Rubio recibe a Machado tras decir que Venezuela tendrá una transición completa
María Corina Machado fue recibida este martes por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en el Departamento de Estado, en una reunión celebrada a puerta cerrada en un momento delicado para el nuevo tablero venezolano, apenas un día después de la … reapertura oficial de la Embajada estadounidense en Caracas y con Washington intentando presentar la fase actual como un proceso ordenado hacia una salida política.
Rubio venía de dejar clara esa posición en una entrevista reciente en Al Yazira: «Al final, queremos ver una transición completa. Para que Venezuela pueda desarrollar todo su potencial económico, necesita un gobierno democrático estable». Añadió una frase que resume el tono de la Administración Trump sobre el proceso: «Estamos bien encaminados para lograrlo».
Machado lleva instalada en Washington desde enero, convertida en una presencia constante en la capital estadounidense en plena fase incierta de la transición venezolana. En este tiempo ha logrado acceso directo al núcleo político que decide la estrategia de EE.UU.: fue recibida por Donald Trump en la Casa Blanca dos veces y ha vuelto a mantener interlocución de alto nivel con Rubio al menos en dos ocasiones formales en el Departamento de Estado, el 28 de enero y este martes 31 de marzo.
En ese circuito de visitas ha hablado del rumbo de Venezuela, de los equilibrios del proceso abierto tras la caída de Nicolás Maduro y de los escenarios de futuro que Washington contempla para el país. Ella misma ha dicho que quiere regresar «lo antes posible» a Venezuela, mientras ha aprovechado su estancia en EE.UU. para mantener presencia pública y política, incluida su participación la semana pasada en Houston, donde defendió ante inversores y dirigentes del sector energético que una Venezuela democrática necesitará seguridad jurídica, transparencia y un rediseño de su marco petrolero.
De momento, la prioridad de Trump en Venezuela no parece estar en una arquitectura política cerrada o unas elecciones, sino en consolidar un marco de negocio que permita la entrada de petroleros, la ampliación de licencias y la reactivación de sectores estratégicos bajo supervisión de Washington. En las últimas semanas, su Administración ha ido autorizando nuevas operaciones con PDVSA y facilitando actividades de exploración, producción y comercio. Mientras, el propio Trump llegó a elogiar públicamente a Delcy Rodríguez al afirmar que estaba «haciendo un gran trabajo» y que el petróleo venezolano empezaba ya a fluir.
Ese plan explica el respaldo sostenido de la Casa Blanca a una autoridad de hecho que no ha pasado por las urnas. Para las compañías energéticas, la condición básica no es solo la apertura regulatoria, sino una estabilidad mínima, seguridad jurídica y capacidad real de ejecutar contratos en el terreno. Washington parece haber optado, por ahora, por esa secuencia de primero asegurar el control, abrir el negocio y dar certidumbre a los inversores y ya después, al menos en teoría, empujar la transición completa de la que habla Rubio.
En la Administración Trump hay funcionarios en la Casa Blanca y el área económica que consideran a Delcy una interlocutora válida ‘de facto’ porque es quien hoy controla la maquinaria del Estado, puede garantizar seguridad operativa y está en condiciones de firmar, ejecutar y sostener acuerdos. Esa lectura es la que ha permitido el deshielo acelerado de las últimas semanas. Washington y Caracas acordaron el 5 de marzo restablecer relaciones diplomáticas y consulares; Estados Unidos reanudó formalmente las operaciones de su embajada en Caracas el 30 de marzo; y el Tesoro emitió el 24 de marzo la licencia general 53, que autoriza transacciones para las misiones oficiales del Gobierno de Venezuela en territorio estadounidense, el paso legal que ha facilitado la reactivación de la representación venezolana en Washington.
En paralelo, también se ha reabierto el canal aéreo. El Departamento de Transporte aprobó el 4 de marzo la vuelta de vuelos entre Miami y Caracas, así como Miami y Maracaibo, aunque las informaciones publicadas entonces señalaban que los horarios concretos aún no se habían difundido. Todo eso dibuja la misma idea en Washington. Aunque Delcy no haya pasado por unas elecciones, una parte del poder estadounidense la está tratando, por ahora, como la pieza con la que se puede estabilizar el país, reabrir negocios y mantener una interlocución inmediata mientras se habla de una transición posterior.

