Una juez francesa revela injerencias de Trump en el proceso a Marine Le Pen por malversación
La líder de la extrema derecha en Francia, Marine Le Pen, ha testificado este martes en la apelación contra su condena por malversación de fondos europeos. Lo ha hecho en un ambiente muy cargado políticamente y entre sospechas de injerencias de uno de sus … más poderosos aliados: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
A finales de diciembre, el semanario alemán ‘Der Spiegel’ informó de que la Casa Blanca había contemplado la posibilidad de sancionar a la magistrada que había pronunciado el primer veredicto contra Le Pen. Una información que fue calificada de ‘fake news’ por el Departamento de Justicia estadounidense.
Pero la jueza Magali Lafourcade ha reforzado este temor al explicar el pasado fin de semana en un programa de la televisión pública France 5 que había enviado un mensaje de alerta al Ministerio galo de Asuntos Exteriores. Lo hizo tras un encuentro en mayo con agentes oficiales estadounidenses, en el que estos rápidamente se interesaron por la situación judicial de la dirigente de extrema derecha. «Me reuní con dos emisarios de la administración Trump. Debíamos hablar sobre derechos humanos, como suelo hacer con diplomáticos de países aliados. Y, rápidamente, la conversación giró hacia la situación legal de Marine Le Pen», explicó. Según la magistrada, sus interlocutores buscaban recabar pruebas para «sostener la idea de que se trata de un juicio puramente político para impedir que ella sea candidata». Por ese motivo, alertó al Ministerio de Exteriores.
Bajo la sombra de esta supuesta intromisión, Marine Le Pen echó balones fuera este martes en su principal interrogatorio en el juicio del que depende su futuro político. La líder de la extrema derecha en Francia culpó al Parlamento Europeo, a exdirigentes del Frente Nacional —formación rebautizada en 2018 como Agrupación Nacional— que le son hostiles e incluso a su padre, Jean-Marie Le Pen, fallecido en enero del año pasado. Buscó toda una serie de presuntos responsables para no reconocer los hechos ante el Tribunal de Apelación de París.
La líder ultra se defendió como pudo en su principal interrogatorio en el juicio en segunda instancia por la supuesta malversación de más de tres millones de euros del Parlamento Europeo. Le Pen había sido declarada culpable el año pasado por estos hechos y la habían inhabilitado hasta 2030. Esa sentencia le impide ahora mismo presentarse en las elecciones presidenciales del año que viene, lo que la obligaría a pasar el relevo probablemente a su número dos, el joven eurodiputado Jordan Bardella.
La dirigente de Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) se jugó parte de sus opciones para revertir o suavizar ese veredicto en el cara a cara de esta tarde con la jueza Michèle Agi. Duró casi cinco horas en una de las principales salas del histórico edificio del Palacio de Justicia, en el corazón de la capital. «Si hubo un delito, y todo el mundo parece pensar que así fue, me gustaría entender cuál fue. Nosotros no teníamos el sentimiento» de delinquir, aseguró en el arranque de su interrogatorio.
«¿Reconoce los hechos?»
Como ya había hecho en la primera audiencia el pasado 13 de enero, Le Pen adoptó un perfil bajo, una actitud tranquila y aparentemente humilde. Se defendió con cierta habilidad mientras la magistrada la confrontaba a las distintas pruebas que apuntan a la existencia de un ‘modus operandi’ en el seno de FN entre 2004 y 2016 para utilizar a los asistentes en Bruselas y Estrasburgo como si fueran trabajadores del partido en París.
«¿Usted reconoce estos hechos?», le preguntó la jueza Agi. Entonces, Le Pen buscó una serie de responsables externos, aunque sí reconoció la existencia de un modelo centralizado en que un mismo asistente podía trabajar para varios eurodiputados. En cambio, negó que hubiera «un sistema fraudulento» destinado a malversar dinero público. «La palabra sistema me molesta porque insinúa que hubo una manipulación», dijo.
En primer lugar, la líder de la derecha radical culpó al Parlamento Europeo. «Señalo que durante todo ese periodo» la Eurocámara «nunca nos reprochó que hubiera asistentes que de manera evidente trabajaban para varios diputados», dijo la dirigente de RN. Tuvo que defenderse sobre situaciones concretas que la pusieron en aprietos; por ejemplo, la del mediático diputado Julien Odoul, que entonces trabajaba como asistente para un eurodiputado, aunque dedicaba la mayor parte del tiempo a sus tareas como miembro del gabinete de la presidenta de la formación.
Responsabiliza a su padre
Aparte de la administración del Parlamento Europeo, ella se excusó en la figura de su padre, fundador y líder histórico del partido. Así, reconoció que el antisemita Jean-Marie Le Pen había ideado esa manera de funcionar en 2004 y ella la había reproducido tras asumir las riendas del Frente Nacional en 2011. Marine defendió este martes, sin embargo, que su progenitor «presidió nuestro pequeño grupo» de eurodiputados hasta 2014. Además, intentó deslegitimar los testimonios de exrepresentantes purgados que sirvieron para hilvanar el caso. Los acusó de haber actuado cegados por la venganza, «como si fuera un divorcio».
La sentencia final, prevista para la primavera, determinará el grado de convicción de Le Pen en este segundo proceso. Su interrogatorio sí que confirmó un cambio de actitud y un abandono de la retórica populista que había utilizado durante el primer juicio, a finales de 2024. Entonces, multiplicó las críticas contra el «sistema» y los «magistrados rojos». Esa estrategia resultó un fracaso evidente como lo demostró la sentencia del pasado marzo en que la condenaron a cuatro años de prisión (dos de ellos condicionales) y, sobre todo, a cinco de inhabilitación con una aplicación inmediata.

