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Irán confirma la muerte de su líder supremo Alí Jamenei

Irán ha confirmado la muerte del ayatolá Alí Jamenei en el marco del ataque conjunto lanzado por Israel y Estados Unidos este sábado y ha anunciado 40 días de luto oficial en el país árabe, según medios oficiales.«Con gran tristeza y pesar les … informamos que, tras el brutal ataque del gobierno criminal de Estados Unidos y el malvado régimen sionista, (…) el Líder Supremo de la Revolución Islámica, Su Santidad el Ayatolá Ali Jamenei, fue martirizado«, reza un comunicado de la agencia semioficial Tasnim.

Jamenei ha fallecido en su oficina ubicada en su residencia mientras realizaba labores de trabajo, según los medios iraníes, como consecuencia de los bombardeos de Tel Aviv y Washington que atacaron este sábado de sorpresa el centro de poder del país árabe con el objetivo declarado de forzar un cambio de régimen en Irán.

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Bajas numerosas en el régimen iraní

Marta Martínez

El Gobierno de Irán ha afirmado que este «gran crimen» no quedará «impune» y ha sostenido que los responsables de la muerte de Jamenei se arrepentirán de sus actos. «La sangre pura de este distinguido líder fluirá como un manantial rugiente y erradicará la opresión y el crimen sionista-estadounidense», sentencia la nota.
Las autoridades del país árabe han mostrado sus condolencias a la «la noble nación iraní» y, además de los 40 días de luto oficial, han dictaminado siete días festivos.
De la misma manera, la Guardia Revolucionaria de Irán ha prometido ejercer un «castigo severo, decisivo y lamentable para los asesinos» del ayatolá y han anunciado que comenzarán «en breve» la ofensiva «más feroz» contra objetivos de Israel y bases militares estadounidenses.
«Invitamos a todos los segmentos de la sociedad a demostrar su cohesión y unidad nacional al mundo y a los enemigos malvados y terroristas de esta nación a través de su presencia apasionada y épica en el ámbito de la defensa nacional», han indicado en un comunicado recogido por medios iraníes.

En el poder desde 1989

El líder supremo iraní accedió a la cúspide del sistema político instaurado en Irán tras la Revolución Islámica tras reemplazar en 1989 al fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeini, convirtiéndose en la segunda y hasta ahora última persona en ocupar este cargo.
Los últimos años ha mantenido un discurso de línea dura sobre asuntos internacionales, especialmente en torno a la proyección de Teherán en la región, así como a nivel interno en lo relativo a la imposición de políticas conservadoras entre la sociedad, lo que ha generado críticas en por la represión contra disidentes y la obligatoriedad del velo.
Previamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había anunciado ya la muerte del líder supremo de Irán. «Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, ha muerto», ha asegurado el inquilino de la Casa Blanca.
«Esto no solo es justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los grandes estadounidenses y para aquellas personas de muchos países de todo el mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de matones sanguinarios», ha señalado el presidente estadounidense en un mensaje en redes sociales.
Según Trump, el ayatolá «no pudo eludir los sofisticados sistemas de inteligencia y rastreo» en colaboración con Israel. «Ni él ni los demás líderes que han sido asesinados junto a él pudieron hacer nada», ha afirmado sobre la operación que ha acabado con la vida de Jamenei.
Estados Unidos e Israel han lanzado este sábado una ofensiva sorpresa con cientos de bombardeos contra «ubicaciones que suponían una amenaza inminente», con el sector militar y nuclear en el foco. Washington ha declarado que el objetivo de la ofensiva es «desmantelar el aparato de seguridad del régimen».
Teherán estaba negociando con Estados Unidos un acuerdo sobre su programa nuclear cuando Estados Unidos atacó este sábado a Irán con el apoyo de Israel. Las autoridades iraníes han denunciado una «agresión militar criminal» que viola los principios de la Carta de Naciones Unidas y han lanzado ataques en represalia contra bases militares estadounidense en países del Golfo, incluyendo Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar.

El regreso soñado del hijo del sah

Donald Trump sorprendió al mundo cuando, tras arrancar el ataque conjunto de EE.UU. e Israel contra Irán, sostuvo sin disimulo que su objetivo último era un cambio de régimen que derribe la República Islámica y la dictadura de los ayatolás. Pero, ¿quién asumirá … los pedazos rotos del Irán que dejen los clérigos islamistas?
La incertidumbre manda todavía en qué resultado conseguirán Trump y su aliado israelí, Benjamin Netanyahu, cuando el polvo de las explosiones se asiente y se inicie una hipotética transición política. Es evidente que la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Jamenei, supondría una apertura decisiva a ese proceso. Pero donde sí hay certeza es sobre la figura mejor colocada para liderar la transición: Reza Pahlevi, el hijo del último sah de Irán.

Esa respuesta no era evidente hace unos meses. Pahlevi lleva toda la vida tratando de tumbar a los ayatolás, sin ningún éxito. Ellos fueron los que derrocaron a su padre, el último monarca de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, en 1979. Y los que le forzaron a vivir en el exilio desde entonces, como un príncipe heredero sin tierra.

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Testimonios desde Irán

Carlota Pérez

Pahlevi ha sido considerado un político débil, sin apoyos, disuelto entre la fractura eterna de la oposición iraní, dividida entre ideologías y etnias, entre monárquicos, izquierdistas, seculares, kurdos, baluchis, árabes… Negado por muchos, en un recuerdo de los abusos que también tuvo el régimen de su padre.
Eso ha cambiado. La oposición iraní sigue fracturada, pero Pahlevi es sin duda ahora la figura más prominente, y la que da apariencia de estar posicionada para liderar la transición política, con dos pilares básicos: democracia y secularismo. Y acaba de ocurrir lo que él ha exigido con fuerza en los últimos tiempos: que Donald Trump se aleje de la negociación nuclear con la República Islámica y se centre en el cambio de régimen. Nadie puede estar hoy más satisfecho y esperanzado por el rumbo de los acontecimientos que el hijo del sah.

La oposición iraní sigue fracturada, pero Pahlevi es la figura más prominente para liderar la transición, con dos pilares básicos: democracia y secularismo

Pahlevi, el hijo mayor del sah, estaba en plena preparación para asumir algún día la monarquía iraní cuando en 1979 se produjo la revolución en el país de Oriente Próximo, que acabó en la teocracia de los ayatolás. A él le sorprendió en EE.UU., cuando se formaba como piloto de combate en la base aérea de Reese, en Texas. Nunca regresó a su país.
Este sábado, tras los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel, aseguró que podría volver a Irán «pronto» y se postuló, una vez más, como la figura que debe asumir el control del país en su transición democrática, como lleva meses defendiendo.
El perfil de Pahlevi ha crecido con fuerza por varios factores. Por un lado, la decisión de Trump de atacar a Irán el pasado junio, que mostró la debilidad en su respuesta del Gobierno de Teherán. El hijo del sah ha conseguido hacerse un hueco en el entorno trumpista, con elogios al presidente de EE.UU. y a los republicanos. También ha ganado impulso con las tácticas agresivas de sus seguidores, que han conseguido aprovechar el momento para convertir el apoyo a Pahlevi en una dicotomía: o con el hijo del sah o con el régimen islamista.
En las manifestaciones multitudinarias y trágicas de Irán del pasado diciembre, con el combustible de la penosa situación económica del país, Pahlevi ha encontrado la legitimidad que le ha faltado durante décadas. Muchos iraníes gritaban «¡Javid sah!» (‘Larga vida al sah), dentro de una nostalgia colectiva sobre la vida antes de los ayatolás, en especial entre quienes están muy lejos de recordarlas, los jóvenes de la ‘generación Z’, que salieron en masa a las calles.
Las protestas no consiguieron resultados y la represión del Gobierno se cobró miles de víctimas (entre 7.000 y 30.000, según las estimaciones).

Discurso en Múnich

Pero, hace unos días, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Pahlevi reunió a cerca de 250.000 personas en una movilización para pedir apoyo a la causa de la oposición iraní. Allí volvió a exigir que no hubiera negociación con el régimen, sino combate. También ha asegurado que ha conseguido la defección de cerca de 10.000 miembros de las fuerzas armadas, de la Policía y de funcionarios del régimen islamista, aunque es algo difícil de comprobar.
En una entrevista pocas horas antes del ataque, Pahlevi insistió en que el problema no es la amenaza nuclear de Irán, ni su apoyo a milicias islamistas en todo Oriente Próximo, ni sus ambiciones con misiles de largo alcance. «La verdadera amenaza es el propio régimen», aseguró a la cadena australiana ABC. «Si eliminas el régimen, eliminas de una vez todos los problemas a los que nos estamos enfrentando, incluida la amenaza nuclear. El radicalismo, el terrorismo, la amenaza nuclear, la inestabilidad regional… todo eso se evaporará al instante en el mismo minuto en el que el régimen no esté ahí», defendió.
Trump ha sido muy escéptico sobre la capacidad de Pahlevi de liderar la transición en Irán. El mes pasado, aseguró que el hijo del sah es alguien «muy simpático». «Pero no sé qué apoyo tendría en su propio país», dudó el presidente de EE.UU., en una posición comparable a la que mostró sobre la venezolana María Corina Machado, y su capacidad de liderar la transición en su país tras la captura de Nicolás Maduro.

«Si eliminas el régimen, eliminas de una vez todos los problemas a los que nos estamos enfrentando, incluida la amenaza nuclear»

Reza Pahlevi
Hijo del sah

Pese a esas dudas, Trump ha hecho exactamente lo que Pahlevi pedía. Ir más allá de acuerdos con el régimen islamista y buscar un cambio de régimen. Una decisión que se debe más a las presiones de Israel y a sus propios intereses, pero que el hijo del sah compartió con el negociador principal de Trump, Steve Witkoff, durante encuentros en los últimos días y semanas.
«Queridos compatriotas, los momentos del destino están frente a nosotros», compartió Pahlevi en su mensaje a los iraníes tras los ataques. Calificó la operación militar de EE.UU. e Israel como una «intervención humanitaria» que tiene como objetivo la República Islámica, «no el país y la gran nación de Irán».
En su mensaje, aseguró que el régimen está «en colapso», instó a las fuerzas armadas y de seguridad que se unan a la causa opositora y pidió a la ciudadanía que, por ahora, se quede en casa. «En el momento apropiado, que yo anunciaré con precisión, podréis volver a las calles para la acción final», dijo, con una voluntad clara de tomar el control de la situación. «Estamos cerca de la victoria final», les dijo. «Quiero estar junto a vosotros tan pronto como sea posible para que juntos podamos recuperar y reconstruir Irán».

Plan de prosperidad y transición

Esa victoria final sería el comienzo del plan de prosperidad y de transición democrática que él mismo ha diseñado. En su plan, ese proceso estará basado en cuatro principios: respeto a la integridad territorial de Irán (lo que le enfrenta a otros opositores, como los kurdos), separación de religión y Estado, libertades individuales e igualdad para todos los ciudadanos y derecho a elegir una forma de gobierno democrático. Establece que él tomaría el control de un Gobierno provisional para estabilizar el país y organizar un referéndum sobre el tipo de Gobierno que desean, con la posiblidad de una monarquía que volvería a convertirle en sah. Después, elecciones. Y, con ellas, su salida del poder, como no deja de prometer.
Muchos en Irán han desconfiado de Pahlevi. Consideran que tendría demasiado poder en sus manos en esta transición. Y recuerdan que el ayatolá Jomeini, el líder islámico en la revolución, también decía que iba a dejar el poder y dedicarse a estudiar el Corán una vez derrocado el sah.

Trump abre ya la era del cambio de régimen en Irán

«Al gran y orgulloso pueblo de Irán: la hora de vuestra libertad ha llegado; ahora es el momento de tomar el control de vuestro destino».Con estas palabras, en un vídeo emitido en la madrugada del sábado desde Florida, el presidente de Estados Unidos … , con misiles aún cruzando el cielo de Irán tras el ataque inicial, formuló por primera vez de manera explícita, desde 1979, el año de la Revolución Islámica, el cambio de régimen en Teherán. Donald Trump colocó así en primer plano la meta, anhelada durante décadas por sectores en Washington y por aliados regionales como Israel y Arabia Saudí, de poner fin a la teocracia de los ayatolás, ya no solo frenando el programa nuclear o degradando capacidades militares, sino apelando directamente a que la población fuerce una transición política tras la muerte del líder supremo, Alí Jamenei.

Es el primer jefe de Estado que muere en hostilidades directas de EE.UU., una señal de que la operación ha rebasado el umbral de la contención y ha entrado en la lógica de la decapitación del poder para forzar un desenlace político, sin alternativa real sobre la mesa.

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Mikel Ayestaran

El presidente lanzó el hasta ahora mayor ataque de su presidencia, ya sin el factor sorpresa que acompañó la ofensiva del año pasado, aquel golpe a las instalaciones nucleares. El viernes 27 de febrero Trump salió de la Casa Blanca rumbo a Texas, hizo una parada en un restaurante de comida rápida en Corpus Christi con su gorra roja, se dejó fotografiar, chocó manos y compró hamburguesas para todos los presentes antes de volar a Palm Beach (Florida), mientras su Administración ultimaba la operación. Ya era patente que un ataque de este calado podía suceder, por el refuerzo naval en el golfo Pérsico, donde acababa de llegar el portaaviones Gerald R. Ford, el mayor del mundo.
La fase inicial comenzó alrededor de las 01.00, hora de Washington, al amanecer del sábado en Irán, con una salva de misiles Tomahawk lanzados desde buques y munición aire-tierra desde aviones de la Fuerza Aérea y la Armada, un arranque que el propio presidente presentó como operaciones de combate y que, por su escala, abre uno de los escenarios más ambiciosos y potencialmente más peligrosos para EE.UU. desde que escaló el pulso con Teherán.
El presidente dijo ser plenamente consciente de que la probabilidad de que haya bajas estadounidenses es alta, sobre todo en bases militares norteamericanas desperdigadas en la región, desde Qatar hasta Jordania, pero sostuvo que es un precio que está dispuesto a pagar. «Aun así, y no hago esta afirmación a la ligera, el régimen iraní busca matar. Las vidas de valientes héroes estadounidenses pueden perderse, y puede haber bajas. Eso a menudo ocurre en la guerra, pero no hacemos esto por el ahora. Lo hacemos por el futuro, y es una misión noble», afirmó Trump.

Las vías de salida iraníes

Irán tiene varias vías inmediatas: ya ha respondido con represalias contra objetivos estadounidenses y aliados en la región y puede ampliar esa pauta con más lanzamientos contra bases, infraestructura militar y apoyo logístico en el golfo, además de aumentar la presión sobre Israel con misiles y drones. Otra opción es escalar en el terreno marítimo y económico, tensando o incluso interrumpiendo el tráfico en el estrecho de Ormuz o reactivando redes para golpear el comercio y las rutas de navegación. También puede optar por respuestas menos visibles pero sostenidas, como ciberataques, operaciones clandestinas o presión a través de milicias aliadas.
Trump fija como objetivo central impedir que Irán obtenga un arma nuclear y, según sus propias palabras, «defender al pueblo estadounidense eliminando amenazas inminentes» del régimen. A partir de ahí enumeró objetivos operativos concretos: destruir los misiles iraníes y «arrasar su industria de misiles hasta el suelo», «aniquilar su Armada», y cortar la capacidad de sus milicias aliadas para desestabilizar la región y atacar a fuerzas estadounidenses. Lo presentó como una operación «masiva y en curso» destinada a evitar que esa «dictadura radical» amenace a Estados Unidos y sus «intereses básicos de seguridad nacional», y remachó el mensaje con el ultimátum a la Guardia Revolucionaria, las fuerzas armadas y la policía para que depongan las armas con «inmunidad total» o se enfrenten a una «muerte segura».

Sin figura de relevo

Es decir, descabezó al régimen y abre un hueco de poder para que los iraníes lo ocupen. Ahí ya no hay una indicación clara por parte de EE.UU.: no se ha identificado a una figura de relevo, como ocurrió en Venezuela con Delcy Rodríguez, ni se ha presentado un esquema de transición con exiliados u opositores reconocibles como interlocutores. Trump lo fía todo a que el descontento social, que durante años ha estallado en protestas y ha sido reprimido por el aparato clerical y de seguridad, se convierta ahora en el motor de una ruptura interna que termine imponiéndose en las calles y en los cuarteles.
Marco Rubio, secretario de Estado, avisó con antelación al llamado Grupo de los Ocho, que reúne a los líderes demócratas y republicanos de la Cámara y el Senado y a los presidentes y portavoces de la minoría de las comisiones de Inteligencia. Según un mensaje difundido por la Casa Blanca, Rubio llamó para «darles un aviso» y logró contactar con siete de los ocho; el único no localizable fue Jim Himes, principal demócrata de la comisión de Inteligencia de la Cámara. Después, Rubio y el director de la CIA, John Ratcliffe, ofrecieron un informe de alrededor de una hora. El Pentágono, por su parte, envió notificaciones a las comisiones de Fuerzas Armadas cuando los ataques ya habían comenzado.
Aun así, la Casa Blanca no pidió una autorización del Congreso para iniciar hostilidades, como se hizo en guerras sostenidas como Irak o Afganistán. Lo que se activa ahora es el marco de la resolución de poderes de guerra: el presidente debe remitir un informe en un plazo de 48 horas tras introducir fuerzas en hostilidades o en situaciones en las que estas sean inminentes; y, si no hay autorización legislativa, empieza a correr el límite de 60 días (con una posible prórroga de hasta 30 días para completar la retirada si se acredita necesidad militar). En paralelo, la Administración intenta encuadrar la operación como una acción de apoyo a Israel y de protección de fuerzas y aliados en la región, aunque el propio Trump, en su vídeo, fue más allá al animar a los iraníes a rebelarse.
Así culmina una progresión que Donald Trump fue construyendo por etapas y que convierte una política de presión en una campaña abiertamente militar. Primero, en 2018, EE.UU. se salió del acuerdo nuclear negociado durante la presidencia de Obama, rompiendo el marco que había limitado y verificado el programa iraní y devolviendo la relación al terreno de sanciones, coerción y choques indirectos.

La muerte de Soleimani

Después, en 2020, llegó el salto cualitativo de la muerte de Qasem Soleimani en Bagdad, una decisión que personalizó el conflicto, elevó el riesgo de represalias y consolidó la idea de que Washington estaba dispuesto a atacar el núcleo operativo del régimen. Soleimani era el líder de la Fuerza Quds, brazo internacional de la Guardia Revolucionaria. Su muerte inflamó a los ayatolás y provocó represalias que Trump dejó pasar, sin buscar mayores hostilidades.
Ya en junio de 2025, EE.UU. amplió la escalada con ataques contra instalaciones vinculadas al programa nuclear, que la Casa Blanca presentó como un golpe preventivo para frenar capacidades estratégicas. Y el 28 de febrero de 2026, Trump remató esa trayectoria con esta misión para descabezar a los ayatolás: ya no como un aviso puntual, sino como una operación «masiva y en curso» que durará, según dijo, al menos una semana.
Desde 1979, cuando militantes tomaron la embajada estadounidense en Teherán, todos los presidentes norteamericanos se han enfrentado al dilema de atacar o no a la teocracia. Algunos estuvieron cerca, otros buscaron componendas, como Obama con su acuerdo nuclear. Pero solo en la segunda presidencia de Trump se ha dado el paso de atacar a semejante escala al poder de una nación que hizo de la frase «Muerte a América» uno de sus lemas. Como dijo Trump el sábado, «sus actividades amenazantes ponen en peligro de forma directa a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo».
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Trump confirma la muerte del líder ayatolá iraní Jamenei

A las 16.30 de este sábado, hora de Washington, Donald Trump anunció la muerte del líder supremo iraní con un mensaje sin matices: «Jamenei, una de las personas más malvadas de la Historia, está muerto». Lo presentó como un acto de «justicia para el … pueblo de Irán» y también para «todos los grandes americanos», y lo enmarcó como el resultado de una operación conjunta con Israel: «No pudo escapar de nuestra inteligencia y de nuestros sistemas de seguimiento altamente sofisticados y, trabajando estrechamente con Israel, no hubo nada que él, ni los otros líderes que han muerto con él, pudieran hacer».
El presidente convirtió así el ataque en algo más que una campaña de castigo o disuasión. Por primera vez, la Casa Blanca proclamó públicamente que el objetivo de la operación había alcanzado la cúspide del poder en Teherán. Y al atribuir la acción a una coordinación con Israel, Trump subrayó elcarácter de guerra compartida con un aliado regional, en un momento en que la Administración intenta vender la ofensiva como defensa preventiva y apoyo a la seguridad israelí.

La muerte de Alí Jamenei, un jefe de Estado en ejercicio, coloca el episodio en un terreno histórico inédito, pues es la primera vez que un dirigente de ese rango muere en hostilidades directas de Estados Unidos, y el hecho confirma que la operación ha rebasado el umbral de la contención para entrar en la lógica de la decapitación directa del poder. Ya no se trata solo de degradar capacidades militares o frenar el programa nuclear.

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Bruno Pérez

Trump, de hecho, dejó claro que las hostilidades no se detienen con ese golpe. «El bombardeo intenso y de precisión continuará, sin interrupción, durante toda la semana o el tiempo que sea necesario», escribió, y elevó el objetivo final a un lema de ambición total: «para lograr nuestro objetivo de paz en todo Oriente Próximo y, de hecho, en el mundo».
El mensaje alterna amenaza y oferta para provocar una fractura interna. Trump afirmó que está recibiendo señales de deserción dentro del aparato de seguridad iraní. «Estamos oyendo que muchos de su Guardia Revolucionaria, su Ejército y otras fuerzas de seguridad y policía ya no quieren luchar y están buscando inmunidad por nuestra parte», sostuvo. Y remachó el ultimátum con una frase diseñada como consigna: «Como dije anoche: ahora pueden tener inmunidad; después solo tendrán muerte».
A continuación, el presidente presentó la muerte del líder supremo como la ventana que su estrategia necesita. «Esta es la mayor oportunidad para el pueblo iraní de recuperar su país», afirmó, y dibujó un escenario de transición improvisada: «Ojalá la Guardia Revolucionaria y la policía se fusionen pacíficamente con los patriotas iraníes y trabajen juntos como una unidad para devolver al país la grandeza que merece». En el mismo párrafo, añadió que ese proceso «debería empezar pronto» y subrayó la destrucción acumulada en pocas horas: «no solo ha muerto Jamenei, sino que el país ha quedado, en un solo día, muy destruido e incluso obliterado».
El mensaje de Trump en redes completa el giro iniciado en el vídeo nocturno de Trump, cuando llamó al «gran y orgulloso pueblo de Irán» a «tomar el control» de su destino.
Con ese salto, Estados Unidos entra en la fase más inestable del conflicto. La respuesta iraní queda abierta a represalias contra bases e intereses en la región, presión sobre rutas marítimas y comercio, y una escalada menos visible mediante milicias aliadas, sabotajes u operaciones cibernéticas. Trump, en cambio, fija su apuesta en una idea simple: el líder ha caído, el bombardeo seguirá y el régimen debe colapsar desde dentro, sin desembarco norteamericano.

EE.UU., Israel e Irán trasladan la guerra a la ONU, entre acusaciones cruzadas

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de urgencia este sábado en Nueva York para tratar la situación en Oriente Próximo, horas después de que EE.UU. e Israel lanzaran ataques conjuntos contra Irán y que este respondiera con bombardeos en territorio … israelí y en países de la región donde hay bases militares estadounidenses.
La sesión en el órgano de poder de la ONU solo sirvió para subrayar las diferencias entre EE.UU. e Israel por un lado e Irán por el otro y para que los tres países implicados insistieran que mantendrán sus operaciones militares. Todo ello a pesar de las quejas del secretario general de la ONU, António Guterres, que mostró su preocupación honda por la crisis desatada.

«Estamos presenciando una grave amenaza para la paz y la seguridad internacionales», dijo. «La acción militar conlleva el riesgo de desencadenar una cadena de acontecimientos que nadie puede controlar en la región más volátil del mundo».

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Julián de Velasco y Javier Torres Santodomingo

Fue una reunión con una tensión que no se sentía desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia hace cuatro años. El representante de Irán, Amir-Saied Iravani, calificó la campaña militar de EE.UU. e Israel como «acto de agresión, crimen de guerra y crimen contra la humanidad». Iravani defendió que los agresores habían atacado objetivos civiles, aseguró que más de cien niñas habían muerto en una escuela impactada por las bombas y advirtió que Irán «continuará ejerciendo su derecho inherente a la defensa propia».
«Todas las bases, instalaciones y fuerzas hostiles en la región» vinculadas con sus enemigos son objetivos militares «legítimos», dijo.
Para entonces, ya había hablado el embajador estadounidense, Mike Waltz, que fue consejero de seguridad nacional de Donald Trump en los primeros meses de su segundo mandato. «Este es un momento en la historia que requiere de claridad moral y el presidente Trump ha estado a la altura», dijo Waltz, que justificó el ataque estadounidense en la negativa de Irán a abandonar su programa nuclear.
Defendió que EE.UU. había buscado la vía diplomática sin descanso, pero que no hubo «voluntad genuina» para el acuerdo por parte de Irán.
Por su parte, el embajador de Israel, Danny Danon, sostuvo que su país no tuvo más remedio que atacar a Irán. «Actuamos por necesidad, porque Irán no nos ofreció ninguna alternativa», dijo.
La parálisis habitual en el Consejo de Seguridad, el único órgano de la ONU con capacidad para establecer decisiones vinculantes, se convirtió en una fractura por varios lados, con ataques cruzados entre varios miembros. Rusia y China -ambos en el grupo de los cinco miembros permanentes, con capacidad de veto- fueron los únicos, además de Pakistán, en mostrar un apoyo claro a Irán. El embajador ruso, Vasili Nebenzia, aprovechó para acusar a los países europeos -como Francia y Reino Unido- que no condenaron el ataque de EE.UU. e Israel pero exigieron a Irán que parara su respuesta. «No es ni siquiera un doble estándar, es una realidad paralela», criticó.

Guterres y la ONU, atacados por todos los flancos

Quienes se llevaron ataques por todos los flancos fueron Guterres y la ONU. Porque el secretario general condenó tanto los ataques de EE.UU. y de Israel, como los de Irán, que afectaron a media docena de países miembros de Oriente Próximo, como Bahrein, Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí.
Israel acusó a la ONU de «hipocresía» y el embajador estadounidense dijo que la organización internacional padece «falta de claridad moral, pero EE.UU. la mantendrá».
En la recta final, las intervenciones se endurecieron. El israelí Danon se dirigió al iraní Iravani y le pidió que tradujera al inglés las proclamas que desde hace 47 años, desde la llegada de los ayatolás al poder, se gritan en actos políticos y de Gobierno en Irán. Lo tradujo él mismo: «Muerte a Israel, muerte a EE.UU.».
El estadounidense Walz pidió un segundo turno de palabra para oponerse a las afirmaciones de la delegación iraní de que EE.UU. actuaba desde la ilegalidad en sus ataques. Lo calificó de «farsa», calificó a Iravani como «el llamado representante iraní» y dijo que la presencia de los representantes de la República Islámica en el Consejo de Seguridad era una «burla» a la organización internacional.
Replicó Iravani, que entró en el plano personal. «Solo tengo una cosa que decir. Le recomiendo al representante de EE.UU. que sea educado. Será mejor para él mismo y para el país que representa», dijo en tono amenazante. Walz volvió a pedir la palabra solo para añadir que no «dignificaría» al iraní con su respuesta y se limitó a recordar que representa a un régimen que «ha matado a decenas de miles de sus propios ciudadanos». Ese final fue la representación en las alfombras de la ONU de la guerra que ha empezado en Oriente Próximo.

Los altos cargos de Irán que han muerto en el ataque de Israel y EE.UU.

Bajo el nombre de ‘Operación Furia Épica’, Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado una ofensiva sobre Irán contra puntos claves del régimen ayatolá, que ha acabado con la vida de su líder supremo Alí Jamenei, además de otros altos cargos.La Fuerzas de … Defensa de Israel han confirmado la muerte de al menos siete altos cargos del régimen iraní, entre ellos el ministro de Defensa y el comandante de la Guardia Revolucionaria.

«Aviones de combate de la Fuerza Aérea Israelí atacaron con precisión objetivos militares en todo Irán, eliminando a siete altos funcionarios de la Dirección de Defensa iraní», han comunicado a través de un mensajes en redes sociales.
«El mundo es un lugar mejor sin ellos», han asegurado. Concretamente, los fallecidos son Ali Shamkhani, Mohammad Pakpour, Saleh Asadi, Mohammad Shirazi, Aziz Nasirzadeh, Hossein Jabal Amelian y Reza Mozaffari-Nia.

Ali Shamkhani

Era el asesor de Alí Jamenei para Asuntos de Seguridad y secretario del Consejo de Defensa. Además de ser uno de los líderes en la toma de decisiones sobre la seguridad del régimen, era el responsable del programa nuclear de Irán y gestionaba el desarrollo de las armas nucleares.
Anteriormente había sido alto funcionario en el IRGC, ministro de Defensa, jefe de la Armada iraní y secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán.

Mohammad Pakpour

Era el comandante de la Guardia Revolucionaria iraní y entre sus funciones se encontraba la de ser el responsable de activar el sistema de disparo estratégico contra Israel. Además, durante las últimas protestas contra el régimen en Irán, fue quien ordenó «la violenta represión» contra los manifestantes.

Saleh Asadi

Era el director de la Inteligencia de las Fuerzas Aéreas. Como alto funcionario de inteligencia jugó un papel importante en la estrategia iraní frente a Israel, EE.UU. y la región.
Además, estuvo fuertemente involucrado en el plan iraní para destruir Israel y en los ataques del año 2025.

Mohammad Shirazi

Era el jefe de la Oficina Militar del líder supremo Jamenei desde 1989. Además, era responsable de la conexión entre los altos comandantes de las Fuerzas Armadas y el líder supremo ayatolá y fue figura clave en el liderazgo del «régimen de terror iraní».

Aziz Nasirzadeh

Ocupaba el cargo de ministro de Defensa de Irán. Sirvió en el Ejército iraní y combatió como piloto en la guerra Irán-Irak. Como ministro de Defensa, estaba a cargo de las industrias que se encargan de la producción de misiles de tierra y de largo alcance, y de la transferencias de armas a representantes iraníes.
Lideró el SPND, que promovió proyectos de armas nucleares, biológicas y químicas durante años.

Hossein Jabal Amelian

Director de la Organización de Innovación e Investigación en Defensa (SPND), trabajó en el Ministerio de Defensa, estando a cargo de la Organización de Industrias Marítimas, donde era responsable del desarrollo de armas navales iraníes.
Formó parte de procesos nucleares durante años y promovió proyectos de armas nucleares, biológicas y químicas.

Reza Mozaffari-Nia

También ocupó el puesto de director del SPND, trabajó en planes avanzados para el desarrollo de armas nucleares en Irán.