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Andersson, la socialdemócrata sueca contra la inmigración y la inseguridad

Entre las cualidades de Magdalena Andersson destaca su perseverancia, junto a una capacidad notable para navegar en el fragmentado sistema parlamentario sueco, en el que cada decisión exige pactos, renuncias y una lectura final del clima social. Y, en este último punto, Andersson ha … seguido los pasos de su vecina danesa, la también socialdemócrata Mette-Frederikssen, identificando la inmigración y la seguridad como focos de malestar social. El endurecimiento de su política migratoria la ha mantenido en niveles demoscópicos inalcanzables para la mayoría de los socialdemócratas europeos.
Nacida en un entorno académico, Andersson creció en Uppsala, una ciudad universitaria que marcó su carácter disciplinado y su inclinación por el estudio. Fue campeona de natación en su juventud, un detalle que ayuda a entender su estilo político: competitivo, constante, resistente. Ganó dos medallas de oro en campeonatos juveniles nacionales y llegó a competir en categoría absoluta a los 14 años, para lo que entrenaba a las 5.30 de la mañana, antes de ir al instituto.

Estudió Ciencias Sociales y posteriormente se formó en la Escuela de Economía de Estocolmo, una de las instituciones más prestigiosas del país. Esa base técnica ha definido su carrera: Andersson es, ante todo, una economista creíble y pragmática con mentalidad de gestora. En su equipo aseguran que es una «obsesa por los detalles».

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Rosalía Sánchez

Antes de llegar a la primera línea política, trabajó como subdirectora general de la Agencia Tributaria, donde adquirió reputación de analista rigurosa y defensora de la disciplina fiscal. Su entrada en la política nacional se produjo en 1996, como asesora del primer ministro Göran Persson. Desde entonces, fue ascendiendo dentro del SAP, el histórico Partido Socialdemócrata sueco. En 2014 alcanzó el cargo que la consolidó como figura nacional: ministra de Finanzas, puesto que ocupó durante siete años y en el que mostró sus dotes de arquitecta de la política económica de los gobiernos de Stefan Löfven, defendiendo el equilibrio presupuestario dentro del modelo de bienestar sueco.
En 2021, tras la salida de Löfven, Andersson fue elegida líder del SAP y se convirtió en la primera mujer en ocupar la jefatura del Gobierno sueco. Su primer mandato duró apenas siete horas, debido a la salida del Partido Verde de la coalición, pero su investidura posterior como primera ministra en minoría marcó un hito histórico para el partido y para el país. Andersson entendió que Suecia, otrora máximo exponente global de pacifismo y bienestar, ya yo podía permitirse esa política sin restricciones.

Sus siete años como ministra de Finanzas demostraron sus dotes eficaces y pragmáticas, que ha confirmado con el endurecimiento de su discurso contra la inmigración

La nueva situación de seguridad, tanto por la amenaza rusa como por la invasión de bandas criminales extranjeras, había cambiado la realidad sueca y decidió dar al partido un giro pragmático. Abrió el melón de la neutralidad sueca y su impulso fue decisivo para la adhesión de Suecia a la OTAN en 2024. Ha añadido la «seguridad» a los dos tradicionales pilares de la política socialdemócrata, que eran la cohesión social y el bienestar. Reivindica la necesidad de «mantener unido al país», frente a la polarización, y se ofrece a reducir la inmigración desde parámetros técnicos, no populistas.

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En los últimos años ha endurecido significativamente su posición en materia de inmigración, defendiendo una política «estricta y restrictiva» y apoyando varias reformas del gobierno conservador de Ulf Kristersson en ese ámbito. Pero también ha mantenido sus líneas rojas frente a la ultraderecha de los Demócratas Suecos (SD), partido al que acusa de estar infiltrado por «amigos de Putin».
Este domingo ha acudido a votar con su marido, Richard Friberg, profesor de economía, con el que tiene dos hijos. Es una apasionada del senderismo, el kayak y el montañismo. Ha adelantado que, si gana, convocará amplios acuerdos sobre energía, criminalidad, infraestructuras y vivienda durante los primeros cien días, dispuesta a prescindir de la ideología para gestionar un país que atraviesa una profunda transformación política.

Netanyahu tensa la cuerda en Gaza, Cisjordania y el Líbano para ganar las elecciones

El plan de paz de Trump para la guerra de Gaza –aprobado el año pasado por Hamás e Israel– con sus flamantes 20 puntos, sigue vigente sobre el papel. Pero es en gran medida letra muerta. En particular en lo referente a la entrega de … armas de los milicianos de Hamás supervivientes en la Franja, así como a la retirada del Ejército israelí de ese territorio. Los islamistas palestinos aceptaron el pasado 30 de julio hacer una entrega simbólica de armamento al organismo creado para gobernar de modo transitorio en la Franja –la Mesa de Paz–, pero la foto se hace esperar. Entre otras cosas porque el Gobierno de Benjamin Netanyahu no deja de repetir que sus soldados no darán un paso atrás –actualmente ocupan más del 60 por ciento del territorio de la Franja– hasta que Hamás no entregue «todas las armas».
A mes y medio de las elecciones generales en Israel, la agresividad que muestra el Gobierno de coalición entre la derecha y los partidos ultrarreligiosos es evidente. Netanyahu y sus aliados están convencidos de que «Hamás no entregará nunca las armas», y así lo expresan a diario en los medios de comunicación israelíes.

La consecuencia de esa premisa es un estado permanente de alerta y actividad bélica en todos los frentes. Operaciones casi diarias en Gaza contra comandos de Hamás, o para asesinar a alguno de los líderes aún vivos del atentado del 7 de octubre de 2023. Operaciones militares en el sur del Líbano en busca de dirigentes o de depósitos de armas de las milicias chiíes libanesas de Hizbolá. Choques casi diarios entre colonos israelíes y árabes en Cisjordania, sobre los que el Ejército hebreo y el Gobierno hacen aparentemente la vista gorda pese a las protestas internacionales.

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Mikel Ayestaran

El objetivo de esta dureza premeditada contra los enemigos externos e internos de Israel es, según muchos, asegurar que Benjamin Netanyahu, ‘Bibi’ en el argot, consiga en las elecciones del 27 de octubre otro mandato más a sus 77 años. Ya es el líder más longevo de la historia de Israel, con 19 años en el poder en tres mandatos. Netanyahu quiere presentarse como el único político capaz de proteger a Israel, pese a que desoyó los avisos del 7-O.
Su partido de centroderecha está firmemente respaldado en el Parlamento por los ultranacionalistas –que agradecen así su política de expansión de los asentamientos en Cisjordania, clave para hacer imposible la ‘solución de dos Estados’ con los palestinos–; y por los partidos religiosos o ultraortodoxos, satisfechos con ‘Bibi’ por su defensa de la exención del servicio militar para sus jóvenes seminaristas.

Fractura en la sociedad israelí

En términos electorales, esta suma es muy favorable para Netanyahu. En términos sociales, ahonda la fractura interna de la sociedad israelí, dividida entre la línea dura, cerrada a todo pacto de convivencia con los árabes y a negociar una salida a las aspiraciones palestinas, y quienes piensan que ese diálogo no pone en peligro la seguridad del país, y que el país se merece un descanso bélico.

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Esta actitud belicista de Netanyahu –que él siempre justifica como preventiva ante la multitud de enemigos del proyecto sionista: palestinos, libaneses de Hizbolá, iraníes, islamistas en general– ha creado otros dos fenómenos. Por un lado la realidad de que Israel es hoy más fuerte que nunca en términos militares, gracias al desarrollo de la industria armamentista que ha probado sobre el terreno en Gaza, el Líbano e Irán. Y por otro lado, la confrontación creciente con países occidentales que siempre tuvieron una relación amistosa con Israel.

Israel es hoy más fuerte que nunca en términos militares, gracias al desarrollo de la industria armamentista que ha probado sobre el terreno en Gaza, el Líbano e Irán

La alianza con Estados Unidos es clave, estratégica, y no está en peligro con Donald Trump, pese a que el inquilino de la Casa Blanca ha dedicado a Netanyahu algunas de sus perlas retóricas para criticar su dureza en las campañas en Gaza y el Líbano. Por el contrario, la relación con el Reino Unido, la antigua potencia colonial, está según los expertos en su punto histórico más bajo.
Londres ha impuesto un embargo parcial al comercio con Israel por lo que considera que son abusos de los colonos judíos en Cisjordania contra sus vecinos palestinos, en una campaña que no duda en calificar de «limpieza étnica» de árabes. En su anuncio ante el Parlamento, el Gabinete laborista incluyó en las sanciones a todos los que negocian también con las colonias judías en los Territorios Ocupados. Al embargo parcial se han sumado once países, entre ellos Francia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Portugal Irlanda y España.

Veto al entrenamiento policial en Egipto

Una de las áreas en las que la Mesa de Paz de Trump para el futuro de Gaza afirma haber avanzado más es la relativa a la nueva fuerza internacional de Policía. Su misión sería respaldar al gobierno provisional y reemplazar a los militantes de Hamás y a los soldados israelíes. Una fuente anónima citada por el diario ‘The Times of Israel’ afirma que Israel ha negado la autorización para que los candidatos a dicha fuerza abandonen Gaza para recibir entrenamiento en Egipto, con el argumento de que deben quedarse en la Franja a la espera de que Hamás les entregue sus armas. Según la misma fuente, Uganda ha ofrecido 1.200 policías para esa Fuerza Internacional de Estabilización, y Burundi 500. Otros países que están dispuestos a aportar algunos centenares más son Marruecos, Kosovo, Albania y Kazajistán.

Estados Unidos ve y deja hacer. Los enviados especiales de Donald Trump – entre ellos su yerno judío, Jared Kushner – afirman que el proceso de paz para Gaza avanza, lentamente pero avanza. Pero en realidad nadie sabe qué va a ocurrir hasta que se despeje la incógnita de las elecciones israelíes del 27 de octubre.

Los libaneses se rebelan contra Hizbolá: «Prefieren una catástrofe antes que entregar las armas»

Ataques aéreos, fuego de artillería, voladuras de edificios en superficie y de estructuras subterráneas. Incendios, derrumbes de colinas, desplazamientos sujetos a autorización, prohibiciones de acudir a los campos y huertos. La población del sur del Líbano está al límite y guarda rencor, aunque no … siempre lo admita abiertamente, a la milicia chií que hizo posible este desastre y permite que se multipliquen los dramas humanos, sociales, económicos y medioambientales. Los habitantes del sur no dan la razón a los israelíes, pero, ya sean cristianos, suníes, drusos o incluso chiíes, señalan directamente a Hizbolá.
Algunos, profundamente disgustados, se atreven a criticarlo y estallan de indignación, como Layal: «Que los israelíes arrasen con todo si quieren, pero que se acabe ya esta amenaza permanente. ¡No podemos más! Queremos vivir en paz, pero es imposible mientras Hizbolá no entregue las armas». Incluso muchos de quienes fueron antiguos partidarios de la milicia chií, ahora también se distancian de ella.

En un restaurante de Beirut, Marwan comenta: «Culpo a Hizbolá. Ellos dieron a Israel la oportunidad de invadir el sur del Líbano y ocupar parte de nuestro territorio». Su amiga también quiere hablar: «La respuesta israelí es brutal». Marwan insiste: «Esa gente [Hizbola] no entiende otra cosa. El Gobierno y el Ejército libanés les piden amablemente que entreguen las armas, pero prefieren precipitar el país a la catástrofe con tal de conservarlas». La joven se indigna: «¡Pero Israel mata a inocentes! ¡El pasado lunes, nueve personas de una misma familia! Y murieron dos bebés». Marwan replica: «Todo el mundo lloraba por su suerte y hemos descubierto que había dos miembros de Hizbolá entre ellos». «¿Y te da derecho a destruir a toda una familia por dos milicianos?», se enfada la otra joven.
Marwan señala que, al principio del conflicto, los ataques eran selectivos. Ahora, en cambio, hay que lamentar más víctimas «colaterales». «Al principio, los israelíes consideraban que los civiles eran inocentes, víctimas o rehenes de Hizbolá. Ahora, opinan que si los libaneses no se vuelven contra la milicia es porque, de alguna manera, son cómplices con ella, directa o indirectamente», explica Marwan. La conversación se tensa entre las dos jóvenes. Pagan sus consumiciones y se marchan.

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Nathalie Duplan

El dueño del establecimiento está atento a la conversación y también estalla: «¿Se puede hablar de resistencia cuando se provoca la destrucción de tu país? Los miembros de sus comunidades han perdido tierras, casas y sus propias vidas… y, pese a todo, los milicianos no entienden que deben deponer las armas. ¡Al menos para salvar lo que se pueda!».

Marwan señala que al principio del conflicto los ataques eran selectivos. Ahora, en cambio, hay que lamentar más víctimas «colaterales»

Los últimos días han sido especialmente mortíferos en el sur, elevando el balance de víctimas desde el pasado 2 de marzo a 4.383 muertos y 12.406 heridos (desde el 8 de octubre de 2023 son 8.950 muertos y 30.642 heridos). Sin embargo, el tema de conversación sigue siendo la colina de Ali al Taher, una posición estratégica para Hizbolá que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han tomado recientemente. Todo el mundo ha estado pendiente de lo que ha sido una gran batalla por la conquista del lugar. Finalmente, los israelíes anunciaron haber tomado el «control operativo» de la zona; algo que la milicia chií no ha confirmado ni desmentido.

Renunciar a Ali al-Taher

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Una fuente militar desvela que se habría llegado a un acuerdo para evitar el enfrentamiento. Con amargura, esa misma fuente explica que la milicia chií habría preferido dejar que los israelíes «conquistaran» Ali al Taher antes que entregarla al Ejército libanés, tal como algunos habían sugerido.
El dueño del restaurante reacciona: «Cuando actúas en contra de los intereses de tu propio país, ¿se te puede seguir llamando «miembro de la resistencia»? ¿Qué miembro de la resistencia entrega una posición a una potencia enemiga, a la que dice combatir desde hace años, en lugar de a su propio Ejército?».
Este viernes, la portavoz del Ejército israelí afirmó que, en realidad, las FDI habían librado una batalla, durante unas semanas, que se mantuvo en secreto. Este anuncio se produjo tras la destrucción, en la madrugada del viernes, de unos 2 kilómetros de túneles en la colina de Ali al Taher. Para ello, usaron 1.100 toneladas de explosivos y la detonación provocó un temblor de magnitud 4,1 y cubrió de polvo parte de la zona, esparciendo un olor nauseabundo en un radio de varios kilómetros. Según las fuerzas hebreas, aún quedan tres kilómetros de pasadizo subterráneos por destruir.
A pesar de esta afirmación, son muchos los libaneses que se interrogan sobre lo ocurrido con Ali al Taher y sobre las circunstancias de su «caída» sin reacción aparente, hasta ahora, de los iraníes. El régimen de los ayatolás había amenazado con represalias terribles en caso de ataque contra lo que los israelíes califican como «la mayor instalación militar iraní fuera de Irán». Un «misterio» que socava la confianza de quienes, hasta ahora, se mostraban indulgentes con la «resistencia», y que aviva la animosidad de quienes sostienen que la milicia chií ha arruinado el país y lo conduce a la perdición.

Volver con el alma marchita

Vivimos tiempos en que los jóvenes españoles naufragan a la cola del informe PISA, suspendiendo en matemáticas o comprensión lectora. Tiempos, en los que conocer la geografía sobra, gracias a presidentes como Trump que reconfigura el mapa del mundo a su antojo, bautizando golfos o anexionándose países. Pero entre todas las asignaturas pendientes, si existe una quiebra irreparable, no es la científica o territorial, sino la histórica. ¿No hemos aprendido nada del pasado?Miren Sajonia, esa porción de la Alemania del este, donde las urnas han resucitado a la ultraderecha con unos escalofriantes resultados. Un síntoma atroz en el mismo suelo que acunó, hace solo unas décadas, el mayor genocidio de la historia a manos de Hitler. Qué paradoja tan macabra la de tropezar dos veces con el mismo adoquín totalitario.Decía la activista feminista y recientemente fallecida Gloria Steinem que, cuando lloramos el pasado, lloramos a los muertos, pero cuando lloramos el presente, nos lloramos a nosotros mismos. En eso estamos, llorándonos a moco tendido y riendo a carcajadas al mismo tiempo, en una suerte de ataque histérico y sobreactuado constante.Volver al pasado, añorar el ayer porque el ahora defrauda, produce una orfandad tan masiva como la entrada de miles de inmigrantes en Ceuta, tan grande como algunos áticos en Chamberí, tan alta como los precios de la vivienda, tan abultada como la cesta de la compra o la factura de la luz y tan infinita como las colas de la sanidad pública.Ante semejante intemperie, la tentación de la brocha gorda y el populismo zafio es inmediata, reconfortante, como un antiácido que te calma las entrañas tras digerir el plato más fuerte. La trampa perfecta para confundirlo todo.Una cosa es la melancolía, esa sutil caricia que te hace recordar lo vivido con un regusto dulce, asumiendo con madurez el ayer, y otra muy distinta es la nostalgia, esa añoranza insana que mutila el hoy porque es incapaz de lidiar con sus grietas.No podemos dejar que los profesionales de la nostalgia gobiernen el mundo, se apoderen de las calles y saquen tajada de los conflictos para izar el racismo, la xenofobia o el odio al distinto porque su brújula siempre apunta al abismo y nos condena a repetir los errores del pasado.Frente a sus mensajes simplistas, urge reivindicar los matices, las gamas y las escalas de colores, también las del arco iris.Leamos más, comprendamos mejor y abracemos el presente: es el único suelo firme desde el que poder diseñar un futuro.

Putin, en guerra también contra la abstención en las legislativas de Rusia

Rusia acudirá esta semana a las urnas para renovar la Duma Estatal, el poder legislativo. A falta del escrutinio de los comicios que se celebrarán entre el viernes y el domingo, los resultados son bastante predecibles.El Kremlin ha dejado muy poco al azar y … ya ha eliminado cualquier resquicio de oposición potencialmente problemática mediante la prohibición de candidaturas pacifistas como la del exiliado Boris Nadezhdin – que figura en la lista de agentes extranjeros– y del partido liberal Yabloko.

Ahora, la principal preocupación de las autoridades rusas pasa por legitimar las elecciones con una gran cifra de participación. En ese sentido, el Ejecutivo de Moscú ha convertido a algunos funcionarios en una especie de movilizadores electorales para asegurarse el apoyo de todos los trabajadores públicos y de los empleados de las mayores empresas del país, en especial aquellas cuyos dueños son afines a Vladímir Putin.

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Cumbre de los BRICS

Pablo M. Díez

Cada uno de los brigadistas, como se conoce a los funcionarios elegidos para la misión, deberá garantizar la asistencia de varias decenas de empleados a las urnas, así como supervisar su proceso. La estrategia se había utilizado en el pasado en algunas regiones y empresas, y ahora se ha decidido generalizar ante la creciente apatía de los ciudadanos hacia la política y la caída de los índices de aprobación al Gobierno. Según las últimas estadísticas de la Fundación de la Opinión Pública, Rusia Unida, el partido oficialista, registra sus peores cifras de popularidad desde 2022, con un 33% a nivel estatal.

Cada uno de los brigadistas, como se conoce a los funcionarios elegidos para la misión, deberá garantizar la asistencia de varias decenas de empleados a las urnas

En las tiendas, en el metro, en las marquesinas del autobús e incluso en las paredes de los portales de los edificios residenciales cuelgan carteles que recuerdan a la población que se acerca la fecha de votación. En muchos de los carteles se obvian las formaciones políticas y, si se menciona a alguna, suele ser Rusia Unida, la formación de Vladímir Putin. El presidente ruso, en teoría, es independiente, pero en la práctica cuenta con todo el apoyo de este partido.
Por si no fuera suficiente esta propaganda en casi todas las esquinas para lograr que los rusos acudan a las urnas, las autoridades han decidido darles una serie de facilidades a los electores. Desde la ampliación del tiempo para votar (tres días en total: 18, 19 y 20) hasta la posibilidad de hacerlo por internet, una opción disponible para los habitantes de 33 regiones, entre ellas Moscú, Nizhni Novgórod y Novosibirsk. Pero lo cierto es que la población necesita más alicientes para participar en las próximas elecciones legislativas. Muchos, tras años de votaciones sin una competencia real entre candidatos, han desarrollado un total desinterés hacia estos procesos debido a la sensación de que no pueden cambiar el rumbo del país.

Tras años de elecciones sin una competencia real entre candidatos, muchos rusos han perdido su interés por votar porque saben que no pueden cambiar el rumbo de su país

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Una de las ideas para luchar contra ese desinterés es la organización de sorteos entre los votantes, que pueden ganar premios de todo tipo. En Moscú, por ejemplo, se rifan vales de entre 10 y 500 euros canjeables por recargas de la tarjeta del metro, compras en supermercados nacionales o consumiciones en cafeterías, entre otros negocios. En comicios pasados, las recompensas a los electores llegaron a tener forma de apartamentos, coches y teléfonos inteligentes, y en algunas partes rurales de Siberia se pusieron en juego bienes adaptados a las necesidades de la población local como electrodomésticos portátiles o suministros de leña para la calefacción.
En los últimos comicios presidenciales, en 2024, Putin se enfrentó a un duelo apacible. Ninguno de sus ‘rivales’ se atrevió a decir en campaña que buscaba la victoria y alguno de ellos, como Leonid Slutski (Partido Liberal-Demócrata), defendió incluso que no se votaría a sí mismo, sino al presidente. Los supuestos adversarios pertenecían, en realidad, a las llamadas formaciones de oposición sistémica –esas que aparentan disidencia pero no supone una alternativa verdadera–, y entre los tres principales oponentes cosecharon un mísero 11% de los votos. El jefe del Kremlin renovó el cargo con un apoyo del 88,48%.
En esta ocasión, algo poco habitual, el mandatario ha protagonizado actos de campaña, en los que ha buscado mostrarse como un hombre cercano al ciudadano de a pie. Tras los comicios que se celebran esta semana podría ver cómo muchos veteranos de guerra entran a formar parte de la Duma Estatal y ocupar también cargos regionales. La Comisión Electoral Central ha registrado entre los aspirantes a las elecciones a más de 1.500 excombatientes. El principal objetivo es recompensar a los militares, capitalizar el patriotismo y contrarrestar las críticas del ala dura militar que está descontenta con la gestión del frente.

Salvando a los perros de la guerra de Ucrania

En el asiento del copiloto, Ruslan lleva un fusil Typhoon Sierra para defenderse de los drones. Lo tiene desde el pasado otoño, pero apenas lo ha usado porque disparar no es siempre la mejor opción contra los drones, y porque suele ir acompañado y son … los otros voluntarios quienes tratan de abatir los drones mientras él conduce. Hoy Ruslan va solo. Dice que todo ha cambiado con los drones: «Antes íbamos a menos de un kilómetro de la línea de contacto, ahora a diez kilómetros es casi igual». Ruslan Gorbal ha rescatado a miles de animales desde el inicio de la guerra.
Es voluntario de Animal Rescue Kharkiv, y a los animales que rescata los lleva a las instalaciones de la ONG en Járkov para después darlos en adopción. Todos los rescates de hoy son en Kramatorsk, menos el primero, que es a las afueras de Druzhkivka. Kramatorsk está a unos trece kilómetros de las líneas rusas, y Druzhkivka ya tiene el frente casi encima. Allí, el pasado 11 de julio, una bomba guiada rusa mató a Olha Kuzmenko, rescatadora de animales de otra ONG.

Han cambiado muchas cosas desde la primavera de 2024, la primera vez acompañando a los rescatadores de Animal Rescue Kharkiv. Entonces Max y Alyona acompañaban a Ruslan. Max era también voluntario pero lo dejó unos meses más tarde. Alyona era paramédico militar y colaboraba con ellos cuando tenían misiones en zonas donde ella estaba desplegada. A Alyona Yeryomenko la mató un dron ruso el 29 de junio de 2025 cuando su unidad operaba en Sumy.

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Enrique Serbeto

La carretera de Kramatorsk a Druzhkivka, como todas, está cubierta por redes antidrones. A lado y lado, de vez en cuando, se ve algún vehículo calcinado. Ya cerca de Druzhkivka, es escuchan disparos por todos lados, y eso quiere decir que hay un dron volando cerca y los soldados de los alrededores intentan cazarlo.
El primer rescate es en una casa de campo en Malotaranivka, y hay una mujer y un perro esperando en la puerta; el perro se huele algo porque tiene la cola entre las patas. Meten al perro en un transportín, y luego el transportín en la furgoneta. La mujer tiene los ojos llorosos, se irá pronto a vivir a un refugio, y allí tiene que ir sola. Dos perros que merodean, abandonados, acaban también en la furgoneta.
«Ha ido todo bien», dice Ruslan ya en la carretera de vuelta, «pero quizás vuelvo en unos días y todo está destruido, todo el mundo está muerto o bien se han largado. Es… es realmente una locura. Hoy está lleno de vida, y en un segundo, adiós». De la parte de atrás de la furgoneta llega un olor intenso a heces de perro.

Meten al perro en un transportín, y luego el transportín en la furgoneta. La mujer tiene los ojos llorosos, se irá pronto a vivir a un refugio, y allí tiene que ir sola

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La siguiente parada es en la periferia de Kramatorsk. Salen un hombre y una mujer con un perro que recogió ella de la calle, que alguien abandonó cuando huyó de la ciudad. Cuando lo están metiendo en la furgoneta, se oyen unos cañonazos: ya hay posiciones de artillería en Kramatorsk. Después llega un zumbido del cielo y enseguida ráfagas de fusil y de ametralladora. Es un dron de ala fija, vuela alto, y pasa de largo sin que logren abatirlo. Luego le sigue otro, de cuatro hélices y con un saco colgando de una cuerda. Nadie dispara, así que debe de ser un dron ucraniano volviendo a la base tras dejar provisiones en el frente.
Luego el resto de la misión transcurre de forma anodina. Ruslan rescata en total diez perros y dos o tres gatos. La vez pasada, también rescataron cabras y conejos, y las bombas cayeron muy cerca.
Unos días después de esta misión, la furgoneta de Animal Rescue Kharkiv fue golpeada por un dron ruso: Ruslan sufrió heridas leves de metralla y Florian, otro voluntario, lesiones mayores, pero que no dejarán secuelas graves. Los dos se recuperan ahora en un hospital de Járkov.