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El candidato de Zapatero para el futuro de Venezuela, investigado en EE.UU. por torturas y narcotráfico

Con la caída de la cúpula del poder en Venezuela y las maniobras internas para definir un posible relevo de Nicolás Maduro, un nombre ha reaparecido con fuerza en los círculos del régimen: el del general retirado Miguel Rodríguez Torres, afincado en Madrid. … Su irrupción en este debate no apunta a una apertura política ni a una ruptura con el pasado, sino que devuelve al primer plano el núcleo más duro del aparato represivo chavista y sus mecanismos de supervivencia.
Antiguo jefe de los servicios de inteligencia y exministro del Interior, Rodríguez Torres fue excarcelado en 2023 y trasladado a España bajo supuesto protección humanitaria del Gobierno de Pedro Sánchez tras una mediación directa de José Luis Rodríguez Zapatero. Hoy, sectores del propio chavismo lo presentan como una opción de continuidad a futuro tras Maduro. Para Washington, sin embargo, su nombre es inasumible.
Un informe de inteligencia estadounidense al que ahora ha tenido acceso ABC describe a Rodríguez Torres no como un disidente reconvertido ni como una figura capaz de pilotar una transición creíble, sino como un presunto actor central de la represión y del crimen organizado durante los años más duros del chavismo. El documento, basado en testimonios, declaraciones de testigos protegidos y material recopilado por distintas instancias, traza el retrato de un operador del sistema cuyo pasado condiciona cualquier escenario de relevo político.

Según ese informe, Rodríguez Torres dirigió un aparato de persecución contra estudiantes, opositores y manifestantes que incluyó desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y el uso sistemático de la tortura como herramienta de control. El texto lo vincula de forma directa con la creación y el funcionamiento del centro de detención clandestino conocido como ‘La tumba’, ubicado en los sótanos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), en Plaza Venezuela (Caracas). Ese recinto ha sido descrito por organismos internacionales y por víctimas como un espacio diseñado para el aislamiento extremo, la privación sensorial y el quebranto psicológico prolongado.
Las descripciones coinciden en un patrón: celdas subterráneas sin ventilación ni luz natural, temperaturas artificialmente bajas, incomunicación absoluta durante semanas o meses, vigilancia constante y un uso deliberado del aislamiento como método de castigo y presión. Las víctimas relatan amenazas, humillaciones, malos tratos físicos y psicológicos y un régimen de encierro orientado a destruir la resistencia mental del detenido. Los informes a los que ha tenido acceso ABC atribuyen la concepción de ese dispositivo represivo a la etapa en la que Rodríguez Torres dirigía los servicios de inteligencia y el Ministerio del Interior.

El documento estadounidense va más allá del ámbito de los derechos humanos e incorpora acusaciones relacionadas con el narcotráfico y la protección de redes criminales. Entre ellas figura el presunto envío de 31 maletas de cocaína desde el aeropuerto internacional de Maiquetía a Francia en 2013 y la facilitación de rutas y coberturas logísticas para el llamado cártel de los Soles, la estructura que la justicia de EE.UU. sitúa en la cúspide del poder chavista y que integra a altos mandos civiles y militares. En ese contexto, el informe sostiene que Rodríguez Torres habría desempeñado un papel funcional como garante de operaciones sensibles y como custodio de información comprometedora.
Fuentes consultadas por ABC interpretan que la reactivación de su nombre como posible recambio del chavismo en el futuro no responde a un intento real de transición política, sino a la necesidad de preservar el control interno del sistema, mantener bajo resguardo archivos y secretos acumulados durante más de una década y proteger intereses cruzados de la cúpula chavista y de quienes intervinieron en su excarcelación y posterior instalación en España. En ese esquema, el general no sería una figura de consenso, sino un garante de silencios.
Aun así, es un nombre proporcionado por los hermanos Rodríguez y apoyado por figuras cercanas a ellos a EE.UU. como un líder fiel al los principios del chavismo y con el respeto del aparato represor venezolano.

La relación entre Rodríguez Torres y Zapatero

La relación entre Rodríguez Torres y Rodríguez Zapatero aparece en los documentos analizados por ABC no como una mediación puntual de carácter humanitario, tal y como se presentó públicamente en su momento, sino como un vínculo político sostenido. Ese vínculo habría permitido sacar de prisión y reubicar en España a una figura clave del aparato de tortura, hoy reutilizada como pieza funcional en un diseño de transición controlada impulsado desde el propio núcleo del régimen.
Según ha podido saber ABC, tanto la Fiscalía como los servicios de inteligencia estadounidenses han abierto líneas de trabajo específicas sobre Rodríguez Torres que incluyen entrevistas detalladas con víctimas de tortura bajo su mando. Al menos dos de ellas describen un sistema de malos tratos extremos y violencia sistemática en centros de detención cuya estructura, según sus testimonios, fue diseñada y supervisada por el propio general. Estas personas colaboran con la justicia bajo condiciones de confidencialidad y no pueden hacer pública su identidad en este momento.

Un relevo encabezado por Rodríguez Torres permitiría mantener bajo control información sensible sobre redes de poder, financiación ilícita y narcotráfico

Este nuevo frente ha vuelto a situar bajo escrutinio las circunstancias de su excarcelación y traslado a España, así como el papel desempeñado por Rodríguez Zapatero y la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de conceder protección humanitaria a quien los informes describen como un engranaje central de la maquinaria represiva del chavismo. El propio documento estadounidense recoge de forma expresa que el caso «encaja con el historial de Zapatero en los diálogos venezolanos, que le ha otorgado un acceso fluido al régimen, aunque de forma controvertida por priorizar a chavistas disidentes». El texto añade que existirían vínculos financieros que conectarían a Rodríguez Torres con Zapatero a través del cártel de los Soles, una afirmación que figura como alegación en el informe y no como conclusión judicial.
El informe recuerda además que en mayo de 2025 un tribunal español admitió a trámite una denuncia contra Rodríguez Torres por crímenes de lesa humanidad y tortura, presentada por la ciudadana venezolana Dulce Bravo y dirigida también contra la exfiscal general Luisa Ortega Díaz. La querella fue trasladada a la Fiscalía para que se pronunciara sobre la competencia de la Audiencia Nacional en aplicación del principio de justicia universal, pero acabó siendo archivada en julio tras una decisión del Ministerio Público. La denuncia atribuía a ambos su presunta participación en una estructura estatal responsable de torturas sistemáticas, detenciones arbitrarias y persecución política durante los años más duros de la represión.

Salida pactada de Maduro

En paralelo, ABC reveló antes de la caída de Maduro que los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez habían activado en los últimos meses canales discretos para tantear una salida pactada de Maduro que garantice su seguridad personal y preserve la arquitectura del régimen. Según fuentes conocedoras del expediente venezolano, esos mensajes habrían llegado a intermediarios próximos al entorno de Trump. Washington juzga ahora a Maduro con su mujer Cilia Flores en la misma causa que Hugo ‘El Pollo’ Carvajal.
El esquema que promovía el chavismo incluía un indulto total para Maduro y su círculo, la posibilidad de exilio en el extranjero, con Madrid mencionada desde el entorno venezolano, y la formación de un gobierno de transición integrado por figuras del propio régimen. Delcy Rodríguez ha negado en varias ocasiones cualquier implicación en negociaciones de este tipo o en la promoción de relevos internos, pero finalmente ha sido ella quien ha asumido el poder inmediatamente tras la detención de Maduro.
ABC ha recibido información de dos fuentes independientes que coinciden en que el plan que incluía a Rodríguez Torres fue presentado a intermediarios del entorno de Trump como una propuesta impulsada por los hermanos Rodríguez y que contaba con el beneplácito de Zapatero. Este no ha respondido a las peticiones de este diario para valorar la idoneidad del general cuya liberación facilitó en 2023.
Ese año, los abogados de Rodríguez Torres defendieron que su cliente no fue condenado a pena de extrañamiento ni quedó sujeto a medidas cautelares, y que su excarcelación se produjo tras acogerse a la figura de admisión de hechos por el delito de instigación a la rebelión. Según su versión, esa vía se utilizó porque ya había cumplido prácticamente la totalidad de la pena prevista. En ese mismo relato, los letrados reconocieron la intervención directa de Zapatero y la participación de altos cargos del régimen, entre ellos Delcy Rodríguez, el ministro de Defensa y el fiscal general. Confirmaron también que el traslado a España se produjo bajo la figura de asilo humanitario, sin prohibición de retorno a Venezuela, y que fue el propio general quien aceptó la propuesta de Zapatero de acompañarlo personalmente hasta España.

Rodríguez Torres
Un eventual relevo encabezado por Rodríguez Torres permitiría mantener bajo control información sensible sobre redes de poder

La hipótesis dominante entre las fuentes consultadas por ABC es que un eventual relevo encabezado por Rodríguez Torres permitiría mantener bajo control información sensible sobre redes de poder, financiación ilícita, narcotráfico y mediaciones políticas acumuladas durante más de una década. Un relevo diseñado no para desmontar el sistema, sino para preservarlo frente al riesgo judicial externo. Una fuente diplomática en Washington resume esa posición con una frase directa: para la Administración estadounidense, el nombre de Rodríguez Torres es inasumible.
Desde ese ángulo, su trayectoria aparece indisociablemente ligada a los años más duros del aparato de seguridad chavista. General retirado, fundador y director del Sebin entre 2010 y 2014, fue uno de los arquitectos del sistema de control interno concebido bajo Hugo Chávez y consolidado después por Maduro. Dirigió la respuesta del Estado a las protestas de 2014, un periodo marcado por al menos 43 muertes, y figura señalado en informes internacionales, documentos de inteligencia y testimonios de víctimas por su presunta implicación en detenciones arbitrarias, torturas y centros de reclusión clandestinos.
Tras caer en desgracia dentro del propio régimen, fue detenido en 2018 y pasó casi cinco años en prisión hasta su liberación y traslado a España. Desde entonces, su nombre reaparece cíclicamente en escenarios de transición promovidos desde el entorno del poder chavista, no como símbolo de ruptura, sino como posible garante de continuidad y control. Para Washington, esa condición lo convierte no en una solución, sino en parte del problema.

Lorent Saleh: «En 'La tumba' no hay día ni noche, es un limbo donde te desconectan»

Lorent Saleh, activista y defensor de derechos humanos, sobrevivió a cuatro años en las entrañas del sistema represivo venezolano. Su cautiverio coincidió con la etapa en la que el general Miguel Rodríguez Torres comandaba el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Fue … encarcelado y sometido a torturas, tiempo durante el cual intentó quitarse la vida. En 2017, aún privado de libertad, el Parlamento Europeo le otorgó el Premio Sájarov. Un año después, en octubre de 2018, fue desterrado a España.
Saleh es incapaz de recrear la rutina de un día cualquiera en ‘La tumba’, situada cinco pisos bajo tierra, en la sede del Sebin, porque allí «no hay día, no hay noche, no hay número», relata. Sin ventanas y bajo la tiranía de una luz artificial blanca encendida las 24 horas, «estás como en un limbo y justamente eso es el aislamiento celular; llevarte a un punto en el que te desconectan. No sabes si dormiste una hora, un minuto o diez horas. No tienes comunicación con nada, simplemente estás en un limbo».
Para él, la única referencia temporal era la llegada de la comida. Sin embargo, esta tampoco ofrecía variaciones que permitieran distinguir un lunes de un domingo: «Siempre es lo mismo, un arroz con pollo». En ese aislamiento se perfecciona la ‘tortura blanca’, un mecanismo diseñado meticulosamente para «herir sin sangre» y no dejar rastros forenses que sirvan de denuncia. Saleh describe la agresión sensorial como «una luz intensa prolongada que no importa si cierras los ojos, está ahí y te presiona». A esto se suma el sonido constante, como el de «un taladro que te aturde», y «el simple hecho de no saber qué van a hacer contigo representa una amenaza constante», que no permite encontrar tranquilidad.

La manipulación de la temperatura en las celdas de tres por dos metros era otra arma habitual. Los custodios alteraban el termostato buscando quebrar la resistencia física. «Con la temperatura juegan contigo», explica. «Si la suben, te empiezas a mover porque no puedes respirar. Si la bajan, terminas acurrucado en una esquina, doblado, tratando de mantener algo de calor mientras el frío te aprieta los huesos».
Su traslado posterior al fatídico Helicoide reveló la otra cara del sistema. Saleh establece una comparación arquitectónica y social entre ambos centros: «’La tumba’ y el Helicoide eran completamente distintos, como un minimalismo absoluto y un barroco caribeño». Si ‘La tumba’ es la tecnología aséptica del silencio, el Helicoide es el caos, la suciedad y el hacinamiento. «En una estás solo, aislado; en la otra encerrado en una celda, pero podías escuchar a centenares que gritaban por los pasillos; ahí lo peor es escuchar la tortura a otras personas».

«En ‘La tumba’ estás aislado; en el Helicoide podías escuchar a centenares que gritaban por los pasillos; ahí lo peor es escuchar la tortura a otras personas»

Lorent Saleh
Activista y ex preso político venezolano

Saleh introduce un matiz fundamental sobre la naturaleza del encierro: los detenidos no son presos, son «rehenes a merced de los custodios». «No hay normas, no hay reglas», asegura. El trato depende de una clasificación perversa basada en la importancia política o la capacidad económica. «Es un sistema completamente corrupto, sin decencia ni ética». Los custodios, a quienes describe como parte de una «tribu» atrapada en esa realidad, tienen licencia para torturar, pero su motivación a menudo es el lucro. «Tienen la necesidad de sacarle dinero y exprimir al detenido y a su familia. Su principal objetivo no es ideológico, sino económico».

Intento de suicidio

Fue en ese contexto de indefensión donde el suicidio apareció como una herramienta política. «Lo único que tienes para arrojar es tu propia vida». Así podía utilizar su existencia para medir la disposición del régimen: «Si no están dispuestos a matarte porque hay presión afuera, ya tienes cómo presionar ahí adentro. Si me mato aquí, tú terminas aquí encerrado», recuerda, pensando en los guardias a los que castigarían si el joven al que debían custodiar dejaba de respirar.
Desde el exilio, Saleh observa con escepticismo y rabia los movimientos geopolíticos actuales. Su crítica a la figura del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero no da lugar a dudas. «Todos sabemos que es un operador político a favor de los hermanos Rodríguez», afirma, refiriéndose a la cúpula del poder en Venezuela. «Él solo ayuda a los chavistas corruptos, a esos generales millonarios, a la oligarquía. No atiende al venezolano humilde».

«Todos sabemos que [Rodríguez Zapatero] es un operador político a favor de los hermanos Rodríguez»

Lorent Saleh
Activista y ex preso político venezolano

Esta conexión le lleva a hablar de Miguel Rodríguez Torres, el antiguo jefe de Inteligencia que hoy algunos sectores presentan como un factor de cambio. Saleh no olvida quién diseñó el infierno que habitó. «Rodríguez Torres es el creador de todo el aparato represivo, el ingeniero de ello. El creador de ‘La tumba’, del Sebin; le puso rostro, forma y método». Para el activista, la reaparición mediática del exgeneral no es casualidad: «Son ellos mismos tratando de meterse de nuevo en el juego, pagando publireportajes».
La preocupación de Saleh es que la comunidad internacional, impulsada por intereses energéticos, termine validando a los verdugos. Teme que se normalice la relación con el nuevo régimen bajo la excusa de la estabilidad de los mercados. «Si los gringos se hacen amigos de los matones del Sebin, estamos jodidos», advierte sin rodeos. «A ellos lo que les interesa es hacer billete, no los derechos humanos». La ruta de la transición, insiste «empieza por «la liberación de todos los presos políticos y el cierre de los centros de tortura».

Delcy Rodríguez se reunió en Doha con agentes de la CIA y el ministro de Exteriores ruso

11/01/2026

Actualizado a las 04:31h.

Desde el pasado mes de septiembre, la entonces vicepresidenta de Venezuela, hoy presidenta, Delcy Rodríguez mantuvo en el hotel Four Seasons de la capital de Qatar, Doha, varias reuniones con el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov; con el empresario y funcionario … también ruso Ígor Sechin, CEO de la compañía de energía Rosneft; y con agentes de la CIA, cuyo nombre es desconocido no sólo en el extranjero sino también en los Estados Unidos. Tanto Lavrov como Rodríguez usan siempre su nombre para reservar su hospedaje. Por el contrario, Sechin usa siempre uno distinto.

Las reuniones oficiales de trabajo se mantuvieron en edificios del Gobierno de Qatar, desde principios de septiembre hasta justo antes de Navidad, y los encuentros en el hotel tenían un carácter más informal y servían para desencallar «personalmente» los asuntos que durante el día habían quedado bloqueados en las negociaciones. Pese a ser Qatar un Estado inequívocamente islámico y que ayuda con recursos económicos infinitos a causas «hermanas» complicadas para el Occidente libre –como las de Hamás e Irán–, en su concepto de ‘soft diplomacy’ es mucho más eficaz de lo que parece, un poco como sucede con la observación de sus costumbres, mucho más estricta en la apariencia que en lo que luego cada uno hace, discretamente, en su vida privada.
Las relaciones con Israel y los Estados Unidos son mucho más fluidas y fructíferas de lo que puede parecer, aunque siempre desde la independencia de ser uno de los Estados más ricos y con la renta per cápita más alta del mundo. A diferencia de Emiratos y Arabia Saudí, Qatar no depende para su prosperidad del negocio con América y tal vez por ello Doha es creíble como territorio realmente neutro y por eso ha podido ser el escenario de negociaciones al más alto nivel entre países sin relaciones oficiales pero que encontraron en este lugar su manera de entenderse.

Las negociaciones

Ni los que presenciaron algunas de estas reuniones, más informales, en el hotel, ni los que tuvieron algún grado de cercanía con las que se mantuvieron en los edificios gubernamentales, son capaces de precisar si Delcy Rodríguez estaba negociando en nombre del Gobierno de Venezuela, y de su presidente depuesto, una salida que incluyera la detención pero que salvara su vida; o estaba pactando con los Estados Unidos –y bajo la supervisión de Rusia y de las personas más cercanas a su presidente, Vladímir Putin– la captura del tirano sin que él lo supiera y una transición, liderada por ella, hasta que se vuelvan a dar las condiciones para que la democracia sea posible en Venezuela.

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La oposición de Nicaragua celebra la liberación de 20 presos políticos tras la presión de Trump

La oposición en Nicaragua celebró este sábado la liberación de al menos 20 presos políticos por el Gobierno que copresiden Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero recordaron que el total de arrestados asciende a 62, por lo que reclaman la excarcelación de todos, … al tiempo que agradecieron a Estados Unidos la presión sobre el Ejecutivo nicaragüense, que conmemora hoy 19 años consecutivos en el poder.
«Celebro con alegría y solidaridad, la salida de una parte de los prisioneros políticos de las cárceles de la dictadura en Nicaragua, donde nunca debieron haber estado. Todos los restantes deben ser liberados sin excepción», resumió en X el escritor y premio Cervantes nicaragüense Sergio Ramírez, que se encuentra en el exilio.

El Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas de Nicaragua, que confirmó la excarcelación de al menos 20 presos políticos tras verificarlo con sus familias, recordó en un comunicado que «las personas excarceladas formaban parte de la lista oficial de 62».

«Si bien estas excarcelaciones representan un alivio para las familias, el Mecanismo insiste en que todas las personas detenidas arbitrariamente deben ser liberadas. Esto significa todas las 62 personas que integran la lista oficial: líderes indígenas, guardabosques, personas opositoras, trabajadores del Estado», exigió el organismo.

El sueño de libertad que continúa: Venezuela en suspenso político

Ha transcurrido una semana desde que Nicolás Maduro fue extraído de Caracas en una operación militar estadounidense de precisión quirúrgica, y Venezuela se ha despertado a una realidad que desafía toda categoría convencional. No es el caos que se temía, ni el orden que … se prometía. Es algo mucho más inquietante: una suspensión del tiempo político, una pausa que amenaza con prolongarse, mientras la vida, en una mueca de normalidad, sigue su curso. Las calles conservan su trazado, los edificios su verticalidad. Los comercios abren, los autobuses circulan, la gente camina. Pero una nota discordante lo altera todo: el presidente no está. Y nadie, en el fondo, sabe qué significa eso. La vida continúa, y esa es la perturbación más profunda.
Lo ocurrido en Venezuela no es una revolución, ni tampoco una contrarrevolución. Es un patrón que América Latina conoce bien, aunque rara vez ejecutado con tal celeridad: la sustitución de una administración por otra, bajo la atenta supervisión de Estados Unidos. El continente está sembrado de estos episodios: Guatemala en 1954, Chile en 1973, Haití en 1994. La diferencia, en Venezuela, es la velocidad. La ausencia de celebración. Y, sobre todo, la descarnada franqueza con la que Estados Unidos ha expuesto sus intenciones.
Desde Mar-a-Lago, Donald Trump ha sido explícito. Mientras los venezolanos intentan descifrar el nuevo acertijo de su país, Trump habla de petróleo. «Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo», ha sentenciado. «Nuestras compañías petroleras necesitan acceso a esos recursos». La nacionalización de 1976 parece ahora una reliquia de un pasado remoto. El petróleo es la razón. Todo lo demás es un elaborado teatro.

Sobre la duración de esta «transición», Trump ha sido igualmente directo: «La transición durará lo que tenga que durar». Una frase que en el contexto venezolano resuena menos como una promesa de cambio y más como una advertencia de ocupación indefinida. No hay prisa. No hay cronograma. Solo la certeza de que Estados Unidos permanecerá en Venezuela el tiempo que sea necesario para asegurar sus intereses.
Pero hay otro acto en este teatro que resulta particularmente revelador. María Corina Machado, la líder opositora galardonada con el Premio Nobel de la Paz, ha sido excluida de la transición. «No tiene el apoyo ni el respeto dentro del país», dijo Trump, con la displicencia de quien decreta una verdad incontestable. Machado, símbolo de la resistencia, ha sido descartada por Washington. Su lugar lo ocupa ahora Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que ha ascendido a la presidencia encargada.
Rodríguez se presentó ante la Asamblea Nacional para asumir formalmente el cargo. Su hermano, Jorge Rodríguez, preside el parlamento. La ceremonia fue un ejercicio de contención. Sus palabras, un delicado equilibrio. «Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano después de una agresión militar ilegítima contra nuestra patria», dijo, sin reconocer que ella misma es una pieza clave en el acuerdo que permitió esa agresión. Es el lenguaje de la resistencia, pero pronunciado por la figura elegida por Washington para gobernar. La contradicción es tan flagrante que casi nadie se atreve a señalarla.

Tras la caída de Maduro
Arriba, la gente carga sus teléfonos tras un apagón en su barrio después de que Estados Unidos atacara Venezuela y capturara a Maduro; debajo a la izquierda, un hombre rescata pertenencias de entre los escombros después del ataque; a la derecha, se puede apreciar cierta normalidad en las calles de Caracas
REUTERS/AFP

Mientras tanto, el chavismo no ha dejado de celebrar. Cada día hay actos, manifestaciones, conmemoraciones. Como si Maduro siguiera en el poder. En los actos públicos, la voz grabada de Maduro resuena en los altavoces: «No war, yes peace». El hombre extraído de su país por una fuerza militar extranjera ahora predica la paz desde una celda federal en Brooklyn. Y la administración que lo ha reemplazado utiliza su voz como un símbolo de continuidad.

Los pilares del nuevo poder

Junto a Rodríguez, dos hombres sostienen el andamiaje del poder. Diosdado Cabello, el número dos del chavismo, ostenta ahora el cargo de ministro del Interior y Justicia. Sobre él pesa una recompensa de 25 millones de dólares ofrecida por Estados Unidos. Cabello se ha convertido en un actor incómodo para Washington. Ha negado cualquier traición a Maduro y ha recorrido Caracas arengando a la población. En una marcha a favor de Maduro, exigió el retorno del «presidente electo». Cabello parece jugar a un juego cuyas reglas solo él conoce.

El chavismo no ha dejado de celebrar. Cada día hay actos, manifestaciones, conmemoraciones. Como si Maduro siguiera en el poder

El otro pilar es Vladimir Padrino López, el ministro de Defensa que controla las Fuerzas Armadas. También sobre él pesa una recompensa, de 15 millones de dólares. Pero Padrino de manera astuta ha respaldado a Rodríguez como presidenta interina, calificando la captura de Maduro como un «cobarde secuestro», pero sin mover un dedo para evitarlo. Padrino ha optado por la continuidad, bajo nuevas reglas.
Pero lo más significativo es lo que no sucede. El alto mando militar brilla por su ausencia. Mientras Padrino López reconoce a Delcy Rodríguez, los generales de las Fuerzas Armadas guardan un silencio elocuente. Durante treinta semanas, las amenazas de una intervención estadounidense fueron una constante. Pero cuando llegó el momento, las Fuerzas Armadas venezolanas no pudieron, o no quisieron, evitarlo. La rapidez de la caída sugiere una resistencia mínima, y eso ha dejado un vacío de credibilidad en las instituciones militares.

Sensación de traición

La sensación de traición impregna el ambiente. No la de una conspiración de opereta, sino algo más sutil: la traición de la incapacidad, de la debilidad institucional, de la corrupción. Los militares, presentados durante décadas como los guardianes de la revolución, resultaron ser incapaces de defender al gobierno. La desmoralización es palpable.
Cientos de venezolanos han salido a celebrar la caída de Maduro, pero no en su país. En Miami, en Madrid, en Nueva York, los exiliados festejan. En Caracas, reina el silencio. Es una calma antinatural, la aceptación colectiva de que el verdadero poder nunca residió completamente en el hombre al que llamaban «Súper Bigote».

Mientras Padrino López reconoce a Delcy Rodríguez, los generales de las Fuerzas Armadas guardan un silencio elocuente

La paradoja que define el momento es perturbadora: mientras la nueva Administración anuncia liberaciones de presos políticos, el cerco policial se cierra más que nunca. Jorge Rodríguez, desde la presidencia del Parlamento, anunció la liberación de «un contingente considerable» de detenidos. Ocho fueron excarcelados. Pero según la ONG Foro Penal, entre 800 y 1.000 personas permanecen encarceladas por razones políticas. Se liberan unos pocos para las cámaras, mientras cientos continúan en El Helicoide, en Rodeo Uno, en las cárceles que son sinónimo de represión en Venezuela.

Caza de brujas

La represión, mientras tanto, ha mutado. El «Estado de Conmoción Exterior» es la herramienta legal para una caza de brujas que no distingue entre un comentario en redes sociales y una colaboración activa. Rodríguez ha decretado un estado de emergencia de noventa días que confiere a las fuerzas de seguridad facultades extraordinarias para la «búsqueda y captura» inmediata de cualquiera acusado de respaldar «el ataque armado de Estados Unidos».
La presencia policial y de los colectivos, esas milicias de hombres enmascarados y armados, se ha intensificado. Su presencia es un mensaje, un recordatorio de que el control del espacio público se ha intensificado. Decenas de retenes militares han proliferado en la ciudad. A los periodistas extranjeros se les niega la entrada; a los locales se les intimida. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa ha sido claro: «No es posible una transición a la democracia con censura y prisión arbitraria».

La presencia policial y de los colectivos, esas milicias de hombres enmascarados y armados, se ha intensificado

Este autoritarismo silencioso es más sofisticado que el de hace una semana. Se ha atomizado, se ha infiltrado en los teléfonos, en las conversaciones. El miedo es suficiente. Y el miedo, en Venezuela, es ahora más eficiente que nunca.
Hay voces que leen la realidad con una claridad descarnada. Virgilio, un octogenario, no tiene miedo: «Aquí está muy claro: negociaron la cabeza de Maduro. El chavismo legitima todos los negocios y la cúpula que se quedó se reparte el poder con cara de cambio».
Alejandra, una estudiante de veinticinco años, observa la situación con la ironía de una generación desesperada. «Tengo veinticinco años y no he visto ni conozco otro gobierno. No me importa que nos gobierne Trump. Acá el chavismo se llevó más de sesenta mil millones de dólares en corrupción, así que no me importa como venezolana darle el petróleo como forma de pago a un ente exterior».
Yorbis, un joven comerciante de Catia, prefirió no salir de su casa durante cuatro días. «Vi cómo los colectivos amenazaron y golpearon al día siguiente de la salida de Maduro a los que querían trabajar». Su testimonio ilustra la realidad cotidiana de la represión silenciosa: el miedo se propaga por sí solo.

Extraña normalidad

En apenas una semana, Venezuela se encuentra en una encrucijada que no es nueva en América Latina. Lo que es nuevo es esta extraña normalidad, casi surrealista. Como si el poder simplemente se hubiera retirado de la escena, dejando todo lo demás intacto. Como si todo hubiera sido un sueño. Pero el sueño, de alguna manera, continúa.
Y mientras continúa, el petróleo sigue bajo tierra, esperando a sus nuevos dueños. María Corina Machado espera en la sombra. Las Fuerzas Armadas permanecen en silencio, desmoralizadas. Y los ciudadanos caminan por calles que parecen normales, pero que están sembradas de retenes, de miedo, de incertidumbre. El chavismo celebra cada día como si nada hubiera sucedido. Y la vida continúa, extrañamente normal, en una Venezuela que ha cambiado todo para seguir siendo exactamente la misma.