Desde las protestas por el derrumbe del alero recién restaurado en la estación de tren de Novi Sad, que causó una veintena de muertos en 2021, hasta llegar al poder en 2026, los estudiantes y el mundo universitario serbio han recorrido un largo camino … de enfrentamientos contra las autoridades del país, firmemente ancladas en el pasado nacionalista y corrupto heredado del régimen de Slobodan Milosevic que llevó a una terrible guerra a toda la antigua Yogoslavia.
La puerta que se abre ahora a la transición democrática en el país más importante de los Balcanes Occidentales ha despertado un interés enorme en Bruselas con las esperanzas de que un nuevo gobierno proeuropeo en Belgrado pueda reactivar el proceso de adhesión del país a la UE y con él el de los demás países de la región. Sin embargo, las primeras señales que han emitido el círculo de los vencedores de las elecciones legislativas de la Lista de Estudiantes apuntan a que ellos mismos están más interesados en la regeneración interna del país, la lucha contra la corrupción y las mafias, que en agradar a los dirigentes de Bruselas con pasos emblemáticos como aplicar sanciones a Rusia.
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Enrique Serbeto
El profesor de Química en la Universidad de Belgrado, Radomir Saicic, una de las cabezas visibles de este movimiento que carece de estructuras orgánicas, ha dicho que la designación de un nuevo gobierno será un proceso relativamente rápido. «Con más de 250 candidatos, todos surgidos del ámbito universitario, no será difícil seleccionar a personas cualificadas que dirijan el país de la mejor manera posible».
Se dan un mes
Para no inquietar a nadie, los nuevos dirigentes del país se comprometen a garantizar que al menos en un mes serán «capaces de garantizar la estabilidad del tipo de cambio del dinar, el pago puntual de salarios y pensiones, y el suministro de energía, incluidos el petróleo, el gas y la electricidad», mientras se elabora un presupuesto para el año que viene «reorientando las prioridades y en plena transparencia».
Y, la parte más compleja de su programa inmediato es el compromiso de que «en los primeros 100 días se tomarán medidas para desmantelar las estructuras mafiosas en el Estado, así como para reestructurar y profesionalizar la administración pública», que es la raíz, la esencia de lo que ha dado alas a este heterogéneo movimiento político que ha derrotado al dominante Partido Nacional Progresista de Aleksandar Vucic.
Este movimiento carece de estructuras orgánicas, no tiene jerarquía o un líder claro
En Bruselas se ha despertado el optimismo acerca de que la llegada de este experimento político pueda cambiar las cosas. Por ahora, Bélgica, Croacia, Holanda y Suecia han estado bloqueando cualquier progreso de Serbia hacia la adhesión a la UE, alegando que el régimen nacionalista de Vucic no respetaba determinados principios esenciales como la libertad de expresión. Pero el obstáculo más importante sigue siendo la cuestión de Kosovo, una antigua provincia serbia cuya independencia ha sido reconocida por casi todos los miembros de la UE mientras que otros (España, entre ellos) esperan a que Belgrado asuma la realidad y permita una reconciliación con sus vecinos albanokosovares.
Partidarios de la Lista Estudiantil celebran la derrota de Vucic en Belgrado.
(Reuters)
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Por ahora, sin embargo, las primeras indicaciones de la órbita de la Lista de Estudiantes van en sentido contrario: Ilija Srdanovic, cardiólogo eminente y profesor de la Universidad de Novi Sad, que será probablemente el nuevo primer ministro, ha dicho ya que el nuevo gobierno cumplirá con los acuerdos Kosovo–Serbia ya alcanzados por Vucic, pero también -afirmó- «respetaré la Constitución de Serbia cuando se trate de Kosovo», lo que significa que seguirá considerando a este territorio como una provincia serbia a todos los efectos.
Milan Radoicic, en imagen de archivo.
(Wikipedia)
Milan Radoicic, el primer gran dilema para el nuevo Gobierno
El caso de Milan Radoicic puede plantear un primer gran dilema práctico para la Lista de Estudiantes. Radoicic
es uno de los líderes de la comunidad de serbios de Kosovo
y está claramente vinculado con el mundo del crimen. Tanto que se le atribuye sin ningún género de dudas su participación en un ataque contra la policía kosovar en Banjska en septiembre de 2023 en el que murió un agente y tres de los asaltantes. Como parte de las estructuras mafiosas y criminales del régimen derrotado, Radoicic debería ser uno de los elementos a perseguir, pero para ello debería aceptar extraditarlo a Kosovo, algo legalmente imposible. Y juzgarlo en Serbia enviaría un mensaje muy negativo para la menguante comunidad serbia de ese territorio que constitucionalmente se considera bajo soberanía serbia. Entregarlo a Kosovo enviaría sin embargo un mensaje muy positivo al exterior.
Otro de los elementos que preocupa extraordinariamente a la Unión Europea es que Serbia siga siendo un aliado de Putin. Las relaciones entre Belgrado y Moscú son muy antiguas y profundas, lo que ha justificado que Serbia no aplicase ninguna de las sanciones europeas contra el régimen de Vladimir Putin. En estos momentos, la comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, ha querido enviar un mensaje claro diciendo que uno de los principios del proceso de integración en la UE pasa por que el país candidato asuma la política exterior comunitaria. Antes de hablar con las nuevas autoridades, Kos ya ha dicho que «probablemente no será posible que avance en la integración un país que no se alinee con nosotros en el interés estratégico, que es la política exterior y la política de seguridad, es decir, que esté con nosotros en la lucha contra Rusia».
Las relaciones entre Serbia y Rusia son muy antiguas y profundas, el escollo clave para la integración del país en la UE
Lejos de esa premisa, Saicic ha dado a entender que tampoco tienen intención de asumir esa dirección porque tal como ha declarado ya a un medio ruso, considera que «las sanciones no resuelven los problemas y las disputas deberían resolverse mediante el diálogo y las negociaciones».
Al revés, para decepción de los medios europeos, los nuevos dirigentes serbios están mirando más hacia su propio país para recuperar la confianza de los ciudadanos en las autoridades. «El primer paso serán los cambios institucionales para acabar con el ‘pulpo mafioso’» que es como se conoce en Serbia a la simbiosis entre el poder y el crimen organizado. «Eso es un requisito indispensable para todo lo que vendrá después», asegura Saicic.