El desgaste de la guerra se siente en los portaaviones de EE.UU.
Cerca de cumplirse seis meses del inicio de la guerra de EE.UU. contra Irán, el apoyo popular a la campaña militar está en su punto más bajo. Según una encuesta de Reuters de finales del mes pasado, solo un tercio de los estadounidenses ve … con buenos ojos la decisión de Donald Trump de ir a por el régimen de Teherán. En los portaaviones de EE.UU., pieza clave de las operaciones militares en Oriente Medio, el hastío tiene otro nivel, entre despliegues con duración récord, problemas de abastecimiento y, también, intentos de suicidio.
El ejemplo más acuciante es el del portaaviones ‘USS Abraham Lincoln’, que se ha convertido en un símbolo del desgaste y la exigencia que la guerra está suponiendo para la primera potencia militar del mundo. Entre críticas de los familiares y con el asunto convertido en arma arrojadiza política por parte de los demócratas, Trump ha anunciado que el portaaviones será reemplazado por otro navío.
El Abraham Lincoln, uno de los tres portaaviones que EE.UU ha enviado en Oriente Medio, lleva un despliegue de más de 250 días sin hacer una visita significativa a puerto, lo que está desgastando a la marinería. Los despliegues convencionales de los portaaviones son de seis meses, y esos periodos suelen incluir visitas a puerto donde los marineros pueden disfrutar de un corto asueto, además de llenar el barco de suministros.
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Ludmila Vinogradoff
El Abraham Lincoln, con unos cinco mil marineros a bordo, salió de su base en San Diego (California) el pasado 21 de noviembre, rumbo a la región Pacífico. Pero fue redirigido a Oriente Medio para apoyar la campaña militar contra Irán. En mayo, cuando debía concluir su periplo, el despliegue fue extendido de forma indefinida.
Lo que Trump prometió como una guerra corta se ha convertido en un conflicto enquistado, en un ‘impasse’ que tiene como punto clave al Estrecho de Ormuz, donde tanto Irán como EE.UU. aseguran mantener el control del paso marítimo. La realidad es que Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo y del gas globales, está cerrado desde la guerra.
La presencia de portaaviones como el Abraham Lincoln es clave para mantener el control de Ormuz y ha participado en operaciones contra navíos que buscaban evitar el bloqueo naval de EE.UU. a Irán. Pero el portaaviones también ha sufrido las estrecheces de períodos de combate de cuarenta días consecutivos o de navegar sin tocar puerto durante más de 206 días, lo que batió el récord que hasta ahora tenía el ‘USS Dwight Eisenhower’.
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En los últimos días, varios medios especializados en información militar han alertado de intentos de suicidio: al menos dos marineros intentaron tirarse por la borda, ante la desesperación de un despliegue al que no ven el fin y las exigencias de la vida en el portaaviones durante operaciones militares.
«Familiares y marineros aseguran que el transcurso de meses en el mar sin una fecha de finalización para un despliegue muy exigente en Oriente Medio han intensificado la preocupación por la salud mental y el riesgo de autolesiones en el ‘USS Abraham Lincoln’», aseguraba el medio ‘Stars and Stripes’.
«Mi hijo está en el barco y es muy difícil escucharle decir que él y sus compañeros piensan todo el tiempo en saltar por la borda para encontrar alivio», relató el padre de un marinero.
La dureza de un despliegue largo e indefinido ha venido también acompañada de problemas en los suministros de comida y agua, en el recibo de correo, en la capacidad para hacer la colada o en letrinas inutilizadas. Son dificultades que también han sufrido otros portaaviones desplegados en Oriente Medio. Por ejemplo, el ‘USS Gerald Ford’, el mayor barco de guerra del mundo, también enviado a Oriente Medio para la guerra, justo después de haber sido desplegado en el Caribe a finales del año pasado como una forma de presión al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
El Gerald Ford regresó a su base en Norfolk (Virginia) el pasado mayo, después de un despliegue de 326 días, el más largo para un portaaviones estadounidense desde la guerra de Vietnam.
Durante su periplo en Oriente Medio, la joya de la Armada de EE.UU. también tuvo problemas con suministros, lo que dificultó la operación para sus marineros. Esos problemas de suministro tienen relación con el ataque de Irán a un gran centro logístico del ejército de EE.UU. en Oriente Medio, en su base en Bahrein, justo al comienzo de la guerra.
La Armada reconoció en un comunicado que los despliegues largos como el del Abraham Lincoln «suponen una presión añadida para los militares y para sus familias y estamos agradecidos por su esfuerzo y los sacrificios que hacen», pero aseguraron que «no hemos identificado un incremento en pensamientos suicidas o intentos de quitarse la vida a bordo del barco».
Sin embargo, la preocupación por las condiciones en el barco llevaron a que varios altos cargos, incluido el secretario de la Armada, Hong Cao, a mantener una reunión con doscientos familiares de marineros del Abraham Lincoln para tranquilizarlos sobre la situación.
Desde la Administración Trump, la reacción ha sido negar cualquier problema de cansancio, escasez logística o afecciones mentales. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, defendió que las condiciones en el Abraham Lincoln se habían «tergiversado» y que «nos aseguramos de que cada barco, cada tripulación, cada capitán tiene todo lo que necesita en todo momento».
La situación en el Abraham Lincoln empezó a convertirse en un problema político para Trump. Un senador demócrata, Richard Blumenthal, envió una carta a Hegseth y Cao en la que protestaba por las «amplias informaciones sobre escasez de suministros básicos, contaminación del agua, problemas en letrinas, deterioro de la salud mental, preocupación sobre seguridad en cubierta y afección en el envío de correo».
Otro senador demócrata, Ruben Gallego, exmilitar, también protestó. «Al contrario que Donald Trump, yo sí he sido desplegado en activo», dijo en un mensaje en redes sociales. «La forma en la que está tratando a los militares para llevar a cabo esta guerra ilegal no solo es asquerosa, también es peligrosa».
Trump tuvo que referirse al asunto a finales de esa semana. Negó esas malas condiciones y rechazó que los despliegues de los portaaviones sean demasiado largos. Pero, al mismo tiempo, anunció el regreso del Abraham Lincoln. «El barco se moverá ahora, o muy pronto, y será reemplazado por otro muy similar», dijo.
De hecho, ya se conoce el sustituto en Oriente Medio del Abraham Lincoln. Será el ‘USS George Washington’, con base en Japón, y que se encuentra ahora en el Pacífico.
Pero el despliegue de este portaaviones muestra otro problema de fondo para EE.UU. Se trata del único portaaviones en el Pacífico, la región clave en la rivalidad con China. Su salida deja claro que el conflicto en Oriente Medio debilita la posición de EE.UU. ante el gigante asiático, que se ha esforzado en las últimas décadas en desarrollar una Armada capaz de competir con la de la primera potencia mundial.

