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Una gran e incierta victoria para Israel

EE.UU. e Israel están llevando a cabo una operación militar a gran escala para descabezar el régimen iraní, en pie desde 1979. El sábado, en un bombardeo israelí, fue ejecutado el ayatolá supremo, Alí Jamenei. Para Israel, es una gran victoria militar y … política. Irán ha sido su principal enemigo en la región durante los últimos cincuenta años, desde el triunfo de la revolución islámica.
Sin embargo, este descabezamiento tan directo (eliminar a toda la cúpula de mando de un país enemigo y con su jefe de Estado en activo) no se puede entender sin analizar la historia reciente de Oriente Próximo.

El consenso informativo sobre el origen de esta operación militar masiva sobre los iraníes señala los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Y es cierto, pero las razones se remontan más atrás: allá por 2006, el anterior presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, llamó públicamente a «borrar a Israel del mapa» y aceleró el programa nuclear con fines militares.

Noticia relacionada

ANÁLISIS

Javier Gil Guerrero

Y es que, para Israel, que Irán se hiciera con armas nucleares era una amenaza existencial. Los líderes persas, en tal sentido, nunca ocultaron sus intenciones de usar dichas armas para acabar con la ‘entidad sionista’. No obstante, la amenaza nuclear no era la única para Israel.
Irán, desde el ascenso al poder del ayatolá Jomeini, se configuró como una potencia revisionista en Oriente Próximo, buscando obtener una hegemonía antioccidental en la zona y hostigar a Israel desde varios frentes. En tal sentido, antes del 7 de octubre de 2023, Irán tenía rodeado a Israel. Desde el norte, desde el Líbano, Hizbolá; desde Siria, el régimen de Al Assad, dependiente de los iraníes; en el sur, desde Gaza, Hamás, y un poco más lejos, los hutíes desde Yemen.
La idea de creación y apoyo a ‘proxies’ (aliados) fue exitosa: Hizbolá y Hamás no solo son grupos terroristas, son también protoestados con estructura política y administrativa, canal de televisión o red de asistencia social, que supieron galvanizar el descontento de las poblaciones donde se asentaban.
Por otro lado, el régimen de Al Assad, en Siria intentó hacerse con bombas atómicas, pero en 2007 la fuerza aérea israelí (al igual que hizo en Irak en los años ochenta) bombardeó sus instalaciones nucleares. Aun así, Assad salió victorioso de una terrible guerra civil que dejó más de medio millón de muertos (y el uso de armas químicas contra población civil).

Un 59% de los israelíes apoyan la intervención en Irán, mientras que un 29% se muestran en contra, según ‘Times of Israel’

Durante los últimos veinte años, este hostigamiento fue gestionado por los israelíes con distintas guerras e intervenciones contra Hamás en Gaza (2008, 2012, 2014), contra Hizbolá en el Líbano (2006) y ocasionalmente contra el régimen sirio, especialmente contra el envío de armas de dicho régimen a Hizbolá. Esta gestión llegó a su fin con los ataques del 7 de octubre de 2023.
A partir de entonces, los israelíes se han dedicado en cuerpo y alma a derribar al conocido como ‘eje de resistencia’ capitaneado por Irán, y están a punto de conseguirlo con el apoyo de EE.UU. y de los países árabes suníes de Oriente Próximo, enemigos también de Irán.
Y es que Israel actúa en Irán como consenso de seguridad: rara vez hay una brecha profunda en la sociedad, o en la batalla política, sobre la gravedad del desafío. Que la operación militar de junio de 2025 fuera tan exitosa se debe a que los israelíes llevaban preparándola durante más de veinte años. Los iraníes incluso vieron cómo los cazas israelíes repostaban en su espacio aéreo y poco pudieron hacer para impedirlo.

Falta de consenso

En cambio, donde sí existe falta de consenso es en el cuándo, el cómo y el coste que supone. Para el primer ministro Netanyahu, que ha impulsado cambios controvertidos que han partido a la sociedad en dos y cuya coalición se sostiene en equilibrios frágiles, la agenda estratégica exterior funciona como pegamento: unifica a votantes conservadores, reduce el espacio mediático de las críticas internas y convierte cualquier disenso en discusión sobre ‘responsabilidad nacional’. También, sin lugar a duda, tras años de polarización interna, escándalos y desgaste, le deja en mejor posición para afrontar las elecciones que deben celebrarse este 2026.
Así, un 59% de los israelíes apoyan la intervención en Irán, mientras que un 29% se muestran en contra, según el periodico ‘Times of Israel’. De acuerdo con otra encuesta publicada por el Israel Democracy Institute, el país sí está dividido sobre el grado y el momento de la participación israelí: parte de la opinión pública prefería implicarse solo si Israel era atacado directamente, y otra parte apoyaba coordinación con EE.UU. desde el inicio.
Pero hay un dato interesante en este análisis sociológico: incluso cuando el apoyo es alto, los israelíes suelen distinguir entre «golpear» y «resolver». Una encuesta de otro ‘think tank’, el INSS (The Institute for National Security Studies) mostraba apoyo amplio a una ofensiva, pero también escepticismo sobre el hecho de que la amenaza nuclear desaparezca «por completo». Esta prudencia es significativa: Israel puede ganar batallas, pero su público entiende que la estrategia frente a Irán es una campaña larga, no un acto quirúrgico, y eso también genera preocupación.
Para Israel, por ahora, es una gran victoria. Toda la cadena de mando que estuvo detrás del 7 de octubre de 2023 ha desaparecido. Sus enemigos muerden el polvo y se erige una nueva coalición en Oriente Próximo, junto a los países árabes suníes, bajo el beneplácito de EE.UU. No obstante, aún no sabemos si el régimen iraní caerá o resistirá nuevamente y, en caso de caer, cómo será la transición. Después de la victoria, se abre una vía oscura e incierta para Israel y todo Oriente Próximo.
Elías Cohen es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) en Madrid

Publicado: marzo 2, 2026, 1:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/gran-incierta-victoria-israel-20260301040415-nt.html

EE.UU. e Israel están llevando a cabo una operación militar a gran escala para descabezar el régimen iraní, en pie desde 1979. El sábado, en un bombardeo israelí, fue ejecutado el ayatolá supremo, Alí Jamenei. Para Israel, es una gran victoria militar y política. Irán ha sido su principal enemigo en la región durante los últimos cincuenta años, desde el triunfo de la revolución islámica.

Sin embargo, este descabezamiento tan directo (eliminar a toda la cúpula de mando de un país enemigo y con su jefe de Estado en activo) no se puede entender sin analizar la historia reciente de Oriente Próximo.

El consenso informativo sobre el origen de esta operación militar masiva sobre los iraníes señala los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Y es cierto, pero las razones se remontan más atrás: allá por 2006, el anterior presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, llamó públicamente a «borrar a Israel del mapa» y aceleró el programa nuclear con fines militares.

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    Javier Gil Guerrero

Y es que, para Israel, que Irán se hiciera con armas nucleares era una amenaza existencial. Los líderes persas, en tal sentido, nunca ocultaron sus intenciones de usar dichas armas para acabar con la ‘entidad sionista’. No obstante, la amenaza nuclear no era la única para Israel.

Irán, desde el ascenso al poder del ayatolá Jomeini, se configuró como una potencia revisionista en Oriente Próximo, buscando obtener una hegemonía antioccidental en la zona y hostigar a Israel desde varios frentes. En tal sentido, antes del 7 de octubre de 2023, Irán tenía rodeado a Israel. Desde el norte, desde el Líbano, Hizbolá; desde Siria, el régimen de Al Assad, dependiente de los iraníes; en el sur, desde Gaza, Hamás, y un poco más lejos, los hutíes desde Yemen.

La idea de creación y apoyo a ‘proxies’ (aliados) fue exitosa: Hizbolá y Hamás no solo son grupos terroristas, son también protoestados con estructura política y administrativa, canal de televisión o red de asistencia social, que supieron galvanizar el descontento de las poblaciones donde se asentaban.

Por otro lado, el régimen de Al Assad, en Siria intentó hacerse con bombas atómicas, pero en 2007 la fuerza aérea israelí (al igual que hizo en Irak en los años ochenta) bombardeó sus instalaciones nucleares. Aun así, Assad salió victorioso de una terrible guerra civil que dejó más de medio millón de muertos (y el uso de armas químicas contra población civil).

Un 59% de los israelíes apoyan la intervención en Irán, mientras que un 29% se muestran en contra, según ‘Times of Israel’

Durante los últimos veinte años, este hostigamiento fue gestionado por los israelíes con distintas guerras e intervenciones contra Hamás en Gaza (2008, 2012, 2014), contra Hizbolá en el Líbano (2006) y ocasionalmente contra el régimen sirio, especialmente contra el envío de armas de dicho régimen a Hizbolá. Esta gestión llegó a su fin con los ataques del 7 de octubre de 2023.

A partir de entonces, los israelíes se han dedicado en cuerpo y alma a derribar al conocido como ‘eje de resistencia’ capitaneado por Irán, y están a punto de conseguirlo con el apoyo de EE.UU. y de los países árabes suníes de Oriente Próximo, enemigos también de Irán.

Y es que Israel actúa en Irán como consenso de seguridad: rara vez hay una brecha profunda en la sociedad, o en la batalla política, sobre la gravedad del desafío. Que la operación militar de junio de 2025 fuera tan exitosa se debe a que los israelíes llevaban preparándola durante más de veinte años. Los iraníes incluso vieron cómo los cazas israelíes repostaban en su espacio aéreo y poco pudieron hacer para impedirlo.

Falta de consenso

En cambio, donde sí existe falta de consenso es en el cuándo, el cómo y el coste que supone. Para el primer ministro Netanyahu, que ha impulsado cambios controvertidos que han partido a la sociedad en dos y cuya coalición se sostiene en equilibrios frágiles, la agenda estratégica exterior funciona como pegamento: unifica a votantes conservadores, reduce el espacio mediático de las críticas internas y convierte cualquier disenso en discusión sobre ‘responsabilidad nacional’. También, sin lugar a duda, tras años de polarización interna, escándalos y desgaste, le deja en mejor posición para afrontar las elecciones que deben celebrarse este 2026.

Así, un 59% de los israelíes apoyan la intervención en Irán, mientras que un 29% se muestran en contra, según el periodico ‘Times of Israel’. De acuerdo con otra encuesta publicada por el Israel Democracy Institute, el país sí está dividido sobre el grado y el momento de la participación israelí: parte de la opinión pública prefería implicarse solo si Israel era atacado directamente, y otra parte apoyaba coordinación con EE.UU. desde el inicio.

Pero hay un dato interesante en este análisis sociológico: incluso cuando el apoyo es alto, los israelíes suelen distinguir entre «golpear» y «resolver». Una encuesta de otro ‘think tank’, el INSS (The Institute for National Security Studies) mostraba apoyo amplio a una ofensiva, pero también escepticismo sobre el hecho de que la amenaza nuclear desaparezca «por completo». Esta prudencia es significativa: Israel puede ganar batallas, pero su público entiende que la estrategia frente a Irán es una campaña larga, no un acto quirúrgico, y eso también genera preocupación.

Para Israel, por ahora, es una gran victoria. Toda la cadena de mando que estuvo detrás del 7 de octubre de 2023 ha desaparecido. Sus enemigos muerden el polvo y se erige una nueva coalición en Oriente Próximo, junto a los países árabes suníes, bajo el beneplácito de EE.UU. No obstante, aún no sabemos si el régimen iraní caerá o resistirá nuevamente y, en caso de caer, cómo será la transición. Después de la victoria, se abre una vía oscura e incierta para Israel y todo Oriente Próximo.

Elías Cohen es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) en Madrid

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