Internacional - Colombia
Registro  /  Login

Portal de Negocios en Colombia

Rusia confirma que las conversaciones trilaterales con Ucrania y Estados Unidos se celebrarán los días 10 y 11 de noviembre

03/11/2026 a las 11:15h.

Rusia celebrará conversaciones de paz a tres bandas con Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi los días 10 y 11 de noviembre, según confirmó el Kremlin este martes.
Vladimir Medinsky, asesor del presidente ruso Vladimir Putin, será el principal negociador de Moscú en las … conversaciones, según informó el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, a los periodistas en una conferencia telefónica.

Los negociadores estadounidenses llevan tiempo buscando un avance en la guerra, que ya cumple su quinto año. Las últimas conversaciones de paz mediadas por Estados Unidos tuvieron lugar en febrero, antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran una guerra contra Irán.
El enviado estadounidense Steve Witkoff declaró el lunes que Estados Unidos reuniría a delegaciones de Ucrania y Rusia en Abu Dabi la próxima semana para debatir acuerdos de seguridad para la posguerra y la distensión.

comentarios

Reportar un error

EE.UU. ejecuta «ataques defensivos» contra Irán en la víspera de las elecciones al Congreso

El Ejército de EE.UU. ejecutó este lunes «ataques defensivos» contra posiciones de Irán en el estrecho de Ormuz, a pocas horas de que los estadounidenses acudieran a las urnas. La operación militar se produjo en la víspera de una cita electoral decisiva en Estados … Unidos: las ‘midterms’, las elecciones legislativas de medio mandato para la renovación de las dos Cámaras del Congreso. En estos comicios, la guerra de Irán y su impacto económico son un lastre para Donald Trump y sus aliados republicanos.
Una fuente gubernamental reconoció a la prensa estadounidense los ataques después de que los revelara ‘The Wall Street Journal’. Según el diario neoyorquino, la operación se centró en la isla de Qeshm y sigue a otros ataques de pequeña escala contra Irán en las últimas semanas, de los que no se había dado información oficial.

La televisión pública iraní también reconoció la presencia de explosiones en Qeshm. Por su parte, la fuente estadounidense detalló que fueron a por posiciones iraníes «que utilizaron misiles tierra-aire contra objetivos de EE.UU.».

Noticia relacionada

Javier Ansorena

Los ataques fueron limitados y no el regreso a una campaña militar en los términos del comienzo de la guerra, una posibilidad con la que Trump ha amagado con recuperar al mismo tiempo que su Gobierno ha buscado avances en la negociación diplomática con Irán.
La Casa Blanca siempre había dejado claro que cualquier reanudación de la guerra se produciría después de las elecciones de medio mandato, en una muestra de la sensibilidad política del conflicto. Por esa misma razón, es posible que la revelación de esos ataques en la víspera de los comicios no beneficie a Trump y a sus aliados republicanos, que se juegan sus mayorías escasas en el Congreso. Todo apunta a que perderán la de la Cámara de Representantes y que tendrán que sudar para que no ocurra lo mismo con el Senado.
La cita electoral se produce en un momento de gran impopularidad de Trump, cuya aprobación ha caído en algunas encuestas hasta el 30%. Este declive tiene una relación directa con la guerra de Irán, cuyo impacto en los mercados energéticos ha provocado un alza en los precios de los combustibles que ha irritado a los votantes de todos los colores políticos.

Newsletter

Muchos votantes republicanos, muy leales a Trump, con los que ha hablado ABC en las últimas semanas de campaña defendían que, pese a que la guerra está justificada para evitar la amenaza nuclear de Irán, es necesario que acabe cuanto antes.
La impopularidad de la guerra ha provocado incluso el distanciamiento de algunos candidatos republicanos respecto a Trump en lo que tiene que ver con Irán. El multimillonario neoyorquino siempre ha mantenido que el alza de los combustibles es «un pequeño precio que hay que pagar» para que Teherán no acceda al arma nuclear.

La impopularidad de la guerra contra Irán ha provocado incluso el distanciamiento de algunos candidatos republicanos respecto a Trump y hasta de sus más fieles votantes

Los ataques, aunque sean defensivos y limitados, pueden servir como un recordatorio para los estadounidenses de que Trump todavía no ha cerrado un conflicto que ha asegurado que ha ganado cuando apenas tenía un par de semanas de vida, allá por marzo. Pero han pasado más de ocho meses y, pese a la baja intensidad de los ataques, la contienda sigue en pie y el precio de la gasolina y del diésel sigue alto.
«Hubo una guerra con Irán, la ganamos», dijo Trump a la prensa este lunes, en un intento de que, al menos en la mente de los votantes, el conflicto sea cosa del pasado. «No sé ni siquiera si se le puede llamar ‘guerra’, no hemos ejecutado ataques durante meses», dijo el presidente antes de que se conocieran estas últimas operaciones, que invalidaban de cierta manera su afirmación.
La revelación de estas misiones militares también impacta en los esfuerzos de la Casa Blanca por crear expectativas sobre un acuerdo negociado con Irán. Contra lo conocido en la última semana, Trump respondió con un escueto «no» cuando se le preguntó si pensaba atacar a Irán tras las elecciones. Y su vicepresidente, J. D. Vance, trató de insuflar optimismo sobre un acuerdo: «Hemos tenido varias conversaciones con los iraníes», dijo Vance, quien estuvo haciendo campaña en Ohio y Míchigan. «De hecho, he hablado de esto con el presidente hace una hora. Mirad, el presidente y yo tenemos buenas sensaciones sobre las perspectivas de llegar a un acuerdo negociado. Vamos a seguir trabajando en ello».

«Hemos tenido varias conversaciones con los iraníes. El presidente y yo tenemos buenas sensaciones sobre las perspectivas de llegar a un acuerdo negociado»

J. D. Vance
Vicepresidente de EE.UU., poco antes del ataque

Al mismo tiempo, Trump sufre presiones contrarias de sus aliados en Oriente Próximo: por un lado, las del principal socio de EE.UU., el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, para que reanude los ataques contra Irán. Por el otro, aliados como Arabia Saudí o Qatar, con quienes Trump ha reforzado la relación de EE.UU. desde que regresó a la Casa Blanca, tratan de mejorar las posibilidades de la negociación.

¿Tsunami demócrata o espejismo? Trump, ante el plebiscito de medio mandato

«Oh, sin duda». Abdul el Sayed, el controvertido candidato demócrata al Senado por Míchigan, contestaba a la carrera a ABC sobre si era optimista ante la cita con las urnas de este martes. El Sayed, que busca convertirse en el primer musulmán en la Cámara Alta de Estados Unidos … , llegaba a uno de sus últimos mítines de campaña en el campus de la Universidad de Míchigan Oriental, en Ypsilanti, a una hora de Detroit.
El entusiasmo de El Sayed y de los jóvenes –y no tan jóvenes– que fueron a verle es un símbolo del ánimo con el que los demócratas se asoman a las ‘midterms’, las elecciones de mitad de mandato, en las que los estadounidenses renovarán las dos Cámaras del Congreso: la Cámara de Representantes en su totalidad y un tercio del Senado. Además, se elegirán 36 gobernadores de estados y decenas de miles de cargos estatales y locales.

Los más optimistas del Partido Demócrata hablan de un ‘tsunami azul’: un aluvión de victorias en las urnas que cambiará el equilibrio de poderes en la primera potencia mundial. Los republicanos disfrutan de mayorías –aunque escasas– en el Congreso y las encuestas apuntan a que los demócratas se quedarán con la Cámara de Representantes. Lo habitual es que las ‘midterms’ sean un castigo al partido en el Gobierno, una reacción casi natural de los estadounidenses de rebajar su poder. Los demócratas perdieron 54 escaños de la Cámara Baja en 1994, dos años después de la victoria de Bill Clinton, y 63 en 2010, tras el triunfo histórico de Barack Obama. También lo sabe Trump, que vio a los republicanos decir adiós a 40 escaños en 2018. Las cosas están mucho más igualadas en el Senado, donde solo hay una certeza: cualquier mayoría resultante de las urnas será muy ajustada.

Noticia relacionada

ELECCIONES DE MEDIO MANDATO EN EE.UU.

Javier Ansorena

Las ‘midterms’ serán, ante todo, el veredicto final al presidente y al trumpismo, que han dominado con puño de hierro al Partido Republicano desde el desembarco en política del multimillonario neoyorquino en 2016. Trump, por supuesto, no está en las papeletas. Ni lo volverá a estar: su segundo mandato acaba dentro de poco más de dos años y la Constitución no permite una tercera presidencia, por mucho que Trump haya amagado con presentarse.
«Haced como si estuviera en las papeletas», ha dicho una y otra vez el presidente en la recta final de la campaña. El propio presidente ha convertido las elecciones legislativas en un plebiscito a su presidencia. Para Trump, el gran animal político de esta era, esa apuesta es ‘el más difícil todavía’. Llega a la cita electoral con la popularidad hundida, en su nivel más bajo como presidente, con encuestas que sitúan su aprobación en el 30%. Le acosan los precios disparados del combustible, que los votantes relacionan de forma directa con la guerra de Irán, que lleva su firma. Y que se encajan en una frustración económica más asentada, vinculada al coste de la vida, a la dificultad para encontrar vivienda, a la percepción de que se vive peor que antes.

De Epstein a los centros de datos

Pero Trump también arrastra otras crisis de su segunda presidencia: el escándalo de Jeffrey Epstein y la revelación de sus documentos; el impacto de la guerra arancelaria, que se ha convertido en un talón de Aquiles para los republicanos en muchos territorios; los excesos en la mano dura migratoria, con detenciones indiscriminadas y las muertes de dos ciudadanos en Mineápolis a comienzos de año, que sacudieron al país; o su apuesta por la inteligencia artificial y los centros de datos, cuya oposición es una de las pocas cosas que unen a demócratas y republicanos.

Newsletter

Pero, con el viento político en su contra, Trump no se ha quedado en la Casa Blanca ni ha buscado distanciarse del varapalo que se pueden llevar los republicanos. Se ha involucrado al máximo en la campaña, con un ‘blitz’ final de decenas de mítines por todo el país. Sabe que se votará sobre él, y ha buscado movilizar al máximo a los suyos, ante el gran temor que tienen los republicanos: que sus votantes se queden en casa, decepcionados por la marcha de la economía.

A pesar de tener el viento en contra, Trump no se ha quedado en la Casa Blanca ni se ha distanciado del varapalo que pueden llevarse los republicanos. Se ha involucrado en la campaña con decenas de mítines

En Míchigan, en EE.UU. y en el resto del mundo, la mayor parte de la atención estará puesta en la batalla por el Senado, con mucho peso en la política internacional. En estas ‘midterms’, debería haber sido un paseo para los republicanos. La mayoría de los escaños en juego ocurren en estados de fuerte implantación republicana. Y ahí está la medida del problema para Trump y los republicanos: sus candidatos sufren en territorios donde los republicanos han dominado en las últimas décadas y con especial fuerza durante el trumpismo.
En Kansas, por ejemplo, de donde no ha salido un senador demócrata desde hace casi un siglo, desde 1932, un pastor progresista, Andrew Hamilton, podría arrebatarle el escaño al republicano Roger Marshall. Algo similar ocurre en Texas: la última vez que los demócratas ganaron al Senado fue en 1988 y podría volver a ocurrir ahora con James Talarico, quien disputa la elección a un aliado acérrimo de Trump, Ken Paxton.

¿Acertarán las encuestas esta vez?

El ánimo demócrata viene empujado por las últimas encuestas. Desde el domingo, corren como la pólvora las de ‘The New York Times’ y Siena College, que situaban a los demócratas por delante en las siete carreras decisivas para el Senado: Míchigan, Texas, Maine, Ohio, Kansas, Alaska y Iowa. En esta última, por muy poco margen, en empate técnico. Y en Míchigan con una distancia abundante, de once puntos.
Pero son cientos los sondeos que han dado ventaja a los demócratas y que dibujan un resultado cada vez más positivo para ellos en el Senado. Para recuperar la Cámara Alta, los demócratas necesitan arrebatar cuatro escaños que ahora están en manos de los republicanos. Es muy probable que lo hagan en Carolina del Norte, donde las encuestas dan por seguro que ganará el exgobernador Roy Cooper. Y está por ver si las encuestas aciertan en el resto de batallas, donde se acumulan los problemas para Trump y los republicanos: la pérdida del apoyo hispano en Texas, el precio del diésel en estados rurales como Iowa y Kansas y el coste de la vida en todos ellos.

Las encuestas sitúan a los demócratas por delante en las siete carreras decisivas para el Senado: Míchigan, Texas, Maine, Ohio, Kansas, Alaska y Iowa

La esperanza para el presidente y sus aliados es que las encuestas, otra vez, sean un espejismo. En las últimas ‘midterms’, los sondeos acertaron. Pero se han equivocado mucho cuando Trump está en las papeletas: en sus tres elecciones a presidente, han despreciado su apoyo real.
El único escaño que los demócratas podrían perder es el de Míchigan, donde la ventaja en las encuestas no ha aliviado la tensión. «Estoy muy nerviosa, hasta que no haya resultados no estaré tranquila», aseguraba en la víspera a este periódico Lisa, una votante veterana. Parte de la tensión tiene que ver con el drama vivido en la campaña de El Sayed: Haley Stevens, actual diputada demócrata y su contrincante en las primarias, anunció el domingo que retiraba su apoyo al candidato musulmán y se lo daba a su rival republicano, Mike Rogers. En el fondo del asunto hay algo que divide a los demócratas: la posición crítica de El Sayed sobre Israel, que distancia a los votantes judíos e incomoda a los moderados e independientes. «Id a votar», se limitó a decir El Sayed, preguntado por la deserción de Stevens.

La batalla del recuento

Pero la tensión de verdad comenzará con el recuento. Si los resultados son ajustados, el escrutinio podría alargarse muchas horas, incluso días. Como se ha visto en anteriores elecciones, esta demora podría ser la justificación de Trump para denunciar «robo electoral». Así lo hizo cuando perdió ante Joe Biden en 2020, pese a que ni los tribunales ni las propias autoridades republicanas encontraron pruebas de fraude masivo.
Es muy posible que haya una avalancha de demandas alrededor del recuento, algo que ya ha empezado incluso antes de la cita electoral. La Administración Trump ha pedido al Tribunal Supremo la retirada de 20.000 votos por correo en California y su Departamento de Justicia ha abierto una investigación contra un candidato en Alaska que tiene el mismo nombre que el candidato republicano, una treta de los demócratas para confundir a los votantes.
El presidente ha dicho que solo reconocerá los resultados si hay «elecciones honestas». Es el anticipo de otro recuento agitado, con los cimientos de la democracia estadounidense sacudidos por el trumpismo.

¿Qué se juega la democracia de Estados Unidos en estas elecciones?

Primer martes después del primer lunes de noviembre… Conforme a un calendario político que se remonta a mediados del siglo XIX, Estados Unidos acude a las urnas en lo que se conoce como elecciones de medio mandato, en el ecuador del retorno de Donald … Trump a la Casa Blanca. Además de una miríada de cargos estatales y locales, incluidos 36 gobernadores, se renuevan los 435 escaños de la Cámara Baja y 35 de los 100 que componen el Senado.
La tradición electoral insiste en que el partido que ocupa la Casa Blanca suele perder posiciones en el Congreso. Con la popularidad del presidente por los suelos al renegar de sus dos compromisos fundamentales –no más guerras eternas y no agravar el sufrimiento económico de los más desfavorecidos–, es relativamente fácil anticipar el principio del final de la impunidad de Trump.

El más que previsible retroceso de las exiguas mayorías republicanas en ambas Cámaras agotará el cheque en blanco que el Legislativo federal ha otorgado a Trump durante los últimos 652 días desde su retorno a la Casa Blanca. Un periodo que ha aprovechado para romper con buena parte de los precedentes, prácticas y limitaciones de la democracia americana, tan longeva como amenazada.

Noticia relacionada

José M. de Areilza

En el colmo de las ironías históricas, ha tenido que ser un rey británico, Carlos III, quien, ante una sesión conjunta del Congreso, recordase lo imprescindible de la separación de poderes y de los controles parlamentarios. Al agotarse la servil legislatura número 119, el Capitolio tiene la oportunidad de acabar con su dejación de funciones. Y empezar a exigir responsabilidades a un presidente que, en lugar de gobernar y hacer frente al caos que él mismo ha provocado, se ha perdido en un laberinto de banalidad, corrupción, incompetencia y sectarismo.
Pese a su demostrada capacidad bipartidista para la autodestrucción, los demócratas y republicanos comprometidos con Estados Unidos van a tener, por lo menos, la oportunidad de sacar a la luz los abusos perpetrados. Las posibilidades de impulsar una regeneración política tan necesaria dependerán de su capacidad para aprovechar esa oportunidad.

Ignore a los predicadores del apocalipsis: la democracia estadounidense está en buen estado

Los dos principales partidos de Estados Unidos no coinciden en mucho, pero comparten un mismo eslogan. «Tenemos que ser demasiado grandes para manipular», dijo Kamala Harris recientemente ante una audiencia. Días después, Donald Trump pidió una victoria en las elecciones de mitad de mandato «demasiado … grande para manipular», porque «manipulan las elecciones en este país». Ambos partidos instan a sus seguidores a votar mientras advierten de que el otro bando hace trampas. Mientras tanto, académicos y periodistas han llegado a un diagnóstico: retroceso democrático.
Los propios votantes están preocupados. De cara a las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, solo el 49% de los encuestados espera que sean libres y justas. Bajo la influencia de Trump, los republicanos son especialmente cínicos. Los demócratas están preocupados por la interferencia electoral de su administración. Los votantes de minorías temen el acoso de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en los colegios electorales.

A pesar de estas preocupaciones, las elecciones estadounidenses gozan de mejor salud de lo que sugiere el relato sobre el retroceso democrático. De hecho, también hubo una considerable preocupación antes de las elecciones de 2022 y 2024. Entonces, como ahora, los estadounidenses temían la interferencia electoral, el fraude y la violencia política. Pero, al final, la participación fue elevada según los estándares históricos y la gran mayoría de los estadounidenses expresó confianza en los resultados.

Newsletter

La democracia estadounidense se basa en instituciones duraderas capaces de frenar la concentración de poder. Las elecciones de mitad de mandato son importantes en este sentido. La llamada «ley de las elecciones de mitad de mandato» —según la cual el partido del presidente pierde escaños a mitad de su mandato— se ha cumplido en 20 de las 22 elecciones celebradas desde 1938. El primer mandato de Trump siguió el mismo patrón: En 2018, los republicanos perdieron la mayoría en la Cámara de Representantes.
Cabe destacar que el partido del presidente pierde escaños en las elecciones de mitad de mandato incluso cuando la mayoría de los estadounidenses aprueba su gestión. La penalización aumenta cuando el presidente es impopular y la economía atraviesa dificultades. La aprobación de Trump ronda el 35%. En septiembre, la confianza de los consumidores cayó a su nivel más bajo desde 2014, en parte debido a los elevados precios del combustible. Desde 1992, el partido del presidente ha perdido una media de 25 escaños en la Cámara de Representantes en las elecciones de mitad de mandato. La actual mayoría republicana desaparecería con una pérdida neta de solo tres escaños.
En un intento por evitar pérdidas, Trump presionó a los estados controlados por los republicanos para que redibujaran sus mapas electorales. Los casos de manipulación de los distritos electorales resultantes probablemente reportaron algunos escaños a los republicanos, aunque menos de los que esperaban. Pero, una vez más, las instituciones estadounidenses ofrecen salvaguardias frente al intento del presidente de amañar el sistema electoral. Un presidente solo puede exigir nuevos mapas electorales en los estados donde su partido tiene el control, y los demócratas de California respondieron a la manipulación de los distritos en Texas con otra propia. El Cook Political Report prevé que la redistribución de distritos reporte a los republicanos una ganancia neta de cuatro escaños, insuficiente para proteger su mayoría en la Cámara.

Nada es más básico para la legitimidad democrática que la aceptación de la derrota por parte de quien pierde

Trump planteó y luego descartó la idea de posponer o cancelar las elecciones de mitad de mandato. En cualquier caso, ese escenario siempre fue tremendamente inverosímil. La fecha de las elecciones está fijada por una ley federal, y la Constitución establece cuándo terminan los mandatos de los cargos electos. La administración descentralizada de las elecciones en miles de jurisdicciones locales priva al presidente de cualquier medio sencillo para manipular los resultados. El intento de Trump de convertir el servicio postal en una herramienta contra el voto por correo fue frustrado por los tribunales.
Es más probable que quienes pierdan las elecciones se nieguen a reconocer su derrota, alegando que sus oponentes hicieron trampas, que se produzca una interferencia en el proceso electoral. Nada es más básico para la legitimidad democrática que la aceptación de la derrota por parte de quien pierde. Muchos temían que la negativa de Trump a reconocer su derrota en 2020 se extendiera por todo el sistema político. No ha sido así. Bright Line Watch, un grupo de investigación, examinó las 884 contiendas electorales al Congreso celebradas en 2020 y 2022. La gran mayoría de los candidatos perdedores reconoció públicamente su derrota. Las negativas explícitas se concentraron entre los candidatos noveles que habían perdido por amplios márgenes. Además, hubo menos negativas de este tipo en 2022 que en 2020. Los candidatos con una carrera política que proteger siguen aceptando la derrota. Cuando lo hacen, las denuncias de «manipulación» electoral pierden fuerza.
Nada de esto es motivo para bajar la guardia. Mi investigación junto con Geoffrey Layman y Christina Wolbrecht revela que los activistas de los partidos, considerados durante mucho tiempo guardianes de las normas democráticas, ya no están más comprometidos con la aceptación de la derrota que los ciudadanos de a pie. Cualquier deterioro de los valores democráticos básicos es preocupante.

El Senado, que el año pasado se consideraba seguro para los republicanos, ahora está en juego

No obstante, el historial de las elecciones estadounidenses desde 2020 ha sido alentador. La administración electoral ha mejorado. Aunque muchos responsables electorales de carrera dimitieron debido al aumento del acoso tras 2020, la experiencia de los votantes mejoró. En 2022 y 2024, la proporción de personas que esperaron más de 30 minutos para votar fue menor que en 2020, y la brecha racial, documentada desde hace tiempo, se redujo: en 2024, los votantes negros, blancos, hispanos y asiáticos declararon tiempos de espera similares.
En general, las pruebas apuntan a una democracia resiliente. Esa resiliencia no se basa en la contención de los políticos, sino en mecanismos institucionales difíciles de manipular: fechas electorales fijas, administración descentralizada y funcionarios elegidos de forma independiente en sus propias circunscripciones, con intereses propios que proteger.
James Madison argumentó que los mandatos de dos años de la Cámara conferían al Congreso «una dependencia inmediata del pueblo y una estrecha conexión con él». Esa dependencia se pondrá de manifiesto en noviembre. Los demócratas son favoritos para obtener la mayoría en la Cámara. El Senado, que el año pasado se consideraba seguro para los republicanos, ahora está en juego. Si el control de cualquiera de las cámaras cambia de manos, el presidente Trump tendrá que negociar con el Congreso para financiar sus prioridades y someterse a su supervisión durante el resto de su mandato. Las elecciones de mitad de mandato son un mecanismo de control rutinario que la Constitución impone a cada presidente. Todo lo demás puede haberse debilitado, pero esa barrera resiste.

Condenados cinco policías en Grecia a entre 6 y 10 años por torturar y matar a un manifestante

Cinco de los seis agentes de policía acusados han sido condenados a penas de entre seis y diez años de prisión por la tortura y las lesiones infligidas a un manifestante, Vasilis Magos, en junio de 2020. El joven, de 26 años de edad, había acudido a una concentración … frente a los juzgados de la ciudad de Volos, en la Grecia central, para apoyar a varios manifestantes detenidos durante una protesta celebrada el día anterior contra la quema de residuos en la ciudad.
Durante la concentración, Magos fue golpeado en repetidas ocasiones por los agentes. Posteriormente, los policías lo introdujeron en un coche patrulla y continuaron agrediéndolo durante el traslado a la comisaría. Según los hechos acreditados durante el procedimiento judicial, fue detenido ilegalmente y, volvió a ser sometido a golpes mientras permaneció bajo custodia policial.

Según el parte médico, las agresiones le provocaron la fractura de varias costillas, una hemorragia interna y graves daños en el hígado y la vesícula biliar. Sin embargo, pese a la gravedad de las lesiones que presentaba, los agentes no lo trasladaron a un hospital para recibir atención médica. Horas después, fue puesto en libertad sin que se presentaran cargos contra él.

Noticia relacionada

Rosalía Sánchez

Un mes después de los hechos, Magos fue encontrado muerto en su habitación. La autopsia determinó que la causa de su fallecimiento había sido un edema pulmonar y que, desde el punto de vista médico-forense, la muerte no estaba relacionada directamente con las lesiones que le habían causado los policías. Sin embargo, sus familiares denunciaron que, desde la agresión, el joven había experimentado un deterioro fulminante de su estado físico y psicológico.

Sentencia histórica

La Fiscalía había solicitado que los agentes fueran declarados culpables de tortura a Magos antes y después de su detención. El tribunal consideró probadas las agresiones que sufrió, tanto durante su inmovilización, como durante el traslado en el coche patrulla y en su permanencia bajo custodia en comisaria. Asimismo, rechazó la petición de los acusados de que se les aplicara el atenuante de buena conducta posterior a los hechos.
Finalmente, los agentes fueron declarados culpables de tortura, detención ilegal y lesiones corporales graves. Cabe señalar que la legislación griega contempla penas de hasta diez años de prisión por el delito de tortura, mientras que puede imponer la cadena perpetua cuando los daños provocados por estos actos tengan como consecuencia la muerte de la persona agredida.

Vasilis Magos con su padre, Yanis Magos.

(ABC)

Denuncias de su padre

Tras la muerte de Vasilis, su padre, Yanis Magos, inició una intensa campaña para denunciar la violencia policial y concienciar a la sociedad griega sobre la gravedad de los abusos cometidos por los agentes de las fuerzas de seguridad. El caso tuvo una notable repercusión pública y se convirtió en uno de los procedimientos judiciales más mediáticos de los últimos años en el país.
Tras conocerse la sentencia, Yanis Magos declaró a la radiotelevisión pública griega (ERT, por sus siglas en griego) que la resolución judicial suponía una reparación para su hijo y para toda la familia. El padre también recordó que «hay torturadores en la Policía griega» y que esto «debería hacer reflexionar a todo el mundo, tanto al ministro como al Gobierno, y debería llevarse a cabo una depuración dentro» del cuerpo.

La batalla judicial continúa

La sentencia no supone, no obstante, el final de la batalla judicial emprendida por la familia. Los policías condenados han recurrido el fallo y no irán a la cárcel hasta que un tribunal de apelación se pronuncie sobre los recursos presentados. No obstante, el fallo supone un importante precedente en la lucha contra la violencia policial en Grecia y pone de nuevo sobre la mesa la responsabilidad de los agentes en los casos de abusos y tortura a personas bajo custodia policial.