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María Corina Machado en las distancias cortas: «Ella es una tipa que mantiene su palabra y en la política eso es muy difícil»

Toda Venezuela, y parte del mundo, conoce la firmeza de María Corina Machado frente a los micrófonos. Sin embargo, los detalles de su personalidad en el día a día solo los conocen quienes han trabajado a su lado afrontando las consecuencias más duras: … el exilio, la clandestinidad o la prisión.
Puertas adentro, lo primero que salta a la vista es un nivel de autoexigencia implacable. Para su círculo íntimo, es una líder que no se conforma con lo superficial; cuando pide información, exige profundizar e ir a la fuente porque no le gusta improvisar. Esa obsesión por el detalle le permite manejar simultáneamente múltiples proyectos con una lupa minuciosa, demostrando una capacidad de trabajo que su equipo describe como casi inagotable.

Pero esa fortaleza no es solo intelectual. Quienes la han acompañado en las giras más duras recuerdan que su firmeza se ha puesto a prueba incluso físicamente. Ha soportado amenazas y golpes literales en recorridos por todo el país, manteniendo la entereza incluso después de ser agredida. Esa resistencia, dicen sus colaboradores, viene acompañada de una convicción espiritual profunda. Existe en el equipo la sensación de que hay una «mano de Dios» guiando el proceso, una fe que ella misma refuerza cuando, en los momentos de mayor peligro, les recuerda que su presencia allí no es casualidad.

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Sostener a un grupo bajo tanta presión requiere también de una sensibilidad que rara vez se hace pública. En los largos viajes por las carreteras –en los que ella misma solía conducir, maquillarse, mandar mensajes y hasta cantar para aligerar la tensión– encontró también su único refugio íntimo. Alguien que la acompañó de cerca confiesa que no le gusta llorar frente a los demás; se contiene, pero luego sube sola al coche y deja salir las lágrimas ante la injusticia y la miseria que han tenido que enfrentar.

El país por delante

Esa empatía es la que la lleva a aprenderse los nombres y las preocupaciones de cada persona. En los momentos de crisis, es ella quien llama a los familiares de sus colaboradores perseguidos para preguntar genuinamente cómo siguen. No es solo una jefa, es alguien que acompaña el dolor del otro.
En la política venezolana, donde las alianzas suelen ser frágiles y los intereses cambian, sus colaboradores ven en esa forma de aferrarse a sus ideas una virtud que, al final, complementa y construye. Quizás la definición más contundente de por qué su equipo se mantiene a su lado después de tantos años de riesgos la resume una de las voces de su núcleo estratégico, hoy en el exilio: «Ella es una tipa que mantiene su palabra y en la política eso es muy difícil. Y cada vez que ella ha tenido que tomar una decisión sobre ella o el país, siempre ha puesto el país por delante».

La Hungría después de Orbán

Y en segundo lugar, a pesar de que Orbán se vea obligado a reconocer una derrota, Hungría y sus estructuras mentales y de poder no cambiarán de un día para otro.

«Una derrota de Viktor Orbán podría abrir la puerta a la restauración de los estándares democráticos en Hungría, con implicaciones para la unidad y credibilidad de la Unión Europea. Sin embargo, un gobierno liderado por su principal rival, Péter Magyar, no resolvería automáticamente todas las tensiones entre Budapest y Bruselas. Algunas de las posturas de Magyar siguen siendo muy cercanas a las de Orbán en cuestiones clave de política, incluyendo el apoyo a Ucrania, el presupuesto de la UE, la política agrícola y la integración de la UE», señala Alberto Alemano, profesor de Derecho Europeo en París y Tokio, quien advierte de que «un Orbán derrotado no es un Orbán neutralizado».

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Alemano pone como ejemplo el caso polaco, después de que Donald Tusk desalojase del poder al partido ultranacionalista Ley y Justicia (PiS) y quedase bloqueado en su capacidad de gobierno. «El sistema electoral húngaro ha sido modificado de tal manera que ni siquiera una mayoría clara de los votos resulta necesariamente en una mayoría gubernamental. El presidente tiene la facultad de bloquear y retrasar los procedimientos legislativos, mientras que el Tribunal Constitucional está compuesto por jueces leales nombrados por doce años. Los requisitos del Estado de derecho de la UE abordan el incumplimiento gubernamental, pero no hacen nada para contrarrestar una arquitectura constitucional diseñada para sobrevivir a un cambio de gobierno», anota. Alemano concluye que, «sin apoyo externo, un gobierno magiar podría quedar paralizado antes de poder demostrar que la gobernanza democrática funciona».

«Un Orbán derrotado no es un Orbán neutralizado»

Alberto Alemano
Profesor de Derecho Europeo

«Aunque la UE ha desarrollado herramientas para sancionar el retroceso democrático, carece de un marco claro que respalde y verifique la recuperación democrática«, alerta por su parte Eric Maurice, analista del Centro de Política Europea. En su opinión, «sería de interés para la Unión Europea apoyar una transición democrática y la reintegración de Hungría en la comunidad de democracias liberales». Además, recomienda «un enfoque de principios pero pragmático basado en una condicionalidad por fases, entendida como un enfoque de secuenciación mediante el cual el apoyo financiero se desbloquea progresivamente en paralelo con reformas institucionales verificables en lugar de ser retenido o liberado por completo».
Desde el punto de vista de la economía interna, años de estancamiento y aumento vertiginoso del coste de la vida, junto con el enriquecimiento de oligarcas cercanos al gobierno, tampoco son fácilmente reversibles. Abundan las señales de fragilidad estructural, que van desde previsiones de crecimiento que apenas superan el medio punto anual, inversión en retirada y lastrada por los altos costes financieros y la incertidumbre empresarial, hasta una inflación del 4,5% que en 2023 llegó a ser superior al 17%.
El punto de partida de un nuevo gobierno es tan precario que todo apunta a que tardará más de una legislatura en desandar el proceso político y económico. «Deshacer los cambios legales e institucionales que Orbán ha implementado será una tarea desalentadora», augura Mario Bikarski, analista de Verisk Maplecroft. Aunque temía que un gobierno de mayoría simple condujera a «un entorno de bloqueo legislativo persistente e incertidumbre política», la abrumadora victoria de Magyar le allana el camino del cambio en Hungría.

Bruselas se libra de Orbán, el hombre de Putin en Europa

El derecho de veto en política exterior, que exige unanimidad de todos los miembros de la UE en las decisiones, ha convertido a Viktor Orbán en un palo entre las ruedas europeas. Hungría no solo es el país que más ha utilizado el veto … en la negociación de los presupuestos comunitarios, sino que también ha vetado los fondos europeos para Ucrania, las sanciones contra Rusia, varias medidas migratorias e incluso la declaración de condena del fraude electoral de Nicolás Maduro en Venezuela.
Por un motivo u otro, Orbán siempre ha hecho el papel de hombre de Putin en el Consejo Europeo. El ultranacionalista húngaro ha designado a Bruselas y sus instituciones como su némesis y ha elaborado una narrativa política basada en poderes externos que pretenden dominar subrepticiamente a los húngaros.

Sin embargo, hubo un día en el que Orbán era el más europeísta del panorama político de Budapest y el más empeñado en hacer girar la brújula política húngara hacia Occidente. Su gran olfato para los cambios políticos y su capacidad de adaptación le han permitido sobrevivir incluso en los peores momentos.

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Rosalía Sánchez

Orbán comenzó a ganar perfil como miembro de la disidencia liberal anticomunista de finales de los años 80. Nacido en 1963 en Székesfehérvár y crecido en un entorno rural de clase trabajadora, con el que nunca ha perdido la conexión y en el que ha seguido hasta hoy ganando la partida política, presume de que en su casa no había ni agua corriente.
Fue uno de los pocos del pueblo que fue a la universidad. Estudió Derecho Budapest, donde se integró en círculos opositores al régimen comunista, y saltó a la escena pública el 16 de junio de 1989, con sólo 26 años, durante el funeral simbólico de Imre Nagy, líder de la revolución húngara de 1956. Decenas de miles de alemanes de la RDA huían ese verano a través de Hungría y estaba ya a punto de caer el Muro de Berlín. Orbán supo leer el devenir político y, ante cientos de miles de personas, pronunció un discurso que exigía elecciones libres y la retirada de las tropas soviéticas que consolidó su imagen audaz y anticomunista.
Fidesz (Alianza de Jóvenes Demócratas), el partido en cuya fundación participó, fue inicialmente liberal, secular y prooccidental. En los noventa, representaba la modernidad política frente a los restos del antiguo régimen. En 1989 disfrutó de una beca de la Fundación George Soros para estudiar en Oxford y fue como cachorro del liberalismo occidental como aprendió a hacer política y pudo llegar al poder. Pero después lideró una metamorfosis de la formación política, tras su primera etapa en el gobierno (1998–2002), transformándolo en un partido de derecha nacional-conservadora, que absorbió a formaciones menores en torno a una estructura altamente centralizada. Supo ver una Hungría que se sentía arrollada por los cambios y deseaba retroceder, de manera que reorientó sus principios hacia la protección de la identidad cultural y la soberanía frente a influencias externas, ya fueran económicas, políticas o migratorias. Fue ese cambio radical el que le permitió volver al poder en 2010.
Y, en cuanto estuvo de vuelta, comenzó a encargarse de no ser desalojado nunca más de la jefatura de gobierno a través de una profunda reconfiguración del Estado. Reformó la Constitución, reorganizó el sistema judicial, reforzó el control sobre los medios públicos y favoreció la creación de conglomerados mediáticos afines. Durante la crisis migratoria, se convirtió en uno de los principales opositores a las cuotas de reubicación de refugiados. Su gobierno construyó vallas fronterizas y adoptó un discurso que vinculaba migración, seguridad y preservación cultural. En un célebre discurso de 2014, definió su proyecto como una «democracia iliberal», inspirándose en modelos como Turquía o Rusia, según análisis académicos ampliamente citados. Orbán ha centralizado poderes significativos en sus propias manos que, cuando su política estaba ya agotada, le han permitido ganar una vez más las elecciones.

Batería de recursos para aferrarse al poder

Cuando la corrupción había devorado ya buena parte de sus sistema y su retórica soberanista resultaba agotada para una nueva generación de húngaros mayoritariamente proeuropea, cuando la economía estancada y la debilidad interna amenazaban claramente con dar la victoria electoral al opositor Peter Magyar, surgido también del sustrato político de Fidesz, Orbán conservó un apoyo sólido en las zonas rurales, se apoyó en el miedo a una posible guerra contra Rusia y puso a funcionar su batería de recursos. Ha contado con el apoyo de empresarios cercanos al partido y que a su sobra han adquirido posiciones dominantes en sectores estratégicos, especialmente en medios de comunicación, construcción y energía. A esta red, a menudo descrita como el «ecosistema económico-político Orbán», pertenecen también las directivas de universidades, museos y centros culturales, orientados hacia una visión nacionalista de la historia y la identidad. Y, desde el exterior, ha contado tanto con el apoyo de Moscú y Pekín como de Washington, que le han proporcionado acuerdos energéticos y de inversión alternativos, cuando no abiertamente contrarios, a la política de alianzas estratégicas de la UE.
Orbán se ha convertido en referente para círculos conservadores en toda Europa, que ven en su modelo una alternativa al liberalismo occidental y una justificación a su propio estilo autoritario de hacer política. Ha contado muchas veces que su padre lo disciplinaba con dureza y que así desarrolló una regla vital que ha aplicado tanto desde la oposición como desde el gobierno: «Si me golpean una vez, yo golpeo dos».

Trump arremete contra el papa León XIV: «No quiero un papa que critique al presidente de EEUU»

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha arremetido contra el papa León XIV y ha dicho que es «terrible en política exterior» aludiendo a sus críticas sobre Irán y Venezuela, y le instó a «dejar de complacer a la izquierda radical».»El papa León es DÉBIL con el crimen y terrible en política exterior», ha escrito el mandatario en su red Truth Social, en un largo mensaje en el que le insta a «concentrarse en ser un gran papa, no un político», porque «está perjudicando a la Iglesia católica».»No quiero un papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un papa que considere terrible que Estados Unidos haya atacado a Venezuela (…). Y no quiero un papa que critique al presidente de Estados Unidos cuando estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido», ha declarado.Asimismo, Trump ha sugerido que León XIV que fue elegido papa «porque era estadounidense, y pensaron que sería la mejor forma de lidiar» con el republicano, y le insta a «estar agradecido».»León debería ponerse las pilas como papa, usar el sentido común, dejar de complacer a la izquierda radical y concentrarse en ser un gran papa, no un político», ha dicho el presidente, entre otras cosas.»Prefiero mucho más a su hermano Louis que a él, porque Louis es totalmente MAGA (Hacer Estados Unidos Grande de Nuevo, su lema de campaña). Él lo entiende, y León no», ha apostillado.En este casi primer año de pontificado, aunque siempre en tono muy cauto, León XIV ha denunciado algunos riesgos de la política global, ha lamentado guerras como la de Irán y ha instado a «garantizar la soberanía» de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro.Ayer sábado, en el Vaticano, instó a los gobernantes del mundo a contener toda «exhibición de fuerza» y a «sentarse en mesas de diálogo y mediación», y aunque no mencionó casos concretos, ese mensaje coincidió con las negociaciones de EEUU e Irán en Pakistán.

Orbán reconoce su derrota electoral en Hungría: «El resultado es doloroso»

El aún primer ministro de Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán, reconoció este domingo su derrota en las elecciones legislativas y felicitó por la victoria a su rival, el opositor conservador Péter Magyar.»Para nosotros el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos otorgado la responsabilidad de gobernar», dijo ante sus seguidores el mandatario magiar, cuyo partido Fisdez, obtuvo solo 56 de 199 escaños, con el 60 % de los votos escrutados, frente a los 136 de Tisza, la formación de Magyar.Aún así, el líder populista, en Gobierno desde 2010 con una mayoría parlamentaria de más de dos tercios, prometió servir la patria desde la oposición.»¡No nos rendimos! ¡Nunca, jamás nos daremos por vencidos!», exclamó Orbán en su breve discurso ante sus seguidores en Budapest.Orbán ha advertido de que «no sabemos lo que significa el resultado de las elecciones de esta noche para el destino de nuestro país y de la nación». «El tiempo lo dirá», pero ha prometido que trabajará desde la oposición para servir al país y a la nación.Además, Orbán ha felicitado a sus seguidores por su «duro trabajo» y por los 2,5 millones de votos conseguidos y ha abogado por «fortalecer nuestras comunidades».

Las encuestas avanzan una victoria aplastante de la oposición en las elecciones de Hungría

Las urnas acaban de cerrar en Hungría y las primeras proyecciones de voto del Centro de Investigación 21, independiente, le dan al partido opositor Tisza, de Péter Magyar, un resultado que roza los dos tercios de los votos. Eso le otorgaría 135 escaños … de los 199 que componen el Parlamento húngaro. Se trata de una encuesta realizada en los días previos a las elecciones, entre el 7 y el 11 de abril, y Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orbán, contaría con 62 escaños. Mi Hazánk (Nuestra Patria), de extrema derecha, alcanzaría la presencia parlamentaria, aunque residual.
La participación histórica en los comicios, que poco antes del cierre de los colegios electorales había superado ya el 78,8 %, muy por encima del 73,5 % de las elecciones de 2002, parece haber ayudado a un cambio de gobierno.

Esta encuesta se conoce al final de una jornada electoral marcada por los cruces de acusaciones de fraude y desconfianza generalizada. «Ahora es el momento de estar muy tranquilos y muy inteligentes», llama a la serenidad el veterinario y diputado independiente Ákos Hadházy, conocido por su labor como denunciante de casos de corrupción y por su papel como diputado independiente. «No hay elección que no pueda ser estafada por el poder en un régimen híbrido. La única pregunta es si se atreve a hacerlo«, señala.

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Elecciones en Hungría

Rosalía Sánchez

Alrededor de muchos colegios electorales, especialmente en las regiones más deprimidas, se han denunciado casos de compra de votos por parte de Fidesz. En Kerepes, por ejemplo, el presidente del autogobierno romaní local y un pastor de la Congregación de la Fe hablan de una tarjeta valorada en 10.000 forintos (27 euros) entregada a quien vote al candidato de Orbán, que en ese distrito es el ministro Balázs Hankó. Los medios críticos con el Gobierno informan sobre numerosos casos de furgonetas yendo y viviendo a los colegios electorales cargadas de votantes comprados. Pero no solo Fidesz está siendo acusado.
Durante la jornada electoral, el periódico afín al gobierno ‘Origo’ ha publicado un documento de Tisza, filtrado según este medio por un exmiembro del partido, Balázs Csercsa, que demostraría que el equipo de Magyar contempla varios escenarios para la noche de las elecciones, incluyendo una movilización callejera y presión internacional en caso de resultados adversos.
Más concretamente, el documento redactado en inglés sugiere que Péter Magyar no debería esperar al resultado final, sino que debería declararse ganador pronto. De igual modo, propone obtener el reconocimiento de la Comisión Europea y del Gobierno alemán en las primeras horas tras el cierre de las urnas, para «declarar a partir de ese momento que todos los votos que se cuenten posteriormente han sido fraudulentos». ‘Origo’ denuncia que se pedirá a los seguidores de Tisza que actúen en las calles, ocupen edificios públicos y lleven a cabo manifestaciones violentas en Budapest al estilo del Maidán en Kiev.
Balázs Csercsa era el responsable de asuntos eclesiásticos de Tisza hasta el pasado mes de enero, cuando abandonó el partido tras desacuerdos con la dirección. Según el documento que ha filtrado, el partido debe prepararse para todas las eventualidades y desarrollar una estrategia de comunicación el día de las elecciones, incluso en caso de un resultado cerrado o desfavorable. En este contexto de construcción de la narrativa del fraude electoral, la búsqueda de testigos que puedan respaldarlo jugaría un papel clave. Los contadores de papeletas tendrían que informar continuamente de casos sospechosos y, tras el cierre de las urnas, habrían recibido orden de denunciar sospechas de abusos en un evento masivo al que seguiría una movilización rápida, con concentraciones organizadas en núcleos metropolitanos marchando hacia edificios gubernamentales.
El independiente Hadházy también expone un escenario que no considera impensable: «Lázár, Bohár, Balázs, Orbán y los medios de comunicación están asustando con un levantamiento armado de la oposición, la propaganda lleva días hablando del reclutamiento de provocadores ucranianos. Si esto ocurre, hay que hacer hoy dos cosas: uno, jurar no soportar esto, y dos, saber que no vamos a cambiar las elecciones amañadas esta noche, ni mañana, y saber que esto solo puede hacerse pacíficamente, pero con mucha firmeza y persistencia».