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Las primeras palabras de Nicolás Maduro en la cárcel de Nueva York tras su captura: «Buenas noches, feliz Año Nuevo»

«Buenas noches, feliz Año Nuevo», han sido las primeras palabras del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, tras ser capturado por las fuerzas estadounidenses. Las ha pronunciado nada más llegar al Centro de Detención Metropolitana de Brooklyn, en Nueva York, e iban dirigidas a … varias personas que se encuentra por el camino.
Al lugar, en el que pasa la noche recluido, ha llegado esposado y escoltado por agentes de la Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA), según confirman fuentes oficiales a varios medios estadounidenses. La cuenta oficial de respuesta rápida de la Casa Blanca ha publicado el vídeo en el que se muestra al mandatario recorriendo el espacio y felicitando el año nuevo a los presentes.

Previo a su llegada, Maduro y su esposa, Cilia Flores, han bajado del avión en la Base Aérea de la Guardia Nacional de Stewart, acompañados por más de una docena de agentes, para ser trasladados en helicóptero hasta la ciudad de Nueva York.

El mandatario fue detenido durante la madrugada del sábado en una operación estadounidense, que incluyó bombardeos sobre instalaciones militares en la capital, Caracas, y en otros puntos estratégicos. Según fuentes de la Casa Blanca, la operación fue autorizada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el día de Navidad, pero la ejecución se aplazó por factores operativos.

China exige a Estados Unidos la liberación inmediata de Nicolás Maduro

China sigue brindando su apoyo al régimen venezolano, aunque de momento solo pueda ofrecer palabras. Tras la confirmación de la captura del dictador Nicolás Maduro por tropas estadounidenses y su posterior detención en Nueva York, el gigante asiático ha emitido un segundo comunicado oficial para … exigir su «liberación inmediata».
«China insta a Estados Unidos a garantizar la seguridad personal del presidente Maduro y de su esposa, a liberarlos de inmediato, a dejar de subvertir el régimen venezolano y a resolver la cuestión mediante el diálogo y la negociación», señala una nota difundida por su ministerio de Exteriores en la tarde de este domingo (hora local).
El texto responde a las imágenes del dictador esposado, así como al anuncio de que Estados Unidos «gestionará» Venezuela hasta que se produzca una transición «segura, apropiada y justa», según afirmó el presidente Donald Trump en su rueda de prensa de anoche, un proceso para el que de momento parece haber descartado a la líder opositora y Nobel de la Paz, María Corina Machado.

«Las acciones de Estados Unidos violan claramente el derecho internacional, las normas básicas de las relaciones internacionales y los propósitos y principios de la Carta de la ONU», ha señalado el Gobierno chino, argumentos que fundamentan su rotundo rechazo, diametralmente opuesto, por ejemplo, a su apoyo implícito a la invasión rusa de Ucrania, todavía en disputa.
En su reacción inicial en la noche del domingo, tras varias horas de cautelosa espera, el régimen chino acabó por expresar su «enérgica condena» ante el «ataque militar contra Venezuela», al tiempo que se declaraba «profundamente conmocionado por el hecho de que Estados Unidos haya utilizado de forma temeraria la fuerza contra un Estado soberano y haya actuado contra el presidente de otro país».

Ansiedades petrolíferas

China representa uno de los principales aliados internacionales de Venezuela, como demuestra el hecho de que una de las últimas actividades oficiales de Maduro antes de su captura fuera una reunión con el enviado especial de China para Asuntos de América Latina, Qiu Xiaoqi. La recepción, celebrada en el palacio de Miraflores, contó con la participación de varios diplomáticos chinos, así como de la entonces vicepresidenta, ahora presidenta en funciones, Delcy Rodríguez.
Esta conversación pretendía «ratificar el carácter inquebrantable de la hermandad entre Caracas y Pekín, en un contexto geopolítico marcado por la resistencia ante las medidas coercitivas unilaterales y la búsqueda de un desarrollo soberano para los pueblos del Sur Global», de acuerdo con el comunicado oficial emitido por la Presidencia venezolana.
El propio Maduro quiso «agradecer al presidente Xi Jinping siempre su hermandad, como hermano mayor» y «reiterar que China y Venezuela son socios estratégicos», «no solo como socios en materia comercial y energética sino como un aliado político fundamental en la región».
China afianzó sus lazos con Venezuela tras la llegada al poder de Hugo Chávez, hasta convertirse en su principal apoyo. Desde entonces ha brindado asistencia en forma de cuantiosos préstamos, ayudas y todo tipo de proyectos que el chavismo ha pagado con petróleo.
China supone el primer comprador de crudo venezolano: allí acabaron un 38% de los barriles producidos en 2024 según cifras de Lipow Oil Associates, equivalentes a un 4% de sus importaciones chinas de petróleo a nivel global. En ese sentido, la voluntad de EE.UU. de mantener operativa la industria petrolífera podría aplacar la preocupación del gigante asiático en materia de suministro energético.

EE.UU. dirigirá Venezuela hasta una transición y controlará su petróleo

Estados Unidos ejecutó en la madrugada del sábado 3 de enero de 2026 una operación militar y judicial sin precedentes en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, y su traslado inmediato a Estados Unidos … para ser procesados ante tribunales federales. La operación incluyó ataques selectivos contra instalaciones militares clave en Caracas y otros puntos estratégicos del país, así como un asalto nocturno que permitió la detención del matrimonio presidencial y su evacuación en helicóptero hasta el buque de la Armada estadounidense USS Iwo Jima, desde donde fueron enviados a Nueva York.

Maduro y Flores se enfrentan a imputaciones federales por narcotráfico, narcoterrorismo y delitos relacionados con armas ante el Distrito Sur de Manhattan, en el marco de una causa que se remonta a 2020 y que ha sido ampliada en las últimas horas con nuevos cargos. Según fuentes de la Administración, Donald Trump autorizó la operación días antes de Navidad, pero su ejecución tuvo que aplazarse por una combinación de factores operativos y estratégicos. Las condiciones meteorológicas no ofrecían garantías suficientes para una misión que dependía de helicópteros y control aéreo preciso, y el Pentágono priorizó en esas fechas un ataque ordenado por el presidente contra objetivos yihadistas en Nigeria durante el día de Navidad. Solo cuando se abrió una ventana considerada óptima, ya entrado enero, Trump dio la orden definitiva.

El inicio de los ataques

Pasada la medianoche se registraron detonaciones y sobrevuelos de aeronaves en Caracas y en otros puntos del país. Los ataques se concentraron en la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, conocida como La Carlota, el complejo militar de Fuerte Tiuna, el puerto de La Guaira y otros objetivos en los estados de Miranda y Aragua. El despliegue combinó aeronaves de ala fija y helicópteros para asegurar el control del espacio aéreo y facilitar la extracción. Según los datos disponibles, las fuerzas venezolanas no ofrecieron una resistencia significativa ni en el aire ni en tierra, lo que permitió un despliegue limitado de efectivos estadounidenses, centrado en asegurar el perímetro, ejecutar la captura y evacuar a los detenidos sin un enfrentamiento abierto.
Trump siguió la operación en tiempo real desde Mar-a-Lago, acompañado por mandos militares, a través de enlaces de vídeo. Más tarde describió lo ocurrido como «ver una película», por la rapidez y coordinación del asalto. Aseguró que no hubo bajas estadounidenses y que no se perdió ningún equipo, aunque reconoció que algunos efectivos resultaron heridos leves. Según fuentes conocedoras del operativo, Maduro y Flores fueron sorprendidos en un dormitorio durante el asalto nocturno y puestos bajo custodia en cuestión de minutos. Horas después, la fiscal general, Pam Bondi, anunció nuevas imputaciones que incluían formalmente a Flores, despejando cualquier duda legal antes de su traslado fuera del país.
La Casa Blanca no notificó previamente al Congreso en virtud de la Resolución de Poderes de Guerra, al sostener que no se trató de una acción bélica contra un Estado soberano, sino de una operación destinada a detener a un prófugo de la Justicia estadounidense. Ese argumento provocó críticas inmediatas entre los demócratas y también entre algunos republicanos, que reclamaron explicaciones sobre la base legal y la ausencia de consulta previa. Con el paso de las horas, sin embargo, el respaldo republicano se cerró en torno a Trump, especialmente en el Senado, donde se defendió la actuación como una operación legítima de aplicación de la ley.
El secretario de Estado, Marco Rubio, trasladó a varios senadores que la misión fue limitada y estrictamente orientada a ejecutar una orden judicial pendiente. Negó que se tratara de una campaña militar o de un cambio de régimen por la vía armada, y aseguró que no se prevén nuevas acciones ahora que Maduro está bajo custodia estadounidense. Sin embargo, el propio Trump introdujo un elemento de presión adicional al revelar que el Pentágono había contemplado desde el inicio una segunda fase. «Estábamos preparados para una segunda oleada, y una oleada mucho mayor», afirmó, añadiendo que el éxito del primer ataque hace que probablemente no sea necesario activarla, aunque dejó claro que la opción sigue sobre la mesa.

La Casa Blanca no notificó previamente al Congreso al sostener que no se trató de una acción bélica contra un Estado soberano, sino de una operación destinada a detener a un prófugo de la Justicia estadounidense

Desde el verano, Trump había ido endureciendo de forma progresiva su discurso contra Maduro, vinculando al régimen venezolano con el narcotráfico, el terrorismo y la presión migratoria sobre Estados Unidos. A finales de agosto habló de una nueva fase contra lo que definió como narcoestados en el hemisferio occidental y autorizó un despliegue naval y aéreo poco habitual en el Caribe y el norte de Suramérica. En noviembre mantuvo un contacto directo con Maduro, en el que le trasladó que lo mejor para él era abandonar el poder y salir del país. Durante diciembre volvió a elevar el tono y deslizó que ya se había destruido una instalación en tierra vinculada a las rutas de la droga, una referencia que después encajó en la secuencia de operaciones encubiertas previas al asalto final.
Tras la captura, Trump compareció en Mar-a-Lago para presentar la operación como el inicio de una nueva fase en la relación entre Estados Unidos y Venezuela, marcada por una implicación directa de Washington en el país. Desde el inicio sostuvo que Estados Unidos asumirá una tutela temporal sobre Venezuela para dirigir una transición política. «Vamos a gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y juiciosa. Nos vamos a quedar y, en la práctica, lo vamos a administrar hasta que se produzca una transición correcta», afirmó.
Justificó esa tutela en la necesidad de evitar que, tras la salida de Maduro, el poder vuelva a manos de actores que reproduzcan el deterioro de las últimas décadas. En ese marco, vinculó la presencia estadounidense con la creación de condiciones para el regreso de millones de venezolanos en el exilio, al que describió como «el mayor del mundo en este momento». Aseguró que la prioridad es que quienes se vieron forzados a marcharse puedan volver a vivir «en libertad y sin miedo».
En el plano político inmediato, Trump introdujo un mensaje ambiguo sobre la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Recordó que fue designada por Maduro y que acaba de jurar el cargo, pero confirmó que su situación está siendo evaluada directamente por Marco Rubio, quien ya ha hablado con ella. Según Trump, Rodríguez ha mostrado disposición a «hacer lo que creemos que es necesario» para avanzar hacia un nuevo escenario, sin aclarar si contará con un papel estable en la transición.

María Corina Machado

Ese tono contrastó con el empleado hacia la oposición en el exilio. Trump fue explícito al descartar a María Corina Machado como figura central. «Creo que sería muy difícil que ella fuera la líder. No tiene el apoyo ni el respeto dentro del país», afirmó, después de que Machado reclamara la instalación como presidente de su aliado Edmundo González Urrutia, a quien Estados Unidos había reconocido previamente como vencedor de las elecciones de 2024. Trump evitó mencionar a González Urrutia y no avaló ninguna fórmula concreta, subrayando que Washington no da por hecho que el relevo político pase por las figuras actuales del bloque opositor.
El presidente dedicó una parte sustancial de su discurso a la dimensión económica y energética. Acusó a Venezuela de haber confiscado y vendido activos estadounidenses, especialmente en el sector petrolero, causando pérdidas de «miles y miles de millones de dólares». Describió la industria petrolera venezolana como un «fracaso total» y sugirió que, bajo tutela estadounidense, podría reconstruirse la infraestructura y devolver el flujo de crudo, con inversiones que, según dijo, asumirían las propias compañías energéticas.

Trump fue explícito al descartar a María Corina Machado como figura central. «Creo que sería muy difícil que ella fuera la líder»

Trump vinculó ese planteamiento a la lucha contra el narcotráfico. Aseguró que Estados Unidos ha logrado interceptar cerca del 97% de la droga que entra por vía marítima y atribuyó una parte sustancial de ese tráfico a Venezuela. Presentó el control del país como una extensión de la ofensiva antidroga y como una medida de protección directa para la sociedad estadounidense, afirmando que cada embarcación neutralizada evita miles de muertes asociadas al consumo de estupefacientes.
Otro eje central fue la acusación de que el régimen chavista exportó criminalidad a Estados Unidos. Trump afirmó que Maduro envió bandas como el Tren de Aragua para «aterrorizar a nuestra gente» en distintas ciudades, y las responsabilizó de violaciones, torturas y asesinatos, citando casos concretos de menores. Sostuvo que con la captura de Maduro esa amenaza «ya no volverá a existir» y que el dirigente «nunca más podrá amenazar a un ciudadano estadounidense». Añadió que el régimen vació cárceles y centros psiquiátricos para enviar delincuentes violentos y narcotraficantes a Estados Unidos, una política que, según él, terminó con el endurecimiento del control fronterizo y la acción directa contra Venezuela.
Mientras tanto, en Caracas, la actividad cotidiana quedó parcialmente paralizada tras horas de confusión. Se registraron cierres improvisados de comercios, interrupciones del transporte y presencia disuasoria de efectivos armados cerca de instalaciones militares. El régimen evitó durante horas aclarar quién ejercía de facto el poder y decretó el estado de conmoción exterior, sin anunciar formalmente una sucesión. Fue Trump quien dijo que Rodríguez había asumido el poder de forma interina.
La reacción internacional fue inmediata. Gobiernos de la región denunciaron la violación de la soberanía venezolana y reclamaron reuniones urgentes.

El mundo como un pastel

Hace justo cinco años, Donald Trump alentaba a que sus seguidores más exaltados asaltaran al Capitolio en Washington al no aceptar el resultado de unas elecciones presidenciales que claramente había perdido. Aquel golpe frustrado, pero electoralmente respaldado con un segundo mandato, ha terminado por hacer … irreconocible a la democracia de Estados Unidos. Un año después de que Trump plantease una democracia sin reglas, Vladímir Putin procedió a la invasión de Ucrania.
En este lustro dominado por la incertidumbre y el resentimiento hemos asistido a la vertiginosa transformación del sistema internacional construido a partir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Un sistema imperfecto basado en el multilateralismo, las reglas, la diplomacia y la cooperación. Un sistema que ha permitido un periodo de paz y prosperidad sin precedentes pero que no ha sido capaz de superar ni la contagiosa crisis que sufren las democracias occidentales ni tampoco el auge de las autocracias que se creen civilizaciones con toda clase de cuentas históricas que saldar.
Esta peligrosa transformación del sistema internacional habría llegado a su punto culminante durante este fin de semana con el asalto al régimen de Venezuela. Entre Kiev y Caracas, con Taiwán en el horizonte, emerge un nuevo orden donde solamente impera la ley del más fuerte. El mundo ha terminado por convertirse en un pastel a repartir entre grandes potencias más que dispuestas a hacer todo lo que les da la gana en sus respectivas zonas de influencia.
La terrible ironía es que las reglas existen: la Carta de Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención para la prevención y sanción del genocidio y los Convenios de Ginebra para proteger a las víctimas de los conflictos armados. El gran problema es que cuando esas reglas solamente se aplican a los pequeños y no son respetadas por los grandes, es como si no existieran.

Sistema internacional
Entre Kiev y Caracas emerge un nuevo orden solamente donde impera la ley del más fuerte

Pese a presumir tanto del ensimismamiento del America First, la Administración Trump está demostrando un intervencionismo como no se había visto en Washington desde hace muchas décadas. Una cosa es no querer seguir leyendo la cartilla a los sátrapas del mundo, y de paso aceptar sus regalitos. Y otra cosa es perder por completo el respeto a las fronteras y soberanía de sus vecinos. Los primeros doce meses del segundo mandato de Trump están siendo un constante y creciente troleo internacional, sobre todo en el continente americano. Desde Groenlandia hasta Argentina y Brasil, pasando por Canadá, Panamá, México, Honduras, El Salvador, Colombia y, por supuesto, Venezuela.
En esta sobredosis de injerencia, el presidente Trump ha encontrado un enemigo especialmente útil en el régimen de Maduro. A la dictadura de Caracas se le puede acusar de todo. Hasta de instigar las «zonas de guerra» urbanas de Estados Unidos, que sirven de excusa a más que cuestionables despliegues militares ordenados por la Casa Blanca desde Los Ángeles a Chicago. En su búsqueda de una «guerrita esplendida» y de materializar las acciones temerarias que definen a los hombres fuertes, Trump ha encontrado en el Caribe el escenario perfecto. No importa que ni un gramo de fentanilo venga de Venezuela.

Democracias en peligro
Las autocracias, cada vez más fuertes y unidas, se presentan como el futuro

Dentro de esta sintonía de mentiras, abusos del derecho internacional y complicidades entre la Casa Blanca y el Kremlin, Putin apunta a Europa, que es la parte que le corresponde en el reparto en curso de Occidente entre Estados Unidos y Rusia. El Kremlin sabe muy bien quiénes son los únicos dispuestos a respaldar a Ucrania en una guerra que si fuera por el presidente Trump hubiera terminado hace mucho tiempo de la manera más vergonzosa y peligrosa posible.
Rusia, a su vez, mantiene una alianza «sin límites» con China. La exhibición diplomática, económica y militar realizada por Xi Jinping el pasado septiembre con su desfile de la victoria en Pekín también sirve como ilustración de ese nuevo orden internacional marcado por extrañas complicidades. Un orden en el que las autocracias, cada vez más fuertes y unidas, se presentan como el futuro y las democracias, con todos sus valores y libertades, quedan encasilladas como parte de un pasado tan decadente como caduco. El propio Donald Trump, en su cruzada contra la democracia de Estados Unidos, ha coreado este mensaje preguntándose si sus votantes lo que realmente quieren es sumarse a la moda de las dictaduras imperialistas.
Aunque lideran naciones muy diferentes, Donald Trump, Xi Jinping y Vladímir Putin tienen algo tan inquietante como trascendental en común: amoldar sus respectivos sistemas políticos y económicos a su voluntad. El resultado no es otro que un mundo mucho más peligroso.

Mamdani llama a Trump y lidera la reacción demócrata contra la captura de Maduro: «Es un acto de guerra»

La sensación política del año pasado en EE.UU., Zohran Mamdani, ha liderado la reacción del Partido Demócrata frente a la captura de Nicolás Maduro decretada por Donald Trump. El flamante alcalde de Nueva York, que juró su cargo este jueves, fue el único … demócrata que se sepa que descolgó el teléfono y llamó al presidente de EE.UU. para protestar una acción militar condenada por la mayoría de los líderes de su partido.
«Llamé al presidente y hablé con él directamente para dejar clara mi oposición», dijo Mamdani en una rueda de prensa el sábado, horas después de que un comando de fuerzas especiales capturara al dictador venezolano en Caracas.
Antes, en un comunicado, Mamdani condenó en un comunicado la operación militar en términos similares a otros demócratas: «El ataque unilateral a una nación soberana es un acto de guerra y una violación de la ley federal e internacional».

«Esta búsqueda flagrante de cambio de régimen no solo afecta a aquellos en el extranejero, también impacta de forma directa a los neoyorquinos, incluidos los decenas de miles de venezolanos que viven en esta ciudad», añadió. Uno de los impactos directos se materializó el sábado por la noche: Maduro fue trasladado por las fuerzas de seguridad de EE.UU. a Nueva York, la ciudad donde fue imputado y donde será procesado. De momento, quedará bajo prisión preventiva en el Metropolitan Detention Center, una cárcel de alta seguridad en el distrito de Brooklyn.

Mamdani, un joven socialista de 34 años que ganó por sorpresa

Logró el año pasado la alcaldía de la mayor ciudad de EE.UU., no calificó a Maduro -un dictador que también se considera socialista- como un líder «ilegítimo», como sí hicieron otros demócratas o líderes internacionales.
Las críticas a Trump son el primer encontronazo de Mamdani con el presidente de EE.UU. desde la reunión que ambos mantuvieron hace unas semanas en la Casa Blanca. Allí mostraron una sintonía inesperada, pese a que Trump había calificado a Mamdani de «comunista» y este último había tildado al presidente de «fascista».
Más allá de la llamada de Mamdani a Trump, la reacción generalizada de los demócratas se centró en dos críticas: el engaño del Gobierno al Congreso acerca de sus intenciones sobre Venezuela y el uso de la captura de Maduro como distracción frente a los verdaderos problemas que sufren los estadounidenses.
El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, condenó que hasta en tres ocasiones los altos cargos de la Administración Trump negaron en comparecencias en el Congreso que su intención era un cambio de régimen o emprender operaciones militares en Venezuela.
«Me aseguraron que no lo intentarían», dijo Schumer. «Claramente, no estaban siendo sinceros con el pueblo de EE.UU.», añadió el senador, que detalló que no había recibido informes gubernamentales de la captura y su operación militar.
«Esto no va de drogas», criticó una de las principales voces del izquierdismo en EE.UU., la diputada Alexandria Ocasio Cortez. «Va de petróleo y de cambio de régimen. Y ahora necesitan un juicio para pretender que no es así. Especialmente, para distraer sobre Epstein (la revelación de documentos sobre el pedófilo financiero que fue amigo de Trump) y los costes disparados de los seguros médicos».

Esta es una línea, la de la distracción, que siguieron muchos otros

Por ejemplo, Pete Buttigieg, el exsecretario de Transporte y posible candidato presidencial en 2028: la captura de Maduro, en su opinión, sigue «un patrón viejo y obvio. Un presidente impopular -que suspende en economía y al que se le escapa el poder en casa- decide emprender una guerra en el extranjero para conseguir un cambio de régimen».
La inmensa mayoría de los republicanos aplaudieron o justificaron la operación militar. Solo el puñado de congresistas díscolos -como la diputada Marjorie Taylor Greene, que deja su escaño este martes- que no dudan en criticar las aventuras en el extranjero de Trump, mostraron su oposición.
Las críticas de Greene, que ha sido hasta hace pocos meses una seguidora leal de Trump, han mostrado las grietas en el movimiento político MAGA -l’Make America Great Again’, ‘Hacer a EE.UU. grande otra vez’, el lema de Trump-. Critican la persistencia de las dificultades económicas para las clases medias y trabajadoras -frente a las promesas de una ‘edad dorada’ por parte del presidente- y las agresividad de Trump en política exterior.

Delcy Rodríguez: nueva dueña de Venezuela

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 sacudió los cimientos del régimen venezolano. En medio del desconcierto, Delcy Eloína Rodríguez Gómez –vicepresidenta ejecutiva y mano derecha del mandatario– se alzó como heredera de facto, indisputada, del poder chavista. … Amparada en la Constitución, Rodríguez asumió las riendas del Gobierno tras la detención de Maduro, exigiendo desafiante a Washington pruebas inmediatas de la vida del líder caído y de la primera dama, Cilia Flores.
Con Maduro ya en Guantánamo, con voz firme en la televisión estatal, denunció el «ataque ruin y cobarde» de Estados Unidos y prometió que, aunque «nos han atacado, no nos doblegarán». La escena sintetiza el momento histórico: la «tigresa» del chavismo –apodo que le dio el propio Maduro por su feroz defensa del sistema represivo que ahora dirige– queda como la figura civil más poderosa de Caracas, decidida a preservar el legado del régimen contra viento y marea.
Hija de Jorge Antonio Rodríguez, un líder guerrillero de izquierda torturado y asesinado en 1976, Delcy Rodríguez lleva el chavismo en la sangre. Junto a su hermano Jorge Rodríguez –actual presidente de la Asamblea Nacional– creció inmersa en la militancia de izquierda. Su ascenso político fue meteórico y siempre ligado al núcleo duro del poder bolivariano. Durante el gobierno de Hugo Chávez ocupó puestos clave: en 2003 dirigió la Coordinación General de la Vicepresidencia y luego asumió varios cargos vinculados a la industria petrolera, llegando a ministra del Despacho de la Presidencia en 2006. Estas responsabilidades tempranas en el sector energético la vincularon al principal bastión económico del país: el petróleo.

Con el ascenso de Nicolás Maduro en 2013, Rodríguez continuó acumulando poder

Fue ministra de Comunicación e Información (2013-2014) y en 2014 asumió la Cancillería (Relaciones Exteriores). Desde ese rol se destacó como figura clave del chavismo en el plano internacional, enfrentándose con vehemencia a cualquier foro u organismo que cuestionara al régimen. En una ocasión intentó incluso colarse en una cumbre del Mercosur en Buenos Aires tras la suspensión de Venezuela del bloque, protagonizando un incidente diplomático sonado y bochornoso. Episodios como aquel cimentaron su reputación de lealtad absoluta y combatividad plena: Maduro la elogió entonces como «una mujer valiente, curtida… probada en mil batallas».
En 2017 fue pieza clave en la polémica Asamblea Nacional Constituyente (ANC) progubernamental que usurpó las funciones del Parlamento opositor. Por su rol en el «socavamiento de la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos» durante la instalación de la ANC, la Unión Europea sancionó a Delcy Rodríguez en junio de 2018. Se le prohibió la entrada al territorio europeo y se congelaron sus activos, marca indeleble de su condición de halcón del régimen.

En 2018, tras las cuestionadas elecciones presidenciales, Maduro recompensó la lealtad de Rodríguez nombrándola Vicepresidenta Ejecutiva, convirtiéndola en la segunda al mando. Sustituyó a Tareck El Aissami –un poderoso chavista luego encarcelado por corrupción–, consolidando así a la familia Rodríguez en la cúspide del poder. Desde esa Vicepresidencia, Delcy se volvió omnipresente: es la única figura, aparte del ya preso Maduro, con control transversal del aparato estatal, y su influencia se extiende a sectores cruciales, críticos, como la economía y el petróleo. De hecho, Maduro le delegó también el Ministerio de Economía y Finanzas, y en agosto de 2024 le entregó la cartera de Hidrocarburos, acumulando un poder sin precedentes en manos civiles.
Estas funciones duales como zar económica y petrolera convirtieron a Rodríguez en la arquitecta de la frágil economía venezolana, con enorme influencia sobre el debilitado sector privado. A diferencia de otros guardianes de las esencias del chavismo, aplicó en parte políticas económicas ortodoxas para intentar frenar la hiperinflación galopante, restringiendo la emisión monetaria y permitiendo cierta apertura comercial. Al mismo tiempo, tuvo que ingeniárselas para sortear las severas sanciones internacionales que asfixiaban las finanzas estatales.
Rodríguez demostró su habilidad para moverse en las zonas grises financieras orquestando mecanismos opacos que mantuvieran a flote al régimen, como contactos con socios como Irán o Qatar. La inteligencia estadounidense la vincula a la extracción del oro de las reservas nacionales y acuerdos para venta de crudo sancionado a países adversarios de Estados Unidos. Acostumbrada a tratar con gigantes geopolíticos, llegó a conducirse con una temeridad que provocó un escándalo que sacudió al gobierno español de Pedro Sánchez.

Fue el sonado «Delcygate», en enero de 2020

Pese a la prohibición de pisar suelo europeo, la vicepresidenta realizó un viaje secreto a Madrid, para una reunión clandestina con el ministro español José Luis Ábalos en el aeropuerto de Barajas. En aquellos días, Delcy negoció la venta de 104 barras de oro venezolano por 68,5 millones de dólares. Según reveló un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, el contrato de la operación se firmó el 27 de diciembre de 2019, con entrega del oro prevista entre finales de diciembre y la primera semana de enero de 2020, coincidiendo con la llegada furtiva a España. La trama, impulsada a través del FONDEN y encubierta como un envío de material sanitario desde Zambia, fue gestionada por el empresario español Víctor de Aldama, que mantenía una relación directa y personal con Rodríguez, tal y como revelaron medios españoles.
Los mensajes recuperados por la UCO mostraron cómo Aldama y Rodríguez intercambiaban bromas sobre su cercanía –«ya estás en la familia», le dijo ella, según recoge laSexta–, en un tono que subraya el carácter de clan con que opera la élite chavista. El escándalo desató investigaciones en España y tensó las relaciones diplomáticas, al sacar a la luz cómo el régimen de Maduro buscaba liquidez inmediata mediante operaciones opacas de oro, con Delcy como operadora directa en la sombra.
Paralelamente, ya como ministra de Petróleo, Rodríguez se enfocó en mantener viva la industria petrolera a pesar del cerco internacional. Cuando a mediados de 2025 la Administración Trump endureció el embargo –cancelando las licencias que permitían a petroleras extranjeras operar en Venezuela–, Delcy anunció tener un «plan secreto» para impulsar la producción petrolera y sortear las sanciones. Convocó a la junta directiva de PDVSA y a viceministros del área para garantizar la «continuidad operativa en todos los procesos» de la industria, asegurando que el «motor de hidrocarburos» seguiría su marcha ininterrumpida y soberana.
Bajo su tutela, la petrolera estatal PDVSA declaró que las exportaciones de crudo y derivados «se desarrollan con normalidad» y que sus buques siguen navegando con garantías, desafiando el bloqueo naval con el que Trump intentaba aislar al país. «A Venezuela no la va a detener nadie… no necesitamos licencia para respirar», proclamó Maduro entonces, respaldado por Rodríguez.

La habilidad de Delcy Rodríguez no se limita al terreno administrativo

También ha operado en la diplomacia secreta. Con el país arrinconado, Rodríguez exploró salidas negociadas que garantizaran la supervivencia del chavismo sin el dictador. Según reveló una investigación de este diario, Delcy y su hermano Jorge promovieron en secreto un plan de «Madurismo sin Maduro» mediante mediadores de Qatar.
En al menos dos ocasiones –abril y septiembre de 2025– emisarios qataríes presentaron a Washington propuestas formales para una transición pactada en Venezuela: Maduro saldría del poder rumbo al exilio, se contempló hasta Madrid, y en su lugar un gobierno provisional encabezado por Delcy Rodríguez y un general disidente garantizaría la estabilidad institucional sin desmantelar el aparato chavista.
En esos escenarios, Delcy se veía a sí misma como figura de continuidad institucional del régimen, preservando el control del poder mientras se organizaban eventuales elecciones. El general propuesto era Miguel Rodríguez Torres, exministro de Interior chavista exiliado en España tras romper con Maduro, quien encarnaría un rostro «aceptable» para encabezar el gobierno de transición. Lo sacó de prisión en 2023 un amigo personal de Delcy: el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.
Detrás de esta oferta subyacía el objetivo claro de los hermanos Rodríguez: preservar el núcleo del sistema chavista mediante un relevo que no alterara la estructura de poder, limitando las concesiones a la oposición. A cambio, el círculo pretoriano de Maduro pedía garantías: un indulto total para el dictador y su círculo (incluyendo el cese de procesos judiciales en EE.UU. y la suspensión de cargos en la Corte Penal Internacional), así como el levantamiento de sanciones económicas.
En diciembre de 2025, cuando la crisis militar escaló con buques de guerra estadounidenses rodeando Venezuela y explosiones sacudiendo Caracas, Maduro realizó una última maniobra desesperada. En una llamada telefónica de 15 minutos con Donald Trump –facilitada por intermediarios internacionales–, el acorralado dictador propuso oficialmente que Delcy Rodríguez encabezara un gobierno interino y convocara a elecciones libres en corto plazo. Ofreció su propia renuncia y exilio a Estambul o Madrid, a cambio de las garantías ya mencionadas para él y su familia. La Casa Blanca rechazó frontalmente la oferta.
El choque entre las aspiraciones de Rodríguez y las exigencias de Washington desembocó en el dramático operativo de captura de Maduro a inicios de este 2026. Con el líder chavista en paradero desconocido –tras ser trasladado bajo custodia a EE.UU.–, Delcy quedó al mando en Caracas por línea de sucesión constitucional. Paradójicamente, la figura que Trump se negaba a legitimar es ahora con quien debe lidiar para encauzar el futuro inmediato de Venezuela.