Publicado: mayo 14, 2026, 12:45 am
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La visita oficial de Donald Trump a China, la primera de un presidente estadounidense en nueve años, aspira a afianzar la tregua entre ambas superpotencias, expresada en términos de sintonÃa personal entre sus respectivos mandatarios. Asà lo ha plasmado el primer y más importante acto … del viaje: el encuentro bilateral con Xi Jinping.
El lÃder chino ha ofrecido a su invitado la tradicional recepción militar frente a las escalinatas del Gran Palacio del Pueblo. Durante la ceremonia estos han conversado más de lo acostumbrado, e incluso en reiteradas ocasiones han extendido el brazo para tocarse mutuamente, un extraño gesto fÃsico de cercanÃa.
Uno y otro se conceden deferencias que no extienden a otros interlocutores, sÃmbolo de un contexto global en el que impera menos el multilateralismo que la fuerza percibida en la contraparte. El régimen, además, ha descubierto que contra Trump se vive muy bien, a quien sus élites consideran un «acelerador de la decadencia polÃtica de Estados Unidos» –según un informe reciente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros– y, por ende, del auge de China.
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Jaime Santirso
«Que China y Estados Unidos puedan o no superar la llamada trampa de TucÃdides [teorÃa sobre la probabilidad del conflicto militar entre la potencia establecida y la emergente], abrir una nueva forma de relaciones continentales, afrontar juntos los desafÃos globales e inyectar más estabilidad al mundo, atender al bienestar de los pueblos de ambos paÃses y al futuro de la humanidad, y abrir conjuntamente un hermoso futuro para las relaciones entre ambos paÃses. Estas son las preguntas de la historia», ha planteado Xi en su intervención inicial. «También las respuestas de la época que usted y yo, como lÃderes de grandes potencias, necesitamos escribir conjuntamente».
El lÃder chino también ha mencionado la recurrente figura retórica de «los cambios nunca vistos en un siglo» ante la atenta sonrisa de quien tiene por su catalizador. «Siempre he considerado que los intereses comunes entre China y Estados Unidos son mayores que las discrepancias, que el éxito respectivo es una oportunidad para el otro, que la estabilidad de las relaciones es un interés para el mundo. Si ambas partes cooperan, ambas se benefician; si luchan, ambas resultan perjudicadas. Debemos ser socios y no adversarios», ha añadido.
Intercambio de papeles
«Es un honor ser tu amigo, y vamos a lograr que las relaciones sean mejores que nunca», ha enfatizado Trump en su réplica. «Hace mucho que nos conocemos, tenemos la relación más larga entre presidentes en la historia de nuestros paÃses. Eso es para mà un honor. Tenemos una relación fantástica. Nos llevamos bien y cuando hemos tenido dificultades lo hemos solucionamos, tú me llamas a mà o yo te llamo a ti, la gente no lo sabe pero cuando hemos tenido algún problema lo hemos arreglado muy rápido», ha insistido.
«Eres un gran lÃder, se lo digo a todo el mundo, a veces a la gente no le gusta que lo diga pero lo digo de todos modos porque es verdad». El estadounidense ha destacado también las personalidades de su delegación, que incluye a magnates como Jensen Huang de Nvidia, Elon Musk de Tesla o Tim Cook de Apple, entre muchos otros.
«Voy a pedirle al presidente Xi, un lÃder de extraordinaria distinción, que «abra» China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia y ayudar a llevar a la República Popular a un nivel aún más alto. De hecho, prometo que, cuando estemos juntos, lo cual será cuestión de horas, haré de ello mi primera petición. ¡Nunca he visto ni oÃdo ninguna idea que sea más beneficiosa para nuestros increÃbles paÃses!», adelantaba ayer Trump mediante una publicación en su red social Truth.
China, por su parte, acude a esta cita con la prioridad de debilitar el apoyo de EE.UU. a Taiwán, la democracia autónoma de facto a la que considera una región rebelde que nunca ha renunciado a someter por la fuerza. Sus aspiraciones pasan porque Trump exprese su rechazo a la independencia del territorio, un logro a cambio del cual podrÃan ofrecer cuantiosas adquisiciones de aviones Boeing o productos agrÃcolas.
Todo ello arroja una llamativa paradoja. La presidencia de Trump, que ha echado a un lado la combatividad que caracterizó su primer mandato y el comienzo del segundo, ha invertido los términos históricos de la relación: ahora es China quien aspira a lograr cambios polÃticos, mientras EE.UU. pretende centrarse en la economÃa.
Xi ha enfatizado que «la cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos», el cual debe «maneja adecuadamente» para que haya «estabilidad», de lo contrario «habrá choques e incluso conflictos», según un comunicado emitido a posteriori por los medios oficiales chinos. El lÃder chino habrÃa explicitado sus objetivos al asegurar, con una frase recurrente de la propaganda, que la «independencia de Taiwán y la paz en el estrecho son tan irreconciliables como el fuego y el agua».
