Israel, cada vez más radical y menos laico por la dependencia de Netanyahu de los ultraortodoxos
El Parlamento israelí (Knéset) acaba de aprobar una ley que establece la pena de muerte para los autores de atentados terroristas. Aunque la ley no lo menciona de forma expresa, apunta implícitamente a los palestinos por dirigirse contra aquellos que «intenten negar la existencia del … Estado de Israel». Por el contrario, los israelíes que maten palestinos no serán procesados.
Ampliamente denunciada como discriminatoria, esta ley es representativa de la política de Benjamin Netanyahu, quien hace concesiones a su ala derecha. El pasado 23 de marzo, la Knéset también aprobó una ley que ampliaba la jurisdicción de los tribunales rabínicos y de la ‘sharía’ (ley islámica). Patrocinada por los partidos ortodoxos Degel HaTorah (Bandera de la Torá) y Shas (Guardianes Sefardíes), la legislación, respaldada por la coalición gobernante, permite ahora a estas jurisdicciones arbitrar ciertas disputas civiles anteriormente reservadas a los tribunales seculares, como las disputas financieras, siempre que ambas partes den su consentimiento. Esta prerrogativa existía antes, pero fue revocada en 2006, por lo que sorprende que Israel haya retomado la medida en plena guerra.
El ex primer ministro Naftali Bennett resume así la situación: «Mientras ustedes estaban en los refugios, el Gobierno aprobó una ley que divide a la nación en tiempos de guerra y vulnera gravemente los derechos individuales». Esta decisión, de hecho, suena como un regalo para los ultraortodoxos, antiguos aliados de Netanyahu.
Crece, por tanto, la preocupación por un posible declive de la democracia y un aumento de la influencia religiosa. El experto en geopolítica Michel Fayad, especializado en Oriente Próximo, explica que «Israel nunca ha sido un Estado laico en el sentido más estricto del término. Desde su fundación en 1948, Ben Gurión forjó un compromiso histórico con los círculos religiosos. Los asuntos de estado civil (matrimonio, divorcio) se rigen por la jurisdicción religiosa: tribunales rabínicos para los judíos, ley islámica para los musulmanes, tribunales eclesiásticos para los cristianos. Esta es la base misma del modelo israelí».
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Analizando las implicaciones políticas, Fayad matiza que «Netanyahu no es un fanático religioso, sino un pragmático. Estas dos leyes se explican por una aritmética de coaliciones: sin los partidos ultraortodoxos y la extrema derecha nacionalista, el primer ministro carece de mayoría. Por lo tanto, está jugando en varios frentes simultáneamente. Ofrece concesiones ideológicas a la extrema derecha, como Ben Gvir y Smotrich, quienes sueñan con una justicia más severa para los palestinos y concesiones religiosas a los ultraortodoxos del partido Shas. Además, desean extender a la sociedad la influencia de la Halajá (normas para regular la religión y la vida civil dentro del judaísmo). Porque, sin estos dos pilares, la coalición de Netanyahu se derrumba».
«Netanyahu ofrece concesiones ideológicas a la extrema derecha, como Ben Gvir y Smotrich, porque, sin estos dos pilares, su coalición se derrumba»
Michael Fayad
Experto en Oriente Próximo
¿Quiénes son, entonces, estos ‘jaredíes’ (ultraortodoxos) a quienes el primer ministro no quiere ofender? Según la antropóloga Florence Heymann, investigadora del CNRS (Centro Nacional Francés de Investigación Científica), este grupo sociorreligioso comprende tres corrientes principales, cada una con decenas, incluso cientos, de subcorrientes. Todas comparten la característica de ser «grupos cerrados en sí mismos, en tres aspectos: geográfico (guetos), cultural (vestimenta, idioma, comportamiento) y ‘halájico’, en lo que respecta a la ley judía. Operan de forma autosuficiente, con sus propias certificaciones ‘kosher’, sus propios productos alimenticios, y una red paralela de tribunales».
Herederos auténticos judíos
Los ultraortodoxos se consideran los únicos herederos auténticos de la tradición judía. Se espera que estudien los textos sagrados y la ley judía durante toda su vida. Este fenómeno, sin embargo, es relativamente reciente, remontándose más o menos a la creación del Estado de Israel. Anteriormente, solo una pequeña minoría dedicaba su vida al estudio en las famosas ‘yeshivás’, las escuelas talmúdicas. Por ello, en 1948, el fundador del país, David Ben Gurión, decidió eximir a los estudiantes de las ‘yeshivás’ del servicio militar, argumentando que eran los garantes de la perpetuación del estudio de la ley y la religión judías. Pero en aquel momento, Israel contaba con muy pocos ultraortodoxos.
Concentrados en barrios o ciudades como Bnei Brak, un suburbio de Tel Aviv, donde viven entre ellos, los ultraortodoxos rechazan el progreso. Algunos de ellos solo navegan por una especie de internet ‘kosher’, a base de páginas web filtradas para evitar exponer a sus usuarios a temas o imágenes considerados impuros.
Actualmente, alrededor del 14% de los israelíes pertenecen a esta comunidad, que suma ya casi un millón y medio de personas. El Instituto Israelí para la Democracia (IDI) estima que, para 2050, casi uno de cada cuatro israelíes provendrá de la comunidad ultraortodoxa: entre el 22% y el 24% de la población. De hecho, esta comunidad tiene el mayor crecimiento en Israel (4%), con un promedio de 6,5 hijos por mujer.
Independientemente de su ideología, el estilo de vida de estos judíos, reconocibles por sus sombreros y abrigos negros y sus rizos –debido a un precepto bíblico para distinguirse de los paganos que se afeitaban–, tiene repercusiones en la economía israelí. Durante décadas, los expertos han alertado sobre la falta de integración económica de los ‘jaredíes’. La participación en el mercado laboral entre los ultraortodoxos es mucho menor que la del resto de la población. Según algunas estimaciones, menos del 50% de los hombres tienen empleo. La explicación es sencilla: su educación no es reconocida por la sociedad secular. En la última década, solo el 12% podía afirmar haber completado la educación secundaria, y más del 50% no había ido más allá de la primaria. Esto se debe a que muchos judíos ultraortodoxos asisten a escuelas talmúdicas donde estudian solo textos sagrados, y no materias seculares. Por lo tanto, los hombres carecen a menudo de las habilidades necesarias para incorporarse al mercado laboral.
El año pasado, el sistema educativo ultraortodoxo aglutinaba aproximadamente a 402.000 estudiantes, lo que supone el 26% del alumnado judío y el 20% del sistema educativo israelí en su conjunto. Los varones seguían estando en gran medida excluidos del sistema de certificación general: solo el 16% aprobó los exámenes de bachillerato (Bagrut), frente al 85% en el sistema público.
En su informe de 2024, el Instituto Israelí para la Democracia describe a la población ultraortodoxa como pobre, con una tasa que duplica a la de la población general, en rápido crecimiento, con un acceso muy limitado a la educación secular y un fuerte sentido de comunidad y caridad.
Todos estos factores han influido en el debate sobre el servicio militar obligatorio. Los hombres ultraortodoxos gozan desde hace tiempo de una exención. En 2024, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) contaban con aproximadamente 170.000 soldados en servicio activo. En el contexto de seguridad actual, afirman tener una necesidad urgente de unos 12.000 reclutas. En la actualidad, unos 80.000 hombres ultraortodoxos de entre 18 y 24 años son aptos para el servicio militar, pero se han negado a unirse al Ejército pese a que el Tribunal Supremo de Justicia declaró ilegales estas exenciones en 2024.
Las Fuerzas de Defensa de Israel cuentan con unos 170.000 soldados en activo y tienen una necesidad urgente de 12.000 reclutas, pero 80.000 ultraortodoxos de entre 18 y 24 años aptos para el servicio militar se niegan a unirse al Ejército pese a las sentencias de los tribunales
Esta es, sin duda, la razón de los gestos de Netanyahu hacia la comunidad religiosa. Michel Fayad lo confirma: «Son una forma de preparar el terreno para la amarga píldora del servicio militar obligatorio. La lógica política es clásica: dar antes de pedir, fortalecer el vínculo, mostrar respeto por su identidad y valores, y luego pedir un sacrificio». Este experto concluye que «Netanyahu se prepara para negociaciones históricas con los ultraortodoxos respecto a su participación en la defensa del país: estas leyes son el preludio. Sabe que el Gobierno tendrá que incorporarlos a las Fuerzas de Defensa de Israel a corto o medio plazo. Los reservistas están exhaustos tras más de dos años de guerra. La exención militar de los ultraortodoxos se está volviendo cada vez más insostenible, tanto militar como socialmente».

