, según fuentes familiarizadas con el asunto.

Noticia relacionada

Javier Ansorena

«Cuenta con un fuerte apoyo dentro del IRGC, en particular entre las generaciones más jóvenes y radicales (…) Si está vivo, hay muchas posibilidades de que suceda a su padre», ha afirmado Kasra Aarabi, director de investigación del IRGC en United Against Nuclear Iran, una organización política con sede en Estados Unidos.
En la misma línea se han expresado tres fuentes consultadas por el ‘New York Times’. El diario estadounidense apunta a Mojtaba Jamenei como sucesor de su padre la mañana, a epsar de que algunos clérigos habían expresado reservas.

«Cerca de llegar a una conclusión»

La Asamblea de Expertos que seleccionará al nuevo líder está «cerca de llegar a una conclusión» y anunciará su decisión pronto, según ha declarado este miércoles a la televisión estatal el ayatolá Ahmad Khatami, miembro de la Asamblea, sin nombrar a los candidatos.
El líder supremo tiene la última palabra en asuntos de Estado, incluida la política exterior y el programa nuclear de Irán. Las potencias occidentales quieren impedir que Teherán desarrolle armas nucleares, mientras que Irán afirma que su programa nuclear tiene fines exclusivamente civiles.
Si es elegido, Mojtaba se enfrentará a la presión de las sanciones estadounidenses que han golpeado la economía y podría enfrentarse a la oposición de los iraníes, que han demostrado estar dispuestos a organizar protestas masivas para presionar sus demandas de mayores libertades, a pesar de la sangrienta represión de las autoridades.
Mojtaba nació en 1969 en la ciudad de Mashhad y creció mientras su padre ayudaba a liderar la oposición al Sha. De joven, sirvió en la guerra entre Irán e Irak, estudió con conservadores religiosos en los seminarios de Qom -centro de enseñanza teológica chiíta de la república islámica- y tiene el rango clerical de ‘Hojjatoleslam’.
Nunca ha ocupado un cargo oficial en el Gobierno de la república islámica, a pesar de que se le considera el guardián de su padre. Su papel ha sido durante mucho tiempo motivo de controversia en Irán, donde los críticos rechazan cualquier indicio de política dinástica en un país que derrocó a un monarca respaldado por Estados Unidos en 1979.

Los republicanos del Congreso dan vía libre a la campaña de Trump en Irán

Los aliados de Donald Trump en el Congreso han tumbado una propuesta que buscaba limitar la capacidad del presidente de EE.UU. para proseguir en su guerra contra Irán: la mayoría republicana en el Senado logró evitar la aprobación de una ley de poderes de … guerra, impulsada por los demócratas, por la que Trump hubiera necesitado del visto bueno de los legisladores para emprender más ataques contra la República Islámica.
La votación supone un respaldo decisivo de los republicanos a la guerra en Irán. Las intervenciones militares en el extranjero se habían convertido en un lastre político en EE.UU., después de décadas de guerras interminables en Oriente Próximo.

El propio Trump se ha opuesto a ellas y concurrió en campaña en 2024 con un mensaje contrario a las intervenciones militares. Cuando juró el cargo el año pasado, aseguró que sería un presidente que acabaría guerras, en lugar de emprenderlas.

Noticia relacionada

Zigor Aldama

La guerra en Irán es impopular en EE.UU., según las encuestas. En menor medida para los votantes republicanos, pero hay una base de votantes muy leal a Trump, los más feroces en su mensaje de ‘America First’ (‘EE.UU. primero’), descontenta con su decisión de atacar a Irán. Entre ellos, figuras mediáticas de gran peso, como el expresentador de Fox News Tucker Carlson.
Pero, excepto un puñado de díscolos, los republicanos del Congreso se han alineado con Trump y con su justificación de que la seguridad nacional de EE.UU. impone la necesidad de acabar con el programa nuclear de Irán, sus misiles balísticos, su armada y su apoyo a grupos islamistas en la región.
En la votación sobre poderes de guerra, republicanos y demócratas se dividieron por bloques. Solo un senador republicano, Rand Paul, convertido en una piedra en el zapato de Trump, votó a favor de limitar la capacidad de maniobra bélica del presidente. Por el bando demócrata, uno de sus senadores, John Fetterman, también un verso suelto del partido, votó en contra.
«Los demócratas prefieren entorpecer a Trump que destrozar el programa nuclear de Irán», protestó el republicano John Barrasso. Algunos en su bancada mostraron incomodidad con la forma en la que Trump ha emprendido los ataques: sin consultar con el Congreso, sin establecer unos objetivos claros, sin explicar la justificación para una guerra de gran escala…
La Constitución establece que es el Congreso quien tiene la competencia de declarar la guerra contra un país extranjero. Pero el presidente tiene también la capacidad de aprobar operaciones militares para la defensa de intereses nacionales o ante amenazas inminentes, lo que le da, como en este caso, mucha capacidad de maniobra.
«Hubiera preferido que nos consultara», reconoció el senador republicano John Curtis. «Desearía que se me hubiera pedido el voto antes de esto. Pero el presidente ha actuado dentro de los límites legales».
Algunos republicanos mostraron incomodidad con la decisión de Trump, pero consideraron que impulsar esa resolución limitando sus poderes tendría ahora, con la guerra empezada, resultados peores.
«Si entregamos todo el poder para hacer la guerra al presidente de EE.UU., no queda control para el uso de esa autoridad, no queda control para el abuso de esa autoridad», protestó el demócrata Adam Schiff, uno de los dos legisladores que impulsaron la votación.
La ley se votará este jueves en la Cámara de Representantes. Allí también hay una mayoría por la mínima de los republicanos y se espera que el resultado sea el mismo que en el Senado.
Trump podría haber doblegado una votación en su contra con un veto a la ley, que los legisladores solo podrían evitar con mayorías muy reforzadas, algo prácticamente imposible. Pero eso hubiera sido una derrota de mucho peso político en el Congreso, que ha evitado.

¿Quién es quién en la guerra contra Irán? Los mapas de la escalada en Oriente Medio

Lo que comenzó como una operación conjunta (‘Furia Épica’) de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado sábado, 28 de febrero, afecta ya a más de una decena de Estados que de una manera u otra se han visto involucrados en la escalada … de violencia que vive Oriente Medio.
La campaña de bombardeos en territorio iraní ha tenido como respuesta por parte del régimen del país persa sucesivos ataques con misiles y drones que han impactado en Israel, Bahrein, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos. Por su parte, la aviación de EEUU e Israel ha extendido su ofensiva a Líbano e Irak contra posiciones de milicias aliadas o favorables al Estado dirigido por los ayatolás.

¿Por qué la Guardia Revolucionaria Iraní ha atacado a cada uno de estos países y la coalición israelí y estadounidense ha bombardeado más allá de las fronteras iraníes? ¿Qué posición juega cada país en la zona?

La escalada en la región

Las últimas décadas de historia en Oriente Medio no se explican sin el papel que han jugado Israel (potencia con bomba atómica) e Irán, sus relaciones con los Estados de la región y las respectivas posiciones sobre Palestina. Más allá de la enemistad entre el país hebreo con Irán, las rivalidades por la hegemonía en el Golfo y las tensiones étnicas son claves para descifrar el rol de cada uno de los implicados en el conflicto.

«Somos rehenes tanto de Hizbolá como de Israel»

Mientras los refugiados del sur y los de los suburbios sur de Beirut siguen llegando en masa a todo el país, el conflicto se extiende por todo el Líbano. Zonas que antes se salvaban ahora sufren bombardeos, sumiendo a la población en una profunda … ansiedad.
Poco después de la medianoche del miércoles, se escuchó una fuerte explosión en una región al norte de la capital, teóricamente alejada de las zonas atacadas. Pero fue especialmente por la mañana cuando las señales de la expansión del conflicto se hicieron más apremiantes.

Los bombardeos israelíes eran predecibles, en represalia por los ataques de Hizbolá, pero su ubicación fue sorprendente: en el corazón de zonas cristianas, incluso cerca del Palacio Presidencial de Baabda. La cuestión no es que un hotel fuera el objetivo: parece que un personaje de alto perfil debía de encontrarse allí. Lo sorprendente es que los miembros de Hizbolá bloquearon rápidamente el acceso a la zona.

Noticia relacionada

Carlota Pérez

En contacto con el alcalde del sector, el doctor Abou Nader, excomandante en jefe de las Fuerzas Libanesas, se pregunta «cómo es posible que los equipos de rescate y el equipo de seguridad de Hizbolá llegaran antes que el Ejército y la Defensa Civil para retirar el cuerpo del iraní que se encontraba entre los escombros del Hotel Comfort».
Esta pregunta se la hacen los residentes indignados, como Rita: «Desde la última guerra, hemos estado advirtiendo sobre la afluencia de personas que se asientan en nuestra zona. Entre ellos hay refugiados desplazados, pero también miembros de Hizbolá. Ocultos entre la población, nos están poniendo a todos en peligro. ¿Cómo es posible que, a pocos pasos del Palacio Presidencial, la milicia chií pueda moverse a su antojo? ¡Estoy furiosa con todos!».
Incluso debilitado, Hizbolá permanece presente y activo. Los chiíes desplazados temen responder a las preguntas de los periodistas y a veces se les prohíbe hablar.

«Desde la última guerra, hemos estado advirtiendo sobre la afluencia de personas que se asientan en nuestra zona. Entre ellos hay refugiados, pero también miembros de Hizbolá»

Rita
Vecina de Beirut

No todos los libaneses del sur son chiíes. Hay cristianos en la región, específicamente en algunas aldeas de la frontera. A pesar de la orden general de evacuación, algunos se han negado a irse. Este es el caso de Sarah, de Ain Ebel: «Planeamos quedarnos, también la gente de Alma Chaab, Debel, y Rmeich. De nuestro cuatro pueblos, sólo el 10% de las familias se han ido. En cambio, la gente de Qawzah ha sido desplazada. Rmeich alberga en sus casas a unas 50 familias chiíes de Bent Jbeil, Ainata y Aytaroun».
La joven trabajadora social continúa: «Decidí quedarme porque esta tierra no es solo un lugar para mí: es mi hogar, mis recuerdos y mi gente. En momentos de crisis, las comunidades necesitan a quienes las conocen, comparten su dolor y las acompañan. Como trabajadora humanitaria de esta zona, no puedo imaginarme irme mientras las familias a mi alrededor se enfrentan al miedo, los desplazamientos y la incertidumbre. Quedarme no es solo una decisión personal; es una responsabilidad. Significa apoyar a nuestras comunidades, y recordarles que no están solas. Irme habría sido más fácil. Pero, cuando tu gente vive con miedo y desplazamientos, te quedas. Los acompañas, los apoyas…»
Cansada de la situación, Sarah admite: «Todos tenemos miedo. Es humano, especialmente cuando ves la incertidumbre a tu alrededor y cuando las personas que quieres están en riesgo. Pero no podemos dejar que el miedo nos guíe. Lo que nos mantiene aquí es más fuerte que el miedo: un sentido de responsabilidad y solidaridad con nuestra comunidad. Es muy pesado emocionalmente. Cuando las personas comienzan a escuchar los mismos sonidos y a ver las mismas señales, los recuerdos de 2024 regresan enseguida. Es como reabrir una herida que nunca se cerró. Pero lo notable es la resiliencia de la gente, a pesar de todo. Se apoyan mutuamente e intentan mantener viva la esperanza. Como trabajadora humanitaria, puedo ver lo importante que es apoyar no solo las necesidades básicas, sino también el bienestar emocional de las personas. En el sur del Líbano, la resiliencia no es un eslogan, es nuestra forma de sobrevivir cada día aun si estamos agotados. Tras años de crisis económica, conflicto e inestabilidad, las familias desean seguridad y poder llevar una vida normal. La principal preocupación es proteger a sus hijos, sus hogares y su futuro. La gente quiere estabilidad, dignidad y la oportunidad de reconstruir su vida.»

«Irme habría sido más fácil. Pero, cuando tu gente vive con miedo y desplazamientos, te quedas»

Sarah
Trabajadora social

Mientras una parte del sur se lanza a las carreteras y la otra intenta resistir en su tierra, los residentes de Beirut siguen conmocionados por los ataques aéreos. Paty acaba de regresar a casa después de tres horas fuera. Relata: «Recibimos una orden de evacuación debido a un presunto ataque a un edificio frente al Palacio de Justicia, detrás de nuestra casa. Ya nos habíamos despertado sobresaltados cuando bombardearon Hazmieh. A las diez, tuvimos que irnos, llevando solo nuestros documentos y pasaportes. Pensé en salir a la carretera a esperar un rato, pero mi esposo fue operado recientemente y no quiero correr ningún riesgo. Fuimos a casa de mi cuñada.»
Paty continua: «Por primera vez, me siento frágil porque somos rehenes tanto de Hizbolá como de los israelíes. Esta pesadilla parece interminable. Mi corazón está apesadumbrado por la tristeza y la rabia; ya no puedo expresar mi dolor. Viví la guerra de 1975. Dejó profundas cicatrices en mi corazón y mi mente. Cada vez que me recupero, comienza otra guerra. Es una sensación terrible: 50 años de guerra son una experiencia increíblemente larga y dolorosa para un país como el nuestro.»

«¿Lo habéis escuchado?» Españoles en Emiratos viven pendientes del cielo y del móvil

«¿Sois españoles, verdad? ¿Vosotros también estáis esperando a que os saquen del país?», preguntó un hombre que nos escuchó hablar con unos amigos desde la mesa contigua de un restaurante de comida rápida. «No, vivimos aquí», respondimos al unísono. La contestación provocó la mirada … decepcionada de un malagueño que, acompañado de su mujer y sus dos hijos menores, tenía ya billete para regresar a España en un par de días. Sus palabras reflejaban el malestar de quien ha visto truncadas sus vacaciones, como les ha ocurrido a miles de turistas. Para ellos, el Consejo de Residentes Españoles en Emiratos ha creado un grupo específico de WhatsApp con el que mantenerse informados en medio de la incertidumbre.
Porque, en momentos como este, todo acaba pasando por ahí. Si habitualmente los grupos de WhatsApp son una herramienta básica para los expatriados, ahora se han convertido en el principal canal de información y apoyo. Los hay de hispanohablantes, de pádel, de mascotas, de cocina, de acampadas en el desierto o del colegio. Todos permanecen activos a cualquier hora del día. Quizá en ellos la frase más leída sea «¿Lo habéis escuchado?», en alusión al sonido de los misiles que han surcado el cielo desde el sábado. A partir de ahí se encadenan respuestas desde distintos puntos del país, vídeos grabados desde balcones y mensajes que intentan confirmar —o desmentir— el contenido que circula por redes sociales y medios de comunicación.

Mientras tanto, la conversación deriva hacia cómo organizar el día a día. La mayoría repite como mantra el dicho mexicano «si te toca, aunque te quites, y si no te toca, aunque te pongas», como forma de intentar amoldarse a la nueva ‘normalidad’ impuesta por el conflicto bélico. Resurgen incluso algunos vestigios de la pandemia: clases ‘online’, recetas para hacer magdalenas o paellas para reemplazar los aplausos a los repartidores, como la que organizó este martes Mariano, hermano del chef José Andrés, para agradecerles su trabajo.

Noticia relacionada

Lorena Gamarra y Dounia Sbai

No todos reaccionan igual. Algunos intentan salir del país cruzando la frontera con Omán para volar desde el aeropuerto de Muscat, a unas cuatro horas en coche desde Dubái, ya que desde allí han seguido partiendo aviones hacia distintos puntos de Europa. El problema es que solo determinados vehículos pueden cruzar la frontera, lo que ha disparado las tarifas de los conductores privados y de los pocos billetes disponibles para los vuelos en fechas próximas.
Al mismo tiempo, hay quienes buscan el camino inverso. Españoles a los que el ataque de Irán a las bases estadounidenses sorprendió fuera del país y que ahora tratan de regresar a Emiratos. Es el caso de muchos padres, entre ellos unos jóvenes que están moviendo cielo y tierra para regresar a Dubái con su hijo de seis años, al que dejaron durante unos días en casa con la niñera para poder viajar por motivos laborales. También hay madres con bebés que han rechazado la opción de volar a España ofrecida por la Embajada porque prefieren no separarse de sus familias o, sencillamente, porque aquí se sienten seguras.
Y, entre mensaje y mensaje, también circula el humor. Bromas sobre ruidos confundidos con explosiones, como las obras del vecino de arriba o el sonido del camión de la basura agitando los cubos, o sobre el cañonazo que marca la ruptura del ayuno durante estos días de Ramadán y que más de uno interpreta, por un instante, como algo distinto. Es una forma de aliviar la tensión y de recordar que la vida sigue. Porque aquí, entre avisos, vídeos y audios reenviados, la rutina continúa pendiente de un sonido en el cielo y de una notificación en el móvil.

Irán y el regreso de los fantasmas de la guerra de Irak

A día de hoy, diez años después de aquel fatídico 2006 en el que Irak vivió el punto álgido de la violencia sectaria, muchos de los que combatieron allí siguen intentando comprender qué ocurrió realmente. Aquel año marcó el momento más oscuro de la guerra … iniciada tras la invasión de 2003, cuando la coalición internacional liderada por Estados Unidos trató de estabilizar el país después del derrocamiento del régimen de Saddam Hussein. Lo que comenzó como una operación militar que prometía ser rápida terminó derivando en un conflicto prolongado que provocó el colapso institucional y social del país y abrió una etapa de violencia que marcaría a toda una generación de iraquíes y de soldados estadounidenses y de la coalición internacional desplegados en el terreno.

Gilda Carbonaro acude habitualmente a visitar la tumba de su hijo Alessandro Carbonaro en el cementerio de Arlinton. El 1 de mayo 2006, una bomba colocada al borde de la carretera destrozó el Humvee de Alex, prendiéndole fuego a él y a dos de sus hombres. Murió diez días después en un hospital militar en Alemania, en brazos de su madre, su padre, su esposa -con quien llevaba casado poco menos de doce meses- y su suegra.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Para muchos de los soldados que participaron en aquella guerra, la herida permanece abierta por una razón difícil de ignorar: nunca se encontraron las armas de destrucción masiva que sirvieron de argumento central para justificar la invasión.
El conflicto, que en un principio se presentó como una intervención necesaria para garantizar la seguridad global y promover la estabilidad en Oriente Próximo, desencadenó un vacío de poder que rápidamente fue ocupado por milicias, insurgencias y grupos sectarios, e Irak quedó atrapado en una guerra interna mientras organizaciones yihadistas encontraban un terreno fértil para expandirse. La descomposición del aparato del Estado, la disolución del ejército iraquí y la fragmentación del poder político contribuyeron a crear un escenario donde la violencia se convirtió en una constante cotidiana.

La incertidumbre recuerda a los primeros años de la guerra de Irak, cuando las decisiones tácticas se sucedían sin que existiera una hoja de ruta clara

Hoy, dos décadas después del inicio de aquella guerra y años después de su momento más sangriento, muchos de esos veteranos de la guerra de Irak observan con inquietud el desarrollo del nuevo conflicto en Oriente Próximo.
La guerra con Irán despierta inevitablemente ecos del pasado: incertidumbre estratégica, dudas sobre la amenaza real y una profunda división política en Estados Unidos sobre la legitimidad de la intervención. Para quienes vivieron el conflicto iraquí desde dentro, el recuerdo de aquellos años sigue presente cada vez que Washington vuelve a plantearse una nueva intervención militar en la región.
La guerra en Irán comienza, de hecho, rodeada de más preguntas que respuestas. Las propias contradicciones dentro de la administración estadounidense sobre la naturaleza exacta de la amenaza que representa el programa nuclear iraní generan un intenso debate político en Estados Unidos.
Congresistas en Washington cuestionan si existe realmente una amenaza inmediata que justifique el uso de la fuerza, mientras reclaman más información y transparencia sobre los informes de inteligencia que sustentaron la decisión de atacar.
Además, la falta de autorización formal previa para declarar la guerra por parte del Congreso de Estados Unidos abre de nuevo el debate político en Washington sobre los límites del poder presidencial, con un Donald Trump totalmente fuera de control, y sobre el papel del legislativo como contrapeso institucional en un momento de máxima tensión internacional.

Un grupo de médicos militares del ejercito estadounidense traslada de urgencia a un marine al interior de un triaje en un hospital de campaña en Bagdad.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Más allá del debate jurídico y político, persiste otra inquietud: la falta de claridad sobre cuál es el plan a largo plazo. Algunos congresistas han señalado que la administración no ha presentado aún una estrategia detallada sobre el devenir del conflicto ni sobre los objetivos finales de la intervención.
Esa incertidumbre recuerda inevitablemente a los primeros años de la guerra de Irak, cuando las decisiones tácticas se sucedían sin que existiera una hoja de ruta clara para el día después.

La represión interna hace difícil imaginar un levantamiento popular

En paralelo, los llamamientos del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu al pueblo iraní para levantarse contra su propio régimen parecen chocar con la realidad política del país. Sobre el terreno, el poder sigue firmemente controlado por la Guardia Revolucionaria iraní y por la compleja red de estructuras políticas y militares que sostienen al sistema.
La represión interna y el control del aparato de seguridad hacen extremadamente difícil imaginar un levantamiento popular capaz de cambiar el equilibrio de poder.
Al mismo tiempo, la idea de que las minorías étnicas del país —como los kurdos o los baluchís— puedan protagonizar un levantamiento armado añade otro elemento de incertidumbre. Irán es un país profundamente diverso desde el punto de vista étnico y religioso, y cualquier intento de movilización armada de estas minorías podría empujar al país hacia una dinámica de fragmentación territorial. La experiencia reciente de conflictos como los de Siria o Irak muestra hasta qué punto ese tipo de escenarios pueden degenerar en guerras civiles prolongadas.

Un niño disfrazado de soldado posa durante una convención en memoria de todos los soldados caídos en combate en la guerra de Irak y Afganistan en Washington DC.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Mientras tanto, Irán continúa conservando una importante capacidad militar y una extensa red de aliados y milicias en la región. Desde Líbano hasta Irak, pasando por Siria y Yemen, los llamados grupos proxy del país forman parte de un entramado de influencia regional construido durante décadas. Esa red convierte cualquier escalada militar en un conflicto potencialmente regional, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad del Golfo Pérsico y de todo Oriente Próximo.
La posibilidad de que el conflicto se amplíe y obligue a Estados Unidos a desplegar tropas sobre el terreno es otra de las preocupaciones que empiezan a aparecer en el debate público estadounidense. Aunque la administración no ha confirmado esa posibilidad, tampoco la ha descartado. Y para muchos veteranos de Irak y Afganistán, esa sola hipótesis despierta un recuerdo incómodo: el de las guerras largas, costosas y difíciles de cerrar que marcaron la política exterior estadounidense durante las dos primeras décadas del siglo XXI.

MÁS INFORMACIÓN

De nuevo, como en un extraño retorno del pasado, la memoria de Irak vuelve a aparecer en la conversación pública estadounidense. La guerra que comenzó en 2003 dejó una profunda huella en la sociedad del país, tanto por el coste humano como por el impacto político que tuvo en la confianza de los ciudadanos hacia sus dirigentes.
El actual presidente, Donald Trump, fue elegido en parte por un electorado que pedía precisamente el final de las llamadas «guerras interminables» de Estados Unidos en Oriente Próximo. La historia, sin embargo, vuelve a situar al país ante una decisión que recuerda demasiado a las que ya se tomaron hace más de veinte años.