Carlos III aterriza en Washington bajo máxima tensión tras el intento de atentado contra Trump
El Rey Carlos III y la Reina Camila aterrizarán este lunes en Washington para iniciar una visita de Estado a Estados Unidos que, antes incluso de comenzar, ya se ha convertido en una de las pruebas diplomáticas más delicadas del reinado. El viaje, concebido como … una gran operación de reafirmación de la relación transatlántica entre Londres y Washington, se produce apenas horas después del intento de atentado contra el presidente Donald Trump durante la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca, un episodio que obligó a los equipos de seguridad británicos y estadounidenses a mantener conversaciones de urgencia, según fuentes oficiales, para decidir si el desplazamiento podía mantenerse.
La conclusión fue afirmativa. El Palacio de Buckingham confirmó el domingo por la noche que el programa seguiría adelante «en gran medida según lo previsto», aunque con algunos ajustes discretos que «no serán perceptibles» para el público. El propio presidente estadounidense, consultado sobre las implicaciones de seguridad, trató de despejar cualquier duda y aseguró que Carlos III «estará muy seguro» durante el viaje y subrayó que el recinto de la Casa Blanca es «realmente seguro». Más tarde, Trump insistió en el mismo tono y calificó al monarca como «un hombre valiente» y «una persona fantástica».
La visita, la primera de Estado de un monarca británico a Estados Unidos desde la que realizó Isabel II en 2007, llega en un momento particularmente incómodo para la relación bilateral, sobre un fondo de fricciones políticas entre Donald Trump y el primer ministro británico, Keir Starmer, especialmente a propósito de Irán y de los desacuerdos sobre política comercial.
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David Alandete
La agenda oficial, que se prolongará durante cuatro días entre Washington, Nueva York y Virginia, pretende precisamente reforzar esa arquitectura institucional por encima de los gobiernos de turno. Christian Turner, embajador británico en Washington, lo definió como un esfuerzo para «renovar y revitalizar una amistad única» entre ambos países y defendió que la visita servirá para recordar que la asociación entre Reino Unido y Estados Unidos hace a ambos pueblos «más seguros, más ricos y más felices». El Gobierno espera que la presencia del monarca, situado por encima de la confrontación partidista, ayude a suavizar una interlocución política que se ha tornado áspera.
El primer gesto de esa diplomacia simbólica será este mismo lunes, cuando el Rey y la Reina sean recibidos por Donald Trump y Melania Trump en la Casa Blanca para una recepción privada con té por la tarde, seguida de una visita a las instalaciones renovadas de la residencia presidencial y de una fiesta en los jardines de la residencia del embajador británico, una tradición poco frecuente en suelo estadounidense y que no se veía desde los tiempos de Jorge VI.
El martes llegará el núcleo político del viaje. Tras la ceremonia formal de bienvenida en la Casa Blanca, con revista militar, himnos nacionales interpretados por la US Marine Band y el tradicional saludo de 21 cañonazos, el Rey pronunciará un discurso ante las dos cámaras del Congreso, un gesto excepcional que sólo cuenta con un precedente, el de Isabel II en 1991. Será, probablemente, el momento más complejo de toda la visita.
Carlos III deberá encontrar un equilibrio extremadamente fino entre la defensa implícita de las posiciones del Gobierno británico y el mantenimiento de una relación cordial con el presidente estadounidense. Emily Thornberry, diputada laborista y presidenta de la Comisión de Asuntos Exteriores, lo resumió diciendo que es «un auténtico ejercicio de funambulismo y el presidente es tan imprevisible que nunca se sabe qué va a decir».
La cena de Estado en la Casa Blanca, el martes por la noche, servirá como gran escaparate internacional para Trump, siempre consciente del poder simbólico de la monarquía británica. El presidente, que durante años ha mostrado una fascinación pública por la institución, sobre todo tras su visita a Reino Unido el año pasado, volvió a elogiar a Carlos III en la prensa al afirmar que es «realmente una persona fantástica y un representante extraordinario».
En Nueva York, el miércoles, el tono cambiará hacia una diplomacia más emocional y simbólica. Carlos III y Camila visitarán el memorial del 11-S, donde se reunirán con familiares de víctimas y con equipos de emergencia. Después habrá encuentros con organizaciones comunitarias, empresarios y representantes del sector cultural, mientras la Reina participará en un acto literario con motivo de los cien años de Winnie the Pooh.
El jueves, antes de partir hacia Virginia y posteriormente a Bermudas, los Trump despedirán formalmente a la pareja real. Está prevista también una ofrenda floral en honor de los soldados caídos de ambos países.

