Diez años después del referéndum que abrió una de las mayores fracturas políticas de la historia reciente del Reino Unido, el regreso a la Unión Europea ha dejado de ser una hipótesis relegada a los márgenes del debate político británico. El primer ministro, Andy Burnham … , se ha negado a descartar que una promesa para reincorporar al país al bloque comunitario pueda formar parte del programa con el que el Partido Laborista concurra a las próximas elecciones generales, mientras aumenta la presión dentro de sus propias filas para revisar las «líneas rojas». Incluso Tony Blair reclama abiertamente que el Gobierno se marque como objetivo trabajar durante la próxima década hacia el regreso a una UE reformada.
Burnham no ha prometido revertir el Brexit ni ha anunciado un cambio en la política oficial del Gobierno, pero su decisión de no cerrar esa puerta resulta significativa después de años durante los cuales la dirección laborista evitó cualquier posibilidad de cuestionar directamente el divorcio. Al ser preguntado mientras viajaba a Nueva York esta semana para la Asamblea General de Naciones Unidas sobre si podía descartar que el regreso al bloque figurara en el próximo manifiesto electoral del partido, el primer ministro evitó hacerlo. Su prioridad inmediata, explicó, consiste en continuar el acercamiento iniciado por su predecesor y alcanzar acuerdos prácticos con Bruselas que permitan impulsar la economía británica. Sobre una eventual reincorporación, respondió que ese asunto queda «para otro día».
Burnham ha asegurado que durante la presente legislatura respetará las líneas rojas de Starmer, que excluyen el regreso a la UE, al mercado único y a la unión aduanera, así como la restauración de la libertad de movimiento. El propio Burnham había expresado además, antes de llegar a Downing Street, una posición personal favorable a una futura reincorporación, cuando sostuvo públicamente que le gustaría ver al Reino Unido regresar a la Unión Europea durante su vida. Pero, al mismo tiempo, rechazó la idea de reabrir de inmediato la batalla política del referéndum porque, argumentó, volvería a profundizar las divisiones del país.
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Ignacio Ruiz-Quintano
El debate ha adquirido una dimensión distinta esta semana con la intervención de Tony Blair. El ex primer ministro laborista ha reclamado que el Reino Unido trabaje durante la próxima década hacia la reincorporación a una Unión Europea reformada y ha pedido a Burnham que incluya esa aspiración en el plan a diez años que tiene previsto presentar. En un informe publicado por el Instituto Tony Blair para el Cambio Global bajo el título ‘Beyond Leave and Remain: a path to rejoining a reformed Europe’, el centro de estudios sostiene que Londres debería abandonar las líneas rojas establecidas después del Brexit y trabajar hacia la ambición de regresar a una UE «significativamente reformada».
El ex primer ministro Tony Blair reclama a Burnham que abandone las «líneas rojas» del divorcio mientras crece la presión en el laborismo para replantear los lazos con la UE
La propuesta de Blair parte de la premisa de que tanto el Reino Unido como la propia Unión han cambiado durante esta década y de que cualquier futura adhesión debería producirse en el marco de una Europa reformada, con mayor capacidad económica y estratégica. El informe reconoce además que una futura reincorporación exigiría aceptar obligaciones políticamente sensibles que estuvieron en el centro de la campaña del Brexit, entre ellas la libre circulación de personas y una contribución británica al presupuesto comunitario.
Una Europa reformada
Blair no es la única figura laborista que reclama un cambio. El ministro de Defensa, Wes Streeting, ha calificado el voto por el Brexit de «error catastrófico» y ha defendido que el partido debería aspirar a regresar al bloque, mientras otros miembros del Gobierno se muestran mucho más prudentes. Por ejemplo, la ministra de Cultura, Lisa Nandy, quien ha advertido contra la reapertura de los debates que han dividido al país durante años. Así, dentro del laborismo existen voces que reclaman una relación más estrecha con Europa, pero no hay consenso sobre si ese proceso debe terminar algún día con la recuperación de la condición de Estado miembro.
Burnham se reunió con Ursula von der Leyen la semana pasada en la ONU.
(AFP)
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El regreso de esta cuestión a Westminster coincide con una nueva fase en las relaciones entre Londres y Bruselas. Burnham mantuvo el martes en Nueva York su primer encuentro con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, desde su llegada al número 10. Según el comunicado oficial británico, ambos abordaron la preparación de la próxima cumbre entre el Reino Unido y la UE, prevista para más adelante este año, así como las amenazas que afrontan ambas partes por cuestiones como la guerra en Ucrania, la guerra híbrida y la desinformación de Rusia, o la inmigración irregular.
«Made in EU»
Es, sin embargo, en el terreno económico donde empiezan a apreciarse con mayor claridad los límites de la relación posterior al Brexit. Una de las preocupaciones inmediatas de Burnham son las disposiciones europeas conocidas como ‘Made in EU’, incluidas en el proyecto de Ley de Aceleración Industrial con el que Bruselas pretende fortalecer la producción europea y reducir su dependencia de productores extranjeros, particularmente China. La propuesta introduce requisitos de contenido europeo para determinadas compras públicas, subastas y programas de ayudas en sectores estratégicos como los vehículos eléctricos, las baterías, la energía solar y eólica, el hidrógeno, el aluminio y la tecnología nuclear.
El problema para Londres reside en la definición de qué productos pueden considerarse europeos. Los bienes procedentes de los 27 Estados miembros, además de Islandia, Liechtenstein y Noruega, quedarían incluidos automáticamente, mientras que la Comisión todavía debe determinar qué terceros países podrán beneficiarse de las reglas. El Reino Unido, que desde el Brexit se encuentra fuera del mercado único, teme que sus empresas queden excluidas de determinados incentivos y contratos públicos pese a la profunda integración que todavía existe entre las cadenas industriales de ambos lados del canal de la Mancha.
El sector del automóvil es especialmente sensible. La Sociedad de Fabricantes y Comerciantes de Automóviles, que representa a la industria británica, ha advertido de que el proyecto actual podría impedir que los vehículos fabricados en el Reino Unido accedan a incentivos disponibles para productos comunitarios y excluirlos de contratos públicos adjudicados por los Estados miembros. La organización cifra en 80.000 millones de euros anuales el comercio automovilístico entre ambas partes y recuerda que la UE constituye el principal mercado exterior de los coches británicos, mientras que el Reino Unido es el mayor mercado de exportación de turismos y componentes para la industria comunitaria.
Antes de reunirse con Von der Leyen, Burnham defendió que el Reino Unido sea considerado un «socio de confianza» dentro del nuevo esquema. El ‘premier’ advirtió además de que las delicadas cadenas de suministro entre el Reino Unido e Irlanda podrían convertirse en «daños colaterales» si las medidas europeas terminan perjudicando a la industria británica.
Discusión electoral
A la discusión económica se suma la electoral. Un estudio de YouGov encargado por Best for Britain, señala que los laboristas conseguirían 136 escaños si mantuvieran las actuales líneas rojas, 256 con una propuesta de regreso a la unión aduanera, 257 si plantearan incorporarse al mercado único y 321 si prometieran solicitar de nuevo la adhesión plena a la UE.
Para Burnham esto tiene además una dimensión personal. Su regreso a Westminster se produjo este verano por Makerfield, una circunscripción situada en una de las zonas del norte de Inglaterra donde el Brexit obtuvo un respaldo considerable. Cualquier modificación de la posición laborista tendría, por tanto, que reconciliar el cambio registrado en parte de la opinión pública con una geografía electoral en la que la cuestión europea continúa atravesada por profundas diferencias territoriales, generacionales y políticas.
La discusión se produce precisamente cuando se cumplen diez años del referéndum. El propio Burnham eligió esa efeméride como uno de los puntos de partida de su discurso esta semana ante la ONU. «Han pasado diez años desde el Brexit», recordó, antes de señalar que su país ha vivido la «disrupción» que provocó y que esa experiencia le ha proporcionado una perspectiva particular sobre los desafíos de la próxima década.