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China afirma que el acuerdo con Canadá «no apunta a terceros»

China ha señalado este lunes que un acuerdo comercial preliminar con Canadá «no afecta a terceros», después de que Estados Unidos amenazara con imponer aranceles del 100% a los productos canadienses si se concretaba el acuerdo.«China y Canadá han establecido … un nuevo tipo de asociación estratégica… que no afecta a terceros», ha declarado el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Guo Jiakun, en una conferencia de prensa. «China defiende que los países aborden las relaciones entre Estados con una mentalidad de beneficio mutuo, y no de suma cero, y a través de la cooperación en lugar de la confrontación», añadió.

Ante la guerra comercial iniciada por el presidente estadounidense, Donald Trump, el primer ministro canadiense, Mark Carney, apuesta especialmente por la búsqueda de nuevos mercados en Asia y Europa. En este contexto, en enero firmó en Pekín, según sus propias palabras, «un acuerdo comercial preliminar, pero histórico, destinado a eliminar los obstáculos al comercio y reducir los aranceles» con China.
El acuerdo preliminar entre Pekín y Ottawa prevé, en particular, permitir la entrada en Canadá de 49.000 vehículos eléctricos fabricados en China con aranceles preferenciales del 6,1%, según Carney. También, se espera que Pekín reduzca los aranceles a las importaciones canadienses de canola y conceda a los canadienses la exención de visado para viajar a China.

El Kremlin valora «positivamente» los contactos con EE.UU. y Ucrania en Abu Dabi

El Kremlin ha afirmado este lunes que valora «positivamente» el hecho de que los contactos entre Rusia, Estados Unidos y Ucrania en Emiratos Árabes Unidos (EAU) hayan arrancado «de forma constructiva».Sin embargo, ha declinado hacer una valoración sobre las conversaciones acerca de «un … asunto muy complejo», en el marco de los esfuerzos diplomáticos para lograr un acuerdo que ponga fin a la invasión desatada en febrero de 2022.

«No puedo dar una valoración. Sería un error esperar resultados significativos de estos contactos iniciales», ha declarado el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov. «Es un asunto muy complejo», ha sostenido, si bien ha recalcado que «el hecho de que estos contactos hayan arrancado de forma constructiva puede ser valorado de forma positiva».

«Aún queda mucho trabajo por delante», ha subrayado, al tiempo que ha incidido en que «no puede decirse que hubiera un ambiente amistoso» durante los contactos. «Eso es algo improbable en esta etapa, pero si se intenta lograr algo a través de las negociaciones, hay que comunicarse de forma constructiva», ha añadido, según recoge la agencia Interfax.

Londres reduce los homicidios, pero no la alarma social por la violencia cotidiana

El alcalde de Londres, Sadiq Khan, abrió su balance con una cifra cerrada: 97 homicidios en la ciudad en 2025. El dato, presentado en una rueda de prensa ante corresponsales extranjeros, confirma el descenso respecto a 2024, cuando se registraron 109, y deja el … total anual en su nivel más bajo desde 2014, año en el que hubo 95 homicidios.
En el ciclo más reciente, la ciudad había contabilizado 116 en 2022 y 106 en 2023, de modo que el cierre de 2025 consolida una tendencia a la baja en el delito más grave, en un contexto en el que la capital británica ha seguido creciendo en población. Ajustado por habitantes, el resultado equivale a una tasa de 1,1 homicidios por cada 100.000 personas, cifra que, según la Policía Metropolitana (MET), es la más baja desde que existen registros y sitúa a Londres por debajo de cualquier otra ciudad del Reino Unido, además de colocarla por debajo de grandes urbes comparables como Nueva York, Berlín o Toronto.
La explicación que ofrecen las autoridades combina actuación policial intensiva, tecnología y una estrategia selectiva centrada en los delincuentes más peligrosos. Según la Policía, el resultado se debe al trabajo de quienes «detienen a 1.000 delincuentes más cada mes, impulsan la innovación mediante tecnologías como el reconocimiento facial y ejecutan una ofensiva selectiva contra las bandas más peligrosas, los delincuentes del crimen organizado y los depredadores de mujeres y niños».

En su intervención, Khan insistió en que la caída de los homicidios ha ido acompañada de avances específicos en la violencia juvenil, con «el menor número de menores de 25 años asesinados en este siglo». El alcalde de Londres explica dicho cambio por «nuestro enfoque sostenido en un planteamiento de salud pública, siendo duros con el delito, con la aplicación de la ley, apoyando a la Policía, y siendo duros con las causas complejas del delito, con intervención, prevención y apoyo» a los jóvenes.
El comisionado de la Policía, Mark Rowley, resumió el mensaje institucional diciendo que «hace tres años prometí que haríamos Londres más segura mediante más confianza y menos delitos. En su opinión, la tasa de homicidios récord a la baja de Londres es el resultado de un trabajo implacable». Para Rowley, «los resultados hablan por sí solos: menos vidas perdidas, menos familias destrozadas. Cada asesinato es una tragedia, pero seguiremos utilizando todas las herramientas a nuestro alcance para reducir la violencia grave».

Guerra entre Minnesota y la Administración Trump por la investigación de la muerte de Alex Pretti

En las inmediaciones de donde murió Alex Pretti, entre flores, velas y mensajes, una de las reclamaciones constantes de los vecinos de Mineápolis es la rendición de cuentas, que se investigue, que haya responsables. Pero la investigación de la muerte de Pretti –fallecido por … disparos de agentes federales en medio de una operación para detener a un inmigrante indocumentado– apunta a no calmar los ánimos, sino a exaltarlos.
En cuanto ocurrió la tragedia, los agentes federales impidieron a los investigadores estatales de Minnesota hacer labores investigativas y recoger pruebas en la escena del fallecimiento. Esa decisión ahonda la desconfianza de muchos en Mineápolis por una investigación objetiva y que trate de dilucidar si la actuación de los agentes se ajustó a la ley.
Desde el momento de la muerte de Pretti, el Gobierno de Donald Trump –desde los líderes de las fuerzas federales destacados en Mineápolis hasta el propio presidente– ha buscado imponer la narrativa de que los agentes actuaron en defensa propia ante un hombre que iba armado y que buscaba infligir el «máximo daño posible» y «masacrar» a los policías. Los vídeos de los testigos cuestionan ese relato: Pretti –que tenía licencia para portar armas y es legal hacerlo en público– nunca echó la mano a su pistola, estaba reducido por los agentes y uno de ellos ya le había desarmado antes de que le dispararan por primera vez.

El fiscal general de Minnesota, el demócrata Keith Ellison, aseguró este domingo en un comunicado que a Pretti le mataron «a plena luz del día, delante de todos nuestros ojos».
«Tanto el imperio de la ley como el sentido de la justicia exigen una investigación completa, justa y transparente de esta muerte», añadió.

Los agentes federales impidieron a los investigadores estatales de Minnesota hacer labores investigativas y recoger pruebas en la escena del fallecimiento

El primer paso para ello fue la decisión de un juez federal, comunicada a última hora de la noche del sábado, que exige a las agencias federales que conserven todas las pruebas obtenidas en el escenario de la muerte. Fue como consecuencia de una demanda impuesta tanto por el condado de Hennepin, al que pertenece Mineápolis, como por el estado de Minnesota.
Desde la Administración Trump, este domingo se seguían dando señales de qué posición tienen sobre lo ocurrido. Kash Patel, el director del FBI, la principal fuerza de seguridad en investigación de delitos federales, aseguró que los agentes federales en Mineápolis «son las verdaderas víctimas» y dijo de Pretti que «en este país no se ataca a agentes de policía sin que haya repercusiones» (en los vídeos, Pretti no atacó a los agentes, sino que les grabó con su teléfono y se interpuso en una operativa contra otros vecinos).

Dudas sobre la versión federal

Después de una noche de vigilias y protestas en la avenida Nicollet, entre las calles 26 y 27, donde Pretti perdió la vida, los investigadores estatales acudieron a recabar testimonios de testigos del incidente. Entre ellos se personó el jefe de la policía local, Brian O’Hara. En una entrevista con CBS, defendió que los vídeos «crean serias dudas» sobre la versión de las autoridades federales. Y que Pretti parecía «ejercer sus derechos de la Primera Enmienda (libertad de expresión) para grabar la actividad de fuerzas de seguridad y ejercer sus derechos de la Segunda Enmienda para estar armado legalmente en un espacio público».
La dinámica tras la muerte de Pretti es similar a lo ocurrido en la anterior tragedia vivida en Mineápolis, la muerte de otra vecina, Renee Nicole Good, también por disparos de la policía. Los vídeos de aquel altercado también cuestionan la narrativa de la Administración Trump y desataron la tensión en la ciudad. La fiscalía federal decidió apartar al cuerpo investigador de Minnesota -el equivalente estatal al FBI- de la investigación, lo que provocó críticas por las sospechas de buscar condicionar su resultado.

Trump contra todos: dentro de la Casa Blanca cuando España pasó a ser el problema

Regresé a la Casa Blanca aquel 20 de enero de 2025 para cubrir el retorno de Donald Trump. Washington amaneció bajo un frío seco, cortante, con una expectación tensa que se palpaba en cada control de seguridad. Horas después del juramento, Trump … volvió a entrar en el Despacho Oval. Yo estaba allí, entre un grupo reducido de periodistas. Lo observé detenerse un instante, sonreír con satisfacción y recorrer con la mirada el despacho que acababa de abandonar Joe Biden. Cuatro años después regresaba al mismo lugar. No había rastro de melancolía. La sensación era otra: revancha, voluntad de ajuste, cuentas pendientes.

No tardamos en confirmarlo. La euforia de sus seguidores contrastaba con la incomodidad palpable en el mundo, sobre todo entre diplomáticos y funcionarios extranjeros. Como corresponsal de ABC en Washington desde 2018, sabía que España podía acabar en ese listado informal de agravios. Durante su primer mandato no hubo choques abiertos, más allá de episodios excéntricos, como aquella sugerencia de levantar un muro en el Sáhara para frenar la inmigración. Pero esta vez el tono era distinto. Apenas iniciada su segunda presidencia, España apareció de forma inesperada como objetivo político.

La primera señal

La primera señal llegó aquel mismo día, a horas de jurar el cargo. En una de las breves rondas de preguntas le planteé el incumplimiento del objetivo del 2% del gasto en defensa dentro de la OTAN, citando expresamente a España y a Francia. Trump dejó el bolígrafo sobre la mesa y levantó la vista hacia mí. «España, muy muy bajo», dijo, antes de dar un giro brusco a su respuesta.
«España es un país BRICS. ¿Sabes lo que es un país BRICS? Ya lo descubrirás», añadió desde detrás del escritorio presidencial. En la sala se produjo un silencio espeso. España no es BRICS; es OTAN y Unión Europea. Algunos asesores bajaron la cabeza. Varios colegas me miraron incrédulos. Trump siguió hablando, ya sobre aranceles punitivos, incluso de un 100% para quienes hicieran negocios con otros países. No estaba claro si era confusión o provocación. Pero el mensaje había quedado lanzado.
Aquella frase activó llamadas inmediatas entre Washington y Madrid. Esa noche, mientras cerraba la crónica para ABC, altos cargos españoles buscaban explicaciones, pedían contexto, trataban de entender el alcance real de lo ocurrido. Al día siguiente, la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, compareció para aclarar lo evidente: España no forma parte de los BRICS. Reivindicó la pertenencia a la OTAN y definió a Estados Unidos como «aliado natural». Nunca antes un presidente estadounidense había señalado así a España. No fue un error menor. Fue un aviso.
Trump estaba decidido a ir más lejos. Meses después, en una cumbre extraordinaria, forzó a la OTAN a adoptar un nuevo objetivo de gasto del 5% del PIB. La mayoría de aliados cedieron. España no. La delegación encabezada por Pedro Sánchez cerró a última hora un compromiso del 2,1%, presentado como suficiente. En Washington se interpretó como un desafío. Trump lo asumió como algo personal.

La fractura de la OTAN, visible

El 9 de octubre, junto al presidente finlandés Alexander Stubb, Trump volvió a señalar a España sin que mediara pregunta alguna. «Quizá habría que expulsarlos de la OTAN», dijo. No existía base legal, pero sí una humillación pública. España quedaba convertida en ejemplo negativo ante la prensa internacional.
Cinco días después, ante Javier Milei y tras una pregunta de la agencia EFE, Trump fue aún más explícito. Afirmó que España era el único país que no había aceptado el 5%, calificó su actitud de irrespetuosa y anunció que estudiaba castigos comerciales mediante aranceles. Ya no era retórica. Era una amenaza directa, con posibles consecuencias económicas.
El 17 de octubre, con Volodímir Zelenski en la Casa Blanca, esperé a que concluyeran las preguntas sobre Ucrania. Cuando me cedió la palabra, volví a preguntar por España. Trump respondió irritado, habló de deslealtad y reiteró las amenazas, reconociendo implícitamente que no tenía claro cómo ejecutarlas. Al recordarle que el Tratado no prevé expulsiones y que España está protegida por el paraguas comercial de la UE, se incomodó. Dijo que aquello era «interesante». No rectificó. España quedaba fijada como problema.
El contraste era evidente. Zelenski hablaba de una guerra real, con muertos diarios. Trump utilizaba a un aliado europeo como instrumento de presión política. La fractura en la OTAN ya era visible.
Trump siempre ha tensado su relación con la prensa. Lo inesperado fue la reacción desde España. No por las palabras del presidente estadounidense, sino por haberlas preguntado. Desde Bruselas, la ministra de Defensa, Margarita Robles, acusó a los periodistas de formular preguntas «con respuesta implícita». El mensaje era inquietante: el problema no era el poder, sino la pregunta.
Después llegó el señalamiento directo. El ministro de Transportes, Óscar Puente, me acusó en redes de usar mi acreditación de prensa para actuar contra España. Desde cuentas institucionales se amplificaron ataques personales, se pidió la retirada de credenciales y en la televisión pública se negó mi condición de periodista. Todo por preguntar y contar lo ocurrido. El Gobierno no respondió a Trump. Señaló al mensajero.

El ministro Óscar Puente fue el primero de una serie de cargos institucionales que acusaron al corresponsal de ABC de usar su acreditación de prensa para cargar contra su país, España. El problema no era Trump o el poder, sino la pregunta y el mensajero

Mientras tanto, Washington seguía su curso. Fuentes de la Casa Blanca confirmaban que se estudiaban sanciones selectivas al margen de la UE. En el Senado se cuestionaba el compromiso español con la seguridad común. Y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, desautorizó públicamente al Gobierno español desde la Casa Blanca al afirmar que España no puede cumplir sus capacidades militares con menos del 3,5% del PIB, algo que de nuevo expresó tras una pregunta de este periódico.
España pasó en pocos meses de aliado fiable a excepción incómoda. Y el periodismo pasó de fiscalizar al poder a ser atacado por hacerlo.
Las preguntas importaban. Aquel mismo día, en la sala del Gabinete, volví a preguntar a Trump por Nicolás Maduro. Algunos colegas se desesperaban al verme insistir con Venezuela. Yo detectaba movimientos preocupantes que otros preferían minimizar.
Trump respondió con una frase abrupta, incluyendo un «no debe ir jodiendo con los Estados Unidos de América», pronunciado literalmente. Su portavoz, Karoline Leavitt, nos sacó de la sala de inmediato, entre risas nerviosas. Nunca antes se había usado ese lenguaje allí, y menos ante un jefe de Estado extranjero.

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No fue un arrebato. Minutos antes se hablaba de misiles, de guerra y de fuerza. Había ofertas desesperadas de Maduro sobre la mesa. Trump las confirmó y cerró con una frase que congeló la sala. J. D. Vance quedó inmóvil. Marco Rubio contuvo una sonrisa tensa. Pete Hegseth cruzó miradas con el general Dan Caine. Zelenski observaba, consciente de estar ante algo fuera de guion.
Al salir entendí que no había sido una grosería. En la Casa Blanca de Trump, el lenguaje no suaviza la política exterior: la concentra. La pregunta fue incómoda. La respuesta, cruda. Y precisamente por eso, reveladora. En poco más de dos meses, Maduro sería extraído a la fuerza, llevado de camino a Nueva York escoltado por las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Incomodidad pero transparencia

Aquel día de enero de 2025, el de su regreso, al abandonar la Casa Blanca, me hice una pregunta que aún hoy sigue abierta. ¿Hasta qué punto Trump es exactamente lo que parece, y hasta qué punto es otra cosa distinta? Es el presidente que destroza a los medios en público, que nos insulta, nos provoca, nos lleva al límite. Pero es también el mismo que, acto seguido, concede un acceso sin reservas, que permite repreguntar, insistir, incomodar.
Nunca imaginé poder interpelarle más de una decena de veces en apenas unos meses, ni obtener respuestas de fondo, con consecuencias reales. La hostilidad era evidente, pero también lo era una forma cruda, casi contradictoria, de transparencia. Trump ataca a la prensa como concepto, pero utiliza a los periodistas como instrumento.

Donald Trump ataca a la prensa como concepto, pero utiliza a los periodistas como instrumento

David Alandete
Corresponsal de ABC en Washington

Esa ambigüedad define también su política general. Ha llevado a Estados Unidos por una senda expansiva, a veces pendenciera, con amenazas abiertas a la OTAN, aspiraciones sobre Groenlandia y un discurso de fuerza constante. Y, sin embargo, ha logrado más inversión militar aliada, mayor integración económica en Occidente y menos complacencia con dictaduras como las de China o Rusia. ¿Quién es realmente Donald Trump?
Quedan tres años por delante y ni siquiera él parece tener una respuesta cerrada. Da la impresión de que sigue buscándose a sí mismo, del mismo modo que obliga a los demás a definirse frente a él. Quizá ahí resida la clave de este tiempo convulso, en un liderazgo que incomoda, desordena y rompe reglas, pero que al hacerlo expone verdades que muchos preferirían no mirar.

Macron contra Trump, el duelo que simboliza la tensión entre Europa y EE.UU.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha terminado esta semana con una flecha ascendente. Esto no deja de ser una noticia para un mandatario inmerso en un final caótico de su presidencia —en Francia hubo cinco primeros ministros distintos entre 2024 y 2025— y que … ha sufrido varios reveses en política internacional en los últimos meses, desde el desigual pacto comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, que no gustó a la clase política en París, hasta la reciente ratificación del acuerdo de libre comercio con Mercosur, pese a la oposición del Gobierno francés. Pero la historia ha sido distinta en los últimos siete días.
El jefe del Estado galo ha saboreado, por un lado, el hecho de que el Ejecutivo macronista esté a punto de dotar a Francia de unos presupuestos, después de que el primer ministro, Sébastien Lecornu, recurriera a un impopular decreto gubernamental y superara el viernes dos mociones de censura. Por el otro, atrajo la luz mediática que tanto anhelaba al protagonizar uno de los episodios que hizo correr ríos de tinta en la prensa internacional: su cruce de declaraciones y mensajes en las redes con su homólogo estadounidense, Donald Trump, durante el Foro de Davos, en Suiza.
«Con su discurso representó bastante bien el estado de ánimo de las opiniones públicas en Europa que ven en el asunto de Groenlandia», y en las amenazas de la Administración trumpiana de hacerse con el control de la región autónoma danesa del Ártico, «la gota que ha colmado el vaso», explica a este medio la politóloga e historiadora Nicole Bacharan. Según esta especialista en las relaciones entre Francia y Estados Unidos, lo ocurrido en Davos fue «una especie de espectáculo ‘win-win’», beneficioso tanto para Trump para gustar a sus votantes «como para Macron al haber sido bien percibido por los franceses».

El «efecto amplificador» de las gafas

Durante su intervención el martes en Suiza, Macron pronunció un discurso ofensivo contra la América trumpista y reivindicó la fiabilidad de Europa, a pesar de ser «demasiado lenta». «Preferimos el respeto a los bestias, la ciencia al ‘complotismo’ y el Estado de derecho a la brutalidad», afirmó. La mediatización de sus palabras se vio reforzada por la nueva apariencia del dirigente francés, que desde mediados de enero lleva en los actos públicos unas gafas de sol de aviador a causa de un problema benigno en un ojo. «Fue del todo involuntario, pero en la era de la imagen y los vídeos cortos esas gafas tuvieron un efecto amplificador», presumió un consejero presidencial en declaraciones a ‘Le Figaro’.

«Preferimos el respeto a los bestias, la ciencia al complotismo y el Estado de derecho a la brutalidad», afirmó Macron en Davos

Ese discurso viral tuvo lugar pocas horas después de que Trump intentara humillar a su homólogo galo con una serie de publicaciones en las redes sociales. En su plataforma Truth Social, el mandatario republicano reveló un mensaje privado que le había enviado el lunes el mandatario francés, en que le proponía organizar una cena informal del G-7 en París en que Rusia participaría como invitada. Además, le recriminó la negativa de Francia —al menos por ahora— a formar parte de la Consejo de la Paz. «Solo estará con nosotros durante muy poco tiempo», escribió el inquilino de la Casa Blanca refiriéndose al hecho de que Macron dejará el Elíseo en la primavera del año que viene.
No era la primera vez que Trump desvelaba una presunta conversación privada con el jefe del Estado galo. El norteamericano ha presumido varias veces en los últimos meses de haber presionado a Macron para que suba el precio de los medicamentos, y que este le había respondido: «Me encantaría subir un 200% el precio de mis medicamentos bajo receta», pero «no puedo hacerlo». El Elíseo calificó esta semana de ‘fake news’ esta supuesta anécdota en un mensaje en la red social X, en que recordaba que lo que cuestan las medicinas en Francia no lo determina la jefatura del Estado, sino la Seguridad Social, organismo que el Gobierno no controla directamente.

De la amistad a la tensión

¿Por qué el estadounidense ataca de esta manera al francés? ¿Se ha producido un verdadero enfriamiento en las relaciones entre Francia y Estados Unidos? A primera vista, el duelo de esta semana puede resultar sorprendente, teniendo en cuenta que a menudo se ha descrito la relación entre Trump y Macron como una ‘bromance’. Desde la famosa cena en la Torre Eiffel en julio de 2017 hasta la invitación en diciembre de 2024 a la ceremonia de reapertura de Notre Dame a pesar de que entonces el norteamericano aún no había sido investido, el francés ha acariciado el ego del inquilino de la Casa Blanca con la esperanza de que eso le serviría para influir en sus posiciones.
Macron «intentó establecer una relación privilegiada con Trump, pero este no mantiene relaciones privilegiadas con nadie. Solo valora las relaciones en función de su utilidad y, cuando alguien lo contradice, intenta humillarle», sostiene Bacharan. Según esta experta, «ha sobreestimado la influencia de su carisma personal» y a menudo ha pecado de que sus hábiles y bellos discursos no se vieran acompañados por hechos concretos. Por consiguiente, el inquilino del Elíseo «se hace cada vez menos ilusiones sobre la posibilidad de convencer a Trump, porque esa estrategia no funciona», advierte Bacharan.
¿Esto se verá reflejado en un alejamiento de París respecto a Washington? Seguramente, hace falta el paso de los meses y una mayor perspectiva para determinar un cambio en la posición francesa. Pero sí que resulta una evidencia que Macron se siente más cómodo a la hora de hacer frente dialécticamente a Trump que algunos de sus socios europeos, como el canciller alemán, Friedrich Merz, o el primer ministro británico, Keir Starmer.
En el Elíseo no solo ven en la convulsa coyuntura actual una oportunidad para que el presidente recupere protagonismo, sino también para que avancen dos de sus prioridades en política europea: la autonomía estratégica y la «Europa de la defensa». Dos eternas promesas que Macron espera que se vislumbren como una realidad antes de que se termine su presidencia.