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El socialista Seguro y el derechista Ventura se disputan hoy la reñida primera vuelta de las presidenciales en Portugal

El socialista José Seguro y el presidente de la derecha radical, André Ventura, son los dos candidatos mejor posicionados para pasar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales en Portugal, según la mayoría de los sondeos divulgados durante la última semana de … campaña. En caso de confirmarse las encuestas, si ninguno de los candidatos supera el 50% de los votos, la segunda vuelta se celebrará el próximo 8 de febrero con los dos más votados.
En ese escenario, y también según las proyecciones publicadas por la prensa lusa, el candidato socialista vencería con el 49% de los votos, veinte puntos por encima de Ventura, presidente del partido Chega.
Se trata de dos candidatos en las antípodas, tanto a nivel ideológico como en la forma de hacer política. Mientras Ventura opta por jugar al ataque, con mensajes que en algunas ocasiones rozan la xenofobia y el racismo, José Seguro ha hecho de su carácter tranquilo su principal fortaleza. Aunque sus rivales políticos lo acusan de falta de carisma, esa serenidad le ha ayudado a ir subiendo posiciones a lo largo de la campaña y ponerse por delante de otros candidatos que hace meses partían como favoritos.

Es el caso del almirante Henrique Gouveia e Melo, que supo ganarse la popularidad y el respeto de los portugueses cuando en plena pandemia fue el responsable de coordinar con éxito la vacunación contra la epidemia de Covid-19. Su rigor y el hecho de tratarse de un militar llevaron a muchos portugueses a considerarlo un buen sucesor del actual presidente Marcelo Rebelo de Sousa, quien se despide del cargo tras dos mandatos que suman diez años.
Sin embargo, según los analistas, Gouveia e Melo anunció su candidatura demasiado pronto, se ha expuesto mucho, ha participado en demasiados debates y todo ello ha provocado un desgaste en su popularidad, por lo que ha ido perdiendo terreno en las encuestas. Además, sus críticas a otros candidatos no parecen haberle beneficiado. En ese sentido, la decisión del socialista Seguro de no entrar en polémicas y ataques directos ha tenido el efecto contrario: mostrarlo como un candidato con mejor perfil para el puesto de presidente de Portugal.

En medio de tanta división, quien parece salir reforzado es Ventura, que ha aprovechado la campaña para consolidar a la derecha radical

En estas elecciones, la derecha portuguesa está muy representada pero demasiado fragmentada, lo que podría ser otro de los factores que benefician al socialista Seguro, la única esperanza de la izquierda para pasar a la segunda vuelta. El primer ministro, Luís Montenegro, ha apoyado oficialmente al también socialdemócrata Luís Marques Mendes, una decisión que, lejos de ayudarle, podría haberle perjudicado, ya que la opinión pública lusa lo ve más bien como un aliado del Ejecutivo conservador que como un contrapeso que equilibre el espectro político luso.

Otras alternativas

En ese contexto, el exlíder del partido Iniciativa Liberal, Joao Cotrim de Figueiredo, empezó a canalizar los votos que iba perdiendo Marques Mendes y fue subiendo en el ranking de los sondeos hasta alcanzar la tercera posición, lo que le hacía aspirar a un hipotético pase a la segunda vuelta. Sin embargo, dos hechos pesan en su contra. Por un lado, a pocos días del cierre de campaña, una antigua colaboradora lo denunció por acoso sexual. Por otro, su apoyo a la candidatura de André Ventura si el ultraconservador alcanza la segunda vuelta tampoco cayó bien entre quienes lo veían como una alternativa dentro de la derecha.
Los partidos de la izquierda también han presentado candidatos, pero con proyecciones tan bajas que los dejan fuera de la carrera al palacio de Belém. La líder del Bloco de Esquerda, Catarina Martins, es la única mujer que se presenta a estas elecciones presidenciales, que se disputan entre once candidatos además de otros tres cuyas candidaturas no fueron validadas por el Tribunal Constitucional.
En medio de tanta división, quien parece salir reforzado es Ventura, que ha aprovechado la campaña para consolidarse como el presidente de la derecha. Además, es uno de los candidatos que más moviliza el voto joven gracias a su presencia frecuente en el mundo digital. Según un estudio, más del 85% de las noticias de desinformación en la redes sociales cuentan con Ventura como protagonista.

9%
de los jóvenes lusos
Consideran que estas elecciones presidenciales tienen un impacto directo en sus vidas

Los jóvenes lusos son también los más desconectados de estas elecciones. Tan solo el 9% considera que la elección del presidente del país tiene un impacto directo en sus vidas. En el día a día, la figura del presidente, que también es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, es percibida como más representativa que práctica. Sin embargo, entre sus poderes está la posibilidad de disolver el Parlamento y forzar la dimisión del primer ministro, convocar elecciones anticipadas, declarar la guerra, el estado de sitio o de emergencia, así como promulgar leyes o vetarlas y enviarlas al Tribunal Constitucional.

Segunda vuelta, 40 años después

La única vez que las elecciones presidenciales portuguesas tuvieron una segunda vuelta fue en 1986. Aunque el democristiano Diogo Freitas do Amaral, uno de los fundadores del Partido Popular Portugués, venció en la primera vuelta con el 46% de los votos, fue el socialista Mário Soares quien acabó convirtiéndose en el primer presidente civil de Portugal.
El libro ‘A Segunda Volta, As Eleições que Mudaram o País’ (Contraponto), del periodista Joao Rei Alves, es un viaje por los meandros de la política lusa en un momento decisivo en el que Portugal consolidaba su democracia. Entró en la Comunidad Económica Europea (CEE) de la mano de España y superó la crisis económica heredada de la dictadura. 40 años después, la segunda vuelta en las presidenciales puede volver a repetirse.

«Toma mi teléfono»: Trump abre una línea directa con María Corina

Ya avanzada la conversación y con el encuentro oficialmente próximo a su cierre, surgió una cuestión práctica que terminó adquiriendo un claro significado político. María Corina Machado y Donald Trump hablaban de la necesidad de mantenerse en contacto directo en una fase que ambos asumían … como abierta e incierta. Fue entonces cuando Susie Wiles, jefa de gabinete, se ofreció a facilitar su número de teléfono para canalizar futuras comunicaciones. Trump la interrumpió y dijo que no hacía falta.
El presidente sacó su propio teléfono, le entregó el número a Machado y fue explícito: se comunicarían directamente y seguirían hablando a partir de ese momento. No como un gesto protocolario, sino como una señal de continuidad. «Vamos a seguir conversando a partir de ahora», le dijo, según relatan fuentes estadounidenses a ABC, sellando una escena que iba más allá del encuentro puntual y situaba la relación en un plano personal y operativo.
Esas fuentes estadounidenses relataron cómo transcurrió una visita fuera de los canales habituales y cuáles fueron las claves del encuentro. Según esas fuentes, Trump actúa con una doble misión claramente definida. Por un lado, quiere mantener el control del proceso de transición y preservar líneas de comunicación con quienes ejercen hoy el poder efectivo en Caracas, incluida Delcy Rodríguez. Por otro, abre con María Corina Machado una interlocución directa para la fase que ahora se inicia.
Según esas mismas fuentes, no sería un caso aislado. Citan como precedente la visita del entonces candidato presidencial polaco Karol Nawrocki, que accedió a la Casa Blanca por un circuito similar, sin convocatoria de prensa y en un formato privado. Aquel encuentro tampoco figuró inicialmente como reunión política formal y se produjo al margen de los actos públicos previstos. Tras verse con Trump en el Despacho Oval, Nawrocki consolidó su perfil internacional durante la campaña y acabaría imponiéndose en las elecciones presidenciales semanas después.

Sin embargo, la visita de Nawrocki, a diferencia de la de Machado, no figuró en la agenda del día. En esta caso, a toda la prensa se le anunció el almuerzo, como un acto en agenda cerrado a la cobertura de prensa.
Esa dualidad quedó patente incluso después de que Machado abandonara la Casa Blanca. De acuerdo con las mismas fuentes, Trump comentó de inmediato a su entorno que la dirigente venezolana le había parecido «una mujer realmente extraordinaria», alguien que «ha sufrido muchísimo» y que, pese a ello, mantiene la determinación de regresar a su país. Al día siguiente, al salir hacia Florida, el presidente lo expresó ante la prensa: «Me dio su Premio Nobel. Pero te diré algo: la conozco. Nunca la había visto antes. Y me impresionó muchísimo. Esta es una muy buena mujer». Mientras tanto, el director de la CIA, John Ratcliffe, ponía rumbo a Venezuela para verse en Caracas con Rodríguez.

Un protocolo estudiado al detalle

Pese a las críticas procedentes del entorno del régimen chavista, Machado fue citada en la West Gate, la puerta de acceso habitual para visitantes que no son jefes de Estado. Es la entrada utilizada por políticos, funcionarios, asesores y personal externo que acude a la Casa Blanca fuera de actos oficiales. La elección de ese acceso no fue casual.
Según fuentes conocedoras del protocolo, se descartó la North Gate, por donde acceden la prensa acreditada, empleados y la mayoría de visitantes, y que implica un registro más visible y, en el caso de extranjeros, la asignación de una escolta permanente. Además, ese acceso discurre ante el cordón habitual de medios, algo que se quiso evitar de forma deliberada para preservar la discreción del encuentro y mantener la visita fuera del circuito público.
Hubo deliberaciones hasta el último momento sobre cómo debía articularse la reunión. La noche anterior no estaba claro si habría presencia de prensa ni qué protocolo se seguiría finalmente. La clave, insisten esas fuentes, era evitar una desautorización integral de Rodríguez, en un contexto de fuerte contestación interna tras la captura de Maduro, la aceptación casi total de las exigencias planteadas por Trump y, sobre todo, el nerviosismo cada vez más evidente de Diosdado Cabello.
Machado habló previamente con Marco Rubio, el jefe de la diplomacia estadounidense, que además la había propuesto para el Nobel. Llegó en torno a las 12.30 a la entrada de la Casa Blanca, donde fue admitida y trasladada directamente al Ala Oeste. Las visitas de trabajo de bajo perfil, en las que no participa el presidente, suelen derivarse al Edificio Roosevelt, el anexo de granito que alberga las oficinas del vicepresidente y del Consejo de Seguridad Nacional. En este caso, Machado accedió a una zona de espera en el Ala Oeste, donde permaneció hasta que Trump la recibió alrededor de las 13.10.
El presidente le mostró el Despacho Oval, donde conversaron y posaron para varias fotografías, entre ellas una junto a una réplica de la Declaración de Independencia, cuando se cumplen 250 años de su proclamación. Machado hizo entrega de la medalla del Nobel y explicó que se trataba de un gesto de agradecimiento por haber mostrado «fuerza para lograr la paz». Trump la aceptó y pidió a su equipo que estudiara dónde colocarla, recordando que en la Sala Roosevelt ya cuelga el Premio Nobel concedido a Theodore Roosevelt por su mediación en la guerra entre Rusia y Japón.
Era un día de intensa actividad en la Casa Blanca, con la rueda de prensa diaria de la portavoz en marcha. Tras el encuentro en el Despacho Oval, el presidente acompañó a Machado al comedor privado del Ala Oeste, una sala pequeña situada junto al despacho presidencial, a la que se accede por un breve pasillo junto al estudio privado del presidente.
Se trata de un espacio de capacidad reducida, normalmente para unas seis personas sentadas, que se utiliza para comidas informales, reuniones discretas y encuentros bilaterales, y en ocasiones para seguir la actualidad en televisión o mantener conversaciones de trabajo fuera del Despacho Oval. Cuenta con una pequeña despensa anexa atendida por personal de servicio.
Allí, Trump hizo pasar finalmente a su jefa de gabinete, Susie Wiles; al secretario de Estado, Marco Rubio, y al vicepresidente, J. D. Vance. Una comida breve, de menos de una hora, con los cuatro dirigentes de mayor peso político de la Administración, junto al secretario de Defensa, y el núcleo con el que el presidente suele tomar las decisiones más sensibles.
En su intervención pública el día tras el encuentro, Machado afirmó que Trump le transmitió de forma directa que le importan los venezolanos y que ese era el mensaje central que quería llevarse de vuelta: que Estados Unidos y el presidente «se preocupan plenamente» por la vida y el bienestar de la gente, desde los presos políticos hasta las familias golpeadas por la pobreza y la desnutrición. Dijo que habló con él de la represión y de la urgencia de liberar y realmente «hacer libres» a los detenidos, y presentó la reunión como parte de un proceso «complejo y delicado» hacia una transición democrática, con la promesa de que Venezuela «va a ser libre» con el apoyo de Estados Unidos.
El encuentro estaba previsto para concluir antes de las 14.00, pero se fue prolongando. Trump se alargó, claramente cómodo, y finalmente ella abandonó la reunión unos 45 minutos más tarde de lo previsto. Tras la visita, el Servicio Secreto la condujo a una zona restringida y vallada, un perímetro de seguridad de implantación reciente, para que pudiera saludar a los venezolanos que la esperaban, antes de poner rumbo al Capitolio.

Trump pide «un nuevo gobierno» para Irán y señala a Jamenei por ser un «enfermo» que mata a su pueblo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado este sábado que «es hora de buscar un nuevo gobierno» para Irán y ha señalado en particular al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, por ser un «enfermo» que mata a manifestantes.Trump … ha respondido así a Jamenei, quien ha acusado este sábado al mandatario estadounidense de ser «culpable» de los muertos registrados durante la ola de protestas que vive el país, más de 3.400, según organizaciones de Derechos Humanos.

«De lo que es culpable como líder del país es de la completa destrucción del país y del uso de la violencia a niveles jamás vistos hasta ahora», ha afirmado Trump en una entrevista con el portal Politico. «Para mantener el país en funcionamiento, a su muy bajo nivel de funcionamiento, los dirigentes deberían concentrarse en gestionar el país bien, como hago yo en Estados Unidos, y no matar a personas por millares para mantener el control», ha argumentado. «Gobernar va de respeto, no de miedo y muerte», ha añadido.

Para Trump, Jamenei «es un enfermo que debería gobernar su país adecuadamente y dejar de matar a gente». «Su país es el peor país del mundo para vivir por lo mal que está gobernado», ha argüido antes de referirse de nuevo a la cifra de 800 ahorcamientos evitados el jueves, un dato que no ha sido corroborado por las autoridades iraníes. «La mejor decisión que ha tomado jamás (Jamenei) ha sido no colgar a más de 800 personas hace dos días», ha apuntado.

El choque de dos protestas contrarios tensa Mineápolis aún más

Ocurrió en medio de movilizaciones contra la … presencia masiva de agentes federales en la principal ciudad de Minnesota, donde los ánimos están exaltados por las redadas y por los enfrentamientos entre los vecinos y la Policía migratoria.
El detonante fue una convocatoria de Jake Lang, un ‘influencer’ de extrema derecha, que convocó en el centro de la ciudad una «Marcha contra el fraude en Minnesota», vinculada a las tramas de malversación de subvenciones sociales en este estado, en las que muchos de los imputados son miembros de la comunidad somalí.

Lang tenía la intención de quemar libros del Corán delante del ayuntamiento –la comunidad somalí es en su mayoría musulmana– y después marchar hacia el barrio de Cedar-Riverside, donde viven muchos somalíes.
La convocatoria fue respondida con una contramanifestación de la Coalición de Acción Popular contra Trump, un grupo izquierdista, en la acera de enfrente.
Ambas estaban convocadas al mediodía, en un día de frío polar, y hubo peleas, enfrentamientos e insultos entre los dos grupos en cuanto se encontraron.

El ‘influencer’ Jake Lang, de extrema derecha, quería quemar un Corán y recorrer los barrios de la comunidad somalí

REUTERS

Lang solo tuvo la compañía de un puñado de seguidores, pero gritaba consignas antiislámicas y contra los demócratas desde un megáfono, rodeado por un enjambre de periodistas. Exigía el arresto de Tim Walz, el demócrata que gobierna Minnesota, y la deportación de Ilhan Omar, la primera diputada en el Congreso de origen somalí. Tras la amenaza de la Casa Blanca de invocar la Ley de Insurrección y desplegar al Ejército, Lang gritaba: «¡Manda a la Guardia Nacional! ¡Te necesitamos, presidente Trump!».

La UE anuncia que responderá de manera conjunta a los aranceles impuestos por Trump por el conflicto en Groenlandia

El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazando con aranceles a los países que han enviado tropas a Groenlandia ha sorprendido a los principales dirigentes europeos, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el del Consejo, António Costa, … en la ceremonia de la firma del Tratado de Asociación entre la UE y Mercosur, que ya se había planteado como una alternativa geoestratégica a la utilización arbitraria de los aranceles iniciada por el presidente norteamericano.
Costa adelantó que ya está «en coordinación con los gobiernos de los países miembros» para estudiar una respuesta a la decisión anunciada por Trump.

«La UE será siempre muy firme en la defensa del derecho internacional, sea donde sea, y, por supuesto, empezando por el territorio de los Estados miembros de la UE», señaló Costa.

La UE ya negoció y firmó un acuerdo con Estados Unidos el verano pasado para regular los aranceles que quiso imponer Trump a los productos europeos, que está en vigor de forma provisional y a la espera de su ratificación.

Adquirir Groenlandia, perder Ucrania

La iniciativa de Donald Trump para incorporar Groenlandia al territorio estadounidense no responde a una necesidad estratégica. Bastaría un acuerdo con Dinamarca, o una iniciativa en el seno de la OTAN, para que los intereses de Washington en la … isla ártica quedasen protegidos. Pero el deseo de Trump de emular a William McKinley y sumar un Estado asociado dificulta la negociación en marcha sobre un alto el fuego en Ucrania.
Mientras se produce el choque entre aliados occidentales, Rusia no parece que vaya a dar su brazo a torcer. Moscú continúa proyectando la imagen de una gran potencia que inevitablemente ganará la guerra, una estrategia política para tapar sus debilidades sobre el terreno.
Hay todavía algunos temas centrales sin resolver si se pretende poner fin a casi cuatro años de invasión rusa: la delimitación y el control de la nueva frontera que partiría el país, el futuro de la central nuclear de Zaporiyia, tomada por las tropas de Vladímir Putin, y las garantías de seguridad que necesita Ucrania para no convertirse en un país vasallo.

Para los dos primeros se han planteado soluciones pragmáticas: la desmilitarización del territorio del este ucraniano no controlado por Rusia y la cogestión por parte de Estados Unidos de la central nuclear más importante de Ucrania. El nudo gordiano sigue siendo si Washington se compromete o no con la libertad y la democracia de los ucranianos.
Es difícil imaginar que Donald Trump vaya a tratar mejor a los compatriotas de Zelenski que al resto de los europeos. Sabemos a estas alturas que no considera que la cláusula de defensa mutua de la OTAN tenga mucho valor. La única óptica que funcionaría para lograr un compromiso estadounidense es la de los negocios que se pueden hacer en una Ucrania pacificada.
Salga adelante o no el acuerdo de alto el fuego, los europeos tendrán que mantener su apoyo a Kiev en todos los órdenes, sabiendo además que no será suficiente para frenar de una vez al expansionismo ruso. Sobre Groenlandia, tendrán que negociar y acomodar sin renunciar al derecho y los principios que definen a las democracias occidentales.