Nápoles es una belleza interrumpida demasiadas veces. Es frágil, pero destila poesía. Lo sabe bien Davide Cerullo (Scampia, 1974), hoy escritor, fotógrafo y educador italiano. Alguien cuya redención la encontró en la cárcel, un submundo al que llegó con dieciocho años tras morir varias … veces: con diez años ya le buscaba la policía; con catorce, gestionaba una importante piazza de tráfico de drogas. El amor, cuenta él, estaba dándole la espalda, así que tuvo que ir a buscarlo. Era el sur del mundo, como diría el cantautor Pino Daniele.
El final se solapa al inicio. Son las 10.30 de la mañana de un día cualquiera. Es agosto, y el Albero delle Storie (asociación creada en 2017 para que los niños del territorio puedan jugar y leer) se presenta virgen y salvaje. Hay gallinas y muchos árboles. Un oasis. Enfrente, despunta imponente la única Vela que resta ya, siempre aquejada y afligida por culpa de una delincuencia que la usó, violándola y mancillándola. Al inicio, se muestra algo distante con ABC, pero al final termina imponiéndose la palabra a las balas, una metáfora de su vida. Fuma Davide, sí, pero tampoco demasiado. Ya no es una naturaleza muerta.
-La criminalidad organizada como única vía para poder sobrevivir.
-Me sentía solo en medio de trece hermanos. Solo en la multitud. Creo que es el problema de los jóvenes de hoy. Somos frágiles. No hay base de confianza en las relaciones. En la Biblia hay una pregunta interesante. La primera que Dios hace al hombre: «¿Dónde estás?», le interroga a Adán. La segunda es: «¿Dónde está tu hermano?», a Caín. Hay un mundo escondido ahí… ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Qué andas buscando? ¿Qué sucede? ¿Dónde estás? No, no estamos, no somos. Basta. No vemos a nadie, porque no somos capaces de hacerlo con nosotros. Estamos lejos del misterio sacro, el de la existencia. La fragilidad hoy de los niños es un espejo del adulto. Ahí está el cortocircuito. Los seres humanos están destrozados internamente, aunque algunos no lo saben.
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Julio Ocampo
-¿Cuáles son sus fantasmas?
-Camorristas muertos, mi madre en la cárcel, mis padres que se pegan y después se separan… La tristeza de ambos. Fue un drama para mí. Un niño no debería ver eso. A mí me sucedió, y además demasiado pronto. Sí, me hice pedazos a edad muy precoz. Cuando era niño soñaba con tener una pistola; hoy me encantaría ser un niño.
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-Ha muerto varias veces en su vida. La primera, ¿cuándo fue?
-Jamás nadie me hizo esta pregunta. Creo que tenía diez años. La policía ya me buscaba. Mis hermanos me llevaron a Cassino (entre Nápoles y Roma), donde estaba mi padre. Nosotros vivíamos todos con mi madre. Éramos quince en casa. Bueno, en realidad, mi hermano mayor -quien ya ejercía de padre- murió por sobredosis de heroína con quince años. Bien, estaba con mi padre comiendo… Entonces, un día encendemos la televisión y vemos que a mi madre la han detenido. Se la llevan a la cárcel. Sí, fue mi primera muerte. No comí durante una semana. La segunda vez fue cuando mi padre… No sé, pasaba el tiempo y no me decía si me quería o no.
-Con catorce años ya forma parte de la Camorra.
-Con diez ya me fascinaba el crimen. Deseaba ser un camorrista. Quería ganar mucho dinero. La Camorra me usaba para transportar de un barrio a otro, de una Vela a otra, la droga, las pistolas… Luego, llegaba a casa y me encontraba zapatillas nuevas de marca. Vi que ese era el camino de vida para solucionar, también, los problemas de mi familia. Con once años ya vi el primer muerto.
-¿Quién era?
-Fue un ‘boss’ asesinado. ¿Quién? Uno que, cuando mi padre se marchó, vino a vivir a casa, cogió una de mis hermanas… No sé, creo que es la primera vez que cuento esto… Se apropió de una habitación, la blindó y resolvió todos los problemas. Pagó recibos, arregló la cocina, solucionó las pérdidas de agua, el suelo que estaba roto… Nos salvó la vida. Esto hace la Camorra. Te hace los favores que te niega el estado por derecho. Yo le veía como un nuevo padre. Gracias a este capo la gente -fuera- me respetaba. Era mi cuñado. Todos me tenían miedo, y eso me encantaba. Me vanagloriaba. Era mi ejemplo a seguir.
«El ‘boss’ era mi cuñado. Todos me tenían miedo, y eso me encantaba. Me vanagloriaba. Era mi ejemplo a seguir»
Davide Cerullo
Ex miembro de la Camorra
-Hasta que un disparo le atravesó la cabeza.
-Sí. Por detrás. La bala le salió por delante, justo encima de la nariz. Le quedó el agujero. Yo estaba en el funeral. Me encontré delante de él, solo. Era como un rito. Me acerqué y le metí el dedo en el agujero. Sentí el frío de ese cuerpo. Esa imagen es uno de mis fantasmas.
-Estábamos que, con catorce años, ya mandaba mucho.
-Me regalan la primera pistola, porque sabían que mi sueño era disparar en la cara de la gente. Estuve siempre muy cerca, pero nunca lo hice. Me hizo creer, la mafia, que era importante dar miedo y saber matar, sin miramientos. Te pagaban muchísimo por eso. Yo estaba preparado. Me sentía el dueño del mundo… Caminaba por mi barrio con la pistola. Ya gestionaba una piazza de tráfico de drogas en Le Vele di Scampia. Ganaba, hoy en euros, quinientos diarios. Tenía catorce años. Me compré una moto que no podía conducir pagándola al contado. El titular era mi cuñado. Así la cogía sin problemas. No tenía carnet de conducir, pero pagaba a una especie de chófer para ir a los sitios. Me compraba ropa de marca. El triunfo de las marcas. Es otro problema de hoy en los jóvenes. La estética. Si no, no vales una mierda.
-Dos años después ingresa en prisión por vez primera.
-Sí. Me cabreé porque no me pusieron las esposas. Lo había visto por televisión con otros camorristas, y yo quería ser como ellos. Quería ser alguien, dar miedo. El policía me dijo que no lo hacían porque yo no era nadie. Era la primera vez que alguien me decía eso. Fue otra muerte.
«Me cabreé porque no me pusieron las esposas. Lo había visto por televisión con otros camorristas, y yo quería ser como ellos. Quería ser alguien, dar miedo»
-Cuando sale, llega al barrio y le hacen una fiesta.
Un héroe. Había fuegos artificiales. Meses después, en un atentado intentan matarme. Me disparan y, por suerte, solo me destrozan la pierna (gambizzare). Estaba cubriendo la fuga de este boss que después asesinaron. Me llevan al hospital, y…
-¿Se saltó los códigos de la omertà?
-¿Sabes lo que dice la Camorra? Los hombres no hablan. Quien dice la verdad es un bastardo, un infame. No es un hombre. Entonces, de Secondigliano me llevan al hospital de Fuorigrotta y me escayolan… Cuarenta días, con la policía vigilando 24h. Después, ya en casa, me reciben nuevamente como un héroe. Prosigo vendiendo cocaína, heroína y hachís para mi clan.
-La vía salvífica inicia con 18 años, cuando está de nuevo en la cárcel. Esta vez con los adultos, en Poggioreale.
-Pabellón Avellino, estancia 31. 25 personas dentro de la celda. Durante un año allí coincidí con importantes jefes del clan Sarno. Camorristas de Ponticelli. Estaba toda la familia en la cárcel, entonces. Por la noche, me tapaba los oídos para no escuchar los gritos de los chavales que zarandeaban en las celdas de castigo. Teníamos solo una hora para que nos diera el aire. Un día vuelvo a mi celda y cojo el Evangelio… Bueno, antes deja que te diga que esa cárcel me ha hecho peor persona. Más violenta aún.
-¿Qué decía el Evangelio?
Lo cojo, pero no subo en mi litera por temor al juicio de los demás. Ya sabes que no puedes mostrarte sensible, curioso, sentimental. Debes ser frío para poder disparar o escupir a un cadáver. Debes ser despiadado. Volviendo al tema, arranqué tres páginas del libro… Leo tres veces mi nombre: Davide, Davide, Davide. Es como si comenzara, por vez primera, a reapropiarme de mi vida. Estaba muerto de miedo. Solo conocía la muerte, el dinero, el poder…
-Pero cuando salió de Poggioreale volvió a su mundo de siempre.
-Por supuesto. Con mis páginas arrancadas, pero a hacer lo mismo. Volví a vender la muerte, la droga. Después, encontré un pintor y una monja. Ellos, de alguna manera, me hicieron creer que podía ser algo diferente. Fue el inicio de la otra vida. La poesía no me salvó la vida, en realidad. Me la iluminó. Tenía 19 años, con mil vidas atrás. Ellos despertaron dentro de mí el sentimiento de culpa.
-Curioso.
-¿Por qué? Tenía interiorizado aquel mundo como algo normal. Era un idiota de la Camorra, como todos. Fue la vez primera que, de manera autónoma, me marché de casa. Mi madre me lo recriminó llamándome loco. Esa fea palabra no me la decía cuando era un camorrista, sino cuando quería dejar de serlo. Odiaba a mi madre, pero después la perdoné porque la entiendo.
-La monja le dio una casa. Después, con 21, te mandaron a Modena con una familia.
-Ahí comenzó el desarrollo de mi consciencia. Empecé a leer. No me amenazaron jamás -tampoco hoy-, pero sí me buscaron otros camorristas porque no querían perderme. Era una promesa, me decían. Cuando salí de la cárcel me regalaron cinco millones de liras. El dinero, el dinero… Una enfermedad. Me había convertido en lo que los demás querían que fuera. Yo, con seis años, disparé a mi padre con un fúsil.
-¿Intentó matarlo?
-Mi hermano mayor, Riccardo, me lo colocó encima. Tenía catorce años, él. Mi padre estaba ordeñando las ovejas. Era pastor. Se encontraba detrás de una chabola, cuando Riccardo me sube a un cubo de basura para cobrar altura… Quería servirse de mi cuerpo para asesinarlo. Usarme para no tener remordimientos. Yo no podía con el arma, ni tenía fuerzas para disparar. Me colocó el índice en el gatillo, ese que después introduzco yo en el cadáver del ‘boss’… No le dimos con el disparo, porque se movió. Él odiaba a mi padre, porque le daba palizas. Mi padre, cabreado, recuperó el arma después y nos la rompió en la espalda. Fue un dolor enorme. A mí me ha faltado el amor.
-La mafia hoy, ¿dónde está? La fotógrafa napolitana Letizia Battaglia decía que ya no sabía dónde. Habían cambiado de piel, por eso ya no aparecían en sus retratos.
-Quizás hablaban y se vestían como ella. No los vemos, porque hacen proyectos sociales. Usan un modo limpio para hacer cosas sucias. Comen con nosotros, lo mismo… Somos todos iguales, por eso no los vemos ya. La fuerza de la mafia no está dentro, sino fuera. Siempre estuvo en el Parlamento. El Estado, con la mafia, solo puede combatir o pactar. Hoy no la combate. La mafia es más fuerte que ayer. Genera dinero, y encuentra consenso. Hay poca instrucción para enfrentarla. ¿Sabes? La mafia nos encanta, tiene que estar, es conveniente… Ya lo decía Paolo Borsellino.
«La mafia es más fuerte que ayer. Genera dinero, y encuentra consenso. Hay poca instrucción para enfrentarla»
-Entiendo la ironía, que roza el sarcasmo. ¿Es feliz o sigue albergando mucha rabia?
-No. La felicidad no existe. Sí momentos, breves, de disfrute o satisfacción. No creo en la esperanza. Es una palabra que usan la mafia y la iglesia. Se crean asistidos, gente que aprende a esperar mientras otros solucionan tus problemas. La fabricación en cadena de inútiles, gente inmóvil.