Durante sus 16 años en el Gobierno, Orbán ha ido introduciendo reformas en el sistema electoral húngaro para beneficiar a su partido, Fidesz. El resultado es un sistema formalmente proporcional, pero estructuralmente mayoritario. Esa combinación convierte pequeñas ventajas de votos en grandes ventajas en … escaños y a Hungría en una autocracia electoral, según el análisis del Instituto Varieties of Democracy, con sede en Suecia, que advierte que estas elecciones son formalmente competitivas y multipartidistas, pero las condiciones estructurales favorecen al candidato gobernante antes incluso de que se emita el primer voto.
Apenas llegó al poder, en 2010, Orbán redujo el Parlamento de 386 a 199 escaños y aumentó el peso de los distritos uninominales, donde Fidesz es más fuerte. El Parlamento húngaro se elige con dos componentes: 106 escaños por distritos uninominales (gana el más votado, aunque sea por un voto) y 93 escaños por listas proporcionales nacionales. Los distritos uninominales pesan más a favor del partido más grande y más homogéneo territorialmente.
En 2011, Fidesz rediseñó también todos los distritos electorales para sobrerrepresentar zonas rurales, donde es más fuerte, subrepresentar Budapest y crear distritos con tamaños de población muy desiguales. Esto hace que un voto rural valga más que un voto urbano en términos de escaños. En 2014, por ejemplo, Fidesz obtuvo el 67% de los 199 escaños del parlamento con sólo el 45,7% de los votos, gracias a que el “sistema de compensación” refuerza al más votado.
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Rosalía Sánchez
Hungría tiene este mecanismo único desde 2013: los votos “perdidos” en los distritos uninominales se suman a la lista nacional y, desde 2014, también se suman los votos “sobrantes”. Si un candidato obtiene 10.000 votos, pero no resulta elegido, esos votos no se pierden, sino que se suman al ganador. Así, si Fidesz gana en un distrito 60% y 40%, esos 20 puntos de ventaja se añaden a su lista nacional, aumentando aún más sus escaños proporcionales.
Voto desde el extranjero
El voto desde el extranjero, por otra parte, fue reformado en 2012, al tiempo que se concedió un proceso de ciudadanía acelerada a residentes en países vecinos. Hungría perdió alrededor de dos tercios de su territorio y más de la mitad de su población tras la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia, más de dos millones de personas de origen húngaro y con fuertes lazos con el país magiar viven en Eslovaquia, Ucrania, Serbia, Croacia, Eslovenia, Austria y Rumanía. Orbán ha concedido a estos húngaros de países vecinos, sentimientos nacionalistas y con afinidad a Fidesz votar por correo, pero los emigrados a Europa Occidental, mayoritariamente más críticos con el Gobierno de Budapest, deben votar en persona en embajadas o consulados, lo que permite una mayor vigilancia de las autoridades húngaras y, de hecho, reduce su participación. Esto crea un sesgo estructural en el voto exterior.
Apenas llegó al poder, en 2010, Orbán redujo el Parlamento de 386 a 199 escaños y aumentó el peso de los distritos uninominales, donde Fidesz es más fuerte
A esto hay que añadir que Hungría elimina del censo electoral a los ciudadanos nacidos y fallecidos en el extranjero siempre que su muerte se registre oficialmente en Hungría. Son las familias las que deben comunicar estos decesos, pero muchas no lo hacen. Fuentes independientes estiman que hasta 30.000 votantes fallecidos podrían seguir apareciendo en el censo y estos votos recibidos por correo serían aceptados legalmente.
Otra reforma de 2018 dificulta un gobierno de coalición opositor. Las coaliciones deben superar umbrales más altos: 10% para dos partidos y 15% para tres o más. Además, las coaliciones deben presentar candidatos en 71 distritos (antes 27) y se facilita la creación de ‘partidos fantasma’ que fragmentan el voto opositor. En 2021 prohibió casi en su totalidad la propaganda política fuera de los medios estatales, que controla el gobierno, y en 2022, por último, introdujo reglas de limitación de observadores y acreditaciones.