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Irán plantea un acuerdo por fases que garantiza al menos un mes más de alto el fuego

La diplomacia mantiene abierta la esperanza de un acuerdo e Irán volvió a enviar una nueva propuesta a Estados Unidos, la segunda en los últimos días. Fuentes cercanas a la negociación citadas por el portal Axios aseguraron que se trata de un plan por fases … que fija un plazo de un mes para negociar un acuerdo que permita reabrir el estrecho de Ormuz, poner fin al bloqueo naval estadounidense y terminar de forma definitiva la guerra en Irán y en el Líbano. En un segundo paso, y sólo después de pactar la primera fase, se abriría la posibilidad de otro mes de negociaciones para intentar lograr un pacto sobre el programa nuclear.
Se trata de un esquema similar a una propuesta anterior que fue rechazada por Donald Trump. Según la agencia Tasnim, cercana a la Guardia Revolucionaria, el documento presenta una lista de 14 demandas. Las principales serían: el fin del bloqueo naval, garantías contra cualquier agresión militar, la retirada de las fuerzas militares estadounidenses de las fronteras de Irán, la liberación de los activos iraníes bloqueados, el pago de compensaciones, el levantamiento de todas las sanciones, el fin de los combates en todos los frentes, incluido el Líbano, y el establecimiento de «un nuevo mecanismo» para el estrecho de Ormuz. En el sur del Líbano no hay alto el fuego y se mantienen los combates entre Israel y Hizbolá con muertos y heridos cada día.

El presidente Trump ha afirmado que aún no ha revisado el texto exacto de una nueva propuesta de paz iraní, pero que era poco probable que la aceptara, ya que los iraníes aún no habían «pagado un precio lo suficientemente alto».

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Nathalie Duplan

Si Estados Unidos aceptara este acuerdo por fases, garantizaría la extensión de la tregua durante al menos un mes más, pero luego quedaría pendiente el tema nuclear. Las diferencias son muy grandes entre las partes, en cuanto a las peticiones de Washington de suspender el enriquecimiento de uranio del todo y transferir el uranio altamente enriquecido a un tercer país. Aunque en estos puntos los iraníes siempre han mostrado su disposición a negociar.
Israel presiona para cerrar el diálogo y volver a la guerra y un responsable militar consultado por ‘The Times of Israel’ aseguró que, si el stock de más de 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de Irán no es eliminado o transferido a una localización fuera del país, toda la última guerra será considerada «un gran fracaso». Este ha sido hasta ahora el planteamiento defendido por Trump, pero la fuerte subida de los precios del combustible y los problemas de abastecimiento en los mercados le presionan para que mucha ficha.

Turno de Estados Unidos

Tras resistir los 40 días de duros de bombardeos y sobreponerse al asesinato del Líder Supremo, Alí Jamenei, Teherán siente que negocia desde una posición de fuerza y trata de imponer sus condiciones al enemigo. En una reunión con diplomáticos extranjeros en Teherán el viernes, el viceministro de Exteriores, Kazem Gharibabadi, aseguró que, tras la presentación de la segunda propuesta en apenas cuatro días, «la pelota está ahora en el tejado de Estados Unidos para elegir entre la diplomacia o continuar con un enfoque de confrontación». Como todos los mandos militares que hablan ante los medios nacionales, Gharibabadi señaló que Irán está preparado para combatir si se reanuda el conflicto militar.

Según la Guardia Revolucionaria iraní, «Trump debe elegir entre una operación militar imposible o un mal acuerdo con la república islámica»

Desde la Guardia Revolucionaria emplearon un tono desafiante y, en comunicado difundido en redes sociales, afirmaron que «el margen de decisión de Estados Unidos se ha reducido». En opinión del cuerpo paramilitar que lidera la defensa de la república islámica «solo hay una forma de interpretar esto: Trump debe elegir entre una operación militar imposible o un mal acuerdo con la república islámica». Un alto responsable militar iraní citado por la agencia Fars insistió en esta misma idea y señaló que «la reanudación del conflicto entre Irán y Estados Unidos es posible, y los acontecimientos han demostrado que Estados Unidos no cumple sus promesas ni acuerdos».

Cole Allen, el acusado de intentar matar a Trump, exige que le retiren las medidas contra el suicidio: «Dificultan su defensa»

El abogado defensor de Cole Allen, el hombre detenido por intentar matar a Donald Trump hace na semana en Washington DC, ha solicitado a un juez federal que retire a su cliente las «precauciones contra el suicidio».Tal y como recoge News Nation, en una moción de cinco páginas presentada el sábado, el defensor público federal AJ Kramer argumenta que las condiciones de reclusión de Allen equivalen a un confinamiento casi solitario y limitan innecesariamente su capacidad para comunicarse y colaborar en su defensa.»Tales restricciones impiden al señor Allen acceder a recursos como una tableta en la cárcel, que le permitiría comunicarse con sus seres queridos fuera de ella», afirma la moción. «Asimismo, dado que al señor Allen no se le permite conservar objetos personales mientras está en la celda, la defensa entiende que no puede revisar los documentos que le deja su abogado, lo que dificulta su capacidad para colaborar en su propia defensa», prosiguen.Según News Nation, Allen fue inicialmente ubicado en una «celda segura» a pesar de no mostrar signos de comportamiento suicida. Posteriormente, fue puesto bajo vigilancia por riesgo de suicidio y, más tarde, se le aplicaron medidas de precaución, las cuales, según argumentan los abogados defensores, siguen siendo excesivamente restrictivas.»Aunque relativamente menos estricta que la vigilancia por riesgo de suicidio, al señor Allen todavía no se le permitía hacer llamadas telefónicas ni recibir visitas de nadie ajeno a su equipo legal, tener acceso a una tableta de la cárcel o, salvo las visitas legales o las duchas (que aún deben realizarse con un acompañante), pasar tiempo fuera de su celda», concluye la moción, que pide que se ordene el levantamiento de las medidas de prevención del suicidio.

Desaparecidos dos militares de EE.UU. durante unos ejercicios internacionales conjuntos en Marruecos

03/05/2026 a las 15:17h.

Dos militares de Estados Unidos se encuentran desaparecidos desde el sábado en Marruecos mientras participaban en unos ejercicios conjuntos en el suroeste del país, según ha informado el Mando Africano del Ejército norteamericano (AFRICOM) en un comunicado.
Los dos militares participaban en los ejercicios … León Africano 2026 cerca de la zona de entrenamiento de Cap Draa, en las inmediaciones de la ciudad marroquí de Tan Tan, en el momento en que se declaró su desaparición el 2 de mayo.

El mando estadounidense para África, en su comunicado, ha anunciado la puesta en marcha inmediata de una operación coordinada de rescate en la que participarán también fuerzas marroquíes y otros participantes en los ejercicios, que involucran a más de 5.600 efectivos de más de 40 países.

Two U.S. service members participating in African Lion 2026 were reported missing near the Cap Draa Training Area, near the city of Tan Tan, Morocco, May 2, 2026.https://t.co/7zxpKQRHfB— U.S. Africa Command (AFRICOM) (@USAfricaCommand) May 3, 2026
«El incidente sigue bajo investigación y la búsqueda está en curso», concluye el comunicado del AFRICOM.

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Los científicos siguen aprendiendo de la catástrofe nuclear de Chernóbil

Cuando un autobús azul se detiene frente a la central nuclear de Chernóbil, unos simpáticos perros callejeros se acercan a él. Ha atravesado varios controles militares ucranianos, algo necesario desde que las tropas rusas ocuparon brevemente la central el primer día de la invasión en … 2022. De él sale el siguiente turno de trabajadores, listos para turnos de 14 días en la central. Justo encima de la entrada principal, los empleados disfrutan de un almuerzo subvencionado a base de platos típicos ucranianos. La cafetería está llena de actividad, a pesar de que el último de los cuatro reactores de la central se cerró definitivamente en 2000.
El personal, ataviado con tres capas de algodón blanco, entra y sale a toda prisa del «corredor dorado», un pasillo estrecho de casi un kilómetro que recorre toda la planta, con paredes de aluminio pintadas de dorado —algo típicamente soviético— y suelos que forman una impresionante extensión de baldosas rotas que crujen bajo los pies. A lo largo de su recorrido hay bandejas con alfombras empapadas en las que hay que pisar para que recojan cualquier polvo potencialmente radiactivo de la suela de los zapatos, y anticuadas puertas con escáneres de radiación de cuerpo entero: solo pasan quienes están limpios. Algunas de las personas que atraviesan el pasillo se dedican al control de la radiación, mientras que muchas más llevan a cabo las labores, terriblemente lentas, de desmantelamiento y clausura. Otras siguen haciendo nuevos descubrimientos científicos.

El accidente que comenzó aquí el 26 de abril de 1986 fue desastroso, y no solo para las personas que perdieron la vida durante y poco después de él. Sin embargo, algo bueno ha salido de ello, pues ha proporcionado un laboratorio único: un experimento antinatural que, cuatro décadas después, sigue aportando valiosas lecciones sobre la biología, la ecología y la sociología de los accidentes nucleares.

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Cuando el reactor número cuatro explotó durante una prueba de seguridad, su núcleo quedó expuesto al aire. Se produjo una fuga de una mezcla de más de 100 elementos radiactivos. Gases inertes como el xenón y el criptón fueron barridos rápidamente de forma inocua. Sin embargo, los átomos radiactivos que se depositaron sobre la región y su población —desde el yodo, que pierde la mitad de su volumen por desintegración cada ocho días, hasta el tecnecio, que tarda 200 000 años— continuaron desplazándose por el entorno. Es el seguimiento implacable de estos radionucleidos, en particular el estroncio y el cesio, los más preocupantes para la salud humana, lo que ha ocupado a muchos investigadores desde entonces.
Gennady Laptev y Oleg Voitsekhovych fueron reclutados para ayudar como recién graduados. A ellos se unieron científicos soviéticos de todo tipo para evaluar el impacto medioambiental de lo ocurrido. El Dr. Laptev pronto se encontró realizando misiones en helicóptero, colgando detectores sobre el reactor destruido para cuantificar la radiación que se liberaba.
Hoy en día, ambos son investigadores de alto rango en el Departamento de Vigilancia de la Radiación Ambiental del Instituto Ucraniano de Hidrometeorología, y siguen trabajando en ello. En una oficina fría de Kiev —la calefacción y la electricidad van y vienen en la Ucrania en guerra—, se completan las frases el uno al otro mientras describen lo que han aprendido sobre los recorridos de los radionucleidos a través de lagos, ríos y aguas subterráneas.
Parte de su trabajo más crucial consistió en determinar el riesgo de radiación del agua potable. Tras el accidente, la población local temía lo que salía del grifo. Sin embargo, Laptev y Voitsekhovych demostraron que esta no aportaba más del 10 % de su dosis total de radiación interna a largo plazo, y probablemente se acercaba más al 1 %. El resto procedía de los alimentos y, en particular, de la leche.

La verdad y las consecuencias

El ejemplo que ha proporcionado Chernóbil sobre cómo el paisaje, la dinámica del agua y el comportamiento humano afectan al riesgo de radiación será importante a la hora de hacer frente a futuros desastres. Los científicos nunca dejan de estudiarlo porque los isótopos radiactivos pueden desplazarse de formas nuevas y sorprendentes.
En la mayoría de los casos, cuando se detecta un aumento de los niveles de radiación, estos siguen estando por debajo de los umbrales aceptables. Sin embargo, esos umbrales a veces se superan. Los doctores Laptev y Voitsekhovych hablan con entusiasmo sobre el drenaje natural de las piscinas de refrigeración de Chernóbil, que se habían rellenado con agua del río Prípiat hasta 2014. Las aguas subterráneas relativamente limpias que se encuentran bajo los estanques habían hecho las veces de barrera, conteniendo las aguas subterráneas mucho más contaminadas situadas más cerca del reactor en ruinas. A medida que los estanques de refrigeración se han ido vaciando lentamente, los niveles de estroncio de los cursos de agua locales han comenzado a superar las directrices de la OMS para el agua potable.
Valery Kashparov, del Instituto Ucraniano de Radiología Agrícola, es posiblemente el mayor experto mundial en cómo una lluvia de partículas radiactivas afecta a la tierra y a los alimentos que proceden de ella. La magnitud de la lluvia en un lugar concreto no es un factor determinante. Probablemente, lo más importante sea el suelo: los suelos de turba y arenosos transfieren sus contaminantes a las plantas en crecimiento mucho más fácilmente que los suelos negros y ricos en humus. Además, según ha descubierto, los diferentes alimentos absorben los radionucleidos de forma diferente: la avena absorbe de forma desproporcionada el estroncio, y los guisantes, el cesio, mientras que el trigo y las patatas dejan más radionucleidos en la tierra.

A medida que los estanques de refrigeración se han ido vaciando lentamente, los niveles de estroncio de los cursos de agua locales han comenzado a superar las directrices de la OMS para el agua potable

El Dr. Kashparov ha recopilado una lista considerable de medidas agrícolas para reducir el riesgo: alimentar al ganado y a los peces con un compuesto químico llamado «azul de Prusia», que se une al cesio y facilita su excreción; convertir la leche dudosa en un producto —como mantequilla o queso— que pueda almacenarse hasta que la radiactividad peligrosa haya decaído; o añadir cal o fertilizantes minerales al suelo para impedir la absorción.
Sin embargo, el comportamiento humano complica las cosas. Al principio, cuando el yodo radiactivo aún era abundante, la leche contribuyó en gran medida a la propagación de la radiación, ya que era un medio de trueque para los pequeños agricultores. Para que cualquier manual agrícola que aplicar tras un desastre sea eficaz, debe tener en cuenta las economías locales, los hábitos alimenticios y la tolerancia al riesgo, y fomentar la sensibilización pública, subraya el Dr. Kashparov.
Otro factor que influye en cómo los radionucleidos pasan del suelo a los alimentos es la variedad de bacterias presentes en las proximidades. Pocas personas han reflexionado más sobre ello que Olena Pareniuk, del Instituto de Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares. Su trabajo ha demostrado que diferentes bacterias pueden impedir o potenciar la transferencia. De ahí se derivan dos medidas preventivas: si se inocula el suelo con la bacteria que impide la transferencia, el cultivo resultará más limpio; si se introduce la que la potencia, la planta se convierte en una esponja contaminante desechable que ayuda a limpiar el suelo. Los resultados de las pruebas de laboratorio de ambas técnicas son modestos, pero alentadores.

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Agustín Pery

El Dr. Pareniuk también ha estudiado las bacterias que viven en el interior del reactor en ruinas de Chernóbil. Estas sobreviven —e incluso prosperan— en un entorno alcalino e inhóspito en el que prácticamente no hay nutrientes, y lo que es aún más sorprendente: descomponen la mezcla altamente radiactiva de combustible de uranio fundido, hormigón y metal conocida como «corio». «Sea cual fuere el material que creen los seres humanos, la naturaleza encontrará microorganismos para descomponerlo», afirma el Dr. Pareniuk.
Han surgido historias aún más esperanzadoras en los niveles superiores de la cadena alimentaria. Jim Smith, de la Universidad de Portsmouth, comenzó a estudiar Chernóbil en 1990 como físico. Sin embargo, desde entonces se ha convertido en un experto en la fauna de la región. La evacuación de la zona de exclusión es a estas alturas un experimento bien documentado de renaturalización. No es solo que los animales tomaran el control cuando la gente se marchó. Los de mayor tamaño prosperaron especialmente: las poblaciones de lobos y ciervos se recuperaron y regresaron especies desaparecidas hacía tiempo, como el lince.

«Sea cual fuere el material que creen los seres humanos, la naturaleza encontrará microorganismos para descomponerlo»

Olena Pareniuk
Doctor en el Instituto de Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares

Todavía existe cierto debate sobre, entre otras cosas, los efectos a largo plazo en criaturas más pequeñas, como las golondrinas y las mariposas, pero en general el accidente dejó un legado mínimo en las poblaciones animales o en su ADN. En la zona no hay peces de tres ojos, si bien las percas de las zonas más contaminadas parecen tardar más en desarrollarse sexualmente.

Algo en el aire

Una consecuencia más perjudicial del accidente, afirma el Dr. Smith, ha sido la incomprensión del riesgo de la radiación tanto entre el público como entre los responsables políticos. Aparte de un pico inicial de cáncer de tiroides —en su mayoría no letal—, resulta prácticamente imposible calcular con exactitud el número de muertes humanas causadas por la exposición a la radiación posterior. Otros factores, entre los que destaca la radiación natural de la propia tierra, se suman a los riesgos de padecer cáncer a lo largo de la vida que el desastre no aumentó de forma apreciable. Sin embargo, esa no es la percepción. Chernóbil provocó en el mundo un miedo multigeneracional, imaginaciones generalizadas de criaturas mutantes y un temor incipiente que, en última instancia, ha influido en la política energética.
Las bandejas con alfombrillas mojadas y las puertas de seguridad se multiplican a medida que el corredor dorado llega a lo que queda del reactor número cuatro, ahora bajo un arco del tamaño de un hangar de aviones conocido como «nuevo sarcófago seguro» (NSS). Se colocó en 2016 para complementar el «sarcófago» de hormigón que se construyó apresuradamente sobre el reactor en 1986. Costó 1600 millones de dólares y estaba destinado a contener las crecientes fugas de radiación durante 100 años.
El día de San Valentín de 2025, ese plazo se vio acortado. Un dron ruso perforó el NSS, provocando un incendio que consumió más de la mitad de una capa protectora interna. En la parte trasera del NSS hay una moderna sala de control que contrasta fuertemente con el diseño soviético de los demás centros neurálgicos de la central. Los ingenieros fruncen el ceño mientras se enfrentan al problema de cómo afectará el daño a la capacidad del NSS para mantener contenidos los restos del núcleo. Cuarenta años después, la desgracia ha obligado a llevar a cabo aún más estudios.

Las campanas de la catedral

La historia quizá no se repita literalmente, pero las personas llevamos demasiados años sobre la faz de la Tierra para presumir ahora de que hemos encontrado caminos nuevos. Y eso es cierto aunque uno se llame Donald Trump y se jacte casi cada día de haber inventado la rueda de la política.En el verano del año 997, Almanzor, el poderoso caudillo de al-Ándalus, ya era consciente de cuál era el mejor botín que ya entonces podía encontrarse en la guerra. Él nunca había oído hablar del petróleo ni de las armas nucleares, pero lo sabía todo sobre la gloria militar y el poder político que conlleva. Por eso, en la más conocida de sus aceifas —cabalgadas de verano, concebidas para buscar fama y fortuna tras las líneas enemigas— envió a sus tropas a saquear Santiago de Compostela. De allí se llevó las campanas de la catedral, transportadas hasta la lejana Córdoba a hombros de cautivos cristianos.¿Para qué querría el ambicioso líder militar del califato las campanas robadas? Todavía no había llegado el tiempo de fundirlas para hacer cañones, pero hay algo de lo que todos podemos estar convencidos: el objetivo era personal. Los seres humanos, y esto se aplica tanto a Almanzor como a Donald Trump, ponemos siempre nuestros intereses sobre los de los demás. Está en nuestra naturaleza. No he visto a nadie consolarse de que no le haya tocado la lotería con la alegría de que el dinero con el que soñaba lo haya recibido cualquier desconocido. Lo mismo le ocurre a nuestros gobernantes, por mucho que ellos presuman de su vocación de servicio. Cualquiera que sea el sistema político en el que vivamos, el premio que los líderes más desean es el que les toca a ellos: el poder. El truco del buen gobierno no está en el altruismo de los gobernantes, sino en hacer que coincidan sus intereses con los de los gobernados.El presidente Trump es, a pesar de su extraño colorido, un ejemplar más de nuestra especie. Él promete hacer América grande, pero realmente quiere la grandeza para sí y, como haríamos el lector y yo mismo, en cada momento de divergencia —la guerra de Irán es un ejemplo claro— va a anteponer sus intereses a los de los EEUU. Y no, no quiero decir que todos los gobernantes del planeta, ávidos de gloria, estarían igualmente dispuestos a apuntarse a una aceifa como la de Almanzor… sobre todo porque no todos los pueblos están dispuestos a aplaudir ese camino. Pero tampoco voy a ocultar que me parece ingenuo pensar que Putin hace la guerra a Ucrania pesando en los intereses de una Rusia que paga una inmensa factura en sangre y en rublos por la ambición de su príncipe. Y lo mismo, aunque en menor escala, le ocurre a Donald Trump en Irán.La guerra de Ucrania, en mi opinión, durará todavía muchos años. Las campanas de la catedral que quiere Putin para celebrar su triunfo no están en el Donbás, sino en Kiev. El dictador, que en los últimos años ha vivido importantes decepciones en el exterior —primero en Siria, luego en Venezuela y estos días en Mali— no se conformará con nada que no sea el sometimiento del pueblo ucraniano. Si no consigue repicar en ese escenario, preferirá seguir intentándolo antes que reconocer su fracaso.La guerra de Irán, afortunadamente, no está tan enconada. La resistencia que Putin halla en el frente, Trump solo la encuentra en las encuestas de opinión. En las últimas que se han publicado, apenas un 26% por ciento de los votantes norteamericanos dice creer que la campaña militar ha merecido la pena. La insatisfacción aumenta cada día y, con ella, crece la presión por poner fin al conflicto a medida que se acercan las decisivas elecciones del mes de noviembre. Sin embargo, el presidente Trump sabe que retirarse sin conseguir las campanas de alguna catedral, por pequeñas que sean, sería reconocer un fracaso. Un fracaso sonoro que minaría su gloria y disminuiría las posibilidades de conseguir cualquiera que sea el objetivo real de su política, seguramente un cambio de régimen… pero no en Irán, sino en los EEUU.¿Cuándo terminará entonces el bloqueo del estrecho de Ormuz, extrañamente coprotagonizado ahora por tirios y troyanos? Los líderes de Irán, obviamente, lo están deseando. El final de la guerra les permitiría volver a lo suyo, para desgracia de su propio pueblo. Al otro lado del mundo, en cambio, el presidente Trump todavía no ha encontrado las campanas de su victoria. Pero no desesperemos. Todos sabemos que él, desde su tribuna privilegiada en las redes sociales, es capaz de hallarlas cualquier día, verdaderas o falsas, a plena luz del día o escondidas en algún rincón físico o virtual del teatro de operaciones.No estamos en condiciones de adivinar cuál será la forma concreta de las campanas que celebrarán el fin de la guerra. Seguramente Trump sueña con llevarse a Washington el uranio enriquecido de Irán, si fuera posible a hombros de los cautivos ayatolás. Quedaría bien depositado al lado de Nicolás Maduro en el arco de triunfo que el magnate desea erigir como monumento a su propia grandeza. Es probable que el hombre tenga que contentarse con menos, pero lo que es seguro es que algo tendrá que repicar antes de que Trump dé la aceifa por terminada. Esa es la lógica de la guerra y, como ya les decía unas líneas más arriba, las personas llevamos demasiados años sobre la faz de la Tierra para presumir ahora de que hemos encontrado caminos nuevos.

Arranca el pulso para acabar con la era Netanyahu en Israel

«El Estado de Israel debe cambiar de rumbo (…) Después de 30 años, es hora de separarse de Netanyahu y abrir un nuevo capítulo», así presentó Naftali Bennett a los israelíes su plan de volver a ocupar el asiento de primer ministro en las … próximas elecciones, que deben celebrarse antes de octubre. Bennett, político de ultraderecha de 54 años, regresa a la primera línea de la política de la mano de Yair Lapid, periodista de 62 años etiquetado como ‘centrista’, con quien forma la coalición Beyachad (que se traduce como Juntos). El firme deseo de acabar con Benjamín Netanyahu, de 77 años, es la clave que explica esta unión entre dos perfiles ideológicamente muy distintos.
La empresa que tienen por delante es complicada y por eso Bennett ha tendido la mano a Gabi Eisenkot, exjefe del Ejército, con quien formaría, según las encuestas, una alianza capaz de superar al Likud de Netanyahu en las urnas, aunque luego deberán buscar nuevos pactos en la cámara para llegar a los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría. Aunque Eisenkot no ha anunciado formalmente si se unirá a la coalición, dio rápidamente la bienvenida a la nueva agrupación. «El objetivo de ganar las elecciones cruciales que tenemos por delante es compartido», escribió Eisenkot en sus redes sociales, calificando a Bennett y Lapid como «socios» y anunciando que el también busca lograr «la victoria y el cambio que Israel necesita».

Beyachad repite la alianza de 2021, cuando el entonces bautizado como Gobierno del cambio logro apartar a Netanyahu del poder durante 18 meses. Fue un breve paréntesis tras doce años ininterrumpidos del líder del Likud como primer ministro, que volvió a vencer en 2022 y formó una alianza poderosa con los partidos ultraortodoxos y ultranacionalistas sionistas. Para lograr esa victoria, Bennett tuvo que pactar con un partido árabe, algo inédito en la historia del Estado judío, lo que le permitió formar un gobierno de coalición con una mayoría mínima y profundamente dividido en cuestiones como el conflicto israelí-palestino. En esta ocasión, Bennett afirmó que no volverá a buscar una coalición con partidos árabes porque busca un «gobierno sionista» y descartó «ceder territorio a los enemigos», un mensaje claro contra el establecimiento de un Estado palestino.

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Mikel Ayestaran

La derrota de Netanyahu se produjo tras la Covid-19 y el confinamiento y analistas como Amit Segal, cercanos a Netanyahu, piensan que ahora también hay «fatiga» dentro de Israel, pero a causa de la guerra. «El malestar entre la población, especialmente entre los votantes de Netanyahu, proviene de la sensación inicial de la operación ‘Rugido del León’ (nombre de la campaña militar lanzada contra Irán de la mano de Estados Unidos) de que sería la última ronda. En cambio, descubrieron que el asunto estaba lejos de terminar, agravado por la reapertura del frente libanés que se creía cerrado», escribió Segal en Israel Hayom.

‘Rey Bibi’

Los israelíes acudirán a las urnas tras más de dos años en situación de guerra y sin haber acabado con las amenazas de Hamás, Hizbolá e Irán. Desde su primer mandato en los años noventa, Netanyahu ha sido una figura polarizadora tanto dentro como fuera del país. Conocido con el apelativo de ‘Bibi’ en Israel, su capacidad para superar adversidades en el terreno político le han hecho ganarse el sobrenombre de ‘rey Bibi’ y cuando parece más arrinconado y fuera de juego, vuelve a emerger. «Yo o el caos», es la estrategia que este dirigente populista aplica en cada campaña y hasta ahora le ha dado el resultado.

Los israelíes acudirán a las urnas tras más de dos años en situación de guerra y sin haber acabado con las amenazas de Hamás, Hizbolá e Irán

Netanyahu no deja de acumular marcas. Fue el primer primer ministro nacido en el Estado de Israel, el más joven de la historia en alcanzar ese puesto, es el jefe de gobierno con más años en el cargo, por delante del mítico David Ben Gurion, y es también el primer jefe de Estado en activo que comparece ante la Justicia para responder por varios casos de corrupción. El primer ministro siempre ha defendido su inocencia, se siente víctima de «una caza de brujas», es la frase que más ha repetido, y Donald Trump ha pedido al presidente del país que le otorgue el perdón.

Borrar el 7 de octubre

Desde el ataque de Hamás del 7 de octubre, el líder del Likud está inmerso en una carrera bélica por intentar borrar ese sábado negro de su expediente. Para ello, mantiene bloqueada la investigación sobre los errores de seguridad que se produjeron aquel sábado negro, lanzó una operación en la Franja que está siendo investigada por genocidio, ocupó el sur de Siria, trabaja para crear una ‘zona de seguridad’ al sur de Líbano y ha lanzado dos guerras contra Irán. Todo ello de la mano de un avance firme de la ocupación de Cisjordania, liderada por los ministros ultranacionalistas sionistas, y del blindaje de los jóvenes ultraortodoxos, que mantienen sus privilegios para no acudir a la llamada obligatoria a filas en un momento en el que el Ejército está exhausto y sufre un goteo constante de bajas.

Faltan como mucho seis meses para la cita con las urnas, pero los debates en los medios en Israel se van calentando y todos los rostros habituales de la política toman posiciones. Netanyahu compite por su supervivencia política con la amenaza de la justicia muy presente en sus cálculos y busca ese respaldo popular que le ayude a seguir su carrera con 77 años, una edad que con la que solo lograron gobernar Ben Gurion y Ariel Sharon.