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La presión de Machado devuelve las elecciones al centro de la agenda de Trump

María Corina Machado no ha conseguido regresar a Venezuela, pero algo sí ha cambiado después de sus últimos intentos. En cuestión de días, las elecciones han vuelto al centro de una transición en la que, durante meses, Washington había hablado mucho más de petróleo, … seguridad, inversiones y estabilidad que de urnas. Donald Trump se lo planteó directamente a Delcy Rodríguez en Nueva York: «Al final tendrá que haber elecciones», le dijo durante el primer encuentro entre ambos, celebrado al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, según fuentes de la Casa Blanca filtradas por el medio ‘Axios’.
Trump no le puso una fecha ni condicionó a ella la relación que su Administración ha construido con Rodríguez desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. Pero fue bastante más lejos de lo que había ido hasta ahora: presentó las elecciones como el destino final de la transición. Horas después, Rodríguez respondió desde la tribuna de Naciones Unidas. «Quiero afirmarlo muy claramente ante esta Asamblea General: habrá elecciones en Venezuela», dijo. Anunció además un «diálogo político con sectores de la oposición» para llegar a un proceso «en condiciones de igualdad para todos», y serán los venezolanos, aseguró, quienes decidirán cuál es el «momento adecuado».

Para Machado, ése es precisamente el debate que lleva meses intentando abrir. Desde que Maduro fue capturado y Rodríguez quedó al frente del Gobierno, la dirigente y Nobel de la Paz ha advertido del riesgo de que una solución presentada como provisional termine por consolidarse. Washington ha encontrado en Rodríguez una interlocutora con la que puede negociar y que ha cedido en acuerdos petroleros, cooperación en seguridad, conversaciones sobre inversiones y reconstrucción y, finalmente, una reunión con el propio Trump para agradecerle personalmente la cooperación de estos meses.

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David Alandete

Machado plantea otra prioridad. La transición, sostiene, tiene que desembocar en unas elecciones libres y con garantías, con la legitimidad en el centro. No reclama, según su entorno, que Washington la coloque en Miraflores ni que Estados Unidos decida quién debe gobernar Venezuela, sino que se reconstruyan las instituciones necesarias y después voten los venezolanos. Eso es, al menos en términos generales, lo que Trump acaba de plantearle personalmente a Rodríguez.
El momento tiene especial importancia después de lo ocurrido estos últimos días. Machado ha vuelto a intentar regresar a Venezuela y ha vuelto a fracasar. Sus últimos movimientos desde Panamá han dejado además una pregunta incómoda para Washington: cómo puede avanzar Venezuela hacia la democracia mientras la principal dirigente opositora del país, ganadora del Nobel de la Paz, continúa fuera y no consigue regresar.
El mismo día en que los obstáculos al regreso de Machado adquirían una nueva dimensión pública, Trump se sentaba con Rodríguez y le hablaba de elecciones. Y ese mismo asunto llegó también hasta Marco Rubio, obligado a responder sobre los intentos de la dirigente opositora y sobre el calendario que maneja Washington para reconstruir las instituciones y llegar finalmente a las urnas.

Instituciones con garantías

Rubio volvió a definir a Machado como una mujer «muy valiente» y recordó su larga relación con ella, pero insistió en algo que ayuda a entender la posición de la Administración. Para Washington, el problema venezolano no termina con Machado ni puede resolverse entregándole el poder a quienes ganaron las elecciones de 2024, robadas por la dictadura: antes hay que reconstruir unas instituciones capaces de garantizar que una nueva elección no termine como la de 2024.
La hoja de ruta que maneja Washington tiene tres pasos: modificar la composición del Tribunal Supremo y permitir que la oposición participe en la designación de magistrados; reformar después el Consejo Nacional Electoral para evitar otra elección como la de 2024, cuando el chavismo proclamó a Maduro mientras las actas recopiladas por la oposición mostraban la victoria de Edmundo González Urrutia; y, finalmente, anunciar una fecha para las elecciones.
La Casa Blanca quiere elecciones, pero considera contraproducente precipitarlas. Funcionarios estadounidenses sostienen que Venezuela debe resolver antes una parte sustancial de su crisis económica y afrontar una deuda soberana que sitúan en unos 300.000 millones de dólares. Su temor es que un Gobierno elegido democráticamente herede una economía todavía devastada, sufra rápidamente el desgaste de la inflación y termine enfrentándose a protestas capaces de poner en peligro todo el proceso.
El senador republicano Bernie Moreno ha propuesto el 24 de julio de 2027, pero dentro de la Administración hay quienes consideran más realista 2028, quizá incluso el verano o el otoño de ese año, cuando Trump estaría ya cerca del final de su mandato.

Reunión entre Trump y Delcy

Rodríguez, que fue vicepresidenta de Maduro, posó junto a Trump después de una reunión cordial en la que hablaron de petróleo, minería, seguridad y cooperación económica. El presidente estadounidense llegó a relatarle detalles de la operación militar que terminó con la captura de Maduro y ella calificó después el encuentro de «histórico». Pero en aquella conversación apareció también la cuestión que Machado lleva meses tratando de mantener en el centro del proceso: las elecciones.
Unas horas después, ya el miércoles, Rodríguez subió a la tribuna de Naciones Unidas y prometió que las habrá. Ya no se habla sólo de cuánto petróleo puede producir Venezuela, cuánto dinero necesita para reconstruirse o cuánto tiempo requiere Rodríguez para estabilizar el país. Washington ha empezado a explicar cómo quiere llegar a las urnas por estas vías.
Después de meses en los que la estabilidad y los negocios habían ido desplazando la cuestión electoral, el pulso de Machado ha conseguido al menos que ésta vuelva a ocupar el centro de la discusión. La pregunta ya no es únicamente si habrá elecciones en Venezuela. La batalla, a partir de ahora, será por cuándo se celebran, bajo qué condiciones y cuánto poder habrá acumulado para entonces Rodríguez.

Máxima alerta en Etiopía: siete grupos armados se alían para retomar los combates y derrocar al Gobierno

Siete grupos políticos, algunos de ellos armados, han anunciado este domingo la formación de una coalición denominada Coalición por la Supervivencia de las Fuerzas Populares Etíopes (CSFPE) con el objetivo declarado de expulsar del poder al Partido de la Prosperidad del primer ministro … Abiy Ahmed e instaurar un gobierno amplio de transición.
Además, los rebeldes de la región de Tigré, en el norte de Etiopía, aseguraron este jueves que están en un estado de «guerra total» contra el gobierno federal. El Frente de Liberación Popular de Tigré (TPLF) libró una devastadora guerra civil contra el gobierno federal entre 2020 y 2022, que se cobró la vida de unas 600.000 personas, según estimaciones de la Unión Africana.

El TPLF anunció el miércoles el inicio de una «guerra defensiva» frente a las tropas federales de Etiopía y recalcó que «tras la intensificación de la invasión a través de varios métodos por parte del autocrático y genocida régimen del Partido de la Prosperidad (PP) de (el primer ministro etíope) Abiy (Ahmed) contra el pueblo de Tigray», después de semanas de tensiones y aumento de los ataques.

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Dos años después

Andrés Gerlotti Slusnys

Enfrentamientos esporádicos en los últimos meses han hecho temer un regreso al conflicto. Estos rebeldes, que dominan la región, tomaron el control de tres aeropuertos que estaban en manos de la policía federal y lanzaron ataques contra las regiones vecinas de Afar y Amhara.

Intensos ataques en diversas localidades

Una fuente humanitaria en Afar informó a AFP que hubo intensos ataques de artillería por parte del TPLF mientras intentaban hacerse con la ciudad de Yallo, cerca de la frontera con Tigré. «Ahora nos encontramos en una situación de guerra total», declaró a la AFP el vicepresidente del TPLF, Amanuel Assefa.
Confirmó que los combates continuaban en Afar y Amhara, donde las milicias de Tigré luchan junto a grupos armados locales. Según una fuente de seguridad extranjera con sede en Etiopía, los rebeldes ya tenían el miércoles el control de Abala, en la frontera entre Tigré y Afar, mientras que otra fuente del TPLF afirmó que habían tomado varias otras ciudades de Afar, aunque la AFP no pudo confirmar esa información.

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El conflicto corre el riesgo de convertirse en una conflagración regional. Analistas señalan que los rebeldes de Tigré cuentan con el apoyo de Eritrea, que teme que Etiopía, país sin salida al mar, esté planeando invadir su territorio para obtener acceso al mar Rojo. Cuando se le preguntó si el TPLF le pediría a Eritrea que se sumara al conflicto, Assefa respondió a la AFP: «Todavía no».

La UE apela a una desescalada

La Unión Europea (UE) ha expresado este jueves su «profunda preocupación» por el «rápido deterioro» de la situación en el norte de Etiopía y ha hecho un llamamiento a una «desescalada inmediata» para evitar un nuevo conflicto a gran escala en el país africano.
Así, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) ha alertado en un comunicado del impacto de las hostilidades sobre la población y ha destacado que durante las últimas semanas «ha seguido con preocupación los numerosos ataques con drones» perpetrados por las tropas etíopes contra Tigray, donde el TPLF ha tomado en las últimas horas los tres aeropuertos de la región.
«Es necesaria una desescalada inmediata. Aún no es demasiado tarde para reafirmar con determinación el compromiso con el Acuerdo de Cese Permanente de las Hostilidades», ha sostenido, en referencia al acuerdo de paz firmado en Sudáfrica en 2022 para poner fin al conflicto abierto dos años antes entre el Ejército etíope y el TPLF. «Las diferencias solo pueden resolverse mediante el diálogo, no mediante acciones militares», ha argüido.

Irán amenaza con extender la guerra al océano Índico si EE.UU. e Israel lanzan nuevos ataques

Irán extenderá la guerra «hasta el océano Índico» si Estados Unidos lanza nuevos ataques, advirtió este jueves un consejero del líder supremo iraní Mojtaba Jamenei. «Como el conflicto se ha propagado del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz al mar Rojo (con los … hutíes) es posible que en respuesta a una eventual guerra, este frente se extienda aún más, hasta el océano Índico, o más allá», declaró Yahya Rahim Safavi en un video difundido por la agencia de prensa Fars.
Los hutíes de Yemen, que combaten a las fuerzas gubernamentales apoyadas por Arabia Saudita, han tomado la costa yemení en el mar Rojo, lo que les ha permitido controlar el estrecho de Bab el Mandeb, que conecta Asia con Europa a través del canal de Suez. Irán respalda militarmente desde hace tiempo a los hutíes pero niega estar implicado en este nuevo frente.

Teherán ya amenazó en el pasado con extender la guerra si Washington reanuda los ataques pero es la primera vez que un consejero del líder supremo menciona el océano Índico, que alberga la base militar angloestadounidense de Diego García. Se encuentra a casi 4.000 kilómetros en línea recta de las costas iraníes.

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Mikel Ayestaran

Estados Unidos e Irán se disputan el control del estrecho de Ormuz, vía estratégica por la que antes de la guerra transitaba aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Las negociaciones entre ambos países están actualmente estancadas desde que un protocolo de acuerdo no se concretó. Esta semana se reunieron al margen de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
Irán puso siete condiciones, entre ellas el levantamiento de las sanciones económicas y la liberación de sus activos congelados en el extranjero. En una entrevista exclusiva con la AFP el martes, el portavoz de los Guardianes de la Revolución, Hosein Mohebi, también lo supeditó al fin de las hostilidades en Yemen.

«Extrema preocupación» en Australia tras la infiltración de OpenAI en su sistema de salud, un hecho sin precedentes a nivel mundial

El Gobierno de Australia anunció este jueves el inicio de una investigación sobre la infiltración de un agente de inteligencia artificial desarrollado por OpenAI, que accedió sin autorización en junio a un portal del sistema público de salud del país. En una rueda de prensa, el ministro de Defensa australiano, Richard Marles, dijo que el Gobierno se toma «muy en serio» el incidente y por ello ha decidido crear un grupo de trabajo «para investigar el asunto a fondo y comprender todo lo posible al respecto, incluido si se han infringido leyes en este contexto». Por su parte, el primer ministro australiano, Anthony Albanese, confirmó el miércoles la infiltración desde Nueva York y expresó su «extrema preocupación» por el acceso no autorizado, así como su malestar con OpenAI por haber tardado tres meses en informar a las autoridades australianas. Cuestionado por periodistas, el titular de Defensa dijo este jueves que la infiltración, mediante la cual se accedió a archivos públicos y no públicos, «plantea interrogantes sobre si se ha infringido la ley en este respecto».»Investigaremos todo ello, así como las consecuencias en caso de infracción legal, pero parte de la labor del grupo de trabajo consiste también en evaluar si el marco jurídico actual es adecuado para un mundo en el que surgen nuevas capacidades de inteligencia artificial», expresó Marles, que actúa como mandatario encargado mientras Albanese participa en la Asamblea General de la ONU. Por su parte, el Centro Australiano de Ciberseguridad (ASD, en inglés) explicó en un comunicado que el agente de IA (no humano) «identificó vulnerabilidades de forma autónoma» sin autorización de ninguna persona. «No hay indicios de que esta actividad represente una amenaza más amplia o un ataque malicioso dirigido contra Australia. No obstante, esto pone de relieve la importancia de adoptar prácticas seguras de implementación de IA y de mantener unos fundamentos sólidos de ciberseguridad», dice el escrito. Por ello, el ASD ha recomendado a las organizaciones australianas «probar los controles y los procedimientos de respuesta ante incidentes frente a escenarios de amenazas que involucren IA», entre otras sugerencias. Además, el centro ha llamado a reportar las «actividades sospechosas impulsadas por IA», lo que incluye «intentos de explotación o vulnerabilidades que afecten a sus sistemas». El agente accedió el 18 de junio al portal de estadísticas de Medicare administrado por Services Australia mientras realizaba una investigación sobre el gasto público en medicamentos. OpenAI, por su parte, afirmó que su revisión no encontró pruebas de acceso a historiales de pacientes y que la información obtenida incluía estadísticas sanitarias y nombres de archivos internos.

Países Bajos cerró a Machado la puerta en sus intentos de regresar a Venezuela

De los siete intentos que María Corina Machado ha hecho para regresar a Venezuela, cuatro han tenido algo en común: se ha considerado transitar por Curaçao, Aruba o Bonaire para luego ir por mar a su país, bajo decisión propia. Las tres islas neerlandesas, … a escasos kilómetros de la costa venezolana, son una escala casi natural para cualquier operación que pretenda acercarla al país sin pasar directamente por un aeropuerto controlado por el régimen de Delcy Rodríguez.
Pero esa puerta se ha ido cerrando a cada paso. La primera vez, el pasado junio, Machado llegó a despegar de Estados Unidos rumbo a Curaçao y el avión tuvo que dar media vuelta. En los últimos intentos, esta semana desde Panamá, ni siquiera llegó a salir. Sin autorización para aterrizar en las islas, los vuelos no podían despegar.

Fuentes neerlandesas atribuyeron el episodio de junio a una confusión, pero lo sucedido entonces está bastante bien reconstruido. Machado preparaba su regreso aprovechando la emergencia provocada por los terremotos que acababan de golpear Venezuela. El plan era volar desde Virginia hasta Curaçao y continuar desde allí hacia su país. En un primer momento, los neerlandeses aceptaron colaborar.

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David Alandete

El subsecretario de Estado norteamericano Chris Landau habló con la embajadora de Países Bajos en Washington, Birgitta Tazelaar, y le transmitió que el viaje contaba con el respaldo de Marco Rubio. La autorización salió adelante y Machado emprendió el vuelo.
Después ocurrió algo peculiar. Tazelaar hizo una segunda consulta en el Departamento de Estado, esta vez con otro funcionario, Mike Kozak, y recibió un mensaje diferente: Washington no estaba por facilitar el regreso de Machado a Venezuela. La embajadora retiró entonces su cooperación. Para entonces Machado ya estaba en el aire. El avión dio media vuelta y regresó a Estados Unidos.
La explicación posterior fue que había habido mensajes contradictorios dentro de la propia Administración Trump. El resultado, en cualquier caso, fue inequívoco: Machado no llegó a Curaçao.

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Tres meses después ha vuelto a suceder. Cuando el plan marítimo preparado desde Panamá se frustró esta semana, el equipo de Machado buscó inmediatamente una alternativa por aire. La primera opción fue Curaçao. Se preparó un vuelo privado y se hicieron los trámites necesarios, pero el permiso de aterrizaje no llegó. Se buscó otro aparato y se volvió a intentar.
Después se exploraron Aruba y Bonaire. Se optó por la primera. El resultado fue el mismo. Sin la aceptación del destino, Panamá no podía autorizar la salida del vuelo. Machado volvió a quedarse en tierra.
La sucesión de negativas plantea ahora una cuestión que va más allá de un permiso de aterrizaje. Aruba y Curaçao tienen Gobiernos propios y una amplia autonomía interna. Bonaire tiene un vínculo todavía más directo con Países Bajos: es un municipio especial neerlandés. Pero ninguna de las tres islas es un Estado soberano. Aruba y Curaçao son países constituyentes del Reino de los Países Bajos y la política exterior y la defensa son asuntos del Reino, dirigidos desde La Haya.

Entre la UE y EE.UU.

Lo ocurrido contrasta además con la posición política que mantienen tanto la Unión Europea como Estados Unidos sobre Machado. Bruselas lleva años reclamando que las autoridades venezolanas respeten los derechos políticos de la oposición y ha denunciado expresamente la inhabilitación de Machado, la persecución de dirigentes opositores y la falta de garantías democráticas. El Parlamento Europeo le concedió en 2024, junto a Edmundo González Urrutia, el premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, precisamente por su defensa de una transición democrática en Venezuela.
Washington ha ido incluso más lejos. La Administración Trump sostiene públicamente que Machado es libre de regresar a su propio país y que Estados Unidos no se opone a ello. Marco Rubio la ha descrito repetidamente como una dirigente «muy valiente» y esta misma semana, preguntado por sus últimos intentos, volvió a expresar su consideración por ella. La posición oficial estadounidense es que el futuro político de Venezuela debe resolverse mediante la reconstrucción de las instituciones y unas elecciones con garantías.
Por eso resulta especialmente llamativo que el impedimento práctico aparezca una y otra vez antes incluso de alcanzar Venezuela. Machado no pretende pedir asilo ni establecerse en las islas. En estos planes, Curaçao o Aruba eran puntos de tránsito desde los que continuar por sus propios medios hacia territorio venezolano. La decisión final de entrar en Venezuela, y el riesgo que conllevara, serían suyos.

Decisiones ajenas

Las dos islas que impidieron materializar los vuelos del martes administran sus propios sistemas migratorios y conservan importantes competencias internas. No hay constancia de que La Haya ordenara rechazar a Machado ni de que Washington solicitara esta vez que se le cerrara el paso. Pero tampoco puede presentarse lo ocurrido como una sucesión de decisiones completamente ajenas a Países Bajos, especialmente después del precedente de junio, cuando la gestión pasó directamente por la embajadora neerlandesa en Washington.

Nueve meses después de su huida clandestina, Maduro está preso en Nueva York y Machado tiene el Nobel de la Paz

Además, Curaçao fue precisamente la puerta que permitió a Machado salir de Venezuela cuando Nicolás Maduro todavía estaba en el poder. En diciembre de 2025 escapó clandestinamente por mar, después de meses escondida, y alcanzó la isla antes de iniciar el viaje que acabaría llevándola hasta Oslo.
Entonces era una perseguida que huía del régimen de Maduro y Curaçao fue su salida. Nueve meses después, Maduro está preso en Nueva York, Machado tiene el Nobel de la Paz, Europa reclama una transición democrática y Estados Unidos sostiene públicamente que debe poder regresar a su país si lo desea. Sin embargo, cuatro de sus planes de regreso han acabado tropezando con las mismas islas neerlandesas que Venezuela tiene tan cerca frente a sus costas.

María Corina Machado, ante la última orilla

La tarde del 22 de septiembre, bajo el calor húmedo de Panamá, María Corina Machado observa la enorme extensión del océano Pacífico desde un piso a más de 50 alturas. El apartamento es enorme y está casi vacío. Las voces producen algo de eco. No … parece un hogar vivido, sino un lugar de paso, un piso franco. En un cuarto hay una pequeña isla de trabajo, con conexión a internet, una libreta abierta, un ordenador.
En la bahía, a lo lejos, hacia la derecha, se distingue el punto desde el que debía zarpar la pequeña embarcación que iba a llevarla de regreso a Venezuela, de hecho a esta hora debía estar ya rumbo a su país. Pero no salió. Tampoco los vuelos de después. Machado acaba de volver de otro intento frustrado. Había regresado con una maleta de cabina y un pequeño bolso impermeable. Viajaba sorprendentemente ligera para alguien con semejante bagaje, una premio Nobel de la Paz con casi todas sus pertenencias reducidas a lo que puede cargar consigo.

Una vez más, no había podido regresar. Y aun tras esa sucesión de planes, esperas y negativas, esta mujer repite, con convicción: «Yo no soy ninguna víctima». Esta es, al fin y al cabo, la lucha de su vida.

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Javier Ansorena

Lleva en Panamá desde junio, cuando intentó por primera vez abordar un vuelo de Copa Airlines con destino a Caracas y se quedó en el aeropuerto después de que el Gobierno de Delcy Rodríguez cerrara el espacio aéreo, señal de lo mucho que han decidido cerrarle el paso. Machado es muchas cosas, y casi todas se complementan, hay poca contradicción. Es puro nervio, rápida en hacer análisis y todavía más en la respuesta. Para su equipo es una figura maternal. A veces aparece terca, y se nota que le cuesta fingir. Varios de quienes la han acompañado en este periplo por el mundo han explicado a ABC que ésa pudo ser precisamente una de las razones por las que su paso por Washington no salió del todo como ellos esperaban.
Machado no sabe, o no quiere, jugar el juego de la capital americana, las apariencias, las deferencias, las pequeñas hipocresías cotidianas. Es educada, amable, afectuosa con los suyos, pero ante todo vive la causa de su país, la política, la urgencia de regresar y culminar una tarea que lleva años ocupándolo todo. Washington exige decir lo que no se piensa y hacer lo que no se quiere. Machado tiene poco de eso. Escucha, negocia y espera cuando considera que debe hacerlo, pero vuelve siempre al mismo punto. Venezuela, elecciones y legitimidad, lo que, a su juicio, sólo pueden dar las urnas.
Tras su periplo mundial, después de Oslo, de ver al Papa de Roma, pasar por el Despacho Oval en Washington, por Santiago de Chile y por Madrid, Panamá es para Machado una especie de limbo, un lugar irreal en el que está físicamente pero en el que, en realidad, no termina de vivir. Su atención sigue puesta en Venezuela, a pocos cientos de kilómetros, pero todavía fuera de su alcance.

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Desde esta atalaya casi vacía ante el mar vigila lo que ocurre dentro de su país y sigue también cada movimiento de los venezolanos que están fuera, por todo el mundo. No parece perder detalle. Esa misma tarde, aun con este periplo frustrado a sus espaldas, acaba de hablar con la madre de un venezolano de 28 años al que un agente de inmigración en Texas disparó por la espalda dos días antes: «Acabo de hablar con la madre del muchacho al que le dieron un tiro. Hay un dolor… No le han operado. ¿Cómo no le han operado? ¿Cómo?».
En su cabeza empieza inmediatamente a hacer cábalas, a quién llamar, qué se puede hacer, dónde presionar, cómo conseguir que alguien se ocupe de esto.

Una odisea en la clandestinidad

Machado parece conducirse así incluso cuando sus propios problemas son formidables. Ha vivido escondida, salió de Venezuela clandestinamente, ha sido antes inhabilitada, perseguida, detenida; algunos de sus colaboradores han acabado presos o en el exilio y sus propiedades han sido confiscadas.
Ahora lleva meses de un país a otro y acumula siete intentos frustrados de regresar. Sin embargo, cuando habla de todo ello procura desplazar el foco hacia los demás. Para ella, el regreso no puede reducirse a la suerte de una dirigente política, ni siquiera a la de un premio Nobel. Lo importante, asegura, no es una persona. Lo presenta como algo colectivo, los presos, los perseguidos, los exiliados, quienes se marcharon y quienes permanecen dentro. En su relato, volver sólo tiene sentido si es el regreso de todos, de los millones de exiliados.
Esta existencia transitoria no significa soledad. Machado casi nunca está sola. Siempre hay alguien a su alrededor, físicamente o al otro lado de un teléfono o una pantalla. Sus colaboradores más estrechos, ente los las llamadas «guacamayas», han compartido con ella escondites, salidas, viaje, y otros permanecen dispersos entre Venezuela y el exilio.

Machado no sabe, o no quiere, jugar el juego de la capital americana, las apariencias, las deferencias, las pequeñas hipocresías cotidianas

Es un enjambre que no parece detenerse: llamadas, mensajes en grupo, reuniones virtuales, planes que se descartan y vuelven a empezar. Todo gira alrededor de un objetivo que, insiste Machado, no consiste en alcanzar el poder, sino en conseguir unas elecciones libres y hacer valer el mandato que la oposición asegura haber obtenido ya en las urnas. De pronto llega al teléfono una crítica, el último insulto, alguna nueva descalificación de Jorge Rodríguez o Diosdado Cabello, los viejos jerarcas del chavismo que siguen en Caracas. Machado apenas se detiene. «Bueno, no le paren bola, gente. A centrarse». Y el enjambre continúa.
Esos planes nunca paran. Tampoco es nuevo que se hagan así, entre prisas, teléfonos y gente entrando y saliendo. Muchas de las personas que hoy rodean a Machado llevan años atravesando con ella algunos de los peores momentos de Vente Venezuela. La represión de las elecciones de 2024, el desmantelamiento de buena parte de la estructura de campaña, las acusaciones de golpismo, las inhabilitaciones, las órdenes de detención, la clandestinidad y el exilio. Unos acabaron presos, otros escondidos y otros tuvieron que salir del país.

Las ‘guacamayas’

Las ‘guacamayas, como acabaron llamándose los colaboradores de Machado refugiados en la residencia de la Embajada de Argentina en Caracas, pasaron allí 412 días para evitar su detención, rodeados y vigilados por las fuerzas del régimen. En mayo de 2025 fueron sacados clandestinamente del país en una operación de extracción anonadante.
Eso une a estas personas. Han pasado juntas por la persecución, la clandestinidad, la cárcel y el exilio. Pero no son las únicas. Machado, premio Nobel de la Paz y la dirigente que en 2024 demostró que su enorme caudal electoral podía, de forma excepcional, transferirse a otro candidato cuando pidió el voto para Edmundo González Urrutia, conserva tiempo y paciencia para hablar con casi todos. La llaman coordinadores de Vente Venezuela desde los rincones más inesperados del país y ella atiende. Pregunta, escucha problemas, da instrucciones y se interesa por cuestiones que pueden parecer menores desde fuera pero que allí importan.
Desde este limbo panameño parece mantener un mapa humano de Venezuela en la cabeza. Sabe dónde están los suyos, qué necesitan y qué les ha ocurrido. Recuerda nombres y apellidos, familias, conversaciones de meses atrás e incluso detalles mínimos: la ropa que llevaba alguien durante una visita a un pueblo remoto, aquella franela de Vente comprada por cuatro dólares, la bandera que una familia colgó en su casa para recibirla. En medio de una sucesión interminable de llamadas y reuniones, esa memoria explica también la estructura política que ha construido, una red que no funciona sólo desde arriba, sino a través de miles de vínculos personales que Machado se empeña en conservar incluso desde fuera del país.
Pero a la Nobel, a esta mujer de puro nervio y pura política, le falta algo. Le falta volver. El regreso lo ocupa todo y explica también este tránsito extraño por Panamá, los planes frustrados, las rutas ensayadas y las puertas que se han ido cerrando. Los últimos intentos han sido un golpe, y ahora toca detenerse brevemente, medir de nuevo las posibilidades y recomponer el plan. Machado se mantiene firme. Sabe que este limbo es sólo eso, un tránsito, y que volverá a intentarlo. Porque, después de todo el camino recorrido, para ella la travesía sólo termina en Venezuela.