El lado oscuro de los relojes inteligentes para niños: pueden convertirse en una herramienta para espiar
Gracias a los relojes inteligentes para niños, los padres pueden saber dónde están, contactar con ellos y, según el modelo, utilizar funciones como la cámara o el micrófono. El problema, como pueden generar otros dispositivos similares, es que pueden convertirse en una puerta de entrada para los ciberdelincuentes. Precisamente esto es lo que ha demostrado una investigación de seguridad.Desde Digital Trends recogen una información publicada por Wired en la que dos investigadores analizaron un reloj infantil GPS que se vende por unos 30 dólares. Vangelis Stykas y Felipe Solferini descubrieron que podían seguir a su usuario durante todo el día sin que este lo supiera.Explican que no solo podían conocer su ubicación, sino que también lograron activar la cámara a distancia para hacer fotos y utilizar el micrófono para escuchar lo que ocurría a su alrededor. Todo ello sin que el dispositivo mostrara ninguna alerta. Afirman que el problema se encontraba en SETracker, una plataforma desarrollada por la empresa china YiQingTeng y utilizada por distintos fabricantes de relojes infantiles.Ahí los investigadores encontraron un fallo en el sistema de autenticación que permitía enviar comandos a dispositivos conectados sin contar la autorización necesaria. Por si fuera poco, el GPS no era la única forma de localizar al usuario, ya que cuando la señal fallaba, el reloj seguía transmitiendo información sobre las redes WiFi cercanas. Con todos esos datos, los investigadores podían determinar la posición.Podría no tratarse de un caso aisladoEl problema más preocupante es que, tras analizar más de 70 dispositivos con GPS, los investigadores descubrieron que millones de relojes inteligentes y localizadores GPS pueden fabricarse a través de pocas cadenas de suministro y utilizar las mismas plataformas y servicios de backend (parte oculta de una aplicación web o programa). De ahí que un fallo de seguridad pueda afectar a productos vendidos bajo marcas diferentes. Ante este escenario, los investigadores avisaron de estas vulnerabilidades a las empresas afectadas meses antes de hacerlas públicas y algunas sí que corrigieron parte de los fallos, pero otras ni siquiera respondieron o siguieron siendo vulnerables.
