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Ucrania está ampliando su flota de drones interceptores

Ni ellos mismos pueden creerlo. En un campo de entrenamiento secreto al norte de Kiev, un grupo de voluntarios está aprendiendo los conceptos básicos sobre el derribo de drones. El experimento intenta revivir el espíritu de improvisación de las primeras semanas de la guerra. La … unidad a tiempo parcial, que incluye diseñadores gráficos, actores, abogados y un neurólogo, se parece más al Dad’s Army que a la guardia pretoriana. Sin embargo, sienten que tienen el deber de defender sus hogares. «Nos preparamos mientras podemos», sostiene la nueva recluta Oleksandra Azarkina, ex viceministra de infraestructuras. «No sabemos lo que nos deparará el mañana».
La defensa de Ucrania contra los drones Shahed es un frente clave de la guerra. De origen iraní, estos drones modernizados ofrecen a Rusia un sustituto barato y preciso de los misiles. Junto con los Gerbera, más ligeros y que a menudo se utilizan como señuelos o para reconocimiento, forman la columna vertebral de la campaña de Rusia contra la economía y la red eléctrica de Ucrania. Durante mucho tiempo, Ucrania tuvo dificultades para encontrar contramedidas. Ahora eso está cambiando gracias a la aparición de los drones interceptores como defensa asequible.

El P1-SUN de Skyfall

El dron que los voluntarios están probando, el P1-SUN de Skyfall, es uno de los tres modelos más populares. Se encuentra a medio camino entre un cuadricóptero y un minimisil. Una vez identificado el objetivo, el piloto despega verticalmente y a continuación se inclina 90 grados hacia delante para que el morro del dron, con forma de bala, vaya por delante. Puede alcanzar velocidades de 350 km/h, velocidad suficiente para los drones rusos propulsados por hélices. El morro contiene una pequeña carga, pero a menudo el impacto es suficiente. Funcionan bien siempre que no haya demasiado viento ni humedad y que el cielo esté libre de interferencias.

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Agustín Pery

Los interceptores más avanzados son semiautónomos. El dron Merops, fabricado por una empresa fundada por Eric Schmidt, antiguo director de Google, solo necesita ser guiado hasta el campo visual para activarse automáticamente. Las tripulaciones lo valoran muy positivamente, a pesar de los problemas de escalabilidad. El favorito actual es el Sting (en la foto), desarrollado localmente, que con un precio de 2000 dólares cuesta menos de la mitad. La disponibilidad y el coste siguen siendo las cuestiones clave, afirma el teniente coronel Pavlo Verkhovod, de la 25.ª Brigada Aerotransportada: «no tiene mucho sentido derribar el 100 % de los drones si el interceptor cuesta más que el objetivo».

Los ingenieros que estudian las aeronaves derribadas afirman que los drones utilizaban las propias redes de telefonía móvil y wifi de Ucrania para navegar

Los comandantes afirman que este juego del gato y el ratón ha dado lugar a capacidades que superarían a la mayoría de las fuerzas armadas occidentales. Los rusos modifican los drones y las tácticas cada pocos meses. Cuando los operadores rusos se dieron cuenta de que los drones Merops atacaban desde abajo, utilizando el cielo para marcar sus objetivos, los Shahed comenzaron a volar a menor altitud. Más tarde introdujeron maniobras cada dos minutos para engañar a los algoritmos. Los ingenieros que estudian las aeronaves derribadas afirman que los drones utilizaban las propias redes de telefonía móvil y wifi de Ucrania para navegar, utilizando sistemas inerciales para saltar entre nodos cuando se producía una interferencia. Ucrania ha tenido cierto éxito al interrumpir esta táctica, y el reciente paso de Rusia a dispositivos Starlink puede haber sido una respuesta al respecto.
Incluso antes de que Elon Musk cortara el acceso de Rusia a sus satélites a principios de febrero, Ucrania ya estaba mejorando su situación. En enero, un año después del lanzamiento de los drones interceptores, destruyó un récord de 1704 drones Shahed, la mitad de los lanzados. Alrededor del 70 % de las interceptaciones se realizaron con drones. El resto fueron derribados mediante una combinación más costosa de cazas, helicópteros y misiles. La 412.ª Brigada de Sistemas No Tripulados, también conocida como «Némesis», fue responsable de una sexta parte de los derribos. Némesis, que opera al margen de la burocracia militar, ha automatizado los procesos, desde el combate hasta los trámites administrativos. «Trabajamos como una startup», afirma el teniente coronel Artem Bielienkov, jefe del estado mayor de la unidad y antiguo analista financiero. «Fracasar rápido, construir nuevos prototipos, probar y escalar, o guardarlo en la caja y seguir adelante».
El nuevo equipo del ministerio de defensa de Ucrania, liderado por un prodigio tecnológico de 35 años, Mykhailo Fedorov, está tratando de extender ese tipo de modelo a todas las fuerzas armadas. En una rueda de prensa celebrada el 23 de febrero, el ministro presentó una visión en tres partes sobre cómo Ucrania podría recuperar la iniciativa en el campo de batalla. «Cerrar los cielos» era su primera prioridad. Los demás pilares —aumentar la tasa de desgaste de Rusia y exprimir su economía— están diseñados para hacer que la inutilidad de la guerra de Vladimir Putin resulte más evidente.
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Un senador de EE.UU. pide retirar las bases de Rota y Morón tras el choque con España por Irán

La tensión entre Estados Unidos y España por la guerra contra Irán sigue escalando en Washington. El influyente senador republicano Lindsey Graham ha pedido al presidente Donald Trump que traslade las bases militares estadounidenses fuera de España tras la negativa del Gobierno de … Pedro Sánchez a permitir su uso en operaciones relacionadas con el conflicto. «España, no nos dejáis usar vuestras bases aéreas —nuestras bases en vuestro país—. Estoy animando al presidente Donald Trump a trasladar todas nuestras bases fuera de España», afirmó. «Si existe un compromiso bajo el artículo 5 de la OTAN, no deberíamos tener bases en un país que no nos deja utilizarlas».
Sus declaraciones reflejan el creciente malestar en sectores del Partido Republicano con la posición adoptada por el Gobierno español. La crisis diplomática comenzó cuando Madrid rechazó autorizar el uso de las bases de Rota y Morón de la Frontera para operaciones militares vinculadas a la ofensiva estadounidense contra Irán. Ambas instalaciones, situadas en Andalucía, forman parte de la arquitectura militar de Estados Unidos en Europa y han sido utilizadas durante décadas como plataformas logísticas para operaciones en el Mediterráneo, África y Oriente Próximo.

No se trata de bases estadounidenses en sentido estricto. Rota y Morón son bases españolas de uso compartido en virtud de los acuerdos bilaterales de defensa firmados entre España y Estados Unidos. España mantiene la soberanía sobre las instalaciones y autoriza las condiciones de su utilización, mientras que las fuerzas estadounidenses disponen de contingentes permanentes y capacidad operativa dentro de ese marco de cooperación militar.

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Mikel Ayestaran

En la base naval de Rota están desplegados destructores de la Marina estadounidense equipados con el sistema antimisiles Aegis, una pieza clave del escudo de defensa de la OTAN en Europa frente a posibles amenazas balísticas. La base aérea de Morón, por su parte, funciona como punto de proyección rápida de fuerzas hacia África y Oriente Próximo, además de servir como plataforma logística para el transporte militar estadounidense.
La polémica se agravó después de que la Casa Blanca afirmara públicamente que España había ofrecido garantías de cooperación militar. La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, aseguró en rueda de prensa que el Gobierno de Pedro Sánchez había «escuchado» las peticiones de Washington y estaba dispuesto a colaborar con el ejército estadounidense. Moncloa reaccionó de inmediato desmintiendo esa versión. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó la afirmación de «falsa» y reiteró que España no participará en la guerra contra Irán.
Ya empieza. El senador Graham ha pedido a Trump que retire las bases militares de España tras la negativa inicial del Gobierno español a permitir su uso en la operación contra Irán. «España, no nos dejáis usar vuestras bases aéreas —nuestras bases en vuestro país—. Estoy animando… pic.twitter.com/n50j3yoxl2— David Alandete (@alandete) March 10, 2026
El propio Donald Trump elevó el tono de la disputa en una entrevista con el diario «New York Post». El presidente estadounidense calificó a España de «perdedora» y la acusó de ser «muy hostil a la OTAN». También criticó la negativa del Gobierno español a apoyar el aumento del gasto en defensa hasta el 5% del PIB, una de las exigencias que ha planteado a los aliados de la Alianza Atlántica. «No son un jugador de equipo, y nosotros tampoco vamos a ser un jugador de equipo con España», advirtió.
Aunque una retirada completa de las fuerzas estadounidenses de Rota y Morón exigiría renegociar los acuerdos bilaterales y un proceso político complejo, las palabras de Graham reflejan hasta qué punto la crisis bilateral ha escalado en Washington. En plena guerra contra Irán y con tensiones dentro de la OTAN sobre la respuesta al conflicto, el choque entre Madrid y la Administración Trump se ha convertido en uno de los episodios de mayor fricción reciente entre Estados Unidos y uno de sus aliados tradicionales en Europa.

Fukushima, hace 15 años

Hace ahora quince años, el 11 de marzo de 2011, me tocaba cubrir la noticia que más me ha impactado en toda mi carrera periodística: el tsunami de Japón que provocó el accidente en la central nuclear de Fukushima, el peor desastre atómico desde Chernóbil … en 1986.
El tsunami de Japón es una de las mayores catástrofes de la historia. Levantadas por el Gran Terremoto de Tohoku, que sacudió a la costa nororiental de Japón, sus olas gigantes, de casi 40 metros en algunos lugares, se cobraron cerca de 19.000 vidas, entre muertos y desaparecidos que se tragó el mar y todavía no han sido encontrados. Además de arrasar cientos de kilómetros del litoral, destruir y dañar más de un millón de casas y cientos de miles de vehículos, golpeó a la central nuclear de Fukushima 1, donde se fundieron total o parcialmente tres de sus seis reactores al quedarse sin electricidad y averiarse sus sistemas de refrigeración. Desde la explosión en la central ucraniana de Chernóbil, se trata del accidente nuclear más grave porque sus fugas radiactivas obligaron a evacuar a 80.000 vecinos que vivían en un radio de 20 kilómetros alrededor de la planta atómica. Alojados todavía muchos de ellos en refugios temporales, los evacuados nucleares no podrán regresar a sus hogares durante décadas, o quizás jamás en su vida, debido a la elevada radiación en torno a la central.

Aquel viernes por la tarde, yo estaba en mi casa de Pekín y salí pitando en cuanto vi por televisión las imágenes del tsunami arrasando la costa nipona. Tomé el primer avión en dirección a Tokio, que hacía escala en Seúl, pero me quedé allí varado esa primera noche por el cierre de los aeropuertos de la capital japonesa. A la mañana siguiente, pude volar desde Seúl a Osaka, donde intenté encontrar un vuelo al norte de Japón. Al principio, mi plan era volar a los lugares más devastados por el tsunami, como Sendai, pero su aeropuerto estaba cerrado porque había quedado inundado por el agua.

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Mientras buscaba destinos cercanos a la zona cero, la dependienta de la línea aérea me dijo que había un vuelo especial a la ciudad de Fukuhisma para los familiares de los damnificados y para llevar ayuda humanitaria. El problema era que estábamos en la terminal internacional y dicho vuelo salía de la nacional, que se hallaba a una hora en coche. Junto a otros dos periodistas estadounidenses, tomamos a la carrera un taxi que, a toda velocidad, nos llevó hasta dicha terminal, donde llegamos a nuestra puerta de embarque justo antes de que la cerraran.
– No estoy segura de subirme a este avión porque ya hay noticias del riesgo de que se fundan los reactores de una central nuclear en Fukushima – nos alertó preocupada una reportera europea.
– Entonces, razón de más para no perder este vuelo e ir hasta allí – repliqué yo con la inconsciencia habitual que nos lleva a los periodistas hasta los lugares de los que todo el mundo está huyendo.
Tomé ese vuelo y allí aterricé a eso de las dos de la tarde del sábado 12 de marzo, poco antes de la primera explosión de hidrógeno que sufrió la central, en la que ya se produjeron las primeras fugas radiactivas. Lo que me encontré al llegar a los alrededores de la central fue una de esas películas apocalípticas como las que hemos visto tantas veces en televisión. Solo que aquello era la realidad. La Policía estaba evacuando a toda la población que vivía cerca de la planta de Fukushima y midiendo su radiación para comprobar si estaban contaminados.

Pablo M. Díez, sometiéndose a una prueba de radiación en Minamisoma, en la frontera con la zona evacuada alrededor de la central de Fukushima 1.

(ABC)

En Miharu, justo en la frontera con la zona evacuada, los evacuados se cobijaban en su centro cultural. Tras sobrevivir al terremoto y al tsunami, ahora tenían que huir de la radiactividad. «Seguiremos luchando», prometía alzando el puño derecho Izumi Nakano, una trabajadora social que vivía en Futaba, una localidad vecina a la planta atómica que había sido totalmente desalojada. Sin tiempo para recoger más que unas pocas pertenencias, Izumi Nakano había tenido que salir a toda prisa junto a su marido, su hija y su perro, «uno más de la familia», como ella decía.
A las puertas de un hospital en Koriyama, una de las escenas que más me impresionó fue ver a una enfermera midiendo la radiación de un osito de peluche de una niña que había sido evacuada con su familia. Entre el pánico generalizado, la gente huía con lo puesto, pero con un civismo y una calma zen que solo es posible en Japón.
Desde aquel día, y durante las dos semanas siguientes, vivimos un estado de tensión permanente porque parecía que iba a haber una explosión nuclear y aquello iba a ser el fin del mundo. Al impacto de la destrucción del tsunami se sumaba el miedo a la radiactividad, un enemigo que no se ve ni se siente, pero que estaba allí acechándonos.
Arriesgando sus vidas, los héroes de Fukushima consiguieron finalmente controlar los reactores nucleares, donde solo hubo explosiones de hidrógeno que liberaron radiación a la atmósfera, pero no una explosión atómica que habría sido el fin de Tokio, a unos 250 kilómetros. Durante aquellos días, las autoridades niponas hasta se plantearon la evacuación de esta megalópolis de 30 millones de habitantes.

Viaje por la costa devastada

Pasé un mes y medio viajando por toda la costa devastada por el tsunami y entrevisté a numerosos damnificados, supervivientes y evacuados con los que volví a encontrarme en años posteriores. Entre ellos, jamás olvidaré a Haruko Hatakeyama, una anciana que se había refugiado en el salón de actos de Rizukentakata, uno de los pueblos más devastados. La abuela Haruko, de 82 años y abultada cabellera blanca, había perdido en el tsunami a dos hermanos, dos nietos y un cuñado. «Ni siquiera durante la guerra vi tanta destrucción como ahora», contaba apenada junto a su cuñada, Mitsuko Kohari, de 57 años, cuyo marido había perecido en el tsunami.
Pertrechado con un traje especial de protección, entré a solo dos kilómetros de la central, donde me encontré a vecinos que volvían a buscar sus pertenencias entre las ruinas de sus casas de madera, arrastradas por el tsunami. Como Kazuyuki Suenaga, un hombre de 52 años que vivía a siete kilómetros de la planta atómica de Fukushima y, ataviado también con un mono EPI, se había aventurado en la zona prohibida para buscar a su gato y recoger sus enseres en las ruinas de su vivienda, que el agua había desplazado 700 metros.

Pablo M. Díez, con un traje de protección en Futaba, en las inmediaciones de la planta atómica de Fukushima 1.

(ABC)

Desde entonces, he vuelto a Japón prácticamente cada año para hacer un seguimiento de la reconstrucción. Además, pude entrar en la central de Fukushima en 2015 y 2017 para ver los trabajos de descontaminación y desmantelamiento, que continúan hoy y durarán varias décadas.
Protegidos con trajes especiales, entre 3.000 y 4.000 operarios siguen trabajando todavía en su interior para descontaminar y desmantelar la planta de Fukushima 1. Unas tareas que durarán al menos cuatro décadas y se enfrentan al reto, hasta ahora insólito, de retirar el material radiactivo fundido de los reactores.
De toda mi carrera, esta es mi cobertura favorita e inspiró mi novela ‘Fukushima mon amour’. Luego vendrían otros fines del mundo, como el estallido de la pandemia del Covid en China en 2020, pero esa es otra historia. El primer fin del mundo que cubrí fue en Fukushima, hace 15 años.

La OTAN reúne a 14 países en unas maniobras que buscan blindar el Ártico

Estas maniobras bienales de la OTAN eran hasta ahora bastante rutinarias. La amenaza de Trump sobre Groenlandia, sin embargo, ha conferido un nuevo carácter a estos ejercicios militares, de los que Estados Unidos ha retirado gran parte de sus fuerzas aéreas previstas. «Nos han … informado que los F-35 no vendrán, que estarán en otras partes del mundo», ha confirmado el teniente coronel Espen Solemdal. «El Ejército estadounidense es una fuerza desplegada globalmente y no es anormal que las fuerzas sean reasignadas o reasignadas dinámicamente por una serie de razones», se ha limitado a informar un portavoz de las Fuerzas del Cuerpo de Marines de EE.UU. en Europa.
Estados Unidos sigue siendo, sin embargo, uno de los 14 países que participan en las maniobras Cold Response, en las que se entrena la protección del Ártico y que pondrán en movimiento a unos 25.000 soldados. España aporta unos 140 efectivos del Mando de Tropas de Montaña, entre ellos personal del Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña América nº66 y de la Compañía de Esquiadores Escaladores. Las unidades españolas se encuentran en la zona desde el 18 de febrero, con el objetivo de aclimatarse al entorno, según el Ejército de Tierra.

Este año, por primera vez, Cold Response forma parte de la nueva Operación Arctic Sentry de la OTAN, establecida hace sólo dos meses, durante la crisis de Groenlandia. «Demostrará que aún existe una alianza estrecha», dice Anna van Zoest, directora de la Comisión del Atlántico, «mostraremos a nuestros oponentes: mira lo que podemos hacer juntos». «Es más importante que nunca que la OTAN muestre unidad y que todos los aliados pueden trabajar juntos, especialmente en un momento en que hay preocupaciones sobre la división dentro de la Alianza», dice Van Zoest.

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Rosalía Sánchez

Las maniobras se desarrollan en un entorno subártico, de terreno fragmentado y lagos helados, en el que las condiciones meteorológicas son extremas y donde el frío afecta de forma muy diferente que en otros territorios tanto al equipo militar como al personal. En esta edición, la OTAN pone más énfasis en el papel de los civiles y su función en el apoyo militar. Noruega ha declarado 2026 como el año de la «defensa total», centrado en reforzar la preparación de civiles, empresas e instituciones públicas para afrontar la guerra y otras catástrofes.

Entrenamiento de la sociedad

«Queremos que nuestro Ejército haga su trabajo de defender el país. Para ello, dependemos completamente de que la mayoría de los aspectos de la sociedad funcionen con normalidad», ha explicado el general de división Lars Lervik, jefe del ejército noruego, que ha insistido en que «esta es también una oportunidad para ensayar específicamente donde los civiles pueden apoyar directamente el esfuerzo militar, por ejemplo, con el servicio sanitario tratando a un número mayor de soldados heridos, noruegos o de fuerzas aliadas, de lo habitual». Concretamente el jueves, el ejército presentará un escenario que pondrá a prueba la capacidad de los hospitales del norte de Noruega para tratar a un alto número de víctimas trasladadas desde una línea del frente imaginaria en Finlandia.
Además de España, participan Estados Unidos, Noruega, Turquía, Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Francia, Italia, Canadá, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Bélgica. En el extremo norte, los soldados practicarán suministros en el mar, coordinación entre barcos de diferentes países y la retirada de heridos. «El objetivo es disuadir a Rusia y mostrar la fortaleza y unidad de la alianza de la OTAN. Esto también se debe al creciente interés chino en la zona», informa el Ministerio de Defensa noruego.

Cold Response 2026.

(NATO)

En octubre de 2025, la OTAN inauguró el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC) en Bodo (Noruega). Al añadir un tercer CAOC en el Ártico y el Alto Norte, la OTAN aumenta su conciencia operativa, redundancia y flexibilidad. El Centro supervisa las operaciones aéreas en la región nórdica, el mar Báltico, el Atlántico Norte y el mar de Barents, asegurando que el espacio aéreo en el Alto Norte sea monitorizado, protegido y, cuando sea necesario, defendido.

Javier Gil: «El nuevo líder supremo de Irán no es una figura para tender puentes, es el arquitecto de la represión»

Tras la muerte del ayatolá Jamenei, su hijo Mojtaba ha sido designado como su sucesor. La diana que portaba su padre, ahora la carga el nuevo líder supremo, que no cuenta con el beneplácito de Donald Trump. Javier Gil Guerrero, investigador del ICS, Universidad … de Navarra y autor de ‘La sombra del Ayatolá: una historia de la República Islámica de Irán’ (Ciudadela Libros), analiza en ABC esta nueva figura en el tablero regional.
—¿Le ha sorprendido la designación del hijo de Jamenei?

—Era una figura que venía años rumoreándose que iba a ser el posible sucesor: Jamenei padre, la Guardia Revolucionaria y los principistas, la facción más radical dentro del régimen, estaban empujando para ello. El antiguo presidente Ebrahim Raisi, se contemplaba para el cargo, pero murió en un accidente de helicóptero. Mojtaba Jamenei no es una figura de consenso ni unificadora, sino que es continuista con el legado de su padre y profundamente escorada hacia una política de línea dura y de confrontación, tanto a nivel doméstico como a nivel exterior.

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DOCTOR EN RELACIONES INTERNACIONALES

José Ignacio de la Torre

—¿En qué medida su designación supone una traición a los principios de la república islámica?
—Este es uno de los puntos débiles del nuevo líder supremo. La república islámica se constituyó como una alternativa frente a la idea de monarquía. Lo que estamos viendo ahora es el surgimiento de una dinastía alternativa y una corrupción de la institución del líder supremo, una que en su origen estaba pensada para que la ocupara el clérigo más cualificado y respetado. Lo que vemos son maniobras políticas, favoritismo y conexiones familiares que reemplazan la idea de que debería ser un jurista, un clérigo de renombre nacional y de tacha incuestionable.
—¿Qué fricción podría generar entonces con los sectores más ortodoxos del clero?
—Es un líder supremo que cuenta con el respaldo de los sectores más duros del régimen, de la Guardia Revolucionaria y de los clérigos más ultraconservadores. El nuevo líder supremo está asociado al partido Paydari, el más radical y extremista en Irán, representado con casi 80 parlamentarios. Es una plataforma política que se opone a la negociación con Estados Unidos y a una distensión con Occidente. Aboga por una línea de resistencia sin conceder nada con respecto al programa nuclear. Aboga por una política de mano dura contra los sectores más moderados y reformistas dentro de Irán y por imponer el velo. También pretende restar poder e influencia a las instituciones electas del país, como son el Parlamento y el presidente, y reforzar el poder de las instituciones no electas del país, como es el Consejo de los Guardianes o el líder supremo.

Sobre Mojtaba Jamenei

«Es una figura amarrada a la trinidad imperante en Irán de muerte a América, muerte a Israel y el velo para la mujer»

Javier Gil
Analista político

—¿Puede haber algún choque entre el nuevo líder supremo y el presidente Pezeshkian, que es reformista?
—No, porque Pezeshkian no tiene la talla como para enfrentarse al líder supremo. Es una figura sin peso político al que permitieron que concurriera a las elecciones porque no suponía ninguna amenaza. Sería un suicidio político enfrentarse al líder supremo y es improbable que lo haga. El nuevo líder supremo está muy curtido, también en lo relativo a la represión interna. Se habla de que Mojtaba Jamenei fue uno de los arquitectos de la represión de las protestas de 2009 del Movimiento Verde –que dejó decenas de muertos–. Además, el líder supremo cuenta con importantes conexiones con la Guardia Revolucionaria. Luchó con ellos como voluntario en la guerra contra Irak en los años 80. Es alguien que conoce todos los entresijos del sistema porque lleva operando dentro desde hace años, a la sombra de su padre.
—Entonces, ¿cree que Mojtaba Jamenei está bien atado al poder?
—Es un ‘apparátchik’ del sistema, estos hijos de los líderes de la URSS que habían crecido toda su vida dentro de los pasillos del poder en el Kremlin y conocían la forma de operar y de comportarse. Pero Mojtaba Jamenei tiene potenciales debilidades. Con su nombramiento se rebaja todavía más el prestigio de la institución del líder supremo. Otra fuente de debilidad es el nepotismo. También le persiguen las acusaciones de corrupción. Mojtaba ha estado metido en muchos negocios de la Guardia Revolucionaria y de otras instituciones y se ha enriquecido con ellas. Se rumorea que tiene importantes propiedades en varios países. Para una sociedad que lo está pasando tan mal con las sanciones económicas, donde los índices de vida se han desplomado y la inflación está disparada, encuentran ahí otra vía de ataque.

El investigador del ICS de la Universidad de Navarra, Javier Gil Guerrero.

(J.Gil)

—Tras las protestas de diciembre y enero, ¿el nuevo líder supremo va a incrementar la represión?
—Para esta mayoría social que hay en Irán que se opone a la República Islámica, que está frustrada con sus políticas, la elección de Mojtaba Jamenei es una bofetada en la cara. No viene a tender puentes, es una figura para la bunkerización del régimen. Esta mayoría social que salió a las calles en diciembre lo volverá a hacer porque los problemas que les llevan a protestar siguen latentes y Mojtaba Jamenei no está dispuesto a resolverlos. Es una figura totalmente amarrada a esta trinidad negativa imperante en Irán de ‘muerte a América, muerte a Israel y el velo para la mujer’. También hay otra posible interpretación: Mojtaba Jamenei sería la única figura capaz de llegar a un acuerdo con Estados Unidos y evitar un golpe de mano de la Guardia Revolucionaria o los sectores ultraconservadores, porque viene de ellos, es una figura de la que nunca sospecharían. Es la única figura que podría hacer eso sin que se le acuse de traidor. Pero esto ya son carambolas del futuro que no sé si ocurrirán.
—Trump ha dicho que no le considera como candidato. ¿Es su elección una provocación?
—No, la elección busca cerrar filas. Si hubieran elegido al nieto de Jomeini, un candidato más moderado, se hubiera creado una gran confusión entre la Guardia Revolucionaria y los sectores que están ahora mismo librando esta guerra contra Israel y Estados Unidos. Su designación es una señal de continuidad.

¿Por qué en diez días Trump ha pasado de recordar a Biden a parecerse al peor Bush?

De acuerdo con un viejo dicho sobre la vida en Washington, aquellos que permanecen en esa ciudad tan hiper-politizada durante demasiado tiempo, corren el riesgo de convertirte exactamente en aquello que al principio despreciaban. Durante el primer año de su retorno a la Casa … Blanca, Donald Trump no ha sido capaz de resistirse a esa legendaria metamorfosis capitalina. Hasta el punto de enfrentarse a las mismas complicaciones sufridas por su némesis, Joe Biden. Desde cuestionamientos sobre su edad y salud hasta reproches sobre su gestión inflacionaria de la economía de Estados Unidos.
Sin embargo, de la somnolienta encarnación de ‘Sleepy Donald’, en los últimos diez días Trump se ha transformado en el peor W. Bush de la invasión de Irak en 2003. Con la correspondiente resurrección de los Cheney, los Rumsfeld y los Vulcanos que pensaban que era posible construir «su propia realidad». En su deriva neocon en contra de la ortodoxia aislacionista de la nueva derecha populista, Trump está llevando hasta sus últimas consecuencias su «puedo hacer lo que nos dé la gana».

No pasan desapercibidas las bochornosas similitudes entre la retórica empleada tanto por Trump como Putin para justificar una guerra de agresión vagamente definida, con objetivos cambiantes, amenazas exageradas y duración indefinida. Hasta llegar a la insistencia compartida por la Casa Blanca y el Kremlin en evitar calificar sus acciones como actos de guerra.

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Pedro Rodríguez

En Irán, Trump está enterrando el pensamiento tradicional de Estados Unidos desde la liberación de Kuwait para ir a la guerra: la llamada doctrina Powell. Formulada por el general y secretario de Estado a partir de la catástrofe de Vietnam, la fuerza debía ser el último recurso. Y de ser inevitable, siempre con un objetivo claro, con una estrategia de salida clara, empleo de todos los recursos disponibles y respaldo de la opinión pública.
En esa fosa común, tal y como analizaba ‘Politico’, también va el siglo XX y «sus villanos, sus alianzas, sus normas políticas y sus altos el fuego» sin ofrecer al mundo un nuevo equilibrio.