¿Habrá una ola de reconocimientos de Israel tras el acuerdo de paz con Irán?
Irán festeja como una victoria el acuerdo de paz con Estados Unidos después de más de tres meses de guerra por el control del estratégico estrecho de Ormuz. Y tiene razones para hacerlo. Los países árabes del Golfo, que han sufrido en sus carnes las … represalias y contraataques iraníes a los bombardeos occidentales, también se felicitan por una paz que les asegura estabilidad y su principal fuente de riqueza: el libre tránsito del petróleo y el gas por el golfo Pérsico.
En los últimos mensajes que ha subido a su red social, el presidente Trump ha insistido en que el ‘momentum’ debe ser aprovechado para establecer un nuevo marco de convivencia en la región. Una nueva atmósfera que para él se concreta en un término casi mágico: los llamados Acuerdos de Abraham. Dicho pacto, impulsado por el propio Trump en 2020, al final de su primer mandato en la Casa Blanca, empujó a que cuatro países de la región de mayoría musulmana -Emiratos Árabes Independientes (EAU), Baréin, Marruecos y Sudán- reconocieran por primera vez el Estado de Israel.
El objetivo más preciado de ese marco de cooperación en Oriente Próximo es, sin duda, el cambio de orientación en Arabia Saudí. El régimen, que desde hace años dirige el príncipe heredero y primer ministro, Mohamed bin Salman, estuvo muy cerca de suscribir los Acuerdos y de dar un paso de gigante en la historia de la región. No obstante, primero la guerra en Gaza -hace tres años- y ahora la guerra contra Irán, han congelado el proyecto. Bin Salman ha declarado varias veces -la última cuando se vio con Trump en la Casa Blanca en noviembre de 2025- que solo reconocerá el Estado de Israel cuando en los Acuerdos de Abraham figuren la ‘solución de dos Estados’ para el pueblo palestino.
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Mikel Ayestaran
El otro gran premio que anhela la diplomacia de Trump en la región es Turquía. El régimen de Ankara fue el primer país musulmán del mundo en reconocer a Israel en 1949, y en intercambiar embajadas con el Estado hebreo. Pero las relaciones turco-israelíes han conocido siempre fluctuaciones. Y en los últimos años son pésimas. El líder turco, Tayip Erdogan, aspira a ser el portavoz mundial del antisionismo, y -desde la óptica israelí- se ha convertido en el primer país protector de Hamás, el movimiento radical palestino que estuvo en la génesis de la guerra en la Franja de Gaza.
Donald Trump parece ajeno a estas realidades, y en sus intervenciones del pasado fin de semana, tras anunciar el acuerdo de paz con Irán, afirmó que había hablado con los líderes árabes y con Erdogan para explicarles el acuerdo, y para pedirles de paso que suscriban los Acuerdos de Abraham. En otras palabras, que reconozcan a Israel y abran un nuevo capítulo de la historia en la región.
Turquía ya reconoce formalmente a Israel. Y Egipto -protagonista de todas las guerras árabes del siglo XX contra el Estado sionista- hizo las tareas con los Acuerdos de Camp David de 1978, con los que también reconoció a Israel. En la lista de otros candidatos destacan, junto a Arabia Saudí, Qatar, Jordania y Pakistán. «Si no firman los Acuerdos demostrarán que sus intenciones no son buenas», destacó Trump en el mensaje en su red social el pasado lunes.
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El presidente norteamericano deslizó que incluso Irán debería formar parte del pacto que incluye el reconocimiento de Israel, cuando aún humean los ataques de la aviación israelí contra las infraestructuras de la nación persa. Ni la posibilidad de un acercamiento al Estado hebreo figura en la agenda de prioridades del régimen de los ayatolás -que desde Jomeini es oficialmente antisionista radical-, ni es tema siquiera de debate político en Israel. Todo el espectro político hebreo considera que el pacto de Trump con Irán para volver a liberar el paso de los petroleros por Ormuz es una derrota en toda regla de Estados Unidos, después de casi cuatro meses de guerra desde el aire con la entusiasta colaboración israelí.
La insistencia del presidente norteamericano en solicitar a los Estados musulmanes el reconocimiento de Israel ha despertado un cierto clima de sorpresa y mofa en las capitales árabes. Algunos de sus dirigentes, de modo anónimo, han deslizado que Trump solo pretende tranquilizar a los ‘halcones’ de su partido republicano dando a entender que el acuerdo con Irán traerá beneficios para Israel y para la región. Pero las capitales árabes tienen el mismo problema con sus súbditos, aunque no tengan que responder ante ellos en las urnas. Para los países del Golfo, Estados Unidos e Israel han fracasado en su propósito de doblegar al régimen chií de Teherán, que sale de la crisis en apariencia fortalecido y no renuncia a ser una amenaza para los intereses árabes.

