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Rusia aprovecha la crisis de Gobierno de Zelenski para lanzar un gran ataque sobre Kiev

La estación de metro de Lukianivska en Kiev estará cerrada durante algún tiempo desde este domingo. Los ataques han sido recurrentes en la zona, especialmente desde mayo. Durante la madrugada del domingo, un proyectil impactó en uno de los pasos subterráneos en las cercanías de … esta parada. El profundo boquete ha dejado sin refugio a cientos de vecinos de este barrio. La planta baja resultó afectada por una onda expansiva. Las estaciones de metro son los lugares más seguros para salvar la vida en noches de bombardeos sin cuartel. Al menos 52.000 personas acuden al metro cuando las alarmas nocturnas avisan de la llegada de misiles, aunque recientemente las explosiones se han escuchado antes que las propias alertas.
Los destrozos se repartieron también en otros seis distritos de la capital ucraniana. Como es habitual, resultaron afectados edificios civiles, almacenes, locales comerciales, un cine y varios coches particulares. El alcalde de la ciudad, Vitaly Klitschko, informó de la muerte de una mujer de 89 años mientras los hospitalizados ascienden a 15 personas, tres de ellas en estado grave.

Las fuerzas del Kremlin lanzaron un total de 41 misiles de distintos tipos. Entre ellos 25 misiles balísticos Iskander-M y misiles de los sistemas S-400, tres misiles Onyx. Una decena de proyectiles antibuque Zikon; 3 misiles Kh-59/69 y un total de 125 drones. Según la Defensa Aérea ucraniana, se lograron interceptar 18 misiles y 108 drones.

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Álex Bustos

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, recalcó la importancia de fortalecer la defensa aérea del país. «La protección contra misiles balísticos es nuestra prioridad constante y principal en este momento. Se necesitan interceptores todos los días, y estoy agradecido a todos los que toman en serio nuestros acuerdos y garantizan la entrega de capacidades antibalísticas», destacó en un mensaje en sus redes sociales.
El líder ucraniano anunció que hay más heridos en las regiones de Odesa y Zaporiyia. En total, durante la pasada semana, Rusia lanzó 1.450 drones, más de 1.640 bombas aéreas guiadas y 99 misiles de diversos tipos contra el país. Horas después de este mensaje se reportó otro ataque a plena luz de día en Járkov. Al menos tres personas fallecieron en uno de los barrios de la periferia en la segunda ciudad más grande de Ucrania.

«La protección contra misiles balísticos es nuestra prioridad constante y principal en este momento. Se necesitan interceptores todos los días»

Volodímir Zelenski
Presidente de Ucrania

Ni esta noche de vigilia ni la amenaza de los misiles balísticos rusos han frenado el terremoto político en Ucrania. Ya se han convocado manifestaciones por cuarto día consecutivo en Kiev y otras ciudades del país. Las protestas tras la destitución del joven ministro de Defensa, Mijailo Fedorov, el pasado miércoles han desembocado en peticiones públicas para destituir al jefe del Ejército, Oleksandr Sirski.

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El veterano de guerra Dmytro Koziatynski hizo este domingo un llamamiento a permanecer en la calle. Desde su cuenta de Facebook, Koziatynski subraya que «Sirski se está involucrando en la política en lugar de centrarse en el campo de batalla, está desmoralizando a las Fuerzas Armadas, saboteando las reformas, creando sus propias unidades militares privadas, restringiendo la libertad de expresión y persiguiendo al personal militar».
Apodado por muchos como el «carnicero», el militar se enfrenta no solo a las críticas de los civiles, también de la tropa. Algunos de los soldados han afirmado en sus redes sociales presiones y amenazas por mostrar su rechazo público al alto militar. Serhi Filimonov, uno de los comandantes del 108º Batallón de Asalto Independiente Lobos Da Vinci, escribió en sus redes sociales: «Ayer recibí una reprimenda de Sirski. Sirvo a la nación ucraniana».

«Sirski (jefe del Ejército) se está involucrando en la política en lugar de centrarse en el campo de batalla»

Dmytro Koziatynski
Veterano de guerra

En el conflicto entre Fedorov y el jefe militar, Zelenski ha decidido mantener a Sirski. Pero la presión social y el descontento con el mando pueden invertir la balanza. Fuentes presidenciales señalaron al ‘Financial Times’ que el presidente ucraniano estaría considerando ahora la destitución del jefe de las Fuerzas Armadas. El sábado, Zelenski mantuvo conversaciones con Fedorov y Sirski. En el Gobierno ucraniano todavía están vacantes las jefaturas de Exteriores y Defensa.

Dos terremotos en Perú con solo 17 minutos de diferencia dejan al menos un muerto y diez heridos

La región de Junín, en la sierra central de Perú, se ha visto sacudida este sábado por dos terremotos, de magnitudes 5,1 y 3,7, que se presentaron con tan solo 17 minutos de diferencia y que han dejado al menos un muerto y una decena de heridos, según el primer balance preliminar de daños difundido por las autoridades, en el que advierten de numerosas estructuras afectadas.El primer movimiento telúrico, de magnitud 5,1, se registró a las 21.24 horas (las 04.24 h, hora peninsular española del domingo), con epicentro ubicado a 7 kilómetros al sur de la ciudad de Chupaca, situada en la andina región de Junín, de acuerdo con el reporte del Instituto Geofísico del Perú (IGP).El temblor se originó a una profundidad de 24 kilómetros bajo la superficie terrestre y alcanzó una intensidad moderada en Chupaca.Apenas diecisiete minutos después hubo una réplica de magnitud 3,7, con un epicentro a 14 kilómetros al sur de Chupaca y a una profundidad de 18 kilómetros, con una intensidad leve.La mayor parte de los daños se concentran en el distrito de Chongos Bajo, donde se registró el fallecido, aún sin que las autoridades hayan podido confirmar su identidad.Los diez heridos fueron reportados por el Hospital Nacional del Centro Daniel Alcides Carrión, situado en la ciudad de Huancayo, capital de Junín, que registra daños en sus dependencias.También reporta daños el Hospital Regional Materno Infantil El Carmen, también en Huancayo, con fisuras en la unidad de cuidados intensivos (UCI) de la especialidad de pediatría.Asimismo, se ha desplomado la cruz del Cani Cruz de Chongos Alto, un monumento religioso de piedra, y derrumbes en el Antiguo Convento de ‘Santiago de León’.Tras el sismo se registraron interrupciones del servicio eléctrico en diversos distritos (municipios) de la zona afectada, mientras que, de acuerdo con las evaluaciones preliminares, no ha habido afectaciones a carreteras de la Red Vial Nacional, reportó el Comité de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN).Perú está ubicado en una zona denominada Cinturón de Fuego del Pacífico, donde se registra el 85% de la actividad sísmica del planeta.

Las protestas contra Zelenski crecen en Ucrania tras destituir al ministro de Defensa Fedorov

Las autoridades ucranianas están tratando de contener la crisis provocada por la destitución del popular ministro de Defensa Mijailo Fedorov, pero las protestas van en aumento en medio de las peticiones de dimisión del comandante del ejército, Oleksandr Sirski.El nombramiento del reputado oficial de operaciones especiales Yevgueni Jmara como ministro interino y la promesa de Zelenski de «continuar con todos los programas activos» para fortalecer el ejército han hecho poco por calmar las preocupaciones de miles de manifestantes que participaron en concentraciones el viernes por la noche y se preparaban para unirse a nuevas manifestaciones anunciadas para este sábado en más de 20 ciudades.Alrededor de 5.000 personas se congregaron a unos 500 metros del edificio de la Presidencia en Kiev, mientras que entre mil y dos mil asistieron a una manifestación en el centro de Leópolis, muchos de ellos jóvenes representantes de la clase media.Sirski, bajo presiónEl general Oleksandr Sirski fue blanco de la indignación entre los manifestantes que exigieron su dimisión inmediata tras revelarse su conflicto con Fédorov.»Él es el principal obstáculo para los cambios positivos», declaró María, una estudiante universitaria de 17 años, mientras sostenía una pancarta que decía «¡Fuera Sirski!».»Fedorov dejó claro que ya no puede trabajar con Sirski porque este último está bloqueando las reformas que Fédorov quiere implementar», declaró Mijailo Kmet, especialista en informática que asistió a la manifestación con su hija de un año.Kmet y otros manifestantes también responsabilizan a Sirski de la violencia contra los nuevos reclutas en algunas unidades y de su supuesta dependencia de métodos que provocan numerosas bajas entre los soldados.»No tenemos tanta gente como Rusia. No nos queda otra opción que tratar con respeto a los miembros del ejército y usar más drones», subrayó Kmet, quien señaló que cree que el presidente aún puede destituir a Sirski y reponer a Fedorov.Reacción «inadecuada»La reacción del presidente ante la ola de críticas provocada por su inesperada decisión de destituir a Fédorov ha sido «inadecuada» hasta el momento, declaró Yeva Galagan, de 27 años, mientras que los manifestantes instaron a las autoridades a «escucharlos».Para Galagan, cuya madre se unió al ejército al comienzo de la invasión rusa hace casi cuatro años y medio, la destitución de Fedorov representa un duro golpe para las esperanzas de reformas en el Ejército.A pesar de su asociación con exitosos ataques de largo alcance contra Rusia, la capacidad de Jmara como gestor de defensa sigue siendo una incógnita.Aunque Jmara demuestre ser un administrador capaz, se perderá un tiempo precioso en un momento vital para la defensa de Ucrania, declaró Sofia Onishchenko, una residente desplazada de una aldea en la región de Jarkov destruida por los ataques rusos.»Me temo que esto provocará que otras ciudades sufran la misma suerte», señaló, expresando su crítica a que «los ministros cambien con más frecuencia que los soldados en las trincheras».Zelenski habla con los comandantesSegún los analistas, la crisis actual se percibe en el extranjero como un asunto interno que debe resolver el presidente, a diferencia de las manifestaciones de julio de 2025 contra las medidas adoptadas contra los organismos anticorrupción, que provocaron la presión de la Unión Europea (UE).Si bien el futuro de Fedorov sigue siendo incierto, Sergí Bezkrestnov, exasesor de Fedorov en materia de drones, ha aceptado la invitación de Zelenski para convertirse en asesor presidencial en un intento por contener la crisis.La situación en el ejército también fue tema de conversación entre Zelenski y varios altos mandos militares el viernes y el sábado.Algunos oficiales ya han expresado abiertamente su preocupación, destacando que Sirski se apoya en la lealtad personal y el «control manual» en vez de fomentar la iniciativa y un enfoque sistémico.»Las Fuerzas Armadas necesitan cambios urgentes; de lo contrario, podríamos ser derrotados», declaró el subcomandante del XI Cuerpo, el general Sergi Sobko.Según diputados que dialogaron con Zelenski sobre el tema, el presidente está considerando destituir a Sirski. Sin embargo, también existe preocupación por el posible impacto en la delicada situación en el frente, donde Ucrania enfrenta una presión constante por parte de Rusia.»Rusia se está preparando para movilizar a 500.000 personas en otoño», señaló el sábado el coronel Andrí Kovalenko, del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa. «Todos necesitaremos unidad y eficacia», subrayó.

El régimen de Cuba destierra al artista y preso político Luis Manuel Otero Alcántara

Tras permanecer más de 10 días en paradero desconocido y cumplir una condena de 5 años de prisión, este sábado el preso político Luis Manuel Otero Alcántara llegó a Miami en vuelo directo desde La Habana. Aunque el régimen debió excarcelarlo desde el 9 de … julio, condicionó su libertad a la salida definitiva del país.
«Después de cinco años de injusto encarcelamiento, el artista cubano Luis Manuel Otero Alcántara ha sido finalmente liberado, aunque a cambio de su salida definitiva de la isla», señala un comunicado difundido este viernes por los administradores de sus redes sociales.

Otero Alcántara ha sido uno de los rostros más visibles de la oposición dentro de la isla y fue cofundador del Movimiento San Isidro. Fue encarcelado el 11 de julio de 2021(11J) para luego ser condenado a 5 años de privación de libertad por los supuestos delitos de «ultraje a los símbolos de la patria», «desacato» y ‘desórdenes públicos».

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Camila Acosta

El pasado 7 de julio, dos días antes de la fecha en la que debía ser puesto en libertad por cumplimiento íntegro de condena, fue sacado de la prisión de Guanajay, en la provincia de Artemisa, y trasladado a paradero desconocido. Unos dos días después logró comunicarse con la curadora y activista Anamely Ramos González desde un teléfono de la Seguridad del Estado, pero sin poder precisar el lugar donde permanecía recluido.
Ramos González explicó que las autoridades querían conocer el estado del «parole solicitado» en Estados Unidos para que Otero Alcántara abandone la Isla. Una semana más tarde, justo este viernes, dicha solicitud fue aprobada por las autoridades migratorias estadounidenses.
En el comunicado anunciando su excarcelación, los administradores de la cuenta aseguraron que el activista permaneció cinco años recluido en una prisión de máxima seguridad «en un intento por silenciar su liderazgo cívico y político». Asimismo, explicaron que, semanas atrás, se había solicitado para él un parole humanitario en Estados Unidos como la única vía disponible para recuperar la libertad.

«Hoy Luis quiere volver a vivir»

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«Hoy Luis quiere volver a vivir, retomar sus proyectos y recuperar el tiempo que le fue arrebatado. También quiere seguir imaginando y trabajando en pos de la libertad de Cuba», añade el texto.
Hasta el momento, Otero Alcántara no ha realizado pronunciamientos públicos. Según el anuncio desde sus redes sociales, la primera actividad prevista en el exilio será una visita a la Ermita de la Caridad del Cobre, en Miami, donde depositará una ofrenda de agradecimiento.
«Trae consigo desde Cuba una virgen rota. Como estamos muchos de nosotros. Como está Cuba», indica la publicación.
El régimen de Cuba suele desterrar a aquellas personas que le parecen más incómodos o con capacidad de convocatoria en medio de un creciente descontento popular. En octubre de 2025 fue sacado de la prisión y llevado directamente al aeropuerto para su exilio en Miami, el líder opositor y prisionero político, José Daniel Ferrer García. A mediados del año en curso, la también presa política y Dama de Blanco, Sissi Abascal, fue montada en un avión junto a su familia rumbo a Miami.

Los taxistas de la guerra de Ucrania

La locutora hace balance de los muertos en el último ataque ruso. El murmullo radiofónico se diluye cuando Sasha empieza a nombrar a los pasajeros con asiento reservado. La mayoría son mujeres. Hay también algún pensionista y un par de jóvenes que no superan … los 18 años. Para los rezagados sin efectivo y sin billete, no falta arreglo. El pago con tarjeta se efectúa en la puerta del vehículo con la misma fluidez que en Madrid o París. Tras un complicado ‘tetris’ para encajar equipajes más grandes de lo recomendable, el autobús arranca. En la segunda parada, algunos bajan a fumar mientras los últimos buscan un sitio libre. «Tienen cinco minutos por si quieren ir al baño», avisa el conductor. Lo que sigue es una acumulación de kilómetros bajo el alcance letal de los drones rusos.
Sasha baja un poco la ventanilla y cambia la emisión de radio por música de su Spotify. Atrás queda la ciudad y de frente asoman algunos tramos de redes de pesca sobre la vía. Estos túneles transparentes son una «ayuda», explica el conductor. «Te sientes más seguro, más tranquilo. Es algo casi psicológico, y digamos que son casi efectivas», resume con media sonrisa. El veterano al volante toma con confianza la dirección prevista. Puntualiza, eso sí, que también cuenta con licencia para viajes internacionales. Circular dentro de la propia Rusia era normal hace años. Trabaja desde 1998 en el Donbás y se conoce todas las carreteras al dedillo: las que están bajo control de Kiev y aquellas que le fueron arrebatadas a Ucrania en 2014.

La estación de destino es Kramatorsk, capital administrativa de su región natal, Donetsk. Las posiciones rusas más avanzadas están a menos de 15 kilómetros de la urbe. «Si seguimos por esta misma carretera», señala hacia el horizonte, «tenemos mi ciudad a unos 130 kilómetros de distancia». Su hogar quedó atrapado en la ocupación rusa hace más de una década. Y él se fue, entre otras cosas, porque «hacía falta dinero, allí no se podía trabajar».

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Rosalía Sánchez

Todos los conductores que viajan a esta provincia del este de Ucrania lidian con las nuevas tecnologías bélicas. Antes, el problema era más humano. Sasha recuerda la tensión al pasar cerca de los puestos de control de los separatistas prorrusos. «Yo llevaba a gente de la región de Lugansk que cruzaba desde la ocupación. Resolvían sus asuntos y al día siguiente volvían. A sus casas, en la ocupación», recalca. Este trayecto entre los territorios no controlados y Ucrania se resolvía a veces a través de Rusia. «Aquellas fronteras eran mucho más civilizadas que las líneas que controlaban los separatistas», sentencia.

Ruleta rusa

El tráfico disminuye a medida que se comprime la distancia con las ciudades fortaleza del Donbás. Los pasajeros apenas cruzan palabra. El diálogo puntual se limita a breves preguntas y respuestas sobre la próxima parada o el tiempo que durará el viaje. El horizonte, por el momento, está despejado. Pero no es raro divisar drones a través del parabrisas. «Yo lo he visto muchas veces», dice Sasha. Un poco más adelante, llama la atención y levanta la mano hacia arriba. Los restos de uno de estos aparatos llevan días atrapados en la red.
«Hace un año empezaron a llegar los FPV (drones con vista en primera persona por sus siglas en inglés). Luego hubo una pausa un par de meses hasta que empezaron de nuevo. Ahora vuelan con cierta frecuencia. Pero no son FPV, son los drones Molniya (de bajo coste)», explica.

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—¿Qué harías ahora mismo si un dron viniese hacia el autobús?
—Pisar el acelerador al fondo. En la seguridad influye la velocidad. Cuanta más velocidad, más probabilidad de escapar — resuelve.
El autobús circula cada vez más solitario por una carretera concurrida hace solo unos meses. «En este punto todavía no es tan peligroso, el frente está hacia allí», indica con un gesto de la cabeza hacia la izquierda.
La regla no escrita planea en el pensamiento: a mayor recurrencia, más papeletas de tener, como mínimo, algún susto. Y Sasha ya lo ha sufrido. A pesar de su templanza, sabe que el regreso de su jornada laboral no está garantizado. Lo llama, sin dramatismo, una lotería: «El miedo se embota. Simplemente te acostumbras».

«Cuanta más velocidad, más probabilidad de escapar de un dron»

Sasha
Conductor

Todos entienden, ya que los drones rusos se lanzan contra vehículos civiles que transitan relativamente cerca del frente de guerra. También atacan las gasolineras, en una nueva estrategia de los invasores para dificultar las comunicaciones en la zona. Una de las estaciones que todavía daba servicio luce destartalada tras un golpe ruso. «Sucedió hace cinco días. Para nuestro viaje, ya me he encargado de que tengamos suficiente combustible», asegura.

Últimos kilómetros hostiles

El siguiente tramo lo inauguran los restos de un coche desvestido de color por el fuego de un dron. Sasha confirma que, a partir de aquí, la amenaza es más fuerte. Especialmente, en los cruces de caminos. La red se aparta para favorecer la circulación. Y esta brecha es una oportunidad para que el aparato golpee sin obstáculo.

Las carreteras del Donbás están cubiertas de redes de pesca contra los drones rusos y salpicadas de coches calcinados (primera foto). Sasha hace el recorrido a toda velocidad para evitar los ataques (segunda imagen). En la tercera foto, los restos de un dron atrapado en las redes..

(Miriam González)

Unos kilómetros más adelante, aparecen los carteles que señalan peligro de drones. El vehículo avanza hacia el tramo final. El más complicado. Un colega de Sasha estaba en la localidad de Sloviansk cuando un FPV se enredó en las redes antidrones y reventó. «No hubo heridos, porque la explosión fue a cierta distancia, pero los cristales se rompieron», cuenta. Unas semanas antes, el propio Sasha estaba lavando su autobús en Kramatorsk cuando un Shahed impactó cerca. La onda expansiva le voló la cristalería.
Después de la penúltima parada, quedan ya pocos pasajeros. Kramatorsk y sus tuberías industriales cortan la estampa natural mientras Sasha recuerda, de la nada, sus antiguas excursiones a Crimea. Unas vivencias que parecen de otra vida. El chófer se define como una persona poco sentimental, pero admite que añora la península ocupada, uno de los destinos de vacaciones predilectos en Ucrania.

Trayecto solo por carretera

Desde que el tren no llega a Kramatorsk, la única opción de transporte público es por carretera. La afluencia de pasajeros es mayor en rutas cada vez más peligrosas. Esta legión de conductores conecta cada día a muchos con sus hogares y familiares. No todos los taxistas quieren hacer este trayecto, subraya Sasha. «Sin marshrutkas (término usado en los países post-soviéticos para referirse a los minibuses), mucha gente no podría viajar. Y no se trata solo de una cuestión de dinero».
El crucifijo que cuelga del retrovisor oscila de un lado a otro a medida que los últimos viajeros pisan tierra. Un símbolo religioso que le regalaron los monjes de Sviatohirsk en tiempos de visitas turísticas al complejo espiritual también martirizado por la guerra. Memorias de un Donbás extinto.

«Pensaba que en mayo ya no podríamos viajar más pero, como ves, seguimos haciéndolo»

Sasha
Conductor

Sasha saca las últimas maletas y se dispone a emprender otra vez el mismo camino de vuelta. Otra papeleta más. El tiempo que podrá seguir cubriendo una ruta es ahora una incógnita. «Pensaba que en mayo ya terminaríamos, que no podríamos viajar más, pero como ves, seguimos haciéndolo», desliza con cierto optimismo al despedirse.

«No me cuenten Cuba»

Su nombre es Marta María Ramírez y nunca quiso esconderse tras un seudónimo ni encontrar refugio en el anonimato. Prefirió asumir las consecuencias de decir su nombre, de mirar de frente y sostener sus palabras. Hay algo en su mirada que delata una vida … de convicciones. Una mirada serena, pero marcada por los años dedicados a defender unos principios en los que creyó hasta el punto de estar dispuesta a sacrificarlo todo por ellos.
Marta es compromiso, coherencia y lucha. Tres palabras que difícilmente encuentran espacio bajo un régimen como el cubano, un término que, paradójicamente, todavía hoy le cuesta pronunciar.
«Llamar dictadura al régimen cubano no me da miedo. Sí, claro que siento miedo. Pero lo que me cuesta trabajo es nombrarlo así porque yo crecí allí. Crecí creyendo que podíamos construir un mundo mejor. Decirlo es también una traición a mí misma, a mis ideales, a mi vida y a todos los sacrificios que hicimos. También a los de mi familia, que participó durante todo el proceso revolucionario. Tanto la rama materna como la paterna hicieron lo que pudieron. Unos escondían armas y apoyaban a los rebeldes en el centro de Cuba; otros distribuían y vendían los bonos del Movimiento 26 de Julio».

Una mujer descansa en la terraza de su casa situada en La Habana vieja.

(Álvaro Ybarra Zavala)

No habla desde el resentimiento, sino desde la contradicción de quien un día creyó y después tuvo que enfrentarse a la realidad. Periodista, activista feminista y firme defensora de los derechos humanos, Marta conoce el precio que puede llegar a tener la libertad de decir lo que uno piensa. Aun así, reconoce que todavía no se siente completamente a salvo.
«Quizá algún día lo consiga. Pero mi compromiso es mucho mayor que conmigo misma y con mi hija».
Su compromiso político siempre estuvo ligado a una izquierda que entendía como un espacio de justicia social, libertad y defensa de los derechos humanos. Quizá por eso, una de las heridas que más le cuesta explicar no tiene que ver únicamente con Cuba, sino con la sensación de haber sido abandonada por una parte de quienes durante años consideró de los suyos.
«Siento que una buena parte de la izquierda nos ha abandonado. Vivo como refugiada política en España desde hace casi tres años, aunque yo no siento que me haya ido. De Cuba no me he ido nunca».

Vista general de la plaza de la Revolución en La Habana.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Plano general de Centro Habana.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Locales en las calles de Centro Habana.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Un grupo de adolescentes se baña en el mar junto al malecón.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Gente haciendo deporte en el recinto de piscinas de La Habana Vieja.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Su mirada crítica también alcanza la forma en que, durante décadas, se ha contado la historia de la Revolución Cubana. Un relato construido, demasiadas veces, desde una imagen romántica, estética y complaciente que ha terminado alejándose de la vida cotidiana de millones de cubanos.
«No se me ocurre un término mejor que pornomiseria. Y no es solo una responsabilidad de quienes nos miran desde fuera; a veces también ocurre desde dentro. De manera voluntaria o involuntaria, se ha contribuido a maquillar la imagen de un régimen que no se sostiene en la vida diaria. Cualquier sociedad es mucho más que una fotografía o una película, pero sí creo que existe una enorme responsabilidad sobre aquello que decidimos contar de esa realidad. Pienso, por ejemplo, en las y los periodistas independientes que, bajo el asedio, el acoso, la persecución del Estado y la criminalización constante de su trabajo, intentan explicar qué está ocurriendo realmente en Cuba. Pienso también en los cineastas que siguen luchando por una ley de cine que les permita trabajar con independencia, contar sus historias y exhibir sus películas dentro de la isla».

«Lo doloroso es sentir esa traición a unos ideales que también eran los tuyos. Yo no estoy en la derecha, pero tampoco quiero estar al lado de esa izquierda»

Marta María Ramírez

Habla con el dolor de quien siente que le han arrebatado un lugar al que pertenecía. No reniega de los ideales con los que creció; reniega de quienes, en su opinión, los han vaciado de sentido.
«Ya ni siquiera me quiero definir como una mujer de izquierdas. Creo que una parte de la izquierda, no toda, obviamente, nos ha traicionado. Cuando hablas con obreros y obreras de izquierdas en España, la gente entiende perfectamente qué está sucediendo, o al menos sospecha de un régimen que lleva casi setenta años en el poder y que ha estado liderado durante décadas por un hombre vestido de verde. Lo verdaderamente doloroso es sentir esa traición a unos ideales que también eran los tuyos. Yo no estoy en la derecha, no puedo estar. Pero tampoco quiero estar al lado de esa izquierda».

Reparto de comida dentro de un comedor social en La Habana Vieja.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Esa decepción también se extiende a buena parte de la nueva izquierda española y, en particular, a algunos de sus dirigentes. Marta no habla desde la distancia ni desde la teoría. Lo hace desde la frustración de quien esperaba otra actitud de quienes, al menos sobre el papel, comparten una misma defensa de los derechos humanos.
«Personas como Pablo Iglesias o Irene Montero… Que Pablo Iglesias vaya a La Habana en una flotilla y se hospede en un hotel de superlujo mientras Cuba está apagada y con hambre… puedo imaginar incluso las cenas pantagruélicas de quienes formaban parte de aquella delegación mientras hay gente que no tiene qué llevarse a la mesa».
Su indignación crece cuando habla del feminismo, una causa que ha marcado buena parte de su vida y de su activismo.
«Cuando ves a alguien como Irene Montero, a quien yo le he pedido públicamente en redes sociales que, por favor, se reúna con las compañeras feministas que siguen dentro de Cuba, duele. Los índices de feminicidio, aun siendo un subregistro elaborado por la sociedad civil con la ayuda de la ciudadanía y de la prensa independiente, son altos. En realidad ni siquiera sabemos qué está pasando. En una sociedad apagada, desconectada, el riesgo para mujeres, niñas y niños es todavía mayor. Tenemos mujeres y menores desaparecidos ante la inacción absoluta del Estado», explica.

«Es muy triste que nos llamen mercenarios, gusanos y gusanas por querer una Cuba mejor, una Cuba libre»

Marta María Ramírez

«Irene Montero prefirió reunirse con Díaz-Canel. Con un hombre que preside un régimen que nadie ha elegido. Ni siquiera puede decirse que tenga el mérito de haber luchado por aquello que hoy representa. En Cuba se dice que está «puesto a dedo»; existe otro término que no voy a utilizar porque no comparto esa forma de nombrar a nadie. Es un hombre que ha construido su propia casta política. Un hombre que nos ha negado una ley integral contra la violencia feminicida; que ha negado las desapariciones de mujeres, niñas y niños; que niega la existencia de presos políticos; que da una orden de combate contra un pueblo hambreado que pide libertades pacíficamente en las calles. Sé que España también tiene debates pendientes, como la persecución política del independentismo catalán, pero precisamente por eso estos asuntos deberían formar parte de la agenda de cualquier persona que se considere de izquierdas».

Sin discrepancia posible

En Cuba, sin embargo, la discrepancia no encuentra espacio. La crítica se convierte en un motivo de persecución y cualquier voz que cuestione al régimen pasa a ser señalada. «Es muy triste que nos llamen mercenarios, gusanos y gusanas por querer una Cuba mejor, una Cuba libre de un régimen que no nos permite vivir en paz ni expresarnos».
Con el paso del tiempo, la presión terminó por hacer insostenible una vida que llevaba años condicionada por el miedo.
«Yo no decidí salir de Cuba. Hace mucho tiempo que siento que no decido nada; son otros quienes deciden por mí. La represión contra periodistas independientes y activistas políticos de cualquier signo se recrudeció. No importaba si eras de derecha, de izquierda, feminista o cualquier otra cosa. La represión era para todos».
Ese momento coincidió con uno de los periodos más importantes de su vida.
«Estaba embarazada en 2018. Tuve a mi hija y viví interrogatorios de la Policía política mientras esperaba su nacimiento. Después, cuando ella tenía apenas siete meses y todavía lactaba, volví a ser interrogada con mi hija en brazos. También viví cómo agentes de Policía permanecían apostados frente a la puerta de mi casa para impedirme salir. No solo a las protestas, sino, por ejemplo, a un conversatorio con estudiantes universitarias sobre violencia obstétrica, un tema que yo puse en la agenda feminista cubana y en el debate público. Así de arbitrario es aún el régimen».

Un grupo de mujeres embarazadas en el interior de la maternidad de Trinidad.

(Álvaro Ybarra Zavala)

«Por mi hija decidí quedarme en la retaguardia. Apoyaba desde las redes sociales a distintas organizaciones, verificaba feminicidios y hacía ciberactivismo. En Cuba hay gente presa, ahora mismo, por dar un «me gusta». Me río para no llorar. Es absurdo. O por escribir un comentario en un chat familiar de WhatsApp».
«Ya tenía amenazas de muerte y también de retirarme la patria potestad de mi hija. Entonces salí durante un tiempo para tomar fuerzas. Estaba muy delgada, vivía con un estrés constante y tenía mucho miedo de lo que pudiera ocurrirnos. Aproveché esa salida para que mi hija pudiera recibir atención médica por un problema ortopédico. El tiempo corría en su contra. Lo conseguimos fuera de Cuba gracias a la ayuda de muchísimos amigos. Y, cuando estaba preparada para regresar, empecé a recibir mensajes que me decían: «No lo hagas. Hazlo por tu hija». Pero hubo uno especialmente duro, de alguien vinculado al propio régimen, que volvió a repetir exactamente lo mismo: «No lo hagas. Hazlo por tu hija». Ahí comprendí que aquella decisión nunca sería mía. Si hubiera dependido únicamente de mí, habría regresado».

Niños juegan con un tirachinas en la zona rural del departamento de las Tunas.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Un niño campesino, en la fiesta de la cooperativa Ramón Gonzalez Poro, situada en la comunidad de Algaba.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Un grupo de adolescentes baila una danza regional durante la marcha contra la homofobia en las Tunas.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Pero si hay algo que acompaña a Marta desde que salió de Cuba no es el alivio, sino la culpa. La culpa de quien siente que dejó atrás el lugar al que pertenece. Porque, aunque viva lejos de la isla, nunca ha dejado de imaginar el momento de regresar.
«Soy optimista, pero no estoy optimista».
La frase encierra una contradicción que resume buena parte de su forma de mirar el futuro. Conserva la esperanza, pero desconfía del rumbo que está tomando Cuba.

«Cuba desconoce la democracia o, al menos, la experiencia real de vivir en democracia. También desconoce la libertad de decidir»

Marta María Ramírez

«El futuro que veo para Cuba está inevitablemente relacionado con Estados Unidos y con lo que puedan hacer personas como Donald Trump o Marco Rubio. Y eso me parece profundamente triste. Después de todo lo que hemos luchado, no solo yo, sino varias generaciones durante más de seis décadas, para vivir en un país libre, en un país donde podamos decidir sobre nuestras propias vidas, acabamos mirando otra vez hacia fuera. Cuba desconoce la democracia. Después del periodo colonial hubo momentos de dictaduras muy duras. Cuando estudias la prensa de aquella época, descubres que los grandes episodios de censura y represión siempre coincidían con los momentos de mayor fuerza del movimiento independentista. Después llegó la intervención estadounidense tras la explosión del Maine y se sucedieron gobiernos sometidos a los intereses de Estados Unidos. Muchos de aquellos hombres habían luchado en la manigua (selva), pero terminaron convirtiéndose en grandes corruptos o imponiendo nuevas dictaduras».

Un grupo de jóvenes juega al béisbol en su barrio.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Locales se entretienen en un polideportivo de La Habana.

(Álvaro Ybarra Zavala)

«Más tarde llegó Fulgencio Batista y, tras su caída, otra dictadura, la de la Revolución Cubana. Después vino la alianza con la Unión Soviética y pasamos a depender de otro poder. Cuando cayó el bloque socialista, tampoco supimos ser independientes; el régimen tampoco podía serlo. Vivimos uno de los periodos más oscuros de nuestra historia y después apareció Venezuela, su petróleo y el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América) con otro modelo de dependencia».
«Por eso digo que Cuba desconoce la democracia o, al menos, la experiencia real de vivir en democracia. También desconoce la libertad de decidir. Desde fuera veo cómo cada vez más personas piden una intervención de Estados Unidos. Y eso me produce una enorme tristeza porque significaría volver al mismo lugar: seguir sin ser verdaderamente libres. Pero tampoco puedo juzgar a quien ha llegado a esa conclusión».

Un grupo de adolescentes se baña en el mar junto al malecón de La Habana.

(Álvaro Ybarra Zavala)

Plano general del malecón de La Habana.

(Álvaro Ybarra Zavala)

No habla desde la resignación. Habla desde la incertidumbre de quien conoce demasiado bien el precio que ha tenido cada intento de cambiar el rumbo de su país. Quizá por eso, cuando le pregunto qué espera del futuro, responde con una mezcla de ironía y deseo.
«En casi todas las predicciones que he hecho me he equivocado. Ojalá también me equivoque en esta. Ojalá logremos sacar a ese régimen a golpe de cazuelas. Ojalá también el mundo escuche de una vez el grito de libertad de los cacerolazos».