Publicado: abril 8, 2026, 12:00 pm
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Los cuatro astronautas a bordo de la nave Orión en la misión Artemis II serán los seres humanos que más lejos hayan viajado de la Tierra, alcanzando una distancia récord de 406.771 kilómetros. Se trata, sin duda, de un hito para la Agencia Espacial estadounidense, pero también para la humanidad que continúa proyectándose para habitar el espacio exterior y explotar todos sus recursos.
La misión de Artemis II hace parte de un programa dirigido por la NASA, con apoyo de empresas privadas como SpaceX y seis importantes agencias asociadas, incluyendo la Agencia Espacial Europea (ESA) o la Agencia Espacial Canadiense (CSA). El objetivo es llevar a la primera mujer y al próximo hombre a la Luna, pero no a cualquier parte; la siguiente parada es el polo sur del satélite.
¿En qué consiste el programa de Artemis?
En diciembre del 2017, el presidente Donald Trump firmó la directiva de Política Espacial en la que se autorizaba la campaña lunar. La decisión buscaba reorientar los esfuerzos de la NASA para volver a pisar el gran satélite y hacerlo la base de futuras misiones a Marte. La presencia sostenida en la Luna es el primer requisito para la investigación y la exploración de nuestro sistema solar.
La nueva apuesta de la agencia estadounidense requiere, sin embargo, financiación privada; por eso ha permitido la entrada de empresas como SpaceX (Elon Musk), Blue Origin (Jeff Bezos) y Virgin Galactic (Richard Branson), entre muchas otras. De ahí que el plan, a largo plazo, sea levantar una economía lunar en la que aspectos como el turismo o la minería jueguen un papel esencial.
La primera misión del programa partió en 2022. Artemis I fue supervisada por una mujer directora de lanzamiento de la NASA, Charlie Blackwell-Thompson, pero partió sin tripulación. Aun así, la cápsula Orión batió el primer hito del proyecto, recorrió 386.000 km desde la Tierra, la mayor distancia jamás alcanzada por un vehículo diseñado para transportar humanos.
El siguiente paso ha sido Artemis II, y de hecho, gracias a la ventana de lanzamiento que se generó después del retraso por fallos técnicos (una fuga de hidrógeno y problemas con el flujo de helio en el cohete durante las pruebas previas al lanzamiento), los cuatro astronautas han podido presenciar el eclipse y descubrir nueva información sobre el polvo que se eleva de la superficie lunar y cómo se desplaza.
Lo más relevante, quizás, sea aquel avistamiento de la cara de la luna que nadie en la Tierra conoce y del cráter ‘Orientale’, pues ningún ser humano lo ha visto con sus propios ojos. Pero, después de Artemis II, ¿qué sigue?
¿Cuál es el siguiente paso del programa Artemis?
Lo lógico es pensar que, después de Artemis II, el hombre volverá a pisar la Luna con Artemis III, pero no. En febrero, la NASA anunció cambios en su programa de alunizaje, añadiendo una misión adicional antes de intentar aterrizar en la superficie del satélite. Es decir, la nave Orión permanecerá en la órbita terrestre baja para cuando llegue el momento de lanzar la tercera expedición. ¿La razón? Practicar el acoplamiento con un módulo lunar para garantizar la seguridad del regreso a la Tierra.
Artemis III tendrá lugar el próximo año y afianzará las bases propuestas por las primeras dos misiones de cara a lo importante: aterrizar en el gran satélite después de más de 50 años y comenzar a trabajar en la presencia duradera. Aun así, no queda mucho; el cuarto lanzamiento buscará llegar a la Luna a principios de 2028 y la Artemis V también lo intentará a finales de ese mismo año.
A partir de ahí la NASA lo tiene claro: realizarán al menos un aterrizaje en superficie cada año.
La importancia del polo sur de la Luna
Toda la información recolectada durante las primeras misiones de Artemis tiene el propósito de ayudar a los científicos a entender cuáles son los mejores puntos en la Luna, pero las pistas indican que estos yacen cerca de los polos, especialmente el polo sur. Allí, en sus cráteres, hay depósitos de agua en forma de hielo. Mirando a simple vista, los antiguos astrónomos creían que en la Luna había agua, y vaya que tenían razón.
Ahora bien, el hielo abre un sinfín de probabilidades. Los exploradores, según recoge el podcast de la NASA, ‘Universo Curioso’, podrían descomponer las moléculas de agua, H2O, en hidrógeno y oxígeno y con eso, fabricar combustible para cohetes, o incluso obtener aire para respirar.
