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La clínica de rehabilitación suiza que ya trata a niños por su adicción al teléfono móvil: «Es una epidemia masiva»

Desde hace años, los expertos alertan del peligro de la exposición de los menores de edad al teléfono móvil. Ahora, se ha conocido que hay niños de tan solo 14 años que piden ser tratados en clínicas de rehabilitación.Tal y como recoge este domingo el Mirror en un reportaje, Jan Gerber, fundador de la clínica de recuperación Paracelsus Recovery, con sede en Suiza, dice que lo que está ocurriendo es «una epidemia masiva».»Los algoritmos están diseñados para manipular el sistema de recompensa [del cerebro]. Todas estas son actividades dopaminérgicas. Desplazarse por la pantalla es una cosa, pero acumular ‘me gusta’ o comentarios que suban de nivel, todo eso está diseñado para enganchar a la gente», dice Gerber.»Y cuando el cerebro aún se está formando, es mucho más vulnerable a una edad temprana, y a esa edad no están preparados para resistirlo. Es como una cocaína digital», dice.Gerber comentó que padres de niños incluso menores de 14 años se han puesto en contacto con él, pero que legalmente todavía no puede atenderlos en su clínica en Suiza.Preguntado sobre qué señales de alerta de adicción a las redes sociales deberían tener en cuenta los padres, Gerber dice: «La más obvia es la cantidad de tiempo que pasan frente a la pantalla o usando aplicaciones».»El aislamiento social es otra señal, como fingir dolor de cabeza o cansancio diciendo ‘me voy a acostar temprano’, etc., pero en realidad están usando el teléfono o la tablet debajo de las sábanas. Estas son señales reveladoras», dice el experto en adicciones.Gerber admite que tratar la enfermedad es «sumamente difícil» y «lleva tiempo». Sin embargo, afirma que los médicos de su clínica han tenido éxito recientemente al tratar a pacientes jóvenes con un sistema de cartas de estilo de juego para ayudarlos a sobrellevar y expresar sus sentimientos.

Tres policías heridos y un sospechoso abatido en un tiroteo en Filadelfia

Un tiroteo registrado en el vecindario de Wynnefield, en la ciudad de Filadelfia (Pensilvania, Estados Unidos), se ha saldado este domingo con el atacante muerto y tres agentes de Policía con heridas leves.Tras el enfrentamiento, los policías y el atacante han sido trasladados de urgencia al Hospital Penn Presbyterian donde, a las 23:08 (hora local) el asaltante ha sido declarado muerto por las asistencias. No obstante, según ha informado la cadena CBS, el pronóstico de los policías es favorable y se espera que los tres efectivos se recuperen por completo y sin mayores complicaciones.»Estos hombres y mujeres dan su vida por este trabajo, por lo que estamos muy agradecidos de que esta noche vayan a sobrevivir a sus heridas, y seguiremos avanzando como departamento», ha dicho el jefe de policía de Filadelfia, Kevin Bethel, en una rueda de prensa sobre sus compañeros.»(El atacante) abrió fuego contra todos los agentes que estaban allí. Había cuatro agentes allí, tres resultaron heridos», ha confirmado. A su vez, ha ampliado que una mujer que se encontraba en las inmediaciones ha sido trasladada al Hospital Jefferson, sin resultar herida.»Me han dicho que también llevaron a una mujer al Jefferson Hospital, quizá sin heridas. Aparece en el vídeo, pero no estoy seguro de si hay alguna lesión relacionada con eso. Había una mujer propietaria de un coche que recibió disparos, pero no tengo constancia de que nadie resultara herido», ha dicho.Las autoridades han repetido que la investigación se encuentra en una fase temprana y todavía no conocen el motivo del enfrentamiento. «¿Por qué decidió acercarse a esa escena y enfrentarse a los agentes? ¿Fue algo premeditado o no? Lo analizaremos para averiguarlo», ha concluido.La alcaldesa de la ciudad, Cherelle Parker, ha querido unirse al agradecimiento del trabajo de los policías y ha sentenciado que la ciudad, «esta vez, ha ganado».»Les pido que hagan lo más importante que para nosotros, como ciudad, podemos hacer ahora mismo para apoyar a estos oficiales y a sus familias, y a los hombres y mujeres aquí, en el Departamento de Policía de Filadelfia, quienes ponen sus vidas en la línea a diario para proteger y servir», ha matizado la alcaldesa.

La inmigración reabre las viejas heridas en Irlanda del Norte

La primera vez que uno ve cerrarse las puertas de los llamados «muros de paz» en Belfast comprende que el conflicto norirlandés pertenece al pasado mucho menos de lo que sugieren los libros de historia. Dos puertas metálicas, separadas por apenas unos metros, se cierran … una frente a la otra cuando cae la tarde.
Más de un cuarto de siglo después del Acuerdo de Viernes Santo, los accesos que separan algunos barrios históricamente enfrentados continúan clausurándose en un recordatorio silencioso de que la paz llegó antes que la confianza y de que las cicatrices de los ‘Troubles’ (‘Los Problemas’) siguen formando parte de la vida cotidiana de Irlanda del Norte.

Durante los disturbios que han sacudido Belfast y otras localidades esta semana tras el apuñalamiento de Stephen Ogilvie a manos de un ciudadano sudanés solicitante de asilo, esas viejas barreras parecen adquirir un significado renovado. Los ataques contra viviendas, comercios y alojamientos vinculados a inmigrantes y solicitantes de asilo han vuelto a colocar la inmigración en el centro del debate público.

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Ivannia Salazar

Sin embargo, cuanto más tiempo pasa uno recorriendo las calles de Belfast y hablando con vecinos, comerciantes, trabajadores extranjeros y residentes de toda la vida, más evidente resulta que esta historia no trata únicamente de inmigración. También trata de identidad, de memoria y de una sociedad que nunca terminó de desprenderse completamente de las lógicas del sangriento conflicto. «Todo lo que hizo falta fue una chispa», resume el profesor Liam Kennedy, de la Queen’s University. «Pero las tensiones ya estaban ahí».
Durante un recorrido por la ciudad resulta imposible no fijarse en las banderas. En algunos barrios de tradición unionista predominan las británicas y también las israelíes; en zonas de tradición nacionalista son habituales las irlandesas y las palestinas. Los símbolos no están distribuidos al azar. Delimitan territorios, identidades y memorias colectivas que se mezclan incluso con otras más allá de las fronteras.
Lo llamativo es que estas desaparecen en los barrios más ricos o socialmente mixtos. «Si ves muchas banderas, normalmente estás en un barrio obrero», comenta un taxista.

En los barrios unionistas predominan las banderas británicas e israelíes; en los nacionalistas son habituales las irlandesas y palestinas

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Durante décadas, la gran fractura de Irlanda del Norte fue la que separó a la comunidad unionista, mayoritariamente protestante y partidaria de seguir formando parte del Reino Unido, de la comunidad nacionalista o republicana, mayoritariamente católica y favorable a una Irlanda unificada.
La mayoría del electorado nacionalista apoyó además la permanencia en la Unión Europea durante el referéndum del Brexit, mientras que buena parte del voto unionista respaldó la salida del Reino Unido del bloque comunitario. En Irlanda del Norte la división histórica no es solo religiosa. También es constitucional, identitaria y, desde el Brexit, en buena medida europea.

La división política internacional también es clara en Irlanda del Norte. En la primera foto, un mural contra el islam y contra la inmigración en un barrio unionista de Belfast. En la segunda imagen, un cartel en un barrio nacionalista y católico homenajea a terroristas del IRA y palestinos, como Charle Hughes y Leia Jaled. En la tercera, Gerry Adams (a la izquierda), controvertida figura histórica del partido nacionalista Sinn Féin, en una concentración contra el racismo tras los disturbios. .

(Afp )

Narrativa cuestionada

Tras los disturbios registrados en Ballymena el año pasado, el historiador Jack Crangle, autor de uno de los primeros trabajos académicos dedicados a reconstruir la historia de las comunidades inmigrantes en la región, publicó un artículo en el que apunta que «contrariamente a la creencia popular, Irlanda del Norte tiene una larga historia tanto de inmigración como de xenofobia y racismo». «La idea de que el racismo llegó con la inmigración reciente no encaja con la evidencia histórica», sostiene.
En su investigación, Crangle recuerda que musulmanes vivían en Irlanda del Norte desde finales de la década de 1920 y que miles de inmigrantes chinos y surasiáticos permanecieron en la región incluso durante los años más duros de los ‘Troubles’.

«Contrariamente a la creencia popular, Irlanda del Norte tiene una larga historia tanto de inmigración como de xenofobia y racismo»

Jack Crangle
Historiador

Entre los episodios documentados figura uno ocurrido en Belfast en 1936 y que hoy resulta inquietantemente familiar. Mohammed Din, uno de los primeros inmigrantes musulmanes establecidos en la ciudad, vio cómo una multitud rodeaba la vivienda donde se encontraba después de que circularan rumores sobre una relación con una mujer blanca. La prensa local describió entonces una concentración de unas 150 personas.
La idea de que Irlanda del Norte estuvo históricamente libre de racismo también forma parte de una narrativa que los investigadores llevan tiempo cuestionando. Durante décadas predominó la creencia de que una sociedad tan absorbida por sus divisiones sectarias apenas tenía espacio para desarrollar otras formas de prejuicio. Crangle sostiene precisamente lo contrario. «El sectarismo está basado en el miedo, la desconfianza y la hostilidad hacia el ‘otro’». Tradicionalmente ese «otro» era la comunidad rival. En una sociedad cada vez más diversa, parte de esa lógica puede dirigirse ahora hacia nuevos grupos. «Las categorías cambian, pero los mecanismos sociales pueden ser sorprendentemente similares».

Los disturbios han dejado un reguero de coches calcinados y casas atacadas en Belfast.

(Ivannia Salazar)

Los datos ayudan a comprender el contexto. Irlanda del Norte continúa siendo la región menos diversa del Reino Unido. En 2001, apenas el 1,8% de la población había nacido fuera del Reino Unido o Irlanda. Dos décadas después, esa proporción se había que triplicado hasta algo más del 6%. Pero sigue muy lejos de ciudades como Londres, donde más del 40% de sus residentes nacieron en el extranjero y más del 60% de los niños tienen un progenitor de otro país. No se trata tanto de una inmigración masiva como de una transformación en una sociedad acostumbrada durante generaciones a dividirse según otras líneas.

Irlanda del Norte continúa siendo la región menos diversa del Reino Unido

Acogida nacionalista más abierta

La transformación tampoco se ha distribuido de forma uniforme. Varias de las personas que conversaron con ABC en Belfast señalan que muchas minorías étnicas prefieren asentarse en barrios nacionalistas o católicos, donde consideran que encontraron una acogida más abierta que en otras zonas de la ciudad. «Aquí nunca me preguntaron de dónde soy ni qué religión tengo o de dónde es mi acento», afirma un repartidor rumano residente en el oeste de Belfast desde hace más de una década, pero reconoce que «en algunas comunidades, como la rumana o la árabe, tendemos a cerrarnos sobre nosotras mismas y eso hace difícil la integración».
Las encuestas apoyan esta realidad compleja. Según la Northern Ireland Life and Times Survey, una de las principales encuestas de opinión pública de la región, las actitudes hacia la inmigración se habían vuelto progresivamente más favorables durante las dos últimas décadas. En 2023, cerca de tres cuartas partes de los encuestados consideraban que los trabajadores inmigrantes son positivos para la economía y una proporción similar opinaba que contribuyen a hacer de Irlanda del Norte una sociedad más abierta. Pero las investigadoras Paula Devine y Katy Hayward apuntan a que ese mismo año pudo marcar un punto de inflexión en un contexto condicionado por el Brexit, el auge de discursos antiinmigración y las crecientes tensiones en torno al control de las fronteras.

«Algunas comunidades, como la rumana o la árabe, tendemos a cerrarnos sobre nosotras mismas y eso hace difícil la integración»

Repartido rumano residente en Belfast desde hace una década

La dependencia de trabajadores extranjeros resulta especialmente visible en sectores como la sanidad. Durante los años de la pandemia, el Reino Unido intensificó la contratación internacional para cubrir vacantes esenciales.
Esa contradicción aparece constantemente en las conversaciones. Una enfermera filipina que llegó en 2021 recuerda que siempre se sintió bienvenida. Hasta ahora. «Estos disturbios me han hecho preguntarme si mis vecinos me ven realmente como parte de esta sociedad». Al mismo tiempo, un pasajero británico con el que ABC conversó durante el vuelo de Londres a Belfast y que trabaja en una multinacional defendió la necesidad de una inmigración legal y ordenada mientras expresó su preocupación por la integración y el control de fronteras, sobre todo por el hecho de que en la isla de Irlanda no hay una frontera dura. Y además, opina que «en algunos barrios donde la gente vive de las prestaciones sociales, no quieren a los inmigrantes porque temen que también quieran vivir de ellas y que no alcance para todos, los ven como una amenaza a sus intereses».

«En algunos barrios donde la gente vive de las prestaciones sociales, no quieren a los inmigrantes porque temen que también quieran vivir de ellas y no alcance para todos»

Británico blanco

La complejidad se percibe también cuando la conversación se desplaza hacia cuestiones que, en apariencia, tienen poco que ver con la inmigración. Cerca de una de las zonas afectadas por los disturbios, un comerciante de origen ganés que pide anonimato asegura que «algunos negocios pagan a los paramilitares por protección». ABC no ha podido verificar de manera independiente su testimonio, aunque la persistencia de redes paramilitares surgidas durante los ‘Troubles’ ha sido ampliamente documentada por investigadores, organismos públicos y la Policía.

Las protestas de 2024 y 2025

Los disturbios registrados esta semana son el tercer episodio consecutivo de tensión en Irlanda del Norte con la inmigración en el centro del debate. En el verano de 2024, Belfast fue una de las ciudades británicas alcanzada por la ola de protestas y altercados después de que Axel Rudakubana, nacido en Cardiff de padres ruandeses, asesinara a tres niñas en Southport. En junio de 2025, la localidad de Ballymena fue el epicentro de los disturbios después de que dos adolescentes comparecieran ante la Justicia acusados de agredir sexualmente a una menor. Los incidentes de 2026 vuelven a tener como detonante un ataque violento, en este caso el apuñalamiento de Stephen Ogilvie por parte de Hadi Alodid, un refugiado sudanés de 30 años que ha sido acusado de intento de asesinato. La víctima ha perdido un ojo y se encuentra en coma inducido.

Cuanto más hablan los residentes de Belfast, menos parece que la discusión trate únicamente de inmigración y extrema derecha. Las banderas ayudan a entender esa complejidad. «Para algunos representan tradición y pertenencia», explica Cormac, un profesor jubilado de 83 años que vive en un barrio acomodado. «Para otros son marcadores territoriales». Y además, «son una forma de hablar en un lugar donde seguimos callando muchas cosas para no alterar la paz».
Así, parece que la inmigración no ha sustituido las viejas fracturas de Irlanda del Norte. Por eso los muros permanecen en pie, las verjas continúan cerrándose cada noche y la gente sigue poniendo banderas en sus casas y calles.

Trump sopla 80 velas en la jaula de lucha de la Casa Blanca

Ha querido el destino que el 250 aniversario de los Estados Unidos de América coincida con el 80 cumpleaños de Donald Trump, y que la imagen elegida por la Casa Blanca para abrir esa conmemoración no sea una ceremonia solemne ante el Capitolio, ni … una lectura de la Declaración de Independencia, ni un desfile de veteranos, sino una jaula de lucha instalada en el jardín sur de la residencia presidencial.
Sobre el que quizá sea el césped más famoso del mundo, escenario diario del poder norteamericano, se levanta estos días un octágono metálico de la UFC, la gran liga de las artes marciales mixtas. La Casa Blanca lo ha incorporado a los actos de America 250, la celebración del cuarto de milenio de la República. La fecha de este domingo concentra varios símbolos: 14 de junio, Día de la Bandera, inicio de las celebraciones nacionales y cumpleaños del presidente que hizo de la avanzada edad de Joe Biden uno de los grandes argumentos de su regreso al poder.

La escena tiene un sello muy reconocible. La América oficial, la de los mármoles, las bandas militares, las recepciones diplomáticas y las referencias solemnes a los padres fundadores, aparece aquí mezclada con los gustos personales de Trump: el espectáculo, el combate, la televisión en directo, la fuerza física y el desafío. La Casa Blanca, tantas veces utilizada como marco para cenas de Estado o actos de unidad nacional, se convierte por una noche en la arena del combate.

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Álvaro Colmenero

Trump mantiene desde hace años una relación estrecha con la UFC y con su presidente, Dana White. Cuando las artes marciales mixtas eran aún un espectáculo polémico y prohibido en varios estados, Trump les abrió las puertas de sus casinos en Atlantic City. Décadas después, ya convertido de nuevo en presidente, lleva ese universo al centro simbólico del poder estadounidense. El combate entre el español Ilia Topuria y el estadounidense Justin Gaethje ofrece además la combinación que más le gusta: público, cámaras, bandera, rivalidad y una escenografía exagerada en la que se mueve como pez en el agua.
La jaula encaja con una imagen que Trump ha cultivado durante toda su carrera política: la del hombre que pelea, aguanta, no se rinde y convierte cada elección en un combate personal. En sus mítines, en sus mensajes y en su relación con los medios, el lenguaje de la lucha ha sido una constante. Esta vez, sin embargo, no es una metáfora. El octágono está físicamente en el jardín sur de la Casa Blanca, para irritación de sus críticos y entusiasmo de sus seguidores, que ven en cada ruptura del protocolo otra prueba de que Trump sigue dispuesto a alterar los usos y costumbres ancestrales de Washington.

¿Qué se verá dentro de la jaula que Donald Trump ha hecho levantar para la pelea de Ilia Topuria coincidiendo con su cumpleaños? Acompáñenme. pic.twitter.com/bUBksSRMRj— David Alandete (@alandete) June 12, 2026
La verdad es que la fecha introduce un elemento incómodo. Trump cumple 80 años. Él mismo ha reconocido que no es algo que le haga feliz. Tres días antes de su cumpleaños, en el Despacho Oval, junto al televisivo doctor Mehmet Oz, administrador de los Centros de Medicare y Medicaid, el presidente dejó una frase reveladora: «No tenéis que desearme feliz cumpleaños, porque no estoy contento con ese cumpleaños». Dijo que no era un número en el que hubiera pensado mucho ni un número que le gustara. «Pero aquí estoy, de todos modos», añadió.

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Ese resignado «aquí estoy» resume bien el momento político. Trump es ya el presidente de más edad en tomar posesión del cargo en Estados Unidos. Llega a los 80 después de haber construido parte de su campaña contra Joe Biden sobre la edad, la falta de energía y el deterioro físico de su antecesor. Durante meses se burló de sus tropiezos, sus lapsus, su forma de caminar y sus silencios. Ahora, inevitablemente, ese mismo foco empieza a desplazarse hacia él. La edad entra también en el relato de su presidencia y reaparece cada vez que se le ve cansado, cada vez que cierra los ojos en una comparecencia o cada vez que la Casa Blanca se ve obligada a explicar algún detalle de su salud como los moratones en sus manos.

La edad, que Trump usó contra Biden, entra en el relato de su presidencia y reaparece cada vez que se le ve cansado o cierra los ojos en una comparecencia

La Casa Blanca intenta anticiparse a ese debate con una imagen de vigor. En un acto reciente sobre salud maternal en el Despacho Oval, Trump aseguró que se siente igual que hace 50 años. «No sé por qué», dijo, antes de bromear con que quizá la comida basura, de la que abusa, sea buena y la comida sana no tanto. Conocido por su gusto por las hamburguesas, los refrescos y los filetes, contó que conoce a muchas personas obsesionadas del peso que solo comen apio en los restaurantes y, pese a todo, acaban muriendo antes de tiempo.

Salud presidencial a debate

Como es costumbre, Trump fue evaluado el 26 de mayo en el hospital militar de Walter Reed. Pero en esta ocasión por 22 especialistas médicos, una cifra inusual y superior a la de sus revisiones anteriores: 13 especialistas en 2018, 11 en 2019 y 14 el año pasado. También supera los datos conocidos de otros presidentes recientes: George H. W. Bush fue visto por cinco especialistas en su primer chequeo presidencial y George W. Bush por doce.
La Casa Blanca sostiene que se trató de una evaluación «completa y preventiva» y que el presidente está en «excelente salud». El informe, firmado por el médico presidencial Sean Barbabella, aseguró incluso que su salud cardiovascular es comparable a la de una persona 14 años más joven, según un análisis de electrocardiograma asistido por inteligencia artificial. Trump lo celebró en la red Truth Social con su fórmula habitual: todo había salido «PERFECTAMENTE».
Aun así, las dudas sobre su salud no se han disipado. En los últimos meses se han visto imágenes de Trump con moratones en las manos, hinchazón en los tobillos y una decoloración detrás de la oreja derecha. La Casa Blanca atribuyó la hinchazón a una insuficiencia venosa crónica, una dolencia frecuente en personas mayores que dificulta el retorno de la sangre desde las piernas al corazón. Los moratones, según la versión oficial, se deben a los frecuentes apretones de manos y al uso de aspirina. La marca detrás de la oreja fue atribuida a una crema, sin más detalles. También ha habido preguntas por una prueba de imagen que en un primer momento fue descrita como una resonancia y después como un TAC.

En los últimos meses se han visto imágenes de Trump con moratones en las manos, hinchazón en los tobillos y una decoloración detrás de la oreja derecha

Nada de eso ha alterado la puesta en escena. Al contrario. Cuanto más inevitable resulta el debate sobre la edad, más visible es el esfuerzo por rodear al presidente de símbolos de energía y vigor. La UFC en la Casa Blanca cumple esa función. No hay muchas imágenes más obvias para contraponer a la fragilidad que se atribuyó a Biden que una noche de luchadores profesionales, con militares invitados, banderas y cámaras de televisión. El presidente cumple 80 años, pero la escena que se ofrece no es la de un presidente soplando velas rodeado de sus nietos, sino la de un comandante en jefe presidiendo un combate mientras la guerra en Irán sigue abierta y sus compromisos se acumulan.

El 250 aniversario, a su medida

La cuestión de fondo es cómo una celebración nacional acaba mezclada con la biografía y los gustos de un presidente. America 250 nació como una conmemoración institucional del nacimiento de la república en 1776. En teoría, debía servir para recordar la independencia, la Constitución, la ciudadanía, las libertades, las contradicciones históricas y la continuidad democrática de un país dividido. En la práctica, su primera gran imagen pública es una jaula de la UFC en el jardín de la Casa Blanca, coincidiendo con el cumpleaños de Trump.
La comparación con 1976 resulta inevitable. Entonces, Estados Unidos celebró su bicentenario apenas dos años después de la dimisión de Richard Nixon por el Watergate. El país venía de Vietnam, de la violencia de los años 60, de disturbios raciales y de una grave crisis de confianza en las instituciones. Aun así, el bicentenario dejó una imagen de recomposición nacional. Gerald Ford, un presidente accidental, entendió que su papel era ayudar a cerrar heridas. Las fotografías de aquel verano fueron los grandes veleros en el puerto de Nueva York, las banderas, las ceremonias cívicas y una voluntad de mostrar que la república había sobrevivido a sus propias fracturas.
Medio siglo después, el ambiente es distinto. Estados Unidos llega a su 250 aniversario con una división política más intensa, una política más personalista y un presidente que rara vez abandona el tono de campaña. Trump no separa con facilidad los símbolos comunes de la lucha partidista. En su manera de ejercer el poder se mezclan la nación, el movimiento, la presidencia y su propia figura.
A esa personalización se añade otro episodio poco habitual. La organización de America 250 había previsto una serie de conciertos gratuitos en el National Mall, el gran eje monumental de Washington entre el Capitolio y el Lincoln Memorial. Pero varios artistas anunciados se han retirado al conocer el vínculo del evento con la maquinaria política de Trump y la Casa Blanca. Entre ellos figuraban Martina McBride, Bret Michaels, Young MC y The Commodores, según medios estadounidenses. Trump respondió proponiendo ocupar él mismo ese vacío con un gran discurso suyo en el Mall. Es decir, donde debía haber música y una celebración cívica abierta, el presidente plantea ahora un mitin, en el corazón simbólico de la capital.

Un regalo amargo

El primer regalo anticipado de cumpleaños le llegó a Trump, sin embargo, en forma de revés judicial. A pocas horas de cumplir 80 años, el nombre de Donald Trump fue retirado de la fachada del Kennedy Center de Washington por orden de un juez federal. La imagen resume también los límites de esa voluntad de marcar con su nombre los espacios simbólicos de la capital.
El juez Christopher Cooper dictaminó que el centro de artes escénicas no podía ser rebautizado sin autorización del Congreso. La ley estadounidense designa oficialmente el edificio en recuerdo del presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963. El magistrado ordenó que el nombre de Trump desapareciera de la fachada, de la página web y de todos los materiales oficiales antes del 12 de junio.

El Kennedy Center comunicó al tribunal que había cumplido la resolución. Operarios levantaron andamios el viernes por la tarde, ante decenas de curiosos y manifestantes, aunque las tormentas retrasaron la retirada hasta la madrugada del sábado. La Administración Trump intentó a última hora suspender la orden, pero el juez rechazó la petición y un tribunal de apelaciones declinó intervenir de inmediato. Fue la demostración de que ni siquiera en tan importante aniversario Trump puede salirse siempre plenamente con la suya.

Acuerdo de paz entre EEUU e Irán: Pakistán insiste en que firmarán «digitalmente» este domingo mientras Teherán lo desmiente

El Gobierno de Pakistán, que ejerce como principal mediador en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, ha asegurado este sábado que Teherán y Washington prevén firmar de manera digital un acuerdo preliminar de paz este domingo. Esta afirmación, sin embargo, contrasta con la postura expresada por las autoridades iraníes, que han descartado que se vaya a firmar este domingo y no han querido precisar cuándo será. «La ceremonia de firma electrónica está prevista para mañana», ha señalado el Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán en un comunicado. La información ha sido difundida tras una conversación mantenida este sábado entre el ministro paquistaní de Exteriores, Mohammad Ishaq Dar, y su homólogo saudí, Faisal bin Farhan, en la que ambos han abordado el estado de las negociaciones.Ambos responsables han expresado sus satisfacción por que las negociaciones entre Irán y Estados Unidos estén «en su fase final» y han manifestado su esperanza de que este «importante acontecimiento contribuya a una paz duradera y a la estabilidad de la región».Bin Farhan por su parte ha puesto en valor la «mediación coherente y sostenida» de Pakistán «a lo largo del proceso», ha destacado Islamabad en el comunicado. «Ambas partes han tratado también la próxima reunión de ministros de Exteriores R-4 -Arabia Saudí, Egipto, Turquía y Pakistán- que se celebrará en Egipto este mismo mes», concluye el texto.Anteriormente fue el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, quien anunciaba que «probablemente» el acuerdo entre Irán y Estados Unidos se «finalizará» en las próximas 24 horas.Sin embargo, el Gobierno iraní ha rechazado que el acuerdo preliminar vaya a firmarse este domingo, sino que se cerrará «en los próximos días». «El Memorándum de Entendimiento de Islamabad no se firmará mañana. Tendremos que esperar para conocer la fecha exacta de la firma», ha afirmado el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, según recoge la televisión pública iraní, IRIB.Baqaei ha explicado que «no se puede descartar que ocurra en los próximos días», pero «debemos ser cautos a la hora de hacer comentarios debido a las reservas de la otra parte sobre este proceso». El portavoz iraní ha insistido en que el documento «se concentra en el fin de la guerra y por el momento se ha decidido no tratar la cuestión nuclear».En este escenario, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó el jueves que suspendía unos ataques presuntamente programados contra Irán alegando que, tras llevar a cabo «conversaciones al más alto nivel» con funcionarios iraníes, todas las partes han aprobado los «puntos finales» del acuerdo para poner fin a la guerra desatada con la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán hace más de tres meses.El acuerdo preliminar que ambas partes negocian abre la puerta a 60 días de negociaciones sobre el programa nuclear iraní y el estrecho de Ormuz, entre otras cuestiones.

Un octogenario que rompe cosas

No tenemos suficiente perspectiva para saber cuál será el legado político de Donald Trump ni cómo será recordado por la historia. Pero en su 80 cumpleaños y sin haber llegado al ecuador de su segundo mandato, la mejor aproximación sería la de un anciano … revolucionario con prisa.
En el mundo existen otros líderes, tanto en autocracias como en democracia, que gobiernan con trazo grueso, fomentan el culto a su personalidad y se rodean de personas que les dan la razón en todo. Es el arquetipo de líder populista, que ofrece soluciones sencillas a problemas complejos y busca enemigos internos y externos a los que culpar de lo que va mal.

Los momentos de transición histórica como los que vivimos, cargados de incertidumbre, son propicios a la aparición deeste tipo de figuras salvíficas. Las instituciones se debilitan y las personalidades fuertes ofrecen estabilidad y orden a cambio de acumular todo el poder.

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David Alandete

Esta propuesta más bien conservadora no encaja en el caso de Trump: ha convertido al Partido Republicano en una formación revolucionaria, que practica la ruptura con lo establecido. En su visión favorable al caos, aderezada de tonos apocalípticos, las élites anteriores son corruptas y no tienen sitio la reforma ni la búsqueda de consensos. Solo cabe subvertir las reglas del juego –las de la democracia liberal o del orden internacional basado en normas–, «caminar deprisa y romper cosas», en frase de un empresario tecnológico de pocas lecturas que le hace la ola.
Trump tiene un plan de demolición y venganza, y emplea todo el poder presidencial para ejecutarlo. Cada vez más se le nota el paso de la edad: se duerme tanto como Joe Biden en las reuniones y carece de fijeza alguna para abordar cuestiones peliagudas en las que la opinión de los expertos resulta fundamental. Pero, mientras dure su tiempo en la Casa Blanca, luchará por asombrar, asustar y chocar, un espíritu indómito hasta el final.